"Todos los años, cuando Shesheshen hibernaba, soñaba con el nido de su niñez".
Hay libros que llaman la atención desde el primer momento y un caso claro es este. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alguien en quien anidar.
Conocemos a Shesheshen cuando despierta, quizás de forma un tanto prematura, del invierno. Han entrado varios hombres en su guarida y tienen la firme intención de... ¡matarla! Se trata de unos cazadores de monstruos que han llegado con la firme intención de acabar con ella y Shesheshen, hambrienta y aún un poco amodorrada, tiene que empezar a modificar la forma de su cuerpo para poder defenderse. Al menos así consigue un primer alimento... y una fea herida. Así empieza la aventura de este monstruo cambiaformas que se alimenta de carne, preferiblemente humana, y es capaz de integrar en su cuerpo huesos y músculos para fingir ser ella misma una persona. Herida y huyendo cae por un acantilado segura de haber encontrado la muerte, pero recupera la consciencia y conoce a Homilia, una extraña mujer que la rescata y la cuida como si fuera una persona y no un monstruo, para sorpresa de Shesheshen, que decide esperar para comérsela... antes de que todo se empiece a complicar.
Alguien en quien anidar es una novela divertida, ¿es terror? Evidente. ¿Hay amor? Pues resulta que sí. ¿Es entonces cozy terror? Pues posiblemente. Pero es, sobre todo, original. Y todo ello empezando por la voz de la protagonista, un monstruo que hace lo que tiene que hacer debido a su naturaleza pero que a su vez tiene una mirada casi inocente porque en realidad no sabe nada de la vida, y menos de la vida de los humanos, esos seres que le han servido de alimento y cuyas interacciones va a empezar a observar con una mirada distinta. Me ha parecido fascinante la morfología de Shesheshen, perfectamente explicada en cada crujido de cada hueso, tanto como su mentalidad, incluída su sorpresa al verse cuidada por una mujer, y es que ese es precisamente el mayor atractivo de la novela; una suerte de estudio sobre la naturaleza humana que incluye también la de aquello que consideramos un simple monstruo con el que acabar. Además, y eso explica el título, Homilía sería el lugar perfecto para que la protagonista anidara y pusiera sus huevos, pero claro, se da el caso de que es Homilía, la mujer que está a su lado y la cuida y la trata con cariño, algo a lo que Shesheshen no está acostumbrada, pero que le gusta (ni siquiera a un cambiaformas le amarga un dulce) y entonces viene el dilema sobre qué hacer. Para una ese es un acto de amor, para otra eso significaría una muerte muy poco plácida, y, por supuesto, esas cosas hay que hacerlas con consentimiento, somos monstruos pero no con M mayúscula. Y además, se da el caso de que hay una maldición sobre la familia de Homilía que tampoco estaría mal solucionar.
Wiswell nos deja ver dónde están los verdaderos monstruos, nos empuja a juzgar todo y a todos y también, por qué no decirlo, se guarda un par de sorpresas de las que no pienso hablar. Shesheshen es en muchos casos entrañable, adorable quizás sería excesivo, Homilía se convierte en alguien a quien proteger incluso para quien podría ser su mayor depredador y la novela, llena de momentos de acción no vayamos a pensar lo contrario, ha resultado una experiencia divertida, atractiva y que me ha dejado con ganas de volver a leer a este escritor.
Alguien en quien anidar es una novela que recomiendo ya seas o no aficionado al género.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.

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