viernes, 28 de abril de 2017

Derecho Natural. Ignacio Martinez de Pisón


     "Mi padre no siempre se pareció a Demis Roussos. Cuando Demis Roussos era ya Demis Roussos, medio calvo, barbudo, barrigón, envuelto en anchas túnicas con bordados de colores, el escaso pelo alborotado en largas guedejas, mi padre era todavía un hombre espigado, fibroso, con aire de galán y una buena pelambrera, vestido con polos entallados que dejaban asomar el pelo del pecho. En algún momento, a comienzos de la década de los ochenta, sus aspectos físicos debieron de confluir."

      Hay novelas que antes de meterte en ellas ya sabes que van a ser justo lo que esperas, por eso acudes a la librería con la seguridad de quien sabe lo que está comprando. Hoy traigo a mi estantería virtual, Derecho natural.

     Conocemos a la familia de Ángel, narrador de la historia. Ya que esta novela de cambios en los años 70 y 80, va a centrarse en su familia. Y sobre todo en su padre, un hombre que pasará de actor de segunda a intento de no salirse del medio "artístico" y terminará en su mayor momento de gloria como imitador de Demis Roussos. Su madre será quien aguante las idas y venidas del núcleo familiar de este hombre, los hijos, los amores con fecha de caducidad que le prodiga, la que se harte o regrese y cuidará de una familia que Ángel se empeña en sacar a flote. El núcleo familiar lo completan un hermano rebelde y dos hermanas que, pese a no compartir madre, jugarán a ser gemelas.

     Este es muy resumido el argumento completo de la nueva novela de Pisón, una historia común en realidad, de esas que sucedían en la casa del vecino, aunque tal vez ese vecino no fuera actor de reparto ni su mujer sufriera con sus idas y venidas. Pisón usa a la familia de ángel y al propio narrador para darnos un reflejo real de una época de grandes cambios en nuestro país. No es, eso es cierto, una novela política, ni siquiera aunque el protagonista estudie derecho o el título de la historia sea Derecho Natural, pero no se puede negar que lo sucedido durante esos momentos tiene una gran influencia en lo que relata el autor. Estamos en un momento de apertura, de pensar, de reactivación de un país que comienza a respirar a la vez que se acostumbra a términos nuevos como "divorcio". Lo complicado de estas novelas, y en esta además veremos pasearse a Gregorio Peces Barba, es conseguir una atmósfera realista sin caer en tópicos de seiscientos, aunque aquí aparezca una furgoneta que seguro más de uno reconoce, o llenarla de juicios políticos y morales. Pero esa no es la técnica de Pisón, el autor opta por la cercanía de la familia, del ambiente en la calle y la ciudad que se transforma, da voz a los personajes para que sean ellos quienes expliquen qué música escuchan durante un año en el que el cambio les deja en ninguna parte o qué sucede cuando un amor cae. Y de este modo, más allá de la corriente de empatía necesaria en estos libros, logra credibilidad. Una sensación de honestidad en sus palabras que ya viene siendo la tónica en las novelas de este escritor.

     Existe una generación, a la que no pertenezco, que vivió el paso del franquismo a la democracia. Muchos de hecho se criaron en una para ser adultos en la otra descubriendo que "todo lo vivido" apenas les era útil frente a lo que entraba con prisa en este mundo cambiante. Y es precisamente a ellos a quienes da voz Ignacio Martinez de Pisón en esta novela de personajes en la que un niño, quizás por ser el mayor y tener una figura paterna tan anhelada como ausente, se empeña en sostener la palabra familia frente a viento y marea. Y solo por eso, y por las reflexiones que suscita en el lector, ya merece la pena acercarse a Derecho Natural. Miremos atrás, pero no tan atrás.

     Tendemos a pensar, o al menos a mi me pasa muchas veces, que la novela histórica es aquella que se ambienta hace mucho tiempo, cuando lo único que ha de hacer, es transcurrir en un tiempo pasado. Visto así, abre el abanico de posibilidades lectoras, y también el concepto de novela histórica, que muchos siguen considerando un tostón. Y vosotros, ¿os gusta la novela histórica?

     Gracias.

jueves, 27 de abril de 2017

El libro de los espejos. E. O. Chirovici


     "Recibí la propuesta de edición en enero, cuando en la agencia todo el mundo seguía intentando recobrarse de las resacas posfestivas.
     El mensaje había esquivado hábilmente la papelera para aparecer en la pestaña de mensajes recibidos; allí hacia cola junto con unas cuentas docenas de mensajes más."

     Una cubierta llamativa provoca que el lector mire dos veces un libro en mitad del mar de cubiertas que son las mesas de una librería. Y, a veces, incluso que se lo lleve a casa sin motivo aparente. Eso es lo que me sucedió a mi, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El libro de los espejos.

     Conocemos a Peter Katz porque recibe un correo electrónico en el que se habla de un asesinato ocurrido casi tres décadas antes, en el mensaje se habla de un manuscrito en el que aparecerán las claves de dicho asesinato que quedó sin resolver. Katz se intriga, ya que solo recibe una parte del manuscrito, pero reconoce en él a un profesor, famoso psicólogo, asesinato mientras investigaba la memoria y sus traumas. Katz huele una gran historia y decide llamar al periodista John Keller para que investigue el asunto y así conseguir el manuscrito completo, sin saber que dicha investigación hará que el ahora jubilado detective que investigó en su día el crimen, Roy Freeman, vuelva a sentir su instinto investigador.

     Dicen que no somos realmente como nos vemos en los espejos, entre otras cosas, porque la imagen se invierte. También sabemos que los espejos son capaces de engañarnos distorsionando nuestra imagen, y que esto puede suceder en un probador de ropa en el que se haya colocado el espejo con unos milímetros de inclinación, o en una atracción de feria que nos devuelva una imagen grotesca de nosotros mismos. Ahora, trasladad todo esto a la memoria una vez han transcurrido 27 años, y sopesad la fiabilidad de vuestros propios recuerdos de cualquier suceso relevante sucedido hace ese tiempo: pensad en si son vuestros o se han visto distorsionados, influidos. Pensad en ese recuerdo de la infancia que ya no tenéis claro si es propio o el resultado de haberlo oído relatar a vuestros padres año tras año...
     Bien, pues por este motivo el título de esta novela es tan acertado. Con tres narradores diferente, Katz, Keller y Freeman, Chirovici construye un thriller en el que no hay urgencia pero si necesidad de saber. El crimen ha sucedido hace muchos años, se cerró, los testigos y sospechosos siguieron con sus vidas... De entrada no parece importante resolver lo sucedido aquella noche en casa del profesor. Pero para los protagonistas lo es, y también para el lector. Nos envuelve de este modo en una maraña de recuerdos que mezclan lo que se recuerda y lo que se oculta, las mentiras y los secretos, y nos obliga a intentar decidir qué parte de cada uno podemos creernos. Chirovici construye de este modo una novela que se basa en testimonios discordantes, que superpuestos y comparados con el manuscrito que abre la novela, deberán de conducir al lector a una solución que ansía espoleado por un dinamismo basado en capítulos cortos que domina la novela, mientras va descubriendo que hay distorsiones movidas por la venganza y otras que no pueden ser controladas ya que las decide el propio cerebro.

     El resultado es una novela que parte de un muy buen comienzo y juega con los conceptos de fiabilidad, ambición y memoria en un libro que nos dura apenas unas horas entre manos. Y es que, El libro de los espejos, me ha parecido una historia francamente entretenida.

     Y vosotros, ¿os influye la cubierta de un libro a la hora de fijaros más o menos en él?

     Gracias.

     PD. Hoy os dejo el booktrailer:


martes, 25 de abril de 2017

La bella Annabel Lee. Kenzaburo Oé



     "Un anciano obeso avanza con pasos apresurados, en la mano izquierda lleva una barra flexible de resina, de color rojo y peso considerable. A su derecha camina un hombre robusto de mediana edad, también con una barra flexible, de color verde, en su mano. El anciano prefiere tener su diestra libre porque en cualquier momento deberá sostener al hombre de mediana edad, que puede perder el equilibrio a causa de la cojera de su pie. La pareja con sendas barras pasa de largo, haciendo caso omiso a los curiosos que los observan cuando se cruzan con ellos.
     Al tener que dejar la natación por la arritmia que le acaban de diagnosticar, el anciano (que soy yo) se animó a acompañar a su hijo en los ejercicios para corregir su cojera, siguiendo los consejos del entrenador, que le recomendaba caminar todo lo que pudiera."

     La experiencia de leer a Kenzaburo Oé es inolvidable por lo hermoso, por la mezcla, por lo distinto. Por eso no suelo faltar a sus citas y ya voy conociendo algunas de sus querencias, que hoy intentaré dejar escritas. Hoy traigo a mi estantería virtual, La bella Annabel Lee.

     Decir, en primer lugar, a quien conocemos en esta novela, podría parecer fácil, pero hay también que desentrañar los misterios de la línea que separa realidad y ficción en ella. O tal vez no haga falta y eso sea lo menos importante, pero sí hay que saber que no es todo del todo cierto ni tampoco es totalmente mentira. No obstante conocemos al propio Kenzaburo Oé, protagonista y narrador de esta novela, que pasea en las primeras líneas junto a su hijo Ikari. Oé ha dedicado su vida no solo a escribir, también a cuidar de su hijo, hoy ya un hombre adulto y con una sensibilidad especial para la música, que nació con lesiones cerebrales. Y juntos van paseando, cuando se produce un encuentro nada fortuito con Komori, a quien no veía hace treinta años, tiempo en el que este último se ha convertido en un productor cinematográfico reconocido. Ambos comienzan a hablar mientras Komori recuerda a Sakura, actriz que protagonizara siendo casi una niña la adaptación cinematográfica del poema de Edar Allan Poe llamado Anabel Lee. Komori va convenciendo a Oé de que se involucre en un nuevo proyecto mientras comienza a repasar estos años de ausencia en los que él no se ha separado de Sakura que parece arrastrar un trauma referente a dicho rodaje.

     Simplificando mucho, y sin querer aportar más datos al menos de momento, este sería el argumento de la última novela de Kenzaburo Oé, en la que rinde un homenaje al poema de Poe, que existe, y mezcla realidad y ficción en los tres momentos temporales en los que ha decidido fijarse. De la juventud a Annabel Lee y deteniéndose en el momento actual de la narración, despliega sus artes para lograr un impacto visual cargado de sensaciones que el lector recibe sin apenas darse cuenta. Son particularmente intensos los momentos en los que habla de sí mismo ya anciano, esa secuencia de fortaleza de quien es consciente de ser necesario a cualquier edad, por un hijo del que no se separa. Casi una herida latiendo en cada letra cuando se pone en boca de su amigo el recuerdo de una caida, un ataque, una protección feroz hacia su hijo. Y seguimos sin haber avanzado más de un par de páginas, pero ya hemos descubierto lo que es leer a Oé.
      El nuevo proyecto en el que embarcan al protagonista irá mezclándose con los intereses personales de Oé, cambiando y entusiasmando a una Sakura que irá recordando aquel trauma oculto.Y es que Sakura, esa mujer a la que Komoro nunca ha dejado de mirar o casi tutelar en la sombra, se perfila a grandes ratos como el andamiaje sobre el que se articula la novela, aunque eso solo sea cierto cuando le convenga a su autor.

      Todo esto que puede parecer complejo, Kenzaburo lo simplifica a la vez que mantiene firme esa voz que lleva una narración dinámica en la que, aunque descubramos alguna sorpresa antes de tiempo, no dejaremos por ello de disfrutar del estilo del autor. Tocará además temas ya conocidos en él como son los momentos sociales, la moral, la lealtad y la amistad, dotando a la historia con todo esto, de una especial sensibilidad a la que el lector no puede ser inmune.

     Ayer hablaba de un Premio Pulitzer y hoy traigo a un Nobel, parece que sí son importantes los premios más allá de las críticas que generen.
     Y por cierto, ahora que ya estamos con la resaca del Día del Libro, ¿qué libro os llevasteis a casa?

     Gracias.

lunes, 24 de abril de 2017

El simpatizante. Viet Thanh Nguyen


     "Soy un espía, un agente infiltrado, un topo, un hombre con dos caras. Previsiblemente, quizá, también tengo dos mentes. No digo que sea ningún mutante incomprendido salido de un cómic ni de una película de terror, aunque hay quien me ha tratado como si lo fuera. Simplemente soy capaz de ver cualquier cuestión desde ambos lados."

     El Premio Pulitzer es uno de los que siempre sigo con interés. Que cayera sobre una novela de espías fue una grata sorpresa y eso me llevó a esperar con ganas su traducción al castellano. Hoy traigo a mi estantería virtual, El simpatizante.

     En 1975 la caida de Saigón es inminente, y entramos de la mano de nuestro protagonista/narrador en la casa de un general del ejército vietnamita en un momento importante: se despide de su vida. Él y un puñado de compatriotas, entre los que se incluye al capitán que relata la historia, volarán para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. Lo que nadie parece saber, es que nuestro capitán es en realidad un espía que irá pasando informes con la frecuencia adecuada.

     Cuando leí las primeras frases de El simpatizante, me vino imediatamente a la cabeza el libro El hombre invisible de Ellison que comenzaba diciendo: Soy un hombre invisible. No, no soy un trasgo de esos que atormentaban a Edgar Allan Poe ni uno de esos ectoplasmas de vuestras películas de Hollywood. Soy un hombre real, de carne y hueso, con músculos y humores, e incluso podría afirmarse que tengo una mente... Era un comienzo directo, sonoro, frontalmente dirigido al lector, y no pude evitar pensar que tenía algo bueno entre manos. Era consciente, por supuesto, de las diferencias en el tono, un poco más arriesgado, casi irónico, como si el narrador buscara romper esa cuarta pared que separa la obra del espectador, y que será uno de los grandes puntos fuertes de la novela. Y así conocí a este narrador sin rostro ni nombre, que parecía decidido a relatar una historia sobre la guerra de Vietnam que me resultaba desconocida, pese a que tanto la literatura como el cine están repletos de historias sobre la Guerra de Vietnam.

     La fuerza del libro está precisamente en su protagonista y narrador, un hombre inteligente y consciente de las divisiones que tiene en su interior y que, posiblemente, estén arraigadas a su alma desde el momento en que fue concebido: hijo ilegítimo de un francés y una joven vietnamita, pronto comprendemos que no ha encontrado un único lugar y que esa constante división que tan bien le viene para su trabajo como espía, es algo que ha llevo dentro siempre, lo cual, unido a su educación, era un camino sin retorno hacia la vida en la que le conocemos. De este modo y con un arranque interesante y dinámico, nos metemos en la historia de Nguyen que, si bien mantiene un ritmo irregular superado ese comienzo, nos hará dudar sobre si estamos ante una novela de guerra, de inmigrantes, de denuncia... Y todo ellos sin perder ese tono que comentaba al principio, esa ironía que tiñe toda la novela, y que será el motor de una historia a la que, como fallo, le señalo la incapacidad que ha tenido en mi caso, para despertar sentimientos personales por quienes la protagonizan. Esa corriente que fluye en determinadas lecturas entre protagonista y lector y que he echado en falta en esta historia. Quizás sea buscado así por el autor, ya que la ambivalencia de las lealtades del capitán ponen muy complicado al lector decidir el juicio que emite sobre él y su forma de actuar, o precisamente para evitar esa inmediata condena que se otorga ante la palabra espía en muchos de los casos. Pero eso, unido a la sensación de estar ante algún que otro soniquete mil veces trillado ante determinados temas, creo que le pesan bastante a una novela que, en otro caso, brillaría por la forma de retratar un pasado del que aún parece quedar mucho que contar.

     Me ha gustado El simpatizante. No diré que me ha entusiasmado y tal vez sea porque esas primeras páginas hicieron que esperase más de una novela que se queda en buena pero no llega a excepcional. Aunque claro, la novela se ha llevado un Pulitzer, así que esto tan solo es una opinión. Como siempre, leed y juzgad vosotros mismos. Lo cierto es que merece la pena.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     Las guerras nunca mueren. Solo duermen.

miércoles, 12 de abril de 2017

Vacaciones


     Una entrada corta para deciros que comienzan las vacaciones en el blog, unos días para leer en los que iré comentando las lecturas y mostrando los libros en twitter e instagram.

     Disfrutad y decidme vuestros libros para estas festividades.

     Gracias.

     PD. Pinchando en el nombre de las redes se redigirá a las cuentas.

martes, 11 de abril de 2017

La ciudad tras la penumbra. Javier Núñez


     "Tras pasarse la mano por la cara, Ricardo volvió a echar un vistazo a la habitación en busca de algo que le resultara familiar. La cama de noventa en la que se había despertado no era una de ellas. Tanto la sábana bajera como la funda de almohada eran blancas, y la fina manta de entretiempo con la que había estado arropado hasta hacía un minuto, de un desvaído azul cielo, no casaba con ellas. Como si formaran parte de juegos de ropa de cama diferentes."

    Una de las mejores maneras de llegar a un libro, es a través de las recomendaciones. Y las redes sociales sirven para ello, se reciben muchas recomendaciones y se descubren título. Es más, personalmente en twitter me encanta ir anotando títulos, y también descubriendo afinidades. Javier Nuñez tiene un gusto más o menos coincidente con el mío, así que leer su obra... bueno, era inevitable. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La ciudad tras la penumbra.

     Conocemos a Ricardo cuando, una mañana cualquiera al despertar, descubre que no tiene mucha idea de la habitación en la que se encuentra. Es más, no tiene idea alguna de dónde está. Pero no solo eso, no reconoce la habitación, ni el apartamento, ni tampoco la ciudad, así que decide preguntar en la calle. Su situación empeora a medida que va descubriendo que no será tan sencillo saber dónde se encuentra, ya que nadie parece dispuesto a ayudarle a saber qué ha sucedido o dónde se encuentra.

     El hombre aislado en su propia sociedad es un tema que se ha utilizado muchas veces en la literatura como símbolo de la situación real de las personas en la llamada era de las comunicaciones. En este caso, el autor no  ha buscado un país extraño, sino una zona gris. Aquella de lo indistinguible con calles iguales numeradas y personas que no parecen dispuestas a ayudar a nadie, y deja allí al hombre consciente que es el protagonista buscando desesperadamente unas respuestas que nadie parece dispuesto a darle. Al menos hasta que se tropieza con una joven, que es la única que comienza a relacionarse con él. De este modo veremos la importancia que puede tener una relación, aunque sea banal, para una persona. Y es que, nos guste o no somos animales sociales y ese punto flota a lo largo de toda la historia que nos deja Javier Núñez, así como la de la supervivencia en este mundo y la alienación que tendrá, como no, su contrapunto en la amistad.
     Utilizando un lenguaje muy visual y descripciones sencillas en abanicos comunes que permiten al lector crear una nítida imagen mental del lugar que nos presenta, dota a la historia de un ambiente opresivo que va en aumento a medida que su protagonista parece empeñarse en obtener respuestas. Y esto intranquiliza al lector, no sólo por la corriente de empatía que ha logrado generar hacia su protagonista, además nos preguntamos si será capaz de darle una solución a un enigma que se mantiene durante muchas páginas. Lo hace, podéis estar tranquilos, y aunque queden unas cuantas páginas para el final, Javier mueve hábilmente el foco central de la historia para conseguir incluso un aumento de interés por parte del lector.

     El resultado es una novela francamente entretenida, con un argumento que se consigue mantener a lo largo de la historia y un final en el que, si bien me hubiera gustado que avanzara un poco más en el tiempo, no dejo de reconocer que no es necesario para una historia que queda cerrada perfectamente en la última página. Repetiré.

     Y vosotros, ¿sois recolectores de recomendaciones en las redes sociales?

     Gracias.

lunes, 10 de abril de 2017

Después de medianoche. Stephen King


     "Bueno, fíjate bien en esto; aquí estamos todos. Lo hemos vuelto a hacer. Espero que te alegres de estar aquí al menos la mitad de lo que me alegro yo. Lo digo solo porque me acuerdo de una historia, y como contar historias es lo que hago para ganarme la vida  (y para conservar mi cordura), te transmitiré esta."

     Hace poco os mostraba El bazar de los malos sueños y afirmaba sin demasiado pudor que Stephen King no llegaba a escribir el mismo terror que le había conseguido millones de lectores. Por eso me he decidido a echar la vista atrás en su obra, y hoy traigo a mi estantería virtual, Después de medianoche.

     Después de medianoche es un recopilatorio formado por cuatro relatos, de esos que no alcanzan la suficiente extensión como para ser llamados novelas, pero sí que superan la habitual en este tipo de libros, dando lugar a historias completas y con bastante detalle. Se da además el caso de que en España se ha optado en muchas ediciones por separar estos cuentos en dos volúmenes, titulados Las dos después de medianoche y Las cuatro después de medianoche. Si me preguntáis a mi, prefiero esta edición, no ya por el precio, si no que además se ajusta a la publicación original del autor.

     Las historias que nos ofrece King, parten de puntos sencillos que, como suele ser habitual, están protagonizadas por una persona que se ve sorprendida y, en la mayor parte de los casos, aterrorizada, por las circunstancias. En Lagolieros será un piloto quien viajando como pasajero, despierte y se vea en una situación extrema, con personas desaparecidas y obligado a aterrizar, sin tener muy claro dónde... y no tener ni idea de lo que sucederá después. Mucho más efectiva, pese a que el componente fantástico se desvela en la primera página, es El perro de la Polaroid, que nos relata la historia de un joven y su cámara nueva. La particularidad de la cámara es que en todas las fotos aparece un perro, da igual lo que estés enfocando. Y además el perro parece mirar a la cámara, acercarse. Y el autor aumenta la tensión foto a foto mientras nos plantea la disyuntiva sobre loq ue haríamos nosotros, y juega con el miedo y la curiosidad. Posiblemente este sea el mejor de los cuatro relatos, pese a su aparente simplicidad.
     El policía de la biblioteca nos habla de esos guardianes de bibliotecas temidos por quienes no devolvían sus libros a tiempo, el temor a ser pillado y la capacidad infantil para magnificar este tipo de figuras autoritarias. Aunque, tal vez, no las hayan magnificado, y ahí está el protagonista del relato dirigiéndose sin saberlo a descubrir cuánto hay de cierto. Por último nos encontramos con Ventana secreta, jardín secreto un relato en el que un escritor se ve acusado por un particular de plagio, un hombre muy enfadado y blandiendo un viejo manuscrito le muestra que coincide palabra por palabra con una obra firmada por él. Y lo peor es que no se explica cuándo le pudo copiar. Lo que no sabe este hombre aún es que el relato firmado por el escritor, se publico antes de que él escribiera el suyo. ¿Qué sucede entonces cuando ninguno de los dos ha podido copiar al otro?¿O el portador del manuscrito lo sabe y tiene una importante tara mental? Es King, yo me pondría en lo peor.

     En este libro King se dirige rápido hacia el punto intranquilizador, que puede ser el objeto del terror, como es el caso del perro que aparece en la fotografía, o el ambiente previo a la resolución de la tama planteada, como en Ventana secreta, jardín secreto.Demuestra de este modo su manejo en las dos vías rápidas para ganarse a un lector que tendrá curiosidad por la resolución de la historia, máxima sabiendo que King nunca tuvo muchos problemas para matar a personajes en sus libros. Se ciñe además a las reflas más básicas que todo el mundo conoce, creando historias rápidas que bien podrían pertenecer a aquel cine de serie z que triunfó hace ya un par de décadas.
     El resultado es un libro entretenido muy válido para comenzar un acercamiento al llamado, maestro del terror.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 8 de abril de 2017

El lugar para leer

Mi mesilla

     Cada vez que alguien viene a mi casa, se sorprende de la ausencia aparente de libros en ella. Apenas un estante y una mesilla inventada a base de apilar libros, con una lámpara haciendo equilibrios un tanto precarios sobre ella. Un pequeño muro sin más soporte que una columna encajado junto a un armario y.. no hay más. No necesito colocarlos todos expuestos, no busco huecos para sumar estantes y así poder pasearme entre ellos, no. Los tengo en mi lugar secreto, o no tan secreto, que sólo han visto un puñado de personas. Allí sí que los libros campan a sus anchas, es su espacio. Ese en el que al entrar y darme cuenta de lo que tengo delante me hace temer el día que pase a herederos, que alguno habrá digo yo, y disponga de ellos a su antojo. Tal vez por eso los presto o los regalo, para que vivan su vida en otras manos y no se detengan entre cuatro paredes.

     Pero si hablamos de mi lectura actual, eso ya es otra historia. Cuando comienzo un libro se convierte en viajero inseparable que va de mesa en sofá y pasa por autobús, metro, brazo, bolso y casi cualquier otro lugar que os podáis imaginar. Ese libro no tiene un lugar propio porque tiene como propiedad a una persona que es la que lo está leyendo. Y no puedo separarme de él. Leo por la calle, en el transporte o cuando camino por el sitio de siempre cuyos baches y baldosas sueltas intuyo más que veo tras años de práctica y algún que otro tropiezo. Conoce mi banco favorito y también mi coche y pasa por la cocina mientras me preparo la cena y por el baño mientras me lavo los dientes. Cuando un libro me gusta, veo el mundo censurado en sus letras y durante gran parte del tiempo, tan sólo me asomo a una franja de cielo y otra de suelo para poder seguir asomada a su historia. Como si fuera una extensión de mis dedos que no me permite hacer cualquier otra cosa. Y me siento a tomar un café y bebo y leo, cualquier cosa casi es susceptible de ser realizada mientras uno continúa su lectura.
     Por eso me fijo en las casas cuando veo un libro posado en una mesa y me pregunto si es porque he interrumpido la lectura o porque queda en suspenso posada siempre en el mismo lugar. Gente que tiene un sitio exacto para poner las llaves y otro para la lectura en curso. Los hay que leen en papel en casa y fuera sólo en digital para no estropear la cubierta de lo que tienen entre manos. Pero siempre me ha intrigado. Porque si nos apasiona leer y los libros son considerados por muchos de nosotros como un tesoro, ¿cuál es el mejor lugar para tener algo en lo que deseas sumergirte a cada instante?  Y para mi, la respuesta es clara. El lugar perfecto, es justo al alcance de la mano.

     En mi casa no hay un sitio específico para poner un libro. Tampoco los tengo ordenados por autores o colores, ni siquiera por editoriales, países o géneros. Mi libro, el del momento, te lo puedes encontrar en cualquier parte, posiblemente en el suelo de mi rincón favorito que queda oculto de la vista de cualquiera y en el que me recojo a leer sin hacer ruido a cualquier hora. Y acaba siendo un libro con mundo, que conoce caras y gentes y transportes y parques y lluvias y bares. Que recibe miradas discretas e indiscretas, incluso alguna vez preguntan.

     Y vosotros, ¿tenéis un lugar fijo para posar el libro que estáis leyendo?

     Gracias.

viernes, 7 de abril de 2017

Mac y su contratiempo. Enrique Vila-Matas


     "Me fascina el género de los libros póstumos, últimamente tan en boga, y estoy pensando en falsificar uno que pudiera parecer póstumo e inacabado cuando en realidad estaría por completo terminado. De morirme mientras lo escribo, se convertiría, eso sí, en un libro en verdad último e interrumpido, lo que arruinaría, entre otras cosas, la gran ilusión que tengo por falsificar. Pero un debutante ha de estar preparado para aceptarlo todo, y yo en verdad soy tan sólo un principiante. Mi nombre es Mac."

     Llevo ya muchos años siguiendo la trayectoria de vila-Matas, y cada libro que sale a la venta, me atrae como un imán pese al resultado de su lectura. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mac y su contratiempo.

     Conocemos a Mac, un hombre de 60 años, abogado que ha perdido su empleo, paseante del barrio El Coyote en Barcelona y lector. Mac quiere escribir, se le despierta ese interés dormido y el encuentro con un vecino que sí logró ser un escritor con nombre, será el punto que necesita para que ese interés sea espoleado. Su vecino, que sí logró el éxito, escribió en su día "Walter y su contratiempo" una novela en la que un ventrílocuo de una sola voz... bueno, un libro. Un libro que se convertirá en el elegido por Mac, el principiante, el debutante, para ser reescrito.

     Hay un placer compartido por todos los lectores y es leer a Vila-Matas por primera vez. Y digo esto porque no me cabe duda de que, si los escritores tienen obsesiones que van plasmando en sus libros, la de Vila-Matas es la literatura. en toda la extensión de la palabra. Por eso sus libros van siempre cruzados de referencias y reflexiones que captan el interés de cualquier aficionado a la literatura y convierten la lectura de sus novelas en un inesperado placer. Sucede lo mismo en Mac y su contratiempo y ya en el primer párrafo de ese improvisado diario, vemos como entra de lleno en un tema que bien hubiera podido dar para un debate, y es el de los libros póstumos. Vila-Matas, sabe lo que hace. Y continúa esa línea a lo largo del libro. Un libro en el que Mac planea la reescritura dudando de si es demasiado ambicioso, citando nombres conocidos, dudando y conociéndose, incluso viviendo su propia historia más que escribirla.  Y es que Mac, y aquí entramos en el laberinto que el autor tiende a proponer en algún momento en casi todas sus obras, lo que escribe es un diario con la firme intención de que no vea la luz, por lo cual no debería de sucederle nada interesante, su diario no debería de ser interesante, aunque la vida no sepa eso. Y además, en el proceso de reescritura de aquel libro, cuentos, iremos viendo, incluirá reflexiones que llegan a ser pequeñas disertaciones sobre distintos conceptos en el mundo literario, combinando en la novela que tenemos entre manos (empiezo a necesitar aclarar de qué libro hablo) los límites entre la realidad y la ficción.

     Y la repetición. El propio autor es consciente de sus tendencias que él no llama repeticiones, evitando la palabra como si fuera a manchar su obra, pero yo no encuentro otra forma de definir este libro. Vila-Matas se repite, y aquel concepto de un libro dentro de otro y de otro que pudo ser novedoso en su obra hace ya unos años, empieza a ser una constante habitual que solo sorprende a quienes no hayan leído apenas nada o nada del autor. Disfrutarán entonces de sus reflexiones, temáticas y alusiones a novelas o libros ya conocidos y, si se trata de un lector sesudo, buscará además el sentido de cada nombre, de cada palabra, de cada personaje, para descubrir, por ejemplo, la importancia de tener a alguien que te espolee a la hora de crear. Serán capaces de percibir esa ironía, ese sentido del humor sutil que saca la sonrisa del lector que lee despistado del mundo y también una cierta crítica al mundo literario mientras se dirige a un final que, personalmente no terminó de convencerme del todo. Verá como se desdibujan los límites entre géneros, las líneas que gran parte de los escritores parecen empeñados en seguir y Vila-Matas en saltar. Y disfrutará página tras páginas.
Sin embargo, si usted es lector habitual del autor, tal vez reciba esto como quien sabe que al tocar un timbre se acerca la hora de comer y tiene hambre; con ansia incluso, agradecido, pero no tendrá la sorpresa porque es un menú prácticamente cerrado en el que todos los sabores le suenan a uno demasiado. Y eso es justo lo que me ha sucedido a mi.

     Y vosotros, ¿podéis decirme algún escritor a cuya obra sois fieles?

     Gracias.

jueves, 6 de abril de 2017

El asesino dentro de mí. Jim Thompson


     "En muchos libros que he leído, el autor parece descarrilar, enloquecer en cuanto llega el momento culminante. Empieza a olvidarse de los signos de puntuación, suelta todas las palabras de una vez y divaga acerca de estrellas que parpadean y se sumergen en un profundo océano opaco. Y no hay forma de enterarse si el protagonista está encima de la chica o de una piedra. Creo que este tipo de manía pasa por tener un gran valor intelectual... Un montón de críticos lo pone por las nubes, y me he dado cuenta. Pero tal como yo lo veo, el escritor es un maldito perezoso que no sabe hacer las cosas bien. Yo seré lo que quieran, pero perezoso no. Lo voy a contar todo.
     Pero por orden.Quiero que comprendan cómo sucedió..."

     La novela negra es un género que cuenta cada día con más adeptos. Muchos son los que apuntan a Poe como el padre de la novela negra. No me voy a poner a discutir sobre si creo o no que tienen razón ya que, de entrada, tampoco me veo facultada para ello, máxime cuando hay quien sigue viendo un filón que explotar en certámenes que acerquen títulos a los lectores. Lo que si voy a compartir el el origen de este término usado por todos y es una colección de libros aparecida en 1945, a través de Éditions Gallimard, y que se llamaba Série Noire. En esta colección se publicó una selección de novelas detectivescas y cuyas portadas eran negras con una cinta de color amarillo. Evidentemente fue un éxito y su nombre se extendió para denominar a lo que ya es todo un género literario. Hoy traigo una de las novelas exponentes de ese género, El asesino dentro de mí.

     Conocemos a Lou Ford, sheriff adjunto de la tranquila ciudad de Central City, es un hombre tranquilo y amable, tal vez poco inteligente, pero a nadie le importaba demasiado. Lou tuvo en su juventud una enfermedad que lo llevó a cometer un crimen y todo parece apuntar a que esa enfermedad está de vuelta en su vida. Pero mejor que eso lo cuente el propio Lou Ford.

     Jim Thompson es un autor a descubrir. Escribió una serie de trece novelas por encargo para una editorial de bolsillo que conmocionaron las lecturas del país dejando un generoso reguero de sangre entre sus páginas.
     Empezar un libro suyo es entrar en una mente perturbada sin buscar trucos de mago con chistera para dejarnos con la boca abierta. Entramos en la mente de sus protagonistas, sus creencias y pensamientos hasta que un buen día, normalmente en los primeros capítulos, algo sucede que detona el cambio y se muestra su la verdadera naturaleza. Sin fantarrias, no las necesita. Sus actos que pueden ser terribles se antojan cotidianos en la mente de su ejecutor. Yo lo descubrí con 1280 almas, refieriéndose al número de habitantes válidos del pueblo en el que vivía el protagonista, y no pude evitar seguir su estela. Descubrí casi con sorpresa que el autor era una persona normal y corriente, padre de familia cariñoso y amable y buen conocedor de las tierras de sombreros Stetson que reflejaba en sus libros, porque en todos ellos nos queda un regusto a western y hombres que se tocan el sombrero para saludar a las damas. Supongo que dejé volar mi mente pensando que un hombre cuya pluma llegaba a esos extremos algo tenía que llevar dentro y, si lo hacía, era una desbordante imaginación.

     Es una novela espectacular, contada por un hombre cualquiera que nos habla de su vida cotidiana con parquedad y en el que pronto percibimos que algo no encaja. No es un psicópata al uso, ni siquiera nos parece un psicópata, sino que poco a poco vamos viendo su versión de los hechos. Aparecen las letras cursivas, y como son en esta obra esas letras, nos hacen sudar mientras vamos dando cuenta de su versión de la historia. La que él vive ajeno al mundo y que le lleva a cometer crímenes bajo un sentimiento de lógica normalidad que nos resulta casi aterrador. No hay persecuciones ni carreras a contrarreloj porque no es así la vida del protagonista. Tampoco conocemos lo que piensan en el pueblo, ni si lo están investigando, solo conocemos la mente de Lou, y llegamos a conocerla demasiado bien. Tanto que nos sentimos atrapados en esa versión de la realidad que está viviendo. En esta ocasión el mal milita en las filas de la ley y, no sólo eso, sino que quiere ser un hombre normal. Posiblemente tengamos a uno de los personajes más complejos narrando su vida de una de las formas más sencillas con las que me he tropezado.

     Después de esto, poco o nada más me resta por decir. Bueno sí, leed a Thompson.

     ¿Cuáles son vuestros favoritos de la novela negra?

     Gracias

martes, 4 de abril de 2017

El banquete celestial. Donald Ray Pollock


     "En 1917, mientras otro agosto infernal empezaba a tocar a su fin en la frontera que separa Georgia y Alabama, Pearl Jewett despertó una mañana antes del amanecer a sus hijos con un grito gurural que sonó más animal que humano. Los tres jóvenes se levantaron en silencio de sus rincones respectivos de la cabala de una sola habitación y se pusieron la ropa mugrienta y todavía húmeda del sudor de la jornada anterior. Una rata sarnosa y cubierta de costras se metió correteando en la chimenea de roca, haciendo caer trocitos de mortero sobre el frío hogar."

     Descubrí a Pollock con Knockemstiff una colección de relatos que me encantó y me hizo preguntarme cómo de horrible era el lugar en el que nació su autor, seguí con la novela El diablo a todas horas, igualmente contenta, y me tocó esperar. La espera del lector hasta que aparece un nuevo título. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El banquete celestial.

     Estamos en 1917, en la frontera entre Georgia y Alabama. Allí conocemos a los hermanos Jewett que viven en una cabaña mugrienta junto a su padre, Pearl, trabajando para un explotador. Cuando Pearl muere, sus hijos huyen de su vida en una escalada de sangre, violencia y atracos. Quieren llegar a Canadá. Conocemos también a Eula y Ellsworth, que perdieron sus ahorros por culpa de su hijo alcohólico.

     El banquete celestial hace referencia a la promesa de un banquete en la otra vida, la recompensa a una vida recta. Sin embargo, al morir Pearl, sus hijos se alejan totalmente de esa rectitud en esta novela con un corte de típico western que, además, tiene un punto cómico imposible de no percibir. Pollock es un hombre exagerado, de narraciones descarnadas y frontales que pueden resultar más que chocantes para algunos de sus lectores. Pero también tiene su pluma algo que hace que su lectura sea fácil, otorgando una suerte de anestesia al lector que pronto deja de sentirse afectado por tanta miseria y se descubre avanzando sin descanso por las tramas. Pronto lo descubrimos, al inicio de la aventura de estos tres hermanos, encerrados en los típicos clichés de uno listo, uno menos listo y el pequeño impredecible, cuando ya el mayor protesta sobre el mal comienzo preguntándose cómo es posible que en la primera noche ya hayan salido las cosas así. Lo plantea de una forma tan clara, que no podemos evitar sonreírnos pese a la sangre que ha dejado en el camino. Y así es como comenzamos la aventura, el camino de estos tres hermanos, que serán de quienes os hable en la reseña. A Eula y Ellsworth, al igual que al camarero terrible, el mendigo y otros tantos, tendréis que descubrirlos vosotros, no quiero privar a ningún lector de según qué placeres.
     Pero la novela es más que eso. La novela, cuajada de secundarios, en su mayoría masculinos, también hace una crítica a la situación, toca la Guerra y se mete de lleno en las vidas miserables que lo único que parecen exudar es podredumbre. Y en mitad de ellas, los tres hermanos, a los que no busca redimir pero en los que si deja ese leve rastro de "malo con buen corazón" si es que es posible describirlos así, ya que lo que más recordaremos nada más cerrar el libro serán los tiros, la sangre y los juramentos.

     Me ha gustado, me ha parecido que mezcla lo pulp con el western hasta conseguir una novela francamente entretenida en la que, con trazas de esa novela que ahora se ha puesto de moda, de vidas difíciles y pasajes austeros que termina resultando predecible, y un homenaje nada velado al western más típico, Pollock da una pequeña lección sobre lo que es reinventar la forma de contar una historia. Y es que, de lo que no me cabe duda alguna, es de que tiene estilo propio. Y a mi, me gusta. aunque posiblemente no sea para miradas sensibles o almas cándidas.

     Y vosotros, que ayer no os pregunté, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 3 de abril de 2017

Llamémosla Random House. Bennett Cerf


     "Mi padre, Bennett Cerf, es universalmente conocido como uno de los gigantes de la edición del siglo XX, un hombre dotado de n talento privilegiado, una pasió y unos atributos que le llavaron a cofundar Random House y en compañía de su socio, Dondald Klopfer, hacer de una empresa que publicaba anualmente unas cuantas ediciones de coleccionista, casi "al azar" -de ahí el juego de palabras en lengua inglesa con la expresión at random-, uno de los grupos mediáticos más influyentes e importantes del mundo."

     No soy demasiado aficionada a los libros de memorias pero, como todo, hay excepciones, y la figura de Bennett Cerf es una de ellas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Llamémosla Random House.

     Bennett Cerf fue el creador de Random House en el año 1927. A partir de una serie de entrevistas con las que él mismo pretendía recoger sus memorias cuando le sorprendió un infarto fatal, amén de una serie de cuadernos, se ha editado este libro que recoge sus vivencias en el camino de la que hoy es una de las editoriales más conocidas y potentes del mundo. Se mezclan, por lo tanto, las memorias del hombre, con las de la editorial en su camino hasta ser lo que hoy es.

     Aquellos que disfrutamos de la lectura y compartimos nuestra pasión por las letras, solemos disfrutar de libros que abordan el tema literario, particularmente si no se llenan de tecnicismos para muchos excluyentes. Las memorias de un editor, tienen a priori un atractivo especial, y si ese editor es Bennet Cerf, el interés se dispara. Estamos hablando de un hombre que estuve en ambientes literarios desde pequeño, que estudió y comenzó a trabajar en una editorial en la que aprendió las bases del que luego sería el trabajo de su vida, y que eligió junto a su socio el nombre de la editorial fundada basándose en su criterio para elegir los títulos. Pero sobre todo hablamos de un hombre que amaba su trabajo, y eso es percibe en cada palabra que le dedica a la literatura, en la forma que tiene de expresar la importancia del trabajo o en cómo recuerda, por ejemplo, que los manuscritos de Faulkner no necesitaban correcciones. Nos relata también que él confiaba en sus editores, de tal forma que si uno estaba totalmente convencido de la valía de un escritor, no se le discutía; o de lo importante que era para él acercar clásicos como Moby Dick a las librerías. Bennet nos habla del precio de los libros cuando se plantea el precio de los cuatro volúmenes en los que en su día recogió la obra de Proust, de escritores generosos como Judy Garland, o de la denuncia que tuvo que utilizar para llegar a publicar íntegro el Ulysses de Joyce. Y así sigue alternando vida, trabajo y anécdotas hasta las casi trescientas páginas que tiene el libro que hoy os muestro. Páginas en las que se habla de publicidad, de un  cambio en la forma de editar y de concebir los libros y también de una revolución editorial de la que hoy en día seguimos recibiendo frutos.

     Llamémosla Random House es un libro que ha sabido equilibrar la parte personal con la profesional, en el que se cambia el tecnicismo por la anécdota Hasta que el lector llega a conocer perfectamente a ese hombre que estuvo tantos años detrás de uno de los sellos más influyentes del mundo literario. Consigue además, calmar la sed curiosa del lector proporcionándole más de una sonrisa y algún que otro gesto de admiración por las magníficas ideas mercantiles tenidas por su protagonista, y todo ello sin perder un solo instante el ritmo ni convertirse en algo pesado. Y es que, hay vidas que son dignas de ser noveladas o que, aunque no lo sean, bien podrían parecer propias de un personaje literario. Y la de Bennett Cerf encaja perfectamente en esta definición.  Un tono positivo y un elogio al trabajo bien hecho, a la honradez y al amor por las letras parecieron ser las claves para llevar a cabo su empresa. Lo daba todo por su pasión, conocía a autores y libreros y no dudaba en salir en la televisión si eso le servía para hablar de su sello. Así se forja un imperio, pero sin perder el alma en el camino.


     "Todos fuimos muy honrados, y cuando la gente es así la cosa funciona para todos."

     No es habitual que traiga un libro de memorias, y a muchos les echa para atrás la simple idea de leer algo así, pero esta vez es diferente. Todos los que pasamos por estas páginas amamos la literatura y todos somos curiosos, así que no dejéis pasar la oportunidad de descubrir este título. He disfrutado de todas y cada una de sus páginas.

     Y vosotros, ¿os acercáis alguna vez a las autobiografías o libros de memorias?

     Gracias.


sábado, 1 de abril de 2017

Imperfecciones




     Todos hemos visto esa imagen de un sello con una avioneta al revés, y sabemos que esa pequeña imperfección provocó que fuera uno de los más caros del mundo. La exclusividad de lo extraño, de lo diferente, aunque sea una anormalidad como una moneda de dos caras. Y luego estamos los lectores, rara avis donde las haya incluso para estas cosas. Nos gustan las portadas uniformes en las distintas ediciones, en los diferentes países incluso si dependiera de nosotros. Y en cuanto a las imperfecciones... mejor ni hablamos.
     Recuerdo hace unos años que estaba leyendo un libro de Verne. Al llegar al final de un capítulo... ¡las letras aparecían al revés! Y no, no me sentí encantada de la vida por haber encontrado un libro excepcional cuyo valor pudiera salir dentro de unos años en la prensa por haber sido subastando en tal o cual sitio, no. en realidad me cabreé bastante ya al día siguiente fui a la librería para que me lo cambiaran por uno en el que estuviera cada letra en su sitio.

     Nosotros cuando compramos un libro, compramos una historia, una vida, un tiempo de evasión y relax y cualquier imperfección en el camino es como una extracción dolorosa de ese mundo inventado. Nunca se nos ocurriría pensar en guardar un texto distorsionado, no es algo que nos entre en la cabeza a la hora de valorar una novela. Podemos, claro, enamorarnos de una determinada edición, buscar que sea la primera, una firmada. ¿Pero una imperfecta? Esas las dejamos donde corresponden, las devolvemos porque nos han robado letras. O igual es que no tenemos sentido de la.... no, me resulta incluso ridículo ponerme a pensar en una noticia que dijera que un ejemplar de El Quijote había saltado precios por tener una docena de páginas en blanco. Nosotros no valoramos esas cosas, no somos así. Si acaso lo contamos entre divertidos (si ha pasado el tiempo suficiente) e indignados a nuestros amigos que nos miran con mayor o menor estupor en función de su afición a las letras.

     No me gustaría por cierto confundir una imperfección en un libro, con uno cuyas páginas se caigan al suelo, que son cosas distintas. Pero insisto en que somos los lectores, de los pocos coleccionistas, porque reconozcamos una cosa, coleccionamos historias, que no buscamos la rareza. La edición diferente, la extraordinaria, la especial: Sí. Pero... nada más. O eso creo.

     Hay historias imperfectas, vidas imperfectas y también libros imperfectos. Así que contadme, ¿os habéis encontrado algún libro defectuoso en vuestra andadura lectora? Y ¿qué hicísteis con él?

     Gracias

viernes, 31 de marzo de 2017

La defensa. Vladimir Nabokov


    "El propio Luzhin ha tenido que esperar treinta y cinco años hasta ser editado en lengua inglesa. Si bien es cierto que a finales de la década de los treinta hubo algunas esperanzas cuando un editor estadounidense mostró interés por la obra, resultó pertenecer a esa clase de editores que desean convertirse en la musa masculina del autor,  y nuestra breve relación terminó abruptamente cuando me sugirió que sustituyera el ajedrez por la música y convirtiera a Luzhin en un violinista demente."

     De Nabokov me gustan sus formas, su cuidado en los detalles, que puede permanecer oculto a ojos del lector que no va prestando toda su atención, y también su entusiasmo. Por eso poco a poco voy leyendo su obra. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La defensa.

     Conocemos a Luzhin cuando es aún un niño. Vive en un mundo que le resulta hostil, al que no se adapta. Sin embargo, pronto encuentra en el ajedrez su propio mundo, su defensa contra el externo, y además demuestra ser un niño dotado, un genio en realidad. Ahí Luzhin se siente cómodo. Pero los años pasan y aparece el amor, y el ajedrez queda en un segundo plano, al menos de forma literal, porque su mente sigue viendo el mundo como una gran partida que hay que ganar.

     No se puede hablar de este libro sin comenzar por el prólogo. Un prólogo escrito por el propio autor y que es la mejor de las críticas que uno se pueda encontrar. En él, no solo vemos el entusiasmo de Nabokov por esta obra, además nos irá dando pistas de detalles en los que nos tenemos que fijar, incluso nos desvela el final. Supongo que, si es capaz de hacer algo así, ya significa que todos aquellos que pensaron que el final de este libro era sorprendente, no se fijaron tanto en los detalles como el autor esperaba. O tal vez no quiso el propio Nabokov que valorásemos ese final de una forma diferente porque, una vez conocido lo que nos cuenta en dicho prólogo, se antoja inevitable que el libro concluya como lo hace. En todo caso, advertidos estáis tanto de lo indispensable de su lectura, como de su contenido, para poder elegir si se hace antes o después de conocer la historia.

     En cuanto a la novela propiamente dicha, Nabokov vuelve a hacer gala del cuidado en los detalles, la descripción minuciosa, el lenguaje bien elegido (y conservado gracias a una buena traducción). Su proptagonista, tal vez por ser conocido en su infancia, queda perfectamente dibujado para el lector que termina por conocerlo casi a la perfección. Un casi que viene a apoyar su realismo, ya que muchos escritores olvidan que el ser humano puede ser impredecible en determinados momentos. Nos va dejando además, alguna pista cuyo significado iremos descubriendo a medida que avanzamos en la novela, como son por ejemplo esas referencias a luz y oscuridad que hay referidas a la vida, y que uno, al pararse a pensar, descubre no sin cierta sorpresa, la lógica comparación con los colores de un tablero de ajedrez. Y es que, ahí están los detalles del placer extraordinario de leer a Nabokov, el saber que estamos ante la palabra escogida, la prosa selecta, el título perfecto: La defensa.
      Justo eso es lo que urde el protagonista, que vive en un permanente estado de búsqueda y hallazgo. El ajedrez como defensa del mundo, la vuelta al mundo que sigue viendo como una enorme partida que hay que ganar, la búsqueda entonces de una defensa contra el mundo; la defensa final. La vida como partida, el ajedrez como enroque, pero.. ¿Qué sucede entonces si el lector no sabe nada de ajedrez, o no le gusta o sencillamente no le interesa? Pues no pasa absolutamente nada. En ese caso, observaremos la historia, la disfrutaremos, y lo haremos igualmente con los mismo detalles. Tendremos un protagonista ajedrecista, de mente analítica, cuyos pensamientos se irán agrupando de forma ordenada y metódica como una gran partida, que será la que todos jugamos, la de la vida.
Y disfrutaremos igual, tal vez incluso más.

      Me gusta leer a Nabokov. La defensa no es una de sus grandes novelas, pero es una perfecta muestra de lo que es escribir bien, y no dejar absolutamente nada al azar. Fijarse en cada detalle hasta componer una obra redonda en contenido y también en las formas. Y el lector, como me pasa a mi, tal vez no sea un entendido o un esteta literario, pero la armonía se percibe incluso con los ojos cerrados.
   
     Os invito a conocer a Nabokov, a olvidaros del sexo, a ignorar a Lolita. Os invito a adentraros en la obra de un gran escritor.

     A veces identificamos a un escritor con uno o dos títulos olvidando el resto de su producción, ¿hay algún escritor con el que os suceda eso al pensar en su nombre?

     Gracias.

jueves, 30 de marzo de 2017

Según venga el juego. Joan Didion


     "¿Qué hace malvado a Iago?, preguntan algunos. Yo nunca pregunto.
     Otro ejemplo, uno que me viene a la cabeza porque esta mañana la señora Burstein ha visto una cascabel pigmea entre las alcachofas y desde entonces está intratable: yo nunca pregunto por las serpientes."

     Comencé a leer a Didion por su nombre, razón de lo más superficial, para descubrir una voz diferente capaz de susurrar al oído sus historias al lector. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Según venga el juego.

     Conocemos a María, una mujer con una carrera opaca y un marido director de cine bastante más afamado que ella. Tiene con él un matrimonio que hace aguas, una hija internada en un centro para niños con necesidades especiales y una falta de entendimiento visible de esas que terminan en fractura. La conocemos embarazada...

    Según venga el juego es una novela sobre una mala mano de póker. Solo que no habla de juegos de cartas. Habla de la vida de una mujer en un entorno de oropeles y famas que es eclipsada por cualquiera. Sobre todo por sus propios miedos. María está dejándose caer poco a poco en una espiral de... de nada, y eso es lo desgarrador de la novela. Es una mujer sin éxito, sin un matrimonio que se sostenga y, sobre todo, sola. Conocemos así a una persona que parece ir siempre al lugar que le dicen sin elegir ella jamás, y que pasa de la dejadez al hastío y de este al borde de una depresión. María escucha una voz al teléfono que le dice dónde ir, también a su marido que le dice qué pensar, a la enfermera de su hija... ella escucha a todo el mundo y cuanto más escucha, más se deja, más se pierde. Eso es lo terrible de la historia de María, que vemos como se abre y sangra dejando ver el vacío de una vida a la que parece no encontrar sentido.
Didion consigue a través de capítulos cortos, mostrar el otro lado del Hollywood de los años setenta. No se trata de focos y glamour, no. Habla de sombras, drogas, suicidios y tristeza, como si se empeñara en obligarnos a mirar el polvo que se oculta detrás de la puerta, la suciedad de las esquinas de las salas de estreno. Y lo hace de una forma tan efectiva que duele. Nos fijamos en sus frases, aparentemente desconectadas, en sus capítulos que casi parecen pequeños flashes, relatos de una vida, y también en el realismo de las líneas de la propia María. Y paramos la lectura para tomar aire. Porque a veces, en menos de doscientas páginas, nos podemos quedar sin aire, exactamente igual que una vida se puede quedar sin ilusión.

     Me gusta Joan Didion. Me gustan sus letras y su forma de escribir alejada de lo convencional y más cercana a eso que se viene llamando literatura posmoderna. Me ha gustado Según venga el juego. Elegid un título, y leed a Didion.

     Gracias.

     "Pues eso. Soy lo que soy. Buscar razones no tiene sentido."

martes, 28 de marzo de 2017

La química. Stephenie Meyer


     "La tarea de aquel día se había vuelto rutinaria para la mujer que en ese momento se hacía llamar Chris Taylor. Se había levantado mucho antes de lo que habría querido para desmantelar y guardar sus medidas de precaución nocturnas. Era un auténtico incordio colocarlo todo por las noches para luego tener que desmontarlo a primera hora de la mañana, pero no merecía la pena arriesgar la vida por permitirse un momento de pereza."

     Que la curiosidad mató al gato es algo por demostrar, así que muchas veces ese es el único motivo que me lleva a elegir un libro. Por eso, por la curiosidad, hoy traigo a mi estantería virtual, La química.

     Conocemos a una peligrosa mujer, la química, que vive obsesionada por su seguridad debido al peligroso trabajo que ha desempeñado. Torturaba para conseguir información utilizando temibles mezclas químicas. Ahora la vamos a llamar Alex, y ya no trabaja para el gobierno. Su situación se ha vuelto peligrosa, máxime cuando compañero y mentor muere. Sin embargo, tal vez un último encargo pueda ser una vía de salida... o una trampa mortal.

     Y si tus lectores crecen, crece con ellos. Es algo que ya hizo Rowling, adaptándose a la edad de quienes comenzaron su periplo lector con el mago. Y ahora le ha tocado a Meyer. De Crepúsculo a La química, con una pequeña parada para hablar de parásitos extraterrestres en un libro que no era ni para jóvenes ni para adultos, o tal vez pretendía ser para todos, hay un salto de edad en el rango lector. No solo aso, además, como si renegara de lo escrito, que no de lo ganado, opta por una protagonista diametralmente opuesta a su famosa Bella. Aquí no hay un hombre para salvarla ni tampoco para guardar su sueño, ella se vale sola y además es quien cuida y protege llegado el caso. De lo de vigilar mientras duerme que no le pase nada, mejor ni hablamos teniendo en cuenta las exageradas medidas de seguridad que toma cada noche. Con este desembarco, es fácil suponer el camino que tiene la novela, escrita de esa forma que se dice cinematográfica, y que lo que suele representar es la clara intención por parte del autor de ver su historia en la gran pantalla.
     Si algo tiene en común con las anteriores historias de Meyer, es su capacidad de entretener a casi cualquier lector. Con un ritmo no demasiado rápido y sin detenerse en largas descripciones, es fácil dejarse llevar por una trama que nos puede resultar vagamente familiar a pedazos de otras novelas ya leídas y olvidadas. Exactamente igual que nos sucederá con este pasapáginas cuyo final se nos antoja previsible y, si me lo permitís, parte romántica infumable. Y es que no he sido capaz de creerme ninguno de los vestigios de romance que aparecen en la historia, ni el principal ni el Estocolmo express, y cuando un libro me hace levantar la mirada y murmurar un "venga ya"... me ha perdido. O casi. De hecho, si me quedo con algo de esta novela es con la vía canina, ya que tampoco hay grandes sorpresas en el giro argumental.

       Pero... seamos justos y desandemos el camino. Meyer ha escrito una novela entretenida en la que ha mezclado la mayor parte de los ingredientes del éxito. Además ha tenido en cuenta el público que ya conoce su nombre, y que ya serán mujeres adultas o casi adultas, y ha dotado a la protagonista de la fuerza y el carácter que le faltó en su día a Bella, además de joyas y artificios mortales y un más que dudoso carácter que parece querer hacer dudar en un primer momento al lector sobre si la química es buena o mala en esta novela. Un poco de amor, escenas de acción... un libro, en definitiva, que se deja leer si uno no se hace demasiadas preguntas, o tiene algún conocimiento extra, y que entretiene durante unas horas, que será lo que tardemos en olvidarlo.

     Como comentaba, hay escritores que han dado el salto al libro para adultos con los años, pero que eran conocidos por su literatura dirigida a jóvenes lectores. Así que decidme, ¿os habéis animado con alguno de estos nombres?

     Gracias.

lunes, 27 de marzo de 2017

Morir en primavera. Ralf Rothmann


     "El silencio, el rechazo absoluto a hablar, especialmente sobre los muertos, es un vacío que tarde o temprano la vida termina llenando por su cuenta con la verdad."

      Así comienza esta novela de título compartido con un viejo álbum de Loquillo. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, Morir en primavera.

     "El escritor eres tú" dice Walter Urban esperando la muerte a su hijo, que siempre se preguntó qué ocultaba el atronador silencio de su padre. Incluso le dejó unos cuadernos con la esperanza de que relatara en ellos aquello que llevaba callando tanto tiempo. Y eso fue lo que obtuvo y por eso se convierte en narrador para relatarnos la historia de su padre cuando, con 17 años, fue reclutado junto a su amigo Fiete para un comando de las SS. La Guerra ya está agonizando, estamos en 1945 y jóvenes iletrados son reclutados y apenas preparados para enviar a luchar al frente, dejándoles tan solo la salida de la deserción para evitarlo.

     Hay un momento en el que las historias reales se ficcionan tanto, o se relatan tanto en la forma que sea, que comienzan a perder pie en la realidad. Por eso es necesario que haya novelas que nos obliguen a creer lo relatado, que nos hablen uniendo pasado y presente sin dejarnos escapatoria durante la lectura. Y eso hace Morir en primavera Ralf Rothmann al relatarnos la más que probable historia de su padre.

       Es muy importante en este caso, quedarnos con el principio del libro. En él se habla del silencio de un hombre recio, de cuerpo agotado por el duro trabajo en la mina, y alma forjada mucho tiempo atrás. Un silencio que solo mantienen quienes sufrieron lo indecible, aunque ni siquiera fueran heridos. Y que reconocemos desde las primeras páginas como uno de esos que llaman silencios de vida, que marcan a todo aquel que rodea a quien lo sufre, como si ellos fueran los que lo padecen. Así es como el autor entra en la SegundaGuerra Mundial, desde la historia personal, lo privado, desde el baile en el pueblo que se convierte en una encerrona para reclutar a cualquiera que sirva para la guerra. Una guerra que sabiéndose perdida por las grandes esferas, intuyéndose incluso perdida por aquellos que se envían a luchar, ha de seguir batallándose bajo pena de muerte ante la negativa. Sin opciones, sin medios caminos, sin posibilidad de huir. Y las guerras son crueles, y obligan a forjar caminos encontrados, y la brutalidad de la guerra no tiene límites y destroza familias, pero aún más corazones.Y provoca silencios por motivos capaces de sobrecoger el alma del lector más duro... porque los sabe reales y no necesitan de terribles campos de concentración para hacerlo.
   
     Es curioso como uno de los mejores libros publicados sobre la Segunda Guerra Mundial se ha quedado en lo pequeño, y además ha contado su historia desde el interior del bando de los malos, que nadie pone en duda ni la puso jamás que lo sean. Y tampoco Rothmann. Pero si hace que veamos que no todo es lo que parece y que cada historia está formada por multitud de ellas pequeñas que nos pasaron desapercibidas. Añade además una reflexión, que deja caer en la cita con la que comienza el libro, sobre los pecados heredados de sociedades que parecen condenadas a seguir sufriendo por los terribles pecados cometidos por otros que simplemente nacieron dentro de sus mismas fronteras. Y es que, en el fondo, esta novela trata sobre uno de los temas universales de la literatura: y no, no es el amor, Rothmann nos habla de la culpa.

     Morir en primavera es una gran novela llena de escenas magníficas que irán a fuego grabadas en la retina del lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     "Los padres comieron las uvas agrias y a los hijos les dio dentera."
Ezequiel.

viernes, 24 de marzo de 2017

Nuestra Señora de París. Víctor Hugo


     "Ella, sin decir una sola palabra, se aproximó al reo, que se retorcía en vano para librarse de ella, y soltando una calabaza que a guisa de recipiente tenía atada a la cintura, la acercó muy despacio a los labios áridos del desdichado."

     Qué difícil es recomendar un clásico, y que necesarias son algunas lecturas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Nuestra Señora de París.

     Estamos en París en el siglo XV, allí conocemos a la gitana Esmeralda, a Quasimodo, un joven deforme campanero de Notre Dame y protegido del archidiácono Frollo, al poeta Gringoire, enamorado de Esmeralda y al capitán Febo, de quien se enamora la gitana. La historia comienza cuando Frollo encarga a Quasimodo que secuestre a Esmeralda y Febo lo impide, deteniendo al joven. a partir de ahí, la historia se complica.

     Una vez más una editorial, esta vez gracias a Benjamin Lacombe y sus ilustraciones, eleva un libro hasta convertirlo en una joya. Y en este caso elige al gran Víctor Hugo, y una de las obras cumbres del romanticismo, Nuestra Señora de París. Dividida la novela en dos partes que respetan el texto, que de hecho se compone de once libros, un simple vistazo al diseño y calidad de sus cubiertas puede parecer suficiente para decidirse a la compra, sin embargo, y como sucede con otros libros de Lacombe, lo mejor está en el interior.

     Pero hablemos de la historia, una historia conocida por todos pero leída por mucha menos gente de la que pudiéramos pensar. Una historia que, además, fue tocada y trastocada por Disney, que la adaptó a sus necesidades pervirtiendo el significado de la novela en muchas de sus partes, y llevando a mucha gente a error amén de quitar lectores por eso de saber ya lo que sucede en el libro. Esmeralda, tachada muchas veces de mujer fatal, es un personaje que en realidad se aleja mucho de lo que pudiéramos pensar de dicha etiqueta y, si bien tiene momentos de bondad, como su trato hacia Quasimodo, también gira burlándose del poeta sin pudor alguno. Los personajes masculinos, en cambio, están mucho más definidos, destacando, cómo no, Quasimodo. Pero no es una historia a dos, es una historia de amor trágica llena de trabas para sus protagonistas, en la que todo parece indicar que el autor nos dirige con pulso firme hacia un final trágico. La obsesión malsana de Frollo, el carácter ególatra y engreído del capitán, la multitud, el poeta enamorado, el secreto descubierto... y las gárgolas. Porque todo sucede de una forma u otra, al amparo de la sombra proyectada por Notre Dame, todo bajo la mirada de sus ya famosas gárgolas que, por supuesto, ni se pasean, ni cantan como hicieran en la película de Disney que pretendió hacer pasar por infantil una historia que está a años luz de serlo. No pensemos sin embargo que en el libro solo hay catedral. Víctor Hugo habla de la ciudad entera, pero la imponente presencia de Notre Dame la convierte en un personaje más de la novela, y eso es justo lo que ha sabido captar y recrear Lacombe en sus magníficas ilustraciones.

     Comenzaba diciendo que recomendar un clásico es una tarea complicada. Sin embargo, la lectura de estos libros que han sido capaces de resistir el paso de los años inmutables, emocionando a generaciones de lectores, es algo necesario. En ellos encontramos las fuentes de los que en otro tiempo serán clásicos y se están escribiendo hoy en día, y descubriremos como placer añadido, que pasadas las primeras páginas, pueden ser tan atractivos y adictivos como cualquier otro libro. Y es que, la palabra clásico, provoca muchas veces un cierto rechazo del lector que lo identifica con tedio nada condensado en una extensión de 700 páginas.

     Mi experiencia en esta relectura ha sido fantástica. Me he descubierto presa de las letras de Víctor Hugo igual que lo estuve la primera vez. Os recomiendo este título, al autor, la edición... pero, sobre todo, os recomiendo que os acerquéis a los clásicos sin reparos.

     Y vosotros, ¿sois lectores de clásicos?

     Gracias.

jueves, 23 de marzo de 2017

Tres noches. Austin Wright


     "Todo se remonta a la carta que Edward, el primer marido de Susan Morrow, le envió a ésta en septiembre pasado. Había escrito un  libro, una novela: ¿le gustaría leerla? Susan se quedó desconcertada porque, aparte de las postales de Navidad firmadas "Con cariño" que le enviaba la segunda esposa de Edward, hacía veinte años que no sabía nada de él."

     Con la aparición de la adaptación cinematográfica de esta novela, recordé su lectura. Y eso me llevó en lugar de al cine, a releer. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tres noches.

     Conocemos a Susan, una mujer de mediana edad casada por segunda vez, profesora y con un marido no demasiado perfecto. Y también a Tony Hasting, de edad similar, también profesor y también casado. Hasta ahí parece que no es nada extraordinario, salvo que Tony es el protagonista de la novela que está leyendo Susan, titulada Animales nocturnos. Y que el autor de esta novela es Edward, ex marido de Susan y del que no había sabido nada en los últimos veinte años. Susan comenzará la lectura de Animales nocturnos y le llevará tres noches.

     Estamos en la forma más literal de la metaliteratura, que es meter un libro dentro de otro. En este caso, el autor nos llevará a la lectura obligada de Animales nocturnos a la par que iremos conociendo a Susan y su vida en sus reflexiones durante la lectura de dicho libro. De este modo no solo la iremos conociendo, también a Edward, el autor. Ahí Austin nos dará la parte más psicológica del libro, mientras que Animales nocturnos será una novela que no da tregua al lector, convirtiendo a su protagonista en una más de la historia y obligándonos a pensar el propósito de esta. Encontramos también reflexiones literarias, lo que provoca el sentimiento de estar ante una novela híbrida que mezcla demasiados estilos como para poder encasillarla en una única etiqueta.
     En cuanto a las dos historias, lo tuve claro desde el primer momento, será Animales nocturnos la que lleve el peso de la novela negra, mientras que la parte protagonizada por Susan será más de atmósfera, psicológica. Y, posiblemente, el gran acierto del libro es convertir a través de Susan en lector activo a quien tenga el libro en la mano. Sin embargo, y pese a que la historia es muy entretenida y original, tiene un pequeño momento en que decae al final del segundo día, y del que se recupera sin llegar a alcanzar la frescura de las primeras páginas; quizás porque el final no es todo lo sorprendente que hubiéramos deseado. Con todo, uno sale de la lectura con la sensación satisfecha de haber pasado unas horas francamente entretenidas buscando el motivo y relación del curioso envío que recibe la protagonista.
     Los personajes son conocidos a la perfección por el lector y, en mi caso, se ha producido un curioso fenómeno, y es que no ha despertado mi simpatía ninguno de ellos. Lo cual, lejos de empañar la lectura, la ha convertido en algo mucho más interesante. Hacía tiempo que no me sucedía esto, normalmente mis afinidades suelen estar repartidas, incluso equilibradas y, aunque el protagonista no me agrade demasiado, encuentro otros personajes que situar al otro lado de la balanza.

     Tres noches es un libro diferente y entretenido, bien estructurado para que el lector jamás se pierda en sus historias entrelazadas que os recomiendo si buscáis una lectura que se salga de lo habitual. Eso sí, os aviso, no es tan negra como la pintan.

     Y vosotros, ¿recordáis el último personaje que despertó vuestra antipatía?

     Gracias.

martes, 21 de marzo de 2017

El valle del óxido. Philipp Meyer


     "La madre de Isaac llevaba muerta cinco años, pero no había dejado de pensar en ella. Vivía solo en la casa con el viejo, tenía veinte años, era pequeño para su edad, se le podía confundir fácilmente con un niño. Era última hora de la mañana y cruzaba deprisa el bosque en dirección a la ciudad; una figura pequeña y delgada con mochila, procurando que nadie lo viera. Había cogido cuatro mil dólares de la mesa del viejo; "Robado" se corrigió. La fuga del manicomio. Si alguien te ve esto va a ir en plan: "Silas, suelta a los perros.""

     Así comienza la última novela de Meyer, con una referencia al Julio César de Shakespeare. Y esta última novela en nuestro país, primera en realidad, es la que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de El valle del óxido.

     Conocemos a Isaac, un chico brillante que no pudo salir de su casa para estudiar por cuidar a su padre, y a Billy, quien con una beca deportiva también pudo salir de su hogar, pero tampoco lo hizo. Son dos jóvenes que no parecen tener nada más en común, hasta que el destino les une el día que deciden dejar su hogar, y les coloca en una situación que acaba con una muerte violenta cambiando sus planes.

     Sería muy fácil hablar de la Gran Novela Americana, de Steinbeck, De ratones y hombres y citar las frases cortas de McCarthy, pero son comparaciones demasiado manidas en la literatura. Meyer nos coloca en un pueblo de Pennsylvania, y con su frase el valle del óxido describe a simple vista el eco de un tiempo pasado que ha dejado ese color a lo largo de su paisaje. Viejas fábricas abandonadas, prisión, almacenes, maquinaria con herrumbre, ferrocarriles... eso es este valle. Y así son sus habitantes, que parecen condenados a no brillar, y si lo hacen, como la hermana de Isaac que consigue ir a Yale, condena con eso al hermano a quedarse cuidando del padre. Ese es el mundo que nos presenta Meyer, un mundo ya conocido al que tampoco aporta nada nuevo, sin necesitar hacerlo. De hecho, quizás el mejor recurso de toda la novela sea precisamente ese, su esfuerzo por mantenerse dentro de los cauces normales, evitando las extravagancias tanto como los clichés rurales americanos.

     Meyer divide el libro en seis partes, y va cambiando de personaje en los capítulos de tal forma que conocemos el entorno de nuestros protagonistas. Grace, por ejemplo, la madre de Billy, que es junto al sheriff Harris uno de los mejores personajes. Y es que ahí es donde Meyer me ha sorprendido, justo en este par y en su capacidad tanto para dibujar un personaje femenino, como para dejar al descubierto los conflictos internos de ese sheriff con dobles lealtades internas.

     Meyer utiliza frases cortas, breves, que agilizan la acción y se convierten en mínimas cuando se trata de personajes masculinos.  Y aún así, aunque sea común a cualquiera de ellos, establece sutiles diferencias cuando se pone en boca de cada uno. Pronto diferenciamos a Isaac, más culto, de Grace y sus preocupaciones, de Billy, leal... dando su rasgo particular a cada uno de ellos. Además al ofrecernos las visiones sesgadas de cada uno de los personajes, lo que consigue es otorgar una perspectiva común de quienes viven en un mismo lugar. Los protagonistas, por ejemplo, dispares pero unidos por sus deseos, las mujeres que toman diferentes decisiones y sus caminos... dando como resultado ese retrato común de decadencia y malas decisiones.

     Me ha gustado El valle del óxido, con mis peros, ya me ha sucedido antes con este escritor. Me ha parecido menos pretenciosa que El hijo, escrita con menos ambición, y por lo tanto más entretenida. Si uno no se para en los detalles, es una buena novela.

     Y vosotros, ¿os gustan las novelas desde varias perspectivas o preferís algo más lineal?

     Gracias.

lunes, 20 de marzo de 2017

El bazar de los malos sueños. Stephen King


      "Te he preparado unas cuantas cosas, Lector Constante; las expongo ante ti a la luz de la luna. Pero, antes de que contemples los pequeños tesoros artesanales que tengo en venta, hablemos un poco de ellos, si no te importa. No nos llevará mucho tiempo. Ven, siéntate a mi lado. Y acércate un poco más. No muerdo.
     Aunque... nos conocemos desde hace ya mucho tiempo, y sospecho que sabes que eso no es del todo cierto.
     ¿No es así?"

      Stephen King me gusta. Me divierte. Siempre ha sido así. Y eso hace que me sumerja en sus libros con una gran facilidad sabiendo que me dispongo a pasar unas horas de entretenimiento. Por eso tenía ganas de leerme estos cuentos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El bazar de los malos sueños.

     Esta vez el llamado maestro del terror nos deja una colección de veinte relatos, algunos inéditos y otros no aunque sí mejorados, que vienen acompañados de una pequeña introducción en cada uno de los casos. En ellas el autor se dirige brevemente a su lector contante antes de comenzar su cuento, que irá desde los más clásicos en su estilo, como Área 81, hasta otros que intentarán sorprender al lector, como es el caso de Ur, e incluso poesía.

     No voy a hacer una enumeración de cada uno de los relatos contando su título y resumen porque considero que eso haría un flaco favor al lector. Lo que sí puedo decir es que Stephen King ha recuperado en este libro al escritor que muchos conocimos en nuestra adolescencia a través de aquél formato granate de bolsillo. Y lo encontramos, ahí está en cuentos con niños y bicicletas, con coches monstruosos, con mensajes en arena... y pensamos entonces que ha vuelto ese Stephen King que ahora parecía haber abandonado a su lector de toda la vida para pasarse a lo que llaman liteatura más seria abandonando el género. Tal vez por eso todo el libro vaya dirigido a su Lector Constante, al que habla en cada prólogo explicándole en un tono que recuerda al ya añejo Mientras escribo, en el que le dirá cómo surgen las ideas, hablará de ideas fugaces, de influencias... y que es, podría asegurar, la parte del libro que más me ha gustado. Y es que creo que podría afirmar sin temor a equivocarme, que todos los que leímos Mientras escribo, nos aficionamos a los prólogos de los libros de King escritos por el propio autor. Textos en los que se dirigía a nosotros relatando alguna anécdota que podía tratar desde un paseo para hacer un poco de ejercicio con su perro, hasta un desayuno a la mesa de su casa. Y aquí ha sido generoso con esa parte. Gracias.

      Comentaba que también se acerca al poema en algún relato, y eso hace que me pregunté por qué no poner a un libro media docena de páginas más y dar la opción bilingüe en estos casos. Para saber qué ganamos y perdemos, para ver la rima, las palabras, lo sonoro. En mi caso, me quedo con esa curiosidad. Los poemas me han gustado, no es la primera vez que leo a King metido en estas lides.

      El resultado de El bazar de los sueños es bastante uniforme y compacto, aunque sigue lejos de aquel escritor que conocí. No hay bajones en la calidad de los relatos, aunque es cierto que no los he disfrutado tanto como hice hace años, con sus ... después de media noche. Me hago mayor, supongo. Pero me ha gustado. Tal vez incluso con un poco de nostalgia del lector que fui. Comentaré además, y esto ya es pasión personal, que me he reído con un detalle y os comento porque las curiosidades me pirran, y... bueno, cualquiera que siga mi Instagram sabrá que los zapatos también. Hay un cuento, Fuegos artificiales, en el que se nombra a un zapato cordobés para hablar de un tono de bronceado. Os diré como anécdota que estaría por apostar a que el señor King no tiene ni idea de lo que es un zapato cordobés, al igual que me pasa a mi, en cambio si uno le preguntase por un cordovan shoe las cosas cambiarían. King podría entonces explicar que un zapato cordován se hacer con un tipo de piel muy determinado y que se suele teñir de un tono marrón oscuro. Me sonreí pensando en cuantos deslices habrá que no veamos en cada libro que leemos. No es importante, es... una simple curiosidad que no afecta en nada a la lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.
     Firmado:
     Un Lector Constante.


viernes, 17 de marzo de 2017

Léxico familiar. Natalia Ginzburg


     "Me llamo Natalia Ginzburg.
     Mi padre, Beppino, ama la ciencia y la naturaleza.
     Lidia, mi madre, disfruta en cambio con el placer de narrar. Tengo tres hermano y una hermana. Vivirán lejos y me bastará la ficción para saber qué les ocurre. Cumpliré con todos los ritos: nacer, crecer, reproducirme. Algún día moriré. También escribiré libros. Quizá, incluso, plante el cerezo de aquella primavera triste de Pavese."

     Tenía curiosidad por leer a Natalia Ginzburg y aproveché el aniversario para leer alguno de sus títulos. O al menos para comprar, leerlos.. poco a poco. Hoy traigo a mi estantería virtual, la primera de mis lecturas, Léxico familiar.

     Natalia Ginzburg, de apellido soltera Levi, nos presenta en este libro a su familia formada por un matrimonio y cinco hijos, en una casa inquieta y, como todas peculiar.  Conoceremos así a sus padres, Griuseppe y Lidia, un profesor más severo y una mujer de esas que gustaban a principios del siglo pasado. También a sus hermanos y hermanas, y a su marido Leone, de quien tomó su apellido. Se incluirán además las personas pertenecientes a su círculo.

     Dijo la propia autora del libro, que había que leerlo más como una novela que como una biografía, pese a que el libro sea un retrato familiar. Y es adecuado hacerle caso, ya que sabe bien de lo que se habla, posiblemente más que el lector, que de entrada se encuentra una colección de anécdotas que, lo primero que señalan es el motivo del título. Supongo que a todos nos sucede, y más en familias grandes o con tendencia a reunirse (me sirve también grupos de amigos) que una frase nos lleva a un recuerdo, y una vez que se relata siempre aparece otro ¿y recuerdas cuando...? y así en un bucle infinito de frases, y palabras, y momentos y recuerdos, que son como un léxico propio y común de las personas pertenecientes a ese círculo. Quizás por eso Ginzburg comienza hablando de todos y se va centrando en los cercanos, para que tengamos la sensación de ir colocando nombres y personas y saber perfectamente de quién habla pasadas las primeras páginas. Nos presenta a una familia en la que nos invita a ser uno más durante la lectura, y para ellos, casi parece olvidarse de ella misma como uno de los protagonistas. Sabremos más del resto, de sus sentimientos, del cambio de país, la severidad del padre que realiza algunos comentarios de esos propios de padre pero extraños a quienes no son sus hijos. Nos habla de política y de cárcel, de fascismos y de ideas recurrentes, y también aparece el mundo cultural en el que se integra ella con su marido. Nataliz Ginzburg es capaz de tratar su matrimonio, en la parte de los sentimientos de la propia autora, "dándole carpetazo en tres frases" y luego extenderse para que comprendamos, por ejemplo, que su gran amigo Pavese no superaría la muerte del marido de ella. O hablarnos de la muerte, anunciada y poco creída, de quien al final se quitó la vida.

     Léxico familiar es un libro de esos que llaman de lectura fácil, que parece comenzar como un compendio de anécdotas pero que, una vez cerrado descubrimos que sí hemos leído una novela. Una historia en la que si hay ficción no lo sabemos, y ahora ya no queremos que nadie nos lo diga, porque los personajes que aparecían y sabíamos personas, se fueron volviendo cercanos, les cogimos cariño. Nos invita de este modo a esa zona privada que solo comparten los íntimos, los afortunados, de algún modo los elegidos.

     Entiendo que guste Natalia Ginzbug. a mime ha gustado mucho. Repetiré.

     Y vosotros, ¿os acercáis alguna vez a la no ficción?

     Gracias.