lunes, 25 de junio de 2018

El cuarto mono. J. D. Barker


     "Ahí estaba otra vez, ese pitido incesante.
     Le he quitado el sonido. ¿Por qué oigo las notificaciones de los mensajes?¿Por qué suena siquiera?
     Apple se ha ido a la mierda sin Steve Jobs".

     Así comienza la nueva apuesta de destino en la lucha por encontrar la novela del verano. Hoy traigo a mi estantería virtual, El Cuarto Mono.

     La ciudad de Chicago lleva tiempo bajo la amenaza de ser una de las víctimas de un asesino en serie apodado como El Cuarto Mono. Este hombre rapta a sus víctimas y envía a los padres tres cajas en riguroso orden antes de matar a su víctima: la primera con una oreja, la segunda con los ojos y la última con la lengua. Un hombre es atropellado por un autobús y la sorpresa de la policía es mayúscula cuando descubren que tenía en su poder una caja cuyo contenido no es otro que una oreja.
Inmediatamente llaman a Sam Porter, el detective encargado del caso mientras flota una pregunta en el aire, ¿ha muerto el Cuarto Mono?

     Todos conocemos los tres monos místicos, incluso tienen su propio icono de whatsapp: Kikazaru, el mono que no oye, Iwarazu, el mono que no habla y Mizaru, el mono que no ve. No oigas el mal, no hables del mal, no mires el mal. Barker en su novela propone la existencia de un cuarto mono: no hagas el mal. Y este es el apodo con el que se designa al asesino en serie que protagoniza su primera novela junto al detective Porter. Un razonamiento como otro cualquiera para crear un personaje despiadado que tortura y mata a sus víctimas. Sin embargo, la novela de Barker si que tiene un punto muy novedoso, y es que el muerto de la primera página (regla de oro para las novelas negras de los últimos tiempos) puede ser el asesino. Partiendo de esta posibilidad, la policía comienza a investigar la identidad del cuerpo a partir de los pocos objetos que lleva encima ya que, si hay una oreja, eso significa que el Cuarto Mono iba a volver a matar, o lo que es lo mismo, en la ciudad de Chicago hay una joven esperando en alguna parte. El tiempo que tarden en descubrir el enigma puede ser vital.
Para ello tenemos a Porter y un pequeño equipo de policías pertenecientes a su unidad. Porter no deja de ser el típico policía con cicatrices que suele protagonizar este tipo de novelas, sin embargo, en esta ocasión, en lugar de mostrarlas desde el comienzo, el autor también juega con el lector a adivinar. Y es que El Cuarto Mono es, ante todo, un juego de ingenio entre autor y lector hasta llegar a sus últimas páginas.
     Utiliza, además, una segunda voz correspondiente al asesino, ya que la víctima del atropello lleva encima un diario en el que el asesino deja un pequeño relato de lo que fue su vida hace unos años. Personalemente es la parte que menos me ha gustado de la novela, ya que considero que al autor se le va un poco la mano cargando la historia hasta perder verosimilitud. Sin embargo, al no ocupar demasiado, no es algo que reste interés a la trama principal en el presente.

     La novela, articulada en capítulos ágiles que se desarrollan en un corto espacio de tiempo, procura no perderse en grandes descripciones ni explicaciones farragosas para evitar así que el lector pierda interés. Si bien es cierto que en algunos momentos carga tintas con un corte casi melodramático, esto no hace otra cosa que conseguir que el lector se involucre en una trama que se va volviendo retorcida por momentos hasta llegar a un final satisfactorio... excepto para aquellos que piensen que la aventura de Porter ha finalizado en este libro. Sin dar más pistas al respecto, el autor se asegura, cuanto menos, una entrega más en un libro que, pese a que cierra la trama principal, opta por una salida que algunos pueden considerar un poco tramposa.

     He disfrutado leyendo El Cuarto Mono, la verdad. Me ha parecido una novela muy entretenida, sin grandes pretensiones, y me ha durado apenas una tarde.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 21 de junio de 2018

La vida en tiempo de paz. Francisco Pecoraro



     "A Ivo Brandani lo perseguía el sentido de la catástrofe. La veía en cualquier iniciativa de transformación de la realidad".

     No siempre sabemos por qué un libro nos llama a gritos desde la mesa de la librería, pero cuando eso sucede no suele fallar. Al menos conmigo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La vida en tiempo de paz.

     Conocemos a Ivo Brandani, ingeniero, y lo conocemos el 29 de mayo del año 2015 mientras está en el aeropuerto egipcio esperando regresar de su último trabajo. Ha estado reemplazando coral por una réplica sintética.

     Si me llevé ese libro fue porque recordé a Joyce y el día en el que transcurre su novela Ulysses. Poco o nada más sabía de este libro de setecientas páginas que ha resultado ser una ingeniosa mezcla de novela y ensayo y, posiblemente, una de mis mejores lecturas del presente año.

     Para conocer a Brandani tenemos que saber que es una persona de esas que dicen catastrofistas, y así lo refleja el autor ya en la segunda línea de este magnífico libro. Lejos del sentido práctico que se le puede asumir a un ingeniero, él verá la posibilidad de caer cuando mire un avión, de colapsar si es un edificio o de un incendio si su mirada se posa en una estufa. Cualquier cosa que funcione, de hecho, puede dejar de hacerlo sin previo aviso y evitar la catástrofe que eso pueda provocar es una de sus preocupaciones tanto como el Apocalipsis es su libro favorito. No es casual tampoco que el autor eligiera el 29 de mayo como día para presentarnos a Brandini y dejar que diera rienda suelta en ese entorno tranquilo, ya que fue un 29 de mayo el día que cayera el imperio Bizantino y en esta novela, nada es azar y ese es precisamente uno de los sucesos que no han dejado de rondar en la cabeza de nuestro protagonista, a quien sigue quitando el sueño.

     Brandini resulta un hombre obsesivo, casi resentido, que no duda en posar su mirada durante los últimos setenta años de la historia moderna utilizando en autor principalmente la primera persona, aunque podemos encontrar un narrador circunstancial que ayuda a remontar la acción de la novela. Brandini nos muestra lo aparentemente engañoso del título de la novela al señalar que estos setenta años de paz lo han sido también de guerras ocultas. Y con esta mirada de un hombre cuyo último futuro es el fin que tampoco se pierde de vista en la novela, y con Italia en el punto de mira, recorreremos el caos de los cincuenta, los sueños de los sesenta, la política y la lucha por la igualdad que marcaron el final del siglo pasado. Uno lee el libro con la sensación de que estos años de paz han sido ficticios, ya que vivimos en una constante revuelta civil si no queremos utilizar la palabra que designa el conflicto bélico.

     Comentaba casi al principio, que esta será una de mis lecturas destacadas del presente año. Y uno se da cuenta de ello ya en el Prólogo, magnífico, en el que se da el primer retrato del protagonista. Luego, a medida que la alternancia del monólogo y la tercera persona otorgan un fresco global de este periodo contemporáneo al que no le faltan crítica y acidez, tenemos la sensación de estar ante una de aquellas magnas novelas de antaño que han pasado a la historia de la literatura. La narración es casi épica y, mientras Brandani está en su viaje mortal, Pecoraro nos enseña también pinceladas de la vida del protagonista, ya sea su amor adolescente o su cambio de estudios y una, casi perenne sensación de decepción. Y es que, la mirada de una persona que recorre su vida, siempre va a ser reflejo de la sociedad en que se ha producido. La parte por el todo de la literatura universal. El gran acierto de este libro que irá desnudando a un protagonista del que me ha costado despedirme, tanto, que ya hago planes para una relectura no demasiado lejana.

     Por si no ha quedado claro, La vida en tiempo de paz me ha gustado. Son setecientas páginas (y aquí os he perdido a algunos) de buena literatura, de esa que no es la más fácil para el lector, pero que se disfruta página a página y se termina con la sensación satisfecha de haber hecho un buen camino. Animáos, merece la pena.

     Si otros días he ido mostrando las novelas que se postulan a "novela del verano", hoy me he alejado mucho de esas palabras. Pero tengo curiosidad en una cosa, ¿qué libros son los que preferís para la temporada estival?

     Gracias.


martes, 19 de junio de 2018

Arderás en la tormenta. John Verdon


     "Dave Gurney estaba ante el fregadero de la cocina de su granja, con uno de los coladores de Madeleine en las manos. Con sumo cuidado, vaciaba en él un tarro muy antiguo de vidrio teñido, que contenía una especie de guijarros marrones recubiertos de una costra de barro".

     John Verdon saltó a la fama con su novela Se lo que estás pensando, en la que presentaba un puzzle casi imposible y a un detective retirado con una mente tan pausada como eficaz. Años después, su detective sigue investigando y hoy traigo a mi estantería virtual la sexta entrega de la saga, Arderás en la tormenta.

     Se cumple el primer aniversario en White River de la muerte de un motorista negro por el disparo de un policía local blanco y los disturbios estallan en las cales. El lugar está dividido y las calles son un auténtico polvorín cuando, en mitad de todo ello, un policía es abatido por un francotirador. Es por esto que el fiscal del distrito de Nueva York acude a David Gurney para que investigue lo sucedido.

     John Verdon ha cogido el truco a sus lectores de Gurney así que cada entrega procura seguir una estructura similar, con más o menos éxito. Un comienzo pausado, la mezcla entre la vida casera del protagonista junto a su esposa Madeleine, el caso que tiene entre manos el detective Gurney y la resolución final más o menos sorprendente según la atención que haya ido prestando el lector. Y, si miramos detenidamente cada una de sus novelas, veremos que todas ellas siguen las mismas pautas. Es más, Madeleine siempre es la conciencia en voz alta, la esposa preocupada que pone pegas a que su marido investigue y discute con el debido a su preocupación, el freno... Incluso cuando se acerca al caso lo suficiente como para no criticarlo tanto, encuentra el modo de frenar, ya sea por su empatía o, como sucede aquí, porque no quiere que su esposo investigue unos restos encontrados en su finca. Y un poco lo mismo sucede con Gurney, ya le tenemos pillado el punto. Su infinita paciencia con su esposa, su escaso interés en la vida de jubilado y la capacidad pasmosa que tiene para obsesionarse con cualquier caso que le presente... cualquiera en realidad. Y junto a ellos aparecerán los personajes secundarios de turno adecuados para cada una de las tramas.

     En este caso Verdon se mete de lleno en el tema de los conflictos raciales, algo bastante habitual por desgracia, en países como Estados Unidos. Ello le sirve como excusa para hablar, no sólo del racismo que sigue existiendo junto a la existencia de determinadas organizaciones extremistas, sino también al sensacionalismo televisivo que se aprovecha de cualquier situación controvertida ara ganar televidentes y patrocinadores. Ninguna de las dos cosas son demasiado originales, la verdad.
Gurney comienza a investigar un caso en el que los indicios parecen ir encajando demasiado bien, y eso a él no le gusta, las cosas nunca son tan fáciles. Si a eso le unimos la aparición de nuevas víctimas, está claro que en White River nada es lo que parece. Ni siquiera entre los miembros del comité que se forma para investigar lo sucedido en un intento de calmar los ánimos lo antes posible. Sabido esto, acompañaremos al jubilado investigador hasta la resolución del caso, una resolución que, si bien es satisfactoria, no sorprende a nadie ya que el autor nos ha ido dejando las pistas suficientes a lo largo de la lectura como para que nosotros mismos lo señalásemos.

     Tengo que decir que no encajo con Verdon. Su detective me parece que está desgastado y la esposa de este me resulta irritante. Los casos que ha ido presentando a lo largo de las novelas han perdido la originalidad del primer título y además, en el caso de esta sexta entrega, el comienzo es tan pausado que cuesta no sentirse sentado a hacer una lectura en diagonal y avanzar hasta que empiecen a suceder cosas. No digo que sea una mala opción para leer en verano pero... me ha resultado aburrida hasta que ha arrancado. Y si un libro que parece ser concebido únicamente para entretener, comienza aburriendo al lector... algo falla. Claro que quizás sea por eso por lo que las campañas anunciando la salida de nuevos títulos de esta saga parecen ser cada vez más silenciosas.

     Me gustan las novelas de detectives, pero cada vez me cuesta más encontrar títulos que me satisfagan. Hoy os toca a vosotros, ¿me recomendáis un buen thriller?

     Gracias.

lunes, 18 de junio de 2018

Vengaré tu muerte. Carme Riera


     "Me llamo Elena Martínez Castiñeiras y durante diez años trabajé como detective privado. Quizá fue mi afición a las novelas policíacas lo que me llevó a escoger, después de abandonar, por aburrida, la carrera de Derecho, los cursos para llegar a ser detective, una profesión que me iba a permitir, o eso creía, no solo resolver los casos que habrían de encargarme sino escribir sobre ellos sin faltar ni un punto a la verdad".

     Hacía mucho tiempo que no volvía a las letras de Riera y la nueva novela publicada me pareció una buena opción para remediarlo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Vengaré tu muerte.

     Conocemos a Elena Martínez, exdetective, que rememora en las páginas de este libro un caso que jamás le abandonó pese a que comenzará allá por el año 2010. Todo comenzó cuando una mujer requiere sus servicios para investigar la desaparición de su marido, un pez gordo en una empresa caída.

     Con una introducción a modo de confesión autobiográfica de la protagonista y narradora de esta novela, Riera asienta unas bases en el tono y las formas que mantendrá hasta las últimas páginas: las de la verosimilitud. No ya la basada en no dar enormes giros sorprendentes que hagan trastabillar al lector más equilibrista, sino aquella que se basa en las formas, en la narración limpia sin cargarla de adverbios y subordinadas que provocan que, muchas veces, sintamos que leemos una representación a base de escenarios de cartón piedra.
      La protagonista nos relatará como llega a sus manos un caso de desaparición, en un momento en que España iba viento en popa, o al menos eso parecía aún a quienes no recibíamos más información que la vertida en las noticias. Gracias a esta desaparición en la ciudad de Barcelona, recorreremos barrios e impresiones junto a Elena, de las diferentes zonas y gente que irán entrando y saliendo de la historia, sin perder de vista nunca a la familia del desaparecido. Una desaparición que, sin que esto sorprenda a nadie, se complicará mezclándose en la trama aspectos más o menos escabrosos y de gran actualidad. Vaya por delante, para no dar pistas que puedan estropear la lectora que, si bien hay corrupción, no hay ningún componente político o alusiones al mismo.

     Riera huye del cliché que parece obligar al autor a poner el muerto en la primera página y demuestra en esta novela que no es necesario hacerlo para tejer una trama de intriga que se mantiene hasta el final, que se desvelará completamente tiempo después de que la protagonista abandonara su trabajo como detective. Tiene una alta dosis de crítica, reflejando que bajo cualquier alfombra lustrosa suele esconderse una enorme cantidad de porquería, y lo mismo pasa con cualquier sociedad que parezca estar en su mejor momento, y así nos lo va desvelando la autora en una novela llena de pequeñas píldoras irónicas que harán sonreír al lector en más de una ocasión.

     Vengaré tu muerte ha resultado una novela no solo entretenida, sino que además es refrescante descubrir que aún quedan libros diferentes. Queda mucho por escribir.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 9 de junio de 2018

Sobre la crítica literaria

Imagen: http://www.lavocedinewyork.com

     En teoría, un crítico literario es el perfecto orientador sobre el contenido y la calidad de un libro que servirá con su opinión para que un lector decida una compra con datos más sólidos que los que aparecen en la sinopsis. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, tengo la sensación de que el crítico literario, al igual que el lince ibérico, está en peligro de extinción.
Lejos quedan los tiempos en que un canon literario firmado por un nombre determinado marcaba las lecturas de un grueso de personas que acudían fieles a su llamada. Ahora, a mi entender, todo se ha empañado un poco.
      Para empezar, la irrupción de las redes sociales ha conseguido que muchos lectores opinemos de forma más o menos pública, sobre nuestras lecturas. Y que incluso algunos opinen que son verdaderos críticos. Sobre esto lo único que puedo decir es que siempre dejo patente mis filias y fobias en lo que respecta a escritores y géneros, así que, por si alguien aún lo duda, en este espacio yo me limito a dar mi opinión y con  suerte debatir un poco con las vuestras. Pero me parece incluso más preocupante el hecho de que se haya desdibujado totalmente la barrera entre un crítico y un escritor. Supongo que siempre he pensado que en la literatura, como en cualquier otra disciplina, uno pierde la inocencia de lector desde el momento en que empieza a escribir ya que, como me han confirmado más de uno y de dos escritores, se ven tentados a valorar si ellos hubieran escrito tal o cual cosa en su modo o manera. De hecho, tal vez este sea uno de los motivos por los que a veces las críticas engolan tanto su vocabulario, que el lector se siente automáticamente excluido de la opinión vertida y, de paso, de la obra de quien la escribió. Pero claro, tampoco es cuestión de criticar al crítico porque, si algo han hecho bien estas nuevas figuras literarias, es blindarse ante comentarios negativos sobre sus opiniones como si escribieran tres centímetros por encima de la altura de cualquiera. Un escritor que no aplaude y encaja una crítica negativa, es un egocéntrico insoportable, pero un crítico al que discuten su negativa opinión se siente profundamente ofendido ya que no le valoran el esfuerzo y él, que no se confunde en su valoración, está siendo víctima claramente de las envidias e injurias de otros. Ya...

     ¿Qué nos queda entonces y de quién nos fiamos?
     Decía Francisco González Ledesma que "un crítico literario es un condenado a leer toda la vida a quien le gusta su condena", poesía pura. Pero si le añadimos la opinión de Luis Varela la cosa cambia: "En el mundillo literario español un crítico es un mercenario al servicio de un estado mayor editorial y mediático cuya tarea consiste en enaltecer a los escritores enrolados en su ejército y a patear los higadillos a los escritores enemigos (a unos pocos, a los que destacan, al resto con ignorarlos sistemáticamente basta)".
     Entre la poesía y la visión desalentadora supongo que se mueve el gris intermedio, pero es cierto que echo de menos esa figura crítica que opinaba de forma objetiva (dentro de un margen razonable) sin casarse con nadie. Ahora parece que no hay opinión negativa, más bien pasamos por la ignorancia repetida y la atención focal siempre en las mismas direcciones. No es difícil identificar la "ideología literaria" de algunas publicaciones culturales, aunque no se comente igual de abiertamente que la ideología política en sus artículos de opinión. Y además están los recomendadores profesionales, esas personas que se ponen en manos de la maquinaria del márketing vestidos de pretendidos críticos que se unen para cantar las bondades de cualquier libro que les sea entregado. Eso es cordialidad y agradecimiento, sí señor. Y es que pareciera que no hay malos libros, salvo alguno de esos que ya se consideran intocables, y solo porque aquí la tentación de hacerse un postureo es superior al pudor.

      El crítico, ¡Ay, el crítico! Ese hombre preparado que desmenuzaba el texto sin necesidad de hacerlo con la trama, que nos daba unas buenas señales y que era el gran malquerido de la literatura porque señalaba sin pudor alguno las taras y faltas. Ese hombre de gusto personal pero criterio selecto que no regalaba sonrisas ni piropos, que hacía que hasta el escritor más pintado sudase cuando su título caía en sus manos. El mismo escritor que cruzaba los dedos, dicho sea de paso, para que el buen crítico leyera su obra ya que la sola elección era un lujo. Ese crítico, ¿dónde ha quedado? Porque ese, ese es el crítico que yo quiero.

     Y vosotros, ¿en quién confiáis para recomendaros lecturas?

     Gracias.

jueves, 7 de junio de 2018

La investigación. Philippe Claudel


     "Cuando el Investigador salió de la estación, lo recibió una mezcla de lluvia fina y nieve fundida. Era un hombre de poca estatura, más bien rechoncho y casi calvo. Todo en él resultaba anodino, desde la ropa que llevaba hasta la expresión de su rostro. Si alguien hubiera tenido que describirlo, por ejemplo en una novela, o durante un procedimiento penal o en una declaración ante un juez, sin duda le habría costado esbozar su retrato. Era, por así decirlo, un ser evanescente, alguien a quien olvidas apenas lo ves. Su presencia tenía la vaguedad de la niebla, de los sueños o del aliento que exhala una boca. En eso se parecía a millones de personas".

     Claudel me gusta más en sus formas que en sus argumentos, pero este sí que me llamó particularmente la atención. Hoy traigo a mi estantería virtual, La investigación.

     Un Investigador cuyo nombre no nos es revelado llega a una anónima ciudad con un encargo claro: investigar por qué una Empresa tiene un índice de suicidios tan alto. Sin embargo, desde que llega a la ciudad, todo parecen dificultades para lograr su objetivo, ya sea acceder a la empresa, relacionarse o el propio hotel en que se aloja.

     Esta novela es un claro homenaje a Kafka y su agrimensor intentando llegar a El castillo. A partir de esa idea comprendemos la existencia de este investigador y las dificultades que tiene para cumplir la misión que le es encomendada. Casi pareciera que, en esta ciudad sin nombre, el universo se confabulara para frustrar sus objetivos. Un universo en el que la gente funciona casi de manera mecánica y su único valor parece reducirse al a función que desempeñan, exactamente igual que sucede con nuestro investigador, a quien conocemos con "I" designadora de su tarea. Poco a poco nos va describiendo un ambiente opresivo en el que los diálogos serán la fuente de oxígeno, a ratos casi cómico, para que podamos seguir leyendo esta suerte de fábula social. Una fábula que se va tornando pesadilla incluso dentro de la propia historia para el protagonista ya que todo parece estar mal. Las dificultades ara llevar, la disfuncionalidad de la habitación del extraño hotel, las personas con las que se encuentra son poco serviles... todo ello nos va haciendo llegar a unas conclusiones a lo largo de esta novela corta. Además, la obstrucción de la realidad a que el Investigador realice su función no será el único problema que se encuentre, Claudel también pone su granito de arena al desdibujarlo ya en las primeras líneas y luego añadir que su estado parece permanentemente defectuoso. Ya sea hambriento, cansado o magullado, todo parece ponerse en contra de nuestro protagonista.

     No me cabe duda alguna del mensaje de Claudel: la representación de un mundo totalmente alienado en el que apenas nos fijamos los unos en los otros en nuestra cotidianeidad. Vales para el prójimo lo que haces en tus funciones designadas, y para la sociedad el servicio que le prestas. Y en esta sociedad en la que quedamos reducidos a meros figurantes, ir contracorriente puede ser algo frustrante y complicado, lo fácil es dejarse llevar y ser uno más. Pero no es solo eso, además al finalizar esta novela, el lector tiene claro el motivo de dichos suicidios. Al menos en mi caso lo tuve bastante claro mucho antes del final y eso, amigos lectores, hizo que cerrase el libro y mirase a mi alrededor con un punto de angustia. El que Claudel hace saltar del libro a la vida cuando miramos a nuestro alrededor y pensamos: ¿y si....?

     Me ha gustado La investigación. No es ni de lejos el mejor libro de Claudel, pero tengo que reconocer que lo he disfrutado posiblemente más como homenaje  Kafka que como historia propia e individual.

     Si vivimos en un mundo en el que cada cual tiene su lugar y función, decidme, ¿para vosotros cuál es la función de la lectura?

     Gracias.

martes, 5 de junio de 2018

La chica del cumpleaños. Haruki Murakami



     "En el día de su vigésimo cumpleaños también trabajó de camarera, como de costumbre. Le tocaba todos los viernes, pero, de hecho, aquel viernes por la noche no debería haber trabajado".

     Me encantan los libros ilustrados. Y me encanta Haruki Murakami. Así que hoy traigo a mi estantería virtual, La chica del cumpleaños.

     Una chica, de la que solo sabemos que es camarera y que cumple veinte años, ve como su plan de celebrarlo con su novio se ve frustrado por una discusión. En un descalabre continuado recibe una llamada y tiene que trabajar esa noche, noche en que el encargado enferma y es ella quien tiene que subir la cena al misterioso dueño del local. Allí, esta chica pidió un deseo.

     Este relato fue publicado en un primer momento en el periódico The Guardian, allá por el año 2006. En España lo vimos en el volumen Sauce ciego, mujer dormida y ahora es la editorial Tusquets la que se ha unido a unas ediciones bellamente ilustradas de los cuentos de este escritor que van apareciendo en las librerías en estos últimos años.

     La chica del cumpleaños no tiene nombre en este cuento de Murakami, solo sabemos que es camarera. En realidad nadie tiene nombre, ni importa. Solo sabemos que ahora es adulta y que poco queda de aquella muchacha que trabajaba por horas en un restaurante, y que el día de su vigésimo cumpleaños, pidió un deseo. Pero tampoco se nos dice el deseo que pidió. Y, al igual que sucede con su nombre, tampoco importa demasiado. Poco afecta al relato lo que pidiera porque nos deja claro aquello que no se le ocurrió pedir: la chica no pide dones directos porque no sabe de qué le van a servir para el resto de la vida. Y esa es precisamente la parte central de la historia: las elecciones, las espontáneas y las meditadas, lo que queremos hacer con la vida y la mirada atrás hacia aquellas que un día tomamos. ¿Cuándo podemos asegurar que hemos fallado al tomar una decisión? Pocas veces en realidad, ya que somos el resultado de cada decisión tomada y, si hubiéramos cambiado una sola, no estaríamos ahora aquí hablando de Haruki Murakami.
     Al estar ante un cuento corto, el autor entra rápido en materia mostrando sus cartas habituales: ese punto excéntrico, casi mágico, pero que no se despega en este caso de la realidad. La incertidumbre ante el futuro, el futuro que existe siempre hasta el último momento de nuestras vidas y las vidas cuyas marcas son como las abolladuras en el parachoques del coche. Pero para eso están los parachoques, así es la vida y, por muchos avisos que nos den, es imposible salir sin uno solo de ella.

     Me ha gustado La chica del cumpleaños. Lo que es un bello cuento en una primera lectura, va ganando en profundidad y mensaje a medida que uno vuelve a leer las palabras, que deja pasar el tiempo entre línea y línea. Y, por si fuera poco, la edición se acompaña de unas bellísimas ilustraciones que convierten el libro en una joya. Y de un relato autobiográfico en el que el autor nos habla de su propio cumpleaños, de las fechas compartidas y cómo hay quien puede buscar lazos en ellas. 

     Murakami, eterno candidato al Nobel, con una legión de seguidores y temido por otros por sus rarezas a la hora de escribir deja así una historia al alcance de todos. Una pequeña muestra que bien puede servir de toma de contacto con el autor.

     Y vosotros, ¿sois de los lectores que cruzan los dedos cada años (menos este) pidiendo el Nobel para Murakami?

     Gracias.

lunes, 4 de junio de 2018

La novia gitana. Carmen Mola


     "Al principio parece un juego. Alguien ha encerrado al niño en un lugar oscuro y él tiene que intentar salir de allí por sus propios medios. Lo primero sería encontrar el interruptor de la luz, pero el niño no lo busca porque piensa que la puerta se va a abrir en cualquier momento. 
      La puerta no se abre".

     Tras el libro perfecto para este verano me he dado grandes batacazos lectores en estas últimas semanas, pero sigo intentándolo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La novia gitana.

     Conocemos a Elena Blanco, inspectora y jefa de brigada del BAC, una brigada especial que es casi más una leyenda que una realidad incluso para los policías. A sus manos llega el asesinato de Susana Macaya, una niña mitad gitana mitad paya que estaba a punto de casarse. El asesinato ha sido llevado a cabo de una forma atroz y extremadamente peculiar, así que tendrán que investigar quién es el posible culpable de semejante suceso. No tardan en descubrir que Susana no ha sido la única mujer de la familia en correr esa suerte.

     La novia gitana es el último libro de moda que está empezando a correr de boca en boca entre los lectores. viene además firmado por una tal Carmen Mola que no es otra cosa que un seudónimo, así que poco podremos saber sobre si se trata de una primera obra o no, y cualquier cosa que alguien dijera al respecto no pasaría de ser una mera superstición.

     La novela intercala una historia presente y otra en el pasado, en cursiva, que tiene muchísimas menos páginas en el libro pero cuya importancia será vital para descubrir lo que está pasando en la actualidad. Una actualidad que la autora pone de manifiesto en las primeras páginas, costumbre cada vez más frecuente entre las novelas del género. Y  partir de ahí, apoyándose en el presente, la novela avanza sin descanso procurando que el lector se involucre tanto en la investigación, como en el juicio personal hacia cada uno de los personajes principales.
     Siguiendo las normas no establecidas en este tipo de novela, tenemos un inspector jefe, en este caso mujer, cuyas excentricidades casi rivalizan con su pericia, como si la autora hubiera querido jugar al cliché y otorgarle en su versión femenina las mismas virtudes y defectos que estamos acostumbrados a ver en los hombres habituales que suelen protagonizar este tipo de historias. De hecho evita, y juraría que premeditadamente, dejar cualquier asomo de sentimentalismo directo en la historia en una novela que es a ratos dura, casi cruda pero que no llega a herir la sensibilidad del lector. Y si eso sucede con el personaje principal, marcado por un pasado y una afición a la bebida, se extiende también al resto de personajes femeninos de la historia, a los que ha dotado de mucha más personalidad que a los masculinos, convirtiéndolos en personas fuertes, independientes y liberadas de esas cargas habituales que suelen otorgárseles solo por ser mujeres. Tanto da si es por su temperamento o por la dureza venida por los años y vivencias, incluso si es por las vidas elegidas por las propias víctimas, la novela se escribe y se firma con nombre de mujer. Y sumemos a todo lo dicho las etnias, Carmen Mola no solo pone el foco de atención en los gitanos al elegir una víctima que lo sea, además no le tiembla la mano a la hora de escribir la palabra racismo y señalar situaciones en las  que se ha podido actuar de modo diferente solo por el miedo a esa palabra.

      En cuanto a la trama hay que decir que está bien urdida, juega con el lector pero no para despistarle, algo que es de agradecer, y le lleva a conclusiones más o menos certeras que cierra en las últimas páginas aprovechando para dejar claro que Elena Blanco no se va a quedar en este título, es más que posible que asistamos a sucesivas entregas protagonizadas por la BAC. Ambienta además la historia en Madrid, buscando pasearse por zonas conocidas pero señalando lugares concretos  demostrando un conocimiento de las calles que seguro agradará a quienes residente en la ciudad.

     Carmen Mola, escudo de un nombre aún por conocer, nos ha dejado una novela (dudo mucho sea la primera) con una clara influencia del Lemaitre más negro tanto por la fuerza como por lo visual de muchas de las escenas, pero que bebe de otros nombres ya conocidos de la novela negra como la recientemente premiada Fred Vargas.
     La novia gitana es un libro más que recomendable con una historia y personajes sólidos que he disfrutado leyendo. No sé si se convertirá en la novela que este verano veamos en todas las piscinas, pero, desde luego, merece la pena pasar unas cuantas horas entre sus páginas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.