viernes, 21 de septiembre de 2018

Conversaciones entre amigos. Sally Rooney


     "Bobbi y yo conocimos a Melissa en la ciudad, en una velada poética en la que actuamos juntas. Nos hizo una foto en la calle en la que Bobbi salía fumando y yo sujetándome tímidamente la muñeca izquierda con la mano derecha, como si temiera que fuese a escapárseme".

     Confieso que me compré este libro porque lo veía mucho. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Conversaciones entre amigos.

     Conocemos a Frances, una joven que escribe poesía y que mantiene una estrecha relación de amistad con su expareja Bobbi. Bobbi es casi su opuesto, vibrante y segura Frances no puede evitar imaginarse que es ella. Juntas conocen a Melissa y su merido Nick. Melissa promete hacerles un reportaje y así comienzan una relación con esta pareja que goza de una cierta notoriedad, y ambas chicas no tardan en sentirse atraídas por ellos.

     en esta novela sin guiones ni marcas de diálogo, Rooney da voz a Frances que es quien se confiesa contando su historia. No quiere decir esto que no haya diálogos, ya que abundan y están normalmente cargados de dobles sentidos e ironías. Pero Rooney deja que una de las protagonistas de la novela cuente su historia en un monólogo directo en el que no da voz a nadie salvo la propia haciendo que el lector se fíe de su versión al no tener otra con la que compararlo. Además, Nick cuando escribe mails no les pone mayúsculas. En realidad se trata más de una historia de sentimientos, nada que ver con el aspecto exterior, quizás sea una forma de representarlo sobre el papel, de decirnos que miremos más allá de lo obvio. Y es que, a poco que uno se fije en esta novela, descubre que Frances es mucho más de lo que dicen o, sobre todo, no dicen sus palabras.

     Pronto intuimos que Frances se siente atraída por el guapérrimo Nick, la vez que Bobbi lo hace por la esposa de este. Y así, la chica que admira esa vida un poco mejor que la propia, esa fama mediocre del actor de tercera, acaba cayendo en una de las situaciones más mediocres posibles en las clases medias/altas, la aventura con un casado mayor que ella. Frances reniega, como lo hace de sus sentimientos que esconde permanentemente bajo la coraza de, "solo nos acostamos", esto lo hago "irónicamente"o aquello, como que tengas esposa y duermas con ella "no me importa". No engaña al lector, por supuesto, Rooney ya se encarga de dejar al descubierto a su protagonista remarcando más lo que no dice que lo que expresa. Frances teme al dolor, a la vida, a reconocer, a interactuar, y por eso lo niega todo. Poco a poco va quedando al descubierto su inocencia y también su crueldad. No deja de ser curioso que Frances trate de forma cruel a Nick cuando eso era precisamente lo que criticaba de Melissa. Del mismo modo, y pese a que Bobbi es su persona más cercana, hay momentos en que la desvela o la excluye de una forma dolorosa en ese afán suyo de "no hacer nada". Y Rooney consigue que veamos en esas crueldades errores provocados por la inocencia de Frances, que realmente quiere convencerse de que así todo irá bien y ella estará bien, logra que seamos indulgentes con ella hasta el punto de empatizar. A fin de cuentas es joven y sabe lo que quiere pero no parece tener tan claro el camino.

      Reconozco que no he encontrado en Conversaciones entre amigos la magnífica novela que esperaba, pero sí que he visto en Frances el reflejo de mil personas, de casi cualquiera que ha sido herido o que comienza a caminar y teme serlo. Ese es el gran encanto de esta historia unido a la sencillez que tiene Rooney a la hora de trasladárnosla. Merce la pena.

     Y vosotros, ¿alguna vez habéis visto tanto un libro que se os ha acabado metiendo en la cabeza?

     Gracias.

     "Cuando alguien te gusta piensas que es especial".

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El fantasma en el libro. Javier Calvo


     "Yo pienso que la invisibilidad es intrínseca a nuestra labor; no puede ser de otra forma. Aspiramos a desaparecer. Nuestra escritura es la única que intenta que nadie se fija en ella, que quiere ser literalmente invisible, algo en lo que la mente no se detenga en absoluto. Nuestro ideal es que nuestra traducción se lea 'como si no fuera una traducción'. Queremos no estar ahí. Incrustarnos tan adentro de la página que no se note que estamos. Somos camaleones paradógicos. Para desaparecer de la página, tenemos que llenarla".

     Los libros sobre libros están de moda, no así los ensayos o textos un poco más centrados que no lleven el soporte de una trama novelística. Sin embargo a mi me parecen interesantes todos ellos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El fantasma en el libro.

     Dice Javier Calvo, autor de este libro y traductor de nombre ya conocido por muchos lectores, que le gusta pensar que los traductores son fantasmas, el reverso de un texto, el blanco de la página que llena el espacio entre las letras. Y con este libro pretende dar voz a los traductores, acercarlos un poco más a una población que los desconoce, lo cual resulta curioso ya que vivimos rodeados de traducciones: la película, música, internet en muchos textos, libros, folletos... y sin embargo, seguimos sin apenas reparar en ella y mucho menos en los nombres que están detrás de tanto trabajo. No solo hay unos actores de doblaje, alguien tuvo que traducir previamente el guión. Sí, ahora muchos libros incluyen el nombre del traductor, pero queda mucho camino por recorrer.

     Que nadie caiga en el error de pensar que es un libro meramente reivindicativo en el que se limita a señalar las protestas de un sector que parece haber perdido mucho desde que aquellos escritores famosos firmaban traducciones. De hecho, comienza incluso con la historia de la Septuaginta, la traducción al griego de la Biblia, algo que si se desconoce resulta sumamente interesante y, si no se desconoce, también debido a la explicación que da Javier Calvo referida al trabajo de traducción cuando este parecía otorgar un cierto status cultural en quien lo realizaba. De hecho, su mirada es tan hacia atrás en el tiempo para buscar estas épocas de gloria, que nos desplazamos a la Edad Media sin pestañear no sin antes haber pasado por griegos y romanos. La importancia del latín, las traducciones customizadas por traductores que se veían como personas destinadas a mejorar un texto ajeno: las bellas infieles. Medio libro salpicado de interesantes anécdotas antes de mirar al presente y al futuro. Un presente que, afirma, está dominado por la lengua inglesa. Un idioma dominante que exporta más de lo que importa y también por esos autores cuyo libro se convierte en BestSeller y que son traducidos inmediatamente a 20 o 40 idiomas.
Nos habla también de la parte interna, del trabajo de corrección, del exceso de literalidad o de la ausencia de la misma. Da pautas y permite al lector asomarse a este desconocido mundo en el que los localismos, las modas a la hora de hablar dependiendo del momento en que se escribiera el libro, son más importantes que la propia trama argumental.

      ¿Tiene parte de reivindicación? Por supuesto. Pero también tiene mucho de explicación. Me ha resultado interesante e ilustrativo saber un poco más sobre este mundo. Llegar hasta la época tecnológica, hasta el Google Translate, ver lo sucedido con fenómenos como  Potter o Canción de Hielo y Fuego, el fenómeno fan y las traducciones que uno encuentra en cuanto navega por internet. Y me he quedado con una idea que es u hecho en realidad: una gran parte de los traductores que se dedican a ello de forma profesional, también son escritores. Y es que la traducción, al menos la traducción de libros, ha de ser siempre literaria.

     El fantasma en el libro es una obra sumamente interesante salpicada de anécdotas y hechos desconocidos para muchos que hará disfrutar a los aficionados a la literatura. Además y puesto que no es largo y tampoco una suerte de tratado o compendio, resulta ágil en las manos del lector.

     Y vosotros, ¿os gusta adentraros en el mundo literario?

     Gracias.

martes, 18 de septiembre de 2018

Asimetría. Lisa Halliday


     "Alice empezaba a hartarse de estar sentada sola sin nada que hacer. De vez en cuando intentaba volver a leer el libro que tenía sobre el regazo, pero casi todos los párrafos eran largos, no había comillas ni guiones de diálogo y ella se preguntaba qué sentido tenía un libro sin comillas ni guiones de diálogo".

     Me llamó la atención este título desde que supe de su publicación. Casi todas las primeras novelas que llegan con cierto revuelo, me atraen. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Asimetría.

     Asimetría es una novela orquestada en tres partes. O tres relatos que terminan por orquestar una historia. La primera parte es la historia de Alice, una joven editora que aspira a escribir y de cómo conoce a un escritor famoso ya mayor y acaba manteniendo una relación con él. La segunda parte nos cuenta la historia de Amar, un economista iraquí criado en Estados Unidos. Amar intenta volver a su país y acaba varado en el aeropuerto de Heathrow desde donde recordará muchos momentos de su pasado. finalmente hay una tercera parte en la que entrevistan al escritor protagonista de la primera, Ezra.

     Si todos los libros componen una historia, es cierto que la historia de Asimetría es realmente interesante a nivel cotilleo. Baste decir que Halliway en su juventud, es decir, aún más joven que ahora, mantuvo una relación con el recientemente fallecido Roth, y que esta es su primera novela que, por supuesto, le dio a leer. Sin entrar en más detalles, no podemos evitar pensar en Ezra como en Roth, posiblemente porque la autora juega un poco con ello, haciendo una suerte de ejercicio de autoficción mezclado con ironía que hace sonreír inevitablemente al lector. Digamos que, por ejemplo, la historia de Ezra y Alice la ubicamos en el tiempo gracias a que la autora nos va contando quién gana el Nobel de literatura cada año y que en un momento determinado un lector se acerca al protagonista para expresar su deseo de que él sea "el próximo". Y digamos también que finalmente decide darle el Nobel dejándonos sin saber muy bien si es por dejar claro que no es su historia con Roth o como guiño personal al escritor. Y sin embargo, no es esta búsqueda la que hace interesante Asimetría ya que el libro lo es por derecho propio.

     Si vamos hablar de historia en historia hay que decir que la relación entre Alice y Ezra es interesante por la lucha de poder que representa. Él es un hombre admirado, mucho mayor que ella, culto y conocedor del poder que tiene para deslumbrar. Ella posee la juventud. Cada uno sabe lo que aporta a la relación y, mientras que ella le da frescura, incluso ternura y también compañía y cuidados, él sabe que la proporciona esa cultura por la vía rápida que la servirá para su gran propósito que es escribir. Ambos saben de la asimetría de su relación, también de los riesgos y los daños, y ambos buscan seguir deslumbrando hasta el momento de la inevitable liberación. Exponer una relación como esta es bastante complicado, tal vez por eso la protagonista se nos antoja fría, no nos deja ver su interior salvo en pequeños gestos, alguna imagen ajena, y nos mantiene buscando el "algo más" durante todo su relato.
     Ese algo más va a llegar en el segundo relato, una historia sin relación alguna que muestra nuevamente una total desigualdad con la primera. Amar es mucho más sensitivo, su vida ha sido más complicada, se desespera a ratos, recuerda, abre el corazón y muestra una vida diametralmente opuesta a la de Alice. Y también lo es la de familia con la suya propia. Siempre diferencias, siempre un espejo desigual.
      La tercera parte es una entrevista en la que la autora decide que es el lector quien ha de esforzarse. Reconozco que me ha resultado mucho más interesante esta entrevista ficticia que muchas reales que he leído. Pero aquí nos toca hacer el trabajo y coger aguja e hilo para hilvanar temas y tener así el libro redondo. En cambio no voy a dar ninguna clave. ¿Por qué? Pues porque incluso si no se llega a ello, tampoco importa demasiado. Porque el libro sigue mereciendo la pena y porque descubrir o creer haber descubierto esos hilos, provoca un placer en el lector que no me gustaría estropear. O tal vez porque temo que mis hilos no sean los adecuados.

     Asimetría me ha parecido una gran lectura que está además llena de referencias culturales con las que he disfrutado terriblemente. La cultura, las vidas, la necesidad de escribir sobre ello y las sensaciones que provoca los escrito. El sentir que uno tiene pocas vivencias o contar las muchas que tiene sin ser del todo consciente. Y una vez más la cultura. Todo eso es Asimetría. Y mucho más. Suelo decir que los lectores tendemos a ser benevolentes con las primeras novelas; esta no necesita de nuestra condescendencia.

     Y vosotros, ¿con qué libro estáis esta semana?

     Gracias.

"El amor es volátil, recalcitrante, irreprimible. Intentamos dominarlo, nombrarlo y planearlo y tal vez contenerlo entre las seis y las doce o, si eres de París, entre las cinco y las siete, pero, como la mayoría de las cosas adorables e irresistibles de este mundo, termina por liberarse y, sí, a veces sales trasquilado".

jueves, 13 de septiembre de 2018

Tres mil noches con Marga. Pedro Ramos


     "Nieve. Todo está cubierto de nieve. M avanza con precaución por una carretera helada y oscura".

     Me gustan las historias de vida, y hay muchas escondidas detrás de cada nombre y de cada mirada. Eso pensé cuando vi la cubierta de este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tres mil noches con Marga.

     Conocemos a Margarita cuando es una adolescente que va de la capital al pueblo. Ella es la niña de la capital, tiene esa edad en la que oscila entre niña y mujer y sale con sus primos mientras coquetea con ellos a la vez que con las drogas y el alcohol. Conocemos a Marga, la misma niña, justo tras conseguir el doctorado, momento en que regresa al pueblo en el que están sus padres y hermanos y también el recuerdo de una vida en veranos. Y conocemos a M, Margarita, Marga ya convertida en toda una mujer. Ahora trabaja en Alaska dando clases en la universidad. M recibe una llamada que la lleva de regreso a ese pueblo por el que no regresó.

     Pedro Ramos nos desvela en su última novela la historia de Marga y al hacerlo nos abre la puerta a una familia y también a la historia más reciente de nuestro país. Estructurada en tres partes que se van alternando, da siempre la referencia al lector para que no se pierda en esta vida que no deja de ser el reflejo de otras mil. Y así es como descubrimos a la marga adolescente en esa época en la que la gente iba del pueblo a la ciudad para luego regresar a pasar los veranos, ver a las familias y también disfrutar de las fiestas locales olvidando por unos días que ahora ya no pertenecían a esos entornos. Una época, finales de los ochenta, en la que la heroína estuvo demasiado cerca de muchos jóvenes marcando para siempre demasiadas vidas. Y así lo vemos en la de nuestra protagonista. Poco a poco, porque las familias guardan los secretos que no quieren que vean la luz. Saltamos entonces a esa joven doctora, la primera del pueblo, de la familia, la "diferente" que regresa para acudir a una boda. Y el autor elige un momento que todos recordaremos, es el momento del secuestro y ejecución de Miguel Ángel Blanco. Toda la sociedad se vio afectada por ello, y la familia de Marga no iba a ser una excepción. Sin embargo, algo más sucedería cuando Marga se marcha del pueblo sin aparecer por la boda y decide no regresar jamás. Solo una mala noticia puede hacer que M decida romper esa promesa y volver al pueblo. Enfrentarse a su madre, siempre callada y conciliadora, a su padre con quien hace años que no habla... a su familia en definitiva. Y el lector, mientras alterna estas tres partes de la historia, se pregunta qué sucedió para que Marga se convirtiera en M. Ya sabemos por qué Margarita fue Marga, pero esto último se nos escapa y es porque, si todas la familias tienen secretos, parece que hay otro tipo de secretos que no se comparten ni siquiera con la propia familia. O tal vez ahora...

     Marga es un personaje excepcional. Una niña curiosa, rebelde, que supo encauzar esa rebeldía para lograr sus objetivos en la vida y también para superar las difícultades del camino. Pero, sobre todo, Marga es buena. Y no hablo de uno de esos personajes que se catalogan como buenos o malos, sino de aquellos cuyos actos revelan una profundidad al alcance de pocos. Y esa ha sido mi sensación a medida que iba a conociendo a Marga, pasando las páginas mientras me daba cuenta de que empezaba a materializarse para convertirse en alguien real.
     Decía, un poco más arriba, que Tres mil noches con Marga es más que una historia personal o la historia de una mujer o una familia. El autor sabe dar con las teclas precisas en una canción, un momento o un gesto como para reflejar un país entero sin necesitar grandes explicaciones o descripciones. Todos sus escenarios nos son familiares, todos los gestos reconocibles y todas las palabras se antojan verdaderas. Eso es lo que me ha gustado de esta novela, y lo que me ha gustado de Marga: que es real. La comprendas o no, respira dentro del libro y lo sigue haciendo una vez lo cierras.

     Me ha gustado Tres mil noches con Marga. Buscaré otros libros de Pedro Ramos. Os recomiendo que vosotros también lo hagáis.

     Y vosotros, ¿recordáis algún personaje que haya sobrevivido a la última página?

     Gracias.

     PD: Siempre he creído que todos tenemos una llave con la que se abre nuestro corazón. Preciosa la cubierta del libro.

martes, 11 de septiembre de 2018

Belgravia. Julian Fellowes


      "Sé que supone que tenemos que alimentar la ficción de que queremos a todos nuestros hijos por igual, pero a mí me cuesta trabajo".

     Voy a empezar comenzando que no he visto Downton Abbey, pero sí he leído muchas referencias a esa serie. Al final, y por no comenzar por el principio, me enteré de que su autor también tenía libros publicados y es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, Belgravia.

     El 15 de junio de 1815 un selecto grupo de la alta sociedad británica celebra una fiesta en Bruselas. Al día siguiente tendrá lugar la Batalla de Waterloo.
25 años después Londres está cambiando y Belgravia comienza a ser el barrio próspero que sigue siendo hoy en día. En él, las disputas y los secretos son algo común, y alguno de esos secretos viene desde aquella noche de 1815.

     Si el autor es conocido por una serie, está claro que se siente cómodo con ello. De hecho este libro apareció en forma de publicaciones semanales a través de una app en una suerte de homenaje a Dickens en versión 2.0. De esta forma atrapó a muchos lectores que esperaban ansiosos el siguiente capítulo y terminaron por comprarse el libro. Sin embargo, no  he visto en el libro ninguna referencia a Dickens y el retrato de Londres de Fellowes carece de la profundidad dada muchas veces por esas clases menos pudientes que otros autores sabían explorar. De hecho, Belgravia es y se concibe como un producto dirigido a entretener al lector y eso se nota desde el lanzamiento por capítulos, hasta el punto final de la historia.
La novela, dividida en 11 capítulos, es un folletín por entregas que utiliza el ya conocido formulismo de "tirar del lector" al final de cada capítulo para conseguir que se quede a leer uno más y, con un poco de suerte, haga lo mismo en todos ellos hasta llegar al final de la novela. Comienza para conseguirlo deslumbrándonos con una escena de la alta sociedad la víspera de un suceso histórico de sobra conocido. Esa noche sucede "algo", importantísimo para el resto de la historia y cuyas repercusiones y ecos serán el motor del resto del libro. Un cuarto de siglo más tarde será el momento elegido por Fellowes para poner en marcha su maquinaria de intrigas, mentiras, envidias y codazos que se sucederán sin pausa dejando que conozcamos lo justo a cada uno de los personajes como para que lo identifiquemos sin problemas. A fin de cuentas, los buenos, los malos y los que pueden sorprendernos, son señalados por el autor con la claridad suficiente desde casi las primeras páginas. Aquí no se trata de complicarnos la vida una vez hechas las abrumadoras presentaciones, se trata de que nos resulte fácil seguir leyendo.

     Fellowes busca escribir una novela victoriana como las de antaño y ambienta su historia de una forma visual y efectiva en la que se echan de menos esos detalles que dan realismo a las novelas. Resulta de hecho un tanto manido en sus letras el tema de la sociedad cambiante y las nuevas familias pudientes que comienzan a codearse con las de rancio abolengo en las ciudades que crecen al amparo de las nuevas prosperidades tecnológicas. Por mucho que nos las quiera explicar, otros ya lo hicieron mejor. Los codazos, las envidias, las competencias incluso entre criados, pueden ser divertidas, pero están tan vistas que la novela va perdiendo frescura, incluso repitiéndose, por el camino hasta resultar demasiado previsible en su parte final. Y eso, en una novela que busca el entretenimiento, es imperdonable. Supongo que Fellowes, en su afán de ganar al lector y tenerlo enganchado a su historia, ha pecado de complaciente a la hora de resolver.

     Belgravia es una novela entretenida con la que pasar un par de tardes que no deja poso alguno en el lector. Ahora, si os gusta la época y lo único que buscáis es evadiros, tal vez sea vuestro libro. Leer es un acto ocioso que debe de procurar placer al lector, y la lectura como evasión es un gran placer por mucho que algunos se empeñen en decir que solo los libros sesudos que nos hacen sudar pueden alcanzar ese status deseado de "bueno".

     Y vosotros, ¿habéis leído alguna novela por culpa de una serie televisiva?

     Gracias.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Lo que te pertenece. Garth Greenwell


     "Que mi primer encuentro con Mitko B. terminara con una traición, aunque fuera pequeña, ya debería haberme puesto en alerta entonces, y eso a su vez debería haber mitigado mi deseo de él, o incluo haberlo eliminado por completo. Pero el sentido de alerta, en sitios como los lavabos del Palacio Nacional de Cultura, que fue donde nos conocimos, viene a ser un elemento coextensivo del aire, ubicuo e ineludible, hasta el punto de convertirse en parte misma de aquellos que habitan en él, y por tanto en parte esencial del deseo que nos lleva allí".

     Llevo esperando este libro desde el pasado año, así que no tardé ni un día en salir corriendo a la librería para hacerme con él. Hoy traigo a mi estantería virtual Lo que te pertenece.

     Conocemos a un hombre sin nombre que nos revela su historia. Es profesor de literatura y, cuando se nos presenta en esta novela en primera persona, reside en Sofía donde da clases en la universidad y ronda la treintena. Una vez llega a Sofia no tarda en descubrir un lugar en el que tener sexo esporádico y sin compromiso previo pago, y se dirige allí sin saber que allé conocerá a Mitko; un hombre con el que llega a obsesionarse.

     Voy a comenzar esta opinión dando rienda suelta a lo que sé es mi imaginación, pero en el caso de los libros escritos en primera persona, me cuesta no buscar en ellos al autor. Sobre todo si se trata de un libro de vivencias tan sentido como este. Y es que la honestidad que destilan las páginas de Lo que te pertenece, unidas a que su protagonista afirma que su nombre de una sílaba resulta impronunciable para un búlgaro, nos obligan a jugar con la posibilidad de que las líneas de este libro encierren algo de realidad. Lo que desconozco es si se trata de una pista dejada por Greenwell o si, por el contrario, es una treta bien orquestada para conseguir reforzar esa sensación de honestidad. En todo caso, funciona.

     Estams ante una novela sobre sentimientos que está estructurada en tres partes diferenciadas. En la primera parte, nuestro protagonista cooce a un chapero llamado Mitko por el que se siente inmediatamente atraído.En la primera página ya nos habla de este encuentro en unos baños públicos dejando bien claro que nuestro protagonista se siente cómodo con su sexualidad. Es allí, un lugar en el que la gente practica cruising, donde comienza esta historia y el lugar en el que conoceremos al enigmático objeto del deseo del protagonista. Mitko es chapero, inaccesible y metódico, y nuestro protagonista es consciente de ello en todo momento. Hay una gran parte de Mitko que le es vetada y por eso cuando Mitko le llama amigo, parece clavársele la palabra. Pero no puede evitar sentirse atraído por él, pagarle, buscar esa línea entre amor y ternura, querer saber más de él intentando alcanzar ese espacio al que sabe que no llegará. Pero no nos equivoquemos porque no estamos hablando de amor, es algo mucho más básico y cercano a la posesión aunque sea parcial del objeto deseado. Quizás por eso no hay drama cuando Mitko se aleja.
Y de repente, un día llaman a la puerta y entregan una nota a nuestro protagonista que, con lo que en ella se le dice, no puede evitar caer en el recuerdo. Y aquí el libro se torna doloroso.
      Greenwell nos habla de la relación del protagonista con su padre, del descubrimiento de la homosexualidad de una forma natural y del olor de la vergüenza, de la mancha, de la sensación de que algo está mal. Kentucky no parece el mejor lugar, y menos en el seno de una familia conservadora, para descubrir que uno es gay porque irá acompañado de la necesidad de ocultarlo, un sentimiento que oscila entre la vergüenza o la humillación que queda reflejado a la percepción en el enamoramiento de su amigo K.
     La última parte de la novela es la que relata la relación del protagonista con R, una relación estable, monógama y mucho más convencional en la que todas las turbulencias de la vida parecen haber quedado atrás. Sin embargo el pasado siempre puede volver, y así es como una vez más llama a la puerta del narrador, que la abre y se encuentra a Mitko. La historia sigue siendo triste, pero ahora de una forma distinta, Mitko ha seguido en un desceso mientras que nuestro protagonista parece haber encontrado su zona de confort, pero el choque es inevitable como también lo es la conciencia y el deseo que se agita levemente en su interior. Mitko sigue siendo un chapero, aunque ahora pida de otra manera y nuestro protagonista sigue buscando en él ese resquicio. Una evolución que no le deja liberarse del todo y que convierte este libro en una experiencia lectora a ratos casi desgarradora.

     Cuando leemos un libro muchas veces nos sentimos inmersos en la historia. Eso pasa con Lo que te pertenece, una novela en la que el autor sabe llevar al lector por un torbellino de sensaciones. Un libro en el que los nombres son tan importantes como aquello que desvelan y quizás por eso la ausencia de nombre del protagonista nos hace pensar en una cercanía al autor. Veremos, por ejemplo, que la única persona del libro a la que se le otorga un nombre es a Mitko, mientras que el resto vienen dados por las iniciales. Y no podremos evitar pensar que esa posesión pagada en billetes de 10 y 20 a lo largo de su relación con el protagonista y sobre todo, esa primera treta relatada en la primera página, han sido vengadas a lo largo de la novela con el simple gesto de escribir su nombre completo. El autor consigue una relación directa con el lector a través de juego no verbalizado exactamente igual que lo hace con otros muchos guiños que salpican la novela.

     Lo que te pertenece me ha parecido una novela excepcional en muchos sentidos. Un libro al que merece la pena acercarse con una lectura llena de capas. No dejéis de leerlo y, si podéis, comentarlo. Este es uno de esos libros que permiten horas de conversación.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 6 de septiembre de 2018

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. M. A. Shaffer & A. Barrows


     "Querido Sidney:
     Susan Scott es maravillosa. Hemos vendido m´s de cuarenta ejemplares del libro, lo cual me resulta muy grato, pero mucho más emocionante desde mi punto de vista ha sido la comida".

     A veces uno ve tanto un libro que se satura y necesita tiempo y distancia para poder disfrutar de él. Eso me pasó con este libro, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey.

     Conocemos a Juliet como autora ya de la primera carta dirigida a su editor. Estamos en Londres en 1946, una ciudad marcada por la guerra y Juliet es una columnista de éxito que ha visto como su trabajo se ha editado y ahora no sabe qué escribir. Conocemos su correspondencia con la isla de Gernsey, en la que se creó una sociedad literaria en la que reunirse durante la guerra. Esta correspondencia cambiará la vida de Juliet.

     Cuando se habla de novelas epistolares mucha gente siente la necesidad de echarse atrás, sin embargo, no es la primera vez que un libro epistolar se convierte en un éxito, ahí tenemos por ejemplo el caso de 84, Charing Croos Road por poner como ejemplo otro libro en el que se mastica literatura.
     Comentar en este caso, y como curiosidad añadida al libro, que Mary Ann Shaffer fue bibliotecaria, librera y editora y, como muchos, soñaba con escribir. En 1976 visitó Gernsey, durante su visita se levantó tanta niebla, que la isla quedó incomunicada dándole la idea de escribir sobre esta isla y la usaría años después cuando su club de lectores propuso que escribieran una historia. Para ese momento Mary Anne ya se sentía enferma, así que buscó en su sobrina Annie Barrows a la persona que terminara su novela. La elección no fue al azar ya que Annie también ha sido bibliotecaria, librera, editora y autora de libros infantiles. La novela ya terminada ha sido y es un gran éxito, tanto en librerías como en su adaptación cinematográfica.

     Una de las cosas que más me han gustado de esta novela, es que no es un simple intercambio de cartas entre dos personas, la autora amplía el círculo y así es como consigue tener un entorno completo para la protagonista y todos los personajes. Divide además la historia en dos partes, la basada en Londres y aquella que es ya en la isla, y el lector se siente cómodo con esta decisión que le permite avanzar sin tropiezos en la lectura e ir conociendo uno a uno a los integrantes de la Sociedad Literaria y su relación con los libros o bien con ese libro en particular que les ha marcado por un motivo y otro. De hecho, uno de los grandes atractivos del libro es precisamente la abundancia de menciones y guiños literarios que hay en las cartas. Normal, diréis, el libro trata sobre una Sociedad Literaria. Pero es más que eso, trata sobre las personas que la integran y también sobre lo vivido. Hay momentos duros que se esconden tras la suavidad de las letras de las autoras, incluso algún destello de sentimentalismo dejado caer con bastante puntería.
      Ahora me podéis matar, pero me ha resultado (sin que ello sea una pega, y tampoco indique que sea un libro para mujeres) una lectura con un toque femenino casi palpable a grandes ratos. Un libro con una primera mitad tremenda, en la que estamos deseando que Juliet viaje a la isla e ir luego conociendo las historias de todos los integrantes de la sociedad, pero que decae levemente en la última parte. Era inevitable una vez desvelados ciertos datos, y eso no ha hecho que disfrute menos de la lectura. Y si además tenemos en cuenta que estamos ante una primera novela, nada que añadir.

     La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey es un libro amable que he disfrutado sin llegar al entusiasmo exagerado de muchos lectores, pero que, estoy segura, recordaré con una sonrisa en los labios. De hecho solo le puedo poner una pega, y es el título engorrosamente largo. Animáos, os gustará.

     Y vosotros, ¿sois de novelas epistolares?

     Gracias.

martes, 4 de septiembre de 2018

El fin de la soledad. Benedict Wells


     "Hace tiempo que conozco a la muerte, pero ahora ella también me conoce a mi".

     Leer es una actividad que se realiza en solitario, pero, de todas las actividades que se realizan en solitario, es la que más consigue socializarnos. De hecho, yo no hubiera leído jamás este libro de no ser por una amiga lectora. Hoy traigo a mi estantería virtual, El fin de la soledad.

     La familia de Jules vive cerca de Munich. El vive feliz junto a sus padres y sus dos hermanos, es popular en el colegio y siente que su vida será siempre así. Sin embargo los padres mueren en un accidente de tráfico y los tres hermanos terminan en un internado en el que apenas se ven, ya que son separados por edades. De este modo, el vital Jules termina siendo un adolescente retraído, Liz, esa niña preciosa y extrovertida, termina por perder el rumbo y Marty.. bueno, ese es el que parece cambiar menos ya que siempre fue el intelectual de los tres. Muchos años después, Jules recuerda su vida y también a su gran amiga y amor, Alva.

     Llegamos a Jules en una situación delicada, con tiempo para pensar y ordenarse, y es por ello que su mente se va a esa infancia feliz, con unos padres que les querían y se instala cómodamente en aquella felicidad recordada con cariño y nostalgia: las canciones de su madre, el paseo con la familia, la afición a la fotografía... para rápidamente avanzar hasta la primera de las desgracias que marcarían su vida. A partir de ella los cambios son más que notables en los tres hermanos y la novela se convierte en una de esas historias de vida en las que se cumple palabra por palabra aquello de "son tan diferentes, que no parecen hermanos". Y sí, entra en escena Alva, la única persona capaz de acercarse al Jules niño, preadolescente, la niña perfecta que esconde un dolor en su interior que tal vez sea lo que les una. Nace el sentimiento que tarda tiempo en hacerse una realidad y que amenaza con convertir a la novela en una historia de amor: pero no, Benedict mantiene a raya los sentimentalismos, no le interesa que su libro sea solo eso y, quizás por ese motivo, seguimos avanzando de forma ordenada en el tiempo sin perder ese tono nostálgico, ese deje de tristeza que se deja ver hasta en los mejores momentos. Jules no tiene la vida fácil que se prometía en aquellos días en los que era el fanfarrón de la clase, parece que no se le permite en ningún momento alcanzar esa serenidad. Y tampoco a sus hermanos, ni siquiera a Marty por mucho que triunfe. Son, a fin de cuentas, tres supervivientes. Y si algo tienen los supervivientes es que lo son para toda la vida. Quizás por eso en un momento determinado se dice en la novela "Moriré joven, cuando finalmente sea feliz". Como una sentencia de vida, no necesariamente precisa en cuanto a los tiempos pero terriblemente certera en el alma. no quiera decir eso que no encuentra momentos felices, al contrario los atesora, como cualquier vida.

     El autor consigue dibujar unos personajes con los que nos sentimos cómodos, de los que nos despedimos al cerrar el libro como si fueran amigos, con la sensación de saberlo todo sobre ellos. Van a ser ellos con sus actos y Jules con sus sentimientos hacia cada uno los que ambienten la novela generando una atmósfera casi privada con el lector. Poco importa que estemos en Alemania en realidad. Lo que allí sucede bien podría ser en Francia, Italia o España y ese es otro de los encantos de la historia, la cercanía palpable, la capacidad de identificarnos con momentos puntuales o sentimientos peregrinos.

     El fin de la soledad es una lectura que he disfrutado, quizás más porque evita la salida del melodrama fácil.

     Reconozco que soy más lectora de historias amargas que de historias de amor. Que me gustan los finales coherentes por encima de los finales felices y que no soporto un libro en el que su protagonista no tenga defectos. Y vosotros, ¿preferís las historias felices?

     Gracias.

lunes, 3 de septiembre de 2018

La retornada. Donatella Di Pietrantonio

 
     "A los trece años ya no conocía a mi otra madre. 
     Subía con trabajo la escalera de su casa con una maleta incómoda y una bolsa llena de zapatos revueltos".

     Compré este libro con la promesa de una gran historia y una imagen un tanto perturbadora en la cubierta. Esos ojos me llamaron la atención. Hoy traigo a mi estantería personal, La retornada.

     Una muchacha de trece años es devuelta a su pueblo junto a su humilde familia. Ella ni siquiera los recuerda ya que vivía con quienes creía sus padres, en una bonita casa y, de la noche a la mañana, se encuentra en un lugar que le es ajeno y en el que se empeñan en llamarle "la retornada". Desconoce el motivo de su regreso, y solo consigue sentirse cómoda junto a una de sus hermanas.

     "La Retornada" nos cuenta su historia, la historia de una niña de 13 años perdida en una vida que se ha desvanecido en el aire empujándole a una casa que no conoce, llena de unos niños que le dicen son sus hermano y con unos padres a los que no recuerda y se niega a aceptar. Quizás sea por eso por lo que no nos dice su nombre, porque a nadie parece importarle ni ella, ni su opinión. Se niega a olvidar a la que llamaba mamá y que la echó de casa sin saber el motivo, y también a la nueva que parece no prestarle ninguna atención y menos aprecio. Mientras pasa el tiempo e intenta comprender lo sucedido y adaptarse, vamos acompañando a esta niña en su camino a la vida adulta.

     Lo cierto es que la historia es llamativa y promete una buena trama, una niña en edad complicada, una familia totalmente desestructurada, humilde y llena de carencias... el libro tenía muchos ingredientes para ser una historia brusca o conmovedora, brutal o tierna. Y sin embargo, algo falló.
Pocas veces se cierra un libro con indiferencia, sabiendo que dentro de un mes lo leído habrá caído en el olvido y menos veces aún se trata de una historia narrada en primera persona. Y, sin embargo, eso es lo que me ha sucedido con La retornada.No he sido capaz de empatizar con la protagonista a la que ha faltado, cosa casi imposible cuando se narra en primera persona, la profundidad necesaria como para lograr que me importaran sus sentimientos. Si algo le sorprendía, lo miraba. Si algo le aturdía, lo miraba. No he comprendido muchas de sus reacciones, que me han parecido absurdas y mucho menos sus cambios. De hecho, será su hermana pequeña la única que consiga captar mi atención durante la historia en la que sobran hermanos que apenas son una sombra, padres que salen para mostrar una reacción y una vecina que de repente parece ser una más. La sensación ha sido de desapego entre la autora y la historia, un desapego que se ha trasladado a mi durante la lectura que, si bien avanza con cierta rapidez, no me ha preocupado en ningún momento el motivo de ese retorno a casa de la protagonista.

     La autora nos da casi al final la resolución del misterio, en la que he visto algún punto que no ha terminado de encajarme y finalmente interrumpe la historia, según mi modo de verlo, porque ya no sabe qué hacer con ella. Esto implica que, si bien ha dado alguna pincelada del futuro durante la lectura, estas pinceladas solo consiguen que el final se antoje brusco, como si la mayor parte de lo que allí nos han contado, no importase nada en absoluto.

     La retornada me ha parecido una novela fallida, en la que las denuncias sociales se enumeran y la protagonista está desdibujada. Sin embargo, cada libro tiene un lector y me encantaría ver opiniones contrarias que, casi seguro, arrojarán una luz distinta a la mía.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 23 de agosto de 2018

El blues del hombre muerto. Ray Celestin


     "Louis Armstrong corrió por el andén cuando se estaba poniendo en marcha el Panama Limited, con su maleta de cartón en una mano y el estuche de su corneta y los billetes en la otra".

     Hace ya un tiempo que leí Jazz para el asesino del hacha, pero fue ver este título en la librería y recordarlo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El blues del hombre muerto.

      Chicago años veinte, la bebida es ilegal, Al Capone domina la ciudad y el músico Louis Armstrong acaba de llegar. Es en este momento cuando se produce una coincidencia inquietante en la ciudad: grandes líderes de la ciudad a uno y otro lado de la ley son envenenados en un lujoso hotel, un hombre aparece muerto en un callejón y una joven millonaria ha desaparecido. Así será como la agencia Pinkerton se relacione con Russo, fotógrafo para la policía y también el motivo para que Dante, de profesión "reparador" vuelva a las calles de Chicago.

     Si bien es cierto que la novela continúa la acción de la anterior, se puede leer aunque no se conozca absolutamente nada de la historia y, no solo no necesitarlo, sino pensar que estamos ante un  libro independiente. De hecho, habrá una tercera parte ambientada en Nueva York en los años 40 y una cuarta y última que nos trasladará a Los Angeles siguiendo siempre al gran Louis Armstrong. Suponemos que todas ellas marcadas por los crímenes y la música, consiguiendo un dúo equilibrado que aporta un interés extra a la novela negra.

     Si tuviera que ponerme a desgranar esta novela posiblemente necesitaría el doble del espacio que utilizo habitualmente. Y es que El blues del hombre muerto es mucho más que una historia con tres hilos que convergen en un final solvente que pone un buen broche a la historia. La novela, es, en realidad, una maraña de tramas y subtramas que se entrelazan al ritmo de las bandas de hombres negros que tocaban por las noches en una ciudad  marcada por el racismo y las mafias.
Por eso Chicago se alza como la gran protagonista, un protagonista al que nos describen con funerales exagerados en sus calles que se llenan de flores ara alfombrar el camino a la iglesia de un miembro de la mafia, un lugar en el que los blancos ricos buscan la diversión clandestina entre los negros, y también una ciudad en la que los negros luchan por lograr sus sueños aunque sea en una mísera agencia de detectives. O fotografiando crímenes cuando lo que realmente se quiere es ser policía. Así es como todos y cada uno de los personajes que ofrece el autor van aportando su granito de arena para crear el ambiente global; ya sea Capone preocupado por su salud o Armstrong recordando sus orígenes cuando ya paladea el éxito, todos ellos cumplen la función de miembros de la historia y de atrezzo para esta gran ciudad.
     En cuanto a las tramas, tengo que decir que son interesantes y, si bien al principio una nos puede despertar más interés que las otras dos, a medida que los personajes de cada trama se van conociendo, la novela gana en fuerza frente al lector. Y no es porque sorprenda en ningún caso, ya que las pistas son claras, sino por la inteligente mezcla de personajes históricos, momentos ya de sobra conocidos y otros salidos de la mente del autor que consiguen un efecto visual en el que casi podemos escuchar la música de fondo.

     Estamos ante una tetralogía en la que la música es tan importante como los crímenes y la mafia, no en vano durante mucho tiempo estuvieron relacionados. Por eso el autor ha optado por seguir los pasos del gran Armstrong para relatar su historia y, además, utiliza títulos de canciones conocidas para sus libros. De hecho, los aficionados a la música disfrutarán al ver la relación entre el título y las descripciones de la forma de tocar de las orquestas y el ordenado desorden a la hora de interpretar la música. Un poco parecido a los estratos sociales del propio Chicago.

     Me ha gustado El blues del hombre muerto, me ha parecido una novela entretenida que aporta un toque diferente a un género que comienza a estar sobreexplotado. Es entretenida.

     Y a vosotros, ¿os gusta que en las novelas aparezcan personajes que existieron realmente?

      Gracias.

     PD. Termina el verano. La última semana de agosto será la última de vacaciones del blog. La usaré para leer. A la vuelta os lo cuento.

martes, 21 de agosto de 2018

Vives en las cintas que me grabaste. Rob Sheffield


    " He encontrado esta cinta con la letra rizada de Renée en la etiqueta. ntuyo que la noche va a ser larga. Estamos solos Renée, las canciones que ella eligió y yo. Todas esas melodías me recuerdan a ella. No es la primera vez que hacemos esto. A veces nos contramos a oscuras y compartimos unas cuantas canciones. Es lo más cerca que estaremos de oir nuestras voces".

     Entre tanta modernidad mezclada con programas que nos recuerdan la música de otros tiempos, es difícil no fijarse en libros que prometen una pequeña mirada atrás a algo tan cotidiano como la música que suena en las emisoras de moda. Por eso es fácil fijarse en el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Vives en las cintas que me grabaste.

     Conocemos a Sheffield totalmente marcado por la muerte de Renée Crist, su pareja, la mujer que se acercó al chico tímido que siempre había sido y compartió amor, vida y pasión por la música. Solo que Renée murió de una embolia pulmonar con 31 años tras haber compartido 5 años de vida con su marido. Aficionados ambos a la música que dejaron llenara sus vidas, Sheffield cuenta en este libro el amor que tuvo y perdió a través de la melodía de sus vidas dejando testigo no solo del dolor de sus recuerdos, sino también de una parte de la cultura de la época.

     A veces no nos damos cuenta de lo mucho que ha cambiado la vida en las últimas décadas y entonces llega algo que nos recuerda lo que para la historia sería un momento fugaz. Allá por el año ochenta y tantos, grabar una cinta era na declaración personal de gustos y de sentimientos hacia la persona a la que iba destinada la cinta, en el caso de ser un regalo. No existían los ipods y lo más parecido a una descarga ilegal de música era grabar una canción de la radio cruzando los dedos para que el locutor no hablara. Hoy suena casi a ciencia ficción hablar de algo así, pero en aquel momento las canciones se elegían con sumo cuidado y esas cintas eran trocitos de la vida de quien las preparaba.

     Cuando uno trabaja en una de las revistas sobre música más importantes del mundo, está claro que la música es importante para esa persona. Eso le sucede a Rob, y no nos sorprenderá que también le gustara la música a la que fuera su esposa. De hecho y como el propio Rob cuenta, ya en su primera cita la conversación derivó hacia la música por una canción elegida por el barman y ya en ese momento Rob le dijo a Renée que le grabaría una cinta. Esa sería la primera de las que compartieran juntos, sirviendo cualquier motivo para grabarlas, ya fuera dormir, viajar o lavar los platos, la música fue una constante de su vida. Lo que hace Rob en este libro es relatar su relación y con ella gracias a la música que les acompañó dar un reflejo de la cultura musical del momento que seguro gustará a los lectores de una cierta edad capaces de reconocerse en estos años noventa. De este modo, y partiendo del momento en que ya viudo encontró una caja con todas las cintas que grabaron, el autor deja un testimonio doloroso y honesto sobre su amor, relación y el terrible sentimiento de pérdida que le dejó la muerte de la persona amada. Una pérdida que  le llevó incluso a pensar que él padecía la misma enfermedad que ella tuvo y que ahora, pasados ya unos años, recuerda con la misma intensidad con la que la vivió. Y lo hace encontrando el equilibrio justo como para no perder a ninguno de los que serían los lectores potenciales de esta historia. Por un lado, es un libro que hará disfrutar a todos los aficionados a esa música de los años noventa que tan bien aparece reflejada en sus páginas, y por otro también a quienes acudan al libro para leer el testimonio de una relación perdida y, en ninguno de los dos casos, se verán saturados por la otra mitad de la historia.
     Rob abre cada capítulo con una cinta y cada cinta está llena de canciones, y de ese modo, con algo tan habitual como las canciones que van sonando en nuestra vida aunque no nos paremos a escucharlas detenidamente, consigue una corriente de empatía con el lector. Un sentimiento que se va afianzando a medida que leemos el testimonio de Rob en un libro cercano y a ratos casi entrañable que consigue despertar ese sentimiento nostálgico de quienes reconocen aquella costumbre de recopilar sus canciones en las cintas grabadas.

     Vives en las cintas que me grabaste es la historia de un amor con y sin la pareja al lado y también la historia del amor de una pareja por la música que les acompañó durante su vida. Un libro que he disfrutado mucho más de lo que esperaba.

     Y vosotros, ¿os dejáis llevar por la nostalgia cuando encontráis este tipo de referencias en las novelas?

     Gracias.

lunes, 20 de agosto de 2018

Drácula. Bram Stoker


     Podría contar que compré este libro, pero lo cierto es que fue un regalo de alguien con quien comparto gustos y aficiones lectoras. Hoy traigo a mi estantería virtual, Drácula.

     Supongo que Bram Stoker jamás pensó que su Drácula sería realmente inmortal, pero desde que viera la luz por primera vez en 1897 muchas han sido las traducciones y reediciones de esta novela epistolar cuyo protagonista es un vampiro, un muerto viviente cargado de seducción que acecha a jóvenes para vampirizarlas. Tampoco creo que Stoker imaginara que su ser inmortal vería las luces del celuloide tantas veces, y que nombres como el de Bela Lugosi quedarían ligados para siempre a su gótico personaje.

     He releído esta novela varias veces y siempre por el mismo motivo: una edición nueva me enamoraba y no podía evitar comprarlo y leerlo. Así he descubierto que, si bien la novela ha envejecido soportando el paso del tiempo, algunas de sus traducciones no han logrado lo mismo. Pero la novela es, al igual que su personaje, inmortal. Escrita de forma epistolar, y asumiendo que todos conocemos la historia y muchos hemos visto cuanto menos una de sus adaptaciones, hay que decir en primer lugar que es mucho más terrorrífico por escrito que en la gran o pequeña pantalla. Un terror sutil, basado en la atmósfera que sume al protagonista y lector que se siente profundamente inmerso en la historia y los pensamientos que se desgranan en ella. De tal forma que llegamos a temer no solo a la leyenda viviente, sino también por la propia cordura. Una tensión que, pese al paso del tiempo y la cantidad de novelas que han aparecido utilizando a los vampiros como eje central, pocas veces se ha logrado plasmar con la fuerza que lo hiciera Bram Stoker. Rendfield, Van Helsing, Mina... son personajes que quedan perfectamente definidos en sus reflexiones y acciones dando todos ellos una imagen permanente en la mente del lector.
     Conseguir a estas alturas que un lector coja este título y se vean inmerso e intrigado, deseando llegar al final y a la vez sin querer finalizar el libro, es algo muy difícil ya que todos conocemos la historia, y sin embargo Stoker sigue lográndolo lector a lector. Y esto es lo que, a mis ojos, convierte a un libro en un clásico: los años.


     Conocida la trama y sin desvelar el final, traigo esta edición ilustrada porque me ha parecido un magnífico ejemplo del buen hacer. No solo porque las ilustraciones sean perfectas para la novela, sino también por la calidad del libro. Y es que a los lectores nos gusta que nos mimen y también tenemos, por qué no decirlo, algo de fetichistas.

     Sin excusas, merece la pena leer Drácula.

     Y vosotros, ¿compráis títulos repetidos cuando encontráis una edición especial?

     Gracias.

lunes, 13 de agosto de 2018

Oeste. Carys Davies


     "Por lo que ella alcanzaba a ver llevaba dos pistolas, un hacha de mano, un cuchillo, su manta enrollada, aquel enorme cofre de latón, diversos bultos y bolsas, una de las cuales, supuso, contenía las cosas de su madre".

     Ya he confesado alguna vez que mi idilio con el western comenzó con Marcial Lafuente Estefanía, y digo idilio porque es cierto que salto al cine el placer del género, y que siempre me ha seguido gustando. Hoy traigo a mi estantería virtual, Oeste.

     Conocemos a Cy Bellman, un hombre viudo de 35 años años que cría mulas. Vive junto a su hija de 10 años, Bess. Un día ve una noticia sobre unos huesos enormes encontrados en tierras lejanas al oeste y decide abandonarlo todo en su búsqueda. "Dos años" le dice a su hija mientras la deja al cuidado de la tía Julie.

     Contar una historia en menos de doscientas páginas requiere la pericia de saber elegir sin sonar demasiado áspero o despegado para que el lector se sienta cómodo en las letras. Davies no nos cuenta una historia en doscientas páginas, nos cuenta dos. Por un lado da voz a la niña que crece, que busca a su padre y vive su ausencia con la esperanza de volver a ver como aparece en el horizonte. Y lo hace en un relato directo aunque con tono protegido, sin sonar demasiado brusca pese a lo difícil que es esa vida rural para una joven que ha quedado a cargo de una persona que no comprende el viaje de su padre. Porque eso significa que nadie comprende a Bess. De otro lado, y alternándose con la historia de Bess, está el viaje de su padre, ese hombre enorme pelirrojo  y con chistera que decide partir al sur buscando una leyenda tras el hallazgo de unos huesos. Así le acompañaremos por los parajes, sabremos de la compañía de un indio en su viaje y también de sus vivencias y esperanzas. Y seguiremos ambas historias entre la esperanza y el temor de que uno u otro vayan a cumplir su sueño.

      Davies escribe una historia sencilla que esconde más de lo que parece en un primer momento. Es casi un cuento, no en vano es autora de cuentos y esta es su primera novela, ya que descubrimos entre sus letras no solo la aventura, sino también el retrato de una sociedad rural. Se desprende de esta novela ese realismo habitual en las novelas sobre América, aunque sin la necesidad de hacerlo tan descarnado. Vemos los prejuicios y temores contra los nativos, el papel femenino tanto en la juventud de Bess como en la edad ya avanzada para el matrimonio de la tía Julie, y los efectos en el carácter. También los juicios en una población pequeña, las esperanzas en el futuro y los peligros que acechaban. Y todo ello mientras consigue intrigarnos y contagiarnos del sueño de Cy. Y manteniendo el tono sencillo, la estructura simple, la agilidad en un texto que no dura más allá de una mañana o tarde entre las manos del lector.

     Oeste no es, ni lo pretende, una novela con pretensiones de pasar a la historia de la literatura, pero si es un libro ameno que me ha gustado descubrir. Y también un nombre apuntado en la lista de mis futuras lecturas, el de Carys Davies.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 9 de agosto de 2018

El profesor del deseo. Philip Roth


     "La tentación se me presenta por primera vez en la muy importante y llamativa persona de Herbie Bratasky, director social, director de banda, cantante melódico, cómico y maestro de ceremonias del hotel de montaña propiedad de mi familia".

     El verano es un gran momento para las relecturas. Es más, durante el mes de mayo, uno de mis placeres es elegir qué relecturas haré en los dos meses siguientes, y este año ha tocado Philip Roth. Hoy traigo a mi estantería virtual, El profesor del deseo.

     Conocemos a David Kepesh, profesor de literatura comparada, mientras nos va relatando su vida. Ahora cuenta con setenta años pero su historia se remontará a su infancia y a la influencia que le supuso Herbie Bratasky, un hombre capaz de imitar sonidos de los más escatológicos que provocó que Kepesh quisiera ser artista. Kepesh pronto cambió y sus intereses viraron a la literatura y, como no, al sexo. La literatura le seguiría interesando hasta el punto de dedicarse a ella, avanzando sin descanso en este campo. El sexo y, sobre todo el deseo es algo más complicado y lo acompañaremos en el recorrido que hace de su relación con cuatro mujeres, Elisabeth, Bigitta, Helen y Claire.

     Este libro es la segunda parte de la trilogía protagonizada por David Kepesh. Eso no significa que haya que leerlos en orden y tampoco que haya que leerlos todos. No obstante, los libros serían: El pecho, en el que Kepesh se despierta, de forma kafkiana, convertido en el pecho gigante de una mujer; El profesor del deseo, en el que recorremos la vida de Kepesh hasta los setenta años, y El animal moribundo en el que Kepesh cuenta con ochenta años y relata esa última parte de su vida en la que continúa buscando dsesperadamente compañía femenina.

     Pudiera parecer, visto el argumento, que es un libro que habla de sexo y nada más, sin embargo, Roth es capaz de diseccionar no solo a su personaje, sino también parte de la sociedad de la época. Quizás no nos hayamos parado a pensarlo, pero uno de los temas en los que más cambios se han producido en la sociedad, es el sexo. Y Roth no solo lo sabía, sino que convirtió el sexo en un tema habitual en sus libros. En este caso, y cual novela de crecimiento, acompañaremos a Kepesh desde su adolescencia hasta los 34 años en los que no dejará de lado ni siquiera el tópico de las suecas, conocido en nuestro país por películas que quizás no queremos recordar. Así pues nos presenta su relación con Elisabeth, una mujer dispuesta a todo por su amor a Kepesh, lo que significa que se callará para conservar a David, sintiéndose poco a poco humillada al no compartir deseos ni filosofía de vida; Birgitta, la mujer desenfrenada, con la que tendrá un trío junto a Elisabeth; Helen con la que llega a casarse pero cuyo matrimonio no dura, una mujer compleja y atormentada y Claire, que viene representada como el opuesto a la esposa.
      Kepesh es un hombre exigente e inconformista que vive atormentado. Un hombre que siente soledad y que se atormenta no solo por lo que siente, sino también por los cambios que ve en lo que siente respecto a la vida. Para Kepesh la vida sin deseo no tiene sentido, así que el deseo es uno de los motores de la vida, y, sin embargo, ve que el deseo no es eterno. Una contraposición casi que no aceptará hasta no dar con Claire, que era distinta a todas las demás en un principio y también la que consiguió hacerle más livianas sus obsesiones. De hecho, Kepesh parece acudir, hasta la llegada de Claire, a las mujeres como método para no pensar, para evadirse de la vida evitando así la conciencia de ella, incluso de la propia mortalidad. Y tal vez por eso espere hasta los setenta años para hacer este recorrido por esas mujeres de su vida, explicando cada una de ellas sin buscar otra pornografía que la disección de su propio cerebro. Eso hace que el lector comprenda que la verdadera pulsión de Kepesh no es la del sexo, o no es solo el deseo, sino la de dejarse ver, la de ser realmente conocido y que por eso se expone.

     El profesor del deseo es una novela teñida de ese sentido del humor no siempre alabado de Roth que reflexiona sobre la vida y las obsesiones de su protagonista. Una muy buena muestra de la excelencia literaria del autor con la que disfrutar que deja un poso triste y reflexivo en el lector.

     Y vosotros, ¿releéis?

     Gracias.

     PD. El libro está dedicado a Claie Bloom, y eso hace que el lector busque de forma incansable el límite entre la realidad y la ficción. Incluso en el caso de Roth, cuyos álter ego literarios se miden en plural.

martes, 7 de agosto de 2018

El Túnel. Ernesto Sabato



     "Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne".

     Recuerdo perfectamente la primera vez que leí El Túnel y la sensación que me produjo esa primera frase. No sucede a menudo, pero hay frases que te marcan toda una lectura, y esta es una de ellas. Hoy traigo a mi estantería virtual, El Túnel.

     Conocemos a Juan Pablo Castel, pintor. Y será precisamente en una exposición que conozca María Iribarne. Aunque ella está casada, comienzan una relación con la que el protagonista se va obsesionando hasta el punto de relatarnos su propia historia desde la cárcel, una historia que comienza con la confesión de su crimen.

     El Túnel es, para esta lectora y con permiso de Abbadon y Sobre héroes y tumbas, la mejor novela de Ernesto Sabato. Por eso me alegré al conocer la publicación de esta edición conmemorativa. En ella se incluyen textos que el propio autor escribió sobre esta novela y que han visto la luz en ensayos a lo largo de los años y también se recogen las actas de censura a las que se vio sometido el libro y que impedían su publicación. Tanto una cosa como otra son sumamente atractivas para los lectores. La primera, porque a todo lector que admire a un autor y su obra, le interesa más allá de la obra, el proceso que llevó a su creación y la opinión del escritor sobre la misma. En el segundo caso, las actas de censura, reconozco que más allá de la mera curiosidad, me ha dejado perpleja esa sentencia sobre lo ilícito del amor y lo que pensaban que pretendía Sábato con ella.

     En cuanto a la novela, poco hay que no se haya dicho. Narrada en primera persona Castel es de un pesimismo sombrío desde las primeras páginas, y no duda en hacernos recorrer el viaje completo de su historia provocando en el lector un apesadumbramiento creciente construido a base de frases que son como sentencias de las que uno no puede escapar.  Para él, todo lo pasado ha sido peor y el futuro carece de esperanza, incluso cuando conoce a María, mientras ella mira un cuadro, no puede evitar decirle que a su lado no lo pasará bien. Su obsesión crece mientras la busca, y nos damos cuenta de que le exige cosas "demasiado rápido", inviables, como la fidelidad dado que ella es una mujer casada. Le vemos descender a lo más profundo de sus pensamientos y sabemos que el final es inevitable, sus encuentros son cada vez peores, conocedores ambos de que lo suyo no es algo que vaya a durar en el tiempo y, a la vez, él persigue esa durabilidad hasta sus últimas consecuencias.
Toda la novela gira en torno a la soledad. La obsesión del protagonista por María se debe a que cree que ella le sacará de su soledad y, cuando ve que no, se obsesiona más aún en que a su lado, solos ambos, estarían acompañados y ella le lograría comprender. El miedo a esa soledad es pegajoso acaba contagiando al lector, que se revuelve incómodo mientras comienza a comprender demasiado bien algunas de las frases que Castel va dejando como perlas envenenadas a lo largo de su relato.

     El Túnel, una zona de tránsito que nadie identifica con un lugar agradable. De hecho, casi nadie disfruta cuando pasa caminando por un túnel, sobre todo si es largo y por él también pasan coches. Hay un momento, cuando uno llega al centro del túnel y descubre que hace una curva casi imperceptible pero que nos impide ver la entrada y también la salida, en el que aceleramos el paso sin quererlo por habernos encontrado allí solos. No queremos estar solos caminando por un túnel, no es agradable. Ahora imaginad que descubriéramos que a la salida del túnel uno no puede salir, que es solo ficticia porque hay una puerta que nos lo impide. Y que ese túnel fuera una vida, y que en su zona central viéramos como circulan coches que van despacio, otras vidas. Pero no podemos saltar a la carretera y, finalmente, tampoco escapar del túnel. Bien, pues todo eso es la novela de Ernesto Sabato.

     El Túnel es ya un clásico, una lectura obligada que condensa tantas sensaciones y sentimientos en un puñado de páginas como para provocar que el lector no pueda salir indiferente a su lectura. Además, esta edición, con los extras añadidos, supone casi un tesoro para cualquier lector haya leído la obra o se enfrente por primera vez a ella. No dejéis de conocer a Juan Pablo Castel.

     Y vosotros, ¿ compráis ediciones de libros que ya habéis leído?

     Gracias.

lunes, 6 de agosto de 2018

Necesitamos nombres nuevos. Noviolet Bulawayo


     "Vamos de camino a Budapest: Bastardo, Chipo, Sabediós, Sbho, Stina y yo. Y nos vamos a pesar de que tenemos prohibido cruzar la carretera de Mzilikazi, a pesar de que bastardo tendría que estar cuidando de Fracción, su hermana pequeña, y a pesar de que mi madre me mataría si se enterase. Nos vamos y ya está. Porque en Budapest hay guayabas que robar, y ahora mismo estoy que me muero por unas guayabas. Esta mañana no hemos comido nada, y me siento como si alguien me hubiera vaciado el estómago a paladas".

     Recuerdo que hace muchos años me gustaba ir comprando títulos de una colección de narrativa de otra culturas. Con el tiempo dejé de hacerlo y hoy no se siquiera si dicha colección se sigue editando, pero es cierto que me siguen interesando este tipo de libros. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Necesitamos nombres nuevos.

     Conocemos a Darling cuando, con diez años, deambula con su pandilla de amigos las calles de Paradise, un barrio de chabolas de Zimbabwe. Junto a su historia conoceremos las de sus amigos y, por extensión, la de la sociedad pobre de su país que sueña con una vida mejor, en este caso, en Estados Unidos. Finalmente Darling cumple su sueño de ir a Estados Unidos, un lugar lejano y extraño.

     Podría decirse, por la edad de la protagonista, que Necesitamos nombres nuevos es una novela de crecimiento. Sin embargo lo importante aquí es la vida que los ojos de Darling ven pasar. Por eso la división de la novela en dos partes es tan diferenciada. Por un lado tenemos la vida en Zimbabwe y por otro, en Estados Unidos.
     En Zimbabwe Noviolet nos presenta un panorama desolador que no es desconocido para nadie con un poco de interés en las noticias. Una pandilla de amigos que van a un barrio caro a robar fruta y observan allí las diferencias con su propio barrio. Hombres blancos y negros en enormes casas y con ropas y aspecto cuidados que contrastan con su entorno habitual. Y Paraíso, cuyo nombre da muestra del humor presente en la novela, un suburbio, un lugar en el que el SIDA es algo casi normal, un grupo de amigos cuyos nombres dan cuenta de cómo comenzó su existencia, una niña embarazada de un abuelo... y una frescura y alguna travesura para aligerar el tono dramático que hubiera podido adquirir la novela y que Noviolet lucha por evitar. Aunque no pueda evitar volver a contar desgracias, se nota que no quiere a un lector que sufre con ellas. Las normaliza en la vida de unas personas que parecen no sorprenderse con sus propias vivencias. Y le da un sueño a Darling: Estados Unidos.
     La segunda parte, esa en la que Estados Unidos es una realidad, sigue la estela de la primera. Quizás un poco menos evidente y menos terrible, pero Noviolet vuelve a caer en relatarnos tópicos o hechos ya sabidos por todos de la vida en ese país: desde la mujer que se obsesiona con su peso pensando que es lo que salva y mantiene su matrimonio hasta el obeso adolescente que vive enganchado a los videojuegos. Y en este mundo sitúa a una Darling que comprende que quizás había idealizado la vida en ese lugar. Esta parte, supongo que por ser más conocida para nosotros, tiene menos fuerza que la primera aunque sigue manteniendo el interés en el lector.

     Lo más destacable de la novela de Bulawayo está en las formas, en la propia narrativa desprovista de artificios y figuras retóricas, pero que consigue una armonía durante la lectura muy agradable de leer. Cuida las formas y alterna partes teñidas con sentido del humor, con otras casi entrañables que harán sonreír al lector y lo completa con alguna descripción en la que parece buscar casi poesía, aunque no de esas hermosas que se recitan una y otra vez. Y todo ello sin perder un realismo que aparece metido casi a presión, como si quisiera enseñar al mundo todo lo que no se ve que sucede en esos países y le faltara tiempo para ello.

     Necesitamos nombres nuevos es una novela entretenida que uno termina con la sensación de oportunidad perdida porque podría haber sido una muy buena novela. Pero le ha faltado empuje. Y eso hace que el lector salga indiferente a lo que la autora nos relata.

      Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 3 de agosto de 2018

El hombre de tiza. C. J. Tudor


     "La cabeza de la chica descansaba sobre un montón de hojas de color naranja y marrón. 
      Sus ojos almendrados contemplaban con fijeza las copas de los sicomoros, hayas y robles, pero no veían los vacilantes rayos del sol que se colaban entre las ramas y salpicaban de oro el suelo del bosque. No parpadeaban cuando los brillantes escarabajos negros correteaban sobre sus pupilas. Ya nunca verían nada, salvo la oscuridad".

     En mi incansable búsqueda de la novela del verano, hoy traigo a mi estantería virtual, El hombre de tiza.

     Cuando Eddie tiene 12 años conoce a un hombre peculiar. Eso será lo segundo que recuerde de un verano en el que presenció un terrible accidente en una feria. Después de eso comenzó a hacer dibujos con tiza, esos monigotes que todos conocemos se volvieron inquietantes. De hecho les condujeron hasta el cuerpo sin vida de una joven. Ahora han pasado años y Eddie y su pandilla de amigos de la infancia se han vuelto a reunir en el pueblo. Ni siquiera el paso del tiempo les va a permitir escapar de lo sucedido, la historia parece repetirse como si el hombre de tiza volviera a estar entre ellos.

     Dice el propio Stephen King que este libro le recuerda a sus novelas, así que nada que discutirle. De hecho, esa parte ochentera con una pandilla de niños acompañados de la niña de turno, las refriegas, el despertar de la atracción y ese terror que acecha entre lo natural y lo sobrenatural está presente. Si ahora hablamos de un reencuentro en un segundo hilo (en la que Eddie tiene 42 años y es profesor de lengua) que se va volviendo trágica y en la que se descubren secretos y cicatrices, estoy segura de que la mayor parte de los aficionados a las novelas de King, ya ha pensado en It. Y es que es cierto que esta novela bebe de ese King de hace ya unos años que disfrutaba con el terror antes de pasarse a esa narrativa sosegada que viene cultivando cada vez con más asiduidad.
     En esta ocasión El hombre de tiza marca su primera diferencia con la extensión, ya que es una novela de 350 páginas que ha sido además concebida para que el lector no quiera interrumpir su lectura. De hecho considero que uno de sus fallos más acusados es que abusa de ese recurso al final de cada capítulo con frases como "no esperaba que no fuera así" y que pretenden tirar del lector. Tal y como yo lo veo, si una novela despierta el interés del lector no es necesario recurrir a este tipo de trucos.

     En cuanto a la trama, como ya he comentado alguna vez, son novelas que deslucen a medida que cumplimos años los lectores y nos hacemos más exigentes. Un argumento como este, que bien hubiera podido definir como efectivo hace unos años, ahora se me antoja casi previsible a grandes ratos. No obstante no haré de ello una falta ya que, y esto es opinión propia, considero que el autor ha querido hacer con su novela un homenaje no sólo a King sino también a todos aquellos libros que hace ya treinta años iban en la mano de la inmensa mayoría de los lectores. Y, concebido como tal, ha sido una lectura que he disfrutado entre visos de nostalgia. Quizás por eso, y acostumbrada no lo negaré a los guiños de Stranger Things, me ha faltado un poco de ambientación con esas cosas reconocibles que nos ubican automáticamente en el tiempo.

     No considero que El hombre de tiza sea la novela del verano, pero sí que es una opción entretenida para pasar un par de tardes durante las vacaciones. Y eso, por mucho que haya quien reniegue, ya es mucho. La lectura como entretenimiento.

     Y vosotros, ¿qué buscáis en los libros?

     Gracias.

jueves, 2 de agosto de 2018

La desaparición de Josef Mengele. Olivier Guez


     "El North King surca el agua cenagosa del río.Los pasajeros, que han subido a cubierta, escrutan el horizonte desde el amanecer, y ahora que las grúas de los astilleros y la línea roja de los tinglados perforan la bruma, unos alemanes entonan un canto militar, unos italianos se presignan y unos judíos rezan, pese a la llovizna, unas parejas se besan, el trasatlántico arriba a Buenos Aires tras una travesía de tres semanas. Solo en la borda, Helmut Gregor cavila".

     No sorprendo a nadie si digo a estas alturas que me interesa el tema de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La desaparición de Josef Mengele.

      Josef Mengele no necesita presentación. Es uno de los nombres asociados al terror en los campos de concentración, uno de los monstruos de nuestra historia moderna que segó miles de vidas sin pestañear. Y sin embargo, escapó. Su cuerpo fue hallado sin vida en una playa de Brasil en el año 1979. Se sabe que llegó a Argentina en el año 1949 y poco más de los treinta años que suceden entre ambas fechas. En este libro de ficción histórica, Olivier Guez reconstruye esos años de escondites, reuniones clandestinas, aliados y huidas.

     La Segunda Guerra Mundial es un tema recurrente en la literatura, tanto como que lo protagonicen las víctimas. Historias de supervivientes o de quienes no lo consiguieron, amores truncados o reencontrados, lo cierto es que los estantes de las librerías están llenos de estas voces. Olivier Guez opta en su novela por dar voz a el ángel de la muerte, Josef Mengele. Un nombre conocido por todos y una vida llena de muerte y terror sobre la que Guez ha realizado una amplia labor de investigación y ha llegado a cubrir las lagunas con una ficción que se entrelaza perfectamente con la historia haciendo dudar al lector del punto en el que realidad y ficción se separan.
La novela no se despega en ningún momento de esta figura, dándonos una visión parcial de lo que era para este hombre la sociedad lationamericana e incluso la vida en la época de Perón, haciéndonos partícipes de una sociedad escondida en la que se seguían moviendo impunemente estos monstruos que supieron encontrar un sitio en la sociedad en el que ascender en la sombra. De este modo lo acompañaremos a lo largo de sus mudanzas, y también en sus recuerdos, una parte que está magníficamente plasmada. Y es que, la Guerra, los campos de concentración y sus horrores, no fueron lo mismo para este hombre que para quienes los padecieron, dando lugar así a algún pasaje nostálgico en el que el protagonista recuerda buenos tiempos allí pasados con su esposa, capaz de poner los pelos de punta a cualquier lector.
Es también interesante ver que, en aquel momento, Mengele no era conocido ni apreciado por su terrible labor. Era un médico nazi y poco más, con una hoja de servicios que no brillaba frente a la de algún expatriado con el que coincidió en reuniones. Guez no deja nada por relatar, y hace un retrato interesantísimo del carácter del protagonista, y también de la sociedad del momento tanto en latinoamérica, necesitada de profesionales a los que no preguntaba demasiado, como a algunas personas de la propia Alemania. Y asistimos así a la gran tragedia de Mengele, que llega a sentirse estafado, engañado mientras que el lector tiene una perspectiva más amplia del cambio que se ha producido en la sociedad en los últimos cuarenta años respecto a este tema.

     La desaparición de Josef Mengele no solo es un gran libro, también es una historia necesaria. Porque las sociedades avanzan superando las heridas del pasado y si olvidamos estas heridas, tal vez no seamos capaz de avanzar. Además el autor evita deliberadamente un tono ensayístico, y casi también el histórico convirtiendo la novela, a grandes ratos, en una suerte de negra aventura que hace muy amena la lectura.

     Y vosotros, ¿sois "lectores de guerras"?

     Gracias.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Cadáver exquisito. Agustina Bazterrica


     "Media res. Aturdidor. Línea de sacrificio. Baño de aspersión. Esas palabras aparecen en su cabeza y lo golpean. Lo destrozan. Pero no son solo palabras. Son la sangre, el olor denso, la automatización, el no pensar. Irrumpen en la noche, cuando está desprevenido. Se despierta con una capa de sudor que le cubre el cuerpo porque sabe que le espera otro día de faenar humanos".

     No tenía ni idea de qué trataba este libro cuando me tropecé con él. A veces no sabemos por qué llegamos a los libros y este es uno de esos casos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cadáver exquisito.

     Cuando un virus afecta a todos los animales y su contagio con el contacto, y más aún con la ingesta, es seguro, en el planeta se prohíbe el consumo de carne. El gobierno regula entonces el consumo de carne humana amparándose en la necesidad de consumir proteínas para el desarrollo. La sociedad cambiar brutalmente ante este nuevo orden mundial, y Tejo es el encargado general del frigorífico Krieg.

     Las distopías están de moda. Historias en las que en un futuro más o menos lejano y en un entorno que nos muestra ciudades con objetos y sociedades reconocibles, el ser humano ha completado su proceso de toxicidad para si mismo, amparándose para ello en la excusa elegida por el autor. Así han llegado a la pantalla éxitos como el Cuento de la criada, y no pocos títulos han ido detrás. Bazterrica también nos sitúa en un futuro reconocible, en una sociedad que ha girado para aceptar un consumo criminal: el de la carne humana. Nos olvidamos aquí de ese uniforme con una estética llamativa, y también de programas de control con drogas o quemas llamativas. Esta vez estamos ante na novela visceral que remueve incómodo al lector, no solo porque no evita con fundidos en negro las escenas desagradables, sino porque nos coloca a su protagonista, Tejo.

     Tejo es encargado en una empresa que hoy conoceríamos como un matadero. Lo acompañamos en esta historia mientras reflexiona sobre cada uno de los movimientos que tiene que realizar cada día en este mundo que ha cambiado en tan pocos años. Él recuerda otra vida, con animales en granjas, unos para consumo, otros domesticados, y no es capaz de alejar el concepto "persona" de aquéllos a los que ahora crían cruelmente para su consumo. Su voz nos hace un terrorífico relato de los cambios sutiles que realiza la sociedad para acallar su conciencia ante este consumo: las palabras prohibidas, los gestos, la separación. Y es terrorífico porque seguimos reconociendo en esos cambios a la sociedad actual, la vemos en cada justificación y, aunque no busca ser realista, no podemos evitar compararlo con otras conductas actuales con las que hacen, o hacemos, lo mismo.
     Tejo es un personaje de esos que no se olvidan fácilmente, con una tragedia personal y una mujer que se aleja, recibe como regalo a una "cabeza". Una mujer de pura raza criada para consumo. Y, sin desearlo, entablará una relación con ella que le hará descender hasta sus propios infiernos. Unos infiernos terribles que desembocarán en uno de los mejores finales que he leído este verano. Porque cuando uno escribe un libro de estas características solo tiene dos opciones; quedarse a mitad de camino y suavizar así el golpe, o llegar hasta el final. Y Bazterrica ha tomado la segunda opción. Por eso, uno cierra el libro y siente como poco a poco su cuerpo se va destensando.

     Cadáver exquisito me ha gustado, me ha sobrecogido, lo he sufrido y ahora, a quien se atreva, lo recomiendo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis agosto?

     Gracias.

     PD: No todas las relaciones son de amor. No todo el amor es hermoso. No todos los infiernos están en el futuro.

jueves, 12 de julio de 2018

Vacaciones


     Llega esa época del año en la que uno por fin se toma vacaciones y se dedica a leer y disfrutar. Bueno, no. En realidad lo que llega es hacer la maleta, meter libros a presión sin pasarnos de peso, comprar libros digitales asegurándonos que este año no cargaremos con papel... y luego incumplir el propósito, ¡por supuesto!

     Y luego sí, disfrutar. Leer en el avión tranquilamente entre llamada y aviso de cinturón, soplar por aquí para el chaleco, salidas de emergencia, sorteos que inventan, revistas de compra... no. Leer a nuestra llegada al hotel, a no ser que hayamos ido a hacer turismo de verdad y empecemos por leer el plano de la ciudad elegida.
     Por eso vamos a la playa, a quién no le gusta leer con el libro en alto evitando el sol, hasta que nos duelen los antebrazos, quitar con cuidado toda esa arena y descubrir tras la primera hora una preciosa marca rectangular sobre nuestros cuerpos, recordando eso de que "leer es sexy". Ya... Por cierto, si alguien ha conseguido leer en la playa de lado que me lo diga, y el que sea capaz de leer boca abajo sin dislocarse alguna cosa por la espalda que me lo explique también. Porque yo os aseguro que soy incapaz del todo. Y asumo que mi condición de rubiedad puede influir. Help me.
     Casi mejor leamos en la piscina rodeados de niños que salpic... no, tampoco. Mira, que si nos quedamos en casa y vivimos en costa, o montaña, o ciudad, seguro que viene la prima Puri de visita y se acabó el relax. En fin, que es verano y estamos de vacaciones, ya tenemos mucho tiempo para leer durante el agotador año, tiempo de silencio, relax y disfrute, no como esas agotadoras vacaciones en las que no te dejan tiempo para leer ni cuando vas de copiloto, porgue te piden una y otra vez que reconectes el GPS.

     Me despisto, hablaba yo del verano intentando situarme en la onda zen que le corresponde. Con el relax, los mosquitos, la crema solar pegajosa, los turistas gritones (que son el resto y jamás nosotros cuando vamos a otro lugar)... ....
En fin, que vuelvo el día 1 de agosto. Hasta ese momento seguiré contando lo que leo en @MientrasleoS y procuraré ser original en Instagram con alguna foto de libros y otra de esas de "Aquí sufriendo" que no hace nadie. Y puede que me queje un poco si mi reloj biológico me hace la puñeta, y me obliga a madrugar.
Ah, y buscaré principitos y librerías, cómo no. Que en vacaciones, ya que leer se pone complicado, se puede hacer otro tipo de turismo literario y ya llevo un mapa lleno de chinchetas.

martes, 10 de julio de 2018

Sharko. Franck Thilliez


     "El hombre había encontrado a su maestro en la escala de los predadores: el tiburón, fruto de millones de años de trabajo de la naturaleza, notable conclusión de una evolución sin fallos. Una máquina con múltiples hileras de dientes, una silueta aerodinámica perfecta, capaz de oler una gota de sangre diluida en una piscina olímpica. Un generador de miedo.
     El miedo... Superviviente del fondo de las edades, guardián de la supervivencia de las especies".

     Cuando comienzas una serie de libros nunca saber si te van a gustar, pero una vez superado el tercero, es difícil que un lector se plante y deje de leerla. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sharko.

     Recuperamos a la pareja de policías formada por Sharko y Hennebelle en un momento en el que deberían de ser felices. Sin embargo, Lucille ha entrado en una casa ajena siguiendo la pista de una investigación comenzada por un familiar fallecido y, una vez dentro, se ha visto atacada por su propietario, al que termina por matar. Tras llamar a Sharko y escenificar el crimen, será su departamento el encargado de investigar este homicidio y descubrirán que Lucille ha matado a un verdadero monstruo. Sin embargo, la verdad sigue siendo la misma: ella ha asesinado a un hombre y el peso de la ley puede caer sobre su hogar.

     Con una precisión temporal calculada, Thilliez nos ha ido proporcionando su entrega anual de la serie protagonizada por Sharko y Hennebelle. Y así con la misma precisión, la calidad de sus tramas se ha visto afectada. Nada irreparable, nada que haga que sus lectores lo abandonen totalmente. A fin de cuentas, hasta ahora habíamos leído sobre la memoria, amenazas nucleares, epidemias convertidas en pandemias... todos temas que pueden proporcionar una lectura satisfactoria y entretenida en eso que muchos critican pero que a mi me parece perfecto: la literatura lúdica. En esta ocasión y en un libro cuyo indiscutible protagonista ya viene anunciado desde el título, Thilliez habla de la sangre: la atracción por la sangre, los ritos, el vampirismo. Un tema que ha dado ríos de tinta y que seguirá haciéndolo, ya que mezcla sectas, historia, leyenda, atrocidades.. lo tiene todo, se podría decir, para un autor que sepa cómo manejarlo sin caer en lo de siempre.

     Thilliez opta por poner a sus dos héroes en la cuerda floja, todo un acierto que evita que tengamos la sensación de repetición en sus novelas. Y es que, con tanta saga y tanta novela negra, uno a veces tiene la sensación de estar ante un capítulo de CSI. Aquí Lucille ha cometido un asesinato e, independientemente de si el muerto era o no un monstruo como así lo certifican los 13 cadáveres encontrados, pasará la novela temerosa de que la ley la descubra. Y Sharko... bueno, como siempre ha cargado con el peso de la crisis y ha sido el encargado de falsificar un escenario del crimen para así intentar evitar que las sospechas caigan sobre ellos. Solo que el departamento 36 es bueno. Lo ha sido a lo largo de toda la saga y ahora, pese a que su jefe esté pasando un mal momento tras el asesinato de su pareja y con una adicción a la cocaína más que preocupante, van a demostrar una vez más que son buenos descubriendo pista a pista quién era la víctima. Qué tipo de monstruo era... y también quién lo mató. De este modo, la novela se divide entre la investigación oficial y los nervios, miedos y temores de la pareja a ser descubiertos.

     La trama se me ha quedado coja en más de un momento. Thilliez siempre ha sido de thriller científico así que no le había costado demasiado explicar un poco mejor un par de cosas para ganar credibilidad o tal vez, consciente de su exceso, ha optado por jugar a grises en cuanto a concepción de ideas y algunos momentos de la novela. Por otra parte, y como me suele suceder cuando los creadores deciden enamorar a la pareja protagonista, mi interés en la vida personal de Sharko es entre cero y nulo. Esta vez además he tenido la sensación de que mi desinterés era compartido por el autor, ya que es la parte de la novela en la que más descuida los detalles. Y algo parecido sucede con las relaciones interpersonales del 36, grupo al que he percibido durante la mayor parte del libro totalmente desunido.

     Por lo demás ha jugado, tal vez cayendo en el exceso con tanto cuerpo y tantas vueltas, con el tema de la sangre y el vampirismo y construido una novela entretenida de lectura relativamente fácil, en la que podemos observar algún guiño a obras ya conocidas. No está a la altura de aquellos primeros títulos de la serie que uno se leía en dos tardes con prisa por conocer cada detalle, pero sigue siendo una buena opción para pasar páginas sin pensar en más. Y estamos en verano, todos necesitamos cerrar el quiosco de pensar un par de semanas. Además, la literatura de entretenimiento está infravalorada.

     Y vosotros, ¿seguís muchas sagas literarias?

     Gracias.