lunes, 22 de julio de 2019

Stefan Zweig, La tinta violeta. Jesús Marchamalo


     "Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy de aquí antes que ellos".

     Hace ya muchos años que sigo libro a libro, programa a programa, columna a columna, todo lo que escribe Jesús Marchamalo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Stefan Zweig, La tinta violeta.

    Dice Marchamalo en esta última entrega de su colección de biografías ilustradas, que Zweig escribía cartas con tinta violeta en unas cuartillas de papel grueso encabezadas por un monograma por sus iniciales. Y yo, caprichosa de las plumas y también de las tintas, juego a imaginar cómo serían esas misivas que enviaba el ilustre escritor. De ahí viene el título de este libro, que no busca ilustrar al lector descubriendo cosas nuevas, aunque yo me haya encontrado con alguna sorpresa cuando habla de su particular coleccionismo musical.

     Ilustrado por Antonio Santos, nos entrega Nórdica en este pequeño tesoro un homenaje sentido con una adjetivación casi lírica de ritmo pausado y admiración apenas contenida, en una suerte de tête à tête de escritor a escritor. Y es que, si existen las grandes biografías, sesudas y minuciosas, también queda espacio para este otro ejemplo, no menos cuidado y minucioso, de conocimiento del homenajeado. A fin de cuentas, quién iba a escribir mejor las Memorias de un europeo que el propio autor que ya se recreaba en este Mundo de ayer para hablar de otra época. Y aquí también lo hace Marchamalo, deja un camino de semillas que se pueden recoger, que comienzan con un nacimiento y un incendio y nos llevan por un mundo casi aristocrático para terminar hundiéndose en una Europa teñida de negro y rojo sin olvidar pasar por aquellos balnearios en los que se intercambiaron cartas. De hecho, recuerdo una a propósito de la novela "rusa" de Roth. Al final, y aunque yo haya comenzado reproduciendo la única parte del libro atribuible a Zweig y no al autor, encuentra uno tantos datos en esta suerte de panegírico sin fecha, que no puede evitar ir dejándose llevar por el tono y sintiendo ese pesimismo que el protagonista dejó que le arrastrase hasta sus últimas consecuencias.

     ¿Qué más decir? Hablar quizás de unas ilustraciones sencillas, que no compiten con el texto y que precisamente por eso llaman la atención y obligan a hacer una segunda lectura solo formada por imágenes.

    Vuelvo con un tesoro de dimensiones reducidas, en este caso de Zweig, pero existen otros escritores que han pasado ya por las manos de Marchamalo, todos ellos recomendables a modo de pequeños canapés literarios. Personalmente, del libro que hoy os traigo, me quedo con la magnifica descripción del escritor.

     "Era educado, cortés, mirada inquieta, y en su rostro, tez clara y gesto relamido, destacaba un flequillo lacio sobre la frente y el bigote poblado, grave, de una formalidad administrativa".
Fue leer esto y pensar: sí, este es mi particular Stefan Zweig.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 6 de julio de 2019

Nuevas ediciones, reimpresiones y otras milongas



     Dicen los entendidos que las diferencias entre reediciones y nuevas ediciones radica en que las segundas han de tener diferencias con las primeras. Eso no significa que deban de tener, por ejemplo, una nueva traducción o corrección, un cambio en el diseño de la cubierta es suficiente para que el libro salga con un ISBN nuevecito y un precio también de novela a estrenar. El caso es que llevamos años viendo este fenómeno y coexistiendo con él sin que nos suponga mayor problema: las ediciones de bolsillo. Antes, cuando todo esto de la literatura llevaba un orden mucho más preciso, uno sabía que pasado un año llegaba la edición de bolsillo mucho más económica y, sí, menos bonita.  Ahora parece que depende del libro llegan antes las ediciones conmemorativas, mucho más caras, que las ediciones en formato pequeño. Pero eso es otro tema.
     Las reimpresiones en cambio no son más que nuevas impresiones de un libro ya existente en el que no se introduce ningún cambio. Esto supone que uno se pregunte por las tiradas que tienen las primeras, segundas o quintas ediciones de un libro. Y es que suponemos que aquí al hablar de "ediciones" se refieren a la venta del número inicial de libros que salieron al mercado, si bien en la realidad no es así ya que la primera tirada suele ser de una naturaleza superior a la del resto que puedan seguirla. Eso no significa que sigan bajando el número de libros impresos a medida que se reimprimen, pero sí que entre la primera y la segunda hay una diferencia.

     Hecha esta diferencia y viendo que Disney está haciendo remakes de sus películas de animación ¡ahora con actores de carne y hueso!, no puedo hacer otra cosa que fijarme en las mesas de las librerías. Y es que, de un tiempo a esta parte, las reediciones de libros ya publicados se codean en espacio y precio con el de las novedades. La cosa empezó, o yo me empecé a fijar, cuando hablaron de fondos. Esos libros imprescindibles que todo el mundo debería de tener o al menos intentar descubrir y que con una precisión que iba entre el golpe de reloj y el de talonario aparecían con cubiertas regias en las librerías. A nadie se le ocurría, claro, mirar el nombre del traductor y el año de su primera impresión, entre otras cosas porque suele aparecer en esa letra pequeña de las páginas que se sitúan antes del texto que forma la novela y en las que rara vez reparamos. No tardamos en pasar a los clásicos, algunos ya libres de derechos, que volvieron a ocupar un espacio reivindicando la necesidad de ser leídos (al mismo precio de novedad y sin especificar muchas veces si habían sido, o no, corregidos y actualizados). Ahora la cosa se pone mucho más divertida y las mesas de las librerías empiezan a recordarme a aquel juego llamado buscaminas que traían todos los ordenadores. Ya sea porque estrenan una película basada en el libro, porque Netflix o HBO o la plataforma que corresponda ha decidido fijarse en el título o porque el autor ha ganado un premio/fallecido/se ha cambiado el corte de pelo, el caso es que es cada vez más difícil saber si nos están colocando a precio de novedad un título que ya existía a precio de novedad.
     Los libros que ya tienen un tiempo desaparecen de las mesas y las librerías, se saldan y se ponen de oferta, es lo suyo, pero si nadie nos explica que tal o cual novela fue publicada en 2003 o en los años 90, el lector queda ciego ante la posibilidad de adquirir el mismo título, y tal vez otro par, por el mismo precio que va a pagar por esa cubierta negra con la chica que a todos nos suena de ver los carteles de la serie.
     No voy a entrar, porque lo creo innecesario por obvio, en el hecho de que una editorial que posee los derechos de una obra tiene derecho a publicarla cuantas veces quiera siempre y cuando salde cuentas con cada proveedor empezando, claro está por el propio autor del libro. Y tampoco lo haré en el hecho de que sale más barato reeditar que buscar, valorar y arriesgarse con un libro nuevo. Ambas cosas ya las conocemos de sobra todos nosotros. Pero sí que soy lectora y considero del todo necesario guardar la confianza de los lectores a la hora de comprar un libro. Yo me arriesgo más o menos con cada título y deposito una cierta confianza en el sello que edita y en el escritor que firma.  Una confianza que se ve minada cuando abro el ejemplar y descubro esa frase que dice: "Primera edición: Junio 2009".

     Por favor, cuiden a los lectores. Les aseguro que somos una especie necesitada de cariño y solemos ser de lo más agradecido. De hecho, la mayor parte de nosotros, prometemos lealtad.

     Y vosotros, ¿también os ha pasado lo de comprar a precio de novedad?

     Gracias.

     PD. Vacaciones. 2 semanitas.

viernes, 5 de julio de 2019

La señal. Máxime Chattan


     "La furgoneta circulaba rápidamente en mitad de la noche, como una nave diminuta perdida en la inmensidad del cosmos. Envuelta en la oscuridad, flotaba en la nada guiada por los faros blancos y como propulsada por los resplandores rojos de las luces traseras. El vehículo Ford empezó a girar para seguir la carretera que rodeaba la montaña. Estaba solo en muchos kilómetros a la redonda".

     Reconozco que de un tiempo a esta parte me estoy aficionando a la colección negra de Alfaguara. Eso hace que ni mire las sinopsis para comprar sus títulos. Hoy traigo a mi estantería virtual, La señal.

     Conocemos a Olivia y Tom,; ella es estrella televisiva y él escribe obras de teatro. Ella ha decidido dejar la televisión y él necesita de alejarse de un mundo que no le perdona su última obra. Y así es como esta familia termina en un idílico pueblo entre montañas llamado Mahingan Falls. Zoey, su hija pequeña, Chad, su hijo adolescente y Owen, un sobrino de la edad de Chad al que adoptaron tras fallecer sus padres, emprenden una nueva vida en este lugar. Sin embargo no tardan en notar que algo no va bien; viejas historias de sangre, una mujer que se lanza contra un coche, desapariciones... algo sucede en Mahingan Falls.

     Estamos ante una novela con aspiraciones piscineras y extensión considerable que mezcla la intriga con el terror. De este modo, y mientras seguimos los pasos de la familia Spencer, recodamos las alcantarillas de It y también las caracterizaciones típicas de la policía de provincias. El autor no se complica en una novela que se lee sin apenas esfuerzo para el lector y que mezcla temores ancestrales con otros mucho más mundanos. Sin embargo, y tal vez por no haberme caídos simpáticos los protagonistas, he estado más cerca de reír que de temblar durante su lectura. Y es que ya vengo un poco de vuelta de pueblos idílicos que no lo son y cuchipandis preadolescentes cuyas hormonas les convierten casi en héroes. Ahora les pido un poco más a este tipo de novelas para decir que son buenas. Y en este caso no lo he encontrado, así que mi entusiasmo lector ha ido cayendo poco a poco al mismo ritmo al que avanzaba mi lectura.

     No me malinterpretéis, la novela es perfecta como lectura de piscina, ya que, si bien es cierto que le falta fuerza, también lo es que uno sigue leyendo casi por inercia. Y conseguir escribir una novela con la que suceda algo así es todo menos fácil. Sobre todo si incluye vísceras y sangre, además de los consabidos gritos, llantos y momentos intranquilizadores que se le suponen y que nos llevan a un cierre con el que, si uno no es demasiado exigente, quedamos satisfechos.

     La señal es una novela entretenida que recoge referencias de un buen puñado de best sellers y que leemos con la sensación de estar viendo Netflix. Perfecta para esa época del año en la que uno cierra el kiosco de pensar.

     Y vosotros, ¿qué le pedís a la novela del verano?

     Gracias.

miércoles, 3 de julio de 2019

La cabaña del tío Tom. Harriet Beecher Stowe


     " -¿Qué falta os hace el niño?  -¿Qué falta me hace? Son artículos de fantasía que dan brillo a los depósitos. Los ricos suelen pagarlos muy bien. Es un género que deja mucha ganancia; y este travieso chiquillo, que tan bien canta y representa, me proporcionaría un gran negocio.  -No quiero venderle por ahora- dijo mister Shelby. Soy humano me es imposible arrebatar un hijo a su madre.  -¡Oh! sí, vos le arrebataréis Pero en resumidas cuentas, ¿qué sucederá si separáis el hijo de la madre? Que un par de semanas después de la aparición del chico, todo volverá a su antiguo ser y estado. No soy aficionado a prodigarme elogios a mí mismo; pero si hablo de este modo, es porque es la pura verdad; soy uno de esos que han conducido las mejores manadas de esclavos, no sólo una vez, sino ciento; y siempre los he vuelto gordos y con buena salud, no habiéndose muerto más que uno que otro, esto lo debo a mi humanidad…. y merced a este sistema humanitario he realizado muy buenas especulaciones; y como suele decirse, cada negro me ha dejado un bonito lucro en su tránsito. "      

     Una vez más voy a decir que me gusta quedarme con lo anecdótico, siempre lo hice. Muchas veces reconozco que olvidaba lo importante y no conseguía borrar de mi mente aquello que grabado a fuego no podía llevar otro cartel que ese, anecdótico. Por eso traigo hoy este libro, es un libro rodeado de anécdotas, unas serán verdad, otras añadidas, pero todas ellas buenas. Y es que, estamos ante un libro que fue, no sólo de los más vendidos de la época, sino que sólo fue superado en ventas por la Biblia en aquel momento.

      Cuentan que durante la famosa Guerra de Secesión que enfrentó a esclavistas y abolicionistas de Estados Unidos el presidente Abraham Lincoln tuvo una entrevista con la esposa de un predicador llamado Calvin Stowe. Lo primero que hizo el presidente fue mirar a la mujer y decirle:"De modo que es usted la mujercita que ha provocado el estallido de esta guerra".

      Verdad o leyenda, lo que está claro es que fue toda una revolución durante su publicación. Tuvo una aceptación tremenda, una acogida espectacular, al menos de entrada. A  la muerte de su autora los propios activistas negros a los que el libro defiende se volvieron contra la historia que contenía echando en cara la actitud resignada de sus protagonistas.

      Aún no lo dije, hablo de La cabaña del tío Tom. Un libro que hoy se ha clasificado como novela juvenil cuando bien podríamos hablar de novela histórica siendo totalmente fieles a la definición de la misma y que nos presenta a Tom.     

     Tom es un esclavo al que llaman Tío Tom y lo conoceremos a través de su historia. Tiene uno de los denominados buenos amos que, ahogado de deudas, lo vende separándolo de su familia. A partir de ahí, tanto su mujer como el hijo de su antiguo amo ahorran para traerlo de vuelta mientras Tom va pasando de amo en amo, cada vez más crueles. Le toca un camino difícil plagado de actitudes inhumanas que él soporta con esa actitud sumisa propia de las personas bondadosas que confian en que el futuro les depare lo que por justicia les corresponde.Y durante ese trayecto lo vemos tratado como un animal, como un objeto usado para comerciar. A su alrededor vamos dando voces a otras historias, algunas desgarradoras como la de la joven que, antes que perder a su hijo pequeño, huye para protegerlo sin importarla el peligro que pueda correr.

      Es un libro conmovedor que no pretende horrorizarnos mostrando realidades descarnadas sino que nos muestra lo que en aquel momento eran realidades, a través de escenas cotidianas. Ese es precisamete el secreto de su emotividad, la capacidad que tiene de reflejar el sentimiento humano dando el esclavo la voz de alama sobre el racismo. Posiblemente podríamos ver en él unas bases bastante definidas de muchos conceptos que hoy englobamos en el término derechos humanos.     

     Es, como curiosidad, la primera novela escrita en Estados Unidos cuyo protagonista es un afroamericano. Y es una novela que te atrapa en su historia de costumbres y racismos, sorprendiéndote al encontrar vestigios del racismo en el propio narrador, como signo tal vez de aceptación por costumbre.     

     Merece ser leída tanto por su historia, capaz de hacernos bucear entre sus páginas viendo las plantaciones al otro lado de la ventana, como por el significado que tuvo, la trascendencia que ha hecho que pase a la historia tanto el título, como su autora.

     A veces hay libros que de tanto sonarnos, nos da pereza ponernos con ellos, casi como si la los hubiéramos leído. ¿Os sucede también a vosotros?     

     Gracias.


lunes, 1 de julio de 2019

Cocinar un oso. Mikael Niemi


     "Me despierto en un vasto silencio. El mundo espera a ser creado. La oscuridad y el cielo me envuelven. Mis ojos, como dos pozos, se dirigen al espacio, pero allí no hay nada, ni siquiera aire".

     Los aficionados a la novela negra reciben la temporada estival con la alegría de saber que el una época en la que proliferan títulos de este género en las librerías: y a la vez tienen ese mismo miedo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cocinar un oso.

     Conocemos a Lars Levi Laestadius, un pastor samí aficionado a la botánica, y a su joven pupilo Jussi. Juntos pasean por los bosques mientras Laestadius enseña a Jussi a observar el mundo con otros ojos, a fijarse en los detalles. No tarda en desaparecer una joven, preocupando al pueblo en el que residen, y, poco después aparece su cuerpo con signos de violencia; parecen creer que ha sido el ataque de un oso. No todos lo creen, de hecho Laestadius no lo cree así y, cuando aparece un segundo cuerpo, todo parece apuntar a que puede tener razón. Hay un asesino por descubrir.

     ¿Alguna vez os ha pasado que coméis un pedazo de tarta y os recuerda a una tortilla de patata? No sé, ambas se suelen comer en porciones triangulares, casi seguro que ambas llevan huevo, se sirven en platos y se usa para comerlas el tenedor. Ya... a mi tampoco. Y sin embargo en la literatura se agarran a cosas así de vagas para colarnos unas comparaciones que se recogen con mucha más alegría y se creen demasiado rápido. Esto viene a que un protagonista culto con un pupilo y unas dotes para investigar diferentes al resto de su entorno hacen que este libro sea comparado una y otra vez con El nombre de la rosa. Claro que aquí el protagonista es pastor y en el libro citado monje... y las tortillas y las tartas sacian el apetito y se comen, muchas veces, sin hambre, con gula. Ya... sigue siendo demasiado traído por los pelos. Pues eso me ha sucedido a mi al leer este libro. Pero avancemos.
     Lo primero que llama la atención es que Laestadius existió y, si el libro se ambienta en 1852 encaja a la perfección con la vida de este pastor luterano samí cuya vida se apoyó en la Biblia y en la ayuda a un pueblo desconocido para mi hasta esta lectura: los samís. Seguiremos a este hombre y su pupilo durante sus excursiones, acomapañaremos a Jussi en su aprendizaje basado en la observación, que permite percibir el mundo de una forma más detallada, bajo otra luz. Y sabremos que Laestadius es apreciado cuando acudan a él por la desaparición de una joven: a partir de ese momento comienza la trama negra de la historia. Una muerte que se achaca a un oso y cuya investigación se cierra rápidamente para que las gentes del lugar duerman tranquilas y una segunda víctima que obliga a reconocer que tal vez no fuera el ataque de un animal. Frente a la necesidad de seguir manteniendo la aparente calma, la otra necesidad: la de la búsqueda de la verdad hasta llegar a resolver el caso y que irá comandada por el pastor y su joven pupilo y que finalizará de forma más que satisfactoria. Y todo ello en un contexto histórico que me era totalmente ajeno, unas descripciones fantásticas y un lenguaje elegante que otorgan a la novela un tono al que ya no estamos acostumbrados. Frente al tono cotidiano, casi vulgar, que viene siendo común en las novelas de género, llega este otro mucho más literario casi engolado que nos permite disfrutar de una narración con regusto añejo, permitiendo al lector no solo dejarse llevar por la trama sino también por las letras. Un lujo hoy en día.

     Jussi será el encargado de relatar la mayor parte de la historia, aunque eso no resta protagonismo a Laestadius, ya que el autor no cae en la tentación de dejar que sea el avispado alumno el que demuestre superar con sus dotes detectivescas al profesor que lo enseña. Además de las reflexiones propias sobre la maldad o bondad de las personas, no olvidemos que el protagonista era un pastor, la novela reivindica la existencia de un pueblo y sus costumbres y deja también muestra de la belleza de un entorno que se va metiendo por los ojos del lector sin que éste se de cuenta. En cuanto a los personajes, si bien Laestadius aporta el conocimiento, será Jussi quien capte todo nuestro interés, un joven con cicatrices casi adoptado que verá nacer el amor por  las letras y los conocimientos. Juntos se enfrentarán a las teorías de Brahe y Michelsson y su necesidad de cerrar el caso que me hicieron pensar en un principio en supersticiones incluso cuando no se trataba más que de obsolescencia. Y el oso parece a ratos casi un símbolo.

     Me ha gustado Cocinar un oso, me he dejado llevar por el tono de la narración y me he preguntado quién era el narrador omnisciente sabiendo que era caer en la trampa del autor. Y he caído con gusto. He disfrutado del lirismo tanto como de lo truculento y he acompañado a los protagonistas durante sus reflexiones. Pero, sobre todo, he cerrado el libro queriendo leer más, algo que me pasa cada vez menos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 26 de junio de 2019

El Halcón Maltés. Dashiell Hammett

   

     “No importa quién quiere a quién; no pienso hacer el bobo por ti. No voy a seguir los pasos de Thursby y de sabe Dios quién más. Asesinaste a Miles y vas a pagar por ello. Yo podría haberte ayudado dejando que se fueran los otros y manteniendo a distancia a la poli con alguna argucia. Es tarde para eso: ya no puedo ayudarte. Y aunque pudiera, no lo haría”.

      A muchos amantes del cine negro este título les recuerda a Bogart, inmediatamente, ahí le pusimos cara a Sam Spade. Así lo conocí yo, por el cine. Me gustó tanto que decidí salir en su búsqueda entre hojas de papel, y por eso traigo a mi estantería virtual El halcón maltés, un hito del cine negro que no debemos perdernos sobre el papel.    

     En 1.530 los caballeros de la Orden de Malta regalaron una estatuilla en forma de halcón, repleta de piedras preciosas, al emperador Carlos V. Fue objeto de robos y desapariciones y reapariciones durante más de cuatro siglos, hasta hoy. En pleno siglo XX reaparece en San Francisco, codiciada por su valor y buscada por Sam Spade, quien a partir del asesinato de su socio, se ve envuelto en dicha búsqueda en una maraña de acontecimientos y acompañado de una clienta muy especial.

      Sam Spade vive a través de la obra de Hammett, de toda su obra en realidad, que son tan sólo cuatro títulos; Demasiados han vivido, Sólo pueden colgarte una vez, Un tal Sam Spade y El halcón maltés. De hecho RBA ha sacado una compilación con el acertado título Todos los casos de Sam Spade no hace mucho. Pero ¿Quién es Sam Spade?

      Sam es un tipo duro, cerca de la cuarentena, es un hombre de la calle. Nos olvidamos de los robos refinados y los detectives impolutos y entramos en los comienzos del detective que hoy sigue estando de moda. Es terco y, cuando menos falta hace, saca la ironía y, desde luego, no se caracteriza por su tacto. Lleva una vida más o menos desordenada, tuvo una aventura con la mujer de su socio, que ya terminó. Y entorna los ojos para retar las mentes ajenas. No tiene problemas en colaborar con la policía, siempre que no le pidan tener tacto porque eso no es lo suyo, protege a quien cree que lo necesita, pero si se trata de sacar la verdad a la luz... todo vale. Un diablo rubio, dijo su autor para describirlo, pero Sam Spade es sin duda alguna mucho más que eso. Es un comienzo para la novela negra contemporánea.      Hammett no se queda en mostrar un detective brillante, eso sería lo fácil. Lo verdaderamente deslumbrante de su obra es la complejidad de la trama, no nos lo parece hasta que no terminamos el libro y tratamos de resumirlo. No se complica la vida ni nos la complica a nosotros y por eso su forma de escribir es seca, pasa del diálogo a la acción, el resto sobra. Tal vez sea eso lo que hace que veamos a Spade como aún más duro. Es una novela callejera y en la calle todo vale, pero sobre todo el dinero. No nos cuesta trabajo adivinar entre sus letras al Hammett detective de Pinkerton, recorriendo calles a la carrera.

      Nos enfrentamos a todos los clásicos del género, hay malos vengativos, malísimos, guardaespaldas torpes y empresarios venidos a menos salpicados con agentes casi entrañables y mujeres fatales. Gente, en definitiva, movida por su propio interés y, lo mejor de todo en este mundo de detectives impolutos y marcados por vete tu a saber que experiencia traumática, en este caso, nadie nos intenta convencer de que el mismo Spade sea demasiado diferente de cualquiera de ellos.

       Un libro que me cautivó y me llevó al resto de la obra de Hammett y que me sirve para recordar que, ni toda la novela negra es nórdica, ni hay que temer estos libros que a priori nos pueden parecer pasados de moda. Sino todo lo contrario.    

     Gracias

lunes, 24 de junio de 2019

Llamarás un domingo por la tarde. Javier Cid


     "Me miro en el espejo y siento frío. Pero no es un frío romántico como aquel que cosía a los poetas famélicos en Montparnasse; es, sin más, un frío de cojones porque es otoño, se cierne sobre el oeste una ciclogénesis con nombre de mulata y la caldera prehistórica de mi apartamento acaba de morir. Y yo ni soy poeta, ni padezco hambrunas, ni estuve jamás en Montparnasse pues París me cogió siempre con prisas".

     A veces una recomendación directa te lleva a un libro. Y eso sucedió con este, así que sin muchas vueltas me lo llevé a casa y hoy, poco después, traigo a mi estantería virtual, Llamarás un domingo por la tarde.

     Cuando conocemos al narrador del libro, está superando una ruptura amorosa. Ese es el momento elegido para relatarnos su vida con bastante desparpajo y un poco de mala uva. Descubriremos entonces a un hombre cuya mayor inquietud es no estar solo, su mayor temor el compromiso y su mayor vicio es estar enamorado. Será víctima de su época y abrazará el culto al cuerpo y el exhibicionismo de las redes sociales mientras sigue la estela de los viajes exóticos y el sexo de una noche para calentar más el cuerpo que el alma. Conocemos, en definitiva, a un hombre normal.

     Comencé este libro un domingo por la tarde y lo terminé un martes que, como dice el protagonista, son días propicios para terminar cosas. Y en el espacio existente entre esos días me sonreí e incluso me reí unas cuantas veces mientras a ratos me sorprendía pensando eso tan manido de "conozco a gente así". Por supuesto que no leo ante un espejo, no sea que en algún momento levante la vista...
El caso es que tras la literatura del adolescente, del niño que pasa a ser hombre, parecía no existir otra etapa que descarnar cuando todos sabemos que no es así. Y Cid busca otro momento por el que todos pasamos y es el de mirar nuestra vida por primera vez, el de dudar si frenar, ver que todo cambia y que las vidas de los que fueron compañeros infatigables encajan para asentarse en una placidez que nosotros no estamos dispuestos a adoptar o que, como es este caso, nos es retirada al producirse una ruptura. Se queda entonces el protagonista cojo, como viviendo a destiempo y vuelve atrás para recuperar un tiempo que sabe que en realidad no perdió mientras nosotros vemos que lo que le pasa es que se siente solo aunque sea a ratos y que teme que los ratos se alarguen demasiado.
El protagonista elegido es un vendabal con pocos pelos en la lengua que nos gana su simpatía desde las primeras letras con algunas reflexiones que todos hemos compartido. Del periodismo digital al sexo por app, de los viajes a las juergas pasando por esas familias improvisadas que se forman en bares de barrio hasta llegar a enamoramientos más sentidos que consumados, Cid toca todos los temas que podemos vivir en este momento. Hay por supuesto excesos, la propia novela los pide y al lector no solo no lo estorba, además le divierten. Y también hay clichés propios de una comedia protagonizada por un gay que ronda los 40. Pero son de esos que uno piensa que quizás existan por repetición, como ese punto deslenguado que antes comentaba.

     Me he divertido con este libro, aunque siempre he sabido que estaba ante una tragicomedia. Me lo he pasado bien y he apuntado alguna frase que, sin ser propia de literato, es certera para la vida. Para la mía, para la del protagonista y, estoy segura de que también para la de cualquier lector. Y es que comenzaba diciendo que esta novela trata de la vida de un hombre cualquiera y eso es precisamente lo que le da interés. A fin de cuentas, la mayor parte de las vidas distan mucho de ser extraordinarias. Salvo para quienes las protagonizan.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.