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viernes, 11 de febrero de 2022

Nunca. Ken Follett


     "Durante muchos años, James Madison ostentó el título de pre­sidente más bajo de Estados Unidos, con su metro sesenta y tres de estatura. Hasta que la presidenta Green batió ese ré­cord: Pauline Green medía apenas metro y medio. Y como le gus­taba señalar, Madison había derrotado a DeWitt Clinton, que medía más de metro noventa".

     Tenía curiosidad por volver al autor de los orígenes, por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Nunca.

     En Nunca viajamos hasta el desierto para conocer a Abdul John H, que sigue la pista de un cargamento de cocacína cuyo valor servirá como peligrosa financiación.  Esta historia involucra a una mujer relacionada con el continente africano. Y, hablando de África, allí muere un soldado norteamericano al que disparan con un rifle Coreano que provocará movimientos entre USA y China. Y ya que estamos en USA, allí su presidenta endurecerá, como consecuencia a lo sucedido, las sanciones económicas a Corea. A partir de este momento las relaciones diplomáticas serán cada vez más tensas y la amenaza de agotar la vía pacífica se cierne sobre una situación que, se complica aún más tras una rebelión que implica armas nucleares.

     Los lectores somos seres de memoria frágil que tendemos a pensar en una obra por autor. Por eso identificamos a Follett con Los pilares de la tierra sin recordar que en sus comienzos era de la cuerda y tiempo de Frederick Forsyth y sus pilares fueron un cambio de ruta. Así que se podría decir que ahora, Follett, ha vuelto a sus orígenes.

     Tal y como he explicado el argumento la novela puede ser sencilla, pero nada más lejos de la realidad. Follett realiza un esfuerzo titánico para darnos varios hilos que hubieran podido por sí mismos tener su propia novela, y los mezcla dando pruebas de una gran documentación y, a grandes ratos, un dominio de los tiempos para mantener al lector entretenido. Si uno llega a este título esperando una novela al uso, probablemente se sienta decepcionado. Y es que Follett, quizás acostumbrado a recrear escenarios completos debido a su vasta experiencia histórica, nos regala una historia partiendo de un escenario que se va complicando hasta dar lugar a una amenaza global en un mundo no tan diferente del que habitamos. Todas las grandes guerras han sido precedidas de conflictos y situaciones que se van complicando a las que hay que añadir esa necesidad de mostrar el poder para ver "quién qué" y ese es precisamente el gran punto fuerte de Nunca; la capacidad recreativa del autor y su poder para convencer al lector de la verosimilitud de la situación que presenta. En sus ochocientas páginas el autor nos deja escenas de contrabando, de luchas de poder, hay drama, hay sentimentalismo y hay una lista de personajes como Tamara, Abdul, Kiah o los Chang que parecen dibujados con vocación televisiva. Eso significa que, al menos a mi, en algunos momentos me ha resultado un tanto caótico tanto nombre y juego y vía, pero eran apenas unas páginas antes de reordenarme.

     Como sucede en este tipo de novelas tan voluminosas y con varias historias, cada lector tendrá su favorita y, por supuesto, las menos favoritas también. En mi caso hubiera preferido más Corea y menos USA familiar, pero, como os digo, esto ya forma parte de las opiniones personajes de cada lector. A mi me interesaba más la trama política y la relevancia de las decisiones que se tomaban que la vida casera de Green y Guerry, pero eso no significa que a otros les resulte curiosa e interesante esa parte. Además, el autor parece empeñado en mostrar la parte personal en esta ocasión, incluso antes de que los peones políticos comiencen a moverse. Y es que los lectores asiduos a su obra, ya sabemos lo que le gusta meter un poco de drama y romance.

     En un momento dado, y antes de comenzar la escalada DEFCON, un personaje dice que todo gran conflicto comienza con un pequeño problema no solucionado y esta es, sin lugar a dudas, la frase que resume a la perfección la última novela de Follett.

     Nunca no es una novela perfecta, según mi modo de verlo en algunos momentos su lectura se ralentiza y tiene un exceso de drama, pero destaca por el realismo con el que el autor enfoca y desarrolla los acontecimientos que llevan al mundo a la amenaza última. Esto hace que, incluso con un final que no me ha convencido, sea una novela entretenida en su conjunto y que invita a la reflexión del lector. Algo nada despreciable hoy en día.

     Y vosotros, ¿sois de recordar títulos o autores?

     Gracias.

miércoles, 8 de octubre de 2014

El umbral de la eternidad. Ken Follett



     "La policía secreta convocó a Rebecca Hoffman un lunes lluvioso de 1961.
     La mañana había empezado como otra cualquiera. Su marido la acompañó al trabajo en su Trabant 500 color canela. Las antaño elegantes calles del centro de Berlín aún conservaban solares arrasados por los bombardeos de la guerra, salvo allí donde se habían construído nuevos edificios de hormigón que se alzaban erguidos como dientes falsos y mal emparejados. Hans iba pensando en su trabajo mientras conducía."

     Leer a Ken Follett nos pone en forma. Ya sea por pasear el peso de sus libros o por entrenar nuestra mente para simultanear varias lecturas y así no tener que pasearlos, no cabe duda de que este hombre no tiene miedo a que el volumen de una obra desmotive a los lectores. Hace ya cuatro años que comenzó la trilogía The Century y tenía ganas de leer este broche final. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El umbral de la eternidad.

     The Century, reza el nombre de esta trilogía que comenzaba con un millar de páginas allá en 2010. Una trilogía que arrancaba en 1911 con la coronación de Jorge V  y que finaliza con la toma de posesión de Obama. Este es el siglo que nos cuenta Ken Follet en su ambicioso proyecto y para el que decidió utilizar a cinco familias y las relaciones que mantenían a lo largo de sus vidas durante varias generaciones. Volvemos con los Fitzherbert, los Peshkow, los Williams...; cinco familias, cinco nacionalidades. Familias que se han ido ampliando, que nos han presentado a hijos y nietos y que han crecido y se han unido a otras.

     Esta vez comenzamos la historia hablando del muro de Berlín. La última parte del siglo, tal vez por ser la más reciente, la que todos conocemos, se nos hace mucho más ligera que su predecesor. No acierto a imaginar la ingente cantidad de documentación que tuvo que recopilar su autor, pero sí que pone cuidado en no ralentizar la historia demostrando la veracidad o no de lo que allí nos cuenta. ¿Y qué nos cuenta en este último volumen?
     Además del ya mentado muro y su aparición, hablará de derechos civiles, de sufragios, Kennedy, comunismo, asesinatos, amantes, Cuba, rock and roll, KKK, el Watergate, el pop británico... todo tiene cabida para un Follett que tiene cogido el punto a la forma de narrar historias. Da la sensación de que ha descubierto la fórmula para que el lector no se sienta abrumado por el número de páginas y avance con facilidad en la lectura de sus libros. Y explota esa fórmula a la perfección en este libro que es, si no me confundo, el que más páginas tiene (pero no os asustéis, la diferencia no es mucha).

     Me he encontrado con una historia en la que Follet no teme dar o quitar páginas a los hechos y años según su propio criterio. Eso me gusta. Poder resumir algo archiconocido para luego explayarse en parte de la historia. Porque sigue siendo la historia de unas familias, nos reencontramos con algunos personajes y conocemos otros a los que seguimos los pasos. Personajes que siempre coloca cerca del foco de atención en ese momento, como si no quisiera que resaltasen más que el gran protagonista, que no es otro que nuestro siglo pasado. Y sin embargo algunos sobresalen irremediablemente. Este es el caso de George (sin pistas, sin apellidos), un personaje con historia propia que me ha encantado y que será protagonista de alguna escena inolvidable. Personajes que son presa del momento en que viven o de sus circunstancias personales; que se casan sin saber con quién lo hacen, embarazos en lugares inoportunos, infidelidades.. todo tiene cabida en este libro. Y escenarios, claro, Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña, Alemania... lugares ya conocidos y revisitados.
   
     Una ficción histórica en la que el autor busca el dinamismo y nos rodea de hechos y nombres ya conocidos por todos mientras recorremos la última parte del siglo. Historias personales, dramas, secretos y  alguna que otra escena sexual como ya nos tiene acostumbrados, completan una novela que, una vez comenzado, nos hace olvidar su número de páginas para sumergirnos en una historia en la que el autor no ha podido dejar de poner su toque de "novelón" (no ya por su calidad, sino por sus momentos tendentes al melodrama). Páginas llenas de buenos y malos, de amores, cobardes, héroes y débiles que se recorren sin esfuerzo alguno y que, y esto es importante, se puede leer de forma independiente a sus predecesores. Pero si de verdad quiere sumergirse en The Century tal y como el autor nos propone, hay que coger La caida de los gigantes y El invierno del mundo.

     Ken Follett ya demostró con Los Pilares de la tierra que es capaz de hacer que millones de personas olviden los prejuicios de peso que suponen determinados libros. Pero, y vosotros ¿el tamaño importa a la hora de elegir lectura?

     Gracias


martes, 24 de enero de 2012

La caída de los gigantes. Ken Follett




     "- Billy, ¿tienen otros países imperios, como nosotros?
     - Sí. Los franceses poseen la mayor parte del norte de África, y también están las Indias Orientales holandesas, el sudeste de África, que es alemán…
     - Vaya –dijo George, desilusionado-. Lo había oído, pero no creía que fuera verdad.
     - ¿Por qué no?
     - Bueno, ¿qué derecho tienen a gobernar otros pueblos?
     - ¿Qué derecho tenemos nosotros a gobernar Nigeria, Jamaica y la India?
     - Pero nosotros somos británicos."


     Me costó bastante decidirme a comenzar este libro, tenía tanto a favor como en contra. Siempre pesarán Los pilares de la tierra a la hora de decidir si leer algo de Follett, pero tras leer su segunda parte, Un mundo sin fín, no pude evitar pensar que esta vez era el comienzo de una trilogía.... un comienzo de mil páginas que provocó que lo dejase pasar de largo.
     Sin embargo, Fernando, el simpático librero por cuyo escaparate paso a diario, decidió que el libro estaba muy bien en el escaparate, tentándome, así que pasadas un par de semanas caí en la tentación y dí un pequeño rodeo un par de días para ir a trabajar. Una vez comencé el libro, tengo que reconocer que volví a pasar por esa calle sonriendo. Hoy traigo una historia que comienza en un millar de páginas, La caída de los gigantes.


     En esta historia Follett nos presenta a cinco familias diferentes a lo largo del mundo. Pasamos por America, Rusia, Alemania, Inglaterra y, como no Gales moviéndonos en ese complejo período que va desde la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa hasta la lucha por los derechos de la mujer.

     La historia comienza de hecho en 1.911, en Westminster, el día de la coronación de Jorge V. Ahí nos presenta a los Williams, una familia minera de Gales enemistados y unidos de formas simultáneas e intrincadas a los Fitzherbert, propietarios de las minas. Esta familia nos llevará a Londres siguiendo un amor... y así sucesivamente en una intrincada madeja en la que a la vuelta de cada hoja hay algo esperando.

     Lo impresionante de esta novela no es sólo lo voluminosa que resulta, sino la capacidad que demuestra Follett para conseguir que nos paseemos por todos los países de la Primera Guerra Mundial utilizando personajes reales como meros figurantes. Nos muestra la crudeza de la guerra dentro y fuera del campo, el hambre y los conflictos que genera. Y no sólo ahí sino que nos traslada a la dura vida de Alemania al final de la guerra y nos hace un repaso por las batallas más importantes, dibujando un retrato de cada uno de los países que visita.

     Pero no van a ser todo buenas palabras, le veo a este libro falta de carácter en sus personajes, ya se lo ví a Un mundo sin fin y aquí me vuelve a pasar igual. Me gustaba mucho Bea y se me quedó en nada, cosa que me apenó bastante. Entre amores, espías y traiciones, vamos perfilando nombres de personajes en base a los conocimientos históricos de cada uno, pues el autor en ningún momento pretende hacer un tratado, y van pasando las páginas. Vemos traiciones y zancadillas mientras se derrumban emperadores, los Estados Unidos se fortalecen, llegan las clases populares y nos van enseñando una historia que ya sabemos y que no desluce sino que acompaña perfectamente a nuestras familias.

     Y, al final del libro, sin dejar de ser un final propio del autor, descubrimos el segundo volumen. Nos quedamos en Alemania, donde un tal Hitler... Bueno, mejor no me adelanto, nunca me ha parecido bien eso de contar finales, o principios..

     ¿Qué opináis de Follett?

     Gracias

lunes, 17 de octubre de 2011

Los pilares de la tierra. Ken Follett




     "Fue entonces cuando el prisionero empezó a cantar.
Tenía una voz alta de tenor, muy pura. Las palabras eran en francés, pero incluso quienes no comprendían la lengua podían darse cuenta por la dolorida melodía de que era una canción de tristeza y desamparo.
Un ruiseñor preso en la red de un cazador
cantó con más dulzura que nunca
como si la fugaz melodía
pudiera volar y apartar la red.
     Mientras cantaba, miraba fijamente a alguien entre el gentío. Lentamente se fue abriendo un hueco alrededor de la persona a quien contemplaba y todo el mundo pudo verla.."


     Otra vez que me lanzo a la piscina con una obra que, a todas luces me supera para reseñarla. Pero no en vano lleva años en las listas de los más vendidos gracias al "boca a boca", ¿por qué no hacer lo mismo blog a blog? Así que tomo aire y empiezo a contar hasta diez, o mejor no, mejor empiezo a hablar de Los pilares de la tierra sin darme tiempo a pensarlo.

     Es muy difícil resumir el argumento de una obra como está, que tiene más de 1.400 páginas y personajes que se pasean por ellas campando a sus anchas. Diré que la obra comienza con un ahorcamiento público de un inocente, presenciado por una mujer embarazada que presa de la indignación grita una maldición que da arranque a la novela. El argumento de la novela girará en torno a la vida de dos personajes; Tom, un maestro constructor cuyo sueño es construir una catedral y a quien acompañaremos en el camino a coseguirlo, y Philip, un monje con buen corazón que va ganando su hueco en la historia. A partir de ellos y sus vidas que se entrelazan o distancian vamos a ir asistiendo a la construcción de una catedral que será el pilar del libro.

     Ken Follett nos acerca a Inglaterra en el siglo XII construyendo este entretenido thriller que, bien o mal documentado, reparte entre diálogos y descripciones, datos que nos hacen acercarnos a la época y costumbres que refleja en él. Entramos en un mundo de reyes, justas, villanos y damas, feudos y monjes, que se pasean por pueblos y castillos, recorriendo valles más o menos sombríos y que nos hacen partícipes de sus odios, amores, envidias y sueños.
     Destacaría su primer capítulo, capaz de arrastrarme a la lectura de un libro tan magno, como la obra a la que pretende hacer frente su protagonista Tom. En ese primer acercamiento consigue establecer una conexión con el lector que, de no perderla en el primer tercio, lo convertirá en fan hasta el fin de sus días. Cierto es que también tiene detractores, quizás menos sonados o más silenciosos, que sólo alzan la voz para decir que no es la obra maestra que muchos van proclamando.

     A mi me pareció una lectura entretenida. Cuando me enfrenté a ella, y la palabra adecuada es enfrenté, no olvidemos el tamaño del libro, uno de mis temores era encontrarme frente a una historia medieval convencional, que se basase en las acciones habituales de luchas por el poder y doncellas y justas. Es cierto que las hay, pero no lo usa Follett como argumento, sino que es accesorio, forma parte de la trama que va tejiendo a través de los personajes que aparecen en cada vuelta de página y que, estando desconectados, van poco a poco cruzándose unos con otros alrededor de la catedral.
     Está escrito con sencillez, que permite seguir la historia sin perderse y, al mismo tiempo, sin ser una obra que se pierda en los detalles proporciona vívidas imágenes de lo que nos va contando. Unas veces fruto de la imaginación y otras con imágenes prestadas de cualquier película. Poco importa en realidad, cuando se trata de mostrarnos una historia lo bueno es que consigamos verla. Y en este caso, hablamos de una historia de sentimientos violentos, pocas veces hay paz; aunque la falta de paz no olvidemos que no ha de significar necesariamente guerra, la misma pasión agita los espíritus con la misma violencia que la batalla.

     Me despido esperando vuestras opiniones, y me aventuro a decir que a pocos deja indiferente. O mejor no, bastante me he aventurado al traer este libro aquí.

     Gracias