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viernes, 31 de enero de 2014

La canción de amor de Jonny Valentine. Teddy Wayne




     "Apreté un botón del mando a distancia que había al lado de la cama y encendí la luz para jugar a Zenon, el país secreto.
     Normalmente ese videojuego me ayudaba a dormir después de los conciertos. Pero esa noche el subidón era demasiado fuerte, así que después de pasar un rato en el nivel 63, le di a la pausa y llamé a la habitación de Jane, que quedaba al lado. Igual hablar con ella me tranquilizaba, si no, al menos me podía dar una de sus pastillas de Zolpidem."

     Todavía el mundo tiene la capacidad de sorprenderme. De hecho, cada vez que veo la evolución de uno de esos niños prodigio me sorprendo. Aunque la mayoría lo hagan del mismo modo, me sigo sorprendiendo. Cada vez. Por eso tenía ganas de leer este libro y por eso hoy traigo a mi estantería virtual La canción de amor de Jonny Valentine.

     Conocemos a Jonny Valentine, un niño/producto de once años con una carrera musical comenzada en  youtube y un ascenso meteórico a la fama tutelado, casi tiranizado, por su madre. Y conocemos también a Jonathan Valentino, un niño de once años que apenas sobrevive mientras empieza a despertar a la preadolescencia en un entorno que lo empuja a actuar como si fuera un adulto. Evidentemente, estoy hablando del mismo niño.

     Hace unos años cuando se hablaba de un niño prodigio apenas había un puñado de nombres en nuestras cabezas. Hoy la tecnología ha provocado que se agolpen nombres, los programas de televisión, los realitys, la Voz, Disney Channel, youtube... de hecho en este momento hay unas cuantas madres enseñando a un vecino lo bien que canta su hijo y sopesando colgar ese vídeo en la red. Por orgullo, sin ánimo de lucro. Pero, ¿y qué pasa cuando ese niño se convierte en una estrella del pop?

     En este libro el autor se pone en la piel de un niño de casi doce años para contarnos su experiencia. Es cierto que automáticamente se le identifica con Justin Bieber, pese a que nos presenta un universo de ficción salpicado por algunos nombres conocidos, sin embargo, podría valernos para cualquier pop star juvenil. Sin pretender redimirlo ni hacerle pagar por sus pecados, nos detalla la vida de este niño que ha sido arrancado de su colegio y su entorno, y puesto sobre la mesa del competitivo mundo adulto como si de un sacrificio ritual se tratara. Y aquí es la propia madre quien ofrece este sacrificio llevando la carrera de su hijo con mano de hierro, instándolo a mejorar, a dejar de ser el número dos, cambiando canciones infantiles por mantras sobre el sobrepeso y buscando su propia riqueza. Hay que resaltar que la credibilidad del personaje protagonista es tremenda, el retrato que percibimos es de confusión, de hormonas que empiezan a burbujear y de soledad. A falta de un entorno estable, el niño sólo recibe personas que le quieren sacar un rendimiento y así es como lo conocemos, con sus errores y sus intentos de progresar como cree que quieren los demás. La evolución... esa la vamos viendo a medida que avanzamos en esta historia que tiene espacio para algún momento divertido, pero que nos hace una radiografía de lo que se esconde detrás de las caras que vemos en los programas de éxito.
   
     Este libro no es una biografía de una estrella del pop. Este libro de hecho podría enfadar a los fans de algunas estrellas del pop. Es más, tras leer esta historia Justin Bieber sigue sin gustarme.

     Y vosotros, ¿qué opináis de estos fenómenos pseudoadolescentes que llegan a las listas de ventas?

     Gracias

     PD. Os dejo el book trailer

  

jueves, 30 de enero de 2014

Kurt Wallander. Henning Mankell


 

     Y si ayer hablábamos de detectives, también ayer se conocía la noticia de la enfermedad de Henning Mankell que él mismo anunciaba. Ya ha pasado Mankell por este espacio, o mejor dicho lo hizo algún título suyo. Hoy invitamos a su detective más famoso, Kurt Wallander.

     Muchos piensan que es el alter ego del autor, supongo que compartir edad, gustos musicales y placer disfrutando con la naturaleza ayuda. Lo cierto es que la vida de Wallander nos ha acompañado caso tras caso a los amantes de la novela negra. Y lo digo en pasado porque la saga Wallander termina con El hombre inquieto. Muchos de hecho nos sorprendimos al ver su regreso en Huesos en el jardín, y sería el propio Mankell quien nos vendría a explicar que esa historia llevaba ya muchos años escrita, nacida como un pequeño regalo a los compradores de su saga, y que rescataba pensando en nosotros, los lectores coleccionistas.
     Wallander es desordenado incluso en sus hábitos alimenticios, quizás por eso tiende al sobrepeso. Pero su gran capacidad es la de ir paso a paso en unas investigaciones que muchas veces nos muestran contenidos sociales importantes. Precisamente por eso las novelas en las que aparece se disfrutan paso a paso casi más que cuando terminamos conociendo al asesino al que perseguíamos. Nos hablará de racismo, de desigualdades sociales, de el boom económico y las diferencias creadas... Mankell no es un escritor que se muerda la lengua, y eso hace sus novelas francamente interesantes.
     Con todo esto, como supondréis, os recomiendo que os acerquéis a conocer a Wallander, eso sí, de forma ordenada. No porque sus tramas queden abiertas, ya que son casos cerrados, pero si que es cierto que vamos conociendo al protagonista y a las personas que lo rodean mucho mejor si leemos de forma cronológica hasta llegar al final. Y eso es algo que me gusta y que no siempre se da en las sagas detectivescas. Saber que comienza y que tiene un último libro. Y no, no penséis en muerte tan rápido... será mejor que vayáis título a título para empezar a sacar conclusiones sobre cual puede ser el final de Wallander...

1. Asesinos sin rostro
2. Los perros de Riga
3. La leona blanca
4. El hombre sonriente
5. La falsa pista
6. La quinta mujer
7. Pisando los talones
8. Cortafuegos
9. El retorno del profesor de baile
10. Antes de que hiele
11. La tumba
12. Huesos en el jardín

     Está claro que Mankell es uno de los grandes nombres de la novela negra que también nos ha sorprendido alguna vez en las páginas de los diarios con noticias sociopolíticas. En todo caso quiero dejar claro que esta no es una entrada provocada por el pesimismo ante una noticia, sino una invitación a conocer la pluma de Mankell quien, por cierto, seguirá escribiendo.
     Y es que muchas veces, ver el nombre de un escritor en la prensa, por el motivo que sea, nos recuerda que aún no nos hemos acercado a su obra. Y cualquier excusa es buena para abrir un libro.

     Por cierto, aprovechando que he visto un reto que me ha parecido interesante sobre autores eternamente pendientes, voy a sacar a pasear mi lado más cotilla para preguntaros; ¿quién es vuestro autor eternamente pendiente? Ese que decís y retrasáis sin motivo real para hacerlo.

     Gracias

     PD. El reto es este. En el blog de Cartafol, una fantástica oportunidad para quitarle el polvo a un par de nombres

miércoles, 29 de enero de 2014

El hombre de arena. Lars Kepler




     "Es plena noche y una cortina de nieve entra con fuerza desde el mar. Un hombre joven cruza una vía de tren elevada, en dirección a Estocolmo. tiene la cara pálida. Sus tejanos están acartonados por la sangre congelada. Camina entre las vías pasando por encima de las traviesas. A cincuenta metros bajo sus pies se intuye el hielo de la ensenada como una sábana de algodón. Los árboles blancos y las cisternas de petróleo del puerto apenas se ven."

      Esta vez fue la portada. Si bien desconfío de los libros en los que el nombre del autor aparece más grande que el propio título, en este caso me gustó esa mirada triste y tranquila que a quien ponía nerviosa era a mi. Por eso me traje el libro a casa y por eso lo traigo hoy a mi estantería virtual. Hoy traigo, El hombre de arena.

     Recuperamos a Joona Linna. En este caso aparece un hombre que había sido secuestrado hace trece años y dado por muerto años después. en su momento se detuvo a un cruel asesino en serie llamado Jurek Walker, al que se tiene incomunicado en un módulo de alta seguridad. Ahora las cosas han cambiado, si este hombre ha sobrevivido posiblemente también lo haya hecho su hermana y comienza una carrera contra reloj para saber si su equipo podrá sacar algo útil a Walker. Pero no será fácil, y menos para Saga, la agente infiltrada en el hospital para contactar con Jurek.

     Kepler lleva años siendo un nombre indiscutible a la hora de hablar de thriller que busquen angustiar al lector y esta vez se ha presentado con un título que hace una más que clara alusión a Hoffman. Nos presenta a su comisario, un hombre testarudo y perspicaz del que nos desvela un punto más de su vida. Joona se reencuentra esta vez con un caso que siempre pensó había dejado a medias. Esta vez el criminal detenido no sólo los amenazó, sino que no consiguieron que aportase luz a sus crímenes ni le  importara el lugar al que lo destinaban. Un reto que se le vuelve a poner delante gracias a la colaboración de su compañera Saga.
     Tal vez Saga sea el personaje que más me ha llamado la atención del libro, incluso más que el propio preso pese a que le reconozco un grado de frialdad impresionante. Pero esta joven mujer pisa una fina línea emocional entre la inestabilidad y el coraje que me ha parecido muy lograda.

     La historia busca mantener pegado al lector, con pocos giros pero si una tensión creciente en la que empezaremos a sentirnos asfixiados como si estuviéramos en una de esas celdas. El tiempo se agota y tenemos que encontrar a una niña enferma. Necesitamos descubrir el motivo para encerrar a sus víctimas durante años y saber quien se esconde realmente detrás de ese asesino despiadado. Tengo que reconocer que el paso previo a la resolución del caso no me sorprendió demasiado, esa llave que se supone empieza a encajar las piezas... me pareció demasiado familiar en este tipo de libros. Sin embargo pronto se lo perdoné porque en las últimas páginas es cuando el autor no te deja levantar la vista y las piezas caen como plomos haciendo un chasquido metálico al encajar esta historia que no deja fisuras. Lo que si deja es... con las ganas de seguir la pista a Joona.

     Detectives, policías, investigadores de novela negra, cada vez parece que hay más. ¿Me podéis decir cuál es vuestro favorito? Yo sigo fiel a Holmes... y a Parker.

     Gracias

     PD. Os dejo el book trailer:

martes, 28 de enero de 2014

Olivier o el secreto. Claire de Duras




     "¿Qué puedo responder a su última carta? Le he dicho mil veces que yo no comprendía nada de todos esos refinamientos de sensibilidad, yo declaro que mi deseo más vivo es hacerle feliz. Para lograrlo he hecho todo lo que estaba en mis manos, no le molesto en nada, no soy ni exigente ni celoso, nunguna mujer disfruta de más libertad que usted, usted tenía un lugar en la corte, le aburría, y a pesar de que pudo ser útil para mi fortuna le he permitido abandonarla."

     Me voy aficionando a las novelas epistolares. considero además que en ellas se alcanza un grado de privacidad que muchas veces parece superior incluso al de la primera persona. Se genera una suerte de atmósfera en la que nos sentimos asistiendo a íntimos secretos, y eso hace que se disfrute de otro modo. Hoy traigo a mi estantería virtual uno de esos libros, se trata de Olivier o el secreto.

     Escrita en su versión definitiva en 1823 la novela nos presenta a la Condesa de Nangis y la correspondencia que cruza principalmente con su hermana y con su primo Olivier. La condesa y Olivier estaban destinados a casarse, nadie lo dudaba desde su nacimiento, de hecho ellos se amaban... hasta que el propio Olivier se negó a ello y su prima acabó contrayendo matrimonio con otro hombre. Presa de un espíritu romántico, seguía enamorada de él y veremos en sus cartas como sus sentimientos se desbordan cuando ve que pueden acercarse y vivir su amor y como se ve alejada por un secreto que éste oculta.

     Se pueden hacer dos lecturas de esta novelita que no se había traducido al castellano hasta ahora. Una en la que nos centramos en un prólogo que es en sí mismo un pequeño ensayo sobre la autora, su vida, y el momento en que la tocó vivir; de tal modo que unido al libro tendríamos un reflejo de esta mujer y sus inquietudes. Y otra que tal vez sea más superficial, pero más satisfactoria para quienes busquen el entretenimiento simple, que se basaría en el texto de las cartas.
     Nos encontramos de este modo con el alma romántica de una mujer que no es feliz. No es feliz porque su matrimonio debería de haber sido otro y, aunque ahora quiere a su marido, no puede evitar unos sentimientos en los que le reclama un amor apasionado que el hombre no sabe como conseguir que alcance. Casi pareciera que quiere vivir un amor más cercano al de una heroína de novela que a uno real. Y la vida, caprichosa e incluso cruel por concedernos aquello que deseamos, la transforma en una de ellas. Muerto su marido se encuentra con su amado primo. Pero tampoco es feliz, se topa con un escollo aparentemente insalvable. Lo vamos viendo en las cartas que envía a su hermana, como sus sentimientos son una montaña rusa emocional y como Olivier es responsable por ocultarle algo que le hace desgraciado.
     Llegamos a algunas cartas entre el propio Olivier y la hermana de la Condesa esperando enterarnos. Porque ese secreto está marcando la vida de las personas implicadas en la historia, y queremos saberlo.
     No os diré, estad tranquilos, el secreto de Olivier. Si os advierto que es una novelita ligera de apenas un puñado de páginas que consigue desesperar al lector viendo la inestabilidad de su protagonista. Casi me daban más penas quienes tenían que soportarla y no pude evitar pensar, si no estaba ante una sombra de la propia autora por tratarla tan benévolamente en algunos momentos.
   
     Me ha gustado. Es ligera y marca una diferencia con otras historias leídas en la época que nos describen cacerías, criados y formulismos de visitas de casa en casa entre sociedades cerradas. La historia de Duras es más íntima.

     Y vosotros, que ayer no os pregunté por aquí: ¿Qué libro estáis leyendo?

     Gracias

   

lunes, 27 de enero de 2014

La sangre de los crucificados. Félix G. Modroño




     "Un viejo carro, lleno de paja, trataba de recorrer sigiloso el entramado de calles que conducía a la zona alta de la ciudad. El aliento del caballo percherón que tiraba de él se difuminaba en la tiniebla, propiciada por una funesta luna nueva.
    El cochero contuvo la respiración cuando una de las ruedas chocó con una piedra y rompió el silencio estrepitosamente. Atenazado por los nervios, optó por detenerse."

     Muchas veces os cuento que el azar me lleva a títulos insospechados. Esta vez el proceso fue más común. Tras leer un libro del autor me gustó la forma que tenía de expresarse y eso hizo que me picase la curiosidad por otras publicaciones suyas. Así llegué al libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Hoy traigo La sangre de los crucificados.

     Conocemos a Don Fernando de Zúñiga, Vizconde del Castañar y Doctor en Medicina de la Universidad de Salamanca como él mismo se presentaría en caso de poder hacerlo. Un herrador muere, una talla aparece y Zúñiga es requerido por el obispo de Balmaseda para resolver el misterio. Pronto descubre que, efectivamente hay misterio, y no de un único asesinato, así que acompañado de un improvisado ayudante llamado Pelayo, recorrerá la geografía española intentando descubrir el siguiente paso del asesino.

     Ahora que parece que los lectores nos empeñamos en etiquetar todos los libros, es el momento en que más mezclas me encuentro en mis lecturas. En este caso estamos ante una novela histórica escrita con tinta de novela negra, aunque supongo que también podría decir que me ha recordado a esas road novels que ahora parecen de moda y que nos llevan de viaje por caminos más o menos transitados.
     Lo cierto es que es una historia francamente entretenida. En este libro el autor nos presenta a Zúñiga, que protagonizará una segunda entrega y previsiblemente alguna más, dejándonos pistas sobre su vida mediante las reflexiones del propio protagonista que llenan los silencios del viaje. De este modo e intercalándolos con la propia acción, nos acercamos a su forma de pensar y sentir sin tener la sensación de estar parados. De hecho nunca lo estamos, puesto que la acción arranca ya en la primera página.

     Comenzaba diciendo que hay autores en los que vemos unos rasgos que nos gustan y por eso buscamos más obras suyas. En este caso un estilo cercano pero medido, una ambientación basada en un vocabulario escogido y una documentación que salpica la obra no sólo de hechos conocidos por todos, sino de anécdotas o costumbres que son las que sustentan la sensación de realismo, y la mezcla de personas y hechos reales con la ficción de una forma tan sutil que muchas veces cuesta diferenciarlos, han sido lo que me ha llamado más la atención. No estamos ante un libro que tire del clásico "descubrir al asesino" para mantener al lector ni tampoco busca giros sorprendentes que nos dejen con la boca abierta. Aquí se nos invita a disfrutar de un viaje en el que veremos amor, historias de la corte, costumbres y leyendas con los dedos cruzados esperando que la investigación llegue a buen puerto por parte de esta pareja tan bien avenida. Y tengo que decir que en mi caso lo disfruté.

     Una novela que me ha obligado a apuntarme dos o tres lugares como futuros destinos turísticos y cuya historia, pese a quedar cerrada, invita a seguir conociendo a su protagonista.

     Y vosotros, ¿también os quedáis con ganas de visitar lugares que aparecen en los libros o es una rareza mía?

     Gracias

sábado, 25 de enero de 2014

Un buen libro

Mujer sobre pila de libros donados
Biblioteca Pública de NY 1910
     "Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído."
     Jorge Luis Borges

     Todos queremos leer buenos libros. De hecho, supongo que todos los escritores pretenden escribir libros buenos cuando comienzan sus historias. Y luego hay apenas un puñado de títulos a los que se otorga ese honroso adjetivo. El buen libro.
     Sin embargo, a medida que van pasando los años y las páginas por mis manos empiezo a pensar que el concepto de buen o mal libro se desdibuja en función del significado que le demos. A ver, está claro que los clásicos son buenos libros, aquí es fácil llegar y nadie en su sano juicio sería capaz de decir que El Quijote o que Los Miserables son malos libros. Incluso aquellos que no los han leído pero los tratan con la familiaridad que se saluda a un vecino, nos hablarán de sus bondades. El tiempo se ha encargado de hacer la criba y los libros que han sobrevivido tantos años a críticos, lectores y adaptaciones a la fuerza han de serlo. El problema empieza con los libros contemporáneos, esos que salen año a año, día a día y cuyos títulos vamos descubriendo y recomendando o no. Esos libros que nos llegan en segunda persona, porque van dirigidos a nosotros los lectores activos en el momento en que se publican.
     "Un buen libro es mejor que quinientos bestsellers" acaban de decir por televisión mientras escribo esta entrada. Están anunciando un coche o un banco o tal vez un refresco, no lo sé. La frase me ha llamado la atención. Porque está claro que hay libros que nadie considera buenos pero que se han convertido en un gran éxito de ventas (dudo que nadie califique las 50 sombras o El código Da Vinci como literatura de altura). Son libros muchas veces izados en las listas por personas que leen dos o tres títulos al año y que se han sentido atraídos por ellos y los han disfrutado y regalado a otras personas. Libros que, para qué nos vamos a engañar, también hemos disfrutado en muchas ocasiones los lectores empedernidos cuyo número de adquisiciones es "ligeramente" superior al suyo. Éxitos que barren listas y que tienen que sobrevivir aún al paso del tiempo para saber si permanecerán en las bibliotecas o si se seguirán reeditando pasados los años. O tal vez los libros que sobrevivan sean los que los críticos reputados nos están indicando en tal o cual canon como obras maestras y que ahora no nos llamaron particularmente la atención.
     Estás mezclando churras y merinas, pensaréis muchos, y posiblemente con razón. Los éxitos de ventas y los libros con una calidad reconocida no han de ir de la mano. Pero entonces la duda se amplía y me pregunto qué buscamos cuando leemos un libro. La mayor parte de la gente buscamos sumergirnos en una historia que nos guste, unas páginas que nos transporten a un lugar y una situación y, con un poco de suerte, un personaje que no se llegue a desvanecer completamente cuando hayamos pasado la última página. De hecho, cuando pedimos que nos recomienden un buen libro no estamos hablando de uno que vaya a pasar a la historia de la literatura sino a uno que nos guste de forma personal. Lo que pedimos es una recomendación personalizada y luego que el tiempo se encargue de decir si El capitán Alatriste será conocido dentro de un par de siglos o si, tal vez, Orson Scott Card se colocará junto al creador de las leyes de la robótica. Y mirad, ahí si que miro muchas veces los libros con curiosidad y me gustaría poder conocer los títulos de los que aparecerán en los libros incluso escolares dentro de unos años. Saber si esta será conocida como la generación de principios del XXI por ejemplo y a quienes nombrarán como sus máximos exponentes. Hoy por hoy cuando hablo de un libro y digo si es bueno o malo lo hago según mi gusto y criterio personal, ni mejor ni peor que el de cualquier otro lector y es justo eso lo que hace que me pregunte por la opinión que tuvieron en su día los lectores de Ulises o de Lolita.

     Y por supuesto, también hace que me pregunte por los títulos que me diríais si os pregunto por un buen libro. Porque en definitiva, ¿qué es para vosotros un buen libro? Se admiten ejemplos.

     Gracias

Fuente foto: http://thisaintthesummeroflove.blogspot.com.es/

viernes, 24 de enero de 2014

La quinta ola. Rick Yancey




     "La primera ola: Apagón.
     La segunda ola: Sube el oleaje.
     La tercera ola: Peste.
     La cuarta ola: Silenciador.
     La quinta ola."

     Leo un poco de todo y en este caso me llamó la atención la forma que tenía de definir "las olas". Por eso me fijé en el título. Al final, sin tener un motivo muy claro para ello, me lo llevé a casa. Y por eso hoy traigo a mi estantería virtual, La quinta ola.

     Cuando aparece una nave espacial dando vueltas a la Tierra todo el mundo cesa su actividad esperando el contacto con los alienígenas. A medida que pasa el tiempo la población comienza a ponerse nerviosa y para cuando llegan las olas que van diezmando cruelmente el número de habitantes de nuestro planeta, la mayor parte de los supervivientes saben qué esperar: la muerte. Es en este punto que conocemos a Cassie, una jovencísma chica que busca mantener a toda costa la promesa que hizo a su hermano menor de rescatarle, aunque tenga que matar para llegar a su lado. De hecho es seguro que va a tener que matar, y si encuentra a algún humano... más le vale tener cuidado. También conocemos a Zombi, un joven que ha sido llevado a un campo de supervivientes en el que recibe el entrenamiento necesario para luchar contra los alienígenas y defender su planeta. Sin embargo, la tensión a la que viven sometidos los escasos supervivientes pronto hará que duden de quien tienen a su lado y de qué lado están.

     Lo cierto es que hacía tiempo que no leía un libro de ciencia ficción que hablase de invasiones extraterrestres. Y, bueno, ya sabía que estaba ante Crónicas Marcianas, pero me apetecía darle una oportunidad a la historia. La historia comienza bastante bien, la descripción de las olas y los devastadores efectos que provoca en la población están bastante conseguidos y lo hacen de una forma rápida para situarnos pronto en el momento en que se desarrolla la acción. Somos conscientes del terror y la tensión a la que están sometidos los personajes e incluso nos reímos con el desparpajo de Cassie que no puede quitarse de encima costumbres de adolescente. Ni siquiera Zombi puede pese a estar en un campo de entrenamiento demostrando su valía. Hasta ahí la historia iba bien como también lo está el modo que tiene de describir a los alienígenas, o de no hacerlo en realidad, puesto que cualquier otro dato que dé al respecto supondría eliminar de un plumazo uno de los principales alicientes que tiene la historia. Y es mantenernos con las mismas intrigas que sus dos narradores. Porque es una historia contada a dos voces que pronto comprendemos que en algún momento tendrán un punto en común.

     Sin embargo, el libro va de más a menos y hacia la mitad comienza a perder fuerza, cosa que intenta compensar incrementando las dosis de violencia con un resultado bastante irregular. Y no sólo eso sino que el final es predecible y bastante típico. No lo deja cerrado, claro, ya que estamos ante una trilogía, pero si que es cierto que podemos parar de leer aquí (cosa que estoy pensando muy seriamente hacer).
     Al final estamos ante una historia para pasar el rato si no somos exigentes que ha desaprovechado una idea a la que, según mi modesta opinión, se le podía haber sacado mucho más partido. Y me da bastante rabia cuando suceden estas cosas.

     Está claro, las compras por impulso no siempre funcionan. Al menos en mi caso, aunque no por eso voy a dejar de comprar así. Y vosotros, ¿ os dejáis llevar por impulsos a la hora de comprar libros?

     Gracias

jueves, 23 de enero de 2014

Tú. Zoran Drvenkar




     "Cuanto más aspiramos a  llegar  a la luz, tanto más deseamos que nos rodee la oscuridad. El mismo deseo que anhela la armonía, añora, en una oscura cámara de nuestro corazón, el caos. Necesitamos ese caos con medida, porque no queremos ser bárbaros. Pero nos convertimos en bárbaros en cuanto perdemos el control sobre nuestro mundo. La distancia hasta el caos es tan sólo un parpadeo."

     Ya he comentado alguna vez que hay libros que son para desconectar. Libros que te enganchan a sus páginas y no te sueltan sin otro objetivo que ese, tenerte atrapado en su historia. Me gusta buscar esos libros de vez en cuando. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tú.

     Nadie conoce al Viajero. Sólo conocemos su obra, la muerte que ha sembrado durante su viaje, el rastro de cadáveres que de repente aparece sin un motivo aparente y luego vuelve a cesar. A quienes si conocemos es a una pandilla de chicas adolescentes que llevan juntas desde pequeñas. Debido a un suceso inesperado entre una de ellas y su padre han de unirse más que nunca, no tienen ni idea de que están a punto de entrar en un infierno de muerte y narcotráfico.

     Empezando por el final diré que me ha encantado esta novela. Es un thriller rápido y, sobre todo, eficaz que ha conseguido tenerme pegada a sus seiscientas páginas durante los dos días que me ha durado su lectura. Narrado directamente por los personajes de la historia, se alternan para irnos susurrando al oído sus vidas. O sus muertes. Consigue de este modo que nos impliquemos totalmente en esta historia coral que parece ir a dos bandas, de las chicas, al Viajero y vuelta a las chicas, pasando por sus padres, primos, amigos... todos tienen algo que contar sin que por ello la historia deje de ser lineal. Suena complicado, lo sé. Y es complicado de expresar, pero el resultado es refrescante y hace que nos impliquemos en la historia conociendo mejor lo que piensan sus protagonistas.

     Como ya he dicho, es una novela negra escrita en el frío, entre nieve. Y si algo me gusta en una novela negra es que el autor me obligue a creerme lo que me está susurrando. Zoran lo consigue, consigue que tema al Viajero, que lo mire y que sopese la posibilidad de que algo así suceda. Consigue incluso que quiera ver si actúa otra vez. Y que haga una y mil cábalas para adivinar en qué momento se van a tocar las historias. Porque es evidente que lo hacen en algún punto, y además sin fisuras, de una forma perfecta para conseguir una trama compacta que me dejó totalmente satisfecha.
     Hoy traigo una novela negra en la que hay miedo, muerte, hijos que no consiguen satisfacer a sus padres, drogas, mónstruos, más muerte, persecuciones, secretos... y en la que no hay policía. Aquí no hay un policía buscando resolver un caso, ni tampoco hay una pareja de detectives un poco atormentados que van siguiendo pistas hasta llegar al gran final. No. Aquí hay una carrera cuya meta puede ser perfectamente el infierno. Y nosotros seremos testigos de excepción. A fin de cuentas, nos hablan "de tú a tú".

     Y vosotros, ¿cuál es el último libro que os ha tenido pegados a sus páginas aguantando la respiración?

     Gracias

miércoles, 22 de enero de 2014

En la orilla. Rafael Chirbes




     "El primero en ver la carroña es Ahmed Ouallahi.
     Desde que Esteban cerró la carpintería hace más de un mes, Ahmed pasea todas las mañanas por La Marina. Su amigo Rachid lo lleva en el coche hasta el restaurante en que trabaja como pinche de cocina, y Ahmed camina desde allí hasta el rincón del pantano donde planta la caña y echa la red. Le gusta pescar en el marjal, lejos de los mirones y de los guardias. Cuando cierran la cocina del restaurante -a las tres y media de la tarde-, Rachid lo busca y, sentados en el suelo a la sombra de las cañas, comen sobre un mantel tendido en la hierba. Los une la amistad, pero también se brindan un servicio mutuo."

    Con la situación actual era cuestión de tiempo que comenzáramos a ver un reflejo literario del panorama que vivimos, a fin de cuentas, así nace la novela picaresca, antecesora de nuestra novela negra que sigue muchas veces vistiéndose de denuncia social además de llevar letras teñidas de sangre. Por eso cuando vi que Chirbes se había aproximado a la realidad y tras haber leído la fantástica Crematorio, no pude resistirme a traerme su novela a casa. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, En la orilla.

     Conocemos a Esteban, un carpintero cuyo negocio cierra dejando en paro a las personas que trabajaban para él. A él le tocará cuidar a su padre enfermo mientras comienza a escudriñar los motivos que le han llevado a la ruina y a arruinar. La vida tiene espacios que pueden ser como un pantano, como el pantano de Olba que aparece en el libro y en el que flota un cadáver al comienzo de la historia.

     Pese a ser independientes, bien podría afirmarse sin miedo a incurrir en un error que En la orilla es la consecuencia de vivir Crematorio. Esta vez nos enseña una realidad cruda, con un toque incluso pesimista y lleno de desilusión que inunda una sociedad que vive entre corrupción, engaños y sueños rotos. Tras la especulación y las grúas nos muestra un panorama desolador que utiliza una muerte como punto de partida para una novela que está firmemente escrita bajo la dictadura del realismo más directo. La realidad de Esteban, este hombre que ya tiene una edad avanzada, se ha convertido en la realidad de muchos, la de la vuelta atrás, la del despedido primero y del propietario que cierra después. Lo vemos claramente cuando Chirbes nos lo pone delante. Porque de eso trata esta novela, de poner delante del lector una realidad tan incómoda de leer como de transitar en la que no busca simpatías ni sentimentalismos. A través de los personajes que nos presenta componemos un retrato de grupo de una zona de levante, y esa es la sensación que creo busca el autor: fijar nuestra mirada en ese retrato y observar nuestra reacción.

     Es un momento en el que las distopías están de moda, leemos sobre realidades alternativas que a veces nos resultan aterradoras pero que siempre podemos dejar en stand by cerrando el libro. Y es ahora cuando En la orilla se alza como la mejor novela de 2013 para muchas voces literarias. Sólo que En la orilla no es una distopía, y cuando cerramos el libro nos encontramos con un mundo que es exactamente igual al que nos describe con su magnífica pluma Rafael Chirbes.

     Puede que no sea una novela sencilla, ni tampoco una novela que vaya dirigida a cualquier lector. De lo que no cabe duda es de que estamos ante una gran novela y uno de los grandes nombres de la literatura contemporánea. Si aún no lo habéis descubierto, os recomiendo empezar por Crematorio, este os llegará después rodado, como una moneda. Sí, hablo de dinero. A estas alturas ya era inevitable nombrarlo.

     Y vosotros, ¿hacéis caso de esas listas que salen a final de año ponderando las mejores novelas publicadas durante los últimos doce meses? Yo reconozco que acabo picoteando de ellas y entresacando títulos que aún no había leído.

     Gracias

     PD. Si hablar de clásicos es difícil porque parece que ya se ha dicho todo, ponerme hoy a escribir sobre este título no ha sido menos complicado. No sé si es la mejor novela del año que acabamos de terminar, pero es una gran novela. Y eso siempre impone.

martes, 21 de enero de 2014

La librería ambulante. Christopher Morley


     "Un buen libro debe ser simple. Y como Eva, debe provenir de algún lugar entre la segunda y la tercera costilla: debe haber un corazón latiendo en su interior. Una historia que es sólo cerebro no vale demasiado."

     Ahora que todo el mundo está ya leyendo la segunda parte, es cuando rescato yo del cajón de libros leídos la primera. Hay libros amables que hablan de pasiones y libros que parece intentan contagiar pasiones. Hoy traigo a mi estantería virtual uno que pertenece a la segunda clase. Traigo, La librería ambulante.

     Conocemos a Roger Miffin un vendedor ambulante de libros que recorre Estados Unidos en los años veinte vendiendo sus tesoros literarios y soñando con un día escribir su propio libro. Para ello debe de deshacerse del carromato y ahí entran los hermanos McGill. Miffin piensa vendérselo a él, pero será la hermana, Helen, quien se adelante en la compra dejando sus labores en la granja para hacerse cargo de este viejo carromato.

     Si tuviera que definir esta novela corta o relato largo, posiblemente recurriría a las palabras del propio aturo en el libro con las que comienzo la reseña. Es una novelita amable que se lee rápidamente y que nos pone delante una entrañable historia que deja al lector con una agradable sensación. El charlatán de carromato subido a su Parnaso Ambulante que, lejos de vender jarabes milagroso o crecepelos, vende literatura con el esmero de saber elegir el libro adecuado para el lector adecuado. El amor por los libros, el regusto por los clásicos y las citas literarias son una constante que procura que olvidemos que en ese entorno rural difícilmente iban a aparecer lectores. Y lo consigue sumergiéndonos en una atmósfera placentera. Y como contrapunto Helen, una mujer que se lanza a tomar una decisión que cambiará su vida, casi una historia de segundas oportunidades, y que lo hace sin pensárselo dos veces. Un cambio total con el que deja atrás su vida de ama de casa de granja recogiendo huevos. Una mujer que ve en un pelirrojo con un carromato la oportunidad de escapar y no teme cogerla cuando se le presenta.

     Es una lectura amable que será del gusto de todos los amantes de los libros que no podremos evitar pensar que Miffin es el librero perfecto, esa concepción romántica de amante de las buenas historias y creador de buenos lectores. Un final que vemos venir, pero que no nos importa demasiado, porque busca dejar una buena sensación con sus pintorescos personajes. Perfecto para entre lecturas o, simplemente, para pasar una tarde con una más que agradable compañía.

     Por aquí pasamos muchos que disfrutamos recomendando libros y mucho más cuando somos los que recibimos las recomendaciones. Cualquier excusa es buena para hablar de las sensaciones que provoca una buena lectura. Y quizás por eso nos sentimos atraídos por este tipo de temáticas.
Decidme, ¿os atraen los libros sobre libros?

     Gracias

lunes, 20 de enero de 2014

Botchan. Natsume Sōseki



     "La cultura china se presenta siempre como el ondear del agua, mientras que la cultura japonesa se identifica más con la sequedad de la arena. Lo sinuoso, lo brillante, lo melodioso, lo identificamos con lo chino, mientras que lo japonés es limpio, austero, cuadrado y silencioso.
     Los jardines chinos tienen agua y carpas ondeantes; los japoneses, arena blanca y piedras espirituales. Algo similar sucede en ambas lenguas: en el chino no existe la "erre" y todo son acuáticas "eles", mientras que en japonés no existe la "ele" y todo son "erres" arenosas."

     Si hoy comienzo con un fragmento de la introducción más que de la historia en sí es porque me pareció representativo en su momento. La cultura oriental está de moda, sobre todo en la literatura, y muchos nos acercamos a ella. Pero no siempre diferenciamos del país que viene. Hoy traigo a mi estantería virtual una novela nipona que es ya un clásico pese a que apenas cuenta con más de cien años. Hoy traigo, Botchan.

    Conocemos a Botchan (que significa niño mimado), un joven de veintitrés años nacido en Tokio que aterriza en una aldea perdida para desempeñar su primer empleo como profesor. Allí lo acompañaremos en esta experiencia que puede parecer sencilla, pero está llena de pequeños avatares.

     En este caso deberíamos de comenzar casi con una advertencia. Cuando uno acude a libros orientales espera una determinada manera de cuidar las palabras, de escribir, de situarse... bien, en este caso el libro no es así. Es una historia sencilla y directa en la que el autor va siempre al grano. No nos quedaremos en lo "bien o mal que suena la prosa", porque aquí si algo "suena" son las risas de quienes se han animado a leer la novela. Decir además que el propio autor comenzó su vida adulta en el mismo pueblo que aparece en el libro y que lo hizo joven y como profesor, también podría dar pie a error, ya que no estamos en absoluto ante una novela autobiográfica. Así que a estas alturas, muchos os preguntaréis, ¿entonces qué es Botchan?

     Botchan es un joven no demasiado inteligente, impulsivo, cabezota, ácido y a la vez ingenuo a quien vamos tomando cariño a medida que conocemos pese a sus múltiples defectos y los problemas en los que le mete. Vemos que dice lo que no debe, que no tiene mucha piedad a la hora de poner motes, su opinión sobre las tradiciones ancestrales, sus reacciones ante situaciones cotidianas... y acabamos por considerarlo entrañable pese a todo ello, o tal vez por todo ello. La historia es divertida, incluso después del tiempo pasado nos hace reír, aunque tal vez no tanto como pensaba antes de coger el libro. Muchos lo han comparado con Holden, protagonista de El guardián entre el centeno, y si bien entiendo el motivo de la comparación, no creo que sean historias en absoluto similares. Aquí lo que vemos son las relaciones que mantiene este profesor novato con sus compañeros, a los que trata sin compasión alguna y con sus alumnos, con quienes tampoco suaviza el trato pero que reaccionan contra él de una forma casi frontal. Y dicho esto nos quedan similitudes en cuanto a protagonistas que cada uno tiene que valorar. Con todo, comprendo la comparación en términos generales, pero no os aconsejaría llegar a esta historia buscando un rastro de la otra.

     Hoy traigo una historia rápidamente convertida en clásico en la que nos hablan de el comienzo a una vida adulta desde una evidente inmadurez. Vemos una sociedad desde un punto de vista totalmente diferente, nos enseña sus grietas y pequeñas hipocresías: tradiciones y vida práctica, vida en provincias y en la gran ciudad, y lo hace de una forma totalmente diferente a la que me esperaba precisamente por su país de procedencia. Un libro muy entretenido que deja con ganas de seguir descubriendo al autor, cosa que también os recomiendo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

     PD: Y muchas gracias a todos los que habéis expresado vuestra preocupación o la intención de seguir aquí hoy lunes. 

miércoles, 15 de enero de 2014

Disculpen las molestias






     Con una imagen que muchos no conoceréis os pido disculpas.

     Por causas ajenas a mi voluntad el blog no se actualizará hasta el lunes, momento en que retomará su actividad habitual.

     Gracias a todos

lunes, 13 de enero de 2014

El francotirador paciente. Arturo Pérez Reverte




     "Eran lobos nocturnos, cazadores clandestinos de muros y superficies, bombarderos sin piedad que se movían en el espacio urbano, cautos, sobre las suelas silenciosas de sus deportivas. Muy jóvenes y ágiles. Uno alto y otro bajo. Vestían pantalones vaqueros y sudaderas de felpa negra para camuflarse en la oscuridad; y, al moverse, en las mochilas manchadas de pintura tintineaban sus botes de aerosol provistos de boquillas apropiadas para piezas rápidas y de poca precisión."

     Pérez Reverte es uno de los nombres más sólidos dentro del panorama literario actual. Tan admirado como criticado, polémico, difícil de callar, es difícil encontrar a una persona a quien le produzca indiferencia. Este año como ya hiciera el pasado, decidió no fallar a la cita literaria navideña y es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, El francotirador paciente.

   Conocemos a Alejandra Varela, una experta en arte contratada por un editor para encontrar a una sombra, Sniper, un graffitero conocido por su obra y reivindicaciones para proponerle realizar un catálogo. Pero Sniper no tiene rostro pese a su fama, da igual que haya graffiteros dispuestos a seguir sus consignas aunque les cueste la vida, sigue sin tener cara. Precisamente por eso, el padre de uno de estos chicos que han perdido la vida contrata a unos sicarios para buscarlo que pronto concluyen que la mejor forma de hacerlo será seguir a la propia Alejandra.

     Esta vez el autor nos trae una novela relativamente corta marcada por el dinamismo, lo que provoca que se nos antoje más corta aún durante su lectura. El tema, realmente toda una sorpresa, se me antojó interesante desde el primer momento ya que es un mundo que desconozco totalmente, así que no tardé en posar la vista en este título. Esta parte Pérez Reverte la sabe aprovechar y a través de Alejandra, convertida en narradora de la historia, nos vamos adentrando en el mundo de los graffitis demostrando que la labor de investigación es importante para cualquier novela. De corte lineal, pronto encontramos rasgos que ya son típicos en la pluma de este escritor que aparecen como si fueran viejos conocidos para quienes son lectores habituales. Alejandra, por ejemplo, es una mujer marcada, dura y curtida con una filosofía personal que no duda en dejarla ver a lo largo de la historia: un clásico casi en la obra del autor.

     Si embargo, y siendo fiel a la verdad, esta vez la novela no me ha terminado de gustar. Encuentro que no pasa más allá de entretenida pese a buscar la sorpresa final que, personalmente, no me pareció tal. Un final que se me antojó un poco brusco y precipitado incluso para una historia corta. Me ha gustado conocer un poco ese mundo más allá de las pintadas que vemos por las calles, me ha gustado ver sus jergas, su código y que el autor consiguiera no sólo que me adentrara, sino que también me interesase lo que sucede en un entorno que, teniéndolo todos al lado, es para la mayoría un gran desconocido. Una novela corta, entretenida, que sirve para pasar el rato pero que no está a la altura del nombre que la firma. De hecho esta vez no he podido quitarme la sensación de que ha desaprovechado una buena historia.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias


sábado, 11 de enero de 2014

Regalos




     Por fin parece que han terminado las fiestas. Porque no nos engañemos, comenzadas o no con ilusión y pese a que ahora todos estemos quejándonos de la vuelta a los estudios o el trabajo, son muchas y muy seguidas. Y nos toca además colocar los regalos.
     Me he pasado la mitad del mes de diciembre recomendando regalar libros, preferiblemente en papel. No por nada, pero le veo mucha complicación a eso de envolver un libro digital para ponerlo debajo del árbol y eso de regalar tarjetas para que puedan hacerse una descarga no va conmigo. Qué queréis, soy una antigua.

     El caso es que jamás había visto colas tan grandes en las librerías como estas navidades y me ha hecho bastante ilusión. Por supuesto, no me he acercado porque me daba miedo descubrir los títulos que la gente se estaba llevando a casa (y no pienso decir los títulos que más miedo me daban, aquí cada cual que piense en los suyos) y entre esas personas, y esto si que es algo novedoso, había conocidos míos. Lo sé porque este año también me han regalado libros, y algo que dicho así os pueda parecer normal conociendo mis gustos, es en realidad bastante excepcional. No sé si os suena, pero suelo oír eso de: "Te iba a comprar un libro, pero no sabía si lo tenías" y piensas eso de... "vale, pero para llamarme y preguntarme la talla o el color no te ha dado reparo". En fin, cosas que pasan.

     Ahora que han pasado las fechas tengo que reconocer que de entre todas las cosas que me puedan regalar, prefiero los libros. De hecho, guardo muchos con especial cariño precisamente por la mano que me los regaló. Recuerdo que el primer libro que me regalaron fue Momo en una edición de un coleccionable que salía semanalmente y que guardo con especial cariño pese a que tiene más años que el estante sobre el que reposa. Os puedo decir que en ese estante de mi memoria reposa también un libro dedicado pese a que no suelo acudir a que me los dediquen y también hay una edición de El señor de Los Anillos que tuve que leer siempre sentada porque su volumen impedía que me lo llevase a la cama a hacerme compañía. Tengo una edición bilingüe que me regalaron hace poco de un libro de Hawthorne, Wakefield, que también está dedicado... en este caso por la estupenda persona que me lo regaló y que decidió firmarlo porque me apuraba aceptar el regalo y de ese modo me lo tendría que llevar. También este año pasado han llegado dos libros que provienen de una persona muy especial y otro que ya tenía, pero que no lo cambiaría ni por todo el oro del mundo. Además de estos y otros muchos que han ido entrando en mi vida a lo largo del tiempo están los que te regalan porque saben que te gusta o porque te conocen lo suficiente como para ver que te hará especial ilusión tener, por ejemplo, una edición preciosa de El Principito cuya traducción no es precisamente al castellano.

     Puede parecer que un libro es un regalo comodín, y tal vez para muchas personas lo sea y por eso las librerías se llenan en esta época del año. Pero para aquellos a los que nos gusta leer son pequeños tesoros que muchas veces guardan historias fuera de sus letras. Por eso no me cansaré de recomendar que se regalen libros y que no se haga solo en esta época del año que acabamos de dejar. Cualquier momento es bueno para regalar una vida hecha de tinta y papel. Y cualquier momento es bueno para disfrutarla.

     Y vosotros, ¿también guardáis libros con especial cariño por la forma en que llegaron a vosotros?
Me encantaría conocer la historia de alguno de ellos.

     Gracias

viernes, 10 de enero de 2014

El Consejero. Cormac McCarthy


   

     "- Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Un poeta enorme. Machado era maestro de escuela y se casó con una chica joven y guapa. La quería muchísimo y ella murió. Entonces se convirtió en un gran poeta.
     - No me convertiré en un gran poeta.
     - No, tal vez no, y aunque así fuera eso no le ayudaría. Machado habría cambiado todas las palabras, todos los poemas, todos los versos que escribió para poder pasar una hora más con su amada. Y eso se debe a que, en el sufrimiento, no se aplican las reglas de intercambio habituales; porque el dolor trasciende el valor. Un hombre entregaría naciones enteras por borrar el dolor de su corazón, y sin embargo, nadie puede comprar nada con el dolor porque el dolor no vale nada."

      Me gusta McCarthy. Desde que se anunció la película, porque en este caso lo primero que trascendió fue la película, ya estaba deseando ponerme con el libro. Apenas salió a la venta ya lo tenía en casa y poco después ya estaba en el cine pese a haber leído el guión. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El consejero.

     Conocemos a el consejero, un abogado que vive rodeado de lujos y se relaciona con narcotraficantes. Deslumbrado por el tren de vida de estos decide meterse en sus negocios, dar un paso más, sin escuchar a quien le advierte de los peligros de estos negocios. Y de repente... todo se tuerce.

     Después de convertirse en un autor de moda en Hollywood, McCarthy da el salto y en poco más de cien páginas nos presenta su primer guión cinematográfico. Porque eso es lo que leemos en este libro en el que se cuida mucho de no precisar descripciones de sus personajes para que así el lector pueda hacer el tránsito a espectador sin problemas. El libro trata sobre elecciones y consecuencias y sobre la naturaleza malvada de las personas como viene siendo habitual en el autor. Seguiremos la pista al turbio asunto relacionado con un camión que tiene que cruzar la frontera y veremos avaricia, miedo y mucha violencia a su paso.
     Articula la historia en torno a cinco personajes principales: el consejero que paradógicamente no escucha consejos; la novia del mismo llamada Laura, que no tiene demasiado pudor en confinarse a su papel de mujer florero. Reiner, un excéntrico narco; Malkina, el contrapunto del Laura, la mujer que no podemos dejar de observar, y Westray, que se convertirá en el consejero de nuestro ya conocido consejero. Con ellos y entre ellos se establecerán lazos en forma de diálogos plagados de esas sentencias que tanto le gustan al autor y que son, bajo mi punto de vista, lo único que destaca en una historia cuyo argumento ya conocemos de otras tantas películas o libros.

     Me gusta mucho McCarthy y por eso me cuesta admitir que el libro se queda en la superficie, los personajes esta vez no terminan de llegar al lector. Nos encontramos con una historia de narcotraficantes, contrabando, Ciudad Juárez, violencia, sexo... y le falta fuerza. Si algo tiene este autor es fuerza en sus palabras, la capacidad de revolver al lector, de hacerlo pensar y sentir por encima de las naturalezas representadas en sus obras, y en este caso no llega a ello. Como dice el refrán: "hasta el mejor maestro echa un borrón" y eso no va a significar que no os siga recomendando La carretera, Suttree o No es país para viejos, pero siendo sincera, si no os habéis acercado aún a McCarthy no os recomendaría hacerlo con esta historia llena de buenos ingredientes, pero a falta de un resultado a la altura. Si os pasa como a mi, lo leeréis igualmente y os quedaréis con algunas frases brillantes como las elegidas para el comienzo de esta reseña en las que reflexiona sobre el valor del dolor.

     Cada vez vemos más adaptaciones de libros o autores conocidos, desde Los juegos del hambre hasta La ladrona de libros pasando por Cincuenta sombras de Grey o El hobbit el cine se viste de éxitos literarios para llenar sus salas. Y yo reconozco que soy de las que acuden a hacer cola con cierto temor por lo que pueda encontrarme, pero acudo igualmente.
     Qué me decís, ¿sois de los que acude al cine para ponerle cara a los personajes que le hicieron pasar buenos ratos o preferís que sigan en vuestra imaginación?

jueves, 9 de enero de 2014

El ocupante. Sarah Waters




     "Yo tenía diez años la primera vez que vi Hundreds Hall. fue en el verano después de la guerra y los Ayres conservaban casi todo su dinero, eran todavía personas importantes en la comarca. Se celebraba la fiesta del Día del Imperio: yo estaba en la cola con otros chicos del pueblo que hicieron el saludo de los boy scouts cuando la señora Ayres y el coronel pasaron por delante de nosotros, entregando medallas conmemorativas; después nos sentamos a tomar el té con nuestros padres en unas mesas largas, en lo que supone era el jardín del sur."

     Hay temáticas que nos llaman la atención y determinado tipo de historias de fantasmas o que los insinúan pero tras las que podemos pensar que hay otra cosa, me llaman la atención a mi. Por eso me fijé en este libro. Luego se acumularon las buenas opiniones y poco tardé en decidirme. Hoy traigo a mi estantería virtual, El ocupante.

     Conocemos a Faraday, un médico que es llamado a Hundreds Hall, la mansión del pueblo. Él ya la había visitado siendo niño y la casa le fascinaba. Su misión será tratar a una joven criada llamada Betty que parece estar aterrorizada por lo que presiente en una casa que ha resistido muy mal el paso de los años, exactamente igual que la familia que habita en ella. Poco queda del esplendor de casa y familia, ya que los Ayres han quedado reducidos a la madre, una gloria que mantiene como puede su dignidad, un hijo herido de guerra llamado Roderick y una hija, Caroline, convertido en una excéntrica. Será la excusa de sanar a Roderick la que permita a Faraday seguir visitando la casa en la que trabajó su madre y contarnos su historia.

     Esta vez os he presentado a los personajes de la historia en la sinopsis. Una historia que, si bien comienza situándonos perfectamente en el contexto histórico que se desarrolla, durante el final del Imperialismo Británico y los cambios que se producen con el auge obrero y la decadencia de las viejas clases, pronto nos dirige hacia la historia de una casa y sus ocupantes. Valiéndose de un narrador en primera persona Sarah se adentra en un clásico de la literatura de fantasmas, las presencias en las casas. Y lo hace de una forma magnífica dejando rastros de ruidos y arañazos mientras nos enfrenta dos posibles explicaciones; la del doctor, más científica, y la de la joven criada, basada en supersticiones. Y, por supuesto, nos enseña mucha tensión psicológica y una dosis de miedo.
     La ambientación es impecable, y pronto tenemos la sensación de que el propio Faraday es quien nos relata la historia mientras paseamos por esa mansión, Hundreds Hall, que llega a convertirse en la gran protagonista de la historia. Hay que decir que dista mucho de ser una simple historia de fantasmas, el contexto social tiene mucho peso en el que la casa bien puede ser un símbolo de lo que sucede con las familias de rancia tradición en un país en pleno cambio. Pero no sólo por eso, sino por la duda que consigue meternos y que hace que las páginas nos vuelen entre las manos intentando saber si Betty tiene razón y algo ocupa la casa o si por el contrario está loca. Pronto queremos saber lo que sucede en esa casa, miramos con lupa cada sombra, cada ruido, porque de eso se trata, de que no los presenciemos para así poder dudar y sentir el peso de esas dudas, la presión añadida que puede llegar a suponer no tener la certeza... y para que conozcamos a quienes la habitan. Sus miedos, sus pasiones, sus secretos. Porque también se tejen historias secundarias como en toda buena novela.

     Hoy os invito a disfrutar de la pluma de Waters, minuciosa, sencilla, fácil de seguir y dejarse caer en su libro. Y lo hago dejando encima de la mesa la dirección de Hundreds Hall, es una invitación a entrar. Seguro que disfrutaréis la estancia, aunque tal vez oigáis algunos ruidos.

     Y vosotros, ¿también os sentís atraídos por este tipo de historias?

     Gracias

miércoles, 8 de enero de 2014

El paraíso de las damas. Émile Zola


     "Denise fue andando desde la estación de Saint-Lazare, adonde había llegado con sus dos hermanos en el tren de Cheburgo, tras viajar toda la noche en el duro asiento corriendo de un vagón de tercera. Llevaba a Pépé cogido de la mano y a Jean pegado a los talones, tan derrengados como ella del viaje e igualmente atónitos y perdidos en medio de aquel París inmenso, que recorrían fijándose en todas las fachadas y preguntando en cada cruce por la calle de la Michodiére, en la que vivía su tío Baudu. Cuando desembocaron por fin en la plaza de Gaillon, la joven se paró en seco sorprendida."

     No hace mucho que conocí de la existencia de esta novela por una lectura organizada en un blog. Rápidamente me llamó la atención el tema y supe que tenía que acercarme a ella, además en mi caso, cualquier excusa es buena para descubrir un clásico.Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El paraíso de las damas.

     Conocemos a Denise Baudu. Cuando sus padres mueren Denise y sus hermanos van a París buscando ayuda en la tienda de su tío Baudu, a quien encuentra con un negocio en decadencia por la apertura de unos grandes almacenes llamados El paraíso de las damas. En su lucha por conseguir salir adelante es justo ahí donde conseguirá trabajo la joven huérfana y será también la forma de acercarnos a la historia del propietario de estos grandes almacenes.

     Desde las primeras páginas nos damos cuenta de que la novela tiene tirón. Pronto Zola nos deja ver las dos realidades que se van a enfrentar, tradición y progreso, representadas por dos tipos de comercio distintos. Por un lado el comerciante clásico, humilde, casi gris y por otro los grandes almacenes en pleno desarrollo y llenos de luz. Entre ellos situará a la joven huérfana como puente y nos presentará además los entresijos de estas galerías gracias a su propietario Mouret y sus ideas. Conoceremos su funcionamiento, sus técnicas, sus clientes... la llegada de la modernidad y el impacto que supone en una ciudad como París.

     La novela a partir de esos grandes almacenes y sus ofertas, políticas y clientes nos muestra una compleja ciudad en un momento de cambio. Una clase en decadencia y otra en pleno auge y lo hace entre ricas descripciones y un montón de subtramas entretejidas con la misma maestría que lo están las telas que se venden en el paraíso. Y si Denise es la protagonista, no lo es menos Mouret, a quien veremos desde sus estrategias de tiburón hasta su desarrollo personal, un desarrollo que lo convierten en un personaje magnífico e inolvidable y que lo llevarán a un final tan esperado como "redondo".

     Hoy me he decantado por un autor clásico y por ir de tiendas, ya que estamos de rebajas. Zola huye además del cliché de huérfana desvalida y nos da pistas de la fortaleza de esta mujer en una novela cuya lectura fue un auténtico placer. Salpicado por las reivindicaciones del autor sin pretender ser una novela de denuncia, una vez que puse un pie en el universo Zola, no fui capaz de sacarlo hasta haber terminado la historia. Y es que siempre es un placer volver a los clásicos y siempre me parece poco lo que os cuente de ellos, porque hoy no os he hablado de los secundarios, ni de las dificultades que se encuentra Denise, ni de... bueno, mejor lo descubrís.

     Y vosotros, ¿tenéis pensado leer clásicos durante este año?

     Gracias

martes, 7 de enero de 2014

Canadá. Richard Ford




     "Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no contase esto antes que nada."

     Lo cojo, lo dejo, es Ford, lo cojo, pero siempre me pide tiempo, lo dejo. ¡Pero es Ford! Al final hay que llevárselo a casa para disfrutarlo con calma. Y eso hice, y por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Canadá.

     Conocemos a Dell, un joven de quince años cuyos padres son detenidos por robar un banco. La familia se desmorona y su hermana huye dejando a Dell con una vida por decidir. En ese momento cruza la frontera a Canadá escapando así de los Servicios Sociales y comenzando una nueva vida junto a Arthur Remlinger, una persona que no parece demasiado recomendable.

     Ford es un narrador excepcional y lo demuestra con cada palabra, con cada descripción, incluso con un comienzo en el que parece desvelarnos la mayor parte de la trama, como una sinopsis en la que nos advirtiera de que conocidos los hechos, ahora nos queda todo lo demás. Ford se acoge a una primera persona que recopila pasados los años las experiencias de su madre y su hermana mezclándolas con las suyas propias. Divide así el libro en tres partes contándonos en primer lugar la vida del protagonista antes de llegar a Canadá , presentándonos su familia y cómo llegan a atracar un banco. La segunda parte es la que nos habla de su vida ya en este nuevo país, del entorno en el que cae y lo que supone para él y la tercera es la que se encarga de que cerremos el libro sabiendo que ha sido una gran lectura (dar más datos que el propio autor al comienzo del libro sería imperdonable).
     Canadá es un libro cuyo personaje central te envuelve en su historia, te obliga a mirar, a pensar, a vidas marcadas por acontecimientos. Una historia que hay que paladear despacio y sabiendo que nos va a acompañar tiempo, porque nos obliga a pensar en infancias, en sueños de padres e hijos. En definitiva, en la vida y en cómo se encarga de modelarnos.
     Es un libro lento en el que el autor no busca sorprendernos sino ser minucioso, conseguir que esa historia sea la nuestra para cerrarla con un broche de oro que convierte a esta novela en un gran libro.

     Y vosotros, ¿qué libro estáis leyendo?

      Gracias

sábado, 4 de enero de 2014

Los Reyes Magos




     "Como alguien nos dejo -hace muchos años ya- que era un tanto dudosa la existencia de los Reyes Magos cabalgando con sus caballos alados y velocísimos con un completo bazar a cuestas, por todos los caminos del mundo, nosotros miramos, pasado el primer momento de estupor, para nuestros zapatos, para nuestros traidores zapatos que, estando en el secreto, tan callado se lo tenían"
     Los zapatos de la noche de Reyes
     Camilo José Cela

     Se acerca la última fiesta de esta marabunta de dulces y luces de colores, de cambios de año y reuniones familiares, de vísperas, bengalas, y colas en las tiendas que nos hacen pensar que tal vez debimos de comprar los regalos hace mucho tiempo. Y con esta fiesta se acerca también la hora de poner la zapatilla, para que los Reyes sepan dónde han de dejarnos los regalos. No vayan a confundirse y dejar a la suegra el regalo de la nieta o peor aún, el que ella misma compró al yerno de turno.

     Bromas a un lado, dejar los zapatos para recibir los regalos es una costumbre que hemos importado en España. En realidad se comenzó a hacer en Holanda (justo aquí al lado como quien dice). Allí que celebran San Nicolás un mes antes de Reyes, la gente ponía un zapato en la iglesia la noche del 5 y al día siguiente se repartía entre ellos el dinero dejado por los ciudadanos más pudientes a modo de donativo. Estos a su vez lo tomaron de una costumbre anterior que decía que esa noche se llenaban de monedas los zapatos de los niños de cuatro familias pobres para asegurarles unas buenas festividades y antes... antes no lo sé. Pero ahora se siguen colocando zapatos en muchas casas que indiquen a los Magos dónde dejar su preciado regalo (me han dicho que hay quien incluso los pone en el balcón para que los vean bien), y dentro de los mismos se introducen cartas con peticiones, comida para los camellos... y sobre todo, mucha, mucha ilusión.
     Y que no se pierda. Porque no es sólo la edad la que nos la da o nos la quita como nos mostraba Cela en Los zapatos de la noche de Reyes. Es bueno conservar esa ilusión que de niños nos convierte en receptores y de adultos en improvisados pajes. Es bueno que no lo olvidemos y que, lo mismo que nos acercamos a historias de Navidad lo hagamos también a las que nos hablan de los Reyes. No tantas, lo reconozco, pero las hay. Y nos podemos encontrar a una niña que no termina de escribir su carta y que nos presentaba Elvira Lindo en Olivia y la corte de los Reyes Magos. O a Paulo, que nos lo presentó Fina Casalderry para enseñarnos su Última carta a los Reyes Magos. También Valle Inclán nos habló de la Adoración de los Reyes, igual que Verdaguer en uno de sus poemas, o Rubén Darío.

     Ahora que lo pienso, si que hay ilusión o deseos, todos tenemos alguno que expresamos en voz más o menos alta. Que compartimos o que pedimos en secreto como si se tratase de una carta personal e intransferible. Exactamente igual que hacen los niños cuando comienzan diciendo eso de... "Querido Rey Melchor o Gaspar o Baltasar", porque en eso también tenemos nuestros favoritos. Así que este año, voy a poner mi zapato para mi rey favorito y a ver si con un poco de suerte... ve la luz el nuevo libro de George R. R. Martin.

     Y vosotros, ¿qué le pediríais a vuestro rey favorito?

     Gracias

     PD. Abstenerse aquellos apodados como Mata-reyes.

jueves, 2 de enero de 2014

El corazón delator. Edgar Allan Poe




     "¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia."

     Empieza el año y retomamos la actividad sabiendo que poco más ha cambiado salvo un dígito. En realidad lo que diferencia al día uno de enero del resto de los días, es que cambian dígitos en las tres partes que fechamos cualquier documento: el día, el mes y el año. Y sin embargo nos dejamos llevar por la euforia del cambio y pensamos cómo comenzar el año y qué propósitos hacer. Es por eso que pensé comenzar con un clásico y además con algo ligero sabidos los excesos de estas fiestas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El corazón delator.

      Un hombre nos cuenta su historia, de tú a tú. Él, nos explica, no está loco. Da igual lo que digan, no tenemos que hacer caso porque no lo está, no. Simplemente un viejo al que conocía, lo miraba mal, con un mal ojo, como velado, como un pajarraco... así que tenía que matarlo. Si bien esto nos puede parecer una locura, nuestro interlocutor nos lo razonará para que veamos todos los motivos que nos inducirán a pensar que no está loco. Por si alguno se nos pasa por alto.

     No tiene nombre nuestro interlocutor, podría ser cualquiera. Y eso no le quita credibilidad ni vehemencia a sus palabras. En este relato corto, cortísimo, Poe hace gala de su talento narrativo para que nos entrevistemos con un asesino que escribe en primera persona este soliloquio. Nos hace partícipes de la negación de lo que pronto adivinamos como su locura para dirigirnos entre obsesiones y, en apenas unas pocas líneas, tener su imagen asomando la cabeza por la puerta de la habitación del viejo, grabada a fuego. Obsesión tras obsesión, la cordura, el ojo del viejo, la necesidad del enfado, los tiempos de espera, la puesta en escena y, finalmente, la conciencia como mayor de las obsesiones. Esa conciencia que late y pesa, cuya voz resulta atronadora quitando el sosiego a quien la escucha sin quererlo.
     De una forma sencilla y sin pretender sorprender al lector, recorremos con Poe las obsesiones de su protagonista sintiendo la tensión crecer línea a línea. Una narración efectiva para todos los públicos en la que el cadáver vuelve a quedar en casa, algo recurrente en este autor, y en la que la atmósfera lo es todo. Nos asfixiamos junto a su sudoroso protagonista para llegar al final de la historia sin aliento. No por haber luchado con la esperanza de un final diferente, sino por la necesidad de respirar.

     Nos transmite de este modo una angustia contagiosa con la que demuestra ser un maestro en los ambientes góticos y las palabras medidas para que no sobre ni una coma. Digno trabajo del lugar que ocupa en la literatura universal, me parece un autor al que hay que descubrir tarde o temprano... leyendo cualquiera de sus obras.

     Empezamos el año y, mientras poso este magnífico relato, os diré que estoy leyendo La quinta ola. Y vosotros, ¿qué libro descansa en vuestra mesilla a principios de este año?

     Gracias