lunes, 14 de agosto de 2017
En un bosque muy oscuro. Ruth Ware
"Corro.
Corro a través de los bosques iluminados por la luna: las ramas me desgarran la ropa y los pies se me enredan en los helechos cargados de nieve."
Este año parezco empeñada en encontrar el boom del verano antes de que me lo cuenten, y por eso voy leyendo aquí y allá esas novelas que se venden como adictivas con mayor o menor fortuna. Hoy traigo a mi estantería virtual, En un bosque muy oscuro.
Leonor se despierta arañada y magullada en un hospital. No tiene muy claro lo que le ha sucedido, pero sabe que ha sido algo serio. Su cerebro le envía recuerdos fragmentados de una despedida de soltera en una casa extraña con gente a la que apenas conocía. A la novia hacía diez años que no la veía. Y sin embargo fue. Y ahora está en un hospital escuchando hablar en voz baja sobre un muerto.
Esta novela, contada en dos tiempos, comienza en el hospital y va utilizando el recurso del flash back para relatarnos la historia hasta llegar al punto de partida y, a partir de ahí, dar la resolución. Sigue la moda actual de poner personajes femeninos (y en este caso un hombre homosexual también), que empiezan a superpoblar este tipo de libros, como si de este modo, consiguieran más lectores del género aunque sean novelas que suelan quedarte en la superficie de lo que yo considero un argumento sólido. En este caso, la historia es intrigante y el misterio es desvelado en las últimas páginas, buscando así que el lector necesite un capítulo más antes de cerrar el libro. De hecho, la autora juega a los misterios, empezando por el de "qué es lo que realmente sucedió", pasando por "a quién le sucede qué" y finalizando por "quién es responsable de cada cosa". Los personajes, definidos a golpe de cliché y con una clara intención de captar al público joven en una novela adulta, satisfacen al lector poco exigente que pronto conoce lo necesario para diferenciarlos y avanzar, aunque en realidad sus motivaciones no son más que pequeños bocetos superficiales. De este modo, y como si estuviéramos en el último curso de instituto, tenemos a la popular, su sombra, el gay, la sarcástica gay y la apocada. Y con eso y unas referencias poco sutiles a Hitchkock y Christie, Ware consigue la atmósfera teatral que parece ir buscando desde el principio. Y es que, evita deliberadamente el realismo, utilizando un escenario con una casa a medio describir que no terminamos de comprender del todo y que a mi me ha recordado a aquella llena de cristales que salía en una película titulada 13 fantasmas.
Tengo que decir que el argumento no está mal llevado y que Ware busca, desde las primeras páginas, ir dejando pistas para que no tengamos la sensación de estar ante un final de esos que parecen sacados de la chistera de un mago. Y lo consigue, apetece leer y continuar página tras páginas desvelando los misterios sobre lo acontecido ante una protagonista que parece no poder recuperar la memoria sobre sus últimas horas. Incluso el final es matemáticamente correcto. Sin embargo, la literatura y las matemáticas son materias diferentes y no podemos evitar la sensación de que la autora alarga esa pérdida de memoria para conseguir veinte o treinta páginas extra en un libro, por lo demás correcto. Exactamente igual que sucede con su final, ya que, una vez terminado, cuando uno hace esa revisión general de la novela y piensa en el conjunto... ahí es cuando pierde puntos. No por agujeros en la trama, sino por credibilidad. La historia de Ware se tambalea y su novela se queda en una lectura más para pasar los días estivales junto a la piscina. Uno de esos libros que salen todos los años, y que en algunos casos incluso podemos ver en la gran pantalla, pero que se leen con la misma facilidad con la que pasan al olvido..
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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jueves, 10 de agosto de 2017
Últimos tragos. Graham Swift
"No es un día normal.
Bernie tira una pinta y me la pone delante. Me mira, desconcertado, con su cara flácida y perruna, pero ve enseguida que no estoy para chácharas. Estoy aquí, cinco minutos después de la apertura, precisamente para esto: para una pequeña y silenciosa conferencia mano a mano con una jarra de cerveza. Me ve la corbata negra, a pesar de que ya han pasado cuatro días desde el funeral. Le doy un billete de cinco libras."
De todas las posibles vías para llegar a un libro, la mejor es la recomendación directa de otro lector. Así llegué yo a este libro, gracias a la recomendación de uno de esos lectores solventes que todos tenemos cerca (llamado Bernie en este caso), y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Últimos tragos.
Conocemos Jack, Ray, Lenny, Vic y Vince, cuatro hombres inseparables. Solo que Jack ha muerto de cáncer, y su último deseo fue que sus cenizas se arrojaran en el muelle de Margate. Su mujer Amy no irá a cumplir este deseo, cosa que si harán los cuatro hombres restantes. Este libro trata de ese camino, de la vida de estos hombres con sus momentos buenos y sus traiciones.
Qué difícil es a veces hacer una buena traducción. Un buen ejemplo es Últimos tragos, un título que habla seguramente de las últimas copas que se toman sin especificar más y que, sin embargo, tenía mucho más sentido en inglés, Last orders. Last orders es la última ronda pero también las últimas voluntades, es el comienzo de la novela, o la última copa tomada con el finado, pero también es la voluntad última del difunto. Y, sobre todo, es un juego de palabras que deja al lector una pista importante: esto, lector, no es un melodrama, pese a que la muerte en sí, lo sea.
Dicho esto, la muerte y las despedidas son un tema recurrente en la literatura. Cuatro hombres despiden a un quinto, cuatro voces diferenciadas realizan un último recorrido en el que rememoran vidas, hasta aquí nada original. De hecho, ya lo hizo Faulkner en una de sus mejores novelas, Mientras agonizo, una novela que planea sobre esta como si Swift le hubiera querido realizar un homenaje. No sólo en la trama, a veces incluso en las formas, y obtuvo además el Booker Prize en 1996.
Swift dará voz a estos hombres mediante diálogos o monólogos internos que los irán desnudando delante del lector. Sabremos que Vince es un huérfano de guerra adoptado por Jack y Amy, y que Víctor, Lenny y Ray estaban unidos a Jack, por ejemplo, por sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial. A partir de aquí, el autor nos escribe una novela que no teme caer en clichés, de hecho, a veces parecen ser el gatillo para conseguir la sonrisa del lector pese a la aparente seriedad del tema que trata la novela. Y para ello, usa una clase media baja, otorgando a sus protagonistas voces perfectamente diferenciadas para el lector, y un universo reducido en el que movernos. Las pequeñas personas, con pequeñas vidas, esas que puede tener cualquiera que no haga mucho ruido ni aparezca en los libros de historia.
No es un día normal, comienza la novela. Promete. Nos hace un resumen de lo que va a suceder y emprendemos un viaje en coche en el que comenzamos a ver la historia, a profundizar en vidas de amores, matrominios que funcionan o no, hijos, secretos y familias que se acaba convirtiendo en un retrato social ante los ojos del lector. Y también sabremos por qué Amy no acude a la cita de estas últimas voluntades, que no me he olvidado de ella.
Sí, no cabe duda de que hay melodrama en lo que Swift nos relata, como lo hay en casi cualquier vida. Pero también hay un amplio espacio para las sonrisas. Merece la pena.
Y si he comenzado diciendo que me gustan los libros recomendados por lectores, ¿me podéis recomendar un libro que os haya gustado últimamente?
Gracias.
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martes, 8 de agosto de 2017
Baby Doll. Hollie Overton
"Un cerrojo de seguridad tiene un sonido muy concreto. Lily era una experta en reconocer determinados sonidos: el crujido de los tablones del suelo que indicaba su llegada, los ratones correteando por la superficie de cemento en busca de comida. Pero siempre estaba preparada para el sonido del cerrojo, para el roce de metal contra metal. El cerrojo estaba empezando a oxidarse, razón por la cual él siempre tenía que intentarlo varias veces. Inevitablemente, sin embargo, el clic acababa oyéndose, ese sonido que significaba que estarían atrapadas otra semana, otro mes, otro año."
Si hay un momento adecuado para sacarse de la lista de pendientes las novelas piscineras, es el verano. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Baby Doll.
Conocemos a Lily el día que escapa de su cautiverio junto a su hija Sky. Fue secuestrada hace ocho años y no ha perdido la cuenta de uno solo de los días que le han sido arrebatados de su joven vida. Huye y se adentra en la noche hasta llegar a su casa, en la que la recibe una asombrada madre. Lily tendrá ahora que luchar por recuperar la vida que perdió, aceptar que su hermana gemela está esperando un hijo de su novio del instituto e intentar encerrar al hombre responsable de su secuestro y tortura.
Entramos dentro de los subgéneros que se han ido etiquetando dentro de la novela negra y vamos a una historia protagonizada por mujeres, ya que todo el peso de la trama lo soportan las gemelas Lyly y Aby, y su madre, Eve, Overton opta por comenzar la historia donde otros la terminan, aunque ya no es novedoso ya que, quien más quien menos, conoce otros títulos como La habitación que partían de este mismo punto. Tampoco busca giros sorprendentes, ya que conocemos en todo momento al autor del infierno por el que pasa la protagonista, que es, como suele suceder en la vida, quien menos se lo espera su entorno. Entonces, ¿de qué trata la novela? Bien, Overton lo que hace es hablar del periodo de integración de quien ha pasado un largo tiempo en cautiverio, de una chica cuyo mundo se vio reducido a un infierno constante y de cómo le afectó eso a su entorno más cercano. Nos da también una muestra de cómo reacciona la sociedad y, sobre todo la prensa, ante la posibilidad de explotar el morbo. Como ya he dicho, serán los personajes femeninos y el discurrir de tres vidas que se rompen ante una tragedia las protagonistas de la novela, aunque el captor, no solo tiene voz propia, sino que también protagoniza una parte interesante de la misma, ya que seguiremos sus razonamientos desde el momento de la fuga de su baby doll.
La autora además tiene el acierto de utilizar varias voces en la novela, voces que identificaremos fácilmente ya que, aunque su tono es prácticamente el mismo y eso podría dar pie a confusiones, vienen identificadas en la cabecera de cada capítulo. Todo por facilitar la lectura de un libro que, pese a estar cargado de abusos y torturas, no detalla absolutamente ninguno para proteger al lector más sensible. Está claro que busca el entretenimiento fácil, la distracción, y lo hace sin abusar de los cliffhanger, las sorpresas de dudosa credibilidad o las soluciones sacadas de la manga. Aunque, también es cierto que para conseguirlo sacrifica el trabajo en profundidad de los personajes o la diferenciación de sus voces.
El resultado es una novela entretenida que busca desmarcarse un poco de lo habitual pero sin correr grandes riesgos. No es alta literatura, ni va a pasar a la historia... pero tampoco se lo pide nadie. Cumple lo que promete, sin más pretensiones.
Y vosotros, ¿qué opináis de la proliferación de etiquetas que subdividen los géneros y subgéneros? Personalmente, me parece excesivo.
Gracias.
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lunes, 7 de agosto de 2017
Europa Central. William T. Vollman
"Le dijeron: Un idealista como tú debería ser un miembro del Partido.
Sonrió al instante con una sonrisa desprovista de tres dientes. La furia desplegó las alas en su pecho.
De modo que se hizo nazi. Alzó el brazo derecho. El siguiente paso sería solicitar el ingreso en las SS. Aquello fue tan fácil como acorralar al siguiente judío."
Tenía muchas ganas de leer este libro, pero conseguirlo ha sido casi una odisea. Su lectura me ha llevado más de lo habitual, y no solo porque supera las ochocientas páginas, sino porque es un libro para paladear. Hoy traigo a mi estantería virtual, Europa Central.
Nunca hubo sinopsis más sencilla y a la vez más complicada. Europa Central es una novela que encadena una serie de narraciones sobre lo sucedido en Europa entre 1914 y 1975. Principalmente, lo sucedido en Rusia y Alemania. Y, principalmente, en los años de la Segunda Guerra Mundial. Conoceremos a un montón de personajes, pero de todo ellos, destacaría al compositor ruso Dmitri Shostakovich, al documentalista Roman Karmen y a Elena Konstantinovskaya, mujer que ambos compartieron.
Vollman concibe su novela como una serie de relatos encadenados y ordenados cronológicamente en los que, aunque cambie la voz narrativa, jamás lo hacen las formas. De este modo consigue una unidad total en su novela, y el lector se siente cómodo en ella desde las primeras páginas. Es fácil, ya en sus comienzos, percibir que uno no está ante una obra habitual de estas que hablan de la guerra, como ya hiciera Vida y destino, a través de la vida de una persona. Vollman es mucho más ambicioso, y su novela, en la que Hitler y Stalin son tan importantes como prácticamente ausentes, abarca no sólo más tiempo, sino también una percepción más amplia de la realidad. Supongo que, en realidad, Europa Central trata de las personas que vivieron esa época quedando atrapadas en un momento histórico francamente complicado. Muchas de ellas tomando decisiones o jugando papeles que jamás hubieran pensado. Conocemos de entrada a Kurt Gerstein, devoto cristiano encargado del gas en los campos de exterminio, ¿hace falta dar más pistas sobre la historia de este hombre? En realidad sí, porque solo Vollman sabe contar una historia que se basa en detalles, en mirar alrededor para poder ver dentro. ¡Y aún seguimos en las primeras páginas!
Aparecerán muchos más personajes, generales, pintores, poetas... pero Shostakovich se alza entre todos ellos en medio de esta historia de fanatismos, afiliaciones y, por supuesto, actos de resistencia. Porque no olvidemos que estamos entre nazismo y comunismo, en un contexto en el que el libro acaba por tener una trama que hablará desde las maquinaciones preguerra hasta la situación política de un Berlín dividido. Y, entre todo esto que ya de por sí hace interesante el libro, conocemos a Dmitri y buscamos su música en youtube, porque descubrimos a un personaje fascinante, una mente divergente en cuanto a música, política, filosofía, un hombre que parece relatar su interior en la música que compone como forma de expresión viva.Shostakovich deslumbra como también lo hace Vollman con su particular forma de escribir en la que vemos a la Unión Soviética y Alemania en estas historias de la historia cargadas todas ellas de ideología y momentos. Muchos conocidos como el Holocausto, el Babi Yar o Stalingrado; otros menos conocidos (al menos para mi), como el protagonizado por Zoya Kosmodemyanskaya, partidaria rusa ejecutada y convertida en heroína mediante el uso de una frase suya. Hay, en realidad, tanto por decir de esta novela, que apenas he comenzado, y siempre me van a parecer pocas las razones que os de para empujaros a leerla. Hay libros que son así.
Europa Central es un magnífico ejemplo de que aún se escriben libros magnos, tremendos, con historias casi inabarcables tanto por la cantidad de sucesos que aglutinan como por la ambición del propio escritor. Y es también el mejor ejemplo de que es posible lograrlo. Lean Europa Central o, en su defecto, otro título de William T. Vollman.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
PD. Quizás os suceda como a mi, así que os dejo una muestra de la música de Dmitri S. que resuena en las páginas del libro.
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viernes, 4 de agosto de 2017
Elling. Ingvar Ambjørnsen
"De chiquillo me encantaban las grosellas -dijo Kjell Bjarne-. Y ahora no las soporto.
Lo dijo de tal manera que yo comprendiera que, entre tanto, algo había sucedido. Entre otras cosas, había vivido la mitad de una vida y, por algún lugar del camino, le había perdido el gusto a aquellas ácidas bayas rojas."
Conocía de pasada el título de este libro, y sabía incluso de las adaptaciones que se habían realizado. Por eso no dudé en traérmelo a casa y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Elling.
Conocemos a Elling a través de su propia voz, y también a su amigo Kjell. Este libro es un fragmento de su vida, la de dos personas socialmente disfuncionales que buscan su lugar en el mundo.
Empezaremos poniendo un poco de orden, ya que en el caso particular de este libro parecen haberse empeñado en complicarnos la vida a los lectores. Elling es el primero de los cuatro tomos que conforman la tetralogía escrita por Ingvar A. que se ha traducido al castellano. Pero eso no significa en absoluto que sea el primero, ya que cronológicamente es el tercero. Y es que, en ocasiones, nos llega el más conocido de una saga, en lugar de llegarnos el primero. Cuento esto porque uno puede tener una sensación de desapego por los personajes al comenzar, ya que nos faltan sus comienzos y también al finalizar, en caso de ser uno de esos lectores que esperan saber toda la vida de aquellos que están ante sus ojos. Sin embargo, justo es decir, que yo lo he leído como un volumen único y autoconclusivo sin problema alguno y como tal voy a dar mi opinión.
Elling relata un periodo de su vida muy particular, el del momento en que, junto a su amigo Kjell (y bajo la atenta mirada de Frank), comienza a abrirse al mundo. Juntos forman una pareja dispar: si uno es grande, el otro es menudo; si uno es impulsivo el otro reflexivo... pero ambos comparten su disfuncionalidad social, tienen una enfermedad mental que les provoca unas carencias, unas diferencias, y viven en una sociedad que, por mucho que nos hable de adaptación, soporta a veces no demasiado bien a las personas que son diferentes. Y esta es una de las grandes críticas que esconde el libro. Un libro, por demás, con situaciones francamente divertidas y en el que se incluyen algunas escenas, recuerdo ahora una con poetas, que son para recordar.
El autor parece haber encontrado el tono justo, con la ligereza adecuada, como para que pasados los dos primeros capítulos, la lectura se convierta en un placer ágil del que es difícil desprenderse. Tenemos curiosidad por saber si van a ser capaces de vencer sus miedos, de llevar una vida normal, de lo que les va a suceder... y también de que nos cuenten alguna de sus curiosas aventuras. Y, por otro lado, Ingvar ha sabido jugar sus cartas, ya que no victimiza a sus protagonistas, de hecho, podemos encontrar en el propio Elling, algunos rasgos comunes al famoso Ignatius Reilly, que convierten a este personaje en alguien muy alejado de los habituales "busca afectos sensibleros" de muchas de estas novelas. No siempre le vamos a entender, ni siquiera tiene que gustarnos demasiado, pero eso no significa que la novela no sea un trabajo estupendo de construcción de un personaje que se rige por sus propias, y a veces inflexibles, normas.
El resultado es un libro ligero y divertido a grandes ratos en el que nos muestran una realidad, con las diferencias propias entre los países (entiéndase, del país de lectura a aquel en el que transcurre la acción), cuya lectura es un placer. La evolución de los personajes hasta un final más que satisfactorio, es, sin ninguna duda, uno de los grandes puntos a destacar de este libro cuya lectura os recomiendo.
Y vosotros, ¿sois de los que necesitáis que los protagonistas de las novelas os caigan bien para disfrutar de una lectura?
Gracias.
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jueves, 3 de agosto de 2017
Te estoy viendo. Clare Mackintosh
"El hombre que tengo detrás está tan pegado a mí que podría humedecerme la piel del cogote con su aliento. Desplazo los pies hacia delante unos centímetros y me pego más a un abrigo gris que huele a perro mojado. Tengo la sensación de que no ha parado de llover desde principios de noviembre; una fina capa de vapor emana de los cuerpos calientes apiñados unos junto a otros. Un maletín se me clava en el muslo. Cuando el tren toma una curva con brusquedad, no me tambaleo gracias al peso de las personas agolpadas a mi alrededor y porque apoyo una mano accidentalmente sobre el abrigo gris en busca de cierto equilibrio. Ya en Tower Hill, el vagón escupe una docena de viajeros llegados a la ciudad desde las afueras y se traga otra docena, todos apresurados, ansiosos por llegar a casa para pasar el fin de semana."
En esta época del año más que en cualquier otra proliferan este tipo de libros de intriga y fácil lectura en los que uno ya sabe lo que va a encontrarse. Hoy traigo a mi estantería virtual, Te estoy viendo.
Conocemos a Zoe, una mujer pasados los cuarenta que realiza todos los días el mismo trayecto de su casa al trabajo en Londres. Con pareja, un exmarido y dos hijos, lleva una vida rutinaria y relativamente feliz. Hasta que un día, se tropieza por casualidad con su fotografía en el periódico, en lo que parece el anuncio de una web de contactos.
Esta escueta sinopsis sería la mitad de una novela narrada en dos hilos y que se ve completada con la parte policial. Porque tras un asalto y la posible relación con los anuncios en la prensa, conoceremos la historia de Zoe y la de Kelly, la policía a la que se dirige y que acabará formando parte de la investigación de una serie de sucesos relacionados con Zoe y la ya mentada web. Se complementa además, con una tercera voz en cursiva que busca intranquilizar al lector al dar la palabra al más buscado de esta historia.
La autora tiene muy claro lo que quiere conseguir con la novela y por eso no se entretiene en largas descripciones que ralenticen la historia, aunque posiblemente hubiera ganado muchos puntos de dedicarle un tiempo a dar profundidad y credibilidad a los personajes que la pueblan. Esa búsqueda del "velocidad de vértigo" y "no parar de leer" tan apreciados en las fajas de novelas estivales, ha hecho que en algunos momentos me costara comprender la forma de actuar de Zoe, Kelly o incluso la hija de la protagonista, dejando pequeños agujeros en una trama que se basa en el miedo constante a ser vigilado sin que uno se de cuenta. Añade, a modo de enseñanza, que las redes sociales y la exposición a la que nos sometemos en ellas, puede favorecer a determinado tipo de individuos, punto en el que me hubiera gustado se extendiera un poco más.
La historia es justo lo que promete, una novela de verano, con unos cuantos giros buscando que el lector llegue a sospechar de todos, una un tirabuzón final que dejará satisfecho a quienes busquen pasar un puñado de horas entretenidas al cobijo de una sombra este verano.
A veces parece que decir que un libro es entretenido, es dejar a medias una valoración, pero no siempre los lectores buscamos grandes novelas. En ocasiones simplemente queremos pasar el rato. Y esta autora ha decidido seguir una línea que ya comenzara en su primera novela, Te dejé ir. Supongo que no tardaremos en encontrar una tercera con un título en la misma línea.
Y vosotros, ¿recordáis la última novela que os duró un suspiro?
Gracias.
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martes, 1 de agosto de 2017
La pulga de acero. Nikolái Leskov
"Cuando el emperador Alejandro I hubo terminado el Consejo de Viena, quiso viajar por Europa y observar prodigios en diferentes naciones. Recorrió numerosos países y en todas partes, merced a su afabilidad, mantenía siempre conversaciones de lo más apasionadas con todo tipo de gente. Y todos, de una manera y otra, le asombraban y querían llevárselo a su terreno."
Supongo que a veces sobran motivos para acercarse a un libro, y otras es simplemente la editorial la que hace que nos acerquemos a él. Este fue el caso del libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de La pulga de acero.
El emperador Alejandro I visita inglaterra acompañado del cosaco Platov. Allí, los ingleses intentan impresionar a los rusos mostrándoles todos sus prodigios, hasta que, finalmente, le obsequian con una minúscula pulga de acero que funciona al darle cuerda con una llave aún más minúscula. Platov jamás quedó convencido de que los artesanos rusos no fueran capaces de mejorar dicho prodigio, por eso será el encargado años más tarde, precisamente de esa misión. Esto le llevará a conocer a un genial artesano de Tula.
A veces, lo más curioso de un libro, es la historia que le acompaña. Incluso puede que esa historia esté por encima de la que contiene, y eso le pasa a La pulga de acero. Leskov, que recoge en su historia muchos puntos que acercan su estilo a la tradición oral, jugó en el momento de su publicación con la supuesta inspiración real en su nouvelle, lo que provocó que una parte importante del público creyera que algo similar podía haber sucedido. Tal juego quizás se le fuera de las manos, o simplemente se cansó, y el juego quedó en suspenso retirándose la palabra leyenda del subtítulo y aclarando conceptos. Pero el lector puede ser un peligroso contendiente cuando se ha jugado con su credulidad, y hubo una parte importante de la sociedad que jamás le llegó a perdonar este juego. Tal vez, porque su historia había generado discusiones, o tal vez simplemente por sentirse ridículos al descubrir que habían caído presas de un engaño fácil. El caso es, que Leskov siempre ha sido un nombre controvertido en la literatura y su público se reparte entre defensores y detractores sin posiblidad de abstención a la hora de opinar.
Reconozco que en esta ocasión he leído y releído el cuentito de Leskov antes de formarme una opinión completa sobre él. He buscado y encontrado las dos opiniones que desata: de un lado, la crítica, que afirma que ridiculiza la incultura y la parte rusa que queda lejos del resto de una Europa más moderna. Y también he visto la otra interpretación, aquella que afirma que es justo lo contrario y que, leído el final, queda claro que defiende los valores clásicos, la artesanía y las tradiciones de Rusia. Lo he visto todo, y eso en la primera lectura. En la segunda he intentado buscar el elemento d3e genialidad atribuída al autor, y me he encontrado con un cuento que se asemeja en forma y conceptos al archiconocido Traje nuevo del emperador, aunque Leskov le añade un tirabuzón. Me he encontrado con palabras inventadas y una admiración que no esperaba hacia la traductora Sara Gutiérrez, que a buen seguro ha sudado para encontrar los términos adecuados en castellano. Y he encontrado en realidad poco más. Un relato, un cuento en el que el sentido del humor que se le atribuye no ha hecho más que contribuir a la sensación de estar ante un cuesto de embustes, independientemente de si el embuste es un truco dentro del relato o del propio autor, del que se disfruta un rato... pero poco más. Quizás por recordarme al famoso cuento, me he sentido desligada, infantil incluso con el libro entre las manos, pero no he disfrutado ni encontrado la genialidad de la que algunos hablan. Lo mejor, el prólogo de Care Santos en el que he encontrado más allá de claves, el consuelo de saber que pienso como Nabokov sobre el autor.
No siempre se acierta, no sería bueno tampoco acertar siempre. Así que decidme, ¿recordáis el último título que no os gustó?
Gracias.
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