jueves, 12 de julio de 2018

Vacaciones


     Llega esa época del año en la que uno por fin se toma vacaciones y se dedica a leer y disfrutar. Bueno, no. En realidad lo que llega es hacer la maleta, meter libros a presión sin pasarnos de peso, comprar libros digitales asegurándonos que este año no cargaremos con papel... y luego incumplir el propósito, ¡por supuesto!

     Y luego sí, disfrutar. Leer en el avión tranquilamente entre llamada y aviso de cinturón, soplar por aquí para el chaleco, salidas de emergencia, sorteos que inventan, revistas de compra... no. Leer a nuestra llegada al hotel, a no ser que hayamos ido a hacer turismo de verdad y empecemos por leer el plano de la ciudad elegida.
     Por eso vamos a la playa, a quién no le gusta leer con el libro en alto evitando el sol, hasta que nos duelen los antebrazos, quitar con cuidado toda esa arena y descubrir tras la primera hora una preciosa marca rectangular sobre nuestros cuerpos, recordando eso de que "leer es sexy". Ya... Por cierto, si alguien ha conseguido leer en la playa de lado que me lo diga, y el que sea capaz de leer boca abajo sin dislocarse alguna cosa por la espalda que me lo explique también. Porque yo os aseguro que soy incapaz del todo. Y asumo que mi condición de rubiedad puede influir. Help me.
     Casi mejor leamos en la piscina rodeados de niños que salpic... no, tampoco. Mira, que si nos quedamos en casa y vivimos en costa, o montaña, o ciudad, seguro que viene la prima Puri de visita y se acabó el relax. En fin, que es verano y estamos de vacaciones, ya tenemos mucho tiempo para leer durante el agotador año, tiempo de silencio, relax y disfrute, no como esas agotadoras vacaciones en las que no te dejan tiempo para leer ni cuando vas de copiloto, porgue te piden una y otra vez que reconectes el GPS.

     Me despisto, hablaba yo del verano intentando situarme en la onda zen que le corresponde. Con el relax, los mosquitos, la crema solar pegajosa, los turistas gritones (que son el resto y jamás nosotros cuando vamos a otro lugar)... ....
En fin, que vuelvo el día 1 de agosto. Hasta ese momento seguiré contando lo que leo en @MientrasleoS y procuraré ser original en Instagram con alguna foto de libros y otra de esas de "Aquí sufriendo" que no hace nadie. Y puede que me queje un poco si mi reloj biológico me hace la puñeta, y me obliga a madrugar.
Ah, y buscaré principitos y librerías, cómo no. Que en vacaciones, ya que leer se pone complicado, se puede hacer otro tipo de turismo literario y ya llevo un mapa lleno de chinchetas.

martes, 10 de julio de 2018

Sharko. Franck Thilliez


     "El hombre había encontrado a su maestro en la escala de los predadores: el tiburón, fruto de millones de años de trabajo de la naturaleza, notable conclusión de una evolución sin fallos. Una máquina con múltiples hileras de dientes, una silueta aerodinámica perfecta, capaz de oler una gota de sangre diluida en una piscina olímpica. Un generador de miedo.
     El miedo... Superviviente del fondo de las edades, guardián de la supervivencia de las especies".

     Cuando comienzas una serie de libros nunca saber si te van a gustar, pero una vez superado el tercero, es difícil que un lector se plante y deje de leerla. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sharko.

     Recuperamos a la pareja de policías formada por Sharko y Hennebelle en un momento en el que deberían de ser felices. Sin embargo, Lucille ha entrado en una casa ajena siguiendo la pista de una investigación comenzada por un familiar fallecido y, una vez dentro, se ha visto atacada por su propietario, al que termina por matar. Tras llamar a Sharko y escenificar el crimen, será su departamento el encargado de investigar este homicidio y descubrirán que Lucille ha matado a un verdadero monstruo. Sin embargo, la verdad sigue siendo la misma: ella ha asesinado a un hombre y el peso de la ley puede caer sobre su hogar.

     Con una precisión temporal calculada, Thilliez nos ha ido proporcionando su entrega anual de la serie protagonizada por Sharko y Hennebelle. Y así con la misma precisión, la calidad de sus tramas se ha visto afectada. Nada irreparable, nada que haga que sus lectores lo abandonen totalmente. A fin de cuentas, hasta ahora habíamos leído sobre la memoria, amenazas nucleares, epidemias convertidas en pandemias... todos temas que pueden proporcionar una lectura satisfactoria y entretenida en eso que muchos critican pero que a mi me parece perfecto: la literatura lúdica. En esta ocasión y en un libro cuyo indiscutible protagonista ya viene anunciado desde el título, Thilliez habla de la sangre: la atracción por la sangre, los ritos, el vampirismo. Un tema que ha dado ríos de tinta y que seguirá haciéndolo, ya que mezcla sectas, historia, leyenda, atrocidades.. lo tiene todo, se podría decir, para un autor que sepa cómo manejarlo sin caer en lo de siempre.

     Thilliez opta por poner a sus dos héroes en la cuerda floja, todo un acierto que evita que tengamos la sensación de repetición en sus novelas. Y es que, con tanta saga y tanta novela negra, uno a veces tiene la sensación de estar ante un capítulo de CSI. Aquí Lucille ha cometido un asesinato e, independientemente de si el muerto era o no un monstruo como así lo certifican los 13 cadáveres encontrados, pasará la novela temerosa de que la ley la descubra. Y Sharko... bueno, como siempre ha cargado con el peso de la crisis y ha sido el encargado de falsificar un escenario del crimen para así intentar evitar que las sospechas caigan sobre ellos. Solo que el departamento 36 es bueno. Lo ha sido a lo largo de toda la saga y ahora, pese a que su jefe esté pasando un mal momento tras el asesinato de su pareja y con una adicción a la cocaína más que preocupante, van a demostrar una vez más que son buenos descubriendo pista a pista quién era la víctima. Qué tipo de monstruo era... y también quién lo mató. De este modo, la novela se divide entre la investigación oficial y los nervios, miedos y temores de la pareja a ser descubiertos.

     La trama se me ha quedado coja en más de un momento. Thilliez siempre ha sido de thriller científico así que no le había costado demasiado explicar un poco mejor un par de cosas para ganar credibilidad o tal vez, consciente de su exceso, ha optado por jugar a grises en cuanto a concepción de ideas y algunos momentos de la novela. Por otra parte, y como me suele suceder cuando los creadores deciden enamorar a la pareja protagonista, mi interés en la vida personal de Sharko es entre cero y nulo. Esta vez además he tenido la sensación de que mi desinterés era compartido por el autor, ya que es la parte de la novela en la que más descuida los detalles. Y algo parecido sucede con las relaciones interpersonales del 36, grupo al que he percibido durante la mayor parte del libro totalmente desunido.

     Por lo demás ha jugado, tal vez cayendo en el exceso con tanto cuerpo y tantas vueltas, con el tema de la sangre y el vampirismo y construido una novela entretenida de lectura relativamente fácil, en la que podemos observar algún guiño a obras ya conocidas. No está a la altura de aquellos primeros títulos de la serie que uno se leía en dos tardes con prisa por conocer cada detalle, pero sigue siendo una buena opción para pasar páginas sin pensar en más. Y estamos en verano, todos necesitamos cerrar el quiosco de pensar un par de semanas. Además, la literatura de entretenimiento está infravalorada.

     Y vosotros, ¿seguís muchas sagas literarias?

     Gracias.

lunes, 9 de julio de 2018

Talión. Santiago Díaz


     "Cruzo un puente sobre el río Urumea y salgo de Hernani en dirección a Zarautz pasadas las ocho y media de la tarde. Me duele la cabeza y sufro un incómodo cosquilleo que sube desde el tobillo hasta la cadera y que amenaza con desconectar para siempre las terminaciones nerviosas de mi pierna izquierda, pero creo que aguantaré, ya queda poco. Tomo un desvío para incorporarme a la AP-8 y me encuentro con un control de la Ertzaintza. Dos motos están atravesadas en la calzada y los dos policías empiezan a darme el alto cuando yo todavía estoy a más de cien metros. Saco mi pistola del bolso, le quito el seguro y la escondo debajo de mi pierna derecha. No entra dentro de mis planes matar a dos hombres inocentes que solo hacen su trabajo, pero llegados a este punto tampoco puedo permitir que me detengan".

     En mi búsqueda incansable de la novela del verano, le tocó el turno a este libro que parece haber llegado a las librerías con mucho ímpetu. Hoy traigo a mi estantería personal, Talión.

     Conocemos a Marta Aguilera, una periodista respetada en su trabajo que viene sufriendo dolores de cabeza y mareos. Decide ir al médico y se lleva una desagradable noticia: tiene un tumor cerebral en un estadío avanzado y le quedan un par de meses de vida. Masticando esta noticia, sin familia y con pocos amigos y ninguno demasiado cercano se enfrenta a la pregunta, ¿qué voy a hacer con lo que me queda de vida? El azar quiere que su último caso como profesional sea entrevistar a un joven, a todas luces culpable, acusado de violar y asesinar a una niña. La justicia lo ha puesto en la calle, pero ella no tiene nada que perder.
   
     En un momento en el que la sociedad pide justicia más allá de las salas y los jueces, Santiago Díaz aparece con un thriller que habla de la posibilidad de tomarse la justicia por tu mano y el dilema moral que eso puede representar, o no, cuando solo se hace contra verdaderos malvados sin posibilidad de error en los actos que cometieron. Construye de este modo una novela estructurada en partes diferenciadas que vienen nombradas por el dueto víctima y malvado, para contarnos la historia de Aguilera, una de las dos grandes protagonistas de esta historia.
Aguilera es una mujer desarraigada, sin familia, que sabe que va a morir y tiene que enfrentarse a sus últimas decisiones. Las primeras las comprendemos todos: dejar su empleo y gastarse todo el dinero que tiene. A partir de este momento, comienzan los juicios morales entre escritor, protagonista y lector. Si Marta tiene algo claro que es que no va a morir de su enfermedad en una lenta y dolorosa agonía, así que decide que cuando llegue el momento, se suicidará antes de verse postrada en una cama esperando la muerte. ¿La entendemos? Sí, aunque eso no significa que compartamos su opinión. Lo siguiente es pensar en el paso de la vida, el significado de la propia en el mundo y la fugacidad. Y ahí, mientras el autor nos hace dudar sobre si esta decisión es fruto de su conciencia o de su enfermedad, Marta se convierte en una justiciera. Porque no la viste de heroina o antihéroe, no, es una simple justiciera que decide dejar este mundo un poco mejor antes de morir. Y para ello el autor nos va desgranando la historia de cada víctima junto a su verdugo y deja que seamos nosotros quienes decidimos.

     He dicho que no viste de héroe a nadie en esta novela, y así es. Marta es un personaje que se va desvelando complejo, haciendo dudar al lector sobre su posible bondad o maldad, preguntándose si mata efectivamente para limpiar al mundo y si eso la convierte en la buena o la mala. De hecho, la policía le sigue la pista. Y ahí esta el otro gran personaje de esta novela, la inspectora Daniela Gutierrez, una mujer que, pese a haber sido golpeada por el terrorismo, confía en su trabajo y en la ley. Y también la encargada de buscar a ese asesino que se toma la justicia por su mano. Una búsqueda, y para mi ese ha sido el gran acierto de la novela, que se va poco a poco centrando en Marta, mostrando así la validez de la policía. Es la cara contraria de Aguilera, Daniela es la víctima que busca al verdugo de este ojo por ojo y demuestra con su trabajo la validez policial y también que no todas las víctimas son iguales. De hecho es el personaje que más me ha gustado de toda la novela, y me ha parecido muy interesante su propio drama personal con su hijo Sergio.

     El autor ha procurado dejar la labor del juicio moral al lector pero, y sobre todo al final del libro, inclina levemente la balanza hacia uno de los lados. Supongo que era imposible dejar de hacerlo, a fin de cuentas, esto es ficción. Para todo lo demás están juicios y jurados.

     Así pues Talión juega a lo que ya hiciera en su día Dexter, personaje al que se cita en la novela, y construye una historia entretenida que nos lleva sin mayores sobresaltos a un final satisfactorio. De ahí a afirmar que estamos ante la novela del verano... creo que no, seguiré buscando.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 4 de julio de 2018

El Nix. Nathan Hill


     "De haber sabido que su madre se marchaba, tal vez Samuel habría prestado más atención. Habría podido escucharla con más interés, observarla con más detenimiento, anotar algunos detalles cruciales. Quizá habría sido capaz de comportarse y hablar de una manera distinta, de ser una persona distinta".

    Tengo que reconocer que hacía tiempo que un libro no me llamaba tanto la atención visualmente al verlo en la mesa de la librería. Es por eso que lo compré, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El Nix.

    Cuando el gobernador Packer, un candidato a la presidencia de Estados Unidos controvertido con claras ideas antiinmigración es atacado por una mujer, todo el mundo está pendiente del vídeo de lo sucedido. Todos excepto un profesor de inglés llamado Samuel Anderson, un hombre que vive tristemente, deprimido y adicto a videojuegos, y que se ve sorprendido por la llamada del abogado de dicha atacante. Parece ser que se trata de su madre, Faye, y el abogado quiere que sea testigo. Sin embargo el editor de Samuel tiene una idea mejor, ¿qué tal si investiga el pasado de esta mujer que les abandonó cuando tenía once años y aprovecha para escribir un libro?

     La primera noticia que tuve sobre este libro fue cuando leí que comparaban a su autor con Pynchon y Franzen, así que pensé que ya estaba el crítico norteamericano en su eterna búsqueda de la gran novela americana contemporánea. Ese concepto que viene siendo el premio jamás entregado a lo que parece ser el mejor escritor de Estados Unidos y, por extensión, del mundo una vez se exportase su obra. Así que reconozco que no le hice demasiado caso. Es más, cuando me tropecé con el libro en la librería, ni siquiera asocié el título a aquella comparación. Supongo que eso ha sido algo positivo a la hora de leerlo, me ha permitido un juicio limpio.
   
     He tardado un tiempo en ponerme a leer El Nix pero a las pocas páginas ya me di cuenta de que no era un libro fácil de reseñar y prueba de ello son las pocas opiniones que se han vertido sobre él pese a lo controvertida que ha sido su publicación. Y es que, un libro que abarca desde los años 50 hasta el 2011, que habla de conflictos como Vietman, Wall Street, el mundo virtual, la búsqueda de una vida y la ambición de un editor, el poder, los fantasmas, las personas y la vida. Y todo ello en un tiempo que se mueve a lo largo de setecientas páginas convirtiendo la novela en uno de esos libros que requieren cierto esfuerzo por parte del lector, pero que uno termina con la satisfacción de haber hecho una buena lectura. Y es que El Nix es mucho más de lo que he contado, ya que el autor despliega todo un abanico de temáticas y es capaz de irlos entrelazando a la perfección. Así sabremos, por ejemplo, de unos gemelos que fueron los primeros amigos que tuvo Samuel, y también que ahora su editor estaba a punto de demandarlo por no entregar un manuscrito a tiempo. Descubriremos que pese a su marcha, y también precisamente por ella, la madre de Samuel ha marcado a su hijo de muchas maneras y también que el padre de esta mujer la marco a ella y por lo tanto a los dos. Hill da vueltas para mostrarnos que las personas estamos marcadas por aquello que vivimos y también por quienes nos rodean, ya sea por su presencia o por su ausencia, y por eso es de vital importancia su capacidad para integrar hechos sociales de sobra conocidos en la novela. Se mezcla lo real con la ficción para mostrar a un Samuel desencantado y también a una mujer, Faye, que aún estaba en construcción cuando estallaron los disturbios del 68. No falta prácticamente de nada en esta novela, y Hill consigue incluso que no nos perdamos, que disfrutemos, que riamos a ratos con la estudiante impertinente y que echemos una carcajada cuando el propio protagonista dice que los lectores actuales buscan libros sencillos con tramas lineales. Y es que El Nix es, sobre todo, divertido.

     A poco que hayamos oído hablar de este libro, sabremos que el Nix es un espíritu que se presenta y atrae a niños con su forma para luego llevárselos. Bien, no es el único espíritu del que se habla en la novela, aunque no estamos ante una novela paranormal, su presencia es más bien simbólica de esas enseñanzas que la vida nos va dejando a medida que crecemos. Queda latente, además de la crítica social que se percibe con muchísima facilidad, un regusto a enseñanza que nos muestra abiertamente con las palabras de un compañero de videojuegos del protagonista, quien advierte de la diferencia entre las personas acertijo y las personas trampa. Supongo que todo ello enfocado al gran mensaje del libro, que viene a ser: cuidado con lo que deseas. Y es que, ya lo dijo Santa Teresa: Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas. Y en el caso de las personas, serán las que más quieres las que más te puedan dañar.

     En fin, todo esto es El Nix y os puedo asegurar que es mucho más. De hecho, ya tengo casi planeada una relectura para poder recoger todo aquello que, soy consciente, se me ha escapado en esta primera vez.

     Y vosotros, ¿sois relectores?

     Gracias.

martes, 3 de julio de 2018

Mis rincones oscuros. James Ellroy


     "Una vulgar noche de sábado acabo contigo. Moriste de manera estúpida y violenta, y no tuviste los medios para defender tu vida.
     Tu huida a la seguridad fue un breve respiro. Me llevaste a tu escondite como un amuleto de la buena suerte. Te fallé como talismán; por eso ahora me presento como tu testigo.
     Tu muerte define mi vida. Quiero encontrar el amor que nunca tuvimos y explicarlo en tu nombre.
     Quiero hacer públicos tus secretos. Quiero borrar la distancia que nos separa.
     Quiero darte aliento".

     James Ellroy es uno de los mejores escritores vivos de novela negra. Procuro no perderme jamás sus letras y espero la oportunidad de que las fechas coincidan para acudir a una presentación suya. Ya llegará. De momento, hoy traigo a mi estantería virtual, Mis rincones oscuros.

     Esta biografía de Ellroy bien podría leerse como una novela. En ella, el auto bucea en un tema que le ha marcado de por vida: la muerte de su madre. Contaba solo con diez años cuando, regresando a casa solo en taxi tras haber pasado el fin de semana con su padre, descubrió los coches de policía en el camino. Allí estaba su madre, en una cuneta, medio desnuda y estrangulada. Eso marca. La investigación no encontró al culpable. Eso también marca. En esta autobiografía Ellroy reconstruye, investiga, muestra al policía, a su madre.

     Dividido en cuatro partes diferenciadas, la primera es la referida al asesinato y las horas posteriores. Hace un retrato de la investigación, del camino que tomaban las cosas y deja al descubierto detalles contradictorios que mantendrán pendiente al lector que los perciba para saber si se hizo algo con ellos. Con todo, uno tiene la impresión de que la investigación se diluye y también de que la familia de Ellroy no encaja la noticia del fallecimiento de una forma normal, lo cual hace perturbador un relato que ya de por sí lo es. La segunda parte, más íntima, habla de la vida del propio autor reflejando sus primeros años. Una vida de exceso en casi todo menos en cariño, un relato que es casi un disparo y que ayuda a comprender al niño que recibe la noticia de la muerte de su madre, y que deja vislumbrar al Ellroy que conocemos en el tono de sus libros. Esta parte nos permite además conocer al padre, ambientes, asustarnos, ser partícipes del humor tan peculiar que tiene el autor en sus libros. Y tras semejante velocidad nos sumergimos en la tercera parte, que nos da a conocer al policía Stoner, casos, obsesiones, muerte... encontramos sombras de las novelas de Ellroy aquí. Y finalmente, como en un círculo, finalizamos la historia en la cuarta parte, "Geneva Hillinker", el nombre de la pelirroja que abría el libro, el de su madre. La mujer que marcó la vida del autor, el misterio de su muerte.

     Es fácil leer este libro de Ellroy como si fuera una novela, perder la perspectiva de que no lo es. Sin embargo, más allá de la importancia o no de descubrir al asesino, es un libro que uno finaliza con un regusto positivo, como a vieja canción de amor, a abrazo recuperado a conocimiento. Me ha resultado curioso como,  en un momento en el que parecen estar de moda los libros que hablan de problemas irreconciliables entre pares e hijos, haya sido precisamente un provocador como Ellroy quien me haya puesto en las manos una historia de reconciliaciones. Y es que, al final, lo importante es el conocimiento, la sensación de haber recuperado algo que nunca se tuvo, aunque sea un fragmento de personalidad de aquella mujer a la que llamamos mamá.

     Me ha gustado mucho Mis rincones oscuros, es un libro complicado, desgarrador, oscuro y a la vez esclarecedor. Uno no sale de él con la sensación de conocer mejor al autor, pero si con la de haber comprendido un par de cosas sobre la vida que tal vez no esperaba.

     De vez en cuando disfruto leyendo libros de no ficción, sabiendo que aquello que se relata sucedió realmente, que de algún modo es historia ya sea del mundo o de una única persona. Y vosotros, ¿os animáis alguna vez con libros de no ficción?

     Gracias.

     PD. Fijaos hasta qué punto me ha parecido personal el libro, que esas palmeras que vi en la cubierta cuando lo comencé y que no me decían nada más allá de un paisaje habitual en algunas zonas, me recuerdan ahora a alguna de las excéntricas camisas con las que se ha podido ver al autor. Esa es otra de las maravillas de leer, nos enseñan otro prisma por el que mirar.

lunes, 2 de julio de 2018

La gente en los árboles. Hanya Yanagihara


     "El doctor Abraham Norton Perina, reconocido inmunólogo y director emérito del Centro de Inmunología y Virología del Instituto Nacional de Salud de Bethesda, Maryland, fue detenido ayer por un presunto delito de abusos sexuales. 
      Al doctor Perina, de setenta y un años, se lo acusa de tres delitos de violación, tres de corrupción de menores, dos de agresión sexual y dos de abusos sexuales por prevalimiento. La primera de las acusaciones la realizó uno de los hijos adoptivos del doctor Perina.  
     «Dichas acusaciones son falsas —declaró el abogado de Perina, Douglas Hindley, en un comunicado emitido ayer—. El doctor Perina es un miembro muy destacado y respetado de la comunidad científica, y es su deseo que esta situación se resuelva lo antes posible para poder reanudar sus obligaciones y su vida familiar.»".

     Soy uno de los lectores encandilados por aquella terrible historia narrada en Tan poca vida, lo reconozco: me angustió, me encantó. Por eso tenía ganas de leer la primera novela de su autora. Hoy traigo a mi estantería virtual, La gente en los árboles.

     Conocemos a Abraham Norton Perina cuando ya está en la cárcel por abuso y violación. Antes de eso había ganado un Premio Nobel. Y antes de eso, en el año 1950 Perina se unió a una expedición a una isla de la micronesia. Allí descubriría la longevidad extrema de los nativos y, fruto de sus investigaciones vendría el Nobel. Hoy escribe su historia desde la cárcel y se la va enviando a Ronald Kubodera, quien fuera su asistente y cree incondicionalmente en la inocencia de Perina. Kubodera será quien transcriba la historia de Perina para el lector, completándola con anotaciones propias.

     En 1976 el Dr. Gajdusek ganó el Premio Nobel por identificar una enfermedad mortal en una tribu de Papua Nueva Guinea. Años después volvería a las páginas de los periódicos debido a su encarcelamiento por abusar sexualmente de niños nativos que había adoptado. Sobre esta base construye Yanagihara su novela La gente en los árboles, una historia de ficción pese a este apunte que acabo de hacer.

     Lo primero que descubrimos en la novela, es la adoración que Kubodera siente por el que será nuestro protagonista, Perina. No duda en ningún momento de su inocencia, y tampoco duda en cargar contra quienes le declaran culpable, ya sea la sociedad, la prensa o el jurado de personas intelectualmente inferiores al acusado, lo que cataloga de humillante. Sin embargo no tarda en ser Perina quien tome la palabra al relatarnos sus memorias, quedando Kubodera como simple anotador en su papel de mejorar la imagen que el propio Perina va dando de sí mismo hasta terminar por revelarnos de este modo todos sus pensamientos sobre él.

      Yangihara construye de este modo una novela compleja pero de lectura fácil en la que se mezclan acusaciones explícitas que son casi dejadas de lado hasta la última parte, con otras que vamos descubriendo a medida que Perina avanza en su relato.
Perina se descubre como un hombre cruel ya desde joven, ni siquiera la noticia de la muerte de su madre parece conseguir que llore. Juez duro e inflexible del mundo en el que vive muestra una atracción por la medicina ya en su infancia. Y el lector, a su vez, nota un rechazo a su personalidad. A medida que el relato avanza, llegamos a la prometida expedición en la que comenzará su carrera al Nobel. Pero hay mucho más en la novela de Yanagihara. Y es que, esa isla maravillosamente inventada y llena de detalles es el verdadero centro de la novela. Por un lado está el descubrimiento de los "soñadores", personas exremadamente longevas que pese a ir sufriendo un deterior cognitivo tremendo, se acercan a ese concepto de inmortalidad perseguido por el hombre desde el principio de los tiempos. Eso hace que Perina vea en ellos su mayor logro, su mejor meta, y decida investigar. Descubre que la longevidad se asocia al consumo de la carne de una tortuga y no duda en cazarla ni tampoco en utilizar a unos nativos en sus investigaciones. Sigue siendo el mismo niño implacable que conocimos en las primeras páginas de su relato. Pero no será lo único que descubramos sobre Perina, también está su atracción hacia uno de los miembros de la expedición (que curiosamente escribe un libro con un título que nos resultará familiar) y el rechazo por el otro. Perina comienza a retratarse como lo que realmente es y una vez más el lector es incapaz de despegar la vista de las páginas de Yanagihara.
   
     Y, sin embargo, más allá de esta historia principal, la novela es una crítica brutal a lo que hace la civilización cuando desembarca en una de estas islas que parecen vestigios de un paraíso ya pisoteado por el hombre.Los experimentos, la búsqueda de las tortugas, las industrias farmacéuticas que quieren llegar y ser las primeras en comercializar el hallazgo, la ciencia, el conocimiento... ninguno de ellos parecen pararse a pensar en el impacto que suponen en esta isla. A nadie parece importarles las vidas que están cambiando de la noche a la mañana de esas personas a las que nadie ha pedido opinión. Solo un momento en el que uno de los nativos dice apenas unas palabras en inglés observamos una reacción en Perina que yo interpreté como humana, casi de miedo. Pero bien pudo ser de orgullo, qué sabré yo. Así pues, esta novela sobre abusos trata de muchos tipos de abusos que se producen en la sociedad actual, y hace una crítica durísima a los mismos. La moralidad puesta sobre la mesa de algunos actos que se justifican o se tratan de justificar en el mundo que vivimos deja la decisión sobre este juicio no realizado en manos del lector en una novela que no busca razonar el bien o el mal, solo mostrar los hechos de una forma frontal. Y posiblemente ese sea uno de los grandes puntos fuertes de la novela.

     La gente en los árboles es un libro magnífico. Una historia contada a dos voces que en realidad es una sola con un par de protagonistas escalofriantes a ratos, diferentes e inolvidables al menos por una larga temporada. De hecho, uno cierra el libro pensando en Perina y casi puede notar su frío aliento a la hora de escribir sus memorias. Leedlo, es de esas historias a las que uno sobrevive con alguna marca; no es posible sentir indiferencia ante las letras de Yanagihara.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 28 de junio de 2018

La desaparición de Stephanie Mailer. Joël Dicker


     "Solo las personas familiarizadas con la región de los Hamptons, en el estado de Nueva York, se enteraron de lo sucedido el 30 de julio de 1994 en Orphea, una ciudad de veraneo pequeña y encopetada a orillas del océano".

     Si hay una llegada a las librerías precedida de ruido es la de Joël Dicker. A fin de cuentas, ¿quién no conoce a Harry Quebert? Hoy traigo a mi estantería virtual, La desaparición de Stephanie Mailer.
   
     Conocemos a Rosemberg cuando le faltan apenas unos días para jubilarse como policía. Es entonces cuando una mujer que se presenta como la periodista Stephanie Mailer se presenta ante él para recordarle su primer caso famoso, un asesinato múltiple ocurrido en 1994 que ella afirma fue resuelto de forma errónea. Han pasado veinte años pero consigue hacer dudar al policía quien, al intentar ponerse en contacto con ella días más tarde, descubre que ha desaparecido. Es en ese momento en el que las dudas toman más fuerza y decide dedicarse a buscar a la joven periodista e investigar lo sucedido realmente con ese caso.

     Joël Dicker parece el nuevo monarca literario. No hay libro suyo que no alcance la cima de las listas de ventas en una semana y es que, este joven escritor, parece haber descubierto la gallina de los huevos de oro y no está dispuesto a dejarla escapar.
     Eso significa que tenemos un nuevo libro con un secreto, un tiempo pretérito junto a otro actual, un par de ubicaciones y algún personaje relacionado en mayor o menor medida con la literatura.

     Empecemos por el principio, el 30 de julio de 1994 hubo un asesinato múltiple resuelto en su día (y ahora recuerdo el 30 de agosto de 1975, o día de Nola en La verdad sobre el caso Harry Quebert y me pregunto si el día 30 será importante para el autor, aunque, si soy sincera, no recuerdo exactamente si el dramón de los Baltimore tenía también un 30 marcado a fuego) pero que ahora parece que quizás no fue tan bien resuelto. es decir, alguien oculta algo, la pobre Stephanie lo investiga y desaparece, ahí tenemos el secreto. Y es que, en Dicker es recurrente el tema de los secretos y las cuentas pendientes con el pasado que el autor va desgranando para sorpresa del entretenido lector, que se distrae con una musaraña o en este caso con personajes que son todos cristalinos, para saber si han de caernos bien, mal, o tener el cartelito que dice "apunta a sorpresa" pegado a la espalda. Para ayudarnos a ello están los dos hilos temporales, pero que nadie se preocupe, Dicker hace que sean hilos simples, deja todo claro incluso en esta novela polifónica en la que apenas se diferencian los tonos y formas de cada personaje sin tener en cuenta su origen, sexo o edad.

      En el hilo actual, el protagonista principal es Rosemberg, que investigó en su día el crimen junto a su compañero y que, el autor nos deja claro, lleva la carga de "algo que pasó" y que ya descubriremos. Dicker es el rey del "algo", nos va soltando mil y un pequeños secretos de cada personaje que nos van a ir desvelando poco a poco hasta convertir su historia en una suerte de serial lleno de mentiras, cuernos, divorcios, robos, hijas rebeldes y casi cualquier cosa que se nos pase por la cabeza con tal de mantener entretenido al lector durante las más de seiscientas páginas de la novela.
     Es cierto que eso hace de la novela un paseo entretenido fisgando vidas, pero al final uno se debate entre la sensación de que no hace falta enrollarse tanto con cada personaje que salga o el terror a que absolutamente todo lo de esta novela esté relacionado de algún modo, cosa que desafiaría la lógica del lector más crédulo. Así por ejemplo sabremos que existió una pareja de Rosemberg pero pasó "algo" y él ahora está solo, que tuvo un compañero y gran amigo con el que pasó "algo" y este dejó las calles y que a su compañera improvisada en estos días previos a su jubilación le pasó "algo" y se cambió de ciudad y "algo" más le sucedió con su encantadora y perfecta pareja. Y yo, lo siento, pero creo que Dicker tiene el síndrome del autor cotilla si es que eso existe, porque no hay chismorreo que no deje por escrito de cada uno de sus personajes. Nada nuevo, ya lo había hecho en sus anteriores libros, solo que este libro tiene más páginas. Y por último la literatura: aquí no hay un escritor protagonista, pero si una periodista desaparecida, un librero, uno que escribió y otro que dirige una obra (momento Hamlet en el que casi me he imaginado a Kenneth Branagh haciendo el papel de irritado director).

     En canto a la trama, está bien llevada, sin altibajos y sin dar tampoco demasiadas explicaciones o vueltas ya que el propósito de la novela queda claro: entretener. Y para entretener no hay que dar dolores de cabeza a los lectores, así que vamos llegando poco a poco a una satisfactoria resolución que nos deja con la sensación de haber visto un telefilme en el que nos suenan los personajes, o tal vez el entorno, pero que juraríamos no hemos visto hasta este momento.

     La desaparición de Stephanie Mailer es un libro muy entretenido para cualquier lector aficionado a los misterios cuyo mayor problema es que ese lector haya leído otros libros del autor. En ese caso, notará que ha perdido frescura respecto a sus primeros libros. Por lo demás no quiero que parezca que estoy cargando en contra de los libros entretenidos, ya que ese es el fin principal de la lectura y un objetivo complicado para el autor. Dicker parece haber encontrado la fórmula para conseguirlo.

     Y vosotros, ¿sois fans de Dicker?

     Gracias.

martes, 26 de junio de 2018

Las doce balas de Samuel Hawley. Hannah Tinti


     "Cuando Loo tenía doce años, su padre le enseñó a disparar un arma de fuego. El hombre guardaba en su cuarto un cajón lleno de ellas, y otras cuantas en cajas escondidas por toda la casa".

     Supongo que fue la fotografía de la cubierta lo que me atrajo esta vez. Tenía curiosidad por esa niña pistola en mano situada bajo un título con nombre de hombre. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las doce balas de Samuel Hawley.

     Conocemos a  Loo el día que cumple doce años. Ese mismo día su padre le pone en las manos un arma de fuego perteneciente a su abuelo y la lleva a disparar: ella falla. Normal.
Conocemos a Samuel, padre de Loo, que se muestra esquivo con su pasado, incluida la pérdida de su esposa. Lleva años viajando con su hija, que ha pasado por varios colegios y ya no hace ni amigos en ellos. Pero ahora aterrizarán con la intención de quedarse en el pueblo natal de su mujer. Samuel no habla de sí mismo, pero en su cuerpo lleva doce cicatrices que son resultado de doce bajas de su pasado.

     Uno lee la novela con la imagen de las 12 aventuras o gestas de Samuel y pensando si no se tratará un tributo a los doce trabajos de Hércules. A fin de cuentas ha sobrevivido para seguir adelante con su  hija. Además el nombre de la ciudad natal de la madre de Loo es Olympus, así que en realidad uno no se lo pregunta sino que tiene bastante claro que estamos ante un homenaje por parte de la autora a este héroe de sobra conocido por todos. Así que Samuel es en realidad este héroe que viaja con su hija hasta encontrar dónde asentarse. Un hombre callado y rudo que la protege, que vive en permanente estado de alerta, como si siempre esperase algo malo en su vida. Pero es también quien se encarga de montar una suerte de altar a su mujer en cada uno de los lugares en los que viven, en el baño, cerca de la bañera, para que ambos la tengan cerca en ese momento de relajada soledad. Samuel es todas esas cosas a la vez que es un padre protector que se encarga de decirle a su hija que todo lo bueno que tiene, es heredado de su madre, como si de ese modo la convirtiera en un bálsamo para la vida de ambos. Aunque no sabemos qué sucedió.
     Loo es la hija. Esa niña que vive llena de lagunas que comienzan a convertirse en preguntas en un momento en el que la edad le hace dejar la infancia a empujones. Una niña crecida que intentará en esta nueva ciudad comprender qué pasa a su alrededor, que vive sin amigos o lazos familiares más allá de su padre y a la que ni siquiera su abuela saluda. Loo ansía una vida normal, pero también respuestas. Le cogemos cariño, la comprendemos. Vemos cómo ha crecido de una forma más o menos salvaje. Tanto como su propio "peinado".

     Las doce balas de Samuel Hawley es la historia de estos dos personajes, un padre y una hija. Y Tinti la escribe alternando un capítulo en pasado y otro en presente. Los capítulos del presente los vamos viendo, avanzan. Los del pasado en cambio son casi cuentos propios. Tinti nos irá relatando cada una de las balas de Samuel, descubriendo así el pasado violento del padre de Loo. Los robos, la sangre, la violencia que hay detrás de ese hombre que acompaña a su hija. Y cada capítulo, cada bala, es capaz de llegar al lector de una forma diferente, sin que se antoje una fórmula repetida en el propio libro. Es curioso además como la autora consigue difuminar la línea que separa al criminal del padre, a la vez que vemos como Loo crece en interrogantes. El secreto sobre la suerte de la madre de Loo llega a pesar al lector que lee un pasado entre estaciones de servicio y robos buscando la pista de la Lily. Y llega al final esperando que Loo no se convierta en Samuel, que consiga encontrar una vía intermedia propia para descubrir que todo el mundo encuentra su lugar. Aunque no siempre nos guste. El de Loo... no lo voy a revelar, para eso esta Tinti.

     Las doce balas de Samuel Hawley me ha gustado. Es un libro que tiene mucho de road novel, de esas con personajes extremos en situaciones solitarias que provocan sentimientos viscerales. Y a mi siempre me han gustado ese tipo de novelas.

     Y vosotros, ¿alguna vez habéis comprado un libro solo por su portada? Porque eso también es juzgar...

     Gracias.

lunes, 25 de junio de 2018

El cuarto mono. J. D. Barker


     "Ahí estaba otra vez, ese pitido incesante.
     Le he quitado el sonido. ¿Por qué oigo las notificaciones de los mensajes?¿Por qué suena siquiera?
     Apple se ha ido a la mierda sin Steve Jobs".

     Así comienza la nueva apuesta de destino en la lucha por encontrar la novela del verano. Hoy traigo a mi estantería virtual, El Cuarto Mono.

     La ciudad de Chicago lleva tiempo bajo la amenaza de ser una de las víctimas de un asesino en serie apodado como El Cuarto Mono. Este hombre rapta a sus víctimas y envía a los padres tres cajas en riguroso orden antes de matar a su víctima: la primera con una oreja, la segunda con los ojos y la última con la lengua. Un hombre es atropellado por un autobús y la sorpresa de la policía es mayúscula cuando descubren que tenía en su poder una caja cuyo contenido no es otro que una oreja.
Inmediatamente llaman a Sam Porter, el detective encargado del caso mientras flota una pregunta en el aire, ¿ha muerto el Cuarto Mono?

     Todos conocemos los tres monos místicos, incluso tienen su propio icono de whatsapp: Kikazaru, el mono que no oye, Iwarazu, el mono que no habla y Mizaru, el mono que no ve. No oigas el mal, no hables del mal, no mires el mal. Barker en su novela propone la existencia de un cuarto mono: no hagas el mal. Y este es el apodo con el que se designa al asesino en serie que protagoniza su primera novela junto al detective Porter. Un razonamiento como otro cualquiera para crear un personaje despiadado que tortura y mata a sus víctimas. Sin embargo, la novela de Barker si que tiene un punto muy novedoso, y es que el muerto de la primera página (regla de oro para las novelas negras de los últimos tiempos) puede ser el asesino. Partiendo de esta posibilidad, la policía comienza a investigar la identidad del cuerpo a partir de los pocos objetos que lleva encima ya que, si hay una oreja, eso significa que el Cuarto Mono iba a volver a matar, o lo que es lo mismo, en la ciudad de Chicago hay una joven esperando en alguna parte. El tiempo que tarden en descubrir el enigma puede ser vital.
Para ello tenemos a Porter y un pequeño equipo de policías pertenecientes a su unidad. Porter no deja de ser el típico policía con cicatrices que suele protagonizar este tipo de novelas, sin embargo, en esta ocasión, en lugar de mostrarlas desde el comienzo, el autor también juega con el lector a adivinar. Y es que El Cuarto Mono es, ante todo, un juego de ingenio entre autor y lector hasta llegar a sus últimas páginas.
     Utiliza, además, una segunda voz correspondiente al asesino, ya que la víctima del atropello lleva encima un diario en el que el asesino deja un pequeño relato de lo que fue su vida hace unos años. Personalemente es la parte que menos me ha gustado de la novela, ya que considero que al autor se le va un poco la mano cargando la historia hasta perder verosimilitud. Sin embargo, al no ocupar demasiado, no es algo que reste interés a la trama principal en el presente.

     La novela, articulada en capítulos ágiles que se desarrollan en un corto espacio de tiempo, procura no perderse en grandes descripciones ni explicaciones farragosas para evitar así que el lector pierda interés. Si bien es cierto que en algunos momentos carga tintas con un corte casi melodramático, esto no hace otra cosa que conseguir que el lector se involucre en una trama que se va volviendo retorcida por momentos hasta llegar a un final satisfactorio... excepto para aquellos que piensen que la aventura de Porter ha finalizado en este libro. Sin dar más pistas al respecto, el autor se asegura, cuanto menos, una entrega más en un libro que, pese a que cierra la trama principal, opta por una salida que algunos pueden considerar un poco tramposa.

     He disfrutado leyendo El Cuarto Mono, la verdad. Me ha parecido una novela muy entretenida, sin grandes pretensiones, y me ha durado apenas una tarde.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 21 de junio de 2018

La vida en tiempo de paz. Francisco Pecoraro



     "A Ivo Brandani lo perseguía el sentido de la catástrofe. La veía en cualquier iniciativa de transformación de la realidad".

     No siempre sabemos por qué un libro nos llama a gritos desde la mesa de la librería, pero cuando eso sucede no suele fallar. Al menos conmigo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La vida en tiempo de paz.

     Conocemos a Ivo Brandani, ingeniero, y lo conocemos el 29 de mayo del año 2015 mientras está en el aeropuerto egipcio esperando regresar de su último trabajo. Ha estado reemplazando coral por una réplica sintética.

     Si me llevé ese libro fue porque recordé a Joyce y el día en el que transcurre su novela Ulysses. Poco o nada más sabía de este libro de setecientas páginas que ha resultado ser una ingeniosa mezcla de novela y ensayo y, posiblemente, una de mis mejores lecturas del presente año.

     Para conocer a Brandani tenemos que saber que es una persona de esas que dicen catastrofistas, y así lo refleja el autor ya en la segunda línea de este magnífico libro. Lejos del sentido práctico que se le puede asumir a un ingeniero, él verá la posibilidad de caer cuando mire un avión, de colapsar si es un edificio o de un incendio si su mirada se posa en una estufa. Cualquier cosa que funcione, de hecho, puede dejar de hacerlo sin previo aviso y evitar la catástrofe que eso pueda provocar es una de sus preocupaciones tanto como el Apocalipsis es su libro favorito. No es casual tampoco que el autor eligiera el 29 de mayo como día para presentarnos a Brandini y dejar que diera rienda suelta en ese entorno tranquilo, ya que fue un 29 de mayo el día que cayera el imperio Bizantino y en esta novela, nada es azar y ese es precisamente uno de los sucesos que no han dejado de rondar en la cabeza de nuestro protagonista, a quien sigue quitando el sueño.

     Brandini resulta un hombre obsesivo, casi resentido, que no duda en posar su mirada durante los últimos setenta años de la historia moderna utilizando en autor principalmente la primera persona, aunque podemos encontrar un narrador circunstancial que ayuda a remontar la acción de la novela. Brandini nos muestra lo aparentemente engañoso del título de la novela al señalar que estos setenta años de paz lo han sido también de guerras ocultas. Y con esta mirada de un hombre cuyo último futuro es el fin que tampoco se pierde de vista en la novela, y con Italia en el punto de mira, recorreremos el caos de los cincuenta, los sueños de los sesenta, la política y la lucha por la igualdad que marcaron el final del siglo pasado. Uno lee el libro con la sensación de que estos años de paz han sido ficticios, ya que vivimos en una constante revuelta civil si no queremos utilizar la palabra que designa el conflicto bélico.

     Comentaba casi al principio, que esta será una de mis lecturas destacadas del presente año. Y uno se da cuenta de ello ya en el Prólogo, magnífico, en el que se da el primer retrato del protagonista. Luego, a medida que la alternancia del monólogo y la tercera persona otorgan un fresco global de este periodo contemporáneo al que no le faltan crítica y acidez, tenemos la sensación de estar ante una de aquellas magnas novelas de antaño que han pasado a la historia de la literatura. La narración es casi épica y, mientras Brandani está en su viaje mortal, Pecoraro nos enseña también pinceladas de la vida del protagonista, ya sea su amor adolescente o su cambio de estudios y una, casi perenne sensación de decepción. Y es que, la mirada de una persona que recorre su vida, siempre va a ser reflejo de la sociedad en que se ha producido. La parte por el todo de la literatura universal. El gran acierto de este libro que irá desnudando a un protagonista del que me ha costado despedirme, tanto, que ya hago planes para una relectura no demasiado lejana.

     Por si no ha quedado claro, La vida en tiempo de paz me ha gustado. Son setecientas páginas (y aquí os he perdido a algunos) de buena literatura, de esa que no es la más fácil para el lector, pero que se disfruta página a página y se termina con la sensación satisfecha de haber hecho un buen camino. Animáos, merece la pena.

     Si otros días he ido mostrando las novelas que se postulan a "novela del verano", hoy me he alejado mucho de esas palabras. Pero tengo curiosidad en una cosa, ¿qué libros son los que preferís para la temporada estival?

     Gracias.


martes, 19 de junio de 2018

Arderás en la tormenta. John Verdon


     "Dave Gurney estaba ante el fregadero de la cocina de su granja, con uno de los coladores de Madeleine en las manos. Con sumo cuidado, vaciaba en él un tarro muy antiguo de vidrio teñido, que contenía una especie de guijarros marrones recubiertos de una costra de barro".

     John Verdon saltó a la fama con su novela Se lo que estás pensando, en la que presentaba un puzzle casi imposible y a un detective retirado con una mente tan pausada como eficaz. Años después, su detective sigue investigando y hoy traigo a mi estantería virtual la sexta entrega de la saga, Arderás en la tormenta.

     Se cumple el primer aniversario en White River de la muerte de un motorista negro por el disparo de un policía local blanco y los disturbios estallan en las cales. El lugar está dividido y las calles son un auténtico polvorín cuando, en mitad de todo ello, un policía es abatido por un francotirador. Es por esto que el fiscal del distrito de Nueva York acude a David Gurney para que investigue lo sucedido.

     John Verdon ha cogido el truco a sus lectores de Gurney así que cada entrega procura seguir una estructura similar, con más o menos éxito. Un comienzo pausado, la mezcla entre la vida casera del protagonista junto a su esposa Madeleine, el caso que tiene entre manos el detective Gurney y la resolución final más o menos sorprendente según la atención que haya ido prestando el lector. Y, si miramos detenidamente cada una de sus novelas, veremos que todas ellas siguen las mismas pautas. Es más, Madeleine siempre es la conciencia en voz alta, la esposa preocupada que pone pegas a que su marido investigue y discute con el debido a su preocupación, el freno... Incluso cuando se acerca al caso lo suficiente como para no criticarlo tanto, encuentra el modo de frenar, ya sea por su empatía o, como sucede aquí, porque no quiere que su esposo investigue unos restos encontrados en su finca. Y un poco lo mismo sucede con Gurney, ya le tenemos pillado el punto. Su infinita paciencia con su esposa, su escaso interés en la vida de jubilado y la capacidad pasmosa que tiene para obsesionarse con cualquier caso que le presente... cualquiera en realidad. Y junto a ellos aparecerán los personajes secundarios de turno adecuados para cada una de las tramas.

     En este caso Verdon se mete de lleno en el tema de los conflictos raciales, algo bastante habitual por desgracia, en países como Estados Unidos. Ello le sirve como excusa para hablar, no sólo del racismo que sigue existiendo junto a la existencia de determinadas organizaciones extremistas, sino también al sensacionalismo televisivo que se aprovecha de cualquier situación controvertida ara ganar televidentes y patrocinadores. Ninguna de las dos cosas son demasiado originales, la verdad.
Gurney comienza a investigar un caso en el que los indicios parecen ir encajando demasiado bien, y eso a él no le gusta, las cosas nunca son tan fáciles. Si a eso le unimos la aparición de nuevas víctimas, está claro que en White River nada es lo que parece. Ni siquiera entre los miembros del comité que se forma para investigar lo sucedido en un intento de calmar los ánimos lo antes posible. Sabido esto, acompañaremos al jubilado investigador hasta la resolución del caso, una resolución que, si bien es satisfactoria, no sorprende a nadie ya que el autor nos ha ido dejando las pistas suficientes a lo largo de la lectura como para que nosotros mismos lo señalásemos.

     Tengo que decir que no encajo con Verdon. Su detective me parece que está desgastado y la esposa de este me resulta irritante. Los casos que ha ido presentando a lo largo de las novelas han perdido la originalidad del primer título y además, en el caso de esta sexta entrega, el comienzo es tan pausado que cuesta no sentirse sentado a hacer una lectura en diagonal y avanzar hasta que empiecen a suceder cosas. No digo que sea una mala opción para leer en verano pero... me ha resultado aburrida hasta que ha arrancado. Y si un libro que parece ser concebido únicamente para entretener, comienza aburriendo al lector... algo falla. Claro que quizás sea por eso por lo que las campañas anunciando la salida de nuevos títulos de esta saga parecen ser cada vez más silenciosas.

     Me gustan las novelas de detectives, pero cada vez me cuesta más encontrar títulos que me satisfagan. Hoy os toca a vosotros, ¿me recomendáis un buen thriller?

     Gracias.

lunes, 18 de junio de 2018

Vengaré tu muerte. Carme Riera


     "Me llamo Elena Martínez Castiñeiras y durante diez años trabajé como detective privado. Quizá fue mi afición a las novelas policíacas lo que me llevó a escoger, después de abandonar, por aburrida, la carrera de Derecho, los cursos para llegar a ser detective, una profesión que me iba a permitir, o eso creía, no solo resolver los casos que habrían de encargarme sino escribir sobre ellos sin faltar ni un punto a la verdad".

     Hacía mucho tiempo que no volvía a las letras de Riera y la nueva novela publicada me pareció una buena opción para remediarlo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Vengaré tu muerte.

     Conocemos a Elena Martínez, exdetective, que rememora en las páginas de este libro un caso que jamás le abandonó pese a que comenzará allá por el año 2010. Todo comenzó cuando una mujer requiere sus servicios para investigar la desaparición de su marido, un pez gordo en una empresa caída.

     Con una introducción a modo de confesión autobiográfica de la protagonista y narradora de esta novela, Riera asienta unas bases en el tono y las formas que mantendrá hasta las últimas páginas: las de la verosimilitud. No ya la basada en no dar enormes giros sorprendentes que hagan trastabillar al lector más equilibrista, sino aquella que se basa en las formas, en la narración limpia sin cargarla de adverbios y subordinadas que provocan que, muchas veces, sintamos que leemos una representación a base de escenarios de cartón piedra.
      La protagonista nos relatará como llega a sus manos un caso de desaparición, en un momento en que España iba viento en popa, o al menos eso parecía aún a quienes no recibíamos más información que la vertida en las noticias. Gracias a esta desaparición en la ciudad de Barcelona, recorreremos barrios e impresiones junto a Elena, de las diferentes zonas y gente que irán entrando y saliendo de la historia, sin perder de vista nunca a la familia del desaparecido. Una desaparición que, sin que esto sorprenda a nadie, se complicará mezclándose en la trama aspectos más o menos escabrosos y de gran actualidad. Vaya por delante, para no dar pistas que puedan estropear la lectora que, si bien hay corrupción, no hay ningún componente político o alusiones al mismo.

     Riera huye del cliché que parece obligar al autor a poner el muerto en la primera página y demuestra en esta novela que no es necesario hacerlo para tejer una trama de intriga que se mantiene hasta el final, que se desvelará completamente tiempo después de que la protagonista abandonara su trabajo como detective. Tiene una alta dosis de crítica, reflejando que bajo cualquier alfombra lustrosa suele esconderse una enorme cantidad de porquería, y lo mismo pasa con cualquier sociedad que parezca estar en su mejor momento, y así nos lo va desvelando la autora en una novela llena de pequeñas píldoras irónicas que harán sonreír al lector en más de una ocasión.

     Vengaré tu muerte ha resultado una novela no solo entretenida, sino que además es refrescante descubrir que aún quedan libros diferentes. Queda mucho por escribir.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 9 de junio de 2018

Sobre la crítica literaria

Imagen: http://www.lavocedinewyork.com

     En teoría, un crítico literario es el perfecto orientador sobre el contenido y la calidad de un libro que servirá con su opinión para que un lector decida una compra con datos más sólidos que los que aparecen en la sinopsis. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, tengo la sensación de que el crítico literario, al igual que el lince ibérico, está en peligro de extinción.
Lejos quedan los tiempos en que un canon literario firmado por un nombre determinado marcaba las lecturas de un grueso de personas que acudían fieles a su llamada. Ahora, a mi entender, todo se ha empañado un poco.
      Para empezar, la irrupción de las redes sociales ha conseguido que muchos lectores opinemos de forma más o menos pública, sobre nuestras lecturas. Y que incluso algunos opinen que son verdaderos críticos. Sobre esto lo único que puedo decir es que siempre dejo patente mis filias y fobias en lo que respecta a escritores y géneros, así que, por si alguien aún lo duda, en este espacio yo me limito a dar mi opinión y con  suerte debatir un poco con las vuestras. Pero me parece incluso más preocupante el hecho de que se haya desdibujado totalmente la barrera entre un crítico y un escritor. Supongo que siempre he pensado que en la literatura, como en cualquier otra disciplina, uno pierde la inocencia de lector desde el momento en que empieza a escribir ya que, como me han confirmado más de uno y de dos escritores, se ven tentados a valorar si ellos hubieran escrito tal o cual cosa en su modo o manera. De hecho, tal vez este sea uno de los motivos por los que a veces las críticas engolan tanto su vocabulario, que el lector se siente automáticamente excluido de la opinión vertida y, de paso, de la obra de quien la escribió. Pero claro, tampoco es cuestión de criticar al crítico porque, si algo han hecho bien estas nuevas figuras literarias, es blindarse ante comentarios negativos sobre sus opiniones como si escribieran tres centímetros por encima de la altura de cualquiera. Un escritor que no aplaude y encaja una crítica negativa, es un egocéntrico insoportable, pero un crítico al que discuten su negativa opinión se siente profundamente ofendido ya que no le valoran el esfuerzo y él, que no se confunde en su valoración, está siendo víctima claramente de las envidias e injurias de otros. Ya...

     ¿Qué nos queda entonces y de quién nos fiamos?
     Decía Francisco González Ledesma que "un crítico literario es un condenado a leer toda la vida a quien le gusta su condena", poesía pura. Pero si le añadimos la opinión de Luis Varela la cosa cambia: "En el mundillo literario español un crítico es un mercenario al servicio de un estado mayor editorial y mediático cuya tarea consiste en enaltecer a los escritores enrolados en su ejército y a patear los higadillos a los escritores enemigos (a unos pocos, a los que destacan, al resto con ignorarlos sistemáticamente basta)".
     Entre la poesía y la visión desalentadora supongo que se mueve el gris intermedio, pero es cierto que echo de menos esa figura crítica que opinaba de forma objetiva (dentro de un margen razonable) sin casarse con nadie. Ahora parece que no hay opinión negativa, más bien pasamos por la ignorancia repetida y la atención focal siempre en las mismas direcciones. No es difícil identificar la "ideología literaria" de algunas publicaciones culturales, aunque no se comente igual de abiertamente que la ideología política en sus artículos de opinión. Y además están los recomendadores profesionales, esas personas que se ponen en manos de la maquinaria del márketing vestidos de pretendidos críticos que se unen para cantar las bondades de cualquier libro que les sea entregado. Eso es cordialidad y agradecimiento, sí señor. Y es que pareciera que no hay malos libros, salvo alguno de esos que ya se consideran intocables, y solo porque aquí la tentación de hacerse un postureo es superior al pudor.

      El crítico, ¡Ay, el crítico! Ese hombre preparado que desmenuzaba el texto sin necesidad de hacerlo con la trama, que nos daba unas buenas señales y que era el gran malquerido de la literatura porque señalaba sin pudor alguno las taras y faltas. Ese hombre de gusto personal pero criterio selecto que no regalaba sonrisas ni piropos, que hacía que hasta el escritor más pintado sudase cuando su título caía en sus manos. El mismo escritor que cruzaba los dedos, dicho sea de paso, para que el buen crítico leyera su obra ya que la sola elección era un lujo. Ese crítico, ¿dónde ha quedado? Porque ese, ese es el crítico que yo quiero.

     Y vosotros, ¿en quién confiáis para recomendaros lecturas?

     Gracias.

jueves, 7 de junio de 2018

La investigación. Philippe Claudel


     "Cuando el Investigador salió de la estación, lo recibió una mezcla de lluvia fina y nieve fundida. Era un hombre de poca estatura, más bien rechoncho y casi calvo. Todo en él resultaba anodino, desde la ropa que llevaba hasta la expresión de su rostro. Si alguien hubiera tenido que describirlo, por ejemplo en una novela, o durante un procedimiento penal o en una declaración ante un juez, sin duda le habría costado esbozar su retrato. Era, por así decirlo, un ser evanescente, alguien a quien olvidas apenas lo ves. Su presencia tenía la vaguedad de la niebla, de los sueños o del aliento que exhala una boca. En eso se parecía a millones de personas".

     Claudel me gusta más en sus formas que en sus argumentos, pero este sí que me llamó particularmente la atención. Hoy traigo a mi estantería virtual, La investigación.

     Un Investigador cuyo nombre no nos es revelado llega a una anónima ciudad con un encargo claro: investigar por qué una Empresa tiene un índice de suicidios tan alto. Sin embargo, desde que llega a la ciudad, todo parecen dificultades para lograr su objetivo, ya sea acceder a la empresa, relacionarse o el propio hotel en que se aloja.

     Esta novela es un claro homenaje a Kafka y su agrimensor intentando llegar a El castillo. A partir de esa idea comprendemos la existencia de este investigador y las dificultades que tiene para cumplir la misión que le es encomendada. Casi pareciera que, en esta ciudad sin nombre, el universo se confabulara para frustrar sus objetivos. Un universo en el que la gente funciona casi de manera mecánica y su único valor parece reducirse al a función que desempeñan, exactamente igual que sucede con nuestro investigador, a quien conocemos con "I" designadora de su tarea. Poco a poco nos va describiendo un ambiente opresivo en el que los diálogos serán la fuente de oxígeno, a ratos casi cómico, para que podamos seguir leyendo esta suerte de fábula social. Una fábula que se va tornando pesadilla incluso dentro de la propia historia para el protagonista ya que todo parece estar mal. Las dificultades ara llevar, la disfuncionalidad de la habitación del extraño hotel, las personas con las que se encuentra son poco serviles... todo ello nos va haciendo llegar a unas conclusiones a lo largo de esta novela corta. Además, la obstrucción de la realidad a que el Investigador realice su función no será el único problema que se encuentre, Claudel también pone su granito de arena al desdibujarlo ya en las primeras líneas y luego añadir que su estado parece permanentemente defectuoso. Ya sea hambriento, cansado o magullado, todo parece ponerse en contra de nuestro protagonista.

     No me cabe duda alguna del mensaje de Claudel: la representación de un mundo totalmente alienado en el que apenas nos fijamos los unos en los otros en nuestra cotidianeidad. Vales para el prójimo lo que haces en tus funciones designadas, y para la sociedad el servicio que le prestas. Y en esta sociedad en la que quedamos reducidos a meros figurantes, ir contracorriente puede ser algo frustrante y complicado, lo fácil es dejarse llevar y ser uno más. Pero no es solo eso, además al finalizar esta novela, el lector tiene claro el motivo de dichos suicidios. Al menos en mi caso lo tuve bastante claro mucho antes del final y eso, amigos lectores, hizo que cerrase el libro y mirase a mi alrededor con un punto de angustia. El que Claudel hace saltar del libro a la vida cuando miramos a nuestro alrededor y pensamos: ¿y si....?

     Me ha gustado La investigación. No es ni de lejos el mejor libro de Claudel, pero tengo que reconocer que lo he disfrutado posiblemente más como homenaje  Kafka que como historia propia e individual.

     Si vivimos en un mundo en el que cada cual tiene su lugar y función, decidme, ¿para vosotros cuál es la función de la lectura?

     Gracias.

martes, 5 de junio de 2018

La chica del cumpleaños. Haruki Murakami



     "En el día de su vigésimo cumpleaños también trabajó de camarera, como de costumbre. Le tocaba todos los viernes, pero, de hecho, aquel viernes por la noche no debería haber trabajado".

     Me encantan los libros ilustrados. Y me encanta Haruki Murakami. Así que hoy traigo a mi estantería virtual, La chica del cumpleaños.

     Una chica, de la que solo sabemos que es camarera y que cumple veinte años, ve como su plan de celebrarlo con su novio se ve frustrado por una discusión. En un descalabre continuado recibe una llamada y tiene que trabajar esa noche, noche en que el encargado enferma y es ella quien tiene que subir la cena al misterioso dueño del local. Allí, esta chica pidió un deseo.

     Este relato fue publicado en un primer momento en el periódico The Guardian, allá por el año 2006. En España lo vimos en el volumen Sauce ciego, mujer dormida y ahora es la editorial Tusquets la que se ha unido a unas ediciones bellamente ilustradas de los cuentos de este escritor que van apareciendo en las librerías en estos últimos años.

     La chica del cumpleaños no tiene nombre en este cuento de Murakami, solo sabemos que es camarera. En realidad nadie tiene nombre, ni importa. Solo sabemos que ahora es adulta y que poco queda de aquella muchacha que trabajaba por horas en un restaurante, y que el día de su vigésimo cumpleaños, pidió un deseo. Pero tampoco se nos dice el deseo que pidió. Y, al igual que sucede con su nombre, tampoco importa demasiado. Poco afecta al relato lo que pidiera porque nos deja claro aquello que no se le ocurrió pedir: la chica no pide dones directos porque no sabe de qué le van a servir para el resto de la vida. Y esa es precisamente la parte central de la historia: las elecciones, las espontáneas y las meditadas, lo que queremos hacer con la vida y la mirada atrás hacia aquellas que un día tomamos. ¿Cuándo podemos asegurar que hemos fallado al tomar una decisión? Pocas veces en realidad, ya que somos el resultado de cada decisión tomada y, si hubiéramos cambiado una sola, no estaríamos ahora aquí hablando de Haruki Murakami.
     Al estar ante un cuento corto, el autor entra rápido en materia mostrando sus cartas habituales: ese punto excéntrico, casi mágico, pero que no se despega en este caso de la realidad. La incertidumbre ante el futuro, el futuro que existe siempre hasta el último momento de nuestras vidas y las vidas cuyas marcas son como las abolladuras en el parachoques del coche. Pero para eso están los parachoques, así es la vida y, por muchos avisos que nos den, es imposible salir sin uno solo de ella.

     Me ha gustado La chica del cumpleaños. Lo que es un bello cuento en una primera lectura, va ganando en profundidad y mensaje a medida que uno vuelve a leer las palabras, que deja pasar el tiempo entre línea y línea. Y, por si fuera poco, la edición se acompaña de unas bellísimas ilustraciones que convierten el libro en una joya. Y de un relato autobiográfico en el que el autor nos habla de su propio cumpleaños, de las fechas compartidas y cómo hay quien puede buscar lazos en ellas. 

     Murakami, eterno candidato al Nobel, con una legión de seguidores y temido por otros por sus rarezas a la hora de escribir deja así una historia al alcance de todos. Una pequeña muestra que bien puede servir de toma de contacto con el autor.

     Y vosotros, ¿sois de los lectores que cruzan los dedos cada años (menos este) pidiendo el Nobel para Murakami?

     Gracias.

lunes, 4 de junio de 2018

La novia gitana. Carmen Mola


     "Al principio parece un juego. Alguien ha encerrado al niño en un lugar oscuro y él tiene que intentar salir de allí por sus propios medios. Lo primero sería encontrar el interruptor de la luz, pero el niño no lo busca porque piensa que la puerta se va a abrir en cualquier momento. 
      La puerta no se abre".

     Tras el libro perfecto para este verano me he dado grandes batacazos lectores en estas últimas semanas, pero sigo intentándolo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La novia gitana.

     Conocemos a Elena Blanco, inspectora y jefa de brigada del BAC, una brigada especial que es casi más una leyenda que una realidad incluso para los policías. A sus manos llega el asesinato de Susana Macaya, una niña mitad gitana mitad paya que estaba a punto de casarse. El asesinato ha sido llevado a cabo de una forma atroz y extremadamente peculiar, así que tendrán que investigar quién es el posible culpable de semejante suceso. No tardan en descubrir que Susana no ha sido la única mujer de la familia en correr esa suerte.

     La novia gitana es el último libro de moda que está empezando a correr de boca en boca entre los lectores. viene además firmado por una tal Carmen Mola que no es otra cosa que un seudónimo, así que poco podremos saber sobre si se trata de una primera obra o no, y cualquier cosa que alguien dijera al respecto no pasaría de ser una mera superstición.

     La novela intercala una historia presente y otra en el pasado, en cursiva, que tiene muchísimas menos páginas en el libro pero cuya importancia será vital para descubrir lo que está pasando en la actualidad. Una actualidad que la autora pone de manifiesto en las primeras páginas, costumbre cada vez más frecuente entre las novelas del género. Y  partir de ahí, apoyándose en el presente, la novela avanza sin descanso procurando que el lector se involucre tanto en la investigación, como en el juicio personal hacia cada uno de los personajes principales.
     Siguiendo las normas no establecidas en este tipo de novela, tenemos un inspector jefe, en este caso mujer, cuyas excentricidades casi rivalizan con su pericia, como si la autora hubiera querido jugar al cliché y otorgarle en su versión femenina las mismas virtudes y defectos que estamos acostumbrados a ver en los hombres habituales que suelen protagonizar este tipo de historias. De hecho evita, y juraría que premeditadamente, dejar cualquier asomo de sentimentalismo directo en la historia en una novela que es a ratos dura, casi cruda pero que no llega a herir la sensibilidad del lector. Y si eso sucede con el personaje principal, marcado por un pasado y una afición a la bebida, se extiende también al resto de personajes femeninos de la historia, a los que ha dotado de mucha más personalidad que a los masculinos, convirtiéndolos en personas fuertes, independientes y liberadas de esas cargas habituales que suelen otorgárseles solo por ser mujeres. Tanto da si es por su temperamento o por la dureza venida por los años y vivencias, incluso si es por las vidas elegidas por las propias víctimas, la novela se escribe y se firma con nombre de mujer. Y sumemos a todo lo dicho las etnias, Carmen Mola no solo pone el foco de atención en los gitanos al elegir una víctima que lo sea, además no le tiembla la mano a la hora de escribir la palabra racismo y señalar situaciones en las  que se ha podido actuar de modo diferente solo por el miedo a esa palabra.

      En cuanto a la trama hay que decir que está bien urdida, juega con el lector pero no para despistarle, algo que es de agradecer, y le lleva a conclusiones más o menos certeras que cierra en las últimas páginas aprovechando para dejar claro que Elena Blanco no se va a quedar en este título, es más que posible que asistamos a sucesivas entregas protagonizadas por la BAC. Ambienta además la historia en Madrid, buscando pasearse por zonas conocidas pero señalando lugares concretos  demostrando un conocimiento de las calles que seguro agradará a quienes residente en la ciudad.

     Carmen Mola, escudo de un nombre aún por conocer, nos ha dejado una novela (dudo mucho sea la primera) con una clara influencia del Lemaitre más negro tanto por la fuerza como por lo visual de muchas de las escenas, pero que bebe de otros nombres ya conocidos de la novela negra como la recientemente premiada Fred Vargas.
     La novia gitana es un libro más que recomendable con una historia y personajes sólidos que he disfrutado leyendo. No sé si se convertirá en la novela que este verano veamos en todas las piscinas, pero, desde luego, merece la pena pasar unas cuantas horas entre sus páginas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 30 de mayo de 2018

La mujer en la ventana. A. J. Finn


     "Su marido está a punto de llegar a casa. Esta vez la pillará. 
      No hay ni una triste cortina, ni persianas de aluminio, en el número 212, la casa adosada de color rojo oxidado que fue el hogar de los recién casados Mott hasta hace poco, hasta que se separaron. No llegué a conocer a ninguno de los dos, aunque de cuando en cuando los busco por internet: el perfil de LinkedIn de él, el Facebook de ella. Su lista de regalos de boda sigue estando en la página de Macy’s. Todavía podría comprarles una vajilla".

     Lo que tiene que todo el mundo sepa que me gusta leer, es que muchos me regalan libros. Y cuando tu entorno no es particularmente lector, suelen ser los últimos libros de moda. Así que en una suerte de contrato no escrito, yo no me acerco a ellos y espero a que me los vayan regalando. Hoy traigo uno de esos libros a mi estantería virtual. Se trata de La mujer en la ventana.

     Conocemos a Anna Fox en su casa, en un barrio residencial de Nueva York. No la podríamos conocer en otro sitio porque no sale de casa. Es una mujer agorafóbica y deprimida con afición al vino, el cine clásico y espiar a los vecinos. La acompañamos por el vecindario parapetados detrás de su cámara de fotos y conocemos a los residentes antiguos y también a los nuevos... hasta que Anna es testigo de un suceso terrible. Pero, ¿lo es de verdad?

     Llegadas estas fechas, con el día del libro y las ferias en la calle; con las piscinas desplegando tumbonas y el cloro bien medido, las editoriales se lanzan a buscar el top ventas: la nueva chica perdida, del tren o de la pareja de al lado. Y este año parece que toca La mujer en la ventana, un título con una clarísima referencia la la película de Hitchcock, La ventana indiscreta, el la que James Stewart será sustituido por Anna Fox, la protagonista.
     Si soy sincera suelen escamarme estas campañas de marketing a lo grande que llegan apabullando al lector. Investigué un poco y descubrí que A. J. Finn es en realidad Dan Mallory, veterano editor de misterio que cuenta entre sus filas con nombres de sobra conocidos. Eso hizo que el libro no esperase tanto en mis estantes, me pudo la curiosidad.

     Uno empieza La mujer en la ventana con el guiño directo al cine. Esa mujer que se pasa el día espiando a sus vecinos y que acerca sus rostros gracias al zoom de su cámara de fotos no es sorprendente, pero si que tiene cierta gracia ver a Stewart convertido en una alcohólica deprimida y agorafóbica. Dicho así puede parecer un personaje interesante, pero la fiabilidad de los narradores lleva demasiado tiempo poniéndose en entredicho como para resultar novedoso y, sin ir más lejos, La chica del tren abusaba del alcohol dejando al lector confuso y casi aburrido. La novela avanza lenta en sus comienzos ya que necesitamos conocer a quién espía la protagonista y también quienes son sus nexos con el mundo, ya sea su familia vía telefónica o las escasas visitas que recibe. Incluso conocemos a un inquilino con el que, creo, pretende el autor intrigarnos sobre si su relación llegaría a algo más. No lo consigue, la meta de la protagonista, se resume en su ventana. Convencido de que ayudará a que el lector se sienta más cómodo, la novela se nutre de las películas que ve Anna,ninguna de ellas desconocida, y ninguna elegida al azar, lo cual no es una sorpresa para nadie desde prácticamente el primer título que nos deja. Supongo que son trucos de quien sabe cómo funcionan los libros, eso de referenciar obras conocidas ya sea de cine, o recordar esquemas ya leídos que han tenido un gran éxito.

      Anna y su vino mezclado con antidepresivos es, evidentemente, testigo de algo que sucede. Y ahí arranca realmente este libro que juega a realidad o no una y otra vez pero que no busca sorprender al lector. De hecho, apostaría a que la mayor parte de los lectores han descubierto el final mucho antes de llegar a leerlo. Pero bueno, eso que antes se consideraba casi una hazaña se ha vuelto cada vez más fácil debido al empeño que parecen tener algunos autores en dejar creer al lector que es listo y capaz de resolver la novela descubriendo lo sucedido antes que el protagonista. Sobre todo si el protagonista es detective aficionado y no policía profesional.
 
     La mujer en la ventana (indicreta)es una novela más. De hecho, si tuviera que buscar algo destacable de este libro, no pasaría de un par de escenas o de la descripción de esa vida como mujer deprimida que se ve a lo largo de toda la novela. El resto me ha parecido manido y previsible y, aunque reconozco que es un libro que se lee rápido porque no pide esfuerzo alguno al lector salvo el de saber juntar las letras impresas, he terminado la lectura segura de olvidarla hasta que me sorprenda el anuncio del estreno de su versión cinematográfica. Y tampoco será original que suceda eso, porque ya lo viví con Perdida. Y es que, al final, si me pongo a pensar en la historia, protagonista mujer, fiabilidad, etc... no puedo despegarme la sensación de estar más ante un producto prefabricado que ante un libro escrito bajo la necesidad o la inspiración. Casi como si hubiera sido un ejercicio o experimento en el que pretendieran demostrar que existe eso que llaman la fórmula best seller. Y una es más de long seller, la verdad, me gustan los libros que tienen un poso y un recorrido.

     Hablaba al principio de las campañas de marketing que se ponen en marcha con ciertas novelas. En mi caso, si soy sincera, puede ser algo que me aleje del libro por saturación, pero está claro que para muchísima gente es un reclamo eficaz. Y vosotros, ¿sois compradores o termináis aburridos de ver el mismo libro una y otra vez?

     Gracias.

lunes, 28 de mayo de 2018

¡Absalón, Absalón! William Faulkner


     "Desde las dos, aproximadamente, hasta la puesta de sol, permanecieron sentados, aquella sofocante y pesada tarde de septiembre, en lo que la señorita Coldfield seguía llamando el despacho por haberlo así llamado su padre; una habitación cálida, oscura, sin ventilación, cuyas ventanas y celosías continuaban cerradas desde hacía cuarenta y tres veranos, porgue allá en su niñez, alguien opinaba que el aire en movimiento y la luz producen calor, mientras que la penumbra resulta siempre más fresca".

     Cada vez que reeditan a Faulkner, me acerco a curiosear y, cada vez que la nueva edición me convence, lo releo. Hoy traigo a mi estantería virtual ¡Absalón, Absalón!

     Estamos en Toknapatawpha y conocemos a los Sutpen. Conocemos su historia y decadencia y lo hacemos a través de la conversación entre Quentin Compson y Shreve. Pero no serán los únicos, ya que esta es una historia con partes confusas, interrupciones y aportaciones externas de otros narradores que conseguirán que comprendamos qué aquello tan terrible que sucedió.

     Si bien siempre he creído que casi todos los libros son para casi todos los públicos, y digo casi por dejar restricciones de esas que se visten con sonrisas verticales a criterios de edad, es cierto que no todos los escritores son iguales. Hay una serie de nombres como Joyce o Thomas Mann que exigen al lector un pequeño esfuerzo que va más allá de una lectura hecha como simple recreo para llegar a ser disfrutables. Y Faulkner, por ejemplo, pertenece a este grupo de autores. No quiere decir esto que sus libros sean unos ladrillos infumables, de hecho encontraremos a mucha gente que argumentará lo contrario (me incluyo), pero si que se puede hacer una lectura por capas de sus novelas. De tal forma que cada relectura nos desvela algo nuevo que merece la pena ser leído por primera vez.

     Las cuatro voces, a menudo monótonas y repetitivas, suenan a ratos lúgubres incluso a ojos del lector. Todas ellas darán testimonio, no ya de lo sucedido, sino también de la inexactitud del ser humano. Gracias a ello, las voces de los narradores transformadas en personas, se desnudan totalmente ante el lector, que es capaz de percibir sus obsesiones, virtudes y defectos. Además, y dejándonos llevar por ellas, vamos descubriéndonos montando un puzzle cada vez más intrigados, necesitando tener en la mano todas y cada una de las piezas. Faulkner se repite igual que lo hacen sus protagonistas en el camino de una historia que trata soledad, esclavitud, guerra, fortuna decadencia, cambios sociales... y lo hace con un estilo único que los lectores habituales de Faulkner descubrirán cambiante en su obra.
     Llega la familia Sutpen, llaman a la puerta y comienza uno de los mejores libros que he leído jamás. Una novela que hoy en día sigue siendo novedosa por su forma de distribuir los hechos, y también los tiempos utilizados. Y, lo mejor, sin duda alguna, es la certeza de que llegaremos al final de este drama con la historia puesta sobre la mesa y un cierre perfecto que dejará satisfecho al lector mas exigente.
Si tengo que ser sincera, nunca disfruté tanto de una misma historia contada por varias voces. Y pocas veces he podido resumir de forma tan simple como la frase anterior, un libro tan intrincado.

     Dicen que William Faulker fechaba la última página de sus novelas, costumbre habitual entre los escritores. Y que ¡Absalón, Absalón! fue fechado un 31 de enero de 1936. Desconozco como se sintió en ese momento, y si era realmente consciente de la novela que estaba dejando terminada. Pero sí puedo decir que mi sensación al terminar el libro, y lo he leído varias veces, ha sido siempre la misma: asombro. Y, por supuesto, una profunda admiración.

     Por si no ha quedado claro, ¡Absalón, Absalón! es un libro imprescindible para cualquier lector decidido a invertir su tiempo en literatura de calidad.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


     Nota complementaria:


     Fue Sherwood Anderson quien aconsejó a Faulkner escribir sobre Mississippi, su tierra natal, y así empezó a hacerlo en el año 1926 creando el distrito de Yoknapatawpha para su obra Banderas sobre el polvo, cuyo punto final pondría en septiembre de 1927. Así, y a lo largo de su obra, ese condado ficticio flanqueado por dos ríos y del que conocemos incluso la población dividida por el color de su piel (6.928 blancos y 19.313 negros) vería pasar por sus tierras a los personajes del autor, ya fueran Sartoris, Copton, Sutpen o Sonopes. Yoknapatawha existe y en ¡Absalón, Absalón! se incluiría incluso un mapa que certificara la existencia de este lugar testigo de desdichas y cuyo propietario único era el propio Faulkner. Su creador. Se da además la peculiaridad de que los ríos que lo limitan, existen en la realidad así que no pocos estudiosos y lectores han jugado a solapar mapas y pan pasado su dedos por las líneas de Lafayette, donde residía el autor.
     Además, y tratandose del lugar de residencia de muchas de sus novelas, no es extraño encontrar cruces de personajes, como sucede en ¡Absalón, Absalón! con Quentin Compson de quien conoceremos acontecimientos posteriores gracias a El ruido y la furia. Evidentemente no es el único caso, pero privar al lector faulkneriano de descubrirlo, sería un crimen.


sábado, 26 de mayo de 2018

Los premios literarios


     El tema del prestigio de los premios literarios entre los lectores está más que leído y hablado, cada vez que se otorga un premio (que últimamente viene siendo cada pocos días), salen voces críticas. Hablemos pues de los premios.

     Cabe distinguir en primer lugar entre aquellos que se otorgan a los libros ya publicados, que son los menos, y los que se otorgan en mitad de una larga parafernalia de supuestos secretismos a un título que aún no ha visto la luz. Y es que, en según que momentos, el lector no tiene claro si asiste a la concesión de un premio o a una suerte de disco con filtraciones incluidas que se ve orquestada con el único objetivo de captar atención y, de paso, un poco de publicidad gratuita.
     De estos segundos distinguiremos los que llevan un respaldo institucional de los privados. Es curioso además que en el caso de los primeros, su montante sea inferior al de algunos premios privados. Pero es en ellos en los que podemos centrar nuestras críticas, ya que si el premio viene avalado por una empresa privada, es lógico que los intereses a la hora de otorgar dicho premio, trasciendan lo literario.
Tenemos que tener en cuenta un detalle, y es que las editoriales y la cultura, aunque el pirateo nos haga olvidarlo, han de dar de comer a quienes trabajan en ello, incluidos los señores editores. Así que es muy lícito que un señor que tiene su empresa, valore a la hora de juzgar un título, no solo el mantener una calidad que le sostenga en las listas de ventas, sino también una temática o incluso un firmante, que ya parta con un punto de favoritismo entre un determinado porcentaje de los lectores. Entendido esto, es muy fácil comprender que la creación de Premios literarios tiene mucho de marketing ya que no son pocos los medios que se hacen eco de ellos y un título que hubiera podido pasar desapercibido hasta llegar a la mesa de la librería y depender únicamente del boca a boca, llega con un apoyo de prensa y medios que hacen que los lectores reconozcan el título a simple vista. De hecho, en más de un caso, son la puerta de acceso a grandes editoriales para autores hasta ese momento desconocidos que se deciden con más esperanza e ilusión que estadística a su favor, presentar su obra a cualquiera de ellos.

     Supongo que por eso que últimamente parece que cada mes se otorguen al menos un par de estos premios que van con una editorial detrás que ofrece al emocionado ganador, no sólo la oportunidad de ser leído (o no según algunas malas lenguas) por un jurado formado por escritores ya encumbrados, sino también la publicación de la obra por parte de la editorial y una cantidad económica que será entregada en concepto de adelanto sobre ventas del citado título. Es decir, que el ganador se ve con una novela anclada a la editorial que lo respalda y con un adelanto en el bolsillo, que eso no es un premio no lo olvidemos, que muchas veces se corresponde con un porcentaje inferior al habitual a restar por cada libro vendido una vez salga a la venta. Si a eso le sumamos que, asumido el baremo diferente que pueden tener estas empresas, es difícil creer que los libros sean leídos realmente, empiezo a dudar si el término premio viene a ser muy adecuado a este tipo de galardones que lo único real que otorgan al escritor que se los lleva es una visibilidad, y en muchos casos una tirada, muy superiores a las habituales. Supongo que para conocer bien esto, deberíamos saber hasta qué punto influyen los intereses en los jurados. Aquí que cada cual piense lo que considere oportuno en función de sus ideas y experiencias. Decía Caballero Bonald hace ya años, que "los premios no pactados, son los modestos" y esto tal vez sea cierto o sea una de las causas que más susceptibilidad generan en la credibilidad de aquellos premios cuyo montante se vuelve casi astronómico. siendo justo estos de los que más dudas tiene el público una vez se abre el sobre que da a conocer el premiado con el ilustre galardón. Quizás por eso, el Premio Goncourt dotado con 50 francos en su día y que hoy, pese a ser en euros, mantiene la cantidad equivalente, sea uno de los que más prestigio han alcanzado entre los lectores.

     Abierta la veda y con las susceptibilidades debidamente expuestas, ¿cuál es vuestra opinión sobre los premios literarios?