viernes, 25 de septiembre de 2020

Vacaciones en el Cáucaso. María Iordanidu


 

     "En julio de 1914, cuando Ana partió de Constantinopla con destino a Rusia, dejó atrás la digna Constantinopla del siglo pasado. La Constantinopla de su abuela y de su madre. La Constantinopla de los movimientos lentos de los cocheros y de los estibadores, y también del barrio europeo donde la sombra de las abuelas aún planeaba por encima de las cocinas con los braseros y las hachuelas de destazar. Aquélla era la época en que la Virgen extendía su mano y paraba la lluvia cuando Loxandra hacía la colada. «Virgen Santa, no me vayas a hacer una mala pasada y vaya a llover hoy», decía Loxandra, y en Constantinopla ese día no caía ni una gota de lluvia. 
     "En agosto de 1920, cuando Ana volvió de Rusia, pasó del medievo al siglo xx de un solo salto".

     Hace tiempo que vengo comentando con algunos amigos lectores que Acantilado tiene un catálogo que permite apostar y ganar en muchos de sus títulos incluso sin haber leído la sinopsis. Llegas a tu librería, pasas por la mesa que les tienen reservada, y raro es que alguno no te enamore. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Vacaciones en el Cáucaso.

     Conocemos a Ana cuando es enviada unto a su tía a pasar una vacaciones en Tiflis, donde viven sus tíos ricos Alekos y Claus, que han invitado a la joven a pasar un mes con ellos. La ruta es aparentemente sencilla. Ana irá desde Constantinopla a Batumi, donde está su tía y de allí a Stávropol. Lo sencillo se complica y en Batumi se pierden, Ana tarda en llegar a Stávropol, su destino original, un par de meses terribles que serán casi un paseo comparado con los cinco años que tiene que pasar allí. Y es que ha vivido la Primera Guerra Mundial, además de enfrentamientos civiles en las calles de la que iba a ser su ciudad de vacaciones.

     Ahora imaginad que donde dije Ana pone María. Y es que la autora no está contando una historia de ficción, se trata de un relato autobiográfico, aunque se nos avisa de que los personajes son casi todos inventados. Añado además que el viaje de vacaciones se produce en 1914, así que ya os hacéis una idea de por qué alguien se puede perder en una estación cuando la Gran Guerra estaba llamando a la puerta. Por supuesto no ayuda la tía Claude, una mujer peculiar que ha inventado una película sobre la joven que llega. Pero no daré detalles. De hecho, el único detalle que me parece importante añadir a esta reseña es que la joven Ana no habla ruso.
     A partir de aquí la autora elige su camino con mano firme y nos regala una novela en la que el lector no se siente ante una biografía que relate cada párrafo comenzando por el "yo". Lo que importa es el lugar, el momento, las costumbres, los detalles... Ana es lista, aprende rápido (¡incluso el ruso!) y sobrevive. Sin dramas tristes que nos arrastren por el fango y costillas que sobresalgan entre calambres paralizantes. No. Por supuesto que es una situación dramática, pero hay muchas maneras de encarar estas situaciones y Iordanidu opta por fingir ficción casi con cierto desapego y algún toque de humor que aligera el espíritu mientras entras en Rusia y, al igual que ella, te enamoras.

     A raíz de comprar este libro he visto que Loxandra, su primera obra, es también del todo imprescindible y que además la vida que cuenta está relacionada con la de Ana, es decir.. bueno, ya me entendéis. Coinciden además en la mayoría de los casos, en que es incluso mejor que estas vacaciones, así que ya lo he encargado. Porque si este ya me ha encantado en su brevedad de letras medidas, no sé qué va a darme Loxandra, pero estoy muerta de ganas de averiguarlo.

     Vacaciones el el Cáucaso es una historia sencilla narrada con un punto irónico que nos habla de provincias y de momentos de cambio. Pero es, sobre todo, la historia del crecimiento de Ana y de como la muchacha abre los ojos. Me ha encantado. Quiero más.

     Y vosotros, ¿hay alguna editorial que os aporte seguridad?

     Gracias.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Otra vuelta de llave. Ruth Ware

 


     "7 de septiembre de 2017.  
     Centro penitenciario Charnworth. 
     Querido señor Wrexham: 
     No se imagina cuántas veces he empezado esta carta y arrugado el desastroso resultado, pero me he dado cuenta de que no existe ninguna fórmula mágica para esto. No hay forma de que yo lo OBLIGUE a escuchar mi caso. Por lo tanto, tendré que exponer los hechos lo mejor que pueda. No importa el tiempo que me lleve, ni cuántas hojas tenga que descartar: seguiré adelante y le contaré la verdad".

     El título, lo tenía claro. Si su misión era generar curiosidad yo piqué, aunque haya tardado en saber de su existencia. Hoy traigo a mi estantería virtual, Otra vuelta de llave.

     Conocemos a Rowan Caine cuando encuentra un anuncio de trabajo que es casi un sueño. Responde al anuncio y así es como acaba de niñera en Escocia. La familia parece estupenda y la casa es espectacular, excepto por Happy que controlará la casa y permitirá a sus propietarios hacer precisamente eso mientras vigilan lo que allí sucede. Rowan, que no tenía en mente aceptar este trabajo, acabará en la cárcel tras la muerte de un niño. Pero esto, que suena a contar el final, es solo el principio.

     Otra vuelta de tuerca es un título magistral de la literatura con una niñera de la que desconfiar y una atmósfera que atrapa al lector. De eso no duda nadie. Cuando vi este título la asociación fue inmediata y además había una niñera y unos niños y un misterio... así que estaba claro que, de un modo u otro, Ware estaba actualizando la historia de James. Pero avancemos...

     Sabemos que Rowan está escribiendo desde la cárcel, es decir, que algo muy malo ha tenido que suceder. Sabemos que ese algo tiene que ver con noches en vela y con cámaras y con la casa, justo con la casa. Y nos enteramos de que ha muerto una niña y que Rowan dice que ella no la mató. Entonces entramos en una historia en la que la protagonista vive sin saber si sus jefes están obsrvándola o no pero que, por lo que ella sabe, podrían estar haciéndolo en todo momento. La casa automatizada además comienza a fallar y los niños... bueno, son, como mínimo, raros. No tarda en empezar a comprender por qué se habían ido tantas niñeras. 
     Ware utiliza recursos de terror y también de thriller psicológico para ir ambientando al lector en la atmósfera en la que la niñera se encuentra sumergida utilizando para ello tecnología. Esta sensación de vigilancia, de control, opresiva, se va metiendo bajo la piel del lector hasta compartir la paranoia de la niñera. Solo que tal vez no sea una paranoia descabellada y la imposibilidad de tener intimidad, el sentirse vigilado y dejar que la tecnología domine nuestra realidad, tal vez ya no sea ciencia ficción. Por eso es cada vez más utilizado en este tipo de novelas.

     En cuanto a la trama, he tenido sentimientos encontrados con el final. Suelo decir que buscar la sorpresa no tiene que ser la obsesión de un escritor en este tipo de novelas ya que en el camino uno corre el riesgo de sacrificar la credibilidad. Y esa es la parte que me ha costado, la resolución. Pero bueno, eso ya supongo que son apreciaciones personales y mi perplejidad no tiene por qué coincidir con la sensación de otro lector. A fin de cuentas, cada novela es de quien la tiene entre manos.

     Otra vuelta de llave es una novela entretenida que, si bien no es particularmente original, sirve para pasar un buen rato.

     Y vosotros, ¿sois aficionados a remakes y revisiones?

     Gracias.

lunes, 21 de septiembre de 2020

La mujer helada. Annie Ernaux

 



     "Mujeres frágiles y vaporosas, hadas de manos suaves, pequeñas auras de sus casas a cuyo paso quedo surgen el orden y la belleza, mujeres sin voz, sumisas, por mucho que busque , no veo tantas así en el paisaje de mi infancia. Ni siquiera el modelo inferior, menos distinguido, mas ordinario, las frotadoras de fregaderos limpios como las patena, las cocineras de retales, las que llegan a buscar al niño a la escuela un cuarto de hora antes del timbre, con todas las tareas de la casa ya finiquitadas; las bien organizadas hasta la muerte. Mis mujeres, las mías, vociferaban todas, tenían el cuerpo descuidado, demasiado pesado o demasiado plano, dedos rasposos, caras sin pintar, o, al contrario, maquilladas como puertas, con gruesas manchas rojas en mejillas y labios".

     Sigo las recomendaciones de quienes me parecen afines. No ya en sus gustos, que es casi lo de menos muchas veces, en realidad me interesa más la afinidad en lo que respecta a lo que uno busca en la literatura. A Annie Ernaux llegué gracias a una de estas personas, Marc Peig, colaborador de Un libro al día (imprescindible). Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mujer helada.

     Gusta Ernaux de compartir sus vivencias en su obra y es que la ficción empezó a ser autobiográfica para esta autora que relata, en La mujer helada, su matrimonio. Narrado en primera persona la autora dibuja el mundo en el que una mujer deja de tener significación propia, vive en las calles, juega y sueña para terminar en un matrimonio que nada le aporta y con una maternidad que se aleja diametralmente de lo que ella una vez imaginó. El reloj a ritmo de biberón y la vida como oportunidades que ya no se presentarán son los rasgos característicos de esta novela breve, brevísima, narrada con una belleza que trasciende a lo que dice mediante el cómo lo hace. Ernaux presenta a una mujer que se limita a seguir de forma casi automática, sin ser persona, lobotomizada por una vida que no le da margen de movimiento, autonomía o queja, se congela porque no siente o se congela tal vez por el frío que deja como único rastro la soledad que representa. 
     Diremos ahora que representa algo que ya no existe, antes de mirar la fecha en la que el  libro fue escrito mientras la palabra autobiográfico nos martillea en la cabeza. Diremos que eso no existe antes de leer el final del libro porque, una vez lleguemos a ello, esa excusa ya no nos sirve.

     La honestidad de una novela no está reñida con la opinión personal sobre lo que en ella se relata. En este caso y sin poner en duda su realidad me ha parecido excesivo el desaliento y relativamente sencilla la solución al caso, y eso ha provocado que luche con sentimientos encontrados frente a la novelita. En cuanto a la prosa, nada que ver, es una verdadera maravilla leer a Ernaux. No solo por la honradez que destilan sus palabras, también por la belleza de la simplicidad sin apenas adornos pero de cuidado vocabulario (aquí hay que agradecerle al traductor también su labor).

     La mujer helada trata de una mujer joven que cae en la ironía. En realidad toda la novelita es una ironía en sí misma ya que de donde se quiere ir es en donde cae. La vida misma. La desmitificación sobre lo que querían las mujeres en un momento en el que su papel venía condicionado por su sexo y el género, en definitiva, como ejecutor. Porque las decisiones, ni siquiera se valora que puedan ser tomadas. Al menos algunas.

     Me ha gustado mucho leer a Ernaux. De hecho ya tengo más libros suyos en casa. Acercáos a sus letras, os va a encantar.
 
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore. Joyce Williams


     "Morris Lessmore amaba las palabras.
      Amaba las historias.
      Amaba los libros".

     Hay una época en la que nos fascinan las historias que nos relatan los libros ilustrados. Esa época regresa cuando somos adultos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore.

     Morris ama los libros y escribe un diario. Ese diario relata su vida, es su libro. Al menos hasta que un día descubre que han volado sus palabras. Por suerte para Morris, descubre unas cuantas cosas más.

     Lo difícil a la hora de hablar de un libro como este es no contarlo entero. 
     Estamos ante un libro para amantes de los libros, y también para aquellos que comiencen a verlos de otra manera. Los libros, para Williams, son historias vivas, como las personas, y también historias que dan vida. Por eso es tan importante la lectura para Morris, y por eso también lo es su diario.
El complemento perfecto a esta historia mínima son las ilustraciones. Me enamoré especialmente de esos libros con bastón al igual que su lector favorito como si, no solo el lector se llevase algo del libro, también el libro porta algo del lector.

     En realidad conocí esta historia cuando el corto en el que se basa ganó un Oscar y se convirtió en una historia conocida por todos, por eso os dejo el enlace segura de que os va a encantar. Tanto es así, que tampoco dudo de vuestro interés en tener el libro en papel tras haberlo visto.


     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Trilogía de Thomas Cromwell. Hilary Mantel

 

     En la corte del lobo, Una reina en el estrado y El trueno en el reino son los  de la Trilogía de Thomas Cromwell de Hilary Mantel. Pero hay más: En la corte del lobo ganó el Man Booker 2009 y también lo hizo Una reina en el estrado. Es decir, que lo ganaron dos novelas históricas, algo no tan común pero además, nunca antes lo había ganado una secuela y tampoco se había dado el caso de que una escritora lo ganara dos veces. Como comprenderéis, sea o no fan de los premios literarios, me sobraban motivos para ir leyendo esta trilogía que finalmente ha puesto su broche con El trueno en el reino.


     Recuerdo haber leído en alguna parte que Enrique VIII tenía tantas esposas como Thomas y haberme reído con la ocurrencia. Pero, ocurrencia o no, Mantel se centra en esta trilogía en la figura de Thomas Cromwell, al que nos presenta casi treinta años antes de su ascenso al poder. Y en un momento, añadiría, que no presagiaba en absoluto en quién iba a convertirse ese niño que recibía una brutal paliza de manos de su padre alcohólico. Y si he comenzado hablando de la cantidad de Thomas que hubo es precisamente porque así nos lo explica su autora, Thomas es uno de muchos, uno más, él. Porque de entre todos los Thomas, nos vamos a fijar en uno solo. Y corremos, corremos porque son muchos años de historia y muchas cosas las que suceden en esta trilogía y aquí lo importante es la caída de Ana Bolena y su final para lo que nos pondrá en antecedentes gracias a otro Thomas, Wosley. También seremos testigos de como Cromwell, que es un trepa no vamos a engañarnos, se va ganando la confianza del rey y Mantel se corona contando la historia de la isla de Albina. No cabe duda, notamos, que es un comienzo prometedor en el que el protagonista es presentado de forma muy literaria en muchas ocasiones como un hombre moderno y excéptico en su tiempo que vive su ascenso al lugar más poderoso "su lugar" porque si algo deja claro Mantel es la importancia de "poseer". Bueno, eso y la volubilidad del rey. Y la trilogía continúa en Wolf Hall con Enrique mirando con ojos codiciosos a Jane mientras Thomas sigue fiel a su afición por los halcones en un poético momento en el que, debido a sus nombres, la autora recuerda ángeles. Cromwell, el enigmático hombre que se puso del lado de una reina hasta que no le quedó más remedio que cambiar su posición, se ha convertido ya en ese gran personaje testigo de todo y artífice de mucho que se mueve conociendo el desprecio que suscita entre las clases altas. La trilogía se convierte en un juego de poderes, enredos y engaños en un almanaque de personajes y sucesos del que es difícil levantar la vista. Y así llegamos a la tercera parte, la mejor según mi opción, de este mastodóntico trabajo que es hablar de los Tudor sin caer en lo de siempre centrándose en el hombre que realmente manejaba los hilos del poder de dicho apellido. Bolena ejecutada con un arma impresionante y la justicia aparece en escena como tema ya en las primeras páginas de esta novela marcada por la vida y la muerte. Y es que lo que hace que la novela crezca es conocer el final y aún así sentir el tirón lector. La trilogía se cierra manteniendo fresco su humor y su ironía, manteniendo el ritmo y un poso casi constante a obra clásica inglesa modernizada desde dentro. Mujeres que son pesadillas y hombres ladinos, temor del lector al futuro en ese momento presente cuyo pulso ha sabido manejar la autora a lo largo de tantas páginas logrando que la trilogía sea más ágil de leer que esta opinión. Cromwell lucha por su idea de Inglaterra, busca una unión, una forma de escribir una historia mejor aunque la pasada seguirá existiendo.


     Tendría que hablar ahora del ritmo de la novela histórica y también del rumbo que le marcan este tipo de novelas que parecen llegar para sacudir ese supuesto polvo que nos empeñamos en atribuir al género como si solo por tratarse de pasado ya perdieran una parte del interés o de la intriga. También debería de remarcar el peso de los personajes femeninos de esta trilogía marcada por Anas, gestos y miradas. No debería de olvidarme de comentar la importancia de los gestos y momentos que entrelazan los tres títulos dando una sensación de historia compacta. Y pos supuesto, las decapitaciones, las muertes limpias y su importancia, el brillo de la hoja que cae, el último gesto, la mirada fija, y las palabras, tan importantes para Mantel. Pero tomé la decisión de hacer una única entrada para hablar de toda la trilogía y eso hace que no tenga tanto espacio. Así que para conocer todo eso, para comentarlo, para hablar del estadista, del caprichoso, o de la temperamental, para hablar de todo, leamos.

     La Trilogía de Thomas Cromwell no solo merece la pena ser leída, además coloca a su autora en un lugar sobresaliente en la literatura contemporánea. Nos os dejéis asustar por su extensión, lo único que pasa es que sus tres títulos ya están en la librería. Todo ventajas.

     Y vosotros, ¿sois lectores de novela histórica?

     Gracias.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Muro fantasma. Sarah Moss

 


     De vez en cuando compro un libro sin leer la contra, simplemente por impulso. Eso me pasó con este. Hoy traigo a mi estantería virtual, Muro fantasma.

     Cuando el libro comienza una niña es asesinada delante de vecinos y familiares en una aldea. El espectáculo es terrible. Estamos en la Edad de Hierro.
     Y avanzamos hasta hace nada para conocer a Silvie, una joven de 17 años que se ha unido junto a sus padres al grupo del profesor Slade en una zona rural. Durante unos días van a emular el modo de vida de sus antepasados de la Edad de Hierro: ropas, costumbres... Bien. Aquí es donde entra Bill, el padre de Silvie, aficionado a la historia. Este hombre quiere recrear realmente la época; pero no como el profesor o los estudiantes. Él lo quiere hacer de verdad, con toda la brutalidad que eso significa. Y cada vez le cuesta más comprender a quienes se lo están tomando como un simple "campamento".

     Un poco menos de 150 páginas es lo que ha necesitado Sarah Moss para ponerme los pelos de punta. Y lo ha hecho porque tras un comienzo brutal, en el más estricto sentido de la palabra, he pasado por una fase se paseos, naturaleza y agua viva. Una zona de relax en la que el lector no tarda en sentir que algo sucede. Y tras ella ha aparecido Bill. Bill que es Bill porque nos lo dice su hija, que es quien lo ve a su manera y no parece terminar de ponerlo en su lugar. Bill que es brutal y despiadado y tiene claro que someter a la mujer durante esta convivencia es algo primordial. Bill que sabemos que es violento. Y Silvie que no termina de condenarlo y nos pone los pelos de punta mientras asistimos a un espectáculo cuyo final intuimos. El final se nos acerca, se precipita mientras pensamos que si tuviera más páginas tal vez nos resultaría más fácil la lectura, sería más suave, menos dura. Pero son 140 y es Silvie quien nos lo cuenta. ¿Y qué pasa con el resto del grupo? El resto del grupo irrita a Bill, lo mismo da si hablamos del profesor o de cualquiera de los tres estudiantes. Bueno, no da del todo igual, uno de ellos es una chica. Pero no os voy a contar más, claro, no sería justo en una novela tan corta.

     Suelo decir que me gustan los libros largos que se llevan mi tiempo y convierten a sus personajes en amigos improvisados de los que me despido en las últimas páginas. En este caso ha sucedido justo lo contrario. Leí Muro Fantasma con esa fascinación lectora que te lleva hasta el final sin haberte movido del asiento. Lo leí a ratos sin querer mirar pero también sin ser capaz de no hacerlo. Y lo terminé con la sensación de que iba a seguir dándome vueltas unos cuantos días. Esos días fueron normales, claro, pero mantuve la sensación de la lectura e investigué un poco sobre la autora, a la que no conocía y que pensé, quizás por la extensión, que debutaba con esta novela. Bien, no es así. Apunté su nombre. Quiero más.

     Muro fantasma es una novela fantástica con una narradora capaz de meterse bajo la piel del lector. Con todo lo que eso implica.

     Y vosotros, ¿preferís libros largos o novelas cortas?

     Gracias.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Niétochka Nezvanova. Fiodor M. Dostoievski


      "No recuerdo a mi padre, que murió cuando yo tenía dos años, y mi madre volvió a casarse. Este segundo matrimonio, aunque contraído por amor, resultó para ella fuente de dolores. Mi padrastro era músico, y su destino se denotó harto extraordinario. Era el hombre más extraño y más delicioso que he conocido. Su influencia en mis primeras impresiones de niña se hizo tan fuerte, que dejó marcada su huella durante toda mi vida. Para que mi relato sea comprensible, comenzaré por dar su biografía. Cuanto voy a decir acerca de él, lo supe más tarde por el célebre violinista B..., que fue el compañero y el amigo más íntimo de mi padrastro en su juventud".

     Lo que me gusta a mi un buen clásico para desayunar un lunes. Y si es ruso, mejor. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Niétochka Nezvanova.
     
     Conocemos a Niétochka, una nadie, una cualquiera que vive en el seno de una familia marcada por su padrastro, Yefimov, un borracho con talento para el violín obsesionado con su ombligo al que admira y debe gran parte de su pobreza. Cuando mueren sus padres, la joven pasará por otras familias, ninguna feliz pese a que esta vez dará con dos familias adineradas.

     Me váis a perdonar que comience de forma tan directa pero hasta en sus comienzos, Dostoievski era mucho Dostoievski. Que sí, que luego el talento se pule y la experiencia ayuda además de que uno madura y llegan cosas importantes que andan entre lo divino y lo humano. Pero uno lee esta novela, y ve a Dosto ahí. Ve sus personajes, las familias que presenta son tan suyas aunque ahora quizás debería de decir eso que queda tan bien de "esas familias que terminaron convirtiéndose en dostoievkianas"... pero no, ya lo eran. Siempre lo fueron. Y aquí, que estamos ante una novela inacabada ya que el autor tradujo al ruso un libro prohibido y acabó en Siberia, pasa un poco lo mismo. Disfrutamos de tres partes en una novela que a todas luces iba a continuar sus buenos cientos de páginas, pero nos sirve lo escrito a modo de pestañeo en la vida de la joven Niétochka. Y lo hace con un comienzo verdaderamente potente. La historia de Yefimov el violinista con talento que lo desperdicia, el hombre terrible y a la vez terriblemente admirado es magnífica y el personaje francamente interesante. Pero Dostoievski lo mata porque esta no es su historia, es la de su hijastra. Y la novela a partir de ahí se siente como una introducción a lo que hubiera venido en la que los personajes se sonrojan demasiado.
     Y es que supongo que lo justo sería valorar esta novela como cata, o tal vez como primer intento de escribir una novela, abandonado y jamás retomado a la vuelta de Siberia. Y entonces veríamos a esa niña que busca cariño desesperadamente y se acaba volcando en su padrastro con el que convierte el amor en una suerte de trueque no nombrado y tampoco planeado con un padrastro que nos dicen es soñador y nos describen como un hombre egoísta responsable de miserias: de su pobreza y de la de su familia, de su propio carácter y de creerse mejor de lo que es o peor aún, serlo y no usarlo, responsable de prácticamente todo... Como digo, la mejor parte del libro. Casi un librito en sí mismo.
     A partir de ahí la joven sigue buscando el cariño de forma desesperada. La vemos con otra familia en la que, existiendo ya una hija, se convierte en su sombra. Y la última parte, desarraigada, terminó por resultarme extraña y aún más su final.
    
     Niétochka Nezvanova es un librito inconcluso, un intento de primera novela que hay que leer recordando que por mucho que miremos un esqueleto, no sabremos si su propietario tiene un lunar en el cuello. Conocido esto, la novela es una curiosidad que disfrutarán los seguidores del autor. Como yo. Pero no es una buena idea acercarse a este título si no se cumplen las dos condiciones anteriores.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Los chicos de la Nickel. The Nickel boys. Colson Whitehead


     Como me puede la impaciencia uno de mis libros durante este confinamiento fue The Nickel Boys y ahora, a la vuelta, he visto que sale traducido al castellano con el título de Los chicos de la Nickel y yo me pregunto si no queda más bonito en el idioma original. Total, que hoy traigo a mi estantería virtual, Los chicos de la Nickel o The Nickel Boys.

     En el año 2014 una excavación arqueológica en Florida sacó a la luz la historia de la escuela para niños Arthur G Dozier. Apoyándose en este hecho, Whitehead escribe su historia.
     Elwood Curtis es un niño cuyo destino parece escrito: trabajará en el mismo hotel en el que su familia lleva generaciones. Algo que nadie le ha preguntado, por eso quizás no saben que vive las palabras de Martin Luther King y que su máxima es que el puede ser tan bueno como cualquiera. Pero más que esto el impacto de Elwood está en su abuela, que si bien cree en la necesidad de un cambio también teme sobresalir en él convirtiéndose en un personaje puro. La cosa es que Elwood consigue sobresalir a costa de trabajo duro y parece que por fin va a llegar a la universidad, hasta que toma una decisión equivocada sin saberlo: hacer autostop. Se sube entonces en el coche que no debe y es detenido por la policía por un delito en el que no ha participado y su vida da un giro en el que la soñada universidad se convierte en el reformatorio Nickel, bajo el mando de Maynard Spencer. Un lugar escalofriante.

     Conocí a Colson con su octavo libro, El ferrocarril subterráneo, en el que contaba en una especie de fantasía, el testimonio de esclavos norteamericanos mediante una red de túneles basada en las rutas que efectivamente utilizaban para huir. Un libro magnífico y premiado que tiene su digna continuación en Los chicos de la Nickel.
No se trata de que sean los mismos protagonistas, ni siquiera se trata de seguir la historia, que no tendría sentido. De lo que se trata es de seguir la historia del país, de una parte del país que, como no tarda en demostrarnos, nos es totalmente desconocida. Colson habla del racismo y de como las leyes daban el poder a la gente blanca que eran capaces de conseguir que se detuviera a un negro por la llamada conducta violenta que, en muchas ocasiones, no tenía nada de violenta. En realidad parece que solo tuvieran que señalar. En Nickel conocemos a el otro gran protagonista de la novela, Turner, un chico que ni siquiera está interesado en Luther King, y ese es otro de los grandes aciertos de la novela, el no mostrar a todos sus protagonistas situados al mismo lado de la historia. De este modo Nickel se dibuja como un todo reducido en el que Turner parece aprender antes como sobrevivir en un mundo en el que las reglas son claramente favorecedoras a otros y Whitehead se mueve como pez en el agua para jugar con una violencia que más que asustar es la puerta para la historia que realmente sobrecoge. Elwood y Turner se complementan en más de un sentido ya que representan dos caras distintas en sus personalidades, no solo uno contra uno, sino también en si mismos. Solo de este modo se puede entender que precisamente el más reivindicativo es también el que "suena como un blanco".
Evita cargar la novela con sentimentalismos y cuando uno conoce un lugar llamado Casa Blanca descubre también que era el nombre que tenía la academia real en la que se basa el autor. Exactamente igual que descubre el número de tumbas reales encontradas para dar una dimensión completa de una novela narrada de una forma extraordinaria, aunque esta vez un tanto más convencional a como lo hiciera en El ferrocarril subterráneo. 


      Los chicos de la Nickel
cuenta una historia terrible en la que lo que realmente deja huella es la voz de los personajes. Porque el lugar existió y el eco de su historia aún resuena en nuestros días.

     Y vosotros, ¿sois pacientes a la hora de esperar las traducciones?

     Gracias.

martes, 1 de septiembre de 2020

El infinito en un junco. Irene Vallejo




     "Misteriosos grupos de hombres a caballo recorren los caminos de Grecia. Los campesinos los observan con desconfianza desde sus tierras o desde las puertas de sus cabañas. La experiencia les ha enseñado que solo viaja la gente peligrosa: soldados, mercenarios y traficantes de esclavos".

     No voy a ser yo quien se resista al fenómeno del año. Sobre todo porque esta vez no se trata de una novela negra. Hoy traigo a mi estantería virtual, El infinito en un junco.

     Está claro que los libros sobre libros captan la atención del lector empedernido, y también del curioso que quizás no siendo tan lector, se sienta atraído por ese mundo. Así han ido proliferando libros sobre libros, libreros, escritores y casi cualquier cosa que a uno se le haya podido pasar por la cabeza y que esté mínimamente relacionada con la literatura. Pero nos faltaba, pese a que ya hubo intentos que se quedaron en el camino, un libro de divulgación que fuera apto para todos. Y ese es precisamente el hueco que ha venido a cubrir Irene Vallejo.

     Hay que decir en primer lugar que el libro está escrito desde la cercanía y que Vallejo lo ha dejado repleto de pequeñas anécdotas que existen no sólo para armar el grueso de la obra, sino también para mantener al lector distraído con pequeñas curiosidades. Y así comienza el viaje, como no podía ser de otro modo, por la Biblioteca de Alejandría, descubrimos la falta de papiros y así la diferencia con el pergamino, la tradición oral... el libro. El gran protagonista de este título y también de sus anécdotas, unas más conocidas, la mayor parte prácticamente desconocidas para cualquiera demostrando así Vallejo su pasión y no solo su buen hacer por la literatura. El libro es ameno, es interesante y es divulgativo. Es un libro para leer a cachitos, sin grandes atracones. Y no porque sea un libro pesado, lo es porque se repite y eso en dosis altas puede ser contraproducente durante la lectura. Leerlo a trocitos lo hace más llevadero, mejora la sensación y nuestra opinión sobre una obra entretenida en la que entras con cuidado y sales con alguna anécdota anotada para el repertorio personal. Me cuesta verlo como un ensayo puro y duro y los viajes que plantea, en anécdotas, son agradables y entretenidos. No llega a disfrazarse de novela ya que le falta una trama siendo el libro como tal la unión de cada capítulo.


     El infinito en un junco es una lectura amena para amantes de los libros y de las curiosidades en general. No he encontrado la joya que todo el mundo parece ver, pero he disfrutado su lectura.


     Y vosotros, ¿os gustan los libros sobre libros?


     Gracias.


lunes, 31 de agosto de 2020

Liberación. Imogen Kealey

 



    "Había sido una mala idea. Muy mala. Maldita sea. 
     Nancy cerró los ojos unos instantes, agachada tras los restos de un muro derribado, y respiró hondo. El olor de los edificios en llamas se le estaba instalando en la garganta, los ojos le escocían por culpa del humo y empezaba a notar calambres en los músculos después de pasar demasiado tiempo acurrucada en su estrecho escondite. Oyó con claridad las voces de la patrulla alemana que se le acercaba. 
     —Auf der linken Seite —indicaron. «En el lado izquierdo.»"

     Ya se acabó el verano, al menos para mi, y estamos de vuelta para comentar las lecturas a las que nos vamos acercando. Hoy, por ejemplo, traigo a mi estantería virtual, Liberación.
    
     Conocemos a Nancy Wake, una mujer australiana que ahora vive su amor con el empresario Henri en Marsella donde coquetean con la alta sociedad. Solo que Nancy colabora de forma activa con la resistencia ayudando, entre otras cosas, a sacar fugitivos de Francia. Mientras en una cara se casa entre botellas del más exclusivo champagne en la otra es el famoso "Ratón blanco" perseguido por la Gestapo.

     Empecemos por el principio: el Ratón Blanco existió. Era Nancy Wake, casada efectivamente por Henri y buscada por la Gestapo. Cuando su marido es atrapado por los alemanes ella consigue huir a  Londres solo para regresar con renovadas fuerzas a una guerra que ahora se ha convertido en algo personal. Solo que Nancy es una mujer. Las mujeres no luchan en guerras ni realizan sabotajes, no son ni siquiera bien acogidas por la mayor parte de los miembros de la resistencia. Nancy no solo se gana su puesto, también el respeto por su valor y coraje en un momento en el que todo el mundo necesita tener valor y coraje. Su lucha por la libertad, su enfrentamiento con el alemán que detiene a su marido y la forma en que se hace hueco entre los que se han convertido los suyos me ha parecido un ejemplo para cualquiera demostrando que no importa el sexo ni la procedencia cuando se trata de luchar por lo que uno cree.
     
     Los autores, puesto que Imogen es un seudónimo que esconde a un hombre y una mujer, consiguen que el lector se meta en la trama mediante pequeñas descripciones muy visuales consiguiendo eso que ahora se llama "lenguaje cinematográfico". En cuanto a los personajes, no se limita al enfrentamiento entre el alemán Böhm y Nancy, ni siquiera añadiendo las escenas y recuerdos con Henri. Los autores incluyen a otros como Tardivant, un joven de la resistencia al que vemos cambiar en su opinión hacia Nancy y como muestra su lealtad y sus demonios, o a Denden quien, si Nancy había tenido que luchar contra el hecho de ser mujer en una situación y época de hombres, se enfrenta al hecho de ser homosexual y las consecuencias de que ello pueda ser descubierto. 

     Así las cosas y sumados todos estos elementos y un buen puñado de escenas de acción, estamos ante una novela francamente entretenida protagonizada por una mujer admirable de cuya existencia yo no había tenido noticia hasta hoy.

     Liberación es una novela de luchas por la libertad, no solo la liberación de un país o el fin de una guerra, también hay luchas personales a las que vamos asistiendo. Me ha parecido una novela francamente entretenida que tenía, como valor añadido, el estar basada en personas reales-

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 29 de julio de 2020

Unorthodox. Deborah Feldman




     "En la víspera de mi vigésimo cuarto cumpleaños entrevisté a mi madre. Quedamos en un restaurante vegetariano de Manhattan, uno que se anuncia como ecológico y de proximidad; a pesar de mi reciente afición por el cerdo y el marisco, me decanto por la sencillez que ofrecen esos platos. Con sus grandes ojos azules y el cabello rubio y desaliñado, el camarero que nos sirve tiene un notorio aspecto gentil. Nos trata como si perteneciéramos a la realeza, porque nos encontramos en el Upper East Side y estamos dispuestas a aflojar cien dólares por una comida que consistirá básicamente en verduras. Me resulta irónico que no sepa que ambas somos intrusas, que crea adivinar al instante la vida que llevamos. Jamás imaginé que algo así llegaría a ocurrir".

          Supongo que os suena el título. Olvidad la serie. Olvidad el viaje de la protagonista y todo aquello que os cuentan. Esto es el libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Unorthodox. Mi verdadera historia.
      
     Conocemos a Deborah Feldman a través de esta biografía novelada en la que nos relata su historia. Una historia sorprendente que habla de una comunidad judía, los samat. En este caso la autora nos habla de su propia comunidad, residente en Nueva York. Esto es importante ya que estamos hablando de la actualidad y estamos hablando de uno país desarrollado referente en muchas libertades y adelantos. Un lugar en el que uno sabe que puede encontrarse de todo, pero en el que jamás esperaría encontrar algo así. Este lugar en el que nace Feldman es una suerte de burbuja costumbrista que se cierra al presente y a la que el presente tampoco presta demasiada atención. Herederos de aquellos judíos que vivieron la época nazi, mantienen sus férreas tradiciones que incluyen familias con muchos hijos que les ayuden a volver a crecer. Una burbuja en blanco y negro que se mantiene amarrando a cada nuevo miembro para alejarlo del color. Todo es enjuiciado, incluido el idioma, tal vez para evitar que la lectura abriera los ojos al mundo que se estaban perdiendo. Imaginad si además de leer, la persona escribe, piensa el lector que acaba de comenzar la lectura.
     Este es el entorno en el que crece la protagonista, el que nos cuenta y al que sobrevive "con el demonio dentro". Allí, sin su madre y con una tía que es como un perro de presa, vive una vida que no siente suya porque no puede elegir nada de ella. Incluso la casan, algo que puede parecer malo pero que aquí otorga un poco más de autonomía a la mujer, y es que cuando todo es blanco y negro, cualquier reflejo, por mínimo que sea, puede ser susceptible de interpretación. Feldman lo que hace es dar un retrato costumbrista en el que explica cada comportamiento y tradición por muy chocante y restrictivo que nos pueda resultar. Y, para el lector que sienta que lo está justificando, solo le recuerdo una cosa: ella huyó. Y es que Feldman había leído mundo, había vislumbrado lo que podría ser, y no le había parecido un infierno. Al contrario. Y empieza así a detallar las actitudes, los rituales, lo difícil, lo humillante y como vivir una vida que no es suya es algo contra lo que necesita protestar. Sobre todo a partir de la adolescencia.Y es que, si antes comentaba que una boda podía dar más libertad a una mujer dentro de esa comunidad, el paso por ella es una experiencia que, tras haberla leído, no se la deseo a nadie. Y, ¿quién querría tener descendencia que viviera así?

     Unorthodox es la historia de Feldman, un memoir novelado que llega para hacernos ve que no solo dejamos de mirar a lo lejos, tampoco miramos lo que tenemos cerca. Un libro duro con el que se comienza el retrato de una mujer que escapa reivindicando así su derecho a elegir su propia vida. A vivir. Y yo tengo que decir que me ha gustado. Comenzaba diciendo que olvidéis la serie y, si me habéis leído, sabéis perfectamente que este libro queda muy lejos de Berlín. Y es que, a veces, la vida comienza solo con cruzar el primer puente.
     
     Y vosotros, ¿series, libros o tal vez ambos?

     Gracias.

     Supongo que lo que ahora procede es hablar de la repercusión que puede tener que una mujer huya de una comunidad así y que además lo escriba en un libro. La autora habló de ello durante la rueda de prensa de presentación. Os lo contaré.

lunes, 27 de julio de 2020

El Jorobado o Enrique de Lagardère. Paul Féval


     "Tomó la costumbre de ir todos los años a París, donde las jóvenes cortesanas se mofaban de él, luego de explotarle. Durante sus ausencias, Aurora quedaba custodiada por dos o tres dueñas y un viejo capellán. Aurora era hermosa como su madre, y en sus rasgados ojos se adivinaba la sangre española que corría por sus venas. Cuando tuvo dieciséis años, los habitantes de la aldea de Tarrides oyeron ladrar con frecuencia a los perros de Caylus, durante las noches oscuras. Por esta época, Felipe de Lorena, duque de Nevers y uno de los más brillantes señores de la corte de Francia, fue a habitar su castillo de Buch, en el Juranzon. Representaba difícilmente veinte años; pues por haber abusado muy pronto de la vida, iba medio muerto de una enfermedad de languidez. El aire puro de las montañas le reanimó. Pasadas algunas semanas, que dedicó a cazar por el valle de Louron, sintióse fuerte y rejuvenecido. La primera vez que los perros de Caylus ladraron durante la noche, el joven duque de Nevers, rendido de cansancio, pidió hospitalidad a un leñador del bosque de Ens".
     Y si la librería no te da lo que buscas siempre puedes buscarte un clásico, desvestirlo de el aura aburrida que muchos se empeñan en ponerle y dejarte llevar por sus letras. Hoy traigo a mi estantería virtual, El jorobado.

     Conocemos a Enrique de Lagardère quien se hace pasar por un sirviente jorobado del príncipe de Gonzaga para acercarse a Aurora y reunirla con su madre. Todo esto viene de atrás, y, por supuesto, la venganza tiene mucho que ver en los actos de este falso jorobado.

     Una cosa que tienen en común muchos clásicos es el aire folletinesco que los impregna. Y este es un claro ejemplo. Decía en esa suerte de sinopsis de medio pelo que había un falsete y una venganza y cualquiera al leerlo ha podido pensar en Montecristo pero no, no es el caso, esta historia es mucho más retorcida y extensa.

     El autor nos lleva a Francia, a un castillo entre montañas propiedad de el marqués Caylus cuya hija casi secuestrada está prácticamente adjudicada al Duque de Gonzaga. Lo que pasa es que la joven, como suele suceder en estos casos, ya se ha fijado en otro. Y por un azar no es un pobre, es un primo de su prometido teórico, ya que se ha enamorado del duque de Nevers y ha llevado su amor hasta un punto que va a sorprender al padre y desbaratar el futuro de su teórico prometido. Así as cosas, la tragedia y la traición se mascan en el ambiente y el autor no tiene problemas en darnos un buen novelón en todo el sentido de la palabra. Melodrama, esgrima, identidades ocultas y secretos y venganzas son los ingredientes de esta novela escrita y publicada por entregas y que se acerca mucho a eso que llamamos de espadachines y que me ha resultado más que refrescante leer en estos días de argumentos repetidos y sinopsis similares. Me ha llamado la atención, como curiosidad, que la bolsa, esa que hoy todos conocemos y nos dicen cómo va a diario, diera sus primeros pasos y nos lo relataran, además del costumbrismo habitual. Pero más allá de eso, disfrutar de buenos y malos, de la agilidad del libro en el que siempre está sucediendo algo, siempre hay una maquinación, un plan, una traición latente tras la cortina, me ha recordado el placer de aquellas lecturas que uno va dejando con los años y que, de vez en cuando, es un placer recuperar. El placer del novelón al más puro estilo Hamlet.

     Suelo recomendar clásicos y no es desencanto con la literatura contemporánea la que me lleva a hacerlo, a fin de cuentas, hoy están en las librerías los clásicos del futuro. Pero, a veces, tengo la sensación de que el afán por leer "la última de..." nos hace olvidar las letras que se escribieron hace años. Y no concibo la literatura sin los clásicos exactamente igual que no la concibo sin letras.

     El jorobado es una novela decimonónica, un clásico imprescindible y, posiblemente, mil cosas más. Pero, sobre todo, es una novela ágil y entretenida que me ha tenido pendiente de la vida de sus personajes hasta la última página.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.
   

jueves, 16 de julio de 2020

La sangre manda. Stephen King


          "Si los fantasmas existen, seguro que no todos son santos".

     Los libros de Stephen King son como los cumpleaños: te gusten o no van a llegar una vez al año sin que puedas evitarlo. A mi me gustan, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, "La sangre manda".

     Leer un libro de relatos es fácil. Contarlo ya... uno se debate entre la necesidad de hablar de cada relato, el cuidado de no contarlos todos, hablar solo de uno y dejar el resto para ser descubiertos o hacer una lista con una suerte de puntuación.

     En este caso hablaremos de los relatos y los voy a separar diferenciando aquellos que leeremos con nostalgia. Es el caso del primero de los relatos, El teléfono del señor Harrigan, en el que King se mueve en el terreno familiar del adolescente y lo paranormal. No faltan las alusiones a los problemas adolescentes y los enamoramientos, y tampoco la tutela y esa duda sobre si hay una puerta a otra realidad que aterroriza e intriga y que tan bien ha sabido el autor aprovechar a lo largo de los años. La rata, el último, es otro ejemplo de placer nostálgico ya que su protagonista, un escritor que no tiene el éxito ni los problemas de Paul Sheldon, pero si con manías y que habla con una rata que le plantea extraños dilemas. Tengo que decir que, si bien mi lengua acarició la palabra pastiche, también es cierto que lo leí con placer.
    "La vida de Chuck" es el que más disfruté y es que, cuando uno lleva tantos años leyendo la misma pluma, agradece las novedades. Y en este relato King nos plantea una suerte de juego en el que será el lector quien conecte lo que nos está contando. Y a mi siempre me han gustado este tipo de juegos, aunque no sé si al protagonista le gustaría, si es que alguien se hubiera tomado la molestia de preguntarle y es que no se priva de nada el hombre.
Me dejo para el final el tercero, que da nombre al libro y ocupa la sinopsis de la contracubierta, ya que King rescata a Holly Gibney, heredera de Hodges reconocible por los lectores de los últimos tiempos del llamado maestro del terror pero que ha mezclado con la novela negra a este grupo de personajes en varios títulos.

     Y, en resumen, eso es lo que nos vamos a encontrar en "La sangre manda", un libro de relatos para todos los públicos en el que, lejos de buscar la homogeneidad habitual en estos libros, el autor parece haberse decantado por un "a gusto de cada lector". Es cierto que hay un relato beneficiado claramente y que se posiciona en la línea de los últimos tiempos del autor, pero yo he disfrutado mucho de la extravagancia de Chuck. Quizás por eso me ha gustado este último libro de King, me hace estar segura de que las opiniones sobre el favorito van a ser absolutamente dispares. Y si algo no soporto en un libro, es que provoque indiferencia.

     Y vosotros, ¿os gustan los relatos?

     Gracias.

jueves, 9 de julio de 2020

La ciudad del alma dormida. Félix G. Modroño


     "En aquellas Navidades de 1935 los comercios bilbaínos aún destilaban la luz y la alegría de siempre. Ignacio Segurola se subió el cuello de la gabardina y se ajustó bien el sombrero antes de abandonar la redacción del periódico Euzkadi en la calle Correo, muy transitada a pesar de la lluvia, sin saber que estaba a punto de enamorarse".
      Hará unos siete años que descubrí a este escritor con una novela íntimamente relacionada con la que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de La ciudad del alma dormida.

     Conocemos a Ignacio, un periodista que lucha por hacerse un nombre en Bilbao, el día en que sus ojos se posan sobre la librera Irene. Corre el año 1935 y entre ambos empieza una historia de amor en una ciudad que está a punto de cambiar. No serán solo los asesinatos, también la guerra pondrá a prueba la fortaleza de estos dos jóvenes y por extensión, de toda la sociedad vasca.

     Leer a Modroño no es solo conocer a sus personajes; es pasear por sus ciudades, reconocer sus ruidos y aspirar sus aromas. A lo largo de su carrera nos ha mostrado ya unas cuantas pero, de entre todas ellas, está claro que su favorita es Bilbao. No en vano va ya por el segundo título en el que la designa como "La ciudad...". Y es que la historia de Bilbao comenzó en La ciudad de los ojos grises y, si bien no estamos ante una saga en la que sea necesario leerlo todo y tampoco leerlo en orden, La ciudad del alma dormida nos pasea por las mismas calles pasados unos cuantos años. Esto hace que quien ya conozca "la ciudad" sonría cuando aparece Zumalde o si reconoce algún guiño de otro personaje ya leído que el autor exhibe mostrando que los universos de las ciudades están formados por las vivencias de quienes las habitan, sin que desaparecieran solo por haber terminado aquella novela. Pero avancemos.
     Viviremos en esta ocasión el romance entre Ignacio e Irene conociendo antes que los propios protagonistas que la guerra va a marcar sus vidas de algún modo. Y es que, si bien esta no es una novela sobre la guerra civil (gracias a Dios), si lo es sobre quienes vivieron esa época. Además hay que añadir que la protagonista es de Gernika, un lugar en el que cualquier lector sabe al menos por encima lo que sucedió. Tampoco es una novela negra, aunque haya asesinatos y una fotografía en la que tal vez aparezca un sospechoso. Ni siquiera por volver Zumalde o estallar una guerra que tal vez hubiera dejado caer en el olvido esa sangre derramada de no ser por una convicción moral o personal encuadraría yo esta libro dentro del género. Quizás diría que esta novela es ficción histórica, pero de esa salpicada de personajes reales y lugares comunes que hacen que el lector dude del lugar en el que se dibuja la línea que separa la realidad de la ficción. Un terreno en el que el autor suele moverse con soltura, igual que lo hace al dibujar sus personajes masculinos con un toque resabiado o femeninos inolvidables o al pasearnos por sus calles relatando cada esquina como si de ese modo pudiera dejar al lector asomarse a esa vida que pasa fugaz ante nuestra mirada.

     Poco os he contado en realidad sobre la trama, cuando podría deciros que caen bombas y lágrimas, que los enamorados van al teatro y que hay besos y melodrama, advertencias y sangre. Pero esa parte os la dejo a vosotros, que hay que disfrutar de las historias y esta merece la pena. Además, o mucho me equivoco, o la novela esconde una palabra que sacará más de una carcajada. Busquen, pero, sobre todo, lean.

     La ciudad del alma dormida es una novela con la que se disfruta incluso de las palabras. Algo cada vez menos usual.

     Los lectores viajamos leyendo y muchas veces conocemos lugares remotos o cercanos a los que no nos podemos desplazar, así que decidme, ¿cuál ha sido vuestro mejor viaje literario?

     Gracias.

     Decía Mik Everett "Si un escritor se enamora de ti, nunca podrás morir" y Modroño hace justo eso con Bilbao.

miércoles, 8 de julio de 2020

El inocente. Ian McEwan


     Ian McEwan es otro de mis imprescindibles. Uno de esos escritores a los que les permito todo y de los que me gusta tener algún título, aunque sea uno solo, sin leer. Como si eso fuera garantía de zona segura. Hoy traigo a mi estantería virtual, El inocente.

     Conocemos a Leonard, un inglés que va a trabajar a Berlín en el año 1955. Es técnico en comunicaciones y lo envían a trabajar en la llamada "Operación Oro". Este hombre, poco experimentado en general, no tarda en descubrir el verdadero valor de su misión: espiar las comunicaciones soviéticas. Por si eso fura poco, conoce a María, una alemana que tiene todo aquello de lo que él carece, y comienzan una relación.

     Siempre me han parecido fascinantes la Operación Gold y la Operación Silver. Pongámonos en antecedentes. En 1949 el Servicio Secreto Británico descubre que el cuartel general soviético utiliza las líneas de teléfono ordinarias para comunicarse con Moscú. En Viena. Así que compran un edificio cercano al hotel Imperial (por el que pasaban la línea utilizada), montan una sastrería como tapadera, y comienzan a obtener información. La operación termina debido al éxito inesperado de la sastrería y las consecuencias que esto provoca. El caso es que la CIA comienza a pensar si no sucederá lo mismo en Berlín, y así en 1954 ingenieros británicos y estadounidenses, comienzan a excavar un túnel de 450 metros de largo lleno de instalaciones de escucha que estuvo en funcionamiento hasta que un grupo de soldados soviéticos consiguió acceder a él muchos meses después.
     Bien, ahí es donde trabaja nuestro inexperimentado protagonista. El mismo que se deja seducir por María, por su experiencia y carácter, por la vida a sus espaldas, y comienza una relación amorosa que incluye celos y exmarido. McEwan consigue poner a un protagonista que parece insulso en un comienzo, en un lugar tan interesante y que no sea engullido por el momento. Nos tiene pendientes de Leonard, lo defendemos. Es curioso como uno empieza una novela de espías y acaba leyendo un lugar privado, asfixiante incluso. Y es que McEwan en este novela juega al despiste, a la sorpresa, un juego que hace ya libros que abandonó, pero que aquí se convierte en el motivo fundamental para continuar la lectura. Y si encontramos hábitos abandonados en este libro, hay que hablar del final, opuesto a esos finales abiertos que hoy nos regala. Hay, lo tengo claro hace tiempo, dos McEwan, y uno no es ni mejor ni peor que el otro, son simplemente diferentes, producto inicial e intermedio en la evolución del escritor. Y también hay una permanencia, la de sus personajes, esos que te atrapan y a los que perdonarías que te quitaran incluso la vida. De eso si que hay en El inocente. Y también hay un momento gore que me hizo sonreír. Me ha gustado. Lo disfruté tanto en sus formas como en su fondo. Por algo vuelvo a McEwan. Es zona segura, ya os lo decía.

     El inocente es un libro de espías que no es un libro de espías. Es una historia de amor pero tampoco lo es exactamente. El inocente es la historia de Leonard y María en un momento impresionante en un Berlín llamativo y con un final sorprendente. Lean, lean a McEwan.

     Y vosotros, ¿me decís algún autor que sea vuestra zona segura?

     Gracias.

lunes, 6 de julio de 2020

La guerra no tiene rostro de mujer. Svetlana Alexiévich


     "—Según los estudios históricos, ¿desde cuándo han formado parte las mujeres de ejércitos profesionales?       —Ya en el siglo IV a.C., en Atenas y Esparta, las mujeres participaron en las guerras griegas. En épocas posteriores, también formaron parte de las tropas de Alejandro Magno.       El historiador ruso Nikolái Karamzín escribió sobre nuestros antepasados: «En ciertas ocasiones, las eslavas se unían valientemente a sus padres y esposos durante las guerras. Por ejemplo, durante el asedio de Constantinopla en el año 626, los griegos descubrieron muchos cadáveres de mujeres entre los eslavos caídos en combate. Además, una madre, al educar a sus hijos, siempre les preparaba para que fueran guerreros».

     No sé si a vosotros os pasa pero a mi hay nombres que me intimidan porque cuando llego a sus letras tengo la sensación de que todo el mundo los ha leído y juzgado como una obra maestra y tengo miedo de no estar a la altura. Hoy traigo a mi estantería virtual, La guerra no tiene rostro de mujer.

     Hablar de guerra puede ser complicado, depende todo de la forma elegida. Hay libros de amores que sobreviven, de luchadores convertidos en héroes anónimos y otros que tratan las mayores tragedias. En este caso Alexiévich se ha decantado por el testimonio. No diría yo que es una novela testimonial, ya que es en realidad una recopilación de vivencias de mujeres que lucharon de forma activa en la IIGM, en este caso, con el Ejército Rojo. Más de un millón de soldados desconocidas que tienen voz gracias a la pluma de esta mujer.
     Más cerca del reportaje periodístico que de otra cosa, los testimonios recogidos en el libro destacan por la extrema crudeza y realismo con el que son representados y también, como sensación permanente, la de no permitir al lector que se horrorice por leer algo que quienes lo cuentan, lo han vivido. A fin de cuentas, ¿quién es el lector para asustarse de una guerra o un aborto cuando es relatado por quien ha vivido un infierno que aún llena sus noches de pesadillas?
     Pero lo terrible, lo realmente terrible de estos testimonios, no es el horror en la batalla sino los terrores privados, las muertes íntimas, las luchas por un trozo de comida. Este año se hizo famosa una frase de una película, "Parasite", que decía "olor a pobre". Yo del libro de Alexiévich me quedo con otra:
Hacíamos cola para olerla, decían que olía a casa. 

     Niñas terribles con almas rotas que, en su inmensa mayoría, no llegaron nunca a ser reconocidas como lo que fueron, ni siquiera recordadas en la ficción en muchos casos. Mujeres cuyos actos, los buenos y los malos, son expuestos sin endulzar para recordar al lector no solo que esas mujeres existieron, sino que las guerras suenan y porque lo que se oye son las almas al romperse.

     La guerra no tiene rostro de mujer es un libro duro cuya lectura merece la pena incluso contando con las cicatrices que nos deja.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 29 de junio de 2020

Las brujas. Celso Castro


     "y a veces, y también quiero que lo sepas, a veces te juro que te odio, porque me utilizas, es lo que siento. y me desagrada que me utilices, que necesites mi voz, oírme hablar y hablar y hablar hasta dormirte, hasta que tu angustia se calme, hasta comprender que tampoco es para tanto —no, no es para tanto…— me decía el psicólogo, lo decía para —relativizar— y yo le hablaba de mis visiones y que algunas se repetían. y él —es lo que se denominan sueños recurrentes…— y no eran sueños, eran visiones".

     Hace ya varios años que descubrí a Celso Castro y su peculiar prosa, desde entonces he regresado a sus letras de forma sistemática. Hoy traigo a mi estantería virtual, las brujas.

    El narrador de esta novela se irá desnudando como un joven cuyo padre lo lleva a ser amamantado por una mujer que será la madre de la joven a la que ama o tal vez no, Lorena, y que luego lo abandona. Un padre que deja a este joven maltratado salir a la vida incapaz, o eso cree, de amar. Y un amor, porque todos los libros tratan de amor,

     Cuando uno llega por primera vez a una novela de Celso Castro, no sabe que la historia da igual, que la trama da igual, que poco importa lo que suceda más allá del narrador. Porque sus novelas, y esta no es diferente, están protagonizadas por sus narradores, esos que hablan mentalmente para nosotros desnudándose a media voz. Porque si vivimos en un mundo apresurado y cibernético en el que usar mayúsculas es chillar, Castro ha desterrado de sus historias las prisas y las voces altas para dejarnos con su peculiar estilo un tono que se acerca más a la poesía que a la prosa convencional. Sin embargo no debemos de dejarnos engañar por esa aparente levedad de sus letras, no pensemos que lo hermoso es tenue o etéreo porque nunca lo es. De hecho, hasta en los cuentos de hadas habitaban villanos. La novela de Castro es una lenta confesión, de purga quizás, salpicada de ironía en la que este narrador sin nombre parece buscar en su pasado la forma de sobrevivir al presente. Un presente gallego, un presente con brujas, "que haberlas haylas" y con visiones y también con una voz que nos va embaucando en un juego del que Castro nos advierte poco a poco, siendo este el mayor acierto de la novela. Y es que, cuando alguien te cuenta su historia, es fácil caer en ella, dejarse llevar.
     Esta introspección detallada que es casi una confesión de diván en la que el recorrido inverso parece buscar aquello que ha convertido al narrador en quien es hoy, o quizás incluso repararlo, va mostrando en su voz un cierto desequilibrio, un desapego que se mezcla con esa lástima hacia el desamparado que nos ha conseguido ir sacando letra a letra, quizás amparado en no habernos dado ni tan siquiera su nombre. Castro convierte al lector en un ser permeable a lo que el narrador relata, un jugador que no sabe si el protagonista se dirige a él porque lo necesita o simplemente porque no quiere hablar al vacío. Y esta frase, por críptica que parezca, me hizo sonreír durante mi lectura pensando en Lorena.
     Decía antes que la trama no parece importar y yo no voy a revelarla, ya que es misión del lector descubrir a las brujas de la novela que no quedan ocultas en absoluto, como tampoco lo hacen ciertas pasiones culturales que salpican la novela. Y es que me suele dar rabia ver que cuando se trata de este escritor mucha gente parece pararse en las formas más que en el fondo. Unas formas que ya no sorprenden sino que marcan un sello propio al que en su día no estábamos acostumbrados a no ser que leyéramos poemas. Y unos libros que parecen decirnos, como llevan haciendo siglos los poetas, que todos estamos un poco rotos.

     Leer Las brujas ha sido un placer.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 26 de junio de 2020

El mal de Corcira. Lorenzo Silva


     "Suele suceder así: cuando menos te lo esperas, cuando mayor es tu confianza, mientras son otras las preocupaciones que te absorben. Es ahí donde nos aguarda, sin piedad, el heraldo oscuro que sabemos que anda siempre al acecho y del que preferimos no hacer mucha cuenta, dándole así el privilegio de sorprendernos y desarbolarnos. Sin previo aviso llega y dice nuestro nombre. Y sólo entonces recordamos que no somos más que hojas que el viento levanta, sostiene en el aire y al final del vuelo, largo o corto, alto o bajo, devuelve sin más a la tierra".
     Las sagas con como las telenovelas; protestamos pero ahí estamos diligentemente para continuar con la historia. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El mal de Corcira.

     Bevilacqua se enfrenta a la muerte de un hombre que le llevará a su infierno particular. En esta ocasión el presente le conectará con un momento de su pasado que le ha marcado, su estancia en el País Vasco a finales de los años 80, con ETA totalmente activa, y su salida de allí.

     25 años han pasado desde que Silva nos presentara a Bevilacqua. Una visita que se volvió regular y llegaba a las librerías con una periodicidad bianual en la que el autor mezclaba casos, vidas privadas cada vez más abiertas a medida que entraba Chamorro en escena, y un pulso social que, tal y como comentó el autor en más de una ocasión, bebía de las noticias. Y los lectores sabíamos que Rubén, que así se llama Bevilacqua, había estado en el norte, pero no nos habían explicado mucho más. Y ahora ha sido el turno de bucear en su pasado.

     Para no saltarme nada diré que la trama negra de la novela es correcta, con un final que se resuelve a última hora, aunque a mi me gustaría que no apurase tanto y diera un poco más de carrete a la historia. Pero ya somos viejos conocidos y sabemos nuestros vicios, virtudes y defectos. Y nos encontramos periódicamente como viejos conocidos.
Es muy difícil comentar un libro de una saga tan larga sin caer en la tentación de desvelar algo que uno no debe, por eso voy a centrarme más en el protagonista y lo que el autor ha dibujado en él en esta su entrega más extensa. Silva, que alguna vez ha coqueteado con los recuerdos, se ha sumergido totalmente en un hilo doble para mezclar pasado y presente y otorgar la perspectiva de la madurez a lo vivido por su protagonista cuando aún era un novato. Y es que, si los GC de Silva han estado en todas partes, ETA era un tema que había esquivado. Ahora parece decirnos que más que esquivar el tema ha guardado silencio sobre él, como tantas otras personas que lo vivieron de cerca en su día. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido, y muchas veces hay que enfrentarse a lo que no se dice. Y eso es lo que le sucede a Rubén a partir del caso que tiene entre manos. Descubrimos así y desde esa voz que se acerca a la crónica social más que a la denuncia, como el joven se vio desbordado por la vida y salió del País Vasco llevándose consigo la sensación de haber dejado en la estacada a mucha gente. Aprovecha el autor para hablar de los cambios que se fueron produciendo en ese momento y llega hasta la desarticulación de la banda armada dentro y fuera de las fronteras, y no solo del País Vasco, también habla del punto de inflexión con la frontera francesa. Esto dimensiona a su protagonista, ya conocido de sobra por sus lectores habituales, más si cabe, porque parece mostrarnos una de esas cicatrices que no curan porque no se exponen y que cierran una herida que sigue doliendo con el roce independientemente del tiempo.
      Es cierto que muchos pueden pensar que el tema ETA está de moda y que quizás por eso es por lo que el autor ha decidido utilizarlo en este momento, pero también lo es que no importa el motivo y que ya en sus inicios se nos había insinuado que algo había y que el autor dice que hay temas que es mejor escribirlos desde la distancia que otorga el tiempo para poder enfrentarlos de cara. Y esa referencia al tiempo, a la mirada al pasado, a lo sucedido, a la historia, ya la deja clara incluso en el título.

     El mal de Corcira es una novela que se puede leer de forma individual o como continuación a una de las sagas más extensas de la novela negra dentro de nuestras fronteras. Un libro en el que retoma el tono de hace unas cuantas entregas y que yo, personalmente, había echado de menos.Echadle un ojo, este es el libro de Bevilacqua (quien lo ha leído, me entiende).

     Y vosotros, ¿sois de sagas?

     Gracias.

miércoles, 24 de junio de 2020

Cartas a un joven novelista. Mario Vargas Llosa


     "Éste no es un manual para aprender a escribir, algo que los verdaderos escritores aprenden por sí mismos. Es un ensayo sobre la manera como nacen y se escriben las novelas, según mi experiencia personal, que no tiene por qué ser idéntica ni siquiera parecida a la de otros novelistas".
     Los libros sobre literatura forman un género en sí mismos. Parece una tentación irresistible para cualquier escritor que se precie contarnos lo que lee, como escribe y también quiénes fueron sus maestros. Y la tentación es recogida por los lectores e incluso por otros escritores. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cartas a un joven novelista. 

     Si En la verdad de las mentiras, Mario Vargas Llosa hacía un repaso sobre su propio canon literario del siglo, aquí se dirige a una suerte de corresponsal o receptor imaginario para hablarle de literatura, escribir, crear y sentimientos. A caballo entre un sencillo ensayo y una novela epistolar, Mario Vargas Llosa da teoría literaria a la vez que establece una serie de referentes que son imposibles de obviar para un lector que se sentirá irremediablemente atraído por la idea de seguir la lista de lecturas propuestas por el autor. Para él, el novelista no solo es feliz escribiendo, sino que su labor va mucho más allá cuando le deja a un mundo incompleto las fantasías que, de haberlo completado, le hubieran otorgado un status superior. Nos habla también de la importancia de las palabras y yo recordaba al leerlo eso que se dice sobre la existencia de las cosas en la medida en la que se les pone nombre. Vargas Llosa va un punto más allá otorgando al conjunto lingüistico la importancia de un mundo completo, y se entiende cuando el autor se dedica precisamente a completar mundos mediante el uso de las palabras. Mundos que, aunque para nosotros ya existan cuando se refieren a personajes que se han entrelazado con la realidad hasta tal punto que ya nos tenemos asumidos, son una ficción. A quién no le sucede que no concibe el mundo sin el Quijote cuando en realidad el mundo se concibió precisamente, sin él. Por lo tanto, yo concluía esta parte preguntándome cómo se concibe el mundo sin escritores.

      Decía antes que los lectores nos sentimos atraídos por este tipo de preguntas que nos cuentan cuáles fueron las inquietudes de nuestros escritores favoritos, sus comienzos y sus márgenes, pero lo mismo les puede suceder a otros escritores. Y es que, como dice el propio Vargas Llosa, a él mismo le hubiera gustado poder escribir a alguno de los escritores que admiraba cuando estaba comenzando para haberle preguntado sus dudas, haber seguido su camino en un intento de encontrar el propio. Y así avanzamos con ideas que, compartidas o no, otorgan una visión más ámplia del mundo literario, por capítulos dedicados a responder distintas preguntas tan importantes como genéricas. Él se reconoce como un rebelde del mundo y quizás por eso reconoce cada pedazo propio vertido en sus libros y es que no hay libro que no beba de la vida de su autor y quizás por eso sea vital vivir en ese mundo imperfecto ante el que se imponen mediante la ficción. La importancia de la coherencia, del estilo, el espacio, las lecturas que lleve a sus espaldas el propio escritor... nada escapa a las preguntas imaginadas y tampoco a las respuestas vertidas en este librito corto más que necesario, interesante.

     Cartas a un joven novelista es un libro más que recomendable sobre el oficio de escribir, pero también sobre el interior de quien lo hace.

     Y vosotros, ¿sois lectores de libros intraliterarios?

     Gracias.

lunes, 22 de junio de 2020

El club de lectura del final de tu vida. Will Schwalbe


     "Mi hermana, mi hermano y yo disfrutamos de conversaciones y momento extraordinarios con mi madre a lo largo de toda su vida, y también durante sus últimos años. Mi padre pasó con ella más tiempo que nadie -en el transcurso de décadas de matrimonio y al final-, y tanto su manera de cuidarla como el amor que se profesaban nos sirvieron de inspiración a todos nosotros." 

      Durante este confinamiento he aprovechado a releer. No todo ha sido nuevo ni todo ha sido digital, y es porque disfruto de las relecturas. Hoy traigo a mi estantería virtual una de esas relecturas, se trata de El club de lectura del final de tu vida. 

      Mary Anne, la madre del propio Will, regresa de un viaje con lo que parece una hepatitis. Sin embargo no tardará en descubrir que se trata de un cáncer de páncreas, además ya bastante avanzado. Durante sus dos últimos años la acompañaremos junto a su familia y, sobre todo, descubriremos las lecturas que hace junto a su hijo y como las utilizan como vía de comunicación para lo que no saben expresar con sus propias palabras.

      Me suele costar acercarme a este tipo de libros por miedo a encontrarme sentimentalismo fácil, pero al final todo me empujaba a ello. Y me lo leí sabiendo que era un homenaje del autor a su madre en un libro que recordaba esas conversaciones en una sala de espera que comienzan para aligerar el tiempo y terminan siendo una parte casi vital en la relación. Lo primero que me encontré es que ya de entrada descubre a la enfermedad de ese halo de dramatismo tan habitual. No busca la lágrima del lector sino que nos cuenta una historia cuyo final ya conocemos de antemano para poder entrar de lleno en la verdadera historia: la de los libros. Libros leídos, libros compartidos, libros comentados... todos ellos. Convierte de este modo el libro en un homenaje también para los lectores que verán los títulos y las sensaciones que provocaron durante su lectura. De hecho, los capítulos comienzan con el título de un libro.

      Nos acerca así temas como el ateísmo, el valor o la calidad humana mezclados entre títulos ya leídos y otros que nos apresuraremos a apuntar. Larsson, Bolaño, Tolkien, Wallace, todos ellos desfilan por este club de lectores que disfrutan con los libros al que bien puedo pertenecer yo y, a buen seguro muchos de vosotros. A fin de cuentas quien no ha preguntado eso de "¿qué estás leyendo?".

     Es un libro sencillo, de esos que van calando hondo y que contagian esa admiración que siente un hijo por su madre y la pasión que ambos sienten por la literatura. Un libro que nos demuestra que hay historias hermosas en los lugares menos esperados. Historias que nos hacen pensar y nos acompañan durante mucho tiempo. Justo como esta.
     Como comenzaba diciendo los libros que tocan estas temáticas me cuestan, los miro con recelo, casi temor a la forma en que los traten. En este caso me encontré una historia cercana contada por un hijo que añora a su madre y que comparte con un amigo esa relación especial que todos tenemos con nuestras madres. Y lo hace a través de las letras.

      Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 17 de junio de 2020

Aventuras de un cadáver. R. L. Stevenson


     "Lo que lleva a la gente a la horca es la desgraciada circunstancia de la culpabilidad".

     Leer un clásico es como un bálsamo para el lector que necesita ser aplicado de vez en cuando. Lejos de identificarse con libros antiguos o pasados de moda, con libros obligatorios de estudiantes o aburridos de adultos, los clásicos con compañeros fieles de cualquier lector. Otra cosa sería discutir qué es un clásico. Hoy traigo a mi estantería virtual, Retrato de un cadáver.

    Empezaré explicando lo que es una tontina, y es que la novela parte del tramo final de esta curiosa asociación. Una tontina es una suerte de acuerdo por el cual un grupo de personas depositan un dinero en una cuenta conjunta de tal modo que, cuando solo quede uno de los participantes, será quien se quede con todo el dinero. Bien. Pues cuando comienza la historia, quedan vivos dos participantes. Y eran más de treinta, así que no es fácil.
Ahora que ya os tengo situados, que ya sabemos el punto de partida, os diré que, como es normal, los participantes ya no son amigos, todos quieren el dinero y, teniendo en cuenta la edad de los dos viejos, son los herederos los que muestran un interés mayor en cobrar. Aunque ello signifique que la máxima "aquí no se ha muerto nadie" sea tan importante como respirar, y nunca mejor dicho.
Y ahora, y quien quiera me ha entendido, os diré que en este libro hay un cadáver, pero no es una novela negra, aunque a veces parezca que parodia algunas cosas. El realidad estamos ante una sátira divertidísma con cadáver incluido en la que el autor critica a todos y por todo sin tener demasiada piedad, construyendo una suerte de comedia de enredo con el pobre Joseph de paseo.
     Tiene un regusto a clásico, a viejas pelis en blanco y negro con las que uno pasaba el domingo entre risas, a "Arsénico por compasión" pese a no tener nada que ver, y eso lo convierte en un libro muy disfrutable. Los personajes son de respuesta rápida y dardos constantes, las situaciones que se plantean dignas de la mejor comedia y la crítica que se desprende es corrosiva. Con estos elementos, es difícil resistirse a recomendar con entusiasmo una novela que desconocía hasta hace apenas unas semanas.

     Aventuras de un cadáver es una novela corta y francamente divertida con la que el lector disfruta desde la primera página y que aporta risas y diversión. Y en esto de la literatura, y ya lo he dicho varias veces, es más difícil hacer reír que llorar. Lean a Stevenson más allá de donde conocen a Stevenson.

     Y vosotros, ¿qué libro os provocó la risa?

     Gracias.

lunes, 15 de junio de 2020

El enigma de la habitación 622. Joël Dicker


     "A principios de verano de 2018, cuando acudí al Palace de Verbier, un prestigioso hotel de los Alpes suizos, estaba lejos de imaginar que me iba a pasar las vacaciones resolviendo el crimen que se había cometido en el establecimiento muchos años antes".
     Hay escritores que convierten la publicación de sus libros en un acontecimiento. Uno de ellos es Joël Dicker, cuyos libros se venden por miles, y por eso una que es una lectora curiosa, no puede evitar acercarse a él. Hoy traigo a mi estantería virtual, El enigma de la habitación  622.

     Conocemos a el Escritor (que no es otro que el propio Dicker) cuando planea escribir una novela homenajeando a su difunto editor Bernard de Fallois (el editor del propio Dicker) cuando conoce a una vecina de la que se enamora y que no tarda en romper su relación con él. Opta entonces por irse unos días sin saber que así conocerá a Scarlett, vecina de habitación en el Palace de Verbier y compañera improvisada para descubrir el enigma de la habitación 622 del hotel. Un lugar que ahora no existe en un intento de olvidar que en ella se cometió un asesinato.

     Si tenemos un libro protagonizado por un escritor que quiere escribir una historia y se ve sumergido en el misterio de un asesinato, eso significa que el autor es Dicker. Es su fórmula y parece que le va mejor que bien así que, ¿por qué cambiar? Así que en esta última novela, ha decidido dejarse engullir por la metaliteratura, o dejar de fingir que no se veía como el protagonista de sus libros cuando los estaba creando vaya usted a saber, y se ha convertido en el Escritor al que llaman Joël y hablan de su éxito y fama y ventas a lo largo de la novela para darnos una clara pista de quién es. Por lo demás la novela se articula en torno a un misterio, el de la habitación 622, que queda salpicado de anécdotas, a veces cotilleos, sobre todo en el hilo temporal en el que sucedieron los hechos que marcaron dicha habitación. Y mezclado con ellos, el juego metaliterario que sirve de enganche al lector que no sienta que el misterio es suficiente.
     Nos regala así una novela simple y entretenida que hace que pasar páginas sea algo casi natural, un page turner de esos que dicen ahora que uno se sienta a leer y para cuando se quiere dar cuenta, ya se lo ha terminado. Como una hamburguesa fast food. Y exactamente con la misma calidad y sabor si hablamos de literatura. Porque, independientemente de que use un formulismo que empieza a ser repetido, la novela es simplona y me he reído un par de veces entre chatitas y gatitos que se decían entre un par de personajes.Mi sensación general ha sido la de estar ante un incesante parloteo, como el de esas personas que para contarte que alguien les ha dado saludos para tí necesitan explicarte la vida de la persona que dio nombre a la calle en la que se vieron y toda la relación familiar, y de cama, de los dos (a estas alturas ya le interesa tanto a quién se encontró como el nombre que lleva la calle).

     El enigma de la habitación 622 es una novela entretenida, aunque menos original de lo que pretende. A partir de ahí cada valoración es subjetiva y la mía no es demasiado positiva, para qué decir lo contrario. Y eso que en este caso el enigma no es solo el asesino, también lo es la identidad del cadáver. Pero...

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.