lunes, 27 de abril de 2026

Theo de Golden. Allen Levi

 


     "Theo pasó en Golden un año solamente, de primavera a primavera. Llegó justo antes de Pascua, cuando el Boughery y la Promenade eran un mar de cornejos y azaleas en flor. Cuando el polen recubría cada superficie libre de la ciudad igual que una pátina de limón".

     Supongo que se me pasó la fama de este libro o que la faja fue muy entusiasta, pero no me sonaba de nada hasta que lo vi en la librería. Hoy llega a mi estantería virtual, Theo de Golden.

     Y con esas frases con las que comienzo la reseña, conocemos a Theo. Theo es un anciano que llega a Golden. Octogenario y de aspecto amable, el lector no tiene ni idea de qué ha provocado que acaba en el pueblo de Golden, Georgia, en el que no conoce a nadie. Una vez allí, Theo descubre un café en el que hay retratos de los habitantes del pueblo, algo que llama su atención, y decide ir comprándolos. En un primer momento, aquellos que le atraen parecen ser rostros más tristes, y Theo los va comprando uno a uno para luego regalárselos a las personas que aparecen en ellos. Y sí, a los habitantes les resulta tan extraño como al lector, pero poco a poco, unos y nosotros, iremos entendiendo por qué lo hace e incluso también qué hizo que Theo apareciera allí. Y, por supuesto, Theo irá haciéndose un hueco en nuestro corazón. A fin de cuentas, de eso es de lo que trata la novela

     Supongo que Theo me ha pillado con demasiadas lecturas a mis espaldas como para disfrutarlo tanto como merece. He visto una prosa fácil, a ratos hermosa en su sencillez, y una historia que le hacía juego. He visto a Golden como pueblo y esa enseñanza sobre tomarse la vida con calma y disfrutar de las cosas. Vi los paseos por la naturaleza, la bondad incluso en los malos momentos y puede que supiera que la novela me tenía que deparar una sorpresa, aunque no tuviera claro cual. Pero no me ha trascendido de ahí. Me ha parecido una novela fácil que busca la empatía de lo sencillo con un personaje no demasiado original y un lugar a ratos demasiado común. Anciano compra retrato, conoce a persona, habla con persona, persona lo adora. Y así a lo largo de un montón de retratos mientras yo esperaba que la novela creciese un poco más. Ya sabía que Theo iba a marcar una diferencia en el lugar, de no ser así la novela no tendría mucho sentido, y también que sus reflexiones iban a ser inspiradoras y todo eso... en realidad, creo que ese es el problema principal de la historia, no sorprende y, salvo momentos fugaces, tampoco pretende hacerlo. No es una historia ambiciosa, se conforma. Y eso hizo que lo que podía haber sido una historia para recordar se convirtiera en un libro amable que pasa de puntillas por mi lista de lecturas de este año. Demasiado buenerismo, demasiado para mi. Es como si Theo tuviera un halo que hiciera que todo el mundo viera lo bueno que es cuando habla con él. Casi ciencia ficción para el mundo en el que vivimos, por favor.

     En cuanto al final, y a riesgo de que parezca que es porque la sorpresa no se ajustó a lo que yo había pensado, sentí que no estaba a la altura de la historia. Más bien fue un, bueno, ya no hay más retratos, vamos a terminar el libro, dejándome a Theo a medio hacer (que sí, que lo vamos conociendo, pero... no).

     Theo de Golden es un libro que no he terminado de disfrutar, una historia que se siente pagada de si misma con la que no he podido empatizar. Sí, puedes darme una novela en la que no haya conflicto, Stoner es el título recurrente cuando uno piensa en libros así, pero Stoner deja su huella, te acompaña durante mucho tiempo. Theo, no, porque además terminé pensando que tampoco lo merece. Pero, yo qué sé, será cosa mía.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

1 comentarios:

Goizeder Lamariano Martín dijo... [Responder]

Muchas gracias por tu reseña. No lo conocía, pero creo que puede gustarme, parece una lectura reconfortante. Empiezo la semana con Algún día nos lo contaremos todo. Un abrazo.