lunes, 12 de mayo de 2025
Tengo un nombre. Chanel Miller
lunes, 18 de diciembre de 2023
Trilogía Iremonger. Los secretos de Heap House. Edward Carey
"En realidad todo empezó, todo este terrible asunto, el día en que desapareció el picaporte de mi Tía Rosamud. Era su picaporte particular, un picaporte de latón. Es cierto que no ayudó en absoluto que todo el día anterior se hubiera dedicado, como tenía por costumbre, a recorrer la mansión entera en busca de cualquier razón por la que quejarse. Había escudriñado cada planta, escaleras arriba y abajo, abriendo puertas sin ton ni son y sacándole defectos a todo. E insistía en que, en el transcurso de sus minuciosas investigaciones, no se había separado de su picaporte en ningún momento, pero que ahora ya no lo tenía. Alguien, dijo a voz en grito, se lo había robado".
lunes, 4 de diciembre de 2023
X. Percival Everett
No me digáis por qué me llamó la atención esta novela. Creo que por el batiburrillo de sinopsis pero no lo tengo claro. El casi es que hoy traigo a mi estantería virtual, X (Erasure).
Dicen que Everett practica la novela experimental, pero este libro ha sido mi primera vez así que diré que es un poco raro y que cada lector piense lo que quiera.
Conocemos a Monk, tiene un nombre más rimbombante y complicado, pero es Monk. Es un escritor negro, de piel que no de profesión, que ha sido detenido varias veces por polis blancos, algo no tan extraordinario en USA. Aún así hay quien no le ve lo suficientemente negro. Familia de médicos, estudiante brillante parece carecer de las aptitudes propias de su raza como las deportivas, el basket en sí. Monk es, en definitiva, un negro que reescribe clásicos y se sienta más o menos satisfecho, al menos más de lo que otros creen insistiéndole en que escriba cosas raciales. Y por cierto que no le gustan las novelas protagonizadas por escritores, hasta la que escribe ahora, porque esto es pura metaliteratura así que escribe tanto sobre literatura como sobre su familia en una novela irónica y cargada como una escopeta. Y es que en su familia hay de todo, desde pérdida de memoria hasta asesinatos pasando por gays que fingen ser heteros más allá de lo razonable (que es nada).Por si fuera poco parece que hay una hermana secreta. En definitiva, un cuadro. Monk se da cuenta de que sus libros van a entrar en el catálogo de afroamericanos pese a que solo tiene de ello al autor. En cambio autores claramente mediocres alcanzan el éxito con frases que son puro formulismo. Y entonces tiene una idea: parodiar una de estas novelas de éxito sin revelar su identidad utilizando un seudónimo que es a la vez un juego de palabras para algunos lectores y obtiene con dicha parodia una lucrativa oferta.
Y todo esto está en la novela que se embarca en un juego literario sobre el valor y la valía, el escritor y sus personajes o el escritor que se convierte en personaje y, como no, los premios literarios. Es una novela divertida pero que tiene mucho de reflejo social del tema racial en los 90, algo que no recuerdo haber visto tratado nunca en la literatura y que me ha parecido interesante, puesto que ya existían best sellers de este color de piel.
La parte experimental es más formal. Hay una novela dentro de otra, un narrador que parece molestar y que cambia de foco y de persona pero no de necesidad. Y todo esto sin reírse uno demasiado cuando lo intenta explicar como yo ahora. Además contiene cartas, artículos, mensaje y casi cualquier forma de comunicación que a uno se le ocurra y, por raro que parezca, el lector encuentra orden dentro de este caos y se abre paso hasta una novela inteligente cuya lectura ha sido un placer. Hay mucho de literatura y de crítica al producto o a la moda o la línea, algo que se mantiene hoy en día en las editoriales. Mucho de todo en realidad.
X es una novela diferente y original en la que cuesta situarse, pero el esfuerzo merece la pena.
Y vosotros, con qué libro comenzáis la semana?
Gracias
lunes, 24 de abril de 2023
Vamos a morir todos. Emily Austin
Oscuridad. Total. Absoluta".
Siempre he pensado que es más difícil hacer reír que llorar en un libro. Por eso sigo acercándome a aquellos que veo prometen un humor diferente. Hoy traigo a mi estantería virtual, Vamos a morir todos.
Conocemos a Gilda, una joven lesbiana y atea que está en un momento complicado. Está comenzando una relación con una chica que conoció en una app, sufre de ansiedad que se ve agravada por su miedo a morir y necesita un empleo. Entonces tropieza con un anuncio y la casualidad hace que acabe trabajando de secretaria para Jeff, el párroco de una iglesia en la que todos se conocen. Allí esconde su condición de atea y lesbiana mientras se encuentra con los mails que Grace, la anciana cuya muerte dejó vacante su actual puesto, entre los que se encuentran los de una amiga que desconoce que escribe a una mujer muerta.
La novela se desarrolla en torno al monólogo en primera persona de Gilda, que buscando ayuda se ha visto empujada a un trabajo en el que no puede ser ella misma y donde descubre que su necesidad de agradar y ayudar a los demás es superior a sus propias necesidades psicológicas. Gilda es un personajes peculiar que desarrolla su vida en función de impulsos que son recreados en la novela con torrentes de palabras que se muestran aparentemente en párrafos inconexos pero que, al mismo tiempo, dan una compleja y completa imagen de la mentalidad de esta mujer.
Es cierto que la novela tiene un sentido del humor con un punto macabro basado en las observaciones reales o imaginadas de la protagonista pero también lo es que hay un drama subyacente en toda la historia que poco a poco va calando en el ánimo del lector. Y es que Gilda se siente sola y desprotegida. No sabe dónde acudir ni cómo recibir la ayuda necesaria para encontrarse mejor. Es consciente de su ansiedad tanto como de sus emociones pero al mismo tiempo se ve arrastrada a las preocupaciones de quienes la rodean y no duda en esconderse una y otra vez llegando incluso a cerrar una cita con un chico familia de una feligresa. Gilda protege a su hermano Eli, de quien ve los problemas tanto como la falta de carácter de sus padres para ver al hijo que les queda en casa tal y como es, y busca en muchos momentos un hilo de afecto que le sirva de anclaje para esta vida doble que ha comenzado a llevar sin darse cuenta y que ha ido atrapando cada segundo de su tiempo. La trama se enmaraña al aparecer la policía para investigar una serie de muertes sospechosas entre las que tal vez se encuentre la buena de Grace y así la autora nos lleva de forma más o menos accidentada por una novela debut con una historia más profunda de lo que uno pudiera esperar al comenzarla.
Vamos a morir todos es una novela sobre la cotidianeidad que se produce incluso en escenarios aparentemente extraordinarios. Una historia de problemas, identidades, ansiedades y casi cualquier circunstancia que uno pueda vivir en la sociedad moderna.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
lunes, 24 de febrero de 2020
Todos quieren a Daisy Jones. Taylor Jenkins Reid
“Así eran las cosas. Se suponía que yo no era más que la inspiración para la gran idea de algún hombre. Pues a la mierda con eso".
Me gustan las historias detrás de las historias, eso que en algunos documentales se llama "behind the scenes", así que este libro era del todo irresistible. Hoy traigo a mi estantería virtual, Todos quieren a Daisy Jones.
Durante la década de los 70 Daisy Jones and The Six fue un grupo icónico seguido por miles de personas que compraban su música y abarrotan sus conciertos. Sin embargo, en 1979 y sin previo aviso, el grupo decide separarse dejando un vacío en el corazón de sus fans. Han tenido que pasar años para que los distintos miembros de la banda y quienes tenían más contacto con ellos accedieran a conceder entrevistas por separado para relatar lo que sucedió.
Los años setenta es un momento importante para el rock, una música que se convierte en un fenómeno de masas y una época en la que las drogas silencian a algunos mientras que otros grupos se separan de forma más o menos pacífica. El Glam, el Trash, el Heavy... todos conviven en la época dorada de la música en la que U2, Sex Pistols y tantos otros ponían banda sonora a la vida de miles de personas. Y es en este contexto en el que un productor se fija en Daisy Jones, una mujer con una voz imponente y una presencia no menos llamativa, y en Billy Dunne y su grupo The Six. Decide entonces unir ambas partes para una colaboración que resulta ser un éxito tan impresionante como para provocar que ambas partes se unan. Y así nace Daisy Jones and The Six, una de las bandas más famosas de aquella época. Una época de excesos, de sexo y de drogas como bien saben los dos protagonistas que provocó el silencio de tantos otros grupos. En este caso, y gracias a las entrevistas que nos presenta Jenkins, somos capaces de reconstruir una historia en la que cada uno da su versión o visión de los hechos y de la que lo primero que tenemos claro, es que no hay una única verdad. Aún así veremos la tensión permanente entre Daisy y Billy, viviremos el romance y, sobre todo, disfrutaremos de sus personajes femeninos, en los que la autora parece haberse volcado. Todas son mujeres luchadoras y con una visión propia de su arte, de la pareja de Billy, Camila, la historia de Karen o la de la magnífica Simone. Historias que lejos de eclipsar a la protagonista evitan la sensación de estar ante la historia de "la perfecta candidata a convertirse en..." y que, además de darnos sus versiones personales, van abriéndose poco a poco a la vez que dejan un retrato del momento en el que se desarrollaron. Y es que, aunque las letras de las canciones incluídas en el libro me han parecido cursis, he caído en la trampa de buscar entre líneas si en ellas se iba reflejando algo de lo vivido por el grupo. A fin de cuentas, "Sweetest thing" se escribió para pedir perdón y Bono ha indicado muchas veces las influencias de escritores, músicos y sus propias vivencias en sus canciones. Y es que, si de algo pecamos los fans, es de buscar más de lo que se nos da y por eso este tipo de documentales tienen tanto éxito. Puede que uno no conozca el grupo del que se habla, pero no tarda en desear escuchar "Aurora" y en querer saber un poco más de todos los que nos están hablando.
Daisy Jones and The Six es un libro concebido como un programa documental en el que el lector va recogiendo información y clasificándola mientras se deja llevar por la década del rock, tarareando canciones y buscando saber un poco más sobre cada personaje. Y llegado este punto estaréis pensando que este libro está dirigido a fans del grupo y, por lo tanto, no es para vosotros ya que ni siquiera lo conocíais. Bien, el mejor argumento que puedo daros para que veáis claramente que no es así, es que jamás existió Daisy Jones and The Six. Jenkins recoge una década y mezcla las historias de algunos de los grupos que la marcaron y que fuera de los escenarios eran auténticas novelas para lograr que el lector pase la última página con el único pesar de no poder escuchar su música. Incluso si, como a mi, las letras de las canciones le han parecido un poco simplonas.
Este libro se va a llevar a la pequeña pantalla en una de esas plataformas de pago, Amazon creo, ya que Reese Witherspoon quedó fascinada con la novela. Y yo solo pido que ella no sea Daisy Jones ya que, gracias a Jenkins, mi mito ya ha nacido y tiene su propia cara. No os desvelo más, porque merece ser descubierto, aunque a veces al autor se le vaya un poco el pulso de la narración. Quizás en audiolibro... o puede que sea el fantasma de quien nunca existió que reclama su derecho a ser un poquito más tangible quien me haga afirmar esto.
Dicho esto me declaro fan de los Blues Brothers tanto como de The Soggy Bottom Boys, Stillwater o de The Wonders. Incluso pasé por una época en la que me interesó el grupo de música que formó aquel personaje de Perdidos... pero que ya no recuerdo. El mundo está lleno de grupos de ficción, descubramos a Daisy Jones and The Six.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
lunes, 23 de septiembre de 2019
Peyton Place. Grace Metalious
"Bueno, ya sabes lo que dicen: los ricos tienen dinero y los pobres tienen hijos".
Recuerdo haber visto a una maravillosa Lana Turner hace años en la adaptación cinematográfica de esta serie y haber pensado en leer la novela. Sin embargo, no ha sido hasta este verano que lo hice y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Peyton Place.
Conocemos Peyton Place, una pequeña ciudad de aspecto idílico cuyos secretos están a punto de salir a la luz. No es que en este tipo de ciudades no se cuenten secretos, de hecho, muchas veces se sirven a la hora de la cena exactamente igual que un buen asado, pero no se airean de forma pública. Saltando de personaje en personaje, aunque sobre todo nos centraremos en tres mujeres, descubriremos todas las faltas de la pequeña ciudad. Abortos, violencia, racismo,envidias... nada es ajeno a Peyton Place. Y todo ello lo viviremos a través de sus tres grandes protagonistas: Constance, Selena y Allison, hija de la primera.
Cuando Peyton Place se publicó se formó un buen escándalo. En aquella época, las apariencias lo eran todo y a nadie le gustaba que destapasen los secretos de su vecindario. Peyton Place se convirtió en uno de esos fenómenos literarios que nadie confiesa estar leyendo, nadie encumbra como libro y, por supuesto, nadie agradece a su autora. Sin embargo, agua lleva el río cuando suena, no tardó en tener su propia adaptación cinematográfica y tampoco se hizo esperar la serie en una época en la que Netflix o HBO no eran el termómetro del éxito.
Peyton Place se publica, como ya he comentado, a finales de los cincuenta, pero está ambientado en el año 1939 en una ciudad que la autora conocía muy bien, Gilmanton. En el momento de publicación de la novela, los habitantes de la ciudad estaban lejos de sentirse orgullosos de su celebridad local, en lugar de eso se miraban con recelo unos a otros creyendo reconocer a los personajes de su tan odiado libro. Tanto es así, que a la muerte de Metalious, muchos pensaron que no era merecedora del cementerio de la ciudad y, aunque finalmente lo fue, alguien se encargó de comprar los terrenos cercanos para que su tumba estuviera sola. Pero vamos con la novela.
Peyton Place desmembra la vida de una pequeña ciudad cuyo nombre de título a la novela pero que bien podría ser cualquier otra. En cualquier lugar. Tiene de alta literatura lo que la tortilla de patatas de alta cocina y, como sucede con esta última, causa el mismo placer banal durante su lectura. Al más puro estilo de Pequeñas mentirosas, por poner un ejemplo, la novela oscila entre la telenovela y el serial para enganchar al lector como si se tratara de una gripe que te incapacita para hacer otra cosa que leer una página más. Es cierto que hoy en día ni siquiera levantamos una ceja ante lo que en aquella época estoy segura que supuso un revuelo de tres pares de narices, pero, precisamente por eso, es Peyton Place un experimento que sigue funcionando tanto en la literatura como en la sociedad actual. Hay abortos, incesto, incendios, racismo y suicidios. Hay mujeres castigadas y hombres que no salen bien parados, personajes que son tan típicos que resultan casi caricaturas y otros a los que no terminamos de conocer ni siquiera por sus acciones. Conocemos a Selena, a Constance, también a Lucas y lo que hace con su hija, a Betty, a Ginny... sabemos que unos abusan de otras, que hay bofetadas y también hijas que son tratadas como una inversión. Desde luego que no lo pasan bien las mujeres, pero los hombres distan mucho de ser unos santos. Y, con todo esto y un siglo después, el lector sigue enganchado a las páginas de una novela que demuestra que seguimos siendo una sociedad de cortinas echadas y cotilleos a media voz que tratan sobre el vecino de al lado. Tal vez haya cambiado la forma en que la sociedad ve los pecados y tal vez en la calle uno no solo no se escandalice de ciertas cosas, sino que además lo revista de un trato de normalidad, pero si esta novela demuestra algo, es que en el fondo, cuando estamos a gusto y apenas nadie nos oye, tal vez no nos diferenciemos tanto de esos habitantes creados por Metalious que señalaban a otras mientras decían ¡Puta!. Y de hecho, posiblemente por ese motivo, Peyton Place ha envejecido demasiado bien.
Peyton Place es una novela divertida, un serial en papel que apetece leer para evadirse del mundo y que, si bien no escandaliza, hará que nuestro lado cotilla sea muy feliz durante un montón de horas. Hagan la prueba, visiten Peyton Place. A fin de cuentas, leerlo tantos años más tarde hará que encontremos un montón de detalles de nuestras series favoritas.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
miércoles, 6 de marzo de 2019
Los asquerosos. Santiago Lorenzo
"Nació en Madrid en 1991. Su padre era uno que le daba igual a todo el mundo. Su madre, que lo mismo, era la hermana de mi exmujer, a la que no veo desde hace ya ni sé. No tenía más tíos que yo.
Impresionaba verle, con once años, buscando trabajo en Internet. Ni se lo iban a dar ni él lo iba a pedir, por su edad. Pero desde crío, Manuel ya estaba indagando sobre cómo sería verse a sí mismo metido en el mundo.
Manuel es nombre falso. Pero es que no debo dar el verdadero".
A veces uno ve tantas opiniones sobre un libro que no sabe si ir a comprarlo, o dejar pasar un tiempo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los asquerosos.
Conocemos a Manuel, aunque no sea su verdadero nombre. Niño espabilado, ciudadano de Madrid, en su segunda semana de emancipación le clava un destornillador a un antidisturbios. Él sólo pretendía defenderse, pero su destornillador terminó clavado en el cuello del policía y eso provoca que Manuel acabe... en un pueblo perdido de la meseta. Allí vivirá con lo absolutamente indispensable (agua, plantas, una pequeña compra que le lleva su tío y libros de Austral) y descubrirá que es feliz.
Es curioso esto de la moda de la novela rural. Cada vez salen más libros que parecen haber recogido el testigo de El camino y se empeñan en situar en la literatura las zonas que olvidamos del mapa. Y algo parecido hace Santiago Lorenzo en este libro... salvo porque no se parece a ningún otro. Y es que Santiago tiene un estilo propio que ya había notado en sus libros anteriores y que parece marcar a todos sus personajes.
En esta ocasión será el tío del protagonista el encargado de contarnos su historia. Con un vocabulario a ratos barroco y otros directamente inventado, pero de fácil comprensión, nos sumergirnos en la historia de Manuel, huido, escondido, eremita, crítico y feliz. Concebido con un gran sentido del humor, y posiblemente sabiendo que la risa es más difícil de provocar que el llanto, Santiago esquiva el libro gag para darnos una historia fresca, irónica y muy crítica con la sociedad actual. No se trata sólo de alabar lo rural, la tranquilidad, la falta de estrés sino de usar un humor basado en el lenguaje para señalar las faltas del mundo en el que vivimos la mayoría. De hecho, si comenzaba diciendo que la literatura rural estaba de moda, hace unos años lo estuvo "hacerse una casita en el pueblo", y esos nuevos vecinos serán el blanco de la mordacidad de Lorenzo, a quienes criticará casi con la ira del esfumado que ha olvidado que antes fumaba cuando ve a alguien encender un cigarro.
Es cierto que hacía la mitad del libro hubo un momento en el que temí cansarme, caer en un bucle de recursos repetidos que pierden la frescura y el ingenio de las primeras páginas, pero el autor sabe dar a la novela el giro justo para que al lector le apetezca terminarla. No sólo eso, sino que superada la mitad hay un par de capítulos que me han parecido lo mejor del libro con diferencia.
Por supuesto no contaré como termina esta historia mil veces comparada con Robinson Crusoe, ya que eso hay que descubrirlo poco a poco, pero sí diré que el final está a la altura de la novela.
Los asquerosos es un libro ameno que esconde navajas afiladas tras un sólido disfraz de comedia. No es la genialidad que muchos han proclamado, pero me lo he pasado francamente bien leyéndolo.
Y a vosotros, ¿os cuesta más que un libro os haga reír o llorar?
Gracias.
martes, 21 de agosto de 2018
Vives en las cintas que me grabaste. Rob Sheffield
" He encontrado esta cinta con la letra rizada de Renée en la etiqueta. ntuyo que la noche va a ser larga. Estamos solos Renée, las canciones que ella eligió y yo. Todas esas melodías me recuerdan a ella. No es la primera vez que hacemos esto. A veces nos contramos a oscuras y compartimos unas cuantas canciones. Es lo más cerca que estaremos de oir nuestras voces".
Entre tanta modernidad mezclada con programas que nos recuerdan la música de otros tiempos, es difícil no fijarse en libros que prometen una pequeña mirada atrás a algo tan cotidiano como la música que suena en las emisoras de moda. Por eso es fácil fijarse en el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Vives en las cintas que me grabaste.
Conocemos a Sheffield totalmente marcado por la muerte de Renée Crist, su pareja, la mujer que se acercó al chico tímido que siempre había sido y compartió amor, vida y pasión por la música. Solo que Renée murió de una embolia pulmonar con 31 años tras haber compartido 5 años de vida con su marido. Aficionados ambos a la música que dejaron llenara sus vidas, Sheffield cuenta en este libro el amor que tuvo y perdió a través de la melodía de sus vidas dejando testigo no solo del dolor de sus recuerdos, sino también de una parte de la cultura de la época.
A veces no nos damos cuenta de lo mucho que ha cambiado la vida en las últimas décadas y entonces llega algo que nos recuerda lo que para la historia sería un momento fugaz. Allá por el año ochenta y tantos, grabar una cinta era na declaración personal de gustos y de sentimientos hacia la persona a la que iba destinada la cinta, en el caso de ser un regalo. No existían los ipods y lo más parecido a una descarga ilegal de música era grabar una canción de la radio cruzando los dedos para que el locutor no hablara. Hoy suena casi a ciencia ficción hablar de algo así, pero en aquel momento las canciones se elegían con sumo cuidado y esas cintas eran trocitos de la vida de quien las preparaba.
Cuando uno trabaja en una de las revistas sobre música más importantes del mundo, está claro que la música es importante para esa persona. Eso le sucede a Rob, y no nos sorprenderá que también le gustara la música a la que fuera su esposa. De hecho y como el propio Rob cuenta, ya en su primera cita la conversación derivó hacia la música por una canción elegida por el barman y ya en ese momento Rob le dijo a Renée que le grabaría una cinta. Esa sería la primera de las que compartieran juntos, sirviendo cualquier motivo para grabarlas, ya fuera dormir, viajar o lavar los platos, la música fue una constante de su vida. Lo que hace Rob en este libro es relatar su relación y con ella gracias a la música que les acompañó dar un reflejo de la cultura musical del momento que seguro gustará a los lectores de una cierta edad capaces de reconocerse en estos años noventa. De este modo, y partiendo del momento en que ya viudo encontró una caja con todas las cintas que grabaron, el autor deja un testimonio doloroso y honesto sobre su amor, relación y el terrible sentimiento de pérdida que le dejó la muerte de la persona amada. Una pérdida que le llevó incluso a pensar que él padecía la misma enfermedad que ella tuvo y que ahora, pasados ya unos años, recuerda con la misma intensidad con la que la vivió. Y lo hace encontrando el equilibrio justo como para no perder a ninguno de los que serían los lectores potenciales de esta historia. Por un lado, es un libro que hará disfrutar a todos los aficionados a esa música de los años noventa que tan bien aparece reflejada en sus páginas, y por otro también a quienes acudan al libro para leer el testimonio de una relación perdida y, en ninguno de los dos casos, se verán saturados por la otra mitad de la historia.
Rob abre cada capítulo con una cinta y cada cinta está llena de canciones, y de ese modo, con algo tan habitual como las canciones que van sonando en nuestra vida aunque no nos paremos a escucharlas detenidamente, consigue una corriente de empatía con el lector. Un sentimiento que se va afianzando a medida que leemos el testimonio de Rob en un libro cercano y a ratos casi entrañable que consigue despertar ese sentimiento nostálgico de quienes reconocen aquella costumbre de recopilar sus canciones en las cintas grabadas.
Vives en las cintas que me grabaste es la historia de un amor con y sin la pareja al lado y también la historia del amor de una pareja por la música que les acompañó durante su vida. Un libro que he disfrutado mucho más de lo que esperaba.
Y vosotros, ¿os dejáis llevar por la nostalgia cuando encontráis este tipo de referencias en las novelas?
Gracias.
martes, 8 de mayo de 2018
Muerte con pingüino. Andrei Kurkov
"Misha había aparecido echez Viktor hacía un año, cuando el zoo estuvo repartiendo animales hambrientos a quien pudiera darles de comer. Viktor había pasado por allí y había vuelto con un pingüino rey".
Hay muchos motivos para leer un libro, y el mejor es la amistad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Muerte con pingüino.
Conocemos a Misha, un pingüino rey que ha sido donado por el zoo a un particular llamado Viktor. Viktor es escritor, pero solo de relatitos y ni con ellos tiene mucho éxito, vive en soledad, casi triste, junto a su triste pingüino, buscando el lugar en el que le publiquen su último relato. Estamos en l Rusia postsoviética y la oportunidad llama a la puerta de Viktor en forma de curioso encargo: escribir estelas en un periódico. ¿Y qué es una estela? Pues la esquela escrita de alguien que aún está vivo. Y ese será el trabajo con el que Viktor gane dinero para subsistir junto a Misha, y también el comienzo de una novela negra.
Rusia ha dado mucho de sí para escribir historia y está claro que algo había que hacer para no repetirse. Por eso el ucraniano Kurkov decidió meter un pingüino en su historia, el por qué de un pingüino es algo que se me escapa, quizás por el frío o por la compra de peces congelados. Tal vez porque nunca estaría a gusto por mucho que le intentaran comprender, ya que su hogar y entorno quedaba demasiado lejos... tal vez. El caso es que es casi cooprotagonista de esta novela negra en la que se escriben obituarios de quien aún respira a la espera de poder hacer que vean la luz.Y si curioso es el encargo, más lo es que el protagonista ni siquiera se plantee lo raro del asunto, hasta que la primera estela es utilizada. En ese momento la novela gira para tornarse en una historia de espías, con niña a cargo incluida, mientras el pingüino pasea por la casa esperando que alguien le llene la bañera de agua fría para darse un chapuzón.
Este curioso argumento le da pie para mostrar las penurias y el hambre, la escasez y los secretismos de un momento en el que nadie se atrevía a peguntar, y la curiosidad de tener un pingüino se explica con la situación del zoo que es, a su vez, un gran ejemplo del lamentable estado en el que se vivió en aquel momento en la ciudad.
Un mundo gris y frío en el que retumban disparos con víctimas que nadie quiere parare a mirar, un lugar con hambre en las casas y silencio ante cualquier ruido... un país en el que no se pregunta y un argumento extravagante para contar una historia conocida tomando un ángulo diferente al habitual. Eso es lo que ofrece Kurkov en su novela y eso es lo que hay que estar dispuesto a leer. Más allá del aviso, no me atrevo a hacer una recomendación directa de esta historia a la que le ha faltado un punto de atrevimiento para ser brillante.
Me ha sucedido con este libro una cosa curiosa, y es que me sonaba demasiado el argumento. Al ser tan peculiar, es difícil que a uno le suene si no lo ha leído y me anticipaba incluso a los hechos, cosa que llegó a irritarme, porque no encontraba referencias a que fuera una reedición por ninguna parte. Y para estas cosas, soy un poco maniática, además es evidente que carezco del don de la premonición o en otro caso ya me hubiera tocado la lotería. Finalmente y tras una revisión a fondo, encontré que se editó ya en el año 2007. Menudo alivio no estar loca, aunque, claro, eso deslució terriblemente el descubrimiento de Misha.
Y a vosotros, ¿os ha sucedido alguna vez algo parecido?
Gracias.
viernes, 23 de marzo de 2018
La extraordinaria familia Telemacus. Daryl Gregory
"Matty Telemacus abandonó su cuerpo por primera vez en el verano de 1955, cuando tenía catorce años".
Lo primero que voy a decir de este libro, es que me pareció bonito. Al verlo en la librería, con ese toque llamativo y nostálgico, no pude evitar fijarme en él y pensar: qué bonito es. Y claro, eso hizo que lo leyera. Hoy traigo a mi estantería virtual, La extraordinaria familia Telemacus.
Estamos en los años noventa y conocemos a la familia Telemacus, un nombre que hace un par de años era conocido por todos gracias a su show televisivo. Sin embargo, el programa cayó en desgracia y la cabeza de familia murió poco después. Ahora nada es lo que era. Sobre todo porque el viudo, Teddy, parece un hombre incapaz de hacer su papel de cabeza de familia.
Y tras dar esta pincelada sobre la novela, sigamos con la parte divertida, que es todo lo demás. En primer lugar conocemos a la familia: Teddy, el padre de familia, no tiene más poder que el del engaño. Además tiene bastante claro que si uno tiene poderes, poco logra, pero si hace un buen truco... eso ya es otra cosa. Los que sí tienen poderes, son el resto de su familia. Desde su esposa, a la que conoció en un curso experimental sobre telequinesis, y que es capaz de adivinar cada uno de sus pensamientos, hasta sus hijos: Irene, es capaz de detectar la mentira, Frankie mueve objetos con la mente y Buddy es capaz de ver el futuro. Si ahora os estáis preguntando por Matty, que es quien protagoniza el fragmento puesto, os diré que Matty es el hijo de Irene, y que es capaz de salir de su cuerpo. El problema es que le sucede cuando se excita, y eso a los catorce años puede ser un problema.
Con estos personajes, la novela es todo menos habitual. De hecho, si me preguntáseis ahora y siendo sincera, os diría que es una saga familiar en la que vemos algo del Chicago de la época, mezclado con una comedia de enredo al uso y que está dirigida por unos personajes tan carismáticos, que de no ser por la habilidad del autor, se hubieran comido la historia. Y todo ello, escrito con la habilidad suficiente como para que el lector disfrute de esta insólita trama sin importar si le atraen o no las historias de superpoderes. Porque este libro es mucho más.
En primer lugar imaginad la familia, es totalmente disfuncional. Hay un proyecto secreto del gobierno desde el primer momento en la historia, ya que es así como se conocen los padres de la familia. Además, si la madre muere e Irene se hace cargo de todos ellos, comprenderéis lo complicado que puede ser tratar con alguien a quien no se puede mentir. Teddy conocía también los peores fondos, a los cuales su hijo Frankie ahora debe dinero, pero como buen hijo, maquina y llega a la conclusión de que tal vez los poderes de Mattie le puedan echar una mano. Y Buddy... bueno, Buddy es genial, siempre realizando algún tipo de reforma, y siempre sin decir nada, no vaya a ser que sus palabras cambien algo del futuro... o del presente... o de la realidad o visión que esté teniendo o haya tenido. No siempre lo tiene todo tan claro como debería en ese sentido.
La novela abre mientras nos acercamos al 4 de septiembre, y nos va dando las distintas visiones mezcladas con recuerdos, de los personajes. De este modo viviremos los primeros momentos de la pareja, el programa de éxito y también la caída en desgracia. Y nos preguntaremos por ese cuatro de septiembre mientras vigilamos o no a quien puede saberlo de antemano. A todo esto hay que sumarle historias de amor, frustrado o no, conspiraciones, gobierno, rusos, engaños, familia, mafia... y quizás os empecéis a hacer una idea del libro que hoy os estoy presentando.
Los Telemacus, propensos al error de elección, son una familia entrañable a la que es imposible no coger cariño. Sus vivencias, más allá de la gracia, tienen una segunda lectura un tanto más satírica y su historia, que en el fondo es menos disparatada de lo que uno podría esperar, no decae en ningún momento. El autor procura controlar en todo momento hasta qué punto abusa o no de las rarezas familiares y logra un equilibrio que hace que el lector se sienta cómodo. no me cabe duda de que para lograr todo eso, la novela ha debido de ser un verdadero quebradero de cabeza, y no me extraña por ello que la propia Maureen haya tenido que colaborar enviando alguna carta al autor, pero cuando uno lee la historia, no tiene la sensación de enfarrangarse en ningún momento. Al contrario.
La extraordinaria familia Telemacus es una novela fresca, divertida y diferente de la que he disfrutado mucho. Con unos personajes únicos y un desarrollo impecable consigue que cerremos el libro satisfechos y también, por qué no decirlo, que nos de un poco de pena tener que despedirnos de los miembros de esta familia. No dejéis de conocerlos.
Y vosotros, ¿os habéis acercado a algún libro simplemente por lo bonito que era?
Gracias.
viernes, 17 de febrero de 2017
Que me quieras. Merritt Tierce
"Los conocí en el caterin por el nuevo Grupo de Cirugía Mínimamente Invasiva de la Columna y el Cuello que los cuatro acababan de fundar. Cornelius era el que me gustaba y el único al que no me tiré, aunque fue el único que me pidió una cita."
Tenía muchísimas ganas de tener este libro. Desde el primer momento, desde el primer día, me atrajo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Que me quieras.
Conocemos a Marie, Camarera. Así, con mayúsculas. Y este libro nos cuenta la vida de Marie.
Dicho así parece algo carente de sentido, cuando es justamente lo contrario. En una vida cualquiera, un paso en falso puede cambiar el rumbo del futuro. Marie se queda embarazada siendo adolescente, ella era un cerebrito y se había saltado un curso, así que su embarazo se produce siendo menor. Busca trabajo, avanza con su vida y, contra todo pronóstico en los argumentos de libros que pasan por modernos, se casa con el padre de su hija. La brillante estudiante de Texas que miraba hacia Yale, comienza su historia con 21 años, camarera y la dudosa virtud de soportar a hombres terribles. Y así comienza mirando atrás para relatarnos una vida vacía, que no es capaz de llenar con sexo, cocaína o dolor físico provocado por lesiones. De la ilusión de un juguete roto a una cáscara hueca que solo se ve plena al hablar de su hija, y de su trabajo como camarera.
Cuando uno se enfrenta a una historia como esta, es fácil temer los tópicos habituales. A saber: o será una protagonista desgraciada que ha sufrido todas las vejaciones que se le ocurra al escritor, o estaremos ante una mujer coraje, perfecta para el papel de Julia Roberts. Pero no en este caso, Merritt Tierce ha optado por un camino más amplio y realista, el de la vida misma. Y deja que sea ella quien vaya desmadejando su historia como si fueran páginas de un álbum de fotos en el que vemos cómo han sido los días de esta mujer. Una mujer que no sufre abusos más que de sí misma, y que me hizo sentir auténtico terror ante determinadas situaciones que se provocaba. Y como contrapunto, la normalidad del trabajo, los compañeros (que podían o no ser de cama también), limpiar mesas, recoger vasos, mano en el muslo, cliente habitual, zona de ensaladas, saltarse pasos para cometer errores, no saltarse ningún paso mientras se cometen errores... en una larga sucesión de una vida rota y una protagonista que no se lamenta. Pareciera anestesiada. Hasta que dice que busca que un dolor tape a otro, y entonces asoma todo lo que ha empujado a esta novela a convertirse en una de mis lecturas favoritas del año, ¡y lo digo ya en febrero!
Tierce escribe una novela brillante y desgarradora, con un estilo impecable, perfectamente fragmentado para que el lector, al igual que su protagonista, oscile entre una conciencia feroz y una vida igualmente feroz. No puedo hacer más que recomendaros su lectura.
A veces, y cada vez más, me sorprenden las primeras veces, las primeras novelas. Y vosotros, ¿os aventuráis con nombres nuevos o preferías leer sobre seguro?
Gracias.
miércoles, 4 de mayo de 2016
Crezco. Ben Brooks
"Son las 2:46 y sigo despierto. Hay varias causas para el insomnio, como una glándula tiroides hiperactiva, la diabetes, los espasmos musculares violentos, una comida pesada o el exceso de cafeína. El insomnio también puede ser resultado del estrés. Estoy estresado porque pienso en Keith y en que mató a su ex mujer."
Leí Lolito hace tiempo y descubrí a un irreverente y jovencísimo escritor que parecía tener mucho que decir y pocas ganas de morderse la lengua. Me quedé con ganas de más. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Crezco.
Conocemos a Jasper y su grupo de amigos cuando está cerca de cumplir los dieciocho. Les acompañamos en su vida, sus correrías y sus impulsos.
Hay una suerte de atracción para determinado tipo de lectores por las historias de momentos claves en la vida de las personas normales. No buscan guerras, desdichas o desgracias, sino personas. Y uno de los momentos determinantes en la vida de cualquiera, es ese que llaman de iniciación a la vida adulta. Y eso es lo que nos cuenta Ben Brooks en esta novela.
Crezco es justo ese paso de la infancia a la edad adulta llamado adolescencia y que viene marcado por experiencias muchas veces no contadas, o no reconocidas, pero pasadas por muchos. es cierto que Jasper, en este caso, vive un poco más al límite de lo normal, pero si durante la lectura ampliamos miras, descubrimos que es un personaje tan normal como preocupante. Las hormonas, el sexo, la bebida y las drogas que son de fácil acceso cuando uno ronda los dieciocho pueblan las páginas de esta novela en la que un adolescente se confiesa como no lo haría siquiera en un diario por miedo a ser descubierto.
Las críticas hacia esta obra de Ben, son practica mente encontradas, como supongo que puede serlo su lectura. Por un lado, a mayor cercanía con el protagonista, mayor reconocimiento hacia lo expresado. Tal vez no tan marcado, no tan extremo, pero ahí está. La pulsión por experimentar, por el porno ahora tan accesible en las redes, ese momento en que uno no sabe si avanza o retrocede pero que algo le impide volver atrás y, a fin de cuentas, tampoco es tan malo querer vivir y mirar un poquito menos los estudios. La apatía latente hacia el propio hogar y el compañerismo casi hermanado con esas personas que están tan cerca de nosotros durante esa época. Nuestros verdaderos confidentes. La segunda lectura puede hacerse casi desde el miedo. Desde una edad adulta que olvida aquellos días, porque no los vivió (dicho esto con la boca grande o pequeña) o porque tiene a alguien cercano que no quiere pensar lo que hace mientras dice que estudia.
Crezco es ante todo honesta, de ahí el miedo que puede provocar. Es fácil distanciarse de un protagonista asesino o ladrón de bancos, pero el adolescente que dice que estudia mientras se va con amigos, no nos es tan ajeno. No le disculpamos, vemos su error, pero hasta cierto punto somos capaces de entender por lo que pasa. Y eso es lo que nos parece aterrador y conmovedor al mismo tiempo. acabamos reconociendo en su protagonista al amigo, al vecino...
No entraré a valorar si coger el entorno y reflejarlo cargando un poco las tintas tiene más o menos mérito, eso es cuestión de cada cual. Como novela social, como reflejo realista, es una novela francamente acertada que no se pierde en hilos secundarios que oculten lo que realmente nos quiere mostrar. no llega al exceso de Trainspotting, ni tampoco creo que esa sea la intención del autor. En realidad creo que si tuviera que hacer un resumen, este sería algo así como: lo que ves, es lo que muchas veces hay.
Me gusta Ben Brooks: es gamberro, irreverente, inteligente y mordaz. Y consigue algo complicado: que entendamos a sus protagonistas, en este caso un joven situado en el umbral de la edad adulta, complicada fase.
Por cierto que me parece un libro estéticamente precioso. Y cada vez me fijo más en esas cosas. Y vosotros, ¿os fijáis en si un libro es o no bonito por fuera a la hora de elegirlo?
Gracias.
viernes, 15 de abril de 2016
Instrumental. James Rhodes
"La vergüenza es el motivo por el que no se lo contamos a nadie.
Las amenazas funcionan un tiempo, pero no años.
La vergüenza asegura el silencio, y el suicidio es el silencio definitivo."
A veces nos embarcamos en lecturas que sabemos que van a ser complicadas, que pueden doler de un modo u otro. No tengo claro el motivo, supongo que es por lo mismo por lo que cuando vamos por la carretera se nos va la vista a la zona en la que parece que hubo un accidente. Así es el ser humano, y no es el peor de nuestros defectos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Instrumental.
James Rhodes es un concertista de piano muy afamado en el Reino Unido que está devolviendo a la gente el placer de escuchar música clásica. Hace unos años escribió su biografía, y se vetó su publicación. En ella hablaba de su vida, una vida terrible, pero le fue vetado el derecho a contarla hasta hace unos meses. Hoy su libro está en la calle y en el Rhodes nos habla de los abusos: "Abuso. Qué palabra. Violación es mejor" afirma el propio Rhodes en su libro, que comenzó a sufrir a los 5 años por parte de su profesor de boxeo de cuarenta y como eso ha destrozado su vida y a él.
James Rhodes advierte en su libro que no va a dar detalles escabrosos de lo sucedido durante esos episodios sexuales, baste saber que le causó unos terribles daños físicos y otros aún más terribles, psicológicos. Y de estos segundos trata su libro. En él nos habla de su incomprensión ante lo que le sucedía, de lo terrible que es para un niño vivir algo así cuando aún no tiene cabeza para procesarlo y lo único que percibe es el dolor y las amenazas sobre lo terrible que le sucederá si lo cuenta. Nos habla de cómo ese niño cuya personalidad aún se está formando, llega a aceptarlo como algo más de la vida e incluso lo utiliza para obtener cosas, como si formara parte de un trueque macabro que se da por normal al no haber conocido otra cosa. Rhodes nos introduce en su secreto mientras aún lo era, e intenta que comprendamos lo que pasaba por su cabeza para no contarlo, para beber y drogarse intentando olvidar, encerrar en lo más profundo de su alma unos recuerdos que ahora lleva en los brazos en forma de cicatrices... y también nos habla del sentimiento de culpa constante. Culpa por ser, por estar, sonreír o no hacerlo, culpa por ser raro, por discutir, por no hacerlo: culpa por vivir. Rhodes ha pasado por todos los estados que pueden suponerse a una persona así y también por cuatro o cinco más. estuvo en centros psiquiátricos y acude aún hoy a reuniones de esas de Anónimos que ayudan a quien quieren dejar una adicción, finge ser normal respondiendo lo que se debe y parece mostrar que aún teme que quede algún dique a punto de romperse en su interior. No muestra piedad alguna consigo mismo a la hora de describirse ya que, aunque sabe de dónde vienen todas sus manías, complejos, secretos... no intenta justificarlas, sino exponerlas. Y toca fondo cuando es padre y esa culpa que lo acompañó siempre lo aplasta al llegar su hijo a la edad que tenía él cuando su pesadilla comenzó. Entonces el miedo, ese sentimiento aún más irracional que la culpa, hace acto de presencia devastando lo poco de normalidad que había conseguido instalar en su vida. Porque cuando alguien pasa por lo que él ha pasado, nos dice el autor, no se recupera nunca, y es un error intentar ser normal negando lo ocurrido, porque uno ya jamás volverá a ser normal. Su normalidad murió aplastada en el suelo de un gimnasio bajo el peso de un hombre de cuarenta años.
Y sin embargo, no es un libro en el que busque el detalle escabroso. Es un libro en el que una persona deshecha vomita un torrente de palabras con un estilo moderno y actual, en un lenguaje de calle que hace que el sentimentalismo que podía impregnar tan terrible historia, brille por su ausencia. Rhodes no busca lástima, busca exponer sus demonios y también hablar de sus refugios. Y es ahí donde cobra sentido el título del libro, porque el único lugar en el que el autor es él mismo y no esa persona marcada de la que nos ha ido hablando, es ante la música clásica. Nos cuenta como siempre le gustó, la dejó, la cogió y las sensaciones indescriptibles que provocan determinadas piezas musicales en el oyente. Nos relata su primer concierto, y también la transformación que sufre ante el piano. Y ahí vemos a un hombre diferente.
Salpica además su historia de magníficos párrafos sobre música clásica y sobre compositores de renombre. Fragmentos de vidas que consiguen captar la atención del lector en la que muestra a estos, hoy grandes nombres en la historia de la música, como hombres no necesariamente con vidas felices. Y deja que estas partes sean oasis para un lector que llega destrozado de las zonas anteriores.
Instrumental es una lectura difícil, sí. Pero no nos engañemos. Lo que hace difícil esta lectura es que le ponemos nombre y cara a una víctima de algo que sabemos sucede todos los días. Hace poco salían cifras de niños refugiados perdidos, vemos noticias de pornografía infantil, de trata de menores... pero no les ponemos rostro, y de este modo nos parece un horror, sí, pero ajeno. Con este libro, situamos un nombre y un rostro y también una vida. Nos obliga a reconocer que existe.
Y vosotros, ¿alguna vez os habéis embarcado en una lectura sabiendo que sería un camino escabroso?
Gracias
miércoles, 22 de julio de 2015
Cuaderno de vacaciones para adultos. Daniel López Valle & Cristóbal Fortúnez
"Manifiesto cuadernista
Vestidos de sol, como en un día de fiesta, salimos de nuevo a los campos y a los caminos, a las plazas y a las playas, a los ríos y al mar, corriendo más que el día y el viento. Atrás dejamos el frío cansado, la áspera sucesión del tiempo, la tiranía de la necesidad del triunfo, y nos entregamos transformados al juego y al júbilo en mañanas de luz y noches de calma, cuando cualquier cosa puede suceder porque todo brilla y todo quema..."
Hay cosas que sólo suceden en verano. Por ejemplo, aquí, en Invernalia, incluso pueden pasar cinco días seguidos sin llover. Y precisamente como es verano, la editorial Blackie Books saca su ya famoso Cuaderno de vacaciones para adultos.
Como si tuviéramos una regresión a esos años en los que sufríamos los cuadernillos vacacionales (yo nunca entendí por qué había que hacerlos independientemente de si se aprobaba o no), estos chicos nos desafían a hacerlo ahora por placer. Echan mano de la nostalgia, lo hicieron mucho antes de que comenzaran a aparecer libros hablándonos de colecciones de cromos y cintas que se rebobinaban, y apuestan por utilizar en nuestra contra ese fatídico momento en el que nuestra madre aparecía en casa, cuaderno en mano, y nos decía... "pero si se ve que es muy divertido".Bien, los creadores del cuadernillo de este año, han cogido esa última frase y se la han puesto por montera, dejando bien claro que puede ser muy divertido embarcarse en uno de estos cuadernillos.
Como siempre, no falta de nada en él: pasatiempos, comida, música, sexo, cine, series o literatura se reparten unas páginas plagadas de caricaturas desternillantes que están muy al hilo de la actualidad en nuestro país, ya sea social, política o cutre. Consiguen, como viene siendo habitual, que uno comience el cuaderno solo y no tarde ni 5 minutos en acudir diciendo: "mira, mira..." como si, una vez más, tuviéramos esa regresión infantil en la que todo hay que enseñarlo. Sin ir más lejos, yo no he podido evitar ponerlos las fotos de un par de jeroglíficos que buscan una película y una serie, os he mostrado una pregunta de literatura, un laberinto de pelos literario... y más que hubiera enseñado. Porque además es un cuaderno para compartir.Esta vez no vengo con libros sesudos, adictivos, cultos o trepidantes. Esta vez traigo un cuaderno para hacer solo pero que se termina haciendo en compañía.. o al menos hablando de él. Una propuesta que llega cada año para divertir a los lectores habituales y a los ocasionales. Hoy vengo por el pasillo, cuaderno en mano, y os lo enseño diciendo: ·Venga, animaros... será divertido". Y esta vez es de verdad, porque yo también hice el mío.
Y vosotros, ¿recordáis los cuadernos de vacaciones que se hacen en la infancia?
Gracias
PD. Conste que la pregunta perfecta para la entrada de hoy era saber si habíais pasado de ser torturados con esos cuadernos infantiles, a torturadores. Pero...
jueves, 28 de agosto de 2014
Cuaderno de vacaciones para adultos. Daniel López Valle & Cristóbal Fortúnez
"Hay miradas que contienen el universo. Hay palabras de plata que ofrecen el bello pánico de los desconocido. Hay sonidos que construyen el tiempo, imágenes en las que vivimos hasta extinguirnos, bailes tan preciosos como un torbellino de fuego, historias que nos elevan más allá de lo posible, asaltos efímeros que sin embargo dan significado a todo, instantes en los que llegamos a sentir el mundo como trascendencia."
La verdad es que el fragmento se las trae. Parecería que es algo serísimo y todo, lo que vengo a enseñaros hoy. Sin embargo, y puesto que el verano empieza a enseñarnos su final, hoy vengo con una propuesta desenfadada. Se trata del Cuaderno de vacaciones para adultos.
Recuerdo que allá cuando la vida era en blanco y negro, salieron los cuaderno de vacaciones que mis padres me compraban esperando que los recibiera con alegría. Para que no se te olvide lo aprendido durante el curso, me decían. Y yo me quedaba con una sonrisa congelada mientras pensaba que los restantes nueve meses no se me olvidaba hacer castillos de arena, jugar a las palas o cualquier otra de las actividades limitadas al periodo estival. Y que eso les preocupaba bastante menos. De hecho una vez les aseguré que seguía recordando los nombres de familiares que veía una vez al año, como muestra de mi gran memoria y la inutilidad del dichoso cuadernito.... pero no sirvió. ¡Quién me iba a decir que años más tarde me compraría un cuaderno de vacaciones por pura diversión y que me acompañaría a la playa o piscina!
Pues justo eso es lo que ha pasado. Lleno de actividades cortas que no superan la página y con dibujos desternillantes, la propuesta de Blackie es que lo pasemos literalmente como niños. Para ello estructuran el cuaderno en temáticas: música, España, comida, series, sexo, misterios, literatura, deporte, ciencia, cine y, para los tramposos, soluciones.
Y abrimos el cuaderno. Empezamos con música, y unimos la cabeza y el cuerpo de esos músicos estrafalarios o ayudamos a hacer rimas a Piqué, enamorado de Shakira y al que lo mejor que se le ocurre es: Eres más preciosa que la Intercontinental, Estoy enfermo de amor, llevadme a la clínica. Está claro, nos necesita. En España nos encontramos con Kiko Rivera, con canciones una vez más y con las vacaciones en Benidorm, un clásico donde los haya. Y si Benidorm es un clásico también lo es la paella, y los cupcakes que aparecen en comida, para después de comer ponernos a ver unas series. Y allí nos espera True detective, como no podía ser de otro modo, para que encontremos las diferencias justo antes de ver escudos de familias pujantes en ese Juego de Tronos. A estas alturas ya os garantizo unas cuantas risas, algún momento de esos en los que piensas... pero si yo creí que lo sabía, y cierto toque de nostalgia por temas que nos recuerdan de hace unos años. Y para cuando nos queremos dar cuenta llegamos al sexo, que no os pienso contar, y más relajados y divertidos a la literatura, deporte, cine... Adivinaremos qué libros leen unos chicos en un parque, uniremos títulos y autores, veremos culos de tenistas que sorprendentemente reconoceremos y asentiremos antes resúmenes de apenas una frase corta de películas archiconocidas mientras nos sonreímos cada vez que acertamos. Es más, puede que incluso utilicemos alguna de estas frases para hacernos los ingeniosos cuando hablemos entre amigos. Porque ese es el efecto secundario que tiene este cuaderno y es mejor que os lo diga. Sobre todo porque han ajustado el precio mucho y eso ha provocado que se venda... y podemos encontrarnos con un compañero de cuaderno en cualquier momento que reconozca la frase.
Soy consciente de lo insólito de la propuesta, de las miradas de extrañeza en la piscina que pueden incluso a provocar que alguien se acerque a preguntar (creedme, me ha pasado) y de que esta vez buscaréis compañía para hacer sus actividades para así poder comenzar las frases diciendo eso de: mira, mira qué bueno... Pero es verano, y los veranos son para pasarlo bien en vacaciones. Ah, y para aprender... lo que sea que se aprenda.
Y vosotros, ¿también sufristeis esos cuadernos vacacionales infantiles que nos vendían como divertidos?
Porque esta es la revancha.
Gracias
PD: Mira, mira...













