lunes, 23 de noviembre de 2020

Línea de fuego. Arturo Pérez-Reverte

 


     "Son las 00:15 y no hay luna. 
      Agachadas en la oscuridad, inmóviles y en silencio, las dieciocho mujeres de la sección de transmisiones observan el denso desfile de sombras que se dirige a la orilla del río. 
      No se oye ni una voz, ni un susurro. Sólo el sonido de los pasos, cientos de ellos, en la tierra mojada por el relente nocturno; y a veces, el leve entrechocar metálico de fusiles, bayonetas, cascos de acero y cantimploras".

     He tardado, pero tenía curiosidad y la quería leer con calma. Hoy traigo a mi estantería virtual, Línea de fuego.

    La Guerra Civil a modo de crónica contada por quienes la vivieron.

     Mas o menos ese es el resumen, solo que Reverte se toma sus licencias para poder contarnos su visión de la guerra. Así que no tengo claro si es mejor contaros el libro o contaros lo que nos ha dicho Reverte en él. De entrada hay que hablar de las licencias que se toma, puesto que ni las mujeres con las que empieza ni la propia batalla objeto de la novela existieron como tales. Es decir, es ficción (y por eso el epílogo no me ha parecido necesario). Precisamente porque es ficción nos encontramos en la novela a Reverte por todas partes. Incluso "Pato" es Reverte, y pato es una mujer. Y es que el autor desde Alatriste se ha sentido cada vez más cómodo en esa piel que ya nos sabemos de memoria, ese señor entrado en años al que nadie llamaría maduro porque por supuesto no lo parece es perro viejo, pero viejoven o algo así que escupe y aprieta los dientes e impresiona. Un personaje que trasciende al narrador que habla con ese tono chulesco un tanto trasnochado que ya sabemos nos vamos a encontrar. Así es su obra, y así es en este libro incluso una mujer. 
Y allí nos vemos en la guerra de trincheras que tan bien nos ha dicho que conoce y que representa como el sinsentido que es la muerte incluyendo al desgraciado que solo quiere irse pero que parece incapaz. Y nos habla de bandos y de ideales, pocos, porque la gente muerte de forma mundana, por un balazo por ejemplo, por asomar cuando no debe o un descuido, por el calor del momento, por no pensar. Por ideales van los justos (de número) y el autor además busca no premiar a unos sobre otros para que nadie le busque al libro una cojera ideológica que se ha esforzado en evitar. Supongo que por eso me he quedado con una duda, una pregunta que le haría al respecto de esas que uno luego no se atreve a plantear pero que resuenan mientras lee la novela.

     Novelas sobre la guerra civil hay muchas. Y si miramos el horizonte es fácil pensar que muchos empiezan a afilar el lápiz para fechas venideras y que junto a los libros de Mauthausen estarán estos otros. ¿Que tiene esta de diferente? Que la línea de ficción no existe más allá de una batalla, que es un cronista que nos cuenta una guerra que en sus formas nos suena trasnochada porque la vida ha cambiado y las guerras también. Y que nos enseña, pese al trasnoche y tono que comentaba antes, la sensación de que hay algo que permanece en cualquier conflicto y es que en las guerras, se muere. Dicho así parece una tontería pero en el mundo actual en el que las cifras bailan y se televisa absolutamente todo, corremos el riesgo de olvidar que a veces no es una película y que no hay nadie que diga "corten" para que todo el mundo se levante y siga su camino. Desconozco si era esa la intención del autor, pero es el mensaje que yo he recogido y me ha gustado. El mensaje digo, la novela me ha parecido excesiva en muchos sentidos. A ratos incluso agotadora.

     Línea de fuego es un libro sobre la Guerra Civil para quienes no busquen una novela clásica. Una historia coral del ruido de la batalla.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Glanbeigh. Colin Barrett

 


     "No conoces mi pueblo pero seguro que te suena".

     Los libros son como los limpiaparabrisas con música, si el lector se esfuerza lo suficiente, siempre acaba encontrando la forma de relacionar dos títulos de forma armónica. En este caso sin ir más lejos a mi me resulta una casualidad casi, casi asombrosa (aunque sé que está en mi cabeza principalmente) que Glanbeigh no existe en realidad y se convierte en el lugar sobre el que el autor escribe como ya hiciera Ray Pollock con Knockemstiff y descubrir entonces que Barrett es de un lugar llamado Knockmore. Que diréis y por qué, pues porque mi cerebro me muestra que los nombres se parecen y a saber qué sinapsis ha saltado a la comba pero tengo curiosidad por Knockmore y miro y no veo nada y me llevo mi pequeña decepción. Pero vamos al libro, que para eso estamos aquí. Hoy traigo a mi estantería virtual, Glanbeigh.

     Glanbeigh está formado por siete relatos y el prólogo e un hombre que sabía demasiado. No me malinterpretéis, da gusto ver un texto en el que su autor no solo ha leído la obra, además tiene una opinión sobre ella que quiere compartir. Pero quizás en el epílogo daría al lector una visión más adecuada, tras la opinión propia, en la que mover su lectura ya hecha sobre la base de otra para recibir una visión a veces diferente que nos vaya complementando. Los relatos (hola, cerebro) muestran un pueblucho miserable con gente miserable que lleva, como no podía ser de otro modo, vidas bastante miserables. Hay noces de billar y relaciones entre amigos que no deberían de serlo. Hay ganas de incordiarse pero más de hacerlo con los demás, y hay, sobre todo, mucha sensación de lugar olvidado que no importa a nadie. Quizás ni a sus propios habitantes que se abandonan tanto como las calles que transitan y e que Glanbeigh no es la puerta del infierno que era Knockemstiff, ni se aproxima, pero es un agujero en el mundo. Y quizás sea En su propio pellejo el relato que mejor aborda esa sensación de dejadez, y por eso es el que me ha gustado más. 

     Ahora que ya he caído en la trampa de dar el título de uno de los relatos os tengo que hablar de Tranquilo entre caballos, unas cien páginas que abordan las relaciones que se establecen dentro de los vínculos importantes en estos agujeros: las familias y los amigos. Es cierto que pudo ser una novela corta, casi mínima, y no un relato, pero también lo es que al no ser mi favorito no lo he otorgado un mayor interés que al resto. Porque en realidad a mi lo que me ha gustado es el bloque, el lugar que muestran sus propios habitantes y que lo enseñan sin ánimo de absolutamente nada. Aquí nadie te dice que lugar más pobre, sucio o decadente, simplemente es lo que hay, es lo que tienen y es como son. Y todo ellos con una pluma diestra a la hora de contarlo que hace que el lector se sienta cómodo y tal vez mire dos veces uno de esos pueblos sin nombre que vemos a lo lejos cuando nos desviamos de la autopista para echar gasolina. Pero eso, solo tal vez.

     Glanbeigh me ha gustado. Y os diré más, me gusta la editorial que lo publica que busca libros rudos de esos que ahora dicen masculinos pero que yo me empeño en llamar directos y los críticos tratan de emular diciendo que sus frases son puñetazos o que tienen algo de telúrico. Cada cual sabrá decirlo a su manera, pero todos entendemos a qué tipo de tonos me refiero. Quedan pocos, guardémoslos. Y la forma de hacerlo es leerlos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Finnegans Wake. James Joyce

 


     "riverrun, past Eve and Adam's, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs".

     Hoy más que una reseña os muestro una de mis obsesiones, de mis placeres, de mis pasatiempos. Y es que llevo muchos años detrás de Finnegans Wake. Y cuando digo detrás, me refiero a que un día, no cualquiera, emulando al propio autor me puse el cartelito de "works in progress" decidida a descifrar el libro intraducible. Mi única intención era convertirlo en un libro mío, de esos que coges en las manos y dices; es para mi. Poco tardé en descubrir que si hay un libro así, es este. Para cuando me quise dar cuenta el libro no era para mi pero mi tiempo era todo para el libro. Y eso, lejos de asustarme, me encantó. 

     Ulises es un día en la vida de un hombre bajo la mirada de Joyce, que cambia en forma y estilo en cada una de sus partes. Y si es Ulises el día, Finnegans es la noche, hasta formar juntos un bucle infinito de literatura. Entonces, ¿por qué es tan difícil acercarse a Finnegans Wake? Pues porque por la noche soñamos. Y los sueños son imprecisos, inconexos, tienen cosas imposibles y mezclan mil recuerdos de la infancia con otros que hubiera hecho las delicias de la obra de Dalí. Imaginad ahora que es el sueño de alguien que ha bebido, y es que para entender el libro empezamos por la canción. Finnegan era un señor al que le gustaba el whisky y que descubrió por las malas que el alcohol y las escaleras no son una buena combinación. Es decir, acabó en el velatorio con la cabeza un poco rota. Y así lo tenemos, en casa, en su velatorio, con whisky a sus pies y cerveza negra a la cabeza. Con semejante estampa las cosas se fueron un poco de madre y Finnegan acabó mojado de whisky... y abrió los ojos para protestar por el ruido. Ese es el despertar de Finnegan, claro, wake, velatorio, despertar.

     Ahora imaginad que tanto tiempo queriendo saber qué hay, llega Joyce y cuenta los retazos de recuerdos inconexos en los que mezcla religión, leyendas, historia, su vida marital, la pasión por el idioma inglés y por qué no, el resto de los idiomas. A fin de cuentas los sueños dicen que tienen un idioma propio o que tal vez en ellos nos entendamos en cualquier idioma porque no tienen fronteras. Y sin fronteras nuestro Finnegan literario es un albañil que se cae de un andamio y resucita en la forma de Earwicker y si decir esto hace suponer que se va a conocer una novela con este protagonista, más os vale olvidarlo. Está concebido para que se vaya leyendo de forma personal, yo me quedo con la historia de Irlanda, las leyendas, el río de la vida o que da la vida, el que lleva a la ciudad que se hizo más importante y las leyendas que se fueron trazando como afluentes. Me quedo con la imaginación y con el juego idiomático y recuerdo todos esos libros que hay y que sorprenden y se ensalzan por usar o no mayúsculas o párrafos, por tener un lenguaje propio o infantil, por no usar puntos... y me imagino a Joyce resucitado a base de whisky levantar la cabeza y decir: ¡No hagáis tanto ruido!¿Creíais que estaba muerto? 

     El idioma, claro. Porque todo eso ya se inventó el día en el que un solo trueno sonó retumbando en el silencio de una biblioteca para mostrar que su eco incluye más de una docena de idiomas. O que todos dicen lo mismo, que sabré yo. A fin de cuentas, esto no es una reseña, es simplemente un pequeño testimonio de una obsesión.

     Un libro te posee cuando te vas a Dublín y tocan una canción en un pub y... bueno, esa parte no la voy a contar. 


     Hoy no espero ni un solo comentario que diga que se va a acercar a este libro. Soy consciente. Y eso que no os he contado cuántos cuadernos tengo, solo he dejado una imagen de mis comienzos.

     Gracias.


miércoles, 11 de noviembre de 2020

Un matrimonio perfecto. Elizabeth von Arnim

 


    Ni sé el tiempo que hace que me compré este libro. Más que nada porque ha aparecido en un rincón, ¡dentro de un armario! La cosa es que apareció y me lo leí y así llegamos a lo importante que es que hoy traigo a mi estantería virtual, Un matrimonio perfecto.

     Conocemos a Lucy, una joven que pierde a su padre y queda desolada. Y también a Wemyss un hombre mayor que ella que no puede evitar fijarse en la joven. Ella se siente sola y él, que también acaba de perder a su mujer, está devastado por la pérdida. Así ambos y tras las timideces iniciales, tienen un acercamiento de mutuo consuelo que no tarda en convertirse en cortejo. Y nace el amor. Solo que el concepto que Wemyss tiene de amor, no es normal. Ni sano.

     Nosotros sabemos que la mujer de Wemyss, Vera, ha muerto en extrañas circunstancias y que la policía está mosqueada con el tema. Y sabemos también que Lucy se siente desamparada en el mundo. De hecho le vemos la palabra víctima fácil brillar sobre su pecho desde lejos. El problema es que Wemyss también. Y así es como la buena de Lucy intenta salvar y ayudar al hombre que está a su lado mientras que él es implacable y posesivo con ella. Todos lo ven, ella... Bueno. Ya sabemos el dicho; el amor es ciego. Y así avanza una relación en la que ella va siendo anulada, no puede hacer ni tocar, y tampoco importa si algo es o no de su gusto: si Wemyss cree que algo le gusta, así tiene que ser porque él no se confunde. Si lo hace y ella no tiene la reacción esperada se disgusta o más probablemente se enfada.

     La novela se concibe exactamente como Lucy percibe a Wemyss, es decir, vamos leyendo y sabemos que es la historia de ella, pero el personaje es él. La angustia, la toxicidad y el maltrato psicológico se nos pegan a la piel mientras avanzamos buscando una esperanza para llegar a un final feliz que nos deje respirar. Además percibimos una falta de respuesta, si me permitís la broma, de la sociedad en el talante del servicio. Nadie ayudará a la joven, no hay amigos, no hay familia, no hay quien le abra los ojos. Y nadie hará entender nada al marido porque en ningún momento cree equivocarse. Eso es lo que aterra y angustia y es que hay veces en las que lo psicológico provoca mayores heridas a las que hubiera dejado un bofetón. 

Antes hablaba del final y de cómo uno lo lee esperando obtener oxígeno. Bien, no voy a desvelarlo, solo diré que jamás un final fue tan adecuado a una lectura.

     Un matrimonio perfecto me ha gustado. Mucho. Es una historia aparentemente sencilla. Pero todos sabemos que las apariencias engañan. Sobre todo las que muestran a personas perfectas.

     Y vosotros, ¿también perdéis libros por casa o solo me pasa a mi?

     Gracias.


lunes, 9 de noviembre de 2020

Caballos lentos. Mick Herron


     "Así fue como River Cartwright se salió de la pista rápida y se integró entre los caballos lentos".
 

     De vez en cuando me apetece una novela de espías. Es un género que siempre me ha gustado y que tengo la sensación de que ha ido a menos. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Caballos lentos.

     Los llamados caballos lentos son agentes del MI5 que no tienen el nivel suficiente para estar en el MI5 o, en muchos de los casos, que metieron la pata de forma imperdonable. El caso es que ahora están condenados a realizar tareas repetitivas que nadie quiere comandados por Jackson Lamb. Dentro de este grupo se encuentra River, cuya apasionante tarea es transcribir conversaciones interceptadas entre móviles. Cuando un hombre es secuestrado bajo amenaza de ser decapitado y retransmitido en directo, todos se ponen en marcha. La hipótesis general habla de terrorismo pero Lamb no parece ir por el mismo camino y River ve en ello una oportunidad para redimirse y, tal vez, salir.

     Digamos que es una novela de espías, pero no exactamente una novela de espías. Y es importante saberlo porque, cuando te dice la publicidad que está entre las veinte mejores novelas de espías de todos los tiempos, uno puede pensar que está ante una novela con un corte determinado. Aquí tenemos a Jason Lamb que es un desastre de hombre y a todo un equipo lleno de peculiaridades que poco o nada tienen en común con James Bond. Ni falta que les hace para dejarnos una novela la mar de entretenida, la verdad.

     La novela comienza con pausa presentando a los personajes y explicando un poco qué les ha llevado a este curioso departamento, aunque ya en las primeras páginas nos damos cuenta de que estamos ante una lectura ágil y amena, para ir aumentando el ritmo a medida que avanza hasta convertirse en uno de esos libros que se leen prácticamente del tirón. La trama está asentada en la actualidad y también en los "fallos" se asienta en una credibilidad con la que juega mezclándola con altas dosis de sentido del humor. Negro en la mayor parte de las ocasiones, por supuesto. Hay que destacar también la visión de la actualidad que representa, sobre todo si tenemos en cuenta que hace aproximadamente diez años que se escribió y que ya vislumbramos algunas de las cosas que han ocupado los periódicos (y ocupan) en los últimos tiempos.

     Caballos lentos me ha gustado. Es una novela bien escrita con un ritmo creciente y que me ha hecho pasar un buen rato. Volveré por la Casa de la Ciénaga.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 30 de octubre de 2020

Un pequeño apunte sobre el terror

 


     "La gente cree que soy una persona bastante extraña. Eso es incorrecto. Tengo el corazón de un niño pequeño. Está en un frasco de vidrio sobre mi escritorio".
Stephen King.

     Supongo que son fechas en las que leer terror se entiende como algo natural. Es como ver una peli de miedo en viernes 13, incluso la propia peli, o ver la susodicha en martes porque aquí no barajamos el mismo día de la semana. El caso es que son fechas para el terror en el años, quizás, más terrorífico que nos ha tocado vivir. Por eso he pensado que mejor un recopilatorio de terror al que todo el mundo pueda añadir su título favorito.

     En primer lugar, si vamos a hablar de terror, hablaremos de Poe. Sus personajes, sus narradores a los que era capaz de poner voz de ultratumba por escrito, las obsesiones que se acercan a la locura, la fragilidad de la mente, el gato negro... Todo eso es Poe, y unas cuantas cosas más que hay que descubrir a través de su pluma.

     Voy a meter aquí uno de los libros más perturbadores que he leído en los últimos años: La casa de hojas, de Danielewski. Pocas veces me he encontrado con un libro en el que las formas sean cómplices de lo que se dice y lleguen a provocarme un agobio tan real como el que padecí en este maldito libro. Solo me hubiera faltado encontrármelo en un bookcrossing en lugar de comprarlo para que  mi locura hubiera sido completa, y conste que escribo estas palabras mientras no pierdo ojo al árbol que veo desde mi ventana.

     Por volver al clásico incluiré en esta lista a Drácula, a Frankenstein y al anticristo engendrado en La semilla del diablo. No hay terror sin una casa con una secta y un buen carnero, un vampiro chupasangres y un renacido de trozos con impulso eléctrico. De hecho de todos ellos me quedo con Drácula, salvo que recuerde la serie de Netflix en cuyo caso, Frankie, soy toda tuya.

     De Stephen King podemos elegir lo que queramos. Son libros que leímos un día y cuyo poso nos ha quedado hasta tal punto, que no hace mucho y tras pasar por un hotel enfundado recordaba a Jack Torrance mientras miraba divertida al guardés improvisado que le habían puesto. Y es que King, seamos sinceros, nos ha jodido bien. La niebla, las maldiciones, los parques de atracciones, los payasos, los globos, la lluvia, los maizales y, si me apuras, hasta los cerdos pueden dar miedo. No ha dejado títere con cabeza para encoger corazones adolescentes.

     También están Matheson & Jackson, que como agentes inmobiliarios no tenían precio a la hora de proporcionarnos casas terroríficas, otro clásico del terror que el cine se ha empeñado en cubrir de sangre cuando realmente nunca hizo falta.

     Sirvan estos ejemplos como recomendaciones terroríficas para estas fechas. Os animo a leer sobre otros mundos, otros seres y pesadillas de otras personas. A decir que libros son los que más miedo os han dado y os dejo, de paso, una pequeña confesión. Y es que a mi, los libros que me dan miedo, esos que me hacen sudar y los miro para evitarlos sin haberlos abierto, son los libros de autoayuda. Lo mismo me da Coelho, que la sopa de pollo para el alma (por Dios, quién da de comer al alma, ¿un alma qué come?) e incluso, si me apuras, algunos títulos de Albert Espinosa.

     Y vosotros, ¿cuál es vuestra historia de terror favorita?

     Gracias.

     PD. No me he olvidado de leyendas, niñeras, sirenas ni lagos. Es solo que algo tengo que dejar para los demás. 

miércoles, 28 de octubre de 2020

Música, sólo música. Haruki Murakami y Seiji Ozawa

 


     No tenía yo muy claro de si esto eran cartas, ensayo, divulgación... pero sí que, tratándose de Murakami, podía darse por leído. Hoy traigo a mi estantería musical Música, solo música.

     Ya sabía que a Murakami le gusta la música y todos sabemos que a Murakami le encanta hablar de aquello que le gusta así que no es de extrañar que en este libro aparezcan seis conversaciones con Ozawa. Pero mejor, empecemos por el principio.
     Murakami y Ozawa tuvieron una amistad que se prolongó durante años. Sin embargo, y supongo que por esa parte cultural que respeta tanto al prójimo, Murakami pensó que no era adecuado hablar de trabajo, así que no hablaron de música hasta que Ozawa no comenzó a trabajar menos debido al cáncer del que había sido diagnosticado. En ese momento, Murakami, aficionado a la música clásica, comenzó a hablar de música con su amigo, que había dirigido, entre otras, la Orquesta Sinfónica de Boston, la de Toronto o la Ópera de Viena.
     Este libro recoge seis conversaciones que tiene, según mi opinión, el encanto de mostrar a un Murakami "de andar por casa" que muestra sus apreciaciones a veces casi infantiles mientras su amigo habla y lo explica lo que sintió o cómo se toca determinada pieza. Esto puede provocar que a veces el libro se sienta como para aquellos que son particularmente aficionados a la música más que a los aficionados a las letras. Es más, el propio Ozawa afirma que no había hablado así de música lo que, dada su formación, da muestra del valor que puede tener el libro para muchas personas. Y es que Ozawa imprime su propia forma a la hora de expresarse ante un Murakami que se va destapando como un no tan "laico" en temas musicales. Se habla de la calidad musical, de los supuestos problemas de no dominar el inglés y de la forma adecuada a la hora de interpretar demasiadas piezas. Seis conversaciones de títulos musicales que se produjeron en un intervale de poco más de otros tantos meses. Se habla de Mahler y de Böhm, y vemos, para deleite de los seguidores del autor, como reconoce las palabras de su interlocutor a regañadientes en un par de momentos. De la admiración a la amistad y pasan por el jazz, no todo va a ser música clásica, en un libro verdaderamente interesante. Tiene, y es imposible no mentarlo, un cierto poso de tristeza cuando trata Murakami de explicar la flaqueza de fuerzas de su amigo ante los viajes y el trabajo motivada por su enfermedad, pero precisamente eso humaniza las conversaciones. Acerca al lector que hasta ese momento, y utilizando una anécdota del propio libro, se había sentido como escuchando desde una habitación secreta en la que nadie le podía ver.

     Música, solo música es un libro interesante para aficionados al autor o a la música. Aquellos que no lo sean tanto pueden sufrir, como efecto secundario, una cierta curiosidad sobre cómo es acudir a un concierto. Avisados estáis.

     Venga, la duda del millón, ¿os gusta Murakami?

     Gracias.

lunes, 26 de octubre de 2020

Panza de burro. Andrea Abreu

 


     "La hubiese seguido al baño, a la boca del volcán, me hubiese asomado con ella hasta ver el fuego dormido, hasta sentir el fuego dormido del volcán dentro del cuerpo".

     Recuerdo haber comprado el libro Bilblioteca bizarra y pensado que jamás encontraría otro con una cubierta tan fea. Luego vi este, y supe que el vaquero, ciertamente bizarro, ya tenía compañía. Y compré el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Panza de burro.

     Conocemos a Shit, o así llaman a nuestra narradora, y a su amiga Isora. Son dos niñas que tienen una de esas relaciones de amistad desigual en la que una vive permanentemente pendiente de la otra con la más absoluta adoración, como nuestra narradora mira a Isora. En la novela nos relata un verano en un pueblo de Tenerife, un entorno rural y sin mar, bajo el volcán. Un lugar en el que hace menos calor y el cielo se encapota formando la "panza de burro" que da nombre a la novela. Por allí es por donde Shit sigue a Isora y venera cada decisión, aunque su amiga parezca tener más prisa en crecer. Porque hablamos de amigas, del despertar sexual, de peleas, de cuestas, de clima, de pantalones cortados y de gorduras. Hablamos de la relación entre dos niñas un verano en Tenerife.

     Supongo que ahora podría empezar tratándome de peninsular para hacer un juego con el lenguaje utilizado en esta novela, pero no suele gustarme la imitación. Y es que una de las señas del libro es la utilización del lenguaje canario, ese que siendo nuestro, descubrimos que apenas conocemos. La autora lo utiliza como una parte de la ambientación de la novela, casi como un recuerdo. ambientada a principios de siglo no puede decirse que estemos ante un uso de la palabra evocador del pasado, pero sí que ayuda a que, desde las primeras páginas, el lector sea consciente de que no es un libro de sol y playa. 

     Ahora digamos lo que es. Panza de burra es una bildugsroman de manual, una novela de crecimiento, de comenzar a vislumbrar que la infancia se termina. Y lo hace desde un entorno cotidiano, un barrio como otro cualquiera, en el que dos niñas viven una amistad habitual que solo enfrentada se nota desigual. A partir de ahí la autora juega a mostrar al lector la importancia de pararse a mirar. La infancia de las niñas es como la de cualquiera, pero es la suya propia. Incluso para ellas es como la de cualquiera, no le dan importancia. Y en cambio tú estás leyendo sobre bulimia en la primera línea y según uno avanza ve sexualidad y homofobia, abandono y envidia, maltrato, sopor y tristeza. Y muchas otras cosas más que van ganando al lector página tras página. Y es que esta novela no es solo su lenguaje o su cultura, es la exposición de lo cotidiano, el fijarse un poco el mostrar lo que no se ve. Porque también para eso está la literatura y no solo para llevarnos a lugares lejanos y extraños que maravillen al lector.

     Panza de burra me ha gustado. Mucho en realidad (salvo la cubierta, que ni siquiera la comprendo del todo). Me ha parecido uno de esos libros que merecen la pena ser descubiertos como si fueran un pequeño tesoro. Sin importar se esté convirtiendo en un tesoro secreto a voces.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Una chica es una cosa a medio hacer. Eimear McBride

 


     A veces uno lee sobre un libro mucho antes de tener la oportunidad de leer el libro. Eso es lo que me sucedió con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de "Una chica es una cosa a medio hacer".

     Una niña nos cuenta su historia. La de una persona que es abandonada por su padre en un pueblo de la Irlanda rural y es criada por su madre junto a su hermano discapacitado al que habla. Tras ser violada por su tío, siendo aún menor de edad, y con la educación terrible recibida, desarrolla un comportamiento sexualmente agresivo y destructivo que se lleva hasta la universidad, usándolo.

     En fin, todo eso y unas cuantas cosas más.

     Un libro no es un artefacto literario. Lo siento, pero no. Y tampoco es un experimento. Un libro es en todo caso un conjunto de hojas que encuadernadas, forman un volumen. Y el resto son tonterías que vamos diciendo ya sea en el camino romántico, "es una puerta a otro mundo", o en el cultureta, "artefacto". Y ya si el libro proviene de una pluma irlandesa y está escrito de una forma peculiar, es porque el autor o autora es heredero de Joyce. Madre mía, qué previsibles somos... Y es que a mi, que soy lectora reincidente de Joyce y relectora confesa, ni me atrae ni me impresiona este tipo de comparaciones. Pero vayamos con el libro.

     En esta primera novela nos encontramos con una narradora sin nombre que se dirige a su hermano. Ese niño que queda perjudicado tras extirparle un cáncer en la cabeza y que se convierte en una suerte de oasis para ella. O tal vez el Dios al que la sociedad irlandesa y su madre rezan y del que ella se va separando. Y sigo esto porque más que una charla, la novela parece una confesión descarnada que se convierte a ratos en algo complicado de seguir leyendo. No ya por cómo lo cuenta, es lo que relata. Porque de todas las cosas que pueden afectar a un lector, pocas o ninguna faltan aquí. Incluído el relato típico de la sociedad irlandesa. La autora además juega con el lenguaje de forma fragmentada, con sonidos que estorban o ayudan, eso ya va en función de quien lo diga, pero que a mi me han parecido un simple intento de llamar la atención de un sector cultural que, al igual que el emperador de la fábula, no es capaz de decir que no ve el traje invisible.Y es que entiendo lo que dice, y también veo lo que intenta. Veo las frases cortas buscando el impacto, veo las palabras que se emiten cuando no hay palabras para expresar algo y también la crudeza sobre la violencia o el sexo. Los elementos los veo y están ahí, incluso veo perfectamente la deriva que toma el comportamiento de la joven, quizás ese sea realmente su elemento más moderno aunque tampoco es original, en el que descubre una suerte de poder propio. Y el drama... ay, es todo drama aunque nos lo tiren a pedradas. Y sin embargo, la novela no ha conseguido transmitirme demasiado. Ni siquiera me ha causado la molestia suficiente como para dejar de leer. Si este libro es un experimento, no me cabe duda de que en mi caso, sería fallido. 

     Una chica es una cosa a medio hacer es un ejercicio literario de combinación de elementos que no siempre eligen la forma acertada. O quizás sea yo. Pero no he terminado de disfrutarlo. Si acaso, lo he mirado con más curiosidad a medida que avanzaba. Por eso me encantaría leer opiniones encontradas con la mía, a fin de cuentas, para eso estamos aquí.

     Y a vosotros, ¿no os encantan las opiniones que no coinciden con la vuestra en cuestión de libros? A mi me parece que es una forma fantástica de apreciar otras aristas.

     Gracias.

lunes, 19 de octubre de 2020

Siete mentiras. Elizabeth Kay

 


     "—Y así es como la conquisté —dijo sonriendo. 
     Se recostó en la silla, llevándose las manos a la nuca y ensanchando el pecho. ¡Siempre hablaba con tanta suficiencia! Su mirada pasó de mí al tonto que estaba sentado a mi lado, esperando una reacción. Quería ver aparecer una sonrisa en nuestra cara, sentir nuestra admiración, nuestro asombro. 
     Yo lo odiaba. Lo odiaba en un sentido bíblico, apasionado y total. Odiaba que repitiera esa historia cada vez que iba a cenar a su casa, todos los viernes por la noche. No importaba a quién llevara conmigo. No importaba con qué tarado estuviera saliendo en ese momento".

     De vez en cuando me dejo llevar por el código bestseller. Un libro de esos amenos que se leen rapidito y entretienen sin más, y es que la literatura como entretenimiento me encanta. Hoy traigo a mi estantería virtual, Siete mentiras.

     Jane y Marnie son amigas desde los once años. Han pasado dos décadas y siguen siendo las mejores amigas, confidentes, inseparables. Sin embargo en su amistad se ha colado una grieta, Charlie, la pareja de Marnie. Jane no lo soporta. Nunca lo ha soportado en realidad, pero no se lo dijo a Jane. Esa fue su primera mentira. Siete mentiras más tarde tal vez haya llegado el momento de decirle la verdad a Marnie.

     Siete partes, una por cada mentira, seguidas de una verdad y de lo que sucedes después componen las nueve en que se divide esta novela. Esto unido a un narrador poco fiable del que el lector va poco a poco desconfiando, son las dos bases sobre las que se articula esta novela.
     Esta vez el lector se anticipa, no se trata de sorprendernos demasiado ya que pronto intuimos lo que está sucediendo. Y si prescindimos de la sorpresa, ¿cuál es la gracia de esta novela? Pues la facilidad con la que lo leemos, la anticipación misma. No se va a tratar de buscar quién lo hace, esta vez la autora nos intriga con el cómo y el qué pasó. Ese es el motor que arrastra al lector, con más o menos éxito, aunque ya os digo que en mi caso fue mucho más sencillo: iba pasando páginas sin darme cuenta. Y cuando uno ya cree que tiene todo resuelto y ha visto sus aciertos y sus errores... es cuando llega un "toque de gracia" que satisface al que busca sorprenderse y provoca un pico de tensión en la última parte. Y respecto al final tengo que decir que en lo que es literalmente la última parte, la autora ha optado por emular aquellas películas de intriga de finales de los ochenta con un formulismo que se había abandonado en la literatura hace mucho y que ha completado esa sensación de estar ante un recuerdo del pasado.

     Ahora es cuando debería de decir que Siete mentiras es un page turner o un domestic noir o cualquier otro término similar de los que se vienen acuñando en la literatura moderna. Pero me resulta mucho más cómodo hablar de una novela fácil de leer y muy entretenida. De esas que se leen rápido y posiblemente también se olviden rápido. Pero, decidme la verdad, ¿quién busca leer siempre alta literatura? A fin de cuentas, la evasión es el motivo principal por el que acudimos a los libros.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.



martes, 13 de octubre de 2020

Exhalación. Ted Chiang

 


     "Oh, poderoso califa y líder de los fieles, me humillo ante el esplendor de tu presencia; un hombre no puede esperar mayor bendición mientras camine por este mundo. La historia que tengo que contar es verdaderamente extraña, y si hubiese de tatuarse en su totalidad en el rabillo de nuestro ojo, el prodigio de su ejecución no excedería al de los acontecimientos relatados, puesto que es una advertencia para todo aquel susceptible de ser advertido y una lección para todo aquel susceptible de aprender de ella".

     Cuando te dicen que es la ciencia ficción para quienes no les gusta la ciencia ficción, te sorprendes. Con todo te hace tener incluso más ganas de leerlo, así que hoy traigo a mi estantería virtual, Exhalación.

       Como siempre sucede con estos títulos de relatos uno tiene que evitar, o no, sucumbir a la tentación de ir uno por uno desgranando cada relato y cada punto hasta contar el libro entero y limitarse a dar unas nociones generales de un libro que me ha parecido muy solvente (aunque no tanto como su primer recopilatorio). El volumen se compone de nueve relatos bastante cortos y unas notas que los cierran y que son un magnífico complemento a ellos. De los relatos diré que el segundo es el que da el nombre al volumen y que, si no es el mejor, será el segundo mejor sin lugar a dudas y añado que casi todos ellos giran en torno a los mismos conceptos. El autor además realiza algunos juegos estéticos interesantes como son el hecho de que en el primer relato nos hablen de viajes en el tiempo y la posibilidad o no de cambiar lo sucedido, con el último en el que nos preguntan sobre la obsesión con el "y si..." en caso de conocer cómo sería nuestra vida ante determinadas decisiones. Añado ahora también que he visto comparativas con Dark hasta la saciedad solo porque el autor da una puerta en el primer relato ya citado de temporalidad con 20 años de diferencia. Bien, es cierto que tiene ese punto en común, pero la ambientación arabesca, los sucesos plasmados y la búsqueda filosófica y no del misterio, lo alejan totalmente de la serie de Netflix.

       A partir de aquí y mediante disertaciones, reflexiones y sensación divulgativa uno duda de si el libro se acerca más a filosofía que a ciencia ficción o, mejor dicho, el autor demuestra que hay ciencia ficción para todos los gustos porque en esta obra, no solo contenta a los seguidores del género, sino que atraerá a muchos otros que no lo son. Trata pues de temas universales como la comunicación o el lenguaje, y nos pregunta de una forma poco convencional sobre nuestra incapacidad para comunicarnos. También aparece la inteligencia artificial, ya sea como compañía y aprendizaje o como maestra y da con ello con temas ya tratados sobre los efectos que pueden llegar a tener. La ciencia, la fé, la tecnología y la escritura son otros de los temas que aparecen tratados y siempre en la forma en que estos afectan al ser humano y su condición y convivencia. Supongo que tras haber nombrado Dark, sería lo suyo señalar que en otro de los relatos se habla de implantes de memoria gracias a los que uno puede mostrar sus recuerdos y dejar que seáis vosotros quienes lo identifiqueis con otra conocida serie, pero también es justo decir que el hecho de tener una parcialidad compartida no le quita lustre a lo escrito o, de lo contrario, no existiría un solo libro nuevo que incluyera una relación de amor.

     Chiang nos deja un libro con una cadencia constante y relajada que parece invitar a que el lector piense en lo que lee, que reflexione sobre las preguntas y los hechos mostrados, más allá que al simple divertimento que, evidentemente, incluye. Y con esto quiero decir que es un libro para todos, tal y como lo promociona la editorial, en el que el autor parece haber decidido demostrarnos que los géneros en la literatura, como en la vida, no han de ser excluyentes.

     Exhalación es un estupendo libro de relatos que recomiendo a cualquiera. Sin importar si es o no lector de género.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Elogio de las sombras. Junichiro Tanizaki



     "Yo querría recuperar, al menos en el ámbito de la literatura, este mundo de las sombras que ya estamos perdiendo".

     Hay libros que apetecen pero cuyo momento no termina de llegar, o tal vez uno no se termina de decidir por la edición más adecuada. Hasta que llega la que entra por los ojos y al fin se produce el encuentro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Elogio de las sombras.
 
     El Kintsukuroi es el arte japonés de reparar los desperfectos de un objeto con laca o resina de oro. Algo que jamás haríamos en occidente, donde los pegamentos rápidos e invisibles están a la orden del día y una reparación estética se valora en función de la incapacidad para detectarla. Leer Elogio de las sombras me ha ayudado a entender que, lo que para nosotros es una curiosidad estética hermosa y revestida de cierto romanticismo o incluso exotismo, es para su cultura un valor importante por muchos más motivos.
     En este ensayo el autor refunfuña y no lo niega, sobre los cambios, la luz excesiva y el avance de la cultura occidental como una suerte de invasor que modifica su costumbre e incluso su percepción de las cosas. Y es que no tardamos en darnos cuenta a lo largo de este brevísimo ensayo, de que su autor se vio atrapado entre el Japón tradicional y la modernidad imperante a la que había que adaptarse, mucho más próxima a la occidental. Hay que tener en cuenta, además, que el libro fue escrito en 1933 y las diferencias culturales, la extrañeza y el chocque se han ido atenuando con los años sin que ello le reste valor a la obra, en realidad sucede casi al contrario y le aporta un punto hermoso a la narración. Y es que choca encontrarnos con una voz que repasa de forma ensimismada, casi para sí mismo, durante apenas un puñado de hermosas páginas, con la idea del japón contemporáneo lleno de botones, luces y manga.

     Tanizaki nos habla de aleros y de lluvia, de oro y de sombras naturales, de la luz del ocaso y de lo que se oculta entre las sombras pero existe. Es un maestro a la hora de alabar la belleza de eso que los programas de decoración llaman pátina y que no es otra cosa que las marcas que el tiempo deja en los objetos, como si fueran almas longevas. Tanizaki medita sobre lo cotidiano y los pequeños placeres, sobre lo natural, y lo yuxtapone a un mundo de plástico que ahora sabemos nos absorbería tras las palabras del autor nipón. Es imposible para el lector no recordar los tiempos en los que los hospitales eran fríos, antes de la estética de ikea que ahora llamamos moderna y minimalista. 
     Dice Tanizaki que si se ilumina todo demasiado, si es blanco y brilla, no deja pie a que nada quede oculto o marcado, que casi asusta. Dice que hay que fijarse en las fisuras, en las zonas de penumbra, en los dorados y los enormes aleros de los templos, en la naturaleza. Y lo dice con la serenidad del poeta que se fija en los matices sabiendo que los relojes no deberían medir el tiempo. Quizás por eso la lectura de Elogio de las sombras no es simplemente hermosa, es además relajante.

     Elogio de las sombras ha resultado una lectura estupenda que no sabría definir más allá de la reflexión, la divulgación leve, la estética o, si quiero resumirlo todo en una palabra, la serenidad. Os lo recomiendo, no os llevará demasiado y, una vez terminado, me decís.

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis entre manos?

     Gracias.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Aguas primaverales. Iván S. Turguéniev

 


     "A eso de la una de la madrugada regresó a su gabinete de trabajo, despidió al criado que había encendido las velas y sentándose en una butaca junto al fuego, cubrióse el rostro con ambas manos. 
     Nunca había sentido tal desfallecimiento físico y moral".

     Donde yo vivo hay bibliotecas que sacan los libros que van a retirar a la calle para que los cojan los usuarios habituales. Así encontré este libro y, por supuesto, lo adopté. Hoy traigo a mi estantería virtual, Aguas primaverales.

     Conocemos a Sanin ya con una edad en la que le preocupa la cercanía de la vejez y su final en la muerte. Por eso recuerda ahora aquél que fuera su primer amor. Y es que treinta años atrás, en 1840, estaba él de viaje por Fráncfort cuando conoció y se enamoró de una joven italiana por lo que, sin importarle su condición social, se comprometió con ella. El problema es que ese no fue su único amor ya que no tardó en enamorarse de otra mujer, esta vez casada, por la que abandona a la primera sin saber que la segunda iba a abandonarlo a él.

     Turguéniev suele escribir de amor. Y nos regala en este caso un folletín en el que lo que más me ha llamado la atención son las costumbres descritas en tan pocas hojas. Porque si algo tiene Aguas primaverales es que no da tregua en absoluto a sus protagonistas. Y eso provoca que uno se lo lea en dos tirones sin apenas darse cuenta, y todo por saber qué fue de Sanin y su enredo en busca del amor, o enardecido tal vez por él. De este modo tenemos una historia con pasteles, piropos que desembocan en duelos en los que no pasa mucho, amor, clases sociales, falta de dinero, ventas, malas mujeres y otras nada malas, criados, madres, hermanos y maridos.
     Decía el autor de esta historia que la escribió con facilidad porque él mismo la vivió y quizás eso explique determinadas escenas que pecan de idílicas a ratos, y que el lector, una vez finalizada la lectura, apenas recordará pese a que dan un halo hermoso a la novelita. Lo que me ha llamado la atención sin embargo son los pequeños detalles que hablan de la sociedad en la que el protagonista se movía y que son expresados sin rodeos y en algunas ocasiones repetidos como si el autor ya supiera cuando lo estaba escribiendo, que su obra trascendería a épocas en las que se nos iba a antojar extraño o exagerado lo que nos estaba relatando.

     Aguas primaverales me ha gustado. Quizás porque tengo pasión por la literatura rusa, en este caso sencilla y bastante común sin que eso reste encanto a la novela. Efectivamente puede que se trate de una novela romántica, y puede que yo no sea lectora habitual de novela romántica, pero la he disfrutado. Y el broche en el que nos enteramos de qué ha sido de cada uno de los personajes que aparecieron hace treinta años, me ha parecido perfecto. Mucho mejor que los happy ending que a veces parecen colarnos con calzador.
     
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


viernes, 25 de septiembre de 2020

Vacaciones en el Cáucaso. María Iordanidu


 

     "En julio de 1914, cuando Ana partió de Constantinopla con destino a Rusia, dejó atrás la digna Constantinopla del siglo pasado. La Constantinopla de su abuela y de su madre. La Constantinopla de los movimientos lentos de los cocheros y de los estibadores, y también del barrio europeo donde la sombra de las abuelas aún planeaba por encima de las cocinas con los braseros y las hachuelas de destazar. Aquélla era la época en que la Virgen extendía su mano y paraba la lluvia cuando Loxandra hacía la colada. «Virgen Santa, no me vayas a hacer una mala pasada y vaya a llover hoy», decía Loxandra, y en Constantinopla ese día no caía ni una gota de lluvia. 
     "En agosto de 1920, cuando Ana volvió de Rusia, pasó del medievo al siglo xx de un solo salto".

     Hace tiempo que vengo comentando con algunos amigos lectores que Acantilado tiene un catálogo que permite apostar y ganar en muchos de sus títulos incluso sin haber leído la sinopsis. Llegas a tu librería, pasas por la mesa que les tienen reservada, y raro es que alguno no te enamore. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Vacaciones en el Cáucaso.

     Conocemos a Ana cuando es enviada unto a su tía a pasar una vacaciones en Tiflis, donde viven sus tíos ricos Alekos y Claus, que han invitado a la joven a pasar un mes con ellos. La ruta es aparentemente sencilla. Ana irá desde Constantinopla a Batumi, donde está su tía y de allí a Stávropol. Lo sencillo se complica y en Batumi se pierden, Ana tarda en llegar a Stávropol, su destino original, un par de meses terribles que serán casi un paseo comparado con los cinco años que tiene que pasar allí. Y es que ha vivido la Primera Guerra Mundial, además de enfrentamientos civiles en las calles de la que iba a ser su ciudad de vacaciones.

     Ahora imaginad que donde dije Ana pone María. Y es que la autora no está contando una historia de ficción, se trata de un relato autobiográfico, aunque se nos avisa de que los personajes son casi todos inventados. Añado además que el viaje de vacaciones se produce en 1914, así que ya os hacéis una idea de por qué alguien se puede perder en una estación cuando la Gran Guerra estaba llamando a la puerta. Por supuesto no ayuda la tía Claude, una mujer peculiar que ha inventado una película sobre la joven que llega. Pero no daré detalles. De hecho, el único detalle que me parece importante añadir a esta reseña es que la joven Ana no habla ruso.
     A partir de aquí la autora elige su camino con mano firme y nos regala una novela en la que el lector no se siente ante una biografía que relate cada párrafo comenzando por el "yo". Lo que importa es el lugar, el momento, las costumbres, los detalles... Ana es lista, aprende rápido (¡incluso el ruso!) y sobrevive. Sin dramas tristes que nos arrastren por el fango y costillas que sobresalgan entre calambres paralizantes. No. Por supuesto que es una situación dramática, pero hay muchas maneras de encarar estas situaciones y Iordanidu opta por fingir ficción casi con cierto desapego y algún toque de humor que aligera el espíritu mientras entras en Rusia y, al igual que ella, te enamoras.

     A raíz de comprar este libro he visto que Loxandra, su primera obra, es también del todo imprescindible y que además la vida que cuenta está relacionada con la de Ana, es decir.. bueno, ya me entendéis. Coinciden además en la mayoría de los casos, en que es incluso mejor que estas vacaciones, así que ya lo he encargado. Porque si este ya me ha encantado en su brevedad de letras medidas, no sé qué va a darme Loxandra, pero estoy muerta de ganas de averiguarlo.

     Vacaciones el el Cáucaso es una historia sencilla narrada con un punto irónico que nos habla de provincias y de momentos de cambio. Pero es, sobre todo, la historia del crecimiento de Ana y de como la muchacha abre los ojos. Me ha encantado. Quiero más.

     Y vosotros, ¿hay alguna editorial que os aporte seguridad?

     Gracias.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Otra vuelta de llave. Ruth Ware

 


     "7 de septiembre de 2017.  
     Centro penitenciario Charnworth. 
     Querido señor Wrexham: 
     No se imagina cuántas veces he empezado esta carta y arrugado el desastroso resultado, pero me he dado cuenta de que no existe ninguna fórmula mágica para esto. No hay forma de que yo lo OBLIGUE a escuchar mi caso. Por lo tanto, tendré que exponer los hechos lo mejor que pueda. No importa el tiempo que me lleve, ni cuántas hojas tenga que descartar: seguiré adelante y le contaré la verdad".

     El título, lo tenía claro. Si su misión era generar curiosidad yo piqué, aunque haya tardado en saber de su existencia. Hoy traigo a mi estantería virtual, Otra vuelta de llave.

     Conocemos a Rowan Caine cuando encuentra un anuncio de trabajo que es casi un sueño. Responde al anuncio y así es como acaba de niñera en Escocia. La familia parece estupenda y la casa es espectacular, excepto por Happy que controlará la casa y permitirá a sus propietarios hacer precisamente eso mientras vigilan lo que allí sucede. Rowan, que no tenía en mente aceptar este trabajo, acabará en la cárcel tras la muerte de un niño. Pero esto, que suena a contar el final, es solo el principio.

     Otra vuelta de tuerca es un título magistral de la literatura con una niñera de la que desconfiar y una atmósfera que atrapa al lector. De eso no duda nadie. Cuando vi este título la asociación fue inmediata y además había una niñera y unos niños y un misterio... así que estaba claro que, de un modo u otro, Ware estaba actualizando la historia de James. Pero avancemos...

     Sabemos que Rowan está escribiendo desde la cárcel, es decir, que algo muy malo ha tenido que suceder. Sabemos que ese algo tiene que ver con noches en vela y con cámaras y con la casa, justo con la casa. Y nos enteramos de que ha muerto una niña y que Rowan dice que ella no la mató. Entonces entramos en una historia en la que la protagonista vive sin saber si sus jefes están obsrvándola o no pero que, por lo que ella sabe, podrían estar haciéndolo en todo momento. La casa automatizada además comienza a fallar y los niños... bueno, son, como mínimo, raros. No tarda en empezar a comprender por qué se habían ido tantas niñeras. 
     Ware utiliza recursos de terror y también de thriller psicológico para ir ambientando al lector en la atmósfera en la que la niñera se encuentra sumergida utilizando para ello tecnología. Esta sensación de vigilancia, de control, opresiva, se va metiendo bajo la piel del lector hasta compartir la paranoia de la niñera. Solo que tal vez no sea una paranoia descabellada y la imposibilidad de tener intimidad, el sentirse vigilado y dejar que la tecnología domine nuestra realidad, tal vez ya no sea ciencia ficción. Por eso es cada vez más utilizado en este tipo de novelas.

     En cuanto a la trama, he tenido sentimientos encontrados con el final. Suelo decir que buscar la sorpresa no tiene que ser la obsesión de un escritor en este tipo de novelas ya que en el camino uno corre el riesgo de sacrificar la credibilidad. Y esa es la parte que me ha costado, la resolución. Pero bueno, eso ya supongo que son apreciaciones personales y mi perplejidad no tiene por qué coincidir con la sensación de otro lector. A fin de cuentas, cada novela es de quien la tiene entre manos.

     Otra vuelta de llave es una novela entretenida que, si bien no es particularmente original, sirve para pasar un buen rato.

     Y vosotros, ¿sois aficionados a remakes y revisiones?

     Gracias.

lunes, 21 de septiembre de 2020

La mujer helada. Annie Ernaux

 



     "Mujeres frágiles y vaporosas, hadas de manos suaves, pequeñas auras de sus casas a cuyo paso quedo surgen el orden y la belleza, mujeres sin voz, sumisas, por mucho que busque , no veo tantas así en el paisaje de mi infancia. Ni siquiera el modelo inferior, menos distinguido, mas ordinario, las frotadoras de fregaderos limpios como las patena, las cocineras de retales, las que llegan a buscar al niño a la escuela un cuarto de hora antes del timbre, con todas las tareas de la casa ya finiquitadas; las bien organizadas hasta la muerte. Mis mujeres, las mías, vociferaban todas, tenían el cuerpo descuidado, demasiado pesado o demasiado plano, dedos rasposos, caras sin pintar, o, al contrario, maquilladas como puertas, con gruesas manchas rojas en mejillas y labios".

     Sigo las recomendaciones de quienes me parecen afines. No ya en sus gustos, que es casi lo de menos muchas veces, en realidad me interesa más la afinidad en lo que respecta a lo que uno busca en la literatura. A Annie Ernaux llegué gracias a una de estas personas, Marc Peig, colaborador de Un libro al día (imprescindible). Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mujer helada.

     Gusta Ernaux de compartir sus vivencias en su obra y es que la ficción empezó a ser autobiográfica para esta autora que relata, en La mujer helada, su matrimonio. Narrado en primera persona la autora dibuja el mundo en el que una mujer deja de tener significación propia, vive en las calles, juega y sueña para terminar en un matrimonio que nada le aporta y con una maternidad que se aleja diametralmente de lo que ella una vez imaginó. El reloj a ritmo de biberón y la vida como oportunidades que ya no se presentarán son los rasgos característicos de esta novela breve, brevísima, narrada con una belleza que trasciende a lo que dice mediante el cómo lo hace. Ernaux presenta a una mujer que se limita a seguir de forma casi automática, sin ser persona, lobotomizada por una vida que no le da margen de movimiento, autonomía o queja, se congela porque no siente o se congela tal vez por el frío que deja como único rastro la soledad que representa. 
     Diremos ahora que representa algo que ya no existe, antes de mirar la fecha en la que el  libro fue escrito mientras la palabra autobiográfico nos martillea en la cabeza. Diremos que eso no existe antes de leer el final del libro porque, una vez lleguemos a ello, esa excusa ya no nos sirve.

     La honestidad de una novela no está reñida con la opinión personal sobre lo que en ella se relata. En este caso y sin poner en duda su realidad me ha parecido excesivo el desaliento y relativamente sencilla la solución al caso, y eso ha provocado que luche con sentimientos encontrados frente a la novelita. En cuanto a la prosa, nada que ver, es una verdadera maravilla leer a Ernaux. No solo por la honradez que destilan sus palabras, también por la belleza de la simplicidad sin apenas adornos pero de cuidado vocabulario (aquí hay que agradecerle al traductor también su labor).

     La mujer helada trata de una mujer joven que cae en la ironía. En realidad toda la novelita es una ironía en sí misma ya que de donde se quiere ir es en donde cae. La vida misma. La desmitificación sobre lo que querían las mujeres en un momento en el que su papel venía condicionado por su sexo y el género, en definitiva, como ejecutor. Porque las decisiones, ni siquiera se valora que puedan ser tomadas. Al menos algunas.

     Me ha gustado mucho leer a Ernaux. De hecho ya tengo más libros suyos en casa. Acercáos a sus letras, os va a encantar.
 
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore. Joyce Williams


     "Morris Lessmore amaba las palabras.
      Amaba las historias.
      Amaba los libros".

     Hay una época en la que nos fascinan las historias que nos relatan los libros ilustrados. Esa época regresa cuando somos adultos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore.

     Morris ama los libros y escribe un diario. Ese diario relata su vida, es su libro. Al menos hasta que un día descubre que han volado sus palabras. Por suerte para Morris, descubre unas cuantas cosas más.

     Lo difícil a la hora de hablar de un libro como este es no contarlo entero. 
     Estamos ante un libro para amantes de los libros, y también para aquellos que comiencen a verlos de otra manera. Los libros, para Williams, son historias vivas, como las personas, y también historias que dan vida. Por eso es tan importante la lectura para Morris, y por eso también lo es su diario.
El complemento perfecto a esta historia mínima son las ilustraciones. Me enamoré especialmente de esos libros con bastón al igual que su lector favorito como si, no solo el lector se llevase algo del libro, también el libro porta algo del lector.

     En realidad conocí esta historia cuando el corto en el que se basa ganó un Oscar y se convirtió en una historia conocida por todos, por eso os dejo el enlace segura de que os va a encantar. Tanto es así, que tampoco dudo de vuestro interés en tener el libro en papel tras haberlo visto.


     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Trilogía de Thomas Cromwell. Hilary Mantel

 

     En la corte del lobo, Una reina en el estrado y El trueno en el reino son los  de la Trilogía de Thomas Cromwell de Hilary Mantel. Pero hay más: En la corte del lobo ganó el Man Booker 2009 y también lo hizo Una reina en el estrado. Es decir, que lo ganaron dos novelas históricas, algo no tan común pero además, nunca antes lo había ganado una secuela y tampoco se había dado el caso de que una escritora lo ganara dos veces. Como comprenderéis, sea o no fan de los premios literarios, me sobraban motivos para ir leyendo esta trilogía que finalmente ha puesto su broche con El trueno en el reino.


     Recuerdo haber leído en alguna parte que Enrique VIII tenía tantas esposas como Thomas y haberme reído con la ocurrencia. Pero, ocurrencia o no, Mantel se centra en esta trilogía en la figura de Thomas Cromwell, al que nos presenta casi treinta años antes de su ascenso al poder. Y en un momento, añadiría, que no presagiaba en absoluto en quién iba a convertirse ese niño que recibía una brutal paliza de manos de su padre alcohólico. Y si he comenzado hablando de la cantidad de Thomas que hubo es precisamente porque así nos lo explica su autora, Thomas es uno de muchos, uno más, él. Porque de entre todos los Thomas, nos vamos a fijar en uno solo. Y corremos, corremos porque son muchos años de historia y muchas cosas las que suceden en esta trilogía y aquí lo importante es la caída de Ana Bolena y su final para lo que nos pondrá en antecedentes gracias a otro Thomas, Wosley. También seremos testigos de como Cromwell, que es un trepa no vamos a engañarnos, se va ganando la confianza del rey y Mantel se corona contando la historia de la isla de Albina. No cabe duda, notamos, que es un comienzo prometedor en el que el protagonista es presentado de forma muy literaria en muchas ocasiones como un hombre moderno y excéptico en su tiempo que vive su ascenso al lugar más poderoso "su lugar" porque si algo deja claro Mantel es la importancia de "poseer". Bueno, eso y la volubilidad del rey. Y la trilogía continúa en Wolf Hall con Enrique mirando con ojos codiciosos a Jane mientras Thomas sigue fiel a su afición por los halcones en un poético momento en el que, debido a sus nombres, la autora recuerda ángeles. Cromwell, el enigmático hombre que se puso del lado de una reina hasta que no le quedó más remedio que cambiar su posición, se ha convertido ya en ese gran personaje testigo de todo y artífice de mucho que se mueve conociendo el desprecio que suscita entre las clases altas. La trilogía se convierte en un juego de poderes, enredos y engaños en un almanaque de personajes y sucesos del que es difícil levantar la vista. Y así llegamos a la tercera parte, la mejor según mi opción, de este mastodóntico trabajo que es hablar de los Tudor sin caer en lo de siempre centrándose en el hombre que realmente manejaba los hilos del poder de dicho apellido. Bolena ejecutada con un arma impresionante y la justicia aparece en escena como tema ya en las primeras páginas de esta novela marcada por la vida y la muerte. Y es que lo que hace que la novela crezca es conocer el final y aún así sentir el tirón lector. La trilogía se cierra manteniendo fresco su humor y su ironía, manteniendo el ritmo y un poso casi constante a obra clásica inglesa modernizada desde dentro. Mujeres que son pesadillas y hombres ladinos, temor del lector al futuro en ese momento presente cuyo pulso ha sabido manejar la autora a lo largo de tantas páginas logrando que la trilogía sea más ágil de leer que esta opinión. Cromwell lucha por su idea de Inglaterra, busca una unión, una forma de escribir una historia mejor aunque la pasada seguirá existiendo.


     Tendría que hablar ahora del ritmo de la novela histórica y también del rumbo que le marcan este tipo de novelas que parecen llegar para sacudir ese supuesto polvo que nos empeñamos en atribuir al género como si solo por tratarse de pasado ya perdieran una parte del interés o de la intriga. También debería de remarcar el peso de los personajes femeninos de esta trilogía marcada por Anas, gestos y miradas. No debería de olvidarme de comentar la importancia de los gestos y momentos que entrelazan los tres títulos dando una sensación de historia compacta. Y pos supuesto, las decapitaciones, las muertes limpias y su importancia, el brillo de la hoja que cae, el último gesto, la mirada fija, y las palabras, tan importantes para Mantel. Pero tomé la decisión de hacer una única entrada para hablar de toda la trilogía y eso hace que no tenga tanto espacio. Así que para conocer todo eso, para comentarlo, para hablar del estadista, del caprichoso, o de la temperamental, para hablar de todo, leamos.

     La Trilogía de Thomas Cromwell no solo merece la pena ser leída, además coloca a su autora en un lugar sobresaliente en la literatura contemporánea. Nos os dejéis asustar por su extensión, lo único que pasa es que sus tres títulos ya están en la librería. Todo ventajas.

     Y vosotros, ¿sois lectores de novela histórica?

     Gracias.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Muro fantasma. Sarah Moss

 


     De vez en cuando compro un libro sin leer la contra, simplemente por impulso. Eso me pasó con este. Hoy traigo a mi estantería virtual, Muro fantasma.

     Cuando el libro comienza una niña es asesinada delante de vecinos y familiares en una aldea. El espectáculo es terrible. Estamos en la Edad de Hierro.
     Y avanzamos hasta hace nada para conocer a Silvie, una joven de 17 años que se ha unido junto a sus padres al grupo del profesor Slade en una zona rural. Durante unos días van a emular el modo de vida de sus antepasados de la Edad de Hierro: ropas, costumbres... Bien. Aquí es donde entra Bill, el padre de Silvie, aficionado a la historia. Este hombre quiere recrear realmente la época; pero no como el profesor o los estudiantes. Él lo quiere hacer de verdad, con toda la brutalidad que eso significa. Y cada vez le cuesta más comprender a quienes se lo están tomando como un simple "campamento".

     Un poco menos de 150 páginas es lo que ha necesitado Sarah Moss para ponerme los pelos de punta. Y lo ha hecho porque tras un comienzo brutal, en el más estricto sentido de la palabra, he pasado por una fase se paseos, naturaleza y agua viva. Una zona de relax en la que el lector no tarda en sentir que algo sucede. Y tras ella ha aparecido Bill. Bill que es Bill porque nos lo dice su hija, que es quien lo ve a su manera y no parece terminar de ponerlo en su lugar. Bill que es brutal y despiadado y tiene claro que someter a la mujer durante esta convivencia es algo primordial. Bill que sabemos que es violento. Y Silvie que no termina de condenarlo y nos pone los pelos de punta mientras asistimos a un espectáculo cuyo final intuimos. El final se nos acerca, se precipita mientras pensamos que si tuviera más páginas tal vez nos resultaría más fácil la lectura, sería más suave, menos dura. Pero son 140 y es Silvie quien nos lo cuenta. ¿Y qué pasa con el resto del grupo? El resto del grupo irrita a Bill, lo mismo da si hablamos del profesor o de cualquiera de los tres estudiantes. Bueno, no da del todo igual, uno de ellos es una chica. Pero no os voy a contar más, claro, no sería justo en una novela tan corta.

     Suelo decir que me gustan los libros largos que se llevan mi tiempo y convierten a sus personajes en amigos improvisados de los que me despido en las últimas páginas. En este caso ha sucedido justo lo contrario. Leí Muro Fantasma con esa fascinación lectora que te lleva hasta el final sin haberte movido del asiento. Lo leí a ratos sin querer mirar pero también sin ser capaz de no hacerlo. Y lo terminé con la sensación de que iba a seguir dándome vueltas unos cuantos días. Esos días fueron normales, claro, pero mantuve la sensación de la lectura e investigué un poco sobre la autora, a la que no conocía y que pensé, quizás por la extensión, que debutaba con esta novela. Bien, no es así. Apunté su nombre. Quiero más.

     Muro fantasma es una novela fantástica con una narradora capaz de meterse bajo la piel del lector. Con todo lo que eso implica.

     Y vosotros, ¿preferís libros largos o novelas cortas?

     Gracias.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Niétochka Nezvanova. Fiodor M. Dostoievski


      "No recuerdo a mi padre, que murió cuando yo tenía dos años, y mi madre volvió a casarse. Este segundo matrimonio, aunque contraído por amor, resultó para ella fuente de dolores. Mi padrastro era músico, y su destino se denotó harto extraordinario. Era el hombre más extraño y más delicioso que he conocido. Su influencia en mis primeras impresiones de niña se hizo tan fuerte, que dejó marcada su huella durante toda mi vida. Para que mi relato sea comprensible, comenzaré por dar su biografía. Cuanto voy a decir acerca de él, lo supe más tarde por el célebre violinista B..., que fue el compañero y el amigo más íntimo de mi padrastro en su juventud".

     Lo que me gusta a mi un buen clásico para desayunar un lunes. Y si es ruso, mejor. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Niétochka Nezvanova.
     
     Conocemos a Niétochka, una nadie, una cualquiera que vive en el seno de una familia marcada por su padrastro, Yefimov, un borracho con talento para el violín obsesionado con su ombligo al que admira y debe gran parte de su pobreza. Cuando mueren sus padres, la joven pasará por otras familias, ninguna feliz pese a que esta vez dará con dos familias adineradas.

     Me váis a perdonar que comience de forma tan directa pero hasta en sus comienzos, Dostoievski era mucho Dostoievski. Que sí, que luego el talento se pule y la experiencia ayuda además de que uno madura y llegan cosas importantes que andan entre lo divino y lo humano. Pero uno lee esta novela, y ve a Dosto ahí. Ve sus personajes, las familias que presenta son tan suyas aunque ahora quizás debería de decir eso que queda tan bien de "esas familias que terminaron convirtiéndose en dostoievkianas"... pero no, ya lo eran. Siempre lo fueron. Y aquí, que estamos ante una novela inacabada ya que el autor tradujo al ruso un libro prohibido y acabó en Siberia, pasa un poco lo mismo. Disfrutamos de tres partes en una novela que a todas luces iba a continuar sus buenos cientos de páginas, pero nos sirve lo escrito a modo de pestañeo en la vida de la joven Niétochka. Y lo hace con un comienzo verdaderamente potente. La historia de Yefimov el violinista con talento que lo desperdicia, el hombre terrible y a la vez terriblemente admirado es magnífica y el personaje francamente interesante. Pero Dostoievski lo mata porque esta no es su historia, es la de su hijastra. Y la novela a partir de ahí se siente como una introducción a lo que hubiera venido en la que los personajes se sonrojan demasiado.
     Y es que supongo que lo justo sería valorar esta novela como cata, o tal vez como primer intento de escribir una novela, abandonado y jamás retomado a la vuelta de Siberia. Y entonces veríamos a esa niña que busca cariño desesperadamente y se acaba volcando en su padrastro con el que convierte el amor en una suerte de trueque no nombrado y tampoco planeado con un padrastro que nos dicen es soñador y nos describen como un hombre egoísta responsable de miserias: de su pobreza y de la de su familia, de su propio carácter y de creerse mejor de lo que es o peor aún, serlo y no usarlo, responsable de prácticamente todo... Como digo, la mejor parte del libro. Casi un librito en sí mismo.
     A partir de ahí la joven sigue buscando el cariño de forma desesperada. La vemos con otra familia en la que, existiendo ya una hija, se convierte en su sombra. Y la última parte, desarraigada, terminó por resultarme extraña y aún más su final.
    
     Niétochka Nezvanova es un librito inconcluso, un intento de primera novela que hay que leer recordando que por mucho que miremos un esqueleto, no sabremos si su propietario tiene un lunar en el cuello. Conocido esto, la novela es una curiosidad que disfrutarán los seguidores del autor. Como yo. Pero no es una buena idea acercarse a este título si no se cumplen las dos condiciones anteriores.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Los chicos de la Nickel. The Nickel boys. Colson Whitehead


     Como me puede la impaciencia uno de mis libros durante este confinamiento fue The Nickel Boys y ahora, a la vuelta, he visto que sale traducido al castellano con el título de Los chicos de la Nickel y yo me pregunto si no queda más bonito en el idioma original. Total, que hoy traigo a mi estantería virtual, Los chicos de la Nickel o The Nickel Boys.

     En el año 2014 una excavación arqueológica en Florida sacó a la luz la historia de la escuela para niños Arthur G Dozier. Apoyándose en este hecho, Whitehead escribe su historia.
     Elwood Curtis es un niño cuyo destino parece escrito: trabajará en el mismo hotel en el que su familia lleva generaciones. Algo que nadie le ha preguntado, por eso quizás no saben que vive las palabras de Martin Luther King y que su máxima es que el puede ser tan bueno como cualquiera. Pero más que esto el impacto de Elwood está en su abuela, que si bien cree en la necesidad de un cambio también teme sobresalir en él convirtiéndose en un personaje puro. La cosa es que Elwood consigue sobresalir a costa de trabajo duro y parece que por fin va a llegar a la universidad, hasta que toma una decisión equivocada sin saberlo: hacer autostop. Se sube entonces en el coche que no debe y es detenido por la policía por un delito en el que no ha participado y su vida da un giro en el que la soñada universidad se convierte en el reformatorio Nickel, bajo el mando de Maynard Spencer. Un lugar escalofriante.

     Conocí a Colson con su octavo libro, El ferrocarril subterráneo, en el que contaba en una especie de fantasía, el testimonio de esclavos norteamericanos mediante una red de túneles basada en las rutas que efectivamente utilizaban para huir. Un libro magnífico y premiado que tiene su digna continuación en Los chicos de la Nickel.
No se trata de que sean los mismos protagonistas, ni siquiera se trata de seguir la historia, que no tendría sentido. De lo que se trata es de seguir la historia del país, de una parte del país que, como no tarda en demostrarnos, nos es totalmente desconocida. Colson habla del racismo y de como las leyes daban el poder a la gente blanca que eran capaces de conseguir que se detuviera a un negro por la llamada conducta violenta que, en muchas ocasiones, no tenía nada de violenta. En realidad parece que solo tuvieran que señalar. En Nickel conocemos a el otro gran protagonista de la novela, Turner, un chico que ni siquiera está interesado en Luther King, y ese es otro de los grandes aciertos de la novela, el no mostrar a todos sus protagonistas situados al mismo lado de la historia. De este modo Nickel se dibuja como un todo reducido en el que Turner parece aprender antes como sobrevivir en un mundo en el que las reglas son claramente favorecedoras a otros y Whitehead se mueve como pez en el agua para jugar con una violencia que más que asustar es la puerta para la historia que realmente sobrecoge. Elwood y Turner se complementan en más de un sentido ya que representan dos caras distintas en sus personalidades, no solo uno contra uno, sino también en si mismos. Solo de este modo se puede entender que precisamente el más reivindicativo es también el que "suena como un blanco".
Evita cargar la novela con sentimentalismos y cuando uno conoce un lugar llamado Casa Blanca descubre también que era el nombre que tenía la academia real en la que se basa el autor. Exactamente igual que descubre el número de tumbas reales encontradas para dar una dimensión completa de una novela narrada de una forma extraordinaria, aunque esta vez un tanto más convencional a como lo hiciera en El ferrocarril subterráneo. 


      Los chicos de la Nickel
cuenta una historia terrible en la que lo que realmente deja huella es la voz de los personajes. Porque el lugar existió y el eco de su historia aún resuena en nuestros días.

     Y vosotros, ¿sois pacientes a la hora de esperar las traducciones?

     Gracias.

martes, 1 de septiembre de 2020

El infinito en un junco. Irene Vallejo




     "Misteriosos grupos de hombres a caballo recorren los caminos de Grecia. Los campesinos los observan con desconfianza desde sus tierras o desde las puertas de sus cabañas. La experiencia les ha enseñado que solo viaja la gente peligrosa: soldados, mercenarios y traficantes de esclavos".

     No voy a ser yo quien se resista al fenómeno del año. Sobre todo porque esta vez no se trata de una novela negra. Hoy traigo a mi estantería virtual, El infinito en un junco.

     Está claro que los libros sobre libros captan la atención del lector empedernido, y también del curioso que quizás no siendo tan lector, se sienta atraído por ese mundo. Así han ido proliferando libros sobre libros, libreros, escritores y casi cualquier cosa que a uno se le haya podido pasar por la cabeza y que esté mínimamente relacionada con la literatura. Pero nos faltaba, pese a que ya hubo intentos que se quedaron en el camino, un libro de divulgación que fuera apto para todos. Y ese es precisamente el hueco que ha venido a cubrir Irene Vallejo.

     Hay que decir en primer lugar que el libro está escrito desde la cercanía y que Vallejo lo ha dejado repleto de pequeñas anécdotas que existen no sólo para armar el grueso de la obra, sino también para mantener al lector distraído con pequeñas curiosidades. Y así comienza el viaje, como no podía ser de otro modo, por la Biblioteca de Alejandría, descubrimos la falta de papiros y así la diferencia con el pergamino, la tradición oral... el libro. El gran protagonista de este título y también de sus anécdotas, unas más conocidas, la mayor parte prácticamente desconocidas para cualquiera demostrando así Vallejo su pasión y no solo su buen hacer por la literatura. El libro es ameno, es interesante y es divulgativo. Es un libro para leer a cachitos, sin grandes atracones. Y no porque sea un libro pesado, lo es porque se repite y eso en dosis altas puede ser contraproducente durante la lectura. Leerlo a trocitos lo hace más llevadero, mejora la sensación y nuestra opinión sobre una obra entretenida en la que entras con cuidado y sales con alguna anécdota anotada para el repertorio personal. Me cuesta verlo como un ensayo puro y duro y los viajes que plantea, en anécdotas, son agradables y entretenidos. No llega a disfrazarse de novela ya que le falta una trama siendo el libro como tal la unión de cada capítulo.


     El infinito en un junco es una lectura amena para amantes de los libros y de las curiosidades en general. No he encontrado la joya que todo el mundo parece ver, pero he disfrutado su lectura.


     Y vosotros, ¿os gustan los libros sobre libros?


     Gracias.


lunes, 31 de agosto de 2020

Liberación. Imogen Kealey

 



    "Había sido una mala idea. Muy mala. Maldita sea. 
     Nancy cerró los ojos unos instantes, agachada tras los restos de un muro derribado, y respiró hondo. El olor de los edificios en llamas se le estaba instalando en la garganta, los ojos le escocían por culpa del humo y empezaba a notar calambres en los músculos después de pasar demasiado tiempo acurrucada en su estrecho escondite. Oyó con claridad las voces de la patrulla alemana que se le acercaba. 
     —Auf der linken Seite —indicaron. «En el lado izquierdo.»"

     Ya se acabó el verano, al menos para mi, y estamos de vuelta para comentar las lecturas a las que nos vamos acercando. Hoy, por ejemplo, traigo a mi estantería virtual, Liberación.
    
     Conocemos a Nancy Wake, una mujer australiana que ahora vive su amor con el empresario Henri en Marsella donde coquetean con la alta sociedad. Solo que Nancy colabora de forma activa con la resistencia ayudando, entre otras cosas, a sacar fugitivos de Francia. Mientras en una cara se casa entre botellas del más exclusivo champagne en la otra es el famoso "Ratón blanco" perseguido por la Gestapo.

     Empecemos por el principio: el Ratón Blanco existió. Era Nancy Wake, casada efectivamente por Henri y buscada por la Gestapo. Cuando su marido es atrapado por los alemanes ella consigue huir a  Londres solo para regresar con renovadas fuerzas a una guerra que ahora se ha convertido en algo personal. Solo que Nancy es una mujer. Las mujeres no luchan en guerras ni realizan sabotajes, no son ni siquiera bien acogidas por la mayor parte de los miembros de la resistencia. Nancy no solo se gana su puesto, también el respeto por su valor y coraje en un momento en el que todo el mundo necesita tener valor y coraje. Su lucha por la libertad, su enfrentamiento con el alemán que detiene a su marido y la forma en que se hace hueco entre los que se han convertido los suyos me ha parecido un ejemplo para cualquiera demostrando que no importa el sexo ni la procedencia cuando se trata de luchar por lo que uno cree.
     
     Los autores, puesto que Imogen es un seudónimo que esconde a un hombre y una mujer, consiguen que el lector se meta en la trama mediante pequeñas descripciones muy visuales consiguiendo eso que ahora se llama "lenguaje cinematográfico". En cuanto a los personajes, no se limita al enfrentamiento entre el alemán Böhm y Nancy, ni siquiera añadiendo las escenas y recuerdos con Henri. Los autores incluyen a otros como Tardivant, un joven de la resistencia al que vemos cambiar en su opinión hacia Nancy y como muestra su lealtad y sus demonios, o a Denden quien, si Nancy había tenido que luchar contra el hecho de ser mujer en una situación y época de hombres, se enfrenta al hecho de ser homosexual y las consecuencias de que ello pueda ser descubierto. 

     Así las cosas y sumados todos estos elementos y un buen puñado de escenas de acción, estamos ante una novela francamente entretenida protagonizada por una mujer admirable de cuya existencia yo no había tenido noticia hasta hoy.

     Liberación es una novela de luchas por la libertad, no solo la liberación de un país o el fin de una guerra, también hay luchas personales a las que vamos asistiendo. Me ha parecido una novela francamente entretenida que tenía, como valor añadido, el estar basada en personas reales-

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.