lunes, 30 de marzo de 2026

Mis lunes con aroma a matcha. Michiko Aoyama

 


     "Junté las manos para pedir que me ocurriera algo bueno. 
      Pero ¿a dónde había ido a parar aquella plegaria? Me encontraba en un santuario sintoísta, así que supuse que a alguno de los dioses de dicha religión. Era lo más probable. 
       Pero ¿dónde estaban los dioses sintoístas? ¿Detrás de la caja de ofrendas? ¿En el cielo? A saber. 
       Estábamos casi a mitad de enero, pero hasta entonces no había podido hacer la tradicional visita de Año Nuevo a un templo".

     No me había yo adentrado en este tipo de libros que ahora proliferan. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mis lunes con aroma a matcha.

     Estamos, y esta vez me salto la estructura habitual, ante una de esas novelas puzzle en la que todos los personajes van encajando unos con otros en torno a un establecimiento. Y ahora sí, empezamos.

       Conocemos el Café Marble, un lugar pequeño y acogedor que, un lunes cualquiera, ha decidido dedicarlo al matcha, una bebida amarga (y ahora de moda en nuestro país). Allí llega por ejemplo Miho que tiene un mal día y se fija en el camarero que tampoco parece estar demasiado a gusto. Sin embargo cuando se mancha el camarero le presta un pañuelo y se entera, gracias al propietario del local, que el camarero se llama Kippei que que se mudará pronto. También ha pasado por allí una pareja que discutió por una carta de amor que él no recordaba haber escrito a su esposa. Decide entonces el marido volver al café en el que tomaron Matcha para comprar el que tanto le había gustado a ella para así poder hacer las paces, aunque no lo hay y eso hace que conozca una tienda en frente que vende el mismo té que el local. Así es como entra la dueña de la tienda, y la autora desarrolla la forma en que el éxito ha modificado sus metas de vida, y a esa tienda también va una joven que recuerda cuando la dependienta, que ahora sabemos es la dueña, estaba ubicada en otro lugar y le gustaba más lo que vendía.

     Podría seguir y destripar la novela, sería bastante sencillo hacerlo ya que se estructura por meses en los que vamos viendo como estas personas se cruzan o regresan, todas orbitando en torno al mismo café y todas ellas en torno a aquel día en el que se decidió dedicar el local al matcha. Se consigue de esta forma una familiaridad acompañada del descubrimiento al saber quién es cada uno cuando se les observa desde un prisma diferente. La novela da valor a las sensaciones de los personajes, al confort de la bebida caliente y a sus variedades como reflejo de su situación vital. Se adentra en algunas costumbres orientales, no de forma abrumadora, pero si a modo de pinceladas, en muchos casos ya viejas conocidas de los lectores. Pero, sobre todo, es una novela sobre la importancia de la amabilidad de la gente y como un buen gesto, aunque parezca trivial, puede ser vital para quien lo recibe.
     
     Mis lunes con aroma a matcha es una novela amable, de esas en las que uno entra sin prisa y sale con un buen sentimiento interior, como cuando te tomas, efectivamente, una bebida caliente en un día frío y sientes que templa todo tu cuerpo. En este caso la bebida elegida es el matcha, amarga, como algunos momentos de la vida.

     Una novela amable para leer sin más pretensiones que las de disfrutar de un rato de comfort.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

0 comentarios: