lunes, 16 de septiembre de 2019

La paciente silenciosa. Alex Michaelides


     "No sé por qué escribo esto.
     No, eso no es verdad. A lo mejor sí lo sé, lo que pasa es que no quiero admitirlo ni ante mi misma".

     Abrimos la temporada de la rentrée del thriller del año con uno que se ve mucho estos días en librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, La paciente silenciosa.

     Alicia Berenson era una pintora de éxito con un matrimonio feliz, al menos hasta que la policía la encontró junto a su marido muerto. Él, atado a una silla y con varios disparos en la cara. Ella con heridas en las muñecas, sangrando y una pistola a los pies. Desde ese momento Alicia no ha abierto la boca y, habiendo sido declarada culpable del asesinato de su marido, se encuentra en The Grove. Lo más parecido a un testimonio es un enigmático cuadro en el que representa la escena encontrada por la policía.
     Conocemos a Theo Faber, psicoterapeuta. Un hombre con una carrera brillante que se siente irremediablemente atraído por la historia de Alicia Berenson, por eso deja un puesto prometedor para trabajar en The Grove y poder tratar a Alicia. Su única intención parece conseguir que ella le hable.

     La paciente silenciosa pertenece a eso que ahora llaman domestic noir aunque va un tanto camuflado de thriller. Con un muerto ya finado para cuando comienza la novela, la historia consiste en que descubramos en medio de un juego de luces y sombras qué ha sucedido en casa de Alicia y Gabriel, su difunto marido. Para ello, Michaelides introduce a Theo, un hombre que padece su propia obsesión y que es tratado, al igual que la propia Alicia, como una voz no fiable. A fin de cuentas, parece decirnos Michaelides, estamos en un centro psiquiátrico y el propio protagonista ha confesado que es una rama que uno estudia egoístamente, para sanarse. Y así comienza una investigación disfrazada de terapia en la que cualquiera puede estar implicado y a la que no tarda en unirse el diario de la propia Alicia.

      El problema de este tipo de juegos consiste en la credibilidad. Si estás escribiendo una novela en la que todo y todos son cuestionados, más vale que hayas dotado de personalidad a tus protagonistas, y ahí es donde falla la novela de Michaelides. En su objetivo que no parece otro que el de hacer una novela ágil y dinámica, el autor se apresura. El protagonista tiene todo demasiado fácil, las coincidencias acuden en socorro de la historia y uno acaba por preguntarse si realmente era todo tan sencillo de conseguir, por qué había permanecido callada tanto tiempo la protagonista de la novela. El diario, que está bien escrito en tono y formas en un comienzo, llega a un punto insostenible y, no solo eso, sino que yo sigo preguntándome sobre la improbabilidad de su existencia. Cierto es que en mi cabeza la resolución de la novela no era exactamente la elegida por el autor, pero tengo que decir que sigo pensando que para mi era mucho más verosímil que lo que se nos ofrece.

     La paciente silenciosa es una novela coja. Cierto que es fácil y entretenida, pero, si bien hay libros que exigen al lector demasiado esfuerzo durante su lectura para ser disfrutados, otros como este exigen al lector que pase por alto demasiados detalles.

    Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Leer a escondidas


     "Y menos aún podían protegerme de mis pesadillas, esas que inexorablemente llegaban cada noche, aunque yo intentase mantenerme despierto a fuerza de leer el mayor tiempo posible, escondido bajo las sábanas y con una linterna. ¡Como si la luz de una lámpara de aceite pudiese contra aquellas sombras vivientes".
Dark Fantasies.

     El libro parece haberse vuelto un complemento. Ahora hay colgantes literarios, bolsos e influencers de esos que, sin haber leído demasiado, han convertido al libro en un objeto imprescindible del outfit ideal. Pero nosotros tenemos también nuestra cuota de culpa. Seamos sinceros... no hay lector que no mire una vela con olor a libro, un atril o un marcapáginas... y ahora muchos lo fotografían. Nos parapetamos detrás de un libro que mostramos sin pudor... salvo que sea de esos libros que preferimos esconder.

      ¿Qué motivo puede tener un lector para esconder un libro? Y ahora es ese momento en el que todos estáis pensando en aquellas famosas cincuenta sombras que nadie reconocía haber leído pero cuyas ventas superaban a cualquier otro libro publicado en los últimos años. Ya conocemos el fenomeno. Vamos a llamarlo "fenómeno Dan Brown" ya que fue uno de los que inauguraron esa tendencia a renegar de lo comprado y leído hasta tres veces en una semana mientras que las listas de ventas cantaban acusadoras que no había familia en la que al menos hubiera entrado un ejemplar. ¡Que se lo digan a Tom Hanks! Y sin embargo no es este el único motivo para renegar de una lectura.
Recuerdo haber leído Pornografía, un librito magnífico que llevo años recomendando, entre miradas de reojo de acompañantes de metro y también como había una colección de libros de nombre La sonrisa vertical que vivían única y exclusivamente en las librerías, ya que no había lector exhibicionista o casa con estantes que mostraran uno solo de sus rosados lomos. Y ahí seguía año tras año entregando premios para fantasmas... o tímidos. Pero era aquel un momento en el que el sexo era algo que se llevaba en privado, y uno no llevaba el Kamasutra o Historia del ojo alegremente por la calle. El primero por lo obvio y el segundo, por si acaso. Gracias a dios esos tiempos pasaron y ahora... ahora los llevan si acaso en formato digital.
Hay sin embargo otros libros que hablan de muertes desde un punto de vista macabro, que supera a la novela negra por mucho, que tampoco somos capaces de exhibir en su lectura. Y, si bien hay parámetros cambiantes en cuanto a lo que vamos aceptando o no mostrar como lectura propia, siguen existiendo lagunas y parcelas privadas. Cadáver exquisito es el ejemplo perfecto de estas lagunas: bajo un título aparentemente inocente, se esconde una novela que poca gente soporta sin pestañear y que nadie querría que un compañero de transporte público leyera sobre su hombro. Y sin embargo es más fácil atreverse a salir con eso a la calle que con La máquina de follar. Aunque luego en esas redes en las que se exhiben las lecturas veamos a Bukowski de forma habitual. Son mundos paralelos.

     Los lectores mostramos un punto de provocación, irreverencia o tal vez estupidez. O quizás simplemente sean arrebatos no disimulados: renegamos de leer un clásico, porque uno se siente así provocador de ballenas y tolstones, o echamos pestes de la última novela bestseller porque nos sentimos de este modo contracultura. El caso es negar. Y es que, en el fondo, yo creo que lo que nos gusta es leer a escondidas. Como esos niños que se meten bajo las sábanas con una linterna para seguir leyendo y que yo solo he conocido en las películas. Pero quién sabe, tal vez sean como las meigas...

     Y vosotros, ¿estáis dispuestos a confesar alguna lectura oculta? Personalmente confieso haber leído todos y cada uno de los libros aquí citados.

     Gracias.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Las manos pequeñas. Andrés Barba


     "Su padre murió en el acto, su madre en el hospital.
     'Tu padre murió en el acto, tu madre está en coma' fue la frase exacta que escuchó Marina, la primera que escuchó. Se puede posar la manos sobre cada sinuosidad de esta frase, sobre esa frase preñada e incomprensible:
     'Tu padre murió  en el acto, tu madre en el hospital´".

     Andrés Barba es de esos escritores que no necesitan muchas palabras para llamar la atención del lector y estremecerlo. Por eso me gusta. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual Las manos pequeñas.

      Conocemos a Marina, una niña de siete años que pasa por una de las peores tragedias imaginables: sus padres fallecen en un accidente de tráfico. Ella, pasados dos meses de hospitalización, recibe el alta y, ante la falta de una opción mejor, es llevada a un orfanato. Allí Marina descubre a sus compañeras, a las que mira y teme, a la vez que ellas fijan su mirada en la niña nueva que ha tenido una vida fuera de los muros del orfanato. Marina es diferente y les hace sentir diferentes, por eso la miran, por eso la quieren, por eso la temen. Y entonces comienza el juego de la muñeca.

     Esta es una novela con extensión de relato. Es un relato con profundidad de novela y también es una historia que no hace tanto sucedió en un orfanato de Río de Janeiro un poco edulcorada (aunque no lo parezca). Es una historia perversa sobre la inocencia y una mirada alternativa al individuo y al grupo en una novela con voz colmena durante gran parte de la narración. Y todo ello lo es en apenas 112 páginas. No hace falta más.

    El autor comienza por centrarse en Marina, la niña golpeada por la desgracia. La deja sin saber cómo reaccionar, sin dramas, sin asimilar, en un mundo de adultos. Y lo hace dejándole una cicatriz en el alma tan profunda como la que tiene en su cuerpo. Y con una muñeca a la que hay que lamer los ojos para que pueda ver. La muñeca es importante, pensamos, es parte de Marina, de su vida presente. Lamerle los ojos, humedecerlos: Marina no llora, descubrimos en ese momento. Y entonces la niña llega al orfanato.
Los orfanatos son lugares utilizados muchas veces como centros del terror y la tristeza, quizás por eso Barba se empeña en hablar de un lugar bonito, una estatua al frente y un payaso con una pizarra anunciando una excursión en la entrada. Es un orfanato, un edificio nada más. Marina se acobarda ante el edificio, pero ansía la compañía de las otras niñas. Le recibe un lugar vació, hay una excursión, y ella mira los cajones con nombres de colores que pertenecen a las que ya son sus compañeras aunque no las conozca y fantasea con encontrar su nombre en otro cajón.

     Y entonces sus compañeras llegan. Se miran como aquellos amantes cíclopes de Rayuela, se miran hasta distorsionarse y el narrador acoge la voz colmena de un sentimiento conjunto del resto de las niñas del orfanato: la curiosidad, el miedo, el rencor hacia la vida que tuvo y el rechazo hacia el dolor que la lleva a ser su compañera. La cicatriz, la incapacidad para gestionar todo ello. Quieren saber que hay un mundo pero no sentir que se lo pierden, quieren acercarse a la niña de la muñeca pero también quieren que le duela y Marina mira sin acercarse, viola la necesidad de las otras niñas de tener su mundo a parte, necesita ser parte de ese mundo y a la vez necesita ser Marina, ella. La que lame los ojos de su muñeca. Barba hace un fantástico trabajo recreando la voz de la infancia que se debate entre la absoluta pureza de sentimientos, ya sean buenos o malos, y la muestra de lo mejor y lo peor. Ancla a una niña a una muñeca, y otro niño se la arrebatará. Los niños sufren, los niños desean, los niños son crueles... los niños, niños son.
     No hay muñeca. Marina la había enseñado, había contado lo de los ojos de su muñeca. Hace falta una muñeca. Ella le contaba sus secretos a la muñeca. ¿Y si ahora una niña es una muñeca?
     Los niños juegan.
     Los niños son impulsivos.
     Cada niña una muñeca. Secretos, Silencios, despersonalización. La colmena habla, ya sabemos que beben de Marina y también que desprecian lo que beben. Sabemos que cuentan sus secretos y que las cosas no son como antes de la llegada de la nueva. El camino del juego lo anticipamos, no hace falta ser muy listo para ver a dónde nos va a llevar, pero no por eso el libro pierde fuerza. Al contrario. La angustia de quien ve que va a suceder algo terrible sin poder hacer nada se hace presente y nos lleva a las últimas páginas de una novela estremecedora y palpita con la voz de la realidad. Andrés Barba lo ha vuelto a hacer.

     Las manos pequeñas es una novela corta o relato largo del que es imposible salir ileso. Es imposible no leer a Andrés Barba.

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis en las manos?

     Gracias.

viernes, 6 de septiembre de 2019

La huella del mal. Manuel Ríos San Martín


     "Diecisiete abrió los ojos más temprano de lo habitual. Tampoco había podido dormir tranquilo esa noche. Durante unos instantes permaneció inmóvil contemplando los primeros rayos de sol que se filtraban entre las ramas de los abedules bajo los que descansaba la tribu. Escuchó con atención. El bosque permanecía en silencio, pero le había parecido oír sonidos extraños provenientes de las cercanías y tenía que comprobar de qué se trataba. Se incorporó sin hacer ruido, tratando de no despertar al resto del clan, formado por tres hembras adultas, una anciana y más de diez crías de diversas edades. Los otros dos machos, algo mayores que él, habían salido de caza. Diecisiete era alto, de tronco fuerte y erguido, cejas prominentes y muy velludo. Apenas tenía veinte años y era capaz de recorrer kilómetros sin cansarse en busca de comida. El territorio donde se había asentado su tribu varias estaciones atrás era rico en frutos secos, setas, semillas y pequeños mamíferos. Pero llevaban unas jornadas de escaramuzas con otro grupo de homínidos instalado cada vez a menos distancia, y algunos miembros de su clan habían resultado heridos en los enfrentamientos. Las dos tribus se estaban tanteando".

     El motivo más frívolo para comprar un libro es que te guste su cubierta. Y, sin embargo, aquí estamos, con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de La huella del mal.

     Conocemos a Daniel, un expolicía que ahora se dedica a la investigación privada, y a Silvia, inspectora de la UDEV. Y los conocemos tras la aparición del cuerpo de una joven en Atapuerca. No tardan en relacionar esta muerte con otra ocurrida en un yacimiento de Asturias años atrás, solo que esta vez no han de permitir que se repitan errores.

     La huella del mal es una novela entretenida en la que, a través de una localización más que conocida y atractiva para millones de turistas, el autor da forma a un caso de asesinato, unas vidas y una serie de preguntas sobre el bien y el mal que plantea al lector. Con un comienzo efectista y muy cinematográfico, nos presenta el escenario en el que aparece el cuerpo de la joven Eva. Un escenario que, si alguien ha visitado el lugar, reconoce inmediatamente. Lo mismo sucede en el libro, ya que no tardan en relacionarlo con otro caso sucedido años atrás y este es el motivo para que llamen a Silvia y a Daniel, quienes junto al Comisario Mendoza, el juez Vázquez de Mella y un novato llamado Rodrigo, tomarán las riendas del caso. El autor crea para la ocasión algún personaje para que el lector no se pierda entre datos y tecnicismo y consigue, y es un mérito, que no nos resulte pesado ni siquiera en los momentos en los que toca aclarar y explicar detalles que, en honor a la verdad, me han parecido francamente interesantes. Y es que, además del caso, cuyo camino hacia la resolución se sigue con cierto interés, y digo cierto porque superada la mitad de la novela ya me olía el camino que iba a tomar y eso que os aseguro que no soy una mente privilegiada, Ríos San Martín nos propone unas reflexiones de lo más interesantes sobre la conciencia, el bien, el mal y el paso del tiempo (está claro que uno no puede ambientar un libro en Atapuerca y no hablar de evolución, sin embargo me ha gustado tanto el camino como la forma en la que en este caso se ha optado por hacerlo).
     Pudiera parecer entonces que la novela es redonda, pero los lectores somos seres inconformistas que vamos perdiendo la inocencia conforme leemos y, si bien me olí la resolución del caso sin que ello afectara demasiado a mi lectura, la relación amorosa si que lo hizo. Y es que no he dicho hasta ahora que Silvia y Daniel tienen una historia que viene de atrás y que en su momento... bueno, eso lo leéis. El caso es que parecemos empeñados en colar una historia romántica en los libros, hemos pasado de la tensión sexual entre los protagonistas a las relaciones presentes o pasadas y, personalmente, de un tiempo a esta parte creo que les resta originalidad a las novelas. Termina por ser un lastre que cuesta llevar.

     No diré que La huella del mal es una novela originalísima, porque he reconocido más de un rasgo común, pero si que es entretenida si uno busca pasar un par de tardes. Se lee con comodidad y apetece avanzar por una escenografía visual y poco habitual descubriendo, sobre todo, a Samuel que es sin lugar a dudas lo mejor de la novela. Al menos para mi.

     Y vosotros, ¿os fijáis mucho en la localización de las novelas?

     Gracias.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Máquinas como yo. Ian McEwan


     "Era el anhelo religioso con el don de la esperanza; era el santo grial de la ciencia. Nuestras ambiciones fluctuaban -más alto, más bajo- gracias a un mito de la creación hecho real, a un acto monstruoso de autoamor. En cuanto fuera factible, no tendríamos otra opción que seguir nuestros deseos y atenernos a las consecuencias".

     Cada libro suyo, cada entrevista, cada página, cada palabra, cada letra... Hoy traigo a mi estantería virtual, Máquinas como yo.

     Estamos en Londres en los años 80, en un mundo un poco diferente al nuestro, son detalles aparentes que han cambiado cosas importantes. Alan Turing jamás comió la manzana, y el mundo tecnológico sufrió una revolución temprana. Allí conocemos a Charlie y a su vecina Miranda, de la que está enamorado. En la calle han aparecido unos robots que parecen personas, casi perfectos, y el ser humano ha decidido en su modestia ponerles los nombres de Adán y Eva. Eva se agota antes así que Charlie se compra un Adán que termina siendo manipulado por Miranda. Adan es la perfección, pero ¿qué pasa cuando es la perfección la que mira a los humanos?

     Hace ya unos cuantos años que Irving escribiera Personas como yo, un libro en el que se desnudaba quedando a merced de la escrutadora mirada del lector que se cuenta entre mis favoritos. Ahora le toca el turno a McEwan de jugar con esa sentencia y escribe Máquinas como yo, un libro en el que se desnuda Charlie para el lector, el ser humano para las máquinas y el lector, como no podía ser de otro modo en una novela de McEwan, se revuelve incómodo en la silla. Y es que siempre que veo a alguien decir que las novelas de McEwan son bonitas, no puedo evitar sonreír. McEwan disfruta incomodando al lector mientras no pierde un ápice de su aplomo inglés, representado perfectamente en la prosa cuidada y el placer que provoca leerlo. Aunque nos incomode como feto no nato o como menor que quiere tomar decisiones propias.

     En esta ocasión entra en la ciencia ficción como excusa para relatar su historia. Y lo hace, creo yo, en los años ochenta simplemente por satisfacer su capricho de que Turing aparezca en el libro, ya que poco más puede afectar a esta novela la época en la que acontezca salvo el dar a Turing el lugar que hubiera merecido en la historia (y posiblemente unos cuantos méritos de más). El caso es que hasta aquí y poco más llega la ciencia ficción, porque a McEwan lo que siempre le han interesado son los dilemas morales. Y conocemos a Charlie, enamorado de Miranda, egoísta, tranquilo y un tanto obsesionado en el tema de la robótica. Por eso llega Adan a su casa. Bueno, por eso y por la falta de Evas, como ya he comentado. Y es la llegada de Adam la que agita al lector. Adam es perfecto, incluso por fuera, y Charlie no puede evitar sentirse un poco amenazado. Aunque quizás si lo "cría" junto a Miranda, quién sabe lo que puede pasar. Pero, como cada vez que alguien dice quién sabe lo que puede pasar, algo inesperado sucede. Adam mira a Miranda y la escruta desde su fría e inalterable perfección dando una opinión nada positiva de la joven a su legítimo propietario a la vez que miranda no puede evitar fijar su parte más carnal en el robot. La cosa, como os podéis imaginar, se complica por momentos, se siente la traición y el juicio del robot incapaz de tener sentimientos pero en un aprendizaje constante que hará que nos preguntemos hasta qué punto está bien verse escrutado, que no es lo mismo que pedirle a Adam que lo haga con otros. Aparecen más personajes mientras Adam avanza y el autor aprovecha ocasiones en las que nos recuerda que allí no todo son personas, pero la moral se le parece aplicar por igual a todos los integrantes de la novela. Y aquí llega la gran pregunta, ¿es eso adecuado?, ¿podemos dar conciencia? Y da un paso más, ¿y si nos pasamos al crear algo como Adam capaz incluso de juzgarnos?
     Ahí está. Estamos leyendo a McEwan. Nos revolvemos. Miramos al gran descubrimiento de la novela, Mark. Mark es puro McEwan, os dejaré descubrirlo, yo solo lo nombro, ni siquiera os doy una pista de su papel. Y también dejaré que descubráis la conciencia.

     Máquinas como yo es una gran novela. No es la mejor del autor, entiendo a quien dirá que es una de sus novelas menores. De hecho, si pienso en sus tres últimas novelas, todas lo fueron. Uno termina de leer a McEwan y cree que la historia ha terminado, sin embargo, parte de su grandeza es que sus novelas crecen con el tiempo.

     Hoy he expuesto mi pasión por las letras de un escritor, ¿podéis nombrarme vosotros a alguno que os provoque lo mismo?

     gracias.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Felices como asesinos. Gordon Burn


     Basado en un hecho real.

     Los asesinos en serie son espeluznantes, aterradores, sociópatas que muchas veces se disfrazan de normalidad. Los asesinos en serie ocupan las páginas de los diarios, las noticias, horas y horas de series, libros y películas y documentales. Pero, sobre todo, los asesinos en serie existen. Hoy traigo a mi estantería virtual, Felices como asesinos.

     Conocemos a Fred y Rosemary West. Este matrimonio ya había sido denunciado en su día por la canguro que trabajaba en su casa, pero ahora han aparecido restos humanos en su jardín. Son los huesos de su hija Heather. Por si fuera poco, cuando la policía excava comienzan a aparecer huesos de otras mujeres, parece que ocho.¿Quienes son Fred y Rosemary?

     Me acerqué a este libro por la comparación constante con "A sangre fría" uno de mis libros favoritos. Sin embargo, más allá de una supuesta investigación basada en unos asesinatos reales, poco o nada tiene que ver un libro con otro; si acaso que ambos tienen letras. "A sangre fría es una investigación exhaustiva mientras que "Felices como asesinos" entra peligrosamente en el terreno de la ficción ya que, en primer lugar, hay mucho agradecimiento, pero poca fuente citada. Además de eso, se acerca peligrosamente al terror tanto por la crudeza de las escenas de sexo y muerte o agresión que representa el autor, como por el tono utilizado en ellas. Incluso basado en la ausencia de sujeto al que dirigirse o de verbo, cae en  un tono y unas formas a ratos erráticas que consiguen poner los pelos de punta a cualquier lector empeñado en meterse en la cabeza de este escalofriante matrimonio.
     Lo que hace el autor es retroceder para intentar desnudar a Fred y Rosemary. Sabemos que encuentran huesos, sabemos que ya fueron denunciados y también conocemos sus finales, peses a que, a mi modo de ver hay una duda que no se satisface o, al menos a mi, no me ha dejado las cosas tan claras como me hubiera gustado.

     Una de las cosas que más asustan de este tipo de casos reales es, por encima de lo terrible de sus actos, la facilidad con la que han pasado desapercibidos durante años pese a que hayan desaparecido mujeres relacionadas con su entorno. Es esa suerte de vulnerabilidad que despierta en cualquier lector, lo que hace que la novela se vuelva intranquilizadora desde las primeras páginas y será la crudeza con la que avance la que la haga no apta para estómagos sensibles. Uno se pregunta si no vivimos en una época de pornografía, en la que todo se exhibe hasta el tuétano y la pornografía menos porno es aquella con la que relacionamos en primer lugar la palabra: es decir, la sexual.

      El libro en su conjunto funciona, ya que decir que un relato así ha gustado ralla con el dilema moral, sin embargo es difícil abstraerse a los fallos comentados en el tono y las formas, así como el referido al desenlace relacionado con Rosemary. Recomendarlo en este caso es un riesgo, ya depende de cada uno, de su interés, curiosidad, estómago y capacidad para dormir tranquilo. Yo, en mi caso, no me arrepiento de haberlo leído.
     En cuanto a las modas ahora tengo curiosidad por saber si habrá serie. Ya me entendéis...

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 26 de agosto de 2019

Fin. David Monteagudo


     "El teléfono sonó una, dos, tres veces. "¿Alguien puede coger ese teléfono?", gritó Hugo desde algún rincón de la casa; pero el teléfono sonó otra vez, y luego se hizo el silencio, y después volvió a sonar de nuevo. Hugo entró en el despacho con pasos precipitados, farfullando una palabrota, y descolgó a la mitad de un nuevo timbrazo. "Sí, diga", dijo mientras el auricular viajaba todavía hacia su oreja, en un tono apremiante, descortés, mezclando en su irritación al anónimo llamador y a quien le había obligado, con su pasividad, o tal vez con su ausencia, a atender la llamada." 

      Me gusta ir al cine una vez por semana. Es casi un ritual. Durante la semana apenas veo televisión, cada día menos si exceptuamos alguna serie a la que le cojo gusto una vez han terminado de emitir o, tal vez, aún no ha llegado a nuestro país. Así que una vez por semana me voy al cine a disfrutar de una sesión en pantalla grande. Y ahí descubrí el trailer de una película española que me llamó la atención porque tenía algo de muchas otras ya vistas, sobre todo de La carretera. No apunto jamás los títulos de las películas que me llaman la atención, por eso la olvidé. Por suerte me tropecé con el libro, eso refrescó mi memoria. hoy traigo a mi estantería virtual, Fin.

      Un grupo de amigos se reúnen en una cabaña, la misma en la que veinte años antes se dieron cita para la actual reunión y se dedican a rememorar viejos tiempos. Sin embargo hay uno que falta, al que llaman El Profeta. Esa noche empiezan a notar cosas raras como que las estrellas brillan con demasiada intensidad y al día siguiente uno de ellos desaparece. Es sólo el principio de una serie de hechos inexplicables.

     Lo cierto es que sólo con escarbar un poco parece que David Monteagudo es un futuro premiado de las letras y que su debut con este título fue algo sonado... que no recuerdo pese a que no hace tantos años. La historia es entretenida, plagada de diálogos hasta el punto de tener la sensación de estar leyendo el guión de la película. Eso no es malo, en realidad le da dinamismo, pero hay un momento en que tienes la cabeza llena de palabras y piensas como es posible que, quedando tan poca gente, no se haya reducido el cotorreo.
     No sabría decidirme entre terror y thriller en una novela que consigue enganchar al lector desde las primeras páginas. La sucesión de enigmas hace que te devanes la cabeza intentando encontrar una explicación racional a todo ello. Pasas de culpar a uno, a culpar a muchos, al mundo, a la ciencia, a la magia... y sigues leyendo rápidamente porque cada vez aprietan un poco más, un hecho nuevo llega a la historia que hace que nos intrigue más aún. Porque esa es la fórmula del autor, la de provocar la curiosidad mientras asistimos a las relaciones entre sus personajes, mientras nos van contando y vamos viendo sus cambios y evolución en este mundo extraño que les coloca el autor. Juega con personajes que nos resultan viejos conocidos, personas comunes y habituales en nuestra vida y eso hace que los acompañemos en una situación que también tiene ecos de otras historias, la encajamos pensando eso de... "tu cara me suena" y, precisamente por ello tenemos que ser capaces de dar con la llave mágica, porque ya "nos suena".

     Y aquí viene mi decepción. Sin dar un paso atrás ni desdecirme de lo expuesto, la novela engancha y es difícil de soltar... no me gustó el final. No os puedo decir el motivo porque os destriparía la historia, pero si os explicaré que cuando me compro un libro, le entrego horas. Son minutos de mi vida que entrego a sus páginas, ratos que escamoteo de cualquier otra actividad, normalmente del sueño, y corro a reunirme con la historia y sus personajes. Por eso me cuesta tanto perdonar un mal final. Hasta cierto punto me siento traicionada por los que ya son mis amigos y me contaron sus historias.

     Y, precisamente eso, es lo que me pasó con Fin. El final me ha estropeado totalmente la novela.

     Y vosotros que pensáis, ¿un mal final estropea una buena historia?

     Gracias.

viernes, 23 de agosto de 2019

Las campanas no doblan por nadie. Charles Bukowski


    "Los padres murieron más jóvenes de los que se suele morir, el padre primero, la madre poco después. Él no asistió al funeral del padre, pero estuvo en el último".

     Hace muchos años ya que leí Mujeres y desde entonces no he dejado de acercarme a las letras de Bukowski, a quien me abstendré de llamar viejo indecente utilizando el manido juego de palabras al que da pie un título suyo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las campanas no doblan por nadie.

     En esta colección de relatos, algunos inéditos y otros publicados en revistas como Hustle, se hace un recorrido por lo que es más representativo en la pluma de Bukowski.

     Allá por los años setenta Anagrama sacó una colección bajo el título "Contraseñas", caracterizada por ser provocadora en continente y contenido. Tanto es así que allí vio  la luz la obra de Bukowski bajo títulos como La máquina de follar, impensables para un libro en aquel momento. Así fue la entrada de este escritor en la vida de muchos lectores españoles y así comenzó la lucha entre aquellos que consideramos que su realismo sucio, su andadura por el género pulp, su crudeza y su poesía, son muestras de su genialidad.... y aquellos que defienden que la provocación es lo único que le hizo famoso y  que sin renovarse uno pierde incluso la capacidad de provocar.

     "Era el día después de su taller de escritura y siempre parecía haber estado metiéndose algo. Igual se lo metía".

     Este volumen, cuyo título corresponde al del último de sus relatos además de ser un homenaje nada encubierto a uno de los escritores de cabecera de Bukowski, es una recopilación casi perfecta de lo que podemos encontrar en la obra del autor. O lo que es lo mismo: sí, también Chinaski se pasea por las páginas de este libro. También hay situaciones de esas que uno diría "muy de Bukowski", solo él sería capaz de dar voz al empleado de un sex shop para que contara anécdotas y hace falta además un tipo de carácter muy especial para escribir que dicho protagonista habla de un cliente que no podía hinchar su muñeca debido a los problemas respiratorios que padecía. Porque eso es Bukowski, el escritor que normaliza con una anécdota a pie de calle algo impensable, en lo que posiblemente el sexo o el alcohol o la mugre o casi seguro que todas ellas, tengan algo que ver. Pero a fin de cuentas, ¿no forman todos ellos parte de la vida? Hay mujeres que viven en sótanos y hombres que friegan platos. Hay palabrotas que se escuchan en la calle y narradores que se involucran en las historias, muchas veces en exceso. También se hacen preguntas excesivas en situaciones formales, hombres que se masturban y esperan al amor de su vida y tantos otros personajes que son a partes iguales extraños y corrientes. Pero no son vulgares.

     Llevo mucho tiempo defendiendo que Bukowski no es vulgar, casi me ofende cada vez que lo leo. Hablar de sexo o de putas no tiene por qué ser vulgar lo mismo que el talento puede encontrarse en cualquier parte. Incluso en el realismo sucio. Para leer a Bukowski hay que tomarse un tiempo, sobre todo si son relatos y vamos a ir saltando de historia en historia, porque su genialidad, el talento de este hombre, no radica en que toda la opinión y la gente le importasen poco, y tampoco lo hace en el hecho de que casi todos aquellos críticos habitualmente estirados y/o egocéntricos decidieran apear sus tratamientos para decir un joder cuando hablaban de su obra. No, apostaría a que eso si que le daba absolutamente igual a Bukoswi. Su verdadero talento está en las verdades que emanan de cada una de sus obras, en su capacidad para posar la mirada donde otros jamás lo harían y darle el tono justo para que nos sea imposible no mirar. Eso es Bukowski.

     "Los escritores siguen escribiendo y los artistas siguen pintando pero eso no tiene mucha importancia".

     No voy a hablar de la infancia del autor como si eso justificara su obra, porque no la necesita. Lo que si que voy a hacer es recomendaros que os acerquéis a ella. Las campanas no doblan por nadie es una gran opción para hacerlo despacio, a sorbos. Intentadlo.

     Y a vosotros, ¿os gusta Bukowski?

     "A Hiroshima le pusieron el nuevo nombre de América".

     Gracias.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Espía y traidor. Ben Macintyre


     "Oleg Gordievski nació en el KGB; fue modelado por él, amado por él, retorcido por él y casi destruido por él. Llevaba al servicio de espionaje soviético en el corazón y en la sangre. Su padre había trabajado para él toda su vida y llevaba el uniforme del KGB a diario, fines de semana incluidos. Los Gordievski vivían con la fraternidad de espías en un bloque de pisos reservado para ellos, se alimentaban con comida especial para los altos mandos y pasaban su tiempo libre con otras familias de espías. Gordievski era hijo de la organización".

     Siempre me han gustado las historias de espías. Sin embargo de un tiempo a esta  parte escasean, así que si veo una en la librería, me la traigo a casa cual tesoro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Espía y traidor.

     Esta es la historia real de Oleg Gordievski. Tras más de cien horas de entrevistas aprobadas por el MI6, Mcintyre nos trae la historia real de un espía del KGB que se pasó al bando británico. De hecho se pasó once años engañando a sus colegas de la KGB y trabajando para el MI6. Cuando los rusos sospecharon de él y lo trasladaron de Londres a Moscú fueron los británicos quienes le ayudaron a escapar. Como en una película. Solo que esto es real y cada personaje, al que el autor ha cambiado el nombre, existió.

     Saber que se lee una historia real es un arma de doble filo. Uno teme encontrarse con un libro lento y cargado de testimonios, o tal vez con los juicios ya emitidos sobre su protagonista. Sin embargo Macintyre ha sabido evitar esto al construir su libro como una novela de ficción. El tono, el ritmo, los personajes, se mueven constantemente haciendo uso de esa máxima que dice que la realidad supera a la ficción y por eso no se molestan en intentar que sus actos sean verosímiles. No por nada, simplemente porque las cosas sucedieron así. De hecho, hay una escena al final del libro que, precisamente por lo increíble, ha de ser real. El lector niega con la cabeza mientras lo lee, es increíble, piensa... y sin embargo, a esas alturas de lo único que no duda, es de su veracidad.

     El personaje de Gordievski, aún vivo y a buen seguro escondido, es apasionante. Desde muy joven comenzó a leer la prensa occidental, aprende alemán y es enviado a Berlín occidental en un momento en el que el muro de Berlín estaba en plena construcción. Desconocedor del hecho de que una mujer había dado su nombre al MI6 junto al de otros compañeros, recibió a su contacto durante un partido de badminton con asombrosa tranquilidad. El MI6 intentaba hacer que se pasara a su bando, Gordievski, absolutamente decepcionado con los suyos, ya había decidido hacerlo. A partir de ahí la historia se pone interesante: reuniones mensuales, ya sin pan, convicciones, nombres en clave y finalmente un interrogatorio en Moscú con drogas incluidas al que Gordievski sobrevive. Apasionante todo, como no podía ser de otro modo. Él advierte antes de empezar a trabajar para el MI&: sin grabaciones, sin daños, sin dinero. Gordievski era un idealista con convicciones férreas y una inteligencia fuera de lo común; proporcionó información sobre nombres, planes y financiación del KGB. Y el Gobierno británico se lo agradeció manteniendo un plan permanente para ayudarlo en cualquier momento; un plan de fuga que fue ejecutado después. También se nos dice el nombre del agente que le delata, una sorpresa para mi. Y uno se pregunta qué importancia y qué repercusión tiene un espía finalizada ya la Guerra Fría, y también esa pregunta obtiene respuestas de la mano de la historia del nombrado como "mr Collins" por la propia Margareth Thatcher. Pero esa parte de la historia la tendréis que descubrir. También el final. Merece la pena.

     Espía y traidor es una novela escrita a ritmo de ficción pero que no lo es. Una historia de espionaje con ritmo ágil y todos los ingredientes para hacer las delicias de aficionados y no aficionados al género. Por mi parte y en nombre de todos los aficionados solo tengo una cosa que decir: queremos más.

     Y vosotros, ¿os gustan las novelas de espías?

     Gracias.

lunes, 19 de agosto de 2019

Érase una vez la taberna Swan. Diane Setterfield


     "Había una vez una taberna que descansaba tranquilamente en la orilla del Támesis a su paso por Radcot, a un día a pie del nacimiento del río. En la época en que ocurrió esta historia, había infinidad de tabernas en la parte alta del Támesis y era posible emborracharse en todas ellas, pero más allá de la típica cerveza y de la sidra, cada una de aquellas tascas tenía su particularidad y ofrecía algún otro placer".

     Así comienza el libro cuya promo se basa en el primer título de su autora que, por cierto, leí hace ya años. Hoy traigo a mi estantería virtual, Érase una vez en la taberna Swan.

     Una noche de solsticio, en la taberna Swan, en Radcot, entra un hombre malherido con lo que parece el cuerpo sin vida de una niña en brazos. Sin embargo, para asombro de todos y sobre todo de Rita, la niña está viva, ahora solo falta saber quién es y a quién pertenece esta niña fascinada con el río. Tres son las posibilidades: o es una hija ilegítima, o la hija secuestrada de una pareja del lugar o bien es la niña desaparecida en el río cuya ausencia llora una mujer que ha vuelto misteriosamente devuelta por el Támesis.

     Comenzaba diciendo que en su día leí El cuento número trece. Es cierto además que lo disfruté pero, sin embargo, y no sé si esto os ha pasado alguna vez, con el tiempo me ha ido quedando la sensación de que fui benévola en mi lectura y que si la hubiera realizado en este momento, quizás mi entusiasmo no hubiese llegado a las cotas que lo hizo. Eso no significa, por supuesto, que vaya a cambiar mi valoración, porque sigo manteniendo el grato recuerdo de una lectura con toques góticos que me resultó harto placentera.

     Pero vamos con la taberna. La autora comienza la novela como si se tratara de un cuento, con un narrador que cabalga entre un omnisciente habitual y una voz colectiva del lugar, un dios local que reproduce lo visto y oído como si fuera el primer oyente de la historia que Settefield nos relata. Tengo que decir, además, que en esta ocasión me gusta mucho más el título original, Once upon a river, no solo por la importancia del río en la novela, sino también porque deja claro el halo a cuento que impregna la novela tanto en contenido como en continente en este caso. Y si la vida es cuento y los cuentos, cuentos son, la autora se mete de lleno en una historia sobre contar historias y hace suyo el tono de los lugareños para convertirse en un relato más de los que hubieran podido escucharse en Swan. Esto supone que el tono de la historia tiene una tendencia romántica a veces sobre cargada y que los personajes parecen salidos de una fábula adaptada. No significa necesariamente que sea algo malo, pero cuando uno se encuentra con un granjero que se ha combinado con una suerte de Blancanieves, no puede hacer otra cosa que sonreír y seguir avanzando.
     Este tipo de rasgos se van haciendo habituales, y uno no puede evitar preguntarse por qué Setterfield nos habla de una niña codiciada, pero por la que nadie parece estar dispuesto a luchar como Dios manda. Y es que la novela, tanto en trama como en ritmo, se mueve entre lo tibio y el remanso adornada, eso sí, con palabras muy bien elegidas que facilitan el avance por una trama cuya resolución final es mediocre y queda empañada por las historias de los lugareños que son, a fin de cuentas, lo que parece interesar aquí por mucho que el golpe de efecto del comienzo de la novela prometiera una historia totalmente diferente. Es cierto que no hay trampa en cuanto a expectativas, no hay más que ver la niña muerta y ahora viva para saber que nos sumergimos en un cuento y que, como todos sabemos, los cuentos que funcionan, las historias alrededor de un fuego o una mesa, tienen un halo que jamás puede generar incomodidad entre los oyentes. La autora al menos lo sabe, y por eso no duda generar una cierta calidez en la que los personajes se sientan cómodos, una confortabilidad que sacrifica ritmo e interés de ese tan buscado en los libros a cambio de una lectura plácida.

     Érase una vez la taberna de Swan me ha parecido una novela que se queda muy corta, amable, sí, pero eso no es suficiente para compensar sus carencias. Ni la resolución en este caso ha estado a la altura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 5 de agosto de 2019

Sangre de cristal. Laura P. Larraya


     "El teléfono sonó con su pitido estridente, y Danae alargó la mano para alcanzar el dispositivo. A pesar de que había intentado evitarlo, al final había sucumbido al sopor y se había quedado dormida".

     Hay un pequeño número de personas que, si me recomiendan un libro, ni siquiera han de darme un motivo para leerlo. No leo la sinopsis, no me planteo la duda: por algo será. Hoy traigo a mi estantería virtual Sangre de cristal.

     Conocemos a Danae Winters, una adolescente con no demasiada vida social que vive sus últimos días antes de ir a la universidad. Al igual que sus compañeros, espera la respuesta de las universidades mientras todos miran de reojo hacia Sommus: la mejor universidad de Europa a la que acuden alumnos de todas partes del mundo bajo un estricto criterio de selección. Incluso su vecino Rubén lo intentó, pero Sommus es un sueño imposible para todos. Al menos hasta que Danae es admitida con una beca y se ve alejada de familia y amigos hasta un lugar remoto y sin cobertura en el que descubriré que el mundo es mucho más de aquello que podemos ver. Y también descubrirá que puede formar parte de ese nuevo mundo... o al menos intentarlo.

     Sangre de cristal es la primera parte de la serie Crónicas de la hija del viento. En este libro, y al más puro estilo Cazadores de Sombras, la autora nos va a presentar a la protagonista y al grupo de quienes, a todas luces, serán sus acompañantes y amigos durante la saga. Estamos pues ante una novela juvenil de corte fantástico que llena sus páginas de acción, enfrentamientos entre jóvenes y sentimientos encontrados que auguran romance en las siguientes entregas.
     No es difícil pensar que esta novela hará las delicias de los lectores aficionados a estos temas, sobre todo porque la autora ha optado por una agilidad narrativa que no permite el aburrimiento en ningún momento. Y es que, en poco más de trescientas páginas, se ha encargado de abrirnos las puertas a un mundo en el que lo sobrenatural convive dentro y fuera de las sombras con aquellos que están preparados para verlo y, como no, luchar contra ello. Los personajes se mueven con soltura dentro de unos parámetros claros en los que no faltan los guapos, los malos o los líderes, dando un aspecto de normalidad que permite al lector integrar los elementos que se alejan de lo real.

     Llegados a este punto, sería fácil hablar de una novela que sigue la estela, sin embargo, hay que reconocer que frente a determinados fenómenos, lo difícil es no naufragar por comparación Y Larraya en este caso procura dotar a sus personajes de las características adecuadas como para sumergir al lector en una historia propia.

     Sangre de cristal es un buen comienzo que recomiendo a los aficionados al género y, por qué no, también a aquellos que no lo son. Abramos la mente, hay muchos géneros que nos esperan en las librerías.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 31 de julio de 2019

El otro. Thomas Tryon


     "Quizás ustedes leyeron sobre el accidente,en aquel frío sábado de noviembre, en el que Vinning Petry, padre de Holland y Niles, gemelos de doce años, halló la muerte mientras trasladaba el último de los pesados cestos desde el suelo del granero al sótano de las manzanas para su almacén durante el invierno".

     Me compré este libro porque me sonaba. El título me sonaba pero sabía que no lo había leído. Y me pudo la curiosidad. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El otro.

     Conocemos a Niles y a Holland, dos gemelos que viven en Connecticut, en una granja. Pronto veremos que la muerte empieza a rondarles y, mientras veremos que ambos son opuestos como el bien y el mal, conoceremos también a su abuela Ada, una emigrante rusa que parece ser la única que todo lo ve.

     Hay libros que tienen historias, otros que tienen historia y apenas un puñado que tienen ambas cosas. Empezaremos por el principio entonces: hay una magnífica adaptación de Rober Mulligan sobre esta historia que data de 1972 y que, ahora que he leído la novela, a pesar de seguir la historia fielmente no es impedimento para leer el libro en caso de haberla visto.
     Por otro lado está la historia del propio autor, Thomas Tryon, actor, conocido en su faceta de actor como Tom Tryon, nacido en Connecticut y que llegó a trabajar con Cukor y Preminger. Sin embargo, entrados los cuarenta decidió abandonar el cine por las letras (cuentan las malas lenguas que su pésima relación con Otto Premiger y el trato que recibía de él jugaron un importante papel en su decisión), y comenzó a escribir terror con una acogida bastante buena.

     Y ahora vayamos con el libro, del que apenas voy a desvelar nada para no estropear su lectura a nadie, y es que en esta ocasión uno de los juegos principales de la lectura es ese: el autor va dejando pistas, te deja adelantar lo suficiente como para no pillarte por sorpresa, pero, lejos de arruinar tu lectura por el consabido "lo sabía", será esa anticipación la que provoque la angustia, la que haga que uno al confirmar sus sospechas, termine de sentir el consabido escalofrío. De hecho, tomada la lectura en tres partes, al finalizar la primer ay sin tener claro absolutamente nada, uno comienza a sentir que alguien le observa, que la sensación de algo más traspasa las páginas del libro. Una sensación que se hace patente en la segunda parte y que recibe su cierre con el final. Y todo ello a buen ritmo, en tono oscuro, con niños, con inocencia y con maldad. a fin de cuentas llevamos años preguntándonos ante este tipo de obras si puede un niño ser malo. Y, no nos engañemos, hay mil ejemplos en el cine y en la literatura de niños que terminan por provocarnos escalofríos.

     El otro me ha parecido un buen libro. No he desvelado demasiado, pero si lo justo para enfocar y, espero, animaros que leáis y luego me contéis.

     Y vosotros, ¿recordáis algún buen libro de terror?

     Gracias.

lunes, 29 de julio de 2019

Juan Belmonte, Matador de toros. Manuel Chaves Nogales


     "- ¡Juanito, no te falta más que morir en la plaza!
      - Se hará lo que se pueda, don Ramón -contestaba yo modestamente".

     Supongo que en este momento más de uno y de dos estén pensando en  no leer esta entrada, ya que los toros no son del agrado de mucha gente. Mi única defensa ante eso es recordar que esto es un blog literario. Hoy traigo a mi estantería virtual, Juan Belmonte, Matador de toros.

     Conocemos a Juan Belmonte, famoso torero de principios de siglo que revolucionó el mundo taurino consiguiendo que todos los toreros quisieran torear quietos. Desde su infancia por loa barrios de Triana, sus noches colándose en dehesas, sus comienzos como novillero o sus triunfos como torero pasan por este libro que finaliza con la muerte de Belmonte, de quien muchos dijeron que moriría en la plaza.

     Manuel Chaves Nogales era periodista. Y ni siquiera fue aficionado a los toros. Pero lo que si fue es un gran cronista de un momento y lugar. En un momento determinado de su ajetreada vida se cruzó con Belmonte, con el que mantuvo una serie de entrevistas que le sirvieron para  dar forma en el año 35 a esta suerte de biografía publicada por entregas en un tono tan personal, que escritor y biografiado se mezclan en sus letras. Liberal republicano en época de guerra, la obra de Chaves quedó olvidada hasta muchos años después con el autor ya fallecido.Así en el año 69 Belmonte volvía a las librerías y el nombre de su autor, al panorama literario.

     Sin embargo comenzaba yo diciendo que no estamos ante un libro "de toros". No se trata aquí de una biografía que llene sus páginas de corridas, aburriendo con ellas al mejor de los aficionados. Y prueba de ello es esa primera parte en la que relata la infancia y adolescencia de un niño de los niños de barrio de la época. Con una madre que fallece joven, correrías y afición en su cuadrilla ya marcada por los toros, percibimos pronto que el escritor cede el paso al protagonista, que no tarda en brillar con luz propia como lo hiciera su entusiasmo a la luz de la luna cuando se colaba a torear ya fuera vestido o no. Nos habla es cierto de sus novilladas y de su toma de alternativa y también de su rivalidad con Joselito en un momento en el que un país mayoritariamente aficionado se decantaba por uno u otro de los llamados maestros. La rivalidad entre ambos marca casi una década y también los sentimientos a los que se enfrenta el protagonista cuando, en 1930, fallece Joselito de una cornada en Talavera.
      Lo que tenemos entre manos es, más allá de toda duda, la crónica de Triana, de Sevilla, de España entera en realidad en los primeros años del siglo pasado. Un momento en el que las familias eran numerosas, el hambre algo bastante común y la necesidad empujaba a querer salir del ambiente en el que a la inmensa mayoría les había tocado nacer y que muchas veces empujaba a seguir sueños y hazañas de quienes fueron considerados en su momento héroes no tan lejanos, no lo olvidemos, a lo que hoy puede ser un futbolista. Superada la primera parte, con Belmonte ya en las plazas, importará más la rivalidad, la exigencia y también, por qué no señalar que existen, las miserias que esconde este tipo de éxito. Prueba de ello es que hoy en día Belmonte no sería conocido si no existiera esta biografía, izada más por su valor literario que por la persona a la que se dedica.
   
     Chaves Nogales el cronista nos da un retrato completo con la excusa de la vida de una persona. Aporta más costumbrismo y realismo en sus letras que muchos que intentaron dedicarse a ello y lo hace con un estilo que es un placer leer. Es cierto que salimos conociendo al protagonista, pero más a Juan que a Belmonte, y tal vez en eso tenga que ver lo que comentaba hace un rato sobre la poca afición a los toros que tenía el periodista.

     Juan Belmonte, matador de toros, es un libro que recomiendo sin reservas. Como también lo haría con cualquier otro firmado por el mismo autor.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. El Ramón con el que habla Belmonte en la cita que abre la reseña de hoy, no podía ser otro que Valle-Inclán.

lunes, 22 de julio de 2019

Stefan Zweig, La tinta violeta. Jesús Marchamalo


     "Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy de aquí antes que ellos".

     Hace ya muchos años que sigo libro a libro, programa a programa, columna a columna, todo lo que escribe Jesús Marchamalo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Stefan Zweig, La tinta violeta.

    Dice Marchamalo en esta última entrega de su colección de biografías ilustradas, que Zweig escribía cartas con tinta violeta en unas cuartillas de papel grueso encabezadas por un monograma por sus iniciales. Y yo, caprichosa de las plumas y también de las tintas, juego a imaginar cómo serían esas misivas que enviaba el ilustre escritor. De ahí viene el título de este libro, que no busca ilustrar al lector descubriendo cosas nuevas, aunque yo me haya encontrado con alguna sorpresa cuando habla de su particular coleccionismo musical.

     Ilustrado por Antonio Santos, nos entrega Nórdica en este pequeño tesoro un homenaje sentido con una adjetivación casi lírica de ritmo pausado y admiración apenas contenida, en una suerte de tête à tête de escritor a escritor. Y es que, si existen las grandes biografías, sesudas y minuciosas, también queda espacio para este otro ejemplo, no menos cuidado y minucioso, de conocimiento del homenajeado. A fin de cuentas, quién iba a escribir mejor las Memorias de un europeo que el propio autor que ya se recreaba en este Mundo de ayer para hablar de otra época. Y aquí también lo hace Marchamalo, deja un camino de semillas que se pueden recoger, que comienzan con un nacimiento y un incendio y nos llevan por un mundo casi aristocrático para terminar hundiéndose en una Europa teñida de negro y rojo sin olvidar pasar por aquellos balnearios en los que se intercambiaron cartas. De hecho, recuerdo una a propósito de la novela "rusa" de Roth. Al final, y aunque yo haya comenzado reproduciendo la única parte del libro atribuible a Zweig y no al autor, encuentra uno tantos datos en esta suerte de panegírico sin fecha, que no puede evitar ir dejándose llevar por el tono y sintiendo ese pesimismo que el protagonista dejó que le arrastrase hasta sus últimas consecuencias.

     ¿Qué más decir? Hablar quizás de unas ilustraciones sencillas, que no compiten con el texto y que precisamente por eso llaman la atención y obligan a hacer una segunda lectura solo formada por imágenes.

    Vuelvo con un tesoro de dimensiones reducidas, en este caso de Zweig, pero existen otros escritores que han pasado ya por las manos de Marchamalo, todos ellos recomendables a modo de pequeños canapés literarios. Personalmente, del libro que hoy os traigo, me quedo con la magnifica descripción del escritor.

     "Era educado, cortés, mirada inquieta, y en su rostro, tez clara y gesto relamido, destacaba un flequillo lacio sobre la frente y el bigote poblado, grave, de una formalidad administrativa".
Fue leer esto y pensar: sí, este es mi particular Stefan Zweig.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 6 de julio de 2019

Nuevas ediciones, reimpresiones y otras milongas



     Dicen los entendidos que las diferencias entre reediciones y nuevas ediciones radica en que las segundas han de tener diferencias con las primeras. Eso no significa que deban de tener, por ejemplo, una nueva traducción o corrección, un cambio en el diseño de la cubierta es suficiente para que el libro salga con un ISBN nuevecito y un precio también de novela a estrenar. El caso es que llevamos años viendo este fenómeno y coexistiendo con él sin que nos suponga mayor problema: las ediciones de bolsillo. Antes, cuando todo esto de la literatura llevaba un orden mucho más preciso, uno sabía que pasado un año llegaba la edición de bolsillo mucho más económica y, sí, menos bonita.  Ahora parece que depende del libro llegan antes las ediciones conmemorativas, mucho más caras, que las ediciones en formato pequeño. Pero eso es otro tema.
     Las reimpresiones en cambio no son más que nuevas impresiones de un libro ya existente en el que no se introduce ningún cambio. Esto supone que uno se pregunte por las tiradas que tienen las primeras, segundas o quintas ediciones de un libro. Y es que suponemos que aquí al hablar de "ediciones" se refieren a la venta del número inicial de libros que salieron al mercado, si bien en la realidad no es así ya que la primera tirada suele ser de una naturaleza superior a la del resto que puedan seguirla. Eso no significa que sigan bajando el número de libros impresos a medida que se reimprimen, pero sí que entre la primera y la segunda hay una diferencia.

     Hecha esta diferencia y viendo que Disney está haciendo remakes de sus películas de animación ¡ahora con actores de carne y hueso!, no puedo hacer otra cosa que fijarme en las mesas de las librerías. Y es que, de un tiempo a esta parte, las reediciones de libros ya publicados se codean en espacio y precio con el de las novedades. La cosa empezó, o yo me empecé a fijar, cuando hablaron de fondos. Esos libros imprescindibles que todo el mundo debería de tener o al menos intentar descubrir y que con una precisión que iba entre el golpe de reloj y el de talonario aparecían con cubiertas regias en las librerías. A nadie se le ocurría, claro, mirar el nombre del traductor y el año de su primera impresión, entre otras cosas porque suele aparecer en esa letra pequeña de las páginas que se sitúan antes del texto que forma la novela y en las que rara vez reparamos. No tardamos en pasar a los clásicos, algunos ya libres de derechos, que volvieron a ocupar un espacio reivindicando la necesidad de ser leídos (al mismo precio de novedad y sin especificar muchas veces si habían sido, o no, corregidos y actualizados). Ahora la cosa se pone mucho más divertida y las mesas de las librerías empiezan a recordarme a aquel juego llamado buscaminas que traían todos los ordenadores. Ya sea porque estrenan una película basada en el libro, porque Netflix o HBO o la plataforma que corresponda ha decidido fijarse en el título o porque el autor ha ganado un premio/fallecido/se ha cambiado el corte de pelo, el caso es que es cada vez más difícil saber si nos están colocando a precio de novedad un título que ya existía a precio de novedad.
     Los libros que ya tienen un tiempo desaparecen de las mesas y las librerías, se saldan y se ponen de oferta, es lo suyo, pero si nadie nos explica que tal o cual novela fue publicada en 2003 o en los años 90, el lector queda ciego ante la posibilidad de adquirir el mismo título, y tal vez otro par, por el mismo precio que va a pagar por esa cubierta negra con la chica que a todos nos suena de ver los carteles de la serie.
     No voy a entrar, porque lo creo innecesario por obvio, en el hecho de que una editorial que posee los derechos de una obra tiene derecho a publicarla cuantas veces quiera siempre y cuando salde cuentas con cada proveedor empezando, claro está por el propio autor del libro. Y tampoco lo haré en el hecho de que sale más barato reeditar que buscar, valorar y arriesgarse con un libro nuevo. Ambas cosas ya las conocemos de sobra todos nosotros. Pero sí que soy lectora y considero del todo necesario guardar la confianza de los lectores a la hora de comprar un libro. Yo me arriesgo más o menos con cada título y deposito una cierta confianza en el sello que edita y en el escritor que firma.  Una confianza que se ve minada cuando abro el ejemplar y descubro esa frase que dice: "Primera edición: Junio 2009".

     Por favor, cuiden a los lectores. Les aseguro que somos una especie necesitada de cariño y solemos ser de lo más agradecido. De hecho, la mayor parte de nosotros, prometemos lealtad.

     Y vosotros, ¿también os ha pasado lo de comprar a precio de novedad?

     Gracias.

     PD. Vacaciones. 2 semanitas.

viernes, 5 de julio de 2019

La señal. Máxime Chattan


     "La furgoneta circulaba rápidamente en mitad de la noche, como una nave diminuta perdida en la inmensidad del cosmos. Envuelta en la oscuridad, flotaba en la nada guiada por los faros blancos y como propulsada por los resplandores rojos de las luces traseras. El vehículo Ford empezó a girar para seguir la carretera que rodeaba la montaña. Estaba solo en muchos kilómetros a la redonda".

     Reconozco que de un tiempo a esta parte me estoy aficionando a la colección negra de Alfaguara. Eso hace que ni mire las sinopsis para comprar sus títulos. Hoy traigo a mi estantería virtual, La señal.

     Conocemos a Olivia y Tom,; ella es estrella televisiva y él escribe obras de teatro. Ella ha decidido dejar la televisión y él necesita de alejarse de un mundo que no le perdona su última obra. Y así es como esta familia termina en un idílico pueblo entre montañas llamado Mahingan Falls. Zoey, su hija pequeña, Chad, su hijo adolescente y Owen, un sobrino de la edad de Chad al que adoptaron tras fallecer sus padres, emprenden una nueva vida en este lugar. Sin embargo no tardan en notar que algo no va bien; viejas historias de sangre, una mujer que se lanza contra un coche, desapariciones... algo sucede en Mahingan Falls.

     Estamos ante una novela con aspiraciones piscineras y extensión considerable que mezcla la intriga con el terror. De este modo, y mientras seguimos los pasos de la familia Spencer, recodamos las alcantarillas de It y también las caracterizaciones típicas de la policía de provincias. El autor no se complica en una novela que se lee sin apenas esfuerzo para el lector y que mezcla temores ancestrales con otros mucho más mundanos. Sin embargo, y tal vez por no haberme caídos simpáticos los protagonistas, he estado más cerca de reír que de temblar durante su lectura. Y es que ya vengo un poco de vuelta de pueblos idílicos que no lo son y cuchipandis preadolescentes cuyas hormonas les convierten casi en héroes. Ahora les pido un poco más a este tipo de novelas para decir que son buenas. Y en este caso no lo he encontrado, así que mi entusiasmo lector ha ido cayendo poco a poco al mismo ritmo al que avanzaba mi lectura.

     No me malinterpretéis, la novela es perfecta como lectura de piscina, ya que, si bien es cierto que le falta fuerza, también lo es que uno sigue leyendo casi por inercia. Y conseguir escribir una novela con la que suceda algo así es todo menos fácil. Sobre todo si incluye vísceras y sangre, además de los consabidos gritos, llantos y momentos intranquilizadores que se le suponen y que nos llevan a un cierre con el que, si uno no es demasiado exigente, quedamos satisfechos.

     La señal es una novela entretenida que recoge referencias de un buen puñado de best sellers y que leemos con la sensación de estar viendo Netflix. Perfecta para esa época del año en la que uno cierra el kiosco de pensar.

     Y vosotros, ¿qué le pedís a la novela del verano?

     Gracias.

miércoles, 3 de julio de 2019

La cabaña del tío Tom. Harriet Beecher Stowe


     " -¿Qué falta os hace el niño?  -¿Qué falta me hace? Son artículos de fantasía que dan brillo a los depósitos. Los ricos suelen pagarlos muy bien. Es un género que deja mucha ganancia; y este travieso chiquillo, que tan bien canta y representa, me proporcionaría un gran negocio.  -No quiero venderle por ahora- dijo mister Shelby. Soy humano me es imposible arrebatar un hijo a su madre.  -¡Oh! sí, vos le arrebataréis Pero en resumidas cuentas, ¿qué sucederá si separáis el hijo de la madre? Que un par de semanas después de la aparición del chico, todo volverá a su antiguo ser y estado. No soy aficionado a prodigarme elogios a mí mismo; pero si hablo de este modo, es porque es la pura verdad; soy uno de esos que han conducido las mejores manadas de esclavos, no sólo una vez, sino ciento; y siempre los he vuelto gordos y con buena salud, no habiéndose muerto más que uno que otro, esto lo debo a mi humanidad…. y merced a este sistema humanitario he realizado muy buenas especulaciones; y como suele decirse, cada negro me ha dejado un bonito lucro en su tránsito. "      

     Una vez más voy a decir que me gusta quedarme con lo anecdótico, siempre lo hice. Muchas veces reconozco que olvidaba lo importante y no conseguía borrar de mi mente aquello que grabado a fuego no podía llevar otro cartel que ese, anecdótico. Por eso traigo hoy este libro, es un libro rodeado de anécdotas, unas serán verdad, otras añadidas, pero todas ellas buenas. Y es que, estamos ante un libro que fue, no sólo de los más vendidos de la época, sino que sólo fue superado en ventas por la Biblia en aquel momento.

      Cuentan que durante la famosa Guerra de Secesión que enfrentó a esclavistas y abolicionistas de Estados Unidos el presidente Abraham Lincoln tuvo una entrevista con la esposa de un predicador llamado Calvin Stowe. Lo primero que hizo el presidente fue mirar a la mujer y decirle:"De modo que es usted la mujercita que ha provocado el estallido de esta guerra".

      Verdad o leyenda, lo que está claro es que fue toda una revolución durante su publicación. Tuvo una aceptación tremenda, una acogida espectacular, al menos de entrada. A  la muerte de su autora los propios activistas negros a los que el libro defiende se volvieron contra la historia que contenía echando en cara la actitud resignada de sus protagonistas.

      Aún no lo dije, hablo de La cabaña del tío Tom. Un libro que hoy se ha clasificado como novela juvenil cuando bien podríamos hablar de novela histórica siendo totalmente fieles a la definición de la misma y que nos presenta a Tom.     

     Tom es un esclavo al que llaman Tío Tom y lo conoceremos a través de su historia. Tiene uno de los denominados buenos amos que, ahogado de deudas, lo vende separándolo de su familia. A partir de ahí, tanto su mujer como el hijo de su antiguo amo ahorran para traerlo de vuelta mientras Tom va pasando de amo en amo, cada vez más crueles. Le toca un camino difícil plagado de actitudes inhumanas que él soporta con esa actitud sumisa propia de las personas bondadosas que confian en que el futuro les depare lo que por justicia les corresponde.Y durante ese trayecto lo vemos tratado como un animal, como un objeto usado para comerciar. A su alrededor vamos dando voces a otras historias, algunas desgarradoras como la de la joven que, antes que perder a su hijo pequeño, huye para protegerlo sin importarla el peligro que pueda correr.

      Es un libro conmovedor que no pretende horrorizarnos mostrando realidades descarnadas sino que nos muestra lo que en aquel momento eran realidades, a través de escenas cotidianas. Ese es precisamete el secreto de su emotividad, la capacidad que tiene de reflejar el sentimiento humano dando el esclavo la voz de alama sobre el racismo. Posiblemente podríamos ver en él unas bases bastante definidas de muchos conceptos que hoy englobamos en el término derechos humanos.     

     Es, como curiosidad, la primera novela escrita en Estados Unidos cuyo protagonista es un afroamericano. Y es una novela que te atrapa en su historia de costumbres y racismos, sorprendiéndote al encontrar vestigios del racismo en el propio narrador, como signo tal vez de aceptación por costumbre.     

     Merece ser leída tanto por su historia, capaz de hacernos bucear entre sus páginas viendo las plantaciones al otro lado de la ventana, como por el significado que tuvo, la trascendencia que ha hecho que pase a la historia tanto el título, como su autora.

     A veces hay libros que de tanto sonarnos, nos da pereza ponernos con ellos, casi como si la los hubiéramos leído. ¿Os sucede también a vosotros?     

     Gracias.


lunes, 1 de julio de 2019

Cocinar un oso. Mikael Niemi


     "Me despierto en un vasto silencio. El mundo espera a ser creado. La oscuridad y el cielo me envuelven. Mis ojos, como dos pozos, se dirigen al espacio, pero allí no hay nada, ni siquiera aire".

     Los aficionados a la novela negra reciben la temporada estival con la alegría de saber que el una época en la que proliferan títulos de este género en las librerías: y a la vez tienen ese mismo miedo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cocinar un oso.

     Conocemos a Lars Levi Laestadius, un pastor samí aficionado a la botánica, y a su joven pupilo Jussi. Juntos pasean por los bosques mientras Laestadius enseña a Jussi a observar el mundo con otros ojos, a fijarse en los detalles. No tarda en desaparecer una joven, preocupando al pueblo en el que residen, y, poco después aparece su cuerpo con signos de violencia; parecen creer que ha sido el ataque de un oso. No todos lo creen, de hecho Laestadius no lo cree así y, cuando aparece un segundo cuerpo, todo parece apuntar a que puede tener razón. Hay un asesino por descubrir.

     ¿Alguna vez os ha pasado que coméis un pedazo de tarta y os recuerda a una tortilla de patata? No sé, ambas se suelen comer en porciones triangulares, casi seguro que ambas llevan huevo, se sirven en platos y se usa para comerlas el tenedor. Ya... a mi tampoco. Y sin embargo en la literatura se agarran a cosas así de vagas para colarnos unas comparaciones que se recogen con mucha más alegría y se creen demasiado rápido. Esto viene a que un protagonista culto con un pupilo y unas dotes para investigar diferentes al resto de su entorno hacen que este libro sea comparado una y otra vez con El nombre de la rosa. Claro que aquí el protagonista es pastor y en el libro citado monje... y las tortillas y las tartas sacian el apetito y se comen, muchas veces, sin hambre, con gula. Ya... sigue siendo demasiado traído por los pelos. Pues eso me ha sucedido a mi al leer este libro. Pero avancemos.
     Lo primero que llama la atención es que Laestadius existió y, si el libro se ambienta en 1852 encaja a la perfección con la vida de este pastor luterano samí cuya vida se apoyó en la Biblia y en la ayuda a un pueblo desconocido para mi hasta esta lectura: los samís. Seguiremos a este hombre y su pupilo durante sus excursiones, acomapañaremos a Jussi en su aprendizaje basado en la observación, que permite percibir el mundo de una forma más detallada, bajo otra luz. Y sabremos que Laestadius es apreciado cuando acudan a él por la desaparición de una joven: a partir de ese momento comienza la trama negra de la historia. Una muerte que se achaca a un oso y cuya investigación se cierra rápidamente para que las gentes del lugar duerman tranquilas y una segunda víctima que obliga a reconocer que tal vez no fuera el ataque de un animal. Frente a la necesidad de seguir manteniendo la aparente calma, la otra necesidad: la de la búsqueda de la verdad hasta llegar a resolver el caso y que irá comandada por el pastor y su joven pupilo y que finalizará de forma más que satisfactoria. Y todo ello en un contexto histórico que me era totalmente ajeno, unas descripciones fantásticas y un lenguaje elegante que otorgan a la novela un tono al que ya no estamos acostumbrados. Frente al tono cotidiano, casi vulgar, que viene siendo común en las novelas de género, llega este otro mucho más literario casi engolado que nos permite disfrutar de una narración con regusto añejo, permitiendo al lector no solo dejarse llevar por la trama sino también por las letras. Un lujo hoy en día.

     Jussi será el encargado de relatar la mayor parte de la historia, aunque eso no resta protagonismo a Laestadius, ya que el autor no cae en la tentación de dejar que sea el avispado alumno el que demuestre superar con sus dotes detectivescas al profesor que lo enseña. Además de las reflexiones propias sobre la maldad o bondad de las personas, no olvidemos que el protagonista era un pastor, la novela reivindica la existencia de un pueblo y sus costumbres y deja también muestra de la belleza de un entorno que se va metiendo por los ojos del lector sin que éste se de cuenta. En cuanto a los personajes, si bien Laestadius aporta el conocimiento, será Jussi quien capte todo nuestro interés, un joven con cicatrices casi adoptado que verá nacer el amor por  las letras y los conocimientos. Juntos se enfrentarán a las teorías de Brahe y Michelsson y su necesidad de cerrar el caso que me hicieron pensar en un principio en supersticiones incluso cuando no se trataba más que de obsolescencia. Y el oso parece a ratos casi un símbolo.

     Me ha gustado Cocinar un oso, me he dejado llevar por el tono de la narración y me he preguntado quién era el narrador omnisciente sabiendo que era caer en la trampa del autor. Y he caído con gusto. He disfrutado del lirismo tanto como de lo truculento y he acompañado a los protagonistas durante sus reflexiones. Pero, sobre todo, he cerrado el libro queriendo leer más, algo que me pasa cada vez menos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 26 de junio de 2019

El Halcón Maltés. Dashiell Hammett

   

     “No importa quién quiere a quién; no pienso hacer el bobo por ti. No voy a seguir los pasos de Thursby y de sabe Dios quién más. Asesinaste a Miles y vas a pagar por ello. Yo podría haberte ayudado dejando que se fueran los otros y manteniendo a distancia a la poli con alguna argucia. Es tarde para eso: ya no puedo ayudarte. Y aunque pudiera, no lo haría”.

      A muchos amantes del cine negro este título les recuerda a Bogart, inmediatamente, ahí le pusimos cara a Sam Spade. Así lo conocí yo, por el cine. Me gustó tanto que decidí salir en su búsqueda entre hojas de papel, y por eso traigo a mi estantería virtual El halcón maltés, un hito del cine negro que no debemos perdernos sobre el papel.    

     En 1.530 los caballeros de la Orden de Malta regalaron una estatuilla en forma de halcón, repleta de piedras preciosas, al emperador Carlos V. Fue objeto de robos y desapariciones y reapariciones durante más de cuatro siglos, hasta hoy. En pleno siglo XX reaparece en San Francisco, codiciada por su valor y buscada por Sam Spade, quien a partir del asesinato de su socio, se ve envuelto en dicha búsqueda en una maraña de acontecimientos y acompañado de una clienta muy especial.

      Sam Spade vive a través de la obra de Hammett, de toda su obra en realidad, que son tan sólo cuatro títulos; Demasiados han vivido, Sólo pueden colgarte una vez, Un tal Sam Spade y El halcón maltés. De hecho RBA ha sacado una compilación con el acertado título Todos los casos de Sam Spade no hace mucho. Pero ¿Quién es Sam Spade?

      Sam es un tipo duro, cerca de la cuarentena, es un hombre de la calle. Nos olvidamos de los robos refinados y los detectives impolutos y entramos en los comienzos del detective que hoy sigue estando de moda. Es terco y, cuando menos falta hace, saca la ironía y, desde luego, no se caracteriza por su tacto. Lleva una vida más o menos desordenada, tuvo una aventura con la mujer de su socio, que ya terminó. Y entorna los ojos para retar las mentes ajenas. No tiene problemas en colaborar con la policía, siempre que no le pidan tener tacto porque eso no es lo suyo, protege a quien cree que lo necesita, pero si se trata de sacar la verdad a la luz... todo vale. Un diablo rubio, dijo su autor para describirlo, pero Sam Spade es sin duda alguna mucho más que eso. Es un comienzo para la novela negra contemporánea.      Hammett no se queda en mostrar un detective brillante, eso sería lo fácil. Lo verdaderamente deslumbrante de su obra es la complejidad de la trama, no nos lo parece hasta que no terminamos el libro y tratamos de resumirlo. No se complica la vida ni nos la complica a nosotros y por eso su forma de escribir es seca, pasa del diálogo a la acción, el resto sobra. Tal vez sea eso lo que hace que veamos a Spade como aún más duro. Es una novela callejera y en la calle todo vale, pero sobre todo el dinero. No nos cuesta trabajo adivinar entre sus letras al Hammett detective de Pinkerton, recorriendo calles a la carrera.

      Nos enfrentamos a todos los clásicos del género, hay malos vengativos, malísimos, guardaespaldas torpes y empresarios venidos a menos salpicados con agentes casi entrañables y mujeres fatales. Gente, en definitiva, movida por su propio interés y, lo mejor de todo en este mundo de detectives impolutos y marcados por vete tu a saber que experiencia traumática, en este caso, nadie nos intenta convencer de que el mismo Spade sea demasiado diferente de cualquiera de ellos.

       Un libro que me cautivó y me llevó al resto de la obra de Hammett y que me sirve para recordar que, ni toda la novela negra es nórdica, ni hay que temer estos libros que a priori nos pueden parecer pasados de moda. Sino todo lo contrario.    

     Gracias

lunes, 24 de junio de 2019

Llamarás un domingo por la tarde. Javier Cid


     "Me miro en el espejo y siento frío. Pero no es un frío romántico como aquel que cosía a los poetas famélicos en Montparnasse; es, sin más, un frío de cojones porque es otoño, se cierne sobre el oeste una ciclogénesis con nombre de mulata y la caldera prehistórica de mi apartamento acaba de morir. Y yo ni soy poeta, ni padezco hambrunas, ni estuve jamás en Montparnasse pues París me cogió siempre con prisas".

     A veces una recomendación directa te lleva a un libro. Y eso sucedió con este, así que sin muchas vueltas me lo llevé a casa y hoy, poco después, traigo a mi estantería virtual, Llamarás un domingo por la tarde.

     Cuando conocemos al narrador del libro, está superando una ruptura amorosa. Ese es el momento elegido para relatarnos su vida con bastante desparpajo y un poco de mala uva. Descubriremos entonces a un hombre cuya mayor inquietud es no estar solo, su mayor temor el compromiso y su mayor vicio es estar enamorado. Será víctima de su época y abrazará el culto al cuerpo y el exhibicionismo de las redes sociales mientras sigue la estela de los viajes exóticos y el sexo de una noche para calentar más el cuerpo que el alma. Conocemos, en definitiva, a un hombre normal.

     Comencé este libro un domingo por la tarde y lo terminé un martes que, como dice el protagonista, son días propicios para terminar cosas. Y en el espacio existente entre esos días me sonreí e incluso me reí unas cuantas veces mientras a ratos me sorprendía pensando eso tan manido de "conozco a gente así". Por supuesto que no leo ante un espejo, no sea que en algún momento levante la vista...
El caso es que tras la literatura del adolescente, del niño que pasa a ser hombre, parecía no existir otra etapa que descarnar cuando todos sabemos que no es así. Y Cid busca otro momento por el que todos pasamos y es el de mirar nuestra vida por primera vez, el de dudar si frenar, ver que todo cambia y que las vidas de los que fueron compañeros infatigables encajan para asentarse en una placidez que nosotros no estamos dispuestos a adoptar o que, como es este caso, nos es retirada al producirse una ruptura. Se queda entonces el protagonista cojo, como viviendo a destiempo y vuelve atrás para recuperar un tiempo que sabe que en realidad no perdió mientras nosotros vemos que lo que le pasa es que se siente solo aunque sea a ratos y que teme que los ratos se alarguen demasiado.
El protagonista elegido es un vendabal con pocos pelos en la lengua que nos gana su simpatía desde las primeras letras con algunas reflexiones que todos hemos compartido. Del periodismo digital al sexo por app, de los viajes a las juergas pasando por esas familias improvisadas que se forman en bares de barrio hasta llegar a enamoramientos más sentidos que consumados, Cid toca todos los temas que podemos vivir en este momento. Hay por supuesto excesos, la propia novela los pide y al lector no solo no lo estorba, además le divierten. Y también hay clichés propios de una comedia protagonizada por un gay que ronda los 40. Pero son de esos que uno piensa que quizás existan por repetición, como ese punto deslenguado que antes comentaba.

     Me he divertido con este libro, aunque siempre he sabido que estaba ante una tragicomedia. Me lo he pasado bien y he apuntado alguna frase que, sin ser propia de literato, es certera para la vida. Para la mía, para la del protagonista y, estoy segura de que también para la de cualquier lector. Y es que comenzaba diciendo que esta novela trata de la vida de un hombre cualquiera y eso es precisamente lo que le da interés. A fin de cuentas, la mayor parte de las vidas distan mucho de ser extraordinarias. Salvo para quienes las protagonizan.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 18 de junio de 2019

Carmilla. Sheridan Le Fanu


     Tenía muchas ganas de una buena edición de este título que uno puede encontrar ya publicado y con extensión variable. Por eso me agradó ver que formaba parte de los ineludibles y por eso, hoy traigo a mi estantería principal, Carmilla.

     Conocemos a Laura, que nos relata lo que le sucedió una noche misteriosa en la que, estando dormida en el castillo en el que vivía con su padre, una mujer se coló en su cuarto tomándola en brazos. Ella sintió algo en el cuello y sin embargo, no pudieron encontrar a ninguna mujer en sus dependencias. El tiempo ha pasado y no solo ha crecido el misterio, también hay una fuerte atracción entre Laura y otra mujer misteriosa, tal vez un vampiro.
   
     Una de las primeras cosas que sorprenden al leer Carmilla, es la cantidad de similitudes que encontramos con historias posteriores. Eso nos indica mirando la fecha, que estamos ante una obra que ha sido tomada como referente por gran parte de la literatura vampírica posterior. Y es que, Carmilla hay que leerlo en su contexto o podemos juzgar su trama de forma injusta, pensando que es predecible cuando en realidad fue precursora. Se habla por ejemplo de romance y erotismo cuando hoy "sabemos" que bien podría ser esa tensión sexual habitual entre vampiro y víctima. No en vano los vampiros siempre han sido los monstruos más eróticos del imaginario, siempre mirando fijamente, elegantes y chupando cuellos.

     El mayor placer de esta extraordinaria narración que bien puede catalogarse como relato, es disfrutar de su magnífica ambientación. Esa novela de época con un amor transgresor y unos personajes que, os aseguro, ya jamás olvidaremos. Los clásicos, cuando hablamos de terror, tienen además un punto de ingenuidad absolutamente enternecedor para el lector aficionado al género. Por eso es tan importante saber contextualizarlos, no esperar miedo, esperar intriga; no buscar grandes misterios con guro y resolución, buscar historias. Y todo eso es Carmilla.

     Carmilla es una historia con una magnífica ambientación que vuelve a colocar al vampiro en el lugar que le corresponde. O que ya lo hizo en su momento, puesto que estamos ante un clásico.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 13 de junio de 2019

Alta fidelidad. Nick Hornby


     "Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza, pérdida".

     Reconozco que la nueva colección que está sacando Anagrama con motivo de su aniversario me está sirviendo para hacerme con algunos libros que ya tenía, pero en una edición mucho más bonita. Y, de paso, releer. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alta fidelidad.

     Conocemos a Rob cuando su relación con Laura acaba de finalizar. Tiene 36 años, una tienda de discos y comparte su afición por la música y por las listas con sus dos empleados y amigos, Dick y Barry. No tarda en enterarse de que Laura ha comenzado a verse con un hombre al que siempre ha odiado y él mismo intenta contactar con sus ex, sin olvidar nunca a Laura.

     Por empezar por el principio diré que hay una magnífica adaptación de este libro, aunque es más lúdica y profundiza menos en el protagonista. Lo cierto es que si uno ve la película, es imposible leer el libro sin John Cusack paseándose por las páginas tarareando alguna canción.

     La historia es la de Rob, un personaje que se muestra con sus defectos, egoísmos e incluso infidelidades para que el lector juzgue sus actos y se adelante incluso a ellos. Con un tono desenfadado que a veces encuentra la sonrisa, el libro arranca con la primera lista: las ex. A partir de ahí vamos asistiendo a sus reflexiones, no siempre maduras, y descubrimientos casi de adolescente en el amor. Todo ello queda salpicado con las conversaciones entre amigos y las listas de películas, malos grupos, canciones para el fin... casi de cualquier cosa, excepto de una y que hizo que me sintiera muy identificada y conectarse con él. A fin de cuentas, yo sería incapaz de citar solo 5 libros como los mejores.
     Es cierto que la frescura que la novela desprende en esa primera parte se va diluyendo hasta perderse en un final que estoy segura no es al gusto de todos. Pero también es cierto que el autor nos lo va dejando entrever y que, sí somos sinceros con nosotros mismos,  es bastante más realista que cualquier otra opción alternativa que hubiéramos podido barajar.

     Los lectores vamos aprendiendo con los años a recopilar lecturas y, sí en la primera no me pasó porque desconocía la historia con la que ahora lo voy a comparar, tengo que reconocer que en esta relectura he pensado en Bridget Jones más de una vez. Me quedo, lo reconozco, con una curiosidad y es el saber si un lector masculino se podría sentir más o menos identificado con Rob.

     Alta fidelidad me ha gustado mucho, ya lo hizo en su día y lo he vuelto a disfrutar. Es una novela entretenida incluso si no se comparten los gustos musicales del protagonista. Ahora me toca volver a ver la película.

     Y vosotros, ¿me decís vuestros cinco libros favoritos?

     Gracias.