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miércoles, 20 de abril de 2022

La extraña. Sándor Márai

 


     A veces uno descubre que ha pasado por alto un título de un autor del que suele disfrutar. Y eso se convierte en motivo de alegría, en volver a sus letras de improviso... un poco como un encuentro con un viejo amigo al que hace tiempo que uno no ve. Hoy traigo a mi estantería virtual, La extraña.

     Conocemos a Viktor Henrik mientras pasa cuatro días en la costa dálmata, concretamente en el Hotel Argentina. Es una suerte de refugiado que se recompone de su vida, que pretende olvidar a Elise, una bailarina a la que acaba de dejar, tanto como a su propia familia.

     La extraña es un libro en el que el protagonista tiene esa edad a la que el tópico dice que los hombres entran en crisis. Literato y profesor, al cumplir 47 Viktor abandona a su mujer y se muda con Elise, a quien no conoce demasiado ni desde hace demasiado tiempo, lo que le lleva a una relación que le produce más vacío que lleno. De un modo poético, o tal vez con un poco de mala leche, Viktor termina en un hotel por el que los años han pasado dejando la impronta de pérdida de brillo correspondiente y es precisamente en esta parte, el comienzo de la novela, en la que Márai despliega todo su arte. Porque el comienzo de la novela es hermoso, realmente espectacular, y promete al lector un disfrute que poco a poco, al igual que le sucede al Argentina con el paso del tiempo, va perdiendo su lustre. Sin avanzar demasiado en lo que sucede, diré Márai bucea en el protagonista buscando algo más profundo en esa crisis tan manida como aceptada y que los flashbacks se convierten en su moneda de cambio. El problema es que el lector llega abrumado por el Argentina, por los huéspedes, las descripciones... el autor nos ha deslumbrado y Viktor no parece lograr estar a la altura. Se recrea en el personaje, nos cuenta anécdotas, describe, explica... y logra una suerte de estado de embotamiento o de confusión que desluce la novela y que no conseguí remontar ni siquiera con el final.

     La novela se carga de sentimientos, Viktor evoluciona ante los ojos del lector que sigue pensando en el dibujo social que podría haberle regalado. He visto los sentimientos, las partes oscuras, he visto incluso los destellos de humor. Lo he visto todo sabiendo que lo tenía que apreciar y que verlo sin que me lo señalen es señal de que lo hago. Pero aún así no he logrado conectar con la historia. Supongo que a veces pasa, en esta ocasión me he sentido deslumbrada por un fogonazo que, al irse apagando, dejaba un paisaje ante mis ojos que no llamaba para nada mi atención.

     Me ha gustado leer La extraña y seguramente lo vuelva a leer. Cuando me sucede con un libro lo que me ha pasado con este, tiendo a volver a su lectura. y es que a veces los libros nos llegan en el momento adecuado y sus letras te llenan. Y otras la sensación que te queda es justo la contraria y no sabes si es el libro o es aquello de no eres tú, soy yo. Así las cosas, volveré.

     Y vosotros, ¿también ha cambiado vuestra apreciación de un libro según el momento de la lectura?

     Gracias.

jueves, 26 de abril de 2012

El último encuentro. Sándor Márai

    




    "-¿Qué quieres de ese hombre? -preguntó de repente la nodriza.
     -La verdad -respondió el general.
     -Conoces muy bien la verdad.
     -No la conozco -dijo él, en voz alta, sin preocuparse por el servicio, que había interrumpido abajo la colocación de las flores y miraba hacia arriba.Volvieron a bajar la mirada inmediatamente, con un gesto mecánico, y continuaron con sus quehaceres-. La verdad es precisamente lo que no conozco.
     - Pero conoces la realidad -observó la nodriza, con un tono agudo, casi agresivo.
     - La realidad no es lo mismo que la verdad -respondió el general-."


     Ya tenía ganas de traer a este autor a mi estantería. Un hombre fascinante tanto literariamente hablando como por su biografía, también publicada. Comparado mil veces con Zweig, cuando descubrí a este, no pude menos que terminar por acercarme a Márai, la curiosidad me podía para que tantos críticos estuvieran de acuerdo en la misma afirmación. Finalmente lo hice con esta obra y tal vez en los fondos más que en las formas, si que he encontrado ecos familiares. En todo caso hoy traigo una novela que merece la pena ser descubierta. Traigo a mi estantería virtual, El último encuentro.

     Conocemos a dos ancianos, Henrik y Konrad. Se reúnen en el mismo sitio en el que se vieron por última vez, hace cuarenta años cuando algo, que poco a poco descubriremos, los separó.

     Sándor Márai tuvo una vida digna de la mejor de sus novelas. Nació en una familia acomodada en una aldea de lo que hoy es Eslovaquia en el año 1.900. Su padre lo mandó pronto al extranjero a estudiar y se casó con la que sería la mujer de su vida, una mujer judía, con la que vivió sesenta años. Pasó por varias ciudades en Alemania principalmente, frecuentando ambientes literarios, visitó Paris y se estableció finalmente en Budapest, donde comenzó a escribir novela alcanzando una fama extraordinaria durante los años treinta. Cuando el nazismo comenzó su escala fue firme opositor y, tras un breve período en que su fama lo protegió terminó por caer en declive y huyó a Italia. No fue fácil y tampoco pudo quedarse ahí, llevándo su viaje a esta pareja a Estados Unidos, donde se instalarían para pasar sus últimos años. Esta vida le fue pasando factura durante los últimos años cayendo en un estado de aislamiento y depresión. Ni siquiera con el cambio de régimen en su país y su reconocimiento como autor consiguió volver a sentirse bien. Su vida terminaría con su suicidio de un disparo en la cabeza al verse incapaz de valerse por sí mismo apenas unos meses antes de la caída del Muro de Berlín.

     En este libro que dicen trata de la amistad se respira decadencia. Decandencia por la senectud de los protagonistas, por la época y el entorno y por la sensación de estar asistiendo a una suerte de últimas confesiones para terminar la vida en paz. Y así es en un comienzo. Somos narrador casi, observador privilegiado de la conversación mantenida por estos hombres, dominada por el carácter de uno que, casi en forma de monólogo va desgranando aquello que fué con palabras precisas. Estos hombres separados por un secreto inconfesable, se reúnen asfixiándonos con su secreto, que sabemos se acerca como un tren, imparable de la mano de sus recuerdos entre los que desfilan mujeres, guerras, emperatrices y viajes.
     Pero será en un castillo, con dos velas consumiéndose durante una conversación que ya se nos antoja importante desde las primeras letras pese a comenzar con una liviana "puesta al día", en el que se desvele esa parte de la naturaleza humana que necesita preguntar por aquello que le atormentó durante años. Necesita saber la verdad aunque esta no sea agradable. Por eso nos vamos angustiando al ver ese lento avance, apretando poco a poco hasta llegar a ella. El hombre no perdona realmente, porque, de hecho no olvida, y eso lo sabe bien Márai, y así nos lo enseña en un libro en el que no busca sorpresas, mucho antes de conocer la "verdad" ya la intuimos claramente. Pero se trata precisamente de eso, de la confirmación.

     Si no conocéis a Márai os avanzo que su lectura es un placer. Estamos, y aquí es donde entiendo que pueden ver una similitud con Zweig, ante un libro en el que no hay una acción trepidante, son las palabras las que nos cautivan impidiéndonos apartar la vista. Y mucho, mucho en qué pensar.

     Y vosotros, ¿qué opináis de los secretos?

     Gracias