sábado, 27 de mayo de 2017

Disfrutar de la Feria del Libro



     No cabe duda que la Feria del Libro de Madrid es todo un acontecimiento para todos los que somos lectores habituales, y también lo es para muchos ocasionales. Y sin embargo, de un tiempo a esta parte, parecemos los grandes olvidados a la hora de hablar de la feria. Nos dicen lo que tenemos que leer, y parece que luego debemos de avergonzarnos si, en lugar de comprar ese libro tan bueno, hemos optado por hacer cola durante más de una hora bajo el sol, para que nos firme el libro otro nombre más conocido tal vez por ser mediático. Y yo reivindico que las ferias son para los lectores, y que si nos van a criticar luego porque "las cosas son así y qué le vamos a hacer" luego en las casetas, te dicen los libreros, que a la feria solo se llevan los más vendidos. Y tal vez eso influya en las cosas, o tal vez no,  pero es mi feria, y, señores, la paso como quiero. Y lo que es peor: la disfruto. Cada año. Y pienso repetir.

     Así que este año voy a mirar esos carteles imposibles que seguro se podrían hacer un poco más sencillos, hasta ver qué día me cuadran dos escritores que me gusten mucho, cogeré sus libros (y el plural no es por el par de autores, recuerdo haber ido a una firma con siete títulos del mismo escritor) y me dirigiré a la feria sin importarme lo que opinen. Una vez allí me daré un paseo, me compraré otro par (o siete) y sopesaré nombres y colas, y futuras oportunidades en mi ciudad, que nadie parece tener en cuenta, que hay escritores que luego puedes ver, y otros que no vas a tener cerca hasta, con suerte el año que viene. Y no, no creo que me compre novedades ni top ventas, yo quiero una feria con libros intermedios, con un rinconcito en la caseta en el que meter la nariz, aunque sea un rincón pequeño en cada una, en el que tropezarme con clásicos o alguna bonita edición ilustrada. No quiero listas que me digan qué libro comprar ni otras pasada la feria que lamenten que tal señor tenía dos horas de cola, mientras que el multipremiado señor apenas firmó cuatro libros en una tarde. Quiero disfrutar, que no me digan culto ni tampoco que no tengo valor o criterio o base, como decía mi profesor de matemáticas del instituto a los alumnos rezagados. Y es que, al final, cuando llegan estas fechas que son además el pistoletazo de salida del comienzo del verano, uno acude con toda la ilusión, cargado con una bolsa, crema solar y un botellín de agua, y sale de la feria feliz y agradecido por aquél escritor admirado que se tomó la molestia en mirarte a la cara mientras firmaba tu libro (me ha pasado que no me miren, y también encontrarme con quien pasa el tiempo con cada lector como si fuera el único sin pensar que le restan 20 u 80 personas en esa cola, sabedor de que el lector perdona la espera cuando su escritor admirado le trata de manera personal). Pero cuando van pasando los días, se da cuenta de que no todo el mundo acude con la misma energía y entusiasmo y que hay quien va y mide y sospecha y critica... una pena, si os digo la verdad, ver que no lo disfrutan como nosotros. Y me da igual si son lectores, escritores o periodistas, todos ellos deberían de disfrutarlo. Mínimo como lo hago yo.

     No voy a recomendar libros que comprar en esta feria, como tampoco lo hice otros años. Tampoco os voy a recomendar que hagáis unas colas antes que otras, sería tontería. todos tenemos nuestros gustos, filias y fobias y, en caso de recomendar algo, me iría a los clásicos o a esos libros que me entusiasmaron y parecieron pasar sin pena ni gloria, aunque no hace falta una feria para recordarlos. Pero en una feria es más fácil ver a Grey que a Unamuno, y eso ya lo sabemos todos. Así pues, disfrutemos, y que nadie nos diga a quién tenemos que ver o comprar y, muchísimo menos, leer. Es nuestra feria, sea en la fecha que sea, y en cualquier ciudad.

     Y vosotros, ¿sois de ir a Ferias del Libro?

     Gracias.

jueves, 25 de mayo de 2017

Esperando a Mister Bojangles. Olivier Bourdeaut


     "Mi padre me había contado que, antes de que yo naciera, se dedicaba a cazar moscas con un arpón. Me enseñó el arpón y una mosca aplastada.
    - Lo dejé porque era muy difícil y estaba muy mal pagado -me explicó mientras volvía a guardar su antiguo material en una caja lacada-. Ahora monto talleres mecánicos. Trabajas mucho, pero te ganas muy bien la vida."

     Leí este libro en francés hace ya unos meses por el ruido mediático que tuvo en el vecino país. Ahora aparece editado en el nuestro, bajo un conocidísimo sello, y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Esperando a Mister Bojangles.

     George es un hombre jubilado a una edad temprana, con el tiempo y el dinero adecuados para poder mantener a su atípica familia y pasar su vida junto a ellos. La familia está compuesta por una mujer, cuyo nombre varía varias veces a la semana y un niño encargado de contar la historia. Tienen además una grulla gritona como mascota, de nombre Miss Superflua.

     Hasta aquí y con ese argumento pudiera parecer una historia normal, aburrida incluso, pero nada más lejos de la realidad. Bourdeaut nos regala en su primera novela una tragicomedia sobre la vida y el amor. Pareciera que el autor se hubiera preguntado si uno puede enloquecer de amor y, respondiéndose afirmativamente, hubiera puesto en el camino a esta extraña pareja de excéntricos destinados a enamorarse. Y eso no significa que George no se diera cuanta de que a esa mujer de ojos verdes algo le sucedía, pero ¿qué importa un poco de excentricidad cuando uno está enamorado? Y así les deja conocerse y reinventarse una y otra vez a base de disparatadas historias que nos va relatando su hijo. Un niño feliz, que compite con su madre a saltos en el sofá, aprende matemáticas entre jarros de agua y, lejos de preocuparse por su expulsión escolar, vive en una suerte de fantasía continua sin necesidad de salir de casa. Y así es como son y buscan su propia felicidad, mirando a ratos de reojo a la vida real a través de las ventanas, entre giros al son de una vieja canción de Nina Simone, de la que toma el título la obra.
     Mr Bojangles en la canción baila, siempre baila, incluso en la desgracia. Y para cuando nos damos cuenta del detalle, Bourdeaut deja que la realidad se cuele en el domicilio familiar, y con ella la tristeza a la que parecen empeñados en vencer al ritmo de la canción. La novela, hasta ese momento divertida y disparatada, vira hacia lo trágico cuando la mujer es diagnosticada y separada de una familia que no concibe la vida sin ella y decide intervenir y rescatarla para volver a tener su propio mundo. Pero, la realidad, una vez penetra en la vida, es como el agua, que aunque sea silenciosa, siempre acaba encontrando el lugar por el cual brotar. Y así es como se desarrolla la última parte de la novela, quizás el último tercio, convirtiendo el argumento en un original ejercicio narrativo que da muestras de una destreza a la hora de escribir equiparable a la originalidad de la historia.

     Esperando a Mister Bojangles es una lectura divertida, con un regusto trágico, que merece la pena ser descubierta. Tiene pinta de no ir a hacer mucho ruido en nuestro país, quizás porque somos menos dados a estas novelas que se salen de las pautas habituales en sus argumentos, pero precisamente ese es el motivo por el cual la recomiendo. Además, siendo sinceros, todos quisimos una casa como la del narrador cuando éramos niños, y Bourdeaut convierte en un placer el descubrir, en un primer lugar la justificación de su historia y luego, sin pausa, su final.

     Me ha gustado, de hecho la he terminado en lo que transcurren dos tardes, una sonrisa y una bonita melodía.

     Y vosotros, ¿alguna vez os decantáis por este tipo de novelas, de argumentos diferentes a lo habitual?

     Gracias.

     PD. No me resisto a poneros la canción diciendo eso de baila, ¡Baila, Mr Bojangles!
   


martes, 23 de mayo de 2017

Orfancia. Athos Zontini


      "-Abre la boca, por favor -Mi madre se acerca con el tenedor-. Venga, que se enfría la carne.
     Los perros están en un rincón, ambos con el rabo entre las patas. En el otro extremo de la mesa mi padre tiene los ojos fijos en el televisor. Corta un trozo de filete y lo mastica despacio, sin hacer ruido. Se le ensancha la garganta al bajarle la carne por ese largo cuello de pájaro. Cierro los ojos y mentalmente pido un deseo:¡ahógate, ahógate, ahógate!"

     No siempre que terminamos un libro estamos dispuestos a hablar de él, a veces, el libro se termina de forma física en un tiempo, y de forma efectiva tiempo después. Esto sucede con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Orfancia.

     Un niño de ocho años, narrador en primera persona de la historia, nos relatará un año de su vida. Un año en el cual él se niega a comer perseguido por un terror interno: él cree que los padres engordan a sus hijos para comérselos. Y sin embargo, también será un año en el que comience a sentir hambre. Mucha.

     Si un orfanato es un lugar de acogida para niños abandonados o Huérfanos, el significado de la palabra orfanicia me rondó durante mucho tiempo en la cabeza. Recuerdo cuando leí el título la primera vez y me pareció una palabra hermosa... hasta que me puse a pensar que, por fuerza, orfancía tenía que significar húerfano de infancia. En ese momento comencé a pensar que podía ser una palabra engañosa, y el libro captó toda mi atención.
     Athos nos relata la historia de un niño de ocho años, dividida de forma estacional, y siempre bajo su única visión. Este niño no quiere comer, se ve distinto al resto, y "sufre" la preocupación de unos padres que solo quieren verlo rollizo y feliz. No sabemos de dónde le viene ese miedo, si leyó el cuento de Hansel y Gretel o si simplemente apareció un día de la nada. Pero es real. Aunque durante las vacaciones descubra que tiene mucho hambre. A lo largo de ese año descubriremos que comprendemos a los padres en su preocupación, y también la oscuridad que habita en este narrador. El autor dejará testimonio de maltrato animal, de acoso y de desesperación en un libro que puede descolocar al lector cuando le pone punto y final. Y es que Orfancia no parece, a priori, un libro fácil de digerir (si me permitís la gastronómica alusión).

     Hay libros que generan versiones de sí mismos en cada lector, casi libros paralelos. Esos son los libros que me gustan, los que interpretamos. Así que esto podría ser: mi interpretación de la historia.
     Si partimos de un título que juega con el significado y una historia que tiene un fondo en un cuento, ¿por qué no va a ser todo un cuento? Es más, seguramente verlo así sea la única manera en la que la anécdota literal, el negarse a comer, no se coma (¡ja!) a la novela. Entonces descubrimos que tal vez ese niño sea una suerte de Peter Pan que se niega a crecer como el resto, que parecen felices siguiendo las pautas marcadas. Es diferente, no aceptado desde el momento en que comienza su acto de propia rebeldía frente a una sociedad que nos engulle representada en los padres. A fin de cuentas son ellos quienes se encargan de introducirnos en la sociedad con sus normas y guías. Y con ocho años es cierto que comenzamos a ser conscientes de muchas cosas, descubrimos otras capas del mundo que nos rodea no siempre agradables, y también, queramos o no, comenzamos a sentir hambre, a relacionarnos, a tener cumpleaños y seguir normas sin dueño, a dejarnos llevar. Pensemos que tal vez no quiera ser como todos, que tal la novela vaya de eso, de esa rebeldía que choca con la necesidad de ser uno más. Y nos caerá encima toda la carga crítica que lleva: hablaremos de acosos y maltratos y también del "me preocupo por ti" como frase arrojadiza cuando las cosas no se explican, cuando eres pequeño y ese "es por tu bien" no suena igual que cuando se dice siendo ya adulto. Cuando no se comprende. Tal vez ese sea el camino, y Athos decida darle una vuelta de tuerca. Nadie dijo que por ello el protagonista tenga que ser bueno o caernos bien. Nadie dijo que si alguien no se adapta sea solo rebeldía, quizás es por no estar preparado... para eso está la sociedad. Y de hecho, el protagonista no despierta la simpatía del lector.
     El final, esa parte que me he encontrado criticada en tantas ocasiones, me ha parecido un broche perfecto. Nadie dijo que los finales tuvieran que ser felices, ni siquiera tranquilizadores, ¿o no es acaso de los finales de los que extraemos las moralejas de las fábulas? Y eso que, en realidad, tal vez los finales felices de algunos cuentos, den más miedo que aquellos que no lo son. En todo caso será labor del lector decidir si este final lo es, o no.    

     Yo me he encontrado todo esto en Orfancia, una novela cargada de simbolismos, casi una arriesgada fábula escrita para adultos, a rato con aires de thriller. Y os diré algo más; creo que, en este caso, el autor goza de un gran (y negro) sentido del humor.

     Y vosotros, ¿recordáis algún libro que os rondara la cabeza tiempo después de finalizarlo?

     Gracias.

lunes, 22 de mayo de 2017

El cuento de la criada. Margaret Atwood


     "Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero las redes habían desaparecido. La sala estaba rodeada por una galería destinada al público, y me pareció percibir, como en un vago espejismo residual, el olor acre del sudor mezclado con ese toque dulce de la goma de mascar y el perfume de las chicas que se encontraban entre el público, vestidas con faldas de fieltro -así las había visto yo en las fotos-, más tarde con minifaldas, luego con pantalones, finalmente con un solo pendiente y peinadas con crestas de rayas verdes."
 
     Hace 33 años, Margaret Atwood empezó a escribir esta novela, publicada y recibida con éxito. Hoy, 25 años después de su publicación por primera vez, y por obra y gracia de HBO, ha vuelto a ser noticia tanto el argumento como la historia, y por eso nos la podemos encontrar en las librerías con una cubierta mucho más moderna que la que aparece al comienzo de esta entrada y que colocaré al final. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, El cuento de la criada.

     En un futuro por determinar pero que no se antoja demasiado lejano, la sociedad ha dado un cambio hasta convertirse en algo irreconocible. A través de la voz de la narradora, descubrimos un mundo en el que la individualidad ha sido suprimida y a las mujeres se las divide y trata como internas uniformadas. Pueden ser esposas, o criadas y deben de ceñirse siempre al papel encomendado con sumisión. Nuestra narradora es criada, y nos irá relatando su vida unida a los recuerdos que le quedan de cómo eran las cosas antes de no poder conservar ni tan siquiera su nombre.

     Voy a separar, lo primero de todo, la serie del libro. En mi caso hablaré únicamente de la lectura, y lo advierto así porque hay una serie de diferencias que podemos percibir desde las primeras páginas o minutos. En primer lugar la ambientación: Atwood ambienta la historia en los ochenta, así que es imposible que la protagonista, nexo principal de unión con esa vida pasada que tanto nos recuerda a nuestra sociedad actual, tenga los mismos recuerdos que la de la serie, en la que se habla de términos modernos como app de citas y homosexualidad. Superado este punto, al que habría que sumar las diferencias de guión que hayan considerado oportunas y no desvelaré, el hecho de ambientarse en los ochenta o en el presente siglo no deja de tener una importancia casi residual en esta aterradora distopía social que Atwood nos presenta, y que muchos parecen empeñados en comparar con Hijos de hombres, pese a que la de Atwood es anterior.

     Atwood nos lleva a un mundo futuro en el que ha sucedido algo, que iremos conociendo, que ha provocado un profundo cambio en la sociedad. Una sociedad en la que la gran perjudicada es la mujer, aunque somos conscientes de que los hombres tampoco lo están pasando bien. Es curiosa la sensación opresiva que es capaz de transmitir al lector, en este mundo sin espejos, miradas a los ojos o nombres propios en el que las mujeres denominadas como criadas, son la base tanto de la perpetuidad de la sociedad, y al mismo tiempo las más alienadas. Vestidas de rojo, sin capacidad de opinión, ni siquiera nombre propio (hecho que la autora acentúa al privarnos del nombre de la protagonistas durante mucho rato y luego convertirlo en algo tan escueto como para lograr que incluso lo olvidemos), son obligadas a una sumisión total.
     Pero no hay solo Señoras o Criadas. También encontramos otros roles como el de tía, escalofriante sobre todo por la forma en que la protagonista la recuerda, que demuestran una crítica feroz a la tiranía de los regímenes totalitarios, ya sean militares, religiosos, sociales o una mezcla entre ellos.
Atwood no da las claves de todo, no nos dice cómo evitar llegar a algo así, pero sí nos habla de situaciones vejatorias que sabe existen o han existido en distintos rincones del mundo, y tal vez por eso es más escalofriante. Además evita en todo momento que su novela pueda ser calificada como, de acción, generando así un ambiente opresivo que martillea en la cabeza del lector, que empieza a pensar en la posibilidad de llegar a un mundo como el representado mientras mira de reojo las noticias de la prensa.

     La novela es buena, estupenda. La historia es interesante y la lectura por capas que se puede hacer de cada pasaje daría para muchas horas de charla. Y es que, por mucho que hablen de la crítica social de la novela negra, es en las distopías en las que muchos escritores cargan tintas. Me gusta Atwood, el terror de la posibilidad de un futuro puede obligarnos a mirar de otro modo el presente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


"Nolite the bastardes carborundorum."

viernes, 19 de mayo de 2017

Una librería en Berlín. Françoise Frenkel


     "No sé muy bien a qué edad se remonta mi vocación de librera, en realidad. Ya desde muy niña me podía pasar las horas muertas hojeando un libro con imágenes o un  gran volumen ilustrado.
     Mis regalos preferidos eran los libros, que se acumulaban en las estanterías de las paredes de mi habitación de niña."

     Los lectores somos un público relativamente sencillo de convencer, de hecho, a un altísimo porcentaje, le pones en el título de un libro cualquier cosa que tenga remotamente que ver con una librería, y allí nos tienes. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una librería en Berlín.

     Conocemos el testimonio, en primera persona, de la autora. Sale de Alemania en 1939, un lugar ya asfixiante, hacia Berlín, ciudad en la que abre una librería junto a su marido Simon Raichenstein, quien abandona la ciudad un año antes de ella. Con el partido nazi en el poder y las leyes raciales de Nuremberg la situación se hace insostenible yFrenkel acaba en Francia, un país que no le recibe mejor con la guerra ya declarada y en el que tendrá que esconderse. Finalmente, ya en 1943, Frenkel logra cruzar la frontera Suiza.

     Este libro tiene tantas aristas de las que hablar que me parecen interesantes, que voy a cuidar no alargarme mucho. En primer lugar el libro en sí, editado por primera vez en 1945, "Rien où poser sa tête", pasó desapercibido cayendo en el olvido hasta que lo rescatara Gallimard con prefacio de Modiano. Y fue por casualidad. Por otra parte tenemos la vida de la autora, íntimamente ligada a la trama del libro, ya que es una autobiografía. Frenkel nace en Pietrorków, estudia literatura en la Sorbona y se traslada a Berlín, fundando en 1921 la primera librería francesa junto a su marido Simon Rachenstein. Se convierte en una intelectual conocida y vive los años más difíciles de europa. Su libro, escrito a principios de los años cuarenta, ve la luz en 1945, momento en el que se pierde la pista de esta mujer de la que no se conserva una sola foto y cuyos herederos han sido imposibles de localizar, Sabemos que muere en Niza en 1975, los años intermedios siguen siendo un misterio.

     Una librería en Berlín ha sido el título elegido para la traducción al castellano de esta obra que tiene ecos de Némirovvsky. Y sí, es cierto que hay un testimonio de una intelectual cuya pasión por la literatura se desprende desde las primeras líneas, sin embargo, es mucho más que eso. Es la historia de una mujer que relata una epopeya a la vez que obliga al lector a hacerse preguntas a medida que avanza. Por ejemplo, la omisión de su marido al que apenas hace referencias, ha sido una duda constante para mi. La novela, porque pese a ser autobiográfica la podemos leer como una novela, está escrita con un cierto tono lírico que le da cadencia casi de poesía, pero sin empantanar la prosa con figuras que conviertan su lectura en algo arduo, ya que, más bien al contrario, lo más probable es que os dure como mucho un par de tardes. Como testimonio, es impagable, sobre todo y más que la época librera, me ha llamado la atención esa Francia de Vichy tan compleja en la que llega a depender de terceros, entrelazando historias personales que se adhieren al lector a medida que ella se esconde, huyendo en busca de un lugar en el que conseguir descansar... y vivir. Algo que en un momento dado parece dudar en una suerte de desanimado sacrificio. Así saldremos de esta historia conociendo un lugar llamado La Rosaraie, con una nítida imagen en la cabeza de lo que allí se encontraba.

     Me ha gustado, no carga las tintas en los dramatismos, algo bastante habitual en este tipo de testimonios, y deja un gran espacio para la bondad ajena. No hay odio, ira, ni resentimiento, y tampoco sentimentalismos en su testimonio, lo cual acaba siendo mucho más efectivo por la naturalidad de las palabras empleadas. Me ha gustado, la historia, la protagonista y también las formas en las que está escrito el libro. Y, si soy sincera, me gusta ese misterio que envuelve a Françoise Frenkel, espero que no se termine por desvelar.

     Y vosotros, ¿sois de esos lectores fáciles de convencer ante determinadas temáticas en los libros?

     Gracias.

jueves, 18 de mayo de 2017

Mal de piedras. Milena Agus


     "Abuela conoció al Veterano en el otoño de 1950. Era la primera vez que salía de Cagliari para ir al Continente. Iba a cumplir cuarenta años y no había tenido hijos porque su mal de piedras la hacía abortar en los primeros meses. Y así, con su sobretodo de corte recto, los zapatos altos con cordones y la maleta del marido -de cuando se había refugiado en el pueblo-, la mandaron al Balneario para curarse."

     Hay un cierto en canto en los libros cortos que nos tutean para dejar claro que no necesitan vestirse de páginas para convencer al lector. Y también lo hay en algunos títulos, que parecen esconder un significado oculto bajo una aparente sencillez poética que esconde en realidad lo cotidiano. Por todo esto me fijé en el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Mal de piedras.

     Conocemos a Abuela, porque este es el nombre que otorga la narradora a la protagonista de la historia. La que sería entonces Nieta, relata la vida de una mujer sarda nacida el siglo pasado en Cerdeña, que la fascinó con su belleza, su melena y sus peculiaridades en el carácter. Descubriremos que fue una niña lista a la que no se le permitió seguir estudiando, que llegó a casarse a esa edad a la que a una empiezan a tildarla de solterona y que sus extravagancias la hicieron pasar por loca durante mucho tiempo. No se enamoró de su marido pero fue enviada a un Balneario en el que conoció al Veterano, y esto sucedió porque tenía, como reza el título de la obra, "mal de piedras", que queda mucho más bonito que decir cálculos en el riñón.

     El recuerdo de una persona tiene algo de poético, de especial, y por eso el enorme acierto de escoger como narradora a una nieta fascinada por la figura de su abuela. Construída con frases cortas, la novela casi parece más una confidencia o un cuento que un libro propiamente dicho, y la ausencia de nombres, lejos de distanciarnos, nos acerca a los personajes que son nombrados desde el cariño de la familiaridad. Abuela se convierte entonces en alguien conocido a quien vemos rebelarse de una forma pacífica, que lamenta que el amor no le sea destinado ni siquiera al darle las buenas noches a un rudo marido con el que acuerda prestar los servicios de la casa de citas para ahorrar dinero. Abuela escribe entonces en su cuaderno, y la nieta desgrana la historia que esa mujer silenciosa, le fue contando. Porque Abuela, descubrimos, hablaba. O habló a lo largo de su vida con apenas dos personas, Veterano, y su propia nieta. Y vivimos entonces el enamoramiento de Abuela, y los cambios que le provocan, y también su regreso y el, por fin, nacimiento de un esperado hijo. En otro caso, pensamos a media sonrisa, nadie hubiera podido decirle a día de hoy, Abuela.
     Y sin embargo la novelita es mucho más, porque es en los gestos cotidianos de una vida cualquiera, en los que vemos la sociedad, la guerra, el fin de ella, el romanticismo vestido con una pata de palo, la vida inconforme, la vida interior. Porque trata de eso en realidad lo que Milena nos cuenta, de esas vidas interiores diferentes, personas que, como en un momento dado dice la narradora, crea Dios cuando se cansa de las normales. Y esa es la protagonista, aunque nadie la comprendiera en su época, y haya tenido que esperar a esa nieta para encontrar una aliada en su propia casa.

     Llegué con pocas ideas sobre la novela, pese a las buenas críticas, y la he disfrutado. Tiene un regusto agridulce en cada palabra, y también cierta inocencia incluso en esas escenas de casa de citas que en un momento dado nos describe.  Es un libro hermoso, que no bonito, aparentemente sencillo y de una sensibilidad fuera de toda duda para cualquier lector que decida acercarse.

     Y vosotros, ¿os gustan los libros cortitos?

     Gracias.

martes, 16 de mayo de 2017

El ángel. Sandrone Dazieri


     "Los dos prisioneros que quedan en la celda hablan en voz baja. El primero trabaja en una fábrica de zapatos. Mató a un hombre mientras estaba borracho. El segundo era un policía que denunció a un superior. Se durmieron en la cárcel y se despertaron en la Caja."

     Conocí a Dazieri con el primer libro de esta saga, No está solo, y me gustó su planteamiento. Por eso no he tardado en hacerme con el segundo. Hoy traigo a mi estantería virtual, El ángel.

     Un tren entra en la estación Roma Termini con un vagón lleno de muertos, en él entra la Subcomisaria Colimba Caselli quien, viendo los derroteros que toma el caso se pondrá en contacto con Dante, un hombre excéntrico que conoció a raíz de un caso con secuestros infantiles. El atentado, no podía tratarse de otra cosa, es reivindicado por el ISIS pero algo no parece encajarle a Dante, y comienzan a investigar descubriendo una mentira tras otra.

     Como comenzaba diciendo, No está solo me gustó. Ese dúo que tenía un vago recuerdo a Holmes y Watson, por lo excéntrico de uno, casi esperpéntico, y la mesura de la otra. Por las reflexiones, las pastillas esnifadas, la lógica personal y el ir contracorriente, me resultó muy atractivo. Este segundo libro comienza meses después de donde lo dejara el primero, meses en los que los protagonistas parecen haberse mantenido a una distancia prudencial el uno del otro antes de el reencuentro en los primeros capítulos del libro. Dazieri nos pone parcialmente al día, de tal modo que si uno ha leído el primero es estupendo y, si no lo hizo, tendrá unas nociones sobre lo que puede encontrarse si decide hacer la lectura, pero no se perderá en el que tiene entre manos.
     Sigue valiéndose de su profesión como guionista y utiliza imágenes de impacto visual con las que no necesita gastar páginas en largas descripciones para que el lector tenga muy claro lo que le están representando. Un ejemplo perfecto es la llegada del tren a la estación, al más puro ejemplo de un buque fantasma, en el que el lector es capaz incluso de imaginar niebla alrededor de las... no, luego cae, estamos en el siglo XXI. Pero el impacto está ahí y el autor sabe como aprovechar este recurso que parece tener a mano. Además, le viene bien, ya que la agilidad es una constante en esta novela que no deja un momento de relax. Pese a su extensión de casi 550 páginas, el autor no da tregua, encargándose de que siempre haya un foco de acción abierto, o un giro, una posibilidad... algo que mantenga a su lector entretenido. El resultado, como suele pasar en estos casos, es que cae en lo excesivo. Pese a que todo queda bien atado, cuando uno piensa en los dos títulos, hay demasiada "catástrofe" y el conjunto comienza a perder pie. Y es que, todos sabemos que la realidad supera a la ficción, pero también sabemos que en la ficción cuando la cuerda se tensa mucho, lejos de romperse, dejamos de sujetarla.
      Me sigue gustando la pareja protagonista, pero ya conozco sus traumas, ya supe lo que era "El desastre", y me apetecía más ver cómo avanzaban, a poder ser sin sumar traumas señor Dazieri, no los cargue demasiado o terminará por sucederme lo mismo.

     En conjunto me ha parecido entretenido. Diría que no llega a la altura del primero, pero estoy segura de que las valoraciones de aquellos que no hayan leído el anterior serán muy superiores, y es que, la mayor parte de la frescura que encuentra el lector en el primer títulos que cae en sus manos de esta saga, perece al repetirse comportamientos en el siguiente. Con todo, es entretenido. Lo cual, a veces, es más que suficiente.

     Y vosotros, ¿sois lectores de sagas o preferís libros autoconclusivos?

     Gracias.

lunes, 15 de mayo de 2017

La mala hierba. Agustín Martínez


     "Quiero recordarte descansando sobre mi pecho, exhausta después de hacer el amor, y no como el barco que se hunde en un charco de sangre a mis pies.
     Lo intento con todas mis fuerzas; juro que lo intento."

     Leí Monteperdido hace casi dos años y me encantó. Tenía ganas de leer algo más del autor, por eso al ver este título tuve claro que no iba a tardar en leerlo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La mala hierba.

    Estamos en Portocarrero, un pueblo perdido en el desierto de Almería. Allí conocemos a Jacobo, su esposa Irene y su hija adolescente, Miriam. La crisis ha sacudido a esta familia hasta el punto de obligarles a terminar en una desvencijada casa en mitad de la nada, junto a la familia de Irene, viviendo o malviviendo lejos de las comodidades y amigos a los que se habían acostumbrado. Ahora la vida es dura y Miriam lo acusa particularmente, como se hace con la rebeldía de quien entra en la adolescencia. Una noche en la que Miriam está fuera, unos intrusos irrumpen en la casa de Jacobo e Irene, armados y disparan al matrimonio. La mujer fallece y Jacobo casi, enfrenta´ndose a una durísima recuperación al despertar. Sin embargo, lo más duro de esa recuperación, será descubrir que todas las miradas se han vuelto hacia su hija Miriam, señalándola como responsable.

     Y todo esto que os cuento sucede en las primeras páginas, y será la forma de entrar en una claustrofóbica novela en la que la búsqueda de los responsable de lo sucedido esa noche, llegará a ser una obsesión. Es curioso hablar de claustrofobia cuando la novela se desarrolla en un paraje abierto y, sin embargo, es así. Los personajes están atrapados en mitad de la nada, con sus miserias y sus nuevos viejos vecinos que tienen unas vidas con años a las espaldas de amistades y rencores entre ellos. De ahí la claustrofobia de un lugar sin paredes que les atrapa como una tela de araña, ya que además el autor consigue convertir ese pueblo inventado en un personaje más de la historia, señalado una y mi l veces como responsable del carácter y las desgracias de los residentes. Y el lector lo cree, y descubre la hostilidad de Portocarrero en la mirada de cada uno de los residentes, en la forma que tiene de enseñar las uñas a los recién llegados y también al lector: esto será conocido como El crimen de Portocarrero, dice uno de los personajes en un momento dado en la novela. Y el lector asiente, porque es justo lo que estaba pensando.

     Agustín hace un trabajo fantástico a la hora de perfilar al puñado de personajes que componen la historia. Pronto los conocemos a todos y vamos descubriendo sus secretos, mientras aparece la abogada, Nora, como agente externo y mirada nueva que no tarda en descubrirse ante el lector como no tan nueva en estas lides. Todos áridos, como el desierto en el que viven, como Portocarrero. Como el fuego que arde para quemar una plaga. Como la forma de narrar del autor, que no tiene piedad ni cariño hacia sus personajes. Y nosotros, tampoco.
     De esta forma avanzamos en una narración que da pequeños saltos en el tiempo dejando piezas sueltas con las que componer un puzzle escalofriante sobre un suceso que tenemos presente en cada página. El padre angustiado, la niña señalada, los vecinos recelosos, la madre muerta... todos ellos parecen mirarnos mientras sus verdades se rebelan esperando que otorguemos el veredicto descubriendo qué sucedió realmente aquella noche. Y eso hacemos, giro tras giro, sin sorpresas sacadas de la chistera de un mago, con los pies en el suelo, pero sin dejarnos indiferentes, descubriendo flecos hasta cerrar la trama de una manera sólida.

     La mala hierba me ha gustado. Mucho en realidad. Iba sin conocer demasiado, apenas la sinopsis, y con el buen recuerdo de Monteperdido. Son novelas diferentes aunque tengan muchos puntos comunes. El principal es el buen hacer de su autor. Dicen que un escritor se la juega en su segunda novela, que es en la que demuestra si la primera fue suerte. Bien, en ese caso Agustín Martínez deja claro que tiene mucho que contar. Y yo espero que así sea.

     Y vosotros, ¿Con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ilustres raperos. David Foster Wallace, Mark Costello


     "¿Qué derecho tienen dos yuppies blancos a intentar hacer un muestrario de lo que es el rap?, se preguntaban David Foster Wallace y Mark Costello antes incluso que el lector. Eso es disparar rápido, maan."

     Si digo a estas alturas que me gusta David Foster Wallace, no estoy descubriendo nada nuevo, así que leer este libro era solo cuestión de tiempo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ilustres raperos.

     Ilustres raperos es una obra menor, de hecho la primera de David Foster Wallace. Es un ensayito escrito con Mark Costello, compañero y amigo de la universidad justo antes de comenzar su doctorado. Ambos eran dos jóvenes en la veintena y DFW, que ya se había intentado suicidar una vez, aún no había escrito La broma infinita ni era el autor de culto en que se convertiría después. Sin embargo, en esta época, los dos estudiantes eran dos blancos de clase media fascinados por una nueva música que emergía con fuerza principalmente desde las clases bajas, el rap.

     Cuando a un o le dicen que se dispone a leer un ensayo que habla de rap, lo primero que teme es enfrascarse en una suerte de tratado sobre la poesía de las rimas de estas canciones, o tal vez una mirada al microscopio de cada una de las letras y la significación social de la denuncia que exponían (seamos sinceros, poco se esconde en el rap, ya que se  vomita cada palabra). O peor aún, la pantomima de dos estudiantes que mueven la cabeza al ritmo de una música que no comprenden pero sobre la que van a escribir porque es "cool" y ellos quieren ser "dope", si me permitis el uso de alguna palabra propia del género musical al que se refiere el libro.
   
     Ilustres raperos es un ensayo muy ligero que puede leer cualquiera incluso sin estar familiarizado con el estilo musical. Le ha faltado, quizás, un poco de profundidad a la hora de comentar sus orígenes. No ya los de las letras, sino el de las propias formaciones de las que hablan. Por lo tanto, y precisamente por eso es apto para cualquiera, este libro no deja de ser el testimonio de la fascinación de dos jóvenes por un tipo de música que defienden por valor y ritmo y sonoridad, como se defienden las cosas a una edad temprana y que les lleva a indignarse con aquellos que se vendieron a la industria por un puñado de dólares. Aerosmith es un ejemplo de esto que digo, a quien critica duramente. El libro es interesante, y lo es no solo por lo que nos aporta de este estilo musical, sino también por el recorrido que hace al momento social en que se escribe. Los noventa llaman a la puerta y es un momento que hoy nos queda atrás en muchos sentidos, pero también es lo que nos permite conocer un poco mejor a los firmantes y el círculo en el que se movían en aquellos tiempos. Porque no solo conocemos un poco de la música, sino también mucho de aquellos dos jóvenes autores.
     Ilustres raperos no es un tratado sobre el rap simplemente, entre otras cosas porque por mucha fascinación que se tenga por una música, hace falta mucho más para considerar a alguien un erudito, y también porque a DFW le falta la fuerza que encontraríamos después en gran parte de su obra. Y sin embargo merece la pena y mucho la lectura. Una lectura que nos provocará una sonrisa cuando veamos su indignación ante la forma de venderse un estilo de música y de vida, y leamos esa indignación mientras por la radio suena ese hip hop terrible al que ha dado lugar como evolución (o involución, esto es al gusto de cada uno) este estilo musical que tan fervientemente defiende el autor. Estas dos visiones, la de DFW y la de Costello, se complementan a la perfección en un libro que no esquiva temas como el racial, incluso en un momento en el que los blancos escuchan un tipo de música que tararean cuando la letra no es conveniente. Dando así un reflejo de la hipocresía, que sigue siendo actual, de quienes escuchan reivindicaciones, asienten con la cabeza, y pasan de largo.

     En su conjunto, Ilustres raperos me ha parecido un libro muy interesante que hará disfrutar a cualquiera. Pero particularmente a quienes guste la música, el rap o DFW. Y a este último le diría que su rap explicado a los blancos... está explicado por blancos. Y tal vez esa sea la mayor virtud de este título, pero también puede ser su mayor defecto. Eso ya es cuestión de opiniones y expectativas.

     Ensayo como género literario es una palabra mayor, suele echar incluso atrás a muchos lectores. Y vosotros, ¿alguna vez os animáis con los ensayos?

     Gracias.

     PD.  Me encanta el desparpajo y la originalidad de Malpaso a la hora de hacer promo de sus libros, de animar a la gente a leer. Considero que han aportado una frescura que hacía mucha falta en el mundo literario. Os dejo como muestra su promo para este título.


jueves, 11 de mayo de 2017

Media vida. Care Santos


     "-¡Entra de una vez o empezaremos sin ti!
     Julia se introdujo casi reptando en la tienda hecha con sábanas que sus cuatro compañeras habían levantado entre las camas del dormitorio compartido. La llama de la vela central tembló, como saludándola. Buscó dónde sentarse, y Lolita, que siempre estaba atenta a todo, le hizo un hueco a su lado."

     Llevo años fiel al Premio Nadal, espero su resolución y también comparto su lectura con un par de amigos que son habituales. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual Media Vida.

     Conocemos a Olga, Marta, Lolita, Nina y Julia cuando son niñas. Hijas del 36 las conocemos en 1950 ya adolescentes, amigas y estudiantes en un internado, mientras juegan una última noche a un juego de prendas. En parte por la vida y también por lo allí sucedido, sus caminos se separan, y tendremos que esperar a 1981 para ver cómo se reunen otra vez, poniéndose al día de sus vidas, y también de lo sucedido aquel día.

     "Care Santos ha escritor una novela para mujeres", han dicho muchas voces al leer este libro. Y en realidad dudo que eso sea cierto. Care ha escrito una novela en la que ha buscado homenajear a toda una generación de mujeres. Esas que son hijas de una época y adultas de otra tan diferente, que les puede llegar a desconcertar, mujeres que pueden ser hoy sus lectoras, o las madres o abuelas de dichas lectoras. Por eso conocemos a cinco mujeres tan diferentes: mujeres que van desde el ama de casa feliz de su papel, hasta la mujer triunfadora con un puesto más que envidiable. Mujeres dispares que tuvieron un punto de inflexión en sus vidas una noche hace ya muchos años, que no se han visto en décadas, y que, a medida que cogen calor, muestran que tienen en común pertenecer a una misma generación. Y así nos lo va mostrando la autora que, tras un comienzo impactante, va dando las versiones de cada una de ellas sobre la vida. Una vida en la que nos incluye, al medirla en sucesos de sobra conocidos. Estas mujeres, por ejemplo, comentarán la inminente boda del príncipe Carlos de Inglaterra con Lady Dí, y desconocedoras de los resultados del enlace, harán sus cábalas al respecto. La música será otro de los elementos utilizados por la autora para contextualizar la novela en un pasado bastante reciente, ayudando así al lector a ubicar esa época de transición recién vivida y de sociedad que atraviesa cambios permanentes, un año, el 81, en el que el divorcio se aprobó en una ley sonada en nuestro país. Y lo vieron mujeres educadas en papeles severos y conservadores que, muchas veces, asistían desconcertadas a estos movimientos.

     Así es la novela que nos presenta Care Santos en la que hay dos momentos cumbres pasado el comienzo y que no desvelaré salvo que uno está hacia la mitad de la novela y el otro es el esperado final por el lector. Un final que me ha resultado un tanto precipitado en una novela extensa en la que, creo yo, no hubiera costado tanto darle unas cuentas páginas más a esta parte. En cuanto a los personajes principales, tengo que decir que es la parte que más me ha hecho reflexionar del libro, algo sucedía para que mi relación con ellas fuera ambigua, sin importarme demasiado. Al final y tras releer un par de partes, he tenido la sensación de que en su búsqueda de que cualquier mujer pueda encontrar al menos una parte de su reflejo en ellas, Care ha descuidado darles una marcada identidad a cada una, salvo tal vez a Julia. Eso provoca que con unos perfiles estupendos, no terminemos de encontrar carácter, demostrando que la profundidad y la vida, son conceptos que a veces se resisten a la pluma más certera. Una pluma que, tengo que reconocer, me ha gustado más en otros títulos pese a que mi percepción sobre este ha mejorado al reposar.

     Media Vida no es una novela para mujeres, es una novela sobre mujeres. Sobre madres, hermanas o abuelas que todos tenemos. Y lo hace en una historia que habla de la memoria y también del perdón ya sea dado, pedido o negado y la importancia que tienen para la vida.
Me ha parecido una novela fácil de leer, de esas en las que avanzas sin darte cuenta y para cuando quieres hacerlo estás en las páginas finales. Quizás un poco limitada en algunos puntos, pero realmente entretenida.

     El Premio Nadal cuenta entre sus títulos con libros como Nada que son inmejorables, a los que no movería ni una coma, y que no me canso de recomendar. Por eso os pregunto, ¿hay algún título de los que engrosan la lista de premiados que recordéis especialmente?

     Gracias.

martes, 9 de mayo de 2017

De qué hablo cuando hablo de escribir. Haruki Murakami


     "La mayoría de los escritores (calculo que alrededor del noventa y dos por ciento), y me incluyo a mí mismo, pensamos: 'Lo que yo hago o esscribo es lo correcto. Salvo unas pocas excepciones, los demás se quivocan, ya sea en mayor o menor medida'. Vivimos condicionados por ese pensamiento por mucho que no nos atrevamos a decirlo en voz alta. Aunque nos expresemos con cierta modestia, dudo que a mucha gente le gustara tener como amigo o como vecino a alguien así."

     Hay escritores cuyos nombres resuenan tanto que terminan por convertirse casi en personajes. Legiones de lectores, bromas sobre si alguna vez llegará al Nobel y anécdotas sobre sus peculiaridades, acompañan siempre al nombre de Murakami. Y hoy traigo a mi estantería virtual su último título, De qué hablo cuando hablo de escribir.

     Hace ya unos años que Murakami nos hablara de correr, centrándose en sus rodillas y convirtiendo su físico en el mundo, convirtiendo casi, la escritura, en un deporte. Ahora Murakami se deja de rodeos, o eso parece, y nos habla de escribir. Pero no nos engañemos, no son consejos que pueda seguir cualquiera porque en este conjunto de reflexiones, además de alguna estocada no exenta de sentido del humor en la que incluso reafirma clichés ya convertidos en chistes, habla más de su visión del mundo, que de la técnica o las formas. Murakami, siempre esquivo, quizás ha optado por un terreno más personal en esta obra, aunque sin excederse. Eso permite observar algunos de sus títulos con un ángulo un poco más cercano a la concepción del autor, que también dará pinceladas del mundo editorial que ha vivido y de la sociedad nipona. A fin de cuentas, Murakami lleva cuarenta años escribiendo, y viviendo de ello, algo tendrá que decir al respecto. Y sí, también habla del premio Nobel.

     Aquellos que se acerquen a este libro buscando una suerte de manual iniciático en los mundos literarios, no me cabe duda de que saldrán terriblemente decepcionados. Sabrán al finalizar que la constancia y el trabajo son primordiales, al igual que para cualquier otra profesión, y es que el autor, también deja ver sus obsesiones personales ya conocidas. Por todo esto me ha gustado el juego que Tusquets ha decidido utilizar en una cubierta que alude a la obra del autor, porque es una gran parte de lo que encontraremos durante la lectura: pistas.

     En mi caso, tengo que reconocer que me gusta más el Murakami de ficción que este otro capaz de alargarse para que al lector le quede claro un detalle, por pequeño que parezca. Pero me ha gustado igualmente la lectura. Porque es una lectura para lectores de Murakami, y solo ellos sabrán disfrutar de cada parte. El resto posiblemente se sientan decepcionados. Pero si os gusta Murakami, y si además sentís algún tipo de inquietud sobre lo que es escribir, entonces no lo dudéis, este es vuestro libro. Y mientras lo digo, dejo ahora la cubierta japonesa de lo que si será la nueva novela del autor, que bajo el título provisional "Matar al condenado" se publicará en dos volúmenes, el primero de los cuales salió a la venta en Japón a finales del mes de febrero. En España nos toca esperar...


     Murakami es uno de esos autores que despiertan odios y pasiones, pero pocas indiferencias. Así que decidme, ¿ya habéis conocido la pluma de Murakami? ¿Y de qué lado estáis?

     Gracias.

lunes, 8 de mayo de 2017

Saturno. Eduardo Halfon


     "Las cartas, padre, me llegaban un par de veces cada año. Yo estaba lejos en la universidad, pero usted estaba aún más lejos de mi."

     Las redes sociales, a veces nos permiten ver el proceso de construcción de un libro. En este caso incluso nos han dejado ver cómo se iban numerando los ejemplares. Y ese proceso en el que lo vemos nacer, a veces hace que se nos antoje. Hoy traigo a mi estantería virtual, Saturno.

     En poco más de sesenta páginas, Eduardo Halfon nos deja una carta en segunda persona, dirigida al padre.

     Este sería el resumen de lo que nos encontramos en Saturno, pero no tendríamos ni idea de lo que tenemos entre manos si nos quedásemos solo en ello. Porque Saturno alude al Dios que se comía a los hijos traídos al mundo por Rea y que amenazaban, tal vez, con destronarlo. Como tal vez cada hijo acaba por destronar a un padre y el padre se ve destronado en una suerte de visión premonitoria cada vez que mira a su recién nacido hijo. Y Halfon es ese Goya que lo reflejó en su cuadro y lo colgó en la ahora famosa Quinta del Sordo. Solo que Eduardo, lo refleja en palabras. Un torrente de palabras vomitadas de un hijo hacia su padre, cargadas de resentimiento por una vida de desunión y también un símbolo de todo lo que puede hacerse con palabras.
     El protagonista, escritor, se aleja de un padre que no comprende que quiera dedicarse a escribir, y se refugia precisamente en las palabras, como si se tratase de un reino lejano, de un padre tirano que le niega esas palabras incluso al escribir una carta. Y así lo expresa e protagonista; la madre, la palabra y el padre, la ley. Porque Saturno tiene tanto de poesía como de símbolo, y quizás por eso, aunque sea una prosa limpia y desbrozada de todo adorno, va minando el alma del lector que ve como se desgranan muertes literarias página tras página, unidas todas ellas por un nexo común cada vez más visible mientras la sombra del padre acecha tras cada línea. Consigue además que el lector olvide que es un libro, tal vez una carta inventada, y que crea a pies juntillas que la barrera entre el autor y el narrador se difumina por momentos, y entre un padre y otro, y entre el suyo (del narrador) y, finalmente, el nuestro. Incluso pensamos en nosotros. Y cada ejemplo, todos reales, cada palabra, se convierte en un pequeño golpe a los ojos que leen, al alma que siente. Solo de este modo se concibe que un libro que hubiera podido ser leído en el tiempo que uno tarda en observar un cuadro, permanezca grabado en la retina como las grandes obras.

      Creo que solo hay dos formas de enfrentarse a esta lectura. La primera es desde la distancia, observando un lento desgranar de desuniones, y temiendo el desenlace, incluso anotando anécdotas que luego buscar con detenimiento. O una segunda más arriesgada, sin distancia, susurrada, dejándonos llevar por lo que no dice para sentir el dolor y la rabia que habitan en el narrador y de este modo bucear en cada palabra no dicha. Y es que, al igual que el cuadro de Goya tiene muchas zonas oscuras que cargan de significado las figuras centrales, en este libro hay silencios escondidos que acechan entre comas, para coger a traición al lector.


     Si dijera que Saturno me ha gustado me sonaría a mi misma como superficial. Digamos entonces que ha sido una experiencia cercana, completa, en la que nada parece al azar. Y digamos que el tacto del libro, el sonido de los dedos al pasar por su negra cubierta, unido al texto, a la edición cuidada, han potenciado esa sensación de estar ante un desnudo, ante algo privado. No ha sido la primera vez que me acerco a las letras de Halfon, y tampoco será la última.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

        Gracias.

viernes, 5 de mayo de 2017

El carretero de la muerte. Selma Lagerlöf


     "Una pobre muchachita del Ejército de Salvación agonizaba enferma de tuberculosis, de esas rápidas y brutales que no se resisten más de un año.
     Mientras pudo, había continuado sus guardias y cumplido sus deberes; pero cuando le faltaron las fuerzas, fu enviada a un sanatorio."

     Siempre hay un placer especial al recuperar un clásico, y más a ún si lo que se hace es descubrirlo. Hoy traigo a mi estantería virtual El carretero de la muerte.

     Sor Edith es la hermana que agoniza en su lecho tuberculoso, y en él recupera el conocimiento para pedir que vayan a buscar a David Holm. Casi a la vez, un hombre agoniza sobre el césped de la iglesia, en la última noche del año, solo, cuando escucha el chirrido de una rueda. Cuenta la leyenda que quien muere al tocar la última campanada del año, ocupa el lugar del carretero de la muerte, siendo el lacayo de la misma, durante todo un año. El hombre que está escuchando esta última campanada, a punto de conocer su destino, no es otro que David Holm. Y su noche no ha hecho más que empezar.

     Encontré este libro por casualidad, con pinta de tener muchos años y con un epígrafe que decía, Premios Nobel. Desconocía totalmente el nombre de su autora, pero se me antojó. Y es que aún nos quedan muchos nombres por descubrir, apuntaría a que una veintena mínimo por cada uno nuevo que llega a nuestros oídos. Y así descubrí esta historia, que desarrolla alguno de los conceptos más clásicos del romanticismo literario. La bondad de la hermana y la vileza del hombre a punto de fallecer a lo largo de su vida, las buenas intenciones de Edith que condenan, sin que ella pueda saberlo, a la mujer que David Holm a seguir soportando tener a su marido a su lado, y los sentimientos que van creciendo en el interior de ambas mujeres. Y también la peripecia de Holm al recibir la visita del carretero, que resulta ser alguien de su pasado y que le enseña el oficio que está a punto de desempeñar, aunque se niegue en redondo. Estas son las premisas de una historia que se debate entre redención y crítica a los convencionalismos sociales que marcan pautas de comportamiento y que la autora desarrola de una forma clara y con pocas florituras salvo las distancias, apenas perceptibles, en el lenguaje usado en su época y en la nuestra. Añadiendo que, quizás por el tono o la temática, este libro encaja en la categoría de aquellos que, no solo han soportado bien el paso de los años, si no que además, empieza a favorecerles en el tono y las formas.

     El insólito dúo formado por Edith y David, lleva al lector a través de esta historia, cuyo mayor logro es la capacidad para ser visual a ojos del lector, sin que éste apenas se de cuenta de que las páginas vuelan en sus manos. Como lector diré que no pude evitar recordar en varias ocasiones, el conocidísimo Cuento de Navidad, quizás por la época del año en que transcurre o por la cercanía de la muerte, aunque es cierto que Lagerlöf tira en este caso de una leyenda muy distinta. Se da además el caso de que ambos comparten ese tono cercano al cuento solemne relatado al lector casi de tú a tú, como si se le susurrase una historia antes de conciliar el sueño.
     No hablaré del final, esa es tarea de quien quiera acercarse a un título clásico y desconocido, cuya lectura ha resultado un placer.

     Muchas veces, lejos de las novedades que resuenan con ecos de ventas, me gusta echar la vista atrás para recuperar títulos o descubrirlos, como ha sido este caso, muchas veces con la seguridad de que, pese a que yo no los conociera, algo tendrán sus letras cuando han superado los filtros más feroces hasta alcanzar ese status tan complejo: clásicos.

     Y vosotros, ¿alguna vez os acercáis a este tipo de títulos?

     Gracias.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cuando llega la penumbra. Jaume Cabré


     "El día que maté a la primera niña entendí lo fácil que era, pero mi vida cambió desde entonces y no hubo marcha atrás; a partir de ese momento dejé de ser una persona normal, ya no podía, me había convertido en un hombre excepcional."

     Cada vez que tengo oportunidad, digo a quien quiere escucharme que Yo confieso es una de las mejores novelas contemporáneas que he tenido el placer de leer. Y he tenido que esperar seis largos años para recuperar la voz de Jaume Cabré y poder embarcarme en su siguiente título. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cuando llega la penumbra.

     Esta vez estamos ante un recopilatorio de relatos, de los cuales dos ya habían visto la luz. El resto son completamente inéditos y de longitudes diferentes, con historias diferentes y dos nexos en común: el primero es que todos ellos están protagonizados por hombres. El segundo, es que cualquiera de ellos pueden ser los propietarios de la mirada que ilustra la cubierta del libro y es que, todos los relatos son una visión del mal.

     Siempre digo que es complicado hablar de un libro de relatos sin caer en la tentación de ir desgranando uno a uno cada sinopsis y estropeando así la percepción del lector. Baste decir que en esta ocasión, Cabré habla de asesinos, de refugios en cuadros, de confesiones que jamás serán desveladas y de pérdida del alma. Cada relato, y apuntaría a que no es trivial que comience con niños en un hospicio, es un paso hacia el mal que sus personajes albergan, hacia sus vidas, y también hacia la propia intranquilidad del lector que reconoce un tono solemne, y a ratos irónico, que se mantiene de forma constante en la obra. Casi pareciera que, independientemente de quien tome la voz, y voces que se diferencian perfectamente unas de otras, Cabré hubiera querido otorgar al conjunto un sentido de grupo, de muestra de lo que hay.

     Trece relatos y un epílogo, eso es lo que nos ofrece Cabré bajo el título Cuando llega la penumbra, demostrando una vez más que es un arquitecto de palabras. Y es que, con una ambientación magnífica basada en actos y almas más que en descripciones y lugares, nos deja su obra más oscura demostrando que es capaz no solo de extenderse en una gran obra como la citada al principio de esta entrada, sino también de condensarse en un puñado de páginas. Nos dejará con las ganas de que alguno de sus relatos fueran novelas completas, pero no porque nos falten datos, sino por el mero placer de seguir disfrutando de alguna de las historias. Yo, por ejemplo, me pregunté cómo había llegado cierto asesino al lugar en el que decidió que podía descargar su alma, y en qué modo exacto finalizaría la historia. Encontraremos también alguna pincelada irónica que lejos de buscar la sonrisa del lector, le hacen casi sentirse observado por el propio autor, como si esa ironía fuera destinado al propietario de la pluma y no del libro. Y es que, la sensación de ese ojo mirándonos que ilustra la cubierta del libro, se intensifica a medida que avanzamos historia tras historia.

     Me ha gustado, lo he disfrutado y he paladeado la prosa de uno de los mejores escritores contemporáneos que podemos encontrar dentro de nuestras propias fronteras. No me cansaré de decirlo: hay que leer a Jaume Cabré.

     Y vosotros, ¿me podéis recomendar a algún escritor patrio que consideréis imprescindible?

     Gracias.

martes, 2 de mayo de 2017

Círculos. Manuel Ríos San Martín


     "Al principio todo era caos y confusión, ciento y oscuridad -vocifera un telepredicador latinoamericano en un televisor 4K de ultra alta resolución-, pero Dios navegaba por encima de las aguas y dijo: 'Haya luz', y ¡¡hubo luz!!'.
     Varios monitores OLED de diferentes pulgadas iluminan una habitación en penumbra."

     Descubrí esta novela siguiendo una conjunta en twitter, y me llamó la atención. Al final, decidí comprarla y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Círculos.

     Estamos en Londres, hace ya unos años del Brexit y la tecnología sigue instalada en los hogares. Las televisiones, las redes sociales y los realitys son algo cotidiano para la población y, precisamente en uno de estos realitys, se televisa en directo la muerte de un concursante. Al otro lado de la pantalla está el segundo hilo, ahí conocemos a Patrizia, una joven con pinta disfuncional, un tanto asocial, que tiene una relación con un chico de buena familia. Patrizia quiere abrir los ojos del mundo.

     Círculos nace con una concepción cinematográfica y una clara vocación crítica frente a la sociedad actual. Para ello se vale del uso que hacemos de las redes, del morbo televisado que provoca que edición tras edición se repitan concursos y programas que se basan en el exhibicionismo de las miserias y el ridículo de las personas. Este es el Londres gris, por tiempo y por sociedad, en el que Manuel nos mete en su novela. Empieza acercándonos una muerte, que habrá que esclarecer, y que abrirá las puertas del mundo que no vemos detrás de las televisiones, y también de lo que los espectadores y usuarios quieren ver. La búsqueda del telespectador se asemeja a la búsqueda del seguidor en las redes, sin que importe demasiado a costa de qué. Y aquí entrará Jellineck sin tener claro que la muerte del concursante sea un accidente. Mucho para reflexionar, sobre todo los límites de una sociedad que puede llegar a dar miedo.
     Fruto de esa sociedad son personas como Patrizia, el otro eje sobre el que se mueve la novela. Patrizia vive entre monitores y es una rebelde que quiere cambiar esa sociedad que le ha tocado vivir. Y entonces se produce la convergencia, en un mensaje, para todos.

     Círculos es una novela ágil, que no requiere de demasiadas descripciones porque nos habla de un mundo conocido y en la que pronto olvidamos si estamos en Londres, Madrid o Barcelona. Ahí radica parte de su poder para enganchar al lector, la capacidad que tenemos todos de ver ese mundo con sólo pulsar un botón del mando a distancia. Es el arma de Manuel y no piensa desaprovecharlo, como tampoco hace el momento en que se publica, un momento en que plataformas de ficción entran en las casas, las pantallas brillan en cada habitación y los comentarios en las redes sociales convierten en TT la última entrega de Juego de Tronos o la pregunta sobre si habrá nueva entrega de Black Mirror. El resultado es una historia que se lee en un par de tardes, que lleva al lector sin apenas darse cuenta por una trama hoy actual y casi novedosa, que resulta francamente entretenida. Manuel Ríos ha sabido aprovechar el momento. Círculos es para ser leída ahora.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

viernes, 28 de abril de 2017

Derecho Natural. Ignacio Martinez de Pisón


     "Mi padre no siempre se pareció a Demis Roussos. Cuando Demis Roussos era ya Demis Roussos, medio calvo, barbudo, barrigón, envuelto en anchas túnicas con bordados de colores, el escaso pelo alborotado en largas guedejas, mi padre era todavía un hombre espigado, fibroso, con aire de galán y una buena pelambrera, vestido con polos entallados que dejaban asomar el pelo del pecho. En algún momento, a comienzos de la década de los ochenta, sus aspectos físicos debieron de confluir."

      Hay novelas que antes de meterte en ellas ya sabes que van a ser justo lo que esperas, por eso acudes a la librería con la seguridad de quien sabe lo que está comprando. Hoy traigo a mi estantería virtual, Derecho natural.

     Conocemos a la familia de Ángel, narrador de la historia. Ya que esta novela de cambios en los años 70 y 80, va a centrarse en su familia. Y sobre todo en su padre, un hombre que pasará de actor de segunda a intento de no salirse del medio "artístico" y terminará en su mayor momento de gloria como imitador de Demis Roussos. Su madre será quien aguante las idas y venidas del núcleo familiar de este hombre, los hijos, los amores con fecha de caducidad que le prodiga, la que se harte o regrese y cuidará de una familia que Ángel se empeña en sacar a flote. El núcleo familiar lo completan un hermano rebelde y dos hermanas que, pese a no compartir madre, jugarán a ser gemelas.

     Este es muy resumido el argumento completo de la nueva novela de Pisón, una historia común en realidad, de esas que sucedían en la casa del vecino, aunque tal vez ese vecino no fuera actor de reparto ni su mujer sufriera con sus idas y venidas. Pisón usa a la familia de ángel y al propio narrador para darnos un reflejo real de una época de grandes cambios en nuestro país. No es, eso es cierto, una novela política, ni siquiera aunque el protagonista estudie derecho o el título de la historia sea Derecho Natural, pero no se puede negar que lo sucedido durante esos momentos tiene una gran influencia en lo que relata el autor. Estamos en un momento de apertura, de pensar, de reactivación de un país que comienza a respirar a la vez que se acostumbra a términos nuevos como "divorcio". Lo complicado de estas novelas, y en esta además veremos pasearse a Gregorio Peces Barba, es conseguir una atmósfera realista sin caer en tópicos de seiscientos, aunque aquí aparezca una furgoneta que seguro más de uno reconoce, o llenarla de juicios políticos y morales. Pero esa no es la técnica de Pisón, el autor opta por la cercanía de la familia, del ambiente en la calle y la ciudad que se transforma, da voz a los personajes para que sean ellos quienes expliquen qué música escuchan durante un año en el que el cambio les deja en ninguna parte o qué sucede cuando un amor cae. Y de este modo, más allá de la corriente de empatía necesaria en estos libros, logra credibilidad. Una sensación de honestidad en sus palabras que ya viene siendo la tónica en las novelas de este escritor.

     Existe una generación, a la que no pertenezco, que vivió el paso del franquismo a la democracia. Muchos de hecho se criaron en una para ser adultos en la otra descubriendo que "todo lo vivido" apenas les era útil frente a lo que entraba con prisa en este mundo cambiante. Y es precisamente a ellos a quienes da voz Ignacio Martinez de Pisón en esta novela de personajes en la que un niño, quizás por ser el mayor y tener una figura paterna tan anhelada como ausente, se empeña en sostener la palabra familia frente a viento y marea. Y solo por eso, y por las reflexiones que suscita en el lector, ya merece la pena acercarse a Derecho Natural. Miremos atrás, pero no tan atrás.

     Tendemos a pensar, o al menos a mi me pasa muchas veces, que la novela histórica es aquella que se ambienta hace mucho tiempo, cuando lo único que ha de hacer, es transcurrir en un tiempo pasado. Visto así, abre el abanico de posibilidades lectoras, y también el concepto de novela histórica, que muchos siguen considerando un tostón. Y vosotros, ¿os gusta la novela histórica?

     Gracias.

jueves, 27 de abril de 2017

El libro de los espejos. E. O. Chirovici


     "Recibí la propuesta de edición en enero, cuando en la agencia todo el mundo seguía intentando recobrarse de las resacas posfestivas.
     El mensaje había esquivado hábilmente la papelera para aparecer en la pestaña de mensajes recibidos; allí hacia cola junto con unas cuentas docenas de mensajes más."

     Una cubierta llamativa provoca que el lector mire dos veces un libro en mitad del mar de cubiertas que son las mesas de una librería. Y, a veces, incluso que se lo lleve a casa sin motivo aparente. Eso es lo que me sucedió a mi, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El libro de los espejos.

     Conocemos a Peter Katz porque recibe un correo electrónico en el que se habla de un asesinato ocurrido casi tres décadas antes, en el mensaje se habla de un manuscrito en el que aparecerán las claves de dicho asesinato que quedó sin resolver. Katz se intriga, ya que solo recibe una parte del manuscrito, pero reconoce en él a un profesor, famoso psicólogo, asesinato mientras investigaba la memoria y sus traumas. Katz huele una gran historia y decide llamar al periodista John Keller para que investigue el asunto y así conseguir el manuscrito completo, sin saber que dicha investigación hará que el ahora jubilado detective que investigó en su día el crimen, Roy Freeman, vuelva a sentir su instinto investigador.

     Dicen que no somos realmente como nos vemos en los espejos, entre otras cosas, porque la imagen se invierte. También sabemos que los espejos son capaces de engañarnos distorsionando nuestra imagen, y que esto puede suceder en un probador de ropa en el que se haya colocado el espejo con unos milímetros de inclinación, o en una atracción de feria que nos devuelva una imagen grotesca de nosotros mismos. Ahora, trasladad todo esto a la memoria una vez han transcurrido 27 años, y sopesad la fiabilidad de vuestros propios recuerdos de cualquier suceso relevante sucedido hace ese tiempo: pensad en si son vuestros o se han visto distorsionados, influidos. Pensad en ese recuerdo de la infancia que ya no tenéis claro si es propio o el resultado de haberlo oído relatar a vuestros padres año tras año...
     Bien, pues por este motivo el título de esta novela es tan acertado. Con tres narradores diferente, Katz, Keller y Freeman, Chirovici construye un thriller en el que no hay urgencia pero si necesidad de saber. El crimen ha sucedido hace muchos años, se cerró, los testigos y sospechosos siguieron con sus vidas... De entrada no parece importante resolver lo sucedido aquella noche en casa del profesor. Pero para los protagonistas lo es, y también para el lector. Nos envuelve de este modo en una maraña de recuerdos que mezclan lo que se recuerda y lo que se oculta, las mentiras y los secretos, y nos obliga a intentar decidir qué parte de cada uno podemos creernos. Chirovici construye de este modo una novela que se basa en testimonios discordantes, que superpuestos y comparados con el manuscrito que abre la novela, deberán de conducir al lector a una solución que ansía espoleado por un dinamismo basado en capítulos cortos que domina la novela, mientras va descubriendo que hay distorsiones movidas por la venganza y otras que no pueden ser controladas ya que las decide el propio cerebro.

     El resultado es una novela que parte de un muy buen comienzo y juega con los conceptos de fiabilidad, ambición y memoria en un libro que nos dura apenas unas horas entre manos. Y es que, El libro de los espejos, me ha parecido una historia francamente entretenida.

     Y vosotros, ¿os influye la cubierta de un libro a la hora de fijaros más o menos en él?

     Gracias.

     PD. Hoy os dejo el booktrailer:


martes, 25 de abril de 2017

La bella Annabel Lee. Kenzaburo Oé



     "Un anciano obeso avanza con pasos apresurados, en la mano izquierda lleva una barra flexible de resina, de color rojo y peso considerable. A su derecha camina un hombre robusto de mediana edad, también con una barra flexible, de color verde, en su mano. El anciano prefiere tener su diestra libre porque en cualquier momento deberá sostener al hombre de mediana edad, que puede perder el equilibrio a causa de la cojera de su pie. La pareja con sendas barras pasa de largo, haciendo caso omiso a los curiosos que los observan cuando se cruzan con ellos.
     Al tener que dejar la natación por la arritmia que le acaban de diagnosticar, el anciano (que soy yo) se animó a acompañar a su hijo en los ejercicios para corregir su cojera, siguiendo los consejos del entrenador, que le recomendaba caminar todo lo que pudiera."

     La experiencia de leer a Kenzaburo Oé es inolvidable por lo hermoso, por la mezcla, por lo distinto. Por eso no suelo faltar a sus citas y ya voy conociendo algunas de sus querencias, que hoy intentaré dejar escritas. Hoy traigo a mi estantería virtual, La bella Annabel Lee.

     Decir, en primer lugar, a quien conocemos en esta novela, podría parecer fácil, pero hay también que desentrañar los misterios de la línea que separa realidad y ficción en ella. O tal vez no haga falta y eso sea lo menos importante, pero sí hay que saber que no es todo del todo cierto ni tampoco es totalmente mentira. No obstante conocemos al propio Kenzaburo Oé, protagonista y narrador de esta novela, que pasea en las primeras líneas junto a su hijo Ikari. Oé ha dedicado su vida no solo a escribir, también a cuidar de su hijo, hoy ya un hombre adulto y con una sensibilidad especial para la música, que nació con lesiones cerebrales. Y juntos van paseando, cuando se produce un encuentro nada fortuito con Komori, a quien no veía hace treinta años, tiempo en el que este último se ha convertido en un productor cinematográfico reconocido. Ambos comienzan a hablar mientras Komori recuerda a Sakura, actriz que protagonizara siendo casi una niña la adaptación cinematográfica del poema de Edar Allan Poe llamado Anabel Lee. Komori va convenciendo a Oé de que se involucre en un nuevo proyecto mientras comienza a repasar estos años de ausencia en los que él no se ha separado de Sakura que parece arrastrar un trauma referente a dicho rodaje.

     Simplificando mucho, y sin querer aportar más datos al menos de momento, este sería el argumento de la última novela de Kenzaburo Oé, en la que rinde un homenaje al poema de Poe, que existe, y mezcla realidad y ficción en los tres momentos temporales en los que ha decidido fijarse. De la juventud a Annabel Lee y deteniéndose en el momento actual de la narración, despliega sus artes para lograr un impacto visual cargado de sensaciones que el lector recibe sin apenas darse cuenta. Son particularmente intensos los momentos en los que habla de sí mismo ya anciano, esa secuencia de fortaleza de quien es consciente de ser necesario a cualquier edad, por un hijo del que no se separa. Casi una herida latiendo en cada letra cuando se pone en boca de su amigo el recuerdo de una caida, un ataque, una protección feroz hacia su hijo. Y seguimos sin haber avanzado más de un par de páginas, pero ya hemos descubierto lo que es leer a Oé.
      El nuevo proyecto en el que embarcan al protagonista irá mezclándose con los intereses personales de Oé, cambiando y entusiasmando a una Sakura que irá recordando aquel trauma oculto.Y es que Sakura, esa mujer a la que Komoro nunca ha dejado de mirar o casi tutelar en la sombra, se perfila a grandes ratos como el andamiaje sobre el que se articula la novela, aunque eso solo sea cierto cuando le convenga a su autor.

      Todo esto que puede parecer complejo, Kenzaburo lo simplifica a la vez que mantiene firme esa voz que lleva una narración dinámica en la que, aunque descubramos alguna sorpresa antes de tiempo, no dejaremos por ello de disfrutar del estilo del autor. Tocará además temas ya conocidos en él como son los momentos sociales, la moral, la lealtad y la amistad, dotando a la historia con todo esto, de una especial sensibilidad a la que el lector no puede ser inmune.

     Ayer hablaba de un Premio Pulitzer y hoy traigo a un Nobel, parece que sí son importantes los premios más allá de las críticas que generen.
     Y por cierto, ahora que ya estamos con la resaca del Día del Libro, ¿qué libro os llevasteis a casa?

     Gracias.

lunes, 24 de abril de 2017

El simpatizante. Viet Thanh Nguyen


     "Soy un espía, un agente infiltrado, un topo, un hombre con dos caras. Previsiblemente, quizá, también tengo dos mentes. No digo que sea ningún mutante incomprendido salido de un cómic ni de una película de terror, aunque hay quien me ha tratado como si lo fuera. Simplemente soy capaz de ver cualquier cuestión desde ambos lados."

     El Premio Pulitzer es uno de los que siempre sigo con interés. Que cayera sobre una novela de espías fue una grata sorpresa y eso me llevó a esperar con ganas su traducción al castellano. Hoy traigo a mi estantería virtual, El simpatizante.

     En 1975 la caida de Saigón es inminente, y entramos de la mano de nuestro protagonista/narrador en la casa de un general del ejército vietnamita en un momento importante: se despide de su vida. Él y un puñado de compatriotas, entre los que se incluye al capitán que relata la historia, volarán para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. Lo que nadie parece saber, es que nuestro capitán es en realidad un espía que irá pasando informes con la frecuencia adecuada.

     Cuando leí las primeras frases de El simpatizante, me vino imediatamente a la cabeza el libro El hombre invisible de Ellison que comenzaba diciendo: Soy un hombre invisible. No, no soy un trasgo de esos que atormentaban a Edgar Allan Poe ni uno de esos ectoplasmas de vuestras películas de Hollywood. Soy un hombre real, de carne y hueso, con músculos y humores, e incluso podría afirmarse que tengo una mente... Era un comienzo directo, sonoro, frontalmente dirigido al lector, y no pude evitar pensar que tenía algo bueno entre manos. Era consciente, por supuesto, de las diferencias en el tono, un poco más arriesgado, casi irónico, como si el narrador buscara romper esa cuarta pared que separa la obra del espectador, y que será uno de los grandes puntos fuertes de la novela. Y así conocí a este narrador sin rostro ni nombre, que parecía decidido a relatar una historia sobre la guerra de Vietnam que me resultaba desconocida, pese a que tanto la literatura como el cine están repletos de historias sobre la Guerra de Vietnam.

     La fuerza del libro está precisamente en su protagonista y narrador, un hombre inteligente y consciente de las divisiones que tiene en su interior y que, posiblemente, estén arraigadas a su alma desde el momento en que fue concebido: hijo ilegítimo de un francés y una joven vietnamita, pronto comprendemos que no ha encontrado un único lugar y que esa constante división que tan bien le viene para su trabajo como espía, es algo que ha llevo dentro siempre, lo cual, unido a su educación, era un camino sin retorno hacia la vida en la que le conocemos. De este modo y con un arranque interesante y dinámico, nos metemos en la historia de Nguyen que, si bien mantiene un ritmo irregular superado ese comienzo, nos hará dudar sobre si estamos ante una novela de guerra, de inmigrantes, de denuncia... Y todo ellos sin perder ese tono que comentaba al principio, esa ironía que tiñe toda la novela, y que será el motor de una historia a la que, como fallo, le señalo la incapacidad que ha tenido en mi caso, para despertar sentimientos personales por quienes la protagonizan. Esa corriente que fluye en determinadas lecturas entre protagonista y lector y que he echado en falta en esta historia. Quizás sea buscado así por el autor, ya que la ambivalencia de las lealtades del capitán ponen muy complicado al lector decidir el juicio que emite sobre él y su forma de actuar, o precisamente para evitar esa inmediata condena que se otorga ante la palabra espía en muchos de los casos. Pero eso, unido a la sensación de estar ante algún que otro soniquete mil veces trillado ante determinados temas, creo que le pesan bastante a una novela que, en otro caso, brillaría por la forma de retratar un pasado del que aún parece quedar mucho que contar.

     Me ha gustado El simpatizante. No diré que me ha entusiasmado y tal vez sea porque esas primeras páginas hicieron que esperase más de una novela que se queda en buena pero no llega a excepcional. Aunque claro, la novela se ha llevado un Pulitzer, así que esto tan solo es una opinión. Como siempre, leed y juzgad vosotros mismos. Lo cierto es que merece la pena.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     Las guerras nunca mueren. Solo duermen.

miércoles, 12 de abril de 2017

Vacaciones


     Una entrada corta para deciros que comienzan las vacaciones en el blog, unos días para leer en los que iré comentando las lecturas y mostrando los libros en twitter e instagram.

     Disfrutad y decidme vuestros libros para estas festividades.

     Gracias.

     PD. Pinchando en el nombre de las redes se redigirá a las cuentas.

martes, 11 de abril de 2017

La ciudad tras la penumbra. Javier Núñez


     "Tras pasarse la mano por la cara, Ricardo volvió a echar un vistazo a la habitación en busca de algo que le resultara familiar. La cama de noventa en la que se había despertado no era una de ellas. Tanto la sábana bajera como la funda de almohada eran blancas, y la fina manta de entretiempo con la que había estado arropado hasta hacía un minuto, de un desvaído azul cielo, no casaba con ellas. Como si formaran parte de juegos de ropa de cama diferentes."

    Una de las mejores maneras de llegar a un libro, es a través de las recomendaciones. Y las redes sociales sirven para ello, se reciben muchas recomendaciones y se descubren título. Es más, personalmente en twitter me encanta ir anotando títulos, y también descubriendo afinidades. Javier Nuñez tiene un gusto más o menos coincidente con el mío, así que leer su obra... bueno, era inevitable. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La ciudad tras la penumbra.

     Conocemos a Ricardo cuando, una mañana cualquiera al despertar, descubre que no tiene mucha idea de la habitación en la que se encuentra. Es más, no tiene idea alguna de dónde está. Pero no solo eso, no reconoce la habitación, ni el apartamento, ni tampoco la ciudad, así que decide preguntar en la calle. Su situación empeora a medida que va descubriendo que no será tan sencillo saber dónde se encuentra, ya que nadie parece dispuesto a ayudarle a saber qué ha sucedido o dónde se encuentra.

     El hombre aislado en su propia sociedad es un tema que se ha utilizado muchas veces en la literatura como símbolo de la situación real de las personas en la llamada era de las comunicaciones. En este caso, el autor no  ha buscado un país extraño, sino una zona gris. Aquella de lo indistinguible con calles iguales numeradas y personas que no parecen dispuestas a ayudar a nadie, y deja allí al hombre consciente que es el protagonista buscando desesperadamente unas respuestas que nadie parece dispuesto a darle. Al menos hasta que se tropieza con una joven, que es la única que comienza a relacionarse con él. De este modo veremos la importancia que puede tener una relación, aunque sea banal, para una persona. Y es que, nos guste o no somos animales sociales y ese punto flota a lo largo de toda la historia que nos deja Javier Núñez, así como la de la supervivencia en este mundo y la alienación que tendrá, como no, su contrapunto en la amistad.
     Utilizando un lenguaje muy visual y descripciones sencillas en abanicos comunes que permiten al lector crear una nítida imagen mental del lugar que nos presenta, dota a la historia de un ambiente opresivo que va en aumento a medida que su protagonista parece empeñarse en obtener respuestas. Y esto intranquiliza al lector, no sólo por la corriente de empatía que ha logrado generar hacia su protagonista, además nos preguntamos si será capaz de darle una solución a un enigma que se mantiene durante muchas páginas. Lo hace, podéis estar tranquilos, y aunque queden unas cuantas páginas para el final, Javier mueve hábilmente el foco central de la historia para conseguir incluso un aumento de interés por parte del lector.

     El resultado es una novela francamente entretenida, con un argumento que se consigue mantener a lo largo de la historia y un final en el que, si bien me hubiera gustado que avanzara un poco más en el tiempo, no dejo de reconocer que no es necesario para una historia que queda cerrada perfectamente en la última página. Repetiré.

     Y vosotros, ¿sois recolectores de recomendaciones en las redes sociales?

     Gracias.

lunes, 10 de abril de 2017

Después de medianoche. Stephen King


     "Bueno, fíjate bien en esto; aquí estamos todos. Lo hemos vuelto a hacer. Espero que te alegres de estar aquí al menos la mitad de lo que me alegro yo. Lo digo solo porque me acuerdo de una historia, y como contar historias es lo que hago para ganarme la vida  (y para conservar mi cordura), te transmitiré esta."

     Hace poco os mostraba El bazar de los malos sueños y afirmaba sin demasiado pudor que Stephen King no llegaba a escribir el mismo terror que le había conseguido millones de lectores. Por eso me he decidido a echar la vista atrás en su obra, y hoy traigo a mi estantería virtual, Después de medianoche.

     Después de medianoche es un recopilatorio formado por cuatro relatos, de esos que no alcanzan la suficiente extensión como para ser llamados novelas, pero sí que superan la habitual en este tipo de libros, dando lugar a historias completas y con bastante detalle. Se da además el caso de que en España se ha optado en muchas ediciones por separar estos cuentos en dos volúmenes, titulados Las dos después de medianoche y Las cuatro después de medianoche. Si me preguntáis a mi, prefiero esta edición, no ya por el precio, si no que además se ajusta a la publicación original del autor.

     Las historias que nos ofrece King, parten de puntos sencillos que, como suele ser habitual, están protagonizadas por una persona que se ve sorprendida y, en la mayor parte de los casos, aterrorizada, por las circunstancias. En Lagolieros será un piloto quien viajando como pasajero, despierte y se vea en una situación extrema, con personas desaparecidas y obligado a aterrizar, sin tener muy claro dónde... y no tener ni idea de lo que sucederá después. Mucho más efectiva, pese a que el componente fantástico se desvela en la primera página, es El perro de la Polaroid, que nos relata la historia de un joven y su cámara nueva. La particularidad de la cámara es que en todas las fotos aparece un perro, da igual lo que estés enfocando. Y además el perro parece mirar a la cámara, acercarse. Y el autor aumenta la tensión foto a foto mientras nos plantea la disyuntiva sobre loq ue haríamos nosotros, y juega con el miedo y la curiosidad. Posiblemente este sea el mejor de los cuatro relatos, pese a su aparente simplicidad.
     El policía de la biblioteca nos habla de esos guardianes de bibliotecas temidos por quienes no devolvían sus libros a tiempo, el temor a ser pillado y la capacidad infantil para magnificar este tipo de figuras autoritarias. Aunque, tal vez, no las hayan magnificado, y ahí está el protagonista del relato dirigiéndose sin saberlo a descubrir cuánto hay de cierto. Por último nos encontramos con Ventana secreta, jardín secreto un relato en el que un escritor se ve acusado por un particular de plagio, un hombre muy enfadado y blandiendo un viejo manuscrito le muestra que coincide palabra por palabra con una obra firmada por él. Y lo peor es que no se explica cuándo le pudo copiar. Lo que no sabe este hombre aún es que el relato firmado por el escritor, se publico antes de que él escribiera el suyo. ¿Qué sucede entonces cuando ninguno de los dos ha podido copiar al otro?¿O el portador del manuscrito lo sabe y tiene una importante tara mental? Es King, yo me pondría en lo peor.

     En este libro King se dirige rápido hacia el punto intranquilizador, que puede ser el objeto del terror, como es el caso del perro que aparece en la fotografía, o el ambiente previo a la resolución de la tama planteada, como en Ventana secreta, jardín secreto.Demuestra de este modo su manejo en las dos vías rápidas para ganarse a un lector que tendrá curiosidad por la resolución de la historia, máxima sabiendo que King nunca tuvo muchos problemas para matar a personajes en sus libros. Se ciñe además a las reflas más básicas que todo el mundo conoce, creando historias rápidas que bien podrían pertenecer a aquel cine de serie z que triunfó hace ya un par de décadas.
     El resultado es un libro entretenido muy válido para comenzar un acercamiento al llamado, maestro del terror.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.