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lunes, 31 de enero de 2022

Una constelación de fenómenos vitales. Anthony Marra

 


     Estamos ante una primera novela brillante. Y lo digo así, en la primera frase, para que quede bien claro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una constelación de fenómenos vitales.

     Conocemos a Haava, de 8 años, seguramente huérfano, ya que se llevaron a su padre. No era la primera vez que su padre tenía un problema por ser sospechoso de simpatizar con los rebeldes, pero esta vez se lo llevaron amordazado y no va a volver. Lo que Haava tiene claro mientras observa todo escondido tras un árbol, es que volverán a por ella, porque el FSB siempre regresa. Y también conocemos a Akhmed, el vecino y amigo de su padre, que parece decidido a salvar la vida de la niña. Tiene claro que en un lugar en el que las opciones son vender armas o vender información no pueden quedarse, así que lleva a Haava a un hospital abandonado en una ciudad medio destruida. Allí se encuentran con Sonja, que parece ser la única habitante de la ciudad. La mujer no los recibe con agrado, pero las cosas cambiarán porque tal vez sean una esperanza para ella.

     Una constelación de fenómenos vitales se desarrolla en cinco días repartidos a lo largo de diez años en los que el autor hace uso de flashbacks para completar huecos y componer una historia de historias que me ha parecido dura y magnífica. Los personajes que la cruzan son inolvidables y, aunque no evita las guerras que suceden en este periodo, el autor escribe una novela de personas comunes y no de grandes gestas. Y esto es algo que transforma un título en un drama cotidiano, que acerca al lector y lo empapa con lo que sucede de una cierta sensación de entrañable, como cualquier pequeña historia en la que principales y secundarios toman la voz. Marra además nos lleva a Chechenia, un lugar que personalmente asocio siempre a destrucción, guerra y situaciones terribles pero del que raramente he leído y nos da una primera frase demoledora que ya nos va dejando preparados para la dura historia que vamos a encontrarnos. En la aldea que nos describe hay nieve y casquillos, hay sangre y hay bombas en las calles que no han explotado, hay payasos que lloran y soldados que gritan y hay, gracias al autor, momentos de ligereza teñidos por un tenue sentido del humor que ayudan a no sentirse tan abrumado. Supongo que por eso Marra parece mirar al futuro en un momento determinado, para no caer en la locura que representa.

     Una constelación de fenómenos vitales refleja lo mejor y lo peor del ser humano. Vemos la guerra, la sangre y las vísceras, vemos lo salvaje, el lado más inhumano... y también queda reflejada la compasión, la supervivencia y la sonrisa. En la novela al padre de Haava le faltaban seis dedos de una visita anterior de los guardias, pero en realidad no tardamos en darnos cuenta de que a todos les faltan cosas. No es extraño por lo tanto que la cirujana que encuentran en el hospital abandonado, se especialice en amputar. A fin de cuentas, todos han sufrido alguna amputación debida a las guerras, ya sean corpóreas o no. Y Marra lo relata cada vez con una claridad brutal que a veces se ve contrastada con una prosa casi lírica, como el momento en el que explica el título o en el que habla de la unicidad de los árboles de un bosque. Y es todo esto, el conjunto, la fuerza de las palabras, el valor de los personajes, su inventiva, su capacidad para seguir adelante, lo que han convertido a esta novela en una gran lectura. De esas que se realizan en enero y se siguen recordando en el mes de diciembre. Tal vez sea complicado explicar la vorágine de sentimientos, incluso la lectura hasta que uno se acostumbra al vaivén que la autora le imprime, pero desde luego, merece la pena el esfuerzo inicial. 

     Una constelación de fenómenos vitales es una novela magnífica. De esas que no se olvidan.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 24 de enero de 2022

Una novela rusa. Emmanuel Carrère

 


     Llevo muchos años leyendo a Carrère. viviendo su ficción, su autoficción, sus desnudos literarios... y sigo volviendo a él. Hoy traigo a mi estantería virtual, "Una novela rusa".

     En esta novela Carrère explora la historia prohibida de su abuelo materno. Un hombre de origen ruso al que no llego a conocer, pero del que sabe que su pobreza fue tal, que abandonó a su familia con unos amigos porque él no podía mantenerlos. Sabe que pasó por París y Burdeos y que fue arrestado casi con seguridad debido a su ideología. Y también que en 1944, desaparece pasando a formar parte de los que están muertos sin estarlo o tal vez de los que ya lo estaban y quedan pendientes de certificar. Aún así, su familia queda marcada por la ausencia de este hombre del que no se habla y Emmanuel, decide investigar. Así es como en Kotelnicht aparece la duda: si allí hay un hombre vivo, superviviente de guerra, que estuvo prisionero, ¿quién puede decir que su abuelo no lo está? Va y viene al pueblo ruso y allí bebe y se junta con no siempre buenas compañías. Y luego está Sophie, el presente, la chica de la que se enamora, tan distinta, tan hermosa... A ella es a quien escribe una declaración de amor, un relato decididamente dirigido a ella. Sabe que Sophie coge el tren, la imagina en él, leyendo... Y su relato es publicado, muchos de sus lectores aún lo recuerdan. Pero ella no lo llega a leer, no sube al tren, la historia cambia.

     En esta novela Carrére vuelve a su tema favorito: él. A lo largo de la novela veremos como se traslada a Kotelnicht, un pueblo perdido en el que el autor bebe mucho e intenta grabar una suerte de documental. Bien, la realidad dice que Carrère viaja a Rusia durante algo menos de una semana para reunirse con un agente del FSB y dejar preparada una actuación de su pareja. Tras ese viaje regresa el Carère documentalista y ocurre una parte de la catástrofe que muchos ya conocéis y a otros no os descubro porque el autor tiende a contarse a sí mismo. Es la época de Una novela rusa. Pero habrá otra visita y ciertamente habrá incluso un documental, Return to Kotelnicht, que resulta un complemento perfecto de este libro, o tal vez sea justo lo contrario y es el libro quien complementa al documental. En cualquier caso, hay toda una historia ahí metida.

     Una novela rusa es la vida del autor centrada en tres historias principalmente. El viaje y el lugar, lo que allí descubre y su relación con su pareja, en esta novela, Sophie.  Historias que se superponen y que dejan ver a un hombre que quiere escapar de lo que vive, que busca en su pasado una historia prohibida y que pretende convertir su historia de amor en literatura.... y fracasa estrepitósamente o tal vez logra el mayor de los éxitos si nos atenemos a la definición formal de lo que suele ser un éxito en este tipo de historias. Todo parece torcerse, algo a lo que estamos acostumbrados en este autor, para tornarse un tanto oscuro y denso mientras que el lector, que ya ha decidido cuál es la historia que le ha atrapado de las que relata, se dirige al final incierto en el que, por una vez, Carrère deja buen sabor.

     Y es que Carrère es un escritor con el que uno contacta o no, pero que no admite medias tintas ni medios vuelos. Desde la extraordinaria Limonov hasta su última sesión de terapia escrita titulada Yoga, es un autor que se desnuda poco a poco, que se convierte en el tema, personaje y leit motiv de sus propias historias. Por eso en esta reseña he mezclado ficción con la realidad que existió más allá de la novela: por eso hablo del artículo publicado en el periódico, por eso explico más el fuera que el dentro... Porque es importante contextualizar las historias que uno lee para saber lo que tiene delante, para completar el puzzle. Para disfrutarlo todo.

     Una novela rusa no es la mejor de las obras del autor, pero es un buen punto de partida para adentrarse en él.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 21 de enero de 2022

La cuenta atrás para el verano. La Vecina Rubia

 


     "Las llaves, el amor y las noches más divertidas se encuentran cuando no las buscas".

     Hoy vengo a hablaros de un libro que ha salido a la venta en el mes de octubre del año pasado y que no ha abandonado las listas de los más vendidos desde entonces. De hecho, estas fiestas se agotó en una conocida plataforma de venta online más de una vez. Hoy traigo a mi estantería virtual, La cuenta atrás para el verano.

     Nacho, Amistad, Álex, Papá y Laux son las partes en las que la autora divide su novela para hablar de las distintas etapas de la vida de la narradora que es, como no podía ser de otra manera, La Vecina Rubia.

     La cuenta atrás para el verano es, desde su título, La Vecina Rubia hecha novela. En ella las historias que ha ido dejando ver en redes durante años cristalizan en un texto amable que se mueve entre el chick-lit y el feelgood. Su protagonista y narradora recorre momentos que oscilan entre la adolescencia y ese momento adulto en el que aún nos permitimos vernos normales en los años adolescentes al mirar atrás. Unos momentos que todos compartimos y que generan una corriente de empatía con las lectoras, provocando que desde las primeras páginas, hagan suyas las palabras y vivencias de la protagonista más en sentimientos pretéritos que ahora se recuerdan con cariño que en los hechos en sí. Porque todo el mundo ha tenido un primer amor, una mejor amiga y un grupo de personas que han ido apareciendo a lo largo de su vida para estar en los momentos importantes. Y sí, muchas también han sufrido pérdidas importantes que han visto reflejadas en esa suerte de sonrisa lacrimosa que despierta el capítulo dedicado a su padre. Y es que el mayor mérito de la novela es su capacidad para generar una corriente de empatía con el lector. Decía Ben Marcus que hay libros que apelan al cerebro del lector, obligándolo a esforzarse y a pensar, y otros que se dirigen directamente al corazón. Bien, pues LVR ha apelado directamente al segundo con su primera novela. Y lo ha hecho con certera puntería. 

     Tiene la novela un regusto a escrito de amiga en el que sus seguidoras reconocen sus frases, sus dichos y alguna vivencia del chat de amigas que mantiene su autora desde hace años y que le sirve para conectar con personas de casi cualquier lugar y eso significa que también tiene mucho trabajo detrás. Ha generado un narrador que existe realmente haciendo el camino inverso al realizado por algunos escritores que ahora hablan con lectores por medio de las redes. En este caso, como en la eterna pregunta del huevo y la gallina, nace primero la red, el grupo y la charla; y de ahí, la novela. Dice la autora que la vida son recuerdos y los suyos tienen nombres de persona y, en este caso, yo me quedo con un capítulo en particular, el que dedica a su padre. Puede parecer cuando uno realiza la lectura que ese capítulo queda un tanto descuadrado respecto al resto y quizás esa sea precisamente la intención ya que consigue trasladar la sensación de que es algo que no debería de haber pasado. En una vida, en ese momento, en esa edad... no son todo sonrisas. Aunque debería. Y en La cuenta atrás para el verano, aunque lo que prevalezca sea la sonrisa, también se muestran cicatrices que todos llevamos a modo de recuerdo que acariciar con el dedo y que en este caso vemos en una relación teñida de un cariño que trasciende las páginas que la han convertido en inmortal.

     Como decía al principio estamos ante una novela que todos hemos visto en las librerías, en los centros comerciales y en las listas de libros más vendidos. Y, sin embargo, en pocos suplementos. Llevo mucho tiempo hablando en las redes de que hay un desajuste entre lo que se lee y lo que se dice que se lee o lo que se recomienda leer, como si reconocer que uno se ha acercado a tal o cual libro le fuera a poner más alto o más bajo en algún tipo de escala cultural. Con más de 100.000 libros vendidos, no me cabe duda (y esta vez con pruebas) de que estamos ante un fenómeno editorial (y más tratándose de una primera novela) con la que está pasando como con El Código Da Vinci o 50 Sombras de Grey, que parecía que uno confesaba su lectura como si fuera un pecado. Y no se ha visto ningún titular al respecto, lo que me lleva a pensar que pese a que decimos mucho eso de no juzgar un libro por su cubierta, no se lleva demasiado a la práctica.

     La cuenta atrás para el verano es una novela entretenida que apela a los sentimientos del lector mediante situaciones comunes relatadas con soltura. Para los que leemos a Tolstoi, y para quienes no leen. Y eso, como ya he dicho muchas veces, no es fácil de lograr.

     Gracias.

     PD. He terminado la reseña sin decir ni una sola vez la palabra influencer porque considero que no es necesario hacerlo. Ahí lo dejo.

miércoles, 19 de enero de 2022

La señora March. Virginia Feito

 


     La superexposición que vivimos a que alguien nos grabe en tiktok diciendo a saber qué tontería, un amigo relate una anécdota nuestra o a cualquier otra cosa que atente contra nuestra intimidad, fue lo que me llevó a este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, La señora March.

     La Sra. March lleva una vida estupenda en el Upper East Side junto a su marido, un conocido novelista cuyo último libro se ha convertido en un fenómeno de ventas. Un día, la Sra. March entra en la pastelería que frecuenta y la dependienta la felicita ya que, según le dice, esta vez el éxito de George también es suyo. A fin de cuentas escribe sobre ella.

      Bien, ya lo dice la famosa frase: enamora a un escritor y te hará inmortal. El problema en este caso es que la supuesta Sra. March de la novela de George, Johanna, es un mal bicho, una mala puta. Y eso en los años 50 o 60 en un buen barrio de USA y con un grupo que se fija en las apariencias tanto como lo hace la Sra. March, es prácticamente una hecatombe. A partir de ese momento la Sra. March se agrieta, se fractura, y deja ver una pulsión debajo de su perfecta apariencia que hace que el lector se sienta atraído por una historia en la que empezamos a buscar a Johanna realmente dentro de la Sra. March, cuyo nombre permanece oculto como si la repetición de su cargo nos diera la pista de una revelación sobre lo poco que se la llega a conocer. El lector se ve arrastrado de forma imparable por la paranoia de esta mujer que se derrumba entre el miedo a ser y la ilusión de convertirse pero, sobre todo, es el juicio ajeno lo que parece aterrorizarla cuando es ella quien lo ha estado practicando. La Sra. March vive en un mundo controlado en el que todo es apariencia y todo se mide, no solo eso, si algo se le acerca, por ejemplo unos guantes que no son del color que ella hubiera elegido, rápidamente se ubica como un piropo sobre la seguridad en sí misma que tiene para usarlos. Y ese es el mundo que Feito dibuja con tiralíneas y en el que introduce una variación que hace que su protagonista cambie mientras lucha por su identidad: la Sra. March encuentra un recorte sobre una desaparición que teme esté vinculada a su esposo. Este es el segundo punto de ruptura que se convierte en un nuevo motor y a la vez en una ventana para que el lector observe como todo va cayendo mientras se dirige a un final que, sin ser particularmente sorprendente, sí que es impactante.

     Otro de los puntos fuertes de la historia es la forma en que la autora ha elegido contarla. Con un cierto tono pasado de moda, con un fino humor negro que recuerda a aquellas películas como Arsénico por compasión en las que la muerte o lo terrible parecían sacar una sonrisa y con una innegable influencia, gracias a esa ama de llaves que nosotros si que vemos reflejada en cualquier otra que sea siniestra, de Daphne Du Marie.

     Como iba diciendo, vivimos unos tiempos en los que la intimidad es un bien preciado, casi un tesoro. Y Virginia Feito lo sabe y juega con miedos presentes llevándolos a tiempos pretéritos para dejar una estupenda novela. La señora March es muy divertido. Y siniestro. Léanlo.

     Dicen que es más difícil reír que llorar con un libro, ¿qué opináis?

     Gracias.

miércoles, 12 de enero de 2022

El poder del perro. Thomas Savage

 


     "Phil siempre se encargaba de la castración. En primer lugar, cortaba la bolsa del escroto y la arrojaba a un lado; a continuación, tiraba primero de un testículo y luego del otro, hacía un tajo en la membrana color arcoíris que los rodeaba, la arrancaba y la arrojaba al fuego donde los hierros de marcar resplandecían al rojo vivo. La cantidad de sangre que despedían era sorprendentemente escasa. En pocos instantes, los testículos explotaban como inmensas palomitas de maíz. Se decía que algunos hombres los comían con un poco de sal y pimienta. «Ostras de montaña», los llamaba Phil, con su típica sonrisa traviesa, y les sugería a los peones jóvenes que, si planeaban tontear con chicas, a ellos también les vendría bien comérselos.

      El hermano de Phil, George, que se encargaba de enlazar a los animales, se sonrojaba cuando oía ese comentario, especialmente porque Phil lo hacía delante de los trabajadores. George era un hombre bajo y fornido, carecía de sentido del humor, era decente y a Phil le gustaba sacarlo de quicio. ¡Oh, Señor, cómo le gustaba a Phil sacar de quicio a la gente! "

     Todos los lectores somos férreos defensores del libro frente a la película, pero es cierto que el cine nos ha permitido muchas veces descubrir grandes novelas. Ese es el caso de la novela que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de El poder el perro. 

     Conocemos a Philip y George, dos hermanos que poseen el mayor rancho de ganado de Montana. Han pasado juntos toda su vida y, desde que sus padres se marchan del rancho por una discusión, han vivido solos. Así las cosas y pese a sus diferencias de carácter, se entienden, algo que cambiará con el matrimonio de George con Rose. A partir de ese momento, la vida de Philip tiene un nuevo objetivo.

     Estamos ante una novela tan hermosa como cruda. De las magníficas descripciones de los paisajes y el entorno a la crueldad del trato dentro de la casa, el autor maneja los tiempos y las palabras para lograr enamorar al lector incluso en los peores momentos. Y es que pese al odio, la crueldad o, en el mejor de los casos, la pasividad casi indiferente, el autor logra pasar a la sensibilidad más absoluta en un mundo que claramente está cambiando y que vemos en momentos de añoranza en sus personajes. Savage maneja los tiempos de este western sobre pasiones individuales en el que dibuja con mano firme el carácter de dos hombres que han compartido vida durante más de 30 años y la llegada a sus vidas de una mujer. En ese momento, el equilibro de convivencia entre George, un hombre tranquilo, y Philip, más peligroso (el gran personaje en realidad de esta novela), se tambalea y comienza un acoso que cristaliza en una atmósfera opresiva para el lector. Y es que Rose no llega sola, la acompaña su hijo adolescente Peter, y la vida en el rancho cambia. Phil no la soporta, ni siquiera la comprende, y compite en ese oscuro espacio que queda entre los celos y el resentimiento. El hermano que había parecido inteligente, el que destacaba, se convierte en una sombra maligna que acecha.

      Pero no solo los personajes son destacables en la novela, el trabajo del narrador es impecable dejando al lector asomarse a lo que piensan los personajes pero sin descubrirlo totalmente. Y también hay que señalar un postfacio, que no olvidemos está pensado para leer después, en el que Annie Proulx me ha sorprendido con alguna de sus afirmaciones y, por qué no decirlo, me ha obligado a releer algunos pasajes bajo una nueva luz.

     El poder del perro es mucho más que una novela sobre la rivalidad entre dos hermanos. Es un libro complejo y absorbente que refleja un mundo opresivo que no es tan lejano que va calando en los huesos del lector hasta llegar a un magnífico final. Para esta lectora es, sin duda, un título que va a perdurar.

     Y vosotros, ¿sois de libro+película o seleccionáis?

     Gracias.

     PD. ¿He sido la única en pensar en Don Winslow al ver el título por primera vez?

lunes, 10 de enero de 2022

Leer como un profesor. Thomas C. Foster

      "Lo asombroso de los libros es que cobran vida propia. Los escritores creen que saben lo que están haciendo cuando se sientan a redactar una nueva obra, y supongo que así es, hasta que ponen el último signo de puntuación en la frase final. La mayoría de las veces, ese signo es un punto. Pero debería ser una interrogación, porque nadie sabe qué ocurrirá de ahí en más".

     Ay, la tendencia a leer libros sobre libros, qué bien funciona con los lectores empedernidos... Y yo soy la primera, por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Leer como un profesor.

     Acudimos a estos libros con el romanticismo de quien busca, aún de adulto, una suerte de guía o de profesor de literatura tardío que otros libros nos han enseñado a anhelar más de forma romántica que práctica. No nos hemos dado cuenta, pero todos soñamos con ese profesor con pinta de haber leído un universo entero, capaz de hacernos una lista y comentar cada uno de los libros que, desde el momento en que posamos la mirada sobre ellos, se convierten en integrantes de la lista de nuestros favoritos. Eso pedimos, y lo hacemos además con la seguridad del iluso que cree no estar pidiendo tanto mientras tira la moneda a la Fontana de Trevi para volver a Roma. Bien, pues Thomas c. Foster es precisamente profesor de literatura en la Universidad de Michigan amén de dar clases de escritura creativa, poesía y casi cualquier cosa relacionada con las letras que uno pudiera desear. Eso hace que este texto sea precisamente aquello que buscábamos, que el autor se dirija a nosotros desde los puntos básicos para recordarnos detalles que uno a veces olvida en el devenir de los libros. Nos dice, por ejemplo, que bucear en un libro no consiste en buscar al autor debajo del texto. El escritor, como bien dice la palabra, escribe, pero no hace todo movido por mil motivaciones o para representar aquello que le dejó marcado mientras cruzaba la calle un 3 de diciembre. Un escritor a veces pone las cosas porque se le ocurren, porque le parece que quedan bien o, por qué no, porque sí. Y eso es tan básico como fácil de olvidar. Foster le da, además, importancia al lector. Hay que hacer lectores y su libro sirve de guía. Más de guía de conceptos y de lugares explicados que de obras en sí. No es un listado, pero sale una buena lista, qué duda cabe, de títulos que uno ansía leer o releer tras haberse acercado a las páginas de este libro. Tiene una visión personal, que no siempre compartí durante la lectura, pero eso torna el libro en algo personal, casi interesante, como una suerte de diálogo entre el autor y el lector en el que pocas veces tenemos la opción de participar. Habla también del tiempo, de la flor de un día y del libro que soporta el paso del tiempo, habla de autores reconocidos y discrepa con textos importantes. Y nos da permiso para que nosotros, por qué no, discrepemos con él. Busca en los libros el refugio de las rutinas diarias y encuentra en ellos los pequeños y grandes placeres de la vida, abre la mente a quien lee para mostrarle una visión diferente de un texto clásico a la par que lo invita a leer el siguiente. Y eso, como comentaba al principio, es lo que todos esperamos de un buen profesor.

     Foster nos habla del recurrente tema del plagio, eso que siempre está en boca de todo lector y que no siempre significa lo mismo. Copiar no está bien pero luego decimos que todos los temas están tocados y que todo está escrito. Afirmamos que tras Shakespeare nadie puede escribir sobre amor y que fueron los griegos los padres de toda novela de aventuras. Y mientras hacemos eso descubrimos un título que nos lleva a decir que no todo está escrito porque hemos encontrado algo sorprendente o hemos descubierto a David Mitchell, por poner un ejemplo. Foster lo tiene bastante claro: hay una historia que se repite y va siendo modificada a media que cambia de manos, de ojos, o de época. U, mientras lo hace, nos deja su propio canon literario con Joyce, Faulkner, Toibín, Atwood, Freud, Austen y tantos otros que considera adecuados en esta suerte de guía para leer mejor o, al menos, de otra manera.

     Leer como un profesor es un texto para los lectores, una invitación a leer y el recordatorio de que los libros nos pertenecen una vez que los leemos. Allá donde termina la misión del escritor, comienza la del lector, y sin el uno y el otro no podrían haberse creado las grandes obras de la literatura. Porque, de algún modo, en este mundo de letras, los lectores también somos creadores, aunque sea en un % pequeñito.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.