lunes, 2 de marzo de 2015

La mujer de un solo hombre. A.S.A. Harrison


     "Principios de septiembre. Jodi Brett está en la cocina preparando la cena. Gracias a la planta abierta del piso y a las ventanas del salón orientadas al este, tiene una vista panorámica del paisaje del lago y del cielo, de un azul casi uniforme a la luz del ocaso. El horizonte, una línea finamente trazada de azul más oscuro, parece al alcance de la mano. Ese arco delimitador hace que se sienta arropada."

     Si os digo la verdad, lo que me llamó la atención de este libro es que insinuaba que la "mala" era una mujer, una esposa. Algo tan cotidiano como un matrimonio. Por eso me lo llevé a casa y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mujer de un solo hombre.

     Conocemos a Jodi y Todd, una pareja que, pese a no haberse casado, llevan juntos más de veinte años. Han conseguido acomodarse a una vida en la que el constructor mantiene devaneos ocasionales con otras mujeres y Jodi los ignora en un mundo de apariencias dominado por las pequeñas perfecciones y la pulcritud. Sin embargo, él comienza una relación con una estudiante que cambia toda su vida, rompiendo la armonía familiar que disfrutaba hasta ese momento.

     Con una estructura marcada por un narrador onmisciente y capítulos que se alternan hablando de Jodi y de Todd, esta novela que puede recordar en un primer momento por su estructura a Perdida, poco o nada tiene que ver más allá de eso con el éxito de ventas mencionado.

     Desde las primeras páginas nos avisan, Jodi se va a convertir en una asesina. Sin embargo eso no significa que Harrison se de prisa en desvelar la historia, es más, irá desgranando con calma lo que sucede, marcando con cuidado el perfil de sus personajes en lo que se convertirá una espera tensa. Ni Jodi ni Todd son personas que hayan tenido una vida sencilla, los vamos conociendo, su infancia, sus vidas adultas y sus peculiaridades. Poco a poco entramos en sus vidas y en su cabeza, en ese piso tan pulcro y ordenado y en esa forma de pensar que lleva a la pareja a convivir bajo una dura coraza de apariencias que se va erosionando. Y nos creemos la historia. Harrison no busca sorprendernos ni complicarnos la existencia lectora pidiendo que hagamos actos de fe, sino que asienta su novela en un terreno sólido y real. Cada capítulo es una pieza más del puzzle de dos vidas que vamos sellando mientras observamos. Y rodeados de ese tipo de tranquilidad que precede a las catástrofes, asistimos al proceso de desgaste que sufren, hasta que nos vemos sorprendidos al entrar en una guarida donde antes era un bello piso: la prosa ha cambiado para dejar salir al monstruo que llevan dentro sus personajes. Y la historia se precipita en lo que realmente nos habían prometido sin por ello cambiar el estilo que ha marcado la novela hasta ese instante.

     Estamos acostumbrados a novelas negras que abusan del término trepidante, de enganchar al lector y de giros a veces imposibles que nos dejen con la boca abierta. Harrison no es así, ni busca tampoco eso. Harrison es meticulosa y ordenada, disfruta del camino y nos hace disfrutar de él. Consigue que nos interese cada punto y que nos sintamos como un observador privilegiado que mira con lupa ese proceso de destrucción grieta a grieta. Jodi resulta terriblemente atractiva, ese revestimiento de diplomacia nos intriga y somos incapaces de apartar la vista de una historia de suspense marcada por una atmósfera tensa que se disfruta desde las primeras páginas.

     La mujer de un solo hombre es una novela francamente entretenida que lleva al lector página tras página por una vida que, estamos seguros, puede ser la de cualquiera. Incluso la de nuestros vecinos de arriba.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

viernes, 27 de febrero de 2015

La nostalgia feliz. Amélie Nothomb




     "Todo lo que amamos se convierte en una ficción. De las mías, la primera fue Japón. A los cinco años, cuando me arrancaron de allí, empecé a contármelo a mí misma. Las lagunas de mi relato no tardaron en incomodar,e. ¿Qué podía decir yo del país que creía conocer y que, con el transcurso de los años, se iba alejando de mi cuerpo y de mi mente?"

     Así comienza la nueva novela de Nothomb, que vuelve a presentarnos una autobiografía novelada como ya hiciera en libros anteriores. Esta vez, toma el testigo de la novela Ni de Eva ni de Adan. Hoy traigo a mi estantería virtual, La nostalgia feliz.

     Tras una larga ausencia de 16 años, Nothomb regresa al Japón en el que vivió hasta los seis. Y lo hace con una advertencia, "todo lo que amamos se convierte en ficción". Bien lo sabe la autora, cuya obra se divide precisamente en dos ramas; una primera formada por novela de ficción, y la segunda en la que la protagonista es Amélie Nothomb,
     En este caso, y utilizando como motivo el rodaje de un documental, Nothomb pasará unos días recorriendo el Japón que la vio apenas crecer, ese que recuerda más como una ensoñación que como parte de su biografía, y al que se llega con la esperanza de recuperar momentos infantiles. Buscará su barrio, sus recuerdos, su nana que ya es una anciana y también a ese joven de su juventud del que ya nos hablara en Ni de Eva ni de Adan, Rinri, su primer amor. Encuentros importantes, incómodos incluso, llenos de nervios y de sentimientos acumulados que seguiremos de su propia voz.

     Se escuda en algunos momentos en el dicho fácil, haciendo gala de un sentido del humor que lleva adosada una pequeña autocrítica, para así no profundizar más en los sentimientos. Quién sabe si por gusto o simplemente como muestra de su carácter: si es un recurso habitual o una defensa. Pero no cabe duda que le otorga un punto de realismo a esta pequeña confesión de apenas un puñado de páginas, la humaniza. Nos deja además algún retazo de la cultura, del pasaje tanto de su Japón, el que recuerda, como del de todos, el que se encuentra al regresar. No es su primer viaje, pero si el que la lleva de vuelta tras haber escrito tanto sobre este país que no ha permanecido indiferente a sus letras. Un país además marcado por los movimientos sísmicos y por una cultura muy diferente a la nuestra, puntos estos que se unen cuando la autora habla de Fukushima, visita el lugar, conoce reacciones... es un tema importante para ella y así nos lo dice.

     Esta vez me he encontrado con una Amélie Nothomb mucho más suave, sin ese trazo casi agresivo en sus palabras que la ha caracterizado en muchas de sus obras, esta vez se deja llevar y comparte sus sentimientos con el lector. Una novela que sólo se disfruta si nos dejamos contagiar y también nosotros compartimos en silencio esos recuerdos de aromas infantiles que un día vivimos y que, en el fondo, echamos de menos. Es un libro pensado para que hacer el viaje acompañados, para que visitemos barrios, parques, traspasemos fronteras reales como si fueran marcas imaginarias y acabemos mirando sorprendidos a nuestro alrededor haciendo nuestro ese dicho: a veces parece que pienso que soy el único que cumple años. Y lo aceptemos; la vida sigue, las cosas cambian y hemos crecido. Ahí está: eso que buscábamos, lo que sentimos; eso es la nostalgia.

     No lo elegiría como primera lectura de la autora, pero quienes ya la conocemos, no podremos evitar la sensación de haber accedido a un lugar un poco más privado. Me ha gustado.

     Ayer hablaba de contagio literario para referirme a esos libros que se nos pegan. Hay muchos tipos de contagio, otras lecturas nos contagian sentimientos, como me ha pasado a mi esta vez. Y vosotros, ¿hay muchos libros que os hagan sentir sus letras?

     Gracias

jueves, 26 de febrero de 2015

Viajo sola. Samuel Bjørk



     "El 28 de agosto de 2006 nació una niña en la maternidad del hospital de Ringerike, en Hønefoss. La madre de la niña. una profesora de guardería de veinticinco años que se llamaba Katarina Olsen, era hemofílica y falleció durante el parto. Más tarde, la comadrona y algunas de las enfermeras que habían estado presentes, describirían a la niña como una criatura excepcionalmente bella. Decían que estaba tranquila y muy atenta, y que su mirada invitaba a quienes trabajaban en la maternidad a establecer una relación muy especial con ella. En el momento de ingreso en el hospital, Katarina Olsen había registrado al padre como desconocido."

     Esta lectura fue uno de esos casos de contagio. Ante el interés que despertó y las buenas opiniones que parecían llegarme de cualquier lugar al que me dirigiera, no pude evitar traerme a casa este título cuya cubierta, y sé que seré de las pocas que lo digan, me causó una impresión pésima al primer golpe de vista. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Viajo sola.

     Conocemos a Holger Munch, un detective al que le cae el caso de una niña aparecida muerta colgando de un árbol con un cartel que reza "Viajo sola". Holger decide recurrir a Mia Munch, una colega retirada del servicio activo que destacaba por su inteligencia ya en la academia. Consigue convencerla de que vuelva a unirse a su equipo para resolver este escalofriante suceso, que traerá consigo mucho más de lo que parece.

     Comenzaba comentando que esta ha sido una lectura por contagio, y es que la novela tiene todos los ingredientes para provocar justo ese efecto. Partiendo del clásico "impacta desde la primera página y así el lector se quedará" salta de un prólogo en el que relata una desaparición, a un primer capítulo en el que ya aparece el cadáver de una niña. Bjørk escribe de forma sencilla, incluso los nombres que aparecen no son particularmente complejos, cosa de agradecer en la literatura nórdica, al menos yo lo agradezco. Nos dibuja una pareja de detectives que ya tienen una historia a sus espaldas, y nos la resume a la perfección para conseguir un par de personajes sólidos que se complementan bien tanto entre ellos como con la historia. Es cierto que el autor parece no poder evitar caer en ciertos tópicos, pero nos tiene tan entretenidos con el caso de las niñas (porque sí, hay un plural... y hasta aquí puedo leer que decía una famosa presentadora hace mil años) que apenas si reparamos en ello. O tal vez lo hacemos, yo hay un momento de la novela que tengo clavado con una sonrisa, pero no nos importa demasiado, prestamos más atención a lo que está sucediendo y a lo que creemos que puede suceder.

     Un libro que va de menos a más, que se ramifica y en el que el autor parece no perder jamás el control de la historia y lo que va relatando, con un argumento en el que es fácil sumergirse. A medida que llegamos al final, el ritmo aumenta y nos demuestra que aún le quedan un par de trucos con los que intentar sorprendernos y que son, tengo que reconocerlo, bastante efectivos. Además no podemos obviar que al tratarse de niños, la atmósfera es más densa. Y ya se encarga Bjørk de que no olvidemos ese punto con la particular estética de los cuerpos.

     Viajo sola es una novela francamente entretenida que, sin aspirar a más, nos puede hacer más livianas esas tardes invernales en las que el frío invita a quedarse en casa. A fin de cuentas, todos buscamos de un modo u otro que una lectura sea entretenida, ¿o no acudís vosotros a este tipo de libros de vez en cuando?

     Gracias

     Pd. Quiero esa muñeca. Me encanta.

martes, 24 de febrero de 2015

Pétalo carmesí, flor blanca. Michel Faber



     "Anda con pies de plomo. Con los cinco sentidos: te harán falta. Esta ciudad a la que te traigo es vasta e intrincada, u no la has pisado nunca. Quizá imaginas, por otros relatos que has leído, que la conoces bien, pero aquellas historias te halagaban, te recibían como a un amigo, te trataban como si formaras parte de ellas. La verdad es que eres un forastero de una época y un lugar completamente distintos."

     Cuando leí Bajo la piel quedé fascinada con la historia y con la manera de contarla, así que me faltó tiempo para buscar algo más del autor. Tardé lo que se demora google en mostrar resultados en descubrir que su libro más famoso era el que hoy os enseño y no tardé en tenerlo en casa. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Pétalo carmesí, flor blanca.

   
     Conocemos a William Rackman, heredero de un negocio perfumista, que se topa con la prostituta Sugar. De este modo, el caballero con una vida escrita por él, una mujer y una hija, une su destino al de una prostituta que se anuncia en una guía para caballeros bajo el reclamo de no negarse a nada se encuentran.

     Comparado una y mil veces con una suerte de Dickens moderno por este título, el autor nos advierte utilizando al narrador en el primer párrafo de que su Londres, su Notting Hill, no es el habitual de las novelas victorianas. Tal vez sea el siglo XIX, y tal vez la misma ciudad y una familia y haya aristocracia... pero su novela no está escrita para provocar un plácido viaje en el lector. Porque, sobre todo, es una novela del siglo XX, en la que no se esconde nada, y se mira en cada rincón con un realismo que nos puede parecer agresivo a ratos. Es más, este narrador directo que se dirige al lector, es una constante, aunque se irá suavizando levemente a medida que avancemos, y se mostrará con una curiosidad morbosa o nos mostrará esa curiosidad morbosa que tenemos todas las personas para ser más excatos. Se fijará no sólo en las clases altas, sino también en la pobreza, nos hablará de sexo, de esa represión que se vivía en aquella época y de la diferencia abismal entre hombres y mujeres en cuanto a ese tema se refiere; y también, si hace falta, se fijará en enfermedades, olores y suciedad: porque todo eso existe, aunque esos afamados autores victorianos lo recubrieran de miriñaque y opacasen la luz que nos lo podía enseñar, cubriendo los ventanas con ricos cortinajes de crespón.

     La trama de la novela es más que correcta; la familia de Rackman, su aventura con Sugar y como esta inteligente joven llega a convertirse en un miembro de la casa de su amante al pasar a ser la institutriz. De este modo conoce a la mujer de Rackman y se pone en contacto con una niña que había estado desatendida afectivamente. Descubrimos además la importacia de Agnes, la mujer de Rackman, como personaje; lo meticuloso, lo atormentado, lo estrecho que habita en ella, abriendo la historia a un personaje más. Y es que, pese a su extensión, la historia se reduce en este caso a un puñado de personas a las que acabamos conociendo mejor que a nosotros mismos, ya que Faber muchas veces roza el intimismo a la hora de narrar su novela. Consigue de este modo una historia que, aún lejos de ser trepidante, llama al lector deseoso de volver a poner en marcha la vida de estas personas para observar lo que sucede allí. Y nos conduce a un final que me tuvo dando vueltas un par de días. Un final perfecto para esta historia que me dejó ganas de seguir leyendo, demostrando que, aunque hayamos mirado el grosor de una novela (aunque el término victoriana suele ir asociado a varios centímetros más que otros géneros) al comprarla, puede sorprendernos al hacernos desear un poco más cuando llegamos a su final.

     Pétalo carmesí, flor blanca es una ambiciosa novela que propone una mirada cruda a una época ya relatada con una historia realmente bien llevada a lo largo de sus páginas. Tal vez no sea para todos los gustos, pues huye de ese halo romántico habitual que busca heroínas para relatar su historia con un realismo casi brutal, pero no cabe duda de que es un novelón en el buen sentido del término.
     Sé que he hablado y nombrado varias veces en la reseña la novela victoriana, por eso quiero dejar una cosa clara; no vengáis a este libro a buscar esos rasgos comunes al género.

     Ya he comentado que este libro es contundente en cuanto a su grosor, por eso os pregunto, ¿os fijáis en el número de páginas que tiene un libro a la hora de decidiros por él?

     Gracias

lunes, 23 de febrero de 2015

Carthage. Joyce Carol Oates




     "No me querían lo suficiente.
     El porqué de que desapareciese. Diecinueve años. ¡Me jugué la vida a cara o cruz!
     En este lugar tan amplio -un parque natural en las abruptas pendientes de los Adirodacks- los pinos se repiten hasta el infinito, como un cerebro tan apretado que está a punto de estallar."

     Casi cincuenta años después de que su primera novela viera la luz, así comienza lo nuevo de una autora con la que tengo una relación amor/odio. Y que nadie piense que eso es malo, ya que lo que menos me gusta en un libro, es que me produzca indiferencia. Así que no tardé en hacerme con esta novela y leerla, con verdaderas ganas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual Carthage.

     Conocemos a la familia Mayfield cuando desaparece su hija menor, Cressida, de 19 años. Descubrimos así a un padre de familia, Zeno, ex alcalde del pueblo en que viven y acostumbrado a tenerlo todo bajo control, casado con una mujer de posición cómoda en la sociedad y en su familia, que ha aceptado ocupar siempre un discreto segundo plano, y a sus hijas. La mayor, Juliet, es la guapa, pausada, tranquila, la perfecta hija de la sociedad americana. Y la desaparecida Cressida es la lista, con un físico andrógino, pasaría perfectamente por la fea, irónica, mordaz e insegura al mismo tiempo.

     Si bien suceden más cosas, la desaparición de Cressida en las primeras páginas, es el eje argumental de esta novela. Una novela que se completa con el prometido de Juliet, un ex combatiente que regresa como un juguete roto de guerra, tanto en cuerpo como en espíritu, llamado Brett y que resulta ser la última persona que vio a Cressida el día de su desaparición. Aunque para cuando la hija menor de la familia Mayfield desaparece ya es ex-prometido en realidad, lo que complica las cosas y mucho. Además... su estado mental desde que regresó de la guerra dista mucho de ser normal y parece que cualquier declaración que haga se pierde en una maraña de confusos recuerdos y sentimientos.

     Hasta aquí podría ser una novela negra al uso, pero Oates ya nos tiene acostumbrados a no escribir novelas al uso. De hecho, esta se divide en tres partes y, hasta ahora, os he hablado solo de la primera, que formaría una historia en sí misma. La historia de Cressida, su desaparición, las reacciones de una familia que se niega a aceptar la terrible realidad de una muerte más probable a medida que transcurren las horas, los días, desde la última vez que se vio a su hija menor. Y como se van rompiendo y rehaciendo una y otra vez, negando la posibilidad de haber perdido a su pequeña para siempre, esperando una llamada o, en el peor de los casos, la confesión del que fuera uno más de la familia.

     Oates disecciona cambiando de narrador una y otra vez a cada uno de sus personajes. Es especialmente espeluznante el momento en que Brett toma la palabra y nos metemos en su cabeza, cuya mente resulta estar tan fragmentada y cosida como algunas partes de su cuerpo. La novela está, además, llena de pequeños símbolos dispuestos ahí para que los recoja el lector; desde el nombre del lugar, Carthage, hasta el del padre de familia Zenon; la hija hermosa y enamorada con el corazón roto, Juliet, o Cressida, que incluso llega a plantear si es justo su nombre, si la define. Todo está ahí, página tras página, como está el desapego de Oates por sus personajes a los que no concede tregua ni lástima por la situación que viven.
     Y sigo sin salirme de esa primera parte, no quiero entrar en terreno pantanoso y desvelar nada importante de la novela. Sólo os diré que que tras giros, cambios de voz, de registro casi, movimientos en zig zag en la historia que son lo suficientemente lentos como para que el lector no se pierda, la concluye en una tercera parte que deja todo bien sujeto. 
     La última novela de Oates es una visión social revestida con una trama oscura que avanza a ritmo pausado, a veces demasiado, para un lector que, en mi caso, no puede evitar pensar si no son demasiadas páginas las empleadas para ello. 

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

sábado, 21 de febrero de 2015

Entrevista a Boris Izaguirre


     Boris Izaguirre nace en Caracas, Venezuela, en 1965. Su carrera literaria comenzó cuando contaba 16 años, escribiendo una crónica social en el diario El Nacional. De ahí pasaría a escribir guiones de telenovelas algunas de ellas muy conocidas. No tardó en dar el salto a nuestro país, convirtiéndose en una cara conocida en la pequeña pantalla. Tampoco dejó nunca la prensa y lo hemos podido leer en El País, Fotogramas o gay Zero; además de sus apariciones en la radio. Es autor de una docena de novelas, todas ellas caracterizadas por su cuidada ambientación y quedó Finalista del Premio Planeta 2007 por su novela Villa Diamante.

     - Dicen que se crió escuchando el sonido del teclear de su padre, ¿cree que era inevitable que se dedicara de un modo u otro al mundo de las letras?
     - Absolutamente inevitable. La verdad que, es uno de mis recuerdos más estupendos y además me encantaba saber que mi papá se ganaba la vida así.
     - Guiones, televisión, colaboraciones en prensa, libros... ¿en qué campo es en el que Boris Izaguirre se siente más cómodo?
     - Yo creo que todos son lo mismo; todos son escribir. Porque, si no estoy escribiendo fácticamente en unos, estoy pensando y observando para luego escribir en otros.
     - Muchos lectores conocen a  Rosalinda Fox por la novela de María Dueñas, ¿Cómo la conoció usted y en qué momento comenzó a sentir interés por ella?
     - En el momento en que me di cuenta de que, como espía, los servicios británicos le hacen saber que, al hombre del que está enamorada... lo tiene que espiar. Ahí es donde pensé; esto es una novela, pero por la calle de en medio, una historia apasionante, única, singular, vibrante.
     - Está claro que le gusta partir en sus novelas de personajes reales y, a partir de ellos, contar su historia, ¿qué tiene que tener un personaje para fascinarle?
       - Me gusta la idea de partir de la realidad para escribir una novela. Pero por primera vez, en Un jardín al norte, un personaje es real, es tan completamente real, que hace mucho mejor la novela. Y esa es, yo creo, la diferencia que hay entre Un jardín al norte y mis otras novelas. Por ejemplo en Villa Diamante, la casa que construyó un arquitecto italiano, en Caracas, es la que da pie a la novela; todo lo demás es ficción. Pero aquí no, Rosalinda Fox vivió, existió, respiró y estuvo entre nosotros. Fue española por amor, por decisión; al final, la mayor parte de su vida fue aquí, en este país, y eso es lo que yo creo que hace tan interesante, tan apasionante y tan viva a Un jardín al norte.
     - Y hablando de personajes, Mr Higgs me parece interesantísimo, ¿cómo se construye un personaje así?
     - Muchísimas gracias. Pues fue por azar, como se construyen las mejores cosas en la vida. Yo toda mi carrera he dependido totalmente del azar: por azar empecé a hacer televisión, por azar apareció Rosalinda Fox en mi vida y por azar aparece Mr Higgs en la vida de ella y así lo dice en la novela, dice: "Mr Higgs acababa de entrar en mi vida." Con solo un guiñar de ojo. Yo esto lo agradezco mucho porque para mi es una aventura, es el gran personaje de la novela.  Indiscutiblemente.
      - Diferentes localizaciones, momentos históricos importantísimos, viajes, secretos... ¿cuánto se tarda en escribir un libro como Un jardín al norte?
     - Nunca se sabe realmente lo que se tarda en escribir un libro. Por ejemplo, Villa Diamante, creo que lo comencé a escribir cuando tenía 23 años y no lo publiqué hasta que cumplí 42. Pero en realidad tampoco yo puedo decir que estuve veinte años con ella. Los libros, las historias... son algo que van y vienen, y hay que saber entender que no es un tiempo tan rutinario como en otras profesiones. Creo que estaba esperando tener un encuentro como el que he tenido con Rosalinda Fox para por fin escribir sobre algo que me fascina desde que soy niño: La Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española. Siempre he pensado que una, de alguna manera, trajo a la otra y Rosalinda Fox me ha permitido elaborar una novela donde se plantea esa fascinación, esa obsesión por esta etapa en particular del siglo XX. Podría decirse que he pasado toda mi vida esperando algo que me permitiera escribirlo, y escribirlo bien.
      - A grandes ratos tuve la sensación de que estaba ante su Rosalinda. ¿En qué punto se abre paso la ficción para terminar de dibujar a un personaje real?
     - Bueno, aquí quizás la clave esté en todo lo que Rosalinda Fox se pasó toda su vida maquillando. Rosalinda Fox siempre evitó dar más luces sobre su participación en algo tan importante como el hecho de que Franco no hubiera sido aliado de Hitler en la Segunda Guerra Mundial porque, tener que explicar cual era su participación, pasaba por reconocer que ella estaba allí porque era amante de Juan Luis Beigdeber. Y no estaba dispuesta a asumir ese título de amante que no es grato para nadie y, desde luego, no lo era para ella. Y es justo ahí donde está mi novela y recreo cómo consiguió Rosalinda Fox estar en un lugar determinante de la historia del siglo XX y determinando ella también su propia vida.
      - Un jardín al norte entiendo que se refiere al de la propia protagonista, pero también le veo algo de simbolismo ¿qué significa para usted ese título?
     - Sí, es envolvente. Siempre he pensado que es la mejor manera de definirlo: envolvente. Yo creo que te obliga a abrir la portada, la cubierta del libro y seguir leyendo. Si te gusta lo que dice el primer párrafo entonces ya quieres leer el segundo y para mi esto era lo más importante. Pero sí que es cierto que pienso, que creo, que a todos nos encantaría tener un jardín. De hecho todos nos quedamos fascinados cuando vemos un jardín y vas caminando por la calle, ves así un jardín y te gustaría estar dentro.  El amor también es un poco así: cuántas historias de amor no te gustaría a ti vivir. Y la historia de Juan Luis Beigdeber y Rosalinda Fox es tan potente, tan fascinante, que también es como un jardín al que mirar. Y así es como ella se lo explica a sí misma. 
    Como ese amor se desarrolla en Tánger que está al norte de Marruecos y Marruecos está al norte de Africa, pensé que claramente sí, era Un jardín al norte.
     - De un amor fallido a una verdadera pasión sin importar bandos o edades, eso es lo que nos muestra en la relación entre Beigdeber y Rosalinda, ¿cree usted en ese tipo de pasiones?
     - Qué buena manera de explicarlo. Totalmente, creo totalmente en este tipo de pasiones pese a que no las haya vivido. Porque es verdad que, por ejemplo, Rubén y yo, apenas nos llevamos años de diferencia. Pero también es cierto que cuando yo conocí a Rubén, él confesó tener dos años más que yo y ahora, 23 años después de relación, tiene 10 años menos. Cómo conseguimos hacer eso, solo lo puede explicar el amor, claro. Entonces... también tengo un poquito esa unión con Rosalinda Fox.
     - Me gustaría saber cuales son sus proyectos más inmediatos y si ya tiene alguna historia rodándole la cabeza
     - Tan buena, tan buena, como Rosalinda Fox, creo que va a ser muy difícil y pasará mucho tiempo para que me vuelva a pasar una cosa así. Por el momento  ¿por qué no disfrutar de esto?, ¿por qué no disfrutar de ir hablando sobre Rosalinda Fox y ser algo así como "el biógrafo de Rosalinda Fox"? A mi me parece fantástico, estoy encantado. Es más, no se me ocurre mejor sitio.
     - Y por último una pregunta que siempre hago y no puede faltar en una espacio que recomienda libros. Me gustaría saber qué libro está leyendo en este momento.
     - Bueno, he vuelto a leer un poquito de ficción. Estoy con la ficción que llevo toda mi vida leyendo, con mis autores ingleses a los que amo y con Daphne du Maurier que la doro y tengo muchísimas ganas de, con toda esa fascinación que ha generado Rosalinda Fox en mi, volver a leerme Rebeca. Y luego me estoy leyendo una biografía sobre Gloria Swanson que fue la gran reina del cine mudo y es la actriz protagonista de Sunset Boulevard que va precisamente un poco sobre la historia de ella. Y creo que con eso ya voy bien, tengo ganas de terminar con la biografía de Swanson para poder ponerme con otras cosas.
     - Muchas gracias y felicidades por una historia que, además de todo lo ya dicho, me ha parecido amena y divertida.
     - Muchas gracias, para mi es lo más divertido. Sobre todo que sea entretenida, porque yo creo en el entretenimiento. Soy un hijo del entretenimiento y me encanta que el entretenimiento también esté en las páginas de un libro.

     Y gracias, como siempre, a todos los que os pasáis por este espacio.

     Bibliografía:
 
    - El vuelo de las avestruces
     - Azul petróleo
     - Morir de glamour. Crónica de la sociedad de fin de siglo
     - Verdades alteradas
     - 1965
     - Fetiche
     - El armario secreto de Hitchcock
     - Villa Diamante
     - Y de repente fue ayer
     - Dos monstruos juntos
     - Un jardín al norte



viernes, 20 de febrero de 2015

Un jardín al norte. Boris Izaguirre



     "Es más que probable que el haber nacido en abril de 1915 me haya preparado para vivir en una era de continua inestabilidad. El 15 de abril de 1915 mi país, el Reino Unido, y buena parte del continente europeo se despertaban otro día más sumidos en la Gran Guerra, provocada por el asesinato de un archiduque, la invasión de un país llamado Bélgica y la creación de una Tripe Entente, donde la Gran Bretaña era aliada de Francia y Rusia."

     Conocí, como muchos, la existencia de Rosalinda Fox gracias a El tiempo entre costuras. Ya en ese momento pensé que tuvo que ser una mujer interesante, así que fue la curiosidad la que me atrajo hasta el libro que hoy os muestro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un jardín al norte.

     Conocemos a Rosalinda Fox, una mujer que nació durante la Gran Guerra en Ken y que vive la separación de  unos padres que no prestan demasiada atención a su hija. Cuando llega a la adolescencia, la joven se reencuentra con su padre, que se dedica al espionaje, y es seducida por este mundo. Llevará una vida marcada por las guerras, el amor y el riesgo.

     La verdad es que no me había acercado hasta hace bien poco a los libros firmados por Izaguirre. Supongo que prevalecía el personaje televisivo frente al escritor, aunque su labor literaria haya tenido reconocimiento. Sin embargo, esta vez me interesaba el personaje principal de su novela: una mujer fuerte que vivió durante los momentos clave del siglo XX y cuya constante fue la lucha. Una de estas vidas, en definitiva, que pueden parecer más propias de una historia de ficción de que la realidad.

     Boris entra en la historia de frente, arriesgándose con una primera persona que da al libro un tono mucho más personal. De esta forma acompañamos a la protagonista durante toda su vida, Descubrimos a una mujer, pelirroja, detalle que me llamó la atención por lo difícil que tuvo que ser ocultar un rasgo tan llamativo en determinados momentos, que ya en las primeras páginas al relatarnos su infancia, nos deja ver el toque personal que imprimirá a su relato a lo largo de la novela. Asistimos a pequeñas reflexiones, al interior de Rosalinda, a la vez que vamos conociendo su vida. Así empieza hablando de las apariencias mientras explica como, siendo una niña, fue testigo tal vez no consciente, de la aventura de su madre con otro hombre y como caminaban fingiendo ser una familia normal. De hecho, es algo a lo que le da mucha importancia, las apariencias; y es lógico teniendo el cuenta el mundo en el que se movió.

     La historia es dinámica, de esas en las que siempre hay algo que relatar, siempre parece estar sucediendo algo en la vida de esta mujer. La separación de sus padres, el internado, el redescubrimiento de su padre y aquello a lo que se dedica, un primer amor fallido del que escapa, la enfermedad de la joven, el espionaje y su gran amor con un hombre mucho mayor que ella, casado y del todo inadecuado por el que luchó, viajes, riesgo... Con todos estos ingredientes, es fácil dejarse seducir por una historia vital que además se ve adornada por distintos escenarios y un contexto histórico francamente interesante. Y de entre todos estos sucesos que forman parte de la vida de Rosalinda, será el amor y la pasión que siente por Juan Luis Beigbeder el que marque su historia. Un militar español y una espía, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial al fondo, acercándose... y el convencimiento de estar ante el amor de su vida. Y para cuando el lector llega a esta parte, ya no es lector, sino confidente de una vida que hace ya muchas páginas hemos olvidado que es novelada, mezclada con ficción, así que somos casi partícipes en la lucha de ambos por seguir adelante.
     Boris nos deja una novela francamente entretenida con la que dejar pasar las horas de invierno en compañía de una mujer que merece la pena ser conocida.

     Y vosotros, ¿podéis decirme algún personaje real o no que os haya llamado particularmente la atención últimamente?

     Gracias