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lunes, 23 de enero de 2012

La muerte de Iván Ilich. León Tólstoi



     "Durante una pausa en el proceso Melvinski, en el vasto edificio de la Audiencia, los miembros del tribunal y el fiscal se reunieron en el despacho de Iván Yegorovich Shebek y empezaron a hablar del célebre asunto Krasovski. Fyodor Vasilyevich declaró acaloradamente que no entraba en la jurisdicción del tribunal, Iván Yegorovich sostuvo lo contrario, en tanto que Pyotr Ivanovich, que no había entrado en la discusión al principio, no tomó parte en ella y echaba una ojeada a la Gaceta que acababan de entregarle.
-¡Señores! -exclamó- ¡Iván Ilich ha muerto!"


     Este libro llevaba mucho tiempo en mi casa. De esas ediciones baratas que sólo incluían un cuento o relato en tapa blanda, diría algo amarillenta por el tiempo pasado. No me llamaba la atención, precisamente por su formato, hasta que un día no encontraba nada que leer. Así que lo cogí pensando, "al menos es cortito, no me hará perder mucho tiempo".  Menuda sorpresa me llevé, tiempo no perdí, pero si que invertí en dar vueltas a las ideas que afloraban en sus escasas páginas. Traigo hoy a mi estantería virtual una historia que merece ser conocida, aunque sea en un libro aquejado de achaques por la edad, La muerte de Iván Ilich.


     En el libro muere un hombre, Iván Ilich. Lo hace al principio y vemos a sus apenados compañeros que se alegran por no estar en el lugar del finado. A partir de ahí retrocederemos para conocer al difunto bajo las luces de una Rusia imperial que ya vive su decadencia.

     Es un relato sorprendente, no necesita Tólstoi muchas páginas para colocarnos ante las dudas fundamentales de la existencia humana. Es un libro reflexivo, casi desesperanzador en el que somos testigos de la vida, las metas y éxitos de un hombre para luego ver su declive . Pasamos de la felicidad al descenso por el tortuoso camino del sufrimiento escrito de tal forma que el lector ve un diálogo con el autor. Nos plantea preguntas que nos esforzamos en responder, cerramos las páginas del libro dejando dentro un dedo a modo de marcador mientras reflexionamos, para llegar a la conclusión que el autor esperaba. Y lo hace de una forma tan magistral que no nos damos cuenta de que estamos ante su visión de la vida y la muerte y que es capaz de convencernos de que la idea es nuestra.

     Nos muestra una vida como la de cualquiera, la mía sin ir más lejos, y la vemos presa de convencionalismos hasta que se acerca el momento de la muerte. Ahí es cuando se libera para enfrentarse a ella, temida por todos, y repasa desde otro prisma lo que ha hecho en el tiempo transcurrido invitándonos a hacer lo mismo.
     Pero no toméis historia como un tratado de filosofía porque no es así, todo ello viene cargado de simbolismos en una trama simple y bien tejida que vamos aceptando como si fuera la de un vecino o un amigo que nos cuenta de alguien. Esa es la magia de algunos autores, no sólo introducirnos en la historia sino hacernos partícipes de sus letras.

     Un imprescindible... conocer a Iván Ilich, y recordar que morir siempre es inolvidable.

     Gracias