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miércoles, 7 de octubre de 2020

Elogio de las sombras. Junichiro Tanizaki



     "Yo querría recuperar, al menos en el ámbito de la literatura, este mundo de las sombras que ya estamos perdiendo".

     Hay libros que apetecen pero cuyo momento no termina de llegar, o tal vez uno no se termina de decidir por la edición más adecuada. Hasta que llega la que entra por los ojos y al fin se produce el encuentro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Elogio de las sombras.
 
     El Kintsukuroi es el arte japonés de reparar los desperfectos de un objeto con laca o resina de oro. Algo que jamás haríamos en occidente, donde los pegamentos rápidos e invisibles están a la orden del día y una reparación estética se valora en función de la incapacidad para detectarla. Leer Elogio de las sombras me ha ayudado a entender que, lo que para nosotros es una curiosidad estética hermosa y revestida de cierto romanticismo o incluso exotismo, es para su cultura un valor importante por muchos más motivos.
     En este ensayo el autor refunfuña y no lo niega, sobre los cambios, la luz excesiva y el avance de la cultura occidental como una suerte de invasor que modifica su costumbre e incluso su percepción de las cosas. Y es que no tardamos en darnos cuenta a lo largo de este brevísimo ensayo, de que su autor se vio atrapado entre el Japón tradicional y la modernidad imperante a la que había que adaptarse, mucho más próxima a la occidental. Hay que tener en cuenta, además, que el libro fue escrito en 1933 y las diferencias culturales, la extrañeza y el chocque se han ido atenuando con los años sin que ello le reste valor a la obra, en realidad sucede casi al contrario y le aporta un punto hermoso a la narración. Y es que choca encontrarnos con una voz que repasa de forma ensimismada, casi para sí mismo, durante apenas un puñado de hermosas páginas, con la idea del japón contemporáneo lleno de botones, luces y manga.

     Tanizaki nos habla de aleros y de lluvia, de oro y de sombras naturales, de la luz del ocaso y de lo que se oculta entre las sombras pero existe. Es un maestro a la hora de alabar la belleza de eso que los programas de decoración llaman pátina y que no es otra cosa que las marcas que el tiempo deja en los objetos, como si fueran almas longevas. Tanizaki medita sobre lo cotidiano y los pequeños placeres, sobre lo natural, y lo yuxtapone a un mundo de plástico que ahora sabemos nos absorbería tras las palabras del autor nipón. Es imposible para el lector no recordar los tiempos en los que los hospitales eran fríos, antes de la estética de ikea que ahora llamamos moderna y minimalista. 
     Dice Tanizaki que si se ilumina todo demasiado, si es blanco y brilla, no deja pie a que nada quede oculto o marcado, que casi asusta. Dice que hay que fijarse en las fisuras, en las zonas de penumbra, en los dorados y los enormes aleros de los templos, en la naturaleza. Y lo dice con la serenidad del poeta que se fija en los matices sabiendo que los relojes no deberían medir el tiempo. Quizás por eso la lectura de Elogio de las sombras no es simplemente hermosa, es además relajante.

     Elogio de las sombras ha resultado una lectura estupenda que no sabría definir más allá de la reflexión, la divulgación leve, la estética o, si quiero resumirlo todo en una palabra, la serenidad. Os lo recomiendo, no os llevará demasiado y, una vez terminado, me decís.

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis entre manos?

     Gracias.

lunes, 4 de marzo de 2019

Saint Jack. Paul Theroux


     La colección Ineludibles se ha ido haciendo un hueco poco a poco en las librerías y los estantes de los lectores. Textos elegidos que pueden agradarnos o no pero de los que nadie duda ya de su calidad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Saint Jack.

      Conocemos a Jack pasado el ecuador de una vida, recordará cómo llega a Singapur, sus comienzos, sus trabajos en el puerto, la regencia de un burdel y cómo era capaz de ofrecer lo que cualquiera pudiera desear en cuestiones de placeres carnales. Su vida como golfo y sus momentos de generosidad y cómo se convirtió en alguien conocido en la ciudad. También viviremos con él su cambio, provocado por las personas que entraron en su vida.

     Cuando pensamos en Singapur nos viene a la cabeza una ciudad moderna de edificios altos, pero hay otra ciudad tras los hoteles y resorts, y esa ciudad era todo Singapur no hace tantos años.
La peculiaridad de Jack es precisamente ese Saint que el autor nos coloca ya en el título, porque ¿quién es bueno o malo? Ya sabemos que Jack era un chulo, sabemos que vivía del vicio, pero llegada la tentación real... ¿con qué moralidad vamos a juzgarle? Esa es la pregunta que parece hacernos el autor y, seguramente por eso, no se extiende en las escenas sexuales. Aunque sea un eje importante, no quiere que solo usemos ese baremo a la hora de valorar la moralidad del protagonista. En una novela de almas perdidas, de puras explotadas y otras ya casi desechadas, en una novela en la que no hay blancos o negros y la belleza es más que esquiva, es complicado decidir para el lector. Por eso existe Jack, Jack es realmente incómodo, suministra vicio aunque él esgrima que ayuda a cumplir ilusiones y su opción para mejorar el mundo pasa por no empeorarlo, como si ese fuera su único camino.
     Este Jack de mediana edad que reflexiona sobre su vida sin mostrar el menor signo de pesar, lo hace mirando a la cara al lector, sin esconderse y, seguramente por eso, se gana una corriente de empatía que no tiene mucho que ver con las simpatías que pueda generar. Flowers se va ganando nuestra confianza mientras conocemos su trayectoria, su llegada a Singapur, el barco, sus negocios como proxeneta, y sus juicios de valor (principalmente sobre su propia persona) incluido el orgullo o vergüenza de su origen americano. Aún así, Jack tiene su propio sueño que espera realizar y será el lector quien se encargue de decidir si le redime o no.

     Saint Jack es una novela ágil que presenta un perfil totalmente desconocido de una ciudad como Singapur en un momento complicado. Su protagonista es un lujo para cualquier lector que goce de personalidades poliédricas, sombreadas incluso con un punto pícaro. Ha sido un placer descubrir esta novela de Theroux, confieso que ahora buscaré la película que hicieron a partir de ella.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 16 de agosto de 2016

Sonetos. William Shakespeare. Versión de William Ospina


CXXXVI  
136
If they soul check thee that I come so near, 
Si tu alma te reprocha que yo tan cerca llegue,
Swear to thy blind soul that I sas thy"Will", 
Júrale a tu alma ciega que yo soy tu ansia ardiente,
And will, thy soul knows, is admitted there; 
Y el ansia, tu alma sabe, se acepta allí que juegue;
Thus far for love, my love-suit, sweet, fulfil, 
Por mi amor, esta súplica, cólmala dulcemente,
"Will" will fulfil the treasure of thy love. 
Y colmará el deseo tu amor y su riqueza,
Ay, fill it full with wills, and my will one, 
Llénalo, ay, con tus ansias y mi ansia desolada,
In things of great receipt with ease we prove 
Porque es siempre más fácil moverse en la grandeza
Among a number one is reckon'd none: 
Y entre lo numeroso, lo uno es casi nada:
Then in the number let me pass untold, 
Deja, pues, que en lo múltiple, callado esté, si quieres,
Though in thy store's account I one must be; 
Pero entre tus riquezas conmigo siempre cuenta;
For nothing hold me, so it please thee hold 
O tenme a mi por nada, siempre que consideres
That nothing me, a something sweet to thee: 
Que esta nada que soy te agrada y te contenta:
Make me but my name thy love, and love that still, 
Haz solo de mi nombre tu amor, y ámalo, y creo
And then thou lovest me, for mi name is "Will". 
Que me amarás entonces, pues mi nombre es deseo.


     En el quinto centenario de la muerte de William Shakespeare, era lógico suponer que alguna obra vería la luz reeditada, y así ha sido. Por eso, hoy traigo a mi estanteria virtual, los Sonetos de William Shakespeare.

     Los Sonetos de Shakespeare vieron la luz en 1609 y aún hoy siguen corriendo ríos de tinta sobre ellos. Recorre en ellos todos los estadíos que uno puede sentir en el amor: del enardecimiento a la pasión pasando por los celos, la decepción o el alejamiento, no duda en hacer de esos 154 sonetos un recorrido completo por una de las pasiones más humanas. Los sonetos del poeta, llamemos poeta a ese supuesto protagonista que relata su vida a golpe de verso, por no poder confirmar si son experiencias reales vividas por el autor, o si tal vez estamos ante una obra de teatro de protagonista encubierto, van dirigidos en un primer momento a un joven. Ese joven reune todas las virtudes, y aunque da pistas, siempre nos deja una duda sobre si llegaron a lo carnal, cosa que en realidad tampoco es importante. La Dama oscura a la que se refiere la última parte es, en cambio, mucho más carnal y pecaminosa incluso, reflejándose de este modo dos amores dispares tanto por el género del objeto de ese amor, como por la personalidad y el halo adjudicado a cada uno de los amados.

     Correspondería ahora hablar de métricas y rimas, pero baste decir que el autor es William Shakespeare para que quede explicado todo ello sin necesidad de justificar la perfecta ejecución de cada soneto. Apuntar, como mucho, que la sencillez del lenguaje acerca sentimientos comunes al lector y nos obliga casi a pensar que estamos ante algún tipo de confesión medio descubierta o apenas encubierta del autor hacia estas dos personas a las que se refiere. Y vuelven a correr ríos de tinta buscando la supuesta identidad de cada uno de ellos. Dice la teoría más aceptada, que el joven que ocupa la mayor parte del texto es Henry Wriosthesley, mecenas de las letras. Teoría que se ve relativamente fortalecida por el encabezamiento elegido por el primer editor de los sonetos, que no por el autor de los mismo, ya que rezaba lo siguiente: Al inspirador único de estos sonetos, el señor W. H., desea toda la felicidad y esta eternidad prometida por nuestro inmortal poeta, el que con sincero deseo aventura esta publicación. Dicho lo cual, que cada uno juzgue si lo considera necesario. Y lo mismo podría contar en el caso de la dama.

     Un lector de poesía, quiere leer poesía. Y entonces se complica la cosa, porque llega el problema del idioma. Traducir un poema, respetar la rima, los silencios, la musicalidad, el espacio entre cada una de las pequeñas pausas y efectos creados por su autor... Y ahí entra Ospina, para los lectores que disfrutan con las letras. Ya ha demostrado que es un escritor de estilo, además de serlo de cada una de sus historias, y tras un prólogo que os recomiendo no os saltéis, Ospina no defrauda, dejando una lectura a doble placer. Si alguien lo pone en duda que haga la prueba y siga estas instrucciones básicas para leer el poema: coja el lector un poco de aire, y comience a leer, sin recitar, procurando no engolar el tono ni forzar la lengua... sólo dejarse llevar con la misma calma que una tabla a la deriva cuando baja la marea; y disfrute de cada sonido, la musicalidad... y el significado, irá llegando solo. Hecho esto, en la página de al lado nos encontramos con el poema original, a la izquierda. Ahora que estamos entrenados, repitamos la operación y volvamos a recitar sin importarnos si nuestra pronunciación es pura o si captamos el significado de cada palabra, ese ya nos lo había dado Ospina en la primera lectura, y dejémonos llevar. Seamos, por un breve intante en nuestra vida lectora, auténticos lectores de poesía. Sin prejuicios, sin poemas, sin excusas. Merece la pena.Y en bilingüe, una joya.

     Y vosotros, ¿sois lectores de poesía?

     Gracias.