viernes, 8 de noviembre de 2019

Feliz Día de las Librerías


     Y gracias por todo un año de buenas recomendaciones cuando vamos a comprar.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

La batalla de occidente. Éric Vuillard


     "En el principio hubo un gusto común. Una élite refinada y orgullosa. Los nietos de la reina Victoria ocupaban los tronos de Inglaterra y Alemania, un mismo trasero había plantado sus nalgas en dos sillas. Todas las coronas de Europa poseían ancestros que habían dormido en las mismas sábanas. La consanguinidad reinaba sobre una rígida moral a lo largo y ancho de un continente. El káiser era coronel de dragones del ejército británico, y su primo Jorge V lo era de la guardia prusiana. Todo iba a las mil maravillas. Costaba distinguir a los primeros ministros, a los reyes, a los presidentes. La autoridad llevaba más o menos en todas partes el mismo aspecto barbudo, todos los hombres lucían en el cuello una bonita carúncula de pavo".    

     Desde que leí La orden del día llevo esperando más de Vuillard. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La batalla de occidente.

     Este libro trata de la Primera Guerra Mundial.

     Y ahora es cuando os explico por qué hay que leer a Vuillard. Pero empecemos por lo que no es este libro: no es una novela histórica ambientada en la Primera Guerra Mundial en la que una familia las pasa canutas para sobrevivir mientras van viendo la muerte y sufriendo las penurias de la guerra. No, no lo es. Y tampoco es un ensayo en el que un señor, que yo siempre imagino con bigote, nos fríe a datos exactos cual crónica y densas explicaciones sobre cada minuto de la guerra. No. Pero es que estamos ante un libro de Vuillard, que consiguió en su anterior trabajo hablar de la Segunda Guerra Mundial a través de acuerdos y despachos que escapaban al conocimiento del mejor lector del tema. Así que mi pregunta era, ¿qué habrá hecho aquí?

     Pues aquí Vuillard con ese tono que oscila entre catedrático lustroso y vieja resabiada nos cuenta cómo comienza la Primera Guerra Mundial. Avanza en ella, claro, pero es que el principio del libro es magistral. Coge Vuillard trece momentos para explicarnos una guerra que ha resultado mucho menos mediática que su predecesora y nos deja frases fantásticas entre datos sobre las primeras escuelas militares, los chicos que aprenden a luchar pero no a mandar y lo que hicieron los franceses cuando se vieron atacados.

     "En Vitry-le-François, en el Marne, el cuartel general oye de súbito retumbar un cañón. Es el dios alemán del trueno, Odín o Thor, no se sabe muy bien, pero arma muchísimo ruido".

     Y así como en el ejemplo un rato antes de que entrasen los ejércitos alemanes a galope tendido tras una discusión sobre la dirección por la que llegarían, queda una muestra de esa suerte de erudición comentada con un deje de retranca que viene siendo la marca del autor en este tipo de novelas. Además él insiste, la guerra es una maquinaria imparable, una fuente de recursos y un lugar de destrucción, no es una partida de ajedrez tampoco y siempre hay errores. Uno tras otro.
     Para Vuillard el día más mortífero de todos los tiempos fue el 22 de agosto de 1914 y, aunque reconozco que posiblemente tenga razón tras haber leído ese momento en el que el triste corneta da un último sonido después de recibir ni se sabe cuántos balazos, a mi la escena que me ha quedado en la memoria y casi visual, es la de la dama de compañía que llega por boda a la realeza y no solo no es aceptada, sino que termina sus días con un balazo en el abdomen. Y es que el libro está lleno de momentos y de nombres cual novela colmena, solo que sin cambiar de narrador. Eso hace que el lector descubra mil y un datos y momentos seguro desconocidos y lo haga en un tono lúdico, casi de serial en el que nos vamos interesando por lo que sucede con aquella gente que no se duda en describir como amargada si su gesto lo representa. La cara opuesta, que siempre la hay, es la necesidad de tener al menos unas nociones básicas de historia para no sentirse abrumado ante tanto dato y tanto nombre que nos pueden quedar un tanto desmadejados.

     "Con todo, imaginemos tan sólo durante cuarenta y tres segundos los veintisiete mil muertos del 22 de agosto de 1914, jornada que fue, en su momento, la más mortífera de la Historia".

     Y tras afirmaciones como esta, como si Vuillard fuera capaz de leer la mente del lector, le dice que no es posible escribir sobre la guerra y que sea una bonita historia. Por eso la parte bonita, la de los jóvenes el la hierba que buscan a una chica a la que robar un beso, se produce antes de la guerra incluyo aunque ya hubiera sospecha. Porque con la guerra, incluso tras la guerra, "se hace con unas ortigas sopa, con fuego un teatro, con nieve Dios.
     Es todo lo que puede hacerse".

     Solo me queda recomendaros leer a Éric Vuillard, simplemente para que comprobéis que uno puede enamorarse de la palabra escrita. Ese es el motivo de que hoy haya puesto tanto fragmento, a veces lo mejor es dejar que el escritor mismo demuestre lo bien que lo hace.

     Y vosotros, ¿hay algún escritor que os guste particularmente como escribe?

     Gracias.

lunes, 4 de noviembre de 2019

La cara norte del corazón. Dolores Redondo


     "Cuando Amaia Salazar tenía doce años estuvo perdida en el bosque durante dieciséis horas. Era de madrugada cuando la encontraron a treinta kilómetros al norte del lugar donde se había despistado de la senda. Desvanecida bajo la intensa lluvia, la ropa ennegrecida y chamuscada como la de una bruja medieval rescatada de una hoguera y, en contraste, la piel blanca, limpia y helada como si acabase de surgir del hielo".

     Dolores Redondo es uno de los fenómenos editoriales recientes de nuestro país. Ha traspasado fronteras y su éxito es tan aplaudido como criticado, pero ahí sigue desafiando los primeros puestos en las listas de ventas. Hoy traigo a mi estantería virtual, La cara norte del corazón.

     Conocemos a Amaia Salazar, aún no sabemos lo que es un basajaun ni hemos intentado probar un txantxiorri porque estamos en 2005. Amaia asiste a un curso impartido por Dupree en la Academia del FBI y una de las pruebas del curso es analizar un caso. Es entonces cuando Amaia destaca por sus deducciones y es fichada para ayudar en el caso de unos asesinatos relacionados con desastres naturales. Allí donde hay un gran desastre, una familia aparece asesinada y en medio del caos se alza una puesta en escena ritual. Ahora se espera una gran tormenta sobre Nueva Orleans así que el equipo se dirige allí con la esperanza de capturar al asesino. Una vez en Nueva Orleans se enfrentarán al Katrina y a viejas creencias que esconden cuentas pendientes del propio Dupree y que hablan de niñas desaparecidas.

     Sucede con esto de las precuelas algo curioso: uno da por sentado que van antes y que, por lo tanto, conviene leerlos antes que los libros que en teoría van después en la linea temporal. Sin embargo, y como suele suceder con precuelas que aparecen más tarde, es mejor una lectura en orden de publicación, ya que los escritores tienen por costumbre atar en sus libros cada frase y dar por sabidas algunas cosas que no siempre han de ser así. Incluso algunos se permiten juegos de manos. De hecho, y sin desvelar el truco, yo apostaría a que Redondo hace justo eso con un personaje que aparece un par de veces en esta novela y al que se le da una importancia superior al número de páginas que ocupa. Pero la cosa es, que no quiero despistarme, que en su nueva novela Redondo recuerda el pasado de Amaia y, si bien lo hace con la intensidad de la juventud de la protagonista en este título, hay partes que comprenderemos mejor si hemos seguido el orden de la publicación sin que ello signifique que un lector virgen se pierda en la trama.

     Amaia está en Estados Unidos y destaca por su inteligencia e intuición. Una vez presentado el caso, la novela se abre en tres vertientes: la resolución del caso, los recuerdos de Amaia y las cuentas pendientes de Dupree. Y aquí es importante hacer la distinción porque en un principio poco o nada tienen que ver estos tres hilos excepto su convergencia en la peculiar manera de ser de la inspectora Salazar. El caso del "compositor", un asesino de familias que se ampara en desastres naturales, sigue los cauces de una novela habitual, incluidos un par de giros y un final de esos que ahora se dicen trepidantes. La infancia de Amaia habla de un momento en el que se pierde, de una niña extraña y de esos líos familiares que tan bien conocemos los lectores de Redondo. Y Dupree se queda con la parte más complicada de explicar, ya que mezcla lo sobrenatural con el crimen hablando de niñas desaparecidas, zombificaciones y supervivientes imposibles. Y es que, si algo caracteriza el último libro de Redondo, es la mezcla entre los posible y aquello que no lo es, la creencia, la magia llevada al extremo en el que se nos quiere hacer ver como real y las infinitas posibilidades que eso ofrece para una trama que no teme perder pie siempre que logre su objetivo de entretener al lector. La novela es, ya os lo digo yo, excesiva: si hay una muerte es exagerada; si es un huracán el Katrina; si hay un rescate es sin alma y si hablamos de enfermedades, la única normal es la cistitis. Y si alguien viaja... bueno, si alguien viaja digamos que lleva el billete tatuado porque no os quiero dejar sin sorpresas. No me pongáis cara de susto que seguro que muchos sois lectores de Connolly, ya me entendéis.
      Pero estamos con La cara norte del corazón, y aquí se trata de literatura de entretenimiento puro y duro sin que eso le quite mérito al escribirlo. Como decía antes, quienes hayan leído ya la trilogía tendrán el placer de jugar a eso de "¿quién fue antes, el huevo o la gallina?" o lo que es lo mismo buscar las pistas de lo ya conocido en el orden temporal inverso. Redondo ha optado por una novela pensada para divertir, para recordarnos que los libros no son solo esa gran fuente de sabiduría, sino también un producto de consumo sin que ello signifique que haya que menospreciarlo. A fin de cuentas, no todos vemos los documentales de la dos cada vez que encendemos el televisor. Y, si bien es cierto que recurre a un formulismo que ya sabe le funciona, y que la ambientación en Nueva Orleans es solo por cambiar de mitos ya que podría perfectamente haberse quedado en Baztán para la historia que nos relata, el libro está mejor escrito y ella ha sido fiel al carácter que ya diera a sus personajes o, lo que es lo mismo, Salazar sigue teniendo la empatía de una piedra. Ojo, que hay mucha gente así.

     La cara norte del corazón dicen que es el lugar más desolado, tal vez por eso esta novela está llena de corazones y la mayor parte estén defectuosos, pero la novela, no me cabe duda, es un libro perfecto para quienes buscan la pura evasión. Y aunque yo tenga mis más y mis menos, tengo que reconocer que en la literatura el entretenimiento está infravalorado. Menos por los lectores, que a fin de cuentas son los que mandan.
     Salazar volverá, no me cabe duda. Y espero que lo haga para responderme a un par de cosas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 28 de octubre de 2019

Mary Ventura y el noveno reino. Sylvia Plath


    «Pero ¿qué es el noveno reino?», le pregunta a una mujer de ojos azules y piel arrugada. «Es el reino de la negación, de la voluntad congelada -responde-. No hay retorno posible.»

     Sylvia Plath es una de esas escritoras que hay que leer. No solo por recomendación, también por ser un nombre indispensable de la literatura, una visión reflexiva de su vida en cada palabra. Hoy traigo a mi estantería virtual, Mary Ventura y el noveno reino.

     Mary Ventura se despide de sus padres antes de subir a un tren. Le han sacado un billete y ella hará el viaje sola a un lugar llamado el Noveno Reino. No sabe dónde es y el viaje lo hace acompañado de una mujer que va mostrándole la incertidumbre de su destino y la posibilidad de un camino.

     Leer a Sylvia Plath es bucear entre sus palabras para interpretar sus historias. Eso es aún más necesario cuando estamos ante un cuento, y así sucede con Mary Ventura. Ella es una joven, muy joven, que es acompañada por sus padres a iniciar un viaje sola. Ahí nos da la primera pista, se va sola, todos lo hacen en algún momento, es un viaje sin retorno... Mary tiene miedo, busca una guía en ese viaje que resulta ser una mujer. En el tren hay gente de distintas edades, todos viajan sin retorno, pero solo Mary parece despertar a lo consciente. Y  Plath nos deja interpretar...

      Más allá de una edición preciosa con unas ilustraciones muy personales, este cuentito será diferente para cada uno. Yo veo en él una historia de miedo en la que una joven abandona la infancia para comenzar la vida adulta. Una vida menos cálida porque se pierde ese refugio eterno que parecían los brazos de los padres. Una joven que teme lo que le queda por venir, el comenzar a caminar sola y que busca una guía, incluso un escape. Y lo encuentra, porque siempre hay una persona a nuestro lado, pero aún sabiendo eso hay que ser valientes. Por eso el tren tiene a gentes de todas las edades: hay quien es obligado a madurar joven, incluso siendo un niño, porque la vida es dura. Otros en cambio pueden pasarse la vida en eso que llaman ser un Peter Pan. Pero, tarde o temprano, todos recorren el camino.

     Mary Ventura es un cuento amable, reflexivo, sobre la propia vida. La de Plath y también la de cada uno. Quizás por eso cada cual interpreta su propio Noveno Reino. Quizás por eso siempre es un placer leer a Sylvia Plath.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo. A. G. Porta


     "- Obviamente, es sobre Vila-Matas.
     - ¿El qué?
     - Lo que te cuento.
     - ¿La historia de la agente?
     - Sí. Me llamo Vila-Matas, le he dicho, como todo el mundo".

     Llevo décadas leyendo cada palabra que brota de la pluma de Vila-Matas. De hecho hace apenas nada le preguntaba a un amigo escritor sobre las figuras literarias (vivas, muertas no tiene gracia) que le gustaría conocer y tratar, ese típico "a quién admiras tanto que...", y lo hacía mientras esperaba que no me preguntase para no tener que repetir mi admiración por el ya nombrado escritor. Poco después a salvo de preguntas me sumergía en el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo.

     En el año 2014 le cuenta Vila-Matas a Porta (autor del libro) que ha sido invitado a participar como actor en una obra de Broadway. Sin embargo, el proyecto no llega a nada porque la persona encargada de llevar a cabo este proyecto, Allison, ha desaparecido sin que Vila Matas o su amigo Eduardo Lago hayan podido dar con ella. Este diálogo a ratos delirante en el Vila-Matas y Porta fantasean ficcionando la realidad con esa metaliteratura que tanto gusta al famoso escritor, es lo que Porta transcribe en este libro de unas setenta páginas.

     Je m’appelle Erik Satie, comme tout le monde.

     No podía empezar de otro modo un libro en el que Vila-Matas no es escritor pero si protagonista y que trata se su obra pero no lo es que con una cita puesta en su boca que es a su vez conocida por haberla dicho otra persona. Y es que, si hace unos años Vila-Matas titulaba uno de sus relatos Me dicen que diga quién soy, ahora es Porta el encargado de darle réplica al menos con el nombre, aunque cuando se trata de Vila-Matas nada es tan sencillo, y eso lo sabemos. Estamos acostumbrados a ese narrador que le caracteriza y que es capaz de escudriñar sin piedad a un heredero literario, aparecer comentando el prólogo de una conferencia, la propia conferencia, o autocomentarse los artículos como si su narrador, por supuesto escritor, fuera una persona ajena a quien los escribió.
Y si este es Vila-Matas, el eterno buscador literario que bucea en cada término dando vueltas en u bucle infinito sobre los límites de la literatura y la palabra, no podía ser menos un diálogo entre amigos con él que estuviera, claro está, a la altura, como para seguir la broma.
     Aquí el juego, no exento del recorrido literario tanto por la obra del propio Vila-Matas como por la de otros escritores de renombre, consiste en la autodefinición, la existencia y la importancia. Vila-Matas se entrega al juego y se hace él víctima o protagonista de eso que tanto le ha gustado hacer con los demás. A fin de cuentas, si es capaz de sacar una novela de una simple conversación que considera interesante, cómo no va a salir un libro de un proyecto fallido que le incluya. ¿Y cómo es entonces este juego? Metaliterario, claro, pero también es un juego de existencia y de los distintos hilos paralelos en los que el autor de un libro se ve cada vez que escribe, desdoblándose en cada personaje, diluyéndose un poco hasta desaparecer como si cada voz tomara fuerza en su interior hasta convertirlo en una sombra autómata incapaz de hacer otra cosa que escribir. O ni eso. Solo la sombra imperceptible.
     Total, que hay una obra en la que Vila-Matas será actor, y la obra es Buscando a Allison, que trata de que propone una obra al autor en la que el escritor hace de escritor que escribe una obra. O algo así. Pero es un algo así divertido e inexplicable a la vez de ser sumamente fácil de comprender y eso siempre ha sido para mi una de las características de la obra de Vila-Matas que ahora tan bien ha sabido recoger Porta y que, por mucho que yo lo intente, me va a resultar imposible trasladaros.
Lo que si os puedo decir es que a mi este libro me ha generado una duda. Si yo ahora soy una persona que se sienta a escribir sobre la obra de Vila-Matas y lo hago bajo el nombre de mientrasleo, tan adecuado para esta duda, ¿no podría ser el personaje de una obra que ahora mismo estuviera escribiendo el autor y me hago esta pregunta obligada por sus deseos? (a no ser que lo haga porque me ha otorgado la libertad de un estado de consciencia superior al habitual en obras ajenas a su firma). Y si todo eso es así y yo soy su personaje: ¿acaso no soy entonces Vila-Matas? Como tú que me lees dentro de esta obra, como todo el mundo.

     Resumen perfecto del libro:

La realidad irreal. Escher.
     Me llamo Vila-Matas. como todo el mundo, es un magnífico puzzle. Para iniciados, para más que iniciados en realidad.

     Y vosotros, ¿qué libro leéis esta semana?

     Gracias.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Premios


     Este año el Premio Nobel de Literatura valía por dos. Parece que en los últimos años no saben qué hacer para captar la atención del gran público y uno ya no acierta no solo los nombres, sino tampoco el número de premios que se van a otorgar. La cosa empezó el año en que decidieron hacer caso de eso que tanto se dice de "sus letras son pura poesía" y entregaron el premio a un hombre conocido por su música. Evidentemente la que se lió fue bonita. Después de eso no hubo premio. No nos quedemos en la superficie, no solo fue por lo que hizo el marido de una señora, no, en realidad la Academia parecía haberlo ocultado, así que le salpicó más que un poco. Y no hubo premio. Así que este año hubo dos. No solo eso, sino que en un ejercicio de diplomacia extrema nos han proporcionado a una mujer y un hombre; ella, de apellido impronunciable y un nombre nuevo para la inmensa mayoría de lectores e incluso críticos, él, un tanto más conocido para quien lee muchísimo ya sea por trabajo o devoción: Tokarczuk y Handke. Nada que objetar, ya tenemos dos nombres que investigar o incluso descubrir si llevamos bien apuntados sus apellidos a nuestra librería habitual.

     Sin embargo no es solo en Nobel el premio que se entrega. En España, en la misma semana, se entrega el Premio Planeta y, aún a riesgo de provocar algún desmayo entre los culturetas, a la mayor parte de la gente que no pertenece a el mundo literario, le importa más. Incluso apostaría a que se vende más en nuestro país. Y como es un premio de nuestro país, lo hemos convertido en algo muy nuestro con vecino cotilla incluido que ha sabido convertirse en parte de la farándula, estableciendo como tradición filtrar los nombres unas horas antes. Supongo que no pasarán muchos antes de que el interés salga de la sala en que se celebra la ceremonia a la red reina de este tipo de cosas en la que se libre una batalla campal para saber quién es el primero que afirma que va a vaticinar con éxito los nombres. Como los oscar... sí, igualito. La cosa es que donde antes en esa misma red todo el mundo afirmaba que el premio se lo iba a llevar (seguro, que es como se afirman las cosas en twitter) una tal Eva, horas después se criticaba que se lo llevasen dos nombres de la competencia. Claro, si es una porque ya estaba sabido y seguro que era un acuerdo pactado porque mira lo que vende esta chica,,,, si es alguien "de la casa" porque es una gratificación para que Perenganito no se marche y solo tienen en cuenta a los suyos o, si como en este caso, son autores ajenos a Planeta, la cosa es que se usa para ficharles un premio que, para quienes no lo sepan, no solo garantiza una extraordinaria ventaja, sino también un % sobre ventas levemente inferior para un escritor que ha cobrado esa cantidad a modo de anticipo sobre dichas ventas. Vamos, que chollo, lo que se dice chollo... depende de a quién se lo den, al menos en lo que se refiere a la parte económica, que parece que tendemos a quedarnos en las 40.000 pesetas de 1952 o los 601.000 euros de este año.
     Los premiados han sido Javier Cercas y Manuel Vilas. Dos nombres conocidos, dos escritores serios, con trayectorias consolidadas y motivos más que sobrados para obtener el galardón ya sea como premiado o como finalista. Vilas, de un lado, ha entrado en muchas casas con su novela Ordesa aunque ara mi siempre será el poeta Gran Vilas al que vi por primera vez ataviado con un abrigo negro y fumando un cigarro a la espera de que diera la hora de comenzar su presentación en un día gris que anunciaba lluvia. Me gusta Vilas, celebro el premio. Javier Cercas, a quien ya Bolaño señalara como un escritor con talento, se hace famoso entre el gran público con Soldados de Salamina, y casi veinte años después sigue entrando de forma periódica en el domicilio de los lectores con novelas que demuestran que es un escritor de oficio además de tener talento. Estoy encantada también con este premio.
Dicho esto solo me queda añadir que siendo el Premio Planeta un premio privado poco o nada tengo que criticar sobre el uso del premio como ejercicio de marketing o como captación de nuevos nombres ya sea de escritores novatos (¿imagináis?) o de aquellos que firmaban en otra editorial hasta el momento. Lo que si opino es sobre la calidad asociada a los nombres y, en este caso, estoy más que contenta de que hayan decidido dar un premio a la calidad, al menos hasta el momento, de dos escritores solventes y además haya quedado abierta la elección a quien publique dentro o fuera del gran grupo. Así es como creo que deberían de ser las cosas y este es el rumbo que me gustaría que tomara un premio que con el tiempo perdió seriedad y ahora quizás busque recuperarla.

     Y vosotros, ¿qué opináis del Planeta de este año?

     Gracias.

lunes, 14 de octubre de 2019

Mona. Pola Oloixarac


     "Por favor traigan sed de viajero y hambre de delicatessen nórdicas", así terminaba la carta de invitación que había llegado por correo a su buzón del campus".

     Conocí Mona a través del blog de Alberto Olmos en el que en un artículo bastante divertido me descubría este título. Como ya disfruté en su día de Ávidas pretensiones asumí que no tenía por qué ser distinto y me dirigí a la librería. Es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, Mona.

     Conocemos a Mona, escritora novel que ha alcanzado el éxito con su primera novela. De origen latinoamericano y vida ahora en un campus universitario de prestigio, es invitada a un certamen literario en Suecia en el que se reúne con un nutrido grupo de escritores de distintas nacionalidades.

     Oloixarac es argentina pero escribe poniéndose en la piel de una escritora limeña. Quizás por eso pone en boca de su protagonista Mona la comodidad de estar entre personas que no hablan tu idioma a la hora de expresarte o de no hacerlo. Y es que, en esta novela, cada frase es un juego que oscila entre la metaliteratura, la vida y los juegos de manos. En Mona la literatura se capitaliza en manos de un mundo politizado en el que vales por lo que llevas más que por lo que aportas, o tal vez sea justo al contrario. Como dice Mona hablando de su contrato en una prestigiosa universidad: ser mujer, de color, con ascendencia étnica adecuada... son cosas que se valoran para la diversidad del zoo. Habla por tanto en esta tragicomedia de una hipocresía manifiesta a la que nadie alude pero de la que muchos se aprovechan y usa un certamen literario para hacer de él una novela en la que todos los asistentes son personajes del teatro representado dejando al lector la tarea de decidir cuánto de realidad hay en este invento o, tal vez, en cualquier certamen al que asista. Y es que, más que una crítica al certamen, lo es hacia la actitud que ha de tomar obligado o no mucho participante que se encierra en el personaje esperado allí. Resulta curioso ver como cada uno de ellos representa el papel que se le supone ya sea de militante, de recuerdo constante del Holocausto o de poeta perenne.

     A partir de ahí y hablando de personajes convierte a Mona en una versión femenina de personajes ya conocidos que hacen temblar a su cuerpo con los excesos. Y es que Mona es una escritora joven que ha paladeado un gran éxito con su primera novela. Un éxito impulsado por la persona adecuada opinando lo preciso para ser alzada en ventas y también en el status literario. Esto tiene un punto de vértigo, de miedo a ser impostora y de necesidad de escribir una segunda novela a la altura. Y también puede provocar la necesidad de huir, sobre todo si uno se atasca. Y Suecia no parece un mal lugar, máxime si viene con la posibilidad de un premio que bien cubre unos cuanto miles de ventas que no sabe si tendrá. Mona tiene que escapar de Mona, Mona es una escritora con éxito, una mujer joven, es todo lo que ahora se mira y se admira, Mona es una mujer poderosa que se siente fingida en conversaciones sobre el feminismo con Lena, otra asistente. Esta es la parte interesante de la novela. El tema literario, los festivales, los escritores, los papeles a los que se ven obligados a ceñirse, las licencias que se toman en esas minivacaciones... todo eso esta muy bien y es muy entretenido. Pero Mona es una novela que habla de las víctimas de esta sociedad en la que vivimos. Ya sean adultas o no vivimos en un mundo en el que las mujeres no quieren ser víctimas, y no solo porque eso significa haber sufrido un daño, esa es la parte evidente. La pregunta que yo me hago una vez terminada la novela es, ¿estamos preparados para decir que hemos sido víctimas sin por ellos sentirnos demasiado expuestos? Sé que no voy en la línea de otras opiniones más divertidas que ven aquí una comedia, pero un único libro pertenece a cada lector y cambia para él.

     Me ha gustado Mona, es un libro con más profundidad de la que esperaba y tiene una protagonista francamente interesante. Y sí, a ratos también es divertido.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 7 de octubre de 2019

Mi padre es mujer de la limpieza. Shapia Azzeddine



     "Mi padre es mujer de la limpieza. Muchas veces, después del colegio, me paso para echarle una mano. Para que podamos volver antes a casa. Y también porque es mi padre. Saco brillo, limpio, froto, aspiro, hasta en los rinconces. Pequeño y menudo, me cuelo por todas partes. Pero también aprendo. Una palabra por semana."      

     Hay libros cuyo título y portada llaman la atención. Antes me dejaba guiar más por las primeras impresiones, pero poco a poco he ido topando con títulos que a simple vista me repelían y luego, gracias a la literatura digital que ha conseguido que para mi todos los libros tengan portadas grises uniformes, he visto que detrás puede esconderse una gran historia. Hoy traigo a mi estantería virtual un libro de esos que me obligan a mirar la portada con cara de extrañeza. Traigo, Mi padre es mujer de la limpieza.      

      Conocemos a Polo, un adolescente de 14 años que vive en una familia con una madre paralítica y dejada, una hermana hermosa y tonta y un padre que es mujer de la limpieza... y el único a quien puede admirar. Nos lo contará él mismo, haciéndonos partícipes de lo que pasa por su mente.    

     Hace días que no traigo una novela corta o relato largo de esos que se leen en un suspiro. Claro que, en este caso, pese a leerse rápido, se trata de un libro que nos dura mucho en la mente. Está claro que las reflexiones de un adolescente un tanto deslenguado e inconformista con la sociedad en que le ha tocado vivir, no son algo nuevo en la literatura. Pero aún así nos sentimos atrapados por las reflexiones de Polo, tal vez porque también él se siente atrapado en su propia vida a una temprana edad. Porque no le gusta su familia, porque no encuentra su sitio en ella ni en su barrio, o porque simplemente es un adolescente.
     Pero asistimos a su pequeña disección y también a su cariño volcado en la figura paterna. Ese padre al que acompaña para ayudarlo en su trabajo, un trabajo que en realidad le avergüenza pero que ha afianzado una unión entre ambos. Porque su padre limpia por las noches, oficinas, bibliotecas... y al acompañarlo lo abre los ojos a otros lugares de su pequeño mundo.    

     No diré que es una obra maestra, pero si que es un libro entretenido, con un contenido social que se deja ver claramente. Saphia no tiene pudor alguno a la hora de mostrarlo y nos lleva en un puñado de letras a la periferia de París entre inmigrantes y clases bajas, incluso ínfimas. Y justo ahí sitúa a la familia de Polo. Una familia que vive sin aspiraciones a mejorar que no sean los concursos de belleza a los que se presenta su hermana. Y Polo quiere salir de esa familia, quiere una familia normal como la de cualquiera de sus vecinos y su oportunidad pasa por los libros. O eso nos irá contando en esta historia que tras días de lectura seguía instalada en mi cabeza y cuyo final... tenéis que descubrirlo por vosotros mismos. Un título que ha provocado que siga a Shapia por su camino de letras concisas y certeras.    

     Una única advertencia: no he usado en toda la reseña la palabra "ternura"; tal vez, como diría Polo, no me tocaba aprenderla esta semana.    

     "Mi padre es mujer de la limpieza me ha gustado mucho. No sé si es porque lo leí en el momento adecuado, porque el tema me atrae... y mirad, ya puestos, confieso que no soy fan de los libros protagonizados por niños, pero incluso así, me gustó.

     Hoy mi duda es mucho más directa, ¿qué me decís de la portada? Porque igual la rara soy yo...    

     Gracias.


viernes, 27 de septiembre de 2019

El árbol de las cerezas. Paola Peretti


     "A todos los niños les da miedo la oscuridad.
     La oscuridad es una habitación sin puertas ni ventanas, llena de monstruos que te atrapan y te comen en silencio.
     Pero a mi no me da miedo: yo la oscuridad la tengo dentro de los ojos".

     El eterno dilema de las fajas: en este libro nombran "Nada", uno de mis libros favoritos; "El Principito" que como muchos saben colecciono en idiomas; "El Barón Rampante" que es un lujo.... y "La elegancia del erizo", que para mi fue un horror.  Total, que 3 a 1 me lo llevé y hoy traigo a mi estantería virtual El árbol de las cerezas.

     Mafalda nos cuenta su historia. Mafalda es una niña normal, con una familia y un cole. Todo sería normal si no fuera porque Mafalda está enferma: tiene la enfermedad de Stargardt. Sabe que es cuestión de meses que esas manchas negras que tiene ante sus ojos y que le borran el mundo, terminen por comérselo y todo sea una negra oscuridad.

     Imagina la vida en primaria. Imagina un mundo con amigos, jornadas de juegos por las tardes y cumpleaños. Ahora imagina que ese mundo se esconde tras una densa capa de niebla que se va oscureciendo. Y piensa en el miedo a la oscuridad que es tan habitual en la infancia. La historia de Mafalda es la de Paola, aunque no es esa niña, pero si es una niña a la que dieron ese diagnóstico.
La historia de Mafalda es una historia de esperanza y de terror, de aferrarse a un mundo y también de protegerse de él, de buscar protección. Mafalda cuenta los pasos hasta un árbol porque en ellos mide la enfermedad que padece: 140, 120, 60... y cada paso que recorta se encoge un poco más el corazón del lector que no puede dejar de admirar la valentía aunque no tenemos claro si es valiente avanzar hacia lo inevitable, a fin de cuentas no hay otra opción. Lo que si hay es una vida que cambia, cosas que se quedarán para siempre en el camino y recuerdos que tal vez se acaben borrando, la diferencia con sus compañeros, la timidez... hay tantas cosas que se esconden tras un diagnóstico así que una niña es incapaz de darles su espacio a todas ellas. Y Peretti se lo da en poco más de doscientas páginas.
     Es difícil escribir con sinceridad un libro así, que uno lo crea, que tenga sus espacios tristes y también sus espacios felices. Que uno sienta que algo así sucede y sea el corazón quien tome las riendas de la lectura. Y eso es lo que destila esta novela con la que se inicia Paola Peretti.

     Me ha gustado El árbol de las cerezas. De hecho me ha parecido un libro terriblemente hermoso y es que, si algo tengo claro hace tiempo, es que para que algo sea hermoso no tiene que ser bonito. Este tiene las letras a flor de piel, quizás porque evita el dramatismo, porque ante un niño todo se protege y es la protagonista la que lo cuenta. No hay escena que no presencie la niña y eso, lejos de restarle dramatismo, se lo aumenta al conferir al libro una trama susurrada en boca de los adultos. Lo recomiendo, no lo dudéis.

     Y vosotros, ¿qué opináis de las fajas?

     Gracias.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Kim. Rudyard Kipling



     "Allí estaba Kapilavastu; aquí el Reino Medio; allí Mahabodhi, la Meca del budismo, y allí Kusinagara, el triste lugar de la muerte del Maestro. El viejo inclinó un momento la cabeza sobre el mapa, silenciosamente, y el director encendió otra pipa. Kim se había dormido. Cuando despertó, la conversación, todavía torrencial, era más comprensible para él." 

     Hoy me apetece presentaros a un personaje que me marcó cuando lo leí. No se si por el momento en que cae el libro en mis manos, o porque me esperaba una lectura más ligera, me acompañó durante mucho tiempo y me di cuenta de que era un libro del que hablaba con regularidad. Tenía, por lo tanto, que hacerlo también aquí. Por eso traigo a Kim, Kim de la India si preferís.

     Os presento a Kimball O'Hara, Kim, un huérfano hijo de un soldado irlandés. Su vida transcurre en la India británica y pronto se perfila como un joven astuto. Allí conocerá a un lama que viaja buscando un río místico, y el joven decide acompañarlo. Durante el viaje, el que fue un buscavidas será utilizado para pasar mensajes por el Servicio Secreto Británico, iniciándose su carrera de espía y con ella sus aventuras.

 Este libro escrito en 1901 refleja, al igual que El libro de la selva, la situación global que se vivía. El mundo occidental se lanzaba a la conquista de los recursos existentes en continentes menos desarrollados. Se reparten tierras y personas y se desarrollan imperialismos y colonialismos. El autor nacido en la India pero de padres británicos, sabe capturar las dos partes de la historia, mostrándonos las costumbres del pueblo indio en un libro disfrazado de aventuras casi juveniles en un primer vistazo a su sinopsis.

     Pese a los más de cien años, no se nos antoja un libro extraño y entre espionajes británicos y rusos se nos van las páginas sin darnos cuenta y van haciendo mella sus personajes y los entornos en los que se mueven. Casi todo los autores contemporáneos de Kipling defendieron el imperialismo británico, su necesidad de expandirse y conquistar. No sucede así en este libro, donde el autor nos cuenta una extraordinaria aventura, recomendable para niños y que hace reflexionar a los adultos desde la perspectiva que nos otorga el tiempo transcurrido.

     Interpretado por Errol Flynn si que ha envejecido peor su versión cinematográfica y, si me preguntan a mí, sobre todo al final del libro. Final que, una vez más, me quedo con ganas de matizar pero que a mi me obligó a trasnochar para llegar al desenlace antes de dormirme.
      Es, en definitiva, uno de esos libros convertidos rápidamente en clásicos, que se oyen muchas veces y que vive a la sombra de El niño de la selva de Disney pero que no me arrepentí de descubrir.

     Me ha gustado Kim, pero era fácil, me gusta mucho su autor, su obra y también, para qué negarlo, su vida.

      Y vosotros, ¿habéis leído algo de este autor?, ¿conocíais su obra?

      Gracias.

     PD. Me encanta el olor a clásico por la mañana.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Peyton Place. Grace Metalious


     "Bueno, ya sabes lo que dicen: los ricos tienen dinero y los pobres tienen hijos".

     Recuerdo haber visto a una maravillosa Lana Turner hace años en la adaptación cinematográfica de esta serie y haber pensado en leer la novela. Sin embargo, no ha sido hasta este verano que lo hice y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Peyton Place.

     Conocemos Peyton Place, una pequeña ciudad de aspecto idílico cuyos secretos están a punto de salir  a la luz. No es que en este tipo de ciudades no se cuenten secretos, de hecho, muchas veces se sirven a la hora de la cena exactamente igual que un buen asado, pero no se airean de forma pública. Saltando de personaje en personaje, aunque sobre todo nos centraremos en tres mujeres, descubriremos todas las faltas de la pequeña ciudad. Abortos, violencia, racismo,envidias... nada es ajeno a Peyton Place. Y todo ello lo viviremos a través de sus tres grandes protagonistas: Constance, Selena y Allison, hija de la primera.

     Cuando Peyton Place se publicó se formó un buen escándalo. En aquella época, las apariencias lo eran todo y a nadie le gustaba que destapasen los secretos de su vecindario. Peyton Place se convirtió en uno de esos fenómenos literarios que nadie confiesa estar leyendo, nadie encumbra como libro y, por supuesto, nadie agradece a su autora. Sin embargo, agua lleva el río cuando suena, no tardó en tener su propia adaptación cinematográfica y tampoco se hizo esperar la serie en una época en la que Netflix o HBO no eran el termómetro del éxito.
Peyton Place se publica, como ya he comentado, a finales de los cincuenta, pero está ambientado en el año 1939 en una ciudad que la autora conocía muy bien, Gilmanton. En el momento de publicación de la novela, los habitantes de la ciudad estaban lejos de sentirse orgullosos de su celebridad local, en lugar de eso se miraban con recelo unos a otros creyendo reconocer a los personajes de su tan odiado libro. Tanto es así, que a la muerte de Metalious, muchos pensaron que no era merecedora del cementerio de la ciudad y, aunque finalmente lo fue, alguien se encargó de comprar los terrenos cercanos para que su tumba estuviera sola. Pero vamos con la novela.

     Peyton Place desmembra la vida de una pequeña ciudad cuyo nombre de título a la novela pero que bien podría ser cualquier otra. En cualquier lugar. Tiene de alta literatura lo que la tortilla de patatas de alta cocina y, como sucede con esta última, causa el mismo placer banal durante su lectura. Al más puro estilo de Pequeñas mentirosas, por poner un ejemplo, la novela oscila entre la telenovela y el serial para enganchar al lector como si se tratara de una gripe que te incapacita para hacer otra cosa que leer una página más. Es cierto que hoy en día ni siquiera levantamos una ceja ante lo que en aquella época estoy segura que supuso un revuelo de tres pares de narices, pero, precisamente por eso, es Peyton Place un experimento que sigue funcionando tanto en la literatura como en la sociedad actual. Hay abortos, incesto, incendios, racismo y suicidios. Hay mujeres castigadas y hombres que no salen bien parados, personajes que son tan típicos que resultan casi caricaturas y otros a los que no terminamos de conocer ni siquiera por sus acciones. Conocemos a Selena, a Constance, también a Lucas y lo que hace con su hija, a Betty, a Ginny... sabemos que unos abusan de otras, que hay bofetadas y también hijas que son tratadas como una inversión. Desde luego que no lo pasan bien las mujeres, pero los hombres distan mucho de ser unos santos. Y, con todo esto y un siglo después, el lector sigue enganchado a las páginas de una novela que demuestra que seguimos siendo una sociedad de cortinas echadas y cotilleos a media voz que tratan sobre el vecino de al lado. Tal vez haya cambiado la forma en que la sociedad ve los pecados y tal vez en la calle uno no solo no se escandalice de ciertas cosas, sino que además lo revista de un trato de normalidad, pero si esta novela demuestra algo, es que en el fondo, cuando estamos a gusto y apenas nadie nos oye, tal vez no nos diferenciemos tanto de esos habitantes creados por Metalious que señalaban a otras mientras decían ¡Puta!. Y de hecho, posiblemente por ese motivo, Peyton Place ha envejecido demasiado bien.

     Peyton Place es una novela divertida, un serial en papel que apetece leer para evadirse del mundo y que, si bien no escandaliza, hará que nuestro lado cotilla sea muy feliz durante un montón de horas. Hagan la prueba, visiten Peyton Place. A fin de cuentas, leerlo tantos años más tarde hará que encontremos un montón de detalles de nuestras series favoritas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Leopardo Negro, Lobo Rojo. Marlon James



     "El niño ha muerto. Y no hay más que contar. 
      He oído que en el Sur hay una reina que mata a quien le trae malas noticias. Así pues, si anuncio la muerte del niño, ¿estaré escribiendo también mi propia sentencia de muerte? La verdad se come las mentiras igual que el cocodrilo se come la luna, y sin embargo mi testimonio es el mismo hoy que mañana. No, no lo maté yo". 

     Tras su primera novela me quedé con la curiosidad de volver a leer a Marlon James, por eso ni lo dudé ante la preciosa cubierta de Leopardo Negro, Lobo Rojo. 

      Conocemos a El Rastreador, un hombre cuyo nombre es adecuado para su mayor capacidad. Su olfato le permite seguir el rastro de cualquier persona por muy lejos que esté. El Rastreador está contando su historia, aunque quizás testificando sea lo más adecuado, y nosotros seremos testigos de ella. Conoceremos a un hombre con poca tendencia a la socialización, sabremos de su fallecido padre y cómo el Leopardo aparece en su vida; sus primeras "misiones", sus intentos con el arco y habilidad con las hachas, su carácter y como, finalmente, su misión será la de encontrar a un niño desaparecido hace ya tiempo. Ahora nuestro protagonista ya no está solo, serán varios y dispares las criaturas que se unan a su comitiva.

      Ya he comentado muchas veces que la llamada novela de género parece ser, al igual que la zarzuela, uno de los géneros chicos de la literatura. La diferencia entre ambas es que en el caso musical se dice casi como un halago mientras que en la literatura esto viene a significar que no se le da demasiada visibilidad. Por eso me sorprendió que Marlon James entrase de lleno en la fantasía épica. Un escritor reconocido ya por su "Breve historia de siete asesinatos" que se mete de lleno en una historia como la que hoy enseño ha de tener, a la fuerza, algo que decir. Recuerdo haber pensado eso y también haber tenido curiosidad por lo que la crítica haría con esta novela; ignorarla o buscar explicaciones que justificasen no hacerlo. Se me olvidaba la tercera opción, "todas las anteriores".

     Leopardo Negro, Lobo Rojo es la primera parte de la trilogía Estrella Oscura aunque, no os asustéis, uno puede leerlo de forma independiente. Con una primera frase pensada para llamar la atención del lector, se presenta la historia de un hombre cuya capacidad para relatar historias es explotada por un espléndido narrador que dota a la novela de un tono que oscila entre el de cuentacuentos y voz en off de noche de brujas que atrae a un grupo de campistas junto a una hoguera. Y es que, en este tipo de novelas, el tono es importantísimo. James deja de lado la eterna Europa Medieval que tan bien conocemos por aparecer no solo en las novelas históricas, sino en una gran parte de las novelas de fantasía épica y se traslada a una suerte de África, menos conocida y, por lo tanto, más interesante al menos a priori. Las intensas descripciones proyectan los detalles de un mundo vivo ante un lector que no puede evitar permanecer atento para no perder detalle de cada personaje. Ahora que ya os he convencido de la importancia del lugar, os diré que lo que realmente me gustó fueron los personajes: ya sea el propio Rastreador, el Leopardo cambiante, el gigante que reniega de serlo, brujos, vampiros, unos seres curiosos que viven en el bosque... niños que son sacrificados al nacer por no ser como deberían... El universo de James es amplio y convincente y sus personajes son muchos y diferentes, y se antojan, sobre todo, reales.
No cabe duda que solo con esta frase, los aficionados al género ya se están frotando las manos, pero, ¿qué pasa con los que no entran habitualmente en este tipo de novelas? Ellos tienen una trama cuyo ritmo es, a ratos, similar al de un thriller (dentro de que James desconoce esa palabra que tantos lectores odiamos, "trepidante") en el que no sabemos nunca lo que va a suceder a continuación, la búsqueda del niño es el eje central de un libro que gira en torno a un protagonista nada simpático en el que nadie es amable y nada se viste como bonito. James, al igual que ya hiciera Ende con su ya famoso "pero esa es otra historia y ha de ser contada en otra ocasión" pone su muletilla para usarla de excusa y sumergirse en un libro complejo y a grades ratos duro, oscuro, lleno de hilos que se abren y se cierran para sumergir al lector en un nuevo mundo del que disfrutar. Si además tengo en cuenta las comparaciones que he leído de este libro con la obra de Tolkien, tengo que decir que me sorprendió más aún por la diferencia abismal entre el estilo de ambos.

      He disfrutado muchísimo de la novela de James, de su mundo brutal y cruel, de sus personajes atípicos y, en muchas ocasiones empáticos con situaciones de nuestra sociedad actual. He disfrutado con el Rastreador, un héroe que no lo es pero que tampoco se viste de antihéroe y ha resultado ser todo un descubrimiento para mi y también de su historia de historias. A fin de cuentas, ya os he dicho que este libro no trata solo de la búsqueda de un niño, en otro caso, no podría comenzar diciendo:
 "El niño ha muerto. Y no hay más que contar". 

      Leopardo Negro, Lobo Rojo es una gran historia no apta para ojos sensibles que he disfrutado de la primera página a la última. Quizás por eso he sido un poco más críptica de lo habitual a la hora de hablar del argumento y desmenuzarlo (aunque nunca me ha gustado contar demasiado en ese sentido) y me he centrado más en sensaciones. Hayáis leído o no a Marlon James, estamos ante una novela que hay que ir descubriendo poco a poco. Y creedme, si digo poco a poco lo digo en el más amplio sentido de la frase.

      No os he dicho apenas nada sobre lo bonitísimo que me parece el diseño de la cubierta y la alegría que me llevé cuando vi que no lo habían modificado. Sobre todo porque, colocado en la estantería de mi casa que corresponde a la editorial, uno no puede evitar mirar la rareza. Y es que, lo confieso, soy una superficial. Y vosotros, ¿os fijáis mucho en las cubiertas de los libros?

      Gracias.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

El instituto. Stephen King


     "Treinta minutos después de la hora prevista de despegue, el avión de la compañía Delta en que Tim Jamieson debería haber abandonado Tampa con destino a las luces brillantes y los latos edificios seguía estacionado ante la puerta de embarque de Nueva York. Cuando un empleado de Delta y una mujer rubia con una placa del servicio de seguridad entraron en la cabina, se oyeron premonitorios murmullos de insatisfacción entre los pasajeros hacinados en la clase turista."

     Tengo la mala costumbre de leer todos los libros de King, y digo mala porque de vez en cuando tengo la sensación de que se repite. Hoy traigo a mi estantería virtual, El instituto.

     Conocemos a Luke Ellis, un niño de 12 años dotado de una inteligencia extraordinaria que ha sido admitido ya en dos de las mejores universidades de Estados Unidos. Tras presentarse por trámite al examen selectivo Luke es secuestrado en su casa mientras duerme y sus padres son asesinados. Todo parece preparado para que la policía creo que él los mató y huyó después. Pero en realidad ha sido llevado a un lugar remoto llamado El instituto en el que llevan a niños con habilidades telepáticas o telequinéticas para someterles a una serie de pruebas antes de ser trasladados a lo que llaman la Mitad Trasera. Allí nadie sabe lo que sucede, pero como le dicen a Luke otros niños del instituto, nadie regresa. Y lo que les dice la directora del centro de volver a sus vidas como si nada hubiera pasado, tampoco parece demasiado probable.

     Si algo falta en la breve sinopsis que he dejado es hablar de Tim, que aparece citado en el párrrafo inicial. Tim es un policía caído en desgracia que quiere comenzar una nueva vida en Nueva York. sin embargo y siguiendo una serie de pálpitos, termina siendo sereno en una pequeña ciudad de DuPray. Un ambiente que todos sabemos que King domina: ciudades pequeñas, hombres que son nadie en particular y acaban empujados a una situación que jamás hubieran esperado.
     Y tras persentarlo, King se centra en el instituto y en esos niños con poderes. El lector habitual sonríe cuando no pocos personajes afirman que antes esos niños con poderes eran más normales. ¡Claro! solo hay que recordar El resplandor o Carry, pero eran otros tiempos, piensa el lector habitual de las novelas de King. Sin embargo aquí estamos otra vez ante unos niños que nos advierten no son superhéroes. Estos niños son elegidos por una suerte de organización que los vigila hasta el momento de ser llevados a este centro llamado instituto en el que un puñado de personas bastante mal encaradas se encargan de hacerles una serie de pruebas mientras les cuidan entre normas demasiado laxas. Sí, estaréis pensando, niños con poderes psíquicos y un instituto, ¿dónde está el riesgo para el autor? bueno, pues parece que no lo hay salvo el de aburrir al lector. Y ahí es cuando King tira de su narración habitual y fluida y se centra en el inteligentísimo Luke que se va fijando en cada detalle y se ve capaz de realizar la mayor proeza: escapar. Y, como no podía ser de otro modo, si escapa será para terminar dando con sus huesos en DuPray, consiguiendo así fundirse los dos escenarios favoritos del autor y un puñado de temas habituales ya que, por supuesto, Luke será perseguido.

     Llegados a este punto es evidente que no os voy a avanzar más datos relevantes sobre el libro pero si diré que me ha dejado satisfecha a un nivel bastante superior a su última novela. El instituto se disfruta con cierto aire nostálgico y sabiendo que la aparente superficialidad de los personajes y trama se ven completados por lo que ya sabemos del autor. Solo de este modo puede uno salir contento, en otro caso puede que esta novela se le quede corta.

     Y a vosotros, ¿os gusta King? Porque seamos serios... o se le adora, o se le odia. Sin puntos intermedios.

     Gracias.

lunes, 16 de septiembre de 2019

La paciente silenciosa. Alex Michaelides


     "No sé por qué escribo esto.
     No, eso no es verdad. A lo mejor sí lo sé, lo que pasa es que no quiero admitirlo ni ante mi misma".

     Abrimos la temporada de la rentrée del thriller del año con uno que se ve mucho estos días en librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, La paciente silenciosa.

     Alicia Berenson era una pintora de éxito con un matrimonio feliz, al menos hasta que la policía la encontró junto a su marido muerto. Él, atado a una silla y con varios disparos en la cara. Ella con heridas en las muñecas, sangrando y una pistola a los pies. Desde ese momento Alicia no ha abierto la boca y, habiendo sido declarada culpable del asesinato de su marido, se encuentra en The Grove. Lo más parecido a un testimonio es un enigmático cuadro en el que representa la escena encontrada por la policía.
     Conocemos a Theo Faber, psicoterapeuta. Un hombre con una carrera brillante que se siente irremediablemente atraído por la historia de Alicia Berenson, por eso deja un puesto prometedor para trabajar en The Grove y poder tratar a Alicia. Su única intención parece conseguir que ella le hable.

     La paciente silenciosa pertenece a eso que ahora llaman domestic noir aunque va un tanto camuflado de thriller. Con un muerto ya finado para cuando comienza la novela, la historia consiste en que descubramos en medio de un juego de luces y sombras qué ha sucedido en casa de Alicia y Gabriel, su difunto marido. Para ello, Michaelides introduce a Theo, un hombre que padece su propia obsesión y que es tratado, al igual que la propia Alicia, como una voz no fiable. A fin de cuentas, parece decirnos Michaelides, estamos en un centro psiquiátrico y el propio protagonista ha confesado que es una rama que uno estudia egoístamente, para sanarse. Y así comienza una investigación disfrazada de terapia en la que cualquiera puede estar implicado y a la que no tarda en unirse el diario de la propia Alicia.

      El problema de este tipo de juegos consiste en la credibilidad. Si estás escribiendo una novela en la que todo y todos son cuestionados, más vale que hayas dotado de personalidad a tus protagonistas, y ahí es donde falla la novela de Michaelides. En su objetivo que no parece otro que el de hacer una novela ágil y dinámica, el autor se apresura. El protagonista tiene todo demasiado fácil, las coincidencias acuden en socorro de la historia y uno acaba por preguntarse si realmente era todo tan sencillo de conseguir, por qué había permanecido callada tanto tiempo la protagonista de la novela. El diario, que está bien escrito en tono y formas en un comienzo, llega a un punto insostenible y, no solo eso, sino que yo sigo preguntándome sobre la improbabilidad de su existencia. Cierto es que en mi cabeza la resolución de la novela no era exactamente la elegida por el autor, pero tengo que decir que sigo pensando que para mi era mucho más verosímil que lo que se nos ofrece.

     La paciente silenciosa es una novela coja. Cierto que es fácil y entretenida, pero, si bien hay libros que exigen al lector demasiado esfuerzo durante su lectura para ser disfrutados, otros como este exigen al lector que pase por alto demasiados detalles.

    Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Leer a escondidas


     "Y menos aún podían protegerme de mis pesadillas, esas que inexorablemente llegaban cada noche, aunque yo intentase mantenerme despierto a fuerza de leer el mayor tiempo posible, escondido bajo las sábanas y con una linterna. ¡Como si la luz de una lámpara de aceite pudiese contra aquellas sombras vivientes".
Dark Fantasies.

     El libro parece haberse vuelto un complemento. Ahora hay colgantes literarios, bolsos e influencers de esos que, sin haber leído demasiado, han convertido al libro en un objeto imprescindible del outfit ideal. Pero nosotros tenemos también nuestra cuota de culpa. Seamos sinceros... no hay lector que no mire una vela con olor a libro, un atril o un marcapáginas... y ahora muchos lo fotografían. Nos parapetamos detrás de un libro que mostramos sin pudor... salvo que sea de esos libros que preferimos esconder.

      ¿Qué motivo puede tener un lector para esconder un libro? Y ahora es ese momento en el que todos estáis pensando en aquellas famosas cincuenta sombras que nadie reconocía haber leído pero cuyas ventas superaban a cualquier otro libro publicado en los últimos años. Ya conocemos el fenomeno. Vamos a llamarlo "fenómeno Dan Brown" ya que fue uno de los que inauguraron esa tendencia a renegar de lo comprado y leído hasta tres veces en una semana mientras que las listas de ventas cantaban acusadoras que no había familia en la que al menos hubiera entrado un ejemplar. ¡Que se lo digan a Tom Hanks! Y sin embargo no es este el único motivo para renegar de una lectura.
Recuerdo haber leído Pornografía, un librito magnífico que llevo años recomendando, entre miradas de reojo de acompañantes de metro y también como había una colección de libros de nombre La sonrisa vertical que vivían única y exclusivamente en las librerías, ya que no había lector exhibicionista o casa con estantes que mostraran uno solo de sus rosados lomos. Y ahí seguía año tras año entregando premios para fantasmas... o tímidos. Pero era aquel un momento en el que el sexo era algo que se llevaba en privado, y uno no llevaba el Kamasutra o Historia del ojo alegremente por la calle. El primero por lo obvio y el segundo, por si acaso. Gracias a dios esos tiempos pasaron y ahora... ahora los llevan si acaso en formato digital.
Hay sin embargo otros libros que hablan de muertes desde un punto de vista macabro, que supera a la novela negra por mucho, que tampoco somos capaces de exhibir en su lectura. Y, si bien hay parámetros cambiantes en cuanto a lo que vamos aceptando o no mostrar como lectura propia, siguen existiendo lagunas y parcelas privadas. Cadáver exquisito es el ejemplo perfecto de estas lagunas: bajo un título aparentemente inocente, se esconde una novela que poca gente soporta sin pestañear y que nadie querría que un compañero de transporte público leyera sobre su hombro. Y sin embargo es más fácil atreverse a salir con eso a la calle que con La máquina de follar. Aunque luego en esas redes en las que se exhiben las lecturas veamos a Bukowski de forma habitual. Son mundos paralelos.

     Los lectores mostramos un punto de provocación, irreverencia o tal vez estupidez. O quizás simplemente sean arrebatos no disimulados: renegamos de leer un clásico, porque uno se siente así provocador de ballenas y tolstones, o echamos pestes de la última novela bestseller porque nos sentimos de este modo contracultura. El caso es negar. Y es que, en el fondo, yo creo que lo que nos gusta es leer a escondidas. Como esos niños que se meten bajo las sábanas con una linterna para seguir leyendo y que yo solo he conocido en las películas. Pero quién sabe, tal vez sean como las meigas...

     Y vosotros, ¿estáis dispuestos a confesar alguna lectura oculta? Personalmente confieso haber leído todos y cada uno de los libros aquí citados.

     Gracias.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Las manos pequeñas. Andrés Barba


     "Su padre murió en el acto, su madre en el hospital.
     'Tu padre murió en el acto, tu madre está en coma' fue la frase exacta que escuchó Marina, la primera que escuchó. Se puede posar la manos sobre cada sinuosidad de esta frase, sobre esa frase preñada e incomprensible:
     'Tu padre murió  en el acto, tu madre en el hospital´".

     Andrés Barba es de esos escritores que no necesitan muchas palabras para llamar la atención del lector y estremecerlo. Por eso me gusta. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual Las manos pequeñas.

      Conocemos a Marina, una niña de siete años que pasa por una de las peores tragedias imaginables: sus padres fallecen en un accidente de tráfico. Ella, pasados dos meses de hospitalización, recibe el alta y, ante la falta de una opción mejor, es llevada a un orfanato. Allí Marina descubre a sus compañeras, a las que mira y teme, a la vez que ellas fijan su mirada en la niña nueva que ha tenido una vida fuera de los muros del orfanato. Marina es diferente y les hace sentir diferentes, por eso la miran, por eso la quieren, por eso la temen. Y entonces comienza el juego de la muñeca.

     Esta es una novela con extensión de relato. Es un relato con profundidad de novela y también es una historia que no hace tanto sucedió en un orfanato de Río de Janeiro un poco edulcorada (aunque no lo parezca). Es una historia perversa sobre la inocencia y una mirada alternativa al individuo y al grupo en una novela con voz colmena durante gran parte de la narración. Y todo ello lo es en apenas 112 páginas. No hace falta más.

    El autor comienza por centrarse en Marina, la niña golpeada por la desgracia. La deja sin saber cómo reaccionar, sin dramas, sin asimilar, en un mundo de adultos. Y lo hace dejándole una cicatriz en el alma tan profunda como la que tiene en su cuerpo. Y con una muñeca a la que hay que lamer los ojos para que pueda ver. La muñeca es importante, pensamos, es parte de Marina, de su vida presente. Lamerle los ojos, humedecerlos: Marina no llora, descubrimos en ese momento. Y entonces la niña llega al orfanato.
Los orfanatos son lugares utilizados muchas veces como centros del terror y la tristeza, quizás por eso Barba se empeña en hablar de un lugar bonito, una estatua al frente y un payaso con una pizarra anunciando una excursión en la entrada. Es un orfanato, un edificio nada más. Marina se acobarda ante el edificio, pero ansía la compañía de las otras niñas. Le recibe un lugar vació, hay una excursión, y ella mira los cajones con nombres de colores que pertenecen a las que ya son sus compañeras aunque no las conozca y fantasea con encontrar su nombre en otro cajón.

     Y entonces sus compañeras llegan. Se miran como aquellos amantes cíclopes de Rayuela, se miran hasta distorsionarse y el narrador acoge la voz colmena de un sentimiento conjunto del resto de las niñas del orfanato: la curiosidad, el miedo, el rencor hacia la vida que tuvo y el rechazo hacia el dolor que la lleva a ser su compañera. La cicatriz, la incapacidad para gestionar todo ello. Quieren saber que hay un mundo pero no sentir que se lo pierden, quieren acercarse a la niña de la muñeca pero también quieren que le duela y Marina mira sin acercarse, viola la necesidad de las otras niñas de tener su mundo a parte, necesita ser parte de ese mundo y a la vez necesita ser Marina, ella. La que lame los ojos de su muñeca. Barba hace un fantástico trabajo recreando la voz de la infancia que se debate entre la absoluta pureza de sentimientos, ya sean buenos o malos, y la muestra de lo mejor y lo peor. Ancla a una niña a una muñeca, y otro niño se la arrebatará. Los niños sufren, los niños desean, los niños son crueles... los niños, niños son.
     No hay muñeca. Marina la había enseñado, había contado lo de los ojos de su muñeca. Hace falta una muñeca. Ella le contaba sus secretos a la muñeca. ¿Y si ahora una niña es una muñeca?
     Los niños juegan.
     Los niños son impulsivos.
     Cada niña una muñeca. Secretos, Silencios, despersonalización. La colmena habla, ya sabemos que beben de Marina y también que desprecian lo que beben. Sabemos que cuentan sus secretos y que las cosas no son como antes de la llegada de la nueva. El camino del juego lo anticipamos, no hace falta ser muy listo para ver a dónde nos va a llevar, pero no por eso el libro pierde fuerza. Al contrario. La angustia de quien ve que va a suceder algo terrible sin poder hacer nada se hace presente y nos lleva a las últimas páginas de una novela estremecedora y palpita con la voz de la realidad. Andrés Barba lo ha vuelto a hacer.

     Las manos pequeñas es una novela corta o relato largo del que es imposible salir ileso. Es imposible no leer a Andrés Barba.

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis en las manos?

     Gracias.

viernes, 6 de septiembre de 2019

La huella del mal. Manuel Ríos San Martín


     "Diecisiete abrió los ojos más temprano de lo habitual. Tampoco había podido dormir tranquilo esa noche. Durante unos instantes permaneció inmóvil contemplando los primeros rayos de sol que se filtraban entre las ramas de los abedules bajo los que descansaba la tribu. Escuchó con atención. El bosque permanecía en silencio, pero le había parecido oír sonidos extraños provenientes de las cercanías y tenía que comprobar de qué se trataba. Se incorporó sin hacer ruido, tratando de no despertar al resto del clan, formado por tres hembras adultas, una anciana y más de diez crías de diversas edades. Los otros dos machos, algo mayores que él, habían salido de caza. Diecisiete era alto, de tronco fuerte y erguido, cejas prominentes y muy velludo. Apenas tenía veinte años y era capaz de recorrer kilómetros sin cansarse en busca de comida. El territorio donde se había asentado su tribu varias estaciones atrás era rico en frutos secos, setas, semillas y pequeños mamíferos. Pero llevaban unas jornadas de escaramuzas con otro grupo de homínidos instalado cada vez a menos distancia, y algunos miembros de su clan habían resultado heridos en los enfrentamientos. Las dos tribus se estaban tanteando".

     El motivo más frívolo para comprar un libro es que te guste su cubierta. Y, sin embargo, aquí estamos, con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de La huella del mal.

     Conocemos a Daniel, un expolicía que ahora se dedica a la investigación privada, y a Silvia, inspectora de la UDEV. Y los conocemos tras la aparición del cuerpo de una joven en Atapuerca. No tardan en relacionar esta muerte con otra ocurrida en un yacimiento de Asturias años atrás, solo que esta vez no han de permitir que se repitan errores.

     La huella del mal es una novela entretenida en la que, a través de una localización más que conocida y atractiva para millones de turistas, el autor da forma a un caso de asesinato, unas vidas y una serie de preguntas sobre el bien y el mal que plantea al lector. Con un comienzo efectista y muy cinematográfico, nos presenta el escenario en el que aparece el cuerpo de la joven Eva. Un escenario que, si alguien ha visitado el lugar, reconoce inmediatamente. Lo mismo sucede en el libro, ya que no tardan en relacionarlo con otro caso sucedido años atrás y este es el motivo para que llamen a Silvia y a Daniel, quienes junto al Comisario Mendoza, el juez Vázquez de Mella y un novato llamado Rodrigo, tomarán las riendas del caso. El autor crea para la ocasión algún personaje para que el lector no se pierda entre datos y tecnicismo y consigue, y es un mérito, que no nos resulte pesado ni siquiera en los momentos en los que toca aclarar y explicar detalles que, en honor a la verdad, me han parecido francamente interesantes. Y es que, además del caso, cuyo camino hacia la resolución se sigue con cierto interés, y digo cierto porque superada la mitad de la novela ya me olía el camino que iba a tomar y eso que os aseguro que no soy una mente privilegiada, Ríos San Martín nos propone unas reflexiones de lo más interesantes sobre la conciencia, el bien, el mal y el paso del tiempo (está claro que uno no puede ambientar un libro en Atapuerca y no hablar de evolución, sin embargo me ha gustado tanto el camino como la forma en la que en este caso se ha optado por hacerlo).
     Pudiera parecer entonces que la novela es redonda, pero los lectores somos seres inconformistas que vamos perdiendo la inocencia conforme leemos y, si bien me olí la resolución del caso sin que ello afectara demasiado a mi lectura, la relación amorosa si que lo hizo. Y es que no he dicho hasta ahora que Silvia y Daniel tienen una historia que viene de atrás y que en su momento... bueno, eso lo leéis. El caso es que parecemos empeñados en colar una historia romántica en los libros, hemos pasado de la tensión sexual entre los protagonistas a las relaciones presentes o pasadas y, personalmente, de un tiempo a esta parte creo que les resta originalidad a las novelas. Termina por ser un lastre que cuesta llevar.

     No diré que La huella del mal es una novela originalísima, porque he reconocido más de un rasgo común, pero si que es entretenida si uno busca pasar un par de tardes. Se lee con comodidad y apetece avanzar por una escenografía visual y poco habitual descubriendo, sobre todo, a Samuel que es sin lugar a dudas lo mejor de la novela. Al menos para mi.

     Y vosotros, ¿os fijáis mucho en la localización de las novelas?

     Gracias.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Máquinas como yo. Ian McEwan


     "Era el anhelo religioso con el don de la esperanza; era el santo grial de la ciencia. Nuestras ambiciones fluctuaban -más alto, más bajo- gracias a un mito de la creación hecho real, a un acto monstruoso de autoamor. En cuanto fuera factible, no tendríamos otra opción que seguir nuestros deseos y atenernos a las consecuencias".

     Cada libro suyo, cada entrevista, cada página, cada palabra, cada letra... Hoy traigo a mi estantería virtual, Máquinas como yo.

     Estamos en Londres en los años 80, en un mundo un poco diferente al nuestro, son detalles aparentes que han cambiado cosas importantes. Alan Turing jamás comió la manzana, y el mundo tecnológico sufrió una revolución temprana. Allí conocemos a Charlie y a su vecina Miranda, de la que está enamorado. En la calle han aparecido unos robots que parecen personas, casi perfectos, y el ser humano ha decidido en su modestia ponerles los nombres de Adán y Eva. Eva se agota antes así que Charlie se compra un Adán que termina siendo manipulado por Miranda. Adan es la perfección, pero ¿qué pasa cuando es la perfección la que mira a los humanos?

     Hace ya unos cuantos años que Irving escribiera Personas como yo, un libro en el que se desnudaba quedando a merced de la escrutadora mirada del lector que se cuenta entre mis favoritos. Ahora le toca el turno a McEwan de jugar con esa sentencia y escribe Máquinas como yo, un libro en el que se desnuda Charlie para el lector, el ser humano para las máquinas y el lector, como no podía ser de otro modo en una novela de McEwan, se revuelve incómodo en la silla. Y es que siempre que veo a alguien decir que las novelas de McEwan son bonitas, no puedo evitar sonreír. McEwan disfruta incomodando al lector mientras no pierde un ápice de su aplomo inglés, representado perfectamente en la prosa cuidada y el placer que provoca leerlo. Aunque nos incomode como feto no nato o como menor que quiere tomar decisiones propias.

     En esta ocasión entra en la ciencia ficción como excusa para relatar su historia. Y lo hace, creo yo, en los años ochenta simplemente por satisfacer su capricho de que Turing aparezca en el libro, ya que poco más puede afectar a esta novela la época en la que acontezca salvo el dar a Turing el lugar que hubiera merecido en la historia (y posiblemente unos cuantos méritos de más). El caso es que hasta aquí y poco más llega la ciencia ficción, porque a McEwan lo que siempre le han interesado son los dilemas morales. Y conocemos a Charlie, enamorado de Miranda, egoísta, tranquilo y un tanto obsesionado en el tema de la robótica. Por eso llega Adan a su casa. Bueno, por eso y por la falta de Evas, como ya he comentado. Y es la llegada de Adam la que agita al lector. Adam es perfecto, incluso por fuera, y Charlie no puede evitar sentirse un poco amenazado. Aunque quizás si lo "cría" junto a Miranda, quién sabe lo que puede pasar. Pero, como cada vez que alguien dice quién sabe lo que puede pasar, algo inesperado sucede. Adam mira a Miranda y la escruta desde su fría e inalterable perfección dando una opinión nada positiva de la joven a su legítimo propietario a la vez que miranda no puede evitar fijar su parte más carnal en el robot. La cosa, como os podéis imaginar, se complica por momentos, se siente la traición y el juicio del robot incapaz de tener sentimientos pero en un aprendizaje constante que hará que nos preguntemos hasta qué punto está bien verse escrutado, que no es lo mismo que pedirle a Adam que lo haga con otros. Aparecen más personajes mientras Adam avanza y el autor aprovecha ocasiones en las que nos recuerda que allí no todo son personas, pero la moral se le parece aplicar por igual a todos los integrantes de la novela. Y aquí llega la gran pregunta, ¿es eso adecuado?, ¿podemos dar conciencia? Y da un paso más, ¿y si nos pasamos al crear algo como Adam capaz incluso de juzgarnos?
     Ahí está. Estamos leyendo a McEwan. Nos revolvemos. Miramos al gran descubrimiento de la novela, Mark. Mark es puro McEwan, os dejaré descubrirlo, yo solo lo nombro, ni siquiera os doy una pista de su papel. Y también dejaré que descubráis la conciencia.

     Máquinas como yo es una gran novela. No es la mejor del autor, entiendo a quien dirá que es una de sus novelas menores. De hecho, si pienso en sus tres últimas novelas, todas lo fueron. Uno termina de leer a McEwan y cree que la historia ha terminado, sin embargo, parte de su grandeza es que sus novelas crecen con el tiempo.

     Hoy he expuesto mi pasión por las letras de un escritor, ¿podéis nombrarme vosotros a alguno que os provoque lo mismo?

     gracias.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Felices como asesinos. Gordon Burn


     Basado en un hecho real.

     Los asesinos en serie son espeluznantes, aterradores, sociópatas que muchas veces se disfrazan de normalidad. Los asesinos en serie ocupan las páginas de los diarios, las noticias, horas y horas de series, libros y películas y documentales. Pero, sobre todo, los asesinos en serie existen. Hoy traigo a mi estantería virtual, Felices como asesinos.

     Conocemos a Fred y Rosemary West. Este matrimonio ya había sido denunciado en su día por la canguro que trabajaba en su casa, pero ahora han aparecido restos humanos en su jardín. Son los huesos de su hija Heather. Por si fuera poco, cuando la policía excava comienzan a aparecer huesos de otras mujeres, parece que ocho.¿Quienes son Fred y Rosemary?

     Me acerqué a este libro por la comparación constante con "A sangre fría" uno de mis libros favoritos. Sin embargo, más allá de una supuesta investigación basada en unos asesinatos reales, poco o nada tiene que ver un libro con otro; si acaso que ambos tienen letras. "A sangre fría es una investigación exhaustiva mientras que "Felices como asesinos" entra peligrosamente en el terreno de la ficción ya que, en primer lugar, hay mucho agradecimiento, pero poca fuente citada. Además de eso, se acerca peligrosamente al terror tanto por la crudeza de las escenas de sexo y muerte o agresión que representa el autor, como por el tono utilizado en ellas. Incluso basado en la ausencia de sujeto al que dirigirse o de verbo, cae en  un tono y unas formas a ratos erráticas que consiguen poner los pelos de punta a cualquier lector empeñado en meterse en la cabeza de este escalofriante matrimonio.
     Lo que hace el autor es retroceder para intentar desnudar a Fred y Rosemary. Sabemos que encuentran huesos, sabemos que ya fueron denunciados y también conocemos sus finales, peses a que, a mi modo de ver hay una duda que no se satisface o, al menos a mi, no me ha dejado las cosas tan claras como me hubiera gustado.

     Una de las cosas que más asustan de este tipo de casos reales es, por encima de lo terrible de sus actos, la facilidad con la que han pasado desapercibidos durante años pese a que hayan desaparecido mujeres relacionadas con su entorno. Es esa suerte de vulnerabilidad que despierta en cualquier lector, lo que hace que la novela se vuelva intranquilizadora desde las primeras páginas y será la crudeza con la que avance la que la haga no apta para estómagos sensibles. Uno se pregunta si no vivimos en una época de pornografía, en la que todo se exhibe hasta el tuétano y la pornografía menos porno es aquella con la que relacionamos en primer lugar la palabra: es decir, la sexual.

      El libro en su conjunto funciona, ya que decir que un relato así ha gustado ralla con el dilema moral, sin embargo es difícil abstraerse a los fallos comentados en el tono y las formas, así como el referido al desenlace relacionado con Rosemary. Recomendarlo en este caso es un riesgo, ya depende de cada uno, de su interés, curiosidad, estómago y capacidad para dormir tranquilo. Yo, en mi caso, no me arrepiento de haberlo leído.
     En cuanto a las modas ahora tengo curiosidad por saber si habrá serie. Ya me entendéis...

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 26 de agosto de 2019

Fin. David Monteagudo


     "El teléfono sonó una, dos, tres veces. "¿Alguien puede coger ese teléfono?", gritó Hugo desde algún rincón de la casa; pero el teléfono sonó otra vez, y luego se hizo el silencio, y después volvió a sonar de nuevo. Hugo entró en el despacho con pasos precipitados, farfullando una palabrota, y descolgó a la mitad de un nuevo timbrazo. "Sí, diga", dijo mientras el auricular viajaba todavía hacia su oreja, en un tono apremiante, descortés, mezclando en su irritación al anónimo llamador y a quien le había obligado, con su pasividad, o tal vez con su ausencia, a atender la llamada." 

      Me gusta ir al cine una vez por semana. Es casi un ritual. Durante la semana apenas veo televisión, cada día menos si exceptuamos alguna serie a la que le cojo gusto una vez han terminado de emitir o, tal vez, aún no ha llegado a nuestro país. Así que una vez por semana me voy al cine a disfrutar de una sesión en pantalla grande. Y ahí descubrí el trailer de una película española que me llamó la atención porque tenía algo de muchas otras ya vistas, sobre todo de La carretera. No apunto jamás los títulos de las películas que me llaman la atención, por eso la olvidé. Por suerte me tropecé con el libro, eso refrescó mi memoria. hoy traigo a mi estantería virtual, Fin.

      Un grupo de amigos se reúnen en una cabaña, la misma en la que veinte años antes se dieron cita para la actual reunión y se dedican a rememorar viejos tiempos. Sin embargo hay uno que falta, al que llaman El Profeta. Esa noche empiezan a notar cosas raras como que las estrellas brillan con demasiada intensidad y al día siguiente uno de ellos desaparece. Es sólo el principio de una serie de hechos inexplicables.

     Lo cierto es que sólo con escarbar un poco parece que David Monteagudo es un futuro premiado de las letras y que su debut con este título fue algo sonado... que no recuerdo pese a que no hace tantos años. La historia es entretenida, plagada de diálogos hasta el punto de tener la sensación de estar leyendo el guión de la película. Eso no es malo, en realidad le da dinamismo, pero hay un momento en que tienes la cabeza llena de palabras y piensas como es posible que, quedando tan poca gente, no se haya reducido el cotorreo.
     No sabría decidirme entre terror y thriller en una novela que consigue enganchar al lector desde las primeras páginas. La sucesión de enigmas hace que te devanes la cabeza intentando encontrar una explicación racional a todo ello. Pasas de culpar a uno, a culpar a muchos, al mundo, a la ciencia, a la magia... y sigues leyendo rápidamente porque cada vez aprietan un poco más, un hecho nuevo llega a la historia que hace que nos intrigue más aún. Porque esa es la fórmula del autor, la de provocar la curiosidad mientras asistimos a las relaciones entre sus personajes, mientras nos van contando y vamos viendo sus cambios y evolución en este mundo extraño que les coloca el autor. Juega con personajes que nos resultan viejos conocidos, personas comunes y habituales en nuestra vida y eso hace que los acompañemos en una situación que también tiene ecos de otras historias, la encajamos pensando eso de... "tu cara me suena" y, precisamente por ello tenemos que ser capaces de dar con la llave mágica, porque ya "nos suena".

     Y aquí viene mi decepción. Sin dar un paso atrás ni desdecirme de lo expuesto, la novela engancha y es difícil de soltar... no me gustó el final. No os puedo decir el motivo porque os destriparía la historia, pero si os explicaré que cuando me compro un libro, le entrego horas. Son minutos de mi vida que entrego a sus páginas, ratos que escamoteo de cualquier otra actividad, normalmente del sueño, y corro a reunirme con la historia y sus personajes. Por eso me cuesta tanto perdonar un mal final. Hasta cierto punto me siento traicionada por los que ya son mis amigos y me contaron sus historias.

     Y, precisamente eso, es lo que me pasó con Fin. El final me ha estropeado totalmente la novela.

     Y vosotros que pensáis, ¿un mal final estropea una buena historia?

     Gracias.

viernes, 23 de agosto de 2019

Las campanas no doblan por nadie. Charles Bukowski


    "Los padres murieron más jóvenes de los que se suele morir, el padre primero, la madre poco después. Él no asistió al funeral del padre, pero estuvo en el último".

     Hace muchos años ya que leí Mujeres y desde entonces no he dejado de acercarme a las letras de Bukowski, a quien me abstendré de llamar viejo indecente utilizando el manido juego de palabras al que da pie un título suyo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las campanas no doblan por nadie.

     En esta colección de relatos, algunos inéditos y otros publicados en revistas como Hustle, se hace un recorrido por lo que es más representativo en la pluma de Bukowski.

     Allá por los años setenta Anagrama sacó una colección bajo el título "Contraseñas", caracterizada por ser provocadora en continente y contenido. Tanto es así que allí vio  la luz la obra de Bukowski bajo títulos como La máquina de follar, impensables para un libro en aquel momento. Así fue la entrada de este escritor en la vida de muchos lectores españoles y así comenzó la lucha entre aquellos que consideramos que su realismo sucio, su andadura por el género pulp, su crudeza y su poesía, son muestras de su genialidad.... y aquellos que defienden que la provocación es lo único que le hizo famoso y  que sin renovarse uno pierde incluso la capacidad de provocar.

     "Era el día después de su taller de escritura y siempre parecía haber estado metiéndose algo. Igual se lo metía".

     Este volumen, cuyo título corresponde al del último de sus relatos además de ser un homenaje nada encubierto a uno de los escritores de cabecera de Bukowski, es una recopilación casi perfecta de lo que podemos encontrar en la obra del autor. O lo que es lo mismo: sí, también Chinaski se pasea por las páginas de este libro. También hay situaciones de esas que uno diría "muy de Bukowski", solo él sería capaz de dar voz al empleado de un sex shop para que contara anécdotas y hace falta además un tipo de carácter muy especial para escribir que dicho protagonista habla de un cliente que no podía hinchar su muñeca debido a los problemas respiratorios que padecía. Porque eso es Bukowski, el escritor que normaliza con una anécdota a pie de calle algo impensable, en lo que posiblemente el sexo o el alcohol o la mugre o casi seguro que todas ellas, tengan algo que ver. Pero a fin de cuentas, ¿no forman todos ellos parte de la vida? Hay mujeres que viven en sótanos y hombres que friegan platos. Hay palabrotas que se escuchan en la calle y narradores que se involucran en las historias, muchas veces en exceso. También se hacen preguntas excesivas en situaciones formales, hombres que se masturban y esperan al amor de su vida y tantos otros personajes que son a partes iguales extraños y corrientes. Pero no son vulgares.

     Llevo mucho tiempo defendiendo que Bukowski no es vulgar, casi me ofende cada vez que lo leo. Hablar de sexo o de putas no tiene por qué ser vulgar lo mismo que el talento puede encontrarse en cualquier parte. Incluso en el realismo sucio. Para leer a Bukowski hay que tomarse un tiempo, sobre todo si son relatos y vamos a ir saltando de historia en historia, porque su genialidad, el talento de este hombre, no radica en que toda la opinión y la gente le importasen poco, y tampoco lo hace en el hecho de que casi todos aquellos críticos habitualmente estirados y/o egocéntricos decidieran apear sus tratamientos para decir un joder cuando hablaban de su obra. No, apostaría a que eso si que le daba absolutamente igual a Bukoswi. Su verdadero talento está en las verdades que emanan de cada una de sus obras, en su capacidad para posar la mirada donde otros jamás lo harían y darle el tono justo para que nos sea imposible no mirar. Eso es Bukowski.

     "Los escritores siguen escribiendo y los artistas siguen pintando pero eso no tiene mucha importancia".

     No voy a hablar de la infancia del autor como si eso justificara su obra, porque no la necesita. Lo que si que voy a hacer es recomendaros que os acerquéis a ella. Las campanas no doblan por nadie es una gran opción para hacerlo despacio, a sorbos. Intentadlo.

     Y a vosotros, ¿os gusta Bukowski?

     "A Hiroshima le pusieron el nuevo nombre de América".

     Gracias.