miércoles, 16 de octubre de 2019

Premios


     Este año el Premio Nobel de Literatura valía por dos. Parece que en los últimos años no saben qué hacer para captar la atención del gran público y uno ya no acierta no solo los nombres, sino tampoco el número de premios que se van a otorgar. La cosa empezó el año en que decidieron hacer caso de eso que tanto se dice de "sus letras son pura poesía" y entregaron el premio a un hombre conocido por su música. Evidentemente la que se lió fue bonita. Después de eso no hubo premio. No nos quedemos en la superficie, no solo fue por lo que hizo el marido de una señora, no, en realidad la Academia parecía haberlo ocultado, así que le salpicó más que un poco. Y no hubo premio. Así que este año hubo dos. No solo eso, sino que en un ejercicio de diplomacia extrema nos han proporcionado a una mujer y un hombre; ella, de apellido impronunciable y un nombre nuevo para la inmensa mayoría de lectores e incluso críticos, él, un tanto más conocido para quien lee muchísimo ya sea por trabajo o devoción: Tokarczuk y Handke. Nada que objetar, ya tenemos dos nombres que investigar o incluso descubrir si llevamos bien apuntados sus apellidos a nuestra librería habitual.

     Sin embargo no es solo en Nobel el premio que se entrega. En España, en la misma semana, se entrega el Premio Planeta y, aún a riesgo de provocar algún desmayo entre los culturetas, a la mayor parte de la gente que no pertenece a el mundo literario, le importa más. Incluso apostaría a que se vende más en nuestro país. Y como es un premio de nuestro país, lo hemos convertido en algo muy nuestro con vecino cotilla incluido que ha sabido convertirse en parte de la farándula, estableciendo como tradición filtrar los nombres unas horas antes. Supongo que no pasarán muchos antes de que el interés salga de la sala en que se celebra la ceremonia a la red reina de este tipo de cosas en la que se libre una batalla campal para saber quién es el primero que afirma que va a vaticinar con éxito los nombres. Como los oscar... sí, igualito. La cosa es que donde antes en esa misma red todo el mundo afirmaba que el premio se lo iba a llevar (seguro, que es como se afirman las cosas en twitter) una tal Eva, horas después se criticaba que se lo llevasen dos nombres de la competencia. Claro, si es una porque ya estaba sabido y seguro que era un acuerdo pactado porque mira lo que vende esta chica,,,, si es alguien "de la casa" porque es una gratificación para que Perenganito no se marche y solo tienen en cuenta a los suyos o, si como en este caso, son autores ajenos a Planeta, la cosa es que se usa para ficharles un premio que, para quienes no lo sepan, no solo garantiza una extraordinaria ventaja, sino también un % sobre ventas levemente inferior para un escritor que ha cobrado esa cantidad a modo de anticipo sobre dichas ventas. Vamos, que chollo, lo que se dice chollo... depende de a quién se lo den, al menos en lo que se refiere a la parte económica, que parece que tendemos a quedarnos en las 40.000 pesetas de 1952 o los 601.000 euros de este año.
     Los premiados han sido Javier Cercas y Manuel Vilas. Dos nombres conocidos, dos escritores serios, con trayectorias consolidadas y motivos más que sobrados para obtener el galardón ya sea como premiado o como finalista. Vilas, de un lado, ha entrado en muchas casas con su novela Ordesa aunque ara mi siempre será el poeta Gran Vilas al que vi por primera vez ataviado con un abrigo negro y fumando un cigarro a la espera de que diera la hora de comenzar su presentación en un día gris que anunciaba lluvia. Me gusta Vilas, celebro el premio. Javier Cercas, a quien ya Bolaño señalara como un escritor con talento, se hace famoso entre el gran público con Soldados de Salamina, y casi veinte años después sigue entrando de forma periódica en el domicilio de los lectores con novelas que demuestran que es un escritor de oficio además de tener talento. Estoy encantada también con este premio.
Dicho esto solo me queda añadir que siendo el Premio Planeta un premio privado poco o nada tengo que criticar sobre el uso del premio como ejercicio de marketing o como captación de nuevos nombres ya sea de escritores novatos (¿imagináis?) o de aquellos que firmaban en otra editorial hasta el momento. Lo que si opino es sobre la calidad asociada a los nombres y, en este caso, estoy más que contenta de que hayan decidido dar un premio a la calidad, al menos hasta el momento, de dos escritores solventes y además haya quedado abierta la elección a quien publique dentro o fuera del gran grupo. Así es como creo que deberían de ser las cosas y este es el rumbo que me gustaría que tomara un premio que con el tiempo perdió seriedad y ahora quizás busque recuperarla.

     Y vosotros, ¿qué opináis del Planeta de este año?

     Gracias.

lunes, 14 de octubre de 2019

Mona. Pola Oloixarac


     "Por favor traigan sed de viajero y hambre de delicatessen nórdicas", así terminaba la carta de invitación que había llegado por correo a su buzón del campus".

     Conocí Mona a través del blog de Alberto Olmos en el que en un artículo bastante divertido me descubría este título. Como ya disfruté en su día de Ávidas pretensiones asumí que no tenía por qué ser distinto y me dirigí a la librería. Es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, Mona.

     Conocemos a Mona, escritora novel que ha alcanzado el éxito con su primera novela. De origen latinoamericano y vida ahora en un campus universitario de prestigio, es invitada a un certamen literario en Suecia en el que se reúne con un nutrido grupo de escritores de distintas nacionalidades.

     Oloixarac es argentina pero escribe poniéndose en la piel de una escritora limeña. Quizás por eso pone en boca de su protagonista Mona la comodidad de estar entre personas que no hablan tu idioma a la hora de expresarte o de no hacerlo. Y es que, en esta novela, cada frase es un juego que oscila entre la metaliteratura, la vida y los juegos de manos. En Mona la literatura se capitaliza en manos de un mundo politizado en el que vales por lo que llevas más que por lo que aportas, o tal vez sea justo al contrario. Como dice Mona hablando de su contrato en una prestigiosa universidad: ser mujer, de color, con ascendencia étnica adecuada... son cosas que se valoran para la diversidad del zoo. Habla por tanto en esta tragicomedia de una hipocresía manifiesta a la que nadie alude pero de la que muchos se aprovechan y usa un certamen literario para hacer de él una novela en la que todos los asistentes son personajes del teatro representado dejando al lector la tarea de decidir cuánto de realidad hay en este invento o, tal vez, en cualquier certamen al que asista. Y es que, más que una crítica al certamen, lo es hacia la actitud que ha de tomar obligado o no mucho participante que se encierra en el personaje esperado allí. Resulta curioso ver como cada uno de ellos representa el papel que se le supone ya sea de militante, de recuerdo constante del Holocausto o de poeta perenne.

     A partir de ahí y hablando de personajes convierte a Mona en una versión femenina de personajes ya conocidos que hacen temblar a su cuerpo con los excesos. Y es que Mona es una escritora joven que ha paladeado un gran éxito con su primera novela. Un éxito impulsado por la persona adecuada opinando lo preciso para ser alzada en ventas y también en el status literario. Esto tiene un punto de vértigo, de miedo a ser impostora y de necesidad de escribir una segunda novela a la altura. Y también puede provocar la necesidad de huir, sobre todo si uno se atasca. Y Suecia no parece un mal lugar, máxime si viene con la posibilidad de un premio que bien cubre unos cuanto miles de ventas que no sabe si tendrá. Mona tiene que escapar de Mona, Mona es una escritora con éxito, una mujer joven, es todo lo que ahora se mira y se admira, Mona es una mujer poderosa que se siente fingida en conversaciones sobre el feminismo con Lena, otra asistente. Esta es la parte interesante de la novela. El tema literario, los festivales, los escritores, los papeles a los que se ven obligados a ceñirse, las licencias que se toman en esas minivacaciones... todo eso esta muy bien y es muy entretenido. Pero Mona es una novela que habla de las víctimas de esta sociedad en la que vivimos. Ya sean adultas o no vivimos en un mundo en el que las mujeres no quieren ser víctimas, y no solo porque eso significa haber sufrido un daño, esa es la parte evidente. La pregunta que yo me hago una vez terminada la novela es, ¿estamos preparados para decir que hemos sido víctimas sin por ellos sentirnos demasiado expuestos? Sé que no voy en la línea de otras opiniones más divertidas que ven aquí una comedia, pero un único libro pertenece a cada lector y cambia para él.

     Me ha gustado Mona, es un libro con más profundidad de la que esperaba y tiene una protagonista francamente interesante. Y sí, a ratos también es divertido.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 7 de octubre de 2019

Mi padre es mujer de la limpieza. Shapia Azzeddine



     "Mi padre es mujer de la limpieza. Muchas veces, después del colegio, me paso para echarle una mano. Para que podamos volver antes a casa. Y también porque es mi padre. Saco brillo, limpio, froto, aspiro, hasta en los rinconces. Pequeño y menudo, me cuelo por todas partes. Pero también aprendo. Una palabra por semana."      

     Hay libros cuyo título y portada llaman la atención. Antes me dejaba guiar más por las primeras impresiones, pero poco a poco he ido topando con títulos que a simple vista me repelían y luego, gracias a la literatura digital que ha conseguido que para mi todos los libros tengan portadas grises uniformes, he visto que detrás puede esconderse una gran historia. Hoy traigo a mi estantería virtual un libro de esos que me obligan a mirar la portada con cara de extrañeza. Traigo, Mi padre es mujer de la limpieza.      

      Conocemos a Polo, un adolescente de 14 años que vive en una familia con una madre paralítica y dejada, una hermana hermosa y tonta y un padre que es mujer de la limpieza... y el único a quien puede admirar. Nos lo contará él mismo, haciéndonos partícipes de lo que pasa por su mente.    

     Hace días que no traigo una novela corta o relato largo de esos que se leen en un suspiro. Claro que, en este caso, pese a leerse rápido, se trata de un libro que nos dura mucho en la mente. Está claro que las reflexiones de un adolescente un tanto deslenguado e inconformista con la sociedad en que le ha tocado vivir, no son algo nuevo en la literatura. Pero aún así nos sentimos atrapados por las reflexiones de Polo, tal vez porque también él se siente atrapado en su propia vida a una temprana edad. Porque no le gusta su familia, porque no encuentra su sitio en ella ni en su barrio, o porque simplemente es un adolescente.
     Pero asistimos a su pequeña disección y también a su cariño volcado en la figura paterna. Ese padre al que acompaña para ayudarlo en su trabajo, un trabajo que en realidad le avergüenza pero que ha afianzado una unión entre ambos. Porque su padre limpia por las noches, oficinas, bibliotecas... y al acompañarlo lo abre los ojos a otros lugares de su pequeño mundo.    

     No diré que es una obra maestra, pero si que es un libro entretenido, con un contenido social que se deja ver claramente. Saphia no tiene pudor alguno a la hora de mostrarlo y nos lleva en un puñado de letras a la periferia de París entre inmigrantes y clases bajas, incluso ínfimas. Y justo ahí sitúa a la familia de Polo. Una familia que vive sin aspiraciones a mejorar que no sean los concursos de belleza a los que se presenta su hermana. Y Polo quiere salir de esa familia, quiere una familia normal como la de cualquiera de sus vecinos y su oportunidad pasa por los libros. O eso nos irá contando en esta historia que tras días de lectura seguía instalada en mi cabeza y cuyo final... tenéis que descubrirlo por vosotros mismos. Un título que ha provocado que siga a Shapia por su camino de letras concisas y certeras.    

     Una única advertencia: no he usado en toda la reseña la palabra "ternura"; tal vez, como diría Polo, no me tocaba aprenderla esta semana.    

     "Mi padre es mujer de la limpieza me ha gustado mucho. No sé si es porque lo leí en el momento adecuado, porque el tema me atrae... y mirad, ya puestos, confieso que no soy fan de los libros protagonizados por niños, pero incluso así, me gustó.

     Hoy mi duda es mucho más directa, ¿qué me decís de la portada? Porque igual la rara soy yo...    

     Gracias.


viernes, 27 de septiembre de 2019

El árbol de las cerezas. Paola Peretti


     "A todos los niños les da miedo la oscuridad.
     La oscuridad es una habitación sin puertas ni ventanas, llena de monstruos que te atrapan y te comen en silencio.
     Pero a mi no me da miedo: yo la oscuridad la tengo dentro de los ojos".

     El eterno dilema de las fajas: en este libro nombran "Nada", uno de mis libros favoritos; "El Principito" que como muchos saben colecciono en idiomas; "El Barón Rampante" que es un lujo.... y "La elegancia del erizo", que para mi fue un horror.  Total, que 3 a 1 me lo llevé y hoy traigo a mi estantería virtual El árbol de las cerezas.

     Mafalda nos cuenta su historia. Mafalda es una niña normal, con una familia y un cole. Todo sería normal si no fuera porque Mafalda está enferma: tiene la enfermedad de Stargardt. Sabe que es cuestión de meses que esas manchas negras que tiene ante sus ojos y que le borran el mundo, terminen por comérselo y todo sea una negra oscuridad.

     Imagina la vida en primaria. Imagina un mundo con amigos, jornadas de juegos por las tardes y cumpleaños. Ahora imagina que ese mundo se esconde tras una densa capa de niebla que se va oscureciendo. Y piensa en el miedo a la oscuridad que es tan habitual en la infancia. La historia de Mafalda es la de Paola, aunque no es esa niña, pero si es una niña a la que dieron ese diagnóstico.
La historia de Mafalda es una historia de esperanza y de terror, de aferrarse a un mundo y también de protegerse de él, de buscar protección. Mafalda cuenta los pasos hasta un árbol porque en ellos mide la enfermedad que padece: 140, 120, 60... y cada paso que recorta se encoge un poco más el corazón del lector que no puede dejar de admirar la valentía aunque no tenemos claro si es valiente avanzar hacia lo inevitable, a fin de cuentas no hay otra opción. Lo que si hay es una vida que cambia, cosas que se quedarán para siempre en el camino y recuerdos que tal vez se acaben borrando, la diferencia con sus compañeros, la timidez... hay tantas cosas que se esconden tras un diagnóstico así que una niña es incapaz de darles su espacio a todas ellas. Y Peretti se lo da en poco más de doscientas páginas.
     Es difícil escribir con sinceridad un libro así, que uno lo crea, que tenga sus espacios tristes y también sus espacios felices. Que uno sienta que algo así sucede y sea el corazón quien tome las riendas de la lectura. Y eso es lo que destila esta novela con la que se inicia Paola Peretti.

     Me ha gustado El árbol de las cerezas. De hecho me ha parecido un libro terriblemente hermoso y es que, si algo tengo claro hace tiempo, es que para que algo sea hermoso no tiene que ser bonito. Este tiene las letras a flor de piel, quizás porque evita el dramatismo, porque ante un niño todo se protege y es la protagonista la que lo cuenta. No hay escena que no presencie la niña y eso, lejos de restarle dramatismo, se lo aumenta al conferir al libro una trama susurrada en boca de los adultos. Lo recomiendo, no lo dudéis.

     Y vosotros, ¿qué opináis de las fajas?

     Gracias.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Kim. Rudyard Kipling



     "Allí estaba Kapilavastu; aquí el Reino Medio; allí Mahabodhi, la Meca del budismo, y allí Kusinagara, el triste lugar de la muerte del Maestro. El viejo inclinó un momento la cabeza sobre el mapa, silenciosamente, y el director encendió otra pipa. Kim se había dormido. Cuando despertó, la conversación, todavía torrencial, era más comprensible para él." 

     Hoy me apetece presentaros a un personaje que me marcó cuando lo leí. No se si por el momento en que cae el libro en mis manos, o porque me esperaba una lectura más ligera, me acompañó durante mucho tiempo y me di cuenta de que era un libro del que hablaba con regularidad. Tenía, por lo tanto, que hacerlo también aquí. Por eso traigo a Kim, Kim de la India si preferís.

     Os presento a Kimball O'Hara, Kim, un huérfano hijo de un soldado irlandés. Su vida transcurre en la India británica y pronto se perfila como un joven astuto. Allí conocerá a un lama que viaja buscando un río místico, y el joven decide acompañarlo. Durante el viaje, el que fue un buscavidas será utilizado para pasar mensajes por el Servicio Secreto Británico, iniciándose su carrera de espía y con ella sus aventuras.

 Este libro escrito en 1901 refleja, al igual que El libro de la selva, la situación global que se vivía. El mundo occidental se lanzaba a la conquista de los recursos existentes en continentes menos desarrollados. Se reparten tierras y personas y se desarrollan imperialismos y colonialismos. El autor nacido en la India pero de padres británicos, sabe capturar las dos partes de la historia, mostrándonos las costumbres del pueblo indio en un libro disfrazado de aventuras casi juveniles en un primer vistazo a su sinopsis.

     Pese a los más de cien años, no se nos antoja un libro extraño y entre espionajes británicos y rusos se nos van las páginas sin darnos cuenta y van haciendo mella sus personajes y los entornos en los que se mueven. Casi todo los autores contemporáneos de Kipling defendieron el imperialismo británico, su necesidad de expandirse y conquistar. No sucede así en este libro, donde el autor nos cuenta una extraordinaria aventura, recomendable para niños y que hace reflexionar a los adultos desde la perspectiva que nos otorga el tiempo transcurrido.

     Interpretado por Errol Flynn si que ha envejecido peor su versión cinematográfica y, si me preguntan a mí, sobre todo al final del libro. Final que, una vez más, me quedo con ganas de matizar pero que a mi me obligó a trasnochar para llegar al desenlace antes de dormirme.
      Es, en definitiva, uno de esos libros convertidos rápidamente en clásicos, que se oyen muchas veces y que vive a la sombra de El niño de la selva de Disney pero que no me arrepentí de descubrir.

     Me ha gustado Kim, pero era fácil, me gusta mucho su autor, su obra y también, para qué negarlo, su vida.

      Y vosotros, ¿habéis leído algo de este autor?, ¿conocíais su obra?

      Gracias.

     PD. Me encanta el olor a clásico por la mañana.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Peyton Place. Grace Metalious


     "Bueno, ya sabes lo que dicen: los ricos tienen dinero y los pobres tienen hijos".

     Recuerdo haber visto a una maravillosa Lana Turner hace años en la adaptación cinematográfica de esta serie y haber pensado en leer la novela. Sin embargo, no ha sido hasta este verano que lo hice y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Peyton Place.

     Conocemos Peyton Place, una pequeña ciudad de aspecto idílico cuyos secretos están a punto de salir  a la luz. No es que en este tipo de ciudades no se cuenten secretos, de hecho, muchas veces se sirven a la hora de la cena exactamente igual que un buen asado, pero no se airean de forma pública. Saltando de personaje en personaje, aunque sobre todo nos centraremos en tres mujeres, descubriremos todas las faltas de la pequeña ciudad. Abortos, violencia, racismo,envidias... nada es ajeno a Peyton Place. Y todo ello lo viviremos a través de sus tres grandes protagonistas: Constance, Selena y Allison, hija de la primera.

     Cuando Peyton Place se publicó se formó un buen escándalo. En aquella época, las apariencias lo eran todo y a nadie le gustaba que destapasen los secretos de su vecindario. Peyton Place se convirtió en uno de esos fenómenos literarios que nadie confiesa estar leyendo, nadie encumbra como libro y, por supuesto, nadie agradece a su autora. Sin embargo, agua lleva el río cuando suena, no tardó en tener su propia adaptación cinematográfica y tampoco se hizo esperar la serie en una época en la que Netflix o HBO no eran el termómetro del éxito.
Peyton Place se publica, como ya he comentado, a finales de los cincuenta, pero está ambientado en el año 1939 en una ciudad que la autora conocía muy bien, Gilmanton. En el momento de publicación de la novela, los habitantes de la ciudad estaban lejos de sentirse orgullosos de su celebridad local, en lugar de eso se miraban con recelo unos a otros creyendo reconocer a los personajes de su tan odiado libro. Tanto es así, que a la muerte de Metalious, muchos pensaron que no era merecedora del cementerio de la ciudad y, aunque finalmente lo fue, alguien se encargó de comprar los terrenos cercanos para que su tumba estuviera sola. Pero vamos con la novela.

     Peyton Place desmembra la vida de una pequeña ciudad cuyo nombre de título a la novela pero que bien podría ser cualquier otra. En cualquier lugar. Tiene de alta literatura lo que la tortilla de patatas de alta cocina y, como sucede con esta última, causa el mismo placer banal durante su lectura. Al más puro estilo de Pequeñas mentirosas, por poner un ejemplo, la novela oscila entre la telenovela y el serial para enganchar al lector como si se tratara de una gripe que te incapacita para hacer otra cosa que leer una página más. Es cierto que hoy en día ni siquiera levantamos una ceja ante lo que en aquella época estoy segura que supuso un revuelo de tres pares de narices, pero, precisamente por eso, es Peyton Place un experimento que sigue funcionando tanto en la literatura como en la sociedad actual. Hay abortos, incesto, incendios, racismo y suicidios. Hay mujeres castigadas y hombres que no salen bien parados, personajes que son tan típicos que resultan casi caricaturas y otros a los que no terminamos de conocer ni siquiera por sus acciones. Conocemos a Selena, a Constance, también a Lucas y lo que hace con su hija, a Betty, a Ginny... sabemos que unos abusan de otras, que hay bofetadas y también hijas que son tratadas como una inversión. Desde luego que no lo pasan bien las mujeres, pero los hombres distan mucho de ser unos santos. Y, con todo esto y un siglo después, el lector sigue enganchado a las páginas de una novela que demuestra que seguimos siendo una sociedad de cortinas echadas y cotilleos a media voz que tratan sobre el vecino de al lado. Tal vez haya cambiado la forma en que la sociedad ve los pecados y tal vez en la calle uno no solo no se escandalice de ciertas cosas, sino que además lo revista de un trato de normalidad, pero si esta novela demuestra algo, es que en el fondo, cuando estamos a gusto y apenas nadie nos oye, tal vez no nos diferenciemos tanto de esos habitantes creados por Metalious que señalaban a otras mientras decían ¡Puta!. Y de hecho, posiblemente por ese motivo, Peyton Place ha envejecido demasiado bien.

     Peyton Place es una novela divertida, un serial en papel que apetece leer para evadirse del mundo y que, si bien no escandaliza, hará que nuestro lado cotilla sea muy feliz durante un montón de horas. Hagan la prueba, visiten Peyton Place. A fin de cuentas, leerlo tantos años más tarde hará que encontremos un montón de detalles de nuestras series favoritas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Leopardo Negro, Lobo Rojo. Marlon James



     "El niño ha muerto. Y no hay más que contar. 
      He oído que en el Sur hay una reina que mata a quien le trae malas noticias. Así pues, si anuncio la muerte del niño, ¿estaré escribiendo también mi propia sentencia de muerte? La verdad se come las mentiras igual que el cocodrilo se come la luna, y sin embargo mi testimonio es el mismo hoy que mañana. No, no lo maté yo". 

     Tras su primera novela me quedé con la curiosidad de volver a leer a Marlon James, por eso ni lo dudé ante la preciosa cubierta de Leopardo Negro, Lobo Rojo. 

      Conocemos a El Rastreador, un hombre cuyo nombre es adecuado para su mayor capacidad. Su olfato le permite seguir el rastro de cualquier persona por muy lejos que esté. El Rastreador está contando su historia, aunque quizás testificando sea lo más adecuado, y nosotros seremos testigos de ella. Conoceremos a un hombre con poca tendencia a la socialización, sabremos de su fallecido padre y cómo el Leopardo aparece en su vida; sus primeras "misiones", sus intentos con el arco y habilidad con las hachas, su carácter y como, finalmente, su misión será la de encontrar a un niño desaparecido hace ya tiempo. Ahora nuestro protagonista ya no está solo, serán varios y dispares las criaturas que se unan a su comitiva.

      Ya he comentado muchas veces que la llamada novela de género parece ser, al igual que la zarzuela, uno de los géneros chicos de la literatura. La diferencia entre ambas es que en el caso musical se dice casi como un halago mientras que en la literatura esto viene a significar que no se le da demasiada visibilidad. Por eso me sorprendió que Marlon James entrase de lleno en la fantasía épica. Un escritor reconocido ya por su "Breve historia de siete asesinatos" que se mete de lleno en una historia como la que hoy enseño ha de tener, a la fuerza, algo que decir. Recuerdo haber pensado eso y también haber tenido curiosidad por lo que la crítica haría con esta novela; ignorarla o buscar explicaciones que justificasen no hacerlo. Se me olvidaba la tercera opción, "todas las anteriores".

     Leopardo Negro, Lobo Rojo es la primera parte de la trilogía Estrella Oscura aunque, no os asustéis, uno puede leerlo de forma independiente. Con una primera frase pensada para llamar la atención del lector, se presenta la historia de un hombre cuya capacidad para relatar historias es explotada por un espléndido narrador que dota a la novela de un tono que oscila entre el de cuentacuentos y voz en off de noche de brujas que atrae a un grupo de campistas junto a una hoguera. Y es que, en este tipo de novelas, el tono es importantísimo. James deja de lado la eterna Europa Medieval que tan bien conocemos por aparecer no solo en las novelas históricas, sino en una gran parte de las novelas de fantasía épica y se traslada a una suerte de África, menos conocida y, por lo tanto, más interesante al menos a priori. Las intensas descripciones proyectan los detalles de un mundo vivo ante un lector que no puede evitar permanecer atento para no perder detalle de cada personaje. Ahora que ya os he convencido de la importancia del lugar, os diré que lo que realmente me gustó fueron los personajes: ya sea el propio Rastreador, el Leopardo cambiante, el gigante que reniega de serlo, brujos, vampiros, unos seres curiosos que viven en el bosque... niños que son sacrificados al nacer por no ser como deberían... El universo de James es amplio y convincente y sus personajes son muchos y diferentes, y se antojan, sobre todo, reales.
No cabe duda que solo con esta frase, los aficionados al género ya se están frotando las manos, pero, ¿qué pasa con los que no entran habitualmente en este tipo de novelas? Ellos tienen una trama cuyo ritmo es, a ratos, similar al de un thriller (dentro de que James desconoce esa palabra que tantos lectores odiamos, "trepidante") en el que no sabemos nunca lo que va a suceder a continuación, la búsqueda del niño es el eje central de un libro que gira en torno a un protagonista nada simpático en el que nadie es amable y nada se viste como bonito. James, al igual que ya hiciera Ende con su ya famoso "pero esa es otra historia y ha de ser contada en otra ocasión" pone su muletilla para usarla de excusa y sumergirse en un libro complejo y a grades ratos duro, oscuro, lleno de hilos que se abren y se cierran para sumergir al lector en un nuevo mundo del que disfrutar. Si además tengo en cuenta las comparaciones que he leído de este libro con la obra de Tolkien, tengo que decir que me sorprendió más aún por la diferencia abismal entre el estilo de ambos.

      He disfrutado muchísimo de la novela de James, de su mundo brutal y cruel, de sus personajes atípicos y, en muchas ocasiones empáticos con situaciones de nuestra sociedad actual. He disfrutado con el Rastreador, un héroe que no lo es pero que tampoco se viste de antihéroe y ha resultado ser todo un descubrimiento para mi y también de su historia de historias. A fin de cuentas, ya os he dicho que este libro no trata solo de la búsqueda de un niño, en otro caso, no podría comenzar diciendo:
 "El niño ha muerto. Y no hay más que contar". 

      Leopardo Negro, Lobo Rojo es una gran historia no apta para ojos sensibles que he disfrutado de la primera página a la última. Quizás por eso he sido un poco más críptica de lo habitual a la hora de hablar del argumento y desmenuzarlo (aunque nunca me ha gustado contar demasiado en ese sentido) y me he centrado más en sensaciones. Hayáis leído o no a Marlon James, estamos ante una novela que hay que ir descubriendo poco a poco. Y creedme, si digo poco a poco lo digo en el más amplio sentido de la frase.

      No os he dicho apenas nada sobre lo bonitísimo que me parece el diseño de la cubierta y la alegría que me llevé cuando vi que no lo habían modificado. Sobre todo porque, colocado en la estantería de mi casa que corresponde a la editorial, uno no puede evitar mirar la rareza. Y es que, lo confieso, soy una superficial. Y vosotros, ¿os fijáis mucho en las cubiertas de los libros?

      Gracias.