lunes, 25 de mayo de 2020

Kim Ji-young, nacida en 1982. Cho Nam-joo


     "Kim Ji-young tiene treinta y tres años. Se casó cuando tenía treinta y tuvo una hija hace un año. Vive de alquiler en un apartamento de unos ochenta metros cuadrados, dentro de un megacomplejo de edificios residenciales de la periferia de Seúl, con su marido, Jeong Dae-hyeon, que tiene tres años más que ella, y su hija, Jeong Ji-won. Él trabaja en una empresa tecnológica no muy grande y ella renunció al empleo que tenía en una pequeña agencia de relaciones públicas cuando dio a luz. Él vuelve del trabajo casi a medianoche, e incluso acude a la oficina los fines de semana, en sábado o en domingo. Ella se encarga de cuidar a su hija, sin nadie que la ayude, porque sus suegros viven en Busan y sus padres llevan un restaurante. La niña, desde que cumpliese un año el verano anterior, acude a la guardería que está en la primera planta del edificio donde viven y se queda allí toda la mañana".

     Este libro se publicó provocando un enorme revuelo en Corea. Una economía avanzada, una sociedad, en teoría, no tan lejana,  y un libro que provoca una revolución. Aquellas mujeres con una vida públic que dijeron que lo habían leído fueron atacadas en las redes, las voces en contra del libro afirmaban que era una visión sesgada y muy negativa frente a aquellas otras que hablaban de un libro que reflejaba la realidad de una sociedad discriminatoria. Por todo ellos no me puede resistir, y hoy traigo a mi estantería virtual, Kim Ji-young, nacida en 1982.

     Kim Ji-young es un nombre común para una mujer común. Tiene 33 años y vive a las afueras de Seúl junto a su marido y su hija. Lleva una vida común, de ama de casa y madre sin llamar mucho la atención y mira de reojo hacia aquel trabajo que le gustaba y tuvo que dejar. Nada en especial. A fin de cuentas, hasta su nombre propio es algo común.

     Una de las cosas que primero llaman la atención de esta novela es la elección del autor para conseguir que el lector perciba el realismo que esconde su historia. No habla de gente conocida, no busca un entorno determinado que podamos conocer, no. en este caso cuaja el libro de notas en las que nos da porcentajes que muestran que lo que la protagonista vive es algo demasiado habitual. De este modo no tardamos en ver que no estamos ante un simple relato de ficción, en todo caso estamos ante el relato de una vida que de tan común ni siquiera se mira dos veces. El reflejo de una desigualdad socialmente aceptada y no planteada por el conjunto pero sí sufrida de manera individual. A nosotros, que no vivimos este tipo de situaciones ni nos disculpamos por tener hijas y no hijos pero recordamos estudiar sobre tiempos pasados en los que se vivían situaciones semejantes, nos resulta casi una novela de terror. En cambio parece que a las mujeres de Corea les ha ayudado a dar visibilidad al modo en que viven, como si en lugar de una novela esto fuera un reportaje de investigación, demostrando así una vez más que el poder de la literatura puede resultar sorprendente incluso en los tiempos de internet. De hecho, la literatura Coreana sobre mujeres, y escrita por mujeres, está acaparando la atención de medios y lectores en los últimos tiempos (muestra de ello son títulos como La vegetariana o Por favor, cuida de mamá) y atravesando fronteras en medio de debates encendidos sobre sus desigualdades sociales y la disconformidad que muestran las protagonistas de dichos libros.

     Sin embargo y para no dejar que el fondo difumine al libro, hablemos de la novela. Con un potentísimo comienzo polifónico en el que la autora da voz a diferentes mujeres, no tardamos en sumergirnos en la vida de Kim Jo-young. El libro va separando las etapas de la vida de su protagonista desde el momento en que nace hasta la actualidad. Una mujer que vemos sometida al "pórtate bien" y viviendo a la sombra de distintos hombres hasta que en un momento dado pone en su boca las palabras de otras mujeres (para preocupación de su marido que piensa en mandarla al médico), como si este fuera el único modo de expresar lo que le hierve dentro. Y si el comienzo es potente y el juego de voces espléndido, poco hay que añadir salvo que el final, amargo, nos recuerda que no estamos leyendo ficción. Podría explicar ahora las situaciones cotidianas de Kim Ji-young, pero de puro simples, es mejor acercarse a ellas. Solo así se entiende cómo una vida común puede resultar tan impactante como la de un héroe o villano.

     Kin Ji-young, nacida en 1982 es una novela que me ha gustado, me ha hecho pensar, comparar con nuestro pasado y presente y también me ha hecho diferenciar entre lo que podía creer que era y lo que realmente es. Y que me ha dejado preguntándome, por qué no decirlo, en la parte de la escritora que estará reflejada o no en la novela.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 18 de mayo de 2020

El músico ciego. Vladímis Korolenko


     "Nadie lo advirtió al principio. El niño tenía la mirada oscura, incierta, que tienen los niños durante algún tiempo. Pasaron los días y semanas; sus ojos se hicieron brillantes; el globo del ojo quedó más saliente, pero el niño no movía la cabeza hacia los rayos de luz que entraban por la ventana mezclados con el alegre canto de los pájaros y con el murmullo del follaje de las hayas que adornaban el jardín".

      Me gusta mucho la literatura rusa y, gracias a Dios, aún me restan mil títulos por descubrir. Hoy traigo a mi estantería virtual, El músico ciego.

     Conocemos a Piotr Popelski, hijo de una familia acomodada que nace ciego para desesperación de su madre. Con una madre sobreprotectora que quiere evitarle sufrimientos por su condición y un padre que se desentiende del chico, Piotr verá en la figura de su tío una puerta para la vida.

     Korolenko es de esos escritores suyo nombre aún no resuena entre los grandes rusos pero que, una vez uno lo lee e investiga, descubre que es igualmente apreciado y valorado fuera de nuestras fronteras que otros cuyo nombre está aquí encumbrado. Digo esto porque tiene algo de encanto el sentirse descubridor aunque luego uno compruebe que, más que descubrir, lo que hizo fue salirse un poquito apenas de los nombres habituales. El caso es que así llegué a este hombre. Y así conocí a Piotr.

     El músico ciego es una novela corta que trata de la superación personal, la vida y la necesidad de encontrar eso que llaman un sitio para conseguir avanzar. Una persona invidente en Ucrania en el siglo XIX podía tenerlo muy complicado. Si además la familia opta por aislarlo para evitar que note lo que le falta, para evitar que desee ver una nube, para evitar... podemos imaginar la existencia a la que tanta protección lo estaba llevando. Y por eso aparece el tío Maxim. Por eso y porque como buen tullido sabe lo que es hacer frente a la vida para lograr superarse y avanzar. Y será esta figura decisiva para que Piotr salga a la vida. Eso y una flauta que un día resuena por culpa de un criado y que hace que el joven despierte de un modo u otro. Y es que Piotr, pronto se observa, está dotado para la música. Korolenko nos lleva junto al joven a ir descubriendo las sensaciones de la vida. Con un estilo que es puro romanticismo nos dejará alguna de las descripciones de la naturaleza más hermosas que he leído y eso teniendo en cuenta de que hay una privación sensorial que se hace patente a lo largo de la novela. Una novela que abarca el crecimiento del niño al joven y aún un poco más. Una novela en la que veremos como Piotr se abre al mundo y como ese mundo le muestra la belleza y el amor lo que hace a su vez que el joven comience a vivir plenamente. Resulta por eso fascinante la capacidad de Korolenko para conmover al lector, para conseguir que todos seamos un poco ese niño y para que, al igual que él, abramos los ojos y veamos, aunque no en la sencilla forma literal a la que estamos acostumbrados. Y todo ello con una belleza y una plasticidad, con un estilo único propio de las tierras rusas que tanto me gustan.

     El músico ciego es una novela magnífica, un descubrimiento que os invito a realizar augurándoos un enorme placer durante su lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 16 de mayo de 2020

La paradoja


      Hace mucho tiempo me dijeron que la prensa evita dar noticias de suicidios porque estos pueden afectar a la población. La verdad, nunca me molesté en comprobarlo, pero recuerdo que durante una semana, o tal vez un par de días, me fijé en si leía noticias al respecto en la prensa. Creo recordar que no vi. Si eso es cierto diría que pasa un poco como con la venta de los libros digitales. Parece que es fácil e incluso hay que hablar de ello porque es un problema la piratería, que se hace evidentemente en formato digital, pero nadie recuerda o parece querer recordar, que algunos compramos este tipo de libros. Lo cierto es que incluso tienen mala fama. Que si son caros, que si el DRM, que si no los puedes prestar ni te los pueden dedicar... todo el mundo parece coincidir en que hay que comprar libros en papel. Pero el caso es que durante el confinamiento esa opción se vio más que restringida y la subida en las ventas de los ebooks ha sido salvaje. Que digo yo que eso es una buena noticia ya que no nos hemos lanzado todos con un parche en el ojo a páginas del tipo bajateaquíeselibroqueibasacomprar.bytheface pero en cambio a muy pocos medios parece haberles importado. Y es que durante este confinamiento se han visto las caras los unos y los otros y las líneas intermedias se han convertido en una zona difusa por la que saltar alegremente.
   
     Nos decían que había que hacer pedidos a las librerías, que Amazon es el mal. Y supongo que nadie ha recordado que hay escritores que solamente publican en Amazon porque no quieren o pueden llegar a otra vía de publicación. Que sí, que si no pueden es porque no han pasado un filtro... salvo que vendan muchos libros y luego la editorial se fije en ellos y lleve a su casa lo que antes estaba únicamente en territorio enemigo. Reflexión esta del filtro que me lleva a considerar ese caso en el que todos los libros publicados por las editoriales son buenos. Ya... Creo que sobre este punto no hay mucha discusión. Empezando porque bueno y malo suele ir asociado en el caso del lector al me ha gustado o no, y eso es una valoración absolutamente subjetiva que ha convertido en superventas auténticos truños (según mi opinión).
      El ebook era caro, decía. Y nos hablaban del IVA, que se lo han bajado. Estamos todos impacientes por ver en qué medida va a afectar esta bajada a nuestros bolsillos, ¿verdad, chicos? Un IVA que había que bajar porque si algo hemos aprendido, como ya apuntaba en la crónica anterior, es que los libros son como el pan: un alimento primordial e indispensable. No voy a meterme más con el precio, aunque pienso que no es justo el criterio de repartición y que los libros de tal o cual editorial parezcan tener un precio medio sin importar el escritor firmante cuando yo le doy más valor a quien escribe, que al color de la cubierta. Pero el caso es que si son alimento para el alma, me sorprende esa sensación de que siendo indispensables a la vez son un lujo. Y es que las mismas personas que se colocan la bandera del defensor del libro necesario son las que luego parecen no valorar el dinero que un lector se gasta en una propuesta que tal vez no merezca la pena porque como comida, huele a rancio. Y sí, todos contribuiremos y este año, en lugar de la foto en la playa que diga "aquí, sufriendo" que se empezaba a poner por estas fechas, toca poner la foto de "aquí, alimentando el alma" y la librería en la que hemos comprado de fondo. Pero sigo preguntándome si no hay que pensar que quizás el comprante es camarero o cocinero o dependiente, y tal vez sus ingresos se hayan visto mermados tanto como los de los libreros a los que ahora hay que apoyar. Y quizás, solo quizás, un bono cultura tampoco vendría mal, ya que garantizaría que lo gastas en cultura y le da un pequeño margen al lector. No sea, dicho esto de paso, que dicho lector decida acudir a una librería de segunda mano: para algunos son el nivel dos del infierno, justo por detrás de Amazon. Y también yo me pregunto si son los mismos que luego hablan de la cuesta de Moyano o de los buquinistas de París.

     Hoy he leído que la cultura ha demostrado su importancia en tiempos de confinamiento porque la gente ha acudido a ver exposiciones sin moverse de casa y ha visto más películas y ha leído, y de algún modo me ha sentado mal que la cultura sea algo a lo que acudir cuando no hay otra cosa que hacer o cuando no se puede hacer otra cosa. Quizás, al final, el problema sea que detrás de tanta defensa sigue existiendo un poso de superficialidad o de elitismo en el que ni los mismos defensores confían en lo que dicen más allá del titular que logran. Porque de lo que se ha tratado muchas veces en estas semanas, es de conseguir un titular. O en su defecto intentar meter el dedo en el ojo de aquel que lo ha conseguido.

      Me despido con una pregunta tonta, ¿verdad que estáis todos impacientes por descubrir las novedades literarias de esta obligada rentrée? ¡Y qué decepcionante está siendo! Yo esperaba toda una fiesta de publicaciones en los suplementos culturales anunciando a bombo y platillo los grandes títulos que iban a llegar y hasta el momento lo que más he visto es como escriben sobre "los libros del confinamiento". De verdad, imaginad por un momento: "Venga, voy a coger un libro para distraerme de todo esto que vivimos. Y ¿qué libro cojo? ¡Pues sobre el confinamiento, hombre! ¡Pues claro que sí, no vaya a ser que se me olvide que tengo el pasillo desgastado de tanto caminar! ¿Qué? ¿Que ahora puedo salir? Pues me leo sobre el 'confi', que es lo mejor para mi síndrome de Estocolmo"...
Sin más.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Cosmética del enemigo. Amélie Nothomb


     “Soy una persona extremadamente formalista. Actúo según una cosmética rigurosa y jansenista…..La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo”.
     Pocos son los libros que me restan de leer de esta mujer y cuando me los tropiezo ni lo dudo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cosmética del enemigo.

     Conocemos a Jérôme Angust en el aeropuerto. La megafonía anuncia un retraso en su vuelo y es en ese momento en el que un hombre llamado Textor Texel se sienta a su lado y comienza a hablarle, a contarle su vida, ¡y qué vida! Y no parece haber forma humana de desmotivar a este desconocido.

     Como lectora diferencio el relato de la novela por su extensión. Y he puesto el corte en cien páginas. Por lo tanto estaríamos ante un relato largo en este caso ya que no llega a las cien páginas pese a que el tamaño de letra de mi edición es considerable. No digo que eso sea un problema, pero si los libros excesivamente voluminosos se juzgan al peso, entiendo que hay que hacerlo también con aquellos que son escuetos. Pese a todo, ya os adelanto, yo le hubiera restado unas cuantas páginas del final.

     En esta ocasión y para tan poca extensión la autora ha tirado de recursos para ir dejando pistas al lector por toda la novela sobre ese final que algunos tildan de sorprendente. Los nombres, las referencias, la cosmética y los escritores aludidos nos hablan casi más que los propios personajes (y si tenemos en cuenta que la novela se basa en la conversación entre ambos, eso significa que hay mucho que decir al respecto). Desde el título que habla de cosmética, de orden y belleza y también de engaño, hasta la referencia a los roles de cada personaje que viene dada por su nombre, he disfrutado de este libro. La pena es que más o menos hacia la mitad Nothomb parece empezar a perder pie y dejar que el caos haga acto de presencia en una buena idea que, pese a no ser la primera vez que veo representada en la literatura, siempre me ha parecido atractiva.
       Es evidente que esta reseña tendría un tono mucho más distendido si hablase libremente del secreto que encierra el libro, pero también lo es que estropearía su lectura al menos parcialmente. Con todo si os puedo decir que el tema central de la novela es la moral. Tanto la de sus personajes como la del propio lector que decide a qué lado posicionarse. Y la os lo adelanto, uno de ellos es un asesino. Esta inclinación del lector es lo interesante de la novela que divaga sobre el pecado y la culpa, sobre la conciencia y la propia mente, y lo hace en forma de endiablada conversación en el lugar más impersonal del mundo: un aeropuerto. Apuntaría además a que no es trivial la elección del lugar ya que no importa el lugar ni el destino, lo que importa aquí es el instante que se refleja del camino.

      Como decía al comienzo de esta reseña, pese a ser un libro corto considero que le sobra alguna página del final y es que, descubierto el pastel, no es necesario que la autora de vueltas a un tema que estaba concebido para que fuera el lector quien lo pensara. Eso le hace quizás perder impacto, al menos en mi caso en el que el desenlace no ha provocado sorpresa pero si ese placer extraño que suele ir unido a la anticipación.

      Cosmética del enemigo es una novelita entretenida que seguro gustará mucho más a quienes no se hayan iniciado con Nothomb o lo hayan hecho levemente y es que, aunque la escritora tiene un innegable talento, sus habituales nos vamos acostumbrando a sus giros y ya cuesta más sorprendernos.

      Y para vosotros, ¿hay una extensión mínima para una novela?

     Gracias.


lunes, 11 de mayo de 2020

Plegarias atendidas. Truman Capote



     "No puedo olvidarla, sentada en su salón perfectamente decorado, con sus bellos ojos enrojecidos por la ginebra y las lágrimas, asintiendo y asintiendo con la cabeza una y otra vez, tragándose cada una de las palabras mezquinas que me inspiraba la ginebra y todas las culpas que yo le echaba por el fracaso de mi libro, por mi derrota, por mi frío infierno. Y ella asentía y asentía con la cabeza una y otra vez, mordiéndose los labios, conteniendo cualquier muestra de venganza y tragando, porque, mientras ella era fuerte porque estaba segura de sus dones, yo era débil y paranoico porque no estaba seguro de los míos, y porque ella sabía que una verdad repentina que me dijese sería mortal " 

     Si ahora llego y digo que Truman Capote es uno de is escritores favoritos no sorprendo a nadie. La única opción que me queda es sorprender con títulos suyos menos conocidos. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Plegarias atendidas.

      Capote mezcla ficción y realidad en un libro en el que un huérfano se las ingenia para codearse con la alta sociedad (suciedad), para ya sea en clave o de forma totalmente reconocible, mostrarnos las idas y venidas en el mundo de nuestro protagonista; que pasa desde pobre huérfano hasta puta de alta gama. No deja títere con cabeza en un libro cuyo pago se dice que fue tan elevado que tuvo que realizarse en acciones.
     Ya desde la salida a la luz de los primeros capítulos no dejó a nadie indiferente, granjeándolo tremendas enemistades y odios. Jones es, sin duda alguna, un personaje para recordar, pese que no estamos frente a un libro del calibre de "A sangre fría", nos encontramos con un hombre frío y manipulador dispuesto a lograr su objetivo a cualquier precio en una obra por la que desfilan mil y un personajes que reconocemos rodeados de otros que creemos reconocer, deleitándonos con cada toque personal que imprime a todos sus libros.
 "Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas", 
     Capote cita a Santa Teresa, siendo el único personaje santo del libro. De hecho es más que fácil dejarse llevar por las opiniones e impresiones del autor, que no duda en dejar claro su parecer sobre cualquiera que asome por sus páginas y hacer una crítica directa a un mundo que no sabría decir si era realmente así o, en caso de serlo, si ha cambiado algo. Eso es ya una cuestión personal, pero lo que queda lejos de cualquier duda es que estamos ante un libro francamente divertido, por mucho que su protagonista nos muestre su tendencia al drama desde la primera página.

     Plegarias atendidas no es el mejor libro de Capote, pero me he divertido mucho releyéndolo durante la cuarentena.

     Y vosotros, ¿con qué libro empezáis la semana?

      Gracias

miércoles, 6 de mayo de 2020

Diario del año de la peste. Daniel Defoe


     "Todos los que podían ocultar su malestar lo hacían, para evitar que los vecinos rehuyeran su presencia y se negaran a conversar con ellos, y también para evitar que las autoridades clausuraran sus casas; amenaza que aunque todavía no era cumplida, pendía sobre la población, en extremo asustada ante la sola idea del asunto".
     Siempre digo que hay escritores a los que terminamos conociendo por una sola obra y que eso es un error. Hoy traigo a mi estantería virtual, Diario del año de la peste.

     Entre los años 1664 y 1666 la peste se convirtió en un gran problema. Ciudades como Londres fueron arrasadas por la enfermedad y se hizo necesaria la necesidad de protección. En esta suerte de crónica, a ratos dura, a veces cruel, Defoe nos cuenta lo sucedido sin escatimar detalles. Hubo muertes e hijos abandonados, casas que eran clausuradas sin importar demasiado si había sanos junto a los enfermos y sacrificios masivos de animales. Hable de gente que cuidaba a otros y también de egoístas que ocultaban su enfermedad. Habla, en definitiva, del género humano.

     Estaréis pensando que no elegí el momento adecuado para leer este libro. Ya lo sé. Pero uno no elige siempre los libros que le apetecen. A veces, simplemente, se cruza en su camino y eso determina que sea su momento. Eso me sucedió con esta crónica descarnada de una enfermedad. Y creo que ha sido una lectura positiva porque ha resultado inevitable la comparación de momentos y actitudes. Como comento en la sinopsis el libro tiene mucho de actitud del género humano y refleja por ello muchas formas de actuar que oscilan de lo estúpido a lo egoísta. Narrado en forma aproximada Defoe consigue a través de su protagonista y utilizando de forma eficaz una cronología sin marcas, que olvidemos que estamos ante un relato de ficción. Pero no nos confundamos, decir que es un relato de ficción no significa que no hubiera esa epidemia en Londres. De hecho en el año 1665 murieron unas 100.000 personas de una población estimada de 200.000 debido a la peste en esa ciudad. Lo que sucede es que el autor solo contaba con 5 años cuando eso sucedió. Por eso se dice que se basa en los diarios de su propio tío, Henry Foe.

     La novela es detallada, como ya nos tiene acostumbrados el autor, pero evita caer en sentimentalismos. Eso no significa que seamos inmunes a lo que nos relata en ella y que no vayamos a sentirnos molestos con aquellos que muestran desprecio por el bienestar ajeno o conmovidos por esos otros que deciden ayudar a los demás. En realidad al contrario. Quizás, lo reconozco, por el momento en el que estamos se me ha antojado una lectura que ha ratos me ha conmovido. La sola mención de las cifras me daba a pensar en las nuestras complicándome la tarea de permanecer impasible. Defoe no solo da cifras y habla de cadáveres amontonados o de ricos que huyen a las casas de campo sin importar si iban a extender una infección que habían importado de Holanda. Más allá de eso, el autor en este diario, da muestras de una suerte de rigor periodístico que es de los elementos más destacables de la obra. Y también de que el ser humano ha cambiado entre poco y nada durante los últimos siglos. No cuesta imaginar a esas personas en la actualidad porque hemos visto como actuamos. Y eso, junto con el tono que impera en la novela y que parece buscar una cierta distancia para mostrar cada palabra como un hecho consumado, lo convierten en un libro imprescindible.

     Tal vez no sea el momento adecuado para mucho para leer Diario de la peste, o tal vez sea justo lo contrario. De lo que no cabe duda es de que merece la pena. Anotadlo.

     Decidme, ¿habéis comprado ya algún libro?

     Gracias.

lunes, 4 de mayo de 2020

Nueve perfectos desconocidos. Liane Moriarty


     "Yao       

Estoy bien —dijo la mujer—. No me pasa nada. 
       A Yao no le parecía que estuviese bien. 
       Era su primer día como enfermero de emergencias en prácticas. Su tercera visita a domicilio. Yao no estaba nervioso, pero se encontraba en un estado de alerta extrema porque no podía soportar cometer siquiera un error insignificante. De niño, los errores le hacían llorar sin consuelo y aún le provocaban calambres en el estómago.  
      Una única gota de sudor se deslizaba por el rostro de la mujer, dejando un rastro de baba de caracol por encima de su maquillaje. Yao se preguntó por qué las mujeres se pintaban de naranja la cara, pero eso no era relevante. 
      —Estoy bien. Quizá no sea más que un virus de veinticuatro horas —añadió ella con un leve acento de Europa del Este.  
      «Fíjate bien en tu paciente y en su entorno», le había dicho Finn, el supervisor de Yao. «Piensa que eres un agente secreto en busca de pistas para realizar un diagnóstico».
     Debo de ser de las pocas personas de este mundo que no han visto Big Little Lies, pero es cierto que tanto ver el título en boca de todo el mundo me llamó la atención, así que hice lo propio: buscar el libro. Al final no me tropecé con el que daba nombre a la serie, pero sí con una opción de la misma autora. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Nueve perfectos desconocidos.

     Conocemos Tranquilium House un complejo que, según su propia propaganda, puede cambiar la vida de sus huéspedes en sólo diez días. El lugar está regentado por Masha, una inmigrante rusa que guiará a nueve perfectos desconocidos en el camino del cambio a traves de ayunos, paseis, análisis y batidos.

     He contado una brevísima sinopsis y no he hablado en ella de lo más importante del libro: los huéspedes. Y es que Masha es, evidentemente, un personaje principal, pero los huéspedes forman la segunda parte de la novela. Así es como conocemos a Frances, esa gran novelista que se ha visto trastocada tras un triple rechazo y que pondrá el toque de ironía a la novela, el matrimonio formado por Jessica y Ben, Tony, el futbolista que perdió su forma física, el matrimonio formado por Heather y Napoleón, que acude junto a su hija Zoe para intentar sobrevivir a la muerte del hermano gemelo de esta y un par de huéspedes más que cubren el resto de "diversidad adecuada para un libro de entretenimiento", a saber: la mujer cuyo marido abandona por otro más joven y el abogado gay.

     Con estos ingredientes y un lento comienzo la autora se balancea entre hacernos preguntas existenciales o buscar que las respondamos como si fuéramos integrantes del spa, entretenernos e incluso sacarnos alguna sonrisa y no sé si sorprendernos ya que, aunque la novela tiene giros, estos resultan bastante predecibles.
     Moriarty lleva a estos urbanitas a un balneario, recurso ya utilizado y famoso en la literatura, para componer un retrato de grupo al que le falta convicción pero muy entretenido. Supongo que si ahora me pongo a pensar de qué trata la novela en realidad, poco puedo añadir a lo que puse en la sinopsis, y es esa falta de fuerza lo que caracteriza la historia. Pero, también hay que decirlo, que son a veces esos libros que parecen no tratar de nada, los que nos llevan hasta las últimas páginas sin que nos demos cuenta. Y eso es lo que sucede con Nueve perfectos desconocidos, es una lectura amable y entretenida que aporta poco al lector salvo ese entretenimiento. De hecho he leído no hace mucho que, siguiendo la estela de Big..., esta novela también va a tener su adaptación a la pequeña pantalla, y seguramente en ese formato sea mucho más atractiva. He dejado una pequeña pista respecto a uno de los puntos relevantes de la trama, pero no desvelaré cual. Aunque aquellos que la hayan leído, estoy segura de que han recogido claramente la huella del lodo.

     Nueve perfectos desconocidos es una opción agradable para pasar un rato entretenido. Sin más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 2 de mayo de 2020

Crónica



     Durante estas semanas he optado por parar el blog, pese a que tuve algún momento errático en el que incluí alguna entrada porque me resulta imposible estar sin leer. Sin embargo, entendía que de poco sirve recomendar un libro cuando todas las librerías estaban cerradas. Ya sé que uno podía pedir un libro, pero a mi no me terminaba de convencer eso de hacer salir a una persona mientras yo me quedaba en mi casa por precaución. Con el tiempo he visto que ese miedo a poner en riesgo a nadie se ha ido perdiendo y que repartidores y palomas eran los habitantes más comunes de las ciudades. Así que me atrincheré en mi casa tras hacer una compra como para alimentar a todo marte, recogí mis libros pendientes y los que quise comprar el día A, y me dispuse a pasar dos semanas que se han convertido en cuarenta y tantos días.
     En este tiempo en el que las noticias culturales pasaban muchos días por una sección similar a las necrológicas he podido ver que mucha gente se rasgaba la camisa pidiendo que el libro, ese alimento para el alma tan importante, fuera considerado tan necesario como el pan. Queda muy bonito marcarnos como un país intelectual lleno de lectores. Es más, hubo unos días en los que no había videoconferencia sin librería al fondo. Yo me imaginaba esa casa en la que vivían dos o tres personas, con móvil todos ellos, esperando turno para colocarse ante la librería igual que hace unos años se esperaba ante el único teléfono fijo del domicilio. Pero sigamos con los libros... La gente parecía necesitar leer en las redes, en twitter lo reclamaban (curiosamente, tres mensajes después, o tal vez antes lo mismo da, algunas de estas personas se lamentaban de no poder concentrarse para leer mientras recomendaban tal o cual serie de alguna plataforma) hasta que los libreros empezaron a explicar que no tenían muchas ganas de exponerse a un contagio y que tampoco tenía mucha lógica abrir cuando la población estaba confinada. Los libros, en fin, esos polémicos objetos. La trama avanza, como tiene que ser, y los lectores reclaman ambas cosas. Ahora queremos que el libro sea el pan del alma pero también queremos cuidar a nuestros libreros y vamos todos a apoyar a las librerías cuando salgamos (que algún librero me diga el apoyo de junio, cuando pase el mes) y así fue como pasamos de querer llenar las redes de cultura para ponerlas bonitas a organizar un apagón cultural para que se fastidien. Véase aquí que efectivamente leer aporta madurez y sensatez. Las editoriales, que también existen, comenzaron con iniciativas culturales que iban de abaratar libros o incluso ponerlos gratis en su versión digital, cosa que algunos vieron como regalar (genios ellos ya que era gratis) o bajar el valor de algo tan importante, hasta donar una parte del precio a la librería en la que lo hubieras comprado. Iniciativas a montones y cada una con sus quejas, porque si la grande puede y yo no, que si ponen esto de este modo porque se aprovechan de, que si el niño no me come y que si la abuela fuma. El culebrón nos tenía en un sin vivir. Los críticos no criticaban y las páginas culturales se llenaban de planes para el confinamiento que, a su vez, contenían museos y obras de teatro clásico y películas de cine europeo porque todas estas cosas son, como bien sabemos, el top del entretenimiento. ¿Y qué pasa con los escritores, dónde están? Pues en casa, claro. Ya lo vimos a medida que empezaron los directos (yo he llegado a pensar que los directos de instagram eran como la réplica de un terremoto pero aplicado a la pandemia) en los que nos hablaban de sus libro, nos recomendaban otros y nos daban su opinión sobre la pandemia. Ahí hubo una segunda división: ahora escribo porque cuando lo hago es como estar confinado y Dios mío, quién puede escribir así. También dieron su opinión sobre el tema porque escribir parece que faculta para dar opiniones con más sentido, como también lo hace, por ejemplo, ser un famoso futbolista. Lo que nadie les preguntaba era qué iba a pasar con sus novelas paradas, sus ingresos detenidos y su situación sin fecha a la vista. Y si se preguntaba era de esa forma en la que incluyo que tengo ganas de leerte, no con interés por el bienestar. Una pena, podría uno pensar, pero uno resulta que es lector.

    Y, entre todas estas cosas, el lector también ha sido olvidado y su disponibilidad económica ya no contemos. ¡Ayudemos a este, al otro y al de la moto! ¡Venga, compremos libros que son el pan del alma! Y oye, que sí que vale, pero que habrá que comprar pan. Del de siempre, digo.
   Y ahora, ¿qué nos queda ahora? Pues ahora parece que todo el engranaje literario se ha puesto en marcha, ya hay fechas y catálogos nuevos. Ahora toca que los que querían librerías abiertas cumplan y que quienes hablaban de buenos libros los publiquen. Porque la mejor manera de atraer a un lector, es con un buen título, y es más fácil matar a un alma lectora por intoxicación que por inanición. Y respecto a esto.... ya hablaremos.

     Gracias.

     PD: Aunque nadie me pague, esta no crónica seguirá no vayan a pensar nuestros queridos recomendadores, por ejemplo, que su silencio ha provocado que nos olvidemos de ellos.

jueves, 30 de abril de 2020

Casas vacías. Brenda Navarro


     "Daniel desapareció tres meses, dos días, ocho horas después de su cumpleaños. Tenía tres años. Era mi hijo. La última vez que lo vi estaba en el subibaja y la resbaladilla del parque al que lo llevaba por las tardes. No recuerdo más. O sí: estaba triste porque Vladimir me avisaba que se iba porque no quería abaratar todo. Abaratar todo, como cuando algo que vale mucho se vende por dos pesos. Ésa era yo cuando perdí a mi hijo, la que de vez en cuando, entre un conjunto de semanas y otro, se despedía de un amante esquivo que le ofrecía gangas sexuales como si fueran regalos porque él necesitaba aligerar su marcha. La compradora estafada. La estafa de madre. La que no vio".

     Tras la recomendación de varias personas dentro y fuera de las redes, finalmente me decidí. Hoy traigo a mi estantería virtual, Casas Vacías.

     Una madre sin nombre pierde a su hijo en el parque. El niño tiene tres años y ahora ella se queda desolada con una niña que no es suya a la que mira lamentando por qué la perdida no fue ella. En otro lugar una mujer maltratada por su pareja espera ser madre de una niña como si fuera el mejor regalo del cielo. Solo que no es madre. Por eso entra a un parque y se lleva a un niño de tres años con ella. El niño es Daniel. Autista.

     Casas Vacías es un libro de desgracias, de mujeres de vidas complicadas o de vidas complicadas que le suceden a mujeres. Vertebrando la historia en el niño raptado conocemos a dos mujeres opuestas. La primera, la madre, la de la vida sencilla con pareja y amante, la que recibió a una niña huérfana en su casa y al perder a su hijo le quedó en herencia resentida ser madre postiza, la mujer que jamás se perdonó, la que tuvo dos hijos en realidad. De otro está la mujer humilde que siempre soñó con ser madre de una niña, o al menos lo soñó desde que su entorno se llenó de niños, la mujer maltratada que todo soporta, la que busca su sueño, la que rapta al niño para llevarlo a su casa. Esa casa que el lector concibe como un infierno. Y de una a otra Navarro nos relata su historia que es mucho más que eso. Nosotros sabemos todos los nombres, los de ellos. Ellas pasan por las páginas sin identificarse, o tal vez mostrando que una vida da más significado que un nombre. Y aquí hay muchas vidas difíciles, algunas incluso, como la de la madre de Nagore, se perdieron en el camino. Pero volvamos a los nombres. Sabemos que Vladimir y de Fran, sabemos de Daniel, de Leonel... de ellas conocemos a Nagore. La niña que crece pensando que debió de ser ella la desaparecida, a la que incluso se lo dicen, aunque luego la abracen. La niña sin padres y acogida es la única que parece haber encontrado una casa, aunque su casa también esté vacía desde que Daniel desaparece... De todas las mujeres, de todas las historias, de todos los lugares, Nagore es la única que se hace fuerte. Quizás por eso Casas Vacías no es solo una historia de maternidad sino que va mucho más allá. Es cierto que la maternidad es importante, sin ella no hay novela, y que sentimos la angustia y el miedo y también las expectativas que las protagonistas le ponen al término. Pero es el miedo lo que sobresale en la historia, la asfixia, la angustia derivada de frases sinceras y desnudos de palabras que nadie dice jamás. Y eso en una primera novela.
"Hay quienes nacemos para no ser buenas madres y, a nosotras, Dios debió esterilizarnos desde antes de nacer".
     Siendo una historia corta la densidad de sentimientos a los que es sometido el lector provoca una lectura pausada y, si bien he tenido algún tropiezo idiomático, no ha sido un problema a la hora de disfrutar de la historia. Aunque disfrutar en este caso tal vez no sea el término más adecuado. Y es que es complicado salir ileso de la lectura de Casas vacías.
     "Mejor no hubiera llegado Leonel a nuestras vidas. Mejor se hubiera puesto a llorar muy fuerte cuando debió hacerlo y no después, ya de camino. Yo era la mujer de la sombrilla roja que se subió al taxi cuando empezó a haber alboroto en el parque. Claro que lo abracé mientras lloraba, pero es que lloraba mucho (...)".
     Casas vacías es una novela de una fuerza descomunal. Apuntemos el nombre de Brenda Navarro. Y leamos.

     Es evidente el drama de la historia y yo os pregunto, ¿sois lectores de drama?

     Gracias.

miércoles, 29 de abril de 2020

Una vida sin fin. Frédéric Beigbeder



     "La vida es una masacre".

     Hacía mucho que no me acercaba a este escritor. Supongo que sus temas no me habían llamado la atención hasta que apareció la inmortalidad seguida de las palabras "esto no es un libro de ciencia ficción". Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Una vida sin sin.

     Conocemos a Frédéric, un famoso televisivo que cuenta el éxito en función de su cuota de audiencia y es capaz de tener una erección provocada por los likes en su página de Facebook. Cuando llega a la cincuentena comienza a ser consciente de que ha pasado el ecuador de su vida y eso provoca que el en otro tiempo juerguista comience a preocuparse por la muerte. Y a desear la inmortalidad.

     En su nueva novela Beigbeder habla en primera persona utilizando a un alter ego que lleva su mismo nombre. No es la única similitud, ya que ambos comparten, por ejemplo, edad. Además se da el caso de que para escribir este libro el autor realiza los mismos viajes, a las mismas ciudades y habla con los mismos médicos que le exponen las ideas que son presentadas en la novela. Así pues, tal y como el autor nos avisa, esta no es una novela de ciencia ficción. Más bien es casi lo contrario porque si algo ha preocupado al ser humano desde hace años es su bienestar y su indiscutible mortalidad. La sociedad avanza, la medicina avanza, pero desde el mismo día en que nacemos, un contador se pone en marcha y cada día más es un día menos para que la muerte llame a nuestra metafórica puerta. Es evidente que el recorrido es cada vez más largo y, mientras que hace años la gente se moría con treinta años, ahora a los que hasta no hace mucho se les hablaba de la crisis de los cuarenta les dicen cuarentañeros y la crisis de los cincuenta es mucho más habitual. Y por ahí es por el lugar que pasa el protagonista de esta novela narrada en primera persona por un hombre de éxito que ve como tiene pequeños dolores, un poco de barriga y un hígado graso en un primer reconocimiento antes de decidir que él, al contrario que alguno de sus conocidos, no piensa morirse.
      La primera persona utilizada a modo de confidencia es todo un acierto y el lector, independientemente de su edad, entiende la cultura del like, los excesos y las juergas y, esto ya si que va a depender de la edad, como el las agujetas y las resacas aparecen cada vez antes y se quedan durante más tiempo a medida que una persona va cumpliendo primaveras. Así las cosas y tras ese primer reconocimiento, el protagonista comienza un viaje junto a su hija para buscar a alguien que sea capaz de realizarle una eutanasia a la muerte. Ginebra, Viena, Los Angeles, Nueva York... varios serán los destinos de este viaje en el que comenzará un acercamiento con su hija, encontrará una nueva esposa con la que tendrá otra hija, le hablarán de transfusiones más que dudosas, de ejercicio y dieta sana y de alguna que otra terapia más complicada y en el que hará su aparición Pepper, un robot de compañía.

     Beigbeder no esconde un trasfondo casi filosófico sobre la futilidad de la vida, el deseo de la vida eterna y también sobre si eso es en realidad deseable, pero lo hace con un tono que es incluso jocoso a grandes ratos que proporciona una lectura amena y relajada sobre algo tan aparentemente serio. Y ese es el gran punto fuerte de la novela; la disfrutas, te ríes, te informa, opinas, le hablas al libro cuando te resulta interesante y también cuando aparece una sandez. Conversas con él. Y eso es algo poco común.

     Una vida sin fin me ha parecido una novela amena y divertida sobre una pequeña crisis existencial y la búsqueda del Santo Grial por parte de un hombre en plena cincuentena que descubre que los días que pasaron tal vez sean más que los días que vendrán.

     Y vosotros, ¿cuál es la última novela que os ha divertido?

     Gracias.

martes, 28 de abril de 2020

Blanco. Bret Easton Ellis


     "En algún momento de los últimos años, y no puedo precisar cuándo exactamente, una irritación vaga pero casi abrumadora e irracional comenzó a acosarme hasta una docena de veces al día. Dicha irritación nacía de cosas tan aparentemente nimias, tan ajenas a mi campo de referencia habitual, que me sorprendía tener que pararme a respirar hondo para desarmar un fastidio y una frustración que se debían a la tontería de otros: adultos, conocidos y desconocidos en las redes sociales que exponían sus juicios y opiniones apresurados, sus preocupaciones sin sentido, siempre con la inquebrantable certeza de tener razón".

     Nunca he faltado a una cita con Ellis. Más allá de lo que cuenta me gusta cómo lo cuenta, y eso se ha mantenido así independientemente del momento y el título. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Blanco.

Hombre blanco privilegiado. Ese iba a ser el título original del libro. Supongo que al final decidieron rebajar su carga al reducirlo a blanco y es que, si el autor es Bret Easton Ellis, es muy fácil caer en la tentación de vender la simple provocación.
     En esta ocasión y tras nueve años alejado de las librerías, que no de la polémica, Ellis se ha decantado por un libro autobiográfico en el que desgrana una infancia rápida marcada por unos padres que no aplicaban restricciones, para entrar en su época universitaria y avanzar a partir de su primera novela, Menos que cero, cuyo éxito le pilló totalmente desprevenido. A partir de ese momento y siempre según sus memorias, su vida ha estado marcada por las etiquetas. Como él mismo dice, o su obra gusta u horroriza, y no hay opción a puntos intermedios. Ellis nos regala en su Blanco constantes alusiones al cine y a la música que nos recuerdan a cómo se articulaba American Psycho y también a su fama de provocador.
     Es cierto que el libro tiene un punto provocador, posiblemente más en los momentos en los que menos lo pretende, como por ejemplo cuando habla de la opinión pública actual sobre los gays y cómo el hecho de intentar normalizar por la fuerza algo que ya debería de serlo, no es otra cosa que una forma de represión a la hora de hablar en público como lo haría junto a su círculo de amigos. Según Ellis, algo está aceptado y normalizado siempre y cuando te atengas a las normas de lo que se considera aceptado y normalizado. Y las normas nunca han ido con él. Sin embargo, a medida que uno avanza y lee la autovisión del autor sobre sí mismo descubre que quizás ya se haya convertido en aquello que tanto ha criticado y es en lo que su primer título de la obra prometía, un hombre blanco privilegiado. Y es que Ellis, que afirma no haber votado a Trump como muchos supusieron en su momento, es demasiado autocomplaciente en un libro cuya capacidad para señalar aquello que no le gusta es la marca de agua de cada página. Son los demás los enfurecidos, los intolerantes o los que se calientan dejándose llevar por una ideología. Ellis se presenta como la voz de la razón. Él no es politólogo ni vota porque nadie le convence, él no sigue ningún discurso en particular, pero nadie se lo puede criticar ya que, a poco que pensaran, verían que es lo adecuado. Su postura es la racional y nadie discute seriamente a la razón. Eso lo lleva a mirar con cierta indulgencia los comportamientos que le rodean, incluso cuando se disculpa.
     Para los amantes de las letras de Ellis el libro tiene el inconfundible atractivo de hablar de su obra anterior, incluida American Psycho, así como una pequeña relación de comportamientos ante sus publicaciones. Ellis dice que pocos han sido tan criticados como él, que si un libro suyo no gustaba a un crítico, éste no se limitaba a dejarlo pasar, al contrario, sus palabras eran dardos lanzados con una suerte de regusto por parte de quien afilaba la pluma. Y yo me pregunto si no sigue siendo esa la imagen que se quiere dar del que hoy es un hombre de mediana edad, con una sólida posición económica y una pareja dos décadas más joven que poco a poco comienza a considerarse una vieja gloria y tal vez por eso de vez en cuando agita tuiter con alguno de sus comentarios. Comentarios que, al juzgar por el prólogo de su último libro, habrán de quedar un tanto aplacados tras la purga de ira que ha realizado el autor.
   
     Por último señalar como particularmente interesante las divagaciones sobre la tecnología y su impacto en nuestras vidas y que van desde la relativización de aquello que de repente se pone a un click de nuestros ojos, hasta la cultura del like. La valoración, la necesidad de "gustar" en las publicaciones o de al menos obtener una reacción y también la tiranía del entendido que se cree capacitado para valorarlo todo y la venganza de quien hasta hace poco solo podía ser valorado.

     Blanco es un libro interesante en la medida en que nos lo parezcan las opiniones de su autor. Comenzaba diciendo que me gusta cómo escribe Ellis, y ese ha sido un placer añadido para una lectura cuyas opiniones he compartido o no pero que, al igual que la mayoría de su obra, me ha mantenido más que entretenida.

     Y vosotros, ¿os quedáis en la ficción o también os adentráis en el terreno de lo personal?

     Gracias.

     "No convirtamos todo lo que escribo en una suerte de advertencia al público".

lunes, 27 de abril de 2020

Vidas escritas. Javier Marías


     "Quiere la leyenda cursi de la literatura que William Faulkner escribiera su novela Mientras agonizo en el plazo de seis semanas y en la más precaria de las situaciones, a saber: mientras trabajaba de noche en una mina, con los folios apoyados en la carretilla volcada y alumbrándose con la mortecina linterna de su propio casco polvoriento. Es un intento por parte de la leyenda curso de hacer ingresar a Faulkner en las filas de los escritores pobres y sacrificados y un poquito proletarios".

     Los lectores tenemos un punto cotilla que nos lleva a querer saber más sobre nuestros escritores favoritos, conocer sus historias, las historias detrás de sus historias. Hoy traigo a mi estantería virtual, Vidas escritas.

     Durante unos días, semanas en realidad, hemos vivido un mundo tan extraño que no he querido entrar a formar parte de las lecturas del/para/por confinamiento. Ahora que poco a poco se reanuda, volvemos.

     Vidas escritas es un librito que ya tiene su tiempo en el que el autor nos revela datos sobre otros escritores ya famosos y casi a modo de artículos mezclados con la revista Hola! Aquí podemos ver, por ejemplo, la misantropía de Faulkner, la tendencia a quemarse de Joseph Conrad, la terrible infelicidad que aquejaba a James Joyce o como Lampedusa era la imagen constante de un caballero unido a una bolsa llena de libros y chucherías. Nos explica que Thomas Mann opinaba que todas las novelas eran un coñazo y, esto según el propio Marías, dan buen ejemplo las suyas. aunque también nos cuenta en el libro que en cambio el escritor llevaba unos diarios que hacen pensar que creía que su figura sería importantísima en el futuro y su vida digna de estudio por algún tipo de eruditos.
     Junto a estos Marías pone a otros muchos y nos habla de reuniones entre escritores. Aparecen Lowry o du Deffand, Kipling el ermitaño y un puñado de mujeres a las que coloca juntas en la última parte del libro, posiblemente olvidando que antes de eso ya había aparecido la Baronesa de Blixen, creando una desconcertante sensación al lector.

     Veinte escritores que el autor pretende acercarnos mediante anécdotas que son muy válidas como tales, pero que no otorgan la sensación de un libro más allá de lo que las anécdotas vacacionales de unos amigos no son como un verdadero viaje. Sin embargo, la curiosidad del lector por lo que rodea a la creación literaria, a los escritores y a su obra, han hecho de este tipo de libros un producto de agradable consumo al que llegamos con bastante curiosidad. Prueba de ello fue el libro Empiezo a creer que es mentira, escrito por Carlos Mayoral siguiendo esta misma premisa y recibido con bastante entusiasmo por los lectores empedernidos.

     Vidas escritas es un libro entretenido para leer a ratos y así mantener la curiosidad por la anécdota en lugar de cansarnos de ellas. Solo de este modo se puede disfrutar de un producto así.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 6 de abril de 2020

Malasangre. Michelle Roche Rodríguez


     “El cielo sangraba torrentes de agua aquella tarde infausta cuando un amigo de mi madre llamado Héctor Sanabria vino a verla para ofrecerle la posibilidad de una concesión petrolera. Corría el año 1921”.

     Tras un paréntesis necesario, aquí estoy otra vez para mostrar mis lecturas. Y empiezo con un libro cuyo título me encantó. Hoy traigo a mi estantería virtual, Malasangre.

     Conocemos a Diana cuando nos cuenta su historia. Para ello se remonta a la época en la que tenía 14 años y descubrió que sus deseos de sangre eran cada vez mayores. No era una asesina, no, lo que le llamó su madre fue hematófaga antes de explicarle que es como su padre, producto además de relaciones previas a su matrimonio. Diana crece con esa palabra marcando su vida, con la guía de un padre que quiere poder y al que tal vez pueda servir y en un momento en el que Venezuela está empezando a descubrir que la sangre de su tierra es de color del petróleo.

     Estaréis pensando ahora eso de "vampiros en Venezuela", que os veo. Pero os voy a situar. En los años veinte Venezuela había pasado de revuelta en revuelta y tenía una dictadura en el poder. Además comenzaba a abrir los ojos a algunas cosas del modo de vida norteamericano, como el capitalismo. Venezuela tenía petróleo y se empezaba a hablar del dinero. De hecho, el padre de Diana tiene una empresa crediticia no demasiado bien vista ni siquiera por su esposa. Pero, como dice la hija de ambos, qué vas a esperar de la hija de un apostador. Y es que lo más interesante de esta novela el su entorno. Con Roche descubrimos un país en el que los hombres mandan y las mujeres obedecen, se emocionan cuando los ven llegar y el conservadurismo, al menos en las clases en las que se mueve el libro, es la norma imperante. Raro es que una mujer casada, en ausencia de su marido, reciba otra visita que no sea la del cura local. Y aquí entra el vampirismo, marcado por la lujuria, y que la autora marca además, por una transgresión social ya que incluso desde su juventud, la protagonista lo critica con fiereza. Esta situación de vampirismo marcado por la sociedad se ve reflejado una y otra vez. No solo por la tremenda representación de la inestabilidad política de un país en la que los trepas, la crueldad y los favores están a pie de calle, sino también en los mismos mordiscos. Se pregunta en un momento dado Diana si morder a Juancho no será tener la sangre de poder, y lo compara con el petróleo, una sustancia que nunca le ha gustado y a la que ha identificado ya con la sangre del diablo.
     La novela arranca con una frase cargada del gótico más puro y la mezcla con la situación que refleja, punto que mantiene a lo largo de la narración. Y lo hace además con una serie de imágenes fuertemente visuales. El lector llega sin tardar a la situación en la que Diana muerde a una visita y su madre decide que lo mejor que puede hacer es ponerle un bozal. Descubre el lector entonces que se toca los dientes igual que la chica, y eso le prepara para todo lo que vendrá después sin que ello signifique que la protagonista sea víctima de nada. Aprende, simplemente.

     Resulta llamativa la mezcla de personajes reales e imaginarios en una novela vampírica, y que se haga manteniendo las formas de la novela de género. Diana de hecho lee Carmille y ve cine sobre vampiresas gracias a la amistad con un hombre cuya naturaleza lo hace incluso más llamativo que la de la joven y su padre. Y me quedan mil cosas que contar, como la facilidad con la que un padre pone la boda de su hija sobre la mesa de juego, ya sea apostando o de negocios, y como la hija ni lo acepta ni se niega ya que lo ve natural. La solución al problema, dice la madre conservadora, ha de ser un convento, y la salida de una joven de una familia de bien tal vez sea estudiar algo de chicas, como magisterio. Tiene muchos puntos que comentar, y también mucha sangre que beber esta novela de Michelle Roche.

     Malasangre me ha gustado. Está escrito para ser leído y uno avanza sin siquiera darse cuenta sin importar si el tema del vampirismo le interesa o no, porque la autora va más allá de la novela de género habitual. Ha sido un descubrimiento, y repetiré. Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 23 de marzo de 2020

El Gatopardo. Giuseppe Tomasi di Lampedusa


     "Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. Una de esas batallas en las que se lucha hasta que todo queda como estuvo. No queréis destruirnos a nosotros, vuestros padres. Queréis sólo ocupar nuestro puesto. Para que todo quede tal cual. Tal cual, en el fondo: tan sólo una imperceptible sustitución de castas". 

     Durante estos días de confinamiento alternaré nuevas lecturas con aquellos libros que, teniendo ya un tiempo, considero que es un buen momento para ser rescatados. Bien por su calidad o por su capacidad para abstraernos del mundo (a poder ser ambas cosas), los libros son un refugio. Hoy traigo a mi estantería virtual un rescate, El Gatopardo.

     Parece increíble pensar que El Gatopardo estuvo a punto de no ver nunca la luz. Para empezar su autor no era escritor de profesión, como tantos otros diréis, pero además este libro se vio rechazado varias veces antes de salir a la calle. Lo cual no hizo hasta fallecido Lampedusa, que no llegó a verlo publicado. Era un hombre solitario y ávido lector que, finalmente nos dejó una novela escrita al modo contemporáneo y que, dejó escrito a su muerte que quería se hiciera todo lo posible por ayudar a su publicación. Revuelos ideológicos a un lado, que sucedieron hace muchos años y ahora ya nadie recuerda, El Gatopardo es un novelón.

     Supongo que la sinopsis más precisa sería decir que vemos el réquiem de una época bajo la mirada del Príncipe. Y así conocemos a el príncipe de Salina, que lleva un gatopardo en su escudo y cuya vida parece anclada en aquella época de pleitesía a los grandes señores cuya familia, por riquezas o por apellido, dominaban una zona. Lo que pasa es que llega Garibaldi, los tiempos son eso que se dice convulsos y todo amenaza cambio. Y un cambio que tal vez no sea todo lo bueno que quisieran ese tipo de familias. Ahí es donde entra en juego Tancredi, sobrino del Príncipe. Pero, sobre todo, la mirada del Príncipe. Y es que ya lo advertí al comenzar esta sinopsis, aquí lo importante es la mirada del protagonista.

     El príncipe de Salina, es en realidad inspirado por el príncipe de Lampedusa, abuelo del propio autor, cosa que Giuseppe nunca ocultó.

     Estamos ante una novela de principios, de ideales, de cambios y de respeto. Y también ante una novela marcada por la decadencia que supone el fin de una época con todo lo que ellos implica, y que el lector va recogiendo en gran medida por el maravilloso uso de la palabra que hace el escritor. La novela queda salpicada por una serie de adjetivos, de ambientes marcados por ese final, que de forma consciente o inconsciente recogemos hasta llegar al punto justo en el que el autor nos ha querido poner. Hay frases memorables, como aquel "Es preciso que todo cambie para que todo siga igual" que se pone de manifiesto cuando Salina rechaza lo ofrecido por los vencedores logrando aumentar si cabe el respeto de estos. Este momento, de orden casi pesimista, es un punto crucial para la obra ya que enfrenta la doble sensación que parece perseguir al protagonista y es que si bien no parece querer cambios, empieza a ver la necesidad de algunos, momento usado por Lampedusa para hacer una crítica a quien ha llegado a un status por herencia seguramente, y que una vez allí no va a mover un dedo. Se convierte así la novela en el cambio, tal vez el olvido y también, más que la aceptación, la perspicacia que lleva a aceptarla, aunque sea de aquella manera, a lo largo de 50 años de Sicilia, que es en realidad Italia entera.

     Terminar diciendo que hay una magnífica adaptación cinematográfica firmada por Visconti y que os recomiendo encarecidamente si, como a muchos les sucede, este confinamiento junto a sus preocupaciones os han robado la concentración necesaria para leer.

     El Gatopardo es una novela magnífica. Y cuando uno se topa con una novela magnífica, poco más puede añadir. Y vosotros, ¿podéis leer estos días?

     Gracias

     "Deseo, mejor dicho quiero, que de mi muerte no se haga ningún tipo de participación. (...) Deseo que se haga cuanto sea posible para que se publique 'El Gatopardo' (el manuscrito válido es el que figura en un solo sobre escrito a mano); por supuesto, ello no significa que deba publicarse a expensas de mis herederos, lo consideraría como una gran humillación".

martes, 17 de marzo de 2020

Ann Verónica. H. G. Wells


     “The art of ignoring is one of the accomplishments of every well-bred girl, so carefully instilled that at last she can even ignore her own thoughts and her own knowledge.” 

     Qué placer descubrir nuevos rumbos y títulos y qué placer añadido cuando el nuevo rumbo es de un autor conocido, consagrado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ann Veronica.

     Ann Veronica es una joven de veintiún años, rebelde y un tanto indecisa, que discute con su padre las restricciones propias de la época. En un momento en el que la mayor preocupación de una joven es que se la declaren adecuadamente, ella tiene una bronca tremenda porque quiere ir a una fiesta de disfraces. No es la primera bronca, pero es la definitiva, ya que la joven decide marcharse a Londres. Una vez allí, Ann Verónica, decididamente feminista, tiene que buscarse la vida, reconducir sus estudios, encontrarse con sufragistas y que le estorbe el amor. Además, por supuesto, de tener que pedir un préstamo con poca cabeza para seguir adelante.

     Siempre se habla de autores encasillados pero uno no se da cuenta de ello hasta que no encuentra un título que le descuadra tanto como a mi este. Se trata de una novela social de corte feminista y publicada en 1909 por uno de los nombres más famosos de la ciencia ficción.
     En este caso estamos ante una novela feminista publicada hace un siglo y escrita por un hombre que vivía, por supuesto, bajo los condicionamientos sociales del momento. De hecho la historia nace de un lío de faldas de Wells, y quizás por eso él es el protagonista  masculino de la historia que sale mejor parado y que tiene, como él tuvo, una amante feminista. Esto es importante porque la novela empieza con un tono que uno se toma por jocoso, casi satírico, y acaba derivando hacia la vivencia personal en la que la impetuosa feminista es una niña caprichosa a la que la vida le enseña lo feliz que es mientras le dicen eso de, ¡Oh, querida! ¡Qué feminista eres!
 
     Veronica se va por una discusión con su padre que hoy en día se nos antoja casi más un capricho adolescente que una convicción de la búsqueda de la libertad de género. Si acaso, como iremos descubriendo en otras decisiones de la chica, busca el interés propio y la decisión de ir a Londres obedece más a un proceso momentáneo de iluminación que a un plan trazado. Así lo vemos cuando se enfrenta a la vida sin papá, a la necesidad de un trabajo y a la búsqueda de una habitación. Aunque no lo vemos demasiado, ya que el autor termina olvidándose del dinero incluso debido, no vaya a ser que le estropee la novela. La joven, que sí es cierto que se une al movimiento sufragista, va y viene en ideales, y va incluso a la cárcel aunque sea por quitarse de en medio pero termina, como suele ser habitual en las novelas de esta época que se nos presentan fuertes y decididas, enamorada hasta la coronilla (del personaje este que os decía que es el alter ego del autor). Y la novela que ya iba siendo más vaivén caprichoso que alegato divertido, termina dejando en nada sus comienzos porque, como todo el mundo sabe, cuatro años después uno madura y ve la vida de otra manera.

     En aquél momento, hace más de un siglo, la novela fue algo reaccionario que los hombres no recibieron bien y las mujeres en cambio aplaudieron. Hoy ha sufrido un envejecimiento atroz, ya que la sociedad ha comprendido muchas cosas y le ha dado la seriedad correspondiente a las voces de muchas mujeres que tenían algo que decir. Resulta por tanto más curioso como experimento social de cómo veía un hombre a las mujeres que levantaban la voz, que como novela efectiva. Y es en este en el sentido que me ha gustado leerla, para descubrir en sus letras un cierto tono paternalista de gato que deja jugar a los gatitos sabiendo que cuando tengan hambre volverán a la cesta.

     Ann Veronica es una novela corta con un final precipitado que me ha dado a conocer un campo nuevo de un escritor consagrado de novela de ciencia ficción. Me ha gustado el experimento, infinitamente más que el libro.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 16 de marzo de 2020

Libros gratis



     Ya sé que es lunes, pero estos días son distintos y por tanto también lo es el blog adaptándose a ellos.
      Las reseñas subirán de frecuencia y hoy, en lugar de una reseña, pondré enlaces con libros que autores y/o editoriales ponen a disposición de los lectores de forma gratuita. Si tienes uno o sabes de uno, súmalo en los comentarios.

     Hoy todas las revistas del grupo Condé Nast en España -Vogue, Vanity Fair, Glamour, AD, Condé Nast Traveler y GQ- pondrán sus próximos números a disposición de todo el mundo desde cualquier dispositivo de manera fácil y rápida. En la aplicación quiosco o en las páginas de las revistas.

     Jordi Sierra i Fabra colgará aquí un cuento diario gratuito para los más jóvenes de la casa.

     Javier Núñez pone a nuestra disposición en este enlace su obra, muchos gratis también.

     La plataforma LEKTU también oferta libros gratis, como anunciaba Cazador de Ratas.

     Juan Gómez Jurado nos deja su novela El paciente de forma gratuita, aquí.

     Mo de la Fuente hasta el día 18 nos ofrece su novela aquí

     Antonia romero nos deja su última novela hasta el día 20, aquí

     Sara Mañero se ha sumado con Mientras sorprendan los días a 1 euro, aquí

     Carlos Candela nos deja su última novela gratis, aquí

     La editorial Blackie Books también pone a disposición de sus lectores alguno de sus libros más conocidos gratis, aquí Instrumental, de James Rhodes

     Rosa Montero estos días nos deja gratis también uno de sus libros, aquí

     Roca Editorial pone a nuestra disposición alguno de sus títulos de forma gratuita, aquí

     La editorial Kailas también nos abre tres libros de su catálogo de forma gratuita, aquí

lunes, 9 de marzo de 2020

Un plan sangriento. Graham Macrae Burnet


     "Escribo esto a instancias de mi abogado, el señor Andrew Sinclair, quien, desde que me encarcelaron aquí, en Inverness, me ha tratado con un grado de cortesía que no merezco en modo alguno. Mi vida ha ido breve y de escasa consecuencia, y no es mi deseo eximirme de la responsabilidad de los actos que recientemente he cometido. Así pues, no es por otra razón que la de corresponder la amabilidad de mi abogado que consigno estas palabras por escrito".

     El true crime está en alza desde hace tiempo, y me apetecía leer unos cuantos libros que se incluyeran en esa etiqueta. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Un plan sangriento.

     Conocemos a Roderick Macrae, de 17 años y arrestado por triple asesinato en su localidad natal, Culduie. Corre el año 1869 y Roderick además de aparecer lleno de sangre, se ha declarado culpable del triple crimen. Será su propio abogado quien se empeñe en tener un relato más completo de lo sucedido.
   
     De la moda de la novela negra hemos pasado a la moda del true crime gracias, al menos en un mínimo %, al morbo de nuestra sociedad y a la proliferación de series true crime en determinadas plataformas digitales. Así concebida una novela, es bastante habitual que el lector ya conozca al culpable en las primeras páginas, o incluso antes y sea ese el motivo por el que le ha interesado el libro. Las motivaciones para leer este tipo de novelas son, por lo tanto, diferentes a las de la novela negra. Y una de ellas es por qué el autor ha tenido ese interés en particular. Bien, en este caso, el autor es descendiente del protagonista y ha decidido recopilar pruebas, entrevistas y todo el material posible sobre lo sucedido, incluida la declaración de Roderick.

     La novela comienza de forma lenta con una serie de declaraciones que parecen más enfocadas a ambientar que a aportar grandes contribuciones a la trama, por lo que recomendaría a quienes se animaran que no juzgaran el libro por sus primeras páginas y le dieran la oportunidad de llegar a las palabras de Roderick. Así vamos descubriendo que Roderick es inteligente y bastante tímido, al que añadiremos el término rarito a medida que vayamos viéndolo desde perspectivas diferentes a la suya propia, que vive en un pueblo mínimo en el que, además, se hacen diferencias en función del lugar.  Roderick se ha quedado sin madre y  ahora serán su padre y él los encargados de llevar la granja. El padre es, como suele ser habitual en estos casos, una joya. Los problemas comienzan cuando se nombra agente a Lachlan, quien ya había tenido un enfrentamiento con el padre de Roderick hace tiempo y que el lector descubre como un personaje al que es fácil coger manía. De hecho llegamos a simpatizar con Roderick simplemente porque sabemos que Lachlan es una de las víctimas, sobre todo cuando vemos el acoso al que somete a los miembros de la familia de Roderick. Sin embargo, y pese a que he afirmado que esta es una de sus víctimas, no hay que perder de vista que fueron tres y no solo uno. Y si digo esto es porque en un libro de este estilo es fácil olvidar determinadas cosas como que, por ejemplo, el acusado no parece el mismo cuando es él quien habla a cuando son otras las personas que se dedican a dibujarlo.
     Supongo que ha pasado tanto tiempo que es casi imposible hacer una reconstrucción certera, pero es precisamente ese el punto fuerte de Un plan sangriento. Si no hubiera contradicciones, si no tuviéramos pequeñas fisuras que limar, no sería creíble que estuviéramos ante un caso real y es que, no nos engañemos, las únicas tramas criminales en las que no queda un solo agujero, es en aquellas que son ficción. Eso unido a que aquí lo que se cuestiona son los motivos, pero en ningún caso la autoría.

    Graham Macrae realiza un gran trabajo a la hora de compilar y presentar documentos, y también a la de mantenerse al margen de la historia. Hay que destacar las descripciones locales, los modos de vida y las disgresiones sobre temas como la culpa, la locura o la capacidad que se ven mostradas a lo largo del libro. Personalmente me llamó la atención el tema de las algas, pero porque es algo que en el lugar en el que resido se sigue haciendo. Y también lo hizo la veracidad que todos esos detalles otorgaban a la lectura que tenía entre manos, incluídas las opiniones sobre lo "leído" que era el joven cuyas memorias se encontraban allí.

     Un plan sangriento me ha parecido magnífica en su segunda parte y más que acertada en cuanto a su concepción. Un libro que se aleja de las frases vertiginosas que promocionan a la novela negra contemporánea y que busca más la construcción del lugar y del personaje que la de los hechos concretos. Me ha gustado. Lo he disfrutado más que muchas de esas novelas adictivas que vemos en el mercado.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 6 de marzo de 2020

29 segundos. T. M. Logan


     "Las reglas eran bastante sencillas. No quedarse a solas con él si podías evitarlo. No hacer ni decir nada que él pudiera interpretar como una invitación. No subir a un taxi ni a un ascensor con él, Tener especial cuidado cuando estuvierais juntos fuera de la oficina; sobre todo, en hoteles y congresos. Y, por encima de todo, la regla número uno, la que jamás había que quebrantar: no hacer nada de lo anterior si él había bebido".

     Os veo la sonrisa, pero sí, esta semana he comenzado con eso de buscar el thriller del año. Y me va regular tirando a mal, lo confieso. Hoy traigo a mi estantería virtual, 29 segundos.

     Sarah es una profesora de literatura que quiere su puesto fijo en la universidad. De momento tiene que lidiar con un superior egocéntrico y acosador que, debido a su fama, es intocable. Así las cosas, un día es testigo de un intento de secuestro de una niña e interviene para ayudarla. Lo que menos espera es que el padre sea un hombre muy poderoso que le ofrezca la posibilidad de librarse de su mayor problema: el que sea, lo que ella le diga.

     La venganza como argumento habitual o como excusa, en función de quien usa el término para justificar sus actos, es algo que solemos encontrarnos en la literatura. ¿Y si además esa venganza fuera anónima? Ese es el juego que nos propone la autora. Imagina que puedes librarte de alguien, de quien sea, solo una persona y una única vez. Ahora imagina que esa persona desaparece porque la nombras y nadie va a poder vincularte a la desaparición, ¿lo harías? Bien, ese es el agradecimiento que ofrecen a la protagonista de la novela, provocando casi una crisis de conciencia en la que la razón y la emoción se pelean con dar o no un nombre, que todos podemos suponer vista la sinopsis. Así las cosas, no tardaremos en comprender la decisión que toma Sarah, dar el nombre, aunque, seamos sinceros, no la veamos demasiado inteligente a juzgar por como nos la dibuja Logan. Aún así, avanzamos. Y lo hacemos entre personajes que parecen tener la misma inteligencia que nuestra querida Sarah, y que aparecen y opinan cosas demasiado obvias pero un poco al tuntún o, mejor dicho, sin darnos motivos reales para sus opiniones o incluso actos. Es el caso de una extrabajadora del profesor irrumpiendo en una fiesta que entre una escena y lágrimas y un taxi... bien, muy peliculero todo.
     Logan aún así insiste y nosotros con él. Comprendemos a Sarah y esperamos que el libro termine con la venganza, pero no, decide darle un poco más de complejidad (no mucha, tranquilos, es de 0 a 5 años) y lo que podía haber sido una buena idea para redondear la novela, acaba convirtiéndose en un desastre irreal lo mires por donde lo mires. Y es que, ya lo he comentado otras veces, sacrificar la credibilidad por dar un pequeño giro o una gran voltereta suele dar malos resultados y, en este caso, es justo lo que pasa. Una vez que la novela encara su recta final el lector no sabe muy bien por qué Logan ha optado por esa carrera final propia de una serie z de esas semanales. La protagonista que ya era casi de plástico ahora pretende ser una suerte de... tía listísima que ni siquiera queda bien explicada. Y la novela que hubiera podido llevarse uno de mis: entretenida que ya es mucho, se queda en un si lo se no vengo.

     29 segundos es una novela fallida. Tanto como su título que, si bien entiendo a qué se refiere, no me convence.

     Y vosotros, ¿cuál es la última novela que os entretuvo de verdad?

     Gracias.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Los secretos que guardamos. Lara Prescott


     "Cuando llegaron los hombres de traje negro, mi hija les ofreció una taza de té. Ellos aceptaron educados, como si fueran nuestros invitados. Pero cuando empezaron a volcar los cajones de mi escritorio, a tirar al suelo los libros de la estantería, a dar la vuelta a los colchones y a revolver los armarios, Ira apartó el hervidor del fogón y colocó de nuevo las tazas y los platitos en el armario. 
     Un hombre que llevaba un gran cajón de embalar ordenó a los otros que metieran en él todo lo que pudiera ser útil, y mi hijo pequeño, Mitya, fue al balcón, donde tenía su eriza, y la envolvió en su jersey, como si temiera que los hombres se la llevaran también".

     A veces es simplemente la trama. Te llama tanto la atención, que es imposible obviar el libro; lo necesitas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los secretos que guardamos.

     Conocemos a Olga, la amante de Boris Pasternak, cuando es llevada a un gulag. Ella apoya firmemente a su amante, pero pasa 3 años en los que pierde a sus hijos e incluso el hijo que esperaba del escritor que, además, no estaría dispuesto a permitir otra situación semejante. La historia entre Pasternak y Olga, su musa, es utilizada por el propio autor para inspirarse en los personajes de la famosa novela. Una novela que sabe no verá la luz en su país.
     Conocemos también a Irina, una mujer de ascendencia rusa que ha terminado trabajando de mecanógrafa para la CIA. Allí la gente no tiene lazos personales, muchos son espías. Aunque Irina es mecanógrafa. Al menos hasta ahora que ha conocido a Sally. Ahora es quien recogerá el manuscrito cual espía/mensajera para llevarlo hasta las mecanógrafas y luego distribuirlo de contrabando en Rusia. Pero además de todo eso, Irina también vive su personal historia de amor. Con Sally. En una época en la que la homosexualidad era ilegal.

     Todo el mundo conoce al Doctor Zhivago. Poco importa si es por el libro, por la película o por su banda sonora; lo cierto es que Zhivago es un nombre que no le resulta extraño a nadie. De hecho juraría que incluso la mayor parte de la gente sabe que hay en esta gran novela una historia de amor. Lo que yo desconocía, por ejemplo, es que la CIA se había implicado para poder meter de contrabando en Rusia una novela que jamás hubiera sido publicada en ese país. Al menos en ese momento. A fin de cuentas, ¿qué puede tener un libro que se ha hecho más famoso por la historia de amor que por contener ideas revolucionarias para ser el centro de una trama de espías? Lara Prescott, que comparte nombre con la protagonista de la novela de Boris Pasternak, lo explica en su primera novela utilizando para ello hasta cinco narradores de los cuales, e incluso teniendo en cuenta el magnífico uso que hace de la primera persona, destaca la voz colmena de las mecanógrafas de la CIA.
     Hay que decir que la novela es fácil de leer y complicada de explicar, ya que ha optado por cambiar su foco de atención y establecer una suerte de paralelismo entre la historia de las mecanógrafas y la de Pasternak y su amante Olga, pero tanto en lenguaje como en formas busca lectores y curiosos que se acerquen a ella, por lo que uno no tarda en cogerle el punto y seguir leyendo tranquilamente.

     Prescott comienza la novela entre titubeos, pero poco a poco se va haciendo con esta visión totalmente feminista de un suceso desconocido para muchos lectores. Las mecanógrafas reflejarán parte de su realidad, del mundo en el que se encuentran sumergidas y también lo harán Irina y Sally descubriendo que el amor también puede ser demoledor. Nos responderá a la duda de por qué un libro puede ser tan importante, y esta es la parte que me ha resultado más interesante a mi. Frente a un régimen que lo controlaba todo para que se adecuara a sus ideas sin salirse un mm, la CIA empujaba a descubrir a través de la cultura, no solo la literatura sino también la música, por ejemplo, lo que otros gobiernos pretendían silenciar. Los libros abren mentes, dicen, y también mostrarían lo que no se permite publicar abriendo así los ojos a muchas personas. Es muy interesante esta parte de la trama, aunque cae en reflexiones descontextualizadas, más actuales que propias de los años 50 pese a que reflejen comportamientos de aquella época. Esto hizo que me costara interesarme a nivel personal aunque será precisamente esa colmena, ese aislamiento impuesto a las personas que la forman, el gran acierto de la historia. La otra mitad, ya que hay un este y oeste, un oriente y occidente, la forman Boris y Olga, su amor, su separación, sus afinidades y también sus discusiones sobre el crimen y el castigo (guiño, guiño) por el pecado cometido, por la novela. Esta es quizás la parte más conocida en la que la autora ha buscado además esa identificación directa de la novela con la ficción. Todos conocemos más o menos la historia de Pasternak, consciente de sus amigos muertos o retenidos, consciente de lo que había escrito, Pasternak, enfermo o no, con su vida se ganó el derecho a ser un personaje. Y así parece haberlo recogido Prescott entregándonos una novela de la que podemos sacar la ficción que el autor reflejaba incluso aunque una parte sucediera tras haberse escrito el libro.
     Comentaba los deslices, los clichés, los fallos que se le pueden encontrar a Los secretos que guardamos. Sin embargo, si me pongo a buscar la justicia de valorar una primera novela, tengo que decir que el resultado es tremendo y, sobre todo, apto para todos los públicos.

     Los secretos que guardamos me ha parecido una historia interesante que me  ha pillado totalmente por sorpresa. Estaré pendiente de la segunda novela de Prescott.

     Y vosotros, ¿conocéis a Zhivago?

     Gracias.

lunes, 2 de marzo de 2020

Alguien a quien conoces. Shari Lapena


     "Está quieta en la cocina, mirando por las amplias ventanas de atrás. Se vuelve hacia mí —un ondear de su cabellera castaña y tupida acompaña el gesto—, y en sus grandes ojos marrones veo confusión y un miedo repentino. Ha comprendido la situación, el peligro. Nos miramos fijamente. Parece un hermoso animal asustado. Pero no me importa. Me da un subidón: una furia pura y descontrolada; nada de pena. 
      Ella y yo somos conscientes del martillo que llevo en la mano. Es como si el tiempo se ralentizara. Todo debe de estar sucediendo deprisa, pero no lo parece. Abre la boca, como para formar palabras. Pero no me interesa lo que tenga que decir. O a lo mejor quiere gritar".

     Para hablar sobre un libro hay que leerlo, así que si hay un título que suena en la boca de los lectores, me pica la curiosidad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alguien a quien conoces.

     Viajamos a Aylesford, una zona tranquila a una media hora de Nueva York en la que vamos conociendo a sus vecinos. Todo empieza cuando una mujer aparece muerta en el maletero de su coche. Es una vecina del lugar con fama de ser un poco fresca o, al menos, parecerlo y que todos creían que había abandonado a su marido. En otra de las casas del vecindario un joven se queda lívido al conocer la noticia ya que en la casa de ese matrimonio van a encontrar huellas suyas: le gusta colarse en las casas de sus vecinos y cotillear en sus ordenadores.

     Shari Lapena es uno de esos nombres que se hizo conocido con su primer libro pero que, tengo la sensación de que no ha repetido éxito con ninguno de sus títulos siguientes. Vende, sí, pero se va agotando poco a poco la fama que le diera el primero y la estela en ventas que le podía suponer. Lo que está claro es que entró de lleno al llamado domestic noir, y que sigue en él.
     En esta ocasión Lapena se inventa una pequeña localidad, casi un barrio residencial, para trazar una suerte de comedia de enredos con un cadáver a los postres. Y es que me ha costado mucho tomarme en serio un libro en el que casualmente todos se relacionan con todos. Es decir, ¿no hay más vecinos en ese barrio que absolutamente cada cosa y secreto vital ha de pertenecer a alguno de los personajes centrales? Hay muerto, muerta en este caso, y críticas tras los visillos; un marido que nunca parece lo suficientemente apenado y que nos colocan para que sospechemos de él; hay líos de faldas o de pantalones, como queramos llamarlos; adolescentes que cumplen su papel de descerebrados ingobernables; vecinas cotillas con mascota o sin ella y, en fin, todo lo que se supone que tiene que incluir este tipo de vecindarios. El problema es que al ponerlo todo junto y no medir la dosis uno tiene la sensación de estar ante un capítulo final de Sexo en Nueva York mezclado con aires de Agatha Christie.
     La novela es olvidable y estoy segura de que eso no es un problema para quien la escribe ya que la concibe como un entretenimiento con el que matar tiempos muertos sin pensar demasiado. Hay giros pero no demasiado bruscos y el final tampoco nos pilla de sorpresa, lo que hace que hace aún más sorprendente que siga defendiendo que es un entretenimiento al más puro estilo comida rápida. Y por qué digo esto, pues porque a veces uno no comprende que ciertos libros se vendan tanto o sean tan alabados pero en el caso de este estilo de novelas, entiendo perfectamente que la gente los busque como evasión ya que es el lugar que buscan. Y es que no todo ha de ser alta literatura, y cada uno sabe lo que está buscando en un libro. A mi me no me ha gustado, me ha parecido predecible y plana y donde otros ven tensión yo me sonreía ante lo inverosímil que no es lo mismo que lo increíble. Pero esto es solo una opinión personal y ha de tomarse como tal.

     Alguien a quien conoces es una novela tan entretenida como olvidable que cumple su función sin aportar nada reseñable a la literatura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 24 de febrero de 2020

Todos quieren a Daisy Jones. Taylor Jenkins Reid


     “Así eran las cosas. Se suponía que yo no era más que la inspiración para la gran idea de algún hombre. Pues a la mierda con eso".

     Me gustan las historias detrás de las historias, eso que en algunos documentales se llama "behind the scenes", así que este libro era del todo irresistible. Hoy traigo a mi estantería virtual, Todos quieren a Daisy Jones.

    Durante la década de los 70 Daisy Jones and The Six fue un grupo icónico seguido por miles de personas que compraban su música y abarrotan sus conciertos. Sin embargo, en 1979 y sin previo aviso, el grupo decide separarse dejando un vacío en el corazón de sus fans. Han tenido que pasar años para que los distintos miembros de la banda y quienes tenían más contacto con ellos accedieran a conceder entrevistas por separado para relatar lo que sucedió.

     Los años setenta es un momento importante para el rock, una música que se convierte en un fenómeno de masas y una época en la que las drogas silencian a algunos mientras que otros grupos se separan de forma más o menos pacífica. El Glam, el Trash, el Heavy... todos conviven en la época dorada de la música en la que U2, Sex Pistols y tantos otros ponían banda sonora a la vida de miles de personas. Y es en este contexto en el que un productor se fija en Daisy Jones, una mujer con una voz imponente y una presencia no menos llamativa, y en Billy Dunne y su grupo The Six. Decide entonces unir ambas partes para una colaboración que resulta ser un éxito tan impresionante como para provocar que ambas partes se unan. Y así nace Daisy Jones and The Six, una de las bandas más famosas de aquella época. Una época de excesos, de sexo y de drogas como bien saben los dos protagonistas que provocó el silencio de tantos otros grupos. En este caso, y gracias a las entrevistas que nos presenta Jenkins, somos capaces de reconstruir una historia en la que cada uno da su versión o visión de los hechos y de la que lo primero que tenemos claro, es que no hay una única verdad. Aún así veremos la tensión permanente entre Daisy y Billy, viviremos el romance y, sobre todo, disfrutaremos de sus personajes femeninos, en los que la autora parece haberse volcado. Todas son mujeres luchadoras y con una visión propia de su arte, de la pareja de Billy, Camila, la historia de Karen o la de la magnífica Simone. Historias que lejos de eclipsar a la protagonista evitan la sensación de estar ante la historia de "la perfecta candidata a convertirse en..." y que, además de darnos sus versiones personales, van abriéndose poco a poco a la vez que dejan un retrato del momento en el que se desarrollaron. Y es que, aunque las letras de las canciones incluídas en el libro me han parecido cursis, he caído en la trampa de buscar entre líneas si en ellas se iba reflejando algo de lo vivido por el grupo. A fin de cuentas, "Sweetest thing" se escribió para pedir perdón y Bono ha indicado muchas veces las influencias de escritores, músicos y sus propias vivencias en sus canciones. Y es que, si de algo pecamos los fans, es de buscar más de lo que se nos da y por eso este tipo de documentales tienen tanto éxito. Puede que uno no conozca el grupo del que se habla, pero no tarda en desear escuchar "Aurora" y en querer saber un poco más de todos los que nos están hablando.

     Daisy Jones and The Six es un libro concebido como un programa documental en el que el lector va recogiendo información y clasificándola mientras se deja llevar por la década del rock, tarareando canciones y buscando saber un poco más sobre cada personaje. Y llegado este punto estaréis pensando que este libro está dirigido a fans del grupo y, por lo tanto, no es para vosotros ya que ni siquiera lo conocíais. Bien, el mejor argumento que puedo daros para que veáis claramente que no es así, es que jamás existió Daisy Jones and The Six. Jenkins recoge una década y mezcla las historias de algunos de los grupos que la marcaron y que fuera de los escenarios eran auténticas novelas para lograr que el lector pase la última página con el único pesar de no poder escuchar su música. Incluso si, como a mi, las letras de las canciones le han parecido un poco simplonas.

     Este libro se va a llevar a la pequeña pantalla en una de esas plataformas de pago, Amazon creo, ya que Reese Witherspoon quedó fascinada con la novela. Y yo solo pido que ella no sea Daisy Jones ya que, gracias a Jenkins, mi mito ya ha nacido y tiene su propia cara. No os desvelo más, porque merece ser descubierto, aunque a veces al autor se le vaya un poco el pulso de la narración. Quizás en audiolibro... o puede que sea el fantasma de quien nunca existió que reclama su derecho a ser un poquito más tangible quien me haga afirmar esto.

     Dicho esto me declaro fan de los Blues Brothers tanto como de The Soggy Bottom Boys, Stillwater o de The Wonders. Incluso pasé por una época en la que me interesó el grupo de música que formó aquel personaje de Perdidos... pero que ya no recuerdo. El mundo está lleno de grupos de ficción, descubramos a Daisy Jones and The Six.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.