miércoles, 30 de mayo de 2018

La mujer en la ventana. A. J. Finn


     "Su marido está a punto de llegar a casa. Esta vez la pillará. 
      No hay ni una triste cortina, ni persianas de aluminio, en el número 212, la casa adosada de color rojo oxidado que fue el hogar de los recién casados Mott hasta hace poco, hasta que se separaron. No llegué a conocer a ninguno de los dos, aunque de cuando en cuando los busco por internet: el perfil de LinkedIn de él, el Facebook de ella. Su lista de regalos de boda sigue estando en la página de Macy’s. Todavía podría comprarles una vajilla".

     Lo que tiene que todo el mundo sepa que me gusta leer, es que muchos me regalan libros. Y cuando tu entorno no es particularmente lector, suelen ser los últimos libros de moda. Así que en una suerte de contrato no escrito, yo no me acerco a ellos y espero a que me los vayan regalando. Hoy traigo uno de esos libros a mi estantería virtual. Se trata de La mujer en la ventana.

     Conocemos a Anna Fox en su casa, en un barrio residencial de Nueva York. No la podríamos conocer en otro sitio porque no sale de casa. Es una mujer agorafóbica y deprimida con afición al vino, el cine clásico y espiar a los vecinos. La acompañamos por el vecindario parapetados detrás de su cámara de fotos y conocemos a los residentes antiguos y también a los nuevos... hasta que Anna es testigo de un suceso terrible. Pero, ¿lo es de verdad?

     Llegadas estas fechas, con el día del libro y las ferias en la calle; con las piscinas desplegando tumbonas y el cloro bien medido, las editoriales se lanzan a buscar el top ventas: la nueva chica perdida, del tren o de la pareja de al lado. Y este año parece que toca La mujer en la ventana, un título con una clarísima referencia la la película de Hitchcock, La ventana indiscreta, el la que James Stewart será sustituido por Anna Fox, la protagonista.
     Si soy sincera suelen escamarme estas campañas de marketing a lo grande que llegan apabullando al lector. Investigué un poco y descubrí que A. J. Finn es en realidad Dan Mallory, veterano editor de misterio que cuenta entre sus filas con nombres de sobra conocidos. Eso hizo que el libro no esperase tanto en mis estantes, me pudo la curiosidad.

     Uno empieza La mujer en la ventana con el guiño directo al cine. Esa mujer que se pasa el día espiando a sus vecinos y que acerca sus rostros gracias al zoom de su cámara de fotos no es sorprendente, pero si que tiene cierta gracia ver a Stewart convertido en una alcohólica deprimida y agorafóbica. Dicho así puede parecer un personaje interesante, pero la fiabilidad de los narradores lleva demasiado tiempo poniéndose en entredicho como para resultar novedoso y, sin ir más lejos, La chica del tren abusaba del alcohol dejando al lector confuso y casi aburrido. La novela avanza lenta en sus comienzos ya que necesitamos conocer a quién espía la protagonista y también quienes son sus nexos con el mundo, ya sea su familia vía telefónica o las escasas visitas que recibe. Incluso conocemos a un inquilino con el que, creo, pretende el autor intrigarnos sobre si su relación llegaría a algo más. No lo consigue, la meta de la protagonista, se resume en su ventana. Convencido de que ayudará a que el lector se sienta más cómodo, la novela se nutre de las películas que ve Anna,ninguna de ellas desconocida, y ninguna elegida al azar, lo cual no es una sorpresa para nadie desde prácticamente el primer título que nos deja. Supongo que son trucos de quien sabe cómo funcionan los libros, eso de referenciar obras conocidas ya sea de cine, o recordar esquemas ya leídos que han tenido un gran éxito.

      Anna y su vino mezclado con antidepresivos es, evidentemente, testigo de algo que sucede. Y ahí arranca realmente este libro que juega a realidad o no una y otra vez pero que no busca sorprender al lector. De hecho, apostaría a que la mayor parte de los lectores han descubierto el final mucho antes de llegar a leerlo. Pero bueno, eso que antes se consideraba casi una hazaña se ha vuelto cada vez más fácil debido al empeño que parecen tener algunos autores en dejar creer al lector que es listo y capaz de resolver la novela descubriendo lo sucedido antes que el protagonista. Sobre todo si el protagonista es detective aficionado y no policía profesional.
 
     La mujer en la ventana (indicreta)es una novela más. De hecho, si tuviera que buscar algo destacable de este libro, no pasaría de un par de escenas o de la descripción de esa vida como mujer deprimida que se ve a lo largo de toda la novela. El resto me ha parecido manido y previsible y, aunque reconozco que es un libro que se lee rápido porque no pide esfuerzo alguno al lector salvo el de saber juntar las letras impresas, he terminado la lectura segura de olvidarla hasta que me sorprenda el anuncio del estreno de su versión cinematográfica. Y tampoco será original que suceda eso, porque ya lo viví con Perdida. Y es que, al final, si me pongo a pensar en la historia, protagonista mujer, fiabilidad, etc... no puedo despegarme la sensación de estar más ante un producto prefabricado que ante un libro escrito bajo la necesidad o la inspiración. Casi como si hubiera sido un ejercicio o experimento en el que pretendieran demostrar que existe eso que llaman la fórmula best seller. Y una es más de long seller, la verdad, me gustan los libros que tienen un poso y un recorrido.

     Hablaba al principio de las campañas de marketing que se ponen en marcha con ciertas novelas. En mi caso, si soy sincera, puede ser algo que me aleje del libro por saturación, pero está claro que para muchísima gente es un reclamo eficaz. Y vosotros, ¿sois compradores o termináis aburridos de ver el mismo libro una y otra vez?

     Gracias.

lunes, 28 de mayo de 2018

¡Absalón, Absalón! William Faulkner


     "Desde las dos, aproximadamente, hasta la puesta de sol, permanecieron sentados, aquella sofocante y pesada tarde de septiembre, en lo que la señorita Coldfield seguía llamando el despacho por haberlo así llamado su padre; una habitación cálida, oscura, sin ventilación, cuyas ventanas y celosías continuaban cerradas desde hacía cuarenta y tres veranos, porgue allá en su niñez, alguien opinaba que el aire en movimiento y la luz producen calor, mientras que la penumbra resulta siempre más fresca".

     Cada vez que reeditan a Faulkner, me acerco a curiosear y, cada vez que la nueva edición me convence, lo releo. Hoy traigo a mi estantería virtual ¡Absalón, Absalón!

     Estamos en Toknapatawpha y conocemos a los Sutpen. Conocemos su historia y decadencia y lo hacemos a través de la conversación entre Quentin Compson y Shreve. Pero no serán los únicos, ya que esta es una historia con partes confusas, interrupciones y aportaciones externas de otros narradores que conseguirán que comprendamos qué aquello tan terrible que sucedió.

     Si bien siempre he creído que casi todos los libros son para casi todos los públicos, y digo casi por dejar restricciones de esas que se visten con sonrisas verticales a criterios de edad, es cierto que no todos los escritores son iguales. Hay una serie de nombres como Joyce o Thomas Mann que exigen al lector un pequeño esfuerzo que va más allá de una lectura hecha como simple recreo para llegar a ser disfrutables. Y Faulkner, por ejemplo, pertenece a este grupo de autores. No quiere decir esto que sus libros sean unos ladrillos infumables, de hecho encontraremos a mucha gente que argumentará lo contrario (me incluyo), pero si que se puede hacer una lectura por capas de sus novelas. De tal forma que cada relectura nos desvela algo nuevo que merece la pena ser leído por primera vez.

     Las cuatro voces, a menudo monótonas y repetitivas, suenan a ratos lúgubres incluso a ojos del lector. Todas ellas darán testimonio, no ya de lo sucedido, sino también de la inexactitud del ser humano. Gracias a ello, las voces de los narradores transformadas en personas, se desnudan totalmente ante el lector, que es capaz de percibir sus obsesiones, virtudes y defectos. Además, y dejándonos llevar por ellas, vamos descubriéndonos montando un puzzle cada vez más intrigados, necesitando tener en la mano todas y cada una de las piezas. Faulkner se repite igual que lo hacen sus protagonistas en el camino de una historia que trata soledad, esclavitud, guerra, fortuna decadencia, cambios sociales... y lo hace con un estilo único que los lectores habituales de Faulkner descubrirán cambiante en su obra.
     Llega la familia Sutpen, llaman a la puerta y comienza uno de los mejores libros que he leído jamás. Una novela que hoy en día sigue siendo novedosa por su forma de distribuir los hechos, y también los tiempos utilizados. Y, lo mejor, sin duda alguna, es la certeza de que llegaremos al final de este drama con la historia puesta sobre la mesa y un cierre perfecto que dejará satisfecho al lector mas exigente.
Si tengo que ser sincera, nunca disfruté tanto de una misma historia contada por varias voces. Y pocas veces he podido resumir de forma tan simple como la frase anterior, un libro tan intrincado.

     Dicen que William Faulker fechaba la última página de sus novelas, costumbre habitual entre los escritores. Y que ¡Absalón, Absalón! fue fechado un 31 de enero de 1936. Desconozco como se sintió en ese momento, y si era realmente consciente de la novela que estaba dejando terminada. Pero sí puedo decir que mi sensación al terminar el libro, y lo he leído varias veces, ha sido siempre la misma: asombro. Y, por supuesto, una profunda admiración.

     Por si no ha quedado claro, ¡Absalón, Absalón! es un libro imprescindible para cualquier lector decidido a invertir su tiempo en literatura de calidad.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


     Nota complementaria:


     Fue Sherwood Anderson quien aconsejó a Faulkner escribir sobre Mississippi, su tierra natal, y así empezó a hacerlo en el año 1926 creando el distrito de Yoknapatawpha para su obra Banderas sobre el polvo, cuyo punto final pondría en septiembre de 1927. Así, y a lo largo de su obra, ese condado ficticio flanqueado por dos ríos y del que conocemos incluso la población dividida por el color de su piel (6.928 blancos y 19.313 negros) vería pasar por sus tierras a los personajes del autor, ya fueran Sartoris, Copton, Sutpen o Sonopes. Yoknapatawha existe y en ¡Absalón, Absalón! se incluiría incluso un mapa que certificara la existencia de este lugar testigo de desdichas y cuyo propietario único era el propio Faulkner. Su creador. Se da además la peculiaridad de que los ríos que lo limitan, existen en la realidad así que no pocos estudiosos y lectores han jugado a solapar mapas y pan pasado su dedos por las líneas de Lafayette, donde residía el autor.
     Además, y tratandose del lugar de residencia de muchas de sus novelas, no es extraño encontrar cruces de personajes, como sucede en ¡Absalón, Absalón! con Quentin Compson de quien conoceremos acontecimientos posteriores gracias a El ruido y la furia. Evidentemente no es el único caso, pero privar al lector faulkneriano de descubrirlo, sería un crimen.


sábado, 26 de mayo de 2018

Los premios literarios


     El tema del prestigio de los premios literarios entre los lectores está más que leído y hablado, cada vez que se otorga un premio (que últimamente viene siendo cada pocos días), salen voces críticas. Hablemos pues de los premios.

     Cabe distinguir en primer lugar entre aquellos que se otorgan a los libros ya publicados, que son los menos, y los que se otorgan en mitad de una larga parafernalia de supuestos secretismos a un título que aún no ha visto la luz. Y es que, en según que momentos, el lector no tiene claro si asiste a la concesión de un premio o a una suerte de disco con filtraciones incluidas que se ve orquestada con el único objetivo de captar atención y, de paso, un poco de publicidad gratuita.
     De estos segundos distinguiremos los que llevan un respaldo institucional de los privados. Es curioso además que en el caso de los primeros, su montante sea inferior al de algunos premios privados. Pero es en ellos en los que podemos centrar nuestras críticas, ya que si el premio viene avalado por una empresa privada, es lógico que los intereses a la hora de otorgar dicho premio, trasciendan lo literario.
Tenemos que tener en cuenta un detalle, y es que las editoriales y la cultura, aunque el pirateo nos haga olvidarlo, han de dar de comer a quienes trabajan en ello, incluidos los señores editores. Así que es muy lícito que un señor que tiene su empresa, valore a la hora de juzgar un título, no solo el mantener una calidad que le sostenga en las listas de ventas, sino también una temática o incluso un firmante, que ya parta con un punto de favoritismo entre un determinado porcentaje de los lectores. Entendido esto, es muy fácil comprender que la creación de Premios literarios tiene mucho de marketing ya que no son pocos los medios que se hacen eco de ellos y un título que hubiera podido pasar desapercibido hasta llegar a la mesa de la librería y depender únicamente del boca a boca, llega con un apoyo de prensa y medios que hacen que los lectores reconozcan el título a simple vista. De hecho, en más de un caso, son la puerta de acceso a grandes editoriales para autores hasta ese momento desconocidos que se deciden con más esperanza e ilusión que estadística a su favor, presentar su obra a cualquiera de ellos.

     Supongo que por eso que últimamente parece que cada mes se otorguen al menos un par de estos premios que van con una editorial detrás que ofrece al emocionado ganador, no sólo la oportunidad de ser leído (o no según algunas malas lenguas) por un jurado formado por escritores ya encumbrados, sino también la publicación de la obra por parte de la editorial y una cantidad económica que será entregada en concepto de adelanto sobre ventas del citado título. Es decir, que el ganador se ve con una novela anclada a la editorial que lo respalda y con un adelanto en el bolsillo, que eso no es un premio no lo olvidemos, que muchas veces se corresponde con un porcentaje inferior al habitual a restar por cada libro vendido una vez salga a la venta. Si a eso le sumamos que, asumido el baremo diferente que pueden tener estas empresas, es difícil creer que los libros sean leídos realmente, empiezo a dudar si el término premio viene a ser muy adecuado a este tipo de galardones que lo único real que otorgan al escritor que se los lleva es una visibilidad, y en muchos casos una tirada, muy superiores a las habituales. Supongo que para conocer bien esto, deberíamos saber hasta qué punto influyen los intereses en los jurados. Aquí que cada cual piense lo que considere oportuno en función de sus ideas y experiencias. Decía Caballero Bonald hace ya años, que "los premios no pactados, son los modestos" y esto tal vez sea cierto o sea una de las causas que más susceptibilidad generan en la credibilidad de aquellos premios cuyo montante se vuelve casi astronómico. siendo justo estos de los que más dudas tiene el público una vez se abre el sobre que da a conocer el premiado con el ilustre galardón. Quizás por eso, el Premio Goncourt dotado con 50 francos en su día y que hoy, pese a ser en euros, mantiene la cantidad equivalente, sea uno de los que más prestigio han alcanzado entre los lectores.

     Abierta la veda y con las susceptibilidades debidamente expuestas, ¿cuál es vuestra opinión sobre los premios literarios?

jueves, 24 de mayo de 2018

Un andar solitario entre la gente. Antonio Muñoz Molina


     "Escucha los Sonidos de la Vida. Soy todo oídos. Escucho con mis ojos. Escucho lo que veo en los anuncios y en los titulares de los periódicos y en los carteles y letreros de la ciudad. Voy viajando a través de una ciudad de palabras y voces. Las voces hacen vibrar el aire y llegan por mi oído interno al cerebro convertidas en impulsos nerviosos. Las palabras las oigo al pasar o cuando alguien se queda un rato a mi lado hablando por un teléfono móvil o las leo en cualquier lugar o en cualquier superficie hacia la que mire, cada pantalla. Las palabras escritas me llegan como sonidos de voces, notas que leo en una partitura, a veces queriendo distinguir varias palabras simultáneas, deducir las que no oigo porque se han alejado muy rápido de mí o porque las borra un ruido más fuerte. Las diferencias en las tipografías forman una incesante polifonía visual. Soy una grabadora en marcha, oculta en el teléfono futurista de un espía de los años sesenta, en el iPhone que llevo en el bolsillo. Soy la cámara que quería ser Christopher Isherwood en Berlín. Soy una mirada que no quiere distraerse ni para un parpadeo. El bosque tiene oídos, dice al pie de un dibujo del Bosco. Los campos tienen ojos. En el interior del tronco hueco de un árbol fosforecen en la oscuridad los ojos amarillos de una lechuza. Un árbol corpulento tiene dos orejas grandes como de elefante que casi rozan el suelo. Una escultura de Carmen Calvo es un gran portalón viejo de madera tachonado de ojos de cristal. La puertas tienen ojos. Las paredes oyen. Los enchufes oyen, dice Gómez de la Serna".

     Decir a estas alturas que me gusta AMM es algo repetitivo ya que cualquiera que pase habitualmente por mi blog, lo sabe. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un andar solitario entre la gente.

     Antonio Muñoz Molina lleva tiempo introduciendo en sus libros un componente más privado, más introspectivo, casi reflexivo. Era ya patente en su anterior libro, en el que recordaba una época en Lisboa en la que escribió una de sus novelas más conocidas, y en este su último título lo es aún más.
La editorial nos habla de novela literaria y nos deja esa confusa sensación de quien no termina de comprender las diferencias entre las mil subetiquetas que van surgiendo en el panorama actual. Bien, leído el libro, yo afirmaría sin duda alguna, que no estamos ante una novela.
     Lo primero que me parece interesante es el concepto paseo, ese caminar sin rumbo fijo por el simple placer de caminar por la calle con la mirada perdida saltando de un foco a otro, disfrutando del momento. Algo que sin darnos cuenta hemos ido perdiendo, caminando siempre con un destino marcado y muchas veces con el tiempo justo. Y, por supuesto, inmersos en nuestras vidas y teléfonos, sin darnos cuenta de qué o quién nos rodea. Y en eso se basa AMM. En un narrador que sigue a un paseante cualquiera en una ciudad cualquiera y se va fijando en cada letra, en cada señal, cada camino. No llegamos a conocer su nombre, ni el del paseante, ni necesita decirnos la ciudad o caminos que toma cada vez, pero tampoco importa porque todos paseamos sin fijarnos por dónde caminamos. Solo que el autor se luce sacando toda su sabiduría literaria y comienza a hacer pasar ante nuestros ojos la literatura ajena, Pessoa, Whitman, todos escritores, todos observadores reales o imaginarios de sus propias ciudades literarias.
     Poco a poco nos vamos encariñando con ese narrador que nos dice en qué se fija y lo que nos perdemos, que nos enseña esos pequeños placeres en los que no reparamos y que tal vez fueran los que él un día olvidó.

     Todo esto es el libro de AMM, inclasificable porque no es una novela, y tampoco es un ensayo, es más bien el monólogo de un cerebro ágil que se deja divagar página tras página convirtiendo la lectura en una delicia estilística no apta para todos los públicos. No por lo complicado, sino por la deriva y es que hemos perdido el placer de leer por el simple hecho de disfrutar de las palabras. Parecemos necesitar que algo sea rápido, o mejor trepidante, que enganche y le damos un plus en nuestro smartphone si es adictivo... y  aquí el autor, al igual que su narrador, se ha dedicado a una literatura para paladear, para reparar en las formas, en las frases largas, los párrafos con esos tonos tan personales que el autor ha sabido ir cultivando en el tiempo. Tal vez por eso hoy mi fragmento se ha extendido más allá de lo habitual. Pero cuando a una le gusta la voz que habla, lo que menos desea es silenciarla.

     Un andar solitario entre la gente es una joya en sus formas capaz de hacer disfrutar a cualquiera que se atreva a dedicarle su tiempo. Hay muchos autores, pero no tantos escritores: Antonio Muñoz Molina, lo es.

     He confesado con poco pudor que me gusta mucho AMM, ahora vosotros, ¿podéis decirnos un escritor que os guste por encima del resto?

     Gracias.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Historia de la violencia. Édouard Louis


     "Así que, unas horas más tarde de eso que la copia de la denuncia que guardo doblada en cuatro en el cajón llama tentativa de homicidio, salí de casa y bajé la escalera".

     Siempre me han atraído los segundos libros, aquellos que se publican tras un gran éxito ya sea de ventas o de crítica. Incluso más si el éxito es de ambas cosas. Porque es ahí donde el escritor se la juega, donde intenta no ser aplastado por su anterior éxito. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Historia de la violencia.

     En esta novela el autor nos relata como en las Navidades de 2012 volvía a casa tras una fiesta cuando conoció a un hombre llamado Reda. Hablaron y le invitó a su casa. Horas después, este hombre le atacó, le violó e intentó estrangularlo.

     Al igual que en Adiós a Eddy Bellegueule, Louis nos habla de un hecho que le sucedió a él. Él sufrió una agresión y, de hecho, su agresor fue detenido cuatro años después del suceso y estaba en la cárcel aún mientras Louis hablaba de ello en este libro. Y, como suele ser habitual, han salido voces poniendo en duda su historia. Algo terrible y habitual que, a buen seguro, daría para muchas horas de conversación.

     En su novela Édouard da voz a su hermana e incluso al propio agresor para relatar lo sucedido. Una mirada hacia esa terrible noche en la que se trata desde la denuncia hasta los sentimientos posteriores en un libro que evita premeditadamente que el origen del agresor sea utilizado. Además no escribe de forma lineal sino que esos sucesos se ven fragmentados tanto por las voces como por los recuerdos a pedazos, y es casi imposible no tener la sensación de disección. Además, y pese a que haya más voces e incluso el propio Édouard se vaya alzando, el personaje de la hermana, Clara, es crucial en esta novela que arranca cuando el autor escucha de forma furtiva una conversación entre ella y su marido sobre lo sucedido. Édouard no encuentra la comprensión y el cariño en una hermana que parece dedicarse a hacer monólogos incapaz de mantener una conversación cercana con él. Y Louis aprovecha este suceso para diseccionar la violencia, la sociedad e incluso a él mismo. No podemos evitar sentir que busca un origen en lo sucedido esa terrible noche, y que lo hace no solo en su agresor sino en toda la sociedad. Pero no nos confundamos, Louis no está escribiendo sobre el perdón y ese tipo de comprensión piadosa que es tan habitual en los libros: comprender no significa perdonar.

     Estructuralmente ha jugado no solo con las voces o los saltos, con el lenguaje culto o muchísimo más vulgar de su hermana, lo que me ha gustado de verdad es descubrir las interrupciones que el propio autor realiza. Todo ello, además de un realismo palpable, otorga a la novela una veracidad y continuidad que dudo mucho hubiera podido lograr en el caso de limitarse a una narración lineal. Hace que, si bien evita mostrarse crudo, el lector llegue a estremecerse por todo los sentimientos que descubre la novela, consigiendo un efecto más contundente que en su primera obra.

     En Historia de la violencia Louis parece reafirmarse como un escritor de lo real y también de lo incómodo. Muestra realidades que muchas veces no miramos  prejuicios y situaciones enraizadas que se ocultan bajo las capas sociales más bonitas a a vista. Y vuelve a echar mano de eso que ahora se llama autoficción y que, reconozco, me gustaría que dejase de lado en su siguiente título. No los temas que trata, pero si ver como se expresa en un campo que no esté cercado por sus propias vivencias. en este caso estamos, no me cabe duda, ante una novela dolorosa.

     Y vosotros, ¿sois de los lectores a los que convence un buen libro o necesitáis más de uno para afirmar que os gusta un autor?

     Gracias.

martes, 22 de mayo de 2018

El último samurái. Helen DeWitt


"El padre de mi padre era pastor metodista".

     Vista la sinopsis tengo que reconocer que me sentí atraída por este libro desde el primer momento. Hoy traigo a mi estantería virtual, El último samurái.

     Conocemos a Sibylla, una mujer con una inteligencia extraordinaria, un trabajo precario y una vida un tanto disfuncional. Acude a una fiesta y conoce a un escritor famoso, no solo lo conoce, además tienen sexo y, el resultado de este sexo, es un niño llamado Ludo. Ludo posee una inteligencia extraordinaria y con 5 años es capaz de leer y manejarse en otros idiomas, siempre alentado por su madre, que cree poder aportar al niño mucho más que el sistema educativo, fomentando su curiosidad y su necesidad de saber. Sin embargo, hay un tema en el que la madre se muestra inflexible, Ludo carece de una figura paterna, ni siquiera conoce el nombre de su padre. En lugar de eso, intenta sustituir esta laguna poniéndole la película Los siete samuráis consiguiendo que marque el desarrollo de su hijo, un niño que, tarde o temprano, comienza la búsqueda de su padre..

     El último samurái fue publicada allá por el año 2001 bajo el título El séptimo samurái, ahora una editorial ha decidido darle vida de nuevo a esta novela. Una novela que la autora abandonó tras diecisiete meses de escritura y con una oferta sobre la mesa y que luego retomó, escribiéndola bajo el título El séptimo samurái pese a que cambió el título por el actual antes de que la novela viera la luz. Está claro que todo esto no es particularmente relevante para el libro, pero siempre me ha gustado conocer un poco la otra historia de las novelas, esa que no vemos en sus páginas.

     Estamos ante una novela de las llamadas Bildunsroman en la que somos testigos del crecimiento y desarrollo de un niño superdotado. La novela, que comienza mirando atrás en el tiempo y la familia de Sibylla, nos va dejando ver esa suerte de angustia que tiene una madre que descubre que la inteligencia de su hijo va más allá de lo normal, incluso de lo excepcional, y la responsabilidad que eso la echa sobre los hombros. La necesidad de proporcionar a ese niño las herramientas suficientes para que su desarrollo sea el adecuado y también cómo deja de lado el tema de la paternidad. Y sin embargo, el niño y su voraz necesidad de saber, van creciendo a lo largo de una novela que comienza con el foco centrado en la madre y que poco a poco va desplazando el centro de atención hasta que Ludo es el protagonista total y absoluto. Apenas nos damos cuenta del momento en el que el niño que aparece interrumpiendo a su madre se va adueñando de la historia, pero lo hace. Su desarrollo personal trasciende así al papel y nos involucra en su búsqueda de una figura paterna. Y si esto ya hubiera convertido a la novela en algo diferente, hay que añadir que somos testigos del avance del niño a través de sus logros, de la comprensión de idiomas, lecturas y de la siempre presente película de Kurosawa. DeWitt integra todo ello en la novela y además consigue que la lectura sea ágil y no se vea anclada en un mundo de referencias y traducciones que frenen la trama. Y eso en un libro que se llena de citas, idiomas, cambios de tipografía y de forma que, no solo aceptamos, sino comprendemos como necesarios para formarnos una opinión completa del mundo en el que vive y se desarrolla el personaje principal.

     Ludo, ese niño que, inspirado por la película, emprende con 11 años la búsqueda de su padre a través de siete padres potenciales. Hombres a los que se acerca y que resultan ser atractivos, peculiares o excéntricos pero que siempre están dotados de la fuerza suficiente en el conjunto del relato como para que sus historias vayan dejando alguna impronta en el niño. Y también una pequeña enseñanza sobre la paternidad o lo que debe de serlo.

     En El último samurái Helen DeWitt ha construido una novela excepcional. Y no es azar que haya utilizado la palabra construido ya que trasciende el argumento a las formas de este libro consiguiendo de este modo un "todo" que lo convierte en una novela redonda. No dejéis de leer a Helen DeWitt.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


sábado, 19 de mayo de 2018

Entrevista con Alfonso del Río


Fuente de la foto: twitter de Alfonso del Río
     La ciudad de la lluvia no es la primera novela de Alfonso del Río. En realidad es la segunda. Aunque la primera, Ioannes, se publicó en una editorial pequeña, sin repercusión, y hoy es casi imposible de encontrar. Así que para casi todos los lectores, esta ha sido la primera vez que leían algo suyo. Alfonso es abogado, padre, profesor en la Universidad del País Vasco y en la Universidad de Deusto. Si a eso le sumamos que le gusta practicar deporte, parece imposible que haya sacado tiempo para ser escritor. Con la repercusión que está teniendo La ciudad de la lluvia, es lógico que ahora muchos seamos quienes queramos saber un poco más de él, algo que le sorprende, según confiesa casi entre risas mientras recuerda una anécdota reciente en la que una persona le preguntaba por una actividad deportiva reciente que acababa de realizar ante la perplejidad de quien aún no es consciente de que su nombre está empezando a sonar más allá de su círculo habitual. La siguiente pregunta era lógica:

- Y la notoriedad en las redes, las menciones, los tuits, publicaciones, fotos... cómo lo llevas?
- Lo cierto es que no soy muy activo en las redes, me han tenido que ayudar un poco con eso y procuro ir mirando y hacerme con ellas y responder. Me gusta porque me permite saber qué opinan otros de lo que leen e intercambiar algunas pequeñas impresiones con terceros.
- Imagino entonces lo que ha supuesto que tu libro sea leído en la Yincana de twitter (una iniciativa a la que se apuntan lectores y participan tuiteando frases y pequeñas opiniones del libro elegido hasta finalizar su lectura y que está capitaneada por Kayena y tintaenvena).
- Si te digo la verdad estoy encantado. Me está dando la oportunidad de ver mi libro desde una perspectiva diferente. En mi caso, por ejemplo, desde que escribo la primera palabra de La ciudad de la lluvia hasta que lo doy finalizado pasan diez años. Es mucho tiempo y mucho trabajo para que la novela vea la luz. Luego llegan los lectores y te dicen "me ha durado dos tardes" y piensas; es genial... pero en el fondo también te queda algo de pena porque.. ¿dos tardes? De algún modo te hubiera gustado que les durase más, como si así pudieran disfrutar del libro más tiempo. Es complicado de explicar porque chocan esas dos sensaciones que te gustaría que el lector percibiera.
Ahora han llegado con la lectura en la yincana y, como escritor, estoy encantado porque me perite ir compartiendo cada momento de lectura, cada frase que escriben de la novela porque ha sido especial para ellos es distinta, algunas me sorprenden y todas ellas me están dando una perspectiva nueva de mi libro. Lo cierto es que, como experiencia, está siendo fantástica.
- Hablas de diez años para escribir esta novela, ¿me puedes contar un poco más cómo ha sido este tiempo?
- En realidad yo llevaba tiempo queriendo hacer algo. Era una sensación extraña porque sentía que me faltaba hacer algo que me hiciera sentir mejor, realizado, y no sabía qué era, me faltaba ese algo. Entonces un día escuchas a un escritor decir que escribe no por dinero sino por necesidad y sin pararme a pensar en más llegué a mi casa, crucé la puerta y le dije a mi mujer, con la que llevaba casado aproximadamente un año: ya sé lo que buscaba, lo que quiero es escribir.
Y así fue como empezó todo. De hecho recuerdo que mi primera frase era muy alambricada, algo así como "La neblina de la madrugada no era capaz de soterrar...." Una frase enorme, larguísima. Hoy hubiera escrito "amaneció" o, como en mi novela: "Es de noche". En aquel momento fue una amiga correctora, Amaia, quien me leyó y creyó en mi y en mis historias y me ayudó mucho.
Así es como llego a una primera versión de la novela y la dejo reposar porque al leerla me doy cuenta de que la historia está ahí pero hay algo que le falta y no soy capaz de saber qué hacer para solucionarlo. No estaba satisfecho con ella como lector pero e faltaban las herramientas necesarias como escritor. Es en ese tiempo en el que reposa La ciudad de la lluvia en el que escribo Ioannes.
- ¿En qué momento la retomas?
- En 2014, y ya no la dejo hasta ahora. completo la documentación, me informo a través de personas que conozco y que me dicen, por ejemplo, que para que un personaje tenga fuerza y verosimilitud, necesita una biografía completa, aunque luego no la utilices en la novela.
- Escribes una novela con dos hilos temporales que levan una fuerte marca en la historia, ¿cómo consigues escribir una historia en Alemania en los años cuarenta y que no se convierta en otra historia sobre nazis?
- Mi novela en realidad no es una novela histórica solamente, es una mezcla. aunque es cierto que está ambientada en tiempo pasado. La parte de Alemania necesitaba aligerarla precisamente para evitar eso, que se convirtiera en otra historia sobre nazis, y la única manera que tenía de conseguirlo era convertirla en un hilo más intimista. La visión y opinión de el Extranjero hacia lo que está sucediendo. Esas reflexiones que hace sobre lo inevitable... en realidad no es solo por conocerle, también estaba evitando una novela de guerra más. Porque no era ese el tema.
- Y con Bilbao pasa un poco lo mismo, el año 1983 es una elección valiente ya que, suceden tantas cosas en la ciudad, que corrías el riesgo de que el momento se comiera la trama.
- Sí, el año 1983 es un año clave para saber un poco más sobre Bilbao y sobre España. Uno puede leer la novela y salir conociendo un poco más de la historia, aunque reconozco que no meto mucho porque no quería parar la trama de la novela. Hay que buscar un equilibrio, pero uno no puede escribir una novela en la historia reciente de Bilbao y no elegir ese año, porque es un año que lo tiene todo.
- Hablas de la trama y del contexto, ¿esos son los ingredientes básicos para ti de una novela?
- Una novela está formada por la trama, el contexto o ambientación y los personajes. Todas las partes son importantes y hay que mimar a cada una de ellas.
Ahora parece que muchas novelas escribas "para enganchar" al lector hacen de la trama el elemento más importante descuidando al resto y permitiendo que se coma al contexto y también al personaje. Y se inventan cosas en el contexto y no pasa nada, pero yo le quise dar la misma importancia a todo incluyendo grandes dosis de realidad mezcladas con la trama y otorgando una vida propia a cada uno de los personajes de la novela.
- Esto seguro que te lo han preguntado muchas veces ya, pero, ¿por qué fútbol en una novela negra que no trata sobre fútbol?
- Soy socio del Athletic, pero no por ser un forofo del fútbol, sino porque me gusta esa idea romántica de la costumbre en las ciudades de seguir a su equipo. Son cosas que están metidas en nuestra sociedad y que, muchas veces, unen a la gente más que políticas y banderas. En el año 1983 las gentes de Bilbao estaban divididas y esa victoria del Athletic les unió, no podía no contarlo.
En cuanto a por qué incluir el fútbol, supongo que por esa necesidad de aporta algo. Yo no pertenecía al mundo literario y no había leído sobre un futbolista que hiciera de investigador, además conozco a gente dentro del mundo del fútbol como del Bosque que son personas cabales que se toman el reconocimiento popular que tienen como una responsabilidad y no como un privilegio. Y también quería poner un poquito de este tipo de personas  inteligentes y cabales en mi libro, mi pequeña aportación para la que he contado con la ayuda de del Bosque y Segurola. De todos modos, no es una novela sobre fútbol, como bien dices.
-¿Qué fue primero, la idea de la novela o la fotografía?
- La novela, la fotografía llegó después (pero esto no lo voy a desvelar aquí porque sería contar demasiado de la novela. Sin embargo quien lo haya leído entenderá perfectamente la pregunta).
- Por muchas cosas que hemos hablado me pareces un romántico, ¿lo eres?
- Pues no me lo había planteado, pero supongo que sí. Si quieres escribir un libro con alma, tienes que ser un romántico. Y si escribes porque sientes la necesidad de hacerlo, también, porque esa es la única forma de conseguir que tus letras transmitan algo al lector.
- He leído que donas parte de lo que recibes de las ventas de la novela, ¿me puedes explicar un poco cómo llegas a tomar esa admirable decisión?
- La tomo con mi mujer, como hago todo. Como decía antes, para mí escribir es una necesidad, algo que hago por mí y no por el rendimiento económico que crea que puede llegar a darme. Es evidente que quiero vender el mayor número de libros posible, por llegar al mayor número posible de lectores, pero no quiero depender económicamente de la literatura, porque ello significaría quizás perder esa parte que me aporta ahora escribir y que es cubrir el vacío que yo sentía antes de comenzar a hacerlo. Esa es la parte realmente importante para mí, escribir porque lo necesito, sin una fecha a la vista, sin convertirlo en una obligación. Así que mi mujer y yo nos sentamos y decidimos que una parte sería para el futuro de nuestros hijos y otra iría a Caritas y otros proyectos como la Fundación Síndrome de Down.
- Por último me gustaría saber qué estás leyendo en este momento.
- Estoy leyendo El libro de los Baltimore.

     Tengo que dar las gracias a Alfonso por su predisposición a hablar conmigo ya que en estos momentos está en plena promoción y hay ferias por todas partes con los compromisos que eso supone.
     Y gracias también a todos los que pasáis por aquí.

jueves, 17 de mayo de 2018

Amores contra el tiempo. Dolores Conquero


     "A lo largo de la historia, la mujer ha debido hacer frente a muchas situaciones injustas. Algunas, al menos en Occidente, ha logrado revertirlas con no poco esfuerzo. En pleno siglo XXI podemos ser dueñas de nuestra visa, ser completamente independientes, tener hijos sólo cuando lo deseamos. También podemos amar (en teoría) a quien queramos (...). Y, sin embargo, hay prejuicios que siguen ahí, más o menos soterrados pero listos para salir a la luz en cuanto nos descuidamos".

     Conocí este libro por recomendación directa y, como suelo hacer en estos casos, no tardé mucho en perderme entre sus páginas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Amores contra el tiempo.

     Amores contra el tiempo reune nueve historias de amor sin edad en las que la mujer era mayor que el hombre.

     Dice Dolores Conquero en la introducción de Amores contra el tiempo, que hay muchas situaciones en la sociedad que no son justas para las mujeres, y una lo lee y piensa: menuda novedad. Y es cierto que ahora vivimos en un momento de protesta contra machismos, micromachismos y discriminaciones basadas en el sexo, pero hay algunas que se nos pueden escapar. Y una de ellas, es la opinión generalizada que hay cuando una mujer se empareja con un hombre muchos más joven que ella. No nos engañemos, no está normalizado socialmente y no opinamos igual si es el hombre el que acaba con una mujer más joven a si es una mujer. En realidad, y esto ya es opinión propia, en cualquiera de los dos casos, la que sale malparada es la mujer, si nos atenemos a los comentarios habituales que se escuchan en la calle en estos casos.
     Conquero hace esta reflexión, a mi parecer acertadísima, para presentarnos nueve historias de amor contra el tiempo. Nueve casos en distintas épocas en las que el amor no miró calendarios y distintas mujeres se enamoraron de hombres más jóvenes que ellas. Compone con ellas un abanico de relatos históricos, con momentos conmovedores pero en ningún caso almibarados, en los que comprenderemos esos sentimientos que nacen entre las protagonistas.

     Comienza además, con  un beso, el que la joven de veinticinco años Diana de Poitiers, da en la frente a un Enrique de 6 años atemorizado que se agarraría a ese beso durante mucho tiempo y daría pie a un amor en el que la autora nos revela no solo los sentimientos, sino también las costumbres y diferencias entre los sexos y las clases sociales. De la historia de Victoria de Inglaterra ha mirado no sólo su amor, también su origen e incluso las habladurías debido a la posición de su amado/amante o amante/amado. Pero si una me ha sorprendido, ha sido la historia de Marie Curie. De ella conocía no solo sus logros, sino también el amor que sentía poor su marido y la desolación que sufrió al enviudar. Recuerdo además haber leído no hace tanto a Rosa Montero en La ridícula idea de no volver a verte sobre esa historia de amor y pérdida. Quién me iba a decir a mi que el consuelo de Curie, y de algún modo también el mío como lectora, llegaría meses después de mano del libro de Dolores Conquero. Quizás por eso esta ha sido la historia que más me ha gustado.
Encontramos también a Coco Chanel entre las páginas del libro y seguimos avanzando hasta Agatha Christie, Gala y su amado Dalí, la Pasionaria...  y es que estos amores en el tiempo son también amores que se van haciendo contemporáneos, algunos de sobra conocidos por casi cualquiera, pero vistos un poco más en profundidad.

     El resultado es no sólo un libro ameno que da detalles y curiosidades de nombres conocidos, ya sean realeza o no. Más allá de eso, es un recorrido por la historia ante una situación repetida que muestra también las reacciones y relaciones que se producen en los entornos cercanos de las que protagonizan cada capítulo. Amores contra el tiempo radiografía así una conducta, la de la sociedad que critica, frente a los sentimientos de quien ama. Y uno no puede evitar cerrar el libro con la sensación de que hay muchas cosas enquistadas en nuestra sociedad que ya ni siquiera percibimos pero que hacen que este libro lleve en su título un "contra".

     Me ha gustado leer a Dolores Conquero. Y me ha gustado leer sobre personas conocidas.

     Y vosotros, ¿preferís ficción o también os adentráis en libros que cuenten sucesos reales?

     Gracias.

martes, 15 de mayo de 2018

Lincoln en el Bardo. George Saunders


     "El día que nos casamos yo tenía cuarenta y seis años y ella dieciocho. Vale, ya sé lo que están pensando ustedes: un hombre mayor (no precisamente flaco, un poco calvo, cojo de una pierna y con dientes de madera) ejerce su prerrogativa marital para horror de la pobre jovencita... Pero eso es falso".

     Conocí a Saunder, como todo el mundo, por sus fantásticos relatos. Eso hizo que, en cuanto descubrí que había escrito una novela, me lanzase a por ella, y así fue que ni siquiera esperé a la traducción para descubrir lo que era capaz de hacer Saunders en este género. El resultado fue espectacular, tanto que he repetido lectura en castellano también en cuanto ha llegado a nuestro mercado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Lincoln en el Bardo.

    El 20 de febrero de 1862 Willie Lincoln, hijo de Abraham Lincoln, muere a causa de fiebre tifoidea. La nación está en guerra, una cruenta Guerra Civil, y sus padres están celebrando una recepción mientras su hijo se encuentra en el piso superior. Es evidente que, aunque fueran empujados a celebrar esa recepción, serían criticados por hacer una fiesta, no solo estando en guerra, sino con su propio hijo a las puertas de la muerte. Willie es enterrado en Oak Hill y allí será visitado por Abraham Lincoln, antes padre que presidente, para llorar su muerte sin saber que al hacerlo, está anclando a este mundo el espíritu de su hijo y los peligros que eso conlleva. El cementerio en sí es un patio lleno de espíritus que iremos conociendo.

     Empezaré explicando que la palabra "bardo" significa estado intermedio. De gran importancia para los tibetanos, para ellos es ese estado que se produce entre la muerte y la transición a una nueva vida. Por eso es tan importante explicar esta palabra para hablar de la novela, porque es el eje central, el Bardo en el que Lincoln se encuentra rodeado de espíritus que parecen no haber sido capaces de avanzar, de aceptar su propia muerte, y entre los que se encuentra su hijo, anclado a este mundo por el dolor de su padre. Y sin embargo es un libro que va mucho más allá de una novela de fantasmas, pese a estar plagada de ellos.

     Saunders parte en esta novela de una situación histórica real para sumergirse en un experimento literario extraordinario. Y eso que reconozco que siempre me aterra leer que una novela es un experimento literario. Si soy sincera, no encuentro una forma mejor de describir este. Y además me ha parecido un acierto el enfoque, ya que escribir sobre un personaje como Lincoln supone escribir sobre alguien de quien ya se ha escrito todo. Es necesario por tanto ofrecer algo nuevo que provoque que el lector sienta ganas de leer. Y Saunders no ha tenido miedo en hacerlo en esta novela que se llena de voces y citas mezclando sucesos y opiniones reales con otros ficticios para darnos una imagen de un hombre doliente en una nación que está pasando un momento igualmente doliente. No representa por lo tanto a un presidente admirado, sino a un hombre que sufre tanto en su faceta pública como en la privada.
     Juega el autor a convencernos en su fantasía casi delirante a que tras la muerte, si uno se queda en este mundo, la cosa se complica para el espíritu. De hecho, aquellas cosas que nos dejamos en la vida, se reflejan en el estado de nuestro espíritu. Y lo hacen con deformidades, con taras que pueden llenarnos de ojos o dejar a la vista aquello que no consumamos antes de morir. Y en el caso de los niños, en lugar de dejar que descansen en paz, inocentes, la consecuencia de quedarse en este mundo es incluso peor. Una terrible y dolorosa transformación es la espada que tiene el joven Willie sobre su cabeza sin que su padre lo sepa y sin que sospeche, ni mucho menos, la responsabilidad de su amor en ello. Quizás por eso, dos de los espíritus, los más importantes en la narración, llamados Bevins y Vollman intentan que Lincoln deje de acudir a ver a su hijo olvidando que son espíritus y no pueden ser escuchados.
      Vayamos ahora con el resto del "experimento" de Saunders. Tenemos entre mano un libro polifónico en el que todos tienen derecho a hablar y cada fantasma tiene su historia. Lo salpica además de notas y testimonios reales y ficticios de los sucesos en la época, consiguiendo con todo ello una suerte de retrato de grupo fascinante que se mete debajo de la piel del lector. Y es que no es este un libro fácil, pero si es un libro que se lleva dentro en el que cada testimonio se llena de detalles en los que podemos fijarnos para emplazar cada personaje en su contexto obteniendo con el retrato del grupo una visión completa de aquello que el autor nos está transmitiendo. Cada testimonio, a modo de aquellos cuentos que dieron a conocer a Saunders, es el relato completo de un fantasma, ya sea propietario de esclavos o soldado y ninguno de ellos parece librarse de un toque de humor negro, y también, por qué no decirlo, de la crudeza en las letras del autor.

     Por si no ha quedado claro me ha fascinado la lectura de Lincoln en el Bardo, una novela de apegos aunque no lo parezca y de duelos, de luchas tanto internas como externas que gira alrededor de la vida y a muerte situando la figura de uno de los presidentes más conocidos de Estados Unidos que se debate entre la desolación por la muerte y la necesidad de ganar una guerra que, como todas, estará llena de muertes. Podría decir mucho más sobre la novela de Saunders y es que, es uno de esos libros sobre los que uno parece no terminar de hablar nunca. Así que solo una cosa más: leedlo.

     Como comentaba antes, hay personajes sobre los que parece estar ya dicho todo y eso hace que muchos lectores sientan pereza a la hora de acercarse a ellos, ¿os sucede a vosotros con los libros protagonizados por nombres muy conocidos?

     Gracias.

viernes, 11 de mayo de 2018

La ciudad de la lluvia. Alfonso del Río


     "Es de noche. Una figura, difuminada por una cortina de lluvia, avanza. Camina lentamente, ajena al temporal del que el resto del mundo ha huido. Gabardina larga, traje oscuro, sombrero negro y zapatos italianos. Empapado, el hombre parece disfrutar del paseo a pesar de todo. Su paso es pausado pero constante. Solemne pero decidido. No puede volver la vista porque eso supondría introducir una duda en lo que ha dejado atrás. El pasado no cuenta... no debería contar. Solo puede seguir avanzando".

     Los libros nos llegan por otros lectores. Este me lo recomendaron desde dos voces diferentes de las que me fío: Alba y Montse. Así pues, hoy traigo a mi estantería virtual, La ciudad de la lluvia.

     Conocemos a Alain Lara en Bilbao, corre el año 1983 y, tras la muerte de su abuelo encuentra una fotografía que le es desconocida. Sin embargo cuando descubre que otra de las personas que aparecen en la imagen ha fallecido en la misma época que su abuelo, algo se mueve en su interior y decide investigar. Conocemos también a El Extranjero, pero lo hacemos en Berlín en 1941, un hombre que entablará relación con los nazis para vender una máquina. Y finalmente conocemos a David, un brillante abogado que desde el Bilbao de 1983 nos irá relatando su historia.

     Vista la novela así parece inconexa, pero es evidente que todas las tramas convergen y el autor nos deja clara la pista: la fotografía. Lo único que le resta al lector es descubrir lo que se esconde detrás.
      Separadas las partes hay que decir que, si bien el autor ha buscado contextos interesantes y conflictivos, ya sea el nazismo en Berlín o ese año 83 de inundaciones y ciudad dividida, ha conseguido equilibrar la ambientación con la fuerza que le ha dado a los personajes. No ha sacrificado el realismo, de hecho introduce algún personaje real, pero serán los protagonistas quienes lleven todo el peso de la historia. En mi caso me quedo con El Extranjero y la trama de espionaje, la guerra, el pasado...  es redonda. En cuanto a la parte más actual, y dejando de lado cualquier pista que pudiera deslucir vuestra lectura, me sorprendió encontrarme con un protagonista futbolista que se dedicara a investigar. Y no, no temáis los que no sois aficionados al fútbol porque la novela no versa sobre ese deporte, pero sí sobre el peso social que puede llegar a tener en el entorno, y el autor además, nos regala alguna anécdota en su libro.
     No he hablado de los personajes femeninos, también perfectamente perfilados aunque con menos importancia en la historia. Sin embargo me gustaría destacar aquí a María. Y, como no todo es destacar, el personaje de David es el que menos me gustó, demasiado brillante para mi gusto y es que, en general, me atraen los personajes con defectillos que los humanicen y es lo único que he echado en falta en la novela. No obstante, el autor lo suple y es cierto que todos ellos logran el status de tridimensionales sin demasiado esfuerzo por nuestra parte.

     Suele suceder con las novelas que se mueven en distintas tramas, y más si alternan espacios temporales y localización, que el lector se siente atraído por uno de los hilos desarrollando predilección por una de las historias frente a las demás. Podría decir que no ha sido así, pero es inevitable, y en mi caso, desde las primeras páginas, me preguntaba por qué David estaba contando su historia. No significa eso que el resto no me hayan interesado, al contrario, pero curiosamente el personaje que menos simpatías me despertaba, era el del hilo que más me atrajo desde las primeras líneas.
     
     La ciudad de la lluvia es una novela que, mezclando hilos distintos y varias tramas, se antoja sencilla de leer y teje su historia hasta cerrarla sin fisura alguna mezclando el género negro, la novela de espionaje y la histórica para llegar a una resolución impecable a gusto del lector más exigente. Me ha gustado conocer a Alfonso del Río. Repetiré.

     Y vosotros, ¿también os pasa en las novelas con varios hilos que hay uno que os interesa por encima del resto?

     Gracias.

   

jueves, 10 de mayo de 2018

La mujer singular y la ciudad. Vivian Gornick


     "Leonard y yo estamos tomando café en un restaurante del Midtown.
     - Bueno -empiezo-, ¿cómo va la vida últimamente?"

     Leí Apegos feroces y me gustó, pero no me emocionó tanto como parecía que había conseguido con otros lectores. Pero me dejó con ganas de más, de volver a intentarlo. Por eso me alegré de la salida de este título y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mujer singular y la ciudad. 

     Seguimos conociendo a Vivian, aunque nos advierte que no todo es tal y como lo explica y que fusiona personas, pero es Vivian la que nos cuenta su vida, como ya hiciera en Apegos feroces, pero esta vez nos habla de otras personas, de su amigo Leonard, de sus relaciones, de gente con la que se tropieza, y de las conversaciones que escucha allá donde vaya.

     Digo que continúa de Apegos Feroces porque Gornick continúa contándonos su vida en ese cruce entre un monólogo y una anécdota divertida o curiosa de algo que le sucedió. Recuperamos a su madre y también a algún que otro personaje, y conocemos a Leonard, su amigo. Ese tipo de amigo que siempre está, incluso cuando no lo hace, al que se recurre como tabla y al que no se le necesita contar. Gornick sigue empeñada en no poner fecha a sus fragmentos de vida y deja asomarse también aquí a su madre, protagonista absoluta de su primera novela. Y nos relata las calles de su ciudad, con sus barrios bulliciosos y comportamientos extravagantes. Personas que parecen empeñadas en no interesarse por lo que les sucede a otros. Nos habla de sinceridad en las relaciones y se desnuda a la hora de contarnos lo que esperaba de la vida y del amor. Gornick parece empeñada en ser sincera pero sigue cojeando a la hora de representar un mundo sin apenas tecnología, incluso aunque lo intuyamos en fechas más cercanas. Y eso acaba siendo un velo entre la historia y el lector. Un velo que se persona, porque Gornick nos atrae con fragmentos y citas literarias. Van desfilando escritores, unos más conocidos que otros, que se suman a las reflexiones sobre las relaciones humanas. Apegos feroces fue su primer título y este bien hubiera podido ser apegos relativos. Y el apego del lector a Leonard, el amigo gay que se vuelve gruñón, casi áspero con los años y con el que tan bien se entiende nuestra protagonista. Un hombre que pasa la vida buscando sacarse la espina que lleva dentro y que, una vez lo consigue, espera hasta encontrar otra espina para tener un nuevo objetivo que tal vez sea el mismo. Y ella mientras tanto se pelea con la aventura de ser mujer y situar la importancia relativa o absoluta que tiene para ella el amor. Y no hace un recorrido del todo desacertado sobre la importancia que se le daba no hace tanto tiempo, aunque pueda chocar para la edad que tiene en nuestro país su situación como doble divorciada.

     Al final, y con un ritmo de goteo constante, Gornick está dejando en su obra un retrato social a través de la autoficción y es que su vida, al final, no se aleja tanto de las de aquellos que la rodean. Cuenta por ejemplo que nadie se presenta voluntario para pagar el billete a un anciano, y vemos mientras tanto que ella tampoco lo hizo. No es buenista, no se separa, ella es una más. Amigos que van y vienen, bufidos a destiempo, risas, recuerdos de la infancia, guerrillas filiales con su madre y mucha, mucha nostalgia en este libro que se lee en apenas dos tardes y se digiere durante los días posteriores a su lectura. Descubrimos así que la autora y protagonista, nacida hace más de siete décadas, es una mujer fuerte, ejemplo para muchas sin lugar a dudas, a la que se intuye un deje de soledad en muchos momentos, pero ninguno de tristeza por el hecho de estar sola.

     Me gusta Vivan Gornick, la admiro casi más por lo que relata que por lo que escribe, pero lo cierto es que me gusta. Y que la seguiré leyendo. De algún modo me recuerda a mujeres que tuve en mi familia y que lucharon desde su lugar por ser ellas mismas. En la forma que fuere. Eso es ser mujer.

     Y vosotros, ¿habéis sucumbido ya a Vivian Gornick?

     Gracias.


miércoles, 9 de mayo de 2018

Muertes pequeñas. Emma Flint


     "Las escasas noches en las que consigue conciliar el sueño, vuelve a ponerse en la piel de la mujer que fue".

     Soy una superficial, lo reconozco, y los libros de Malpaso me parecen tan bonitos que los miro todos por si alguno me atrae y puedo sumarlo a mi colección de contralomos coloridos en mis estantes. Hoy traigo a mi estantería virtual, Muertes pequeñas.

     Conocemos a Ruth Malone cuando ya ha pasado tiempo. Pero ella misma nos dice que no puede evitar recordar lo sucedido, y así es como nos cuenta su historia. En julio de 1965 en el transcurso de una calurosa noche, los hijos de Ruth desaparecen. Ella vive la situación como madre divorciada, sumida en un shock mientras se desespera por dentro. El público en cambio solo ve su afición ala bebida y los hombres, la situación en la que vive, se siente juzgada. Peter Wonicke un joven que comienza a hacer carrera como periodista sigue el caso hasta obsesionarse, y empieza a pensar que tal vez se esté juzgando a Ruth con demasiada severidad.

Este libro está basado en una historia real, la de Alice Crimmins, y lo hace de una forma fiel hasta que termina derivando en la ficción. Permitidme que os presente:
Esta mujer es Alice. En el año 1965 sus hijos desaparecieron sin dejar rastro para aparecer muertos, y esta es la estela que sigue la novela de Flint, la de una mujer que se vio juzgada en cada gesto, y observada con lupa por una sociedad católica que no veía bien que no fuera a la iglesia ni tampoco que tuviera parejas sexuales estando divorciada y con dos hijos a cargo. En su momento fue un revuelo y así lo explica Flint en su novela que, si bien se ha permitido ciertas licencias, consigue que el lector sienta la presión de los prejuicios estrechándose en torno a la mujer que ha perdido ya a sus dos hijos. El público, parece decirnos Flint, es el juez más cruel.

     Sentimos la angustia de la madre y también la mirada cambiante del periodista que comienza buscando la historia que le de el empujón definitivo y acaba obsesionado con lo sucedido. De hecho me parece interesantísima la deriva que toma este personaje. Hace ya más de treinta años, este caso fue novelado por la reina del misterio Mary Higgins Cark bajo el título ¿Dónde están los niños? pero si tengo que ser sincera, me quedo con la versión de Flint, mucho más solvente a la hora de abrir dudas en el lector al mismo tiempo que se las va planteando Wonicke, haciendo que bailemos entre la pena y la indignación en una historia a la que os recomiendo llegar sin conocimiento previo y que también os recomendaría buscaseis después en la red para conocer el estado actual.


     Muertes pequeñas es una historia que se aleja del tono conmovedor porque huye de los sentimentalismos en los que suelen caer las historias que involucran a niños. Aun así es a ratos dura de digerir ya que la mirada de la autora es severa y fija en su objetivo permanente de mostrar lo sucedido, y no llega a abusar de su dureza así que el lector no se inmuniza ante sus palabras. Me ha gustado, pierde brillo en algunos momentos y me hubiera gustado que desarrollase más la última parte, pero he disfrutado con su lectura. Mucho.

     Y vosotros, ¿sois superficiales a la hora de elegir libros?

     Gracias.

martes, 8 de mayo de 2018

Muerte con pingüino. Andrei Kurkov


     "Misha había aparecido echez Viktor hacía un año, cuando el zoo estuvo repartiendo animales hambrientos a quien pudiera darles de comer. Viktor había pasado por allí y había vuelto con un pingüino rey".

     Hay muchos motivos para leer un libro, y el mejor es la amistad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Muerte con pingüino.

     Conocemos a Misha, un pingüino rey que ha sido donado por el zoo a un particular llamado Viktor. Viktor es escritor, pero solo de relatitos y ni con ellos tiene mucho éxito, vive en soledad, casi triste, junto a su triste pingüino, buscando el lugar en el que le publiquen su último relato. Estamos en l Rusia postsoviética y la oportunidad llama a la puerta de Viktor en forma de curioso encargo: escribir estelas en un periódico. ¿Y qué es una estela? Pues la esquela escrita de alguien que aún está vivo. Y ese será el trabajo con el que Viktor gane dinero para subsistir junto a Misha, y también el comienzo de una novela negra.

     Rusia ha dado mucho de sí para escribir historia y está claro que algo había que hacer para no repetirse. Por eso el ucraniano Kurkov decidió meter un pingüino en su historia, el por qué de un pingüino es algo que se me escapa, quizás por el frío o por la compra de peces congelados. Tal vez porque nunca estaría a gusto por mucho que le intentaran comprender, ya que su hogar y entorno quedaba demasiado lejos... tal vez. El caso es que es casi cooprotagonista de esta novela negra en la que se escriben obituarios de quien aún respira a la espera de poder hacer que vean la luz.Y si curioso es el encargo, más lo es que el protagonista ni siquiera se plantee lo raro del asunto, hasta que la primera estela es utilizada. En ese momento la novela gira para tornarse en una historia de espías, con niña a cargo incluida, mientras el pingüino pasea por la casa esperando que alguien le llene la bañera de agua fría para darse un chapuzón.
     Este curioso argumento le da pie para mostrar las penurias y el hambre, la escasez y los secretismos de un momento en el que nadie se atrevía a peguntar, y la curiosidad de tener un pingüino se explica con la situación del zoo que es, a su vez, un gran ejemplo del lamentable estado en el que se vivió en aquel momento en la ciudad.

   Un mundo gris y frío en el que retumban disparos con víctimas que nadie quiere parare a mirar, un lugar con hambre en las casas y silencio ante cualquier ruido... un país en el que no se pregunta y un argumento extravagante para contar una historia conocida tomando un ángulo diferente al habitual. Eso es lo que ofrece Kurkov en su novela y eso es lo que hay que estar dispuesto a leer. Más allá del aviso, no me atrevo a hacer una recomendación directa de esta historia a la que le ha faltado un punto de atrevimiento para ser brillante.

     Me ha sucedido con este libro una cosa curiosa, y es que me sonaba demasiado el argumento. Al ser tan peculiar, es difícil que a uno le suene si no lo ha leído y me anticipaba incluso a los hechos, cosa que llegó a irritarme, porque no encontraba referencias a que fuera una reedición por ninguna parte. Y para estas cosas, soy un poco maniática, además es evidente que carezco del don de la premonición o en otro caso ya me hubiera tocado la lotería. Finalmente y tras una revisión a fondo, encontré que se editó ya en el año 2007. Menudo alivio no estar loca, aunque, claro, eso deslució terriblemente el descubrimiento de Misha.

     Y a vosotros, ¿os ha sucedido alguna vez algo parecido?

     Gracias.

lunes, 7 de mayo de 2018

Riquete el del copete. Amélie Nothomb


     "-Sabe usted, nadie se atreve a decirlo pero los bebés casi siempre son feos. Le aseguro que este me causa una buena impresión".

     Que diga a estas alturas que me gusta la Nothomb dudo que le sorprenda a alguien, así que hoy traigo a mi estantería virtual Riquete el del copete.
   
     Conocemos a Deodat: nace de un matrimonio que se ama  ya no esperaba tener hijos, nace dotado de una inteligencia superior a la normal y además... además nace feo, tanto que se asusta a sí mismo al conocerse ante un espejo, tan feo que nadie parece ser capaz de pasar por alto su extrema fealdad. Y conocemos también a Trémière, una niña cuya extrema belleza sobrecoge a quien la mira. Ambos tienen problemas para relacionarse, ya sea la repulsión o la envidia, la inteligencia extrema o la falta de ella, hace que nadie se les quiera acercar. Sus únicos apoyos serán la madre de él y la abuela de ella, mujeres ambas que también fueron un poco alejadas del mundo por sus peculiaridades. Deodat y Trémière parecen, como en el cuento, condenados a encontrarse y formar así su propia historia: la de dos supervivientes.

     Riquete el del copete es un cuento de Perrault. En el cuento, se nos habla de el hijo de una reina, feo pero inteligente; tan feo era, que ni parecía humano. Y por su mata de pelo en la parte superior de la cabeza, fue llamado Riquete el del copete. Nacen también de otra reina dos niñas, y una de ellas es bellísima, pero sin inteligencia alguna... a partir de ahí, con hada de por medio, la historia avanza a modo de cuento clásico. Y este es el cuento elegido por Nothomb en su novela para dar vida en nuestro mundo.

     "Ante tanta determinación, la enfermera escribió Trémière en la pulsera. En el momento de atársela a la muñeca. miró el rostro de la pequeña y no pudo impedir exclamar:
- ¡Qué hermosa eres!"

     Nothomb actualiza el cuento y aprovecha para hacer una crítica sutil a la superficialidad del mundo que nos rodea, una superficialidad que se ve tanto en el rechazo a lo feo como en la envidia extrema, vivimos, parece decir, en una sociedad que no admite a quien destaque sin importar demasiado el motivo por el que lo hace. Quizás el punto que señala de forma más directa es el de los modelos, la moda, las revistas... pero esto no es algo que nos pille de sorpresa, todos sabemos en qué se basa este tipo de mundo, a fin de cuentas, es imagen y se vende imagen. En su cuento, porque con 120 páginas es un cuento, Nothomb no termina de ser incisiva, que es la Nothomb que a mi me gusta, y parece un tanto distante de sus excesos y champán. Avanza un tanto a trompicones y llega a un final que ella misma reconoce como feliz, quizás buscando redondear el reflejo del clásico de Perrault, en todo caso, a mi me ha resultado un tanto descafeinado, aunque me he reconocido a gusto entre sus letras. Pero eso es algo con lo que ya contaba, es más, ese es el motivo de que corra a por sus libros en canto llegan al mercado.

     Riquete el del copete es una revisión entretenida de un cuento clásico en el que Nothomb ha perdido parte de su fuerza. Deodat es sin duda mi favorito, pero el conjunto no termina de ser todo lo contundente que me hubiera gustado. Entretenido, sin más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.