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martes, 24 de enero de 2017
Los días iguales de cuando fuimos malas. Inma López Silva
"Amor, cuando estaba en la cárcel lo único que quería era que pasasen los minutos y que la sensación de relojes parados se marchase al ritmo del cumplimiento de la condena. Ahora que eso ya ha pasado y el tiempo corre, siempre tengo miedo de que el teléfono suene estrepitosamente y me anuncie tu muerte."
Hay libros que enamoran a primera vista. Es como un flechazo de esos en los que no creo demasiado. Pero se dan, o al menos eso me sucedió al ver esta bonita cubierta. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los días iguales de cuando fuimos malas.
Cinco son las mujeres protagonistas de este libro a las que iremos conociendo. Una de ellas, Laura, funcionaria de prisiones. El resto, Inma, Margot, Valetina y sor Mercedes, habrán pasado por prisión y nos irán desgranando sus historias en un libro coral.
Los días iguales de cuando fuimos malas es una historia común contada a través de cinco historias diferentes. Conoceremos a Inma, escritora que relata su historia, que no acepta lo vivido pese a que comienza exponiéndolo en la primera frase. Una voz triste que no se despega de un lector que no deja de pensar en ese nombre, ese juego, esa posibilidad metaliteraria que nos hace reflexionar incluso tras cerrar el libro. Además está Sor Mercedes, cuyo crimen se acerca a su propio juicio, y Valentina y Margot, tal vez las historias más trágicas, más comunes. Todas ellas extraordinarias a su modo, son mujeres marcadas desde el comienzo, privadas de libertad incluso antes de dar con sus vidas en la cárcel. Como también lo está esa funcionaria de prisiones que llega allí huyendo de la vida que le dirigían sus ilusionados padres, como escape... y que se aleja mucho de esos personajes concebidos para mostrar la bondad que solemos encontrarnos en este tipo de novelas. Porque Inma, la autora, es consciente de la historia que busca y transmite honestidad en sus palabras, que perfilan de una forma seria, sin rodeos, la realidad de muchas personas. Nos enfrenta a unas vidas que tal vez no nos gusten, que no estamos acostumbrados a mirar y consigue que nos interesemos por estas mujeres cuyo interior queda expuesto en las páginas de esta tremenda novela. Porque también eso olvidamos; que estamos ante una novela. Y esa es la sensación que uno ha de tener cuando lee un buen libro, olvidar la ficción.
Los días iguales de cuando fuimos malas es una novela carcelaria, sí, pero también es una novela de mujeres que desgranan unas historias en las que su condición de mujer les ha marcado. Si Margot no hubiera sido mujer, se hubiera quedado como hizo su marido, en lugar de ser expulsada a un mundo de soledad. Y también eso queda reflejado, ninguna de ellas escapa a los juicios sociales, los prejuicios y, por qué no decirlo, la soledad. Pese a todo hay que añadir que no es un libro triste de esos que tiran de sentimentalismos baratos para lograr su objetivo, ya sea interesar o conmover al lector: no lo necesita. No recurre a artificios sino a realidades que se clavan en la retina del lector.
Me ha gustado. Mucho añadiría. No conocía el nombre de la autora, pero no creo que se me olvide tras ler su novela. Os la recomiendo. Por honesta, por todo lo que nos aporta de esas realidades incómodas que normalmente no miramos, y porque merece la pena conocer esos universos femeninos que tan bien relata.
Me gusta descubrir nuevos nombres, aunque solo sean nuevos para mi, y seguir la pista de aquellos cuyas letras han conseguido de algún modo llegarme. Y vosotros, ¿recordáis el último nombre que se unión a vuestra estantería lectora para no salir?
Gracias.
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miércoles, 30 de noviembre de 2016
Bravura. Emmanuel Carrère
"Antes de mover el cuerpo, su mirada abarca sucesivamente la penumbra húmeda del pasillo en el que va a entrar y, un momento antes de que la puerta se cierre, el espectáculo de la calle que acaba de abandonar y de la que ahora le separa la pesada hoja de roble. Como la casa no contiene mobiliario y él mismo ya no posee nada, sólo tiene que mover su propio peso, pero es suficiente para agotarle: todo pesa más entre estos muros espesos, empezando por la puerta, cuyo umbral cruza cada vez menos, ya que cada gesto exigte un duro esfuerzo, como si la gravedad se multiplicase y la atracción de la tierra fuera más imperiosa en este lugar preciso de Londres."
De todos los motivos que existen para leer un libro, mji favorito es "porque sí". Eso me lleva a contradicciones porque leo a escritores que no terminan de agradarme, pero que me atraen sus libros. Como en este caso. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bravura.
En una casa, una noche de un verano, se reunieron Lord Bayron, su médico y secretario Polidori, Percy B Shelley y su esposa Mary. Aficionado a las historias de terror que comenzaban a escucharse, hicieron la apuesta de crear cada uno una historia. Esa noche Polidori concibió El Vampiro y Mary Frankenstein. ahora han pasado cinco años y encontramos a un Polidori suicida, amargado y resentido porque su vida va en caída libre, o tal vez a un hombre que ha dejado que su vida caiga directamente, incluso en el consumo de opio una temporada, por lo sucedido tras aquella noche. Polidori ha visto publicado su vampiro pero atribuído a Lord B, y también le queda el resentimiento de ser suya la idea utilizada para Frankenstein. Por no hablar del párrafo que le dedica su autora.
Hay noches que nunca se olvidan y alguna, por suerte, no está relacionada con guerras. La gran noche de la Villa Diodati es una de ellas, qué duda cabe.Y este es el punto de partida que utiliza Carrère para su juego de espejos. Un Polidori amargado que afirma que todo lo bueno que le hubiera podido llevar al éxito muere, y nos deja esa pista que se implanta en el cerebro del lector sin este saberlo en forma de espejo. Seguimos a Polidori, que lucha por un reconocimiento negado y una vida que cree robada y ahora malgasta en absolutamente nada, y la novela es interesante porque consigue hacer un personaje fuerte, que crece en su miserable casa mientras salpica la novela de anécdotas clamando incluso por una venganza que tal vez no llegue. Y entonces Carrère transforma la novela y nos trae al presente, un presente con una mujer, Anne, decidida a investigar la historia de esa noche. Y nos presenta también al capitán Walton, mientras el lector recuerda que la famosa obra de Mary comienza cuando un tal capitán Walton... y comienza a preguntarse si será casualidad que sea precisamente este el nombre elegido por el autor. Y no lo es, como tampoco que investiguen con la intención de reescribir Frankenstein convirtiéndolo en algo mucho más moderno en esta era de zombis y luchas por la raza humana. Y Carrère, ese hombre al que yo leo por placer, por el placer de encontrarme con un buen texto, se embrolla y desembrolla en su intento de jugar a que dudemos de todo, y la novela se convierte en una mezcla en la que el lector no siempre hace pie sobre quién o qué está hablando.
La idea como puente entre dos siglos, entre historias, de usar a Walton me parece fantástica. No solo eso, sino también ese reescribir, esa suerte de revancha que le da a Polidori... pero le falta la capacidad de estructurarse de una forma un poco más clara, no dejarnos caer en un maremagnun de buenas ideas que no terminan de cuajar, no sé si por las formas o porque tal vez y pese a que haya llegado a nuestro país ahora, estamos ante una de las primeras novelas del autor. En todo caso, no me ha convencido en absoluto, lo cual no significa que no vaya a leer la siguiente. Pero en este momento y a día de hoy sigo perpleja. Si aún no habéis leído nada del autor, tiene novelas realmente buenas como El adversario o Limonov.
Y vosotros, ¿cuál ha sido el último libro que os habéis comprado "porque sí"?
Gacias.
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jueves, 19 de febrero de 2015
Golowin. Jakob Wassermann
"La primera mitad de mayo transcurrió con el viaje desde Tula hasta el Cáucaso. El diecisiete, María von Krüdener, llegó a Kislawodks, donde esperaba encontrar noticias de su marido. Este había huido a Persia al estallar la Revolución en el frente anglo-ruso. Hacía ya cinco meses que no tenía ninguna noticia de él."
Cuando una editorial comienza una colección, al igual que cuando se descubre a un nuevo autor, hay una curiosidad por ver la línea, el estilo, el avance. Por eso y tras un perturbador primer título, tenía curiosidad por ver como avanzaban estos Ineludibles. Y por eso precisamente, hoy traigo a mi estantería virtual, Golowin.
Conocemos a María von Krüdener en plena Revolución Rusa. Su marido ha huido y es ella quien, acompañada de sus hijos y un puñado de sirvientes, emprenderá un viaje para reunirse con él al sur. La acompañaremos durante su viaje, en el que conocerá a un hombre llamado Golowin con el que descubrirá que hay revoluciones que se producen en el interior.
Una vez más estamos ante una novela corta o relato largo que apenas supera las cien páginas, y que tampoco necesita más para relatar una historia. El autor, situándose en una época de cambios, nos invita a descubrir el caos que supone una guerra civil a través de un viaje. El viaje de esta mujer, María, no es sólo el de una esposa en busca de su marido, sino también el reflejo de una clase social que se vio empujada por el momento en que vivía a una situación límite. En su primera parada, en el hotel, queda patente lo absurdo de la fiesta, de la costumbre que se intenta mantener en una suerte de burbuja de quien intenta por todos los medios seguir siendo ajeno a lo que sucede en las calles. La segunda parte del viaje será en tren, un tren en el que María, junto al grupo de personas con el que viaja, se verán privados de todo privilegio, recluidos, hacinados y, aún así aún habrá quien se siga sintiendo seguro de la posición que el nombre o el dinero le pueda otorgar. Todo un cambio, un movimiento vivido en una sociedad, que el autor sabe reflejar perfectamente en apenas un puñado de páginas.
Pero más allá de lo que el lector quiera ver en estas líneas, la novela mantiene una historia con un hilo cuya principal protagonista es una mujer segura de sus líneas, de su fortaleza o tal vez su honor. Esta mujer que no ceja en su empeño por llegar a su destino y que se ampara en los pilares de lo que ella ve como sus convicciones, se topará con un hombre joven llamado Golowin. Y es aquí donde tal vez penséis que se abre la puerta a un romance propio de folletín, pero no. La relación entre Golowin y María se limitará a una noche, una suerte de duelo entre cuatro paredes, ocultos del mundo, en la que las palabras serán las protagonistas. A estas alturas ya conocemos a María, una joven que cambió modelada por el tiempo, la posición y quien la acompañaba, hasta convertirse en la mujer que es hoy. Y por eso seremos testigos de excepción al espectáculo que nos ofrece Wassermann en una conversación que, por sí sola, ya justificaría la lectura del libro. Una época de cambios, en las calles, en las gentes y en el interior de algunas personas: pilares que se creían seguros y, ante una buena sacudida, se tambalean. Eso es Golowin: una gran historia.
Y vosotros, ¿también sois fieles a determinadas líneas editoriales?
Gracias
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