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lunes, 13 de junio de 2011

El perfume. Patrick Süskind


     "En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales...Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios...Y, como es natural, el hedor alcanzaba las máximas proporciones en París, porque París era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de París había un lugar donde el hedor se convertía en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronerie, o sea, en el Cimetière de Innocents."

      Recuerdo perfectamente el momento en que me tropecé con este libro.Estaba de vacaciones con mis padres aburrida y me dejaron elegir un libro para que no les diera la tabarra.
Eché un vistazo a los títulos y decidí que El perfume era el título que más apetecible me resultaba y me dispuse a leer, y así conocí a Grenouille, ese niño que nace sin olor y que todo el mundo rechaza sin saber exactamente el motivo, por notarlo diferente ya desde niño sin que existiera una razón concreta para los que le rodeaban. Esta carencia la compensa por su extraordinario sentido del olfato que nos va metiendo en unas calles llenas de aromas y que lo acerca a ese mundo de la perfumería, apasionante contado desde el punto de vista de un hombre que todo lo percibe desde la intensidad de su nariz. Y así percibe a las personas también, a través de los restos que dejan sus vivencias en su piel, y así se enamora.. y todo su afán queda en conseguir ese aroma perfecto como si buscase de quién enamorarse pero condensado en un frasquito de esencia.

No levanté la vista del libro en toda la tarde, ni me moví del hotel, lo primero que sentí fue decepción. No se si os ha pasado alguna vez, que levantáis la vista del libro y justo en ese momento, sientes desvanecerse todos esos aromas que hasta un momento antes había percibido con la nariz más que con la vista. Y así transcurrió la tarde entera y parte de la noche. Volví a abrir el libro para entrar esta vez en la pureza de una gruta donde estaba escondido Grenouille de todos los olores del mundo para empezar a husmear el aire al ritmo que me marcaba el autor mientras se filtraba la humedad por las páginas del libro.

     Y así ha sido cada vez que he releído El perfume, y así será supongo, puesto que estoy segura de repetir la experiencia. Pocas veces un autor consigue ponerte delante algo tan intangible como un olor. Y eso es así cada vez.

      Gracias

      PD. Hay una película, lo se... pero mejor lo olvidamos, vale?

2 comentarios:

  1. Todavía puedo "oler" la novela a meses de habérmela terminado. Es una de las novelas que te dejan un olor, algo incierto, pero del que no podrás olvidar. Grenouille, un personaje destacable.

    Buena crítica, muy directa, aunque no haya visto la película.

    Juano

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  2. Pues he de decir que esta novela la tuve en casa años, sin leerla, el título me echaba para atrás, ya ves qué cosa más tonta.

    Pero la verdad es que es una gran novela, me encanta, de las que lees de un tirón si dispones de tiempo, las descripciones de París, de sus olores, su estancia de ¿ermitaño?, sus viajes, su ansia asesina..

    Por cierto que la peli a mi parecer no está tan mal, no es una novela muy fácil de trasladar a la pantalla y creo que lo hace dignamente, a mi me gustó bastante.

    Saludos.

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