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lunes, 23 de marzo de 2020

El Gatopardo. Giuseppe Tomasi di Lampedusa


     "Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. Una de esas batallas en las que se lucha hasta que todo queda como estuvo. No queréis destruirnos a nosotros, vuestros padres. Queréis sólo ocupar nuestro puesto. Para que todo quede tal cual. Tal cual, en el fondo: tan sólo una imperceptible sustitución de castas". 

     Durante estos días de confinamiento alternaré nuevas lecturas con aquellos libros que, teniendo ya un tiempo, considero que es un buen momento para ser rescatados. Bien por su calidad o por su capacidad para abstraernos del mundo (a poder ser ambas cosas), los libros son un refugio. Hoy traigo a mi estantería virtual un rescate, El Gatopardo.

     Parece increíble pensar que El Gatopardo estuvo a punto de no ver nunca la luz. Para empezar su autor no era escritor de profesión, como tantos otros diréis, pero además este libro se vio rechazado varias veces antes de salir a la calle. Lo cual no hizo hasta fallecido Lampedusa, que no llegó a verlo publicado. Era un hombre solitario y ávido lector que, finalmente nos dejó una novela escrita al modo contemporáneo y que, dejó escrito a su muerte que quería se hiciera todo lo posible por ayudar a su publicación. Revuelos ideológicos a un lado, que sucedieron hace muchos años y ahora ya nadie recuerda, El Gatopardo es un novelón.

     Supongo que la sinopsis más precisa sería decir que vemos el réquiem de una época bajo la mirada del Príncipe. Y así conocemos a el príncipe de Salina, que lleva un gatopardo en su escudo y cuya vida parece anclada en aquella época de pleitesía a los grandes señores cuya familia, por riquezas o por apellido, dominaban una zona. Lo que pasa es que llega Garibaldi, los tiempos son eso que se dice convulsos y todo amenaza cambio. Y un cambio que tal vez no sea todo lo bueno que quisieran ese tipo de familias. Ahí es donde entra en juego Tancredi, sobrino del Príncipe. Pero, sobre todo, la mirada del Príncipe. Y es que ya lo advertí al comenzar esta sinopsis, aquí lo importante es la mirada del protagonista.

     El príncipe de Salina, es en realidad inspirado por el príncipe de Lampedusa, abuelo del propio autor, cosa que Giuseppe nunca ocultó.

     Estamos ante una novela de principios, de ideales, de cambios y de respeto. Y también ante una novela marcada por la decadencia que supone el fin de una época con todo lo que ellos implica, y que el lector va recogiendo en gran medida por el maravilloso uso de la palabra que hace el escritor. La novela queda salpicada por una serie de adjetivos, de ambientes marcados por ese final, que de forma consciente o inconsciente recogemos hasta llegar al punto justo en el que el autor nos ha querido poner. Hay frases memorables, como aquel "Es preciso que todo cambie para que todo siga igual" que se pone de manifiesto cuando Salina rechaza lo ofrecido por los vencedores logrando aumentar si cabe el respeto de estos. Este momento, de orden casi pesimista, es un punto crucial para la obra ya que enfrenta la doble sensación que parece perseguir al protagonista y es que si bien no parece querer cambios, empieza a ver la necesidad de algunos, momento usado por Lampedusa para hacer una crítica a quien ha llegado a un status por herencia seguramente, y que una vez allí no va a mover un dedo. Se convierte así la novela en el cambio, tal vez el olvido y también, más que la aceptación, la perspicacia que lleva a aceptarla, aunque sea de aquella manera, a lo largo de 50 años de Sicilia, que es en realidad Italia entera.

     Terminar diciendo que hay una magnífica adaptación cinematográfica firmada por Visconti y que os recomiendo encarecidamente si, como a muchos les sucede, este confinamiento junto a sus preocupaciones os han robado la concentración necesaria para leer.

     El Gatopardo es una novela magnífica. Y cuando uno se topa con una novela magnífica, poco más puede añadir. Y vosotros, ¿podéis leer estos días?

     Gracias

     "Deseo, mejor dicho quiero, que de mi muerte no se haga ningún tipo de participación. (...) Deseo que se haga cuanto sea posible para que se publique 'El Gatopardo' (el manuscrito válido es el que figura en un solo sobre escrito a mano); por supuesto, ello no significa que deba publicarse a expensas de mis herederos, lo consideraría como una gran humillación".

martes, 17 de marzo de 2020

Ann Verónica. H. G. Wells


     “The art of ignoring is one of the accomplishments of every well-bred girl, so carefully instilled that at last she can even ignore her own thoughts and her own knowledge.” 

     Qué placer descubrir nuevos rumbos y títulos y qué placer añadido cuando el nuevo rumbo es de un autor conocido, consagrado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ann Veronica.

     Ann Veronica es una joven de veintiún años, rebelde y un tanto indecisa, que discute con su padre las restricciones propias de la época. En un momento en el que la mayor preocupación de una joven es que se la declaren adecuadamente, ella tiene una bronca tremenda porque quiere ir a una fiesta de disfraces. No es la primera bronca, pero es la definitiva, ya que la joven decide marcharse a Londres. Una vez allí, Ann Verónica, decididamente feminista, tiene que buscarse la vida, reconducir sus estudios, encontrarse con sufragistas y que le estorbe el amor. Además, por supuesto, de tener que pedir un préstamo con poca cabeza para seguir adelante.

     Siempre se habla de autores encasillados pero uno no se da cuenta de ello hasta que no encuentra un título que le descuadra tanto como a mi este. Se trata de una novela social de corte feminista y publicada en 1909 por uno de los nombres más famosos de la ciencia ficción.
     En este caso estamos ante una novela feminista publicada hace un siglo y escrita por un hombre que vivía, por supuesto, bajo los condicionamientos sociales del momento. De hecho la historia nace de un lío de faldas de Wells, y quizás por eso él es el protagonista  masculino de la historia que sale mejor parado y que tiene, como él tuvo, una amante feminista. Esto es importante porque la novela empieza con un tono que uno se toma por jocoso, casi satírico, y acaba derivando hacia la vivencia personal en la que la impetuosa feminista es una niña caprichosa a la que la vida le enseña lo feliz que es mientras le dicen eso de, ¡Oh, querida! ¡Qué feminista eres!
 
     Veronica se va por una discusión con su padre que hoy en día se nos antoja casi más un capricho adolescente que una convicción de la búsqueda de la libertad de género. Si acaso, como iremos descubriendo en otras decisiones de la chica, busca el interés propio y la decisión de ir a Londres obedece más a un proceso momentáneo de iluminación que a un plan trazado. Así lo vemos cuando se enfrenta a la vida sin papá, a la necesidad de un trabajo y a la búsqueda de una habitación. Aunque no lo vemos demasiado, ya que el autor termina olvidándose del dinero incluso debido, no vaya a ser que le estropee la novela. La joven, que sí es cierto que se une al movimiento sufragista, va y viene en ideales, y va incluso a la cárcel aunque sea por quitarse de en medio pero termina, como suele ser habitual en las novelas de esta época que se nos presentan fuertes y decididas, enamorada hasta la coronilla (del personaje este que os decía que es el alter ego del autor). Y la novela que ya iba siendo más vaivén caprichoso que alegato divertido, termina dejando en nada sus comienzos porque, como todo el mundo sabe, cuatro años después uno madura y ve la vida de otra manera.

     En aquél momento, hace más de un siglo, la novela fue algo reaccionario que los hombres no recibieron bien y las mujeres en cambio aplaudieron. Hoy ha sufrido un envejecimiento atroz, ya que la sociedad ha comprendido muchas cosas y le ha dado la seriedad correspondiente a las voces de muchas mujeres que tenían algo que decir. Resulta por tanto más curioso como experimento social de cómo veía un hombre a las mujeres que levantaban la voz, que como novela efectiva. Y es en este en el sentido que me ha gustado leerla, para descubrir en sus letras un cierto tono paternalista de gato que deja jugar a los gatitos sabiendo que cuando tengan hambre volverán a la cesta.

     Ann Veronica es una novela corta con un final precipitado que me ha dado a conocer un campo nuevo de un escritor consagrado de novela de ciencia ficción. Me ha gustado el experimento, infinitamente más que el libro.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 16 de marzo de 2020

Libros gratis



     Ya sé que es lunes, pero estos días son distintos y por tanto también lo es el blog adaptándose a ellos.
      Las reseñas subirán de frecuencia y hoy, en lugar de una reseña, pondré enlaces con libros que autores y/o editoriales ponen a disposición de los lectores de forma gratuita. Si tienes uno o sabes de uno, súmalo en los comentarios.

     Hoy todas las revistas del grupo Condé Nast en España -Vogue, Vanity Fair, Glamour, AD, Condé Nast Traveler y GQ- pondrán sus próximos números a disposición de todo el mundo desde cualquier dispositivo de manera fácil y rápida. En la aplicación quiosco o en las páginas de las revistas.

     Jordi Sierra i Fabra colgará aquí un cuento diario gratuito para los más jóvenes de la casa.

     Javier Núñez pone a nuestra disposición en este enlace su obra, muchos gratis también.

     La plataforma LEKTU también oferta libros gratis, como anunciaba Cazador de Ratas.

     Juan Gómez Jurado nos deja su novela El paciente de forma gratuita, aquí.

     Mo de la Fuente hasta el día 18 nos ofrece su novela aquí

     Antonia romero nos deja su última novela hasta el día 20, aquí

     Sara Mañero se ha sumado con Mientras sorprendan los días a 1 euro, aquí

     Carlos Candela nos deja su última novela gratis, aquí

     La editorial Blackie Books también pone a disposición de sus lectores alguno de sus libros más conocidos gratis, aquí Instrumental, de James Rhodes

     Rosa Montero estos días nos deja gratis también uno de sus libros, aquí

     Roca Editorial pone a nuestra disposición alguno de sus títulos de forma gratuita, aquí

     La editorial Kailas también nos abre tres libros de su catálogo de forma gratuita, aquí

lunes, 9 de marzo de 2020

Un plan sangriento. Graham Macrae Burnet


     "Escribo esto a instancias de mi abogado, el señor Andrew Sinclair, quien, desde que me encarcelaron aquí, en Inverness, me ha tratado con un grado de cortesía que no merezco en modo alguno. Mi vida ha ido breve y de escasa consecuencia, y no es mi deseo eximirme de la responsabilidad de los actos que recientemente he cometido. Así pues, no es por otra razón que la de corresponder la amabilidad de mi abogado que consigno estas palabras por escrito".

     El true crime está en alza desde hace tiempo, y me apetecía leer unos cuantos libros que se incluyeran en esa etiqueta. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Un plan sangriento.

     Conocemos a Roderick Macrae, de 17 años y arrestado por triple asesinato en su localidad natal, Culduie. Corre el año 1869 y Roderick además de aparecer lleno de sangre, se ha declarado culpable del triple crimen. Será su propio abogado quien se empeñe en tener un relato más completo de lo sucedido.
   
     De la moda de la novela negra hemos pasado a la moda del true crime gracias, al menos en un mínimo %, al morbo de nuestra sociedad y a la proliferación de series true crime en determinadas plataformas digitales. Así concebida una novela, es bastante habitual que el lector ya conozca al culpable en las primeras páginas, o incluso antes y sea ese el motivo por el que le ha interesado el libro. Las motivaciones para leer este tipo de novelas son, por lo tanto, diferentes a las de la novela negra. Y una de ellas es por qué el autor ha tenido ese interés en particular. Bien, en este caso, el autor es descendiente del protagonista y ha decidido recopilar pruebas, entrevistas y todo el material posible sobre lo sucedido, incluida la declaración de Roderick.

     La novela comienza de forma lenta con una serie de declaraciones que parecen más enfocadas a ambientar que a aportar grandes contribuciones a la trama, por lo que recomendaría a quienes se animaran que no juzgaran el libro por sus primeras páginas y le dieran la oportunidad de llegar a las palabras de Roderick. Así vamos descubriendo que Roderick es inteligente y bastante tímido, al que añadiremos el término rarito a medida que vayamos viéndolo desde perspectivas diferentes a la suya propia, que vive en un pueblo mínimo en el que, además, se hacen diferencias en función del lugar.  Roderick se ha quedado sin madre y  ahora serán su padre y él los encargados de llevar la granja. El padre es, como suele ser habitual en estos casos, una joya. Los problemas comienzan cuando se nombra agente a Lachlan, quien ya había tenido un enfrentamiento con el padre de Roderick hace tiempo y que el lector descubre como un personaje al que es fácil coger manía. De hecho llegamos a simpatizar con Roderick simplemente porque sabemos que Lachlan es una de las víctimas, sobre todo cuando vemos el acoso al que somete a los miembros de la familia de Roderick. Sin embargo, y pese a que he afirmado que esta es una de sus víctimas, no hay que perder de vista que fueron tres y no solo uno. Y si digo esto es porque en un libro de este estilo es fácil olvidar determinadas cosas como que, por ejemplo, el acusado no parece el mismo cuando es él quien habla a cuando son otras las personas que se dedican a dibujarlo.
     Supongo que ha pasado tanto tiempo que es casi imposible hacer una reconstrucción certera, pero es precisamente ese el punto fuerte de Un plan sangriento. Si no hubiera contradicciones, si no tuviéramos pequeñas fisuras que limar, no sería creíble que estuviéramos ante un caso real y es que, no nos engañemos, las únicas tramas criminales en las que no queda un solo agujero, es en aquellas que son ficción. Eso unido a que aquí lo que se cuestiona son los motivos, pero en ningún caso la autoría.

    Graham Macrae realiza un gran trabajo a la hora de compilar y presentar documentos, y también a la de mantenerse al margen de la historia. Hay que destacar las descripciones locales, los modos de vida y las disgresiones sobre temas como la culpa, la locura o la capacidad que se ven mostradas a lo largo del libro. Personalmente me llamó la atención el tema de las algas, pero porque es algo que en el lugar en el que resido se sigue haciendo. Y también lo hizo la veracidad que todos esos detalles otorgaban a la lectura que tenía entre manos, incluídas las opiniones sobre lo "leído" que era el joven cuyas memorias se encontraban allí.

     Un plan sangriento me ha parecido magnífica en su segunda parte y más que acertada en cuanto a su concepción. Un libro que se aleja de las frases vertiginosas que promocionan a la novela negra contemporánea y que busca más la construcción del lugar y del personaje que la de los hechos concretos. Me ha gustado. Lo he disfrutado más que muchas de esas novelas adictivas que vemos en el mercado.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 6 de marzo de 2020

29 segundos. T. M. Logan


     "Las reglas eran bastante sencillas. No quedarse a solas con él si podías evitarlo. No hacer ni decir nada que él pudiera interpretar como una invitación. No subir a un taxi ni a un ascensor con él, Tener especial cuidado cuando estuvierais juntos fuera de la oficina; sobre todo, en hoteles y congresos. Y, por encima de todo, la regla número uno, la que jamás había que quebrantar: no hacer nada de lo anterior si él había bebido".

     Os veo la sonrisa, pero sí, esta semana he comenzado con eso de buscar el thriller del año. Y me va regular tirando a mal, lo confieso. Hoy traigo a mi estantería virtual, 29 segundos.

     Sarah es una profesora de literatura que quiere su puesto fijo en la universidad. De momento tiene que lidiar con un superior egocéntrico y acosador que, debido a su fama, es intocable. Así las cosas, un día es testigo de un intento de secuestro de una niña e interviene para ayudarla. Lo que menos espera es que el padre sea un hombre muy poderoso que le ofrezca la posibilidad de librarse de su mayor problema: el que sea, lo que ella le diga.

     La venganza como argumento habitual o como excusa, en función de quien usa el término para justificar sus actos, es algo que solemos encontrarnos en la literatura. ¿Y si además esa venganza fuera anónima? Ese es el juego que nos propone la autora. Imagina que puedes librarte de alguien, de quien sea, solo una persona y una única vez. Ahora imagina que esa persona desaparece porque la nombras y nadie va a poder vincularte a la desaparición, ¿lo harías? Bien, ese es el agradecimiento que ofrecen a la protagonista de la novela, provocando casi una crisis de conciencia en la que la razón y la emoción se pelean con dar o no un nombre, que todos podemos suponer vista la sinopsis. Así las cosas, no tardaremos en comprender la decisión que toma Sarah, dar el nombre, aunque, seamos sinceros, no la veamos demasiado inteligente a juzgar por como nos la dibuja Logan. Aún así, avanzamos. Y lo hacemos entre personajes que parecen tener la misma inteligencia que nuestra querida Sarah, y que aparecen y opinan cosas demasiado obvias pero un poco al tuntún o, mejor dicho, sin darnos motivos reales para sus opiniones o incluso actos. Es el caso de una extrabajadora del profesor irrumpiendo en una fiesta que entre una escena y lágrimas y un taxi... bien, muy peliculero todo.
     Logan aún así insiste y nosotros con él. Comprendemos a Sarah y esperamos que el libro termine con la venganza, pero no, decide darle un poco más de complejidad (no mucha, tranquilos, es de 0 a 5 años) y lo que podía haber sido una buena idea para redondear la novela, acaba convirtiéndose en un desastre irreal lo mires por donde lo mires. Y es que, ya lo he comentado otras veces, sacrificar la credibilidad por dar un pequeño giro o una gran voltereta suele dar malos resultados y, en este caso, es justo lo que pasa. Una vez que la novela encara su recta final el lector no sabe muy bien por qué Logan ha optado por esa carrera final propia de una serie z de esas semanales. La protagonista que ya era casi de plástico ahora pretende ser una suerte de... tía listísima que ni siquiera queda bien explicada. Y la novela que hubiera podido llevarse uno de mis: entretenida que ya es mucho, se queda en un si lo se no vengo.

     29 segundos es una novela fallida. Tanto como su título que, si bien entiendo a qué se refiere, no me convence.

     Y vosotros, ¿cuál es la última novela que os entretuvo de verdad?

     Gracias.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Los secretos que guardamos. Lara Prescott


     "Cuando llegaron los hombres de traje negro, mi hija les ofreció una taza de té. Ellos aceptaron educados, como si fueran nuestros invitados. Pero cuando empezaron a volcar los cajones de mi escritorio, a tirar al suelo los libros de la estantería, a dar la vuelta a los colchones y a revolver los armarios, Ira apartó el hervidor del fogón y colocó de nuevo las tazas y los platitos en el armario. 
     Un hombre que llevaba un gran cajón de embalar ordenó a los otros que metieran en él todo lo que pudiera ser útil, y mi hijo pequeño, Mitya, fue al balcón, donde tenía su eriza, y la envolvió en su jersey, como si temiera que los hombres se la llevaran también".

     A veces es simplemente la trama. Te llama tanto la atención, que es imposible obviar el libro; lo necesitas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los secretos que guardamos.

     Conocemos a Olga, la amante de Boris Pasternak, cuando es llevada a un gulag. Ella apoya firmemente a su amante, pero pasa 3 años en los que pierde a sus hijos e incluso el hijo que esperaba del escritor que, además, no estaría dispuesto a permitir otra situación semejante. La historia entre Pasternak y Olga, su musa, es utilizada por el propio autor para inspirarse en los personajes de la famosa novela. Una novela que sabe no verá la luz en su país.
     Conocemos también a Irina, una mujer de ascendencia rusa que ha terminado trabajando de mecanógrafa para la CIA. Allí la gente no tiene lazos personales, muchos son espías. Aunque Irina es mecanógrafa. Al menos hasta ahora que ha conocido a Sally. Ahora es quien recogerá el manuscrito cual espía/mensajera para llevarlo hasta las mecanógrafas y luego distribuirlo de contrabando en Rusia. Pero además de todo eso, Irina también vive su personal historia de amor. Con Sally. En una época en la que la homosexualidad era ilegal.

     Todo el mundo conoce al Doctor Zhivago. Poco importa si es por el libro, por la película o por su banda sonora; lo cierto es que Zhivago es un nombre que no le resulta extraño a nadie. De hecho juraría que incluso la mayor parte de la gente sabe que hay en esta gran novela una historia de amor. Lo que yo desconocía, por ejemplo, es que la CIA se había implicado para poder meter de contrabando en Rusia una novela que jamás hubiera sido publicada en ese país. Al menos en ese momento. A fin de cuentas, ¿qué puede tener un libro que se ha hecho más famoso por la historia de amor que por contener ideas revolucionarias para ser el centro de una trama de espías? Lara Prescott, que comparte nombre con la protagonista de la novela de Boris Pasternak, lo explica en su primera novela utilizando para ello hasta cinco narradores de los cuales, e incluso teniendo en cuenta el magnífico uso que hace de la primera persona, destaca la voz colmena de las mecanógrafas de la CIA.
     Hay que decir que la novela es fácil de leer y complicada de explicar, ya que ha optado por cambiar su foco de atención y establecer una suerte de paralelismo entre la historia de las mecanógrafas y la de Pasternak y su amante Olga, pero tanto en lenguaje como en formas busca lectores y curiosos que se acerquen a ella, por lo que uno no tarda en cogerle el punto y seguir leyendo tranquilamente.

     Prescott comienza la novela entre titubeos, pero poco a poco se va haciendo con esta visión totalmente feminista de un suceso desconocido para muchos lectores. Las mecanógrafas reflejarán parte de su realidad, del mundo en el que se encuentran sumergidas y también lo harán Irina y Sally descubriendo que el amor también puede ser demoledor. Nos responderá a la duda de por qué un libro puede ser tan importante, y esta es la parte que me ha resultado más interesante a mi. Frente a un régimen que lo controlaba todo para que se adecuara a sus ideas sin salirse un mm, la CIA empujaba a descubrir a través de la cultura, no solo la literatura sino también la música, por ejemplo, lo que otros gobiernos pretendían silenciar. Los libros abren mentes, dicen, y también mostrarían lo que no se permite publicar abriendo así los ojos a muchas personas. Es muy interesante esta parte de la trama, aunque cae en reflexiones descontextualizadas, más actuales que propias de los años 50 pese a que reflejen comportamientos de aquella época. Esto hizo que me costara interesarme a nivel personal aunque será precisamente esa colmena, ese aislamiento impuesto a las personas que la forman, el gran acierto de la historia. La otra mitad, ya que hay un este y oeste, un oriente y occidente, la forman Boris y Olga, su amor, su separación, sus afinidades y también sus discusiones sobre el crimen y el castigo (guiño, guiño) por el pecado cometido, por la novela. Esta es quizás la parte más conocida en la que la autora ha buscado además esa identificación directa de la novela con la ficción. Todos conocemos más o menos la historia de Pasternak, consciente de sus amigos muertos o retenidos, consciente de lo que había escrito, Pasternak, enfermo o no, con su vida se ganó el derecho a ser un personaje. Y así parece haberlo recogido Prescott entregándonos una novela de la que podemos sacar la ficción que el autor reflejaba incluso aunque una parte sucediera tras haberse escrito el libro.
     Comentaba los deslices, los clichés, los fallos que se le pueden encontrar a Los secretos que guardamos. Sin embargo, si me pongo a buscar la justicia de valorar una primera novela, tengo que decir que el resultado es tremendo y, sobre todo, apto para todos los públicos.

     Los secretos que guardamos me ha parecido una historia interesante que me  ha pillado totalmente por sorpresa. Estaré pendiente de la segunda novela de Prescott.

     Y vosotros, ¿conocéis a Zhivago?

     Gracias.

lunes, 2 de marzo de 2020

Alguien a quien conoces. Shari Lapena


     "Está quieta en la cocina, mirando por las amplias ventanas de atrás. Se vuelve hacia mí —un ondear de su cabellera castaña y tupida acompaña el gesto—, y en sus grandes ojos marrones veo confusión y un miedo repentino. Ha comprendido la situación, el peligro. Nos miramos fijamente. Parece un hermoso animal asustado. Pero no me importa. Me da un subidón: una furia pura y descontrolada; nada de pena. 
      Ella y yo somos conscientes del martillo que llevo en la mano. Es como si el tiempo se ralentizara. Todo debe de estar sucediendo deprisa, pero no lo parece. Abre la boca, como para formar palabras. Pero no me interesa lo que tenga que decir. O a lo mejor quiere gritar".

     Para hablar sobre un libro hay que leerlo, así que si hay un título que suena en la boca de los lectores, me pica la curiosidad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alguien a quien conoces.

     Viajamos a Aylesford, una zona tranquila a una media hora de Nueva York en la que vamos conociendo a sus vecinos. Todo empieza cuando una mujer aparece muerta en el maletero de su coche. Es una vecina del lugar con fama de ser un poco fresca o, al menos, parecerlo y que todos creían que había abandonado a su marido. En otra de las casas del vecindario un joven se queda lívido al conocer la noticia ya que en la casa de ese matrimonio van a encontrar huellas suyas: le gusta colarse en las casas de sus vecinos y cotillear en sus ordenadores.

     Shari Lapena es uno de esos nombres que se hizo conocido con su primer libro pero que, tengo la sensación de que no ha repetido éxito con ninguno de sus títulos siguientes. Vende, sí, pero se va agotando poco a poco la fama que le diera el primero y la estela en ventas que le podía suponer. Lo que está claro es que entró de lleno al llamado domestic noir, y que sigue en él.
     En esta ocasión Lapena se inventa una pequeña localidad, casi un barrio residencial, para trazar una suerte de comedia de enredos con un cadáver a los postres. Y es que me ha costado mucho tomarme en serio un libro en el que casualmente todos se relacionan con todos. Es decir, ¿no hay más vecinos en ese barrio que absolutamente cada cosa y secreto vital ha de pertenecer a alguno de los personajes centrales? Hay muerto, muerta en este caso, y críticas tras los visillos; un marido que nunca parece lo suficientemente apenado y que nos colocan para que sospechemos de él; hay líos de faldas o de pantalones, como queramos llamarlos; adolescentes que cumplen su papel de descerebrados ingobernables; vecinas cotillas con mascota o sin ella y, en fin, todo lo que se supone que tiene que incluir este tipo de vecindarios. El problema es que al ponerlo todo junto y no medir la dosis uno tiene la sensación de estar ante un capítulo final de Sexo en Nueva York mezclado con aires de Agatha Christie.
     La novela es olvidable y estoy segura de que eso no es un problema para quien la escribe ya que la concibe como un entretenimiento con el que matar tiempos muertos sin pensar demasiado. Hay giros pero no demasiado bruscos y el final tampoco nos pilla de sorpresa, lo que hace que hace aún más sorprendente que siga defendiendo que es un entretenimiento al más puro estilo comida rápida. Y por qué digo esto, pues porque a veces uno no comprende que ciertos libros se vendan tanto o sean tan alabados pero en el caso de este estilo de novelas, entiendo perfectamente que la gente los busque como evasión ya que es el lugar que buscan. Y es que no todo ha de ser alta literatura, y cada uno sabe lo que está buscando en un libro. A mi me no me ha gustado, me ha parecido predecible y plana y donde otros ven tensión yo me sonreía ante lo inverosímil que no es lo mismo que lo increíble. Pero esto es solo una opinión personal y ha de tomarse como tal.

     Alguien a quien conoces es una novela tan entretenida como olvidable que cumple su función sin aportar nada reseñable a la literatura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.