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lunes, 29 de octubre de 2018
El heredero. Jo Nesbo
"Rover miró fijamente el blanco suelo de hormigón de aquella celda rectangular de once metros cuadrados. Mordió con fuerza presionando sobre el diente de oro que sobresalía ligeramente en la mandíbula inferior. Había llegado a la parte difícil de la confesión".
Nesbo suelta a su archiconocido Harry para dar a sus lectores un volumen independiente. Se agradece. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El heredero.
Sonny Lofthus era feliz hasta que su padre, un admirado policía, se suicida dejando una nota en la que reconoce ser quien pasaba información al principal líder del crimen en Oslo. Para cuando nosotros conocemos a Sonny, han pasado doce años y está en prisión, allí vive con una adicción alimentada por el capellán y una fama sanadora entre sus compañeros. Sin embargo, toda su vida cambia de nuevo cuando un compañero de prisión relata su historia y descubre que quizás la muerte del padre de Sonny no fuera más que una puesta en escena para ocultar algo más.
Así descubrimos a Sonny, en el momento en el que decide que quiere saber qué sucedió realmente con su padre, y este es el punto en el que Nesbo dispara su novela. Sonny luchará por su memoria buscando demostrar que no solo su padre no era el topo, sino que éste sigue en las calles de Oslo y quizás sea uno de los compañeros inseparables de él. Como siempre, Nesbo busca acción, por lo que el capellán aparece muerto, se involucra la policía y nos presenta así a Kefas y también a los malos malísimos de la novela. Y orquesta una novela que tiene todos los ingredientes básicos, desde el policía dicto de incuestionables habilidades, hasta el superior patán, pasando por el gran cerebro criminal. No hay un cliché que se le escape y tampoco un capítulo que no destile violencia. Y no lo oculta, es su sello. Ya lo presenta en la terrible escena protagonizada por una joven y un perro que relata uno de los presos en las primeras páginas. Estás leyendo a Nesbo y tal vez tu estómago no esté preparado, parece decir. Así que los fans de la pluma del autor deberían de estar satisfechos. Sin embargo y esta vez me he tropezado con un problema y es que, como comentaba antes, no le falta ni uno solo de los ingredientes típicos o tópicos del género, del funcionario malo al prisionero lector, Nesbo ha conseguido que quepan en las aproximadamente 520 páginas de esta novela y eso, unido a los giros, acaba afectando a la credibilidad de la historia. Una historia concebida como un uro entretenimiento y cuyos derechos ya han sido adquiridos para ser llevada a la gran pantalla. Bien, si digo la verdad, no me sorprende, promete mucha acción y no dejar un respiro al espectador, sin embargo el lector acaba con la sensación de exceso de interés en ser eso que ahora llaman trepidante y hubiera agradecido un pequeño recorte en la extensión de la novela. Quizás por eso he sido más escueta de lo habitual, pero era eso o enredarme a contar cada detalle, así que lo prefiero resumir en que no hay un inmundicia de los bajos fondos que no aparezca, ni una opción que no se baraje en este mundo marcado por la maldad. Y frente a ellos, el heredero.
El heredero es una novela entretenida concebida para leer sin pensar y tampoco hacerse demasiadas preguntas.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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miércoles, 18 de abril de 2018
Macbeth. Jo Nesbo
"Una gota de lluvia brillante cayó del cielo y fue descendiendo a través de la oscuridad hacia las luces temblorosas de la sucia ciudad portuaria. Las ráfagas heladas de viento del noreste la arrastraron hacia el lecho del río seco, que atravesaba la ciudad longitudinalmente, y la vía del ferrocarril clausurada, que la cruzaba en diagonal. Los cuatro cuadrantes en que se dividía la ciudad estaban numerados siguiendo el sentido de las agujas del reloj, y más allá de eso no tenían nombre. O, en cualquier caso, nadie lo recordaba. Si te encontrabas con alguno de sus ciudadanos muy lejos de allí, sin duda afirmaría que no se acordaba de cómo se llamaba su ciudad de origen".
Ya he comentado en este espacio otros libros de The Hogarth Shakespeare y las versiones de distintas obras de Shakespeare que están viendo la luz. En este caso, tanto Macbeth, la obra original, como Nesbo, el escritor encargado de revisionarla, me gustaban particularmente. Es por esto que hoy traigo a mi estantería virtual, Macbeth.
En la obra original Macbeth y Banquo son generales del rey Duncan de Escocia. A la vuelta de una campaña se topan con tres brujas que les hacen unas profecías en las que Macbeth será rey y Duncan engendrará reyes sin serlo. Macbeth observa que las profecías parecen cumplirse y, alimentado por su esposa, decide ayudar a que se cumpla aquella que le vaticinaba rey asesinando para ello a Duncan. Shakespeare desarrolla así una tragedia en la que la ambición de Macbeth y su esposa están servidas y parecen imparables.
Con esta obra de partida, y siendo de las más conocidas de Shakespeare, la tarea de Nesbo era complicada. Una tragedia clásica no siempre es fácil de llevar a la actualidad, sobre todo si incluye profecías, vaticinios y brujas, pero Nesbo lo hace y además, se lleva la novela a su terreno.
Nos alejamos del castillo de Escocia hasta una ciudad en la época postindustrial en los años setenta. El autor no llega a decirnos en realidad en qué lugar estamos, pero tampoco es necesario para reconocer la decadencia de aquellas ciudades cuya floreciente industria se marchitó y la delincuencia y las drogas tomaron las calles. Ciudades convertidas en suburbios a tiempo completo en las que las sobras daban lugar a historias oscuras a plena luz del día. En este ambiente de putas y callejones, los políticos son corruptos y los policías dudosos. Excepto Duncan, un hombre recto que tiene como fin limpiar el ambiente local. Macbeth aparece como policía SWAT de duro pasado y protegido de Duncan y su Lady Macbeth particular dirige el mejor casino de la ciudad. Y las brujas, tan relevantes en la obra shakespiriana, estarán relacionadas con las drogas. Hecate fabrica una sustancia terrible a la que todo el mundo parece ser adicta y sus brujas serán quienes, en lugar de profetizar el ascenso de Macbeth, se lo aseguren si permite el tráfico libre de esta sustancia llamada brew. Las drogas, supongo que pensó Nesbo que le permitían abrir ese mundo para normal de sensaciones y visiones a veces despegadas de la realidad que aparecían en la obra original.
Tenemos el personaje, el lugar, los papeles repartidos y la acción y a partir de ahí a veces Nesbo de despega un poco de la obra original. Es cierto que hay ambición y traiciones, pero Nesbo es un escritor de acción y eso es justamente lo que caracteriza a la novela, junto a la solidez de la trama y los personajes. De hecho es una novela que avanza sola, con un ritmo constante y escenas realmente espectaculares que se disfruta desde la primera página. Sin embargo, quizás los lectores más puristas de Shakespeare echen en falta esa tragedia interna del hombre arrasado por su propia ambición, e incluso protesten por algunos puntos en los que he sentido que el escritor ponía a prueba mi confianza en él. Sin problema, se supera la prueba a lo largo de esta novela en la que también la extensión es un signo diferencial, ya que si la comparamos con la original y lo habitual en Shakespeare, descubrimos por qué los personajes de Nesbo son sólidos: nos los explica. Y lo hace bien porque de este modo se asegura de estar en su terreno, ese que tan bien conoce y le ha llevado a ser un escritor superventas.
Macbeth es, en este caso, uno novela negra al más puro estilo Nesbo, ya que el autor no ha temido llevarse la tragedia a su terreno para meternos en los bajos fondos, las drogas y la corrupción. A fin de cuentas, ¿qué mejor lugar para poner a prueba la moralidad del poder?
Y vosotros, ¿os animáis con estas versiones?
Gracias.
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