martes, 22 de mayo de 2018

El último samurái. Helen DeWitt


"El padre de mi padre era pastor metodista".

     Vista la sinopsis tengo que reconocer que me sentí atraída por este libro desde el primer momento. Hoy traigo a mi estantería virtual, El último samurái.

     Conocemos a Sibylla, una mujer con una inteligencia extraordinaria, un trabajo precario y una vida un tanto disfuncional. Acude a una fiesta y conoce a un escritor famoso, no solo lo conoce, además tienen sexo y, el resultado de este sexo, es un niño llamado Ludo. Ludo posee una inteligencia extraordinaria y con 5 años es capaz de leer y manejarse en otros idiomas, siempre alentado por su madre, que cree poder aportar al niño mucho más que el sistema educativo, fomentando su curiosidad y su necesidad de saber. Sin embargo, hay un tema en el que la madre se muestra inflexible, Ludo carece de una figura paterna, ni siquiera conoce el nombre de su padre. En lugar de eso, intenta sustituir esta laguna poniéndole la película Los siete samuráis consiguiendo que marque el desarrollo de su hijo, un niño que, tarde o temprano, comienza la búsqueda de su padre..

     El último samurái fue publicada allá por el año 2001 bajo el título El séptimo samurái, ahora una editorial ha decidido darle vida de nuevo a esta novela. Una novela que la autora abandonó tras diecisiete meses de escritura y con una oferta sobre la mesa y que luego retomó, escribiéndola bajo el título El séptimo samurái pese a que cambió el título por el actual antes de que la novela viera la luz. Está claro que todo esto no es particularmente relevante para el libro, pero siempre me ha gustado conocer un poco la otra historia de las novelas, esa que no vemos en sus páginas.

     Estamos ante una novela de las llamadas Bildunsroman en la que somos testigos del crecimiento y desarrollo de un niño superdotado. La novela, que comienza mirando atrás en el tiempo y la familia de Sibylla, nos va dejando ver esa suerte de angustia que tiene una madre que descubre que la inteligencia de su hijo va más allá de lo normal, incluso de lo excepcional, y la responsabilidad que eso la echa sobre los hombros. La necesidad de proporcionar a ese niño las herramientas suficientes para que su desarrollo sea el adecuado y también cómo deja de lado el tema de la paternidad. Y sin embargo, el niño y su voraz necesidad de saber, van creciendo a lo largo de una novela que comienza con el foco centrado en la madre y que poco a poco va desplazando el centro de atención hasta que Ludo es el protagonista total y absoluto. Apenas nos damos cuenta del momento en el que el niño que aparece interrumpiendo a su madre se va adueñando de la historia, pero lo hace. Su desarrollo personal trasciende así al papel y nos involucra en su búsqueda de una figura paterna. Y si esto ya hubiera convertido a la novela en algo diferente, hay que añadir que somos testigos del avance del niño a través de sus logros, de la comprensión de idiomas, lecturas y de la siempre presente película de Kurosawa. DeWitt integra todo ello en la novela y además consigue que la lectura sea ágil y no se vea anclada en un mundo de referencias y traducciones que frenen la trama. Y eso en un libro que se llena de citas, idiomas, cambios de tipografía y de forma que, no solo aceptamos, sino comprendemos como necesarios para formarnos una opinión completa del mundo en el que vive y se desarrolla el personaje principal.

     Ludo, ese niño que, inspirado por la película, emprende con 11 años la búsqueda de su padre a través de siete padres potenciales. Hombres a los que se acerca y que resultan ser atractivos, peculiares o excéntricos pero que siempre están dotados de la fuerza suficiente en el conjunto del relato como para que sus historias vayan dejando alguna impronta en el niño. Y también una pequeña enseñanza sobre la paternidad o lo que debe de serlo.

     En El último samurái Helen DeWitt ha construido una novela excepcional. Y no es azar que haya utilizado la palabra construido ya que trasciende el argumento a las formas de este libro consiguiendo de este modo un "todo" que lo convierte en una novela redonda. No dejéis de leer a Helen DeWitt.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


sábado, 19 de mayo de 2018

Entrevista con Alfonso del Río


Fuente de la foto: twitter de Alfonso del Río
     La ciudad de la lluvia no es la primera novela de Alfonso del Río. En realidad es la segunda. Aunque la primera, Ioannes, se publicó en una editorial pequeña, sin repercusión, y hoy es casi imposible de encontrar. Así que para casi todos los lectores, esta ha sido la primera vez que leían algo suyo. Alfonso es abogado, padre, profesor en la Universidad del País Vasco y en la Universidad de Deusto. Si a eso le sumamos que le gusta practicar deporte, parece imposible que haya sacado tiempo para ser escritor. Con la repercusión que está teniendo La ciudad de la lluvia, es lógico que ahora muchos seamos quienes queramos saber un poco más de él, algo que le sorprende, según confiesa casi entre risas mientras recuerda una anécdota reciente en la que una persona le preguntaba por una actividad deportiva reciente que acababa de realizar ante la perplejidad de quien aún no es consciente de que su nombre está empezando a sonar más allá de su círculo habitual. La siguiente pregunta era lógica:

- Y la notoriedad en las redes, las menciones, los tuits, publicaciones, fotos... cómo lo llevas?
- Lo cierto es que no soy muy activo en las redes, me han tenido que ayudar un poco con eso y procuro ir mirando y hacerme con ellas y responder. Me gusta porque me permite saber qué opinan otros de lo que leen e intercambiar algunas pequeñas impresiones con terceros.
- Imagino entonces lo que ha supuesto que tu libro sea leído en la Yincana de twitter (una iniciativa a la que se apuntan lectores y participan tuiteando frases y pequeñas opiniones del libro elegido hasta finalizar su lectura y que está capitaneada por Kayena y tintaenvena).
- Si te digo la verdad estoy encantado. Me está dando la oportunidad de ver mi libro desde una perspectiva diferente. En mi caso, por ejemplo, desde que escribo la primera palabra de La ciudad de la lluvia hasta que lo doy finalizado pasan diez años. Es mucho tiempo y mucho trabajo para que la novela vea la luz. Luego llegan los lectores y te dicen "me ha durado dos tardes" y piensas; es genial... pero en el fondo también te queda algo de pena porque.. ¿dos tardes? De algún modo te hubiera gustado que les durase más, como si así pudieran disfrutar del libro más tiempo. Es complicado de explicar porque chocan esas dos sensaciones que te gustaría que el lector percibiera.
Ahora han llegado con la lectura en la yincana y, como escritor, estoy encantado porque me perite ir compartiendo cada momento de lectura, cada frase que escriben de la novela porque ha sido especial para ellos es distinta, algunas me sorprenden y todas ellas me están dando una perspectiva nueva de mi libro. Lo cierto es que, como experiencia, está siendo fantástica.
- Hablas de diez años para escribir esta novela, ¿me puedes contar un poco más cómo ha sido este tiempo?
- En realidad yo llevaba tiempo queriendo hacer algo. Era una sensación extraña porque sentía que me faltaba hacer algo que me hiciera sentir mejor, realizado, y no sabía qué era, me faltaba ese algo. Entonces un día escuchas a un escritor decir que escribe no por dinero sino por necesidad y sin pararme a pensar en más llegué a mi casa, crucé la puerta y le dije a mi mujer, con la que llevaba casado aproximadamente un año: ya sé lo que buscaba, lo que quiero es escribir.
Y así fue como empezó todo. De hecho recuerdo que mi primera frase era muy alambricada, algo así como "La neblina de la madrugada no era capaz de soterrar...." Una frase enorme, larguísima. Hoy hubiera escrito "amaneció" o, como en mi novela: "Es de noche". En aquel momento fue una amiga correctora, Amaia, quien me leyó y creyó en mi y en mis historias y me ayudó mucho.
Así es como llego a una primera versión de la novela y la dejo reposar porque al leerla me doy cuenta de que la historia está ahí pero hay algo que le falta y no soy capaz de saber qué hacer para solucionarlo. No estaba satisfecho con ella como lector pero e faltaban las herramientas necesarias como escritor. Es en ese tiempo en el que reposa La ciudad de la lluvia en el que escribo Ioannes.
- ¿En qué momento la retomas?
- En 2014, y ya no la dejo hasta ahora. completo la documentación, me informo a través de personas que conozco y que me dicen, por ejemplo, que para que un personaje tenga fuerza y verosimilitud, necesita una biografía completa, aunque luego no la utilices en la novela.
- Escribes una novela con dos hilos temporales que levan una fuerte marca en la historia, ¿cómo consigues escribir una historia en Alemania en los años cuarenta y que no se convierta en otra historia sobre nazis?
- Mi novela en realidad no es una novela histórica solamente, es una mezcla. aunque es cierto que está ambientada en tiempo pasado. La parte de Alemania necesitaba aligerarla precisamente para evitar eso, que se convirtiera en otra historia sobre nazis, y la única manera que tenía de conseguirlo era convertirla en un hilo más intimista. La visión y opinión de el Extranjero hacia lo que está sucediendo. Esas reflexiones que hace sobre lo inevitable... en realidad no es solo por conocerle, también estaba evitando una novela de guerra más. Porque no era ese el tema.
- Y con Bilbao pasa un poco lo mismo, el año 1983 es una elección valiente ya que, suceden tantas cosas en la ciudad, que corrías el riesgo de que el momento se comiera la trama.
- Sí, el año 1983 es un año clave para saber un poco más sobre Bilbao y sobre España. Uno puede leer la novela y salir conociendo un poco más de la historia, aunque reconozco que no meto mucho porque no quería parar la trama de la novela. Hay que buscar un equilibrio, pero uno no puede escribir una novela en la historia reciente de Bilbao y no elegir ese año, porque es un año que lo tiene todo.
- Hablas de la trama y del contexto, ¿esos son los ingredientes básicos para ti de una novela?
- Una novela está formada por la trama, el contexto o ambientación y los personajes. Todas las partes son importantes y hay que mimar a cada una de ellas.
Ahora parece que muchas novelas escribas "para enganchar" al lector hacen de la trama el elemento más importante descuidando al resto y permitiendo que se coma al contexto y también al personaje. Y se inventan cosas en el contexto y no pasa nada, pero yo le quise dar la misma importancia a todo incluyendo grandes dosis de realidad mezcladas con la trama y otorgando una vida propia a cada uno de los personajes de la novela.
- Esto seguro que te lo han preguntado muchas veces ya, pero, ¿por qué fútbol en una novela negra que no trata sobre fútbol?
- Soy socio del Athletic, pero no por ser un forofo del fútbol, sino porque me gusta esa idea romántica de la costumbre en las ciudades de seguir a su equipo. Son cosas que están metidas en nuestra sociedad y que, muchas veces, unen a la gente más que políticas y banderas. En el año 1983 las gentes de Bilbao estaban divididas y esa victoria del Athletic les unió, no podía no contarlo.
En cuanto a por qué incluir el fútbol, supongo que por esa necesidad de aporta algo. Yo no pertenecía al mundo literario y no había leído sobre un futbolista que hiciera de investigador, además conozco a gente dentro del mundo del fútbol como del Bosque que son personas cabales que se toman el reconocimiento popular que tienen como una responsabilidad y no como un privilegio. Y también quería poner un poquito de este tipo de personas  inteligentes y cabales en mi libro, mi pequeña aportación para la que he contado con la ayuda de del Bosque y Segurola. De todos modos, no es una novela sobre fútbol, como bien dices.
-¿Qué fue primero, la idea de la novela o la fotografía?
- La novela, la fotografía llegó después (pero esto no lo voy a desvelar aquí porque sería contar demasiado de la novela. Sin embargo quien lo haya leído entenderá perfectamente la pregunta).
- Por muchas cosas que hemos hablado me pareces un romántico, ¿lo eres?
- Pues no me lo había planteado, pero supongo que sí. Si quieres escribir un libro con alma, tienes que ser un romántico. Y si escribes porque sientes la necesidad de hacerlo, también, porque esa es la única forma de conseguir que tus letras transmitan algo al lector.
- He leído que donas parte de lo que recibes de las ventas de la novela, ¿me puedes explicar un poco cómo llegas a tomar esa admirable decisión?
- La tomo con mi mujer, como hago todo. Como decía antes, para mí escribir es una necesidad, algo que hago por mí y no por el rendimiento económico que crea que puede llegar a darme. Es evidente que quiero vender el mayor número de libros posible, por llegar al mayor número posible de lectores, pero no quiero depender económicamente de la literatura, porque ello significaría quizás perder esa parte que me aporta ahora escribir y que es cubrir el vacío que yo sentía antes de comenzar a hacerlo. Esa es la parte realmente importante para mí, escribir porque lo necesito, sin una fecha a la vista, sin convertirlo en una obligación. Así que mi mujer y yo nos sentamos y decidimos que una parte sería para el futuro de nuestros hijos y otra iría a Caritas y otros proyectos como la Fundación Síndrome de Down.
- Por último me gustaría saber qué estás leyendo en este momento.
- Estoy leyendo El libro de los Baltimore.

     Tengo que dar las gracias a Alfonso por su predisposición a hablar conmigo ya que en estos momentos está en plena promoción y hay ferias por todas partes con los compromisos que eso supone.
     Y gracias también a todos los que pasáis por aquí.

jueves, 17 de mayo de 2018

Amores contra el tiempo. Dolores Conquero


     "A lo largo de la historia, la mujer ha debido hacer frente a muchas situaciones injustas. Algunas, al menos en Occidente, ha logrado revertirlas con no poco esfuerzo. En pleno siglo XXI podemos ser dueñas de nuestra visa, ser completamente independientes, tener hijos sólo cuando lo deseamos. También podemos amar (en teoría) a quien queramos (...). Y, sin embargo, hay prejuicios que siguen ahí, más o menos soterrados pero listos para salir a la luz en cuanto nos descuidamos".

     Conocí este libro por recomendación directa y, como suelo hacer en estos casos, no tardé mucho en perderme entre sus páginas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Amores contra el tiempo.

     Amores contra el tiempo reune nueve historias de amor sin edad en las que la mujer era mayor que el hombre.

     Dice Dolores Conquero en la introducción de Amores contra el tiempo, que hay muchas situaciones en la sociedad que no son justas para las mujeres, y una lo lee y piensa: menuda novedad. Y es cierto que ahora vivimos en un momento de protesta contra machismos, micromachismos y discriminaciones basadas en el sexo, pero hay algunas que se nos pueden escapar. Y una de ellas, es la opinión generalizada que hay cuando una mujer se empareja con un hombre muchos más joven que ella. No nos engañemos, no está normalizado socialmente y no opinamos igual si es el hombre el que acaba con una mujer más joven a si es una mujer. En realidad, y esto ya es opinión propia, en cualquiera de los dos casos, la que sale malparada es la mujer, si nos atenemos a los comentarios habituales que se escuchan en la calle en estos casos.
     Conquero hace esta reflexión, a mi parecer acertadísima, para presentarnos nueve historias de amor contra el tiempo. Nueve casos en distintas épocas en las que el amor no miró calendarios y distintas mujeres se enamoraron de hombres más jóvenes que ellas. Compone con ellas un abanico de relatos históricos, con momentos conmovedores pero en ningún caso almibarados, en los que comprenderemos esos sentimientos que nacen entre las protagonistas.

     Comienza además, con  un beso, el que la joven de veinticinco años Diana de Poitiers, da en la frente a un Enrique de 6 años atemorizado que se agarraría a ese beso durante mucho tiempo y daría pie a un amor en el que la autora nos revela no solo los sentimientos, sino también las costumbres y diferencias entre los sexos y las clases sociales. De la historia de Victoria de Inglaterra ha mirado no sólo su amor, también su origen e incluso las habladurías debido a la posición de su amado/amante o amante/amado. Pero si una me ha sorprendido, ha sido la historia de Marie Curie. De ella conocía no solo sus logros, sino también el amor que sentía poor su marido y la desolación que sufrió al enviudar. Recuerdo además haber leído no hace tanto a Rosa Montero en La ridícula idea de no volver a verte sobre esa historia de amor y pérdida. Quién me iba a decir a mi que el consuelo de Curie, y de algún modo también el mío como lectora, llegaría meses después de mano del libro de Dolores Conquero. Quizás por eso esta ha sido la historia que más me ha gustado.
Encontramos también a Coco Chanel entre las páginas del libro y seguimos avanzando hasta Agatha Christie, Gala y su amado Dalí, la Pasionaria...  y es que estos amores en el tiempo son también amores que se van haciendo contemporáneos, algunos de sobra conocidos por casi cualquiera, pero vistos un poco más en profundidad.

     El resultado es no sólo un libro ameno que da detalles y curiosidades de nombres conocidos, ya sean realeza o no. Más allá de eso, es un recorrido por la historia ante una situación repetida que muestra también las reacciones y relaciones que se producen en los entornos cercanos de las que protagonizan cada capítulo. Amores contra el tiempo radiografía así una conducta, la de la sociedad que critica, frente a los sentimientos de quien ama. Y uno no puede evitar cerrar el libro con la sensación de que hay muchas cosas enquistadas en nuestra sociedad que ya ni siquiera percibimos pero que hacen que este libro lleve en su título un "contra".

     Me ha gustado leer a Dolores Conquero. Y me ha gustado leer sobre personas conocidas.

     Y vosotros, ¿preferís ficción o también os adentráis en libros que cuenten sucesos reales?

     Gracias.

martes, 15 de mayo de 2018

Lincoln en el Bardo. George Saunders


     "El día que nos casamos yo tenía cuarenta y seis años y ella dieciocho. Vale, ya sé lo que están pensando ustedes: un hombre mayor (no precisamente flaco, un poco calvo, cojo de una pierna y con dientes de madera) ejerce su prerrogativa marital para horror de la pobre jovencita... Pero eso es falso".

     Conocí a Saunder, como todo el mundo, por sus fantásticos relatos. Eso hizo que, en cuanto descubrí que había escrito una novela, me lanzase a por ella, y así fue que ni siquiera esperé a la traducción para descubrir lo que era capaz de hacer Saunders en este género. El resultado fue espectacular, tanto que he repetido lectura en castellano también en cuanto ha llegado a nuestro mercado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Lincoln en el Bardo.

    El 20 de febrero de 1862 Willie Lincoln, hijo de Abraham Lincoln, muere a causa de fiebre tifoidea. La nación está en guerra, una cruenta Guerra Civil, y sus padres están celebrando una recepción mientras su hijo se encuentra en el piso superior. Es evidente que, aunque fueran empujados a celebrar esa recepción, serían criticados por hacer una fiesta, no solo estando en guerra, sino con su propio hijo a las puertas de la muerte. Willie es enterrado en Oak Hill y allí será visitado por Abraham Lincoln, antes padre que presidente, para llorar su muerte sin saber que al hacerlo, está anclando a este mundo el espíritu de su hijo y los peligros que eso conlleva. El cementerio en sí es un patio lleno de espíritus que iremos conociendo.

     Empezaré explicando que la palabra "bardo" significa estado intermedio. De gran importancia para los tibetanos, para ellos es ese estado que se produce entre la muerte y la transición a una nueva vida. Por eso es tan importante explicar esta palabra para hablar de la novela, porque es el eje central, el Bardo en el que Lincoln se encuentra rodeado de espíritus que parecen no haber sido capaces de avanzar, de aceptar su propia muerte, y entre los que se encuentra su hijo, anclado a este mundo por el dolor de su padre. Y sin embargo es un libro que va mucho más allá de una novela de fantasmas, pese a estar plagada de ellos.

     Saunders parte en esta novela de una situación histórica real para sumergirse en un experimento literario extraordinario. Y eso que reconozco que siempre me aterra leer que una novela es un experimento literario. Si soy sincera, no encuentro una forma mejor de describir este. Y además me ha parecido un acierto el enfoque, ya que escribir sobre un personaje como Lincoln supone escribir sobre alguien de quien ya se ha escrito todo. Es necesario por tanto ofrecer algo nuevo que provoque que el lector sienta ganas de leer. Y Saunders no ha tenido miedo en hacerlo en esta novela que se llena de voces y citas mezclando sucesos y opiniones reales con otros ficticios para darnos una imagen de un hombre doliente en una nación que está pasando un momento igualmente doliente. No representa por lo tanto a un presidente admirado, sino a un hombre que sufre tanto en su faceta pública como en la privada.
     Juega el autor a convencernos en su fantasía casi delirante a que tras la muerte, si uno se queda en este mundo, la cosa se complica para el espíritu. De hecho, aquellas cosas que nos dejamos en la vida, se reflejan en el estado de nuestro espíritu. Y lo hacen con deformidades, con taras que pueden llenarnos de ojos o dejar a la vista aquello que no consumamos antes de morir. Y en el caso de los niños, en lugar de dejar que descansen en paz, inocentes, la consecuencia de quedarse en este mundo es incluso peor. Una terrible y dolorosa transformación es la espada que tiene el joven Willie sobre su cabeza sin que su padre lo sepa y sin que sospeche, ni mucho menos, la responsabilidad de su amor en ello. Quizás por eso, dos de los espíritus, los más importantes en la narración, llamados Bevins y Vollman intentan que Lincoln deje de acudir a ver a su hijo olvidando que son espíritus y no pueden ser escuchados.
      Vayamos ahora con el resto del "experimento" de Saunders. Tenemos entre mano un libro polifónico en el que todos tienen derecho a hablar y cada fantasma tiene su historia. Lo salpica además de notas y testimonios reales y ficticios de los sucesos en la época, consiguiendo con todo ello una suerte de retrato de grupo fascinante que se mete debajo de la piel del lector. Y es que no es este un libro fácil, pero si es un libro que se lleva dentro en el que cada testimonio se llena de detalles en los que podemos fijarnos para emplazar cada personaje en su contexto obteniendo con el retrato del grupo una visión completa de aquello que el autor nos está transmitiendo. Cada testimonio, a modo de aquellos cuentos que dieron a conocer a Saunders, es el relato completo de un fantasma, ya sea propietario de esclavos o soldado y ninguno de ellos parece librarse de un toque de humor negro, y también, por qué no decirlo, de la crudeza en las letras del autor.

     Por si no ha quedado claro me ha fascinado la lectura de Lincoln en el Bardo, una novela de apegos aunque no lo parezca y de duelos, de luchas tanto internas como externas que gira alrededor de la vida y a muerte situando la figura de uno de los presidentes más conocidos de Estados Unidos que se debate entre la desolación por la muerte y la necesidad de ganar una guerra que, como todas, estará llena de muertes. Podría decir mucho más sobre la novela de Saunders y es que, es uno de esos libros sobre los que uno parece no terminar de hablar nunca. Así que solo una cosa más: leedlo.

     Como comentaba antes, hay personajes sobre los que parece estar ya dicho todo y eso hace que muchos lectores sientan pereza a la hora de acercarse a ellos, ¿os sucede a vosotros con los libros protagonizados por nombres muy conocidos?

     Gracias.

viernes, 11 de mayo de 2018

La ciudad de la lluvia. Alfonso del Río


     "Es de noche. Una figura, difuminada por una cortina de lluvia, avanza. Camina lentamente, ajena al temporal del que el resto del mundo ha huido. Gabardina larga, traje oscuro, sombrero negro y zapatos italianos. Empapado, el hombre parece disfrutar del paseo a pesar de todo. Su paso es pausado pero constante. Solemne pero decidido. No puede volver la vista porque eso supondría introducir una duda en lo que ha dejado atrás. El pasado no cuenta... no debería contar. Solo puede seguir avanzando".

     Los libros nos llegan por otros lectores. Este me lo recomendaron desde dos voces diferentes de las que me fío: Alba y Montse. Así pues, hoy traigo a mi estantería virtual, La ciudad de la lluvia.

     Conocemos a Alain Lara en Bilbao, corre el año 1983 y, tras la muerte de su abuelo encuentra una fotografía que le es desconocida. Sin embargo cuando descubre que otra de las personas que aparecen en la imagen ha fallecido en la misma época que su abuelo, algo se mueve en su interior y decide investigar. Conocemos también a El Extranjero, pero lo hacemos en Berlín en 1941, un hombre que entablará relación con los nazis para vender una máquina. Y finalmente conocemos a David, un brillante abogado que desde el Bilbao de 1983 nos irá relatando su historia.

     Vista la novela así parece inconexa, pero es evidente que todas las tramas convergen y el autor nos deja clara la pista: la fotografía. Lo único que le resta al lector es descubrir lo que se esconde detrás.
      Separadas las partes hay que decir que, si bien el autor ha buscado contextos interesantes y conflictivos, ya sea el nazismo en Berlín o ese año 83 de inundaciones y ciudad dividida, ha conseguido equilibrar la ambientación con la fuerza que le ha dado a los personajes. No ha sacrificado el realismo, de hecho introduce algún personaje real, pero serán los protagonistas quienes lleven todo el peso de la historia. En mi caso me quedo con El Extranjero y la trama de espionaje, la guerra, el pasado...  es redonda. En cuanto a la parte más actual, y dejando de lado cualquier pista que pudiera deslucir vuestra lectura, me sorprendió encontrarme con un protagonista futbolista que se dedicara a investigar. Y no, no temáis los que no sois aficionados al fútbol porque la novela no versa sobre ese deporte, pero sí sobre el peso social que puede llegar a tener en el entorno, y el autor además, nos regala alguna anécdota en su libro.
     No he hablado de los personajes femeninos, también perfectamente perfilados aunque con menos importancia en la historia. Sin embargo me gustaría destacar aquí a María. Y, como no todo es destacar, el personaje de David es el que menos me gustó, demasiado brillante para mi gusto y es que, en general, me atraen los personajes con defectillos que los humanicen y es lo único que he echado en falta en la novela. No obstante, el autor lo suple y es cierto que todos ellos logran el status de tridimensionales sin demasiado esfuerzo por nuestra parte.

     Suele suceder con las novelas que se mueven en distintas tramas, y más si alternan espacios temporales y localización, que el lector se siente atraído por uno de los hilos desarrollando predilección por una de las historias frente a las demás. Podría decir que no ha sido así, pero es inevitable, y en mi caso, desde las primeras páginas, me preguntaba por qué David estaba contando su historia. No significa eso que el resto no me hayan interesado, al contrario, pero curiosamente el personaje que menos simpatías me despertaba, era el del hilo que más me atrajo desde las primeras líneas.
     
     La ciudad de la lluvia es una novela que, mezclando hilos distintos y varias tramas, se antoja sencilla de leer y teje su historia hasta cerrarla sin fisura alguna mezclando el género negro, la novela de espionaje y la histórica para llegar a una resolución impecable a gusto del lector más exigente. Me ha gustado conocer a Alfonso del Río. Repetiré.

     Y vosotros, ¿también os pasa en las novelas con varios hilos que hay uno que os interesa por encima del resto?

     Gracias.

   

jueves, 10 de mayo de 2018

La mujer singular y la ciudad. Vivian Gornick


     "Leonard y yo estamos tomando café en un restaurante del Midtown.
     - Bueno -empiezo-, ¿cómo va la vida últimamente?"

     Leí Apegos feroces y me gustó, pero no me emocionó tanto como parecía que había conseguido con otros lectores. Pero me dejó con ganas de más, de volver a intentarlo. Por eso me alegré de la salida de este título y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mujer singular y la ciudad. 

     Seguimos conociendo a Vivian, aunque nos advierte que no todo es tal y como lo explica y que fusiona personas, pero es Vivian la que nos cuenta su vida, como ya hiciera en Apegos feroces, pero esta vez nos habla de otras personas, de su amigo Leonard, de sus relaciones, de gente con la que se tropieza, y de las conversaciones que escucha allá donde vaya.

     Digo que continúa de Apegos Feroces porque Gornick continúa contándonos su vida en ese cruce entre un monólogo y una anécdota divertida o curiosa de algo que le sucedió. Recuperamos a su madre y también a algún que otro personaje, y conocemos a Leonard, su amigo. Ese tipo de amigo que siempre está, incluso cuando no lo hace, al que se recurre como tabla y al que no se le necesita contar. Gornick sigue empeñada en no poner fecha a sus fragmentos de vida y deja asomarse también aquí a su madre, protagonista absoluta de su primera novela. Y nos relata las calles de su ciudad, con sus barrios bulliciosos y comportamientos extravagantes. Personas que parecen empeñadas en no interesarse por lo que les sucede a otros. Nos habla de sinceridad en las relaciones y se desnuda a la hora de contarnos lo que esperaba de la vida y del amor. Gornick parece empeñada en ser sincera pero sigue cojeando a la hora de representar un mundo sin apenas tecnología, incluso aunque lo intuyamos en fechas más cercanas. Y eso acaba siendo un velo entre la historia y el lector. Un velo que se persona, porque Gornick nos atrae con fragmentos y citas literarias. Van desfilando escritores, unos más conocidos que otros, que se suman a las reflexiones sobre las relaciones humanas. Apegos feroces fue su primer título y este bien hubiera podido ser apegos relativos. Y el apego del lector a Leonard, el amigo gay que se vuelve gruñón, casi áspero con los años y con el que tan bien se entiende nuestra protagonista. Un hombre que pasa la vida buscando sacarse la espina que lleva dentro y que, una vez lo consigue, espera hasta encontrar otra espina para tener un nuevo objetivo que tal vez sea el mismo. Y ella mientras tanto se pelea con la aventura de ser mujer y situar la importancia relativa o absoluta que tiene para ella el amor. Y no hace un recorrido del todo desacertado sobre la importancia que se le daba no hace tanto tiempo, aunque pueda chocar para la edad que tiene en nuestro país su situación como doble divorciada.

     Al final, y con un ritmo de goteo constante, Gornick está dejando en su obra un retrato social a través de la autoficción y es que su vida, al final, no se aleja tanto de las de aquellos que la rodean. Cuenta por ejemplo que nadie se presenta voluntario para pagar el billete a un anciano, y vemos mientras tanto que ella tampoco lo hizo. No es buenista, no se separa, ella es una más. Amigos que van y vienen, bufidos a destiempo, risas, recuerdos de la infancia, guerrillas filiales con su madre y mucha, mucha nostalgia en este libro que se lee en apenas dos tardes y se digiere durante los días posteriores a su lectura. Descubrimos así que la autora y protagonista, nacida hace más de siete décadas, es una mujer fuerte, ejemplo para muchas sin lugar a dudas, a la que se intuye un deje de soledad en muchos momentos, pero ninguno de tristeza por el hecho de estar sola.

     Me gusta Vivan Gornick, la admiro casi más por lo que relata que por lo que escribe, pero lo cierto es que me gusta. Y que la seguiré leyendo. De algún modo me recuerda a mujeres que tuve en mi familia y que lucharon desde su lugar por ser ellas mismas. En la forma que fuere. Eso es ser mujer.

     Y vosotros, ¿habéis sucumbido ya a Vivian Gornick?

     Gracias.


miércoles, 9 de mayo de 2018

Muertes pequeñas. Emma Flint


     "Las escasas noches en las que consigue conciliar el sueño, vuelve a ponerse en la piel de la mujer que fue".

     Soy una superficial, lo reconozco, y los libros de Malpaso me parecen tan bonitos que los miro todos por si alguno me atrae y puedo sumarlo a mi colección de contralomos coloridos en mis estantes. Hoy traigo a mi estantería virtual, Muertes pequeñas.

     Conocemos a Ruth Malone cuando ya ha pasado tiempo. Pero ella misma nos dice que no puede evitar recordar lo sucedido, y así es como nos cuenta su historia. En julio de 1965 en el transcurso de una calurosa noche, los hijos de Ruth desaparecen. Ella vive la situación como madre divorciada, sumida en un shock mientras se desespera por dentro. El público en cambio solo ve su afición ala bebida y los hombres, la situación en la que vive, se siente juzgada. Peter Wonicke un joven que comienza a hacer carrera como periodista sigue el caso hasta obsesionarse, y empieza a pensar que tal vez se esté juzgando a Ruth con demasiada severidad.

Este libro está basado en una historia real, la de Alice Crimmins, y lo hace de una forma fiel hasta que termina derivando en la ficción. Permitidme que os presente:
Esta mujer es Alice. En el año 1965 sus hijos desaparecieron sin dejar rastro para aparecer muertos, y esta es la estela que sigue la novela de Flint, la de una mujer que se vio juzgada en cada gesto, y observada con lupa por una sociedad católica que no veía bien que no fuera a la iglesia ni tampoco que tuviera parejas sexuales estando divorciada y con dos hijos a cargo. En su momento fue un revuelo y así lo explica Flint en su novela que, si bien se ha permitido ciertas licencias, consigue que el lector sienta la presión de los prejuicios estrechándose en torno a la mujer que ha perdido ya a sus dos hijos. El público, parece decirnos Flint, es el juez más cruel.

     Sentimos la angustia de la madre y también la mirada cambiante del periodista que comienza buscando la historia que le de el empujón definitivo y acaba obsesionado con lo sucedido. De hecho me parece interesantísima la deriva que toma este personaje. Hace ya más de treinta años, este caso fue novelado por la reina del misterio Mary Higgins Cark bajo el título ¿Dónde están los niños? pero si tengo que ser sincera, me quedo con la versión de Flint, mucho más solvente a la hora de abrir dudas en el lector al mismo tiempo que se las va planteando Wonicke, haciendo que bailemos entre la pena y la indignación en una historia a la que os recomiendo llegar sin conocimiento previo y que también os recomendaría buscaseis después en la red para conocer el estado actual.


     Muertes pequeñas es una historia que se aleja del tono conmovedor porque huye de los sentimentalismos en los que suelen caer las historias que involucran a niños. Aun así es a ratos dura de digerir ya que la mirada de la autora es severa y fija en su objetivo permanente de mostrar lo sucedido, y no llega a abusar de su dureza así que el lector no se inmuniza ante sus palabras. Me ha gustado, pierde brillo en algunos momentos y me hubiera gustado que desarrollase más la última parte, pero he disfrutado con su lectura. Mucho.

     Y vosotros, ¿sois superficiales a la hora de elegir libros?

     Gracias.

martes, 8 de mayo de 2018

Muerte con pingüino. Andrei Kurkov


     "Misha había aparecido echez Viktor hacía un año, cuando el zoo estuvo repartiendo animales hambrientos a quien pudiera darles de comer. Viktor había pasado por allí y había vuelto con un pingüino rey".

     Hay muchos motivos para leer un libro, y el mejor es la amistad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Muerte con pingüino.

     Conocemos a Misha, un pingüino rey que ha sido donado por el zoo a un particular llamado Viktor. Viktor es escritor, pero solo de relatitos y ni con ellos tiene mucho éxito, vive en soledad, casi triste, junto a su triste pingüino, buscando el lugar en el que le publiquen su último relato. Estamos en l Rusia postsoviética y la oportunidad llama a la puerta de Viktor en forma de curioso encargo: escribir estelas en un periódico. ¿Y qué es una estela? Pues la esquela escrita de alguien que aún está vivo. Y ese será el trabajo con el que Viktor gane dinero para subsistir junto a Misha, y también el comienzo de una novela negra.

     Rusia ha dado mucho de sí para escribir historia y está claro que algo había que hacer para no repetirse. Por eso el ucraniano Kurkov decidió meter un pingüino en su historia, el por qué de un pingüino es algo que se me escapa, quizás por el frío o por la compra de peces congelados. Tal vez porque nunca estaría a gusto por mucho que le intentaran comprender, ya que su hogar y entorno quedaba demasiado lejos... tal vez. El caso es que es casi cooprotagonista de esta novela negra en la que se escriben obituarios de quien aún respira a la espera de poder hacer que vean la luz.Y si curioso es el encargo, más lo es que el protagonista ni siquiera se plantee lo raro del asunto, hasta que la primera estela es utilizada. En ese momento la novela gira para tornarse en una historia de espías, con niña a cargo incluida, mientras el pingüino pasea por la casa esperando que alguien le llene la bañera de agua fría para darse un chapuzón.
     Este curioso argumento le da pie para mostrar las penurias y el hambre, la escasez y los secretismos de un momento en el que nadie se atrevía a peguntar, y la curiosidad de tener un pingüino se explica con la situación del zoo que es, a su vez, un gran ejemplo del lamentable estado en el que se vivió en aquel momento en la ciudad.

   Un mundo gris y frío en el que retumban disparos con víctimas que nadie quiere parare a mirar, un lugar con hambre en las casas y silencio ante cualquier ruido... un país en el que no se pregunta y un argumento extravagante para contar una historia conocida tomando un ángulo diferente al habitual. Eso es lo que ofrece Kurkov en su novela y eso es lo que hay que estar dispuesto a leer. Más allá del aviso, no me atrevo a hacer una recomendación directa de esta historia a la que le ha faltado un punto de atrevimiento para ser brillante.

     Me ha sucedido con este libro una cosa curiosa, y es que me sonaba demasiado el argumento. Al ser tan peculiar, es difícil que a uno le suene si no lo ha leído y me anticipaba incluso a los hechos, cosa que llegó a irritarme, porque no encontraba referencias a que fuera una reedición por ninguna parte. Y para estas cosas, soy un poco maniática, además es evidente que carezco del don de la premonición o en otro caso ya me hubiera tocado la lotería. Finalmente y tras una revisión a fondo, encontré que se editó ya en el año 2007. Menudo alivio no estar loca, aunque, claro, eso deslució terriblemente el descubrimiento de Misha.

     Y a vosotros, ¿os ha sucedido alguna vez algo parecido?

     Gracias.

lunes, 7 de mayo de 2018

Riquete el del copete. Amélie Nothomb


     "-Sabe usted, nadie se atreve a decirlo pero los bebés casi siempre son feos. Le aseguro que este me causa una buena impresión".

     Que diga a estas alturas que me gusta la Nothomb dudo que le sorprenda a alguien, así que hoy traigo a mi estantería virtual Riquete el del copete.
   
     Conocemos a Deodat: nace de un matrimonio que se ama  ya no esperaba tener hijos, nace dotado de una inteligencia superior a la normal y además... además nace feo, tanto que se asusta a sí mismo al conocerse ante un espejo, tan feo que nadie parece ser capaz de pasar por alto su extrema fealdad. Y conocemos también a Trémière, una niña cuya extrema belleza sobrecoge a quien la mira. Ambos tienen problemas para relacionarse, ya sea la repulsión o la envidia, la inteligencia extrema o la falta de ella, hace que nadie se les quiera acercar. Sus únicos apoyos serán la madre de él y la abuela de ella, mujeres ambas que también fueron un poco alejadas del mundo por sus peculiaridades. Deodat y Trémière parecen, como en el cuento, condenados a encontrarse y formar así su propia historia: la de dos supervivientes.

     Riquete el del copete es un cuento de Perrault. En el cuento, se nos habla de el hijo de una reina, feo pero inteligente; tan feo era, que ni parecía humano. Y por su mata de pelo en la parte superior de la cabeza, fue llamado Riquete el del copete. Nacen también de otra reina dos niñas, y una de ellas es bellísima, pero sin inteligencia alguna... a partir de ahí, con hada de por medio, la historia avanza a modo de cuento clásico. Y este es el cuento elegido por Nothomb en su novela para dar vida en nuestro mundo.

     "Ante tanta determinación, la enfermera escribió Trémière en la pulsera. En el momento de atársela a la muñeca. miró el rostro de la pequeña y no pudo impedir exclamar:
- ¡Qué hermosa eres!"

     Nothomb actualiza el cuento y aprovecha para hacer una crítica sutil a la superficialidad del mundo que nos rodea, una superficialidad que se ve tanto en el rechazo a lo feo como en la envidia extrema, vivimos, parece decir, en una sociedad que no admite a quien destaque sin importar demasiado el motivo por el que lo hace. Quizás el punto que señala de forma más directa es el de los modelos, la moda, las revistas... pero esto no es algo que nos pille de sorpresa, todos sabemos en qué se basa este tipo de mundo, a fin de cuentas, es imagen y se vende imagen. En su cuento, porque con 120 páginas es un cuento, Nothomb no termina de ser incisiva, que es la Nothomb que a mi me gusta, y parece un tanto distante de sus excesos y champán. Avanza un tanto a trompicones y llega a un final que ella misma reconoce como feliz, quizás buscando redondear el reflejo del clásico de Perrault, en todo caso, a mi me ha resultado un tanto descafeinado, aunque me he reconocido a gusto entre sus letras. Pero eso es algo con lo que ya contaba, es más, ese es el motivo de que corra a por sus libros en canto llegan al mercado.

     Riquete el del copete es una revisión entretenida de un cuento clásico en el que Nothomb ha perdido parte de su fuerza. Deodat es sin duda mi favorito, pero el conjunto no termina de ser todo lo contundente que me hubiera gustado. Entretenido, sin más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 23 de abril de 2018

El asesino tímido. Clara Usón



     "Fui joven en una época en que el futuro parecía también joven y nuevo, no una mera prolongación de años tristes que se arrastraban y olían a polvo y encierro. Mis contemporáneos y yo estábamos convencidos de que nuestras vidas serían mejores, más prósperas, más libres que las de nuestros padres, de quienes renegábamos, de los que nos avergonzábamos, como si fuera su culpa haber crecido y vivido bajo la dictadura".

     Descubrí a Clara Usón con su novela La hija del Este, que me enamoró, y desde entonces la vengo leyendo con mayor o menor fortuna buscando otro título que esté a la altura del que fuera mi debut con ella. Hoy traigo a mi estantería virtual, El asesino tímido.

     Conocemos a Clara cuando comienza a revisar sus años jóvenes, en la época de la Transición, para hablarnos de los cambios que iba sufriendo un país, no solo en la política, sino también en sus calles y ciudadanos. Conoceremos también de boca de la narradora, lo sucedido con una actriz llamada Sandra Mozarowski.

     Decía Pavese que un suicida es un asesino tímido y tal vez por eso, y bajo este título, Clara Usón haya decidido mezclar los años de su juventud en una España cambiante con la muerte de Sandra Mozarowski, una actriz joven, conocida por sus papeles en películas del llamado destape, cuya muerte fue portada de muchas revistas como también lo había sido su supuesta relación con el rey Juan Carlos I.
     La época no tan lejana de la Transición en la que Usón ambienta la novela, es utilizada para mezclar recuerdos reales con ficticios y, si bien estamos ante una novela de ficción, no duda en usar su propio nombre para que sea el de la protagonista y tampoco en recurrir a muchos recuerdos que ya forman parte del álbum social común más que del particular. Nos habla de cambios y de hijos que se encontraban distanciados de la vida llevada por sus padres. Habla también de política, critica al rey por su ambigüedad individual cuando se trata de política y recurre al landismo como recurso para que el lector no sienta que se aleja demasiado de la historia. Es curioso, además, como consigue que nos demos cuenta de los profundos cambios sociales que se han vivido en nuestro país y en el mundo en apenas unas décadas ya que, si bien todos conocemos aquellas películas de alemanas y españoles, verlas descritas bajo la pluma de Usón ha provocado una náusea en mi como mujer superior a la que recordaba.
     Quizás enlazado con este destape, con la rebeldía o curiosidad que provocaron estas películas que muchos fueron a ver a Francia al prohibirse en España y la versión española posterior que apareció de ellas, Usón se fija en Sandra Mozarowski, actriz del destape. Una joven que no dudo en defender su trabajo y también en caer en contradicciones durante casi toda su corta vida como actriz, y también las hubo sobre su muerte. Usón recorrerá la vida y trágica muerte de la joven para hacernos partícipes de todas las posibilidades dejando migas al lector.


     Entonces, ¿qué es El asesino tímido? El asesino tímido es una novela que refleja la vida de un colectivo hace unos años, sumándose de este modo a la moda nostálgica del SEAT familiar en vacaciones y que se lee con relativa facilidad ya que nos habla de cosas familiares. Se le agradece ya que las continuas reflexiones a modo de confesión a ratos se convierten en sentencias quizás un poquito demasiado largas y provocan que tengamos la sensación de que a la novela le cuesta arrancar. De hecho, si tuviera que resumirlo, diría que la novela arranca justo cuando la estamos terminando. El resto no deja de ser una suerte de diario de una época que se personaliza en la narradora, con la que Usón, eso es cierto, hace auténticas maravillas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. Nos tomamos un respiro hasta el próximo día 7. Felices lecturas.


miércoles, 18 de abril de 2018

Macbeth. Jo Nesbo


     "Una gota de lluvia brillante cayó del cielo y fue descendiendo a través de la oscuridad hacia las luces temblorosas de la sucia ciudad portuaria. Las ráfagas heladas de viento del noreste la arrastraron hacia el lecho del río seco, que atravesaba la ciudad longitudinalmente, y la vía del ferrocarril clausurada, que la cruzaba en diagonal. Los cuatro cuadrantes en que se dividía la ciudad estaban numerados siguiendo el sentido de las agujas del reloj, y más allá de eso no tenían nombre. O, en cualquier caso, nadie lo recordaba. Si te encontrabas con alguno de sus ciudadanos muy lejos de allí, sin duda afirmaría que no se acordaba de cómo se llamaba su ciudad de origen".

     Ya he comentado en este espacio otros libros de The Hogarth Shakespeare y las versiones de distintas obras de Shakespeare que están viendo la luz. En este caso, tanto Macbeth, la obra original, como Nesbo, el escritor encargado de revisionarla, me gustaban particularmente. Es por esto que hoy traigo a mi estantería virtual, Macbeth.

     En la obra original Macbeth y Banquo son generales del rey Duncan de Escocia. A la vuelta de una campaña se topan con tres brujas que les hacen unas profecías en las que Macbeth será rey y Duncan engendrará reyes sin serlo. Macbeth observa que las profecías parecen cumplirse y, alimentado por su esposa, decide ayudar a que se cumpla aquella que le vaticinaba rey asesinando para ello a Duncan. Shakespeare desarrolla así una tragedia en la que la ambición de Macbeth y su esposa están servidas y parecen imparables.

     Con esta obra de partida, y siendo de las más conocidas de Shakespeare, la tarea de Nesbo era complicada. Una tragedia clásica no siempre es fácil de llevar a la actualidad, sobre todo si incluye profecías, vaticinios y brujas, pero Nesbo lo hace y además, se lleva la novela a su terreno.
Nos alejamos del castillo de Escocia hasta una ciudad en la época postindustrial en los años setenta. El autor no llega a decirnos en realidad en qué lugar estamos, pero tampoco es necesario para reconocer la decadencia de aquellas ciudades cuya floreciente industria se marchitó y la delincuencia y las drogas tomaron las calles. Ciudades convertidas en suburbios a tiempo completo en las que las sobras daban lugar a historias oscuras a plena luz del día. En este ambiente de putas y callejones, los políticos son corruptos y los policías dudosos. Excepto Duncan, un hombre recto que tiene como fin limpiar el ambiente local. Macbeth aparece como policía SWAT de duro pasado y protegido de Duncan y su Lady Macbeth particular dirige el mejor casino de la ciudad. Y las brujas, tan relevantes en la obra shakespiriana, estarán relacionadas con las drogas. Hecate fabrica una sustancia terrible a la que todo el mundo parece ser adicta y sus brujas serán quienes, en lugar de profetizar el ascenso de Macbeth, se lo aseguren si permite el tráfico libre de esta sustancia llamada brew. Las drogas, supongo que pensó Nesbo que le permitían abrir ese mundo para normal de sensaciones y visiones a veces despegadas de la realidad que aparecían en la obra original.

     Tenemos el personaje, el lugar, los papeles repartidos y la acción y a partir de ahí a veces Nesbo de despega un poco de la obra original. Es cierto que hay ambición y traiciones, pero Nesbo es un escritor de acción y eso es justamente lo que caracteriza a la novela, junto a la solidez de la trama y los personajes. De hecho es una novela que avanza sola, con un ritmo constante y escenas realmente espectaculares que se disfruta desde la primera página. Sin embargo, quizás los lectores más puristas de Shakespeare echen en falta esa tragedia interna del hombre arrasado por su propia ambición, e incluso protesten por algunos puntos en los que he sentido que el escritor ponía a prueba mi confianza en él. Sin problema, se supera la prueba a lo largo de esta novela en la que también la extensión es un signo diferencial, ya que si la comparamos con la original y lo habitual en Shakespeare, descubrimos por qué los personajes de Nesbo son sólidos: nos los explica. Y lo hace bien porque de este modo se asegura de estar en su terreno, ese que tan bien conoce y le ha llevado a ser un escritor superventas.

     Macbeth es, en este caso, uno novela negra al más puro estilo Nesbo, ya que el autor no ha temido llevarse la tragedia a su terreno para meternos en los bajos fondos, las drogas y la corrupción. A fin de cuentas, ¿qué mejor lugar para poner a prueba la moralidad del poder?

     Y vosotros, ¿os animáis con estas versiones?

     Gracias.

lunes, 16 de abril de 2018

No digas que fue un sueño. Terenci Moix


     "Y dijo la mujer:
     - Maldito sea Amor, que me asesina. Teñid de muerte el Nilo. Poned luto a las nubes. Convertid Egipto en un sepulcro".

     El placer de una relectura es, no solo recordar momentos, sino también descubrir otros nuevos. Hoy traigo a mi estantería virtual, No digas que fue un sueño.

     Todos conocemos ya a Marco Antonio y Cleopatra. No digas que fue un sueño es la historia de su historia de amor entremezclada con la historia de Egipto en un momento en el que todo puede cambiar para este esplendoroso imperio.

     Terenci Moix es un escritor que siempre me ha gustadio. No tenía miedo a dejarse llevar por los hilos de sus personajes y su obra siempre tenía un toque especial que  convertía cada libro en una experiencia lectora. no digas que fue un sueño se alzó con el Premio Planeta en 1986 y ahora la editorial ha decidido reeditarlo de una forma realmente hermosa.

     Sumergirse en la lectura de No digas que fue un sueño es una delicia lectora. Lo que en un primer momento puede resultar chocante, termina por ser un paseo delicioso por una de las historias de amor más conocidas del mundo. Y sí, digo que es chocante porque, desde la poesía con la que se abre el libro, de mis favoritas dicho sea de paso, Terenci Moix hace gala a lo largo de toda la novela de un cuidado léxico en el que cada palabra tiene el propósito, no solo de contar su historia, sino también de adornarla. Quizás por eso me ha gustado tanto esta edición conmemorativa, porque hay libros cuya historia es bonita, otros que se cuentan bonitos y unos terceros que son objetos bonitos: en este caso han conseguido reunir las tres cosas en un único título. Un título en el que Terenci describe, y nos obliga a vivir una época fantástica y a que sintamos todas las pasiones que encierra su obra: la primera de ellas, Egipto. Un Egipto fantástico y maravilloso que nos termina enamorando. Y es que estamos ante una novela de sentimientos.

     Terenci Moix nos presenta a sus personajes alejándolos de la nebulosa que han podido crear las películas que nos presentaban a Cleopatra como una suerte de diosa junto a aquellos hombres que la rodeaban. Nada que ver con los que nos vamos a encontrar aquí, personas de carne y hueso que se abren a lo largo de las páginas para que podamos observar sus virtudes y defectos, sus errores y sentimientos. Y la primera es Cleopatra, a quien vemos mujer, política, pasional, madre, visceral... y personaje magnífico que vive uno de esos amores junto a Marco Antonio que terminan rallando en la obsesión o, directamente, siéndolo. Marco Antonio me ha resultado especialmente interesante ya que le ha despojado de la coraza histórica habitual que relumbra ocultado todo lo que hay debajo, descubriéndome a un hombre bastante alejado del gran estratega que uno podía creer que es. Podría seguir hablando de Octavio y diseccionar cada uno de los personajes, pero no creo que sea este un libro en el que haya que hacerlo ya que la clara intención del autor es reivindicar la figura de Cleopatra. De hecho, tras esta segunda lectura no me cabe duda de que cada coma de este libro ha sido puesta en honor a ella, la reina, la amante: la MUJER.

     No digas que fue un sueño es una novela magnífica, la mejor del autor según mi criterio. Una historia de amor que va calando despacio en el lector, frase a frase, hasta conmoverlo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 14 de abril de 2018

Gastronomía y literatura

The real cookbook. Fuente: korefe

     "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor". 


     Ese es, casi con seguridad, el comienzo más famoso de la literatura española universal. Sin embargo, solo tenemos que leer la siguiente frase de El Quijote, para darnos cuenta de la importancia de la gastronomía en la literatura, y dice así:

     "Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda."

     Los duelos y quebrantos de Alonso Quijano no se hicieron tan famosos como el lugar de la Mancha, pero es cierto que la literatura ha venido siempre unida al disfrutar de una buena mesa. No tenemos más que pensar en Neruda, por ejemplo, y su oda a la cebolla, para comprobar que el estómago puede ser tan importante como el intelecto tanto para personajes, como para los propios escritores. Y es que, la historia de la literatura universal no sería lo mismo si no existiera, por poner un famoso ejemplo, la magdalena de Proust. De hecho, uno puede perfectamente no haber leído jamás una sola letra escrita por este hombre, pero difícilmente desconocerá la existencia de esa magdalena, una magdalena que puestos a elegir, yo mojaría en un buen té servido a la mesa de El Sombrerero Loco y acompañada por una tal Alicia.

      Cuando hablamos de libros y los relacionamos con la gastronomía, nuestra cabeza se va automáticamente a Como agua para chocolate de Laura Esquivel, y a las recetas de Tita que daban pie a cada uno de los capítulos de esta famosa novela, pero muchos otros son los ejemplos. Tenemos a Camilleri y Montalbano, por ejemplo, que me descubrieron una especie de croquetas de nombre arancini que fueron lo primero que quise degustar en mi primer viaje a tierras italianas. Otros personajes, como el Carvalho de  Montalbán, gustan de una buena mesa con tanto placer, que podría decirse que tienen una gastronomía propia existiendo incluso rutas por sus platos. Lo mismo le sucede a la señora Maigret, creada por Simenon, quien, si mal no recuerdo, tiene incluso un libro propio con las recetas que degustaba el famoso detective. Y ahora paremos un momento a tomar un poco de dulce limonada junto al protagonista de Sostiene Pereira, antes de continuar con el literario atracón de las grandes mesas literarias. Unas mesas que no siempre hablan de grandes cenas y festines como las que aparecen en los libros de Austen, sino que pasan por las pastas que tanto placer provocaban al ser mordidas por Miss Marple o por los mucho menos elegantes perritos calientes que aparecen en La conjura de los necios. Tras veces, como sucede en El coronel no tiene quien le escriba, los personajes terminan cociendo piedras, aunque por el camino hayan podido comer mazamorra de maíz, y en otros casos pueden parecer incluso obsesiva la forma en que se cocina, como sucede en algunos momentos de la literatura de Murakami con el hecho de cocinar pasta.

     Dice Isabel Allende que hay una sopa hecha con setas que se llama sopa de la reconciliación, ya que sirve en Afrodita para que las mujeres se reconcilien con sus hombres, y a uno de los mosqueteros de la famosa obra de Dumas, le pierde una buena sopa de mejillones. Conocido es también el menú favorito de Leopold Bloom en el Ulises de Joyce, hasta el punto de servirse en muchos pubs el día 16 de junio (Bloomsday). Todos conocemos las cocinas del hotel Overlook, ya que no siempre hace falta cocinar y degustar un plato para que la cocina sea importante en una obra. Y muchos descubrimos que para Chandler los americanos sienten un especial placer por los sandwiches de pan tostado si les sobresale un poco de lechuga lacia, ya que así nos lo hizo saber en su novela El largo adiós. La juventud de Coetzee tenía regusto a sopa de carne y verdura y, si de sopa se trata, solo tenemos que acompañarla con pasteles de perdiz para volver a un clásico literario como es Guerra y Paz. Y es que, incluso persiguiendo a Moby Dick hemos podido descubrir lo que es el chowder, así que no es tan raro que esta famosa novela diera pie al nombre de una de las cadenas de cafés más famosas (Starbucks).

     Total, que cuando leemos un libro, este puede además de gustarnos, deleitarnos, empacharnos o causarnos una buena indigestión. Y ahora, si me perdonáis, creo que voy a tomarme una buena cerveza de mantequilla de esas que descubrimos muchos gracias a Harry Potter, que una no tiene tanto hambre como los hobbits y me apetece beber algo antes de echarme una buena siesta. Y cuando digo algo de beber no me refiero a ese otro catálogo de bebidas que parecen tomar la mayor parte de los protagonistas de las novelas negras.

     Y vosotros, ¿os fijáis en las mesas literarias y lo que comen sus personajes?

     Gracias.

jueves, 12 de abril de 2018

Donde fuimos invencibles. María Oruña


     "A veces sentimos que el tiempo que tenemos, el que apretamos, no es el que hemos escogido. Todo gira sin nuestro permiso, y cada acto, cada gesto, se expande en una consecuencia infinita. Como cuando lanzas una piedra en un charco y compruebas que, aunque no quieras, dunas de agua se expanden hasta alcanzar la orilla. Acción, consecuencia: la historia más vieja del mundo".

     La gente que vive en grandes ciudades no suele caer en ello, pero los que vivimos en lugares más pequeños, disfrutamos cuando nos encontramos un libro ambientado en las calles por las que paseamos a diario. Por ese motivo comencé a leer la serie de libros de esta autora. Hoy traigo a mi estantería principal, Donde fuimos invencibles.

     Volvemos a Suances y volvemos a asomarnos a las vidas de Oliver y la teniente Valentina Redondo, que está esperando a que lleguen sus esperadas vacaciones. El Palacio del Amo es una conocida propiedad del lugar en la que ahora reside un escritor, heredero de la propiedad. Y ahora, su jardinero ha aparecido muerto en el jardín. Lo que inicialmente parece un paro cardíaco, dará pie a las confesiones del escritor sobre unas presencias extrañas en su casa. Valentina tendrá un nuevo caso entre manos.

     Si en la segunda entrega de esta serie María Oruña optó por un cambio respecto al primer título, Puerto Escondido, en esta ocasión ha vuelto a demostrar que es capaz de ello. Manteniedo a los personajes principales y también las gotas que nos va dejando de su historia personal, en esta ocasión deja un pequeño hueco a lo paranormal que sorprenderá a los lectores, incluso a los no aficionados al tema, ya que cuida mucho que la historia no pierda pie en la realidad ni credibilidad incluso a los ojos de los más escépticos que, a buen seguro, se reirán con los comentarios de uno de los personajes de la novela. En cuanto a la estructura, sigue optando por una doble voz diferenciada, siendo en esta ocasión la novela que escribe Carlos Green la historia que acompaña al lector junto al misterio por desvelar. Es, por lo tanto, un signo que poco a poco va convirtiéndose en "marca de la autora" en su obra.
     Destacar además que, si bien la historia personal de los protagonistas continúa su avance, este no impide en absoluto la lectura independiente para quienes decidan animarse con este título como primer acercamiento a Oruña y, en cuanto a la trama principal de la novela, es, como en los casos anteriores, autoconclusivo.Una trama en la que se entrelazan varios misterios que van intrigando a un lector que no podrá evitar notar ecos de grandes clásicos del género.

     Sabadelle, Rivero y Valentina regresan con una novela que arranca con calma, situando al lector, para ir poco a poco cogiendo ritmo hasta llegar a un final que cierra sin fisura alguna todos los misterios que había ido abriendo su autora a lo largo de este título. Cuando un escritor opta por tocar temas paranormales, es lógico que el lector sienta una cierta desconfianza sobre la resolución final del libro. Sin embargo, Oruña es capaz de llegar a un cierre natural que contente incluso a los lectores más quisquillosos, y eso es algo que valoro mucho más que los giros por los que optan otros escritores, que parecen preferir la espectacularidad a la credibilidad en sus obras.

     Donde fuimos invencibles es una novela que dura apenas un par de tardes, con la que su autora sigue apostando por el entretenimiento del lector. Con un ritmo más rápido que Un lugar a donde ir, estoy segura de que gustará mucho a todos los que pasaron por Puerto escondido y también, por qué no decirlo, a quienes aún no se han acercado a las letras de María Oruña.

     Comenzaba diciendo que hay un placer añadido en leer historia que discurren por nuestras calles. Y a vosotros, ¿no os pasa igual?

     Gracias.

lunes, 9 de abril de 2018

La vida secreta de las vacas. Rosamund Young


     "Jack confiaba en nosotros. Nunca le habíamos fallado ni le habíamos causado ninguna preocupación y era un animal feliz, que hablaba regularmente con su madre y sus hermanas, que ya eran tres".

     Si tuviera que explicar por qué me he comprado y leído un libro sobre vacas, me costaría más justificar la primera parte que la segunda. Digamos que, a base de verlo me sentí intrigada. Hoy traigo a mi estantería virtual, La vida secreta de las vacas.

     En este momento tendría que decir eso de... conocemos a las vacas de Rosamund Young, porque es justo de lo que trata el libro. De hecho, la autora nos deja un árbol genealógico en las primeras páginas para que nos orientemos con las huéspedes de su granja. Porque Young no es escritora, aunque escriba libros, es granjera. Y en este libro nos cuenta lo que hacen sus animales y las relaciones entre ellos exactamente igual que otros escritores tratan en sus libros las relaciones entre las personas que los protagonizan.

     La mayoría de los libros tienen dos historias: la que cuentan y la que viven hasta llegar a las librerías. En este caso, Young escribió este libro hace más de 15 años impulsada por una idea peregrina de un periodista. Intentó publicarlo sin demasiado entusiasmo y el libro acabó en una editorial mínima y sin repercusión. Sin embargo, de algún modo llegó a manos de Alan Bennett (autor por ejemplo de Una lectora nada común) y así lo comenta en sus diarios. A partir de ahí el libro vive una segunda vida en una editorial mucho mayor y el propio Bennett acaba siendo el prologuista de esta nueva oportunidad para la historia de Young.

     El antropomorfismo está de moda en la literatura. Los libros sobre perros, gatos... los libros narrados incluso por ellos parecen haber irrumpido con fuerza en las librerías. Y a nadie parece extrañarle. Todos conocemos a personas que tienen una mascota doméstica, incluso puede que nosotros mismos. Y seguramente nos hemos encontrado como a ese perro o gato se le habla y como se cuentan sus anécdotas refiriéndose a él por el nombre que se le puso. Y eso es justo lo que hace Rosamund Young en La vida secreta de las vacas. Young humaniza a sus animales a los que se refiere por el nombre y de los que nos relata sus anécdotas. En las primeras páginas el lector se encuentra sorprendido al leer sobre vacas que se miran y se hablan y tienen además sentimientos propios de las personas, sin embargo, a medida que avanzamos, se nos olvida que estamos hablando de un animal con fama de tonto y bonachón y comenzamos a distinguir a unas de otras, ya que, si la autora apuesta por la individualización de los animales, lo consigue incluso en su novela al hacer que el lector sepa qué vaca es cada cual solo con ver su nombre impreso.

      Así veremos que las vacas son animales cariñosos capaces de comunicarse con gestos y miradas, sabremos que los perfumes no les gustan demasiado y que algunas son capaces de aprender a subir escalones con tal de no mancharse de barro. Conoceremos de su carácter y enfados y el amor que sienten por sus crías y también de su ira y rencor. En todo caso descubriremos que no son tan tontas y además, si con su inteligencia les sirve para ser una vaca, ¿para qué necesitan más? Todo esto es lo que nos relata la autora anécdota tras anécdota en un libro en el que también tienen cabida otros inquilinos de la granja de Young. Unos animales cuyas relaciones no siempre están ordenadas por especies y una granja que se presenta con una visión positivista y de buen rollo que acaba por contagiar al lector. Hay que decir que, como bien señala Bennett en el prólogo, Young no trata todos los temas. La ira no se ve demasiado reflejada y aún menos la primera parte de la reproducción ya que, si bien conocemos los partos y a las crías, no se nos desvela el proceso de acercamiento y aún menos el de consumación dejándonos, efectivamente, con las ganas de saber si las vacas se enamoran o son coquetas.
     Llegados a este punto puede parecer que el libro es un alegato que busca que la gente no coma carne, y nada más lejos de ello (aunque el sacrificio de las vacas tampoco ocupa demasiada tinta), si que critica determinadas prácticas, por ejemplo la estabulación confinada, pero más que un libro reivindicativo o científico es un libro de recreo, una curiosidad que hará que muchos lectores se queden mirando un momento a la próxima vaca que vean pastando en el campo.

     Reconozco que me lo he pasado bien leyendo La vida secreta de las vacas, ha sido refrescante, diferente e incluso divertida. Uno de esos libros a los que se llega casi por casualidad.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 4 de abril de 2018

Las ocho montañas. Paolo Cognetti


     "Mi padre tenía una manera propia de ir a la montaña. Poco proclive a la meditación, pura testarudez y arrogancia. Subía sin dosificar las fuerzas, compitiendo siempre con alguien o con algo y, allí donde el sendero le parecía largo, cortaba camino por la línea de más pendiente. Con él estaba prohibido parar, quejarse por el hambre, por el cansancio o por el frío, pero se podía cantar una bonita canción, sobre todo bajo un temporal o en la nieve espesa. Y lanzar alaridos dejándose caer por la nieve".

     Es curioso como últimamente parecen acercárseme libros ambientados en montañas. Y yo me dejo, siempre he creído que las lecturas te eligen y que la cosa va por rachas, así que estoy disfrutando de las alturas, la soledad y los riscos en parajes que, con suerte, algún día podre conocer. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las ocho montañas.

     Conocemos a Pietro, un chico de ciudad que veranea en los Alpes italianos. Allí comienza su amistad con Bruno, un chico de la zona, pastor, cuya vida se limita a las montañas. Pietro y Bruno se hacen amigos, se convierten en refugio uno del otro, pero la vida sigue y sus caminos se separan. Con el paso de los años se reencuentran ya adultos y viven la herencia de Bruno, que no es otra que la pasión por las montañas, legado de su padre.

     Uno se acerca a un libro con este título con cierta precaución, no sabe cuánto va a tener de naturaleza, de alpinismo, de historia. Siempre se corre el riesgo de que la pasión del autor por las montañas y la naturaleza conviertan una novela en una suerte de documental paseo a paseo, senda a senda. En este caso no es así, Cognetti tiene bien claro lo que quiere contar en su novela y, quizás por eso, da la voz a uno de sus protagonistas, Pietro.
Dividido en dos partes diferenciadas, distinguimos primero a Pietro y Bruno como jóvenes introvertidos, solitarios incluso, que se van acercando poco a poco gracias a ese incomparable paisaje y comienzan una sólida amistad entre ambos. Qué mejor lugar que la naturaleza silenciosa y misteriosa para compartir ese momento solitario, para dejarse llevar por la verdadera amistad, porque de eso trata justamente esta parte de la historia: de la amistad.
En una segunda parte, y con el padre de Pietro ya fallecido, Pietro se ha ido a la ciudad, era un chico casi de ciudad y se ha forjado un camino, sin embargo y tal vez por irse, la montaña tiene un significado para él, la pasión que su padre sentía por la montaña alcanza un significado aún mayor. Bruno se ha quedado y ahora la mirada de ambos es diferente, es la de un adulto que observa los cambios y compara. Pietro hereda una cabaña que es refugio, una pasión que es montaña.

     Cognetti ha escrito una pequeña maravilla. Y con esa frase se hace el mejor resumen de la novela. Una novela que viene marcada por los silencios llenos de palabras que no hacen falta ser pronunciadas. El silencio majestuoso de unas montañas que se exploran, lugares descubiertos y refugios reales que se construyen a la sombra de otros formados por personas. Es también una novela llena de nostalgia: la de los padres de Pietro a su pasado, al lugar en el que se conocieron, la de Pietro por las montañas y también por ese pasado que es su legado y que poco a poco se despierta, verano tras verano, ampolla tras ampolla. Curiosamente, poco le importa a Cognetti lo que hace su protagonista y narrador en la ciudad, y a nosotros tampoco más allá de sensación de tristeza que nos transmite en las primeras páginas, una tristeza que no es suya, es de su padre por haberse alejado de ellas. La lectura destila además amor por la naturaleza, una pasión que se contagia al lector que no puede evitar querer estar allí, pero lo hace de tal forma que queremos estar allí  en la naturaleza y no como ahora que todo ha cambiado y estos lugares maravillosos parecen convertirse a ratos en parques temáticos de turistas (recuerdo también esta reflexión apenada en La sustancia del mal de Luca DÁndrea).

     A veces no hace falta un misterio o un crimen para que el lector se quede pegado a las páginas de un libro y este es un claro ejemplo. Miles de lectores han salido enamorados de esta historia de crecimiento, de descubrimientos y de vida protagonizada por dos jóvenes dispares que se encuentran. Posiblemente mucha culpa la tenga el tono utilizado por el autor, que es cercano y amable, dando la sensación de honesto hasta el punto que, conociendo la vida de Cognetti, uno no puede evitar preguntarse cuánto de Pietro hay en él.Así llena su novela de frases que son casi consejos dejados aquí y allá para que los recojan los lectores, unos lectores que salen de esta novela agradecidos por  ellos sin saberlos, enamorados de las montañas Dolomitas, y de la historia de Pietro y Bruno. Aunque sean un tanto huraños a ratos.

      Hoy os recomiendo que hagáis una ruta por la vida a través de la novela Las ocho montañas. Es una lectura que merece la pena.

     Y nosotros, ¿también habéis notado que pasáis por rachas temáticas en vuestras lecturas?

     Gracias.

martes, 3 de abril de 2018

Un extraño en casa. Shari Lapena


     "No debería estar aquí.
     Sale corriendo por la puerta trasera del restaurante abandonado y avanza a trompicones en la oscuridad -la mayoría de las farolas están quemadas o rotas- con  la respiración entrecortada en ásperos jadeos. Corre como un animal aterrorizado hacia el lugar donde ha aparcado, apenas consciente de lo que hace."

      Soy de dar segundas oportunidades. Si un libro no me gusta pero me siento sola en mi disgusto general, tiendo a volver a las letras pensando que tal vez fue el momento o el tema. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Un extraño en casa.

     Conocemos a Tom cuando llega a casa por la noche después del trabajo. Es un hombre enamorado que llega con ganas de cenar con su esposa, Karen. Sin embargo ella no está, la puerta está sin cerrar y ni siquiera ha llevado el teléfono con ella. Sus nervios aumentan y termina por llamar al 911 cuando la policía llama a su puerta para comunicarle que una mujer, que puede ser Karen, ha sufrido un accidente y está en el hospital. Descubrimos a Karen con amnesia, esperando recordar lo que ha sucedido esa noche, mientras la policía investiga un cadáver aparecido cerca del lugar en el que ella tuvo el accidente.

     Tuve problemas con este libro desde las primeras páginas. Que la esposa de Tom se fuera y resultara la accidentada se veía venir... y a partir de ahí toda la trama de este libro se ve con la misma claridad.Supongo que la autora busca entretener y poco más, pero cuando los personajes son bidimensionales y carentes de cualquier tipo de emoción real, y la trama no es sorprendente ni novedosa y ni siquiera se profundiza en los pequeños momentos... el entretenimiento se convierte en una lectura tibia de la que se sale con más pena que gloria.
Dar una opinión negativa es complicado, ya que se suele pedir un razonamiento mucho más extenso y meticuloso, pero hasta en eso nos lo pone fácil: la amnésica protagonista se convierte en uno de esos personajes poco fiables que tan de moda se han puesto últimamente, sin embargo, su supuesta angustia por no recordar lo sucedido la noche del accidente se volatiliza cuando vemos que lo que no recuerda si recordaba en parte y que la autora es incapaz de gestionar el punto de secretismo necesario en una protagonista de estas características. En cuanto al resto de personajes son todos clichés de tinta que van desde el marido atontado que duda de todo y vive un infierno de dudas solo porque te lo dice el policía avispado, cuyo mayor logro pasa por mirar con unos ojos penetrantes que hacen ver a quien habla con él que se da cuenta de todo. Un lince, vaya, pero que tampoco transmite, porque no le llegamos a conocer, ni remata, y la cosa se queda en una investigación peregrina que da bandazos para situarse en una línea final un tanto apresurada. Y luego está la vecina, mi favorita, histriónica por los cuatro costados, imposible de creer o de siquiera tolerar. Como comprenderéis, con estos personajes y sus emociones de papel, es muy difícil que la trama despierte interés. Si a eso le unimos que, incluso para quienes se dejen sorprender por el giro final, les resultará manido y poco original, la segunda novela de Shari Lapena es una historia fallida en todos los sentidos.

     Los diálogos son simplones y las descripciones prácticamente inexistentes, así que, si tengo que buscar algo positivo para decir de esta novela, lo tengo complicado. Aunque, ahora que caigo, si que hubo una cosa que me sorprendió de la novela: ¡resulta que se desarrollaba en Nueva York! Y creedme, no lo digo como una sorpresa precisamente positiva.

     En definitiva, Un extraño en casa no ha mejorado mi percepción de la autora respecto a su primera novela. Quizás para la piscina.... pero solo quizás.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Cuando los tontos mandan. Javier Marías



     "No es que los jueces hayan sido nunca demasiado de fiar".

     Siempre me ha gustado Javier Marías. Los que pasan habitualmente por aquí lo saben: no hay novela suya que no haya leído con placer. Por eso no dudé en comprar su último título, pese a no ser una novela. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cuando los tontos mandan.

     Cuando los tontos mandan es una recopilación de los artículos que publica el autor en el suplemento El País Semanal. Nada menos que noventa y cinco artículos que han sido publicados entre 2015 y 2017.

     Si ya es complicado hablar de un libro de relatos hacerlo sobre uno de artículos lo es incluso más. Sobre todo porque todos ellos son artículos publicados tanto en prensa escrita como digital y, además, exportados a la página web del autor. sin embargo, esta que aquí opina, odia dejar la bibliografía de algunos escritores "coja" (con permiso del señor Marías que en uno de sus artículos se queja del maltrato mediante determinadas frases que hacemos del idioma), así que pensé que estaría bien tener estos artículos encuadernados como si se tratara de un coleccionable.

     Para quienes conozcan su trayectoria en el suplemento, nada que añadir. Javier Marías opina sin pelos en la lengua y, quizás por eso, muchas de sus opiniones han incendiado las redes sociales pese a que él no posea cuenta alguna en ellas. Y es que nos deja perlas como estas:
"La mayoría de los pisos de los que sus medio-dueños han sido expulsados no sirven de nada".
"A veces tengo la sensación de que este es un país definitivamente idiota, en la escasa medida en que puede generalizarse, claro".

     Pocos temas escapan de su opinión y nos encontramos casi siempre, y salvo excepciones como los elogios a la pluma de Colin Dexter, críticas a las opiniones que cambian según los premios que reciban algunas obras, la Iglesia, la Semana Santa, el Papa, la política, las redes sociales, más política, la necesidad que parecemos tener de buscar culpables ante una desgracia, los valientes y los cobardes o la educación. Es verdad que todas sus opiniones tienen algo de molesto, bien sea por no compartidas o por el tono que oscila entre la decepción y el enfado de un escritor que no duda en decir que tiempos pasados le gustaban más que el actual. Habla, por supuesto, de cultura y literatura, de cine y crítica, pero su mirada abarca un campo mucho más amplio y uno tiene la sensación a grandes ratos de estar ante uno de esos monólogos que se realizan con una pared de ladrillos al fondo. También no s dice, en repetidas ocasiones, que él no se cree más listo que nadie, aunque incluso en esa afirmación el lector no puede dejar de observar cierto tono de quien se ve de vuelta de todo y le importan poco o nada las reacciones a sus opiniones.

     Dicho esto, y esta es mi opinión, uno sale de la lectura con la sensación de que el autor de estos artículos ha entrado ya en esa edad en la que no le apetece callarse nada y, seamos sinceros, tampoco tiene necesidad de hacerlo.

     Suelo terminar recomendando o no la lectura de aquellos libros que traigo a este blog. En este caso, y puesto que son artículos que ya han visto la luz y que seguramente puedan encontrarse, lo dejo al criterio de cada cual. Eso sí, recomiendo en todo caso su lectura, a pequeñas dosis, si acaso uno o dos al día. La lectura continuada excediendo esta dosis, puede causar efectos adversos ("animadversos" hacia el autor diría yo) en el lector.
     Y si aún no habéis leído nada de Javier Marías, os recomiendo Corazón tan blanco.

     Y vosotros, ¿alguna vez os lanzáis con libros que son recopilatorios?

     Gracias.

lunes, 26 de marzo de 2018

Que nadie duerma. Juan José Millás


     "El misterio está encerrado en mí, nadie sabrá mi nombre, y sobre tu boca lo diré cuando resplandezca la luz.
     Calaf".

     Hace mucho tiempo que vengo leyendo a Juan José Millas principalmente porque me gusta esa combinación imposible de irrealidad y verdad que mezclan sus historias. Es por eso que no he tardado en dirigirme a la librería y traer a casa Que nadie duerma.

     Conocemos a Lucía, una joven informática que pierde su empleo y decide dar un giro a su vida y convertirse en taxista. Un día se cuela en su casa la música de la ópera Turandot logrando conmoverla hasta las lágrimas, así que se acerca a la casa de la que proviene la música, descubriendo así a un vecino. Lucía se siente atraída por este hombre que desaparece del edificio y, obsesionada con él y con la ópera que escuchó a través del tabique, se lanza a las calles de Madrid con su taxi, escuchando y participando de historias ajenas, mientras espera que un día la mano que se alce sea la de su vecino perdido.

     Todas las novelas de Juan José Millás tienen una doble lectura. Más que eso, cada novela de Juan José Millás esconde otra en su interior que es diferente según la interpretación que le de cada lector. Y sus lectores, cuando por voluntad o azar nos juntamos y hablamos de uno de sus títulos, lo hacemos pensando en si será la nuestra la interpretación adecuada. O tal vez seguros de ser los únicos que no están equivocados. O todo lo contrario. Y aún así, casi todos los libros de Juan José Millás bordean los mismos temas, ya sean la soledad, la elección o la búsqueda interior.

      Millás teje en esta novela los argumentos de la magnifica ópera Turandot y de la vida de la protagonista de su historia, Lucía. Tanto es así, que Nessun dorma, tercer acto de la ópera que es escuchado a través de la pared, da título a la novela, puesto que significa Que nadie duerma. Pero no penséis que hace falta conocer el argumento de la ópera, ya que el propio autor lo pone en boca de sus personajes para que sepamos perfectamente la unión que realiza. La de la mujer sola que circula en taxi, con el triunfo del amor. De hecho, no avanzaré más en la unión de ambos argumentos porque será desvelar demasiado de la trama del libro, solo diré que una vez asentada la lectura, me ha parecido magnífico el giro que el autor da para cerrarla.

     En una primera lectura, estamos ante la historia de una mujer asocial que se reinventa cuando pierde su empleo. Convertirse en taxista le otorga además un lugar seguro para ir conociendo gente, personas a las que a veces ayuda, y otras no, pero a las que siempre escucha durante ese tiempo limitado que dura una carrera. Será en el taxi donde entable un par de relaciones con dos clientes habituales, y también donde conozca a parejas sexuales, y también el lugar que utiliza para evadirse de una incómoda realidad en la que parece no encajar. Y luego está el amor idealizado hacia su vecino, aquel apenas visto cuya figura lejos de desvanecerse, parece crecer en la mente de Lucía. Pero si el libro fuera simplemente eso, estaríamos ante una simple novela que nos habla de decisiones, soledad y sexo y en la que, además, hay delitos. Supongo que no parece simple, pero Juan José Millás parece empeñado en demostrar en sus historias que si la vida es compleja, las personas que poblamos este mundo, lo somos más.

María Callas. Turandot
     Ya he comentado la importancia de Turandot que llega a convertirse en algo casi poético en el libro, pero posiblemente vaya mucho más allá de donde habéis imaginado. Y es que esta sería la sinopsis real de la novela escrita por Millás. Lucía es una falsa delgada, posiblemente eso signifique que sea gorda y que su madre, inventora del término, le enseñaba con esa frase que su aspecto, lejos de ser una tara, era algo a lo que debería de saber convertir en una seguridad. Lástima que la madre de Lucía muriera tras recibir el picotazo de un pájaro cuando ella contaba con diez años. Aún así, le dio tiempo a ver cómo ese pájaro le hacía algo al alma de su madre, convirtiéndola en una mujer pájaro. Ahora, cuando toda su vida cambia, Lucía tiene la misma edad que su madre al morir, y es ella quien comienza a ver pájaros, personas pájaro. Como su vecino. Y entonces, ¿qué pinta Nessun dorma? Es simple, Lucía quiere ser Turandot, quiere reinventarse en Lucía Turandot, la princesa de los enigmas que termina logrando el amor entre crueles pájaros que picotean cabezas. Y tal es su empeño que decide que su tercer enigma sea encontrar el tatuaje que se hace para los ojos de su príncipe/vecino. Despega así la fantasía que convierte las calles de Madrid en las de Pekín y torna a la taxista en una mujer menos ingenua y más decidida, en alguien que ayuda y que siente una suerte de pulsión sexual y otra, un tanto más complicada, de relatar una parte de su historia de hija de mujer pájaro a quienes quieran escucharla. Millás, que tal vez nos haya hecho reír en algún momento, entra en este terreno onírico para mostrar así la crueldad de la vida y de las personas logrando, a la postre, conmover al lector con un último movimiento imposible que hace que este desvarío se convierta en una gran novela.

     Que nadie duerma es una gran historia, perturbadora a grandes ratos, que se lee prácticamente del tirón, pero cuyo poso permanece mientras vamos encajando las piezas una vez finalizada su lectura. Perfecta para seguidores de Millás y aventureros literarios.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.