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lunes, 14 de febrero de 2022

Ay, William. Elizabeth Strout

 


     "Me gustaría decir unas cuantas cosas sobre mi primer marido, William.

     William ha vivido últimamente experiencias muy tristes -como muchos de nosotros-, y me gustaría contarlas; es casi una obsesión. William tiene setenta y un años".

     Strout es una de esas escritoras que descubrí no hace demasiado tiempo y cuyo tono y maneras cercanas me resultan agradables, empujándome a regresar a sus letras. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ay, William.

     La nueva novela de Strout trata, como no podía ser de otro modo, de la vida de Lucy Barton. Esa mujer a la que ya conocemos, cuyo entorno nos resulta más que familiar, y que se convirtió hace ya años en escritora pero sigue sintiéndose invisible y relatando su vida una y otra vez.

     En esta ocasión Lucy siente la necesidad de hablar de su primer marido, William, que ha sido abandonado por su tercera esposa de una forma muy similar a como ella lo hizo en su día. La cosa es que William es abandonado a la vez casi que descubre que puede tener una hermanastra. Y le pide a Lucy que lo acompañe por un periplo rural que le sirve a la protagonista para recordar los orígenes de su primer marido tanto como los suyos propios. Nada nuevo en realidad. Esta novela, como las narradas por Lucy, tiene un estilo ingenuo en el que la autor aparece escribir una suerte de diario sin fecha de forma desordenada. Un poco como lo que pediría un psicólogo o lo que haría alguien con problemas de memoria. Su tono cercano pide que el lector se involucre, que preste a tención a los detalles de las pequeñas acotaciones en las que dice que no está preparada o que no quiere hablar de algo directamente. Porque es en esos detalles donde se esconde el verdadero núcleo de la novela, la relación entre dos adultos que no ha desaparecido pese a su matrimonio fracasado y la soledad que se va instalando en sus vidas cada vez más longevas. La autora desviste de adornos su prosa para dar una imagen más nítida de los personajes, dejando un claro retrato emocional de cada momento para que Lucy termine de configurarse como una persona insegura que duda de todo y que se ve sorprendida cuando recurren a ella para buscar una solución.

     El resultado es un ambiente de intimidad entre Lucy y el lector, siendo este punto la parte más importante de la novela. El lector es invitado a pensar sobre Lucy que es una ingenua y a rellenar los huecos de la historia en los que la protagonista parece no darse cuenta de lo que sucede realmente. Invita a que reflexionemos sobre las relaciones, los distintos tipos de fracaso, lo que permanece y también sobre las clases sociales. Este último tema lo enfoca desde un punto de vista interesante, va de la condescendencia del pudiente al temor a no encajar o, simplemente, no saber cómo actuar del recién llegado. Y es que, finalmente, llegamos a la conclusión de que la novela trata de la necesidad de reafirmarse, de saberse bien y ocupar el lugar que uno quiere con una cierta dósis de seguridad.  Porque, como explica el propio William, todo el mundo debe de tomar al menos una decisión en su vida. Aunque esa decisión sea dejarse llevar. Porque dejarse llevar también es una decisión.

     Ay, William es una novela entretenida con un personaje entrañable que tiene un poco de aquella rose de Las chicas de oro por muy escritora célebre que nos diga que es.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 8 de enero de 2020

Amy e Isabelle. Elizabeth Strout


     "El verano en que el señor Robertson se fue del pueblo hacía un calor terrible, y durante largo tiempo el río pareció muerto. Sólo una culebra muerta y marrón que se extendía por el centro del pueblo, amontonando sucia espuma amarilla en las orillas. Los extraños que pasaban por la autopista cerraban las ventanillas ante aquel nauseabundo olor a azufre, asombrados de que alguien pudiera vivir con semejante hedor saliendo del río y del antiguo molino. Pero la gente que vivía en Shirley Falls estaba acostumbrada, y aun en medio del calor sólo lo notaba al despertar; no, no les molestaba particularmente el olor".

     Tras Me llamo Lucia Barton me quedó la curiosidad por leer algo más de Strout y me lancé a buscar otros títulos suyos. Algunos, como el que hoy traigo a mi estantería virtual, los he leído gracias a la reedición. Hoy traigo, Amy e Isabelle.

     Conocemos a Isabelle, una mujer con una vida no demasiado hermosa y un pasado que tampoco es para tirar cohetes. Ahora tiene una hija, Amy, y teme que se convierta en lo mismo que ella es. Amy por su parte tiene una relación con un profesor que le hace feliz, de él sabemos realmente poco: la lleva, la trae, la ilusiona, se acerca demasiado a ella... y es entonces cuando, al ser descubiertos por una tercera persona, la madre de Amy toma cartas en el asunto para evitar ese miedo propio.

     Amy e Isabelle es la historia triste y melancólica de una madre y una hija que no terminan de entenderse. La madre, como todas las madres, quiere que su hija sea mejor que ella, más feliz. Eso hace que su mayor temor sea una sombra, no quiere que su hija se convierta en la mujer que ella es. Por eso, cuando descubre lo que Amy tiene con su profesor, toma una traumática medida para la joven provocando una fractura entre ambas. Ella ve al hombre que abusa de su hija, que se aprovecha, y su hija estaba viviendo otra historia muy distinta, tal vez en sus ilusiones como aprenderá a medida que madure. Porque al final esta es una novela de aprendizaje, de aprender a ser madres, a no traspasar nuestros miedos ni nuestros errores, de aprender a ser hijas y a escuchar, de saber mirar y saber vivir. Supongo que a estas alturas alguno os estaréis preguntando qué pasó con el hombre de esta historia, pero... ¿importa realmente?¿no suponemos ya cómo es? A fin de cuentas, la novela no trata de eso.

     Estamos ante la primera novela de Strout y, sin embargo, nadie lo diría. El tono, el pulso, los grises que recubren la historia dando un toque triste a una relación que se sujeta "por los pelos" son capaces de ir calando en el lector hasta convertir esta novela en una gran lectura. Y creedme, estamos escasos de buenas lecturas.

     Amy e Isabelle es una gran opción tanto si conocéis a Strout como si nunca os habéis acercado a sus letras. No dejéis de hacerlo. Y tampoco dejéis de pensar en lo leído. Quién sabe si uno puede aprender algo sobre la vida... yo creo que sí.

     Y vosotros, ¿con qué libro volvéis de las fiestas?

     Gracias.

martes, 18 de octubre de 2016

Me llamo Lucy Barton. Elizabeth Strout


     "Esta es mi historia. Ésta. Me llamo Lucy Barton."

     Y finalmente sucumbí. Me pudo la curiosidad ante las buenas opiniones y decidí leer  este libro, posiblemente empujada también por lo mucho que me gustó el anterior título de la autora. Hoy traigo a mi estantería virtual, Me llamo Lucy Barton.

     Conocemos a Lucy Barton con una vez en primera persona que habla desde el futuro. Tras una operación menor está ingresada en un hospital mientras buscan un diagnóstico para lo que le sucede. Está sola y pasa muchas horas sola, hasta que llega su madre. Y cinco días y cinco noches juntas se llenaran de palabras y de silencios que intentan cubrir los años de separación mientras somos testigos de lo que sucede en esa habitación.

     Dicho así puede parecer un argumento sencillo, simplista, quizás haya que explicar un poco más. Como que el lector duda sobre si la enfermedad es real o psicosomática (no por ello menos real, si acaso menos perceptible), si echa de menos tanto a sus hijas pero Lucy es una mujer que se siente sola y culpable: culpable de abandono de una vida que parecía marcada, sola como para buscar una compañía inesperada en el hospital...  Y que es una novela de tiempos: tiempo en el que somos hijos y tiempo en el que dejamos de serlo, y también de silencios. Somos testigos entre cuatro pareces del transcurrir de los días cuyo reloj son las luces del edificio que se ve desde la ventana. Testigos de cómo una hija se reencuentra con una madre que parece incapaz de expresarse en el presente salvo cuando sus palabras se quedan en apenas una sombra, y de cómo una madre habla de un pasado duro y rígido en una zona rural que parece opuesto a la vida en la ciudad, lejano, casi irreal... pero no lo es. Cuando uno profundiza en todos estos temas a lo largo de una novela en la que la autora no ha desperdiciado páginas en sentimentalismos vacíos, y quizás por eso tiene la medida justa.... descubre que la historia sigue siendo la misma.
     A veces, como ha sido el caso, un lector se acerca a una novela buscando los sentimientos ajenos en ella y no los encuentra. Me ha parecido banal, e impersonal en el tono y no ha logrado conmoverme esta historia; quizás por sabida, quizás por ver venir desde lejos lo que la autora pretendía. Pero me he sentido fuera de lugar. No durante la lectura, pero si en los tiempos de reposo. Esos que uno emplea entre páginas y recapacita sobre lo leído. Esos en los que el libro se asienta y sentimos las palabras y que, en esta ocasión sólo me decían: "¿y esto es todo?". Porque el libro está bien escrito, podemos hablar de la prosa y de las frases, de los adjetivos dichos y los sentimientos no manifestados, pero en realidad poco más a destacar he encontrado. La historia que debió conmoverme se convirtió en la ventana hacia la vida de una mujer insatisfecha, tal vez por esa sensación de deber no cumplido o haber crecido demasiado deprisa. O quizás fue eso y todo que no logramos empatizar, ni sentí interés por lo que le sucedía. Me hubiera gustado más conocer a la madre, y que fuera ella quien me hablase con el corazón en la mano. Pero no me hagáis caso porque posiblemente sea yo, siempre me han interesado más quienes no llaman tanto la atención porque siempre he creído que ahí, justo ahí, se encuentran los tesoros.

     Mi nombre es Lucy Barton es una novela sencilla y bien escrita que se convierte en una lectura solvente pero que, en mi caso, se ha quedado cortísima, casi vacía. Es lo que tiene muchas veces abrir un libro mirando opiniones ajenas.

     Y vosotros, ¿no teméis ese momento en que las expectativas se convierten en la losa de un libro?

     Gracias.

     "La vida no deja de asombrarme."