jueves, 19 de enero de 2017

Memoria de chica. Annie Ernaux


     "He querido olvidar a aquella chica. Olvidarla de verdad, es decir no querer escribir más sobre ella. No pensar más que debo escribir sobre ella, sobre su deseo, su locura, su estupidez y su orgullo, su hambre y su sangre cortada. Nunca lo he conseguido."

     Uno de los libros que han salido sin ruido pese a las muchas recomendaciones es este Memoria de chica. Se está colocando en cada mesa y, en realidad, mucha gente no sabe por qué. A veces pasa. Hoy traigo a mi estantería virtual, Memoria de chica.

     Conocemos a la narradora, autora, protagonista. Conocemos a la chica que cumplió dieciocho años en 1958, en verano, en la colonia de S, en el distrito de Orne. O en realidad a quien conocemos es a la mujer en la que se ha convertido, marcada por ese verano y que ha intentado escribirlo muchas veces sin conseguir hacerlo, y la conocemos en esta obra en la que parece que finalmente lo va a lograr. Es el año y el verano en el que una chica sedienta de sentimientos, de hacer el amor con amor, conoce a el Otro y vive sus primeras experiencias.

     Memoria de chica es un ejercicio privado de introspección de la propia autora en el que, cambiando a ratos la persona utilizada o el tiempo, nos comparte su experiencia. Ese paso a la vida adulta resumido en un verano que no olvidará y para el que jamás puedo encontrar palabras. Veremos como entra a relatarlo y se dispersa hablando de la chica nacida en la familia que ya había perdido una hija o de la apetencia de cafés y moka. Nos dejará comprender el esfuerzo que le supone relatar esta historia comenzada mil veces, seriamente tan solo una en un año cuyo calendario se solapaba con el de aquel verano. Y asistiremos ahora a este esfuerzo necesario de contarnos ese verano en el que se convirtió, además, en escritora. Esfuerzo que se muestra poético y asfixiante a ratos, tal vez por eso la autora decide respirar en el presente un momento, permitiendo así hacerlo al lector que va tomando poco a poco conciencia de la importancia de lo que Ernaux nos relata. La importancia vital de las cosas no es más que aquella que les conceden quienes las vivieron. Así que sí, este libro narra hechos de una importancia vital. Y logra hacerlo sin demasiados tapujos, ni siquiera a la hora de describir sus primeras relaciones sexuales. Porque al final, tampoco es importante. Ernaux nos cede en este libro un pedazo de ese alma sangrante que es el interior de una adolescente plasmado de forma realista, sin grandes tragedias, casi en forma de tránsito. Y lo difícil que es explicar esos momentos incluso cuando somos adultos. Ese es el gran mérito de esta obra alabada por crítica y libreros desde el momento de su publicación.

      Una vez más, no necesitamos un libro extenso, ni tampoco nombres, porque con unas simple siglas nos es más que suficiente. Porque si la autora parece seguir buscando comprenderse a la edad que tenía en ese verano, el lector hará lo propio con sus propias experiencias. Todos hemos sabido lo que es un amor de verano, un beso, una amistad que parece infinita y queda olvidada a unas fechas. Todos sabemos lo que es tener esa edad y buscar el amor y temer el rechazo y sentirlo todo sin saber expresarlo. Eso es lo que tal vez intenta dejar claro Ernaux en esta obra: que todos hemos tenido un verano del 59. Y de un modo u otro, seguimos teniéndolo dentro.

     Comenzaba hablando de esos libros cuya presencia parece constante pero que uno no termina de saber de qué tratan, como en este caso, y ahora tengo la duda de si todos miráis todas las contracubiertas y esto me pasa solo a mi. ¿O también hay libros cuyas cubiertas llegan a resultaros familiares pero nunca llegasteis a mirar su sinopsis?

     Gracias.

martes, 17 de enero de 2017

Paradoja del interventor. Gonzalo Hidalgo Bayal


     "El interventor llegó a la ciudad en tren una noche de noviembre. En aquel momento no era todavía, en modo alguno, el interventor ni había adquirido los derechos o la propiedad del nombre. Se trataba sólo de un viajero anónimo al que las circunstancias del azar irían privando poco a poco de la condición de viajero y forastero hasta terminar convirtiéndolo en el interventor, el duelo exclusivo de la denominación."

     El mundo está lleno de libros magníficos por descubrir y que, hasta ese momento, habitan rincones olvidados de las librerías hasta que alguien los recoge. En esta ocasión fue @Bernie quien me recomendó este título que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Paradoja del interventor.

     Conocemos a un hombre, uno cualquiera, en una estación cualquiera del tren. Este viajero se apea para dirigirse a un bar y que le rellenen una botella de agua. Es educado, corresponde a la gratuidad de la cortesía solicitando un café mientras mira al interventor que parece no tener prisa para dar la salida al tren. Sin embargo, en tren sale de la estación dejando a nuestro hombre sin nombre abandonado en ella, sin documentos, sin maleta, sin dinero. Sin nada. Nuestro protagonista sin nombre emprenderá una búsqueda en este pueblo desconocido, la de una autoridad que pueda ayudarle, pongamos que es el interventor, y los habitantes, lugareños, es lo que oyen salir de la boca del desconocido. Tanto es así, que esa será la forma en que le llamen.

     Comienza la Paradoja del interventor como Kafka en un Castillo hiciera hace ya muchos años, salvando claro las distancias. Y establece ya las pautas de esta extraordinaria novela sobre la búsqueda de un hombre, en una zona desconocida. Búsqueda en la que irá descubriendo esas vidas anónimas que conforman los microcosmos de las pequeñas realidades y en las que nos dejará sumergirnos acompañándole junto a su botella de agua. Pronto descubrimos, al igual que lo hace el protagonista, que el hombre al que miraba en la cantina de la estación, no sólo no es el interventor, sino que nos damos cuenta de que su conversación se reduce a frases en latín. Nos presenta también a un tal Cristo cuyas paradas procesionarias tienen más de alcohol que de otra cosa, un personaje que, pese a ser el más exagerado en sus padeceres, da buena muestra del pequeño elenco de personas sin importancia con el que nos tropezaremos en esta historia.

     No deja de ser curiosa, además, la sensación de aislamiento que sobreviene al lector ante la zona cualquiera de provincias que nos es representada y que parece vivir al margen del caminar del mundo, tal vez anclada en la sombra de unos momentos mejores que ahora la dejaron en franca decadencia. Una decadencia que arrastra a sus habitantes y al propio interventor ante la atenta mirada de un lector embelesado con el cuidado lenguaje de Hidalgo Bayal. Porque esa es otra de las grandes bazas de esta novela cuya historia es aparentemente banal: las formas, lo escritor. Tienen sus letras algo de solemne, de cuidado extremo en el que cada sílaba ha sido cuidadosamente colocada, que deslumbra en las primeras letras y nos obliga a detenernos para paladear la novela. Y si habéis leído algo del autor, sabréis perfectamente a qué me refiero.

     Se trata, por lo tanto, de un magnífico ejemplo de que no hacen falta grandes aventuras, ni crímenes, aunque cierto es que hay algún misterio y unas cuantas historias tejidas en estas páginas, para conseguir una lectura entregada. Y es que, como comentaba al principio de esta entrada, quedan muchos tesoros por descubrir en los estantes de una librería, y algunos no esconden al menos en apariencia nada deslumbrante. Esos, son los peligrosos, porque pueden esconder tesoros de esos que recomendamos como si fuéramos sus únicos descubridores, aún cuando hayamos llegado a ellos por una recomendación. Como hago yo hoy.

     Y vosotros, ¿recordáis algún libro cuyo argumento,aparentemente gris, os haya marcado?

     Gracias.

lunes, 16 de enero de 2017

El Gran Imaginador. Juan Jacinto Muñoz Rengel


    "No sucedió en tierra firme, sino a bordo de una de las seiscientas cuatro embarcaciones que en aquellos instantes colisionaban con estrépito en una delgada y concurridísima lengua de mar, en el centro mismo del más accidentado Mediterráneo, entre la humareda maloliente que levantaba la pólvora, el clamor de los cañones y la lluvia de los más diversos proyectiles. Allí fue donde se cruzaron las vidas de los dos singulares escritores."

     Si algo me gusta de Muñoz Rengel es la originalidad en los temas y la aparente facilidad a la hora de resolverlos, y digo aparente porque a poco que uno se fije, se da cuenta de que no ha de ser tarea precisamente sencilla. Hoy traigo a mi estantería virtual su último libro, se trata de El gran imaginador.

     Conocemos a Nikolaos Popoulos, de naturaleza, imaginador. Ya desde niño su prodigiosa imaginación le llevaba a otros mundos, primero encontrados en libros y luego en su propia cabeza. Capaz de refugiarse en realidades extraordinarias, ese talento provocaría dichas y desdichas que marcarán una vida azarosa y viajera de este singular hombre. Poco tardará en sentir la necesidad de plasmar en papel sus propias historias y pese a ser alumno, escribano, preso, viajar a Malta y acabar en una celda, conocer a Cervantes o hablar de tratamientos, en realidad lo que tenemos entre manos es la historia de un hombre con un talento extraordinario, y su lucha por conseguir plasmar este talento en forma escrita.

     Una vez más, Muñoz Rengel nos relata una historia extraordinaria, esta vez en un tono que casi parece un cuento para adultos, una leyenda escrita a partir de un trovador. En su historia, comparte además la prodigiosa imaginación de su protagonista compartiendo con el lector los mundos extraordinarios que crea Popoulos, un griego que nace en un lugar que no le prometía fortuna alguna, pero que acaba teniendo una vida extraordinaria en vivencias. Casi pareciera por momentos que la realidad pugna por hacerse fuerte en esa frase que dice, la realidad supera la ficción, y le permite conocer a un desconocido Cervantes, por poner un ejemplo. No pierde el autor el pulso de la prosa, mezclando sucesos reales en los que no duda colocar al imaginador griego, consiguiendo que tal sobrenombre nos resulte tan familiar como extraño nos pareció en el título, y reparte atención entre ficciones y realidades anegadas de anécdotas protagonizadas por Popoulos y, en muchos de los casos, su amigo de la infancia.

     El gran imaginador se convierte de este modo en una epopeya al más puro estilo decimonónico, en la que el lector disfruta de una prosa fluida que le permite avanzar sin escollos entre personajes conocidos, países deseados y realidades inventadas, para dejarse llevar por el juego e imaginar si, por qué no, existió en alguna ocasión un personaje semejante. Para lograr eso no quiero ni imaginar la labor de documentación y el trabajo que ha tenido que tener esta novela de la primera versión a la última, pero el resultado funciona y es tan original como entretenido. Desde luego, tengo que decir que hacía mucho tiempo que no leía una historia semejante. Quizás desde aquella que relataba las aventuras de un asesino cuya mayor tara era la desgracia de ser, y podéis creerme, un hipocondriaco incurable. Aventura que es también del mismo escritor.

     Si tuviera que resumir el libro en una única expresión, diría que he disfrutado. He olvidado la realidad y me he quedado incluso con las ganas de que se desarrollasen unas cuantas de las historias inventadas, como esa de los extraterrestres que nacían sin vida a la espera de recibir un literal aliento, o tal vez de indagar un poco más sobre lo acaecido con unos aceites... En fin, un derroche imaginativo que recomiendo a todos aquellos que tengan ganas de perderse en un destino incierto sin mirar atrás. Y un escritor al que pienso seguir leyendo título tras título.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 14 de enero de 2017

Los resucitadores



     "Zombi
     Del criollo de Haiti zombi, quizás de or. africano occid.
     1. m y f. Persona que se supone muerta y reanimada por arte de brujería con el fin de dominar su voluntad.
     2. ad. Atontado, que se comporta como un autómata."
      Real Academia Española

     Hace ya años que Stephen King nos hablaba en su libro Cementerio de Animales de un lugar en el que los muertos resucitaban. Y, como la realidad y la ficción parecen echar carreras y los zombis se han puesto de moda, parece que ahora los zombis han evolucionado hacia los mundos literarios. Y no, no hablo de esos zombis que ya podemos ver hace tiempo en las librerías y que son, pobrecitos, muertos vivientes que arrastran sus cuerpos malolientes en busca de un cerebro (conozco gente así, incluso de los que huelen bien). Esta vez, es el mundo editorial el que tira de fichero y, cual cementerio de animales, decide resucitar a personajes que vivieron y dejaron de contar sus historias. Parece que han olvidado una de las máximas de la literatura que es encontrar personajes inmortales, que sobrevivan en el tiempo cual Quijote o Hamlet, y han decidido aplicar ellos una fórmula resucitatoria basada en a saber qué intereses posiblemente pecuniarios, o de listas de ventas, o tal vez tirar de la nostalgia de sus lectores. A saber.

      El caso es que llevamos un tiempo de resucitaciones no del todo acertadas, en segundas partes tardías, cambios de autor, sagas que de repente se retoman y otras maniobras con las que no estoy del todo de acuerdo. Y es que, señores, los personajes también tiene derecho a una muerte digna. Y, como lectora, reivindico su derecho. No me gusta que me cambien la voz, que me toquen al muerto, que me lo paseen, me lo modernicen y le apliquen su toque personal. Y tampoco me gustan los imitadores, aquellos que se esfuerzan en deformar su estilo para adaptarse al del original sabiendo que jamás llegarán a alcanzarlo para quienes un día siguieron la trayectoria de este o aquel personaje. Porque asumamos una cosa: es una faena el encargo.  Estar a la altura, sacar a Salander otra vez, a Holmes, a Bond... o esos famosos 26 que intentaron continuar lo escrito en El mago de Oz. Y yo me pregunto, si la literatura es un ejercicio de imaginación en el que el escritor despliega un mundo ante los ojos del autor, ¿qué necesidad hay de remakes, postmakes y otras historias? Entiendo los fanfic de quienes continúan para ellos mismos estas historias, pero no la resucitación por encargo. Si ya llevo regular encontrarme determinados perfiles en twitter de autores ya difuntos, y me quedo perpleja ante la cantidad de inéditos en cajones que aparecen día tras día, ahora ya no me llega la vida para saber quién escribe cada cosa. Porque esa es otra, os voy a plantear un problema de difícil resolución. Si tengo una biblioteca en la que coloco los libros por autor y las sagas bien juntitas, ¿en qué lugar coloco a ese autor que tiene sus propios libros y luego continúa otra saga? O un paso más, ¿y si ese autor que tiene su propia saga también fallece y luego otro lo continúa que había tenido su propia obra? ¿Dónde queda ahora la colocación de índice alfabético de autores? Un poco de orden, por favor. Y un poco de respeto a quienes dejaron de asomar a las páginas de los libros, no les demos por muertos porque, cada vez que alguien abre un libro que protagonizan, el personaje vuelve a la vida. Y una vez que se cierra, ese mundo sufre una especie de stand by a la espera de que otro lector, en cualquier parte del mundo, de aliento a ese personaje. Y ese aliento no es para resucitarlo, no. Es, simplemente, el aire que se mueve al pasar las páginas del libro.

     Y vosotros, ¿qué opináis de estas sagas que continúan con distintos nombres?

     Gracias.

     PD. Y no me he metido con los zombificados clásicos, porque esa es otra historia sobre la que opinaré en otra ocasión (como decía Ende).

     "Lázaro, levántate y anda."

viernes, 13 de enero de 2017

Las hermanas Zinn. Joyce Carol Oates


     "La historia de la notable familia Zinn, que finaliza al sonar la última campanada de la medianoche del 31 de diciembre de 1.899, empieza unos veinte años antes, una bella tarde de septiembre en la dorada bruma del otoño de 1.879 -¡ah, cuánto tiempo ha transcurrido ya!- cuando, para confusa vergüenza y horror de su cariñosa familia y consternación de todo Bloodsmoor, miss Deirdre Louisa Zinn, hija adoptiva de John Quincy Zinn y su esposa, emprendió un precipitado paseo sin compañía alguna y, a plena luz del día, fue raptada en los terrenos de la casa solariega de sus abuelos, la histórica mansión Kiddemaster."

     Oates se está convirtiendo en visita habitual de mis estantes, si bien pocas veces, si es que lo hice alguna, con un libro como este. Hoy traigo a mi estantería virtual un libro que lleva mucho tiempo en la real, se trata de Las hermanas Zinn.

     Una familia feliz, en 1.879 celebra en el campo, a orillas del Bloodsmore, la próxima boda de una de sus cinco hijas. Es en ese momento cuando baja un globo y rapta a la menor convirtiendo la apacible vida de esta familia en una aventura mucho menos digna y propia del comportamiento social de la época. Cada hija llevará su vida por un camino poco decoroso para lo que se espera de una mujer, ya sea en la vida, en el trabajo... hasta que la vida vuelve a unir a la familia años más tarde.

     Ahora os hablaré de Mujercitas, aunque suene raro. Pero fue para la re-edición de este libro que se le pidió a Joyce Carol Oates que escribiera el prólogo. En ese momento la autora respondió bastante airada que no entendía por qué no publicaban entonces A Bloodsmoor romance, en lugar de reeditar Mujercitas. No se puede negar que las hermanas March han influído en la literatura moderna.
     En este caso también retrata a la mujer del siglo XIX, y también hay cuatro hermanas, bueno cinco en realidad, aunque la última es adoptada; también hay una tía rica y su padre tampoco aparece demasiado. Y aquí es donde terminan las similitudes entre ambos libros, porque las Zinn no son unas mujeres modelos, no ya en belleza, sino en su carácter, el padre es inventor y su tía, escritora.

     Es un libro escrito sin piedad alguna en contra de los moralismos que apresaban a las mujeres de la época, pero no convierte para ello a sus personajes en heroínas intocables por la pluma del autor, sino que hace justo lo contrario, las condena en base a los usos y prejuicios de la época. Las va criticando como si fuera una vecina entre visillos y así nos hace sentir a nosotros al reírnos de las ridiculeces de sus comentarios. También hay un hueco para Poe, Wilde y casi cualquier persona que se le pasara por la cabeza. Nos deja patente "la superioridad general del sexo masculino" y ataca la ansiada independencia que tienen algunas mujeres (nótese el tonillo).
     Pero no os dejéis engañar por el párrafo anterior, todo lo expuesto no expresa la ideología de la autora sino que es una muestra de la irónica parodia que realiza de la sociedad que tan bien reflejan otras novelas románticas al uso, al leerlas ni nos fijábamos en lo que Joyce se empeña en señalarnos con tanto énfasis y que dicho con todas las letras se nos antoja ridículo. Y, a través del patente sentido del humor entre sus líneas, nos conducirá por los destinos de las hermanas. Impensables, al igual que aquellos que osan acompañarlas. Veremos sesiones de espiritismo absolutamente inolvidables, linchamientos, abuelas con anorexia y un sin fin de aventuras que harán que se nos pasen las horas volando entre risas más o menos disimuladas por si hay alguien mirando.

     Me gusta que estos temas se afronten con un sentido del humor cuidadoso que pasa por ser nada cuidadoso y me gusta el estilod e Oates. Un libro francamente recomendable, y diferente de la línea habitual de su autora. Echadle un ojo.

     Gracias

jueves, 12 de enero de 2017

Jaque al Rey. Michael Dobbs


     "Era el día de su ejecución.
     Lo guiaron a través del parque, flanqueado por dos compañías de infantería. Había una gran multitud y él había pasado gran parte de la noche preguntándose cómo reaccionaría la gente cuando lo viera. ¿Con lágrimas? ¿Con abucheos? ¿Tratarían de ponerlo a salvo o le escupirían con desprecio? Dependía de quién les hubiese pagado más. Pero no hubo estallido alguno; permanecían en silencio, abatidos, intimidados, todavía incapaces de creer lo que estaba a punto de suceder en su nombre."

    Hablar a estas alturas de House of Cards es casi extraño ya que todo el mundo conoce la famosa serie de Kevin Spacey, pero si tiramos del hilo, descubriremos que hay una serie anterior en la BBC, que data de los años 90 y que estuvo basada en la Trilogía de Francis Urquhart, publicada por Michael Dobbs. Hoy traigo a mi estantería virtual, su segunda entrega, Jaque al Rey.

     Retomamos a Francis Urquhart justo donde lo dejamos, va a ser nombrado Primer Ministro. Un hombre que subió al poder a costa de todos  gracias a su inteligencia y maquinaciones, apoyado por su mujer, y con una muerte a sus espaldas, que ahora se encuentra con un monarca recién subido al trono que parece demasiado preocupado por desfavorecidos y medio ambiente. Un hombre, Francis, que sigue confiando en su inteligencia y que es capaz de ver que todo lo hecho para llegar a dónde está le puede pasar factura y estallarle en la cara, y se prepara para salir ileso en una nueva campaña acompañado por un ayudante y rodeado de un magnate que quiere cobrarse sus ayudas, una población maleable y una mujer periodista que no tenemos claro, en un principio, si es tan lista como se cree. La intriga, está servida.

     Francis Urquhart es uno de los protagonistas más potentes que me he tropezado en los últimos tiempos. Máxime cuando estamos en unos libros de intriga política que, en un primer momento, pueden tener apariencia tediosa para los no aficionados al tema. Sin embargo, y pese a que es todo menos una buena persona, no tarda en meterse al lector en el bolsillo y acabamos deseando que gane más de lo que deberíamos, ya que siempre somos conscientes de su maquiavélico carácter. La primera entrega cerraba con broche de oro, haciendo totalmente innecesaria la continuación de la historia. Quizás por eso es fácil percibirla como novela independiente más que como una continuación. Esta vez no tenemos una intriga sobre la campaña electoral, ya estamos dentro. Y Dobbs nos lleva por una novela llena de intrigas, trampas y adulterios para conseguir despertar el interés del lector en la primera mitad y que, de este modo, sea incapaz de levantar la vista durante la segunda hasta llegar al final del libro.
     Está claro que la política proporciona historias más que suficientes para llenar páginas y páginas de libros que no tengamos claro si son realidad o ficción y, en este caso y pese a que el organigrama en UK no es como en nuestro país, podemos identificar situaciones con bastante rapidez. Me ha llamado además la atención que el tiempo ha respetado bastante una historia en la que las tecnologías han tomado rápidamente el control en la vida real, cosa que por razones evidentes no sucede en la novela. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro supone un problema a la hora de afrontar la lectura. Esto es así debido a que las situaciones son claramente identificables a otras que vemos a diario en las noticias, y eso genera un interés extra en una historia ya de por sí muy entretenida.

     Sin embargo, porque siempre parece haber un pero, he notado un pequeño bajón en su protagonista. Urquhart ha pasado de ser un protagonista extraordinario a quedarse en simplemente bueno, a ratos brillantes. He echado en falta todas aquellas citas y reflexiones fantásticas en primera persona que poblaban la primera novela, capaces de infundir un respeto del lector hacia quien las enunciaba. Y eso ha provocado una cierta decepción, ya que esa era la parte que diferenciaba más claramente al libro de otras novelas del género. no obstante, sigue siendo un gran personaje, que no quepa duda. Esto es una apreciación personal y, si os animáis a leerlo, encontraréis reflexiones, pero no con esa fuerza que os comento.

     Jaque al Rey es una novela francamente entretenida que recomiendo para pasar estas tardes de invierno ya seáis o no aficionados a la serie o al género.

     Parece que últimamente cuando hablamos de novelas para entretener y evadir, de rápida lectura, la mente vuela de forma inmediata al género negro cuando hay otras muchas opciones. Así que decidme, ¿qué tipo de novelas son las que buscáis para evadiros?

     Gracias.

martes, 10 de enero de 2017

Hacia rutas salvajes. John Krakauer


     "En abril de 1022, un joven de una adinerada familia de la Costa Este llegó a Alaska haciendo autostop y se adentró en los bosques situados al norte del monte McKinley. Cuatro meses más tarde, una partida de cazadores de alces encontró su cuerpo en estado de descomposición."

     Cuadno vi la preciosa edición por el 20 aniversario de este título me di cuenta de dos cosas; la primera es que jamás llegué a comprar este libro que leí prestado, y la segunda que me apetecía mucho releer la historia. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Hacia rutas salvajes.

     Basado en un hecho real que motivó un artículo del autor en un periódico, en el libro conocemos a Chris McCandless, el joven que se adentra en territorio salvaje e inhóspito, cortando sus lazos con familia y amigos, y aparece muerto cuatro meses después.

     John Krakauer da la sensación de no querer novelar la experiencia de este joven, convirtiendo el libro casi más en una suerte de bitácora, que de novela de esas de héroes supervivientes con mayor o menor fortuna de situaciones adversas. Aquí lo tenemos claro desde el primer párrafo, el protagonista no logró aquello que buscaba, así que la pregunta es, ¿y exactamente qué buscaba? Y tenemos dieciocho capítulos que abren con unos fragmentos de otras historias que complementan perfectamente a estas, para conseguir descifrar un enigma que, ojo, tan sólo el propio McCandless nos podría descifrar.

     De este modo recorremos sus pasos, conocemos sus movimientos y nos apoyamos en mapas para conseguir hacernos esas rutas salvajes de las que nos habla el título. Son particularmente interesantes en este sentido las notas del cuaderno del protagonista. Y también complementamos todo ello, con los testimonios de quienes se cruzaron en su camino y se encontraron con un joven nada preparado para la empresa que se había propuesto. Incluso el propio autor comparte sus experiencias y pasión por la montaña. Y aún así nos seguimos preguntando por esa fractura con la vida de un joven acomodado, nos debatimos entre comprender lo que hizo y juzgarle duramente por su inconsciencia que roza lo arrogante en determinados momentos al rechazar los consejos de quienes tienen más experiencia. Y, sin embargo, no podemos evitar desarrollar una simpatía por este joven, casi envidia por su hazaña, por su atrevimiento (pese al terrible resultado), pese a que en la mayor parte de los casos yo no compartía en absoluto su forma de ver las cosas. Y ese es uno de los grandes logros de este libro, hacer pensar al lector a través de esta historia terrible que desdramatiza, dejando que lleguemos al final para descubrir lo que allí sucedió, y también dejando que pensemos qué más cosas debieron de pasar por delante del joven McCandless durante las semanas que duró su experiencia.

     Hay una película de Sean Penn basada en este libro que es relativamente fiel a lo que se cuenta. Muy recomendable como complemento a la historia escrita. Nada que ver con Viven!, o con Naufrago. si eso es lo que buscáis... este no es vuestro libro.

     La literatura no es ajena a las modas, y estas historias que van desde Viven! y su lucha por sobrevivir, hasta la barca de Vida de Pi, tienen momentos de éxito que suelen terminar en la gran pantalla pero que no generan una corriente completa como en el caso de, por ejemplo, los vampiros o magos. Así que os pregunto, ¿os gustan este tipo de historias?

     Gracias.

     "No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada... No necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Esta ahí fuera, sencillamente."