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miércoles, 28 de febrero de 2018

Mar Blanco. Claudio Giunta


     "Al principio se ve una mancha negruzca y alargada en movimiento. 
      Hay que esperar unos segundos: un fogonazo, un temblor brusco de la cámara y la película se vuelve más nítida. La mancha es una larguísima hilera de personas, hombres y mujeres con las bolsas de la compra —uno piensa en bolsitas de nailon, después se acuerda de que en esas fechas no es posible—, vigilados por otros hombres y mujeres vestidos de civiles, fusil en mano. Todo el mundo sonríe, vigilantes y vigilados. Luego se ve a otra gente que baja de una barca, solo hombres en esta ocasión, encorvados bajo el peso de cestas y fardos que cuelgan de sus hombros. Alguien mira a la cámara, pero ahora nadie sonríe. Y todos, los hombres, las mujeres, los guardias, pasan a través de una verja coronada por una inscripción en cirílico. Dentro, en una explanada enfrente de un edificio oscuro y alargado que podría ser un dormitorio, están todos en fila y se numeran. Uno por uno, se giran hacia el vecino de su izquierda, dicen algo —la película es muda, pero está claro que cada uno de ellos dice un número o un nombre— y luego le toca al siguiente".

     Esta vez han sido cuestiones personales las que me han llevado a mi lectura. Básicamente, mi relación personal con la zona en que se ambienta es lo que provocó que no me pudiera resistir. Así que hoy traigo a mi estantería virtual, Mar Blanco.

     Estamos en las islas Solovetsky, en el mar Blanco, un lugar con una historia relacionada con monjes y gulag que ahora recibe ayuda de voluntarios a través de la Unesco para reconstruir su monasterio. Hasta allí llega el mediocre periodista italiano Alessandro Capace acompañado de Julia, una mujer que lo deslumbró en su juventud con la que se volverá a poner en contacto para que le haga de intérprete, para investigar la desaparición de tres jóvenes florentinos.

El monasterio Solovki. Islas Solovki, lo que fuera archipiélago gulag

     Capace es el narrador y absoluto protagonista de esta novela. Es un hombre en la treintena que quiso ser escritor y luego fue gran promesa del periodismo pero que ahora se mueve en la mediocridad. Su vida es mediocre con un matrimonio fracasado, un hijo que no termina de despertarle ese instinto paternal que ve en otros, y no demasiadas ganas de tomar las riendas de su vida y su futuro. Quizás por eso no le importa viajar hasta Rusia acompañado de la que fuera belleza de su universidad. El caso es que se alza poco a poco como un gran protagonista en una historia que tiene mucho de misterio pero que va más allá de ello mostrando al lector el trabajo de un periodista. Y no lo hace al modo de un héroe que se deja la piel, Capace no es así, él es un hombre que no tiene pudor al documentarse de forma creativa y añadir dos fotos de google. Sin embargo, y tal vez porque los tres desaparecidos le rondan en años y son de su misma ciudad, se siente cada vez más atraído por el misterio de la isla y la desaparición de Enrico, Fabio y Francesco, y se sumerge ayudado por un cuaderno de notas, en la oscura historia local. Descubriremos así a personajes entrañables como Valentín, a los caciques locales que dominan la isla, veremos un vestigio de la historia soviética más triste y también nos dejaremos arrastrar por la investigación que realiza.
     Capace es un personaje que crece a medida que avanza la historia, que se confunde y no oculta sus imperfecciones e inseguridades, pero que de algún modo se sentirá obligado a llegar hasta el final del misterio pese a que desde las primeras páginas sabemos que no tiene esperanza alguna en encontrar a los jóvenes con vida. Quizás sea eso unido a que las autoridades tanto locales como internacionales, no parecen dispuestas a investigar mucho, lo que le impulsa más allá de lo razonable. Y a nosotros con él.

     Mar Blanco es una buena novela, entretenida y bien estructurada cuyo argumento difiere de los habituales en las novelas de misterio que podemos encontrar en este momento en las librerías. El autor cuida mucho los detalles y, pese a lo exótico de la ambientación, no aburre con largas descripciones ni con avalanchas de datos en un intento de demostrar una extensa documentación. Me ha gustado, seguiré la pista de Claudio Giunta.

     Y vosotros, si podéis elegir ¿os gustan los libros que se ambientan en parajes que conocéis o en otros lejanos y diferentes a vuestro entorno?

     Gracias.

lunes, 26 de febrero de 2018

Madre de leche y miel. Najat El Hachmi


     "Hablaré con vosotras, hermanas, hablaré para deciros cuanto queréis escuchar. Esta voz mía os narrará los hechos que desconocéis de aquella que salió del mismo vientre que vosotras. Dadme té para calentar mi agua y cerrad la puerta, porque estas palabras mías no pueden salir de aquí. Son solo para vosotras, vosotras que podéis entenderlas y guardarlas".

     Conocí a Najat El Hachmi con La hija extranjera y me fascinó la historia y también la honradez de sus palabras, la falta de pudor a la hora de relatar "lo que no se dice". Por eso en cuanto me enteré de que aparecía este título anoté la fecha. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Madre de leche y miel.

     Conocemos a Fáctima cuando regresa a su casa y se sienta rodeada de sus hermanas. Allí mismo percibe que están ávidas por conocer su historia y comienza a relatarla, intercalando la autora el relato oral de Fátima, con los recuerdos de su niñez.

      Najat El Hatchmi nos cuenta en esta novela la historia de Fátima, que es la de muchas mujeres. Una joven que vive inmersa en las tradiciones del miedo y el respeto, del matrimonio concertado y las costumbres y el temor a ser una perdida. Una mujer normal en su sociedad que, un día, deja todo atrás para seguir a un marido a España y descubrir una vez allí que él no la está esperando. Fátima, que salió sin saber el idioma y desconociendo las costumbres de la sociedad a la que se dirigía, ella que con apenas unas pocas pertenencias se aferraría a su hija Sara, llevándola consigo mientras intentaba superar el miedo a lo desconocido que la rodeaba. Porque esta es la historia que relata años después a las que llama sus hermanas: la historia de una mujer que partió con su hija hacia una vida nueva.

      La autora es capaz de poner en la voz de la narradora el tono preciso para cada sentimiento. Así recorremos con ella los años de incertidumbre en el nuevo país, y el miedo, esa constante sensación de estar, como ella dice, estar sobre una cuerda suspendida en el aire. No serán miedos solo a las nuevas costumbres, Najat El Hachmi se mete en la historia para relatarnos los miedos más profundos, esos que se traía consigo y que tuvo Fátima de niña y que ahora proyecta en su hija: tendrá miedo de que se fugue, de que se pierda, de que sea una descarada, temerá que estudie más y es que, como ella misma le dice a sus hermanas: tal vez ahora al contarlo todo parezca ordenado, pero pasé muchos años de incertidumbre. Fátima no podía saber lo que estudiaba su hija porque no lo entendía, temía que fuera una desarraigada, su hija era una extranjera que no quería seguir costumbres ni teñirse de henna.

     Comenzaba hablando de La hija extranjera, relato de una joven que lucha con las tradiciones del país al que llega, a la vez que lucha con las que trae consigo en una casa con una madre que conserva un trocito de su patria entre cuatro paredes. Al leer Madre de leche y miel, he tenido la sensación de estar cerrando un círculo, leyendo la otra versión de la historia que encaja a la perfección con lo sabido, completando así el relato de la vida de los inmigrantes musulmanes que llegan a nuestro país.

     Madre de leche y miel habla de las luchas internas más que de las externas, de las batallas diarias, y también del amor que siente Fátima por su hija. Es una historia conmovedora sobre una vida que tal vez sea la de esa mujer en la que reparamos más o menos y que vive en nuestra misma calle.Me ha gustado, he aprendido y me ha conmovido la historia de Fátima.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 23 de febrero de 2018

Teoría de King Kong. Virginie Despentes


     "Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro."

     Si hablamos de Fóllame o de Subutex, es fácil que nos venga a la cabeza la cara de su autora, y quizás sea ese el motivo por el que la editorial ha decidido rescatar este título. Hoy traigo a mi estantería virtual, Teoría de King Kong.

     El feminismo es algo necesario que vemos reivindicar cada día: la igualdad, la necesidad de cambios, sueldos, vidas, denuncias, abanicos y vestidos como símbolos de una voz colectiva que exige un cambio en la sociedad.  Pero este libro no trata de eso. Ya en su primera página, Despentes de define como proletaria del feminismo y uno lo va comprendiendo a medida que avanza en la lectura de King Kong. Despentes no habla para mujeres que reivindican desde una posición, y tampoco les resta mérito a quienes lo hacen, pero ella habla desde la base de la sociedad, habla de las mujeres de la calle, las prostitutas, las amas de casa, esposas y cuidadoras. Habla de la mujer que un día fue ella y también de las que le contaron sus vidas tras conocer su obra Fóllame y aunando estas voces publicaba en 2007 un libro que tardaría dos años en llegar a nuestro país por primera vez.

     Teoría de King Kong es una lectura a ratos incómoda en la que la autora no se despega de un lenguaje directo, incluso rudo, que le asegura un impacto aún mayor de sus palabras en quien lo lee. Nos habla de feminismo y, aunque su voz es individual durante la mayor parte del tiempo, colectiviza la posición de la mujer en una sociedad que sigue identificando a la mujer de éxito y poder con una imagen masculinizada. Habla de prostitución, de la imagen de ella y de lo que nadie le dice a las putas, del porno y también del matrimonio como una suerte de contrato con condiciones convenidas implícitas aceptadas por todos. Y habla de victimismo, de ese momento en que una mujer es víctima dos veces tras sufrir una violación, de la educación en la no defensa para... que se recibe en la actualidad y uno tiene la sensación de escuchar como sube la voz de Despentes hasta convertirse en un auténtico grito en la parte del texto dedicado a las violaciones. Virginie escribe, a ratos rabiosa, escupiendo casi aquello que ve y que cree que necesita ser dicho en voz alta, habla del capitalismo una y otra vez y de la falta de valor a la hora de considerar determinadas tareas. Por supuesto, la maternidad tampoco escapa a las palabras de esta mujer.

     Uno la imagina enfadada, casi irreflexiva, escupiendo todo lo que ve que está mal, y quizás por eso o porque escribir el texto perfecto es imposible, se le aprecian contradicciones. O tal vez sea por eso de que hay lugares en los que es imposible colocarse entre el blanco y el negro, a mi me pasa y ha sido casi un alivio ver que en este libro sucedía un poco lo mismo: es decir, no está bien convertir el feminismo en un acto social de lavado de cara y marketing pero está bien al mismo tiempo que lo hagan de forma explícita y pública quienes de este modo le dan visibilidad a un cambio necesario que se pide a gritos. Porque no nos engañemos, ese es el mundo en el que vivimos y ambas realidades son necesarias para poder alcanzar el equilibrio. De hecho, y salvo el significado que parece otorgar esta mujer al matrimonio que me ha parecido un poco anticuado, si algo caracteriza este texto es precisamente eso: el realismo.

     Teoría de King Kong me parece un libro necesario, casi imprescindible en el momento en el que estamos. No hay más que echar un vistazo a las noticias para darnos cuenta del camino que nos queda: ver que una teta es más noticia que la medalla de plata de quien involuntariamente la muestra, fijarnos en sueldos, trabajos, violaciones, abusos y también en los pequeños gestos que condicionan la sociedad actual.
     Leamos a Despentes, es una de las voces más interesantes de las letras francesas. Yo estos días estoy terminando su Trilogía Subutex. Ya os contaré.

     El ensayo es un género que parece dar miedo a muchos lectores, como si la simple palabra fuera la promesa de una lectura aburrida. Sin embargo, una vez que uno se anima, descubre que hay títulos magníficos que se había perdido por una idea preconcebida sobre esa palabra: ensayo. Y vosotros, ¿os acercáis a este género literario alguna vez?

     Gracias.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Bajo el árbol de los Toraya. Philippe Claudel


     "Nosotros enterramos a nuestros muertos. O los quemamos. Nunca se nos habría ocurrido confiárselos a los árboles."

     Claudel tiene una forma especial de escribir que muchos descubrimos con Almas grises. Tiene una suerte de tristeza perenne en su todo que no consigue despegarse ni en los buenos momentos. Quizás por eso me ha costado acercarme a este libro cuya naturaleza triste se intuía ya en la sinopsis. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo el árbol de los Toraya.

     Esta vez conoceremos al narrador, y alter ego más que probable del autor. Realiza un viaje a Indonesia y descubre la forma que tienen en una zona de encarar la muerte. Con ella aún en la memoria, recibe la noticia de que su gran amigo Eugène tiene cáncer. La muerte de su amigo le servirá para hacer un recorrido sobre los muertos que le han rozado, pero también sobre su propia vida y las mujeres que han pasado por ella.

     La muerte siempre ha sido un tema complicado, tanto en la vida como en la literatura. Y en esta última, recurrente. Quizás por eso Claudel ha querido dedicarle un libro a ella y concederle una doble lectura que representa perfectamente en la tradición funeraria de Sulawesi, Indonesia. Allí, como el narrador y cineasta descubre en un viaje, cuando un niño muere, es depositado en el tronco de este árbol como si se tratara de un féretro vivo. El árbol, herido en su corteza, va sanando y cerrándose manteniendo en su interior el cuerpo del niño, convirtiéndose en un féretro ahora vivo que sigue creciendo hacia el cielo. Esta costumbre tan chocante, intenta tener algo de curativo también para los padres que han sufrido la pérdida. Para cualquier persona ajena, no deja de ser una costumbre chocante, quizás por eso la usa Claudel en su libro: la muerte y frente a ella, la vida. La muerte, el dolor, el duelo y, frente a ella, la capacidad del ser humano para recomponerse y seguir adelante.
     En la trama, el gran amigo muerto: la noticia, la llegada del inminente final, el recuerdo de sus últimas palabras. Los muertos en la vida del viejo protagonista: el padre, el compañero de alpinismo, el suicidio, convivir con la muerte... su exmujer y el niño muerto... las formas de aceptarlo: divergencias. Pero no aparecerá solo Florence, también hablará de su relación con una mujer croata, incluso una doctora tendrá relevancia. Todo ello son ingredientes para una vida y en toda vida ronda la muerte. Volvemos a ese rito casi homenaje a la vida que se realiza en Indonesia y reflexionamos junto al narrador sobre la necesidad de no olvidar a los muertos, pero también la de sobreponernos y seguir adelante. Y todo ello con el estilo de Claudel, la calma, la cultura rondando, la música, el capítulo en el que Kundera aparece por ejemplo, es sin duda alguna lo mejor de esta novela.

     Claudel es escueto, para mi gusto demasiado en un momento en el que a muchos libros parecen sobrarles páginas. Me hubiera gustado que se extendiera un poco más, que desarrollase algunas preguntas, que se terminara de mojar y me obligara a mojarme a mi. Me he quedado con las ganas de decírselo al propio libro a medida que se acercaba el final. ¡venga, que tu puedes, estruja un poco, haz que sangre! Pero no lo llega a hacer. Quizás porque en ese caso se hubiera perdido el homenaje a su amigo muerto, a la amistad entre ambos, a esa relación especial que se tiene con quien se es afín y que hace pensar que habla de su amigo Jean-Márc Roberts, editor fallecido en 2013.

     Pienso, porque este es uno de esos libros que obligan a pensar, que quizás sea este libro el ataúd vivo de papel que le entrega a su amigo, su propio rito no exento de poesía o de vida. Que sus reflexiones sean la forma de afrontarlo y que cada lectura sea un avance en el proceso de cicatrización de un árbol convertido en papel. O tal vez esté dándole demasiadas vueltas debido a la lectura, poco importa. el caso es que me gustan los libros que me hacen removerme, aunque sea a ratos incómoda. Eso es lo mejor que tiene Bajo el árbol de los Toraya, su poso, la permanencia en la mente del lector. Eso y el placer que es leer a Claudel.

     Comentaba hace apenas unos días un  escritor al que admiro que casi todos libros tratan de amor o de muerte, excepto los que trataban de amor y muerte a la vez. Puede que tenga razón, ¿qué me decís vosotros, son vuestros temas recurrentes en las lecturas realizadas?

     Gracias.

lunes, 19 de febrero de 2018

Gloria. Vladimir Nabokov


     "Por extraño que pueda parecer, el abuelo de Martin de apellido Edelweiss era suizo: un suizo robusto de bigote frondoso que en la década de 1860 había sido tutor de los hijos de un terrateniente de San Petersburgo apellidado Indrikov, y se había casado con su hija menor."

     Con motivo del cuarenta aniversario en 2017 de la muerte de Vladimir Nabokov, Anagrama plantea recuperar en la Biblioteca Nabokov el nombre del autor más allá de Lolita o Pálido Fuego, destacando por ejemplo, la preciosa Agenda literaria para este 2018. Uno de los títulos de reciente aparición en dicha biblioteca es este que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Gloria.

     Conocemos a Martin Edelweiss que huye de Rusia junto a su madre antes de la Primera Guerra Mundial. Su vida en Rusia fue cómoda hasta ese momento. Su huida les lleva a atravesar distintas fronteras hasta, finalmente, Suiza, donde Martin es testigo del primer choque cultural. Finalmente, Martin es enviado junto a la familia Zilanov a Londres y matriculado en Cambridge. Alumno capaz, dotado para los deportes y atraído por la literatura rusa, no puede evitar enamorarse de Sonia, la hija de la familia Zilanov fraguando además en esta época, una gran amistad con un británico de nombre Darwin y aficiones literarias. Martin se empeña en buscar una proeza que le de la gloria y además, impresione a Sonia. En una última, su empeño se centra en volver a Rusia.

     Gloria fue escrita a principios de los años 30 en ruso y traducida por el propio Nabokov junto a su hijo en los 70. Y es que se sabe que Nabokov escribió al menos en tres lenguas principales: francés, ruso y angloamericano, pero que llegó a manejarse hasta en doce diferentes. Esto hace que sus libros oculten juegos de palabras, acrósticos, palíndromos, ritmos y guiños basando en la propia sonoridad de algunos nombres... y, por supuesto, conocerlos lleva la lectura de cualquiera de sus obras, a un nivel totalmente diferente y, en mi caso, absolutamente sorprendente.
Gloria llevó como título original Podvig, hazaña, proeza, pero entiendo que el título en castellano se refiere también al sentimiento de orgullo que uno tiene tras conseguir dicha proeza. Orgullo que en este caso, tal vez le lleve a los brazos de la mujer a la que quiere impresionar. Y es que en esta historia ya aparecen algunos de los temas recurrentes en Nabokov, los emigrantes, la nostalgia, el amor, la frustración... todos ellos son ingredientes indispensables en esta novela, incluso siendo de sus primeras obras. Pero Gloria es sobre todo una novela de esas llamadas de crecimiento, bildungsroman que dice la crítica especializada porque se ve que es más preciso ponerlo en una sola palabra.

     La novela, que goza de una prosa magnífica y también de el sentido del humor tan característico de Nabokov tiene escenas magníficas, como la que se produce en un precipicio y está relacionada con el apellido del protagonista, y un final de esos propios de quien la firma, que, si bien nos va dirigiendo a él desde aproximadamente la mitad de la novela, pareciera que nos hace, además, encargados de ser nosotros los que cerremos la puerta. Y aún así no podemos quejarnos ya que las reflexiones de Darwin durante el camino son fantásticas. Martin es un protagonista sólido que se debate entre las opciones que uno tiene cuando se sabe presa de una obsesión, en este caso por Sonia. A él le llevan a un peligroso viaje, pero hubiera podido ser cualquier otra cosa. Sonia, la musa no siempre musa, no siempre buena, y Darwin, el fiel amigo, son los protagonistas principales de una historia salpicada por otros muchos en la que cada personaje cumple la función precisa que le fue asignada.

     Me ha gustado Gloria. Y creo que esta colección es una gran oportunidad para conocer a Nabokov más allá de Lolita. Una oportunidad para evitar que se convierta en uno de esos escritores de una única novela para la gran mayoría de los lectores.

     Y vosotros, ¿también creéis que hay escritores que quedan eclipsados bajo el peso de un único título de su creación?

     Gracias.

sábado, 17 de febrero de 2018

Regálate una caja literaria... sorpresa


     De un tiempo a esta parte se han puesto de moda los regalos en forma de cajas misteriosas, así que hemos decidido lanzarnos a la aventura e investigar un poco las distintas opciones que podemos encontrar en el mercado. De todas ellas, que las hay gastronómicas, de belleza, de complementos, vinos, productos para bebés... nos hemos quedado, como no podía ser de otra manera, con las literarias.
     Aquí os dejamos una pequeña selección:

      Seven color books

     Nace en la mente de una lectora, como no podía ser de otro modo y toma forma como parte de un proyecto fin de carrera hasta que, finalmente, ve la luz el año pasado. Sus cajas incluyen una novedad literaria y algún objeto relacionado con la lectura, ya sean unos calcetines, una vela o un colgante. Procura tematizar cada caja, además de hacer ediciones especiales en fechas señaladas como la Navidad. La suscripción puede ser mensual, trimestral... al gusto del lector al que, además, pasan encuestas para hacer las cajas lo más adecuadas posibles a los gustos y modas. Es cierto que supera los veinte euros, pero la sorpresa está asegurada.


      Dreams Book Box

     En Dreams Book Box ofrecen una opción un poco diferente. Parten de la división entre una caja compacta y otra de tamaño superior incluyendo ambas tanto libros como lo que ellos llaman golosinas literarias. Las golosinas literarias son, como no podía ser de otro modo, objetos relacionados con la literatura, ya sena velas, tazas o marcapáginas. La cajita pequeña, Light Dreams, tiene un libro y una o dos golosinas y su precio es de 19.90 euros, realizándose descuentos dependiendo de si uno se acoge a la suscripción mensual o por un periodo de tiempo superior. La caja Star Dreams que también incluye una novedad literaria que se publica el mes de suscripción, trae consigo hasta cinco golosinas literarias y su precio es diez euros superior a su hermana la pequeña.


      Café y letras

     no engañan con el nombre. Sus cajas literarias incluyen un dos libros y una taza, porque no hay mejor placer que tomarse un buen café caliente junto a un libro en las tardes de invierno. Su precio es de 26.95 y en esta ocasión es sin suscripción, nada de renovaciones automáticas o packs.


      Bookish

     Quizás la más conocida por la mayoría de vosotros. En bookish nos ofrecen en cada caja una novedad literaria, lo que ellos llaman un mapa de lectura y también algún complemento para que pasemos un rato estupendo leyendo. La suscripción mensual es de 24,90 euros y una de sus peculiaridades es la caja, totalmente personalizada y con una cuidadísima estética.


     Y hasta aquí la selección. A fin de cuentas a todos los lectores nos gusta que nos regalen un libro y muchos sufrimos de entornos que dicen no atreverse porque "seguro que ya lo has leído", y eso hace que nos quedemos sin el libro regalado. Así que, ¿por qué no hacernos un regalo nosotros mismos que además incluya el factor sorpresa? Juguemos a que somos nuestro amigo invisible, al menos una vez.

     No sé qué os ha parecido la idea o si vosotros habéis probado alguna de estas opciones, o de otras similares, así que ¡contadme!

     Gracias.

viernes, 16 de febrero de 2018

Ordesa. Manuel Vilas


     “Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres humanos que pueden soportarlo, Yo nunca lo soportaré. Nunca lo soporté."

     A veces ocurre que un libro genera una opinión unánime, no sólo entre la crítica o las redes, sino entre los lectores, vengan de donde vengan. Esos libros me interesan, los que son capaces de unir a personas dispares. Hoy traigo uno de esos libros a mi estantería virtual. Se trata de Ordesa.

     Manuel Vilas es el autor y narrador de este libro y en él, a partir de la muerte de su madre, genera una línea invisible con el fallecimiento del padre nueve años antes para contarnos su interior en una reflexión constante sobre la vida, su vida, la de cualquiera.

     "La Historia es también un cuerpo con remordimientos..."

     Ayer mismo comentaba que pocos escritores son capaces de saltar de público. Menos aún lo son de cambiar de registro. Manuel Vilas es uno de ellos. No sólo porque pase de la poesía a la prosa o de la narrativa a la autobiografía vestida de novela confesional, sino porque se reinventa de una forma casi permanente. Recuerdo haber reído leyendo El luminoso regalo y recordarlo mientras iba absorbiendo la plomiza nostalgia que impregna las páginas de este libro maravillada porque hubieran salido de la misma pluma. Pocos escritores tienen a su alcance esa capacidad. Manuel Vilas sí. Incluso la de generar frase tras frase un texto hermoso, demostrando que lo hermoso no ha de ser necesariamente bonito y alegre.Así lo demuestra una y otra vez en Ordesa al escribir un libro cuya opinión podía resumirse utilizando únicamente frases aparecidas en él.

     "Las tumbas se inventaron para que la memoria de los vivos se  refugiara en ellas..."

     Me ha recordado, no mentiré, a Fernando Marías y su libro La isla del padre. No solo por la evidente relación al hablar del padre fallecido, la ausencia y la memoria, sino por la sensación de estar ante un libro utilizado como desahogo en el que no valen las imposturas y sí la exposición completa al lector como si se tratara de un autoanálisis de esos que hay quien realiza en diván y por horas. Y descubrimos que la vida es tiempo y que todo se resume en amor, vida, tiempo y muerte. Y también la verdad que encierra esa afirmación.

     "Y si dejas de ser hijo, no eres nada."

     La muerte, la pérdida, la nostalgia... son sentimientos constantes que rondan la novela. Pero Ordesa es mucho más que una vida expuesta y un alma abierto. Ordesa habla de la vida, de la de todos: es una novela de vida. En algún momento todo lector encuentra una frase sencilla que se adapta perfectamente a uno de sus rincones más sentidos. Y se siente desnudo. Es muy raro que un libro logre desnudar al lector, y Vilas lo consigue. Vilas se desnuda para desnudar al lector y con él la vida y también, por qué no, la sociedad en la que se produce. Habla también de coches, de monarquías, de miedos, de alcohol y de fantasmas: detalles de vida. Y además, o mejor dicho, y sobre todo, lo hace bien. Lo escribe francamente bien. Muy bien.

     "Conectamos épocas como si nuestros cuerpos fuesen el mensaje."

     No llevaba más de un puñado de páginas y ya tenía claro que esta iba a ser una de mis lecturas de este año. No solo eso, quienes me conocen saben que no suelo llevar libros a que me los firmen, a que me escriben sus autores en ellos. Supongo que para mi tiene algo de simbólico: cuando me compro un libro y me lo leo, el libro es mío. Si tras haberlo leído el autor lo firma, es como si volviera a ser suyo, ya no solo mío. Ordesa siempre será de Manuel Vilas, quizás por eso lo quiero firmado. Y también será mío y de todo aquel que lo lea. Porque, si no ha quedado claro, lo recomiendo. Ordesa es un gran libro, un magnífico libro. Y pocas veces lo digo así de claro: léanlo.

     Y vosotros, ¿ya tenéis alguna lectura que sepáis va a destacar este año?

     Gracias.

     "El dolor es amarillo, eso quiero decir."

jueves, 15 de febrero de 2018

Cuídate de mí. María Frisa


     "En la azotea del casco histórico, la claridad del amanecer iluminaba un vergel inesperado y abrumador de cientos de racimos de flores níveas, gordas y fragantes que destacaban sobre el verde lustroso de los tallos y las hojas. Lara Samper terminó de eliminar las malas hierbas de los macizos de hortensias trepadoras que cubrían los ladrillos de las paredes."

     Nunca me ha llamado la atención que un escritor sea capaz de cambiar de género, pero cuando salta de la novela adulta a la juvenil y luego otra vez a la adulta, llama mi atención. Hoy traigo a mi estantería virtual la última incursión en la novela para adultos de María Frisa, se trata de Cuídate de mí.

     Conocemos a Berta Guallar y Lara Samper, dos policías de Zaragoza pertenecientes al mismo equipo, cuando son requeridas por su inspector jefe Luis Millán para mostrarles un cadáver calcinado. Acostumbradas a tratar con familias, abusos y malos tratos, se ven sorprendidas por la identidad del muerto, Manuel Velasco, un joven juzgado y declarado inocente del delito de violación de una menor poco tiempo atrás. Ahora, el presunto culpable se ha convertido en víctima, y ellas serán las encargadas de buscar al culpable.

      Con esta trama principal y capítulos que alternan a una y otra policías se articula una novela que mezcla, además de lo relatado, otras dos tramas secundarias,: una por cada una de las policías que la protagonizan. Por un lado Lara, superior de Berta, arrastra una cicatriz, un secreto cuya intriga irá haciendo mella en el lector a medida que avanza la novela. Por otro Berta está sufriendo un escarnio público debido a las acusaciones en las redes vertidas por un hombre al que detuvo por un presunto delito de abuso de un menor. Estas dos tramas, sin interferir en la principal, irán provocando cambios en las protagonistas, incluso en su relación entre ellas, dejando al descubierto su lado más humano y también sus debilidades y miedos logrando de este modo un mayor grado de acercamiento y complicidad con el lector.

     María Frisa construye una novela sólida de ritmo constante en la que se otorga una gran visibilidad al tema de los malos tratos, de los abusos, de los miedos... y no solo del lado de las víctimas, sino también de quienes dedican su vida a ayudar a quienes los sufren. No cae en el error de hablar de héroes, y  mostrar una suerte de mágica solución policial, María Frisa es mucho más realista y quizás por ellos también más sobrecogedora. De hecho, hay momentos en los que sin entrar en detalles, al hablar de abusos a menores se me ha puesto la piel de gallina.
Pero no es este el único tema actual que queda perfectamente reflejado en su novela. En el caso de Berta, el linchamiento público, el estrés, incluso el miedo que esta mujer llega a sentir, han hecho que recuerde que la propia autora fue víctima en las redes de una situación similar debido a la mala interpretación de uno de sus libros. Quizás por eso ha querido incluirlo, mostrar el daño que se puede hacer a una persona que llega a sentirse impotente y dudar de todo. Y, finalmente, destacaría la presencia femenina en la historia, Frisa ha buscado dos mujeres dispares y las ha convertido en personas independientes, capaces de realizar un trabajo de forma competente e investigar y dedicarle horas teniendo o no una familia. No ha caído en la tentación, como sucede en otras novelas, de tirar de sentimentalismos ni de atarlas a situaciones típicamente femeninas, lo cual le agradezco profundamente ya que es algo bastante común.

     Cuídate de mí es una novela que funciona en la que somos testigos de excepción del avance de una investigación y descubrimos que un muerto es como una piedra que se lanza a un estanque, provoca consecuencias a su alrededor en un montón de gente. Sobre todo si es asesinado y además ha sido acusado de un delito sexual, punto que utiliza para detallar el conflicto interno de quienes le creyeron culpable y ahora no pueden lamentar su muerte. Conflicto que comprendemos en  el caso de la familia de la víctima, pero que cuando afecta a quien investiga el asesinato lo convierte en algo mucho más complicado desde el principio.

     Todos estos temas componen una novela de apariencia sencilla cuya lectura recomiendo y que se ve coronada con un final de esos que, no solo están a la altura del libro, sino que es capaz de mover los cimientos de lo ya leído.
     Puede que Cuídate de mí no sea una novela trepidante, pero si es buena, ¿quién lo necesita?

     Y vosotros, ¿también empezáis a estar cansados de tanta "novela del año trepidante que te deja sin aliento"?

     Gracias.

martes, 13 de febrero de 2018

Bartleby, el escribiente. Herman Melville


     "Preferiría no hacerlo"
     
     Hay libros por los que pasan los años dejando algunas partes obsoletas. Otros, en cambio, parece que se conserven como una de esas señoras de las portadas de las revistas por las que no pasan los años a costa de anquilosar su aspecto; no hace falta que sean actuales, siguen siendo hermosos de leer. Y finalmente están aquellos que permanecen en el tiempo sin agotarse, sin desgastarse sin importar los años que haga desde que fueron escritos. A estos últimos pertenece el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, escrito hace tiempo y aún vigente, incluso de moda con todo esto de la metaliteratura que va llegando y que muchos piensan que es un invento actual. Hoy traigo. Bartleby, el escribiente.

      Un abogado propietario de un bufete contrata a Bartlebly debido a la tremenda cantidad de trabajo que tiene. Bartleby, que comienza siendo un gran empleado, pronto comienza a responder a su jefe con la misma frase ente cada tarea que se le encomienda: "Preferiría no hacerlo". Aquí el abogado empieza a verse atrapado entre la actitud de su empleado copista y la curiosidad creciente ante esa actitud que, comprende, no es rebeldía.

      Siempre me había sonado la historia de Bartleby, hasta que llegué a Vila-Matas. Cuando leí Bartleby y compañía mi curiosidad por el origen de este personaje fue tal, que no pude evitar leerlo apenas había terminado este primero. dice Vila-Matas de su libro: "Contrariamente a lo que se cree, no hablo exactamente en este libro de escritores que dejaron de escribir sino de personas que viven y luego dejan de hacerlo. De fondo, eso sí, el gran enigma de la escritura que parece estar diciéndonos que en la literatura una voz dice que la vida no tiene sentido, pero su timbre profundo es el eco de ese sentido." Y de algún modo hace así además una de las mejores interpretaciones de lo que representa Bartleby.

      El libro es una suerte de mano a mano entre el abogado y su empleado. No un duelo, porque no hay enfrentamiento alguno sino más bien lo contrario. Bartleby que pierde todo interés y deja de mostrar cualquier tipo de interés hasta llevar esta actitud al extremo y su jefe, quien lejos de juzgarlo y echarlo a la calle cuando descubre que su empleado, por no moverse, ni se va de la oficina, intenta comprender su actitud.

      En apenas setenta páginas, descubrimos a uno de los personajes más fascinantes de la literatura. Una suerte de extranjero de Camus llevado a su máximo extremo que deja de formar parte de todo aquello que le rodea. De una forma que claramente recuerda a las protestas pasivas va aislándose de la sociedad que lo rodea a través de esas tres palabras: Preferiría no hacerlo.
      Tras hacer una lectura recreativa en la que nos vamos incluso angustiando al ver la evolución de la historia, nos descubrimos poniéndonos nerviosos ante su actitud e incluso ante la reacción del abogado. Nos encontramos pensando en las entrelíneas de esta historia que nos seguirá dando vueltas en la cabeza durante mucho tiempo, incluso nos exigirá pasados los meses una relectura, un reencuentro con este copista y con su no tan pequeño acto de rebeldía.

      Hoy os invito a conocer a Bartleby y a su jefe, el único tal vez que se quiso acercar a él, y a que disfrutéis de la historia de uno de los nombres más famosos de la literatura. Supongo que él mismo hubiera podido contar su historia, pero está claro que prefirió no hacerlo y dejar que fuera este abogado sin nombre quien nos la relatara.

      Y vosotros, ¿qué libro tenéis esta semana en las manos?

      Gracias

lunes, 12 de febrero de 2018

Agustín Fernández Mallo. Premio Biblioteca Breve 2018


     El 14 de junio de 1958 se fallaba en Sitges el primer Premio Biblioteca Breve promovido por la editorial Seix Barral. Luis Goytisolo con su obra "Las afueras" y el jurado lo formaron José María Castellet, José María Valverde, Juan Petit, Victor Seix y Carlos Barral. El premio se mantuvo hasta el año 1973 en que dejó de convocarse hasta su vuelta en 1999, año en que ganaría la novela de Jorge Volpi "En busca de Klingsor". El pasado lunes, sesenta años después de que se entregara ese primer premio, nos encontrábamos a la espera de saber quién se llevaría el galardón este año y no tardamos en descubrir que se trataba de "Trilogía de la guerra" del gallego Agustín Fernández Mallo. 30.000 euros y el respaldo de un prestigioso premio es lo que le han concedido un jurado formado por Pere Gimferrer, Manuel Longares, Ricardo Menéndez Salmón, Edurne Portela y Elena Ramirez, y ellos junto al ganador fueron los encargados de presentarnos la novela en una rueda de prensa.

      "Trilogía de la guerra" son tres historias, de ahí su nombre, marcadas por una contienda en la que los personajes reales se mezclan con la imaginación del autor quien dijo que es más una historia de Europa que una historia de guerra. La novela ganadora se articula en tres partes diferenciadas; una primera "La isla de San Simón (Combustibles fósiles)" un escritor viaja a esa isla de San Simón situada frente a la costa gallega y que fue un campo de concentración durante la Guerra Civil. Una segunda parte, "Estados Unidos de América (Mickey Mouse ha crecido y ahora es una vaca)" nos presenta a Kurt, un supuesto cuarto astronauta que formó parte de la expedición Apolo XI al que nunca vimos por ser el encargado de la cámara y que años más tarde sería piloto de caza en la guerra de Vietnam, recordando toda su vida años después. Y una tercera parte, "Normandía (Los amos de la noche)", un relato en el que una mujer recorre esa playa en la que murieron miles de hombres en un largo paseo que le lleva a pisar no solo un paraje que quedó cubierto de sangre, sino a cruzarse con personas que son la prueba viviente de los cambios del mundo.


      Afirmaba Menéndez Salmón al presentar la obra, que "La escritura de Fernández Mallo es muy plástica, urgente, mutante, tras darse cuenta de que ciertas formas de narrar ya no sirven para describir esta realidad de hoy." y es que si en algo coincidieron todos los miembros del jurado al hablar del libro (elegido dicho sea de paso, de forma unánime como ganador), es en el lirismo y la poética, la plasticidad de la obra. Pero también en lo diferente en la forma de narrar. No en vano el propio autor diría minutos más tarde "no me interesan demasiado las tramas, me interesa el mensaje, las formas, la posibilidad de encontrar una historia y transformarla". Pere Gimferrer incidía en la diferencia existente entre la obra del autor de "Nocilla Dream" con la forma habitual de concebir la literatura "Por estructura, tema y ambición es algo insólito y reconfortante en estas latitudes". Con un entusiasmo palpable en las palabras de todos los miembros del jurado, ya solo nos faltaba saber lo que tenía que decirnos el nuevo ganador, quien comenzó expresando su gratitud y emoción por recibir el premio. Confesaba además, que hizo una visita a la isla de San Simón y esa experiencia, la de pisar un lugar cuyas paredes albergaban esa historia, fue tan impactante, que ese mismo día comenzó a escribir, dando comienzo así lo que el 6 de marzo llegará a las librerías bajo el título "Trilogía de la guerra". Fernández Mallo, que no duda en describir su novela como caleidoscópica, reflexiona sobre la vida y la muerte como conceptos no tan alejados, para él "un escritor finge ser un muerto para poder escribir ya que solo la muerte pasa la vida a limpio" y continúa "Los muertos nunca están muertos del todo, ni los vivos, vivos del todo." Y la frase, que puede parecer enrevesada, es sencilla en el fondo de comprender, al igual que sucede con la obra de Fernández Mallo "mis libros -nos dice - son complejos, pero cristalinos para el lector; muchas veces escribo sin entender todo el fenómeno que me funciona como disparador". Nos habla además de la extrañeza de lo único y también de lo extraño que resultaría tener un doble, quizás partiendo de la mujer de la última parte de su novela, que teoriza sobre disparos que tomaran otro camino. Y no tiene inconveniente en reconocer sus obsesiones como escritor que se aproximan a lo contemporáneo, la vida inmediata que llevamos, la basura generada y también, y sobre este último punto incidió, el reciclaje, llegando a hablar del reciclaje total que sería el que se realizan las personas cuando avanzan pretendiendo olvidar todo lo vivido y haciendo una reflexión sobre lo poco que conoceríamos de nuestro pasado si los arqueólogos no hubieran tenido restos para estudiar. Reconoce que, tal y como comentaba la editora de Seix Barral Elena Ramírez, puedan existir en su novela ecos de Pynchon o Houellebecq, pero no duda en darnos sus influencias, "Mis dos referencias básicas aquí han sido Sebald y Lynch, como si se hubieran unido en mi cabeza para que así yo consiguiera narrar este libro" y tampoco niega, por supuesto, a Dalí y a Lorca, que aparecen en la novela, cobrando de hecho importancia un poema perdido del segundo.

      Reconozco que consiguió despertar el interés de todos los allí presentes, no ya por el premio y la calidad que le avalan tantos años de camino, sino por la obra en sí. Por esa mezcla de experimento y novela que no dudaron los que la habían leído y estaban allí presentes, como algo excepcional y de una gran capacidad literaria. Así que ahora nos toca esperar hasta marzo para poder tenerla entre las manos.



     Gracias a la editorial por invitarme y también a todos los que pasáis por aquí dejando vuestras impresiones.

viernes, 9 de febrero de 2018

Bellas Durmientes. Stephen King y Owen King


     "Evie ríe al ver la mariposa nocturna. Se posa en su antebrazo desnudo, y ella acaricia las ondas grises y marrones que colorean sus alas. «Hola, preciosa», la saluda. La mariposa emprende el vuelo. Sube, sube y sube, hasta que la engulle un haz de sol enredado entre las relucientes hojas verdes, a siete metros por encima de Evie, que se encuentra en el suelo, entre las raíces."

     Si Stephen King no es uno de los escritores más prolíficos del mercado, desconozco quien puede ganarle. Y más jugando en la misma liga que llena estantes de librerías (particularmente las situadas en estaciones y aeropuertos). El escribe y nosotros leemos, en realidad es así de simple. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Bellas Durmientes.

     Estamos en Dooling, una pequeña ciudad en la que, al igual que en el resto del mundo, las mujeres parecen quedarse dormidas y ser incapaces de despertar mientras una suerte de capullo sedoso recubre sus cabezas. Y si alguien, Dios no lo quiera, tiene la mala idea de retirar el capullo, que se prepare para las consecuencias. Los hombres quedan solos mientras algunas mujeres, como la sheriff luchan por no dormir. Y allí aparece Eve, Evie, una mujer capaz de dormir y despertar, de conocer y matar, de hablar con los animales y encarnar lo mejor y lo peor. El peso masculino recae en Clinton Norcrossm psiquiatra del penal de Dooling y marido de la sheriff.

     Ya conocíamos al hijo mayor de King, Joe Hill, quien ha escrito, no solo con su padre, sino que se ha formado ya un nombre propio en el panorama literario. Sin embargo ha sido el hijo menor esta vez quien ha tenido una idea y la ha compartido con su famoso padre que rápidamente se ha prestado a escribir una novela a cuatro manos con él. Y así es como nace Bellas Durmientes, un libro en el que nos encontramos muchos ecos de obras ya conocidas de King y en el que, esta vez, se decanta por la distopía con toques femeninos que tan de moda está en los últimos tiempos. Y posiblemente ese sea el gran defecto de esta novela; no aporta novedades al lector.
Nos circunscribe a un pueblo y sus habitantes y relaciones entre ellos, haciendo que recordemos La cúpula, cercando ese cerramiento a las cabezas de las mujeres que parecen huir así de un mundo masculino. Sin embargo podríamos retroceder mucho más, hasta Salem's Lot para descubrir que King es un experto en aumentar las tensiones entre los ciudadanos de las comunidades pequeñas, exactamente igual que ya se metió de lleno en las epidemias en su libro Apocalipsis. Todo nos suena en esta nueva novela. Incluso la cárcel, aunque ahora sea de mujeres y, al convertirse en uno de los escenarios centrales se acerque más a Orange is the new black que a La milla verde. Y es que supongo que cuando alguien tiene una obra tan dilatada como la del maestro del terror es inevitable no caer en algunas repeticiones.

     Bellas Durmientes es una novela extensa, en la que veremos como poco a poco las mujeres duermen por una enfermedad de nombre Aurora, como la Bella Durmiente de Disney, y pasaremos de la perplejidad al terror de los habitantes que no saben muy bien qué está sucediendo. Del mismo modo, los King se irán centrando en Norcrossm, un personaje típico en la obra del padre: un hombre de mediana edad, en este caso psiquiatra, que se ve en el centro de la acción cuando hasta ese momento ha tenido una vida sosegada más que feliz. Será el la voz masculina de una prisión en la que no faltan rencillas, afinidades o funcionarios con la mano demasiado larga y será allí al lugar al que lleven a Eve, esa mujer cuya entrada en la historia consiste en irrumpir en una caravana y asesinar a dos hombres que se dedican al tráfico de drogas de la forma más sangrienta posible.Eve es desconcertante, los King la cargan de simbolismos pero parecen no terminar de decidirse por el bando en el que van a colocarla. Es evidente que no es buena, pero tampoco es mala en realidad, reivindica muchos tipos de mujer en un libro que se carga de clichés básicos sobre la brutalidad masculina y el apego femenino, por ejemplo, a los hijos pequeños. Al final tenemos una extensa novela que se hace aburrida en su parte central, en la que no se percibe el terror ni la tensión de sus obras anteriores y de la que, lo mejor que puede decirse, es que su lectura no requiere mayor esfuerzo. Es cierto que al final parece que espabilan y nos llevan al punto al que queríamos llegar, pero lo que dudo es que sea necesario entretenerse tanto por el camino dejando una estela de personajes vacíos.

     Bellas Durmientes me ha parecido una historia fallida como novela, pero que posiblemente encuentre un hueco en una de las múltiples plataformas de series que existen hoy en día. La capacidad para coger elementos de distintos géneros es, cuanto menos, digna de mención y tal vez, y ya que se acerca a muchas de las modas actuales, la veamos convertida en un éxito. Personalmente, me ha decepcionado, le falta mucha fuerza.

     Y vosotros, ¿habéis leído algo de el Rey del Terror?

     Gracias.

     PD: Se que me dejo muchos detalles y que podría hablar de zombis, de animales que hablan y dar una dimensión aún más mágica a la epidemia Aurora. Incluso podría hablar del árbol y del lugar de las mujeres. Pero entendedme, son más de 750 páginas, les ha dado tiempo a contar demasiadas cosas.

jueves, 8 de febrero de 2018

Tiempos oscuros, John Connolly


     "Ahora están dando vueltas, poco después empezarán a caer despacio, a descender en un lento giro dejándose llevar con tal suavidad que apenas se distinga que se están aproximando. Son halcones con forma de hombre, y el que los lidera es un ser que ha pasado por una doble transformación: perdido y encontrado, humano y pájaro, el más joven de todos y, a la vez, extrañamente viejo. Ha sufrido y resistido y, en su resistencia, se ha forjado de nuevo. Ha visto un mundo más allá de este. Ha vislumbrado el rostro de un nuevo dios.
     Está en paz consigo mismo, y por eso librará la guerra."

     Puede que la novela negra prolifere debido a las modas o puede que ya no sea una moda y se haya convertido directamente en uno de los géneros favoritos de los lectores, pero incluso en un género del que se editan cientos de títulos al año, hay nombres que son una garantía y siempre cumplen. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tiempos oscuros.

     Retomamos la historia de Charlie Parker mientras él sigue recuperándose de sus heridas. Contacta con él Jerome Burnel, un hombre que un día fue un héroe al salvar la vida de una familia en una gasolinera que iba a ser atracada matando a los violentos atracadores. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que cayó en desgracia al encontrarse pornografía infantil en su casa y dar con sus huesos en la prisión de Warren.  Allí, su vida fue un infierno gracias a otro recluso llamado Harpur Griffin quien, en una de sus violentas violaciones, no dejaba de repetir: "Esto por el Rey Muerto". Burnel le cuenta todo esto a Parker, que ha acudido con sus acompañantes habituales Ángel y Louis a la cita, explicándole que es inocente de los cargos que se le imputaron. Pero, más allá de eso, lo que le relata es el miedo que tiene a morir, porque sabe que su vida está en peligro y cómo las personas que mantuvieron el contacto con él mientras estaba en prisión, han desaparecido. Burnel parece vincularlo todo a aquel día en la gasolinera y Parker no puede evitar sentirse atraído por la historia. Sobre todo porque Burnel desaparece poco después. Pronto descubrirá la existencia de un lugar llamado el Tajo en el que tienen sus propias leyes. Y también que hay un Mal ancestral que acecha.

     Uno de los placeres de leer a Connolly, radica en que se puede coger cualquiera de sus novelas protagonizadas por Parker y quedarse en ella sin necesidad de comenzar por la primera de la saga. Sin embargo, hay un placer que trasciende cada historia individual y que solo disfrutan los seguidores del autor, y es el poder reconocer a personajes ya olvidados y recorrer lugares ya visitados en otras entregas. En esta ocasión estamos ante la entrega número quince (contando la novela corta) de la saga de Charlie Parker y serán muchos los elementos comunes que nos encontremos en ella, y también serán más acusadas las diferencias con aquellas entregas en las que el horror era marcado por la sangre.

     Estamos, y lo digo ya de entrada, ante una de las mejores entregas de la saga protagonizada por el detective Charlie Parker. Connolly consigue interesar desde las primeras páginas, con un arranque que podría ser él solo, el argumento central de una novela para luego mantener una emoción contenida que lleva al lector a no querer detenerse. Capaz de sobrecoger con la simple descripción de una sonrisa llena de cuchillas o un niño en el fondo de una piscina atado a un gran televisor, también lo es de conmover con la triste historia que cuenta a trompicones Jerome Burnel. Es precisamente esa capacidad de transmitir sentimientos la que me fascina de los libros de Parker, conseguir que un personaje solo con levantar una ceja cause el terror, o que el miedo de un niño que mira por la ventana atraviese al propio lector como si el libro fuera el cristal de dicha ventana, es una capacidad que explota cada vez más, dejándonos descripciones que son como instantáneas repentinas que vemos por un segundo. Las descripciones son más sensoriales, que detallistas. Y eso causa un efecto intranquilizador en el lector. En esta ocasión además, recuperaremos personajes como Alvin Martin o el profesor Williamson que, si somos lectores habituales de la serie, recibiremos con los brazos abiertos y en caso de no serlo, serán presentados adecuadamente. Louis y Ángel asoman además desde las primeras páginas, siendo esto un rasgo poco común en las novelas de la saga.
     Y está también el toque sobrenatural, más acusado quizás en sus visiones de uno y otro lado desde que Parker fuera arrancado tres veces de las garras de la muerte. Y, pese a ello, en ningún momento pierde seriedad la trama. Porque dejando de lado enfrentamientos habituales entre el Bien y el Mal, Connolly se fija en un mal que viene de mucho antes, en algo ancestral y lo vincula con un colectivo que vive aislado de las conveniencias sociales, que se maneja como una comunidad autosuficiente y al margen de la ley, casi una secta. El Tajo llega a ser, a grandes ratos, un lugar al que no queremos mirar, ni saber qué sucede realmente ahí dentro, pero tampoco podemos ni queremos apartar la vista de allí. Y no pestañeamos mientras esperamos el enfrentamiento final.

    Connolly en esta ocasión, además de integrar esas pequeñas historias que parecen ser periféricas a la principal, sienta bases para lo que posiblemente serán futuras entregas de la saga. Con una Sam, hija de Parker, cada vez más fuerte y con una gran conexión con su hermana muerta, abre la puerta a la posibilidad de ir cobrando importancia en las historias de Parker. Es cierto que se reconocen patrones en sus novelas, pero también lo es que funcionan y que mantiene el interés, lo que en una saga con tantas entregas es digno de alabanza. Parker sigue siendo un hombre marcado por las sombras, por sus pérdidas y percepciones extrasensoriales y, sobre todo, un ser humano imperfecto que es cada vez más humano en sus debilidades externas y fortalezas internas. Pero, sobre todo, es un antihéroe que no soporta las injusticias y que se siente atormentado por quienes las padecieron. Un personaje fuerte maltratado por la vida al que el autor no tiene inconveniente en desnudar mostrando sus debilidades y al que no concede la tregua de pintarle una sonrisa. Y quizás sea eso lo que hace que nos guste tanto Charlie Parker.

     Tiempos oscuros es una novela oscura, como corresponde a su título, pero es, sobre todo, una manera muy entretenida de alargar estas tardes de frío. Quedo como lectora a la espera de la próxima entrega de la saga. Soy, cuando algo me gusta, una lectora fiel. Y me gusta Charlie Parker.

     Ya sé que es jueves, pero decidme, ¿qué libro tenéis entre manos?

     Gracias.

viernes, 2 de febrero de 2018

El último apaga la luz. Nicanor Parra


DEFENSA DEL ÁRBOL 
 Por qué te entregas a esa piedra 
 Niño de ojos almendrados 
 Con el impuro pensamiento 
 De derramarla contra el árbol. 
 Quien no hace nunca daño a nadie 
 No se merece tan mal trato. 
 Ya sea sauce pensativo 
 Ya melancólico naranjo 
 Debe ser siempre por el hombre 
 Bien distinguido y respetado: 
 Niño perverso que lo hiera 
 Hiere a su padre y a su hermano.

     Nunca traigo poesía, así que me he dicho que sería buena idea hacer un viernes de poesía. Hoy  traigo a mi estantería virtual, El último apaga la luz.

     Nos dejaba hace unos días el gran Nicanor Parra y me he dado cuenta de que mucha gente le conocía de nombre, pero apenas de haberlo leído.Un martes de enero con 103 años nos dejaba este gran poeta que renegaba de reglas; incluso, de las de la propia poesía. Quizás por eso publicó allá por los años cincuenta un libro titulado Poemas y antipoemas. Con eso dejaba claro el placer por romper las reglas establecidas y después, poco a poco, fueron llegando los premios, aunque él no era partidario de las ceremonias e incluso dejara de acudir a más de una entrega.

      En este libro van mezcladas muchas de sus obras, de tal modo que quien sea ajeno a sus letras, encontrará una buenísima selección y guía para descubrir al llamado antipoeta. Verá entonces no solo la evolución, como se dice siempre de cualquier escritor con una dilatada carrera, sino también sus revisiones y temas recurrentes. Descubrirá que frente al absurdo está la coherencia y frente a la muerte, una sonrisa. Y es que, es muy difícil hacer poesía. Y Nicanor Parra fue poeta, de esos que hacen lectores fieles y que en este libro encontrarán inéditos para su gozo y alegría al tropezarse, por ejemplo, con "Quédate con tu Borges". Pero más allá de todo eso, la poesía de Parra es fácil, accesible e incluso divertida. Recuerdo un discurso de sobremesa convertido en un elogio a escritores, y también un poema que decía Hoy es un día azul de primavera/creo que moriré de poesía/de esa famosa joven melancólica/no recuerdo ni el nombre que tenía. Y es que sus poemas también hablaban de poesía. Y, aunque no fuera en un día azul de primavera, a mi me gusta pensar que quizás, el antipoeta que aún guardaba cuadernos sin mostrar, sí que murió de poesía.

      Hoy recomiendo El último apaga la luz. A los aficionados y también o, sobre todo, a quienes se aburren con los poemas y la métrica precisa, a quienes dicen que siempre son iguales y tratan de lo mismo y por eso se consideran incapaces de ponerse ante un libro que sea una sucesión de poemas. Ahora que nos ha dejado el autor, y lo hizo despidiéndose indiferente, casi a la flamenca en el último de sus títulos, solo me queda decir: lean, lean a Nicanor Parra.

     Y vosotros, ¿sois lectores de poesía?

     Gracias.

jueves, 1 de febrero de 2018

La bailarina de Auschwitz. Edith Eger


     "No sabía que llevaba una pistola cargada oculta bajo la camisa, pero, en cuanto el capitán Jason Fuller entró en mi despacho de El Paso un día de verano de 1980, se me encogió el estómago y se me erizó el pelo de la nuca. La guerra me había enseñado a percibir el peligro antes incluso de poder explicar qué me había asustado."

     Oootro libro más sobre lo mismo, estaréis pensando. Pero si os digo que está escrito en primera persona porque son las memorias de su autora, quizás capte vuestra atención tanto como captó la mía. Hoy traigo a mi estantería virtual, La bailarina de Auschwitz.

     Conocemos a Edith Eger, quien, muchos años después nos abre una puerta a su vida. Cuando tenía dieciséis años, era una niña normal que soñaba con ser bailarina. De hecho comparte en el libro una foto que le tomaron con esa edad. La foto se la hizo su novio Imre, que moriría poco después. Y es que, en el 44, Edith terminó en un campo de concentración, más concretamente en Auschwitz, junto a su madre. Allí vio como Mengele le mentía diciendo que su madre se iba a duchar cuando en realidad se dirigía hacia una muerte segura. Volvería a ver a este hombre cuando, cumpliendo el deber de entretenerle comenzó a bailar ante él. Y así, hasta convertirse en uno de los poco más de 70 supervivientes de ese lugar infernal. Su vida quedaría tan marcada por esa experiencia que ni emigrar le libró de la cicatriz. Lo que si consiguió fue utilizarlo como psicóloga para ayudar a otros en sus traumas.

     En contra de lo que uno puede pensar el libro comienza en el presente, cuando la autora está en su consulta y entra un hombre que no reacciona más que a una orden directa, como un robot programado e insensible. Y ella decide que, sin saber lo que le sucede, le podrá ayudar. Porque si de algo sabe, es de heridas y traumas. A partir de aquí, la autora reconstruye su vida. Una vida que nada tiene que ver con aquella que una vez soñó.  Y así es como partimos a los recuerdos del horror. Un horror al que llegó acompañada de su madre quien le daría, posiblemente, el consejo más importante de su vida "nadie puede quitarte lo que tienes en tu mente". Y tal vez fue eso lo que le dio fuerzas para bailar en un barracón ante el hombre que llevó a su madre a la muerte. O acaso lo que le ayudó a sobrellevar más de un año en un infierno. Un infierno en el que también se le tendieron manos de ayuda, como aquella vez en que las mismas compañeras que le habían instado a bailar, le ayudaron cuando se encontraba al borde de la muerte.
Y es que Egers, pese a todo, busca en su libro una esperanza y lo llena de mensajes positivos y de reflexiones sobre la culpa y, por qué no decirlo, también sobre la venganza.

     La bailarina de Auschwitz se aleja poco a poco del modelo de novela o testimonio de superviviencia para convertirse casi en un libro guía. No diría de autoayuda, pero hay momentos en que tanta reflexión buenista me dejó desconcertada. Supongo que vivimos en un mundo en el que cuesta asimilar que alguien que haya pasado por lo que está mujer, sea capaz de buscar en su interior el lado positivo y ayudar a los demás en base a su terrible experiencia. Es más fácil creer lo malo, estamos más acostumbrados. Pero, si uno rasca un poco en las letras de Eger, se da cuenta del tiempo que tardó en poder hablar de ello, del tiempo que lo escondió... todas esas cosas, más allá de los meses cautiva en el infierno, son los que nos darán la medida de la fortaleza de la autora del libro. Y esa es la parte que a mi me ha llegado dentro. El libro, por lo demás, tengo que decir que no va a pasar a la lista de mis mejores lecturas, le ha faltado, y esto si que es terrible teniendo en cuenta que sé que es una historia real, credibilidad. Como si realmente no se enfrentase del todo a relatar su historia. No lo sé, no lo tengo claro... pero no he llegado a conectar del todo con él. Una verdadera lástima.

     Comenzaba diciendo que hay muchos libros sobre estos temas, pero personalmente suelo acercarme a ellos con sumo interés. Y vosotros, ¿tenéis algún tema literario al que os acerquéis con más frecuencia?

     Gracias.