jueves, 7 de mayo de 2015

El domador de leones. Camilla Läckberg


     "El caballo sintió el olor a miedo incluso antes de que la niña saliera del bosque. El jinete lo jaleaba, clavándole las espuelas en los costados, pero no habrá sido necesario. Iban tan compenetrados que el animal notaba su voluntad de avanzar.
     El repiqueteo sordo y rítmico de las pezuñas rompía el silencio. Durante la noche había caído una fina capa de nieve, así que el caballo iba dejando pisadas nuevas y el polvo de nieve le revoloteaba alrededor de las patas."

     Alguna vez ya lo he comentado, no me gusta dejar las historias a medias. Eso supone que no abandono libros y que cuando comienzo una saga o una serie me gusta terminarla, pese a sus altibajos. Esta semana salía la novena entrega de Los crímenes de Fjällbacka, y hoy llega a mi estantería virtual. Hoy traigo, El domador de leones.

     Nos encontramos a Erika, madre de una niña ya crecida y dos gemelos revoltosos, inmersa en la investigación de la historia de Laila, una mujer condenada a cadena perpetua por el asesinato de su marido y cuya casa fue conocida como "la casa de los horrores" por lo que allí sucedía a esta familia con dos hijos. Patrick, su marido, investigará el caso de una joven atropellada. La chica muerta será identificada como una joven desaparecida semanas atrás. Pronto se descubrirá, además, que sufría graves mutilaciones y todo apunta a que tal vez no fuera la única secuestrada, ni la última.

     Si algo ha demostrado Läckberg en este tiempo, es que sabe ganarse a un público fiel. Combina en sus novelas la historia personal de Erika y Patrick, sus tareas domésticas, sus discusiones e incluso la vida de Anna, la hermana de Erika, con los casos que investigan. Poco a poco, y tras un repunte allá por el tercer y cuarto libros de la serie, la autora ha vuelto a centrarse más en los casos policiales que en los quehaceres domésticos, cosa que personalmente le agradezco.
     La estructura es la conocida, un caso que arranca desde las primeras páginas y los pasos de Erika y su marido que acaban encontrándose en algún punto, normalmente en el punto justo en que la curiosidad de Erika por lo que investiga su marido, la hacen meter la nariz más de lo debido en la investigación. En este caso se alterna la investigación de uno con la de otro, y también aparece una historia acontecida años atrás en la misma isla que servirá al lector para intentar jugar por su cuenta a descubrir quién está detrás de esa espantosa mutilación.

     Läckberg nos ha enseñado dos cosas: una a pronunciar el nombre de Fjällbacka, eso sí, a nuestro modo, y dos, a descubrir que es un lugar poblado de gente terrible, estoy segura de que debe de tener el índice de criminalidad más alto del país.
     Esta novena entrega es fiel a las anteriores, recuperamos al equipo policial que rodea a Patrick, cada uno con sus historias que poco a poco se han ido desgranando en los títulos anteriores, y que avanzan con discreción para no eclipsar a los verdaderos protagonistas. En cuanto al caso policial, nos va dejando pistas, mientras asistimos a una historia que se va tejiendo poco a poco, pieza a pieza de un puzzle que, como siempre, involucra a más gente de la que pensábamos. La autora nos va dando pequeñas claves que consiguen hacer de la lectura un momento ágil y entretenido para casi cualquiera. La estructura, además, en capítulos cortos, ayuda a ello.

     Una novela que no decepcionará a los seguidores de esta saga, de hecho a mi me ha parecido de las mejores si pienso en las últimas. Incluso Erika me resulta más simpática, nunca llegamos a congeniar.

     Y vosotros, ¿qué sagas seguís?

     Gracias

     PD. El book tráiler

miércoles, 6 de mayo de 2015

Cabaret Biarritz. José C. Vales





     "No debería ser necesario repetir por aquí, por sabido y reiterado hasta la saciedad en numerosos estudios previos, que fue Philippe Fourare, propietario y director de la casa editorial La Fortune, quien en 1038 encargó al escritor Georges Miet la redacción de una novela que tuviera como argumento principal los terribles y dramáticos acontecimientos que algunos años antes sacudieron la turística y elegante población de Biarritz, al sur del país."

     Compré este libro apenas salió al mercado y lo empecé a leer ese mismo día. Tenía curiosidad y el Premio Nadal, aunque no me han gustado todos sus ganadores (eso sería imposible en todo caso con los años que lleva otorgándose), me parece un premio de fiar. Sin embargo he tardado un poco más de lo habitual en traerlo hasta aquí, pensando en la forma adecuada de transmitir lo que uno encuentra durante su lectura. Finalmente, hoy traigo a mi estantería virtual, Cabaret Biarritz.

     En el primer capítulos se nos explica quién fue Georges Miet. Un redactor de revista, nada literario, con una condición física francamente poco afortunada, que recibe el encargo de escribir una novela que relate unos sucesos trágicos acontecidos en Biarritz en los años 20. Así que pasado algo más de una década comienza  a entrevistar a personas sobre el cadáver de una joven aparecido allí.

    Sin embargo, decir eso es quedarse corto, porque el libro de Vales es mucho más. Para empezar es un juego en el que recibimos una traducción de un libro escrito en francés sobre el trabajo de Miet, así que nos encontramos con notas de un editor que es un personaje más de una historia que, en algunos momentos incluso dudamos de si es realmente ficción o parte de un hecho real. Y también es una novela costumbrista en muchos aspectos, ya que entrevista a entrevista vamos recibiendo una visión de conjunto de una ciudad que está recuperando el esplendor y una época. Biarritz, las flappers, la guerra que se deja atrás, ríos de champán, alguna sustancia y casi cualquier cosa que uno pueda asociar a la libertad de un momento en que la gente quería disfrutar. A través de estas entrevistas conocemos a Vilko, un periodista al que su jefe mandó investigar esta muerte en el momento en que sucedió, y a Galet, el fotógrafo.
     Visto así tendríamos una novela en la que el editor y el traductor dan buena cuenta de sus opiniones sobre el mundo literario, y os aseguro que son opiniones afiladas, mientras tienen entre manos la historia de Miet al que cayó este encargo mucho tiempo después y que es quien busca ahondar en la historia de la muerte de Aitzane Palefroi. A esto yo lo llamaría metaliteratura con medio tirabuzón.

     Lo difícil en este caso es salir airoso, y el autor lo consigue hasta el punto de que es muchísimo más fácil seguir su historia, que luego opinar sobre ella intentando explicar el argumento sin que parezca un trabalenguas. Nos deja una novela divertida con un misterio por resolver, aunque no será, ya os lo anticipo, la única muerte que sucediera en aquel momento en Biarritz, y un montón de piezas para que las vayamos encajando. Durante el proceso hace gala de un humor irónico que tiñe toda la historia convirtiéndola en algo divertido, casi de revista de cotilleo. Y eso lo consigue gracias a las distintas voces entrevistadas, cada entrevista una persona diferente, con sus peculiaridades, sus intereses personales y total libertad para relatar lo que realmente le apetezca. De hecho hay un momento en el lector se deja llevar olvidando las muertes, disfrutando de cada uno de los personajes y se anticipa a las rarezas del siguiente.

     Me llama mucho la atención cuando se dice que ya está todo escrito, puesto que aún nos quedan muchas fórmulas e historias por descubrir. Aquí Vales lo demuestra con un libro francamente original en sus formas, fácil de leer y muy divertido. Varias tramas, una galería de personajes variopintos, excéntricos o insufribles según el caso y una historia que va de menos a más tejiendo un argumento sólido, es lo que nos ofrece este Cabaret Biarritz.
     Es curioso como, durante su lectura, pensaba que el autor había tenido que pasárselo en grande escribiendo una historia así (sobre todo la parte de los dardos literarios, casi me lo imaginaba con cara de "huy lo que he dicho" mientras se sonreía) y en cambio ahora al explicarla, o intentarlo, creo que ha tenido que ser además algo endiablado. Y además conseguir que parezca fácil. Todo un mérito añadido a esta historia que hoy os invito a descubrir. Lo pasaréis bien.

     Y a vosotros, ¿os atraen los premios literarios a la hora de decantaros por un libro?

     Gracias


martes, 5 de mayo de 2015

Brujuleando. María Penalva


     "Cansada de que el vórtice móvil alojado en su casa le hiciera desaparecer las cosas más intrascendentes, desde el pareo playero al preservativo fluorescente, decidió llamar al cerrajero para que le instalara una de esas puertas/dimensión paralelas que últimamente estaban tan de moda, y que servían de cajón desastre o baúl conchapiquer a la voracidad del vórtice."

     De niña me gustaba que me contaran cuentos. Es algo que perdemos en el camino ala vida adulta, posiblemente hasta que nos toque contar cuentos a nosotros. Sin embargo me gustaba. Y me sigue gustando. No hablo ya del relato más o menos extenso, sino del cuento como tal. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Brujuleando.

     Brujuleando es un libro ilustrado, como han de estar los cuentos, y que está poblado por  siete historias. Encontraremos vórtices que visitan sillones los miércoles, fantasmas en espejos, artilugios pensados para atrapar suelos, y armarios con un cierto tono musical. También leyendas de agua, y últimos momentos de vida, pasando, casi sin darnos cuenta, por un Golem.
    Y no os diré más, porque ponerme a hacer una relación y resumen de cada una de las historias, máxime si son cortas, sería como desgranar por completo el libro. Así que prefiero que os quedéis con esta pequeña referencia a cada uno de los relatos, marcada por apenas un par de palabras a modo de pista.

     Lo primero, y por aclarar términos tras haber hablado de leyendas, vórtices y fantasmas, diré que no es un libro de terror, sino casi al contrario. Tal vez no sean historias teñidas de rosa, pero todas ellas tienen un regusto amable en la placidez con la que el lector siente que están narradas. La autora, ha conseguido un libro de cuentos que se puede colocar en esa edad indeterminada que va desde que uno comprende un número más o menos amplio de palabras, hasta sus últimos días. Y nos regala siete historias en las que aún se aprecia el tono mágico que adquirían este tipo de relatos cuando los conocíamos en esa época en la que uno creía que las casas pueden salir volando, o que todo se arregla al encontrar un zapato de cristal. quizás, esa atmósfera nostálgica se vea acrecentada por las ilustraciones que acompañan a la historia, cuidadas y en unos tonos uniformes, de esas que elevan el texto a objeto que merece la pena ser considerado también desde el punto de vista estético.

     He disfrutado con su lectura, me ha gustado esa mujer que pierde cosas intrascendentes en un vórtice al que va cogiendo cariño, y también descubrir lo que quería recuperar: ese cuento, lo terminé con una sonrisa. Otros fueron quizá un poco más tristes, según la lectura. Pero todos ellos uniformes en estilo. Y eso es algo que agradezco cuando se trata de una recopilación de cuentos o relatos, que no tengan cambios agresivos en el estilo. Como último rasgo común, la originalidad. Todos con un punto fantástico, o casi más soñador que fantástico buscando atraer de este modo al lector a su mundo. Un libro cortito y ameno, para leer en un rato y mirar durante horas.

     Los libros ilustrados cada vez ganan más espacio en librerías, bibliotecas y estantes caseros. Al menos en los míos, si me fijo, cada vez reclaman más territorio. Y vosotros, ¿sucumbís a los libros ilustrados?

     Gracias

lunes, 4 de mayo de 2015

Distancia de rescate. Samanta Schweblin


     "Son como gusanos.
     ¿Qué tipo de gusanos?
     Como gusanos, en todas partes.
     El chico es el que habla, me dice las palabras al oído. Yo soy la que pregunta. ¿Gusanos en el cuerpo?
     Sí, en el cuerpo.
     ¿Gusanos de tierra?
     No, otro tipo de gusanos."

     Las lecturas llegan a nuestras manos de modos muy diferentes. En la red, uno recoge recomendaciones, ve personas con gustos afines, las sigue, comenta... a veces hasta se toma una caña. Este libro me lo regaló Sergio, librero, de los de verdad, lector, de los buenos y un montón de cosas más que se van descubriendo con el tiempo, las buenas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Distancia de rescate.

     Conocemos a Amanda, una mujer con una niña pequeña que se muda a un pueblo soleado y pequeño de Argentina. Allí conoce a Carla, una mujer marcada por un trágico suceso a su hijo, David, que marcó su vida. Poco sospechan entonces que la tragedia se cierne sobre ellas desde el momento en que se instalan en este remoto lugar.

     Distancia de rescate es un relato largo o novela corta que apenas pasa de cien páginas. Sin embargo no es una lectura rápida, hay que hacerla de forma pausada, digerir lo que la autora nos cuenta. Articulada como una conversación ininterrumpida entre David, un niño que parece saberlo todo, y Amanda, un adulto que parece estar abriendo los ojos y tener mucho por descubrir, asistiremos a la reconstrucción, pregunta a pregunta, de lo sucedido en los últimos días en la vida de estas dos recién llegadas. Como constante una pregunta: ¿Qué es lo importante?, eso parece ser lo que realmente le importa a David, quien pregunta, y parece empeñado en que el lector y la mujer con la que habla descubran donde reside la verdadera importancia. Pero no la del relato, sino la de la vida. Y como marca, la "distancia de rescate". Y Schweblin nos explica algo que a los padres les resultará familiar: la distancia de rescate es esa que permite a la madre reaccionar a tiempo ante un peligro para poner a salvo a su hija, esa distancia que se vigila, se calibra y, a veces, se excede amparados en el "no va a pasar nada". Pero precisamente para explicarnos lo que pasa, existe su historia.

     Una historia a dos niveles, escrita casi como un cuento y que consigue ir tensando al lector. Un accidente a un niño, un médico lejano, una curandera que habla de migrar un alma, una madre que vive angustiada por lo que sucedió... otra madre que llega al pueblo. Llega con una niña a la que vigila, un lugar desconocido, gentes diferentes, plantaciones, desconocidos... y una atmósfera que se va cargando mientras esta mujer calibra una y otra vez la distancia de rescate con su hija. A fin de cuentas, ¿qué es lo peor que puede pasarle a una persona? Tal vez por este camino nos encontremos con lo verdaderamente importante...

     Por debajo de esta lectura, la de la tensión, hay otra en la que no se dan nombres, pero que es mucho más intranquilizadora. Una lectura en la que se denuncian cosas que son cotidianas en algunas zonas y que, expuestas directamente a la mirada del lector, consiguen estremecernos. Una historia tóxica, con caballos y perros y patos, una historia con dibujos colgados en paredes y con supersticiones que pasan por barreños de agua y muñecas atadas, de pueblos que saben y turistas que desconocen, y de consecuencias fatales a este desconocimiento. Una historia contaminada por el silencio de un dolor que no escuchamos, como si no existiera: pero que existe. Una historia de madres e hijos, y de amor y protección, y también de almas rotas en mitad del campo.

     Y la suma de ambas se convierte en una gran lectura. De esas de las que uno no sale indemne, porque desde las primeras páginas ha establecido una relación con la forma de narrar de la autora, tan personal. No encontraremos en esta novela giros argumentales que nos dejen con la boca abierta, pero no hace falta para quedarse boquiabierto pensando en lo que nos relata. Y cerrar el libro, y fijarnos en la cubierta, y comprender las granadas. Comprenderlo todo. Y entonces, con el corazón aún encogido, recomendarlo a sabiendas de que un libro puede dar miedo sin ser de terror. Sobre todo si uno es padre. O madre.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

sábado, 2 de mayo de 2015

Entrevista a Marcelo Luján

Imagen: lecturalia

    Marcelo Luján nace en Buenos Aires en 1973. Lleva en Madrid desde 2001 donde ha trabajado como periodista y traductor. Parte de su obra ha sido seleccionada para campañas de fomento de la lectura y traducida a varios idiomas. En su haber se encuentran premios como el Santa Cruz de Tenerife, Ciudad Alcalá de Narrativa, Kutxa Ciudad de San Sebastián de Cuento en Castellano y Ciudad de Getafe de novela negra, así como la Segunda Mención en el Premio Clarín de Novela 2005.

     - No es la primera vez que te centras en entornos reducidos en tus novelas, frente a otros autores que buscan las grandes urbes, junglas de personas. Y esta vez incluso más, ¿por qué experimentar con el mal dentro de la propia familia?
     - Porque si el mal puede anidar en un entorno tan encriptado como es la familia, puede hacerlo en cualquier sitio. Y si puede hacerlo en cualquier sitio significa que todos estamos expuestos a él. Expuestos de un modo directo, quiero decir. Esta idea es inquietante y perturbadora: la familia, el núcleo más privado de nuestra existencia, la llamada primera institución, puede ser, también nuestro espacio de destrucción. ¿Dónde podríamos cobijarnos entonces?
     - Uno de los personajes que más me han impactado es Mabel, portadora de secretos, ¿crees que las familias marcadas por secretos son más oscuras?
     - Sí. Y creo, además. que la oscuridad de los secretos atenta contra el bienestar de las personas, incluso de su entorno (incluso sin saberlo). Porque Mabel sabe que nunca podrá librarse de su pasado, del punto tenebroso que vive en ese pasado suyo. Eso lo sabe, lo que no sabe es cómo interactuará ello en su presente. Puede ser que Subsuelo sea una novela sobre eso: sobre cómo el pasado modifica radical e inesperadamente las acciones del presente.
     - Me ha llamado mucho la atención, y lo diré sin descubrir ese punto de la trama, cómo conviertes un acto que hubiera sido hermoso, en algo crucial, casi una puerta a la oscuridad, ¿todos los actos son susceptibles de volverse en nuestra contra? 
     - Por supuesto que todos los actos que realizamos pueden volverse en nuestra contra. Sin embargo, lo que hace Mabel en esa noche envenenada, en ese momento crucial de la historia, es un ejercicio de lucidez: decide, en un segundo, salvar el futuro de su hija sin importarle las consecuencias. Desde luego que es clave, para ello (otra vez), su pasado. Mabel es una mujer fuerte, cuya valentía la rescata de cualquier duda. No olvidemos que Mabel sabe muchas cosas pero sobre todo sabe que a nadie le importa dónde aparecen los muertos.
     - Las hormigas son un símbolo constante en la novela, de hecho creo que tras leerte, no me gustan ni pizca. ?Puedes explicar un poco el simbolismo que les otorgas?
     - Las hormigas de Subsuelo son, a todos los efectos, una suerte de oráculo que aparece antes de la desgracia. Como en las tragedias griegas en donde siempre existe una voz que advierte al héroe del mal, una voz extraña y misteriosa que desea impedir lo que nadie quiere que suceda nunca. Son una metáfora y son, también, la representación más fiel de lo que se mueve debajo de la realidad, del trabajo subterráneo que tarde o temprano emerge y acaba por imponerse.
     - La novela tiene un ritmo constante que no flaquea en ningún momento. A veces, incluso, la imagen que proyectas se convierte en algo estático frente a la anticipación del narrador, ¿por qué elegiste esa forma de narración?
     - En Subsuelo tomé varias decisiones narrativas importantes que determinaron (como muy pocas veces en cualquiera de mis otros libros) el ritmo, la forma, el tono y el estilo. Y no lo hice por motivos estilísticos u ornamentales. Lo hice porque consideré que era el único modo (o el mejor modo) de poder contar esa historia. Porque contar bien la historia que tenemos en la cabeza debe ser siempre lo más importante para un autor. Comunicarla del mejor modo, quiero decir. Y Subsuelo no sólo tiene pocos personajes sino que ocurre, además, en un entorno muy cerrado, sin interacción apenas con el resto del mundo. La figura excluyente de este particular narrador era clave para el desarrollo de la historia, y para la buena conexión entre texto y lector.
     - ¿Cuánto tiempo se tarda en escribir una novela tan pulida como Subsuelo?
     - No quiero ni pensarlo... Me costó muchísimo esfuerzo escribir ciertos pasajes del libro (por aquello de la forma narrativa, de la punción constante del narrador). Tal vez un año, no lo sé.
     - Las etiquetas siempre se quedan cortas, tú escribes novela negra sin necesidad de que haya policías o investigadores de por medio, ¿cómo calificarías Subsuelo?
     - Subsuelo es una novela muy negra pero poco policial. En cualquier caso, una novela negra debe ser, primero y ante todo, una novela.
     - Las pasiones oscuras y el sexo son protagonistas también de tu historia, ¿por qué el sexo?
     - Porque los mellizos son adolescentes (con las hormonas disparadas, claro está), y porque el sexo siempre es un motor en los seres humanos. Aún así, no es un elemento determinante en esta historia. Tal vez cobre relevancia (en esta historia) el hecho de que el sexo funcione perfectamente como una herramienta de dominación, de posesión, de poder sobre el otro. Es la variable de humillación, a través del sexo, la que juega sus cartas aquí: lo prohibido y lo oscuro, dentro de ese todo sexual.
    - ¿Tienes ya alguna historia rondándote la cabeza?
     - Siempre
     - Y, finalmente, la pregunta obligada en este lugar. Me gustaría saber qué estás leyendo en este momento.
     - Terminé en estos días una muy buena novela de Esteban Castromán titulada El Alud, y empecé otra de Diego Ameixeiras: Matarte lentamente. Entre tanto sigo con los cuentos de Aixa De la Cruz: Modelos animales.

     Tengo que darle las gracias a Marcelo Luján por acercarse a este espacio y también a todos vosotros que os pasáis habitualmente por aquí.

     Bibliografía:
     - Subsuelo
     - Moravia
     - La mala espera
     - El desvío
     - Flores para Irene
     - En algún cielo

jueves, 30 de abril de 2015

Sumisión. Michel Houellebecq


     "Durante todos los años de mi triste juventud, Huysmans fue para mí un compañero, un amigo fiel; jamás dudé, jamás estuve tentado de abandonar ni de decantarme por otro tema; al fin, una tarde de junio de 2007, después de esperar mucho tiempo, después de mucho vacilar y más incluso de lo admisible, defendí mi tesis doctoral ante el Tribunal de la Universidad de París IV-Sorbona: Joris Karl Huysmans, o la salida del túnel. A la mañana siguiente (o tal vez esa misma noche, no puedo asegurarlo, pues la noche de mi defensa fue solitaria y muy alcoholizada), comprendí que acababa de concluir una parte de mi vida y que probablemente sería la mejor."

     Este libro salía a la venta, y por lo tanto comenzaba su gira promocional, cuando sucedió el atentado contra la revista de Charlie Hebdo. Houellebecq entonces, cortó radicalmente la promoción durante un tiempo y se dispararon los rumores: el tema del libro era peliagudo en ese sentido. Cada venta, cada palabra, fue mirada con lupa y expuesta a la polémica, y hace apenas unos días ha llegado finalmente a nuestro país junto con su autor. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sumisión.

     Estamos en Francia, en el año 2022 y conocemos a François, uno de esos personajes habituales en el autor, profesor universitario, desencantado con la vida, afilado en sus opiniones, con una ausencia de modestia y un gusto por los placeres notable y enamorado profesional y personalmente de la literatura. Particularmente de Huysmans, un escritor francés del siglo XIX sobre el que versó su tesis. François, a sus cuarenta o cuarenta y cinco años, vivirá sin proponérselo, uno de los cambios más importantes en la historia contemporánea de su país. En la primera vuelta de las elecciones, cuando la mayoría de los votos son repartidos entre el Frente Nacional de Le Pen y un nuevo partido islamista, parece claro que se avecinan cambios importantes. La segunda vuelta coloca en el poder a Mohammed Ben Abbes un líder carismático y con don de gentes que tras hacer los pactos necesarios, comienza un proceso cómodo de cambios sociales y económicos en el país. François, temeroso ante lo que pueda avecinarse, emprende un viaje entonces por Francia mientras observa la evolución de las cosas, es jubilado, tentado, asiste a cambios en sus antiguos compañeros y también en el orden en las calles, que tras un primer momento francamente tenso, parecen relajarse.

     Cuando un libro parte de tanta polémica es fácil acercarse a él por los motivos equivocados. Este hay que leerlo, pero no por las ampollas o debates que ha podido suscitar su publicación, sino por la calidad y las reflexiones y conversaciones que provoca en quien lo lee. Ese es el verdadero motivo de que haya traído Sumisión hoy aquí.

     Houellebecq nos habla de un futuro no tan lejano y usa un protagonista con todos los rasgos habituales de sus libros para introducirnos de lleno en la historia. Una historia marcada por el razonamiento y la literatura, una novela sobre los cambios, la pasividad (de ahí el título, de hecho hay un momento en el libro en que se alude a la palabra sumisión) y los modelos agotados. En un futuro en el que los partidos que tradicionalmente se alternan en el poder, surgen opciones diferentes y, en este futuro, las opciones diferentes ganan. Dicho así, pronto comprendemos que no es algo tan descabellado, pero Michel va un paso más allá. Nos presenta un cambio en el que el partido gobernante es islamista, y en el que el líder, es una persona con carisma, amable y razonable; lo que unido a la pasividad de la gente, al "esperemos a ver qué sucede", provoca un cambio radical en la sociedad. Y tampoco nos presenta ese cambio como algo terrorífico; a las mujeres se les incentiva económicamente que se queden a cuidar a sus hijos, y sus puestos quedan vacantes, cubriéndose con hombres y demostrando en cifras una bajada del paro. Esta es la vía elegida por el líder del nuevo partido, y la del autor para hacer de este libro algo que no suene a ciencia ficción. Quienes lleguen esperando ver una crítica contra el islam, se van a llevar una gran sorpresa, porque el libro no trata precisamente de eso, y si tengo que señalar una crítica es hacia la pasividad de la sociedad, a la dejadez ante modelos que se agotan hasta subsistir por una suerte de rutina en la que pocos o nadie interfiere. Una parte política mucho más presente en este libro que en otros del autor y que da para muchas, muchas reflexiones y conversaciones.

     En cuanto a la historia personal, François, profesor de la Sorbona, vive desencantado en lo que debiera de ser su cima profesional y ve como pierde lo que él considera la cima de su vida sexual, ya que su última relación viaja fuera del país. Un hombre ateo, misántropo, al que gusta disfrutar del sexo y otros placeres menores de la vida y con fuertes inquietudes intelectuales. Este hombre será el conductor de la novela con sus conversaciones, pensamientos y actos. Lo veremos encontrarse con el desencanto de una vida solitaria, regodearse también en ella, acudir al sexo por encargo para disfrutar de él exactamente igual que al supermercado para comprar una buena botella de vino. Un personaje que se hace fuerte desde las primeras páginas y cuya pasividad acaba por volverse significativa, un hombre con el que el autor juega a los paralelismos y simbolismos; de Huysmans a François y de François a Huysmans; creencias, viajes búsquedas. Si uno se convirtió al catolicismo, el otro es tentado a convertirse al islamismo; uno viaja y el otro le sigue un siglo después. Y todo ellos salpicado de citas y reflexiones literarias para deleite del lector.

     Sumisión es un buen libro, un muy buen libro al que hay que llegar con calma y disfrutar de la historia. No he dicho novela porque no sabría si es el término adecuado para lo que se relata en ella; si sé que me hubiera gustado que me durase más, que el señor Houellebecq hubiera escrito más páginas y saber cómo continuaba esta historia: no porque no quede resuelta, sino porque uno siente la curiosidad, la necesidad de avanzar en muchos sentidos y ver qué sucede después. Y porque de algún modo, el gran juego del autor en este libro es conseguir que asiente en el lector una de esas preguntas martilleantes: "¿Y si....?"

     Esta vez lo tengo más que claro: este u otro título, pero hay que leer a Houellebecq.

     Y vosotros, ¿os dejáis influir por los medios a la hora de acercaros a un libro?

     Gracias

miércoles, 29 de abril de 2015

El gusano de seda. Robert Galbraith


     "-Más vale que se haya muerto alguien famoso de verdad, Strike -dijo una voz ronca desde el otro extremo de la línea.
     Aún no había amanecido. El hombre corpulento y sin afeitar que caminaba con el teléfono apretado contra la oreja sonrió.
     - Por ahí va la cosa."

     A Rowling en su día le rechazaron varias editoriales, una media docena, su primer libro esa hoy famosísima saga sobre un mago. A Galbraith también le rechazaron varias editoriales su primer libro. Finalmente ambos libros, con un lapso de años de por medio, salieron al mercado. Rowling demostró que podía convertirse en la lectura de cabecera de toda una generación. Galbraith consiguió unas ventas bastante modestas y luego... luego se descubrió que era Rowling. Y entonces se dispararon las ventas. Un desliz, un error que fue llevado a juicio y un mundo que reaccionaba ante el nombre de una escritora ya más que famosa. Hoy traigo a mi estantería virtual el segundo libro de Robert Galbraith, publicado ya sin secreto alguno sobre su autoría; traigo, El gusano de seda.

     Conocemos, o recuperamos si leímos El canto del cuco, a Cormoran Strike, un exmilitar británico al que falta una pierna por un atentado sufrido en Afganistán, hijo de una estrella del rock y detective privado en la actualizada. Trabaja junto a Robin, secretaria con aspiraciones no confesadas ni a su jefe de convertirse en detective. Hasta ellos llega una mujer que quiere saber dónde se esconde su marido, el excéntrico escritor Owen Quine, quien tras causar un enorme revuelo en el mundo editorial con un libro aún no publicado, Bombyx Mori, desaparece de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno. La desaparición se convierte en asesinato y Strike comienza a levantar las alfombras del mundo editorial para descubrir lo que esconden debajo.

     Lo cierto es que pese a ser el segundo libro de la saga, no necesitamos haber leído el primero. El dato, la relevancia mediática que obtuvo Strike al resolverlo adelantándose a la policía, nos lo da Galbraith varias veces a lo largo de la historia. Y es el único dato anterior que podríamos necesitar para enfrentar esta lectura.

    La comida rápida no tiene ningún valor nutritivo. De hecho, si uno se para a pensarlo es casi tóxica para el cuerpo. Tampoco tiene mucho sabor más allá de la sal camuflada en supuestos sabores más exóticos. Todos lo sabemos, y de hecho lo decimos en voz alta. Sin embargo, todos caemos en la comida rápida en distintos momentos por una u otra razón (excusas).

     Algo así sucede con esta novela. Los personajes, salvando a los protagonistas, están faltos de carácter que nos ayude a distinguirlos. La trama se basa en girar, a veces de forma desordenada, y usa eso de "se dio cuenta de todo" mientras nos deja sin el proceso deductivo para llegar a saber eso que nos han dicho que sabe. Y sustituid la sal por los clichés, muchos, repartidos o amontonados, lo mismo me da. Y sin embargo la gente la va a leer, posiblemente mucho, porque es entretenida.
     El autor/autora entra de lleno en el mundo editorial, y nos presenta desde la agente arpía hasta el editor borracho pasando por el egocéntrico autor, todos ellos representaciones exageradas que, más que como un reflejo de lo que Rowling ha podido encontrar durante su andadura literaria, yo me lo he tomado como una licencia para divertirse mientras escribía. Me ha llamado la atención, eso sí, la escasa presencia femenina que introduce en ese mundo, y la forma en que aparece. Utilizando un narrador entre omnisciente y observador, a ratos sabe lo que piensan los personajes, a ratos opta por dejarnos saber que nos oculta lo que piensan, Rowling/Galbraith construye una novela concebida para entretener. La desaparición es el pistoletazo de salida para una trama en la que hay envidias, celos, suicidios, sexo, sangre, bondage y secretos en algo más de 500 páginas. El libro busca ir acelerando de una forma constante para así mantener al lector, tal vez no pegado a sus páginas, pero si con la intriga suficiente como para terminar la historia.
     Dice el narrador en un momento determinado que la trama es lo que sucede y la narrativa la forma en que se transmite lo que sucede. Yo completaría un poco esa afirmación, ya que tiene que ser muy complicado escribir un libro cuya lectura sea de las llamadas fáciles para el lector. No sé si es algo que se hace de forma consciente, pero las listas de ventas están llenas de éxitos que todos afirman se sustentan en ese punto. Tan fácil no será, digo yo.
     La novela es de esas que se leen en verano, cuando uno no quiere pensar demasiado y sí pasar unas cuantas horas divertidas en la playa o la piscina. Uno de esos libros que se verán mil veces posados en toallas y que, tal vez juzguemos un poco más duramente por ser obra de una persona ya reconocida en el mundo literario, aunque no en este género.

    Confieso que de vez en cuando voy a cadenas de comida rápida o uso precocinados sin tener una excusa para ello. También veo películas que jamás estarán nominadas absolutamente a nada. Y leo libros que sé que no pasarán a la historia de la literatura, pero que me entretienen: y no les pido más: sé lo que hay.
     El gusano de seda es una novela francamente entretenida.

     Y vosotros, ¿buscáis lecturas entretenidas, para pasar el rato en otro mundo?

     Gracias