- ¿Cómo es la Carmen que se presenta al premio Nadal y qué diferencias hay con la que se presenta al Premio Planeta?
- Básicamente, soy la misma persona, hasta el punto de que en los dos casos me presenté al premio por inseguridad: estaba convencida de que si mandaba el original a la editorial (Destino en el primer caso y Planeta en el segundo) no les interesaría. Cuando quise publicar mi primera novela, un amigo me dijo “preséntate a un premio, y así te asegurarás de que te van a leer”. Y eso hice con estas dos, asegurarme de que la leerían.
- ¿Es cierto que para documentarse sobre este último estuvo usted observando en un hospital? ¿Qué vio?
- Sí. Yo, por desgracia, por motivos familiares, conozco mucho los hospitales de agudos, que son los que nos atienden cuando nos ponemos enfermos puntualmente, cuando tenemos un accidente, para operarnos… pero los hospitales de crónicos no los había visto nunca. Por eso quise ir. ¿Qué vi? Pues vi, en general, gente que estaba contenta de estar viva aunque fuera un día más. Ví mucho más optimismo que en los hospitales que todos conocemos.
- Me llamó la atención que en el libro se cite a la película Hable con ella de Almodóvar, ¿es por evitar comparaciones?
- Sí. Al estar en coma, la comparación era inevitable, así que me dije “pues la hago yo misma antes que nadie”…
- En el libro, lo más importante son las reflexiones y las diferencias entre generaciones ¿cómo ves esas diferencias?
- Más que diferencias entre generaciones yo veo diferencias entre maneras de enfocar, de enfrentar, la vida. Y ahí, las diferencias son brutales: Pilar lo afronta todo con amargura, Paco con resignación, María José con valentía, aunque sea al final…
- ¿Qué hay de Carmen Amoraga en El tiempo mientras tanto?
- Mucho. Pero no es una novela autobiográfica. Es una novela que tiene mucho de mí, de mis fantasmas, de mis temores, de mis sueños, de mi forma de ver la vida…. Pero creo que ese es el “secreto del éxito” (lo entrecomillo, porque no creo que haya un secreto): que los lectores se sienten identificados o reflejados, o tienen cerca de alguien a quien identificar y reflejar. Me gusta pensar que es una novela corriente sobre gente corriente.
- ¿Qué da ser finalista de un premio como Planeta, o Nadal? ¿Abre realmente tantas puertas como pensamos o al año siguiente, cuando hay un nuevo Premio, uno pasa al “olvido”?
- Abre todas las puertas, pero luego tienes que estar ahí para que no se cierren en tus narices, eso está claro. No se produce un olvido cuando hay otro premio, pero sí si pasa demasiado tiempo sin que publiques.
- ¿Qué le recomendarías a todos aquellos que están intentando abrirse hueco en este difícil mundo?
- Que escriban, que lean, que tengan paciencia y perseverancia. Que no tiren la toalla nunca, que se presenten a premios, que publiquen en la red, que nunca, bajo ningún concepto, autoediten sus textos. Y, sobre todo, que piensen que escribir es un hecho independiente al de publicar, es decir, que el acto de escribir les convierte en escritores.
- Proyectos, por supuesto. Tengo que preguntarte por los proyectos en los que estás trabajando ahora.
- Estoy terminando una novela que tiene dos planos. Una periodista en paro aprovecha que no tiene empleo para escribir un libro, un proyecto de recuperación de testimonios sobre dos personas que participaron en la Guerra Civil desde los dos bandos. Por un lado, tenemos la novela que está escribiendo, lo que ella descubre, y por otro, su propia vida. Sigue siendo una historia pequeña de gente pequeña, que yo creo, como lectora, que son las más grandes.
- Y por último, no puedo terminar sin saber qué libro estás leyendo ahora, Carmen.
- Siempre tuyo, de Daniel Glattauer.
Muchísimas gracias por haber aceptado contestar a mis preguntas. Es una oportunidad para acercarnos un poco más a quien sólo conocemos por sus libros. Siempre digo que el libro tiene dos lados, el del autor, y el del lector, y que el punto de contacto son las letras impresas, así que puedes imaginarte el placer que es hacerse un hueco para ver ese otro lado.