jueves, 12 de julio de 2018

Vacaciones


     Llega esa época del año en la que uno por fin se toma vacaciones y se dedica a leer y disfrutar. Bueno, no. En realidad lo que llega es hacer la maleta, meter libros a presión sin pasarnos de peso, comprar libros digitales asegurándonos que este año no cargaremos con papel... y luego incumplir el propósito, ¡por supuesto!

     Y luego sí, disfrutar. Leer en el avión tranquilamente entre llamada y aviso de cinturón, soplar por aquí para el chaleco, salidas de emergencia, sorteos que inventan, revistas de compra... no. Leer a nuestra llegada al hotel, a no ser que hayamos ido a hacer turismo de verdad y empecemos por leer el plano de la ciudad elegida.
     Por eso vamos a la playa, a quién no le gusta leer con el libro en alto evitando el sol, hasta que nos duelen los antebrazos, quitar con cuidado toda esa arena y descubrir tras la primera hora una preciosa marca rectangular sobre nuestros cuerpos, recordando eso de que "leer es sexy". Ya... Por cierto, si alguien ha conseguido leer en la playa de lado que me lo diga, y el que sea capaz de leer boca abajo sin dislocarse alguna cosa por la espalda que me lo explique también. Porque yo os aseguro que soy incapaz del todo. Y asumo que mi condición de rubiedad puede influir. Help me.
     Casi mejor leamos en la piscina rodeados de niños que salpic... no, tampoco. Mira, que si nos quedamos en casa y vivimos en costa, o montaña, o ciudad, seguro que viene la prima Puri de visita y se acabó el relax. En fin, que es verano y estamos de vacaciones, ya tenemos mucho tiempo para leer durante el agotador año, tiempo de silencio, relax y disfrute, no como esas agotadoras vacaciones en las que no te dejan tiempo para leer ni cuando vas de copiloto, porgue te piden una y otra vez que reconectes el GPS.

     Me despisto, hablaba yo del verano intentando situarme en la onda zen que le corresponde. Con el relax, los mosquitos, la crema solar pegajosa, los turistas gritones (que son el resto y jamás nosotros cuando vamos a otro lugar)... ....
En fin, que vuelvo el día 1 de agosto. Hasta ese momento seguiré contando lo que leo en @MientrasleoS y procuraré ser original en Instagram con alguna foto de libros y otra de esas de "Aquí sufriendo" que no hace nadie. Y puede que me queje un poco si mi reloj biológico me hace la puñeta, y me obliga a madrugar.
Ah, y buscaré principitos y librerías, cómo no. Que en vacaciones, ya que leer se pone complicado, se puede hacer otro tipo de turismo literario y ya llevo un mapa lleno de chinchetas.

martes, 10 de julio de 2018

Sharko. Franck Thilliez


     "El hombre había encontrado a su maestro en la escala de los predadores: el tiburón, fruto de millones de años de trabajo de la naturaleza, notable conclusión de una evolución sin fallos. Una máquina con múltiples hileras de dientes, una silueta aerodinámica perfecta, capaz de oler una gota de sangre diluida en una piscina olímpica. Un generador de miedo.
     El miedo... Superviviente del fondo de las edades, guardián de la supervivencia de las especies".

     Cuando comienzas una serie de libros nunca saber si te van a gustar, pero una vez superado el tercero, es difícil que un lector se plante y deje de leerla. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sharko.

     Recuperamos a la pareja de policías formada por Sharko y Hennebelle en un momento en el que deberían de ser felices. Sin embargo, Lucille ha entrado en una casa ajena siguiendo la pista de una investigación comenzada por un familiar fallecido y, una vez dentro, se ha visto atacada por su propietario, al que termina por matar. Tras llamar a Sharko y escenificar el crimen, será su departamento el encargado de investigar este homicidio y descubrirán que Lucille ha matado a un verdadero monstruo. Sin embargo, la verdad sigue siendo la misma: ella ha asesinado a un hombre y el peso de la ley puede caer sobre su hogar.

     Con una precisión temporal calculada, Thilliez nos ha ido proporcionando su entrega anual de la serie protagonizada por Sharko y Hennebelle. Y así con la misma precisión, la calidad de sus tramas se ha visto afectada. Nada irreparable, nada que haga que sus lectores lo abandonen totalmente. A fin de cuentas, hasta ahora habíamos leído sobre la memoria, amenazas nucleares, epidemias convertidas en pandemias... todos temas que pueden proporcionar una lectura satisfactoria y entretenida en eso que muchos critican pero que a mi me parece perfecto: la literatura lúdica. En esta ocasión y en un libro cuyo indiscutible protagonista ya viene anunciado desde el título, Thilliez habla de la sangre: la atracción por la sangre, los ritos, el vampirismo. Un tema que ha dado ríos de tinta y que seguirá haciéndolo, ya que mezcla sectas, historia, leyenda, atrocidades.. lo tiene todo, se podría decir, para un autor que sepa cómo manejarlo sin caer en lo de siempre.

     Thilliez opta por poner a sus dos héroes en la cuerda floja, todo un acierto que evita que tengamos la sensación de repetición en sus novelas. Y es que, con tanta saga y tanta novela negra, uno a veces tiene la sensación de estar ante un capítulo de CSI. Aquí Lucille ha cometido un asesinato e, independientemente de si el muerto era o no un monstruo como así lo certifican los 13 cadáveres encontrados, pasará la novela temerosa de que la ley la descubra. Y Sharko... bueno, como siempre ha cargado con el peso de la crisis y ha sido el encargado de falsificar un escenario del crimen para así intentar evitar que las sospechas caigan sobre ellos. Solo que el departamento 36 es bueno. Lo ha sido a lo largo de toda la saga y ahora, pese a que su jefe esté pasando un mal momento tras el asesinato de su pareja y con una adicción a la cocaína más que preocupante, van a demostrar una vez más que son buenos descubriendo pista a pista quién era la víctima. Qué tipo de monstruo era... y también quién lo mató. De este modo, la novela se divide entre la investigación oficial y los nervios, miedos y temores de la pareja a ser descubiertos.

     La trama se me ha quedado coja en más de un momento. Thilliez siempre ha sido de thriller científico así que no le había costado demasiado explicar un poco mejor un par de cosas para ganar credibilidad o tal vez, consciente de su exceso, ha optado por jugar a grises en cuanto a concepción de ideas y algunos momentos de la novela. Por otra parte, y como me suele suceder cuando los creadores deciden enamorar a la pareja protagonista, mi interés en la vida personal de Sharko es entre cero y nulo. Esta vez además he tenido la sensación de que mi desinterés era compartido por el autor, ya que es la parte de la novela en la que más descuida los detalles. Y algo parecido sucede con las relaciones interpersonales del 36, grupo al que he percibido durante la mayor parte del libro totalmente desunido.

     Por lo demás ha jugado, tal vez cayendo en el exceso con tanto cuerpo y tantas vueltas, con el tema de la sangre y el vampirismo y construido una novela entretenida de lectura relativamente fácil, en la que podemos observar algún guiño a obras ya conocidas. No está a la altura de aquellos primeros títulos de la serie que uno se leía en dos tardes con prisa por conocer cada detalle, pero sigue siendo una buena opción para pasar páginas sin pensar en más. Y estamos en verano, todos necesitamos cerrar el quiosco de pensar un par de semanas. Además, la literatura de entretenimiento está infravalorada.

     Y vosotros, ¿seguís muchas sagas literarias?

     Gracias.

lunes, 9 de julio de 2018

Talión. Santiago Díaz


     "Cruzo un puente sobre el río Urumea y salgo de Hernani en dirección a Zarautz pasadas las ocho y media de la tarde. Me duele la cabeza y sufro un incómodo cosquilleo que sube desde el tobillo hasta la cadera y que amenaza con desconectar para siempre las terminaciones nerviosas de mi pierna izquierda, pero creo que aguantaré, ya queda poco. Tomo un desvío para incorporarme a la AP-8 y me encuentro con un control de la Ertzaintza. Dos motos están atravesadas en la calzada y los dos policías empiezan a darme el alto cuando yo todavía estoy a más de cien metros. Saco mi pistola del bolso, le quito el seguro y la escondo debajo de mi pierna derecha. No entra dentro de mis planes matar a dos hombres inocentes que solo hacen su trabajo, pero llegados a este punto tampoco puedo permitir que me detengan".

     En mi búsqueda incansable de la novela del verano, le tocó el turno a este libro que parece haber llegado a las librerías con mucho ímpetu. Hoy traigo a mi estantería personal, Talión.

     Conocemos a Marta Aguilera, una periodista respetada en su trabajo que viene sufriendo dolores de cabeza y mareos. Decide ir al médico y se lleva una desagradable noticia: tiene un tumor cerebral en un estadío avanzado y le quedan un par de meses de vida. Masticando esta noticia, sin familia y con pocos amigos y ninguno demasiado cercano se enfrenta a la pregunta, ¿qué voy a hacer con lo que me queda de vida? El azar quiere que su último caso como profesional sea entrevistar a un joven, a todas luces culpable, acusado de violar y asesinar a una niña. La justicia lo ha puesto en la calle, pero ella no tiene nada que perder.
   
     En un momento en el que la sociedad pide justicia más allá de las salas y los jueces, Santiago Díaz aparece con un thriller que habla de la posibilidad de tomarse la justicia por tu mano y el dilema moral que eso puede representar, o no, cuando solo se hace contra verdaderos malvados sin posibilidad de error en los actos que cometieron. Construye de este modo una novela estructurada en partes diferenciadas que vienen nombradas por el dueto víctima y malvado, para contarnos la historia de Aguilera, una de las dos grandes protagonistas de esta historia.
Aguilera es una mujer desarraigada, sin familia, que sabe que va a morir y tiene que enfrentarse a sus últimas decisiones. Las primeras las comprendemos todos: dejar su empleo y gastarse todo el dinero que tiene. A partir de este momento, comienzan los juicios morales entre escritor, protagonista y lector. Si Marta tiene algo claro que es que no va a morir de su enfermedad en una lenta y dolorosa agonía, así que decide que cuando llegue el momento, se suicidará antes de verse postrada en una cama esperando la muerte. ¿La entendemos? Sí, aunque eso no significa que compartamos su opinión. Lo siguiente es pensar en el paso de la vida, el significado de la propia en el mundo y la fugacidad. Y ahí, mientras el autor nos hace dudar sobre si esta decisión es fruto de su conciencia o de su enfermedad, Marta se convierte en una justiciera. Porque no la viste de heroina o antihéroe, no, es una simple justiciera que decide dejar este mundo un poco mejor antes de morir. Y para ello el autor nos va desgranando la historia de cada víctima junto a su verdugo y deja que seamos nosotros quienes decidimos.

     He dicho que no viste de héroe a nadie en esta novela, y así es. Marta es un personaje que se va desvelando complejo, haciendo dudar al lector sobre su posible bondad o maldad, preguntándose si mata efectivamente para limpiar al mundo y si eso la convierte en la buena o la mala. De hecho, la policía le sigue la pista. Y ahí esta el otro gran personaje de esta novela, la inspectora Daniela Gutierrez, una mujer que, pese a haber sido golpeada por el terrorismo, confía en su trabajo y en la ley. Y también la encargada de buscar a ese asesino que se toma la justicia por su mano. Una búsqueda, y para mi ese ha sido el gran acierto de la novela, que se va poco a poco centrando en Marta, mostrando así la validez de la policía. Es la cara contraria de Aguilera, Daniela es la víctima que busca al verdugo de este ojo por ojo y demuestra con su trabajo la validez policial y también que no todas las víctimas son iguales. De hecho es el personaje que más me ha gustado de toda la novela, y me ha parecido muy interesante su propio drama personal con su hijo Sergio.

     El autor ha procurado dejar la labor del juicio moral al lector pero, y sobre todo al final del libro, inclina levemente la balanza hacia uno de los lados. Supongo que era imposible dejar de hacerlo, a fin de cuentas, esto es ficción. Para todo lo demás están juicios y jurados.

     Así pues Talión juega a lo que ya hiciera en su día Dexter, personaje al que se cita en la novela, y construye una historia entretenida que nos lleva sin mayores sobresaltos a un final satisfactorio. De ahí a afirmar que estamos ante la novela del verano... creo que no, seguiré buscando.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 4 de julio de 2018

El Nix. Nathan Hill


     "De haber sabido que su madre se marchaba, tal vez Samuel habría prestado más atención. Habría podido escucharla con más interés, observarla con más detenimiento, anotar algunos detalles cruciales. Quizá habría sido capaz de comportarse y hablar de una manera distinta, de ser una persona distinta".

    Tengo que reconocer que hacía tiempo que un libro no me llamaba tanto la atención visualmente al verlo en la mesa de la librería. Es por eso que lo compré, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El Nix.

    Cuando el gobernador Packer, un candidato a la presidencia de Estados Unidos controvertido con claras ideas antiinmigración es atacado por una mujer, todo el mundo está pendiente del vídeo de lo sucedido. Todos excepto un profesor de inglés llamado Samuel Anderson, un hombre que vive tristemente, deprimido y adicto a videojuegos, y que se ve sorprendido por la llamada del abogado de dicha atacante. Parece ser que se trata de su madre, Faye, y el abogado quiere que sea testigo. Sin embargo el editor de Samuel tiene una idea mejor, ¿qué tal si investiga el pasado de esta mujer que les abandonó cuando tenía once años y aprovecha para escribir un libro?

     La primera noticia que tuve sobre este libro fue cuando leí que comparaban a su autor con Pynchon y Franzen, así que pensé que ya estaba el crítico norteamericano en su eterna búsqueda de la gran novela americana contemporánea. Ese concepto que viene siendo el premio jamás entregado a lo que parece ser el mejor escritor de Estados Unidos y, por extensión, del mundo una vez se exportase su obra. Así que reconozco que no le hice demasiado caso. Es más, cuando me tropecé con el libro en la librería, ni siquiera asocié el título a aquella comparación. Supongo que eso ha sido algo positivo a la hora de leerlo, me ha permitido un juicio limpio.
   
     He tardado un tiempo en ponerme a leer El Nix pero a las pocas páginas ya me di cuenta de que no era un libro fácil de reseñar y prueba de ello son las pocas opiniones que se han vertido sobre él pese a lo controvertida que ha sido su publicación. Y es que, un libro que abarca desde los años 50 hasta el 2011, que habla de conflictos como Vietman, Wall Street, el mundo virtual, la búsqueda de una vida y la ambición de un editor, el poder, los fantasmas, las personas y la vida. Y todo ello en un tiempo que se mueve a lo largo de setecientas páginas convirtiendo la novela en uno de esos libros que requieren cierto esfuerzo por parte del lector, pero que uno termina con la satisfacción de haber hecho una buena lectura. Y es que El Nix es mucho más de lo que he contado, ya que el autor despliega todo un abanico de temáticas y es capaz de irlos entrelazando a la perfección. Así sabremos, por ejemplo, de unos gemelos que fueron los primeros amigos que tuvo Samuel, y también que ahora su editor estaba a punto de demandarlo por no entregar un manuscrito a tiempo. Descubriremos que pese a su marcha, y también precisamente por ella, la madre de Samuel ha marcado a su hijo de muchas maneras y también que el padre de esta mujer la marco a ella y por lo tanto a los dos. Hill da vueltas para mostrarnos que las personas estamos marcadas por aquello que vivimos y también por quienes nos rodean, ya sea por su presencia o por su ausencia, y por eso es de vital importancia su capacidad para integrar hechos sociales de sobra conocidos en la novela. Se mezcla lo real con la ficción para mostrar a un Samuel desencantado y también a una mujer, Faye, que aún estaba en construcción cuando estallaron los disturbios del 68. No falta prácticamente de nada en esta novela, y Hill consigue incluso que no nos perdamos, que disfrutemos, que riamos a ratos con la estudiante impertinente y que echemos una carcajada cuando el propio protagonista dice que los lectores actuales buscan libros sencillos con tramas lineales. Y es que El Nix es, sobre todo, divertido.

     A poco que hayamos oído hablar de este libro, sabremos que el Nix es un espíritu que se presenta y atrae a niños con su forma para luego llevárselos. Bien, no es el único espíritu del que se habla en la novela, aunque no estamos ante una novela paranormal, su presencia es más bien simbólica de esas enseñanzas que la vida nos va dejando a medida que crecemos. Queda latente, además de la crítica social que se percibe con muchísima facilidad, un regusto a enseñanza que nos muestra abiertamente con las palabras de un compañero de videojuegos del protagonista, quien advierte de la diferencia entre las personas acertijo y las personas trampa. Supongo que todo ello enfocado al gran mensaje del libro, que viene a ser: cuidado con lo que deseas. Y es que, ya lo dijo Santa Teresa: Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas. Y en el caso de las personas, serán las que más quieres las que más te puedan dañar.

     En fin, todo esto es El Nix y os puedo asegurar que es mucho más. De hecho, ya tengo casi planeada una relectura para poder recoger todo aquello que, soy consciente, se me ha escapado en esta primera vez.

     Y vosotros, ¿sois relectores?

     Gracias.

martes, 3 de julio de 2018

Mis rincones oscuros. James Ellroy


     "Una vulgar noche de sábado acabo contigo. Moriste de manera estúpida y violenta, y no tuviste los medios para defender tu vida.
     Tu huida a la seguridad fue un breve respiro. Me llevaste a tu escondite como un amuleto de la buena suerte. Te fallé como talismán; por eso ahora me presento como tu testigo.
     Tu muerte define mi vida. Quiero encontrar el amor que nunca tuvimos y explicarlo en tu nombre.
     Quiero hacer públicos tus secretos. Quiero borrar la distancia que nos separa.
     Quiero darte aliento".

     James Ellroy es uno de los mejores escritores vivos de novela negra. Procuro no perderme jamás sus letras y espero la oportunidad de que las fechas coincidan para acudir a una presentación suya. Ya llegará. De momento, hoy traigo a mi estantería virtual, Mis rincones oscuros.

     Esta biografía de Ellroy bien podría leerse como una novela. En ella, el auto bucea en un tema que le ha marcado de por vida: la muerte de su madre. Contaba solo con diez años cuando, regresando a casa solo en taxi tras haber pasado el fin de semana con su padre, descubrió los coches de policía en el camino. Allí estaba su madre, en una cuneta, medio desnuda y estrangulada. Eso marca. La investigación no encontró al culpable. Eso también marca. En esta autobiografía Ellroy reconstruye, investiga, muestra al policía, a su madre.

     Dividido en cuatro partes diferenciadas, la primera es la referida al asesinato y las horas posteriores. Hace un retrato de la investigación, del camino que tomaban las cosas y deja al descubierto detalles contradictorios que mantendrán pendiente al lector que los perciba para saber si se hizo algo con ellos. Con todo, uno tiene la impresión de que la investigación se diluye y también de que la familia de Ellroy no encaja la noticia del fallecimiento de una forma normal, lo cual hace perturbador un relato que ya de por sí lo es. La segunda parte, más íntima, habla de la vida del propio autor reflejando sus primeros años. Una vida de exceso en casi todo menos en cariño, un relato que es casi un disparo y que ayuda a comprender al niño que recibe la noticia de la muerte de su madre, y que deja vislumbrar al Ellroy que conocemos en el tono de sus libros. Esta parte nos permite además conocer al padre, ambientes, asustarnos, ser partícipes del humor tan peculiar que tiene el autor en sus libros. Y tras semejante velocidad nos sumergimos en la tercera parte, que nos da a conocer al policía Stoner, casos, obsesiones, muerte... encontramos sombras de las novelas de Ellroy aquí. Y finalmente, como en un círculo, finalizamos la historia en la cuarta parte, "Geneva Hillinker", el nombre de la pelirroja que abría el libro, el de su madre. La mujer que marcó la vida del autor, el misterio de su muerte.

     Es fácil leer este libro de Ellroy como si fuera una novela, perder la perspectiva de que no lo es. Sin embargo, más allá de la importancia o no de descubrir al asesino, es un libro que uno finaliza con un regusto positivo, como a vieja canción de amor, a abrazo recuperado a conocimiento. Me ha resultado curioso como,  en un momento en el que parecen estar de moda los libros que hablan de problemas irreconciliables entre pares e hijos, haya sido precisamente un provocador como Ellroy quien me haya puesto en las manos una historia de reconciliaciones. Y es que, al final, lo importante es el conocimiento, la sensación de haber recuperado algo que nunca se tuvo, aunque sea un fragmento de personalidad de aquella mujer a la que llamamos mamá.

     Me ha gustado mucho Mis rincones oscuros, es un libro complicado, desgarrador, oscuro y a la vez esclarecedor. Uno no sale de él con la sensación de conocer mejor al autor, pero si con la de haber comprendido un par de cosas sobre la vida que tal vez no esperaba.

     De vez en cuando disfruto leyendo libros de no ficción, sabiendo que aquello que se relata sucedió realmente, que de algún modo es historia ya sea del mundo o de una única persona. Y vosotros, ¿os animáis alguna vez con libros de no ficción?

     Gracias.

     PD. Fijaos hasta qué punto me ha parecido personal el libro, que esas palmeras que vi en la cubierta cuando lo comencé y que no me decían nada más allá de un paisaje habitual en algunas zonas, me recuerdan ahora a alguna de las excéntricas camisas con las que se ha podido ver al autor. Esa es otra de las maravillas de leer, nos enseñan otro prisma por el que mirar.

lunes, 2 de julio de 2018

La gente en los árboles. Hanya Yanagihara


     "El doctor Abraham Norton Perina, reconocido inmunólogo y director emérito del Centro de Inmunología y Virología del Instituto Nacional de Salud de Bethesda, Maryland, fue detenido ayer por un presunto delito de abusos sexuales. 
      Al doctor Perina, de setenta y un años, se lo acusa de tres delitos de violación, tres de corrupción de menores, dos de agresión sexual y dos de abusos sexuales por prevalimiento. La primera de las acusaciones la realizó uno de los hijos adoptivos del doctor Perina.  
     «Dichas acusaciones son falsas —declaró el abogado de Perina, Douglas Hindley, en un comunicado emitido ayer—. El doctor Perina es un miembro muy destacado y respetado de la comunidad científica, y es su deseo que esta situación se resuelva lo antes posible para poder reanudar sus obligaciones y su vida familiar.»".

     Soy uno de los lectores encandilados por aquella terrible historia narrada en Tan poca vida, lo reconozco: me angustió, me encantó. Por eso tenía ganas de leer la primera novela de su autora. Hoy traigo a mi estantería virtual, La gente en los árboles.

     Conocemos a Abraham Norton Perina cuando ya está en la cárcel por abuso y violación. Antes de eso había ganado un Premio Nobel. Y antes de eso, en el año 1950 Perina se unió a una expedición a una isla de la micronesia. Allí descubriría la longevidad extrema de los nativos y, fruto de sus investigaciones vendría el Nobel. Hoy escribe su historia desde la cárcel y se la va enviando a Ronald Kubodera, quien fuera su asistente y cree incondicionalmente en la inocencia de Perina. Kubodera será quien transcriba la historia de Perina para el lector, completándola con anotaciones propias.

     En 1976 el Dr. Gajdusek ganó el Premio Nobel por identificar una enfermedad mortal en una tribu de Papua Nueva Guinea. Años después volvería a las páginas de los periódicos debido a su encarcelamiento por abusar sexualmente de niños nativos que había adoptado. Sobre esta base construye Yanagihara su novela La gente en los árboles, una historia de ficción pese a este apunte que acabo de hacer.

     Lo primero que descubrimos en la novela, es la adoración que Kubodera siente por el que será nuestro protagonista, Perina. No duda en ningún momento de su inocencia, y tampoco duda en cargar contra quienes le declaran culpable, ya sea la sociedad, la prensa o el jurado de personas intelectualmente inferiores al acusado, lo que cataloga de humillante. Sin embargo no tarda en ser Perina quien tome la palabra al relatarnos sus memorias, quedando Kubodera como simple anotador en su papel de mejorar la imagen que el propio Perina va dando de sí mismo hasta terminar por revelarnos de este modo todos sus pensamientos sobre él.

      Yangihara construye de este modo una novela compleja pero de lectura fácil en la que se mezclan acusaciones explícitas que son casi dejadas de lado hasta la última parte, con otras que vamos descubriendo a medida que Perina avanza en su relato.
Perina se descubre como un hombre cruel ya desde joven, ni siquiera la noticia de la muerte de su madre parece conseguir que llore. Juez duro e inflexible del mundo en el que vive muestra una atracción por la medicina ya en su infancia. Y el lector, a su vez, nota un rechazo a su personalidad. A medida que el relato avanza, llegamos a la prometida expedición en la que comenzará su carrera al Nobel. Pero hay mucho más en la novela de Yanagihara. Y es que, esa isla maravillosamente inventada y llena de detalles es el verdadero centro de la novela. Por un lado está el descubrimiento de los "soñadores", personas exremadamente longevas que pese a ir sufriendo un deterior cognitivo tremendo, se acercan a ese concepto de inmortalidad perseguido por el hombre desde el principio de los tiempos. Eso hace que Perina vea en ellos su mayor logro, su mejor meta, y decida investigar. Descubre que la longevidad se asocia al consumo de la carne de una tortuga y no duda en cazarla ni tampoco en utilizar a unos nativos en sus investigaciones. Sigue siendo el mismo niño implacable que conocimos en las primeras páginas de su relato. Pero no será lo único que descubramos sobre Perina, también está su atracción hacia uno de los miembros de la expedición (que curiosamente escribe un libro con un título que nos resultará familiar) y el rechazo por el otro. Perina comienza a retratarse como lo que realmente es y una vez más el lector es incapaz de despegar la vista de las páginas de Yanagihara.
   
     Y, sin embargo, más allá de esta historia principal, la novela es una crítica brutal a lo que hace la civilización cuando desembarca en una de estas islas que parecen vestigios de un paraíso ya pisoteado por el hombre.Los experimentos, la búsqueda de las tortugas, las industrias farmacéuticas que quieren llegar y ser las primeras en comercializar el hallazgo, la ciencia, el conocimiento... ninguno de ellos parecen pararse a pensar en el impacto que suponen en esta isla. A nadie parece importarles las vidas que están cambiando de la noche a la mañana de esas personas a las que nadie ha pedido opinión. Solo un momento en el que uno de los nativos dice apenas unas palabras en inglés observamos una reacción en Perina que yo interpreté como humana, casi de miedo. Pero bien pudo ser de orgullo, qué sabré yo. Así pues, esta novela sobre abusos trata de muchos tipos de abusos que se producen en la sociedad actual, y hace una crítica durísima a los mismos. La moralidad puesta sobre la mesa de algunos actos que se justifican o se tratan de justificar en el mundo que vivimos deja la decisión sobre este juicio no realizado en manos del lector en una novela que no busca razonar el bien o el mal, solo mostrar los hechos de una forma frontal. Y posiblemente ese sea uno de los grandes puntos fuertes de la novela.

     La gente en los árboles es un libro magnífico. Una historia contada a dos voces que en realidad es una sola con un par de protagonistas escalofriantes a ratos, diferentes e inolvidables al menos por una larga temporada. De hecho, uno cierra el libro pensando en Perina y casi puede notar su frío aliento a la hora de escribir sus memorias. Leedlo, es de esas historias a las que uno sobrevive con alguna marca; no es posible sentir indiferencia ante las letras de Yanagihara.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 28 de junio de 2018

La desaparición de Stephanie Mailer. Joël Dicker


     "Solo las personas familiarizadas con la región de los Hamptons, en el estado de Nueva York, se enteraron de lo sucedido el 30 de julio de 1994 en Orphea, una ciudad de veraneo pequeña y encopetada a orillas del océano".

     Si hay una llegada a las librerías precedida de ruido es la de Joël Dicker. A fin de cuentas, ¿quién no conoce a Harry Quebert? Hoy traigo a mi estantería virtual, La desaparición de Stephanie Mailer.
   
     Conocemos a Rosemberg cuando le faltan apenas unos días para jubilarse como policía. Es entonces cuando una mujer que se presenta como la periodista Stephanie Mailer se presenta ante él para recordarle su primer caso famoso, un asesinato múltiple ocurrido en 1994 que ella afirma fue resuelto de forma errónea. Han pasado veinte años pero consigue hacer dudar al policía quien, al intentar ponerse en contacto con ella días más tarde, descubre que ha desaparecido. Es en ese momento en el que las dudas toman más fuerza y decide dedicarse a buscar a la joven periodista e investigar lo sucedido realmente con ese caso.

     Joël Dicker parece el nuevo monarca literario. No hay libro suyo que no alcance la cima de las listas de ventas en una semana y es que, este joven escritor, parece haber descubierto la gallina de los huevos de oro y no está dispuesto a dejarla escapar.
     Eso significa que tenemos un nuevo libro con un secreto, un tiempo pretérito junto a otro actual, un par de ubicaciones y algún personaje relacionado en mayor o menor medida con la literatura.

     Empecemos por el principio, el 30 de julio de 1994 hubo un asesinato múltiple resuelto en su día (y ahora recuerdo el 30 de agosto de 1975, o día de Nola en La verdad sobre el caso Harry Quebert y me pregunto si el día 30 será importante para el autor, aunque, si soy sincera, no recuerdo exactamente si el dramón de los Baltimore tenía también un 30 marcado a fuego) pero que ahora parece que quizás no fue tan bien resuelto. es decir, alguien oculta algo, la pobre Stephanie lo investiga y desaparece, ahí tenemos el secreto. Y es que, en Dicker es recurrente el tema de los secretos y las cuentas pendientes con el pasado que el autor va desgranando para sorpresa del entretenido lector, que se distrae con una musaraña o en este caso con personajes que son todos cristalinos, para saber si han de caernos bien, mal, o tener el cartelito que dice "apunta a sorpresa" pegado a la espalda. Para ayudarnos a ello están los dos hilos temporales, pero que nadie se preocupe, Dicker hace que sean hilos simples, deja todo claro incluso en esta novela polifónica en la que apenas se diferencian los tonos y formas de cada personaje sin tener en cuenta su origen, sexo o edad.

      En el hilo actual, el protagonista principal es Rosemberg, que investigó en su día el crimen junto a su compañero y que, el autor nos deja claro, lleva la carga de "algo que pasó" y que ya descubriremos. Dicker es el rey del "algo", nos va soltando mil y un pequeños secretos de cada personaje que nos van a ir desvelando poco a poco hasta convertir su historia en una suerte de serial lleno de mentiras, cuernos, divorcios, robos, hijas rebeldes y casi cualquier cosa que se nos pase por la cabeza con tal de mantener entretenido al lector durante las más de seiscientas páginas de la novela.
     Es cierto que eso hace de la novela un paseo entretenido fisgando vidas, pero al final uno se debate entre la sensación de que no hace falta enrollarse tanto con cada personaje que salga o el terror a que absolutamente todo lo de esta novela esté relacionado de algún modo, cosa que desafiaría la lógica del lector más crédulo. Así por ejemplo sabremos que existió una pareja de Rosemberg pero pasó "algo" y él ahora está solo, que tuvo un compañero y gran amigo con el que pasó "algo" y este dejó las calles y que a su compañera improvisada en estos días previos a su jubilación le pasó "algo" y se cambió de ciudad y "algo" más le sucedió con su encantadora y perfecta pareja. Y yo, lo siento, pero creo que Dicker tiene el síndrome del autor cotilla si es que eso existe, porque no hay chismorreo que no deje por escrito de cada uno de sus personajes. Nada nuevo, ya lo había hecho en sus anteriores libros, solo que este libro tiene más páginas. Y por último la literatura: aquí no hay un escritor protagonista, pero si una periodista desaparecida, un librero, uno que escribió y otro que dirige una obra (momento Hamlet en el que casi me he imaginado a Kenneth Branagh haciendo el papel de irritado director).

     En canto a la trama, está bien llevada, sin altibajos y sin dar tampoco demasiadas explicaciones o vueltas ya que el propósito de la novela queda claro: entretener. Y para entretener no hay que dar dolores de cabeza a los lectores, así que vamos llegando poco a poco a una satisfactoria resolución que nos deja con la sensación de haber visto un telefilme en el que nos suenan los personajes, o tal vez el entorno, pero que juraríamos no hemos visto hasta este momento.

     La desaparición de Stephanie Mailer es un libro muy entretenido para cualquier lector aficionado a los misterios cuyo mayor problema es que ese lector haya leído otros libros del autor. En ese caso, notará que ha perdido frescura respecto a sus primeros libros. Por lo demás no quiero que parezca que estoy cargando en contra de los libros entretenidos, ya que ese es el fin principal de la lectura y un objetivo complicado para el autor. Dicker parece haber encontrado la fórmula para conseguirlo.

     Y vosotros, ¿sois fans de Dicker?

     Gracias.