«Muchos han comerciado con ilusiones. Y falsos milagros, engañando a la estúpida multitud.»
Leonardo Da Vinci
Me he resistido a hablar de este hombre, con todas mis fuerzas. Pero sus títulos están allá donde uno mire. En ediciones de bolsillo en las librerías, en ediciones ilustradas que te asaltan de repente, en las listas de libros... esas en todas, desde "lo mejor que leí en mi vida" hasta "el pastiche del siglo". Pero domina una principalmente, la de "libros más vendidos". Esa lista se rinde ante Dan Brown y su Trilogía no oficial en la que nos presenta a este personaje, Robert Langdom.
Lo conocimos en El Código Da Vinci, y hemos seguido sus andanzas a lo largo de Ángeles y Demonios y El símbolo perdido. Es un hombre cuyo físico apenas nos es desvelado, sabemos que es deportista, que usa chaqueta de tweed y, si nos ponemos puntillosos, le adivinamos un pseudoenamoramiento en alguna de sus literarias aventuras. Es claustrofóbico y ese es el único defecto que se le supone, ya que es atlético, atractivo, de mente brillante, con memoria fotográfica y otras tantas virtudes que se nos puedan a ocurrir. Pese a ser profesor de Iconología, se ha enfrentado a los Iluminati, al Priorato de Sión desvelando el enigma de la descendencia de Cristo e incluso a masones situados en las más altas esferas políticas y sociales.
Es curioso como un autor que se ha enfrentado a varios juicios por plagio, ha sido criticado por historiadores, por cristianos y críticos, que son los realmente dedicados a ello, ha podido tener un éxito tan arrollador. Muchos hablan de marketing olvidando que estas novelas, al menos la primera, fue ofrecida a editoriales más renombradas que Umbriel y lo rechazaron. A día de hoy lleva unas ventas millonarias que siguen aumentando gracias al boca a boca. Poco le importa al lector que sus personajes sean planos y la acción predecible, que afirme que los datos históricos son reales para luego caer en inventiva y no justificar documentación alguna. Su héroe se salva desafiando a la misma física y parece que a nadie le importa para seguir recomendándolo. Aquí se trata de entretener al lector, y Dan Brown ha demostrado saber elegir la fórmula perfecta, en realidad si la diseccionamos incluso parece fácil.
Cojamos, por ejemplo, El Código Da Vinci: se mezcla una obra del famoso genio, tal como La última cena para barajar una hipótesis basada en abigüedades, se añade un poco de religión basada en supersticiones y algo de un grupo conocido, tal como el Opus Dei, que guardan grandes secretos y perduran en el tiempo. ¿Los antiguos? Los de Sión, y se adereza con un poco de romanticismo, cogido muy con hilos, y algún enigma disperso que sea de alcance fácil pero sin dar la sensación de dárselo regalado al lector. Y ahí está, tenemos el éxito.
Desconozco si este libro pasará a la historia por sus ventas, asumo que su calidad no lo hará entrar en ella. Pero hay que darle sus méritos. Un Best Seller ha de entretener por fuerza y Brown lo consigue. No sólo eso, sino que es responsable de un incremento de aficionados a la lectura al menos durante el tiempo que tardó en publicar la trilogíam desconozco si luego se retiraron de este vicio que maltrata la vista del lector.
Por mi parte y una vez expuestas mis opiniones, espero que seáis vosotros los que me digáis si os gusta Robert Langdom.
Gracias.
