lunes, 12 de septiembre de 2022

Los chicos de Hidden Valley Road. Robert Kolker

 

     "Hermano y hermana salen juntos de su casa, cruzan la puerta corredera de cristal de la cocina y salen al patio trasero".

       No sé si se juzga un libro por la cubierta pero a mi esta me llamó la atención poderosamente. Hoy traigo a mi estantería cultural, Los chicos de Hidden Valley Road.

     Conocemos a Don Galvin y a su esposa Mimi, una familia acomodada de Texas en la que él, padre del año 1965, y ella, ama de casa que incluso cosía la ropa para sus hijos, forman una gran familia de 10 hijos y 2 hijas: 12 hijos en total para esta enorme estampa que convierte en literal la expresión de la gran familia americana. Cuando su hijo mayor empieza a actuar de forma extraña, parece ser él mismo quien se de cuenta de que algo le pasa. Y la tragedia no tarda mucho en comenzar: Donald padece esquizofrenia. Y así, paso a paso empiezan a caer un hermano tras otro en las garras de la enfermedad desconocida hasta que un total de seis son diagnosticados. Una enfermedad que destroza una familia desde dentro tanto por la incomprensión como por la incapacidad para hacer nada, el miedo a la locura y también por los actos que cometen los hermanos enfermos.

     Kolner escribe en esta tremenda novela la caída en desgracia de una familia que hubiera debido de ser modélica y que, además, existió. Así el lector va viendo como comienzan las peculiaridades en el comportamiento de los hijos enfermos, que además parece que se van acentuando de hermano en hermano llegando uno de ellos a abusar de forma repetida de sus dos hermanas y convirtiendo así el relato de "los cuerdos" en una pesadilla aún más inimaginable que la poca locura. Y uno a uno empieza la cuenta de los hijos afectados por esta enfermedad y va viendo como la familia se siente maldita, los hijos temen ser el siguiente en caer y los padres se desesperan al no saber qué hacer con lo que les está sucediendo. La medicina no parece estar preparada para el diagnóstico y mucho menos para la prevención y hay opiniones para todos los gustos, una incluso llega a culpar a la madre por la forma en que haya criado a sus hijos, mientras se busca, cada vez con más desesperación una solución al problema que tienen. Kolner no deja la pesadilla y, si bien una se vive de puertas adentro, la del reguero médico no da tampoco muchas opciones de permitir a la familia despertar del mal sueño y es que ni siquiera la persona que parece acercarse más va a ser capaz de tener la solución mágica a una enfermedad que hoy en día sigue siendo en gran parte un enigma. La esquizofrenia, tal y como dice el autor, no se trata de una enfermedad en la que el enfermo desarrolla personalidades, si no que lo que hace es ir despegándose de la realidad hasta que su realidad y la nuestra difieren. Algo tan complicado como suena y un escenario tan asfixiante como para lograr que el lector se revuelva entre las páginas de esta novela. Y es que Don y Mimi verán tratamientos terribles y agresivos que no querrán realicen a sus hijos mientras observan y padecen sus comportamientos erráticos y, por supuesto, mantienen no solo las apariencias si no que intentan no suspender las rutinas que se suponen en una familia. Y esto es precisamente lo que engrandece la novela, el hecho de que, aunque la locura sea un tema vertebral, el autor muestra como la apariencia incluso privada, es importante para que la familia siga en pie y refleja de este modo uno de los motores de las microsociedades americanas de la época.

     Kolker deja una novela en la que se alterna la vida familiar con el tema de la esquizofrenia. Habla de avances y retrocesos y realiza un recorrido en el que la familia Galvin fue vital para realizar avances en poco tiempo, pero ni así se ha podido llegar a la cura. Una contribución que fue más allá, por otro lado, de la médica ya que su pesadilla se hizo conocida y eso hizo que un estigma fuera empezado a verse desde un ángulo diferente: ellos daban pena.

     Los chicos de Hidden Valley Road es una historia emotiva y asfixiante, la de una familia que quería ser perfecta y vio como sus miembros caían uno a uno en el estigma de la locura. Una novela perturbadora que logra conmover y horrorizar al lector a partes iguales, una novela dura que se centra en la búsqueda del sueño americano de la familia perfecta y en su destrucción. Y es que si hay, o al menos se busca, la Gran Novela Americana, este título debería de llevar la etiqueta de Gran Novela de No Ficción Americana. Tan dura como recomendable.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 7 de septiembre de 2022

Los falsificadores de pimienta. Monika Sznajderman

 


     "Probablemente, el recuerdo más antiguo de mi infancia esté relacionado con la cocina, y más concretamente con la mesa de la cocina. La ventana daba al patio de luces—un verdadero pozo sin agua—de la finca situada en la céntrica calle Okólnik de Varsovia. La mesa estaba arrimada a la ventana y, hasta donde alcanza mi memoria, nos sentábamos a ella en un orden inalterable: a la izquierda, mi padre; a su vera, yo; en la cabecera, mi madre, y a la derecha, por el lado de la ventana, la madre de mi madre, es decir, la abuela Maria, y el abuelo, y, según el día, también alguna prima o alguna tía de mi numerosa familia polaca. La mesa estaba cubierta con un variopinto mantel de hule floreado. La cocina estaba siempre a oscuras y la luz permanecía encendida a todas horas, porque el sol no entraba en aquel patio-pozo. Además, sobre la mesa se cernía siempre una tensión inmóvil, palpable incluso para una niña. Mi padre era poco hablador, por regla general permanecía callado, y quien llevaba la voz cantante en las conversaciones era la abuela. En cuanto ella abría la boca, saltaban chispas y se producían pequeñas descargas eléctricas. Mamá se limitaba a apaciguar las disputas".

     Acantilado es una de esas editoriales a las que vuelvo como puerto seguro cuando necesito saber que no voy a fallar. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los falsificadores de pimienta.

     A lo largo de esta reseña me voy a aprender el apellido de la autora letra a letra. Lo sé. Y es que Sznajderman cuenta en su libro que se dio cuenta con el tiempo de que apenas sabía nada de la familia de su padre. Es decir, todos tenemos una rama familiar por cada uno de nuestros progenitores y, queramos o no, siempre se cuentan historias sobre las familias: el abuelo, el tío... y Sznajdermann en cambio solo disponía de la parte materna de esas historias y conocimiento. Sobre la familia de su padre se cernía un silencio no marcado que quería desentrañar. Y por eso decidió investigar y contar esa historia que parecía ocultársele, sin saber que se iba a encontrar en la IIGM, con una infancia en un campo de concentración y un silencio que quizás buscaba no revivir pesadillas y mirar hacia delante.

Hay que tener en cuenta además que el retrato incluye a la mitad polaca, por cierto. Pero empecemos por la primera parte, un verdadero ejercicio de recuperación familiar tratado siempre desde el máximo respeto. Una historia desgarradora de judíos en campos y silencios llenos de cicatrices con el que la autora realiza un retrato ya conocido pero dentro de su ámbito privado y es que muchas veces se ficcionan tanto las historias, que olvidamos que fueron reales. Y en este caso en particular, la autora descubre que guardar silencio ha sido una forma de avanzar pero otra tal vez lo sea el no dejar que caiga en el olvido. Y tras esta parte la segunda, la historia de su parte materna, la polaca, la bien situada que durante muchos años ni siquiera miró a los judíos, algo que le obliga a fijarse precisamente en la actitud de este tipo de familias respecto a lo sucedido y que desgarra a narradora y lector por partes iguales a la vez que nos enfrenta a las distintas versiones del género humano. Y así, lo que parecía una historia sobre la guerra y campos y judíos, se torna también en el reflejo de una sociedad que mira por encima del hombro a una raza, si acaso útil o exótica. Y es precisamente este punto, sabido por un lado, desconocido quizás por otro y un descubrimiento para la autora que no se ha movido de su ámbito familiar, el que da una profundidad a la novela convirtiéndola en más que una simple biografía.
Por supuesto, como buena biografía de escritora y editora, nos encontramos referencias e hilos de los que tirar para seguir leyendo sobre un tema del que nunca estará todo dicho.

     Los falsificadores de pimienta es una novela densa que avanza más allá de la simple investigación y el deseo de obtener una voz perdida. Es un retrato personal y privado de uno de los momentos más desgarradores de la historia contemporánea del que, estoy segura que os he dejado la duda sobre cómo un niño de un campo acaba con una niña de una familia polaca terrateniente. Nunca hay que contarlo todo. Merece la pena. Leed.

     Y vosotros, ¿sois lectores de biografías?

     Gracias.

     

lunes, 5 de septiembre de 2022

El estandarte. Alexander Lernet-Holenia

 


     Regresamos del parón veraniego a colocar libros en la estantería virtual. Hoy traigo, El estandarte.

     Conocemos al alférez Menis cuando es trasladado. No tarda en fijarse en una bella joven, Resa Lang, lectora de la archiduquesa que no duda en enviarlo lejos. Como es lógico no tarda en regresar, ya que hay una historia de amor por vivir.

     La caída del Imperio Austrohúngaro tras la IGM es un tema vasto e interesante que se ha tratado muchas veces en la literatura y que vertebra realmente la novela que hoy nos ocupa. con un tono misterioso y giros que no siempre parecen programados, ni siquiera verosímiles, esta novela de aventuras comienza con el encuentro entre el protagonista que nos cuenta la historia, Menis, y un mendigo en plena calle. Algo que puede parecer trivial pero que, como sucederá en más escenas de la novela, es una buena representación de cómo está el sistema militar del país y es que el mendigo parece un cabo del regimiento del narrador. Menis, como veremos, ha estado convaleciente y ahora tras reincorporarse ha llegado a Belgrado donde se enamora a primera vista. Un enamoramiento este que ya da comienzo de forma complicada o tormentosa y que parece dar pie a una serie de enredos hasta que la novela se militariza. Cambia de tercio y el autor desgrana punto por punto campañas y largas cabalgadas del ejército de un imperio que se desploma y queda nuestro narrador encargado de proteger el estandarte que da título a la novela. A partir de aquí, ya que no lo voy a contar todo, se abre el dilema que da lugar al final en una novela que, si bien he disfrutado, no he podido dejar de notar que va de más a menos y cuyo final no ha terminado de convencerme en una novela entretenida en la que las aventuras se suceden sin pausa para los protagonistas.

     El autor se maneja mejor que nadie en los temas militares y no le importa sacrificar la credibilidad de los sentimientos o exagerarlos para que vayan más rápido si eso le permite tener hueco para unas cuantas páginas más de gestas, territorio en el que se le nota mucho más cómodo y suelto con la pluma.

El resultado de todo esto es una novela de aventuras que resulta amena y que tiene mucho de fresco del momento en el que el lector es espectador de primera línea de uno de los momentos cruciales de la historia sucedido finalizando a IGM. Cargada de momentos simbólicos y escenas francamente visuales, puedo decir que he disfrutado de la historia.

     El estandarte es una novela entretenida con momentos incluso brillantes en la que la caída de un imperio es puesta ante los ojos del lector que asiste a la puesta en escena desde dentro del huracán.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 1 de agosto de 2022

El regreso del soldado. Rebeca West

 


     Me llaman la atención este tipo de libros desde hace años-. Soldados, regresos, guerras... Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El regreso del soldado.

     Conocemos a Chris Baldry cuando regresa de la IGM. Inicialmente es afortunado, no tiene lesiones visibles, y sigue siendo un joven de 36 años sano que ahora ha vuelto a casa. Solo hay un problema y es que los últimos 15 años de su vida han desaparecido de su memoria. Y él, que a los 21 años estaba enamorado de Margaret, ahora está casado con Kitty con la que ha perdido un hijo y vive en su casa de siempre aunque con los cambios propios del paso del tiempo.

     Resulta curioso como la pérdida de memoria del soldado es tanto lo que marca su nueva vida como lo que le permite olvidar los horrores de la guerra. Un mal que fue bastante común en su época y que ahora casi parece un recurso literario más que apropiado para mostrar los cambios a los que el soldado se enfrenta y convertir la novela en un drama cercano. West escribe una novela incómoda que sorprende por el momento en el que fue concebida ya que trata muchos temas que son comunes a nuestra sociedad actual. West no tiene problema en marcar el clasismo, en señalar la infelicidad conyugal, el adulterio o insinuar las relaciones homosexuales. Y tampoco lo tiene en volver a tratar la amnesia como la solución a todos los problemas, también a la sociedad. O quizás sea que mejor olvidemos o que no recordemos, que mejor estar un poco inconscientes si somos felices o no lo seremos, y también que, aún así, siempre vamos a ser permeables, algo se filtra. Todo eso está en la novela de West.

     La autora nos invita a ver el regreso del soldado, a ver su despertar en un hospital y a su esposa a su lado. La misma que hace llegar la carta a su primer amor y que parece esperar en el regreso de su esposo una vuelta a una normalidad que tiene que ver tanto con la guerra como con la tragedia de perder un hijo, pero todo se ve truncado con este hombre que regresa mirando a otro amor. Y aún así, West no busca simpatías ni se viste de tragedia. Es dura e implacable y torna implacable al lector que no puede evitar enjuiciar a cada uno de los personajes en sus actos y palabras dejando flotar en el aire un dilema moral tanto como la duda sobre lo que cada cual crea que representa la amnesia de su protagonista. Sorprende tanto por lo temprano de su escritura, la autora no tenía 25 años, como por el momento en el que la novela se concibió y ha resistido, algo que no suele ser habitual, maravillosamente el paso del tiempo.

     El regreso del soldado es una gran novela que se condensa en no muchas páginas y que deja un poso que profundiza a medida que pasan los días desde su lectura. Desde luego, no deja a nadie indiferente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 13 de julio de 2022

Las palabras justas. Milena Busquets

 


     "6 de enero 

       Lo único que hay hoy para desayunar son los marrons glacés que me han traído los Reyes".

     Leí su primera novela y me salté la segunda, no tengo muy claro el motivo. No soy de juicios rápidos y siempre doy segundas oportunidades. Así que hoy traigo a mi estantería virtual, Las palabras justas.

     Esta vez poner un argumento es tontería ya que estamos ante un diario que recorre un año.

    Milena Busquets nos deja un diario que yo he leído como una obra de total ficción aunque me haya encontrado pinceladas que puedan ser reales o alusiones a frases conocidas, dichas o incluso pensadas o vividas por alguna persona determinada. Incluso yo. Utiliza para ello una voz que me ha recordado a También esto pasará pero que se antoja más madura durante la lectura, más precisa, con menos letras aún de las que existieron en el primer título. Quizás por eso más agradable a la vista, al sonido de lo que nos está contando, pero no a la credibilidad. Y es que mi problema en esta lectura ha sido que me vendan el diario como autoficción. Tal y como yo lo he leído, el libro consiste en una secuencia de frases pensadas que bien podía haber sido un dietario literario en el que la autora se sentara a pensar la forma en que contar pinceladas de sentimientos, de amor, de vida, de edad y también, porque eso tiene tirón y porque se dedica a ello, de literatura. Lo que no he visto es el diario, la vida, los sentimientos de quien escribe. Porque si algo tiene que tener un diario es la condensación de una voz que resume una vida en una pequeña entrada que le recuerde el momento realizado. Y si no es así, no es un diario. Llámalo de otro modo, di álbum, recortes, dietario, una frase al día... di lo que quieras, pero diario, no.

    La narradora del libro se presenta como un cruce un tanto superficial entre una mujer esteta y un punto snob de mediana edad y que se ve un poco de vuelta de su juventud y no puede evitar dejar sus perlas de sabiduría porque más sabe el diablo y esas cosas que todos conocemos. Combina una vez más sentimientos y reflexiones con vocación de ser subrayadas y que se disfrazan de polémicas sin serlo realmente. Los escritores tienen ego, borrar como un obrero, escribir por dinero...  Y es que estamos, en definitiva, ante un texto francamente depurado al que le falta sentimiento pero que le sobra buen hacer.
 
     Las palabras justas es un libro entretenido para quienes gustan de marcar párrafos y frases, pero al que le falta un hilo que deje al lector conectar de manera directa con quien lo escribe, sonando impostado, perdiendo ese realismo que yo espero cuando me enfrento a un diario.

     Y vosotros, ¿sois lectores de diarios?

     Gracias.

lunes, 11 de julio de 2022

Utopía Avenue. David Mitchell

 


     "Dean pasa a toda prisa por delante del Phoenix Theatre, esquiva a un ciego con gafas de sol, toma Charing Cross Road para adelantar a una mujer que avanza despacito con su cochecito de bebé, salta por encima de un charco sucísimo y vira bruscamente por la calle Denmark, donde resbala sobre una placa de hielo negro. Los pies le salen volando. Permanece suspendido en el aire un momento lo bastante largo para ver cómo la alcantarilla y el cielo intercambian sus sitios y pensar: «Mierda, esto me va a doler», antes de que la acera se le estampe contra las costillas, la rótula y el tobillo. «Duele la hostia». Nadie se detiene para ayudarlo. «Puto Londres». Un patilludo con bombín y pinta de trabajar en la bolsa sonríe con suficiencia al ver la desgracia del patán melenudo y pasa de largo. Dean se pone de pie con dificultad, haciendo caso omiso de las punzadas de dolor y rezando para no tener nada roto. El señor Craxi no paga los días de enfermedad. Por lo menos le funcionan las muñecas y las manos. «El dinero»".

     No tengo muy claro en qué momento descubrí a David Mitchell ni cuándo empecé a leer sistemáticamente toda su obra, pero así ha sido. Y es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, Utopía Avenue.

     En la nueva novela de Mitchell asistimos a la creación, auge y caída de una banda de rock a lo largo de los años sesenta. Un cuarteto británico que se une para tocar y descubre tanto una banda como a sí mismos.

     Como resumen la verdad es que es muy literal y se queda bastante corto, evidentemente. La novela se divide en tres partes que llevan el título y la estética de tres álbumes de época y las pistas están escritas utilizando la perspectiva de los distintos miembros de la banda (y alguna persona más). De este modo conocemos a Moss u bajista adicto al sexo que es a la vez un superviviente a su propio crecimiento; Jasper, el supuestamente privilegiado cuyos problemas psicológicos están a punto de ser nominados como Asperger; Griff el batería de clase obrera y Elf, la chica, insatisfecha. Todos diferentes, cada uno de un ambiente, cada uno de una música y con una voz propia y a la vez un coro con el que Mitchell lleva a cabo sus ya conocidos juegos entre historias que, para alegría de unos y decepción de otros, en esta ocasión relaja un poco tras sus últimas e intrincadas novelas. La historia en sí no es novedosa, mil veces hemos oído de quienes empiezan tocando en un bar de mala muerte y acaban llenando salas de conciertos y estadios, y lo adereza con la ración justa de melodrama que pasa por los demonios personales de los componentes, accidentes, pérdidas y, por supuesto, la dósis adecuada de sexo y drogas. Incluso está el típico momento en el que la inspiración es una suerte de catársis para quien la sufre. Como os digo, mucho cliché habitual.
     A lo largo de este camino Mitchell irá proporcionando cameos a prácticamente cualquiera que se lo pida, o esa es la sensación que yo tuve al leer la novela: que todo el mundo quería pasar por allí aunque fuera de forma esporádica o sin motivo aparente. Y entonces el lector se pregunta qué está haciendo exactamente Mitchell en esta novela y, más importante, qué pinta el lector en todo esto. Porque si algo tenemos claro los lectores de Mitchell es que somos importantes. Incluso dentro de sus historias los lectores pueden ser vitales ya que leen lo que será el siguiente capítulo, por ejemplo. 
En esta ocasión Mitchell lleva al lector por una novela que parece ir en retroceso de interés. Al menos hasta que encajamos la pieza y vemos que Jasper es familiar de otro personaje. En ese momento todas las referencias a su obra anterior encajan (si las hemos leído) o no y tampoco importa demasiado. El haber leído su obra solo supone esa suerte de música de fondo de las películas que avisa de que se aproxima un momento importante pero que, si no la oyes, no hace que ese momento deje de existir (por si acaso fijaros en películas, locutores y apellidos. Como pista). Como decía, llegamos al final y estamos seguros de que los demonios leídos van a tomar protagonismo, nos lleva hablando de ellos tiempo, sabemos lo que hacen y nos va a decir lo que son. Y ese es, sin duda, el momento álgido de la novela. Aunque para los lectores de Mitchell no sea original lo están esperando igual que todo el mundo espera la "coletilla" de un personaje famoso en una obra.

     Utopía Avenue es una novela bien construida que tiene tintes sobrenaturales y es llevada con éxito hasta sus últimas páginas. Solo tiene un gran pecado: la sensación de estar ante algo poco original. Y es que la originalidad repetida a veces tiene esas cosas. Se desgasta.

     Y vosotros, ¿con qué novela comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 27 de junio de 2022

El amor de Erika Ewald. Stefan Zweig

 

 

     "Erika Ewald entró despacio, con el paso cauteloso y quedo de quien llega demasiado tarde. Su padre y su hermana ya estaban dentados a la mesa comiendo; al oír el ruido de las puertas levantaron la vista para saludar fugazmente con la cabeza a quien entraba, luego no se oyó más que el ruido de los platos y el tintineo de los cuchillos a través de la habitación débilmente iluminada".

     Hace muchos años que leo a Zweig. He dado vueltas incontables para lograr una firma suya subasta tras subasta y, en definitiva, es una constante en mi biblioteca. Así que os podéis imaginar la alegría con la que recibí este título ya que implicaba que además se habían tomado la molestia de buscar un título. Hoy traigo a mi estantería virtual, El amor de Erika Ewald.

     Erika toca el piano, es pianista, profesora, es... aburrida. Y durante unos ensayos se enamora del pianista con el que se ve inmersa el amor inicialmente platónico de quien se ve atraído por quien uno cree que comparte todo. Del platonismo pasamos al deseo y Erika entra en un momento obsesivo en el que ni siquiera la separación hace que olvide al violinista.

     Zweig tiene biografías maravillosas, entre las que incluyo Momentos estelares de la humanidad como la biografía de un colectivo, de una época y luego está su faceta de novelista, en la que sus personajes desarrollan pasiones obsesivas marcadas por el amor o por la supervivencia. En este caso, Erika es la elegida para vivir el amor romántico hasta sus últimas consecuencias. Destila drama desde las primeras páginas y, pese a estar ante un cuento corto, Zweig tiene tiempo de regalar al lector una tragedia completa en la que la protagonista se ve marcada de por vida. Una protagonista que despertará sentimientos diferentes en el lector que acaba por sentir lástima sin darse cuenta de que ha sido manipulado por la pluma del escritor. Zweig profundiza en los sentimientos de Erika hasta lograr ponernos de su lado perdiendo la objetividad necesaria para valorar su reacciones e incluso sus interpretaciones. No somos conscientes, pero lo somos, de sus sentimientos y de como estos pueden nublar su juicio hasta el punto de volver la vista atrás por un instante y replantearse una decisión que vimos como adecuada.

     Zweig me gusta porque es intenso y, si bien esta no es su mejor historia, destila esa característica suya en cada palabra logrando que sus personajes sangren sentimientos y vivan cada momento y cada pasión. Por eso uno cierra el libro con el juicio terminado sabiendo lo que opina de la pianista y el violinista como si hubiera pasado con ellos una larga temporada.

     El amor de Erika Ewald es un cuento largo o novela corta que viene marcado por lo mejor del autor: sentir intensamente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.