lunes, 19 de noviembre de 2018

La caja de botones de Gwendy. Stephen King y Richard Chizmar


     "Existen tres vías para llegar a Castle View desde la pequeña ciudad de Castle Rock: por la carretera 117, por Pleasant Road y por las Escaleras de los Suicidios. Cada día de este verano —sí, incluso los domingos—, Gwendy Peterson, de doce años de edad, ha tomado el camino de las escaleras, que ascienden en zigzag la ladera rocosa, a la que están sujetas por fuertes (si bien oxidados por el tiempo) pernos de hierro. La niña sube andando los cien primeros escalones, al trote los cien siguientes y corriendo los últimos ciento cinco, empecinada y a tumba abierta —como diría su padre—. En lo alto se dobla por la cintura, resoplando como un viejo caballo de tiro, con la cara roja, las manos apoyadas en las rodillas y mechones de pelo sudorosos cayéndole sobre las mejillas (da igual lo mucho que se apriete la coleta, siempre se le suelta durante ese último esprint). Sin embargo, se aprecia cierta mejoría. Cuando se endereza y mira hacia abajo a lo largo de su cuerpo, alcanza a verse las puntas de las playeras, algo impensable en junio, el último día de colegio, que también coincidió con su último día en la Escuela Primaria de Castle Rock".

     Ya hemos hablado de King en este blog. Muchas veces. Así que no es de extrañar que hoy traiga a mi estantería virtual, La caja de botones de Gwendy.

     Conocemos a Wendy cuando está a punto de cambiar de cambiar al instituto de secundaria de Castle Rock. Es un cambio importante y una de las cosas que Gwendy quiere dejar atrás es su sobrepeso junto a ese estúpido mote que le puso un niño. Por eso cada día sube las escaleras de Castle Rock. Pero un día se encuentra a un hombre que parece saber mucho sobre ella. Y no solo eso, además dice que tiene algo que le pertenece: una caja. Una caja que puede cambiar la vida de Gwendy con sus palanquitas y botones, pero que también supone una responsabilidad. Y la preocupación constante por si alguien la encuentra.

     Esta vez King escribe a cuatro manos con el escritor y guinista Richard Chizmar. Juntos desarrollan esta historia corta en la que reconocemos perfectamente al maestro en la idea pero quizás no tanto en el desarrollo. Lejos de esos personajes de mediana edad que se ven sobrepasados por las circunstancias, en esta ocasión la protagonista es una niña en pleno paso a la adolescencia y la acompañamos durante unos cuantos años. Con un regusto a La tienda volvemos a Castle Rock, ese lugar conocido por todos los admiradores de King, al que por un lado iríamos encantados y por otro no no acercaríamos ni estando ebrios. La novelita juega con las inseguridades de una joven para proponerle colmar su mayor deseo mientras le deja la advertencia de la responsabilidad que eso puede su poner. Es decir, conocida la avaricia del ser humano, si le propone perder peso sin esfuerzo, ¿le tentará apretar uno de los botones de la caja para ve qué deseo le satisface o qué provoca? Porque, tal y como le dice el hombre a esta joven: ella es la custodia y también "tu ya sabes lo que pasará si pulsas uno de esos botones". Y ya tenemos el juego mental en marcha. Cualquier cosa en la vida de la joven, vaya bien o mal, será culpa de la caja. Y es que la mente humana es capaz de convencerse de casi cualquier cosa y Gwendy será testigo y víctima de ello. Seremos pues partícipes de su angustia y también de sus avances en la custodia de tan extraordinario artefacto que llegará a ser el centro de su vida y con el que mantendrá una lucha constante para evitar vivir bajo la obsesión de perderlo.

     King y Chizmar escriben por tanto una historia con un cierto regusto a aquellas que escribiera el maestro del terror hace años, pero lo hacen de una forma totalmente light, como si, de repente, el terror fuera algo de adultos y ahora estuviéramos ante una versión tolerada para todos los públicos. Es por eso que el lector no puede evitar tener la sensación de estar ante una oportunidad desaprovechada para volver a la senda de hace años que King parece haber abandonado definitivamente.

     La caja de botones de Gwendy es una novelita entretenida. Sin nada más que añadir al respecto.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. Motivos técnicos me obligan a no sacar reseña hasta el lunes, no quiero pillarme los dedos con los plazos que me han dado (en teoría, mañana).

viernes, 16 de noviembre de 2018

Permafrost. Eva Baltasar


     "Se está bien aquí- Por fin. Las alturas tienen eso: cien metros de vidrio vertical. El aire es aire en un estado superior de pureza, y por eso, además, parece más duro, por momentos casi compacto. Se cierne cierto olor a ferretería. La capa de ruido pesa como hollín y se mantiene latente, allí abajo, como un ojo de petróleo finísimo, crujiente, una suerte de regalo negro y brillante".

     Hay libros que llaman la atención desde el primer momento y uno sabe que no tardará en leerlo. Eso me sucedió con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Permafrost.

     Conocemos a una mujer sin nombre que nos relata su vida en primera persona. No nos contará los hechos que han ido sucediéndose en su vida, pero si su evolución personal, sus dudas, pulsiones y descubrimientos en un monólogo con saltos temporales que permitirá al lector conocerla.

     Permafrost, publicado bajo el título Permagel en catalán, con el que obtuvo el Premi Llibreter 2018, hace referencia en ambos idiomas a la capa de tierra que, sin necesitar estar cubierta de hielo, permanece congelada. Algo así supongo es la intención de la protagonista, quien opta por protegerse del mundo a la vez que lo explora.

     Narrado en primera persona, no necesita la autora ni quiere tampoco poner un nombre a su protagonista para conseguir de este modo que cualquier lector encuentre un resquicio propio entre sus pliegues. Y así es como descubrimos a la protagonista, una mujer asfixiada por el mundo, con miedo a defraudar a su madre, esa eterna mujer que todo "lo sabía" una vez sucedido, todo lo controla mientras está sucediendo y "todo lo sufrió" en el pasado. Y es que nuestra protagonista quería estudiar arte, algo que le supuso casi tanto placer como cargo de conciencia asumido por las reacciones familiares. A fin de cuentas, su familia es tan diferente a ella que no sabemos si la rechaza o simplemente se aleja en un intento de no quitarse esa coraza que le vamos viendo relumbrar página tras página. Ella, que no encaja con su hermana, su opuesta, recuerda cuando un día quiso tener otro hermano, tal vez para no sentirse tan sola. Ella que no permite que nadie se le acerque, que piensa en la muerte como fin último de la vida, como halcón que acecha o tal vez como puerta de salida cuando las cosas se pongan peligrosas para alguien que parece empeñado en no sentir. Así es ella. Y la vemos descubrir el sexo, su homosexualidad que no pasa en este caso por ninguno de los traumas que vienen siendo comunes en la literatura, si que se convierte en una búsqueda constante del sentimiento de estar vida, y también en una huida cuando la otra parte se acerca demasiado a ella, quizás por temor a que esa coraza suya llamada permafrost se ablande. Ya en la primera parte del libro Eva Baltasar desnuda a su protagonista cuando se compara con un hermoso pez que decora las mesas de un restaurante en una pequeña pecera decorativa que a veces acaba siendo utilizada a modo de cenicero. Pocas veces he visto una imagen tan certera y un desnudo tan integral de todo aquello que se va a desarrollar en las páginas siguientes. Y también, por qué no decirlo, de los miedos comunes, acercarse a la posibilidad de que alguien nos dañe de verdad. Quizás por eso la protagonista parece no temer a la muerte, incluso la busca en una suerte de tendencias suicidas que a mi no me ha quedado claro si no son en realidad un mantra que le otorga la falsa seguridad de una salida rápida  fácil si las cosas se ponen "peligrosas".

     Permafrost es una de esas historias de vida que crecen y se interpretan a gusto del lector, que se sentirá más o menos unido a la protagonista en función de las partes compartidas. Escrita de una forma sencilla pero extremadamente cuidada, es fácil caer en la tentación de comprender a su protagonista y defenderla, una mujer que es más dura de lo que puede parecer, pero no por tratar de blindarse al mundo, sino por mostrar en estas páginas sus miedos y debilidades.
Una primera novela muy prometedora que obliga a tomar buena nota del nombre de su autora.

     Leía esta semana sobre la diferencia para el lector entre libros escritos en primera o tercera persona. Decidme, ¿qué preferís vosotros?

     Gracias.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Katerina. Aharon Appelfeld


     "Me llamo Katerina y dentro de poco voy a cumplir ochenta años. pasada la pascua, regresé a la aldea donde nací y a la granja de mis padres, pequeña y ruinosa, donde no quedaba ningún edificio en pie salvo esta casucha en la que estoy vi-viendo. Tiene una única ventana, bien abierta, que me permite recibir el hálito del mundo. Mis ojos, en verdad, se han debilitado, pero el deseo de ver sigue palpitando en ellos. Al mediodía, cuando la luz es más fuerte, se extiende ante mí un campo abierto que llega hasta orillas del prut, cuyas aguas son azules en esta temporada vibrante de esplendor".

     Que tu librero te pregunte con cara de asombro cómo es que no conoces a Katerina, es motivo más que suficiente para llevártela a casa. Hoy traigo a mi estantería virtual, Katerina.

     Conocemos a Katerina cuando, a sus ochenta años, decide regresar a su maltratada aldea natal. Será este el momento elegido para mirar atrás y contarnos su vida.

     Katerina nace en un pueblo llamado Rus, es una campesina rutena que crece en un ambiente de antisemitismo y con unos padres bebedores. Sabe que ella va a ser bebedora también con la misma certeza con la que nosotros sabemos que su vida no será fácil, Adolescente fugada, pasa los días d estación en estación cuando no es de bar en bar. finalmente, Katerina, cristiana, entra a trabajar de criada en una casa de judíos. Ella parece la otra cara de la moneda en una sociedad en la que el racismo y los prejuicios imperan contra el pueblo judío. Katerina se justifica diciendo que han sido buenos con ella, pero no parece vivir en una sociedad dispuesta a aceptar algo así. Y continuamos a su lado en esta solitaria vida hasta que conoce a un hombre con el que tiene un hijo. A partir de este momento la novela, que era de ritmo pausado y desbordaba sensaciones, coge ritmo. No tardamos en seguir el periplo de Katrina hasta la cárcel lugar en el que sucede el temible Holocausto que el autor nos muestra bajo la mirada de esta mujer. No necesita nombrar la guerra para que nos situemos y nos horroricemos ante algunas de las reacciones en prisión a lo que está sucediendo. Katrina sale de la cárcel, continúa su vida con nosotros como compañía hasta que llegamos a ese momento en el que comenzaba su historia, aunque para ese momento Katrina ya no está sola porque nos ha ganado como fieles compañeros. Y es que la soledad sigue siendo algo constante en ese mundo suyo en el que los buenos parecen condenados.

     Appelfeld conocía las aldeas como las de Katerina y también el sufrimiento del pueblo judío. Sin embargo opta por contarlo con una ligera distancia sin hacer una pornografía del dolor habitual en este tipo de libros. Su prosa sencilla, la mirada limpia de una protagonista convencida por sus propias vivencias y la sensación de calma que emana incluso cuando nos cuesta seguir el ritmo casi vertiginoso que impone a la novela, hacen que nos horroricemos no por lo escrito sino al pausar la lectura y pensar en lo leído. Es un reflejo brutal envuelto en terciopelo de una sociedad machista y llena de prejuicios que existía no hace tantos años y el autor ha decidido relatarlo con una perspectiva diferente, tremenda, magnífica.

     Me ha gustado Katerina, me ha encantado. Es la historia terrible pero necesaria de una mujer fuerte en un entorno hostil con una vida que también parece haberse declarado hostil con ella. Leedlo. Merece la pena.

     A veces uno termina un libro y su protagonista permanece durante días al lado y tenemos la sensación de pasar por un pequeño duelo ante la despedida de la última página. Decidme, ¿recordáis algún personaje con el que os haya sucedido esto?

     Gracias.

lunes, 12 de noviembre de 2018

La ira. Zygmunt Mitoszewski


     "Imaginaos a un niño que tuviera que esconderse de aquellos a quienes ama. Hace lo mismo que otros niños. Construye torres con piezas, entrechoca sus cochecitos, finge conversaciones entre los peluches y dibuja casas con soles sonrientes sobre ellas. Un niño es un niño. Pero el miedo hace que todo parezca diferente. Las torres nunca se derrumban. Los siniestros de tráfico son incidentes más que accidentes. Los peluches susurran entre sí. Y el agua del recipiente de las pinturas rápidamente se transforma en un barro color gris sucio. El niño tiene miedo de ir a cambiar el agua y al final todas las pinturas están manchadas de barro. Todas las nuevas casas, los soles sonrientes y los árboles tienen ese mismo color, un desagradable negro azulado. 
     Aquella tarde, el paisaje de Warmia era de ese color".

     Ya he comentado que últimamente una de las colecciones de novela negra y policíaca que más me gustan es la que está desarrollando Alfaguara. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La ira.

     Recuperamos al fiscal Szacki en Warnia, una ciudad que no le gusta, fría y gris en la que vive con su nueva novia y su hija. Su vida cotidiana es un intento de capear la permanente amenaza de tormenta entre ambas y en lo profesional poco o nada ha cambiado, ni en su aspecto rígido, ni en sus convicciones personales. Szacki echa de menos un poco de acción y el destino no tarda en ponerle delante un montón de huesos: lo que debería de ser algo rutinario se convierte en una interesante investigación buscando datos sobre los huesos y también sobre quién los puso en el lugar que se hallaron. Y su trabajo no acaba ahí, una mujer acude a su despacho para acusar al marido de intimidarla, aunque sin usar violencia de ningún tipo. Algo pasa en Warnia y Szacki será el encargado de descubrirlo.

     La ira es la tercera y, hasta donde se puede saber, última entrega protagonizada por Szacki, un personaje irascible, casi huraño y un tanto estirado al que el lector termina comprendiendo, casi solidarizándose con él. Sin embargo, hay que decir que no es imprescindible haber leído las anteriores entregas para disfrutar de esta, ya que solo nos perderíamos una mínima parte de su vida personal.

     Mitosewski nos plantea dos casos interesantes con elementos que descolocan al lector, intrigándole para seguir leyendo. En primer lugar los huesos encontrados con pinta de ser antiguos resultan ser mucho más recientes de lo esperado y no solo eso, sino que cuando comienzan a identificar a la víctima se topan con reacciones curiosas en su entorno más cercano. El segundo caso, al que se refiere como el de la calle Równa, es mucho más actual ya que nos habla de matrimonios y violencia de género en la forma que sea, de hecho, en esta novela se hace mucho hincapié en este tipo de violencia dentro del entorno familiar, ya sea física, psicológica o simple miedo y en cómo afectan este tipo de relaciones a los hijos de las parejas. Incluso si ellos parecen quedar al margen nunca lo están y Mitoszewski realiza una denuncia y radiografía muy acertada de esta terrible realidad aprovechando su novela.
     La investigación se va encauzando poco a poco y en ella descubrimos a algún viejo conocido que se mezcla con entradas de lo más ocurrentes, como el señor Frankenstein, con quien he de reconocer que me he reído un rato. Y es que esta es una de las características de la pluma del autor: el sentido del humor. Su protagonista no es políticamente correcto, ni siquiera amable, y parece dotado para decir lo que no debe con un carácter borde y seco que llega a resultar cómico para el lector. De este modo, lejos de caer antipático uno termina adoptándolo casi como a un vecino gruñón. Y eso que, en esta novela, el autor ha decidido no ponérselo fácil, como descubrimos en el avance que nos da el primer capítulo.
     Los personajes quedan perfectamente perfilados. Me ha gustado especialmente la hija, Helas, y la particular relación que mantiene con su padre y con el mundo, muy propia de la adolescencia, así como las magníficas descripciones de Warnia que van más allá de lo físico a lo cotidiano, que es la forma en que realmente se dimensionan las ciudades para que salten del papel.

     Parece un libro redondo, pero no lo es porque la trama cojea. Ya he comentado algunas veces que hay escritores que buscan enrevesarse tanto que acaban perdiendo al lector y también se pierden ellos mismos dejando cabos sueltos que afean la novela. Bien, eso es lo que ha pasado en esta historia, lo que empezaba bien parecía ir perdiendo su cauce para terminar en un final que ha conseguido que la palabra decepcionante flote en el ambiente. Una lástima, le tenía muchas esperanzas.

     Con todo La ira es una novela entretenida, y eso ya es mucho teniendo en cuenta mis últimas lecturas. ¿Lo mejor? el uso del género para realizar una denuncia social tanto de la violencia en el entorno familiar, como en las reacciones por parte de las administraciones públicas y también en el entorno co un pequeño tirón de orejas hacia aquellos que intuyen pero no hacen nada.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Milkman. Anna Burns


     "The day Somebody McSomebody put a gun to my breast and called me a cat and threatened to shoot me was the same day the milkman died. He had been shot by one of the state hit squads and I did not care about the shooting of this man. Others did care though, and some were those who, in the parlance, ‘knew me to see but not to speak to’ and I was being talked about because there was a rumour started by them, or more likely by first brother-in-law, that I had been having an affair with this milkman and that I was eighteen and he was forty-one". 

     Leo premios. Y no me importa admitirlo, de hecho, hay algunos premios que desde su concesión me rondan la cabeza hasta que al fin logro comprarlos. Este es el caso del Man Booker Prize y hoy traigo a mi estantería virtual la novela que lo ha ganado este año. Se trata de Milkman.

     Una joven que conocemos como narradora echa la vista atrás y relata su experiencia  en su vecindario, un lugar cerrado y cercado por las ideas de los propios vecinos, cuando un hombre casado y paramilitar que se hacía llamar Milkman posó sus ojos en ella.

     Lo primero que atrae de Milkman es la voz de su narradora, honesta y potente. Ya en ese primer fragmento con el que se abre la novela vemos perfectamente definido el estilo de toda la narración. Una narración en la que la autora decide prescindir de los nombres porque realmente son necesarios. Nadie nos dice que estamos viviendo Belfast en los setenta, pero podríamos discutirle eso a cualquiera que afirmase que se ambienta en otra ciudad. Incluso sin haber vivido allí, a poco que uno haya leído, es fácil identificar el contexto de esta historia. Y allí conocemos a la narradora, a Milkman que realmente no es lechero sino un hombre controlador de mucha más edad que ella, casado y extremadamente controlador. Poco importa que en realidad no le haya puesto un dedo encima porque estamos en una sociedad cerrada de esas en las que lo único vale es el "conmigo o contra mi". Allí no hay medias tintas, los estratos quedan definidos y ella, al igual que el lector, intimidada por este siniestro personaje. La política y la violencia están en las calles, pero también el férreo control de la vecindad, esas sociedades que deciden quién es el chico adecuado, que le obligan a tener un "casi novio" y que ahora señalarán a esta chica como estropeada para conseguir al chico adecuado con quien casarse. Un ejemplo de ello es la madre de la niña, para quien la rumorología es más importante que la palabra de la joven. No no dirá tampoco su nombre, y es que para Burns no parecen ser tan importantes como los roles definidos que desempeñan: conoceremos entonces al casi novio, al verdadero lechero, las hermanas, a McSomeboy (otro pretendiente) y así una lista de personas que conforman con sus palabras, miradas y creencias esta magnífica historia.

     Confieso que cuando compré el libro fue sin saber casi nada sobre su argumento y también que temí lo que iba a encontrarme al leer las palabras "chica joven, relación, hombre mayor casado". Y sin embargo apenas habían pasado una docena de páginas cuando ya era consciente de lo que tenía entre manos. Una novela densa, sí, con párrafos largos, a ratos casi interminables, pero cuya lectura es mucho más enriquecedora que lo que uno pudiera esperar con las sinopsis que nos presentan. Un momento social complicado en el que, como dice la protagonista, es mejor pasar desapercibido aunque luego ella resulte llamativa con su individualismo y su manía de caminar leyendo. De hecho, si no hubiera sido por ello, Milkman no la hubiera mirado. Y un momento en el que esa mirada, esas apariciones demostrando conocimientos sobre cada uno de sus pasos y esa mirada social que les señala la marca a ella por encima de lo que él haga o haya podido hacer. Porque si algo sabe transmitirnos Burns es esa opresión de una sociedad cerrada, el pesimismo, la diferencia a la hora de valorar a los hombres y las mujeres y también a la hora de juzgarlos, la violencia, las sospechas: el dedo acusador. Y es justo en este ambiente en el que la narradora destaca ya que empieza a cuestionarse esa jaula; puede que sea un producto más de su entorno, pero tal vez sea para ese entorno un producto defectuoso. Quizás las cosas, como en una escena magnífica en la que unos alumnos repiten que el cielo es azul para acabar mirando por la ventana y descubrir los distintos colores que lo forman, no sean tan rígidas como parecen obligados a vivirlas. Sin embargo no siempre es fácil el camino a seguir para poder mirar ese cielo.

     “I didn’t know whose milkman he was. He wasn’t our milkman. I don’t think he was anybody’s”.

     Milkman me ha parecido una gran novela con la que he disfrutado y que me ha obligado a pararme a pensar tanto en la sociedad que refleja, como en tantas otras que son espejos de ella. Y también me ha convencido para buscar otros títulos de Anna Burns. Sobran los motivos para recomendar este libro.

     Y vosotros, ¿sois lectores de premios?

     Gracias.

lunes, 5 de noviembre de 2018

La madre. Fiona Barton


     "El ordenador parpadea cuando me siento frente a la pantalla, es como si notara mi presencia. Un toque en el teclado y aparece una fotografía de Paul, la que le tomé durante la noche de bodas en Roma. Me mira, embelesado, desde el otro lado de la mesa que compartimos en Campo de’ Fiori. Al verla, intento corresponder a su sonrisa, pero cuando me inclino hacia delante vislumbro mi propio reflejo en la pantalla y me detengo. Odio verme de improviso. A veces ni siquiera me reconozco. Crees saber qué aspecto tienes y de repente te encuentras a esa desconocida mirándote fijamente. A veces incluso me asusto".

     Siempre me han interesado los fenómenos literarios, y los acabo leyendo con más o menos éxito, pero me gusta opinar desde la lectura. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La madre.

     Recuperamos a la periodista Kate Waters mientras lucha en su redacción por conservar el trabajo de periodista frente al implacable empuje de las nuevas tecnologías. Allí se fija en una noticia que habla del hallazgo del cadáver de un recién nacido en el patio de una casa, un cuerpo que parece tener muchos años y un misterio por desentrañar. No será la única persona que se vea afectada por la noticia, una mujer llamada Ángela verá en ella la posibilidad de saber que sucedió con su hija desaparecida hace cuarenta años, y otra llamada Emma se sentirá culpable de una forma casi irracional.

     Conocimos a Fiona Barton con su novela La viuda, un éxito tan aplaudido como vapuleado en el que nos presentó, además, a Kate Waters. En La madre, al igual que en su novela anterior, hay un niño, varios puntos de vista y mujeres como protagonistas principales de la acción. No es la única autora que repite formulismo y de hecho es algo habitual en el género.
En este caso, de las tres mujeres que forman el eje principal, Waters es la que más interés despierta en el lector, quizás por ser la menos repetitiva en sus acciones y pensamientos, y serán los ratos en los que la acompañemos junto a su becario, aquellos en los que la novela avance con más o menos éxito por la trama. Emma  que se tortura de forma incesante sin llegar a desvelar el motivo durante la mayor parte de su aparición, se repite una y otra vez y no siempre quedan justificadas sus reacciones ni tampoco la relación con su madre Jude, a quien introducirá en la historia para presentarnos a una mujer vanidosa y egocéntrica. Por último Ángela, representa a la perfección el papel de mujer que sufre una gran pérdida y no logra recuperarse convirtiendo su vida en un islote en medio del mundo y de su propia familia. Con todas ellas, más allá de la trama, Barton parece querer dar pie a una pregunta, ¿qué es la maternidad?, porque también Waters tiene un hijo cuya relación entrevemos, así como la que tiene con su becario, el jovencísimo hijo de una mujer poderosa. Y a fin de cuentas, hay muchos tipos de maternidad, que se pueden ver reflejados en cada decisión tomada empezando por la de tener o no un hijo. Sin embargo, esa pregunta se oculta tras la trama llegando tan solo a insinuarse entre silencios y alguna contradicción, opacando de este modo lo que considero podría haber sido lo más relevante de la novela.

     La trama es relativamente sencilla y, pese a que Barton busca generar dudas y añade un par de elementos más que puedan resultar atractivos para el lector o terribles, incluso dramáticos, la resolución final difícilmente cogerá de sorpresa a quien haya puesto un mínimo de atención a la historia. He encontrado además, huecos e inexactitudes, incluso alguna repetición que reconozco me ha llegado a resultar hasta divertida (a fin de cuentas el sentido del humor de cada uno es algo muy personal).

     La madre es un libro que llega con la intención de mantener al lector entretenido; sin embargo, la necesidad que parece tener la autora de repetir una y otra vez los hechos, consiguen que una trama que hubiera podido ser un buen rompecabezas llegue a tornarse en algo aburrido por momentos, perdiendo esa agilidad tan necesaria en este tipo de novelas que tan mal soportan el desgaste. Sinceramente, no creo que repita con la autora.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 30 de octubre de 2018

Sabotaje. Arturo Pérez-Reverte


     "Bajo la pérgola de la terraza se veían cinco manchas blancas y un punto rojo. Las manchas correspondían a la pechera y el cuello de una camisa, dos puños almidonados y un pañuelo que asomaba en el bolsillo superior de una chaqueta de smoking. El punto rojo era la brasa de un cigarrillo en los labios del hombre que permanecía inmóvil en la oscuridad".

     Con la cadencia adecuada nos llegaba después del verano la tercera entrega de las aventuras de Falcó. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sabotaje.

     Volvemos con Lorenzo Falcó, estamos en 1937, y su jefe le encarga sabotear el cuadro Guernica de Picasso, para que no llegue a la Expo Universal, amén de neutralizar a un comunista francés.

     Decía Reverte que tenía ganas de escribir una novela de espías y así nació Lorenzo Falcó y la trilogía que ahora muchos piden siga sumando entregas. Y nació Falcó, mercenario sin escrúpulos, castigador de las mujeres y un reto para que cualquier lector hable de él sin utilizar el término "hijo de puta" (de verdad, parece casi obligado cuando uno habla de este personaje utilizar ese insulto tan malsonante). En esta ocasión y tras haber pasado por Tánger, estamos en París, el París de los años 30, tan tratado en la literatura, atractivo intelecutalmente y lleno de nombres hoy de sobra conocidos y que el autor introduce en la novela más o menos disfrazados para que cualquier lector avispado sea capaz de identificarlos. Ver a Hemingway en Gatewood, a Peggy Guggenheim en Nelly Mildenheim o a André Malraux en Leo Boyard son algunos de los ejemplos del trabajo de inserción realizado por Pérez-Reverte para esta entrega. Y por supuesto, Picasso, al que presenta desprovisto del aura habitual, convirtiéndose en una presencia que me ha resultado casi divertida en la novela. Por lo demás la trama es rápida y Reverte mantiene un buen pulso narrativo para que el lector se sienta tentado a no abandonar la lectura en ningún momento, fin último de esta trilogía en la que ha desplegado todas sus armas para entretenernos.


     Me ha parecido excesiva la necesidad que parece tener Reverte de contarnos una y otra vez la buena planta del protagonista, casi tanto como alguna de sus poses repetitivas y un tanto casposas que no van a poder ser siempre justificadas con aquello de "eran otros tiempos". En cuanto al sexo, tema que en la entrega anterior se le fue de las manos, ha optado por ser un poco más comedido, como si el interés de su protagonista por el género femenino en general se hubiera visto afectado por su percepción de Eva. En todo caso, se lo agradezco y me quedo con las ganas de preguntarle si el beso de Dietrich fue un capricho personal más que una exigencia de la trama.

     Sabotaje es, en definitiva, una novela de intrigas, barbaries, traiciones, muerte, asesinos y sombras que te hace pasar un rato entretenido y cuyo final queda efectivamente más cerrado que las anteriores entregas. En mi opinión, una entrega mucho mejor que la anterior.

     Reverte es uno de esas personas que han llegado a convertirse en personajes por su carácter y sus interacciones incluso en las redes sociales. Eso ha provocado que se mezcle en muchas ocasiones la percepción del autor a la hora de valorar su obra, Así que decidme, ¿influye lo que pensáis del autor a la hora de decidir leer o no un libro suyo?

     Gracias.


lunes, 29 de octubre de 2018

El heredero. Jo Nesbo


     "Rover miró fijamente el blanco suelo de hormigón de aquella celda rectangular de once metros cuadrados. Mordió con fuerza presionando sobre el diente de oro que sobresalía ligeramente en la mandíbula inferior. Había llegado a la parte difícil de la confesión".

     Nesbo suelta a su archiconocido Harry para dar a sus lectores un volumen independiente. Se agradece. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El heredero.

     Sonny Lofthus era feliz hasta que su padre, un admirado policía, se suicida dejando una nota en la que reconoce ser quien pasaba información al principal líder del crimen en Oslo. Para cuando nosotros conocemos a Sonny, han pasado doce años y está en prisión, allí vive con una adicción alimentada por el capellán y una fama sanadora entre sus compañeros. Sin embargo, toda su vida cambia de nuevo cuando un compañero de prisión relata su historia y descubre que quizás la muerte del padre de Sonny no fuera más que una puesta en escena para ocultar algo más.

     Así descubrimos a Sonny, en el momento en el que decide que quiere saber qué sucedió realmente con su padre, y este es el punto en el que Nesbo dispara su novela. Sonny luchará por su memoria buscando demostrar que no solo su padre no era el topo, sino que éste sigue en las calles de Oslo y quizás sea uno de los compañeros inseparables de él. Como siempre, Nesbo busca acción, por lo que el capellán aparece muerto, se involucra la policía y nos presenta así a Kefas y también a los malos malísimos de la novela. Y orquesta una novela que tiene todos los ingredientes básicos, desde el policía dicto de incuestionables habilidades, hasta el superior patán, pasando por el gran cerebro criminal. No hay un cliché que se le escape y tampoco un capítulo que no destile violencia. Y no lo oculta, es su sello. Ya lo presenta en la terrible escena protagonizada por una joven y un perro que relata uno de los presos en las primeras páginas. Estás leyendo a Nesbo y tal vez tu estómago no esté preparado, parece decir. Así que los fans de la pluma del autor deberían de estar satisfechos. Sin embargo y esta vez me he tropezado con un problema y es que, como comentaba antes, no le falta ni uno solo de los ingredientes típicos o tópicos del género, del funcionario malo al prisionero lector, Nesbo ha conseguido que quepan en las aproximadamente 520 páginas de esta novela y eso, unido a los giros, acaba afectando a la credibilidad de la historia. Una historia concebida como un uro entretenimiento y cuyos derechos ya han sido adquiridos para ser llevada a la gran pantalla. Bien, si digo la verdad, no me sorprende, promete mucha acción y no dejar un respiro al espectador, sin embargo el lector acaba con la sensación de exceso de interés en ser eso que ahora llaman trepidante y hubiera agradecido un pequeño recorte en la extensión de la novela. Quizás por eso he sido más escueta de lo habitual, pero era eso o enredarme a contar cada detalle, así que lo prefiero resumir en que no hay un inmundicia de los bajos fondos que no aparezca, ni una opción que no se baraje en este mundo marcado por la maldad. Y frente a ellos, el heredero.

     El heredero es una novela entretenida concebida para leer sin pensar y tampoco hacerse demasiadas preguntas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

   

lunes, 22 de octubre de 2018

Hope. Wendy Davies


     "Aprender a olvidar es una de las primeras lecciones que debes aprender cuando el tiempo pasa y tú no. Acabas por darte cuenta de que los recuerdos son cicatrices del alma y que no existen tiritas ni medicinas para corazones llenos de melancolía. El único tratamiento es el olvido.
     Y eso es extraño, sobre todo cuando los demás te olvidan pero tú eres incapaz de olvidarlos a ellos".

     A veces es algo tan simple como la estética lo que nos conduce a un libro y no miramos autor ni sinopsis. No es frecuente pero pasa. A veces. Hoy traigo a mi estantería virtual, Hope.

     Conocemos a Hope, una niña que por una tragedia ha perdido la capacidad de escuchar las palabras. No es sorda, solo que no escucha las palabras. En ese punto tan limitado, con una familia marcada por dicha tragedia, Hope se topa con el Serendipity y su regente, a quien puede milagrosamente oír. Y allí con nuestro narrador, una marioneta de la que ya no querrá separarse. Junto a ellos veremos como Hope crece y vive.

     Wendy Davies es un seudónimo tras el que se esconden dos blogueras cuya pasión por las letras les llevó a escribir. Lo cierto es que fue toda una sorpresa descubrirlo, y lo descubrí tras la lectura al ver que hablaban de "las autoras". Y es que, en estos mundos literarios, los seudónimos son cada vez más frecuentes.

     Y así es como llegué a Hope, un cuento para adultos cuya portada me enamoró quizás porque me recordaba a lecturas anteriores. Y es cierto que el comienzo es hermoso y también que la idea de cuento otorga una magia especial a una historia narrada por una marioneta. Sin embargo, y posiblemente sea porque jamás lloré viendo Toy Story, la historia me ha sabido a caramelo azucarado y poco más. Tiene frases bonitas que podríamos entresacar de esta historia, pero le falta pulso al argumento si queremos valorarlo como una novela. Hope se queda corta en su crecimiento personal y mi primera percepción de ello fue el momento en que dieron una edad la primera vez. Recuerdo que pensé que no era posible, porque si algo tenía la historia, es que la niña era normal excepto esa incapacidad para escuchar palabras. Quizás un punto de vista más adulto, más realista, hubiera estropeado el resto ya que en este tipo de libros necesitamos creer a la hora de entrar en ellos, pero si nadie te avisa, el tortazo es de órdago. Y eso es lo que me ha pasado a mi, percibía lo hermoso de las imágenes que las autoras proyectaban y también lo cuidado de las frases, pero me resultaba tan azucarado y manido que no era capaz de sentir empatía alguna por los protagonistas. Al final, lo he terminado con la sensación de no estar ante un libro malo, sino ante una lectura totalmente desaprovechada por mi parte, porque le veía el potencial para otros lectores.

     Como cuento en cambio es bonito, con moraleja, ternura, su parte trágica y también su crecimiento y consuelo. Básicamente con todos los ingredientes que debe de tener un cuento, incluida una protagonista entrañable y un Pepito Grillo narrador con un punto de sabiduría. Y ese es el modo en el que hay que leerlo, ya que es el único en el que puede sobrevivir.

     Hope es un cuento para adultos que, aunque en mi caso no ha llegado a emocionarme, entiendo que ha sido mi problema, ya que no es un tipo de libros al que me suela acercar. No sería demasiado justa si me quedara en lo sensiblero, de hecho casi envidio a todos aquellos que se han emocionado durante su lectura. si buscáis la magia, es vuestro libro.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 19 de octubre de 2018

Jules. Henri-Pierre Roché


     "En aquel momento la deseé. Estaba contento de pasar mi mano entre sus cabellos, de hacerme cosquillas en los labios con sus pestañas, de tocar la trémula punta de sus senos. Pero cuando la ceñí con mis brazos, cuando, con fuerza, la estreché y me di cuenta de que  no se derretía, cuando tuve la sensación, ya me entiendes, de que era sólida, entonces proferí un espantoso grito y huí hacia el jardín..."

     Conocí, al igual que muchos, al autor de este libro gracias al cine y al gran Truffaut con una película titulada Jules y Jim. Precisamente por eso, este título se me antojó imprescindible. Hoy traigo a mi estantería virtual, Jules.

     Jules es una colección de seis relatos que toma el nombre del primero, aludiendo además a la famosa película. En ellos seis personajes masculinos desvelarán parte de su alma, siempre torturada o excéntrica y, de algún modo relacionada con el arte en casi todos los casos.

     Henri-Pierre es un ejemplo más de esos autores tardíos que publican su primera novela a una edad más que avanzada. En este caso, si no me confundo, setenta y cuatro años tenía el autor.Relacionado con las artes, con el mundo intelectual, con Stein, fue coleccionista, amante, pintor, periodista y viajero, dejando en su obra pinceladas de cada una de sus facetas. Siempre más artístico que cronista, no llegó a conocer el éxito en vida ya que este no comenzó hasta que Truffaut se fijara en su obra.

     Hablar de un libro de relatos siempre parece más árido ya que uno tiende a desmenuzar la obra relato a relato dejando al lector con poco que descubrir salvo el motivo de haber elegido esos títulos para formar el volumen global. Sin embargo yo prefiero centrarme en lo segundo y no ponerme a explicar cada caso en una lenta enumeración.  Roché, a lo largo de sus relatos, nos da seis testimonios masculinos de hombres excéntricos que coleccionan amantes escuchan tras las paredes o se atormentan por lo real del mundo que habitan. Hay finales trágicos y otros que esconden su tragedia en la continuidad de la vida, uno incluso lo hace en un hatillo y se parapeta tras una sonrisa. Hay un tal señor Arisse que llega a dejar perplejo al lector, y un relato que parece apresurarse en las letras más que en el contenido que finaliza en un puro torbellino. Y todo eso lo contienen menos de cien páginas. Pero, sobre todo, lo que uno encuentra en la obra de Roché, es un cierto lirismo que se hace patente en cada historia, en unas de una forma exuberante arrolladora en cada frase, como es el caso de Jules, y en otras es algo sutil, como un telón de fondo en el último relato que os habla de un pastor. Sin embargo, el conjunto da muestra de una sensibilidad que contrasta con la plenitud de cada relato, con una cierta falta de mesura y una tendencia a extremar los sentimientos y las pasiones que provocan en el lector la convicción de haberse enfrentado a una historia completa en cada ocasión, la sensación de conocer a cada uno de los protagonistas, o de los amigos del protagonista que nos narra el cuento. Todas estas sensaciones aparecen porque estamos ante un volumen compacto en el que ninguno de los relatos destaca por ser mucho mejor o peor, donde el favorito del lector no se aleja demasiado de aquél que le ha podido gustar menos. Y eso es lo realmente complicado en los libros de cuentos: conseguir una sensación homogénea en el resultado, acertar en el criterio a la hora de sumar títulos individuales. En mi caso, y sin lugar a dudas, mis favoritos serán Jules y El señor Arisse y quizás el que menos me haya gustado sea el titulado Los papeles de un loco. Pero si me preguntan dentro de unos días, ese criterio podría cambiar levemente debido a la homogeneidad antes mencionada.

     Jules es un libro para leer despacio, para disfrutar de cada uno de los cuentos y sus protagonistas, que deja al lector con las ganas de sumergirse en la obra de Roché. Una buena manera de tomar contacto con él y también de mantenerlo en el caso de ser un nombre que ya os resulte familiar. Me ha gustado, me gustan los relatos.

     Y a vosotros, ¿os gustan los libros de relatos?

     Gracias.


miércoles, 17 de octubre de 2018

Kentukis. Samanta Schweblin


     "Lo primero que hicieron fue mostrar las tetas. Se sentaron las tres en el borde de la cama, frente a la cámara, se sacaron las remeras y, una a una, fueron quitándose los corpiños. Robin casi no tenía qué mostrar, pero lo hizo igual, más atenta a las miradas de Katia y de Amy que al propio juego. Si querés sobrevivir en South Bend, le habían dicho ellas una vez, mejor hacerse amiga de las fuertes".

     Me gustó Samantha Schweblin en Distancia de rescate. Seguí su trayectoria: relatos novelas cortas, cortísimas, y me interesó esta desde el primer momento. Hoy traigo a mi estantería virtual, Kentukis.

     Conocemos un invento tecnológico llamado Kentuki, una suerte de robot que recuerda bastante a los Furby solo que un poco más evolucionados. Lo justo para que sea una persona desconocida quien lo maneje, te siga y reclame tu atención mediante grititos y movimientos. Una posibilidad infinita para no estar solo, y también para que alguien a quien no conoces, se le de la posibilidad de ver toda tu intimidad.

     Vivimos en la era tecnológica, la de la sobreexposición en las redes. Un momento en el que ir de vacaciones sin subir una foto o aparecer en un restaurante de moda sin enseñar el plato, parece causar la mitad de satisfacción. Una sociedad que cuenta likes, seguidores y comentarios, en la que se mira qué tipo de foto tiene más reacciones, se comenta a un famoso porque quizás te responda y mucha gente parece estar parada buscando esa frase ingeniosa que convierta su tuit en algo viral. Y esta es la misma sociedad de la soledad. Un mundo en el que es difícil mirar a los ojos ya que estos están fijos en una pantalla, se sustituyen los cafés por conversaciones de whatsapp y la gente parece apreciar más a los amigos virtuales desde el silencio de su casa que a los reales que en un momento dado pueden dar un abrazo.
     Schweblin nos lleva a esa sociedad, la nuestra, y escribe una novela en la que las personas pueden ser o poseer un kentuki. Un kentuki es un robot incapaz de hablar que meterás en tu casa y te seguirá por todas partes logrando unas interacciones regladas... a no ser que te las saltes. Una única conexión por robot y si se apaga es para siempre. Así que, ¿ser o poseer un kentuki?  Esa es la gran pregunta y la única división que establece la autora del libro entre los personajes que aparecen en su novela. Personas diferenes que deciden comprar el juguete de moda: unas exponen su vida con más o menos reglas, abren su casa y su intimidad a un desconocido que toma la forma de un inofensivo animal (siempre es más fácil si el objeto tiene pinta de inofensivo), y otros que optan por el voyeurismo, mirar a través de los ojos del muñeco siguiendo a sus "amos", entrando en una suerte de sumisión elegida que se mezcla con el placer de ir descubriendo los secretos de una persona real. Y a su alrededor los secundarios, esos que confían o desconfían de este nuevo invento, los que piden trato digno, los que advierten del peligro o alaban la posibilidad de ofrecer compañía.
   
     Entonces, ¿qué tiene de inquietante la nueva novela de Schweblin? Lo mismo que las anteriores, la exposición de los miedos, el alma humana que confía o desconfía, los vínculos que se llegan a establecer y, sobre todo, la desesperación que parece anidar en todos ellos y que tal vez lo haga también en el lector que se irá reconociendo poco a poco en alguno de los compradores o usuarios del libro. Samanta pretende aportar con cada caso, no solo las distintas evoluciones de los vínculos creados, sino también los miedos o esperanzas que puede tener cualquier persona. Es difícil no verse ahí. Recuerdo haber leído una parte pensando en Black Mirror y en cómo no somos conscientes de lo mucho que hemos cambiado socialmente con todas estas tecnologías que se van instalando en nuestra cotidianeidad. Y Schweblin da una buena muestra de ello en esta novela.
   
     Kentukis me ha gustado. Uno de sus grandes aciertos es no centrarse en una única historia, quizás porque la autora se suele mover en el relato pese a que Distancia de rescate, su título más conocido, sea una novela. Pero el caso es que, si uno sacrifica la profundidad que supone tener una única historia, lo que se consigue es una visión global mucho más completa. Y eso provoca temor, los espejos sociales siempre lo hacen, sobre todo porque tienden a mostrar la realidad. Y la pregunta sigue en el aire, ¿ser o poseer un kentuki?

     No os he preguntado con qué libro estáis esta semana, ¿me lo decís?

     Gracias.

lunes, 15 de octubre de 2018

La muerte del comendador. Haruki Murakami


     "Hoy, al despertarme de una breve siesta, el hombre sin rostro estaba frente a mi. Se había sentado en una silla delante del sofá donde yo dormía y me miraba fijamente con sus ojos imaginarios en un rostro inexistente".

     La publicación de una nueva novela de Haruki Murakami siempre causa cierto revuelo. Es cierto que en España, entre la demora de sus primeras obras y las reediciones ilustradas, no somos tan conscientes de la espera entre título y título, pero, aún así, muchos son los que corren a las librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual su último título, se trata de La muerte del comendador.

     Conocemos a un narrador sin nombre con talento para ser artista y de profesión retratista que, a sus treinta y tantos años, lleva una vida anodina. En el momento en que le conocemos su mujer le deja, y decide comenzar un viaje a ninguna parte en coche, utilizando este camino para reflexionar. Sin embargo, la espalda y el cerebro hacen que su viaje termine y nuestro protagonista se encuentra de pronto viendo en una vieja cabaña que pertenece al padre, artista también, demenciado de un amigo. En esa casa remota se encontrará con un vecino muy peculiar llamado Menshiki, un cuadro titulado "Killing Commendadore", la historia de una niña y un mundo al que llega tras una suerte de campana.

     Dicen que La muerte del comendador es un homenaje personal del autor a El gran Gatsby, libro que entusiasma a Murakami. No lo pongo en duda, de hecho,  me encontré reconociendo el homenaje en la escena en que conocemos al vecino, descubrimos que es millonario y excéntrico (aunque este no de fiestas, en realidad prefiere desaparecer de la parte pública) y también asistí a como ese reconocimiento se escurría de entre mis dedos a medida que la irrealidad irrumpía en la novela de Murakami, casi tomándola durante la segunta mitad del libro.
     Murakami es un autor capaz de planchar camisas durante páginas y páginas y también capaz de crear mundos irreales a partir de una simple marca en la piel, casi como Alicia a través del espejo. Bien, pues en este libro mezcla ambas cosas, de tal modo que comenzamos en la realidad y conocemos al protagonista, que es abandonado por una mujer a la que eligió mas por recordarle a su hermana que por amor, viaja, da clases de arte y se acuesta con un par de mujeres en relaciones nada entusiastas, conoce vecinos, pinta, mira o no mira senos... y mientras todo eso sucede somos consciente de que algo acecha en esa cabaña, y es la irrealidad, que parece esperar al protagonista para engullirle y junto a él también al lector.

     El lector de Murakami encontrará sus habituales: desde el hombre casado, hastiado  cansado al que tampoco parece importarle su propio hastío con tal de no moverse, hasta los deseos, la sexualidad y sexualización, el arte y en esta novela la música, ya que el cuadro que marcará su vida representa una escena de Don Giovanni y una melodía será la que le conduzca  al templete. En la cabaña hay además una colección musical. y es que, poco a poco vamos reconociendo sus temas fetiche de aparición asegurada, y también esa tendencia suya a dejarse llevar de repente  sin previo aviso por lo irreal.
En este caso, al ser un primer libro, el autor se queda un tanto confuso, esperando que las respuestas lleguen el próximo año en una segunda parte, y eso que confieso me gustan más los libros de Murakami que dejan un pequeño espacio abierto que aquellos que parecen ser cosidos en su final sin fisura alguna proporcionándome más datos de los que me hubiera gustado.

     La muerte del comendador es, en definitiva, un libro que encantará a los habituales de este escritor eternamente nombrado en las quinielas del nobel y que este año decidió retirar su nombre de la lista del "Nobel alternativo", pero que no recomendaría a los no iniciados. No se trata en este caso de si estamos ante un libro entretenido o no, con Murakami, la mayoría de las veces, de lo que hablamos es de la dureza para el lector del ejercicio de comprensión lectora que supone su obra.

     Y vosotros, ¿pertenecéis a la legión de seguidores de la obra de Murakami?

     Gracias.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Un talento natural. Ross Raisin


     "Cuando entró en la rotonda, unos cuantos conductores redujeron la velocidad para echar un vistazo al costado del autobús. En una de las ventanillas de la parte trasera había tres pares de nalgas pegadas contra el cristal, como una hilera de pechugas de pollo en un supermercado. Un coche los adelantó y el conductor tocó el claxon. El siguiente hizo lo mismo. Cuando el autobús salió de la rotonda, uno de los pares de nalgas desapareció momentáneamente y al cabo de unos instantes volvió a ocupar su lugar entre los demás con energías renovadas".

     Cuando una novela te llega de ciertas manos, te fijas más en eso que en su sinopsis, se le llama confianza del lector. Hoy traigo a mi estantería natural, Un talento natural.

     Conocemos a Tom Pearman, un joven que esperaba ser un futbolista de éxito. Sin embargo, ahora se encuentra sentado en el banquillo de un equipo de segunda y sin saber muy bien qué hacer ni cómo recuperar el lugar que tuvo. Acompañaremos a este joven introvertido.

     Comprendo que a mucha gente le de pereza una novela sobre fútbol, que tema encontrarse páginas de partidos, entrenamientos, tácticas... por eso creo que lo mejor es comenzar diciendo que esta no es una novela sobre fútbol, es una novela sobre Tom Pearman que es, además, futbolista. Y este hecho es vital para la historia por todo lo que puede llevar detrás y que muchas veces no podemos ver.
Tom vive lejos de su familia, entre extraños, y no está en su mejor momento. Se acaba de dar el primer golpe con la realidad al verse en segunda sin saber si algún día volverá a ascender a la máxima categoría, así que pronto asumimos su falta de confianza, su inseguridad actual. El fútbol es un deporte competitivo del que vemos normalmente el éxito, y Raisin se encarga en esta novela de abrir el ángulo y posarse en algo poco habitual. Raisin se mete en un equipo de segunda, y pocas veces un apelativo ha tenido tanto acierto al ser colocado, ya que son equipos muchas veces a la sombra, sin prensa ni glamour y nos relata el aterrizaje de su protagonista en él. Uno puede preguntarse a qué tanto interés en que veamos las diferencias, en que nos fijemos, y no tardamos en descubrirlo.
Pearman es un chico introvertido al que parece le va a costar relacionarse con sus compañeros, no es exactamente solitario pero algo hay ahí que no le deja... y empezamos a fijarnos en sus observaciones, las palabras sobre sus compañeros, Liam... y descubrimos la sombra de la homosexualidad en un protagonista que se encuentra totalmente perdido, casi con miedo, y esa es la percepcón que nos traslada de una forma magistral el autor, la del chico que descubre pero parece no querer. Del que no quiere mirar pero no puede apartar la mirada. Del ser, de lo natural... y de todo lo que lleva a su alrededor.
     Es cierto que de un tiempo a esta parte este tema viene siendo tratado de forma más abierta y cotidiana en la literatura, que nos creemos que vivimos en un mundo que acepta la homosexualidad a la vez que vemos que aceptar sigue siendo algo incorrecto, porque el mundo en realidad no tiene que aceptar nada como si se tratara de algo que necesita esa aprobación. Y llega Raisin y nos  presenta a Pearman, y eso nos obliga a reflexionar sobre el mundo del fútbol y los astros y sus cochazos, sus mujeres despampanantes y los excesos que parecen ir asociados a la mayoría de los casos. A fin de cuentas, ¿cuántos futbolistas gays se os ocurren así sin pensar mucho?, ¿y pensando mucho?
Pearman parece más perdido aún en un mundo así, su sexualidad se asocia casi con un dolor latente o con una decepción tanto como lo es el no estar en un equipo de primera y tal vez sea este paralelismo perceptible el que hace que la novela se torne personal a medida que avanzamos. Que consiga ese punto en el que un libro pasa a ser propiedad del lector. En el momento en que la terminé hubiera jurado que con una pequeña poda la novela mejoraba, hoy tras haberlo meditado creo que la vida tampoco ofrece podas.

     Un talento natural es una novela estupenda que ilumina una parte del mundo que no vemos. Un tono que va de la ternura al desconcierto y un gran protagonista lo convierten en una muy buena opción. Y es que no todos los libros sobre fútbol, son libros de fútbol.

     Y vosotros, ¿os animáis alguna vez con novelas centradas en un deporte?

     Gracias.

lunes, 8 de octubre de 2018

El visitante. Stephen King


     "Era un coche sin distintivos, un sedán estadounidense cualquiera con unos cuantos años encima, pero los neumáticos totalmente negros y los tres hombres que iban dentro no dejaban lugar a dudas. Los dos de los asientos delanteros vestían uniforme azul. El de atrás, grande como una casa, llevaba traje. En la acera, un par de adolescentes negros, uno con un pie en un monopatín naranja muy gastado, el otro con su tabla de color lima bajo el brazo, observaron el automóvil mientras entraba en el aparcamiento del estadio Estelle Barga y luego cruzaron una mirada".

     A estas alturas no es ningún secreto que me gusta Stephen King, por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El visitante.

     Estamos en Flint City, una pequeña  tranquila ciudad en la que todo el mundo se conoce y los fines de semana se acude al partido de baseball y a la iglesia. Sin embargo, la detención en pleno partido del entrenador T acusado de asesinar brutalmente a un niño de la localidad acaba con esa tranquilidad. Esa detención pública ha sido como un huracán que ha barrido con la calma de Flint, y fue orquestado por el detective Ralph Anderson, quien contaba con pruebas más que suficientes para señalar al entrenador T como culpable, pero.. ¿y si no lo es?

     Hoy voy a comenzar aclarando un punto que me parece importante y es que, incluso en la promo de la novela, nos dicen que llega tras el éxito de la trilogía que el autor comenzara con Mr Mercedes. Bien, en este caso considero que tal vez debieran de avisar en alguna parte de que en este libro, no solo nos vamos a encontrar con alguno de los personajes de la trilogía, sino que durante su lectura nos van a desvelar datos importantes de ella. Particularmente de los dos últimos títulos. Es más, nos cuentan el final. Supongo que al no pertenecer a la serie (lo siento Holly Gibney) no lo han considerado importante, pero a cualquier lector le da rabia que en un libro le destripen otros. Añadiré y por terminar con este punto, que no es necesario haber leído la Trilogía de Hodges para sumergirse en esta lectura. Y, dicho esto, empecemos con la novela.

     King comienza la trama de una novela policíaca, fiel a sus últimos libros, con un narrador omnisciente y asentando las bases de un caso imposible. Nos propone un crimen, un hombre que es señalado como culpable con pruebas indiscutibles y... luego nos da pruebas indiscutibles de que tal vez no lo sea. De hecho las pruebas van apareciendo en uno y otro sentido para desdicha del protagonista Ralph. No contento con eso, King carga tintas sobre esta ciudad y la sombra del brutal asesinato es alargada y va destrozando familias y minando al pobre detective Anderson que necesita saber qué es lo que sucede realmente mientras el lector, que ha visto la cubierta del libro y el título de la novela, sonríe esperando que King se saque el conejo de la chistera. Y algo así sucede a partir de la segunda mitad del libro, en la que lo que parecía la novela negra imposible, va girando hacia lo paranormal (justo lo contrario que había hecho King en la Trilogía de Hodges), contentando de este modo a sus lectores más fieles. King se maneja bien en las distancias cortas de las pequeñas ciudades, aunque he echado de menos Maine, con personajes que muchas veces son totalmente arquetípicos para cubrir ciertas acciones necesarias, ya sean de camareros o de protagonistas, King salpica con ellos todas sus novelas evitando así describir demasiado o explicar sus motivaciones, ya que son concebidos como viejos conocidos de los que ya sabemos un poco. Por lo demás, la trama es entretenida con una primera mitad muy interesante y una segunda parte que a los lectores de novela negra le puede resultar tramposa y a los de terror incluso predecible a ratos, pero que cumple la función de entretener al lector. Y es que, si suelo defender la lectura como entretenimiento, ahí King es un maestro con legiones de seguidores que acuden a las librerías en busca de su último título para pasar unas cuentas horas ajenos al mundo. no son buenos libros, somos conscientes, pero dudo mucho que el autor se haya puesto como meta llegar a ser un gran literato, con el título ganado en los ochenta de "Rey del terror" creo que le vale.

     El visitante me ha parecido una novela entretenida que tiene algún eco de loq ue fue pero no es ni de lejos tanto como habían prometido. Lo he disfrutado sin prejuicio, solo por el simple placer de volver a leer a King.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


viernes, 5 de octubre de 2018

El diccionario de Lemprière. Lawrence Norfolk


     "Dentro del carruaje, los dos pasajeros sintieron la proximidad de la urbe al alcanzarles sus tentáculos: París, la ciudad de las blancas paredes enlucidas, de las casas abuhardilladas y del Palais Royal, por donde pasearían más tarde los dos admirando las celosías de sus rejas y sus castaños de Indias, tratando de descubrir humildes construcciones que mostrarían ser extraordinarias, cada una a su modo, una escuela de trompeta, una fábrica de papel de decoración, o una entrada a las catacumbas que acribillan las tripas de la ciudad con pasadizos y galerías, porque el subsuelo es muy calcáreo, hasta el punto de que se sabe de edificios que han desaparecido durante la noche, o incluso en pleno día..., no en vano es una ciudad de repentinos colapsos y de rumores de colapsos que a la postre resultan verdaderos. París. Ciudad de amantes que el carruaje aborda por la Rue de Sèvres a trote de paseo, obligado a refrenarlo por los boyeros y los carreteros. Juliette inclinó su cabeza contra el cristal para observar la ciudad que venía en tropel a su encuentro, atraída primero su atención por algunas agujas y tejados aislados hasta que ya no hubo a su alrededor más que edificios. El cochero estaba pasando por la barrera del fielato y ahora se adentraban por calles llenas de floristas, amanuenses, mujeres pregonando sus dulces y hombres que vendían arenques en adobo de vinagre y cebolla. El olor le trajo toda clase de recuerdos. El carruaje se detuvo finalmente en la Rue Notre Dame des Victoires y ella saltó al suelo, que se hizo duro y real bajo sus pies, cristalizando en aquel París que era, de pronto, la ciudad del retorno".

     Leí El rinoceronte de papá y, contra todo pronóstico con ese título, me encantó. Por eso me decidí a buscar más libros del autor. Hoy traigo a mi estantería virtual, El diccionario de Lemprière.

     Estamos en 1788, momento en que conocemos al joven John Lemprière. Se traslada a Londres para reclamar su herencia paterna vive obsesionado con los mitos clásicos y la importancia que tienen en su vida, además, y como supuesto remedio a dicha obsesión, está investigando y escribiendo un libro. Pero no será esa investigación la única que realice, ya que se da cuenta de que todos los miembros varones de su familia han muerto asesinados.

     Lo primero que me sorprendió fue descubrir que comparaban a Norfolk con el Eco de El nombre de la rosa por esta novela. Sin embargo, no necesité muchas páginas para comprender el motivo. Si bien el protagonista en este caso es casi un friki, un empollón erudito a ratos incluso demasiado resabiado, es cierto que la pátina de alta cultura que recubre a la novela puede darnos la engañosa sensación de un parecido con aquella otra protagonizada por Guillermo de Baskerville.
Norfolk escribió esta novela con menos de treinta años y, cuando uno la termina de leer, es lo primero que le viene a la cabeza, ¡menos de treinta años!

     No tardamos en descubrir el misterio de la novela, el joven John es testigo de la muerte de su padre a manos de unos perros que son a su vez propiedad del padre de la chica de la que está enamorado. Pero si esta muerte podría ser accidental, John descubre un contrato de lo más intrigante entre los papeles de su padre y, a partir de ahí la trama se complica. Una trama con hugones, piratas, mafia, sangre y muchas referencias a mitología. Los giros, las descripciones y los disparates revestidos con esa erudita pátina que antes comentaba, no cesan a los largo de las setecientas páginas que componen esta impresionante novela. El autor, consciente del monstruo que estaba creando, sacrifica en algunos momentos la credibilidad de la trama principal de una forma piadosa y lo hace no por grandilocuente, sino por buenista, convirtiendo de este modo su novela en un homenaje a otras gestas imposibles. ¿Eso qué significa? Pues algo tan sencillo como que el autor, como recompensa al esfuerzo que puede suponer para algunos la lectura de este libro, decide otorgar tras un último golpe de gracia realmente brillante, un final feliz que permita al protagonista y al lector cerrar el libro con la satisfacción del deber cumplido.

     El diccionario de Lemprière ha resultado uno de los libros más originales que he leído en los últimos tiempos. Una trama brillante y una capacidad literaria del autor muy por encima de la media lo han convertido a candidato a relectura desde el mismo instante en que pasé su última página.

     Y vosotros, ¿os gusta releer?

     Gracias.

miércoles, 3 de octubre de 2018

El ala izquierda. Mircea Cărtărescu



     "Antes de que construyeran el bloque de enfrente y de que todo se tornara opaco e irrespirable, yo contemplaba Bucarest, durante noches enteras, desde la triple ventana panorámica de mi habitación de Stefan cel Mare".

     Que me gusta este autor es un secreto a voces desde hace años. Así que no es raro que hoy traiga a mi estantería virtual, El ala izquierda.

     Hasta este momento he leído toda la obra de Cartarescu publicada en castellano. De hecho, El ala izquierda fue editada por Funambulista hace unos años, aunque su traducción, hasta donde yo se, venía del alemán y no del original. Hace ya unos años que Enrique Redel tomó bajo las alas (si me permitís el chiste) de Impedimenta a este escritor rumano que poco a poco va conquistando el territorio literario en Europa consiguiendo con el reciente Premio Formentor un punto de reconocimiento también en nuestro país.
     Su última obra, la monumental Solenoide, ha hecho correr ríos de tinta entre lectores en las redes y críticos en los distintos medios, y ha sido tras esa obra, que en España se ha decidido recuperar la Trilogía Cegador, de la que nos llega ahora su primera entrega con El ala izquierda. Y es que, si en Solenoide se hablaba de piojos en un pasaje nombrado hasta la saciedad, aquí directamente es una mariposa la que da título a cada una de las tres partes de la Trilogía de tal forma que el próximo año verá la luz la segunda parte, El cuerpo, y al siguiente tendremos en nuestras manos El ala derecha.

     El ala izquierda se divide a su vez en tres partes, de las cuales, dos son protagonizadas por Cartarescu, y otra, la central, por su madre, retrocediendo en el tiempo para contarnos su vida. Porque, al igual que ya sucediera en otras obras del autor, El ala izquierda no es una única historia, sino que son muchas entretejidas que saltan en el tiempo y se viven o se sueñan sin dar demasiadas explicaciones a un lector que es obligado a realizar un trabajo activo durante la lectura. Cartarescu no es para lectores cómodos de sofá y ruido de fondo y eso ya se percibe desde las primeras páginas de la obra. Y de entre todas las historias y vivencias, el lector se queda con Bucarest, que es la gran protagonista. Una ciudad viva y gris de la que escapar soñando, una ciudad que parece una persona, un lugar ruidos y extraño para el recién legado y una urbe que está a punto de cambiar a medida que nos aproximamos al final de la novela. Hay bombas y música, hospitales y sueños de zombis, es un lugar bello y sórdido, Bucarest es un todo al que el lector desea ir una vez ha cerrado el libro.

     En cuanto a la parte más formal del libro, la historia, hay que decir que incluso en la zona formal, esa en al que la protagonista es la madre y se llega a Rumanía, en la que la historia retrocede y vemos esos hilos ocultos que conectan la historia de la ciudad con la de sus habitantes y también la de la madre con el hijo, Mircea se deja llevar e irrumpen escenas de una gran fuerza visual como la del ascensor y la mariposa, o la de Cedric. El resto es propio, es parte del autor evocando un pasado joven y con frío en una ciudad que nos abe lo que le va a deparar, hospitales y calles hostiles, tejados maternos y luces que se cuelan por las ventanas. Y, como ya he notado en otros títulos del autor: literatura y soledad en su protagonista, como si lo primero fuera irremediable y lo segundo formara parte de su propia piel. Una soledad que no es siempre literal pero que al ser interior es quizás más profunda, y tal vez de ahí los insectos y las creencias, el fijarse y diseccionar la vida en capas, tal vez por eso uno escapa en sueños desdibujando los límites de esa realidad.

     Cartarescu tiene libros fáciles como El ruletista otros incluso cómicos como Las bellas extranjeras y algunos que requieren un esfuerzo titánico para obtener una recompensa aún mayor como sucede con El Levante. Y si eso sucede con las lecturas no quiero ni pensar en lo que ha de ser traducirle, por eso quiero hacer una mención especial al trabajo de Marian Ochoa.

     Y si es complicado hablar de un libro de Mircea sin extenderse tanto como el propio libro, también lo es dar una impresión general. En mi caso, No ha sido el libro con el que más disfruté del autor, ya que me ha parecido un tanto irregular, con partes brillantes y otras un tanto desmadejadas que me han resultado más lentas. Aún así, merece la pena la recompensa por el esfuerzo realizado y es que hay libros de muchos tipos, y conviene acercarse a todo tipo de libros. Me ha gustado El ala izquierda pero... y ahora podéis decirme lo que queráis, personalmente, prefiero Solenoide.

     Y vosotros, ¿sois lectores aplicados o preferías lecturas sencillas que no os obliguen a pensar?

     Gracias.

lunes, 1 de octubre de 2018

La canción de los vivos y los muertos. Jesmyn Ward


     "Me gusta creer que sé lo que es la muerte. Me gusta creer que es algo a lo que podría mirar de frente. Cuando Pa me dice que necesita mi ayuda y veo ese cuchillo negro deslizase por el cinturón de sus pantalones, sigo a Pa fuera de la casa, intento mantener la espalda erguida, los hombros rectos como una percha, así camina Pa. Intento que parezca que para mi es algo normal y aburrido para que piense que he aprendido algo en estos trece años, para que Pa sepa que estoy listo, que puedo extraer lo que hay que extraer, separar las tripas del músculo, los órganos de las cavidades. Quiero que Pa sepa que puedo mancharme las manos de sangre. Hoy es mi cumpleaños".

     El mejor modo de llegar a un libro es a través de la recomendación de un gran lector. Hoy traigo a mi estantería virtual, La canción de los vivos y los muertos.

     Conocemos a Jojo, a Leonie su madre y a Richie, que en realidad ya está muerto. Ambos pertenecen a tres generaciones de un momento en el que la vida era dura cuando se era negro. De los campos de algodón, a las adicciones de Leonie y las consecuencias de todo ellos sufridas por esa tercera generación representada por Jojo, viajaremos buscando no solo al padre de Jojo, sino también la supervivencia. Avanzar siempre hacia delante.

     La importancia de un buen comienzo es vital en una novela. No hablo ya de una frase más o menos efectiva que perdure en el tiempo, sino de la capacidad de captar la atención del lector. Y Ward lo borda. Nos presenta a Jojo el día que cumple trece años en un lodazal y lleno de sangre acompañando a su abuelo, al que observamos que llama Pa, matando a una cabra. La suciedad, el asco, la valentía y lo visual de la escena es casi sobrecogedor. Jojo asiste intentando demostrar que es un hombre y luego se sienta a la mesa a comer aquello sacrificado. El simbolismo está ahí: la vida es dura, pero se come lo sacrificado, se sobrevive, se sigue adelante.
     Jojo es uno de los tres narradores de esta novela en primera persona. Hijo de una familia totalmente desestructurada en la que su madre Leonie parece que solo va y viene excepto cuando decide que todos han de ir a buscar a su marido blanco Michael a la salida de prisión. Porque no lo he dicho, pero se trata de una familia negra: Pa, Ma... negros. Los hijos de Leonie y Michael son un producto interracial en Mississippi. Leonie es la segunda narradora, la madre poco fiable a la ue Jojo parece juzgar severamente. No parece tampoco que ella quisiera ser madre, aunque en ese viaje en carretera exista un velo de esperanza sobre conformar lo que ha de ser una familia, pronto su interior resentido evita esa posibilidad. Quizás si hubiera sido blanca, como su amiga Misty, quizás por eso se unió a un blanco, aunque Michael esté en la cárcel. Pa también estuvo en la cárcel, desvela la autora, en las familias hay lazos visibles y otros imperceptibles al ojo extraño. Incluso hay extraños dentro de la propia familia o Jojo y Leonie sabrían que tienen un nexo común; una suerte de percepción sobrenatural. Ahí entra Richie, el pasado, hablando de una vida dura, durísima.
     Y yo me pregunto si no estaremos ante el pasado, el presente y el futuro Dickensianos en una versión más moderna y mucho más oscura de unas vidas complicadas y vapuleadas. Porque aunque estén vivos, apenas se ha fijado en ellos la sociedad.

     Ward mide sus palabras evitando los sentimentalismos porque solo así se logra la empatía necesaria con esta familia desestructurada. Lo que importa no es la compasión del lector, importa más que sintamos en la piel las vidas que les tocaron. Que subamos al coche y hagamos ese viaje hostil, ya sea de ida o de vuelta. Que recordemos otras historias y nos preguntemos si es cierto que la novela bebe de Faulkner o tal vez se aproxime más a El ferrocarril subterráneo, solo que en estaciones de cercanías. Parece que Ward ha sabido encontrar un camino propio lleno de ecos de buena literatura, de espíritus atrapados en el Bardo, de novela gótica de testimonio racial, y construir con todo ello uno de los mejores títulos publicados este año. No ha necesitado grandes descripciones ni tampoco muchas páginas.

     Las buenas novelas no tienen muchas páginas ni pocas: tienen las justas para contar su historia. La canción de los vivos y los muertos es una muy buena novela. Echadle un ojo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

El pacto. Michelle Richmond


     "Me despierto en un Cessna, en plenas turbulencias. Me duele la cabeza, y hay manchas de sangre en mi camisa. No tengo ni idea de cuánto tiempo ha pasado. Me miro las manos, pensando que me las veré esposadas, pero no, solo llevo un cinturón normal de los de avión. ¿Quién me lo ha puesto? Ni siquiera me acuerdo de haber embarcado".

     Me regalaron esta novela justo antes de irme de vacaciones, así que hablaré de mi última lectura veraniega. Hoy traigo a mi estantería virtual, El pacto.

     Alice y Jack forman la pareja perfecta, ambos con trabajos de éxito, enamorados, una sólida historia juntos y una vida social que incluye fiestas con un selecto grupo de gente. Sin embargo, nada es lo que parece ya que ambos firmaron un acuerdo llamado "El pacto" para garantizar que su matrimonio durase para siempre. Eso es lo que les proporcionó los amigos y las fiestas, amigos que quizás no son tan amigos y fiestas que tal vez no sean tan glamourosas. Del pacto no se habla. Y tampoco se sale.

     Recuerdo haber leído hace muchos años un relato de Stephen King en el que un hombre firmaba un contrato en el que le garantizaban que dejaría de fumar. Y recuerdo haber terminado el relato de aquel exfumador con el corazón encogido. Cuando me pusieron este libro en la mano y leí la sinopsis recordé ese relato, y no tardé en comenzar la lectura. Nada que ver, por supuesto, aunque ambos comparten momentos de angustia.

     Michelle Richmond juega en su novela con la idea del "felices para siempre" que vemos desde niños en los cuentos. A fin de cuentas, ¿quién no querría la fórmula mágica para tener un matrimonio feliz para siempre? Solo que la magia no existe, tal y como descubren nuestros protagonistas.
Cuando los conocemos la historia está en un punto intermedio, así que miraremos atrás para comenzar por el feliz comienzo de este matrimonio que, ajenos a que son elegidos, disfrutan de una nueva amistad y de la curiosa propuesta que les hace a través de una mujer llamada Vivian. Ellos, al igual que todos, viven en un mundo competitivo en el que el fracaso no es una opción, por eso se sienten tentados a firmar esa suerte de mágica ayuda para su vida conyugal. Lo que no saben es que al hacerlo entrarán en una suerte de secta que les controlará cada movimiento, cada detalle de la pareja, y les castigará si no cumplen con sus obligaciones. Un mundo en el que no existen los amigos reales dentro del círculo de "el pacto", donde cualquiera te puede controlar o delatar, al igual que tu lo puedes hacer con ellos. Unas férreas reglas para mantener un amor en las que el amor parece ser lo menos importante.
Richmond nos irá descubriendo cada vuelta de tuerca a la vez que la pareja la vive, de tal modo que la atmósfera del libro se va cargando hasta resultar agobiante. Y de paso nos irá dejando reflexiones sueltas sobre lo que es el amor, los compromisos, las relaciones... Sin embargo, he tenido la sensación de que en algún momento la autora pierde pie ya que estamos ante un libro de adultos que resultan demasiado sencillos de manejar hasta el punto de optar por una resolución que no me ha llegado a dejar del todo satisfecha. He tenido la sensación de estar ante una suerte de salida fácil para una trama en la que cualquier otra opción se había vuelto demasiado complicada de justificar. Los personajes, con la excepción de los protagonistas, quedan esbozados de forma muy superficial, por eso muchas veces no comprendemos los giros de la trama, ya que nos faltan los motivos reales, la profundidad necesaria para que sus actos queden justificados a ojos del lector.

     Así pues, El pacto ha resultado una novela con altibajos que tiene su punto más alto hacia la mitad de la trama y que luego va decayendo suavemente hasta un final que no me ha convencido en absoluto. Está claro que este año no he sido capaz de encontrar "la novela del verano".

     Y vosotros, ¿cuál ha sido vuestro libro del verano?

     Gracias.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Amnesia. Federico Axat


     "Me llamo John Brenner, tengo veintisiete años y soy exalcohólico. La noche del sábado 15 de mayo desperté en el suelo de mi casa sin poder recordar absolutamente nada de las últimas horas. A mi lado había una botella de vodka vacía, una pistola y el cadáver de una chica joven y hermosa que no había visto nunca antes en mi vida".

     He leído todos los libros de Federico Axat y este no iba a faltarme. Hoy traigo a mi estantería virtual, Amnesia.

     John Brenner despierta encontrando una mujer muerta en su sala de estar. Sufre un ataque de pánico y sale corriendo y, al regresar, todo está como si no hubiera pasado nada. Brenner habla entonces con su hermano que le llama en ese momento quien le dice que tal vez sean alucinaciones, pero... ¿y si no lo son?

     Amnesia bien podría subtitularse como "De zarigüellas, pantanos y mariposas en Carnival Falls" y es que, si ya en "La última salida" el autor hacía un guiño a anteriores obras, en este decide hacer una inmersión completa volviendo a Carnival Falls. Eso hace que la lectura sea divertida para quien conozca la obra de Axat ya que descubrirá unas cuantas alusiones directas y otros tantos guiños más o menos camuflados para los lectores avanzados en su obra. Incluso da la clave de un cameo anterior. Diré sin embargo que no hay que obsesionarse demasiado con el tema ya que eso supone el peligro de buscar donde no existe, y cuando uno lee a Exat es, no me cabe duda, para divertirse.

     Empezamos la novela con un clásico, ese personaje que nos va despistando entre su inocencia, su culpabilidad o a saber qué punto intermedio entre ambas será el que le ha otorgado su creador. Está claro que domina este tipo de personas que, además, dudan del resto tanto como nosotros mismos de sus palabras. John es el hombre perdido perfecto para que el lector quiera acompañarle, dudando de todos y deseando confiar en todos, nos hace sumergirnos en cada descubrimiento paso a paso preguntándonos cómo narices va a conseguir el autor salir de semejante entuerto. Y lo hace, a su modo pero lo hace de una forma satisfactoria y con sonrisa en la ultima línea, como aquel director que, tras la representación de su obra en un teatro, sale y saluda al público que aplaude agradecido por el entrenimiento disfrutado. y eso es justamente esta novela, estructurada en capítulos cortos y con una acción que no se detiene en ningún momento, el autor consigue mantener el interés de un lector que comienza un tanto despistado y que, precisamente por ese motivo, se va aferrando a los pocos datos que cree fiables de la historia mientras se pregunta qué diablos pasa en ese lugar llamado Carnival Falls.

     Amnesia es una novela francamente entretenida en la que el autor y el lector juegan hasta el último momento. Una opción recomendable para olvidarnos del mundo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
 
    Gracias.

     PD: Soy consciente de lo poco que he avanzado de la trama, pero ni quiero desvelar nada de libros anteriores, ni tampoco de este. Y es que estamos ante uno de esos libros que a uno le gusta comentar pero que no debe dejar que le comenten sin haberlo leído.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Conversaciones entre amigos. Sally Rooney


     "Bobbi y yo conocimos a Melissa en la ciudad, en una velada poética en la que actuamos juntas. Nos hizo una foto en la calle en la que Bobbi salía fumando y yo sujetándome tímidamente la muñeca izquierda con la mano derecha, como si temiera que fuese a escapárseme".

     Confieso que me compré este libro porque lo veía mucho. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Conversaciones entre amigos.

     Conocemos a Frances, una joven que escribe poesía y que mantiene una estrecha relación de amistad con su expareja Bobbi. Bobbi es casi su opuesto, vibrante y segura Frances no puede evitar imaginarse que es ella. Juntas conocen a Melissa y su merido Nick. Melissa promete hacerles un reportaje y así comienzan una relación con esta pareja que goza de una cierta notoriedad, y ambas chicas no tardan en sentirse atraídas por ellos.

     en esta novela sin guiones ni marcas de diálogo, Rooney da voz a Frances que es quien se confiesa contando su historia. No quiere decir esto que no haya diálogos, ya que abundan y están normalmente cargados de dobles sentidos e ironías. Pero Rooney deja que una de las protagonistas de la novela cuente su historia en un monólogo directo en el que no da voz a nadie salvo la propia haciendo que el lector se fíe de su versión al no tener otra con la que compararlo. Además, Nick cuando escribe mails no les pone mayúsculas. En realidad se trata más de una historia de sentimientos, nada que ver con el aspecto exterior, quizás sea una forma de representarlo sobre el papel, de decirnos que miremos más allá de lo obvio. Y es que, a poco que uno se fije en esta novela, descubre que Frances es mucho más de lo que dicen o, sobre todo, no dicen sus palabras.

     Pronto intuimos que Frances se siente atraída por el guapérrimo Nick, la vez que Bobbi lo hace por la esposa de este. Y así, la chica que admira esa vida un poco mejor que la propia, esa fama mediocre del actor de tercera, acaba cayendo en una de las situaciones más mediocres posibles en las clases medias/altas, la aventura con un casado mayor que ella. Frances reniega, como lo hace de sus sentimientos que esconde permanentemente bajo la coraza de, "solo nos acostamos", esto lo hago "irónicamente"o aquello, como que tengas esposa y duermas con ella "no me importa". No engaña al lector, por supuesto, Rooney ya se encarga de dejar al descubierto a su protagonista remarcando más lo que no dice que lo que expresa. Frances teme al dolor, a la vida, a reconocer, a interactuar, y por eso lo niega todo. Poco a poco va quedando al descubierto su inocencia y también su crueldad. No deja de ser curioso que Frances trate de forma cruel a Nick cuando eso era precisamente lo que criticaba de Melissa. Del mismo modo, y pese a que Bobbi es su persona más cercana, hay momentos en que la desvela o la excluye de una forma dolorosa en ese afán suyo de "no hacer nada". Y Rooney consigue que veamos en esas crueldades errores provocados por la inocencia de Frances, que realmente quiere convencerse de que así todo irá bien y ella estará bien, logra que seamos indulgentes con ella hasta el punto de empatizar. A fin de cuentas es joven y sabe lo que quiere pero no parece tener tan claro el camino.

      Reconozco que no he encontrado en Conversaciones entre amigos la magnífica novela que esperaba, pero sí que he visto en Frances el reflejo de mil personas, de casi cualquiera que ha sido herido o que comienza a caminar y teme serlo. Ese es el gran encanto de esta historia unido a la sencillez que tiene Rooney a la hora de trasladárnosla. Merce la pena.

     Y vosotros, ¿alguna vez habéis visto tanto un libro que se os ha acabado metiendo en la cabeza?

     Gracias.

     "Cuando alguien te gusta piensas que es especial".