viernes, 19 de junio de 2015

La maleta de un lector



     Si estáis esperando un bonito relato sobre las historias que nos llevamos en la maleta, lamento deciros que no es así. Siempre he oído eso de que "de lo que se come se cría" y lo del árbol y la sombra y que todo se pega... pero nada, no es el caso. Yo no sé escribir, me limito a leer que es lo que realmente me gusta. Así que en este caso, la maleta, es mi maleta, la que coja para irme de viaje.

     Cuando un lector empedernido se va de viaje tiene un problema con la maleta. Nos ponen un límite de peso que no cuadra con nuestros gustos y nos obligan a pagar más dinero por poner una maleta extra con nuestras lecturas. Es lo que hay. Aquí se decía mucho eso de "el baúl de la Piquer" pero se ve que era un momento en el que uno podía viajar tranquilamente llevándose media casa a cuestas sin pagar por cada candelabro que decidiera llevarse. Ahora no nos dejan hacerlo con la misma tranquilidad. Así que llega el momento maleta.

     Puedes llevar una maleta que siempre parece demasiado pequeña y cuyo peso no exceda de 8 kilos, y resulta que estás fuera... casi 15 días. Metes lo indispensable y miras el hueco. Lo asumes rápido: toca llevar el lector. Con un libro para cada día, o mejor dos no sea que alguno de los libros elegidos nonos vayan a gustar. Total, no ocupan espacio. Vamos, que donde dije 15 acabo con 40 libros. Porque sí, los he contado. Y sí, sé que son muchos y que me voy de vacaciones a un lugar que dista mucho de ser un monasterio de recogimiento, así que me van a sobrar. Pero... ¿y si no me sobran? Y el cargador, claro. Ese que no se me olvide.
     Y entonces te das cuenta de algo importante: el viaje es en avión. Es decir, que medio viaje (vale, igual no es medio viaje) vas a tener que tener apagados los aparatos electrónicos porque pueden interferir en vetetuasaberqué, así que... hay que llevar un libro en papel. Bueno, uno no, dos: uno para el viaje de ida y otro para el de vuelta. Vamos, que son 4 porque igual lo empiezo en el aeropuerto que hay que llegar antes, o el libro no me gusta, que sea en papel no es una garantía de que vaya a gustarme más que los digitales. Dos conmigo y dos en la malet... espera, este tiene una segunda parte. No lo voy a dejar huérfano. Total, es uno más, tampoco se va a notar. Y me sobra sitio, o casi. Si saco esto de aquí, y coloco esto allá... incluso puedo meter un libro más para la piscina, no sea que se me moje el lector (de verdad, estos aparatitos son útiles en casa, porque en el avión se apagan, en la piscina se mojan y en la playa les entra arena). Lo meto. Cierro la maleta. Descubro un bolsillo fuera tamaño booket, no nos engañemos, hace tiempo que medimos el tamaño de los bolsillos con regla de formato. Meto otro. Maleta hecha y toca viaje en apenas unos días.
   
       Me voy hasta el día 5, pero seguiré compartiendo lecturas por las redes. De momento ya he pesado la maleta... 7,962 kg. Estoy en peso.

     Nos vemos a la vuelta. O nos seguimos viendo en twitter, por ejemplo. Os visitaré en la medida que pueda.

     Gracias a todos.

     PD. No recuerdo si he metido el camisón, que estaba junto al neceser que tampoco recuerdo si he metido. Pero no pienso decir nada. Ni abrir la maleta. He metido libros, con eso me vale.

jueves, 18 de junio de 2015

El invierno del lobo. John Connolly


     "La casa era intencionadamente anónima: ni demasiado grande ni demasiado pequeña, ni muy bien conservada ni deteriorada en modo alguno. Ocupaba una reducida parcela próxima a los aledaños de Newark, en el condado de Nex Castle, zona densamente poblada del estado de Delaware. La ciudad había sufrido un duro golpe cuando en 2008 cerró la planta de montaje de Chrysler junto con Mopar, el cercano centro de distribución de piezas. Así y todo, albergaba aún la Universidad de Delaware, y veinte mil estudiantes pueden gastar mucho dinero si se lo proponen.
     No era de extrañar que el hombre a quien pretendíamos dar caza hubiese elegido Newark."

     Me gusta Charlie Parker. Me gustan sus novelas, su carácter, esa pareja de amigos que tiene y su forma de encarar los casos que le caen entre manos. Por eso estaba claro que iba a leer este libro, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El inverno del lobo.

     En un pueblo alejado de la costa, casi remoto, llamado Prosperous, todo parece acontecer de acuerdo con su nombre. Los habitantes están como en una burbuja de protección que les da un alto nivel educativo, ingresos, resistencia a la crisis...  como si te tratara de una pequeña y remota zona idílica. Un vagabundo busca a su hija, con la que no tiene mucho trato, y las pistas parecen llevarlo hasta este pueblo, donde es recibido con malos modos y puesto en la ciudad más cercana. El vagabundo insiste y acaba por aparecer ahorcado. Charlie Parker aparece entonces, por su relación con este hombre muerto, y decide hacerse cargo de la búsqueda de la joven, llegando hasta Prosperous rápidamente. Tampoco será bien recibido, pero Parker no se deja convencer fácilmente, y pronto se da cuenta de que algo raro sucede en ese lugar.

     Recuperar la saga de Parker siempre es un placer. Él, su carácter, la pareja de amigos tan peculiares que tiene.. todo ello suena a una reunión con viejos conocidos. Y sin embargo podríais leer este título sin haber leído los anteriores. siempre digo que es una ventaja, sobre todo cuando los libros protagonizados por Parker amenazan con seguir aumentando.

     La historia tiene un comienzo abrupto que pronto nos muestra los frentes abiertos: el Coleccionista, un lobo herido en los fríos bosques, una chica que desaparece... Connolly muestra los rastros dejando claro que sigue en forma a la hora de crear misterios. Y de hecho, demuestra hacia la mitad del libro que lo está en un capítulo realmente impresionante. Como siempre, lo real y lo sobrenatural se mezclan con la combinación justa para que la historia no despegue del suelo tanto como para convertirla en una obra de ciencia ficción, sino que el tono, y tal vez en este caso más que en muchos de los que la preceden, lo que predomina es el tono negro de misterio.
     Properous no deja de ser el típico pueblecito utilizado ya mil veces en el que los vecinos viven con un secreto a voces entre todos ellos. Y ahí el acierto del autor al conseguir que lo percibamos más como un homenaje que como un tema recurrente, vamos leyendo y pensando que Maine a juzgar por lo que cuentan muchos autores, ha de ser un lugar, cuanto menos interesante (no tenemos más que pensar en King). Un pueblo, una iglesia traída piedra a piedra y un consejo que se encarga por velar por los ciudadanos serán los rivales de un Parker que sigue sin tener problema para enseñar los puños, o los dientes. Y es que no hay buenos "blancos" en los libros de Connolly, cada cual tiene su propio infierno y sus propias aristas y al autor le gusta mostrar esos infiernos. De hecho, siempre encontramos una forma de hablar de "la maldad" cuando nombramos los títulos de este autor. Y en este caso no es una excepción, una maldad negra y oscura...

     Me gusta Parker, me gustan sus zonas oscuras y me gusta esa narración en primera persona que le da un aire detectivesco de tiempos pasados que contrasta con las historias que nos presenta.
     Un libro francamente entretenido, con una historia que consigue despertar esa necesidad de seguir leyendo que hace que busquemos ratos libres para avanzar.

     Y vosotros, ¿cuál es vuestro detective favorito?

     Gracias

martes, 16 de junio de 2015

El Reino de la Noche. William Hope Hodgson




     "Eso es el Amor, que tu espíritu viva en santidad natural con el Amado, y vuestros cuerpos sean un goce suave y natural que nunca perderá su misterio amoroso... Y que no exista la vergüenza, y que todas las cosas sean lo más y limpias, por efecto de una inmensa comprensión; y que el Hombre sea un Héroe y un Niño ante la Mujer; y que la mujer sea una Luz Santa del Espíritu, y una Compañera Completa, y al mismo tiempo alegre Posesión para el hombre... Y esto es el Amor humano..."

     No es ningún secreto que me gusta el terror, el bueno, acercarme a lo gótico de mundos descritos en el pasado y tal vez ambientados en un futuro oscuro. Por eso me atrajo este libro: por la cubierta, la trama, la mención a Lovecraft... tenía que leerlo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El Reino de la Noche.

     Ambientado, al menos en sus primeras páginas, en el siglo XVII, en la novela conocemos a un joven enamorado: presa de ese amor que se describe siempre como verdadero. sin embargo, su enamorada, Lady Mirdath fallece al dar a luz y el joven queda desolado por la pérdida. En su dolor ve un mundo del futuro, en el que no hay sol y todo es oscuridad. Un mundo en el que apenas hay humanos, y los existentes se refugian en una pirámide existente en este Reino de la Noche. Será en este mundo en el que el joven emprenderá su viaje en busca de Mirdath, y este viaje se convertirá en una verdadera odisea hacia otra pirámide.

     Con un estilo de romanticismo tal vez ya pasado de moda, incluso levente exagerado, Hodgson nos traslada a un mundo realmente espeluznante. Consigue así un tono casi alegórico, de narración fantástica contada a la luz de las velas hace varios siglos. No es difícil imaginar la voz profunda del narrador relatando su epopeya, dejándose llevar por sensaciones y rutinas en este viaje que comenzamos con los ojos bien abiertos ante las descripciones presentadas. El Reino de la Noche es una visión de un desolador futuro que casi podría decirse está marcado por el pesimismo de un mundo sin sol y criaturas terribles, un mundo lleno de oscuridad y peligros acechando. Un mundo casi de pesadilla, y justo ahí vendría un motivo añadido a esa Noche que aparece en su nombre.

     He disfrutado con las inquietantes descripciones, imaginando cada rincón por el que transcurría el peligroso camino de esta especie de caballero que busca a su amada incluso traspasado el umbral de la vida. Porque más allá de la historia, de lo que se disfruta en este caso es del camino imaginado por el autor en este mundo futurista que tanto choca con las utopías y distopías que estamos acostumbrados a leer en los últimos tiempos. Además, hay que añadir, que si bien el tono resulta extraño al principio, pronto nos vamos adecuando a él hasta integrarlo completamente en el argumento sin que nos resulte un problema para avanzar con tan gótica lectura.

     He disfrutado mucho, me ha sacado incluso la sonrisa en algún momento el hecho de encontrarme con un narrador en primera persona. Le da un toque personal, estamos ante su historia, somos sus oyentes y así nos la cuenta. Nos da la bienvenida a su realidad.

     Y vosotros, ¿sois de viajar al futuro o preferís la novela histórica?

     Gracias


lunes, 15 de junio de 2015

A flor de piel. Javier Moro


     "La joven se abrió paso a empujones entre las bestias apretujadas en la entrada de su casa siempre en penumbra. Aparte de la peste habitual a orines, a sudor anima y a paja mojada, un tufo a mandrágora la puso sobre aviso. "¿El médico?", se preguntó extrañada. Sólo se oía el resuello de la vaca y el piar de los polluelos que picaban el suelo afanosamente. Ninguna voz, ningún sonido humano, ningún ladrido salía del interior de la casa usualmente atestada de animales y gente. "Qué raro", pensó Isabel. Sabía que su madre estaba dentro, porque guardaba cama. Así que depositó en un altillo el manojo de berzas que su padre le había encargado recoger, se quitó los zuecos sucios de barró y empujó el portón. Olía a humo, a humedad y a rancio."

     Han debido de pasar tres años desde que leí El imperio eres tú y unos cuatro desde que Javier Moro lo publicó, pero conservo el buen sabor de boca que deja una historia bien construida. Por eso no dudé un momento en acercarme a la librería para hacerme con su último título, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, A flor de piel.

Conocemos a Isabel Zendal cuando aún es niña y vive con su familia en Galicia. Una familia que es pobre de solemnidad y cuya situación se ve agravada tras la muerte de su madre. Su padre, en un intento por mejorar sus vidas, consigue enviarla a servir a la ciudad, y allí comienza la nueva vida de esta mujer que llegaría a formar parte de una gran expedición filantrópica para vacunar contra la viruela a las colonias españolas en América. El grueso de la historia lo formará la expedición dirigida por Francisco Xavier Balmis, un médico entregado a su trabajo y la búsqueda del reconocimiento de éste. Así saldrán de España con esa gran misión y utilizando, contra todo pronóstico, huérfanos para portar el virus de la viruela.

     Javier Moro nos da una lección de historia al recuperar del olvido una de las más grandes misiones que realizó nuestro país. En el año 1803 la María Pita partió de La Coruña con una misión magna que, lamentablemente, nadie parece conocer. Y lo hace además arrojando luz sobre un personaje del que poco o nada se sabía salvo, tal vez, un puñado de estudiosos: Isabel Zendal, que aparece convertida en el eje que mueve la historia de Javier. Una mujer fuerte, acostumbrada a luchar y valerse por sí misma, que será la encargada de captar y trasladar de forma adecuada a estos niños en una misión que tendrá que lidiar contra las inclemencias del tiempo, las enfermedades, el hambre y la oposición de mucha gente. La acompañaremos junto a Balmis y a Salvany, el director de la expedición y su "segundo", dos médicos que aportarán dos maneras diferentes de ver y enfocar la vida, pero que les llevarán a ambos a embarcarse en esta magnífica misión. El coraje, el carácter duro y la capacidad decisoria de Balmis, contrastan con la humanidad y la fuerza de voluntad para sobreponerse a su débil naturaleza de Salvany. Ambos, junto a Isabel, protagonizarán no sólo esta titánica gesta, sino también un triángulo en el que tienen cabida las pasiones, los consuelos y los celos.

     El autor nos sitúa en una época en la que la viruela era el mal más temido que podía llegar a una población, una enfermedad que causaba la mortalidad en un tercio de quienes la padecían y cuyas secuelas eran tan temidas casi como la muerte. Y que, además, no respetó jamás las clases sociales. Nadie parecía estar a salvo de este mal. Por eso el comienzo de la vacunación, la aparición de la vacuna para poder frenar la enfermedad, fue un momento de capital importancia. Y Javier no sólo nos muestra eso, sino también las voces que se alzaron en contra de esta nueva práctica, considerada por muchos una aberración (y uno no puede hacer otra cosa que recordar las noticias que aparecen en los últimos tiempos sobre las vacunas, tema que parece volver a estar de actualidad), aportando una visión global que permite al lector situarse perfectamente, no sólo en los barcos durante los viajes, sino también en las calles de las ciudades que iban visitando.

     Una gran novela histórica que ha sido un placer leer, con momentos duros y momentos tiernos, que consiguen que el lector no quiera despegarse de la historia. Una labor documental que intuyo magna, pero de la que Javier Moro no presume, no ata el ritmo a la necesidad de aportar cada dato, sino que consigue una fluidez natural que aviva el interés por conocer el final de cada uno de sus protagonistas.
     En definitiva, una historia totalmente recomendable que rescata un episodio de la historia de España que, al menos en mi caso, desconocía totalmente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

sábado, 13 de junio de 2015

Entrevista a Sara Mesa

Imagen: microrevista.com
      Sara Mesa nace en Madrid, aunque reside en Sevilla desde niña. Publicó su primer libro, en este caso de poemas, en el año 2007 y desde entonces, su nombre se ha ido afianzando en las letras de nuestro país. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández, ganó la XI Edición de Cuentos Ilustrados de la Diputación de Badajoz, fue ganadora de la Sexta edición del Premio Málaga de novela y Finalista del Premio Herralde de Novela en 2012 con su obra, Cuatro por Cuatro.

     - Te leí hace un tiempo decir que te veías los próximos 30 o 40 años escribiendo, pero, ¿desde cuándo sientes esa inquietud por contar tus historias?
     - Hasta para mi es difícil poner una fecha. Supongo que desde niña me gustaba contar historias (inventaba muchas trolas, de hecho), pero escribir en serio es algo que no me planteé hasta hace relativamente poco. En cuanto a esa declaración de los 30-40 años escribiendo es, obviamente, una exageración, pero sí refleja cierta intención al menos: me gusta hacerlo.
     - Con Cicatriz, tu última novela, tocas muchísimos temas actuales. ¿Qué es para ti Cicatriz?
     - Es una novela en parte distinta a mis textos anteriores porque aborda, desde una perspectiva más realista, los mismos temas que traté antes en historias más simbólicas, como el encierro, la obsesión o la oscilación entre el poder y la sumisión.
     - ¿Fue difícil escribir una historia en la que todo girase en torno a dos personas?
     - En parte sí, aunque yo siempre me siento más cómoda en estas historias "reducidas" que en las novelas corales donde hay que sacar a bailar a más personajes. Me gusta concentrarme bien en lo que tengo, inspeccionar con bisturí unos pocos elementos.
     - ¿Cuánto tiempo te llevó decidir algo que parece tan sencillo durante la lectura, como es el narrador, el tono de la obra?
     - Esa es, en efecto, la primera decisión. No sabía si elegir un tono epistolar al uso -cartas que se intercambian- o una fórmula mixta como la mía -el foco puesto en uno de los personajes, en este caso el femenino-. Opté por lo segundo, y también por un tono externo, aséptico, en el que se desdibujan todos los elementos secundarios menos relevantes. La decisión no es fácil, y se basa mucho en la intuición.
     - Mirando títulos anteriores tuyos, ¿podría decirse que ese amor tóxico es una de tus obsesiones literariamente hablando?
     - Es uno de mis temas, sí, en tanto que lo son todas las relaciones desiguales, sean o no de pareja basadas en el dominio y el control. Aquí pueden entrar, como puedes imaginar, las relaciones familiares, de trabajo, escolares, etc.
    - Queda clara durante la lectura que hay muchos tipos de amor, que van de la idealización a la obsesión, la sexual  y la casta, ¿es difícil escribir sobre algo tan complejo y a la vez tan habitual en los libros como es el amor?
     - Es dificilísimo, y es curioso, porque es un tema universal. Hablar de esto, y no caer en el ridículo, en la simplificación o en el morbo por el morbo, es casi como hacer equilibrios en la cuerda floja.
     - En Cicatriz la historia se mueve haciendo equilibrios en el filo del juicio entre lo que está bien y lo que está mal. Sobre todo Knut juega mucho, ¿tan fácil es encontrar una justificación?
     - Bueno, es que realmente él es un tipo muy cerebral que da una explicación para todo, y personalmente no me parece que sean simplemente justificaciones, sino razones de peso para él. La ambigüedad moral está en todos nosotros, y en todas las épocas. Lo que está bien ahora puede estar mal en el futuro y viceversa.
     - Toda la novela se tiñe de una dominación psicológica que va poco a poco creando una hostilidad entre el lector y el protagonista de la misma sin poner claramente en ningún momento la palabra maltrato, ¿crees que aún vivimos rodeados de este tipo de situaciones camufladas?
    - Sin duda. Todas las relaciones que se basan en el dominio de uno sobre otro pueden considerarse una forma de maltrato. Toda coacción o pérdida de libertad lo es. En mi libro, esto no es algo que ostente sólo uno de los personajes. Digamos que van alternando.
     - Me llamó la atención que, si dicen que las novelas negras tienen que tener un muerto en la primera página, tu novela parece no desperdiciar una sola letra en algo que no sea la historia, ¿buscaste esa exactitud en tus letras, eliminando lo supérfluo?
     - Sí. Como escritora me atrae ese reto. Por eso también me gustan mucho las formas breves, el cuento. En este caso, tengo que decirte que recorté muchas páginas. La primera versión de esta novela tenía como unas 60 páginas más, y algunos personajes cayeron en la poda.
     - Perteneces a esos nombres jóvenes que han entrado con fuerza en el panorama literario en los últimos años, ¿cómo ves este mundo? Y por favor, dime que no es tan apocalíptico como algunos se empeñan en dibujarlo.
     - No, no es tan apocalíptico ni mucho menos. Hay gente haciendo cosas muy interesantes. Me gustan más los que van por libre, pero en general no pienso que sea un mundo tan salvaje como se pinta. En cuanto a las modas, los nombres que suenan más y luego dejan de sonar son eso, modas: no hay que darle mucha importancia.
     - ¿Crees que la literatura en nuestro país tiene la supervivencia garantizada con los nuevos nombres que van llegando?¿Puedes darnos alguno?
     - Nunca se sabe que pasará en el futuro, pero sí, claro que hay nombres. Pienso en Pablo Gutierrez, en Coradino Vega, Daniel Ruíz García, Marta Sanz, Jesús Carrasco, Miguel Serrano Larraz, Pilar Adón... así de pronto, pero seguro que hay muchos más que se me pasan, o que aún no he leído.
     - Ahora faltaría saber si hay lectores jóvenes que sigan acudiendo a comprar libros. Sobre todo por la feroz competencia de las tablets, los móviles y las redes sociales con sus miles de formas de distracción.
     - Yo pienso que la lectura siempre ha sido minoritaria, y que poco se puede hacer contra eso. Con el tiempo los lectores seremos como una secta extraña me temo.
     - Tras Cicatriz, ya tienes alguna historia rondándote, ¿tienes algún proyecto a la vista?
     - Sí, estoy terminando un volumen de cuentos que se publicará en próximo año. Y tengo otra historia rondándome la mente, esta sí para una novela.
     - Por último, y como no podía ser de otro modo, me gustaría saber qué estás leyendo en este momento.
     -¡Ahora mismo nada! Justo anoche acabé de leer las Memorias por correspondencia de Emma Reyes, un libro turbador que me ha impactado muchísimo y que recomiendo desde aquí.
     - Muchas gracias por tu tiempo y disponibilidad.

     Y, como siempre, gracias a todos los que pasáis por aquí.

     Bibliografía:
     - Cicatriz
     - Planeta equivocado
     - Cuatro por cuatro
     - Un incendio invisible
     - El trepanador de cerebros
     - No es fácil ser verde
     - La sobriedad del galápago
     - Este jilguero agenda

jueves, 11 de junio de 2015

El mal camino. Mikel Santiago



      "Todo comienza con Chuks no cogiendo el teléfono durante días, ni respondiendo al e-mail, ni dando señales de vida en el WhatsApp, lo que probablemente significaba que estaba metido en su sótano, grabando sin parar y durmiendo en un sofá.
     Pero ¿y si le hubiera pasado algo?"

     Conocimos a Mikel Santiago el año pasado, con La última  noche de Tremore Beach, una novela francamente entretenida que hizo que su nombre sonara rápidamente en las listas de ventas. Este año reaparece en las librerías con una nueva novela de llamativo título. Hoy traigo a mi estantería virtual, El mal camino.

     Conocemos a Bert Amadale, escritor de éxito especializado en novelas de asesinos dirigidas al consumo rápido de los lectores cuando tiene cuarenta años y se ha mudado a la Provenza francesa en un intento de relajar su vida y salvar su matrimonio. Allí aparece su íntimo amigo y viejo rockero Chuck Basil, un hombre marcado por los excesos y por un suceso de su pasado que trata de resucitar su nombre con un disco que tiene entre manos. Sin embargo, tras un accidente protagonizado por Chuck, las cosas cambiarán radicalmente en esa idílica zona descubriendo que no todo es, ni mucho menos, lo que parece.

     Mikel Santiago nos deja una vez más una novela francamente entretenida marcada por una narración ágil. Amadale, protagonista y encargado de contarnos su historia, nos llevará por una trama en la que nadie escapa de las decisiones que toma, como si ese mal camino del que nos advierte el título, se refiriera más allá del accidente, al cuidado con el que debemos de tomar decisiones en nuestra vida. Si el protagonista no hubiera tomado la decisión equivocada ante el accidente, nada de lo que Mikel nos cuenta hubiera sucedido; si no se hubiera subido al coche en las condiciones que lo hizo, tampoco; si esa noche no.... Al final la vida no es otra cosa que una sucesión de decisiones tomadas que nos conducen a unas consecuencias y, en este caso, incluso a convertirnos en los héroes de nuestras propias circunstancias. Aunque vistos los protagonistas del libro, tal vez sería mejor decir antihéroes.
     Amadale será el encargado de llevar la historia y perseguir el misterio a lo largo de las tres partes en que se divide la novela. Un hombre que no cae particularmente bien, que muestra sus debilidades sin sentirse avergonzado de ellas y que nos llevará a sospechar de cada persona, de cada vecino de esa, inicialmente, idílica localidad. Porque Mikel nos sumerge de lleno en la Provenza, con sus casas, sus gentes y su vida social consiguiendo una ambientación solvente en la que se recibe al escritor como si fuera una pequeña celebridad. Y si ambientación se trata, hay que hablar de la música, una constante a lo largo de la historia que da muestra de una de las pasiones del autor.
Santiago nos hace dudar de todo en el momento justo en el que Amadale comienza a pensar que tal vez haya secretos bajo las alfombras, a la vez que nos va mostrando los suyos propios. De este modo pronto nos planteamos que, si la vida de Amadale con su mujer y su hija, no es tan idílica, ¿qué pueden esconder los demás? Y una vez que llegamos a este punto, pasados los primeros capítulos introductorios, la historia se acelera hasta llegar a las últimas páginas en apenas un suspiro.

     Con El mal camino el nombre de Mikel Santiago va a terminar de asentarse en las listas de ventas y los estantes de los lectores de nuestro país. Una historia muy atractiva marcada por las dudas y una tensión creciente que el autor sabe mantener hasta el final.

     Comentaba hoy que el protagonista de esta novela no me cayó particularmente bien, me irritó en algunos momentos, y eso, lejos de restar atractivo a la historia, le sumó puntos. No se trata de si el personajes es "bueno" o "malo", sino de la capacidad de despertar sentimientos de simpatía o antipatía en el lector, logrando de este modo una credibilidad superior a la de aquellos que pasan sin dejar huella contando su historia. En este caso no pasaba la irritación, pero hay otros casos en los que me han parecido, si me permitís el juego de palabras, auténticos necios, como es el caso de Ignatius Reilly.
Y vosotros, ¿recordáis algún personaje que haya conseguido despertaros ese tipo de sensaciones?

     Gracias

   

miércoles, 10 de junio de 2015

La chica del tren. Paula Hawkins


     "Hay una pila de ropa al lado de las vías del tren. Una prenda de color azul cielo -una camisa, quizá-, mezclada con otra de color blanco sucio. Seguramente no es más que basura que alguien ha tirado a los arbustos que bordean las vías. Puede que la hayan dejado los ingenieros que trabajan en esta parte del trayecto, suelen venir por aquí. O quizá es otra cosa."

     Hay libros que llegan con la etiqueta de fenómeno editorial desde que aterrizan en nuestras librerías, de los que nos hablan de adaptaciones cinematográficas incluso antes de saber de qué tratan y ante los que es fácil caer en la tentación. Todos caemos alguna vez con mayor o menor fortuna. Hoy traigo a mi estantería virtual uno de esos libros, se trata de La chica del tren.

     Una mujer hace dos viajes en tren a Londres cada día. A la misma hora. Mira por la ventanilla y el paisaje se repite: casas que le suenan, personas que comienzan a ser familiares, una vida que ya no lleva, lugares que conoció... Al otro lado de la ventanilla hay vidas que dejan pequeñas instantáneas cada vez que pasa el tren. Personas que aman, que odian, que viven, que sueñan... Y a veces dejan una instantánea que puede ser reveladoras.

     La chica del tren es una novela a la que conviene llegar con pocos datos. Por eso tal vez haya sido más críptica de lo habitual a la hora de dar un pequeño resumen. Pero se trata de una novela que avanza de forma imparable pero lenta, al menos hasta su última parte. Baste saber que se articula en capítulos contados por distintas voces femeninas que irán, poco a poco, componiendo un puzzle de misterio en una historia que se perfila con nitidez ante un lector que no puede dejar de acariciar con la lengua la palabra "pánico". Pero no se trata del pánico que producen las novelas de terror, no. Este es mucho más real porque habla de secretos y debilidades, de cumplir años y de sueños rotos, de retos... habla de realidad. Porque más allá del thriller, la novela se complementa perfectamente con muchos temas que están presentes en nuestro día a día, consiguiendo de este modo que nos movamos ante personajes que se nos antojan reales, sensación que se ve acrecentada porque la autora nos deja juzgarlos libremente según los actos que cometen. De hecho, estoy segura que la mujer que da título al libro, despierta tantas filias como fobias.

    Es una novela que embauca al lector con mucha facilidad. Tres voces entre las que vamos saltando y que nos advierten de su fiabilidad, o de la falta de fiabilidad de sus palabras, proporcionando de este modo un ambiente de duda. Las perspectivas cambian y los momentos se mezclan hasta que vamos encajando las piezas, y no es difícil hacerlo, pero disfrutamos del camino.
     Comparado mil veces con Perdida, la historia tiene algún punto común pero nada que provoque, como ha sucedido con otros títulos, que la lectura de la primera desluzca esta historia. Lo que sucede es que parece que nos gusta jugar a las comparaciones en esto de la literatura. Pero poco tiene que ver Amy con Rachel, la chica del tren. La fuerza de Rachel se basa en sus propias debilidades, que son presentadas dolorosamente ante un lector que tiene claro desde las primeras páginas que no es una supermujer, pero también tenemos clara otra cosa; nos va a encantar su historia.

     Esta vez os traigo una novela francamente entretenida. Un thriller psicológico que funciona desde las primeras páginas y que es imposible de soltar llegadas las últimas. Una de esas historias plagadas de misterios y secretos del pasado y del presente, que sirven para desconectar; perfecta para vacaciones.

     Y vosotros, ¿sois de los que os dejáis arrastrar por fenómenos como Perdida?

     Gracias