lunes, 28 de julio de 2014

Monasterio. Eduardo Halfon




     "Tel Aviv era un horno. Nunca supe si en el aeropuerto Ben Gurión no había aire acondicionado o si ese día no estaba funcionando o si tal vez alguien había decidido no encenderlo para que así los turistas nos adaptáramos rápido a la pastosa humedad del Mediterráneo. Mi hermano y yo estábamos de pie, agotados, desvelados, esperando a que salieran nuestras maletas. Era casi media noche y el aeropuerto ya no parecía un aeropuerto."

     Sin un motivo concreto este libro me atrajo desde el primer día. La cubierta supongo, el gris, la cara de una infancia que enfurruñada... quien sabe. Pero tenía que leer su interior, a veces pasa. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Monasterio.

     Conocemos a Eduardo cuando llega a Israel acompañado de su hermano. No quiere estar allí, pero su hermana se casa con un judío ortodoxo y tienen que acudir a la boda. Durante los días previos a dicha boda descubrirá su interior en la ciudad y se reencontrará con una mujer de su pasado.

     Monasterio es una novela de búsqueda de la identidad. El protagonista de la historia, guatemalteco de nacimiento, viaja a su pasado, a sus raíces y convicciones al llegar a Israel. Descubre que su concepto de ser judío solo a ratos lo incomoda, en realidad parece sentirse incómodo muchas veces ante el simple concepto religioso. Y sus dudas se transforman en preguntas, en miradas al pasado, a sus antepasados y también en una búsqueda no consciente de sensaciones al realizar actos aparentemente sencillos como tocar el Muro de las Lamentaciones. Con ello, junto con su reencuentro con una vieja conocida de apenas un día, nos enseña las dudas de un hombre que quiere ser pero no quiere ver. No le gustan los cambios que ve en su hermana, que se ha radicalizado en la práctica religiosa, pero él mismo acude a la boda y pregunta por cada tradición con la que se encuentra. Quiere conocer, pero no quiere ver... parece incongruente, pero así es el alma humana muchas veces y no nos lo parece a medida que nos lo relata en este puñado de páginas.

     Toca algún tema complicado, como de pasada, con la normalidad de quien lo ve allí en la calle a diario y no desde la crítica televisiva que tal vez es la que percibimos nosotros. Es inevitable. Pero sobre todo me han gustado sus palabras. La serenidad, la casi musicalidad que incita a leer alguna de sus partes en voz alta. Porque es un libro medido, cuidado, meditado. Poco más de cien páginas que provocan el placer de las buenas letras. Al igual que el resto de la obra de Halfon que ha pasado por mis manos. Tal vez sea porque, este sí, deja un poquito suyo en cada libro. Sin tapujos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias


viernes, 25 de julio de 2014

Algún día este dolor te será útil. Peter Cameron




     "Casualmente, el día que mi hermana Gillian decidió que en los sucesivo pronunciaría su nombre con g fuerte fue el mismo día que regresó mi madre, demasiado pronto y sola, de su luna de miel. Ni lo uno ni lo otro me sorprendió: Gillian, por entonces entre el tercer y el cuarto curso en Barnard, salía con un profesor de Teoría del Lenguaje llamado Rainer Maria Schultz y, claro, se había vuelto una fanática de la lingüística y a menudo peroraba sobre el lenguaje puro del que supuestamente Gillian con g fuerte era un ejemplo."

     Me gusta como escribe Cameron. Me gusta la sencillez de sus palabras y las historias que nos acerca en sus novelas, que son muchas veces pequeños retazos de vida. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Algún día este dolor te será útil.

     Conocemos a James Sveck a los dieciocho años, y lo hacemos en una mirada atrás a los últimos meses. En ellos descubrimos a un adolescente negativo y con claros rasgos asociales que vive un momento confuso. Hijo de padres divorciados, con una madre cuyo tercer matrimonio fracasa en la luna de miel, ve como una escapada se acaba convirtiendo en sesiones de terapia con una psicóloga. Todos quieren que tome decisiones, que se pronuncie frente a su futuro, sus ideas, su sexualidad.

     Me suelen atraer las novelas que buscan ese momento confuso en el que se pasa de la adolescencia a la edad adulta y, precisamente por eso, tenía ganas de traer a James. Vive con su madre y su hermana, un tanto obsesionada con el lenguaje por el simple motivo de tener una casi pareja que se dedica a ello, y su madre, una mujer que intenta tapar su soledad a través de una lista de matrimonios y su galería de arte moderno que expone.. basura. Pero más allá de eso, vemos a un adolescente sarcástico y negativo que mira todo como a través de un cristal y que lucha entre las ganas de irse a un lugar aislado y las de no sentirse marginado. Un casi niño que no encaja en una historia que bien mirada no busca aportar nada novedoso ni sorprender, bebe de la propia sociedad y nos habla de abogados desnaturalizados, de cirugía estética, amantes y estafas. Y de la terapia como moda cuando no se habla con los hijos. Este es el mundo de James, un mundo solitario en el que sólo se siente cómodo con su abuela y con el director de la galería de su madre, aunque también consigue estropear su relación con él.
     Con estos ingredientes Cameron nos deja una novela que consigue acercarnos a la vida y la confusión de este joven cuya decisión más importante será la de acudir a una universidad que no está precisamente cerca de su casa. Ese desarraigo que supone, unido a la socialización inmediata que lleva la inmersión en la vida universitaria serán los puntos sobre los que se sostiene la narración, convirtiéndose así en una voz cercana de una situación mil veces vivida por adolescentes. Pero no por eso se nos antoja pesada o reiterativa, más bien al contrario. Ese rasgo asocial unido a la mirada casi cínica que lanza a su entorno procurando no moverse de su sitio tienen algo que enternece, asistimos a una lucha en la que ponerse en marcha parece la mayor de las victorias y también la más lejana. Y lo comprendemos. Es una época de grandes cambios, de responsabilidades, y no podemos evitar ser incluso condescendientes cuando James da una mala contestación. Además creo que es un acierto que el protagonista nos relate su historia con 18 años, ya que le permite no hacerlo con una cercanía que no se llena de las justificaciones que puede tener un adulto a la hora de verse a si mismo en el pasado. No pierde el tono del momento y no intenta tampoco disimularlo.

     He disfrutado mucho de este título echando la vista atrás, y pensando en lo interesante que puede ser este libro si se lee precisamente a esos años. Estoy segura de que aporta una lectura totalmente diferente a la que yo hice. comparado mil veces ya con El guardián entre el centeno, nos aporta una historia menos extrema y, desde luego, contemporánea del paso a la edad adulta.

     Hoy no puedo irme sin recomendaros a Cameron.

     Y vosotros, ¿hay algún tema que os resulte atractivo a la hora de elegir libros?

     Gracias

     Del mismo autor: Coral Glynn

miércoles, 23 de julio de 2014

Amanecer, nadie y tú. Alberto Trinidad




     "Una hoja en blanco. Tal vez todo principio pueda reducirse a una hija en blanco. Una cuartilla impoluta, desnuda: cuatro aristas delgadas que delimitan un espacio en blanco; el más maravilloso, aterrador y estimulante de los vacíos. Aquél capaz de generar los más apasionantes contenidos, las más trascendentes de las construcciones. Una hoja en blanco, exactamente el mismo espacio rectangular que puede concentrar todos los finales, o mejor dicho, el único final, el gran final."

    Libros sobre libros, sobre escritores, librerías... es una moda. Y es una moda por la que los aficionados a la lectura tenemos predilección, así que a nadie le extrañará que me trajera este libro a casa. Ni tampoco que hoy lo traiga a mi estantería virtual: se trata de Amanecer, nadie y tú.

     Conocemos a Jan Ungría, un joven escritor que decide dejar de escribir. Y lo conocemos sentado delante de un folio en blanco pensando precisamente en volver a hacerlo y rememorando su vida. Su primera novela fue un éxito y también la segunda, lo introdujeron en un mundo en el que no terminaba de encajar; porque a él lo que le gustaban eran las letras, vaciarse en ellas. Y entonces descubrió a Miroslaw Micir, un escritor que marcaría su vida con sus letras y cuya estela en el tiempo intentará seguir, uno de esos autores malditos del siglo XIX que será su obsesión y le hará emprender un viaje. Y el lector será su acompañante.

     Amanecer, nadie y tú es un juego mental en su concepción. Cualquier cosa que se diga en su sinopsis puede desvelar demasiado, pero también no contar absolutamente nada. y esto sucede porque su argumento se va desarrollando doblándose sobre sí mismo hasta parecerse... justo a su cubierta. Un juego de espejos, casi a modo de matrioska en la que podemos advertir que hay una dentro de otra. Jan nos conduce para ello a través de los recovecos de su mente, comparte su pasión por unas letras ajenas y también la búsqueda de quien las escribió. Y es en esa búsqueda obsesiva en la que empezamos a ver el juego, la mente, los fantasmas y también las debilidades de un escritor perdido cuyo grial tal vez sea encontrar sus propias letras. Lo acompañamos para ello recorriendo la vida de Miroslaw, nos comparte una y otra vez sus libros, sus temas, sus personajes... nos incluye en su obsesión página tras página mientras se cruzan en su camino hombres y mujeres que pocas veces le dejan huella más profunda que los libros de su descubrimiento literario. Porque algo vemos de su vida personal, sus relaciones sociales, alguna mujer, las imprescindibles que le han podido dejar alguna marca significativa, pocas. No trata de eso la historia, esta vez no.

     El resultado es un libro diferente, casi perturbador, enrevesado hasta sus últimas páginas que, tengo que reconocerlo, me hicieron sonreír. Se trata de una lectura pausada, de esas que llevan días hasta situarnos en ellas y en las que nos movemos siempre a punto de hundirnos. Me hubiera gustado conocer un poco más a Ungría y encontrarme con alguna pista extra de camino a la que agarrarme para descubrir el juego un poco antes, quizás así no me hubiera quedado con una sensación agridulce. Me gusta experimentar con mis lecturas, entrar en mentes ajenas, ver por otros ojos.. y en este caso me gustaría preguntarle al autor del libro qué piensa de eso que llaman álter ego literario, por pura diversión no porque crea estar ante ese caso, ni mucho menos.

     Puesto que no se lo puedo preguntar a él, os lo pregunto a vosotros, ¿creéis eso que dicen de que muchos libros contienen un álter ego, un segundo yo, de quien los escribe?

     Gracias

martes, 22 de julio de 2014

Nobles y rebeldes. Jessica Mitford




     "La fascinación por los recuerdos de familia es prácticamente universal. Los hay en la mayoría de las casas, relegados al desván o a los estantes de arriba: una hilera con los primeros peúcos del bebé, el artículo premiado del hermano en el periódico de la escuela, el velo de novia de la hermana, descoloridos telegramas de enhorabuena por esto, lo otro y lo de más allá. La mayoría de casas también tienen cicatrices impresas por quienes han vivido en ellas: los disparos aún visibles de un arma de aire comprimido en las temblorosas manos de un crío, el agujero en la alfombra de la chimenea fruto de una fiesta que se salió de madre."

     Supe de la familia Mitford gracias a los libros de esta editorial y, en algún momento indeterminado investigué por la red. Desde entonces he leído sobre ella en muchas ocasiones, y este libro no podía faltarme. Hoy traigo a mi estantería virtual, Nobles y rebeldes.

     Conocemos a la familia Mitford a través de la voz irónica de Jessica, la quinta de sus hijas. Nos relatará su infancia y juventud en una familia nada convencional famosa por la conducta de sus miembros, en particular la de sus hijas, conocidas como Las Mitford.

     Y por más que sea una biografía, parece una novela. De hecho una novela muy divertida, lo cual es ya un punto a su favor, y eso la convierte en una lectura deliciosa para cualquiera. Pero conozcamos a la familia de la que nos habla. Las Mitford fueron criadas con más cuna que dinero, se suponía que iban a hacer buenos matrimonios y su hermano una buena posición social. Pero no había tanto dinero como se aparentaba, así que mientras él estudiaba ellas se quedaban en casa aprendiendo buenas maneras y a ser discretas... bueno, me temo que esta última parte no la aprendieron. En teoría, no iban al colegio porque el deporte que se practicaba allí les podía afear las piernas, como también en teoría no usaban la calefacción y comían puré para afinar el cutis, o se metían en el armario de la ropa blanca para jugar, cuando la realidad era que lo hacían porque estaba a más temperatura. Así era una familia de la que salieron seis chicas cuya presentación puede sonar a programa de variedades: Nancy fue la novelista, Pamela la rural, Diana la fascista, Unity la fan de Hitler, Deborah la duquesa y Jessica la comunista. Y justo así las conocemos y nos las presenta Jessica en esta obra bajo una mirada que se me antoja joven y desenfadada en muchos puntos.

     La primera parte nos habla de una infancia que demuestra que no todas las clases altas son realmente altas. Disfrutamos con las trastadas que se hacen las hermanas y ya vemos el carácter que se va formando en cada una de ellas. De hecho no podemos evitar preguntarnos si las cosas hubieran sido iguales de tener una infancia más normal en la que se hubieran relacionado con más niños. A partir de ahí la historia avanza, no ya la de la familia, sino también la del mundo a medida que nos acercamos a la Segunda Guerra mundial. Hitler entra en escena y divide a las hermanas por sus ideales, en los que bien podemos ver las posturas de los diferentes países, y lo hace sin perder ese sentido del humor británico del que tanto disfruto. Pero esta es la historia de Jessica, así que veremos como se enamora, se casa y viaja a lo largo de esos años. Porque, por supuesto, hay un hueco para cada pasión y el amor es una de ellas.

     He disfrutado muchísimo de esta historia, y así os lo digo, en la que hay casi de todo pero en la que prima un positivismo y sentido del humor que se contagian al lector que acaba sonriendo mientras lee las peripecias familiares. La cercanía, el cuidado y la sinceridad que transmiten sus letras hacen que la lectura se convierta en algo más personal de lo que nos pueda parecer en un primer vistazo conviertiendo esta no-novela en una opción fantástica. Llegados a este punto, os podría contar unas cuantas anécdotas familiares más para terminar de convenceros, pero me las reservo para que las podáis descubrir vosotros mismos. No tienen desperdicio.

     Decidme, ¿os gusta el humor inglés tanto como a mi?

     Gracias

lunes, 21 de julio de 2014

Reviver. Último aliento. Seth Patrick




     "A veces, Jonah Miller odiaba hablar con los muertos.
     El cadáver destrozado de la mujer yacía apoyado en la pared más alejada de la oficina. El asesino la había movido hasta allí desde el centro de la habitación; la había arrastrado hasta la pared del fondo y la había dejado de cualquier manera, con la cabeza vuelta a un lado."

     A veces salgo de casa y olvido llevarme un libro. No tendría mayor importancia si no fuera porque la última vez era un día de viajes, de esos que vas a pasar horas sentada sin moverte, así que tras un rápido vistazo, elegí uno de esos libros que prometen acortar las horas sin complicarme demasiado la vida. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Reviver.

     Daniel Harker ha muerto. Una cifra más salvo por un pequeño detalle: él fue el descubridor de los reviver, esas personas con un don para poder hacer que los muertos regresaran durante unos minutos, los justos para que cuenten, por ejemplo, quien los asesinó. Y eso es lo que Jonah, un joven reviver con una alta capacidad para su trabajo, va a intentar. Sin embargo, al hacerlo descubre que tal vez exista algo más. Y también que necesita saber qué le sucedió a Harker y eso es lo que intentará junto a la hija de Daniel sin saber que puede remover incluso a sus propios demonios.

      Reviver es un thriller que busca mantener la tensión hasta la última página, y de hecho lo consigue. Es una novela que comienza dejando claro lo que promete al lector, siempre digo que las novelas que comienzan con un muerto prometen entretenimiento, y que va aumentando el ritmo a medida que avanza la historia.
     Reconozco que no es una idea novedosa la de hablar con los muertos, pero sí lo es otorgarle un uso y un reconocimiento público y también el intentar descifrar cómo es para quien lo recibe. Alejado del sentimentalismo habitual de espíritus al borde de las lágrimas y también del ambiente de mediums y espiritistas, ya que no es eso lo que busca Patrick, casi al contrario, la historia contiene tintes negros desde su primera página. La ciencia, su documentación y justificaciones sobre el método y también el impacto social que produce en la opinión pública acaparan la atención de un lector que va poco a poco sumergiéndose en la trama paranormal. "Hay algo más" nos repetimos mientras pasamos unas páginas llenas de frases cortas que nos permiten conocer un poco más íntimamente a sus protagonistas. Y avanzamos en la investigación sobre la muerte de Harker mientras buceamos en la mente de Johan y en sus dificultades para relacionarse. "Hay algo más" nos repite Patrick hasta que consigue ponernos nerviosos esperando descubrirlo y temiendo el final, al menos yo tiendo a temer el final de este tipo de libros.
     Bien, pues el final es resolutivo y, si bien el libro termina dejando la puerta abierta a una continuación, si nos saltamos justo esa última parte la historia podría perfectamente ser un libro autoconclusivo y, de hecho, me hubiera gustado más como tal seguramente. Sin embargo, soy consciente de que esto es debido a mis manías de empezar pocas sagas a un tiempo, ya que ahora tendré que cerrar la trilogía. Es más, estoy deseando hacerlo.

     Como ya comenté la semana pasada, estamos en verano, lecturas para desconectar al sol... o a la sombra. Y esta es una de ellas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

viernes, 18 de julio de 2014

Amigas con hijos. Monica Drake




     "Cincuenta cosas de las que quizá no debas preocuparte durante el primer año de vida de tu bebé (pero de las que te puedes preocupar si quieres): Guía hipocondríaca del cuidado del bebé.
     Empezó una lista:
     1. Caras extrañas que ponen los recién nacidos al despertarse.
      ...
     7. Te mira fijamente.
     ...
     10. El bebé:
     a. Duerme todo el tiempo
     b. Duerme cuando lo abrazan
    ....."

     Hoy no pongo el principio del libro, he pensado que era mejor enseñaros unas pinceladas de esta lista que comienza una madre primeriza con la que, adelanto, me he reído bastante. Y de este peculiar modo, hoy traigo a mi estantería virtual Amigas con hijos.

     Conocemos a cuatro amigas que son, como suele suceder, totalmente diferentes. Todas ellas tienen como  punto común la edad, ese momento cercano a la madurez en el que uno revisa alguna de esas cosas que nos dicen son elementales en la vida de una mujer: vamos, la familia. Sarah está obsesionada con ser madre un hijo pese a que tiene un historial de abortos que la está costando la estabilidad emocional ante el tema, Georgie en cambio acaba de ser madre y asiste a una vida que no reconoce como propia, Dulcet es... diferente, se gana la vida vestida con látex informando sobre el cuerpo humano en institutos sin echar en falta la maternidad y Nyla.. bueno, ella ya tiene una hija adolescente y unas cuantas opiniones al respecto.

     Monica explora en este libro el complicado tema de la maternidad, esa supuesta necesidad que sienten todas las mujeres y con lo que se encuentran después. Y también las que no sienten necesidad alguna, y cómo las parejas cambian ante la llegada o la simple mención del tema. Y lo hace con un acertadísimo sentido del humor evitando caer en el anecdotario o la parodia fácil. Para ello mezcla en la historia temas más serios, mostrándonos personas normales con distintas inquietudes y cambios a lo largo de sus vidas. Escoge además Portland, una ciudad con una conciencia que me resultó incluso chocante, en la que la gente deja cajas en las puertas de sus casas con aquello ya que no usan para que otros lo puedan utilizar. Un entorno interesante con personas con costumbres normales, con juegos en torno a la televisión, inseguridades, y meteduras de pata caseras que consiguieron ganarse mi simpatía como si se tratara de unos vecinos nuevos.

     No es una novela chick-lit, y no encuentro mejor forma de dejar claro ese punto. Supongo que podría decirse que es una tragicomedia en el sentido más literal de la palabra puesto que aborda aristas serias que nos encontramos agazapadas en párrafos distendidos que no nos borran la sonrisa, pero que sí que hacen que abordemos la lectura desde un punto de vista más crítico. O tal vez sea por lo serio del tema, porque tener hijos es mucho más que la llegada de un miembro nuevo a una familia. En todo caso he disfrutado mucho con este libro que ha sido una sorpresa tanto en el tema con o en sus formas que huyen de la ambigüedad a la hora de tratar el tema. Y, por supuesto, también hay maridos, por si no habías pensado en ello. Es más, hay algún momento genial en baños con luces programadas y maquillajes de supuesto camuflaje.

     Un libro a descubrir que puede dar mucho juego y me ha hecho soltar alguna risa inoportuna. Y vosotros, ¿os resulta más fácil la risa o la emoción cuando os enfrentáis a una lectura?, ¿es más difícil hacer reír o llorar?

     Gracias

   

miércoles, 16 de julio de 2014

Al envejecer, los hombres lloran. Jean-Luc Seigle



     "Hacía ya un calor agobiante. Desnudo, hundido en la cama,con los ojos abiertos, Albert Chassaing apretó el botón del ventilador de plástico azul que había en la mesilla. Una sensación de aire y frescor.El sudor se enfriaba en su cara, en su torso y en sus muslos. Por fin respiraba."

     Dicen que las lágrimas provocadas por esos dolores que no se tratan con medicinas, más que mostrarnos vulnerables, nos muestran inofensivos, ya que quien tenemos delante percibe la opacidad de nuestra vista en ese momento. Otra teoría es que es un mecanismo de defensa, ya que desarman muchas veces a quien nos ve llorar. A saber,o tal vez ya se sabe pero yo no conozco la teoría más acertada. Si que es cierto que hay quien llora con más o menos facilidad y tal vez por eso me llamó la atención el título de este libro, por el acto íntimo que representan las lágrimas. Sin embargo,no fue hasta ver unas cuantas opiniones,que no me decidí por su lectura. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Al envejecer los hombres lloran.

     Conocemos a Albert un 9 de julio de 1961. Un día importante para un pequeño pueblo en el que todos se conocen, porque llegará a su casa el primer televisor. No porque él tenga interés en esas cosas modernas, esa es su mujer que parece irse transformando en alguien diferente mientras espera la vuelta de su hijo mayor de la guerra. El mundo cambia, y con un hijo en Argelia y otro curiosamente aficionado a la literatura, con una madre que vive en un pasado en el que Albert se sentía mucho mejor y una hermana que parece haber olvidado el pasado tanto como su madre el presente, este hombre que se sigue viendo como un campesino no parece encontrar su sitio.

    A veces, lo cotidiano puede también contarnos la historia de una época completa. Leía hace poco, que cada persona lleva en su memoria la historia más reciente de la humanidad, y posiblemente sea así. Cuando lo cotidiano se reduce a una familia y a esa familia se le otorgan veinticuatro horas... algo pasa. Un choque, un punto de inflexión, un cambio: siempre hay un detonante, una gota que hace rebosar el vaso, y esa gota es la llegada de un televisor a casa de Albert. Una familia en un pequeño pueblo que supone ese punto justo entre pasado y futuro que hace temblar el presente, y eso es justo lo que nos presenta Seigle en una novela calificada como minimalista y sentimental por la crítica.
     Seigle nos habla de muchas cosas en esta novela corta. Nos habla de un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial, incluso preso, que mira un futuro que no le convence mientras observa a su mujer avanzar hacia ese futuro. No encuentra su sitio en esa rutina cotidiana en la que se han instalado unas novedades impuestas con suavidad y otras sin haberle pedido opinión.Mira su familia y se descubre vacío en ella,hasta que la posa sobre su hijo pequeño. Tal vez sea ese hijo más que la llegada del televisor lo que le haga consciente de que las cosas ya no son como él las recuerda,como las quiere; su hijo lee. No sólo eso sino que se aferra a las páginas de Eugene Grandet como si pudieran decirle sobre la vida más que sus propios padres,dejándolo indefenso ante esa muestra de conocimiento infantil sobre su propia capacidad. Y ese es el camino por el que nos lleva la novela, el de Albert, un hombre que se busca y encuentra el camino que considera adecuado a lo largo de esas 24 horas que bien pueden resumir la historia de la época en un instante único. Y un epílogo redentor narrado por ese hijo que iba para literato, Giles, y que con una voz ya madura nos pone un broche.

     Me ha gustado la historia, he encontrado personajes tratados de forma desigual y algún que otro cliché que encuentro hubiera podido ahorrárselos, pero en conjunto me ha gustado esta historia. Salvo el epílogo, que por tener fuerza propia consigue que pierda fuerza todo lo anterior, desequilibrando la novela, o al menos esa fue mi percepción. La de estar leyendo una historia a la que buscaron un final con el único objetivo de hacerla redonda. O no, tal vez simplemente no terminé de congeniar con la novela y por eso no conseguí dejarme arrastrar por las palabras de Seigle.

     La verdad que me ha dado rabia no encontrarme el maravilloso libro que creía que era, pero supongo que muchas veces simplemente no congeniamos con las letras que tenemos delante. ¿Cuál es el último libro con el que os pasó?
 
     Gracias