lunes, 22 de julio de 2019

Stefan Zweig, La tinta violeta. Jesús Marchamalo


     "Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy de aquí antes que ellos".

     Hace ya muchos años que sigo libro a libro, programa a programa, columna a columna, todo lo que escribe Jesús Marchamalo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Stefan Zweig, La tinta violeta.

    Dice Marchamalo en esta última entrega de su colección de biografías ilustradas, que Zweig escribía cartas con tinta violeta en unas cuartillas de papel grueso encabezadas por un monograma por sus iniciales. Y yo, caprichosa de las plumas y también de las tintas, juego a imaginar cómo serían esas misivas que enviaba el ilustre escritor. De ahí viene el título de este libro, que no busca ilustrar al lector descubriendo cosas nuevas, aunque yo me haya encontrado con alguna sorpresa cuando habla de su particular coleccionismo musical.

     Ilustrado por Antonio Santos, nos entrega Nórdica en este pequeño tesoro un homenaje sentido con una adjetivación casi lírica de ritmo pausado y admiración apenas contenida, en una suerte de tête à tête de escritor a escritor. Y es que, si existen las grandes biografías, sesudas y minuciosas, también queda espacio para este otro ejemplo, no menos cuidado y minucioso, de conocimiento del homenajeado. A fin de cuentas, quién iba a escribir mejor las Memorias de un europeo que el propio autor que ya se recreaba en este Mundo de ayer para hablar de otra época. Y aquí también lo hace Marchamalo, deja un camino de semillas que se pueden recoger, que comienzan con un nacimiento y un incendio y nos llevan por un mundo casi aristocrático para terminar hundiéndose en una Europa teñida de negro y rojo sin olvidar pasar por aquellos balnearios en los que se intercambiaron cartas. De hecho, recuerdo una a propósito de la novela "rusa" de Roth. Al final, y aunque yo haya comenzado reproduciendo la única parte del libro atribuible a Zweig y no al autor, encuentra uno tantos datos en esta suerte de panegírico sin fecha, que no puede evitar ir dejándose llevar por el tono y sintiendo ese pesimismo que el protagonista dejó que le arrastrase hasta sus últimas consecuencias.

     ¿Qué más decir? Hablar quizás de unas ilustraciones sencillas, que no compiten con el texto y que precisamente por eso llaman la atención y obligan a hacer una segunda lectura solo formada por imágenes.

    Vuelvo con un tesoro de dimensiones reducidas, en este caso de Zweig, pero existen otros escritores que han pasado ya por las manos de Marchamalo, todos ellos recomendables a modo de pequeños canapés literarios. Personalmente, del libro que hoy os traigo, me quedo con la magnifica descripción del escritor.

     "Era educado, cortés, mirada inquieta, y en su rostro, tez clara y gesto relamido, destacaba un flequillo lacio sobre la frente y el bigote poblado, grave, de una formalidad administrativa".
Fue leer esto y pensar: sí, este es mi particular Stefan Zweig.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 6 de julio de 2019

Nuevas ediciones, reimpresiones y otras milongas



     Dicen los entendidos que las diferencias entre reediciones y nuevas ediciones radica en que las segundas han de tener diferencias con las primeras. Eso no significa que deban de tener, por ejemplo, una nueva traducción o corrección, un cambio en el diseño de la cubierta es suficiente para que el libro salga con un ISBN nuevecito y un precio también de novela a estrenar. El caso es que llevamos años viendo este fenómeno y coexistiendo con él sin que nos suponga mayor problema: las ediciones de bolsillo. Antes, cuando todo esto de la literatura llevaba un orden mucho más preciso, uno sabía que pasado un año llegaba la edición de bolsillo mucho más económica y, sí, menos bonita.  Ahora parece que depende del libro llegan antes las ediciones conmemorativas, mucho más caras, que las ediciones en formato pequeño. Pero eso es otro tema.
     Las reimpresiones en cambio no son más que nuevas impresiones de un libro ya existente en el que no se introduce ningún cambio. Esto supone que uno se pregunte por las tiradas que tienen las primeras, segundas o quintas ediciones de un libro. Y es que suponemos que aquí al hablar de "ediciones" se refieren a la venta del número inicial de libros que salieron al mercado, si bien en la realidad no es así ya que la primera tirada suele ser de una naturaleza superior a la del resto que puedan seguirla. Eso no significa que sigan bajando el número de libros impresos a medida que se reimprimen, pero sí que entre la primera y la segunda hay una diferencia.

     Hecha esta diferencia y viendo que Disney está haciendo remakes de sus películas de animación ¡ahora con actores de carne y hueso!, no puedo hacer otra cosa que fijarme en las mesas de las librerías. Y es que, de un tiempo a esta parte, las reediciones de libros ya publicados se codean en espacio y precio con el de las novedades. La cosa empezó, o yo me empecé a fijar, cuando hablaron de fondos. Esos libros imprescindibles que todo el mundo debería de tener o al menos intentar descubrir y que con una precisión que iba entre el golpe de reloj y el de talonario aparecían con cubiertas regias en las librerías. A nadie se le ocurría, claro, mirar el nombre del traductor y el año de su primera impresión, entre otras cosas porque suele aparecer en esa letra pequeña de las páginas que se sitúan antes del texto que forma la novela y en las que rara vez reparamos. No tardamos en pasar a los clásicos, algunos ya libres de derechos, que volvieron a ocupar un espacio reivindicando la necesidad de ser leídos (al mismo precio de novedad y sin especificar muchas veces si habían sido, o no, corregidos y actualizados). Ahora la cosa se pone mucho más divertida y las mesas de las librerías empiezan a recordarme a aquel juego llamado buscaminas que traían todos los ordenadores. Ya sea porque estrenan una película basada en el libro, porque Netflix o HBO o la plataforma que corresponda ha decidido fijarse en el título o porque el autor ha ganado un premio/fallecido/se ha cambiado el corte de pelo, el caso es que es cada vez más difícil saber si nos están colocando a precio de novedad un título que ya existía a precio de novedad.
     Los libros que ya tienen un tiempo desaparecen de las mesas y las librerías, se saldan y se ponen de oferta, es lo suyo, pero si nadie nos explica que tal o cual novela fue publicada en 2003 o en los años 90, el lector queda ciego ante la posibilidad de adquirir el mismo título, y tal vez otro par, por el mismo precio que va a pagar por esa cubierta negra con la chica que a todos nos suena de ver los carteles de la serie.
     No voy a entrar, porque lo creo innecesario por obvio, en el hecho de que una editorial que posee los derechos de una obra tiene derecho a publicarla cuantas veces quiera siempre y cuando salde cuentas con cada proveedor empezando, claro está por el propio autor del libro. Y tampoco lo haré en el hecho de que sale más barato reeditar que buscar, valorar y arriesgarse con un libro nuevo. Ambas cosas ya las conocemos de sobra todos nosotros. Pero sí que soy lectora y considero del todo necesario guardar la confianza de los lectores a la hora de comprar un libro. Yo me arriesgo más o menos con cada título y deposito una cierta confianza en el sello que edita y en el escritor que firma.  Una confianza que se ve minada cuando abro el ejemplar y descubro esa frase que dice: "Primera edición: Junio 2009".

     Por favor, cuiden a los lectores. Les aseguro que somos una especie necesitada de cariño y solemos ser de lo más agradecido. De hecho, la mayor parte de nosotros, prometemos lealtad.

     Y vosotros, ¿también os ha pasado lo de comprar a precio de novedad?

     Gracias.

     PD. Vacaciones. 2 semanitas.

viernes, 5 de julio de 2019

La señal. Máxime Chattan


     "La furgoneta circulaba rápidamente en mitad de la noche, como una nave diminuta perdida en la inmensidad del cosmos. Envuelta en la oscuridad, flotaba en la nada guiada por los faros blancos y como propulsada por los resplandores rojos de las luces traseras. El vehículo Ford empezó a girar para seguir la carretera que rodeaba la montaña. Estaba solo en muchos kilómetros a la redonda".

     Reconozco que de un tiempo a esta parte me estoy aficionando a la colección negra de Alfaguara. Eso hace que ni mire las sinopsis para comprar sus títulos. Hoy traigo a mi estantería virtual, La señal.

     Conocemos a Olivia y Tom,; ella es estrella televisiva y él escribe obras de teatro. Ella ha decidido dejar la televisión y él necesita de alejarse de un mundo que no le perdona su última obra. Y así es como esta familia termina en un idílico pueblo entre montañas llamado Mahingan Falls. Zoey, su hija pequeña, Chad, su hijo adolescente y Owen, un sobrino de la edad de Chad al que adoptaron tras fallecer sus padres, emprenden una nueva vida en este lugar. Sin embargo no tardan en notar que algo no va bien; viejas historias de sangre, una mujer que se lanza contra un coche, desapariciones... algo sucede en Mahingan Falls.

     Estamos ante una novela con aspiraciones piscineras y extensión considerable que mezcla la intriga con el terror. De este modo, y mientras seguimos los pasos de la familia Spencer, recodamos las alcantarillas de It y también las caracterizaciones típicas de la policía de provincias. El autor no se complica en una novela que se lee sin apenas esfuerzo para el lector y que mezcla temores ancestrales con otros mucho más mundanos. Sin embargo, y tal vez por no haberme caídos simpáticos los protagonistas, he estado más cerca de reír que de temblar durante su lectura. Y es que ya vengo un poco de vuelta de pueblos idílicos que no lo son y cuchipandis preadolescentes cuyas hormonas les convierten casi en héroes. Ahora les pido un poco más a este tipo de novelas para decir que son buenas. Y en este caso no lo he encontrado, así que mi entusiasmo lector ha ido cayendo poco a poco al mismo ritmo al que avanzaba mi lectura.

     No me malinterpretéis, la novela es perfecta como lectura de piscina, ya que, si bien es cierto que le falta fuerza, también lo es que uno sigue leyendo casi por inercia. Y conseguir escribir una novela con la que suceda algo así es todo menos fácil. Sobre todo si incluye vísceras y sangre, además de los consabidos gritos, llantos y momentos intranquilizadores que se le suponen y que nos llevan a un cierre con el que, si uno no es demasiado exigente, quedamos satisfechos.

     La señal es una novela entretenida que recoge referencias de un buen puñado de best sellers y que leemos con la sensación de estar viendo Netflix. Perfecta para esa época del año en la que uno cierra el kiosco de pensar.

     Y vosotros, ¿qué le pedís a la novela del verano?

     Gracias.

miércoles, 3 de julio de 2019

La cabaña del tío Tom. Harriet Beecher Stowe


     " -¿Qué falta os hace el niño?  -¿Qué falta me hace? Son artículos de fantasía que dan brillo a los depósitos. Los ricos suelen pagarlos muy bien. Es un género que deja mucha ganancia; y este travieso chiquillo, que tan bien canta y representa, me proporcionaría un gran negocio.  -No quiero venderle por ahora- dijo mister Shelby. Soy humano me es imposible arrebatar un hijo a su madre.  -¡Oh! sí, vos le arrebataréis Pero en resumidas cuentas, ¿qué sucederá si separáis el hijo de la madre? Que un par de semanas después de la aparición del chico, todo volverá a su antiguo ser y estado. No soy aficionado a prodigarme elogios a mí mismo; pero si hablo de este modo, es porque es la pura verdad; soy uno de esos que han conducido las mejores manadas de esclavos, no sólo una vez, sino ciento; y siempre los he vuelto gordos y con buena salud, no habiéndose muerto más que uno que otro, esto lo debo a mi humanidad…. y merced a este sistema humanitario he realizado muy buenas especulaciones; y como suele decirse, cada negro me ha dejado un bonito lucro en su tránsito. "      

     Una vez más voy a decir que me gusta quedarme con lo anecdótico, siempre lo hice. Muchas veces reconozco que olvidaba lo importante y no conseguía borrar de mi mente aquello que grabado a fuego no podía llevar otro cartel que ese, anecdótico. Por eso traigo hoy este libro, es un libro rodeado de anécdotas, unas serán verdad, otras añadidas, pero todas ellas buenas. Y es que, estamos ante un libro que fue, no sólo de los más vendidos de la época, sino que sólo fue superado en ventas por la Biblia en aquel momento.

      Cuentan que durante la famosa Guerra de Secesión que enfrentó a esclavistas y abolicionistas de Estados Unidos el presidente Abraham Lincoln tuvo una entrevista con la esposa de un predicador llamado Calvin Stowe. Lo primero que hizo el presidente fue mirar a la mujer y decirle:"De modo que es usted la mujercita que ha provocado el estallido de esta guerra".

      Verdad o leyenda, lo que está claro es que fue toda una revolución durante su publicación. Tuvo una aceptación tremenda, una acogida espectacular, al menos de entrada. A  la muerte de su autora los propios activistas negros a los que el libro defiende se volvieron contra la historia que contenía echando en cara la actitud resignada de sus protagonistas.

      Aún no lo dije, hablo de La cabaña del tío Tom. Un libro que hoy se ha clasificado como novela juvenil cuando bien podríamos hablar de novela histórica siendo totalmente fieles a la definición de la misma y que nos presenta a Tom.     

     Tom es un esclavo al que llaman Tío Tom y lo conoceremos a través de su historia. Tiene uno de los denominados buenos amos que, ahogado de deudas, lo vende separándolo de su familia. A partir de ahí, tanto su mujer como el hijo de su antiguo amo ahorran para traerlo de vuelta mientras Tom va pasando de amo en amo, cada vez más crueles. Le toca un camino difícil plagado de actitudes inhumanas que él soporta con esa actitud sumisa propia de las personas bondadosas que confian en que el futuro les depare lo que por justicia les corresponde.Y durante ese trayecto lo vemos tratado como un animal, como un objeto usado para comerciar. A su alrededor vamos dando voces a otras historias, algunas desgarradoras como la de la joven que, antes que perder a su hijo pequeño, huye para protegerlo sin importarla el peligro que pueda correr.

      Es un libro conmovedor que no pretende horrorizarnos mostrando realidades descarnadas sino que nos muestra lo que en aquel momento eran realidades, a través de escenas cotidianas. Ese es precisamete el secreto de su emotividad, la capacidad que tiene de reflejar el sentimiento humano dando el esclavo la voz de alama sobre el racismo. Posiblemente podríamos ver en él unas bases bastante definidas de muchos conceptos que hoy englobamos en el término derechos humanos.     

     Es, como curiosidad, la primera novela escrita en Estados Unidos cuyo protagonista es un afroamericano. Y es una novela que te atrapa en su historia de costumbres y racismos, sorprendiéndote al encontrar vestigios del racismo en el propio narrador, como signo tal vez de aceptación por costumbre.     

     Merece ser leída tanto por su historia, capaz de hacernos bucear entre sus páginas viendo las plantaciones al otro lado de la ventana, como por el significado que tuvo, la trascendencia que ha hecho que pase a la historia tanto el título, como su autora.

     A veces hay libros que de tanto sonarnos, nos da pereza ponernos con ellos, casi como si la los hubiéramos leído. ¿Os sucede también a vosotros?     

     Gracias.


lunes, 1 de julio de 2019

Cocinar un oso. Mikael Niemi


     "Me despierto en un vasto silencio. El mundo espera a ser creado. La oscuridad y el cielo me envuelven. Mis ojos, como dos pozos, se dirigen al espacio, pero allí no hay nada, ni siquiera aire".

     Los aficionados a la novela negra reciben la temporada estival con la alegría de saber que el una época en la que proliferan títulos de este género en las librerías: y a la vez tienen ese mismo miedo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cocinar un oso.

     Conocemos a Lars Levi Laestadius, un pastor samí aficionado a la botánica, y a su joven pupilo Jussi. Juntos pasean por los bosques mientras Laestadius enseña a Jussi a observar el mundo con otros ojos, a fijarse en los detalles. No tarda en desaparecer una joven, preocupando al pueblo en el que residen, y, poco después aparece su cuerpo con signos de violencia; parecen creer que ha sido el ataque de un oso. No todos lo creen, de hecho Laestadius no lo cree así y, cuando aparece un segundo cuerpo, todo parece apuntar a que puede tener razón. Hay un asesino por descubrir.

     ¿Alguna vez os ha pasado que coméis un pedazo de tarta y os recuerda a una tortilla de patata? No sé, ambas se suelen comer en porciones triangulares, casi seguro que ambas llevan huevo, se sirven en platos y se usa para comerlas el tenedor. Ya... a mi tampoco. Y sin embargo en la literatura se agarran a cosas así de vagas para colarnos unas comparaciones que se recogen con mucha más alegría y se creen demasiado rápido. Esto viene a que un protagonista culto con un pupilo y unas dotes para investigar diferentes al resto de su entorno hacen que este libro sea comparado una y otra vez con El nombre de la rosa. Claro que aquí el protagonista es pastor y en el libro citado monje... y las tortillas y las tartas sacian el apetito y se comen, muchas veces, sin hambre, con gula. Ya... sigue siendo demasiado traído por los pelos. Pues eso me ha sucedido a mi al leer este libro. Pero avancemos.
     Lo primero que llama la atención es que Laestadius existió y, si el libro se ambienta en 1852 encaja a la perfección con la vida de este pastor luterano samí cuya vida se apoyó en la Biblia y en la ayuda a un pueblo desconocido para mi hasta esta lectura: los samís. Seguiremos a este hombre y su pupilo durante sus excursiones, acomapañaremos a Jussi en su aprendizaje basado en la observación, que permite percibir el mundo de una forma más detallada, bajo otra luz. Y sabremos que Laestadius es apreciado cuando acudan a él por la desaparición de una joven: a partir de ese momento comienza la trama negra de la historia. Una muerte que se achaca a un oso y cuya investigación se cierra rápidamente para que las gentes del lugar duerman tranquilas y una segunda víctima que obliga a reconocer que tal vez no fuera el ataque de un animal. Frente a la necesidad de seguir manteniendo la aparente calma, la otra necesidad: la de la búsqueda de la verdad hasta llegar a resolver el caso y que irá comandada por el pastor y su joven pupilo y que finalizará de forma más que satisfactoria. Y todo ello en un contexto histórico que me era totalmente ajeno, unas descripciones fantásticas y un lenguaje elegante que otorgan a la novela un tono al que ya no estamos acostumbrados. Frente al tono cotidiano, casi vulgar, que viene siendo común en las novelas de género, llega este otro mucho más literario casi engolado que nos permite disfrutar de una narración con regusto añejo, permitiendo al lector no solo dejarse llevar por la trama sino también por las letras. Un lujo hoy en día.

     Jussi será el encargado de relatar la mayor parte de la historia, aunque eso no resta protagonismo a Laestadius, ya que el autor no cae en la tentación de dejar que sea el avispado alumno el que demuestre superar con sus dotes detectivescas al profesor que lo enseña. Además de las reflexiones propias sobre la maldad o bondad de las personas, no olvidemos que el protagonista era un pastor, la novela reivindica la existencia de un pueblo y sus costumbres y deja también muestra de la belleza de un entorno que se va metiendo por los ojos del lector sin que éste se de cuenta. En cuanto a los personajes, si bien Laestadius aporta el conocimiento, será Jussi quien capte todo nuestro interés, un joven con cicatrices casi adoptado que verá nacer el amor por  las letras y los conocimientos. Juntos se enfrentarán a las teorías de Brahe y Michelsson y su necesidad de cerrar el caso que me hicieron pensar en un principio en supersticiones incluso cuando no se trataba más que de obsolescencia. Y el oso parece a ratos casi un símbolo.

     Me ha gustado Cocinar un oso, me he dejado llevar por el tono de la narración y me he preguntado quién era el narrador omnisciente sabiendo que era caer en la trampa del autor. Y he caído con gusto. He disfrutado del lirismo tanto como de lo truculento y he acompañado a los protagonistas durante sus reflexiones. Pero, sobre todo, he cerrado el libro queriendo leer más, algo que me pasa cada vez menos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 26 de junio de 2019

El Halcón Maltés. Dashiell Hammett

   

     “No importa quién quiere a quién; no pienso hacer el bobo por ti. No voy a seguir los pasos de Thursby y de sabe Dios quién más. Asesinaste a Miles y vas a pagar por ello. Yo podría haberte ayudado dejando que se fueran los otros y manteniendo a distancia a la poli con alguna argucia. Es tarde para eso: ya no puedo ayudarte. Y aunque pudiera, no lo haría”.

      A muchos amantes del cine negro este título les recuerda a Bogart, inmediatamente, ahí le pusimos cara a Sam Spade. Así lo conocí yo, por el cine. Me gustó tanto que decidí salir en su búsqueda entre hojas de papel, y por eso traigo a mi estantería virtual El halcón maltés, un hito del cine negro que no debemos perdernos sobre el papel.    

     En 1.530 los caballeros de la Orden de Malta regalaron una estatuilla en forma de halcón, repleta de piedras preciosas, al emperador Carlos V. Fue objeto de robos y desapariciones y reapariciones durante más de cuatro siglos, hasta hoy. En pleno siglo XX reaparece en San Francisco, codiciada por su valor y buscada por Sam Spade, quien a partir del asesinato de su socio, se ve envuelto en dicha búsqueda en una maraña de acontecimientos y acompañado de una clienta muy especial.

      Sam Spade vive a través de la obra de Hammett, de toda su obra en realidad, que son tan sólo cuatro títulos; Demasiados han vivido, Sólo pueden colgarte una vez, Un tal Sam Spade y El halcón maltés. De hecho RBA ha sacado una compilación con el acertado título Todos los casos de Sam Spade no hace mucho. Pero ¿Quién es Sam Spade?

      Sam es un tipo duro, cerca de la cuarentena, es un hombre de la calle. Nos olvidamos de los robos refinados y los detectives impolutos y entramos en los comienzos del detective que hoy sigue estando de moda. Es terco y, cuando menos falta hace, saca la ironía y, desde luego, no se caracteriza por su tacto. Lleva una vida más o menos desordenada, tuvo una aventura con la mujer de su socio, que ya terminó. Y entorna los ojos para retar las mentes ajenas. No tiene problemas en colaborar con la policía, siempre que no le pidan tener tacto porque eso no es lo suyo, protege a quien cree que lo necesita, pero si se trata de sacar la verdad a la luz... todo vale. Un diablo rubio, dijo su autor para describirlo, pero Sam Spade es sin duda alguna mucho más que eso. Es un comienzo para la novela negra contemporánea.      Hammett no se queda en mostrar un detective brillante, eso sería lo fácil. Lo verdaderamente deslumbrante de su obra es la complejidad de la trama, no nos lo parece hasta que no terminamos el libro y tratamos de resumirlo. No se complica la vida ni nos la complica a nosotros y por eso su forma de escribir es seca, pasa del diálogo a la acción, el resto sobra. Tal vez sea eso lo que hace que veamos a Spade como aún más duro. Es una novela callejera y en la calle todo vale, pero sobre todo el dinero. No nos cuesta trabajo adivinar entre sus letras al Hammett detective de Pinkerton, recorriendo calles a la carrera.

      Nos enfrentamos a todos los clásicos del género, hay malos vengativos, malísimos, guardaespaldas torpes y empresarios venidos a menos salpicados con agentes casi entrañables y mujeres fatales. Gente, en definitiva, movida por su propio interés y, lo mejor de todo en este mundo de detectives impolutos y marcados por vete tu a saber que experiencia traumática, en este caso, nadie nos intenta convencer de que el mismo Spade sea demasiado diferente de cualquiera de ellos.

       Un libro que me cautivó y me llevó al resto de la obra de Hammett y que me sirve para recordar que, ni toda la novela negra es nórdica, ni hay que temer estos libros que a priori nos pueden parecer pasados de moda. Sino todo lo contrario.    

     Gracias

lunes, 24 de junio de 2019

Llamarás un domingo por la tarde. Javier Cid


     "Me miro en el espejo y siento frío. Pero no es un frío romántico como aquel que cosía a los poetas famélicos en Montparnasse; es, sin más, un frío de cojones porque es otoño, se cierne sobre el oeste una ciclogénesis con nombre de mulata y la caldera prehistórica de mi apartamento acaba de morir. Y yo ni soy poeta, ni padezco hambrunas, ni estuve jamás en Montparnasse pues París me cogió siempre con prisas".

     A veces una recomendación directa te lleva a un libro. Y eso sucedió con este, así que sin muchas vueltas me lo llevé a casa y hoy, poco después, traigo a mi estantería virtual, Llamarás un domingo por la tarde.

     Cuando conocemos al narrador del libro, está superando una ruptura amorosa. Ese es el momento elegido para relatarnos su vida con bastante desparpajo y un poco de mala uva. Descubriremos entonces a un hombre cuya mayor inquietud es no estar solo, su mayor temor el compromiso y su mayor vicio es estar enamorado. Será víctima de su época y abrazará el culto al cuerpo y el exhibicionismo de las redes sociales mientras sigue la estela de los viajes exóticos y el sexo de una noche para calentar más el cuerpo que el alma. Conocemos, en definitiva, a un hombre normal.

     Comencé este libro un domingo por la tarde y lo terminé un martes que, como dice el protagonista, son días propicios para terminar cosas. Y en el espacio existente entre esos días me sonreí e incluso me reí unas cuantas veces mientras a ratos me sorprendía pensando eso tan manido de "conozco a gente así". Por supuesto que no leo ante un espejo, no sea que en algún momento levante la vista...
El caso es que tras la literatura del adolescente, del niño que pasa a ser hombre, parecía no existir otra etapa que descarnar cuando todos sabemos que no es así. Y Cid busca otro momento por el que todos pasamos y es el de mirar nuestra vida por primera vez, el de dudar si frenar, ver que todo cambia y que las vidas de los que fueron compañeros infatigables encajan para asentarse en una placidez que nosotros no estamos dispuestos a adoptar o que, como es este caso, nos es retirada al producirse una ruptura. Se queda entonces el protagonista cojo, como viviendo a destiempo y vuelve atrás para recuperar un tiempo que sabe que en realidad no perdió mientras nosotros vemos que lo que le pasa es que se siente solo aunque sea a ratos y que teme que los ratos se alarguen demasiado.
El protagonista elegido es un vendabal con pocos pelos en la lengua que nos gana su simpatía desde las primeras letras con algunas reflexiones que todos hemos compartido. Del periodismo digital al sexo por app, de los viajes a las juergas pasando por esas familias improvisadas que se forman en bares de barrio hasta llegar a enamoramientos más sentidos que consumados, Cid toca todos los temas que podemos vivir en este momento. Hay por supuesto excesos, la propia novela los pide y al lector no solo no lo estorba, además le divierten. Y también hay clichés propios de una comedia protagonizada por un gay que ronda los 40. Pero son de esos que uno piensa que quizás existan por repetición, como ese punto deslenguado que antes comentaba.

     Me he divertido con este libro, aunque siempre he sabido que estaba ante una tragicomedia. Me lo he pasado bien y he apuntado alguna frase que, sin ser propia de literato, es certera para la vida. Para la mía, para la del protagonista y, estoy segura de que también para la de cualquier lector. Y es que comenzaba diciendo que esta novela trata de la vida de un hombre cualquiera y eso es precisamente lo que le da interés. A fin de cuentas, la mayor parte de las vidas distan mucho de ser extraordinarias. Salvo para quienes las protagonizan.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 18 de junio de 2019

Carmilla. Sheridan Le Fanu


     Tenía muchas ganas de una buena edición de este título que uno puede encontrar ya publicado y con extensión variable. Por eso me agradó ver que formaba parte de los ineludibles y por eso, hoy traigo a mi estantería principal, Carmilla.

     Conocemos a Laura, que nos relata lo que le sucedió una noche misteriosa en la que, estando dormida en el castillo en el que vivía con su padre, una mujer se coló en su cuarto tomándola en brazos. Ella sintió algo en el cuello y sin embargo, no pudieron encontrar a ninguna mujer en sus dependencias. El tiempo ha pasado y no solo ha crecido el misterio, también hay una fuerte atracción entre Laura y otra mujer misteriosa, tal vez un vampiro.
   
     Una de las primeras cosas que sorprenden al leer Carmilla, es la cantidad de similitudes que encontramos con historias posteriores. Eso nos indica mirando la fecha, que estamos ante una obra que ha sido tomada como referente por gran parte de la literatura vampírica posterior. Y es que, Carmilla hay que leerlo en su contexto o podemos juzgar su trama de forma injusta, pensando que es predecible cuando en realidad fue precursora. Se habla por ejemplo de romance y erotismo cuando hoy "sabemos" que bien podría ser esa tensión sexual habitual entre vampiro y víctima. No en vano los vampiros siempre han sido los monstruos más eróticos del imaginario, siempre mirando fijamente, elegantes y chupando cuellos.

     El mayor placer de esta extraordinaria narración que bien puede catalogarse como relato, es disfrutar de su magnífica ambientación. Esa novela de época con un amor transgresor y unos personajes que, os aseguro, ya jamás olvidaremos. Los clásicos, cuando hablamos de terror, tienen además un punto de ingenuidad absolutamente enternecedor para el lector aficionado al género. Por eso es tan importante saber contextualizarlos, no esperar miedo, esperar intriga; no buscar grandes misterios con guro y resolución, buscar historias. Y todo eso es Carmilla.

     Carmilla es una historia con una magnífica ambientación que vuelve a colocar al vampiro en el lugar que le corresponde. O que ya lo hizo en su momento, puesto que estamos ante un clásico.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 13 de junio de 2019

Alta fidelidad. Nick Hornby


     "Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza, pérdida".

     Reconozco que la nueva colección que está sacando Anagrama con motivo de su aniversario me está sirviendo para hacerme con algunos libros que ya tenía, pero en una edición mucho más bonita. Y, de paso, releer. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alta fidelidad.

     Conocemos a Rob cuando su relación con Laura acaba de finalizar. Tiene 36 años, una tienda de discos y comparte su afición por la música y por las listas con sus dos empleados y amigos, Dick y Barry. No tarda en enterarse de que Laura ha comenzado a verse con un hombre al que siempre ha odiado y él mismo intenta contactar con sus ex, sin olvidar nunca a Laura.

     Por empezar por el principio diré que hay una magnífica adaptación de este libro, aunque es más lúdica y profundiza menos en el protagonista. Lo cierto es que si uno ve la película, es imposible leer el libro sin John Cusack paseándose por las páginas tarareando alguna canción.

     La historia es la de Rob, un personaje que se muestra con sus defectos, egoísmos e incluso infidelidades para que el lector juzgue sus actos y se adelante incluso a ellos. Con un tono desenfadado que a veces encuentra la sonrisa, el libro arranca con la primera lista: las ex. A partir de ahí vamos asistiendo a sus reflexiones, no siempre maduras, y descubrimientos casi de adolescente en el amor. Todo ello queda salpicado con las conversaciones entre amigos y las listas de películas, malos grupos, canciones para el fin... casi de cualquier cosa, excepto de una y que hizo que me sintiera muy identificada y conectarse con él. A fin de cuentas, yo sería incapaz de citar solo 5 libros como los mejores.
     Es cierto que la frescura que la novela desprende en esa primera parte se va diluyendo hasta perderse en un final que estoy segura no es al gusto de todos. Pero también es cierto que el autor nos lo va dejando entrever y que, sí somos sinceros con nosotros mismos,  es bastante más realista que cualquier otra opción alternativa que hubiéramos podido barajar.

     Los lectores vamos aprendiendo con los años a recopilar lecturas y, sí en la primera no me pasó porque desconocía la historia con la que ahora lo voy a comparar, tengo que reconocer que en esta relectura he pensado en Bridget Jones más de una vez. Me quedo, lo reconozco, con una curiosidad y es el saber si un lector masculino se podría sentir más o menos identificado con Rob.

     Alta fidelidad me ha gustado mucho, ya lo hizo en su día y lo he vuelto a disfrutar. Es una novela entretenida incluso si no se comparten los gustos musicales del protagonista. Ahora me toca volver a ver la película.

     Y vosotros, ¿me decís vuestros cinco libros favoritos?

     Gracias.

martes, 11 de junio de 2019

El montacargas. Frédéric Dard


     "¿Hasta qué edad un hombre se siente huérfano cuando pierde a su madre?"

     Tras la resaca de feria libresca hoy vengo con un librito que he disfrutado por unos cuantos motivos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El montacargas.

     Conocemos a Albert. Estamos en el París de hace 50 o 60 años y Albert acaba de salir de pasar 6 años en prisión. Regresa al barrio que lo vio crecer y que ha cambiado de forma perceptible, y a la casa de su infancia, ahora vacía tras la muerte de su madre. Es Nochebuena y se siente nostálgico, vacío y desubicado, así que decide dar un paseo. Así es como su destino se cruza con el de la señora Dravet y su hija Lucienne. Media familia que él anhela y a la que se acerca sin saber que pueden ser su perdición. A fin de cuentas también pueden aparecer cadáveres en Nochebuena. Y Albert es culpable del crimen que le llevó a prisión.

     Los que disfrutamos con los misterios de las novelas policíacas a veces tenemos ataques de nostalgia. Nos gusta recordar los juegos de aquellas novelas de callejones oscuros, copas de coñac y femmes de esas que decimos fatales. Por eso El montacargas ha resultado una lectura perfecta. Contiene todos los elementos clásicos que se articulan en torno a un cadáver y un f fantástico juego que ya comienza el en título. No hacen falta muchas páginas para dibujar apenas un puñado de personajes que actúan según los hilos que mueve Dard para ir dejando pistas a un lector cada vez menos despistado que se regocija en el último giro que va mucho más allá del descubrimiento "pastel".
     
     Me he sentido un poco como aquel lector aún adolescente que tropieza con novelas negras llenas de juegos cuyo truco hay que descubrir para ganarle la mano al autor del libro. Y me ha gustado, tanto por lo limpio del juego, de una simplicidad maravillosa en estos tiempos de tramas con piruetas imposibles que buscan únicamente la sorpresa del lector, como por el regusto nostálgico que he descubierto en cada una de las letras de esta novela. Me he permitido incluso una corriente de simpatía hacia el protagonista, Albert, pese a que su vida no se caracteriza precisamente por la virtud. Pero a veces es difícil resistirse a según qué tipo de personajes y tramas y yo reconozco haber caído rendida a los pies de esta novelita. De hecho, tras leerla me he informado sobre el autor y he descubierto que su obra es, cuanto menos, considerable, así que repetiré. Posiblemente una y otra vez.

     El montacargas es una novela corta de misterio que hará las delicias de los aficionados al género pero que, además, disfrutará cualquier lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 3 de junio de 2019

Feria del Libro


     No todas las Ferias del Libro coinciden en las mismas fechas, pero unas cuantas son ahora. Y yo, que me paso los días recomendando lecturas, he decidido que esta semana cierro y os dejo que me las recomendéis a mi. Así podré llevar vuestros títulos anotados de Feria en Feria.

     Gracias.

Pd: Mis andanzas de feria estarán en twitter e instagram.

lunes, 27 de mayo de 2019

13. Steve Cavanagh


     "Eran las cinco y diez de una cruda tarde de diciembre. Joshua Kane estaba tumbado sobre un lecho de cartón delante del edificio de los juzgados de lo Penal de Manhattan. Estaba pensando en matar a un hombre. No a cualquier hombre. A alguien concreto".

     Esta vez he buscado una novela que parta de una premisa diferente. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, 13.

     Conocemos a Kane, asesino. Algo hace que quiera estar de jurado en un caso mediático aunque para ello tenga que manipular la elección del jurado. Como es un asesino, su manipulación consistirá en matar a uno de los preseleccionados y colarse en su lugar en la selección hasta lograr ser un miembro en el juicio.
     Conocemos a Flynn, abogado, investigador. Es contratado en un caso mediático en el que un actor famoso ha sido acusado de asesinar a su mujer. El abogado del actor cree en la inocencia de su cliente y contrata a Flynn porque sabe que no tiene reparos en defender aquello en lo que cree sin importar los problemas que pueda ocasionarle.

     El asesino no está en el banquillo de los acusados, reza el subtítulo de esta novela. De este modo, el autor del libro sustituye el habitual misterio, que es adivinar el asesino, por la tensión que supone para el lector espectador asistir a la trama sin saber si los protagonistas llegarán a descubrirlo.
La novela, narrada en las dos voces que he señalado antes y además diferenciándolas claramente ya que una es en primera persona y otra en tercera, está escrita con la claridad suficiente como para que el lector jamás se pierda.
La trama parte de una premisa diferente y la posibilidad de que un asesino se infiltre tiene el tirón suficiente como para que nos apetezca seguir leyendo, siendo esta la voz que más me ha gustado a mi. Esto no es ni bueno ni malo, ya que las novelas a doble voz o doble historia tienden a dividir a los lectores entre los partidarios de una u otra.
Es cierto que a veces el autor nos pide esos pequeños saltos de fe en los que el maquillaje obra milagros exagerados y la dolencia adecuada convierte en perfecta a la persona idónea, pero somos consciente de que leemos un libro que busca entretener y tampoco nos vamos a parar a hacernos demasiadas preguntas.

       Quizás el gran acierto de la historia es el dejar al lector creerse el más listo, ya que tiene en su poder las dos versiones encontradas de quienes no sabemos en un primer momento cómo van a terminar. Esto hace que los aficionados al género y a las conjeturas, disfruten más de una historia que opta por no hacer trampas, pero si dar un par de lecciones de esas que no ves venir porque además vienen de la mano de personajes que acaban por resultarte casi familiares.

     13 me ha parecido una novela entretenida, de esas que son fácilmente llevables a la pequeña pantalla y con las que podemos pasar un par de tardes si pensar en nada. Y eso, hoy en día, ya es mucho.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

   

jueves, 23 de mayo de 2019

Confesión de un asesino. Joseph Roth


     "Hace algunos años, vivía en la Rue des Quatre Vents. Frente a mis ventanas estaba el restaurante ruso Tari-Bari. Solía ir a menudo a comer allí. Era posible tomar a cualquier hora del día una sopa de remolacha, pescado asado y estofado de ternera".

     A veces uno tiene la suerte de entrar en una librería y salir con la promesa de un tesoro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Confesión de un asesino.

     Un narrador nos relata su paso por un restaurante que existía frente a su casa, el Tari-Bari. Allí pasaba ratos en silencio, entre rusos, fingiendo no entender, hasta que una tarde caso noche escuchó la siguiente frase: "¿Por qué estará hoy tan sombrío nuestro asesino?". No pudo evitar girarse descubriendo que había comprendido perfectamente la frase, ya que fue dicha en ruso, y observar a un rubio silencioso con el que apenas cruzaba una mirada y un saludo mudo, porque esa frase se refería a él. En ese momento, el hombre rubio da muestras de saber más de lo que parece sobre nuestro narrador y el bar, cerrando puertas y colocando sillas, se convierte esa noche en el lugar de una improvisada conversación. Golubtschnik, que así se llama el asesino, decide relatar su historia.

      Cuantísimo me gusta Joseph Roth... es cierto que hubiera podido poner Roth simplemente sin faltar a la verdad, ya que tanto Josep como Philip son escritores de cabecera para mi, pero en este caso quería hacer énfasis en el primero que es, curiosamente, un desconocido para muchos lectores que no se han acercado aún a sus letras. en mi caso lo conocí con La leyenda del santo bebedor y, poco a poco, me he ido haciendo con su obra. Incluso su correspondencia con Zweig pese a lo que opino sobre publicar la correspondencia ajena. Y fue precisamente por referencias que supe de la existencia de esta novela que ha caido en mis manos finalmente.

     Publicada bajo el título original Confesión de un asesino, contada en una noche, esta novela corta es conocida como la novela rusa de Roth. Y no solo porque su historia esté ligada a esa nacionalidad, o incluso los escenarios, no. Es el tono y el ritmo el que nos dan pie a usar esa denominación para una novela que no hubiera sido lo mismo con un narrador diferente, menos solemne, menos educado, como un burgués del viejo San Petersburgo. Eso hace que el ritmo tenga una cadencia con regusto a clásico que invita a seguir leyendo con la sensación casi de estar escuchando sentado en una silla, ante una jarra de aguardiente, la confesión de nuestro asesino.
Resulta curioso además, como en un libro tan corto, puede condensarse tanta vida. y es que nuestro protagonista es hijo ilegítimo con afán principesco y pasiones desmedidas por una mujer, Lutecia. Un hombre que perteneció a la Orjana y que acabó siendo conocido en un bar de París como nuestro asesino. Porque sí, eso también lo relatará. Una novela que bien puede encajar como literatura de entreguerras, en la que se habla de muerte, de venganza y sangre, conciencia y de castigo que tiene momentos para la sonrisa; no en vano su protagonista que es alto y fuerte lleva por nombre "palomita", y bien es cierto, descubrimos, que jamás hubo un nombre peor elegido. Ahora que lo pienso, pocas sonrisas hay, es un libro que en realidad se mueve entre tinieblas, como el alma humana. O como la penumbra del bar en el que el protagonista relata su historia.

     Confesión de un asesino es una obra maestra. Y ante eso lo único que puedo añadir es que hay varias ediciones por distintas editoriales. Yo he comprado la de la foto.

     Y vosotros, ¿sois lectores de novela rusa?

     Gracias.

martes, 21 de mayo de 2019

Circe. Madeline Miller


     "Cuando nací, el nombre para lo que yo era no existía".

     Conocí este libro gracias a las redes y a las opiniones de otros lectores. Ya había tenido contacto con la obra de Miller, pero no sabía que hubiera publicado otro libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Circe.

     Conocemos a Circe.

     Conocí a Miller con La canción de Aquiles, una novela que me resultó desconcertante pese a gustarme y que me dejó, lo confieso, con ganas de más de la autora. Así que cuando vi Circe tuve claro que lo iba a leer. Y así conocí a circe en esta novela con tono casi de epopeya que Miller escribe en primera persona. Circe, siempre secundaria de la mitología y nunca protagonista que ha encontrado en  la pluma de Miller a quien de voz a esta mujer que tuvo la desgracia de parecer normal en el seno de una familia de dioses. Circe fue repudiada, pero era inmortal; no tenía poderes, pero si quería aprender. A fin de cuentas, cuando vives entre dioses, ¿a qué puede temer un Dios si no es a un poder que está por encima de él? Y así acompañaremos a Circe durante milenios en una historia que humaniza a los dioses y héroes, en la que la veremos convertirse en bruja y por la que pasarán todos aquellos nombres que un día estudiamos en el lugar de esta mujer.
Miller da un halo casi lírico a sus descripciones, y no teme un comienzo lento que permita entrar en situación a aquellos que no sean aficionados a la mitología, sabe que pisa sobre seguro, que acabaremos comprendiendo lo que siente. Sitúa además a la mujer en la mitología justo en el lugar en el que siempre se la colocó y tampoco suaviza las escenas violentas.
Por si alguien se pregunta como narras una vida milenaria cuando la protagonista vive en el exilio sin aburrir, os tranquilizo: Miller lleva el pulso casi constante en un goteo de situaciones que llenan los tiempos vacíos hasta convertirlos inexistentes. Aquí están Odiseo y Medea, Atenea y Dédalo, están todos en realidad, solo que ahora ellos son los secundarios y Miller arroja sobre la historia una luz diferente. Femenina, sí, pero sin distorsionar por ello los mitos, sin introducir cambios buscando reivindicaciones.

     Circe es una gran novela por muchas razones, pero quizás lo que más sobresale es la temática. Uno estudia un día sobre Grecia y luego quedan esos conocimientos relegados al olvido. Las novelas no recuperan a este tipo de personajes, la novela histórica no llega tan atrás, últimamente parecen no interesar. Y por eso se agradecen las voces como Miller que deciden reescribir una historia ya conocida y seguir manteniendo el interés del lector y el suspense dando la voz a un personaje poseedor de tanta fortaleza.

     En definitiva Circe es una gran novela, de mis mejores lecturas en lo que va de año.

     Y vosotros, ¿cuál es el mejor libro que habéis leído en lo que va de año?

     Gracias.

lunes, 20 de mayo de 2019

La desaparición de Annie Thorne. C. J. Tudor


     "Incluso antes de entrar en la casita, Gary sabe que algo no va bien.    
     Es el olor empalagoso que sale por la puerta abierta, las moscas que revolotean en el calor pegajoso del recibidor. Por si esto no fuera indicio suficiente de que algo horrible ha ocurrido en esa casa, horrible en el peor sentido posible, el silencio lo confirma. 
     Hay un elegante Fiat blanco aparcado en el camino de acceso, una bicicleta apoyada frente a la puerta principal y unas botas de goma tiradas justo al otro lado del umbral. El hogar de una familia. Incluso cuando el hogar de una familia está vacío, quedan en él ecos de vida. No es normal que se irradie una sensación opresiva y siniestra bajo un asfixiante manto de silencio, como en aquella casa".

     Tras El hombre de tiza Tenía curiosidad por saber qué línea elegiría Tudor en su siguiente novela. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La desaparición de Annie Thorne.

     Conocemos a Joe Thorne cuando regresa a su pueblo natal, Arnhill. Es un hombre adulto que lleva la tragedia de lo sucedido en su juventud marcando sus pasos. Siendo adolescente su hermana Anne desapareció durante dos días pero, a su regreso, no era la misma niña. De hecho no era Anne en absoluto. Ahora ha recibido un mensaje en el que le dicen que lo que le sucedió a su hermana está volviendo a suceder en Arnhill. Y Joe ha vuelto.

     Leí El hombre de tiza con la esperanza de haber encontrado un sustituto de aquellas novelas ochenteras de King. No fue así. Pero si El Rey ya no es el mis, ¿por qué iban a serlo quienes siguen su estela? De hecho, a partir de una determinada página tuve bastante claro a qué libro rendía homenaje en esta ocasión Tudor, solo que no puedo decirlo sin destriparos el final. Lo que si puedo adelantaros es que una comunidad pequeña, jóvenes adolescentes, matones, parias y trazos oscuros marcan esta historia tanto, que bien  podría haberse ambientado en Maine.

     Podría dividir la novela de Tudor en dos partes diferenciadas, y no son el Antes y el Ahora, pese a que la novela al moverse en el recuerdo, se sitúa a caballo entre dos lineas temporales. Las partes que yo distingo son la construcción de un thriller tal y como promete la presentación que se está haciendo de la novela, y una segunda parte con una incursión sobrenatural. Y, si tengo que ser sincera, me ha gustado más la primera. Tudor nos da un retrato estupendo de una comunidad y de quienes la integran, ya sea en el pasado con los conflictos mineros, o en la actualidad, rozando ese tema tan habitual que es el acoso escolar, para mostrar que muchas veces no se le presta la atención deseada. Sin embargo en la segunda parte, Tudor peca de cautela, tal vez temiendo perder a los lectores cuyos pies están firmemente afianzados en el realismo, y no termina de adentrarse lo suficiente en el tema como para darle la sostenibilidad necesaria a muchas de las situaciones que plantea. Y es que lo sobrenatural no sirve con nombrarlo, también hay que explicarlo para que el lector de ese necesario salto de fe. Y, sobre todo, hay que cuidar a los personajes que lo rodean, ya que en este caso he tenido la sensación de que todo el mundo se encogía de hombros aceptando cualquier cosa que pudiera suceder. Ha sido eso lo que ha provocado un descreimiento en la historia que me ha acompañado hasta las últimas páginas, empañando la primera buena impresión que había tenido. No es suficiente con inventarse una historia y escribirla, hay que construirle un armazón para que se sostenga y, en mi opinión, esa es la parte en la que esta novela hace aguas. Me pensaré si darle otra oportunidad.

     La desaparición de Annie Thorne ha resultado una novela insuficiente pese a que prometía ser una lectura entretenida.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Totalidad sexual del cosmos. Juan Bonilla


     "Tiene los ojos grandes, de un verde felino, el pelo es una hoguera. Es como si o fuera iluminando todo a su paso, como si el mundo se encendiese al calor de su mirada. Se llama Carmen pero no se reconoce en el sonido de su nombre".

     Hay libros que te atraen desde la primera vez que sabes de su existencia. Eso me sucedió con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Totalidad sexual del cosmos.

     Conocemos a Carmen Mondragón, hija del general Manuel Mondragón, y seguimos su vida, su evolución como mujer, como artista. Sus amores, amantes, familia y escándalos y, por supuesto, su obra, ya sea como Mondragón o como Nahui Olin.

     Esta novela sigue la vida de Carmen Mondragón, que era para mi desconocida incluso en su alter ego Nahui Olin. Para ello el autor la divide en tres partes, y uno pensaría que son infancia, juventud y senectud, pero no es exactamente así. La última parte, en un ejercicio de virtuosismo y originalidad, cuenta la fascinación del supuesto narrador por la mujer sobre la que investiga y escribe.

     Ahora es una niña de ocho años.
     Una niña de una familia pudiente que no se encuentra a sí misma, una joven que crece y siente que su interior está a punto de desbordarse. Una potrilla que se acerca a barrios de mala fama, alumna que escribe cartas y niña de papá. No quiere vivir bajo la autoridad de un hombre y sin embargo.. papá, papá, papá... familia, sentimientos, desgracias.

     Ahora es una nueva melodía inaudita.
     Avanza su vida, se sigue buscando. Los sentimientos bullen y se desbordan y aparece Nahui. Escándalos, lujuria, pinturas, poemas, arte... Seguimos su ascenso, su mito, la búsqueda de la felicidad.

     Ahora es una apestada, claro.
     Su caída, su redescubrimiento de la mano de un narrador que se siente fascinado por una mirada felina que jamás llegó a posarse en él. Conocemos también al narrador.

     Totalidad sexual del cosmos es el título de un poema de Nahui, de Carmen, y también es una novela con una redacción casi lírica, una sonoridad musical que nos hace pensar en cuentos y cenicientas de la vida real. Bonilla nos lleva de la mano a conocer la vida de una mujer increíble para desmarcarse con una tercera parte brillante que hace de esta novela una lectura muy especial. Por si no se nota, me ha gustado. Aunque no conociera a Carmen, ni sus pinturas ni sus poemas.
Qué duda cabe de que estamos ante un gran libro, y tampoco sabría deciros si es más biografía o novela.

     Y vosotros, ¿sois lectores de biografías?

     Gracias.

   

martes, 14 de mayo de 2019

La quinta víctima. J. D. Barker


     "Oscuridad.
     Se arremolinaba a su alrededor, profunda y espesa, y devoraba la luz sin dejar nada salvo un vacío impenetrable. una neblina le estrangulaba el pensamiento; las palabras intentaban juntarse, trataban de formar una frase coherente, encontrar un sentido, pero en cuanto parecía que iban a tocarse, algo se las tragaba y desaparecían sustituidas por una sensación de miedo cada vez mayor, una sensación de pesadez: su cuerpo se hundía en las turbias profundidades de unas aguas olvidadas mucho tiempo atrás".

     El cuarto mono hizo que todos los ojos se posaran sobre Barker y no pocos estábamos esperando con cierta curiosidad la continuación de la saga. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La quinta víctima.

     Si no has leído El cuarto mono, deberías de parar tu lectura aquí, ya que este libro enlaza de forma directa con el anterior.

     Hace ya unos meses de la desaparición de Bishop y el FBI ha retirado del caso a Porter y su equipo. Ahora se enfrentarán a la muerte de una joven desaparecida hace tres semanas y cuya puesta en escena es tan rebuscada como impecable. Apenas ha comenzado la investigación, la ropa que la joven lleva puesta les da a entender que no va a ser una víctima aislada y la prensa no tarda en preguntarse si estas muertes están relacionadas con aquellas que sacudieron el país y cuyo autor fue apodado El cuarto mono. Porter y su equipo se enfrentan a esta investigación mientras que el primero sigue empeñado en capturar a Bishop, que escapó en el último momento, y esa obsesión le lleva a la suspensión en mitad del caso.

     Como decía en el aviso, este libro enlaza directamente con la primera parte de la saga ya que, pese a que ha pasado el tiempo, nos muestra a un Porter marcado por los sucesos de aquella época y obsesionado con la figura de Anton Bishop. No solo eso, sino que durante la lectura veremos desvelados cada uno de los pormenores de la trama de la anterior novela, ya que serán necesarios para situar al lector y también para dar pie a que conozcamos más íntimamente a los protagonistas.
En esta ocasión además el autor ha optado por repartir el protagonismo con algunos compañeros de Porter, dándoles más páginas al repartir la novela entre la investigación del equipo y la que lleva el propio Porter junto a una mujer que el destino pone en su camino.
     Ya en la anterior entrega protesté de la falta de realismo de algunas escenas y esa sensación se ha acrecentado esta vez, solo que Barker parece haber hecho de ello uno de los méritos de la historia al no dar tiempo a que el lector se plantee más dudas que las necesarias para seguir avanzando. La novela, que comienza como un thriller al uso, va ganando velocidad a medida que comprendemos que ambos hilos argumentales están conectados y esperamos la entrada triunfal del malvado de la historia: Anton Bishop. Ya le conocemos, sabemos de sus manías y también de la necesaria implicación de lazos personales y familiares en cada víctima, y por eso seguiremos casi sin respirar los avances de la policía deseando que esta vez el final sea un poco más satisfactorio que el de la primera parte.
     A ese respecto lo único que puedo decir es que el autor ya tiene una tercera entrega planeada. Y, respecto al final de la primera parte, confieso que el autor no ha sabido darme la satisfacción que esperaba.

     La quinta víctima me ha parecido una novela entretenida que hubiera ganado mucho en el caso de publicarse en su conjunto ya que los cortes que se realizan al final de las historias consiguen desmerecer el hilo conductor que recorre las novelas.

     Y vosotros, ¿sois lectores de sagas cortas a medida que salen o preferís esperar a su completa publicación?

     Gracias.

lunes, 13 de mayo de 2019

Un matrimonio perfecto. Paul Pen


     "La mujer apareció con el agua. Luis la vio doblar la esquina de la calle en el mismo momento en que empezó a llover, cuando las gotas resultaron visibles en el halo brillante de las farolas".

     Hay escritores que entretienen, sin más intención. Y también buscamos sus novelas porque la literatura tiene hueco para todo y para todos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un matrimonio perfecto.

     Conocemos al matrimonio formado por Frank y Grace, una pareja que, si bien acusa levemente la rutina del paso del tiempo, lleva una vida de clase media alta y forma lo que muchos llamarían la familia perfecta junto a sus dos hijos. Cuando los conocemos buscan salir de una mala racha que ha hecho que toquen fondo al perder un ojo su hijo pequeño Simon. Es por eso que deciden mudarse para empezar de cero y emprenden un viaje familiar en autocaravana hacia su nuevo destino. En el camino, sufrirán un accidente al atropellar a una misteriosa chica que parece dispuesta a no dejarles marchar tan fácilmente.

     Parece que hemos pasado de un tiempo a esta parte, de la moda del muerto en la primera página, a la moda del primer capítulo desconcertante, y justo así es como empieza la novela. Con una entrada con un cierto impacto que uno deja ahí descolgada en el olvido hasta bien avanzada la novela. Por lo demás, la historia es sencilla y lineal, en la que al más puro estilo cinematográfico protagonizado por una loca, nos va desvelando los secretos que esconden los protagonistas. La aparición de una joven es el detonante de una historia que se va enrevesando al más puro estilo telefilme para que el lector se vaya dejando llevar por sus protagonistas sin preguntarse demasiado por qué suceden las cosas.
    De acción  rápida y ambientación escasa, muchas veces, como en el caso de la hija adolescente basada en citar series o personajes de Netflix (no en vano el autor tiene entre manos un guión para dicho canal), la novela transcurre sin complicaciones para nosotros, que no para el protagonista de esta historia. A mi modo de ver quizás a Pen se le haya ido un poco la mano en su parte final ya que no hace falta cargar tanto las tintas para cerrar una historia a no ser que uno no tenga miedo a perder pie con la realidad, pero se le perdona fácilmente ya que todos sabemos desde la primera página, que estamos ante un fast food literario.

     Un matrimonio perfecto es una novela entretenida pensada para hacernos disfrutar un par de tardes sin complicarnos demasiado. No pasará a la historia de la literatura, pero tampoco creo que esa fuera la intención de su autor.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Secretos. Jerónimo Tristante


     "La hermana Beatriz corre a lo largo del oscuro pasillo. Al fondo, una grieta que arroja luz le marca el camino hacia la cocina. Entra a toda prisa y baja el interruptor".

     Los premios me atraen, lo reconozco. Unas veces me gustan y otras no, pero termino por acudir a ellos, máxime si, como es el caso, ya conozco las letras del ganador. Hoy traigo a mi estatería virtual, Secretos.

     Nos trasladamos a Los cipreses, una urbanización de nivel medio/alto de Murcia. Allí vive Ana, abogada, junto a su marido Javier y sus dos hijas. Es un vecindario perfecto con setos iguales, coches limpios y vecinos sonrientes en el que parecen no entrar las miserias diarias de las calles comunes. Entonces llega una nueva vecina llamada Helen y, como si fuera portadora de algún viento nocivo, las cosas en Los cipreses empiezan a complicarse.

     Desde Salem's Lot hasta Mujeres desesperadas pasando por Personal Vacancy, las historias de pueblos o vecindarios reducidos ya sean pueblos o urbanizaciones, han sido algo habitual en literatura y televisión. Los cotilleos, las apariencias y las camas son una fuente de entretenimiento tan habitual, que incluso en la vida real llenan parrillas televisivas y ese parece ser el camino elegido por Tristante, al que yo conocía por sus estupendas novelas protagonizadas por Víctor Ross.

     En esta ocasión y tras un desconcertante primer capítulo que despertó mi interés, Tristante se queda en 2015 para contarnos la vida de un vecindario y cómo se ve alterado por la llegada de una vecina. La novela asume el papel critico contra las apariencias y coloca a un personaje malvado que se dedica a destapar los fingimientos vecinales sin convertirla por ello en heroína. Es más, ya en las primeras páginas la coloca disfrazada y hace que se autodefina como malvada. De hecho, Tristante simplifica la trama hasta convertirla en una suerte de comadreo vecinal orquestado con algún motivo concreto que el lector no alcanza a adivinar, casi ni al terminar el libro. No significa esto que no lo explique, pero explicar algo no significa que sea suficiente o válido y en esta novela he encontrado muchos puntos que me pedían no plantearme los motivos y seguir adelante. Los personajes, desprovistos de complejidades, se dejan manejar por el escritor y por el narrador, por otros personajes y casi por cualquiera que hable con ellos, consiguiendo que nos planteemos si no estamos en un patio escolar y no en una zona residencial. La homogeneidad en la narración ya sea en los tonos o en las apreciaciones del narrador que a veces parecen salidas de la boca del personaje que estuviera hablando en ese momento, confieren a la obra un tono de teleserie que es imposible de obviar para el lector. De hecho, si tuviera que describir esta novela en una sola palabra, esta sería superficial.
     El libro busca la lectura ágil, el entretenimiento fácil, y cierto es que toca muchos temas, no se para un momento en descripciones y no complica la vida al lector, pero, en mi caso, me he quedado con la sensación de parloteo. Sinceramente, esperaba más. Secretos se ha quedado muy corta.

     Comenzaba hoy hablando de los premios literarios y de la poca garantía que suponen para el lector a la hora de elegir su próxima lectura. De hecho no hay más que echar un vistazo a la lista de los otorgados en lo que va de año para comprender estas dudas. Y vosotros, ¿os fijáis de los premios literarios como para elegir lecturas en función a ellos?

    Gracias.

lunes, 6 de mayo de 2019

La única historia. Julian Barnes


     “¿Preferirías amar más y sufrir o amar menos y sufrir? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión”. 

     Hay escritores que alcanzan una voz propia consiguiendo que todos sus libros formen parte de un mismo universo, algunos incluso son capaces de lograr esto cuando su voz es privada y se desnuda. Eso le sucede al escritor de cuyo libro os hablo hoy. Hoy traigo a mi estantería virtual, La única historia.

     Conocemos a Paul, un hombre ya entrado en años que rememora su primera y gran historia de amor con Susan, una mujer casada. Él con 19 años y ella con 52.

     Barnes decide hablar en este su último libro de amor. Y lo hace en una novela aparentemente sencilla e íntima en la que va de la primera persona con la que comienza, hasta la tercera con la que finaliza. Así de voluble es su narrador y, por lo tanto, así de fiable es también cuando se recuerda a sí mismo. Paul recuerda como allá por los años sesenta entró a un club de alto nivel social, a modo de prueba antes de ser admitido, por supuesto, y levantó comentarios por su juventud y aspecto. Recuerda también como allí conoció a Susan, casada y con dos hijas universitarias, y comenzaron una relación. No parece recordar o actúa como si no hubiera sucedido, los incesantes cotilleos que este tipo de relaciones provocan en esos clubes, sobre todo si el joven en cuestión se pasa la vida con la mujer casada y se cuela en su casa de forma habitual. Y este olvido selectivo será la primera muestra del cinismo de Paul, que se hará cada vez más patente en una historia que no tarda en ser protagonizada por Susan. Paul no se justifica, aunque de forma velada jamás deja de hacerlo, recurriendo incluso al tribunal del amor en algún momento. Nos cuenta que era joven y torpe y que ni siquiera se fijaba en la diferencia de edad o en si estaba mal moralmente lo que hacía para, unas líneas después, salpicar una anécdota con algún comentario ingenioso suyo y alabar la mala leche que tuvo en el mismo. Y es que, debajo de la primera capa de esta novela, está la verdadera historia. La historia de una generación joven que se creía más lista y mejor que la de sus mayores, Paul crítica a Gordon, marido, cornudo consentido, mandamás casero y gallo de espolón viejo que parece contentarse con mantener lo último mientras su supuesta figura de padre de familia respetable se erosiona ante cada recuerdo de Paul  y cada palabra de Susan.

      Paul vende su inocencia a fuego, y casi en cada palabra suya descubrimos la inocencia de Susan, una mujer que mantiene una vida porque es la que tiene que llevar, mientras se deja ser ella misma a ratos cada vez más grandes. Jamás llegamos a sufrir por Paul, y tal vez tampoco por Susan pero apreciamos sus torpes gestos y también la torpeza y ternura en su relación con Paul mientras nos preguntamos si no pertenece a esa generación de mujeres tan acostumbradas a hacer lo que se espera de ellas, qué fingen hasta sus propios amantes. Y es que, al final, supongo que nada llega a ser totalmente sincero en una novela cuya carga irónica se viste de palabras suaves, sin dejar de ser por ello letal. Paul sigue resentido contra el marido, contra la generación de sus propios padres, contra aquella época y parece no darse cuenta de ello mientras sigue empeñado en su recuerdo, en mostrarse como el nuevo gallo del corral que aparta a las viejas glorias.

     Supongo que esa es la intención de Barnes en la novela, hacernos pensar y dejarnos libres para juzgar una historia de amor imperfecta narrada por un hombre desafiado que mira atrás. La historia de cualquier lector que mire atrás, la tuya propia, la mía, la del escritor. Y por eso, La única historia es una magnífica novela llena de frases hermosas y reflexiones eternas. Hay escritores capaces de poner algo que no sabías que creías en un puñado de palabras, consiguiendo que esa frase se te clavé en la memoria como una astilla imposible de sacar. No hay muchos, pero existen. Uno de ellos, es Julian Barnes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 26 de abril de 2019

El intercambio. Rebecca Fleet


     "La llave se desliza y gira en la cerradura, suave y resbaladiza como un pececillo de plata. Anoche, en la cama, con la mente absorta en las sombras oscilantes de las ramas que arañaban la ventana y anticipando este momento, pensé que me resultaría más difícil. Imaginé crujidos metálicos. Una resistencia chirriante. Después de todo lo que me ha traído aquí, me da la sensación de que debería hacérseme más cuesta arriba. Pero es fácil..., casi un anticlímax. Una cáscara de huevo que se quiebra en la mano y se desecha".

     A los libros piscineros les pido dos cosas: que me entretengan y que no me dejen a medias con un final inventado. Sabido esto, en vacaciones suelo elegir uno para esos días en que se cierra el "quiosco de pensar". Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El intercambio.

      Carolina y Francis son un matrimonio frágil. Él se recupera de una adicción a narcóticos y ella de una aventura con un compañero de trabajo. Intentando recoger los restos de lo que fuera su vida en común aceptan un intercambio de casa durante una semana. Sin embargo, Carolina pronto comienza a sentirse inquieta por la casa a la que ha llegado y, peor aún, por la persona que durante esta semana se encuentra durmiendo en su hogar.

     De un tiempo a esta tarde estoy cogiendo había al término doméstica no ir que parece unir la novela romántica más básica que uno pudiera imaginar con el crimen más simple que un escritor pudiera concebir. En este caso, y para no romper la norma, tenemos un triángulo amoroso en el que el marido provoca que la infeliz esposa busque consuelo en otros brazos que la vuelvan a hacer sentir viva. Y si lo digo en este tono, casi cansado, es porque es demasiado habitual, tanto como que el imaginario común haga pasar el sexo superexcitante para un ama de casa por una suerte de juego dominante en el que ella tenga que pedir por favor que se la follen. Lo siento, pero la vida no es así, y los lectores podemos terminar cansados de tanto cliché. En este caso el argumento pasa por un intercambio de casas en una web casi seguro que pirata, ya que nadie parece asegurar ni comprobar nada y todo acaba siendo una suerte de trato en un callejón para poder ir de vacaciones gratis. Y claro, pasa lo que pasa, que las cosas se complican y los secretos brotan haciendo que la pobre Carolina las pase canutas ella solita, no vaya a ser que se lo cuente a Francis, contra el que siempre se esgrimirá lo que fue al más puro estilo "todo lo que viva podrá y será utilizado en su contra ante el lector".

     Visto esto, la novela podría resultar entretenida, pero los fallos de ritmo y la falta de profundidad de los personajes han provocado que me aburra a grandes ratos salvando su lectura una prosa sencilla que no requiere esfuerzo alguno para el lector. En cuanto al final, supongo que lo que mejor se ajusta es "manso", lo cual se adapta al tono general de una novela que, lo lamento mucho, no puedo comprender que alguien cite como trepidante.

     El intercambio ha sido una lectura, para mi, decepcionante que ha discurrido entre lágrimas y calentones y me ha recordado a los telefilmes de sobremesa de ciertos canales. Sin embargo, esta es sólo la opinión de una lectora, y cada libro tiene su público.

     Y vosotros, ¿acudís a libros piscineros en vacaciones?

    Gracias.

miércoles, 24 de abril de 2019

Esta bruma insensata. Enrique Vila-Matas


     "Había llegado a ser un artista citador gracias precisamente a que de muy joven no lograba avanzar como lector más allá de la primera línea de los libros que me disponía a leer. La causa de tanto tropiezo estaba en que las primeras frases de las novelas o ensayos que trataba de abordar se abrían para mí a demasiadas interpretaciones distintas, lo que me impedía, dada la exuberante abundancia de sentidos, seguir leyendo. Aquellos atascos, que por suerte empecé a perder de vista hacia los dieciocho años, fueron seguramente la base de mi posterior afición a acumular citas, cuantas más mejor, una necesidad absoluta de absorber, de reunir todas las frases del mundo, un ansia incontenible de devorar cuanto se pusiera a mi alcance, de apoderarme de todo lo que, en momentos de bonanza lectora, viera yo que podía ser mío".

      Y si voy a hablar de escritores a los que sigo la pista, no puede faltar el gran Vila-Matas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Esta bruma insensata.

     Conocemos a Simón Schneider, de profesión escritor frustrado, hermano a la sombra del éxito literario de Rainer, y recolector de citas. Si el primero vive aislado, el segundo se oculta del mundo, al menos hasta que Rainer le anuncia a Simón que se encontrarán en Barcelona. Todo ello en octubre de 2017.

     Parece difícil hablar de la obra de Vila-Matas sin caer en la tentación de imitarlo o, al menos, de demostrar que uno está a la altura de lo leído y cuajar la opinión de citas y referencias a otros escritores. Y es que hace mucho, desde siempre, que la obra de Vila-Matas versa sobre la literatura, o se entreteje con ella hasta adueñarse del concepto metaliterario como jamás lo hizo escritor alguno. Ya sus personajes tienden a ser devotos practicantes de la fe o del ateísmo literario, como en este caso lo son el par de hermanos protagonistas. Uno, el desconocido, el que al igual que el autor del libro recopila citas, cree en la literatura, se esfuerza, se frustra y la vive. El otro, una suerte de Pynchon importado que alimenta su fama de escritor a base de esconderse del mundo, es un ateo convencido que usa lo que tiene más a manopara construir sus veloces novelas. Y así, entre uno y otro, Vila-Matas opta por ambientar su historia en un fin de semana que todos recordaremos en la ciudad de Barcelona. Y donde siempre se dice que las fechas señaladas pueden comerse a una novela, Vila-Matas parece usarlo para mostrar que lo que allí sucedió realmente no llegó a suceder o que al menos no fue para tanto.
     Ahora que lo pienso tal vez sea esa la bruma insensata a la que se refiere Vila-Matas en el título de su novela, la de la realidad y la situación política. O quizás eso sea darle muchas vueltas y la bruma sea la de la vida del escritor que de un modo u otro siempre vive de algún modo aislado de la realidad al percibir el mundo desde su naturaleza de creación literaria en potencia.

     Entonces, ¿de qué trata exactamente el libro? Simón nos cuenta desde el futuro lo sucedido tiempo atrás, rememorando aquel último encuentro con su distante y esquivo hermano. Un momento que esperaremos ansiosos mientras las reflexiones sobre casi todo forman parte del armazón literario de esta tremenda novela. Incluiremos que aquí son todos Vila-Matas y sonreiremos ante la nada velada crítica al formalismo de la desaparición como método para estar más presente que nunca. ¡Qué se le digan a Salinger o Pynchon! Y seremos testigos de la lucha de Simón por conseguir escribir a quien el propio autor no concede un respiro salvo para mantenerlo con vida ya que, sí estáis pensando en un final feliz basado en que, al ser el narrador de la novela, en una suerte de justicia poética ya está escribiendo un libro, es que habéis leído poco a Vila-Matas: el hermano famoso ya trataba en su obra la autoficción.

     Esta bruma insensata es una nueva muestra de que Vila-Matas vive en un universo propio del que nos hace partícipes en cada obra. Una vuelta a la metaliteratura más pura y casi un duelo entre las formas de concebirla. No es una novela al uso ni requiere de amores o muertes, pero precisamente por ello, alimenta al lector. Dicho esto sólo me queda recomendaros que descubráis, si no lo habéis hecho ya, el inmenso placer que supone leer a Vila-Matas.

     Ayer fue el Día del Libro, ¿Qué os llevásteis a casa?

     Gracias.

lunes, 22 de abril de 2019

La fuente de los siete valles. Félix G. Modroño


     "Hubo un tiempo en que me preocupaba la muerte, mi propia muerte. Era una sensación que planeaba silenciosa sobre mí y que me azotaba las entrañas cada vez que las campanas doblaban por un fallecimiento o que un cortejo fúnebre se cruzaba en mi camino, como el que aquella mañana de junio desfilaba con una solemnidad fuera de lo habitual por las calles de Logroño".

     Hay escritores a los que sigo la pista, no son muchos, pero cada nuevo libro suyo entra en mi lista de lecturas. Ya me lo habéis leído comentar más veces. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La fuente de los siete valles.

     Conocemos a Pablo Santos, un cura que regresa a Logroño tras una larga ausencia trabajando en el Archivo Secreto del Vaticano. Su vuelta no es por placer, ya que deberá de investigar y recuperar los libros perdidos del Monasterio de San Millán de la Cogolla. Secretos, antiguos misterios y reencuentros con quienes protagonizaron su juventud marcarán esta misión que Pablo nos irá narrando en primera persona.

     Quienes hayan leído ya a Modroño sabrán que sus tramas a veces actúan como excusa para que el autor despliegue toda su narrativa sobre las ciudades en las que desarrolla sus libros. En esta ocasión la ciudad elegida es Logroño y tendremos la oportunidad de pasear por sus calles y descubrir sus secretos a través de una historia que comienza en el último tercio del siglo XIX. No obstante, no será este el único punto común con el resto de la obra de Modroño ya que alguno de sus temas recurrentes también protagonizan esta historia, y es que la vida y la muerte y la perdurabilidad de los sentimientos parecen interesar especialmente al autor, quien no duda en plantear alguno de ellos ya en las primeras líneas.

     Esta vez no se trata de un crimen sino de la desaparición de unos libros que hay que encontrar y del secreto que el protagonista descubre que oculta uno de ellos. Un secreto que hará tambalear las convicciones y creencias de Pablo y obligará al lector a tomar partido y del que no voy a dar más pistas para no estropearos la lectura; si acaso decir que la trama tiene una resolución adecuada que estoy segura ha provocado en sus últimas páginas la sonrisa de quien la escribió pensando en las cábalas de aquellos que ahora podrán leerla.

     La prosa es limpia y, como ya sucediera en La ciudad de los ojos grises, aparece teñida a grandes ratos de una cierta nostalgia, posiblemente la de aquel que relata pasado el tiempo las historias vividas en su juventud. Más allá de eso, el autor utiliza el lenguaje a través de localismos y vocablos ahora en desuso pero de significado claro, como parte de una ambientación que se completa con esa mezcla entre personajes reales e inventados que nos hace dudar realmente sobre las licencias, o no, que se ha podido tomar Modroño en algunos puntos de la novela.
    En cuanto a la parte romántica en el sentido más sentimental de la palabra, decir que en esta ocasión será el lector quien decida la importancia que tiene para la novela salvo quizás porque plantea, a mi modo de ver, una de las cuestiones más interesantes del libro. Y es que, si bien he dedicado muchas líneas a hablar de los rasgos que tiene en común este libro con la anterior obra del autor, justo es también decir que me ha sorprendido mucho el tema sobre el que acaba girando la última parte de la novela.

     La fuente de los siete valles es una buena novela con la que Félix G. Modroño afianza su nombre y su estilo y cuya lectura no puedo dejar de recomendaros.
¡Y qué mejor fecha para recomendar un libro que hoy!

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 17 de abril de 2019

Rondó para Beverly. John e Yves Berger


     "Te veo con tus mejores galas, sonriente, con esa sonrisa tuya que guardo en el corazón. 
     Delante de mí está Noel Road, donde viviste algún tiempo años antes de que yo naciera. Te imagino viniendo por ella, doblando la esquina, con esa misma sonrisa. 
     Tantas cosas son iguales y tantas son diferentes. Así es, Mamá. Y si, como me decías a menudo, «no se construyó Roma en una hora», puede que las cosas más importantes las llevemos muy dentro, desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos. Sí, puede que lo que tú llevabas hace cincuenta años cuando cruzabas Noel Road lo lleve yo ahora, mientras estoy aquí sentado delante de la galería. Y si mis pinturas vienen de algún lado, creo que ese sitio podría estar entre tú y yo, entre entonces y ahora".

     John Berger, escritor, crítico, pintor... su hijo Yves, pintor; Beverly Bancroft, editora. Me sobraban los motivos para acercarme a este título que intuía privado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Rondó para Beverly.

     Un mes después del fallecimiento de su esposa, John se encontró escuchando un Rondó y pensando en ella de una forma tan intensa, que volvió a sentirse acompañado durante los minutos que duró la música. Quizás por eso decidió escribir este libro de unas sesenta páginas en compañía de su hijo, en el que, al igual que en un Rondó, el tema único y recurrente, es su mujer. Textos cortos e imágenes y dibujos se complementan una y otra vez para dar un retrato de la magnífica mujer que fuera Beverly y también de los sentimientos que en ellos despertaba. Del gesto cotidiano a la dureza de los últimos momentos, cada parte queda plasmada, incluso la muerte en el ataúd o la imagen de la 1ue fuera su zona de trabajo.

     Cuatro décadas de matrimonio en las que cada palabra escrita por John esperaba ser leída por su esposa. Décadas en las que el hijo también tiene opción de dejar su granito de arena en un homenaje privado a la mujer más importante de las vidas de estos hombres. El hombre que se queda solo, el hijo que se siente perdido en sus días malos y que percibe el calor de una sonrisa en los buenos. Un libro que se llena a ratos de metáforas de música y gafas de ver y que toca el corazón de cualquiera que ha sentido una ausencia vital. Un libro triste pero hermoso que saca de la tragedia el recuerdo y termina con una sonrisa borrosa pero llena de ternura.

     Como curiosidad, añadir que es tan privado, que el título original de la obra es Flying Skirts, que viene a ser una falda con mucho vuelo, perfecta para moverla al bailar, y que era un apodo de la editora, esposa y madre.

     Rondó para Beverly es un libro, un homenaje, una rareza... pero es, sobre todo, hermoso.

     Y vosotros, ¿qué opináis de estos libros que cruzan la línea de lo privado?

     Gracias.

Si muero antes que tú 
líbrame de las palabras en lata y de las 
fechas caducadas