"Hace seis meses, alguien se plantó en este mismo sitio —en el piso veinticinco del rascacielos donde se encuentra Coble & Roy, la firma de marketing en Manhattan donde trabajo— y trató de saltar al vacío".
No seré yo quien diga que le va mal a esta mujer, pero, seamos sinceros, el fenómeno de La asistenta es difícilmente repetible por mucho que títulos y formas intenten seguir su estela. Hoy traigo a mi estantería virtual, La inquilina.
Conocemos a Blake Porter, la definición de triunfador con casa soñada, hipoteca y prometida. Lo tiene todo... hasta una carta de despido. El dinero es un problema y más cuando los pagos se empiezan a acumular así que alquilan una habitación a Whitney, que parece perfecta. Y entonces todo se desmorona porque, además, no cabe duda de que el vecindario es particular.
Si estáis buscando alta literatura, aquí no es. Eso os lo digo desde este momento. También tengo que decir que la autora replica demasiado su gran éxito, incluso en las formas, y eso hace que sus novelas hayan ido sacrificando el frescor por las ventas, aunque creo que las ventas también se acabarán por resentir. Lo que nos coloca esta vez es a un personaje masculino, que no termina de caer bien, con una prometida a la que infantiliza hasta convertirla en un cliché. Le añade alguna de sus peculiaridades que uno no sabe muy bien cómo colocar si habla de ellas tras haber leído la novela, pero que durante le lectura le parecen ocurrentes, y al final todo se resuelve de forma entretenida. Si esto fuera una película creo que tendría mis dudas sobre si los protagonistas son adolescentes, imaginad una pelea por un pez porque es como cuidar un huevo cuando el huevo es un hijo en un trabajo escolar, y que todo sea una tragedia a su alrededor (por no hablar de dedos y frutas podridas). Y esto es la parte más normal. No entro más en detalles porque cualquier cosa que diga puede, y lo hará, estropear la lectura, pero es cuanto menos peculiar.
La inquilina es un libro entretenido al que no hay que buscar nada, empezando por verosimilitud. Es como una bolsa de takis: sabes que son azules y que es imposible que algo comestible sea de ese color. Te mancha los dedos, es demasiado fuerte y puede destrozarte el estómago, pero incluso con todo eso hay mucha gente que los disfruta o que los añaden a comidas más serias (supongo que el equivalente es leer esto entre dos novelas "serias"). Y es que al final las lecturas son gustos y es entretenimiento y esta novela ha sido escrita para hacer pasar un buen rato, como mucho dos ya que la lectura va como un tiro.
Y hasta aquí.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.

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