miércoles, 17 de enero de 2018

La oficina de estanques y jardines. Didier Decoin


     "Tras una prolongada reclusión cumpliendo con la estricta observancia de las restricciones de comida propias del luto y tras haber lustrado el cuerpo de Katsuro con un lienzo sagrado destinado a absorber las impurezas, Amakusa Miyuki se sometió al ritual que debía purificarla de la mácula de la muerte de su marido. Pero como no había ni que pensar en que la joven se sumergieses en el mismo río en el que acababa de ahogarse Katsuro, el sacerdote sintoísta, frunciendo los labios, se conformó con sacudirle encima una rama de pino cuyos vástagos había humedecido el agua del Kusagawa. A continuación, le aseguró que ya podía reanudar la vida y demostrarle su gratitud a los dioses, que no dejarían de imbuirle fuerza y valor." 

    No tengo claro qué me atrajo tanto de este título, pero lo cierto es que no se me despegaba. Por eso lo acabé comprando y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La oficina de estanques y jardines.

     Estamos en Japón, en la aldea de Shimae, en pleno siglo XII. Allí reside la joven Miyuki, una mujer que amaba a su marido más allá de lo razonable, y que acaba de quedarse viuda. Como último tributo de amor, Miyuki irá a la capital, Heiankyo, a llevar las últimas carpas pescadas por él.

     Siempre se habla de la musicalidad de los escritores orientales, de la tradición que esconden una gran parte de sus obras y de la cultura ancestral llena de costumbres que nos resultan particularmente llamativas. Bien, Decoin ha sido capaz de coger todo eso y hacerlo suyo en esta novela. Para ello, ha cuidado especialmente la plasticidad de su prosa, evocando permanentemente olores y paisajes que llegan al lector nítidamente, y los ha mezclado con esas tradiciones que desconocemos hasta lograr que nos sintamos inmersos en una suerte de cuento. Y la protagonista central del cuento, heroína indiscutible, es Miyuki. Nos presenta a Katsuro, famoso pescador de carpas, ya fallecido pero eterno en su presencia en la novela como lo es en la mente y el corazón de Miyuki, y ya nos tiene imaginando cómo mete las manos en el agua para coger con cuidado las carpas, sentimos su peso en las cestas que cuelgan de la pértiga y también su movimiento. Y su importancia. A partir de ese momento, Didier nos ha ganado.

     En las primeras páginas vemos la pobreza de Miyuki y su sentimiento de orgullo y sumisión, vemos su amor y la importancia que va a tener ese viaje casi iniciático, en la joven. Un viaje que va a estar lleno de olores y colores, pero también de peligros. Las carpas han de llegar sanas y en el camino hay posadas peligrosas, ladrones y un sin fin de posibles peligros que Miyuki salvará (o no), y lo hará con la perenne compañía de su difunto esposo. Cada cosa estará donde él dijo y cada momento será un tributo al amor que Miyuki le profesaba, convirtiendo la novela en una gran historia de amor.
     Reconozco que ya con las carpas me ganó Decoin. Es una imagen típica de Japón el estanque con esas carpas armadas con sus bigotes, y nunca me había parado a pensar en cómo llegan a dichos estanques, y menos en la época medieval. Me he sentido transportada casi a otro mundo, espectadora privilegiada y silenciosa que teme moverse y romper el hechizo volviendo bruscamente a mi sofá. Y ahora, al pensar en ellos, no puedo evitar compararlo con mi lectura de "Seda" de Baricco, cuando decía "compraba y vendía, gusanos de seda" y uno se quedaba casi anclado a esas palabras. Las sensaciones fueron muy similares en esta lectura, sensaciones que, creo, perdurarán en mi memoria.

     La oficina de estanques y jardines es una novela ante todo hermosa en la que una mujer realiza un viaje como tributo a su difunto esposo y también por su honor pero, sobre todo, es un libro hermoso. Y es que, hasta la muerte cuando es bajo la mirada de una garza blanca, tiene algo que nos invita a mirar. Os invito a descubrir esta historia.

     Y vosotros, ¿también os sentís atraídos por los libros que hablan de otras culturas?

     Gracias.

martes, 16 de enero de 2018

Pequeños fuegos por todas partes. Celeste Ng


     "Aquel verano, en Shaker Heights, todo el mundo hablaba de ello: Isabelle, la pequeña de los Richardson, había perdido definitivamente la cabeza y había quemado la casa. En la primavera, los chismes habían girado en torno a Mirabelle McCullough -o May Ling Chow, según de qué lado estuviese uno-, y ahora por fin había algo nuevo y excitante que comentar."

     Todo lo que no te conté fue la primera novela de Celeste Ng y recuerdo haberlo leído, disfrutado y recomendado a todo aquel que me quiso escuchar. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Pequeños fuegos por todas partes.

     Conocemos a la familia Richardson, la perfecta familia del perfecto lugar para vivir a las afueras. Tienen cuatro coches y cuatro hijos, como corresponde. Sin embargo, la llegada de Mía Warren y su hija Pearl será el acelerante para esos pequeños incendios de la comunidad que terminan mostrando un retrato de lo que fueron esas zonas suburbanas. Mía es una artista que ha vivido en muchos lugares y su hija de quince años está deseando tener un hogar estable y encajar en él. Mía llega como inquilina de los Richardson y la señora Richardson no tarda en sentirse generosa y ofrecerle a mía ser su empleada del hogar como pago a su alquiler.

     Si en Todo lo que no te conté comenzábamos la historia con el descubrimiento de un cuerpo, aquí Celeste Ng ha decidido comenzar por un incendio. La señora Richardson, madre, esposa y ejemplo, está delante de su casa en llamas. Su hija pequeña parece la principal sospechosa, sin embargo, a Celeste no le importa el culpable, al menos no le importa demasiado. Porque su novela no trata de este incencio, lo que le importan son los pequeños fuegos que se extienden a lo largo de la comunidad de Shaker Heights, igual que un cotilleo.
     Shaker Heights es una zona suburbana de Ohio que, no solo existe, sino que además la propia autora fue residente del lugar, así que sabe de lo que habla cuando nos describe un lugar que parece vivir en una burbuja en la que nunca pasa nada y todo es armonía. O al menos esa parece ser la intención del lugar. Y ahí residen los Richardson, la perfecta anodina familia de clase media alta. Y a su casa llegan los Warren, madre e hija, artistas, con una manera muy diferente de entender la vida, dejando al descubierto las diferencias entre ambas partes. Shaker se ve definido como un lugar en calma del que Celeste nos va a mostrar las grietas con pequeñas pistas antes de comenzar la acción de la novela.  La aparición de un bebé en una estación de bomberos, aparece un niño chino abandonado y una familia amiga de los Richardson decide adoptarlo. Estamos en los años noventa, y la perfección, y las adopciones interraciales son algo a pie de calle sobre lo que todo el mundo opina y la autora aprovecha para mostrar un conflicto entre pares dando, además, todos los favores económicos a quien pretende quedarse con el bebé, y la voz de la opinión a quien quiera mostrarla a lo largo de sus páginas.
     Los choques producidos por las interferencias entre ambas familias no tardan en llegar y la familia Richardson verá como las Warren se van haciendo un hueco en su casa, acercándose a sus hijos y particularmente a la más joven de ellos. Quizás por eso la señora Richardson no pueda resistirse a averiguar lo que parece un secreto en la vida de sus inquilinas.
     El último foco del libro es la adolescencia y el carácter rebelde que implica la edad. Este tipo de lugares perfectos, planificados y ordenados, se basan en moldear también a sus residentes. Al igual que los colegios con uniformes se supuso en una época que hacía que los niños fueran más tranquilos y manejables, este tipo de suburbios se concibieron para aislar del bullicio y estrés de las ciudades a sus residentes. Pero si se trata de adolescentes y no hay uno sino varios, se pone más complicado.

     Con todos estos focos y unos cuantos más que no relato, Celeste construye una novela que se lee fácilmente y que da la sensación de conservar un foco de intriga para el lector. Quizás no estemos antes una novela negra, pero despierta el interés, la necesidad de saber, el "una página más" que tanto apreciamos cuando buscamos simple entretenimiento. Pasa con un éxito modesto, pero éxito a fin de cuentas, de su magnífica Todo lo que no te conté, ambientada en los 70, a estos pequeños fuegos de los 90 y mantiene además algunos de sus elementos básicos, como los secretos familiares y las diferencias intersociales o raciales, pero lo que realmente gana fuerza en este libro, es la maternidad. La adopción, la maternidad, el embarazo, el amor... se vuelven algo recurrente en la segunda novela de Celeste Ng. Un libro que he disfrutado en dos tardes y que, de forma intencionada supongo, se antoja visual al lector, como una de esas series que llenan las ofertas de las plataformas de vídeo.

     Me doy cuenta llegado este punto, del número de veces que he nombrado el primer libro de la autora. Y esto es porque el mayor defecto que he encontrado en Pequeños fuegos por todas partes, es que no es Todo lo que no te conté y supongo que cuando uno parte de un listón colocado a cierta altura, espera que lo siguiente sea superior. En este caso no es justo con esta novela, Pequeños fuegos por todas partes es un buen libro con un estilo depurado y que merece ser valorado por sí mismo. Os lo recomiendo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 12 de enero de 2018

El corazón de los hombres. Nickolas Butler


     "Al Corneta no le hace falta despertador. En la cerrada oscuridad de moho y lona, sus manitas buscan a tientas las cerillas, raspan la punta sulfurosa de una contra la caja, la cerilla prende y arde, y, por fin, el farol, con su dorada luz de queroseno, la mecha, que quema como un pulmón ardiente. Bosteza; se quita el sueño de los ojos a restregones. Con esta luz nueva, busca las gafas y las encuentra, y ahora distingue los detalles de la tienda, sus sombras, sus cosas. Un búho ulula desde la copa de un arce cercano mientras el chico abre los faldones de la tienda y se estremece en el frío que precede al alba. Sus pies descalzos avanzan ligeros sobre esa tierra del campamento que tantos han pisado ya. Se baja los calzoncillos blancos y, temblando, proyecta un arco de pis sobre las frondas grandes y tolerantes de los helechos ocultos. Es un sonido agradable. Como el de la lluvia que rebota en un toldo de lona. Y vuelve a meterse en la tienda, que ahora, con la llama del Coleman, está mucho más calentita. Hasta el alba, una carrera."

       Leí Canciones de amor a quemarropa y no lo disfruté tanto como debería, a juzgar por las opiniones que fui viendo en mi entorno. Y eso me dejó la agridulce sensación de no haber sabido apreciar la novela, por eso tenía ganas de leer algo más de su autor. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El corazón de los hombres.

     Estmos en 1962, es verano y conocemos a Nelson en el Campamento Chippewa. Nelson no es buen deportista, saca buenas notas y no tiene amigos. Quiere conseguir todas las insignias y eso no le ayuda a ser precisamente popular. Tan solo un niño llamado Jonathan se posiciona a su lado, al menos parcialmente, ya que lo incita a participar en un juego que perderán y del que acabará siendo Nelson el "pagador". Como siempre.
En 1997 Nelson es Jefe de tropa en el campamento. Su pericia de boy scout le fue finalmente útil en la vida, en Vietnam. Jonathan reaparece también al llevar a su hijo Trevor al campamento, un hijo con el que tiene una relación horrible aderezado con un poco de crisis de los cuarenta.
Finalmente llegamos al año 2019. Ahora es Rachel, la nuera de Jonathan, la que lleva a su hijo al mismo campamento. Nelson a sus ya 70 años añora otra vida, otros tiempos.

     Y estos son los tres tiempos en los que se divide la nueva novela de Butler cuya primera parte es francamente buena. es fácil leer su prosa que no se traba en complicadas descripciones sino que se antoja tan sencilla como la historia que cuenta. Ni siquiera en las peores escenas, como la de la apuesta perdida y el terrible descenso a unas letrinas, pierde una pizca de estilo o musicalidad, dando incluso la sensación de ser menos terrible lo relatado por la forma en que está hecho.

     Nelson es el gran protagonista de la historia. Con un padre que no le acepta y una madre que se convierte en su gran apoyo, dirige su admiración paterna hacia Wilbur Whiteside, jefe del campamento. Pero ni esa persona parece la adecuada para protegerle cuando llega el momento. De hecho, ni siquiera es un buen jefe de campamento, ya que Chippewa nos recuerda en algunos momentos a la isla de El señor de las moscas, con sus jerarquías y sus castigos deliberadamente crueles, y pronto somos conscientes de que Wilbur, al igual que le sucediera en su pasado, tampoco va a estar a la altura de lo que se necesita de él. Aún así, la evolución de Nelson parece tender a convertirse en un Wilbur, dejando atrás a una madre de la que poco o nada llegamos a saber para terminar en una última parte en la que he tenido la sensación de que Butler había perdido el rumbo. Entiendo las denuncias que hace, pero no justifico el final.
     En cuanto a Jonathan, que al igual que Nelson es parcialmente opaco para el lector, mantiene ese juego a medias tintas para acabar desapareciendo y así ceder su espacio en la novela a Rachel, única mujer que parece tener importancia en esta novela eminentemente masculina.

     Quiero suponer que la intención de Butler es hablar de valores, utilizando una suerte de epopeya de vida. Sin embargo fracasa de forma estrepitosa al quedarse, pese a dos o tes escenas, en una historia tibia. ni la relación madre-hijo, ni esa amistad que yo no terminé de ver como tal, tienen la fuerza necesaria para convertir esta novela en una gran historia, y tampoco sus personajes son inolvidables. De hecho, a medida que pasa el tiempo, y pese a tener claro que es un libro sobre traiciones, abandonos y valores, se va desdibujando hasta darme la certeza de que ha sido, simplemente, un libro más. Posiblemente si hubiera seguido la senda de esa primera parte, sin cambios de narrador y estilo, hubiera sido muy distinta mi percepción de esta historia que pasa de cruda a edulcorada en un puñado de páginas. Y es que, al final, Nelson jamás tuvo a nadie a su lado en la forma que anhelaba en las primeras páginas, ni siquiera a su propio creador.

     Empiezo a estar convencida de que, a medida que leemos, somos más exigentes en nuestros criterios. Así que decidme, ¿cuál ha sido vuestra última decepción?

     Gracias.

jueves, 11 de enero de 2018

Los dieciséis árboles del Somme. Lars Mytting


     "Mi madre era para mi un olor. Era un calor, una pierna a la que me aferraba, un soplo de algo azulado, un vestido que creía recordar que usaba. Me decía a mi mismo que mi madre me había lanzado a la vida con un arco y, cuando moldeaba mis recuerdos sobre ella, no estaba seguro de si eran correctos ni verdaderos, sencillamente la recreaba tal como creía que un hijo debe recordar a su madre.
     Era en ella en quien pensaba cuando ponía a prueba mi añoranza, rara vez en mi padre."

     El libro de la madera fue uno de esos descubrimientos literarios que nos pillaron por sorpresa el año pasado dejándonos con ganas de leer algo más del autor. Hoy traigo a mi estantería virtual la segunda novela de Lars Mytting, se trata de Los dieciséis árboles del Somme.

     En el año 1971 una pareja noruego/francesa muere en circunstancias cuestionables. Se sabe que iban en el coche con su hijo de tres años, y que estuvo desaparecido cuatro días, hasta que fue encontrado en un hospital a varias millas de distancia. Nosotros conoceremos a ese hijo, Edvard, ya crecido. Ha sido criado por su abuelo, siempre bajo la sombra de lo sucedido a sus padres en una familia que ha visto la muerte demasiado cerca. Cuando su abuelo muere a principios de los 90 a Edvard se le presenta la oportunidad de excavar en su historia familiar y tal vez en su memoria.

     Siempre he opinado que un éxito lo tiene cualquiera: una buena idea, un día inspirado, suerte... es en el siguiente paso en el que uno sabe si fue suerte o es algo más. Por eso siempre me interesan casi más las segundas obras que las primeras. Y por eso me fijé en este título, del que me llamó la atención que también estuviera relacionado con la madera. Qué tendrá este hombre con los árboles, pensé sabiendo ya la respuesta tras haber leído el primer título. Y me sumergí en la lectura.
      No tarda una mucho en quedar inmersa en esta historia y sentir una corriente de empatía hacia Edvard, pese a que es un personaje que no siempre actúa bien y cuyo temperamento le lleva a precipitarse en algunas ocasiones. De hecho, eso es precisamente lo que provoca la empatía: la credibilidad de su protagonista, del que Mytting no oculta ninguna arista. Con 23 años y al morir su abuelo, descubre que hay algo que se oculta en la muerte de sus padres, y lo une a ese hermano de su abuelo Einar, cuyo nombre dejó de pronunciarse y que pasó de poner argollas en los árboles dejándolos heridos, a desaparecer en Francia. De este modo son varias las incógnitas que se nos abren en la novela, y somos incapaces de no bucear en ellas junto al protagonista, que parece sentirse incompleto y necesita saber más.  Quizás no sea una tontería pensar que es como uno de esos abedules de fuego que, heridos, no les queda otra que deformarse para envolver su herida generando una cicatriz en el dibujo de sus anillos que solo será descubierta al convertirlos en madera. Y esa imagen, la fuerza de esa imagen unida a la belleza de las palabras utilizadas por Mytting, es lo que sorprende al lector dejándole con la necesidad de releer alguno de los párrafos. Yo reconozco haberme enamorado de ese bosque de abedules que restallan y de esa metáfora palpable entre los árboles y Edvard. Hacía tiempo que no me tropezaba algo tan hermoso como esa unión entre persona y paisaje herido, casi podía oír restallar los aros al romperse y me preguntaba también tumbada en el suelo por qué habría que dañar un árbol.
     Sin embargo la historia de Mytting va mucho más allá de ese bosque. Se interna en el pueblo también presentando pecados que no se purgan y culpas que quedan al descubierto por una guerra ya pasada o un secreto oculto. Con ello el autor consigue dejar un rastro profundamente humano en todos ellos, incluso tierno en muchos momentos, y convierte la historia en algo cercano para el lector.

     Los dieciséis árboles del Somme me ha parecido una gran lectura. Uno de esos libros que se leen con calma, dejándose impregnar por las sensaciones, los olores y sonidos que desprenden sus páginas. Me ha gustado. Empiezo bien el año.

     Y vosotros, ¿sois de los que desconfiáis de un único éxito hasta que leéis la siguiente novela del autor, o ni os fijáis en esas cosas?

     Gracias.

miércoles, 10 de enero de 2018

Final en Berlín. Heinz Rein


     "Un terremoto destruyó en pocos minutos Lisboa, San Francisco y Tokio. Fueron necesarios varios días para que se extinguieran los incendios de Roma, Chicago y Londres."

      Esta novela que apareció al finalizar la guerra con un éxito notable, fue olvidada rápidamente, quizás por el momento en que se publicó. Hoy traigo  a  mi estantería virtual, Final en Berlín.

     16 de abril de 1945, el Ejército rojo comienza la conquista militar de la capital del Reich.
     30 de abril de 1945, Adilf hitler se suicida en el búnker del cuartel general de Hitler.
     8 de mayo de 1945, entra en vigor la rendición incondicional del ejército alemán.
     Estos son algunos de los datos que nos encontramos en la magistral novela Final en Berlín. En los últimos días de la guerra, con una ciudad ya dividida, la Gestapo busca culpables ya sean judíos, desertores o conspiradores.

          Heinz Rein escribe esta novela en 1945 relatando su experiencia, fue publicada un año más tarde y en 1947 se vendieron 80000 ejemplares. Como comenzaba diciendo, un gran éxito para una novela olvidada. Final en Berlín es una novela con llena de imágenes que se meten en la retina del lector en la que la ciudad es la gran protagonista, una ciudad asediada, casi destruida, que percibimos entre montones de escombros dejados por la guerra. Muestra una realidad que se ve impulsada por artículos, discursos y noticias de la época que consiguen un realismo que salta de las páginas al lector que es testigo privilegiado del sufrimiento de una población cuya ruina es incluso mayor que la de la propia ciudad. La población sigue adelante como puede, deteriorada, cansada, asediada en lugares seguros, o lo más seguros que encuentran mientras el Ejército Rojo ya está frente a la ciudad. Las SS intentan buscar culpables a la vez que detenerlo, hostigando a la población. Y, una vez nos ha dibujado la situación, entramos en la historia y conocemos a los protagonistas.
     Personajes que se alzan en mitad de este caos, el soldado Lassehn que está encargado de nos folletos, le sirve de excusa a Rein para mostrarnos el Berlín de la época. Lassehn, que no quería ser soldado, desertor, y que llega del pub Klose, centro de reunión de una resistencia que iremos conociendo. Un personaje que protagonizará uno de los encuentros más emotivos de esta historia y terminará siendo uno de los personajes más viscerales. Conoceremos también a Wiegand sindicalista torturado en un campo de concentración busca sabotear, al médico Böttcher, a Schröter y a un pequeño grupo (que en realidad son dos), en el que el autor tiene el acierto de mezclar no solo sexos, sino también ideologías. Escribe así, y gracias al acierto de un narrador omnisciente, la historia de unos pocos que luchan esperanzados.

     De este modo, y gracias a la habilidad narrativa del escritor, se puede decir que la novela que comenzaba mostrando una ciudad convertida en un animal herido bomba tras bomba, se convierte en algo más parecido a una historia de acción, apenas cortada por las discusiones entre sus personajes, que se lee con rapidez. De hecho, casi serán los diálogos las partes más lentas en contra de lo habitual. Rein no escribe una historia lacrimógena pero habla de un lugar en el que se vertieron muchas lágrimas y hace que nos preguntemos qué tipo de monstruos son capaces de hacer algunas de las cosas allí descritas. Y es que, Final en Berlín, es una historia rápida pese a todo en la que importa más el contenido que la forma en que se nos presenta. Decía antes que su mayor tara está en los diálogos, pero lo que nos queda de ellos es la unión, las ideas, las esperanzas dentro de una historia que está llena de dolor por una ciudad destruida que, estoy segura, fue amada por el autor. Por eso, una vez finalizado el libro, nos damos cuenta de las denuncias que lleva implícitas esta historia y, sobre todo, nos damos cuenta de que aquello que nos relata es real, que hubo una ciudad que fue destruida, que se buscaba en esos incesantes bombardeos terminar con las sedes nazis mientras que las SS en un desesperado intento por resistir no tenían piedad con su propia población. Que todo aquello, más allá de lo que hayamos podido ver por televisión, sucedió. Y que personas como Lassehn, existieron.

     Decía al principio de esta entrada que Final en Berlín es una novela olvidada y recuperada. Ahora os digo que merece la pena aprovechar la ocasión y no dejar que vuelva a caer en el olvido.

     Y vosotros, ¿con qué libro habéis dejado atrás las fiestas?

     Gracias.