lunes, 17 de diciembre de 2018

La invasión de las bolas peludas.Luke Rinehart


     "Me llamo Billy Morton. Cuando conocía a Louie era patrón de una pequeña embarcación pesquera con base en Greenport, en el North Fork de Long Island".

     A finales de año suelo recoger cada libro no leído y ponerme con él antes de comenzar el siguiente. Por supuesto eso no quiere decir necesariamente que me ponga a cero, pero lo intento. El libro que hoy traigo ha sido uno de los rescatados, por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La invasión de las bolas peludas.

      Conocemos a Billy, un pescador gruñón y ya de cierta edad, cuando sale a pescar en su viejo barco con su compañía habitual. Pero ese día, un ser extraño bota por la nave. En un principio dicen que es un pez globo, pero esa forma e vida peluda y esférica sigue a Billy a casa demostrando que es mucho más que un simple pez. De hecho, se trata de una forma de vida alienígena. Y no es el único en nuestro planeta.

     Con este argumento y un arranque francamente divertido, Rinehart nos obsequia con una sátira divertida en la que, como ya hicieran otros novelistas, utiliza a los extraterrestres para poner de manifiesto los problemas de la sociedad actual. En este caso, y a través de múltiples puntos de vista que irán desde el protagonista Billy, pasando por PEs, agentes e incluso prensa, hace una crítica dura y frontal al capitalismo imperante en nuestra sociedad y cómo la ha deformado hasta convertir a los ciudadanos en presos de este modo de vida. Los PEs pasan por ser unos seres inteligentes que vienen a este planeta a divertirse liberando al ser humano de la opresión de una vida competitiva en la que solo importa lo que se logra. Lo que pasa es que para liberarnos, estos inteligentísimos seres, hackean las redes, las cuentas de bancos y también, como lo, las organizaciones gubernamentales, convirtiéndose de este modo, en objetivos de las fuerzas de seguridad. La confrontación esta servida, y el autor no duda en dar momentos divertidos que buscan la sonrisa del lector. De hecho, en más de un momento llegué a dudar sobre si eran realmente tan inteligentes estos alienigenas que se comportaban como niños con exceso de azúcar en la sangre, dando botes y provocando con aparente ( o no) inocencia.

      La novela es divertida. No solo por las bolas eludas que resultan tener caracteres dispares y poco razonables en general, sino también en las situaciones provocadas por los humanos. Es más, Billy me ha parecido una creación socarrona que supera con creces cualquiera de las ocurrencias que se le atribuyen a los PEs, las cuales acaban sonando como gracietas forzadas en busca del gag perfecto que haga reír al lector. La historia avanza sin demasiada premura convirtiéndose al final en un hilo predecible para quienes hemos leído historias similares, pero que se deja leer con relativa soltura. Sin embargo, y bajo mi modesta opinión de lectora, se alarga demasiado. A este tipo de tonos que oscilan entre la sátira y lo cómico, se les pide agilidad y, si bien es cierto que nunca dejan de suceder cosas, el encadenamiento forzado termina resultando excesivo y la novela finaliza justo en el momento en el que la historia vuelve a ponerse interesante. Todo ello me hace pensar que el autor ha construido un gag gigante en el que, con la excusa de divertir, da un tirón de orejas a la sociedad.

     La invasión de las bolas peludas es una novela divertida que, si bien se ve lastrada por un exceso de páginas, permite al lector disfrutar de una novela diferente a las que vemos en las mesas de novedades y proporciona más de una sonrisa. El único riesgo es terminarla queriendo ser un PE.

     "Si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, quién diablos creó a los PEs?
     Humano anónimo.
     "Los seres humanos son el procedimiento empleado por el planeta para suicidarse". 
     PE anónimo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 13 de diciembre de 2018

La jaula de cristal. Hilary Mantel


     "- ¿Le apetece una copa de champán?
     Ahí empezó todo, más o menos una hora después de salir de Heathrow".

     Hace pocos años descubrí a Mantel, y no he dejado de leer su obra desde entonces. Hoy traigo a mi estantería virtual, La jaula de cristal.

     Conocemos a Frances, cartógrafa, en el momento en que viaja a Yeda, Arabia Saudí, para estar junto a su marido Andrew. Él ha conseguido un trabajo allí y piensan que el dinero que gane será suficiente como para establecerse de forma fija en un lugar tras 5 años de matrimonio y viajes. Sin embargo, a su llegada a Yeda Frances verá que la vida no es fácil en un país lleno de tradiciones, miedos y zonas oscuras. Y menos aún para una mujer.

     En esta novela narrada a dos voces Mantel busca hacer un retrato de lo que muchas mujeres se pueden encontrar en determinado tipo de países y/o culturas. Frances a través de su diario usa su propia voz para transmitir sus pensamientos más íntimos, esos de los que no hace partícipe a su marido, y también de sus silencios al callar cosas que el narrador nos ha relatado. Y es que cada detalle es importante en este libro que una empieza con temor a que vaya a quedarse en la superficie de los tópicos y termina con temor por las personas que se ven viviendo allí tal vez atrapadas por sus propias circunstancias, por la vida o ¡qué se yo!

     Frances es una mujer incómoda en un mundo de hombres. Una sociedad basada en "proteger la dignidad de la mujer" manteniéndola apartada, oculta, desinformada. Además, la autora tiene el acierto de presentarnos la microsociedad formada por los vecinos de Frances eligiendo con cuidado personalidades e incluso orígenes dispares que proporcionan al lector una información más extensa en cuanto a la vida allí. De hecho la propia Frances ataca a la vez que defiende esta sociedad a la que llega, ya de como ella misma dice, aborda cada tema por separado. De este modo podemos conocer, no solo los juicios por adulterio, la existencia de controles, desapariciones y muertes misteriosas en el país, sino también los ecos que pueden llegar a este país sobre las leyes y las costumbres en el mundo occidental, alguna de las cuales me dejaron tan boquiabierta como a la protagonista.
Thriller, dice la publicidad del libro. Bien, el misterio radica en el piso superior, del que entra y sale gente, en el que se oyen ruidos, pero que en teoría permanece vacío y del que nadie puede hablar. Quizás yo no hablaría de un thriller ya que si antes decía que el edificio es una microsociedad que representa una parte para que veamos el conjunto, era de esperar que también estuviera estamentado. Y el edificio son las zonas oscuras, los secretos a voces de los que nadie habla y ante cuya puerta se baja con la cabeza baja. Así también el casero maquilla, coloca, ordena... y no deja nada al azar en esta novela.

      Mantel nos deja así un libro basado sobre todo en las descripciones de costumbres y en la sensación de opresión de la familia protagonista. Es curioso como llega un momento en el que Frances vive agobiada y la autora llega a transmitirnos incluso más dudas de las que representa la protagonista. En mi caso, por ejemplo, llegué a tener dudas sobre si el marido conseguiría adaptarse demasiado y yo misma me pregunté si no serían imaginaciones mías.Cuando un libro consigue traspasar así las páginas, consiguiendo que veas fantasmas donde ni siquiera los expresan, es porque el trabajo narrativo es excepcional.

     La jaula de cristal es un buen libro, una novela que no debemos olvidar no reza como ensayo pero que puede ser ilustrativa en más de un sentido para el lector. Y una buena forma de acercarse a las letras de Mantel.

     Y vosotros, ¿utilizáis la literatura para acercaros a otras culturas?

     Gracias.

martes, 11 de diciembre de 2018

Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos. Ben Marcus (Con unos pinitos de pedantería. Rubén Martín Giráldez)


     "Le estamos dando el siguiente mensaje al lector de a pie: La literatura es tremendamente difícil de leer. Y al aspirante a escritor: El respeto se gana mediante la dificultad extrema. Esto es un despropósito. Es un despropósito sobre todo cuando la palabtra impresa lucha por la supervivencia frente a otros medios".

     Va a ser difícil explicar por qué me pareció divertido este título interminable que parecía proponerme un divertido juego. Digamos simplemente que se me metió en la cabeza cuando ni siquiera era capaz de recordarlo completo y que ese fue el motivo por el que corrí a la librería apenas salió a la venta. Hoy traigo a mi estantería virtual, Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos.

     Para explicar este libro basta decir que está compuesto por tres partes. La primera es un artículo de Ben Marcus que da título al volumen y que escribió como respuesta a un artículo en el que Franzen tildaba a Gaddis de difícil. El segundo, escrito por Martín Giráldez que además traduce al primero, es un minitratado de literatura difícil en el que mastica el término pedante y la tercera parte  es una palinodia no exenta de tonillo que publicara Ben Marcus el mismo día en que salió a la venta su novela Notable American Women.

     Pocas veces he expuesto de forma tan clara el contenido de un libro y menos veces aún he tenido la certeza de que nadie se había enterado demasiado de lo que acababa de explicar (y dudo si incluir el término palinodia entre los puntos desconocidos por casi cualquiera). Con un título alarmista parte con un interesante primer artículo en el que Ben Marcus responde a Franzen. Franzen, que abanderó durante un tiempo su amistad con un escritor experimental y que él mismo se señalaba como el creador de la gran novela americana (muchas veces por su extensión, estoy segura), escribe hablando de Gaddis una crítica abierta contra esos llamados escritores experimentales que buscan ir más allá del concepto de novela como correlación de hechos que cuentan una historia. No deja de ser paradógico que haya sido precisamente Franzen quien lo haga y es justa la respuesta recibida de puño y letra de Ben Marcus que advierte ya en sus primeras páginas: "En el mundo literario, insinuar siguiera que el cerebro está implicado en la lectura o que nuestras facultades lectoras puedan ser efectivamente mejoradas es una falta de tacto". Pero no se entienda entonces que este artículo es una ofensa contra la literatura de entretenimiento, más bien es un contrapunto en el que defiende la necesaria existencia de una literatura que aporte algo más. Frente a lo que uno pudiera pensar, plantea el autor, la literatura se ha ido deformando hasta no salirse de los márgenes de un producto fácil de consumo dejando de lado al lector interesado en buscar algo más en las historias. A fin de cuentas, afirma Marcus "llamar experimental a un escritor equivale hoy en día a decir que su obra no es relevante, no es legible y que es agresivamente masturbatoria". No falta, como se puede ver, socarronería en el artículo, ya que el propio Marcus se mete en el saco de este tipo de escritores. Como él dice: "la lengua literaria es compleja porque intenta conseguir algo extraordinariamente difícil: fijar los aspectos elusivos de la maraña vital, representar la intensidad de la consciencia".
Al final uno sale de este artículo con a sensación de menosprecio hacia el lector por parte del mundo literario al que no se le da muchas veces la opción de elegir ya que los premios y la crítica tienden a encumbrar aquellos libros fáciles que son susceptibles de convertirse en un boom. ¿Qué pasa entonces con ese lector que aspira algo más? ¿Espera entonces encontrarse por casualidad con el escritor que se siente casi despreciado? Y eso es porque estamos ante un libro a debatir, un libro de preguntas más que de respuestas que obliga al lector a posicionarse, y que lo hará dejándose muchas veces llevar por la trampa de quien dirige el debate que es, a fin de cuentas, quien manda.
     La segunda parte comienza como una suerte de broma o juego de estilo que Martín giráldez cuaja de citas, como buen pedante, pero que creo que termina por perder un ritmo necesario a la hora de seguir una broma. Es cierto que las discusiones que plantea son tan antiguas como la propia literatura, pero también lo es que fatiga al lector al plantearle dudas y soluciones ya escritas una y otra vez.
      La tercera os la dejo, no quiero descubrir lo que es una palinodia.

     Por qué la literatura.... es un libro divertido que hace que pensemos en lo que leemos, en por qué lo leemos y lo que nos aporta. Nos deja llegar a conclusiones propias sobre el tipo de lector que somos y que también nos hará un poquito más críticos cuando veamos las mesas de novedades en las librerías o las listas de libros recomendados. Por supuesto que la literatura experimental no va a terminar con la edición, pero eso ya lo sabíamos cuando comenzábamos a leer el libro y, ahora que lo hemos terminado estamos deseando encontrar a otra persona que lo haya leído para preguntarle, ¿y tú de qué lado estás? En mi caso, y mal que me pese porque mira que me gusta como escribe, he sido infiel a Jonathan Franzen. Peero os aseguro que es la primera vez que me pasa.

     Y vosotros, ¿se os meten títulos en la cabeza sin motivo aparente?

     Gracias.

     "Los verdaderos elitistas del mundo literario son aquellos a quienes irrita la ambición literaria de cualquier tipo". Menos la suya propia, añadiría yo.

lunes, 10 de diciembre de 2018

La historia del señor Sommer. Patrick Süskind


     "En la época en que aún me subía a los árboles -hace mucho, mucho tiempo, muchos años y décadas-: yo medía entonces poco más de un metro, calzaba zapatos del veintiocho y era tan ligero que podía volar -no, no es mentira, yo entonces podía volar- o, por lo menos, casi, mejor dicho: hubiera podido volar, de haberlo deseado de verdad e intentado hacerlo como es debido, porque... porque me acuerdo bien, una vez por un velo no levanté el vuelo, y fue precisamente en otoño, en mi primer año de colegio, un día en que, al volver a casa, soplaba un viento tan fuerte que, sin abrir los brazos, podía inclinar el cuerpo hacia delante como un saltador de esquí y todavía más, sin caerme..."

     Parece que os estoy viendo asentir mientras decís... "ah... el de El perfume", y es que hay escritores que son literalmente engullidos por una de sus obras y difícilmente se les conoce algún título más. Yo hace tiempo que me rebelo contra eso y rebusco, y es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, La historia del señor Sommer.

     Un adulto rememora su infancia en su pueblo natal, Obernsee, dejándose llevar por los sentimientos nostálgicos y pivotando sus recuerdos en tres encuentros con un tal señor Sommer, del que nadie sabía nada. Salvo que caminaba.

     Dicen que esta es una novela infantil, pero en mi relectura ya adulta tengo que decir que me ha parecido mucho más profunda de lo que recordaba. El señor Sommer, cuyo nombre no al azar significa verano, representa en el libro aquellos veranos que recordamos con una sonrisa. Cuando éramos niños, cuando éramos invencibles o, como nuestro protagonista recuerda al comienzo de su narración, cuando podíamos volar. Y es que aquellos recuerdos de la infancia inocente en la que éramos capaces de todo, afloran en el lector a la vez que en el narrador y tal vez nosotros no nos hayamos caído de un árbol pero yo recordaba perfectamente el día en que solté mis manos de las cadenas de un columpio pensando que era una gran idea hacer un aterrizaje de héroe, y... bueno, al igual que el protagonista, aprendí lo que era la Ley de la gravedad. Esa es la magia de esta novelita, el efecto contagio que uno tiene al seguir los pasos de este narrador que se entretiene en naderías y que se fija en el señor Sommer ahora a tiempo pasado para contarnos su historia. Y su historia no es otra que la del propio narrador que cuenta como el camino de este vecino es imparable, avanzando sin descanso al igual que lo hace el reloj de nuestras vidas. Y mientras Sommer camina, sin que le veamos, nos reímos con una profesora de piano, llega o no la televisión, aparece el primer amor, montamos en bicicleta y quitamos miedos. Porque nos vamos haciendo mayores. Y un día, sin darnos cuenta, la niñez ha desaparecido y tal vez de esa niñez solo nos queden un puñado de imágenes y un montón de recuerdos fugaces de buenos y malos momentos que nos marcaron en nuestro crecimiento. Y, por supuesto, el señor Sommer, aunque nadie supiera nada de él.

     La historia del señor Sommer es una novela nostálgica y entrañable cuya lectura recomiendo sin dudarlo. Viene además acompañada de las ilustraciones originales en el momento de su publicación, allá por 1991, otorgando al conjunto una sensación de estar ante un cuento que se abre a nosotros provocando un torrente de recuerdos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

La casa de los nombres. Colm Tóibín


     "Me he familiarizado con el olor de la muerte. El olor nauseabundo y dulzón que se coló con el viento en las estancias de este palacio. Ahora me resulta fácil sentirme serena y contenta. Paso la mañana contemplando el cielo y la luz cambiante. El trino de los pájaros se eleva a medida que el mundo se llena de sus propios placeres, y más tarde, al declinar el día, el sonido declina con él y se apaga. Observo cómo se alargan las sombras. Es mucho lo que se ha esfumado, pero el olor de la muerte permanece. Tal vez haya entrado en mi cuerpo y este lo haya acogido como a un viejo amigo de visita. El olor del miedo y del pánico. El olor está aquí igual que el mismísimo aire; retorna igual que retorna la luz de la mañana. Es mi compañero constante; ha dado vida a mis ojos: ojos que se empañaron con la espera y que ya no están empañados, ojos que ahora refulgen de vida".

     Tras leer el magnífico The Master, tuve claro que quería conocer más de Tóibín. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La casa de los nombres.

     La Orestiada es una trilogía de obras de teatro de la Grecia clásica que cuenta la historia de Agamenón, su regreso de Troya y lo que sucedió con su familia formada por su mujer, Clitemnestra y sus hijos, Ifigenia, Electra y Orestes.
     Bien, ahora que ya se habrá asustado mucha gente diré que esta novela es una contemporaneización de la Orestiada en la que Tóibín ha decidido prescindir de los dioses y mostrarnos la verdadera tragedia de la historia.

     De este modo conocemos a Clitemnestra, que recibe noticias de su esposo quien le pide que vaya a verlo con su hija mayor y el benjamín de la casa. Ella va presurosa preparándose para la boda que le anuncia de su hija con un valiente guerrero y poder ver además a su marido como el héroe glorioso que supone en la batalla y, sin embargo, al llegar se encuentra con la terrible realidad: su marido planea sacrificar a su hija a los dioses para que estos les sean propicios en la batalla. Esto que dicho así suena muy.... "clásico", Tóibín lo cuenta con naturalidad, eliminando las visiones y el temor a los dioses y nos muestra a Agamenón como un hombre mermado que necesita verse reforzado de alguna manera ante los hombres a los que dirige, y poco parece importar si el modo de conseguirlo es sacrificar a su primogénita. El sacrificio que parece comenzar con una joven vestida con una rica túnica, se vuelve algo sórdido y terrible, ya que no deja de ser una ejecución pública de una niña que está comenzando a ser mujer y se sabe asesinada por su padre ante una multitud. Poco queda de aquellas escenas casi divinas, aquí el cuchillo atraviesa la piel, la sangre hiede, las bestias rugen y, por supuesto, los seres humanos gritan: ya sea por el dolor en sus propias carnes o por el infringido a su alma al arrebatarle a una hija. Y Tóibín sigue humanizando porque, ¿qué mujer seguiría amando a un marido que la engaña y sacrifica a su hija? ¿No comprendemos entonces que piense en vengarse y asesinarlo en lugar de esperar a que decida cometer otra atrocidad en el seno familiar? Clitemnestra humana regresa y seguimos su evolución junto a Electra, menos dramática y más adolescente y tras eso cambiamos para conocer la historia del niño Orestes, que es separado de su familia y tiene que buscar la forma de sobrevivir. Orestes, el gran desconocido en la obra clásica, pretende llevarse en esta novela su parte de protagonismo y por eso el autor decide relatarnos la historia de su secuestro y fuga, sus silencios y aventuras camino de un posible regreso al castillo en el que vivió y que ahora es refugio de conspiraciones por los corredores, y sin embargo, comparado con la primera parte, sentimos que le falta un soplo de vida, que no llega a la misma altura. Pero se le perdona por la fuerza narrativa del conjunto, la sensación de estar ante un cuento sigue siendo fuerte, pero Tóibín hace que sea un placer ir conociendo esta gran historia clásica.

     No siempre me gusta que las obras clásicas se reescriban, me cuestan las adaptaciones que parecen querer decirnos que no llegamos al original, y sin embargo me intrigan las versiones en cualquiera de sus formas. En este caso, ha sido un placer disfrutar de La casa de los nombres. Tóibín es un gran escritor, de eso no me cabe duda. Y tampoco dudo que voy a seguir buscando sus letras en las librerías.

     Y a vosotros, ¿os gustan las versiones o readaptaciones?

     Gracias.

PD. Vacaciones. Nos vemos tras el puente. Lean mucho.


lunes, 26 de noviembre de 2018

Los tiempos del odio. Rosa Montero


     "—Sin amor no merece la pena vivir. 
     Ángela había pronunciado las palabras en voz alta, como el juez que dicta la sentencia definitiva sobre su propio destino. 
     Y a continuación se entregó al dolor de manera voluptuosa, casi suicida".

     Me gustó Bruna Husky desde la primera entrega, así que estaba claro que no tardaría en leer la última. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los tiempos del odio.

     Volvemos con la detective replicante Bruna Husky, una replicante de combate cuya memoria cargada le hace más consciente de lo que debería de sus sentimientos. Entre ellos están su amor por el detective Lizard y el sentimiento de un final inminente ya que conoce perfectamente el día en que será desactivada. Por si eso fuera poco, en un mundo en el que los atentados parecen haberse vuelto más virulentos, Lizard desaparece.

     Rosa Montero nos ha entregado en esta novela a una Bruna Husky más vulnerable que nunca. Siempre nos la mostró como una androide consciente de su existencia y del fin de la misma, pero ahora, con el amor en su vida, hay una lucha interior más humana que artificial que consigue acercarla aún más al lector. Uno durante la lectura no tiene más remedio que preguntarse si no está ante un personaje más humano de lo que cree exactamente igual que se pregunta si no son estos libros de aparente ciencia ficción lo que mejor reflejan la sociedad actual en la que estamos viviendo. Y es que Rosa ha decidido aprovechar la libertad de crear un mundo futuro para darnos buena cuenta de la realidad en la que vivimos. Rosa nos muestra que vivimos en un mundo de excesos en el que la muerte y el poder parecen ser más poderosos que nunca, el propio temor ante esa cuenta atrás para su propio final muestra a una Husky que se rebela furiosa buscando tal vez un sentido que haga que todo merezca la pena y, al mismo tiempo, teme la vulnerabilidad que supone reconocerse enamorada de otra persona. Quizás por eso el gran acierto de esta novela haya sido convertir a Lizard en una parte importante de la trama casi más que con su desaparición con su ausencia, que se convierte en una ventana hacia la mente de la replicante. Husky brilla de este modo más que nunca en esa última entrega de la saga, todo lo que había sido frío ahora se vuelve un torbellino de rebelión contra su propia existencia, una necesidad casi vital de aferrarse a la vida a través de sensaciones que le impidan pensar en su propio final. Y dentro del exceso, del poder y la corrupción se alza el amor como esperanza, tal vez como simple necesidad de sentir para sentirse vivo. Y Montero ya lo afirma en la primera frase, "Sin amor no merece la pena vivir". 
 
      En esta novela, no solo presenta un futuro posible, sino que podemos buscar paralelismos con situaciones reales, convirtiéndose así en una carta al lector en la que parece querer decirle lo que no va bien en el mundo y lo que debería de ser realmente importante. A fin de cuentas, no es Bruna Husky la única que teme a su propio final, a poco que uno se ponga a pensar en lo que sería una vida con una cuenta atrás ya marcada, podemos comprender perfectamente cada uno de sus movimientos. Con todos estos ingredientes y una trama sólida uno podría preguntarse si está ante la última entrega de la saga, y Montero parece jugar con ello en un final que seguramente generará opiniones encontradas al respecto. Si a mi me preguntan, tengo bastante claro que quiero una entrega más que satisfaga mi curiosidad en un par de puntos importantes. Pero para ello tendremos que esperar al criterio (o inspiración) de la propia autora.

     Los tiempos del odio es una novela realista disfrazada de ciencia ficción futurista que ha resultado no solo entretenida, sino también interesante por los puntos en los que obliga al lector a detenerse y reflexionar. Lo tengo bastante claro, la mejor Montero reside en Bruna Husky.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias..

lunes, 19 de noviembre de 2018

La caja de botones de Gwendy. Stephen King y Richard Chizmar


     "Existen tres vías para llegar a Castle View desde la pequeña ciudad de Castle Rock: por la carretera 117, por Pleasant Road y por las Escaleras de los Suicidios. Cada día de este verano —sí, incluso los domingos—, Gwendy Peterson, de doce años de edad, ha tomado el camino de las escaleras, que ascienden en zigzag la ladera rocosa, a la que están sujetas por fuertes (si bien oxidados por el tiempo) pernos de hierro. La niña sube andando los cien primeros escalones, al trote los cien siguientes y corriendo los últimos ciento cinco, empecinada y a tumba abierta —como diría su padre—. En lo alto se dobla por la cintura, resoplando como un viejo caballo de tiro, con la cara roja, las manos apoyadas en las rodillas y mechones de pelo sudorosos cayéndole sobre las mejillas (da igual lo mucho que se apriete la coleta, siempre se le suelta durante ese último esprint). Sin embargo, se aprecia cierta mejoría. Cuando se endereza y mira hacia abajo a lo largo de su cuerpo, alcanza a verse las puntas de las playeras, algo impensable en junio, el último día de colegio, que también coincidió con su último día en la Escuela Primaria de Castle Rock".

     Ya hemos hablado de King en este blog. Muchas veces. Así que no es de extrañar que hoy traiga a mi estantería virtual, La caja de botones de Gwendy.

     Conocemos a Wendy cuando está a punto de cambiar de cambiar al instituto de secundaria de Castle Rock. Es un cambio importante y una de las cosas que Gwendy quiere dejar atrás es su sobrepeso junto a ese estúpido mote que le puso un niño. Por eso cada día sube las escaleras de Castle Rock. Pero un día se encuentra a un hombre que parece saber mucho sobre ella. Y no solo eso, además dice que tiene algo que le pertenece: una caja. Una caja que puede cambiar la vida de Gwendy con sus palanquitas y botones, pero que también supone una responsabilidad. Y la preocupación constante por si alguien la encuentra.

     Esta vez King escribe a cuatro manos con el escritor y guinista Richard Chizmar. Juntos desarrollan esta historia corta en la que reconocemos perfectamente al maestro en la idea pero quizás no tanto en el desarrollo. Lejos de esos personajes de mediana edad que se ven sobrepasados por las circunstancias, en esta ocasión la protagonista es una niña en pleno paso a la adolescencia y la acompañamos durante unos cuantos años. Con un regusto a La tienda volvemos a Castle Rock, ese lugar conocido por todos los admiradores de King, al que por un lado iríamos encantados y por otro no no acercaríamos ni estando ebrios. La novelita juega con las inseguridades de una joven para proponerle colmar su mayor deseo mientras le deja la advertencia de la responsabilidad que eso puede su poner. Es decir, conocida la avaricia del ser humano, si le propone perder peso sin esfuerzo, ¿le tentará apretar uno de los botones de la caja para ve qué deseo le satisface o qué provoca? Porque, tal y como le dice el hombre a esta joven: ella es la custodia y también "tu ya sabes lo que pasará si pulsas uno de esos botones". Y ya tenemos el juego mental en marcha. Cualquier cosa en la vida de la joven, vaya bien o mal, será culpa de la caja. Y es que la mente humana es capaz de convencerse de casi cualquier cosa y Gwendy será testigo y víctima de ello. Seremos pues partícipes de su angustia y también de sus avances en la custodia de tan extraordinario artefacto que llegará a ser el centro de su vida y con el que mantendrá una lucha constante para evitar vivir bajo la obsesión de perderlo.

     King y Chizmar escriben por tanto una historia con un cierto regusto a aquellas que escribiera el maestro del terror hace años, pero lo hacen de una forma totalmente light, como si, de repente, el terror fuera algo de adultos y ahora estuviéramos ante una versión tolerada para todos los públicos. Es por eso que el lector no puede evitar tener la sensación de estar ante una oportunidad desaprovechada para volver a la senda de hace años que King parece haber abandonado definitivamente.

     La caja de botones de Gwendy es una novelita entretenida. Sin nada más que añadir al respecto.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. Motivos técnicos me obligan a no sacar reseña hasta el lunes, no quiero pillarme los dedos con los plazos que me han dado (en teoría, mañana).