martes, 18 de septiembre de 2018

Asimetría. Lisa Halliday


     "Alice empezaba a hartarse de estar sentada sola sin nada que hacer. De vez en cuando intentaba volver a leer el libro que tenía sobre el regazo, pero casi todos los párrafos eran largos, no había comillas ni guiones de diálogo y ella se preguntaba qué sentido tenía un libro sin comillas ni guiones de diálogo".

     Me llamó la atención este título desde que supe de su publicación. Casi todas las primeras novelas que llegan con cierto revuelo, me atraen. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Asimetría.

     Asimetría es una novela orquestada en tres partes. O tres relatos que terminan por orquestar una historia. La primera parte es la historia de Alice, una joven editora que aspira a escribir y de cómo conoce a un escritor famoso ya mayor y acaba manteniendo una relación con él. La segunda parte nos cuenta la historia de Amar, un economista iraquí criado en Estados Unidos. Amar intenta volver a su país y acaba varado en el aeropuerto de Heathrow desde donde recordará muchos momentos de su pasado. finalmente hay una tercera parte en la que entrevistan al escritor protagonista de la primera, Ezra.

     Si todos los libros componen una historia, es cierto que la historia de Asimetría es realmente interesante a nivel cotilleo. Baste decir que Halliway en su juventud, es decir, aún más joven que ahora, mantuvo una relación con el recientemente fallecido Roth, y que esta es su primera novela que, por supuesto, le dio a leer. Sin entrar en más detalles, no podemos evitar pensar en Ezra como en Roth, posiblemente porque la autora juega un poco con ello, haciendo una suerte de ejercicio de autoficción mezclado con ironía que hace sonreír inevitablemente al lector. Digamos que, por ejemplo, la historia de Ezra y Alice la ubicamos en el tiempo gracias a que la autora nos va contando quién gana el Nobel de literatura cada año y que en un momento determinado un lector se acerca al protagonista para expresar su deseo de que él sea "el próximo". Y digamos también que finalmente decide darle el Nobel dejándonos sin saber muy bien si es por dejar claro que no es su historia con Roth o como guiño personal al escritor. Y sin embargo, no es esta búsqueda la que hace interesante Asimetría ya que el libro lo es por derecho propio.

     Si vamos hablar de historia en historia hay que decir que la relación entre Alice y Ezra es interesante por la lucha de poder que representa. Él es un hombre admirado, mucho mayor que ella, culto y conocedor del poder que tiene para deslumbrar. Ella posee la juventud. Cada uno sabe lo que aporta a la relación y, mientras que ella le da frescura, incluso ternura y también compañía y cuidados, él sabe que la proporciona esa cultura por la vía rápida que la servirá para su gran propósito que es escribir. Ambos saben de la asimetría de su relación, también de los riesgos y los daños, y ambos buscan seguir deslumbrando hasta el momento de la inevitable liberación. Exponer una relación como esta es bastante complicado, tal vez por eso la protagonista se nos antoja fría, no nos deja ver su interior salvo en pequeños gestos, alguna imagen ajena, y nos mantiene buscando el "algo más" durante todo su relato.
     Ese algo más va a llegar en el segundo relato, una historia sin relación alguna que muestra nuevamente una total desigualdad con la primera. Amar es mucho más sensitivo, su vida ha sido más complicada, se desespera a ratos, recuerda, abre el corazón y muestra una vida diametralmente opuesta a la de Alice. Y también lo es la de familia con la suya propia. Siempre diferencias, siempre un espejo desigual.
      La tercera parte es una entrevista en la que la autora decide que es el lector quien ha de esforzarse. Reconozco que me ha resultado mucho más interesante esta entrevista ficticia que muchas reales que he leído. Pero aquí nos toca hacer el trabajo y coger aguja e hilo para hilvanar temas y tener así el libro redondo. En cambio no voy a dar ninguna clave. ¿Por qué? Pues porque incluso si no se llega a ello, tampoco importa demasiado. Porque el libro sigue mereciendo la pena y porque descubrir o creer haber descubierto esos hilos, provoca un placer en el lector que no me gustaría estropear. O tal vez porque temo que mis hilos no sean los adecuados.

     Asimetría me ha parecido una gran lectura que está además llena de referencias culturales con las que he disfrutado terriblemente. La cultura, las vidas, la necesidad de escribir sobre ello y las sensaciones que provoca los escrito. El sentir que uno tiene pocas vivencias o contar las muchas que tiene sin ser del todo consciente. Y una vez más la cultura. Todo eso es Asimetría. Y mucho más. Suelo decir que los lectores tendemos a ser benevolentes con las primeras novelas; esta no necesita de nuestra condescendencia.

     Y vosotros, ¿con qué libro estáis esta semana?

     Gracias.

"El amor es volátil, recalcitrante, irreprimible. Intentamos dominarlo, nombrarlo y planearlo y tal vez contenerlo entre las seis y las doce o, si eres de París, entre las cinco y las siete, pero, como la mayoría de las cosas adorables e irresistibles de este mundo, termina por liberarse y, sí, a veces sales trasquilado".

jueves, 13 de septiembre de 2018

Tres mil noches con Marga. Pedro Ramos


     "Nieve. Todo está cubierto de nieve. M avanza con precaución por una carretera helada y oscura".

     Me gustan las historias de vida, y hay muchas escondidas detrás de cada nombre y de cada mirada. Eso pensé cuando vi la cubierta de este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tres mil noches con Marga.

     Conocemos a Margarita cuando es una adolescente que va de la capital al pueblo. Ella es la niña de la capital, tiene esa edad en la que oscila entre niña y mujer y sale con sus primos mientras coquetea con ellos a la vez que con las drogas y el alcohol. Conocemos a Marga, la misma niña, justo tras conseguir el doctorado, momento en que regresa al pueblo en el que están sus padres y hermanos y también el recuerdo de una vida en veranos. Y conocemos a M, Margarita, Marga ya convertida en toda una mujer. Ahora trabaja en Alaska dando clases en la universidad. M recibe una llamada que la lleva de regreso a ese pueblo por el que no regresó.

     Pedro Ramos nos desvela en su última novela la historia de Marga y al hacerlo nos abre la puerta a una familia y también a la historia más reciente de nuestro país. Estructurada en tres partes que se van alternando, da siempre la referencia al lector para que no se pierda en esta vida que no deja de ser el reflejo de otras mil. Y así es como descubrimos a la marga adolescente en esa época en la que la gente iba del pueblo a la ciudad para luego regresar a pasar los veranos, ver a las familias y también disfrutar de las fiestas locales olvidando por unos días que ahora ya no pertenecían a esos entornos. Una época, finales de los ochenta, en la que la heroína estuvo demasiado cerca de muchos jóvenes marcando para siempre demasiadas vidas. Y así lo vemos en la de nuestra protagonista. Poco a poco, porque las familias guardan los secretos que no quieren que vean la luz. Saltamos entonces a esa joven doctora, la primera del pueblo, de la familia, la "diferente" que regresa para acudir a una boda. Y el autor elige un momento que todos recordaremos, es el momento del secuestro y ejecución de Miguel Ángel Blanco. Toda la sociedad se vio afectada por ello, y la familia de Marga no iba a ser una excepción. Sin embargo, algo más sucedería cuando Marga se marcha del pueblo sin aparecer por la boda y decide no regresar jamás. Solo una mala noticia puede hacer que M decida romper esa promesa y volver al pueblo. Enfrentarse a su madre, siempre callada y conciliadora, a su padre con quien hace años que no habla... a su familia en definitiva. Y el lector, mientras alterna estas tres partes de la historia, se pregunta qué sucedió para que Marga se convirtiera en M. Ya sabemos por qué Margarita fue Marga, pero esto último se nos escapa y es porque, si todas la familias tienen secretos, parece que hay otro tipo de secretos que no se comparten ni siquiera con la propia familia. O tal vez ahora...

     Marga es un personaje excepcional. Una niña curiosa, rebelde, que supo encauzar esa rebeldía para lograr sus objetivos en la vida y también para superar las difícultades del camino. Pero, sobre todo, Marga es buena. Y no hablo de uno de esos personajes que se catalogan como buenos o malos, sino de aquellos cuyos actos revelan una profundidad al alcance de pocos. Y esa ha sido mi sensación a medida que iba a conociendo a Marga, pasando las páginas mientras me daba cuenta de que empezaba a materializarse para convertirse en alguien real.
     Decía, un poco más arriba, que Tres mil noches con Marga es más que una historia personal o la historia de una mujer o una familia. El autor sabe dar con las teclas precisas en una canción, un momento o un gesto como para reflejar un país entero sin necesitar grandes explicaciones o descripciones. Todos sus escenarios nos son familiares, todos los gestos reconocibles y todas las palabras se antojan verdaderas. Eso es lo que me ha gustado de esta novela, y lo que me ha gustado de Marga: que es real. La comprendas o no, respira dentro del libro y lo sigue haciendo una vez lo cierras.

     Me ha gustado Tres mil noches con Marga. Buscaré otros libros de Pedro Ramos. Os recomiendo que vosotros también lo hagáis.

     Y vosotros, ¿recordáis algún personaje que haya sobrevivido a la última página?

     Gracias.

     PD: Siempre he creído que todos tenemos una llave con la que se abre nuestro corazón. Preciosa la cubierta del libro.

martes, 11 de septiembre de 2018

Belgravia. Julian Fellowes


      "Sé que supone que tenemos que alimentar la ficción de que queremos a todos nuestros hijos por igual, pero a mí me cuesta trabajo".

     Voy a empezar comenzando que no he visto Downton Abbey, pero sí he leído muchas referencias a esa serie. Al final, y por no comenzar por el principio, me enteré de que su autor también tenía libros publicados y es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, Belgravia.

     El 15 de junio de 1815 un selecto grupo de la alta sociedad británica celebra una fiesta en Bruselas. Al día siguiente tendrá lugar la Batalla de Waterloo.
25 años después Londres está cambiando y Belgravia comienza a ser el barrio próspero que sigue siendo hoy en día. En él, las disputas y los secretos son algo común, y alguno de esos secretos viene desde aquella noche de 1815.

     Si el autor es conocido por una serie, está claro que se siente cómodo con ello. De hecho este libro apareció en forma de publicaciones semanales a través de una app en una suerte de homenaje a Dickens en versión 2.0. De esta forma atrapó a muchos lectores que esperaban ansiosos el siguiente capítulo y terminaron por comprarse el libro. Sin embargo, no  he visto en el libro ninguna referencia a Dickens y el retrato de Londres de Fellowes carece de la profundidad dada muchas veces por esas clases menos pudientes que otros autores sabían explorar. De hecho, Belgravia es y se concibe como un producto dirigido a entretener al lector y eso se nota desde el lanzamiento por capítulos, hasta el punto final de la historia.
La novela, dividida en 11 capítulos, es un folletín por entregas que utiliza el ya conocido formulismo de "tirar del lector" al final de cada capítulo para conseguir que se quede a leer uno más y, con un poco de suerte, haga lo mismo en todos ellos hasta llegar al final de la novela. Comienza para conseguirlo deslumbrándonos con una escena de la alta sociedad la víspera de un suceso histórico de sobra conocido. Esa noche sucede "algo", importantísimo para el resto de la historia y cuyas repercusiones y ecos serán el motor del resto del libro. Un cuarto de siglo más tarde será el momento elegido por Fellowes para poner en marcha su maquinaria de intrigas, mentiras, envidias y codazos que se sucederán sin pausa dejando que conozcamos lo justo a cada uno de los personajes como para que lo identifiquemos sin problemas. A fin de cuentas, los buenos, los malos y los que pueden sorprendernos, son señalados por el autor con la claridad suficiente desde casi las primeras páginas. Aquí no se trata de complicarnos la vida una vez hechas las abrumadoras presentaciones, se trata de que nos resulte fácil seguir leyendo.

     Fellowes busca escribir una novela victoriana como las de antaño y ambienta su historia de una forma visual y efectiva en la que se echan de menos esos detalles que dan realismo a las novelas. Resulta de hecho un tanto manido en sus letras el tema de la sociedad cambiante y las nuevas familias pudientes que comienzan a codearse con las de rancio abolengo en las ciudades que crecen al amparo de las nuevas prosperidades tecnológicas. Por mucho que nos las quiera explicar, otros ya lo hicieron mejor. Los codazos, las envidias, las competencias incluso entre criados, pueden ser divertidas, pero están tan vistas que la novela va perdiendo frescura, incluso repitiéndose, por el camino hasta resultar demasiado previsible en su parte final. Y eso, en una novela que busca el entretenimiento, es imperdonable. Supongo que Fellowes, en su afán de ganar al lector y tenerlo enganchado a su historia, ha pecado de complaciente a la hora de resolver.

     Belgravia es una novela entretenida con la que pasar un par de tardes que no deja poso alguno en el lector. Ahora, si os gusta la época y lo único que buscáis es evadiros, tal vez sea vuestro libro. Leer es un acto ocioso que debe de procurar placer al lector, y la lectura como evasión es un gran placer por mucho que algunos se empeñen en decir que solo los libros sesudos que nos hacen sudar pueden alcanzar ese status deseado de "bueno".

     Y vosotros, ¿habéis leído alguna novela por culpa de una serie televisiva?

     Gracias.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Lo que te pertenece. Garth Greenwell


     "Que mi primer encuentro con Mitko B. terminara con una traición, aunque fuera pequeña, ya debería haberme puesto en alerta entonces, y eso a su vez debería haber mitigado mi deseo de él, o incluo haberlo eliminado por completo. Pero el sentido de alerta, en sitios como los lavabos del Palacio Nacional de Cultura, que fue donde nos conocimos, viene a ser un elemento coextensivo del aire, ubicuo e ineludible, hasta el punto de convertirse en parte misma de aquellos que habitan en él, y por tanto en parte esencial del deseo que nos lleva allí".

     Llevo esperando este libro desde el pasado año, así que no tardé ni un día en salir corriendo a la librería para hacerme con él. Hoy traigo a mi estantería virtual Lo que te pertenece.

     Conocemos a un hombre sin nombre que nos revela su historia. Es profesor de literatura y, cuando se nos presenta en esta novela en primera persona, reside en Sofía donde da clases en la universidad y ronda la treintena. Una vez llega a Sofia no tarda en descubrir un lugar en el que tener sexo esporádico y sin compromiso previo pago, y se dirige allí sin saber que allé conocerá a Mitko; un hombre con el que llega a obsesionarse.

     Voy a comenzar esta opinión dando rienda suelta a lo que sé es mi imaginación, pero en el caso de los libros escritos en primera persona, me cuesta no buscar en ellos al autor. Sobre todo si se trata de un libro de vivencias tan sentido como este. Y es que la honestidad que destilan las páginas de Lo que te pertenece, unidas a que su protagonista afirma que su nombre de una sílaba resulta impronunciable para un búlgaro, nos obligan a jugar con la posibilidad de que las líneas de este libro encierren algo de realidad. Lo que desconozco es si se trata de una pista dejada por Greenwell o si, por el contrario, es una treta bien orquestada para conseguir reforzar esa sensación de honestidad. En todo caso, funciona.

     Estams ante una novela sobre sentimientos que está estructurada en tres partes diferenciadas. En la primera parte, nuestro protagonista cooce a un chapero llamado Mitko por el que se siente inmediatamente atraído.En la primera página ya nos habla de este encuentro en unos baños públicos dejando bien claro que nuestro protagonista se siente cómodo con su sexualidad. Es allí, un lugar en el que la gente practica cruising, donde comienza esta historia y el lugar en el que conoceremos al enigmático objeto del deseo del protagonista. Mitko es chapero, inaccesible y metódico, y nuestro protagonista es consciente de ello en todo momento. Hay una gran parte de Mitko que le es vetada y por eso cuando Mitko le llama amigo, parece clavársele la palabra. Pero no puede evitar sentirse atraído por él, pagarle, buscar esa línea entre amor y ternura, querer saber más de él intentando alcanzar ese espacio al que sabe que no llegará. Pero no nos equivoquemos porque no estamos hablando de amor, es algo mucho más básico y cercano a la posesión aunque sea parcial del objeto deseado. Quizás por eso no hay drama cuando Mitko se aleja.
Y de repente, un día llaman a la puerta y entregan una nota a nuestro protagonista que, con lo que en ella se le dice, no puede evitar caer en el recuerdo. Y aquí el libro se torna doloroso.
      Greenwell nos habla de la relación del protagonista con su padre, del descubrimiento de la homosexualidad de una forma natural y del olor de la vergüenza, de la mancha, de la sensación de que algo está mal. Kentucky no parece el mejor lugar, y menos en el seno de una familia conservadora, para descubrir que uno es gay porque irá acompañado de la necesidad de ocultarlo, un sentimiento que oscila entre la vergüenza o la humillación que queda reflejado a la percepción en el enamoramiento de su amigo K.
     La última parte de la novela es la que relata la relación del protagonista con R, una relación estable, monógama y mucho más convencional en la que todas las turbulencias de la vida parecen haber quedado atrás. Sin embargo el pasado siempre puede volver, y así es como una vez más llama a la puerta del narrador, que la abre y se encuentra a Mitko. La historia sigue siendo triste, pero ahora de una forma distinta, Mitko ha seguido en un desceso mientras que nuestro protagonista parece haber encontrado su zona de confort, pero el choque es inevitable como también lo es la conciencia y el deseo que se agita levemente en su interior. Mitko sigue siendo un chapero, aunque ahora pida de otra manera y nuestro protagonista sigue buscando en él ese resquicio. Una evolución que no le deja liberarse del todo y que convierte este libro en una experiencia lectora a ratos casi desgarradora.

     Cuando leemos un libro muchas veces nos sentimos inmersos en la historia. Eso pasa con Lo que te pertenece, una novela en la que el autor sabe llevar al lector por un torbellino de sensaciones. Un libro en el que los nombres son tan importantes como aquello que desvelan y quizás por eso la ausencia de nombre del protagonista nos hace pensar en una cercanía al autor. Veremos, por ejemplo, que la única persona del libro a la que se le otorga un nombre es a Mitko, mientras que el resto vienen dados por las iniciales. Y no podremos evitar pensar que esa posesión pagada en billetes de 10 y 20 a lo largo de su relación con el protagonista y sobre todo, esa primera treta relatada en la primera página, han sido vengadas a lo largo de la novela con el simple gesto de escribir su nombre completo. El autor consigue una relación directa con el lector a través de juego no verbalizado exactamente igual que lo hace con otros muchos guiños que salpican la novela.

     Lo que te pertenece me ha parecido una novela excepcional en muchos sentidos. Un libro al que merece la pena acercarse con una lectura llena de capas. No dejéis de leerlo y, si podéis, comentarlo. Este es uno de esos libros que permiten horas de conversación.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 6 de septiembre de 2018

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. M. A. Shaffer & A. Barrows


     "Querido Sidney:
     Susan Scott es maravillosa. Hemos vendido m´s de cuarenta ejemplares del libro, lo cual me resulta muy grato, pero mucho más emocionante desde mi punto de vista ha sido la comida".

     A veces uno ve tanto un libro que se satura y necesita tiempo y distancia para poder disfrutar de él. Eso me pasó con este libro, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey.

     Conocemos a Juliet como autora ya de la primera carta dirigida a su editor. Estamos en Londres en 1946, una ciudad marcada por la guerra y Juliet es una columnista de éxito que ha visto como su trabajo se ha editado y ahora no sabe qué escribir. Conocemos su correspondencia con la isla de Gernsey, en la que se creó una sociedad literaria en la que reunirse durante la guerra. Esta correspondencia cambiará la vida de Juliet.

     Cuando se habla de novelas epistolares mucha gente siente la necesidad de echarse atrás, sin embargo, no es la primera vez que un libro epistolar se convierte en un éxito, ahí tenemos por ejemplo el caso de 84, Charing Croos Road por poner como ejemplo otro libro en el que se mastica literatura.
     Comentar en este caso, y como curiosidad añadida al libro, que Mary Ann Shaffer fue bibliotecaria, librera y editora y, como muchos, soñaba con escribir. En 1976 visitó Gernsey, durante su visita se levantó tanta niebla, que la isla quedó incomunicada dándole la idea de escribir sobre esta isla y la usaría años después cuando su club de lectores propuso que escribieran una historia. Para ese momento Mary Anne ya se sentía enferma, así que buscó en su sobrina Annie Barrows a la persona que terminara su novela. La elección no fue al azar ya que Annie también ha sido bibliotecaria, librera, editora y autora de libros infantiles. La novela ya terminada ha sido y es un gran éxito, tanto en librerías como en su adaptación cinematográfica.

     Una de las cosas que más me han gustado de esta novela, es que no es un simple intercambio de cartas entre dos personas, la autora amplía el círculo y así es como consigue tener un entorno completo para la protagonista y todos los personajes. Divide además la historia en dos partes, la basada en Londres y aquella que es ya en la isla, y el lector se siente cómodo con esta decisión que le permite avanzar sin tropiezos en la lectura e ir conociendo uno a uno a los integrantes de la Sociedad Literaria y su relación con los libros o bien con ese libro en particular que les ha marcado por un motivo y otro. De hecho, uno de los grandes atractivos del libro es precisamente la abundancia de menciones y guiños literarios que hay en las cartas. Normal, diréis, el libro trata sobre una Sociedad Literaria. Pero es más que eso, trata sobre las personas que la integran y también sobre lo vivido. Hay momentos duros que se esconden tras la suavidad de las letras de las autoras, incluso algún destello de sentimentalismo dejado caer con bastante puntería.
      Ahora me podéis matar, pero me ha resultado (sin que ello sea una pega, y tampoco indique que sea un libro para mujeres) una lectura con un toque femenino casi palpable a grandes ratos. Un libro con una primera mitad tremenda, en la que estamos deseando que Juliet viaje a la isla e ir luego conociendo las historias de todos los integrantes de la sociedad, pero que decae levemente en la última parte. Era inevitable una vez desvelados ciertos datos, y eso no ha hecho que disfrute menos de la lectura. Y si además tenemos en cuenta que estamos ante una primera novela, nada que añadir.

     La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey es un libro amable que he disfrutado sin llegar al entusiasmo exagerado de muchos lectores, pero que, estoy segura, recordaré con una sonrisa en los labios. De hecho solo le puedo poner una pega, y es el título engorrosamente largo. Animáos, os gustará.

     Y vosotros, ¿sois de novelas epistolares?

     Gracias.

martes, 4 de septiembre de 2018

El fin de la soledad. Benedict Wells


     "Hace tiempo que conozco a la muerte, pero ahora ella también me conoce a mi".

     Leer es una actividad que se realiza en solitario, pero, de todas las actividades que se realizan en solitario, es la que más consigue socializarnos. De hecho, yo no hubiera leído jamás este libro de no ser por una amiga lectora. Hoy traigo a mi estantería virtual, El fin de la soledad.

     La familia de Jules vive cerca de Munich. El vive feliz junto a sus padres y sus dos hermanos, es popular en el colegio y siente que su vida será siempre así. Sin embargo los padres mueren en un accidente de tráfico y los tres hermanos terminan en un internado en el que apenas se ven, ya que son separados por edades. De este modo, el vital Jules termina siendo un adolescente retraído, Liz, esa niña preciosa y extrovertida, termina por perder el rumbo y Marty.. bueno, ese es el que parece cambiar menos ya que siempre fue el intelectual de los tres. Muchos años después, Jules recuerda su vida y también a su gran amiga y amor, Alva.

     Llegamos a Jules en una situación delicada, con tiempo para pensar y ordenarse, y es por ello que su mente se va a esa infancia feliz, con unos padres que les querían y se instala cómodamente en aquella felicidad recordada con cariño y nostalgia: las canciones de su madre, el paseo con la familia, la afición a la fotografía... para rápidamente avanzar hasta la primera de las desgracias que marcarían su vida. A partir de ella los cambios son más que notables en los tres hermanos y la novela se convierte en una de esas historias de vida en las que se cumple palabra por palabra aquello de "son tan diferentes, que no parecen hermanos". Y sí, entra en escena Alva, la única persona capaz de acercarse al Jules niño, preadolescente, la niña perfecta que esconde un dolor en su interior que tal vez sea lo que les una. Nace el sentimiento que tarda tiempo en hacerse una realidad y que amenaza con convertir a la novela en una historia de amor: pero no, Benedict mantiene a raya los sentimentalismos, no le interesa que su libro sea solo eso y, quizás por ese motivo, seguimos avanzando de forma ordenada en el tiempo sin perder ese tono nostálgico, ese deje de tristeza que se deja ver hasta en los mejores momentos. Jules no tiene la vida fácil que se prometía en aquellos días en los que era el fanfarrón de la clase, parece que no se le permite en ningún momento alcanzar esa serenidad. Y tampoco a sus hermanos, ni siquiera a Marty por mucho que triunfe. Son, a fin de cuentas, tres supervivientes. Y si algo tienen los supervivientes es que lo son para toda la vida. Quizás por eso en un momento determinado se dice en la novela "Moriré joven, cuando finalmente sea feliz". Como una sentencia de vida, no necesariamente precisa en cuanto a los tiempos pero terriblemente certera en el alma. no quiera decir eso que no encuentra momentos felices, al contrario los atesora, como cualquier vida.

     El autor consigue dibujar unos personajes con los que nos sentimos cómodos, de los que nos despedimos al cerrar el libro como si fueran amigos, con la sensación de saberlo todo sobre ellos. Van a ser ellos con sus actos y Jules con sus sentimientos hacia cada uno los que ambienten la novela generando una atmósfera casi privada con el lector. Poco importa que estemos en Alemania en realidad. Lo que allí sucede bien podría ser en Francia, Italia o España y ese es otro de los encantos de la historia, la cercanía palpable, la capacidad de identificarnos con momentos puntuales o sentimientos peregrinos.

     El fin de la soledad es una lectura que he disfrutado, quizás más porque evita la salida del melodrama fácil.

     Reconozco que soy más lectora de historias amargas que de historias de amor. Que me gustan los finales coherentes por encima de los finales felices y que no soporto un libro en el que su protagonista no tenga defectos. Y vosotros, ¿preferís las historias felices?

     Gracias.

lunes, 3 de septiembre de 2018

La retornada. Donatella Di Pietrantonio

 
     "A los trece años ya no conocía a mi otra madre. 
     Subía con trabajo la escalera de su casa con una maleta incómoda y una bolsa llena de zapatos revueltos".

     Compré este libro con la promesa de una gran historia y una imagen un tanto perturbadora en la cubierta. Esos ojos me llamaron la atención. Hoy traigo a mi estantería personal, La retornada.

     Una muchacha de trece años es devuelta a su pueblo junto a su humilde familia. Ella ni siquiera los recuerda ya que vivía con quienes creía sus padres, en una bonita casa y, de la noche a la mañana, se encuentra en un lugar que le es ajeno y en el que se empeñan en llamarle "la retornada". Desconoce el motivo de su regreso, y solo consigue sentirse cómoda junto a una de sus hermanas.

     "La Retornada" nos cuenta su historia, la historia de una niña de 13 años perdida en una vida que se ha desvanecido en el aire empujándole a una casa que no conoce, llena de unos niños que le dicen son sus hermano y con unos padres a los que no recuerda y se niega a aceptar. Quizás sea por eso por lo que no nos dice su nombre, porque a nadie parece importarle ni ella, ni su opinión. Se niega a olvidar a la que llamaba mamá y que la echó de casa sin saber el motivo, y también a la nueva que parece no prestarle ninguna atención y menos aprecio. Mientras pasa el tiempo e intenta comprender lo sucedido y adaptarse, vamos acompañando a esta niña en su camino a la vida adulta.

     Lo cierto es que la historia es llamativa y promete una buena trama, una niña en edad complicada, una familia totalmente desestructurada, humilde y llena de carencias... el libro tenía muchos ingredientes para ser una historia brusca o conmovedora, brutal o tierna. Y sin embargo, algo falló.
Pocas veces se cierra un libro con indiferencia, sabiendo que dentro de un mes lo leído habrá caído en el olvido y menos veces aún se trata de una historia narrada en primera persona. Y, sin embargo, eso es lo que me ha sucedido con La retornada.No he sido capaz de empatizar con la protagonista a la que ha faltado, cosa casi imposible cuando se narra en primera persona, la profundidad necesaria como para lograr que me importaran sus sentimientos. Si algo le sorprendía, lo miraba. Si algo le aturdía, lo miraba. No he comprendido muchas de sus reacciones, que me han parecido absurdas y mucho menos sus cambios. De hecho, será su hermana pequeña la única que consiga captar mi atención durante la historia en la que sobran hermanos que apenas son una sombra, padres que salen para mostrar una reacción y una vecina que de repente parece ser una más. La sensación ha sido de desapego entre la autora y la historia, un desapego que se ha trasladado a mi durante la lectura que, si bien avanza con cierta rapidez, no me ha preocupado en ningún momento el motivo de ese retorno a casa de la protagonista.

     La autora nos da casi al final la resolución del misterio, en la que he visto algún punto que no ha terminado de encajarme y finalmente interrumpe la historia, según mi modo de verlo, porque ya no sabe qué hacer con ella. Esto implica que, si bien ha dado alguna pincelada del futuro durante la lectura, estas pinceladas solo consiguen que el final se antoje brusco, como si la mayor parte de lo que allí nos han contado, no importase nada en absoluto.

     La retornada me ha parecido una novela fallida, en la que las denuncias sociales se enumeran y la protagonista está desdibujada. Sin embargo, cada libro tiene un lector y me encantaría ver opiniones contrarias que, casi seguro, arrojarán una luz distinta a la mía.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.