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miércoles, 14 de septiembre de 2022

Hermanas. Daisy Johnson

 


     "Al principio solo había tierra..."

     Periférica es una de estas editoriales que, sin hacer mucho ruido, se ha ido colando en mis estantes hasta dejar una parte de mi biblioteca dominada por el rojo. Por eso muchas veces cojo sus libros sin apenas fijarme en la sinopsis, se han ido ganando su hueco. Hoy traigo a mi estantería virtual, Hermanas.

     Conocemos a Julio y a Septiembre, dos hermanas que, como suele suceder, tienen un carácter muy diferente. Aún así, están muy unidas. Cuando las conocemos, ambas hermanas se mudan de Oxford con su madre Sheela, Escritora de literatura infantil, a una casa en no muy buen estado cerca de la costa. Un lugar más o menos perdido en el que los días pasan y las niñas apenas hacen nada y la madre está deprimida... Y el lector sabe que antes de mudarse, algo sucedió.

     Y esta última frase es el motor de la novela. Johnson lo usa para establecer una novela agobiante sobre un suceso ya acontecido que marca toda la historia. Las hermanas se quieren, se protegen... ¿hasta dónde? Y luego está la casa, que se cae literalmente a pedazos, en la que nada parece correcto, ni siquiera la luz. Un lugar que marca una atmósfera y que viene ayudado por una madre que no está, casi un fantasma de carne y hueso. Y a esto hay que unir a July como narradora, un personaje realmente fascinante sobre todo en su relación con una hermana que parece hablarle cuando no habla realmente (y me permitiréis que dejé esta imagen críptica para no desvelar más), pero el hecho es que donde otros han mostrado una ventaja, una virtud, algo reseñable, yo empecé a agobiarme con ello. Esto se ve acentuado porque la novela no está solamente relatada por July (Sheela es objetivo del narrador en tercera persona permitiéndole dejar así algunas frases demoledoras), y ni siquiera es lineal, vamos recogiendo piezas de un puzzle en el que la personalidad de las hermanas se va definiendo y levantando en torno a lo sucedido antes del viaje. De este modo lo que empiezan siendo una novela un tanto perturbadora se retuerce hasta alcanzar la novela psicológica con una sorpresa que no lo es tanto y que, precisamente por eso, se convierte en algo tanto o más efectivo.

     Hay que unir a esto la eficiencia de la narración en la que descripciones terribles con realizadas de una forma casi poética que acentúa el significado de algunas frases que me ha sido imposible no anotar. Y dentro delo perturbador, reconozco que me he reído incluso en voz alta con un guiño que venía a confirmar una de las influencias que percibía en la autora, y que no es otra que Stephen King, aunque llevado a un terreno más adulto. Y es que la novela llega un momento en el que se acerca peligrosamente al terror tanto como lo hizo Luján en aquel Subsuelo con el que comparte hormigas.

     Hermanas es una novela efectiva sobre la familia, el amor, la identidad o el abuso que se percibe de forma abrumadora desde las primeras páginas. La autora nos coloca en un lugar incómodo en el que algo no encaja, o tal vez no encaje nada, para dirigirnos hacia un final por un camino lleno de alusiones, a ratos pervertido, en el que no dejamos de preguntarnos si ya sabemos lo que nos va a decir. Una novela gótica que me ha hecho descubrir a una autora con la que voy a repetir.

     Y vosotros, ¿tenéis editoriales que son un "puerto seguro"?

     Gracias.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Ellos. Francine du Plessix Gray


     "A mi madre le gustaba afirmar que descendía directamente de Gengis Kan. Después de manifestar que una octava parte de su sangre era tártara y sólo las otras siete eran de «ruso común», con un desparpajo que nadie más podría haber mostrado, dejaba caer unos cuantos nombres en la cronología de nuestro linaje: Kublai Kan, Tamerlán y, por fin, Babur, el gran monarca mogol, de cuya concubina favorita, de la etnia kirghiz, descendía su tatarabuela; y voilà, nuestra ascendencia quedaba establecida".

     Supongo que fue la cubierta, porque confieso que antes de leer este libro no sabía nada de la familia protagonista. Pero hoy traigo a mi estantería virtual, Ellos.

     Ellos fue publicado en Rusia en el año 2017 causando una pequeña conmoción, un libro en el que la autora escribe tanto las memorias de su familia como realiza un retrato rápido del siglo pasado. Francine es hija de Tatiana Yakovleva, una hermosa mujer rusa que estuvo relacionada sentimentalmente con el poeta Vladimir Yamakovski y cuya relación dio lugar a dos poemas de amor. Por cierto que el padre de Tatiana diseñaba teatros para el zar y su tío Sasha, explorador y lingüista, fue el responsable de que Tatiana se aficionara al diseño de sombreros. Tatiana sin embargo aspiraba a más que a un poeta, así que se buscó a un diplomático, el padre de Francine, del que se separó y al que presumiblemente agradeció que desapareciera ya que de ese modo se pudo casar con el que fuera padrastro de Francine, Liberman. Los motivos de la ruptura y cómo se mudó con su nuevo esposo a Nueva York son trazados con precisión por la autora que, a estas alturas, ya ha dejado un reflejo perfecto del continente y la época y ha perfilado con mano dura el carácter de su madre. Pero avancemos, que Francine a estas alturas está ya en Estados Unidos pero aún no sabe que se convertirá en una reputada periodista amén de escritora. Tatiana y su esposo rápidamente se posicionan en lo alto de la escala social entre los inmigrantes que llegaban a Nueva York mientras la pluma de Francine sigue realizando el perfil de quienes tuvieron en sus manos su educación.

     Bien, más allá de todo esto, la autora deja un retrato casi de película de Rusia pre Revolución y sus migrantes, habla de la burguesía, frívola en cualquier momento, y del arte. Por la novela pasan artistas de todo tipo y uno se sorprende al encontrar, por ejemplo, a Dali. Recuerdo haber pensado en algún momento que no estaba leyendo sobre los Fitzgerald para haber terminado el libro pensando que seguramente existieron más Fitzgerald que los Fitzgerald. Me he enamorado de esos años 20 entre URSS y París, de su círculo cultural, de la sutilidad y delicadeza de la autora y de ese pasado que seguramente hemos romantizado a base de cine y literatura. Hay guerra, la II, vista desde París antes de tener que huir a EEUU y hay un hilo invisible que pareció seguir conectando a la autora con su país natal hasta su muerte y que es tangible en muchos momentos durante la lectura.

     Como digo, el recorrido es inmenso, pero no diría que hablar de su familia es la excusa para realizarlo ya que trasciende poco a poco un sentimiento de reconciliación póstuma, como si escribir lo sucedido, decir finalmente cómo eran las personas con las que se crio, le fueran a permitir quedarse en paz con ellos. 

      Ellos es una gran historia, un recorrido y también una vida: la de Francine a partir de Tatiana.

     Y vosotros, ¿sois de biografías?

     Gracias.

viernes, 7 de febrero de 2020

El espantapájaros. Nathaniel Hawthorne


     "-¡Dickon! -gritó la Madre Rigby-. ¡Un tizón para mi pipa!
     La pipa estaba en la boca de la anciana cuando pronunció estas palabras. La había insertado allí después de cargarla d sin agacharse para encenderla en la lumbre de la chimenea, donde en verdad no había señales de que hubieran atizado el fuego esa mañana. Sin embargo, apenas hubo dado la orden, la cazoleta de la pipa emitió un intenso fulgor rojo y una bocanada de humo brotó de los labios de la Madre Rigby. Jamás he logrado descubrir de dónde salió el tizón y cómo llegó hasta allí transportado por una mano invisible".

     Hawthorne es, vaya por delante, uno de mis escritores favoritos. Y el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, fue descubierto en una esquina del estante más escondido de una librería. Se trata de El espantapájaros.

     Madre Rigby es una bruja de Nueva Inglaterra y, como buena bruja, fuma en pipa. La historia comienza una mañana en la que la bruja decide crear un espantapájaros para que cumpla su función en su campo de maíz asustando a los pájaros que ya han descubierto esa zona. Sin embargo, el producto de su creación le agrada tanto, que decide dotarlo de vida. A fin de cuentas, hay muchos hombres en el mundo que están tan huecos como el propio espantapájaros. Y le pone de nombre, Feathertop.

     Es curioso lo que pasa con los lectores y es que las lecturas que vamos acumulando, forman parte de nosotros hasta el punto de marcas las próximas. En mi caso, y pese a que el espantapájaros que hoy conocía posee piernas y su cabeza es una calabaza, durante todo el cuentito llevó el rostro de este otro perteneciente a la fábula "El castillo ambulante". Supongo que la pipa, la casaca y la bruja fumadora fueron cosas determinantes a la hora de hacer la asociación. Pero vayamos con el cuento que, al igual que todos los buenos cuentos, tiene incluso su propia moraleja. Escrito en 1852 y publicado en dos partes antes de ser recogido de forma íntegra, Hawthorne combina en su cuento el más puro divertimento y la crítica más feroz. Con un narrador que dice recordar un cuento relatado por su abuela, escucharemos los curiosos regalos que la bruja le hace al esperpéntico protagonista sabiendo que, ni siquiera la vida, es un presente que no contenga una doblez. Solo vivirá si fuma, y de bronce su cara es dura, sus educadas maneras dan risa y su contenido hueco le harán pasar por el mejor. En cuento a las riquezas que se le otorgan son ridículas para el lector, pero declamadas con tanta solemnidad, que la crítica que las acompaña a medida que la población toma al protagonista por un lord, que es imposible nos pase desapercibida. En cuento a la misión, porque todo protagonista de cuento ha de ser un poco Caperucita y tener tanto inocencia como misión, no es otra que deslumbrar a un poderoso e incluso a su protegidísima hija. Ahí ya entra en juego y no sale hasta el final del cuento el tema de las apariencias, las mentiras y las fachadas de cada uno y sobre lo que realmente parece importar en esta sociedad. De hecho el libro tiene un potsfacio en el que Cárdenas da buena cuenta del tema diseccionando esta parte y mostrando cómo hasta un cuentito con buena puntería, puede dar pie a una discusión de lo más interesante.

     Personalmente diré que la vigencia de este cuento es absoluta y que, por desgracia, eso no me ha cogido de sorpresa. En cuanto a la discusión, estoy segura de que es la forma más acertada de enfrentarnos al cuento, pero también, lo reconozco, le quita parte de la diversión. Y es que el conjunto es eso que ahora dicen delicioso como si el cuento fuera una tarta, y que antes se decía recomendable para cualquier lector. Siempre y cuando, claro está, no olvidemos que su extensión es mínima, que es realmente corto incluso para un relato y que si queremos leer algo más consistente, "La casa de los siete tejados" es un magnífico ejemplo de hasta dónde es capaz de llegar el autor.

     Ha evitado de manera consciente hablar de "La letra escarlata" hasta este momento. Y es que, si bien es una gran novela en la que aparece la "marca de la casa" en forma de crítica a la sociedad, sobre todo a esa más conservadora que mira las apariencias, considero que es un título marcado por su adaptación cinematográfica que no supo captar, porque era imposible, el tono del escritor.

     El espantapájaros es un cuentito que encantará a quienes ya conozcan a Hawthorne y que puede servir de aperitivo para quienes aún no lo hayan leído. Acérquense sin miedo al escritor.

     Me gustan los cuentos, cada vez más. Y me gustan los cuentistas. Y vosotros, ¿sois lectores de relatos?

     Gracias.

jueves, 21 de junio de 2018

La vida en tiempo de paz. Francisco Pecoraro



     "A Ivo Brandani lo perseguía el sentido de la catástrofe. La veía en cualquier iniciativa de transformación de la realidad".

     No siempre sabemos por qué un libro nos llama a gritos desde la mesa de la librería, pero cuando eso sucede no suele fallar. Al menos conmigo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La vida en tiempo de paz.

     Conocemos a Ivo Brandani, ingeniero, y lo conocemos el 29 de mayo del año 2015 mientras está en el aeropuerto egipcio esperando regresar de su último trabajo. Ha estado reemplazando coral por una réplica sintética.

     Si me llevé ese libro fue porque recordé a Joyce y el día en el que transcurre su novela Ulysses. Poco o nada más sabía de este libro de setecientas páginas que ha resultado ser una ingeniosa mezcla de novela y ensayo y, posiblemente, una de mis mejores lecturas del presente año.

     Para conocer a Brandani tenemos que saber que es una persona de esas que dicen catastrofistas, y así lo refleja el autor ya en la segunda línea de este magnífico libro. Lejos del sentido práctico que se le puede asumir a un ingeniero, él verá la posibilidad de caer cuando mire un avión, de colapsar si es un edificio o de un incendio si su mirada se posa en una estufa. Cualquier cosa que funcione, de hecho, puede dejar de hacerlo sin previo aviso y evitar la catástrofe que eso pueda provocar es una de sus preocupaciones tanto como el Apocalipsis es su libro favorito. No es casual tampoco que el autor eligiera el 29 de mayo como día para presentarnos a Brandini y dejar que diera rienda suelta en ese entorno tranquilo, ya que fue un 29 de mayo el día que cayera el imperio Bizantino y en esta novela, nada es azar y ese es precisamente uno de los sucesos que no han dejado de rondar en la cabeza de nuestro protagonista, a quien sigue quitando el sueño.

     Brandini resulta un hombre obsesivo, casi resentido, que no duda en posar su mirada durante los últimos setenta años de la historia moderna utilizando en autor principalmente la primera persona, aunque podemos encontrar un narrador circunstancial que ayuda a remontar la acción de la novela. Brandini nos muestra lo aparentemente engañoso del título de la novela al señalar que estos setenta años de paz lo han sido también de guerras ocultas. Y con esta mirada de un hombre cuyo último futuro es el fin que tampoco se pierde de vista en la novela, y con Italia en el punto de mira, recorreremos el caos de los cincuenta, los sueños de los sesenta, la política y la lucha por la igualdad que marcaron el final del siglo pasado. Uno lee el libro con la sensación de que estos años de paz han sido ficticios, ya que vivimos en una constante revuelta civil si no queremos utilizar la palabra que designa el conflicto bélico.

     Comentaba casi al principio, que esta será una de mis lecturas destacadas del presente año. Y uno se da cuenta de ello ya en el Prólogo, magnífico, en el que se da el primer retrato del protagonista. Luego, a medida que la alternancia del monólogo y la tercera persona otorgan un fresco global de este periodo contemporáneo al que no le faltan crítica y acidez, tenemos la sensación de estar ante una de aquellas magnas novelas de antaño que han pasado a la historia de la literatura. La narración es casi épica y, mientras Brandani está en su viaje mortal, Pecoraro nos enseña también pinceladas de la vida del protagonista, ya sea su amor adolescente o su cambio de estudios y una, casi perenne sensación de decepción. Y es que, la mirada de una persona que recorre su vida, siempre va a ser reflejo de la sociedad en que se ha producido. La parte por el todo de la literatura universal. El gran acierto de este libro que irá desnudando a un protagonista del que me ha costado despedirme, tanto, que ya hago planes para una relectura no demasiado lejana.

     Por si no ha quedado claro, La vida en tiempo de paz me ha gustado. Son setecientas páginas (y aquí os he perdido a algunos) de buena literatura, de esa que no es la más fácil para el lector, pero que se disfruta página a página y se termina con la sensación satisfecha de haber hecho un buen camino. Animáos, merece la pena.

     Si otros días he ido mostrando las novelas que se postulan a "novela del verano", hoy me he alejado mucho de esas palabras. Pero tengo curiosidad en una cosa, ¿qué libros son los que preferís para la temporada estival?

     Gracias.


viernes, 16 de junio de 2017

Mi maravillosa librería. Petra Hartlieb


     "Hemos comprado una librería. En Viena. Escribimos un email con unas cifras, ofreciendo una cantidad que no teníamos, y al cabo de unas semanas llegó la respuesta: acaba usted de comprar una librería... Hemos pujado con un dinero que no tenemos, y por una librería que está en una ciudad que no vivimos. Y la hemos conseguido. ¿Y ahora qué? Pues ahora tenemos que apechugar con el asunto."

     ¿Quién, de todos los lectores empedernidos que circulan y paran delante de este espacio, no ha soñado aunque sea en ficción, con tener una librería? Pues por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mi maravillosa librería.

     Petra Hartlieb es una mujer normal, con familia y perro incluidos en el lote, que un día se enteró de que un negocio se ponía a la venta y decidió pujar. Y así, casi sin darse cuenta, o al menos sin haberlo reflexionado fríamente, se vio con una librería en una ciudad ajena a la suya, una deuda y un montón de trabajo por delante. Y esta es su historia.

     Poco sabía yo cuando estuve en Hartiebs Bücher, en Viena, que tiempo después iba a leer su historia en este amable librito de Periférica. Y supongo que poco sabía su autora cuando visitaba la ciudad, que se iba a encontrar como poseedora de una librería que se ha abierto con los años un hueco en el tejido cultural de esta gran ciudad.

     Comenzaba diciendo, y es así, que casi cualquier lector empedernido ha fantaseado alguna vez con tener una librería y convertirse en una suerte de Mendel capaz de recomendar el libro perfecto a cada lector, o haber leído al menos cada título por el que le preguntan. Y esta es la historia de quien tuvo que hacer realidad ese sueño. Y no, no estamos ante uno de esos libros de amor a la literatura, o pan y libro, en la que solo importa la satisfacción de recuperar un incunable o conseguir tal o cual título. Esta vez de lo que se trata es del proceso para formar una librería, narrado de una forma amable y sin esquivar algunos temas periféricos para el argumento, pero vitales para la vida de cualquiera. Es fácil, supongo, contar la vida con una sonrisa cuando ha pasado ya todo, las luchas y, aunque no lo diga, las noches de insomnio y vértigo, y ese es justo el tono que decide adoptar Hartlieb en esta novelita. Desde la aceptación que relata un poco rápida, hasta el banco que les otorga el dinero sin problema, pasando por la mudanza, las noches en casas ajenas, y la ausencia de tiempo que dedicar a la familia (tema que no suele presentarse en los libros, pero sí en la vida cotidiana de cualquiera que trabaje), la autora parece no despegar la sonrisa del lápiz en ninguna de sus líneas. Da además, la dosis de realidad de quien busca empleados, y la literaria de quien deja nombres y alguna que otra anécdota con la que calmar la sed de esos lectores que se ven atraídos por este tipo de títulos como polillas a la luz.

     Pese a contar una historia real y poder visitar el lugar si se visita la ciudad, no he conseguido despegarme una cierta sensación de fábula, precisamente por ese tono que deja fuera disgustos y contratiempos serios que hubieran borrado el aire positivo de la historia. Y es esa amabilidad la que provoca que uno no se detenga en su lectura y, en mi caso, bucee en las carpetas de fotos hasta encontrar aquella en la que aparece en el interior de una librería que un día visitó y hoy, sin haber sido buscado, estaba leyendo.

     Mi maravillosa librería es una novela entretenida y amable para amantes, y no tanto, de los libros.

     Y  vosotros, ¿alguna vez habéis soñado con tener una librería?

     Gracias.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Tú no eres como otras madres. Angelika Schrobsdorff


    "Hoy, 30 de junio, día de su cumpleaños, he sacado de mi baúl del pasado el librito largo y estrecho. Es de pasta dura con ornamentación marginal en negro y oro e inscripción en letra dorada."

     Después de ver mil veces este libro, y dejar enfríar tanta buena crítica, decidí animarme con él. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tú no eres como otras madres.

     A través de esta biografía novelada, conocemos a Else, madre de la autora, una mujer vital e inconformista nacida en el seno de una familia judía con buena posición en Berlín. Unos padres que la adoran, al menos hasta que no se casa con quien le correspondería, y una época convulsa será lo que nos relate la autora a través de la vida de su madre. Comenzaremos antes de la Gran Guerra, viviremos el periodo de entreguerras y también los cambios provocados por el ascenso de Hitler al poder. Una mujer con una vida incesante y una hija que lo relata.

     Ya sé que es muy manido eso de que la realidad supera la ficción, pero es cierto que hay casos en que uno lee unas memorias fascinado, acaso incrédulto y es precisamente el rescordar esa frase lo que provoca que la narración se torne más fuerte y contundente ante nuestros ojos. Y eso es lo que pasa con Tú no eres como otras madres, un libro que oscila entre la descarga de una hija y el homenaje velado a una mujer con sus propios principios tal vez no demasiado comprendida en algunos momentos. Else, no os quepa duda alguna, no fue una mujer convencional. De eso nos damos cuenta ya con la anédota del arbolito de Navidad que se coloca en la casa de una familia judía. Y tampoco será siempre comprendida, entenderemos, al ver el destino del arbolito de las primeras páginas como si fuera una metáfora de lo que vamos a ir leyendo después.
 
      Con un principio tal vez un poco lento, la autora nos va descubriendo a sus personajes y, sobre todo, los interiores de una época sorprendente. No me esperaba yo esa libertad de actos y pensamientos que parecía imperar en el círculo de fiestas y amores en el que se movía la protagonista, círculo que hace suyo aquello de más dura será la caida ante la llegada del III Reich. ¿Qué queda tras esos años felices cuando se ven convertidos en simples ejemplos raciales y llega el dolor y el sufrimiento? Posiblemente los recuerdos ante la desolación, y salidos de esa desolación toca tal vez maldecir los nuevos recuerdos. Porque ese vaivén de emociones es el que marca la novela, de eso y de reinventarse. Y de arrastrar al lector en ese laberinto, descubrirle una libertad y una forma de pensar que sorprende y luego pasar por esa incomprensión que provoca no vivir una época y que parece acompañar al ascenso de Hitler, ese "cómo pudo suceder" a la vez que uno tiembla pensando en si podría repetirse.
     Llega además un punto, aproximadamente a la mitad, en que se complica dejar la lectura. Escrito con un lenguaje sencillo y textos extensos, nos vemos arrastrados a continuar una página más y nos dejamos emocionar hasta llegar a un final que, estoy segura, ha sido duro de revivir y, aún más de escribir. Y nos queda entonces el recuerdo de una mujer que pensó en tener un hijo con cada amor, una vida de amigos, amantes, maridos, nuevas parejas, riñas y perdones. Una vida en la que, como en la de cualquiera, jamás dejan de suceder cosas, con una única diferencia: y es que pocas veces se puso un título tan adecuado a una novela. No me cabe duda de ello, Else, jamás fue como las demás.

      Tú no eres como otras madres ha resultado un libro más que recomendable, quizás no esa obra maestra que muchos se han empeñado en encumbrar, pero sí que he disfrutado de ella.

     Y vosotros, ¿sois de los que corréis a la librería o preferís dejar que se "enfríen" las modas?

     Gracias.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Las fascinantes rubias de Alfred Hitchcock. Serge Koster


     "No, ellas no han cambiado.
     Si, siempre son las mismas.
     Estrellas de la pantalla, sólo existen para ser vistas una y otra vez, estrellas que brillan para deleitarnos, para deslumbrar nuestros sueños, estrellas cuyo fundamento es la carne que no se ve.
     Vamos a estar en compañía de algunas de las criaturas del Maestro."

     Un tema recurrente en el cine es el de Hitchcock y sus mujeres rubias, su pasión por rodearse de ellas, por filmarlas y también la atracción que sentía por ellas. Se ha escrito y elucubrado mucho al respecto, es inevitable, Hitchcock ha pasado a la historia como un maestro del cine capaz de poner en tensión al más frío de los espectadores. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Las fascinantes rubias del Alfred Hitchcock.


     En este ensayo, cuatro serán las rubias objeto de estudio para Koster, quizá las más representativas, las que primero nos vienen a la cabeza cuando hablamos del cineasta: Kim Novak, Eve Marie Saint, Grace Kelly y Tippi Hedren.

     A través de estas cuatro mujeres y sus conocidísimas películas, Kesner realiza un estudio que evidentemente bordea lo sexual de las fijaciones del director. Con una prosa a ratos magnífica, y de la que no dudo en repartir parte de culpa al magnífico traductor, Manuel Arranz, nos irá descubriendo las obsesiones de Hitchcock y también, una mirada diferente de escenas ya míticas de algunas de sus películas.


     Un meticuloso y nada aburrido análisis de gestos y escenas nos hablarán de una sexualidad controlada, incluso reprimia en sonrisas altivas, de simbolismos en las escenas con otros personajes en los que ni siquiera habíamos reparado. Y, en mi caso, también cambió mi forma de ver a Tippi Hedren, mujer fría que coloca un escalón por debajo de, por ejemplo, Kelly. Bodas, obsesiones, películas con personajes que enloquecen, tensión y sexualidad, mucha sexualidad que evita minuciosamente lo carnal, son los rasgos del análisis que realiza el autor en este título. Una visión que, si bien puede parecernos un tanto anticuada a la hora de interpretar alguna escena, es cierto también que enriquecerá nuestra forma de ver el cine de Hitchcock. Relaciones tortuosas con sus rubias, insinuaciones, declaraciones casi hirientes (o sin casi) pasan por el microscopio analítico de Serge para dejarnos un título francamente interesante que, nos convenza o no en sus argumentos, dará al menos algo en qué pensar al lector.



     "¿Por qué elijo mujeres rubias y sofisticadas en mis películas? Buscamos mujeres de mundo, verdaderas damas que se transformarían en prostitutas en el dormitorio."
Alfred Hitchcock a François Truffaut




     Y a partir de ahí, que cada cual opine. No obstante, el libro es interesante y puede proporcionar una experiencia nueva a la hora de ver las películas del gran director bajo una perspectiva un poco diferente. Todo es cuestión de ángulos.

     Hoy me cambio de lado para haceros la pregunta, ¿Os gusta el cine de Alfred Hitchcock? ¿Tenéis una película suya favorita? Tengo clara una cosa, la mía es Rebeca.

     Gracias