sábado, 10 de septiembre de 2016
La carne. Rosa Montero
"Carne traidora, enemiga íntima que te hacía prisionera de su derrota,"
Si hay una mujer que ha sabido entrar y salir en distintos temas en la literatura actual de nuestro país, esa es Rosa Montero. Por eso la publicación de su nuevo título, me llamó tanto la atención. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La carne.
Conocemos a Soledad, una galerista que recién cumplidos los sesenta, comienza a tambalearse en la inseguridad de determinadas edades que pasan del adjetivo "maduro". Terminada su última relación con un hombre casado y conocedora de la posibilidad de un encuentro, decide contratar los servicios de un scort, solo por si se encuentra con su anterior pareja. Sin embargo, un suceso del que serán testigos esa noche, empujará que Soledad y Adam, su compañía contratada, den un paso más de los planeados.
Pocas veces un título fue elegido tan bien como en este caso: La carne. Porque es la esencia del libro, la carne que da placeres y disgustos y es jaula o paraíso de cada una de las almas encerradas en ella. Y pocas veces encontré en un libro, tanto símbolo expuesto entre las páginas, colocado de una forma no demasiado sutil pero sí efectiva, para empujar al lector en su relación con la historia. Soledad, se nombra a la protagonista como si ese nombre fuera definitorio de una mujer que ve en esa palabra un miedo. Adam para el scort, el hombre, el sexo, la carne una vez más. Una pareja de protagonistas curiosa separada por el abismo de los años que uno cree que no va a funcionar pero que encaja a la perfección. Y de fondo una exposición de escritores malditos, algún dato salpicando la novela, un acento en lo que ya nos contaba la historia, otro pequeño empujón dirigido al lector.
Rosa Montero ha conseguido un libro que se lee en un suspiro con el que uno puede emocionarse pasando por sentimientos encontrados de ternura, tensión, incredulidad, entendimiento, tensión y sonrisa controlada. Escrito con la dificultad que conlleva que quien te lee crea que es fácil, Montero desnuda a sus personajes y también uno o dos de los miedos de, aseguraría, casi cualquier lector. La novela funciona desde las primeras páginas, y es mucho más de lo que podemos encontrar en la sinopsis pero que, por expreso derecho de la autora, no voy a extenderme en explicar. Porque ella lo dice en los agradecimientos; dejad que descubran la novela. Y de este modo finaliza una lectura que se antoja, a ratos íntima, y en la que no me ha costado nada imaginarme a Rosa con una sonrisa en el rostro pensando en la cara que pondrá el lector.
Una novela que demuestra que a veces, parecer que no relatas nada si lo comparas con otros libros de sinopsis grandilocuentes, es la mejor manera de contar mucho, de encerrar sentimientos, de establecer un diálogo. Un libro que se disfruta y con el que se espera a otro lector para comentar detalles, pero, sobre todo, La carne es un bocado de realismo. Y una novela que no puedo dejar de recomendar.
Y vosotros, ¿me recomendáis autora españolas?
Gracias.
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jueves, 8 de septiembre de 2016
Persuasión. Jame Austen
"Sir Walter Elliot, de Kellynch Hall, de Somersetshire, era un hombre que jamás se entretenía con otro libro que no fuera el directorio de baronets: en él encontraba ocupación para sus horas de ocio y consuelo para las de abatimiento; con su lectura se despertaban en él la admiración y el respeto, contemplando lo poco que quedaba ya de los antiguos privilegios; y cualquier sensación desagradable derivada de los asuntos domésticos se tornaba de forma natural en compasión y desprecio, mientras recorría el casi interminable listado de títulos condecidos en el último siglo."
Empecemos en este caso, hablando de la edición, ya que cuando se trata de títulos ya consagrados, muchas veces los lectores buscamos ediciones concretas. Y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Persuasión, en una preciosa edición ilustrada y conmemorativa.
Conocemos a la familia Elliot, formada por Sir Walter Elliot y sus tres hijas para centrarnos pronto en Anne, la mediana, ninguneada por su familia y refugiada en los consejos de Lady Russell, íntima amiga de su madre. Enamorada por Frederick Wentworth decide aconsejada por su familia rechazarle,, renunciando de este modo a la felicidad sin saber que pasado un tiempo se reencontrarán, convertido él en un hombre de posición respetable que sigue dolido por aquel rechazo.
Comenzaba hablando de la edición, y es que nos encontramos ante una nueva traducción, realmente hermosa, acompañada de un prólogo, ilustraciones, un magnífico apéndice y un dvd con un documental sobre la autora. Un tesoro de edición que hay que apreciar y más teniendo en cuenta lo que nos encontramos en las librerías de vez en cuando.
El prólogo, escrito por José Luis Camarés, experto en Literatura Inglesa, contextualiza la obra tanto de forma social como literaria y da además las líneas maestras para conocer a Jane Austen, preparando al lector de este modo para disfrutar de la novela que tiene entre manos. De este modo llegamos a conocer a los Elliot, listos para disfrutar de la magnífica prosa de la autora. Nos sumergiremos entonces en una época en la que las familias con hijas tenían como objetivo un buen y temprano matrimonio para ellas, fraguándose estos en las visitas sociales a media tarde, y la posición social era el rasgo más importante a la hora de valorar las relaciones con los demás. Una sociedad basada en apellidos y privilegios a los que se podían acceder y a los que nadie quiere renunciar, ni siquiera una familia venida a menos como la que protagoniza la novela. Austen, además, se caracteriza por esconder en una prosa aparentemente sencilla, una representación magnífica de esta época a través de los pequeños detalles cotidianos. De este modo, y pese a ser Anne el personaje central al que llegamos conocer tanto como si fuera una persona cercana, no nos cuesta nada situar su vida y comprender por qué se dejó persuadir en su momento para tomar la decisión equivocada. Aún así no busca lástima la autora, y Anne no será un personaje al que consideremos desvalido ya que hay una fortaleza latente en ella que la separa de ese concepto.
Una novela con aires folletinescos, llevada varias veces a la pantalla, que se ha convertido en un éxito atemporal que ha sabido aguantar el paso de los años. No leeremos la historia sopesando en este caso su realismo, sino disfrutando de los enredos, idas y venidas del pequeño grupo que la protagoniza. Un poco de romanticismo no viene mal.
Y vosotros, ¿sois de los que buscáis ediciones en concreto o no os fijáis en esas cosas?
Gracias.
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miércoles, 7 de septiembre de 2016
Tú no eres como otras madres. Angelika Schrobsdorff
"Hoy, 30 de junio, día de su cumpleaños, he sacado de mi baúl del pasado el librito largo y estrecho. Es de pasta dura con ornamentación marginal en negro y oro e inscripción en letra dorada."
Después de ver mil veces este libro, y dejar enfríar tanta buena crítica, decidí animarme con él. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tú no eres como otras madres.
A través de esta biografía novelada, conocemos a Else, madre de la autora, una mujer vital e inconformista nacida en el seno de una familia judía con buena posición en Berlín. Unos padres que la adoran, al menos hasta que no se casa con quien le correspondería, y una época convulsa será lo que nos relate la autora a través de la vida de su madre. Comenzaremos antes de la Gran Guerra, viviremos el periodo de entreguerras y también los cambios provocados por el ascenso de Hitler al poder. Una mujer con una vida incesante y una hija que lo relata.
Ya sé que es muy manido eso de que la realidad supera la ficción, pero es cierto que hay casos en que uno lee unas memorias fascinado, acaso incrédulto y es precisamente el rescordar esa frase lo que provoca que la narración se torne más fuerte y contundente ante nuestros ojos. Y eso es lo que pasa con Tú no eres como otras madres, un libro que oscila entre la descarga de una hija y el homenaje velado a una mujer con sus propios principios tal vez no demasiado comprendida en algunos momentos. Else, no os quepa duda alguna, no fue una mujer convencional. De eso nos damos cuenta ya con la anédota del arbolito de Navidad que se coloca en la casa de una familia judía. Y tampoco será siempre comprendida, entenderemos, al ver el destino del arbolito de las primeras páginas como si fuera una metáfora de lo que vamos a ir leyendo después.
Con un principio tal vez un poco lento, la autora nos va descubriendo a sus personajes y, sobre todo, los interiores de una época sorprendente. No me esperaba yo esa libertad de actos y pensamientos que parecía imperar en el círculo de fiestas y amores en el que se movía la protagonista, círculo que hace suyo aquello de más dura será la caida ante la llegada del III Reich. ¿Qué queda tras esos años felices cuando se ven convertidos en simples ejemplos raciales y llega el dolor y el sufrimiento? Posiblemente los recuerdos ante la desolación, y salidos de esa desolación toca tal vez maldecir los nuevos recuerdos. Porque ese vaivén de emociones es el que marca la novela, de eso y de reinventarse. Y de arrastrar al lector en ese laberinto, descubrirle una libertad y una forma de pensar que sorprende y luego pasar por esa incomprensión que provoca no vivir una época y que parece acompañar al ascenso de Hitler, ese "cómo pudo suceder" a la vez que uno tiembla pensando en si podría repetirse.
Llega además un punto, aproximadamente a la mitad, en que se complica dejar la lectura. Escrito con un lenguaje sencillo y textos extensos, nos vemos arrastrados a continuar una página más y nos dejamos emocionar hasta llegar a un final que, estoy segura, ha sido duro de revivir y, aún más de escribir. Y nos queda entonces el recuerdo de una mujer que pensó en tener un hijo con cada amor, una vida de amigos, amantes, maridos, nuevas parejas, riñas y perdones. Una vida en la que, como en la de cualquiera, jamás dejan de suceder cosas, con una única diferencia: y es que pocas veces se puso un título tan adecuado a una novela. No me cabe duda de ello, Else, jamás fue como las demás.
Tú no eres como otras madres ha resultado un libro más que recomendable, quizás no esa obra maestra que muchos se han empeñado en encumbrar, pero sí que he disfrutado de ella.
Y vosotros, ¿sois de los que corréis a la librería o preferís dejar que se "enfríen" las modas?
Gracias.
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lunes, 5 de septiembre de 2016
Clases de Baile para mayores. Bohumil Hrabal
"Igual que ahora vengo a verla a usted, señorita, antes me gustaba frecuentar aquellas bellezas de allí, junto a la iglesia; no es que yo estuviera tan entregado a la sacristía, es que al lado de la casa del cura, había una tienda, donde un tal Altmann vendía máquinas de coser de segunda mano, además de gramófonos americanos de doble cuerda y extintores de la marca Minimax; y el tal Altmann, como segunda ocupación, proporcionaba chicas guapas a todos los bares y tabernas de la provincia..."
Tras Una soledad demasiado ruidosa y Trenes rigurosamente vigilados, estaba claro que tenía que leer algo más de este escritor, lo que no sabía es cuándo. Finalmente, hoy traigo a mi estantería virtual, Clases de baile para mayores.
Un hombre de edad avanzada, pongamos que es Pepín, el tío del autor, se dirige en un monólogo incesante, a una joven. Tiene la firme intención de conquistarla, motivo por el cual el anciano lleva a esta joven de nombre Kamila, un ramo de rosas robadas de algún jardín ajeno. De este modo saltaremos entre lagunas de memoria, hacia lugares del pueblo, tiempos pasados y momentos bélicos, mientras el anciano realiza esta suerte de cortejo a la belleza y juventud femeninas.
Un anciano que recuerda la época del Imperio Austro-Húngaro. Un hombre cuyos mejores tiempos han pasado y que se aferra a una memoria caótica para relatar su vida celebrando tener aún memoria. Ese es el protagonista de esta novela en la que sabemos que corteja a una joven mujer. Pero olvidémonos de Lolitas, porque no es ese el personaje de Hrabal. Nuestro querido protagonista es un hombre que inspira ternura y cariño mientras nos saca la sonrisa en sus anecdóticos pasajes de una vida anterior. Nos habla de su oficio de zapatero y sus peripecias de guerra, nos presenta una vaca que parió quince terneros y no duda en hablar del cura del pueblo. Habla de otras mujeres, normalmente hermosas, y de conquistas o de aquellas que le quisieron conquistar o robar un beso, momentos triunfantes para el ahora ya anciano varón.
Un hombre que nos va ganando con sus palabras, que comparte alegrías y penas con nosotros, y que termina de hacerse hueco en el corazón del lector con un magnífico epílogo en el que un narrador nos lo presenta "por fuera", y no sólo al físico, si no a una visión externa de aquel que se nos ha dado a conocer en sus palabras. Nos habla de la vida de este hombre en el pueblo y de la ropa que lleva puesta, lo convierte en precisamente el tipo de anciano que hemos ido perfilando a lo largo de la lectura, convirtiendo así esta novelita en un rato para el recuerdo.
Bohumil Hrabal es un gran escritor como demuestra en este libro, posiblemente una de sus novelas menores. Párrafos más que largos que, sin contener diálogo alguno, fluyen de forma natural hasta conseguir un libro cuyas páginas parecen escurrirse entre nuestras manos como agua en una cesta. La tranquilidad, la naturalidad y lo coloquial del lenguaje, hacen una pareja perfecta con el carácter del narrador, otorgando credibilidad a este entrañable personaje. Ironía y ternura a partes iguales en un librito que no puedo dejar de recomendaros y cuyas páginas se componen de todos aquellos sentimientos y situaciones que ocupan una vida, y que; trágicos o cómicos, dulces o amargos, importantes o banales, nos vienen a la cabeza en forma de instantáneas al echar la vista atrás. Un verdadero lujo, leer a Bohumil Hrabal y conocer a este entrañable protagonista.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
sábado, 3 de septiembre de 2016
Los libros que vienen
Al igual que se preparan los libros escolares, las editoriales también nos dejan poco a poco un aperitivo de lo que será la llamada rentrée, y entonces los lectores empedernidos tomamos papel y lápiz para comenzar listas imposibles de aquellos libros que se nos antoja serán imprescindibles una vez comience a ponerse en marcha nuevamente todo el engranaje literario.
Este año han sido muchos los nombres que se han sumado a estas listas, y es que ya tenemos en las librerías libros como Las chicas, de Emma Cline, una fantástica novela de crecimiento con la sombra de Charles Manson detrás de la que hablaba hace apenas unos días, lo último de Clara Sánchez, titulado Cuando llega la luz, o el último Goncourt de Mathias Enard, Brújula, junto a la esprada continuación de Ildefonso Falcones, Los herederos de la tierra. Pero no soltéis el lapicero, porque esto no ha hecho más que empezar. Nos encontraremos nombres de autores hasta ahora desconocidos como el de Carlos Soto Femenía y su excepcional libro El Carbonero, acompañando a otros como Luisgé Martín, con su libro El amor del revés, Fernando Aramburu con Patria o Félix G. Modroño con Sombras de agua y su ya conocido Doctor Zúñiga. Carlos Ruiz Zafón cerrará este año su tetralogía con el libro El laberinto de los espíritus, mientras que Álvaro Pombo nos presenta La casa del reloj, y Juan Jacinto Muñoz Rengel nos regalará un protagonista único en su libro El gran imaginador.
Llegará Elvira Navarro para relatarnos Los últimos días de Adelaida García Morales, y por supuesto, no puedo dejar de nombrar el magnífico Tan poca vida, firmado por Hanya Yanagihara y que estoy segura dará mucho que hablar. Tres días y una vida es el título con el que Lemaitre regresa dejando de lado ya a Camille, y Stephen King con el título Quien pierde paga. ¡Y Potter! No podemos olvidarnos del esperado regreso de Harry Potter y el legado maldito, que se colará ya en castellano en apenas unas semanas en todas las librerías, como tampoco sería justo no hablar de Oates y su Rey de picas o de Howard Jacobson y su letra J.Y me dejo muchos nombres en el tintero. Veremos en las librerías el fenómeno juvenil Landon de Anna Tod junto a autores como J. J. Benitez, Inma Chacón, Svletana Alexiévich, Hening Mankell o Annie Proluz, que regresa con El bosque infinito. Nos reencontraremos con Erri de Luca para leer su poesía, con Kenzaburo Oé y La bella Annabel Lee y descubriremos por qué se hizo conocida Paulina Flores. David Foster Wallace se reedita dejándonos asomarnos incluso a un título inédito. Veremos nombres clásicos en esta época como Forsyth, le Carré o Grisham y nos preguntaremos qué esconde la última novela de David Vann mientras nos dejamos tentar por Javier Reverte y su libro New York, New York. Veremos a Baricco y La esposa joven, la Bravura de Carrère y tal vez nos asomemos al nuevo título de Kazuo Ishiguro. Veremos a Use Lahoz, a David Lagercranz separado esta vez del fenómeno Millenium, y tantos otros nombres que me dejo en el tintero, que creo que necesitaremos unas vacaciones y un carrito de la compra, sólo para llevar esa lista interminable que sé que muchos ya estamos haciendo.
Y es que, por mucho que hayamos viajado (o no) estas vacaciones, aquellos que somos lectores no podemos evitar impacientarnos, y sentir que las librerías se convierten en aeropuertos, puertos o estaciones que aguardan a que, de la mano de un libro, emprendamos el próximo viaje. No perdamos de vista a nuestro libero, seguro que nos descubre algún título que contiene el viaje perfecto a la historia adecuada. Cuidemos los libros, vayamos a las librerías y preparémonos para disfrutar del camino.
Y vosotros, ¿hay algún libro que esperéis especialmente?
Gracias.
viernes, 2 de septiembre de 2016
Brújula. Mathias Enard
"Somos dos fumadores de opio cada uno en una nube, sin ver nada fuera, solos, sin comprendernos jamás fumamos, catas agonizantes en un espejo, somos una imagen congelada a la que el tiempo confiere la ilusión del movimiento, un cristal de nueve deslizándose sobre una bola de escarcha cuyas complejas marañas no hay quien entienda, soy esa gota de agua condensada en el cristal de mi salón, una perla líquida que rueda y nada sabe del vapor que la engendró, ni menos todavía de los átomos que la componen y pronto servirán a otras moléculas, a otros cuerpos, a las nubes que tanto pesan esta noche sobre Viena."
El prestigio de un premio viene dado por los títulos que lo refrendan. Esa ley no escrita, es algo que no deberíamos perder jamás de vista ahora que está tan de moda ser críticos de todo, susceptibles a la sospecha, agnósticos casi de los galardones. Hoy traigo a mi estantería virtual, Brújula, el último Premio Goncourt.
Conocemos a Franz Ritter, protagonista, narrador, opiómano, enfermo terminal, musicólogo austriaco conocedor de esa Viena puerta de Oriente, insomne, erudito, nostálgico de vida y amor... Conocemos a Ritter y nos dejamos llevar por sus recuerdos que van tejidos por esas asociaciones que hace el cerebro cando viaja libremente hacia el interior de lo conocido y vivido por cada uno. Y descubrimos ciudades, amistades, amor y viajes en el interior de este extraordinario narrador.
El Goncourt, instituido por el escritor Edmond Goncourt como homenaje a su hermano Jules también escritor, se otorga por primera vez en diciembre de 1903. Dotado con 50 francos en un primer momento, apenas ha cambiado el montante de uno de los premios literarios más prestigiosos que, a fecha de hoy, otorga a su galardonado 10 euros y el respaldo de un prestigio que viene dado por la calidad de los premiados y no por el cheque que ingresan. Y así es como llegamos cada año a las librerías en su busca, con ilusión, casi con avidez. Quizás por eso me impacienté con el título de hoy, se me hizo larga la espera.
Veintisiete líneas son las que necesita Enard para enseñarnos que es un maestro escribiendo. Ni una más ni una menos. Y también que la mayor parte de esas reglas no escritas sobre como una frase larga puede ser un lastre durante una lectura, quedan borradas en función de las palabras empleadas en esa frase. Veintisiete: las líneas que ocupa la primera frase de Brújula y que nos dejan una magnífica muestra de todo lo que nos vamos a encontrar a lo largo de las cuatrocientas páginas que tiene la novela. Cuatrocientas páginas, y a partir de este momento aparco las cifras, en las que el autor nos propone un viaje privado que irá de Viena a Siria saltando entre vivencias y recuerdos, que no pierde en ningún momento, pese a que encontramos alguna traza de humor, ese tono solemne de discurso casi onírico que contagia la ensoñación al lector. Y digo esto porque es muy difícil no dejarse arrastrar por las ciudades y los nombres de nuestros compañeros de viaje, paladear a Mozart, Mendelson Balzac o Rimbaud en las palabras de Ritter. También es imposible no enamorarse del amor del protagonista al ir descubriendo a Sara, inteligente, brillante, al lado pero imposible, una noche, una palabra: Sara.
Podría ahora parecer, y sería un error, que estamos ante una novela de viajes, aunque sean pasados. Pero Brújula es más que eso, Enard nos deja un recuerdo nostálgico lleno de belleza que no viene mal recordar cuando escuchamos o leemos las noticias de un mundo que parece empeñado en fraccionarse. Convierte su libro en esa puerta que nos dice que fue Viena y nos permite asomarnos a ese mundo que no conocimos y sumarnos a la bruma nostálgica del narrador.
Hermosa en sus formas, no es una lectura ágil, eso hay que reconocerlo y se observa ya en el fragmento que abre la entrada. Pero ágil es un concepto muchas veces sobrevalorado a la hora de empezar una lectura, exactamente igual que denso suena casi a farrangoso cuando no ha de ser así. Brújula es una lectura densa por todo lo que el autor incluye, por la necesidad de pararnos en sus letras para fijar imágenes, recuerdos impostados posiblemente influenciados por la infancia del propio Enard.
Brújula es un libro que enamora en sus letras y en su tono. Tal vez no para todos los públicos y haya quien se pueda sentir abrumado, saturado incluso ante la avalancha de cosas que nos relata el autor. Pero a fin de cuentas, ¿qué vida no es una avalancha de sucesos en si misma si uno la recordara en una noche de insomnio?
Me ha gustado, lo he disfrutado, me sigo fiando del Goncourt. Y vosotros, ¿hay algún premio al que sigáis la pista?
Gracias.
"La existencia es un reflejo doloroso, un sueño de opiómano, un poema de Rumi cantado por Shahram Nazeri..."
Brújula
Mathias Enard
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jueves, 1 de septiembre de 2016
Las chicas. Emma Cline
" Volví la mirada por las risas, y seguí mirando por las chicas."
Con esta contundente frase comienza uno de los títulos que darán que hablar en la rentrée. Una primera novela avalada por un casi desconcertante apoyo que habla de traducciones e incluso derechos, titulada, Las chicas.
Conocemos a Evie, una mujer madura que intenta pasar desapercibida en su vida pero que vive con una serie de sucesos a cuestas ocurridos en su adolescencia, en 1969., año que recordará para el lector en un segundo hilo temporal. De este modo accederemos a esa época de los catorce años que da pie a una adolescencia inconformista en casa y con un deseo sumo de agradar, en la que Evie se sintió deslumbrada por una chica que parecía representar todo aquello a lo que ella aspiraba, Suzanne. siguiendo a Suzanne, Evie entrará en una suerte de comuna comandada por Rusell sin saber que con ello se está convirtiendo en una de las terribles chicas Manson y cómplice de los terribles sucesos acaecidos no mucho tiempo después.
Charles Manson como figura central o periférica ya sea en cine o literatura, ha hecho correr ríos de tinta. en el caso de la novela de Cline, no será el tema central, será casi la periferia de una novela de crecimiento que reflejará una época vivida por la protagonista, que de hecho ni siquiera participa en la matanza, pero que, para cuando llegamos a este punto, tampoco nos importa demasiado si participó de forma activa o no.
Cline hace un relato magistral dividido en dos hilos temporales de una única persona, Evie. La conocemos ya adulta, con una vida gris que ella se empeña en hacer aún más gris, y un recuerdo del pasado que nos avisan le estalla a ráfagas ante estímulos que nos pueden parecer mínimos: un olor, la hierba, una luz... Este pasado es el que interesa realmente a Cline, y en él es en el que la protagonista se deja caer para abrirnos la puerta a esta historia fascinante sobre el crecimiento y la personalidad que sólo se puede producir a esas edades tempranas en las que el adulto que seremos aún asoma en una maraña de sentimientos encontrados. Así se nos presenta la Evie joven, la casi adolescente que tiene una amiga gordita a la que va viendo defectos antes de separarse y sentirse sola. Una aún niña que va por el mundo con un rostro que no puede evitar reflejar sus ganas de encajar y caer bien. De hecho la autora invierte tiempo y páginas en desgranar una vida familiar que pasa por un divorcio; presentarnos a un padre mujeriego y una madre que ante la soledad del divorcio oscila entre ser una suerte de mujer new age y una madura desesperada por no terminar sus días sola. Evie es, por lo tanto, infeliz, y no desea más que encontrar su sitio. Quizás por eso se siente deslumbrada por Suzanne y busca su atención, o tal vez simplemente buscaba atención y coincidió que Suzanne pasaba por allí, por ese parque rodeada de otras chicas, consiguiendo que Evie se fijase en ella aún sin pretenderlo. El caso es que Evie quiere a Suzanne o tal vez quiere ser Suzanne, una chica un poco mayor en la que proyecta todo lo que ella quiere llegar a ser. Evie se rebela contra su entorno y, captada la atención de Suzanne la sigue hasta conseguir entrar en una suerte de comuna en la que la falta de propiedad y el desorden se le antojan en ese momento el orden perfecto para su más que alborotada cabeza. Y eso es lo que realmente parece interesar a la autora, esos sentimientos encontrados propios de una edad, ese querer engañarse tal vez sabiendo que nos engañan porque empieza a despuntar esa pequeña voz de adulto que nos avisa de que algo no va bien, mientras todo nuestro ser tira de nosotros para seguir dejándonos llevar y experimentar. Y para todo ellos Cline usa frases cortas, floridas, repletas de sensaciones y melones que estallan, olores en las ropas, sensaciones a flor de piel, coches ardiendo y ese pequeño conato de poder que la protagonista nota a ratos en su interior y que le provoca un bienestar que la empuja a seguir adelante en ese nuevo mundo que se acaba de abrir delante de ella.
Emma Cline hace un trabajo excepcional en esta ficción histórica convertida en un magistral novela de aprendizaje, una Bildungsroman por la que el lector se deja llevar conociendo desde el primer momento que estamos a punto de entrar en la comuna de Manson, ese terrible nombre que sigue resonando, y también que la protagonista consiguió ser periferia en los hechos: no participar. Quizás por eso, en algún momento de excepcional sinceridad sobre ese suceso del pasado, consigue ponernos los pelos de punta. O tal vez sea porque, aunque no la comprendamos ni mucho menos secundemos, de algún modo la autora nos empuja a querer entender lo que nos quiere decir. Pero no, eso jamás lo va a admitir un lector fascinado por esta novela. La Evie adulta que tiene recuerdos a fuego, no consigue explicarlo tampoco exactamente igual que no consigue explicar del todo la fascinación sentida para dejarse llevar por ese mundo. Y aún así, esa fascinación la comprendemos perfectamente, sin necesidad de haberla vivido. Por eso son tan importantes los detalles de las historias, por eso Cline nos sumerge en un momento en el que todo se revolvía en las concepciones sociales y familiares, una zona de rebeldía que es capaz de criticar con la ferocidad de un adolescente implacable con los adultos de su entorno, pero también con los más jóvenes. Habla en un momento determinado la novela de cómo es la mirada de una mujer sobre otra, afirmando que sabe entonces en qué tiene que fijarse y que es precisamente en lo que la otra mujer quiere que se fije; nos dice que evalúa. Y eso es precisamente lo que hace Cline con la sociedad de la época, evaluar y juzgar sin piedad, exactamente igual que de duramente que se juzga la protagonista delante del espejo en su juventud y delante de la experiencia acumulada por los años en la edad adulta. Un juicio que abarca en una sola pincelada la actualidad en la que vivimos que aún encuentra ese tipo de fanáticos por hechos sangrientos que actúan como groupies de una banda de rock.
Las chicas es una fantástica primera novela que da muestras de ambición y que nos deja un enfoque distinto de una historia ya conocida que apenas es usada. Pero, sobre todo, Las chicas es un gran libro cuya lectura no puedo dejar de recomendaros; independientemente de si es o no la ópera prima de una escritora que, estoy segura, tiene por delante un futuro literario del que oiremos hablar. No dejéis que se os pierda este título.
Me ha resultado curioso que no se use como reclamo a Manson para la promo de la novela, máxime cuando ahora parece que todo vale para poner una faja enorme y llena de nombres rimbombantes. Así que decidme, ¿sois lectores de fajas literarias?
Gracias.
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