lunes, 16 de mayo de 2022

Philip Roth. Blake Bailey

 


     ¿Cómo decir que un escritor te resulta fascinante sin decir que un escritor te resulta fascinante? Hoy traigo a mi estantería virtual un libro que sale a la venta el jueves en nuestro país y que yo me leí impaciente apenas salió a la venta en EEUU. Se trata de La biografía de Philip Roth escrita por Blake Bailey.

     Roth estuvo escribiendo durante más de medio siglo, nos dejó más de treinta libros (31 juraría), y fue polémico en ellos y fuera de ellos. Dio nombre a un trastorno gracias a una novela hilarante, habló de historia en clave de distopía aliando a los Estados Unidos con los nazis, habló de sexo, de muertes, de judíos un poco como Allen pero sin tener nada que ver con él. Era un tipo raro, deslenguado, inteligente y no se le ponía nada por delante para decir a la prensa que otros mucho peores que él se habían llevado el Nobel, por lo que a él ya no le parecía que tuviera gracia obtenerlo. Lo hemos leído en sus libros como Philip Roth, como Zuckerman, o Kepesche y lo hemos leído también en un libro sacado hace no mucho por una antigua relación que tuvo. Y aún así, muchos somos los lectores que queremos saber más sobre él, y otros tantos que no lo han leído también encontrarán interesante esta biografía de un hombre que estuvo permanentemente respondiendo a la pregunta "y si..." en sus novelas y que experimento las distintas formas de darle respuesta.

      No hace ni cinco años que Roth murió y aparece su biografía autorizada en forma de cuasi ladrillo dando con ello muestra de todo lo que se puede contar sobre él. Ya sea literatura, familia, divorcios o política, Roth fue una mente inquieta que Bailey, experimentado en esto de contar la vida de otros y ahora también perseguido por la polémica, nos desnuda en su último libro. Hasta donde yo sé Bailey se presentó ante Roth en 2012 y salió sorprendentemente bien parado de la entrevista en la que le expuso su propuesta ya que tuvo acceso a sus documentos y gran parte de su vida. Y su vida empieza, por supuesto, en Newark en los años cuarenta, hijo de judíos con pasiones varias entre las que se encontraban las chicas y el béisbol para estar marcada, poco después, por el dolor físico. No tarda en empezar a alzar la voz en cuentos levantando ríos de pólvora con su irreverencia, que cristalizaría sin tardar en El lamento de Portnoy convirtiendo al autor en alguien famoso de la noche a la mañana. De alguna manera su vida se ve marcada por ello tanto como por la provocación y nos enseña el autor que no solo se trata de retratar la sociedad americana vista o temida en sus novelas, también se trata de vivir de algún modo sin atender a esas mismas reglas sociales. Por eso es un libro que no elude el sexo, porque parece ser que era una parte importante para Roth (nada extraordinario a botepronto). Bailey nos muestra a un hombre marcado por las contradicciones, un hombre que reflexiona sobre ser judío sin tolerar que otros lo hagan, que no cree en psiconadas pero se psicoanaliza y que tiene rarezas como para llenar, al menos, el doble de páginas de las que ha rellenado su biógrafo. Incluye, por supuesto, mucha literatura. nos cuenta cómo escribe y cómo no lo hace, la forma en que busca los argumentos y en la que desempodera las críticas por importantes que sean (cuando uno debuta con Portnoy supongo que hace una suerte de bautizo de fuego frente a cualquier crítica literaria futura), era bueno y malo, egoísta y desprendido y más amante que amado pese a que su vida estuvo marcada por sus dos matrimonios.

      Todo esto y un montón de cosas más es lo que nos cuenta Bailey en su magna biografía de un hombre al que no duda en marcar por el sexo y del que uno cierra su vida pensando que ahora, por fin, dejará de sentir deseo. Y aunque esto pueda parecer a priori uno de los puntos más importantes del libro, tengo que decir que yo me quedo con la forma en que coloca a sus otros "yo", los literarios cuyos nombres conocemos, y los dibuja diciendo que son la peor versión del escritor. Como si fuera posible que uno se dibujara mal o descentrado, o como si no hiciera falta ser un genio para realizar un trabajo semejante y defenderlo diciendo que la literatura no es un concurso de belleza moral. Y es que Bailey cuenta, en definitiva, la vida de un genio literario. Y si alguien cree que esta afirmación es fruto de la pasión no tiene más que recorrer brevemente varios de sus títulos y echar un vistazo a las sinopsis.

    La biografía de Philip Roth es un libro agudo que descubre al autor que muchos ya conocemos pero que deja un buen puñado de frases brillantes que todos podemos anotar. Y más de una enseñanza. Y si no os gustan las biografías, coged uno de sus títulos. Bien merece una buena lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

    Gracias.

     Con vuestro permiso...  "Que entre el repelente" (Bienvenido Alexander, estás en tu casa).

miércoles, 11 de mayo de 2022

La conjura contra América. Philip Roth

 


     "El temor gobierna estas memorias, un temor perpetuo. Por supuesto, no hay infancia sin terrores, pero me pregunto si no habría sido yo un niño menos asustado de no haber tenido a Lindbergh por presidente o de no haber sido vástago de judíos".

     Philip Roth es uno de mis escritores contemporáneos favoritos. De hecho pienso como él cuando dijo que no necesitaba que le dieran un Nobel cuando se lo estaban dando a peores escritores. Hoy traigo a mi estantería personal, La conjura contra América.

     En una versión paralela de la historia que vivimos, en Estados Unidos Lindbergh ha ganado las elecciones aplastando a Roosevelt. Lindbergh ya había realizado declaraciones en contra de la población judía acusándoles de ser los culpables de obligar al país a entrar en una guerra. Pero ahora ha firmado un acuerdo con Hitler y rápidamente adopta sus políticas antisemitas. Este libro trata de lo que allí sucedió.

     Philip Roth ha escrito una novela terrorífica en la que las calles de Estados Unidos están tomadas por antisemitas mientras los judíos de clase media se esconden en sus apartamentos mirando con miedo hacia la una Casa Blanca habitada por amigos de Hitler. Roth cuenta una historia en la que el antisemitismo de los años 40 no se queda en Europa, si no que avanza hasta Estados Unidos y lo hace utilizando una de las mayores armas que tiene ese país: el patriotismo. ¿Qué pasa cuando un condecorado héroe de guerra se presenta a unas elecciones en un país con el sentimiento patriótico de Estados Unidos en muchos de sus estados? pregunta Roth. ¿Realmente es tan descabellado que salga? Y aquí usa la fuerza de su narrador que recuerda los tiempos en que Lindbergh era admirado como un héroe, recuerda que aceptó una medalla de Hitler y también que sustituyó al que iba a ser el postulante contra Roosevelt arropado por la admiración de muchos norteamericanos. Incluso el narrador nos lo describe desde la admiración logrando seducir al lector al hablar de una intervención sorpresa, escuchamos al público gritar su nombre emocionado. La gente, recordamos, necesita héroes.
     La novela avanza y el lector se enfada tanto como el propio narrador. Roth nos habla de una situación inconcebible en la que América lucha con Canadá y nos somete a la misma incredulidad que domina a Alvin quien no duda en unirse a la lucha contra un país, el suyo, que ha puesto a su familia en un punto de mira. Y es en ese momento en el que la tristeza aparece también en su voz. El niño Alvin ha crecido y el país se desmorona desde sus cimientos: su propia familia. Las ilusiones que su padre intentaba que mantuviera ahora ya no sirven de nada porque no se las cree. Ahora las cosas han cambiado, en realidad no hace falta tanto para que las cosas cambien, estamos hartos de verlo en nuestra propia sociedad (si es que miramos). Venga, dice Roth, esta vez no vamos a recluir al pueblo judío, vamos a separarlos, es lo que se hace en la sociedad contemporánea, evitar las uniones que dan  una opinión fuerte y una voz clara. Y Roth, porque ese es el apellido de la familia protagonista con un Philip incluido, no puede evitar un toque de positivismo que me hizo sonreír mientras asistía al campo de batalla político y a la nueva vuelta de tuerca de la sociedad basada en el mismo sentimiento, las mismas creencias, la misma falta de criter... bueno, eso será mejor que lo decidáis vosotros.

     La conjura contra América es un libro magnífico. Y tras esta afirmación poco más puede añadirse.

     Y vosotros, ¿sois lectores de distopías, ucronías o similar?

     Gracias.

lunes, 9 de mayo de 2022

El viaje de la humanidad. Oder Galor

 


     "Al ascender por el sinuoso sendero que conduce a las cuevas del Monte Carmelo en el Israel de hoy, se puede percibir el majestuoso paisaje que debió de rodear este lugar en la prehistoria. El clima mediterráneo debía de ser agradable durante todo el año, con variaciones moderadas de temperatura. El arroyo que discurre por las montañas en el verde valle contiguo debió de ser una fuente de agua potable. Los bosques junto a la cordillera debieron de ser propicios para cazar ciervos, gacelas, rinocerontes y jabalíes, y en las tierras salvajes, en las áreas abiertas junto a la llanura costera y las montañas de Samaria debieron de crecer variedades prehistóricas de cereales y árboles frutales".

     Desde Sapiens se ha disparado el interés por este tipo de libros así que yo, que no soy fan de Sapiens, también he decidido darle una oportunidad al tema. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El viaje de la humanidad.

     En este ensayo el objetivo es explicar el desarrollo del ser humano desde la aparición del Homo Sapiens hasta nuestros días. Se hace especial hincapié, además, en el hecho de que, si bien el hombre lleva miles de años sobre la faz de la tierra, han sido los dos últimos siglos los que han puesto una mayor revolución y un avance más marcado. Y se busca el motivo de todo ello.

     Oder Galor es economista y, sin embargo, esto no es un tratado de economía. Desarrolla en su libro el hecho de que el ser humano se ha pasado la mayor parte de su existencia en una suerte de pobreza de vida, de tal manera que un aumento de la producción que llegaba gracias a algún tipo de mejora, generaba un aumento del nivel de vida, de la población, que automáticamente suponía una mayor demanda y una vuelta al estado inicial de carencias. Un estancamiento al final en el nivel de vida al que se podía aspirar. Pero esto, nos dice el autor, cambia con la Revolución Industrial. Y es que es a partir de ese momento cuando se observa una mayor evolución del hombre. Ahora no se trataba de vivir mejor y tener más hijos, de repente, era muy importante que tuvieran una formación adecuada para realizar trabajos más especializados, y eso hacía que el dinero se consumiera también en educación y no solo en alimentos y familias mayores. La población crece menos y no se come las ganancias, su esperanza de vida mejora al tener una mejor vida y, además, salen mejor preparados.
Bien, explicado el punto de inflexión, Galor retrocede hasta los comienzos del ser humano para explicar, con una profusión de ejemplos y curiosidades que amenizan la lectura, cómo ha sido realmente la evolución social y económica y la firme unión que hay entre ambas partes. Me ha sorprendido por ejemplo, cuando explica que la división de tareas por sexos que tanto afectaría a la organización social, empezó con la agricultura, que iba marcando los esfuerzos necesarios y la fisionomía de quienes los tenían que realizar. Como añade el autor, las innovaciones tecnológicas son uno de los factores más importantes para el desarrollo económico-social ya que marcan no solo la inteligencia o agudeza, también la capacidad para mejorar las condiciones de vida, aumentar la producción o incluso el grado en el que las políticas se implican y la importancia que tiene esto como impulso.
     También explica los principales problemas que arrastran al mundo en el que vivimos a una desigualdad global que, evidentemente, existe: y habla de geografía, migraciones, política, cultura y, por supuesto, enfermedades. Intenta dar respuesta a estos problemas y también a por qué fue Europa y no Asia el lugar elegido para la mejora exponencial que hizo que se tomara la delantera a otros continentes, marcando una sociedad actual en la que aún podemos ver las marcas de la desigualdad, y es que, del Renacimiento a la Revolución Industrial o las primeras grandes rutas comerciales, está claro el camino que el autor nos marca para que veamos el mundo que nos rodea ya que hay pruebas de que incluso antes de dicha revolución ya se estaban produciendo microrrevoluciones a lo largo y ancho del continente.
     Galor lo tiene claro, entender el pasado sirve para mejorar el futuro. Si hoy somos capaces de analizar lo sucedido y a dónde nos ha llevado, también seremos capaces de utilizar esos conocimientos para que nuestro futuro avance a la misma velocidad. La natalidad controlada que en el pasado ayudó a quela sociedad mantuviera su bienestar por un exceso de producción, ahora además reducirá el impacto ambiental de nuestra existencia y dará aún más tiempo para la formación de especialistas que estarán mejor capacitados para nuevos descubrimientos. Una suerte de bucle infinito de progreso.

     El viaje de la humanidad es una revisión optimista de la historia del ser humano cuya lectura viene amenizada tanto por el lenguaje como por los ejemplos. Un recorrido amable que me ha dado un puñado de datos que no sabía y una forma diferente de ver tanto el pasado, como el futuro.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 2 de mayo de 2022

El último juego. J. D. Barker

 


     "—¡Venga ya, no me jodas! —Jordan Briggs estampó la palma de la mano sobre el claxon del coche y sacó el dedo corazón por el techo solar abierto de su Audi R8. Se había visto obligada a clavar los frenos, y se le partió el tacón del zapato en el instante en que fue a mover el pie de nuevo al acelerador—. ¡Son mis Louboutin favoritos, cabrón de mierda! 
       En respuesta, un brazo musculoso salió por la ventanilla del camión de la basura y le enseñó el dedo con un leve balanceo.
     —¿A quién le gritas, Jordie?"

    Desde que leí El cuarto mono reconozco que no me he perdido uno solo de los títulos de este autor. Por eso, hoy traigo a mi estantería personal, El último juego.

     Jordan Briggs tiene un mal día. Es locutora de radio y está a punto de llegar tarde a su programa. No solo eso, además va a llegar tarde por un atasco provocado por la competencia. Por eso abandona su coche ante la mirada atónita del policía Cole y sale corriendo a la emisora. Llega por un pelo y allí el día se vuelve aún más difícil cuando recibe la llamada de un hombre llamado Bernie que le habla de una casa en la que está y le pregunta si prefiere un taxi o un Uber. Jordan responde que ella siempre elige taxi: en ese momento el taxi situado detrás de Cole, explota. Y luego hay otra explosión... Mientras, un taxista tiene una bomba adosada a los bajos y Jordan recibe otra en forma de paquete entregado en la emisora. Un compañero llama entonces a Cole para decirle que ha habido un doble asesinato que es necesario que vea y Bernie le da a Jordan una sangrienta tarea. 
     El día empezó siendo malo. Ahora es una pesadilla.

     Uno de los mejores motivos para leer, es divertirse. La literatura forma parte del ocio por mucho que algunos se empeñen en decirnos lo mucho que se aprende leyendo y que leer te abre la mente (creedme si os digo que hay personas para las que la única oportunidad de tener la mente abierta mediante la literatura es lanzándoles un libro a la cabeza con buena puntería) y, como tal, todos queremos libros divertidos y amenos que nos entretengan. En este sentido Barker ha sido de mis últimos descubrimientos. Un escritor que logra que me termine su libro sin saber cuántas páginas tiene, ya ha ganado un punto a su favor y, en este caso concreto, puedo aseguraros que se ha cumplido esa máxima.
El lector se sienta y en apenas un rato ya tiene montado el escenario central con bombas, momentos de angustia de quien parece saber que va a morir, el testigo implicado, la locutora a la que le van a temblar los tacones y un crimen que, evidentemente, también está relacionado. Entonces es cuando Barker da el pistoletazo de salida y el lector se sumerge en una novela cuya principal característica reside en lo visual de sus descripciones, algo que provoca que las páginas se recorran sin esfuerzo alguno buscando un rato extra para seguir leyendo y ver cómo termina la historia. Me he tomado además un descanso del típico detective torturado con tensión sexual no resuelta con alguna compañera y compañero envidioso lo que me ha supuesto un alivio y, si me apuran, una novedad. Y es que hemos pasado de peculiaridades extraordinarias a academia de peculiaridades sin habernos despeinado.

     Como ya sucediera con otros libros del autor, la novela viene marcada por su ritmo tanto como por "el malo", algo en lo que Barker parece haberse especializado novela a novela y uno no puede evitar sentirse intrigado por Bernie tanto como por su historia desde el principio. Al final resulta que te compras el libro, te sientas a leerlo el sábado y, para cuando llega el domingo, te lo has terminado. Como comenzaba diciendo, puro entretenimiento. Pura evasión.

     El último juego es una novela francamente entretenida que se lee tan rápido como tiempo del que disponga el lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 25 de abril de 2022

El peligro de estar cuerda. Rosa Montero

 


     "Siempre he sabido que algo no funcionaba bien dentro de mi cabeza".

     Ley universal en Entre montones de libros: "Si Rosa Montero saca un libro, se lee". Hoy traigo a mi estantería virtual, El peligro de estar cuerda.

     Rosa Montero tiene dos vertientes principales. Una es la ficción, allí domina Bruna, es la dueña del lugar y lo ha demostrado novela tras novela. La otra es la terrenal, la pura vida en la que la autora se desnuda para acercarse al lector y hablar de esas cosas cotidianas haciéndole sentirse cómodo. Hemos hablado, sí porque uno se siente casi como en un diálogo, del duelo, de la edad, de la vida en general... y con su último título, vamos a hablar de locura. Aunque no sea exactamente de locura. O, mejor dicho, vamos a hablar de esa locura asequible para cualquiera (esta frase estoy segura de que es de lo más incorrecta).

     Montero descubre sus excentricidades, sus manías, y las señala. No solo las suyas, también las de otros artistas; desfilan ristras de nombres marcados por eso que antes se llamaba peculiaridades y ahora quedan señaladas a velocidad de vértigo por la pluma de la autora. Señala, a medida que avanzamos, esa suerte de comunión entre la genialidad creativa y la locura y señala que "las personas etiquetadas como normales cometen más actos de violencia que los lunáticos" . Lo entendemos, es el peligro de estar cuerdo. Aunque no es ese el peligro que señala, más bien se refiere a la falta de creatividad. O a morir de tedio. El caso es que cuaja de referencias y anécdotas un texto por lo demás ameno independientemente de si uno comulga o no con la premisa que presenta. Personalmente, dudo mucho de ella y más bien creo que a todo el mundo le gusta tener un componente de unicidad y que romantizar la creación, sea del tipo que sea, muchas veces esconde el duro trabajo que supone para la mayor parte de los creadores el estar ahí. Además, ¿serán ellos excéntricos y por eso crean o simplemente sucede que llegado un nivel de fama sus vidas son miradas con lupa buscando una explicación a lo que posiblemente no la tiene?

     Bien, como podéis ver, Montero logra un diálogo ficticio con el lector que no puede evitar responder a las ideas que señala mientras se empapa de conceptos, de procesos creativos y de la magnifica capacidad que tiene la autora para resultar amena sea cual sea el tema que trate. Algo que, si os digo la verdad, es justamente lo que voy buscando cuando abro un libro suyo y también es lo que me encuentro título tras título.

     El peligro de estar cuerdo es un buen libro para quienes disfrutamos de la prosa de la autora.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 20 de abril de 2022

La extraña. Sándor Márai

 


     A veces uno descubre que ha pasado por alto un título de un autor del que suele disfrutar. Y eso se convierte en motivo de alegría, en volver a sus letras de improviso... un poco como un encuentro con un viejo amigo al que hace tiempo que uno no ve. Hoy traigo a mi estantería virtual, La extraña.

     Conocemos a Viktor Henrik mientras pasa cuatro días en la costa dálmata, concretamente en el Hotel Argentina. Es una suerte de refugiado que se recompone de su vida, que pretende olvidar a Elise, una bailarina a la que acaba de dejar, tanto como a su propia familia.

     La extraña es un libro en el que el protagonista tiene esa edad a la que el tópico dice que los hombres entran en crisis. Literato y profesor, al cumplir 47 Viktor abandona a su mujer y se muda con Elise, a quien no conoce demasiado ni desde hace demasiado tiempo, lo que le lleva a una relación que le produce más vacío que lleno. De un modo poético, o tal vez con un poco de mala leche, Viktor termina en un hotel por el que los años han pasado dejando la impronta de pérdida de brillo correspondiente y es precisamente en esta parte, el comienzo de la novela, en la que Márai despliega todo su arte. Porque el comienzo de la novela es hermoso, realmente espectacular, y promete al lector un disfrute que poco a poco, al igual que le sucede al Argentina con el paso del tiempo, va perdiendo su lustre. Sin avanzar demasiado en lo que sucede, diré Márai bucea en el protagonista buscando algo más profundo en esa crisis tan manida como aceptada y que los flashbacks se convierten en su moneda de cambio. El problema es que el lector llega abrumado por el Argentina, por los huéspedes, las descripciones... el autor nos ha deslumbrado y Viktor no parece lograr estar a la altura. Se recrea en el personaje, nos cuenta anécdotas, describe, explica... y logra una suerte de estado de embotamiento o de confusión que desluce la novela y que no conseguí remontar ni siquiera con el final.

     La novela se carga de sentimientos, Viktor evoluciona ante los ojos del lector que sigue pensando en el dibujo social que podría haberle regalado. He visto los sentimientos, las partes oscuras, he visto incluso los destellos de humor. Lo he visto todo sabiendo que lo tenía que apreciar y que verlo sin que me lo señalen es señal de que lo hago. Pero aún así no he logrado conectar con la historia. Supongo que a veces pasa, en esta ocasión me he sentido deslumbrada por un fogonazo que, al irse apagando, dejaba un paisaje ante mis ojos que no llamaba para nada mi atención.

     Me ha gustado leer La extraña y seguramente lo vuelva a leer. Cuando me sucede con un libro lo que me ha pasado con este, tiendo a volver a su lectura. y es que a veces los libros nos llegan en el momento adecuado y sus letras te llenan. Y otras la sensación que te queda es justo la contraria y no sabes si es el libro o es aquello de no eres tú, soy yo. Así las cosas, volveré.

     Y vosotros, ¿también ha cambiado vuestra apreciación de un libro según el momento de la lectura?

     Gracias.

miércoles, 6 de abril de 2022

Norma. Sofi Oksanen

 

     "Después del entierro nada volvió a ser como antes, pese a que Norma aún lo creía posible en el momento en que dejó atrás al grupo de asistentes al funeral y se escabulló por el camino que llevaba a la verja del cementerio".

     Al igual que muchos conocía a Oksanen con la durísima "Purga" y he venido leyendo su obra desde entonces. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Norma.

     Primero conocemos a Anita Naaka, la madre de Normal. Es la mujer que muere atropellada por el metro dejando huérfana a la propia Norma. De hecho deja huérfana a Norma pero acompañada de su mayor secreto: su pelo. 

     Y ahora que parece que me he plantado en esta sinopsis, empiezo por contaros el secreto de Norma: su pelo es algo sobrenatural. Crece mucho, es muy resistente (y carísimo) y tiene propiedades sobrenaturales que van desde alisarse solo, parecer que flota y conseguir una extraordinaria dureza, hasta poder utilizarse como una potente droga en caso de ser fumado. Y el pelo de Norma no cree que Anita se haya suicidado. En el funeral de Anita se presenta un hombre llamado Max Lambert, que dice tener que tratar asuntos desagradables y que abre la puerta a su clan, comenzando una historia que se enturbia entre mafias. No cabe duda que algo quiere relacionado con el cabello que la mujer vendía, pero Oksanen también nos introduce en una historia de vientres alquilados y mujeres explotadas que no termina de resultar angustiosa porque... bueno, porque el pelo es mágico. La novela, marcada por el género femenino tanto en sus personajes como en los temas que se suceden, critica duramente muchas situaciones actuales llevadas o no al extremo y lo hace de una forma peculiar que hubiera podido resultar refrescante pero que se convierte en un batiburrillo inconexo de situaciones peculiares que no permiten al lector introducirse del todo en la trama. Siendo sincera a menudo estaban Norma, Max, la amiga de la madre, y todos los demás... esos. Y esto sucede porque me faltaban datos que me sirvieran para diferenciar a unos de otros e identificarlos (no hablemos ya de identificarme con ellos).

     No quiere decir esto que no haya visto la trama oscura, las granjas, la forma de valorar a las mujeres basándose en lo que producen e incluso el valor que esta última afirmación le otorga a la protagonista. Incluso aprecio la fantasía del cabello. Pero entre tanta trama secundaria y personaje de cartón acabé perdiendo interés. Veo la metáfora, veo la importancia de los temas... y, ¿ahora qué? Pues ahora me he quedado con las ganas de Purga.

     Norma no me ha convencido. Y, aunque estoy dispuesta a entonar el viejo "no eres tú, soy yo" me gustaría saber si he sido la única.

     Una novela es personaje y tramas, ¿cuál ha sido la última que no llegó a cumplir?

      Gracias.

lunes, 4 de abril de 2022

Al paraíso. Hanya Yanagihara

 


     "Debería haber ido más deprisa que si fuera el dueño de su tiempo, pero se descubrió haciendo adrede todo lo contrario: caminando con paso tranquilo, reparando en cómo resonaba en el aire frío el decidido repiqueteo de los tacones de sus botas sobre los adoquines".

     Tras leer "Tan poca vida" estaba claro que repetiría con la autora. Lo que no esperaba es el volumen literal que iba a repetir. Hoy traigo a mi estantería virtual, Al paraíso.

     En el paraíso de Yanagihara asistimos a una historia que sucede en Estados Unidos, solo que no es exactamente el que conocemos. Allí un hombre se rebela contra un matrimonio concertado y elige el amor. También es una historia en la que se cuenta una leyenda sobre un hombre que se comió la luna. En el futuro del paraíso de Yanagihara suceden cosas terribles, pandemias que cambian la sociedad.

     Esto significa que la novela está dividida en tres partes diferenciadas, cada una con su historia y su tiempo y con una extensión que da a la última el mayor protagonismo. En Washington Square David Bingham vive en 1890 junto a su abuelo. Enamorado de Edward, tiene como pretendiente formal a Charles Griffiths y tendrá, por supuesto que elegir. La homosexualidad y la pérdida de la estigmatización sexual son temas vitales. Pero más aún es que os hayáis quedado con los nombres. Y digo esto porque llegamos a 1980 en la segunda parte y en Hawái habita David Bingham, cuyo jefe es Charles Griffits y la sospecha de que conocemos la enfermedad a la que se refiere por experiencia propia de nuestra sociedad en la misma época, planea permanentemente. Este David es protagonista ya que gracias a su existencia se desglosa la de Hawái de forma política, algo que no pienso avanzaros. 

     Bien, ya conocemos los nombres y a estas alturas ya tenemos claro que nos los vamos a encontrar, y si no lo teníamos, la historia de Hawái nos ha dado una intrapista. Charlie está ahora en 2090 y es un superviviente en un momento de pandemias. Este Charlie enfermó siendo niño pero lo curaron y... bueno, tampoco quiero avanzar más. Solo decir que vive en el mismo lugar que nuestro primer Charlie. Sin embargo la verdadera potencia de esta parte se desarrolla un tanto antes mediante el uso de la distopía. La autora trata de forma impecable los cambios a los que se somete el mundo cuando se ve arrasado por pandemias. Y lo convierte en un futuro aterrador.

     Yanagihara nos ofrece una novela de nombres repetidos quizás respondiendo a la hipótesis de "si volviera a nacer volvería a buscarte" de las historias románticas o tal vez dando al concepto de saga familiar una vuelta de tuerca, pero el caso es que el lector logra integrar las identidades con una pasmosa facilidad que provoca que la extrañeza inicial no empañe la narración. En todo caso parece como si estos nombres fueran destinados a enfrentarse a cuestiones vitales, ha tratar con ambición, raza, amor y sexualidad o enfermedad por el simple hecho de existir. Cuestiones vitales y comunes a las que se enfrentan mostrando al lector en muchas ocasiones, y esta es la verdadera genialidad de la novela, un perfil diferente de los motivos que subyacen a las decisiones que se toman y que nos afectan. Sería fácil hablar del coronavirus y buscar relaciones o establecer un perfil "del miedo" a lo vivido y los motivos que la autora representa , pero ese trabajo es íntimo de cada uno y, si uno está feliz enfrentándose a mil páginas, deja claro que no le gustan los atajos. Precisamente por eso uno no se queda en los nombres y busca guiños de parte a parte, ecos de un recuerdo que nadie nos ha prometido que vaya a existir pero que no somos capaces de no buscar. Porque la novela atrapa y exige, pide entrega y tiempo y promete y cumple un entretenimiento que, si bien no es tan visceral como "Tan poca vida" es al menos igual de satisfactorio.

     Al paraíso es una novela de historias alternativas que empujan al lector a cuestionarse los motivos de la sociedad en la que vivimos. El conjunto funciona y las partes por separado también.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Los años extraordinarios. Rodrigo Cortés

 


     “Nací en Salamanca recién estrenado el reinado de Carlos VII, en el periodo de transición consensuada entre la IV y la V República”.

     Estuve posando y cogiendo esta novela, o cogiendo y posando en realidad, durante varios meses hasta que me decidí finalmente. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los años extraordinarios.

     Conocemos a Jaime Fanjul, salmantino hijo de los dueños de una mercería. Y lo seguimos a lo largo de su vida, que es de lo que realmente trata este libro. Pero la gran sinopsis es: conocemos a Jaime Fanjul, salmantino de una Salamanca que no es la que nosotros conocemos, porque la Salamanca inventada de Cortés, llega a tener playa (aunque no cuando nace nuestro protagonista).

     Es fácil hablar de esta novela y quedarse en la superficie, en la llegada del mar a Salamanca, en la política que representa para España el autor, en los coches que utilizan pensamientos para moverse... explicar que habla de mentideros, que ambienta la novela a principios del siglo pasado cuando su personaje nace y que, pese a que es una gran ficción, la ambientación es magnífica. Esa parte es fácil, es lo primero que percibimos, lo que sobresale. Un poco como decir que La Torre de Pisa, está inclinada. Para esta lectora en cambio, uno de los puntos más importantes de la novela, es el tono utilizado por Cortés en boca del narrador. Un humor desbordante basado en una cierta imperturbabilidad, en la curiosidad que se muestra como obvia, en, por ejemplo, ese niño que recibe un bofetón histórico y levanta la mano para que su padre no haga ruido y así poder escuchar y experimentar con el pitido que oye (y esto es lo que le parece a él extraordinario) dentro de su cabeza. Ese momento que se cita apenas uno comienza la novela, es significativo para saber ante qué tipo de narrador estamos. Y es ese carácter aparentemente imperturbable que cuenta todo de forma socarrona, el que choca de forma brutal con lo absurdo de sus propias palabras. Con el mundo representado, empañado el autor en que lo conozcamos perfectamente para luego deformarlo y provocar la risa. Nos cuenta el narrador que él será la cuarta generación de regentes de una tienda de lencería, pero que no lo será porque la odia y su padre no lo entiende. Nos habla de la muerte de su madre y de su espíritu, solo que nos habla de él mientras estaba viva y salía de su cierto. También de su hermano y hermanas, una de las cuales es la sustituta de otra que falleció hasta el punto de llevar el mismo nombre. Como decía, un caso. Y, como corresponde a la época, el protagonista aprueba la reválida y se traslada a Madrid que no a Espuria, comienza su vida laboral, se enamora, viaja... pero todo a la manera de Cortés. Una manera ingeniosa, criticona y audaz en muchos momentos pero que funciona perfectamente tanto para llamar la atención del lector, que no termina de acostumbrarse a sus prodigios, como para captar toda su atención sobre Jaime.

     Comentaré que en esta ocasión además de leer la novela he escuchado el audiolibro leído por el propio autor y, si la novela es divertida durante la lectura, tengo que reconocer que al escucharla se me han escapado más de una carcajada. Posiblemente será cosa mía, pero el tono que le imprime a la historia es pícaro, exagerado hasta el punto de parecer una radionovela y muy muy adictivo. 

     Sostener una novela como Los años extraordinarios es difícil, y Cortés lo logra sobradamente, quizás porque lejos de caer en el absurdo, lo utiliza para dar un par de sopapos a la realidad en la que nos movemos, dejando caer clichés aprendidos, socializaciones impuestas y demás perlas así, a modo de descuido entre broma y flema.

     La novela me ha parecido fresca y, sobre todo, divertida. Dos méritos tan importantes como escasos en la novela actual y, puesto que parece que uno no puede dejar una opinión sin citar a tres o cuatro escritores y creo que yo no lo hice con ninguno, diré que no me reía tanto con un libro desde que leí El lamento de Portnoy (otro monólogo esta vez de un judío, pero esa es otra historia que ya os conté u os contaré). 
     Lean o, en su defecto, escuchen Los años extraordinarios.

     Y vosotros, ¿consumís audiolibros?

     Gracias.

lunes, 28 de marzo de 2022

Malaventura. Fernando Navarro

 


     "Lo que me despertó por la noche no fueron sus gritos. Era raro que Dieguico el Morato levantara la voz. De hecho, algunos no recuerdan cómo era. Grave como si hablara dentro de una campana. Aguda como un aullido. Nada. Imposible. Yo sé muchas cosas de él. Sé que tenía la voz cascada, como de viejo, aunque era un hombre joven. Sé que era una voz que daba miedo. Sé que usaba palabras raras y rebuscadas, palabras antiguas. Y que como nadie había cogido un libro en este pueblo, no podían entenderlas. 
     No hacía falta que escuchasen su voz".

     Reconozco que soy fácil. A mi me hablas de western, de Cormac McCarthy y de Lorca y, como mínimo, pruebo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Malaventura.

     Conocemos una versión de Andalucía profunda, del siglo pasado, marcada por la austeridad y por todo lo que les falta a los personajes. Y lo hacemos desde catorce instantáneas que es lo que Navarro nos regala en forma de relato. En ellos conoceremos a un hombre que se cae de una muerte segura gracias a un cuervo que pica la soga, hay un colegio que arde dejando al pueblo solo con 7 niños, una pitonisa, un asesino asesinado, un cura con la iglesia vacía y muchos, muchos personajes singulares.

     Sucede últimamente que si alguien escribe un libro de forma singular, se considera automáticamente un éxito, se le encumbra, y parece que nadie se lo cuestiona. Y aquí se salta de ico en ico entre zagales, motes de pueblo, expresiones puramente llanas y vocabulario que da cuenta más que una descripción, del ambiente en el que nos estamos moviendo. Un ambiente empobrecido, bruto, rural hasta "El camino" del que he visto bastante más, dicho sea de paso, que de Lorca, por no hablar de McCarthy al que no he encontrado; aunque sí he vislumbrado a Ray Pollock en una esquina moviendo la cabeza. O al menos así me lo ha parecido, aunque he echado de menos un nexo coral que convirtiera el relato en una fuente completa, que me hiciera querer desplazarme al lugar en el que se conjugaban los astros para que existieran todos sus personajes. 
     Sé, por supuesto, que mi opinión hoy no es popular. Que no he sabido ver un montón de cosas que a buen seguro tienen que ver con el lenguaje, la ambientación, el homenaje a algo a aquellas tierras, aquellas gentes, a las historias de bandoleros del primer cuento... pero esta es mi casa y la mía es una simple opinión de lector. Y he visto al burro, al niño que olía a hierbas y que murió sin apellido dejando como herencia una maldición supuesta que importaba más al pueblo que el darse cuenta tras su muerte de que ni siquiera sabían si tenía familia. He visto todo eso... y no me ha convencido. A veces pasa.
Así que esperaré que pase un tiempo y quizás lo relea. Y quizás entonces aprecie la falta de cursivas.

     Malaventura es una composición de historias que no ha terminado de convencerme.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
 
     Gracias.

lunes, 21 de marzo de 2022

El mentalista. Camilla Läckberg & Henrik Fexeus

 


     "Nerviosa, Tuva tamborilea con los dedos sobre la barra. Todavía está trabajando en la cafetería de Hornstull, aunque en realidad ya debería haber salido. Un cliente que acaba de sentarse en un rincón la observa irritado y ella le lanza una mirada asesina. Se esfuerza por memorizar su cara. La próxima vez que venga, en lugar de un corazón, le dibujará un dedo corazón levantado en la espuma del capuchino".

     Supongo que soy una nostálgica, pero no pude evitar sentir curiosidad por saber si había recobrado lo que encontré en sus primeros libros. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El mentalista.

     Una joven aparece muerta en el interior de lo que parece una caja de ilusionismo. Ha sido atravesada con espadas, cual espectáculo, solo que sin final feliz y ayudante sonriente. El caso recae sobre el equipo de Mina, que parece no avanzar. Por eso Mina termina por recurrir al popular mentalista Vincent, especializado en predecir las reacciones de la gente. Será Vincent quien encuentre la primera clave: los números. Porque, por supuesto, aparece un segundo cuerpo...

     Esta vez Camilla nos lleva a Estocolmo. Y esta vez escribe acompañada por un famoso mentalista llevando así la documentación hasta sus últimas consecuencias ya que, al igual que Vincent, Fexeus goza de fama. Pero no es este el único cambio, Camilla se ha ido a Estocolmo. La novela se acoge a muchos de los temas recurrentes de Läckberg como son el #metoo (con un personaje que es casi paródico) y se mueve entre los clichés habituales del género. Solo que además se ha dejado llevar por la espectacularidad. Los crímenes son llamativos y, en muchos casos detallados. El juego mental de Vincent es explicado al lector, que observa como los autores se acogen a la disfuncionalidad como rasgo principal de los protagonistas, que no tardan en comenzar un juego de atracción entre ellos bastante habitual en este tipo de novelas. 
     Es de esperar que estemos ante el comienzo de una saga o trilogía protagonizada por Vincen y Mina a quienes los autores han rodeado de un equipo que tampoco evita el cliché, un término que pensé en varias ocasiones pero que tuve claro que utilizaban buscando mantener el ritmo rápido que habían decidido imprimir a la novela.
     La novela no es, ni con mucho, un novelón. Nadie la va a recordar pasadas unas semanas de su lectura y, sinceramente, dudo mucho que los autores la escribieran intentando pasar a la historia de la literatura.  Su objetivo es claramente el consumo rápido, el entretenimiento garantizado y en mi caso, que leí aquella primera serie de novelas de la autora y además he visto la serie de tv que lleva el título de esta última, lo han conseguido. Muchas veces se cargan tintas contra libros que solamente aportan entretenimiento, pero si queremos que la lectura sea un placer, no debemos olvidar tampoco que se trata de ocio y no de obligación. Hay muchos motivos para leer, y todos son igualmente válidos. En este caso, es la pura diversión.

     El mentalista es una novela entretenida.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 16 de marzo de 2022

Los nombres prestados. Alexis Ravelo

 


     "El perro surgió del bosque y se plantó en el camino.
     El chico también se detuvo.
     Pasaron unos segundos en los que no ocurrió nada. Después, el perro abrió la boca y contrajo los carrillos hasta mostrar los dientes".

     Llevo muchos años leyendo a Ravelo como para saber que sus novelas son más de lo que parecen, por eso le sigo título a título. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los nombres prestados.

     Conocemos a Roco, el perro de la portada. El perrazo manso y negro, que nos dice la novela. Solo que Roco... no siempre ha sido Roco. No podía ser de otra manera ya que comparte esa característica con el resto de protagonistas de la novela. Incluso con la ubicación, que nos dice el autor que no existe (Nidocuervo) pero sí el país en el que se desarrollan. Allí viven una mujer y su hijo discapacitado, que llegaron al pueblo y poco a poco se han hecho un hueco. Y allí llega el dueño de Roco también, y conoce el pueblo, a la mujer, al niño y se sienta en el porche por las noches a observar. La mujer también observa todo, pero desde el porque de su mirada.

     Primera página de la novela: "lambucear". 
     Sonrío porque es Ravelo y siempre deja palabras que uno desconoce, el rastro de un trabajo que no siempre se aprecia. Y continúo la lectura sabiendo que piso terreno seguro.

     La última novela de Alexis Ravelo es un juego magistral de identidades que se extienden desde la tierra que pisan los personajes hasta sus propios nombres y que no perdona siquiera al género literario al que se supone que se acoge la historia. Una historia que trata del pasado y de las segundas oportunidades en las que las personas buscan redimirse por pecados propios o ajenos que, por avatares de la vida, han dejado de poder justificarse a sí mismos. Un lugar remoto con ecos de McCarthy, una tierra que el lector pinta más árida que el autor y el peso de su propia historia colocada sobre los hombros de los protagonistas, son los mimbres sobre los que se alza Los nombres prestados. Una historia solvente que se dirige con paso firme hasta un final más intuido que deseado y que el autor encara sin permitir que le tiemble el pulso porque sabe que no podría suceder de otra manera. Porque no se permiten debilidades en Nidocuervo, y ahora pensaréis que todo es bronco y duro y yo tengo que deciros que la ternura no es una debilidad: es una motivación, un impulso, un cambio o una necesidad de permanencia, pero no una debilidad. También eso he aprendido con este western de corazones solitarios que luchan por recordar que tienen que seguir latiendo. Personajes que viven a la sombra de su propio pasado temiendo, con la certeza de quienes saben que todo llega, que ese pasado les alcance cuando menos se lo esperan. Y que se acabe la calma, y que estalle la violencia.

     Todo esto es Los nombres prestados, revestido de la palabra precisa y acompañado de un niño y un perro. Y, por supuesto, la recomiendo. Porque se publica mucho, pero no todos los días se puede recomendar un buen libro. Hoy lo hago.

     Y vosotros, cuál es el último título que habéis recomendado?

     Gracias.

lunes, 14 de marzo de 2022

Qué fue de los Mulvaney. Joyce Carol Oates

 


     Encontrar que aún te queda un título por leer de un autor que te gusta, siempre es una pequeña alegría, un triunfo sobre la inevitabilidad de la vida. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Qué fue de los Mulvaney.

     Los Mulvaney son una familia que vive en un entorno rural. Así conocemos a Micael y a Carolinne, a su prole y cómo se reparten y también qué fue aquello que sucedió para marcarlos. Conocemos también a Marianne y a Patrick, al otro Michael... los conocemos a todos con sus virtudes y defectos y vemos como hay cobardes y valientes que no son lo que pensamos y también que no siempre se puede estar a la altura de las circunstancias. Conocemos, por lo tanto, a los Mulvaney.

     Ya en las primeras páginas nos dice Explorador, el pequeño de la familia, que nos va a contar sobre todos ellos. Y así nos embarcamos en un viaje, casi literalmente, en el que la autora los va desglosando mientras sucede algo tan común como que se desmiguen con el tiempo mientras siembra la duda sobre algo que sucedió. Oates se mueve con soltura por la línea temporal que irá definiendo a cada miembro de la familia y no se olvida de reflejar en la obra su carácter, la naturaleza y también, como tema recurrente, el puritanismo y la visión de un sexo avergonzado por el hecho de existir que tiende a culpabilizarse de su propia naturaleza, no digamos ya de lo que pueda sucederles por su condición femenina.

     Oates abraza el dramón casi folletinesco mientras lentamente va dando pinceladas a sus personajes que poco a poco cobran vida sobrecogiendo a un lector que no tiene claro del todo por qué las campanas tocan a drama apenas ha comenzado la lectura cuando aún no ha pasado nada. Y es que la atmósfera está tan bien conseguida que uno se mete en la lectura sabiendo que cada pequeño gesto, cada recuerdo y cada mirada, implican una esquina del alma que nos queda descubierta y otra que nos resta por descubrir. No es, desde luego, un libro para prisas. Las descripciones abundan en este entorno rural con familia que la autora ha elegido para mostrar costumbres y usos tanto personales como sociales que se acaban convirtiendo en la seña identificativa de cada miembro; y el lector, una vez más, queda a merced de una prosa envolvente que, si bien no sobresale, da muestra del buen hacer al que Oates nos tiene acostumbrados. De todos los miembros de los Mulvaney, me quedo con Marianne, ese personaje femenino que la autora nos regala y sabemos tan inolvidable como destinado a la tragedia, a la lucha... y no decepciona, todo está ahí. Y es que, si algo decepciona de la novela, es la propensión del lector a pensar que está ante una obra maestra ya que, en este caso al menos, no se ve cumplida. Como lectores percibimos los elementos, todos están ahí: el entorno, la prosa, las descripciones, los personajes que entre recuerdos del pasado se van descubriendo para nosotros, la tragedia, la joven virginal que acaba sufriendo, el final... Pero algo no termina de encajar para que todo sea perfecto y, al menos esta que escribe, termina la novela dejándonos con la sensación de haber leído un buen libro pero también con la de no haber llegado a cumplir lo que se esperaba de ella. Como digo el libro es bueno, pero la lectura se ve empañada por las expectativas que la propia Oates nos había creado.

     Qué fue de los Mulvaney es una buena novela para iniciados y no iniciados en las letras de Oates. Sosegada, de regusto triste y ejecución impecable pero que no termina de llegar al corazón del lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 7 de marzo de 2022

Lágrimas de oro. Jose Luis Gil Soto

 


     "Se acomodaron los tres en la sacristía, en torno a una mesa sencilla sobre la que el cura puso la Biblia. Olía a cera, incienso, y al vino que les servía el monaguillo indígena bautizado. Era un caldo especial que el maestrescuela guardaba para sí y solo servía en ocasiones de merecer".

     No juzgarás un libro por su cubierta, pero si la cubierta te gusta irás a por él. Hoy traigo a mi estantería virtual, Lágrimas de oro.

     Tenemos en primer lugar a Francisco Pizarro, que se reúne con sus socios convencido del éxito que tendrá su misión y sin importarle que otros hayan fracasado en el mismo objetivo. él está seguro de llegar hasta Perú y volver con riquezas, títulos y nuevos territorios para la corona.

Allí el Inca, hijo del Dios Sol, es el encargado de velar por su pueblo. Solo que ahora teme que esos extraños llegados con vestiduras brillantes sean hijos del Dios Viracocha, esos que la profecía anunció su llegada.

     Y también tenemos un robo. En la iglesia de un pequeño pueblo han robado el collar que vestía la Virgen y la teniente de la GC Rebeca será la encargada de esclarecer lo sucedido embarcándose en una trama de tráfico de arte.

     Estamos ante una novela histórica que se desarrolla en distintos hilos temporales y espaciales que poco a poco van convergiendo hasta quedarnos con una novela llena de guerras, pasiones y arte. Mucho arte. Lejos de la sensación de narrativa lenta y descriptiva, lo primero que me ha sorprendido ha sido lo rápido que me terminé la novela y es que estamos ante uno de esos libros de los que la gente dice que siempre están pasando coda y que se convierten en un simple disfrute cuyas páginas vuelan. Llegué sabiendo que la historia contemporánea, con el robo, el tráfico de arte y la búsqueda, me iba a interesar pero, si os digo la verdad, terminé la novela enamorada de la parte en el que el foco de atención es, o son, los Pizarro. Me recordó aquellos años de novelas de aventuras sobre incas y mayas que parecen haber quedado en el olvido de lectores y escritores, puesto que abandonaron el tema, y que yo disfrutaba sintiéndome entre dioses terrenales y fantásticas riquezas.

     La novela es extensa, no os voy a engañar, pero es cierto cuando os digo que apenas me duró tres días, y un libro entretenido es un mérito tremendo en estos tiempos de entretenimiento digital. Os podría hablar ahora de traiciones, amores y de secretos que cruzan océanos y siglos antes de ser descubiertos. Hay dioses y hay hombres grandes y pequeños, hay familias con secretos y hay señores, vasallos y casi todo lo que uno pueda imaginar en una novela de este género. Pero, sobre todo, lo que hay es mucha diversión.

     Lágrimas de oro es una novela con la que me he divertido. Bien sabéis quienes soléis pasar por aquí que no es un género en el que me adentre a diario, pero novelas como la de Gil Soto me hacen buscar la siguiente. Y, a fin de cuentas, leer también se trata de eso, de descubrir.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Ellos. Francine du Plessix Gray


     "A mi madre le gustaba afirmar que descendía directamente de Gengis Kan. Después de manifestar que una octava parte de su sangre era tártara y sólo las otras siete eran de «ruso común», con un desparpajo que nadie más podría haber mostrado, dejaba caer unos cuantos nombres en la cronología de nuestro linaje: Kublai Kan, Tamerlán y, por fin, Babur, el gran monarca mogol, de cuya concubina favorita, de la etnia kirghiz, descendía su tatarabuela; y voilà, nuestra ascendencia quedaba establecida".

     Supongo que fue la cubierta, porque confieso que antes de leer este libro no sabía nada de la familia protagonista. Pero hoy traigo a mi estantería virtual, Ellos.

     Ellos fue publicado en Rusia en el año 2017 causando una pequeña conmoción, un libro en el que la autora escribe tanto las memorias de su familia como realiza un retrato rápido del siglo pasado. Francine es hija de Tatiana Yakovleva, una hermosa mujer rusa que estuvo relacionada sentimentalmente con el poeta Vladimir Yamakovski y cuya relación dio lugar a dos poemas de amor. Por cierto que el padre de Tatiana diseñaba teatros para el zar y su tío Sasha, explorador y lingüista, fue el responsable de que Tatiana se aficionara al diseño de sombreros. Tatiana sin embargo aspiraba a más que a un poeta, así que se buscó a un diplomático, el padre de Francine, del que se separó y al que presumiblemente agradeció que desapareciera ya que de ese modo se pudo casar con el que fuera padrastro de Francine, Liberman. Los motivos de la ruptura y cómo se mudó con su nuevo esposo a Nueva York son trazados con precisión por la autora que, a estas alturas, ya ha dejado un reflejo perfecto del continente y la época y ha perfilado con mano dura el carácter de su madre. Pero avancemos, que Francine a estas alturas está ya en Estados Unidos pero aún no sabe que se convertirá en una reputada periodista amén de escritora. Tatiana y su esposo rápidamente se posicionan en lo alto de la escala social entre los inmigrantes que llegaban a Nueva York mientras la pluma de Francine sigue realizando el perfil de quienes tuvieron en sus manos su educación.

     Bien, más allá de todo esto, la autora deja un retrato casi de película de Rusia pre Revolución y sus migrantes, habla de la burguesía, frívola en cualquier momento, y del arte. Por la novela pasan artistas de todo tipo y uno se sorprende al encontrar, por ejemplo, a Dali. Recuerdo haber pensado en algún momento que no estaba leyendo sobre los Fitzgerald para haber terminado el libro pensando que seguramente existieron más Fitzgerald que los Fitzgerald. Me he enamorado de esos años 20 entre URSS y París, de su círculo cultural, de la sutilidad y delicadeza de la autora y de ese pasado que seguramente hemos romantizado a base de cine y literatura. Hay guerra, la II, vista desde París antes de tener que huir a EEUU y hay un hilo invisible que pareció seguir conectando a la autora con su país natal hasta su muerte y que es tangible en muchos momentos durante la lectura.

     Como digo, el recorrido es inmenso, pero no diría que hablar de su familia es la excusa para realizarlo ya que trasciende poco a poco un sentimiento de reconciliación póstuma, como si escribir lo sucedido, decir finalmente cómo eran las personas con las que se crio, le fueran a permitir quedarse en paz con ellos. 

      Ellos es una gran historia, un recorrido y también una vida: la de Francine a partir de Tatiana.

     Y vosotros, ¿sois de biografías?

     Gracias.

lunes, 28 de febrero de 2022

El comensal. Gabriela Ybarra

 


     "Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes." 

     Con motivo de la reedición de este título que tanto me gustó, decidí releer. Hoy traigo a mi estantería virtual, El comensal. 

      En 1977 cuatro encapuchados entraban en casa del empresario Ybarra. Comenzaba un secuestro finalizaría con la muerte de Javier Ybarra a manos de ETA. Era el abuelo la autora. En el año 2011 fallece la madre de Gabriela de cáncer abriendo un pasillo temporal entre ausencias. Será Gabriela, la autora del libro, quien nos acompañe por este viaje familiar de recuerdos.

      Si hay un tema que nos sigue incomodando es la muerte. No la ajena, ni la televisada, sino la propia, la temida, la del ser querido, la del familiar, amigo o amante. Esa que nos deja desnudos y vulnerables. Que abre un hueco en nuestra vida que jamás llegamos a llenar. Si acaso a disimular como quien pone un jarrón donde antes hubo una lámpara de pie, esperando que no se note el espacio vacío pero sabiendo que jamás podrá utilizarlo para iluminar la estancia. Ese es precisamente el hilo de El comensal: la muerte. 

      Gabriela vive la muerte de su madre sin haber sido del todo consciente hasta última hora de que el fin se acerca. Nadie lo esperaba en realidad, y la familia se ve sacudida por ese dolor e incomprensión imposible de definir que hace que retumben las entrañas de quienes lo viven. Es precisamente en una de esas sacudidas, que la figura de un ausente empieza a tomar fuerza, como si un hilo invisible uniera dos momentos de dolor. De este modo, Gabriela comienza su historia hablando de su abuelo a partir del momento de su secuestro a manos de la banda armada ETA. A muchos les sonará, a otros no y quedarán aquellos que lo recuerden perfectamente. También habla de su madre a partir del momento que enferma y una vez más a muchos les resultará demasiado familiar el camino que transita. Gabriela construye una historia en la que las personas han tomado peso en su memoria a través de sus ausencias. Recorre el camino de un secuestro en el que ella no estuvo presente y lo desgrana frase a frase, evitando sentimentalismos que nos despisten del final último: la ausencia. Investiga sobre los hechos queriendo saber, pero tal vez no queriendo conocer. O puede que sea justo al contrario. O tal vez sea yo la que piensa que en su piel no hubiera querido saber. Y hace lo propio con la madre, por una senda que conoció perfectamente y que nos marca al detalle. No le interesan las reflexiones profundas ni las puestas de sol, sino que busca en la pequeña rutina la ausencia que golpea de repente. La realidad como meta en un libro en el que no se recoge una crónica, sino que se purga un sentimiento: el dolor. Como si cada lágrima no vertida se hubiera convertido en una gota de tinta que, lejos de hacer un obsceno exhibicionismo de dolor, lo normaliza en frases cortas, sentencias certeras, golpes de frente. Porque es fácil acudir al sentimentalismo para conmover al lector, pero realizar un ejercicio de honradez para mostrar la vida tal cual es, para no quitarse una prenda de ropa cuyo olor parece que evita el olvido que nunca se producirá pero a la vez sabiendo que no es muy normal y que tal vez no importe que no lo sea, para poner un cristal y no un espejo de esos de mal de muchos te ofrece consuelo... eso es bastante complicado.

      Con El comensal me he encontrado un magnífico libro que evita los sentimentalismos incómodos, las florituras en busca de un corazón débil que se encoja con facilidad. Por eso resulta una narración, no solo verosímil, sino también certera. Un libro corto, pero porque está poblado de silencios: los que se esconden entre líneas, los que se hacen al final de una frase, los que hacemos tras cada capítulo para respirar. Con cada frase, cada acto, cada gesto, identificamos un silencio y hacemos una pausa en la lectura. Me corrijo; no es un libro corto. Lo que sucede es que se oculta tras la apariencia de un librito. Y las apariencias engañan. No es una lectura fácil, porque no es fácil hablar de la muerte. Pero ha merecido la pena descubrir a Gabriela Ybarra. 

      Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana? 

     Gracias

viernes, 18 de febrero de 2022

La biblioteca de medianoche. Matt Haig

 


     Y volvemos a libros sobre libros o que aluden a libros para justificar la mirada peregrina del lector que se detiene en una cubierta atraído como las polillas a la luz. Y sí, por eso hoy traigo a mi estantería virtual, La biblioteca de medianoche.

      Conocemos a Nora cuando no está en su mejor momento. Para empezar se siente sola. Y además se ha muerto su gato. Y ha perdido su trabajo. Así que Nora decide suicidarse. Lo que pasa es que de algún modo termina en la biblioteca más extraña del mundo. Una en la que los libros son versiones de su vida en función de las decisiones que ha ido tomando. Hay una versión olímpica y otra huérfana, una científica y otra músico, hay huérfanas... hay de todo. Imagina las posibilidades. Y además, se le permite cambiar su vida con la de una de sus versiones, si lo hace dentro de un plazo, claro.

     Si os soy sincera, inicialmente me parecía atractiva la idea de las versiones, pero no tarde en cansarme del tufillo de positividad y autoayuda (que no es un libro de autoayuda) que desprendía la historia. Me hubiera gustado que profundizara un poco más en el tema y un poco menos en la moralina de lo bueno y lo malo y el balance y lo peor no es tan terrible. Vamos, que yo me esperaba una novela fantástica y me encontré con alguna reflexión propia de galleta de la fortuna. A estas alturas cualquiera que me conozca un poco se estará riendo pensando en mi cara de estupor, los libros de autoayuda no son precisamente mis favoritos, pero precisamente por eso, quiero dejar claro que no es culpa de la historia. El libro no es culpable de adentrarse en uno de mis terrenos menos favoritos, así que avancemos por la trama.

     El autor busca responder al clásico "y si..." dando una versión de la protagonista en función de cada decisión sin adentrarse por ello en fantasías demasiado elaboradas de universos paralelos. Nora vive atormentada por alguna de las decisiones que tomó, quién no se arrepiente a toro pasado de tres o veinte cosas sucedidas a lo largo de su vida. Pues Haig decide apostar por la respuesta difícil pero la solución fácil: esto hubiera pasado, ¿estarías mejor? prueba un rato, dime si estarías mejor. Y presenta estas opciones en una novela de corte convencional. La biblioteca es además una suerte de representación del estado anímico de Nora, como una gran introspección, y el lector acompaña a la protagonista en la que suponemos será la verdadera decisión trascendental de su vida.

     Más allá de lo comentado, la novela no me ha terminado de enganchar por otro motivo: la protagonista. Un personaje al que me ha costado no darle con el libro en la cabeza para ver si tenía sangre y era capaz de sentir y decidirse. Y, si eso me pasa con un protagonista, con la novela ya voy mal.

     La biblioteca de medianoche es un experimento literario al que se le podía haber sacado mucho más partido.

     Gracias.

lunes, 14 de febrero de 2022

Ay, William. Elizabeth Strout

 


     "Me gustaría decir unas cuantas cosas sobre mi primer marido, William.

     William ha vivido últimamente experiencias muy tristes -como muchos de nosotros-, y me gustaría contarlas; es casi una obsesión. William tiene setenta y un años".

     Strout es una de esas escritoras que descubrí no hace demasiado tiempo y cuyo tono y maneras cercanas me resultan agradables, empujándome a regresar a sus letras. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ay, William.

     La nueva novela de Strout trata, como no podía ser de otro modo, de la vida de Lucy Barton. Esa mujer a la que ya conocemos, cuyo entorno nos resulta más que familiar, y que se convirtió hace ya años en escritora pero sigue sintiéndose invisible y relatando su vida una y otra vez.

     En esta ocasión Lucy siente la necesidad de hablar de su primer marido, William, que ha sido abandonado por su tercera esposa de una forma muy similar a como ella lo hizo en su día. La cosa es que William es abandonado a la vez casi que descubre que puede tener una hermanastra. Y le pide a Lucy que lo acompañe por un periplo rural que le sirve a la protagonista para recordar los orígenes de su primer marido tanto como los suyos propios. Nada nuevo en realidad. Esta novela, como las narradas por Lucy, tiene un estilo ingenuo en el que la autor aparece escribir una suerte de diario sin fecha de forma desordenada. Un poco como lo que pediría un psicólogo o lo que haría alguien con problemas de memoria. Su tono cercano pide que el lector se involucre, que preste a tención a los detalles de las pequeñas acotaciones en las que dice que no está preparada o que no quiere hablar de algo directamente. Porque es en esos detalles donde se esconde el verdadero núcleo de la novela, la relación entre dos adultos que no ha desaparecido pese a su matrimonio fracasado y la soledad que se va instalando en sus vidas cada vez más longevas. La autora desviste de adornos su prosa para dar una imagen más nítida de los personajes, dejando un claro retrato emocional de cada momento para que Lucy termine de configurarse como una persona insegura que duda de todo y que se ve sorprendida cuando recurren a ella para buscar una solución.

     El resultado es un ambiente de intimidad entre Lucy y el lector, siendo este punto la parte más importante de la novela. El lector es invitado a pensar sobre Lucy que es una ingenua y a rellenar los huecos de la historia en los que la protagonista parece no darse cuenta de lo que sucede realmente. Invita a que reflexionemos sobre las relaciones, los distintos tipos de fracaso, lo que permanece y también sobre las clases sociales. Este último tema lo enfoca desde un punto de vista interesante, va de la condescendencia del pudiente al temor a no encajar o, simplemente, no saber cómo actuar del recién llegado. Y es que, finalmente, llegamos a la conclusión de que la novela trata de la necesidad de reafirmarse, de saberse bien y ocupar el lugar que uno quiere con una cierta dósis de seguridad.  Porque, como explica el propio William, todo el mundo debe de tomar al menos una decisión en su vida. Aunque esa decisión sea dejarse llevar. Porque dejarse llevar también es una decisión.

     Ay, William es una novela entretenida con un personaje entrañable que tiene un poco de aquella rose de Las chicas de oro por muy escritora célebre que nos diga que es.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 11 de febrero de 2022

Nunca. Ken Follett


     "Durante muchos años, James Madison ostentó el título de pre­sidente más bajo de Estados Unidos, con su metro sesenta y tres de estatura. Hasta que la presidenta Green batió ese ré­cord: Pauline Green medía apenas metro y medio. Y como le gus­taba señalar, Madison había derrotado a DeWitt Clinton, que medía más de metro noventa".

     Tenía curiosidad por volver al autor de los orígenes, por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Nunca.

     En Nunca viajamos hasta el desierto para conocer a Abdul John H, que sigue la pista de un cargamento de cocacína cuyo valor servirá como peligrosa financiación.  Esta historia involucra a una mujer relacionada con el continente africano. Y, hablando de África, allí muere un soldado norteamericano al que disparan con un rifle Coreano que provocará movimientos entre USA y China. Y ya que estamos en USA, allí su presidenta endurecerá, como consecuencia a lo sucedido, las sanciones económicas a Corea. A partir de este momento las relaciones diplomáticas serán cada vez más tensas y la amenaza de agotar la vía pacífica se cierne sobre una situación que, se complica aún más tras una rebelión que implica armas nucleares.

     Los lectores somos seres de memoria frágil que tendemos a pensar en una obra por autor. Por eso identificamos a Follett con Los pilares de la tierra sin recordar que en sus comienzos era de la cuerda y tiempo de Frederick Forsyth y sus pilares fueron un cambio de ruta. Así que se podría decir que ahora, Follett, ha vuelto a sus orígenes.

     Tal y como he explicado el argumento la novela puede ser sencilla, pero nada más lejos de la realidad. Follett realiza un esfuerzo titánico para darnos varios hilos que hubieran podido por sí mismos tener su propia novela, y los mezcla dando pruebas de una gran documentación y, a grandes ratos, un dominio de los tiempos para mantener al lector entretenido. Si uno llega a este título esperando una novela al uso, probablemente se sienta decepcionado. Y es que Follett, quizás acostumbrado a recrear escenarios completos debido a su vasta experiencia histórica, nos regala una historia partiendo de un escenario que se va complicando hasta dar lugar a una amenaza global en un mundo no tan diferente del que habitamos. Todas las grandes guerras han sido precedidas de conflictos y situaciones que se van complicando a las que hay que añadir esa necesidad de mostrar el poder para ver "quién qué" y ese es precisamente el gran punto fuerte de Nunca; la capacidad recreativa del autor y su poder para convencer al lector de la verosimilitud de la situación que presenta. En sus ochocientas páginas el autor nos deja escenas de contrabando, de luchas de poder, hay drama, hay sentimentalismo y hay una lista de personajes como Tamara, Abdul, Kiah o los Chang que parecen dibujados con vocación televisiva. Eso significa que, al menos a mi, en algunos momentos me ha resultado un tanto caótico tanto nombre y juego y vía, pero eran apenas unas páginas antes de reordenarme.

     Como sucede en este tipo de novelas tan voluminosas y con varias historias, cada lector tendrá su favorita y, por supuesto, las menos favoritas también. En mi caso hubiera preferido más Corea y menos USA familiar, pero, como os digo, esto ya forma parte de las opiniones personajes de cada lector. A mi me interesaba más la trama política y la relevancia de las decisiones que se tomaban que la vida casera de Green y Guerry, pero eso no significa que a otros les resulte curiosa e interesante esa parte. Además, el autor parece empeñado en mostrar la parte personal en esta ocasión, incluso antes de que los peones políticos comiencen a moverse. Y es que los lectores asiduos a su obra, ya sabemos lo que le gusta meter un poco de drama y romance.

     En un momento dado, y antes de comenzar la escalada DEFCON, un personaje dice que todo gran conflicto comienza con un pequeño problema no solucionado y esta es, sin lugar a dudas, la frase que resume a la perfección la última novela de Follett.

     Nunca no es una novela perfecta, según mi modo de verlo en algunos momentos su lectura se ralentiza y tiene un exceso de drama, pero destaca por el realismo con el que el autor enfoca y desarrolla los acontecimientos que llevan al mundo a la amenaza última. Esto hace que, incluso con un final que no me ha convencido, sea una novela entretenida en su conjunto y que invita a la reflexión del lector. Algo nada despreciable hoy en día.

     Y vosotros, ¿sois de recordar títulos o autores?

     Gracias.

lunes, 7 de febrero de 2022

Planeta. Susana Martín Gijón

 


     "En la quietud del campo, los sentidos se amplifican y todo se percibe con mayor nitidez. A su nariz llega el aroma a tierra mojada entremezclado con el perfume enmohecido de los hongos. La hojarasca crea un manto que va desde los anaranjados más brillantes hasta un ocre pardo, pasando por toda una gama de tonos herrumbrosos. El crepitar de las ramas con el viento, el sonido de un riachuelo cercano, el canto aflautado del mirlo común o el trino repetitivo de una alondra se funden en una música ancestral. La brisa fría azota su rostro y la incita a respirar profundo, tratando así de no perder la cordura".

     Si os soy sincera fue la cubierta lo que hizo que comprara este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Planeta.

      En Planeta una mujer aparece asesinada, y sin pies, en un campo de golf. Poco después desaparece un joven de alta sociedad cuya familia está relacionada con dicho campo. Y hay un tanque de tiburones cuya alimentación hace gritar a unos niños.
El equipo de la inspectora Camino, en colaboración con la italiana Volpi, se encargarán de la investigación.

     Estamos ante la tercera novela de la saga de la Inspectora Camino. Como decía al empezar, me llaman la atención sus cubiertas, y ese es el motivo por el que me acerco a todos y también el que me ha enseñado que esta es una autora que mejora con cada novela. Aquí ha optado por darnos un mayor desarrollo de los personajes, pero voy a tratar la novela como si llegáramos a ella por primera vez.
Camino es una mujer brusca, por decirlo de alguna manera, que al final ha llegado a mantener una relación con Paco, pero a la que él ha llegado en unas condiciones físicas que no les ha permitido disfrutar como es debido de la relación. Esto se une a la decisión que toma Paco tras una rápida pero excelente exposición de lo que supone una convalecencia (o confinamiento) para alguien activo, y que provocarán una situación personal importante en la historia. Y no es solo Camino quien está en un momento complicado: su jefa descubre el diagnóstico definitivo de su malestar y uno de sus compañeros tiene que enfrentarse a la situación que se vive en el barrio que lo vio crecer tanto como al estado de su hermano, Y todo ello en una ciudad, Sevilla, que mira un cielo permanentemente encapotado con miedo a repetir esas inundaciones cuyas marcas aún se conservan en algunos de los monumentos emblemáticos de la ciudad. Y todo ellos también, sin hablar aún de la trama. Porque en esta ocasión, Martín Gijón pone su mirada en sus personajes.
     La trama está bien urdida aunque es cierto que hay un momento en el que nos abre tantos frentes que nos quedamos perplejos esperando a ver el resultado. Si en sus anteriores novelas la autora ponía mucho de denuncia social, en esta no iba a perder la costumbre, y el estado en el que estamos dejando el planeta en el que vivimos es uno de los temas que sobrevuelan toda la historia. Una historia que, si bien se entiende como una casi continuación de la segunda entrega, es cierto que no requiere la lectura de Especie para poder comprenderla. Por eso tengo que ser tan parca a la hora de desarrollar el argumento; entre que del final no se puede decir nada, y la relación con la anterior trama, poco deja la autora a contar a cualquier lector sobre su última novela. Decir que hay investigación, amor, enfermedad, desigualdades sociales, drogas, medio ambiente, desapariciones, muertes, cicatrices el pasado y mucha, mucha agua.

     Planeta es una novela que viene marcada por lo personal por lo que la autora recurre a la acción y los capítulos cortos buscando un equilibrio que no ralentice una trama cuyo interés aumenta a medida que vamos avanzando. Supongo que esta no será la última entrega o no hubiera tenido sentido introducirnos en las vidas de los personajes, y tengo que decir que sigo manteniendo la opinión que ya tenía: es una novela correcta, entretenida. Y quizás, en este caso, lo que más me ha llamado la atención han sido las lluvias.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 2 de febrero de 2022

Antes de que se enfríe el café. Toshikazu Kawaguchi

 


1. Las únicas personas que puedes conocer son aquellas que han visitado el café. 
 2. No hay nada que puedas hacer que cambie el presente. 
 3. Solo es posible retroceder en el tiempo cuando se está sentado en un asiento particular en el café.
 4. Mientras retrocedes en el tiempo, debes permanecer en ese asiento y solo en ese asiento. 
 5. Tienes que regresar antes de que el café se enfríe.

     Me regalaron este libro por reyes y me llamó la atención su argumento. Hoy traigo a mi estantería virtual, Antes de que se enfríe el café.

     Os doy la bienvenida al café Funiculí Funiculá. Sé que no es un nombre muy común para este café, pero tampoco hay un nombre común para lo que allí sucede. Abierto hace más de un siglo y situado en un callejón de Tokio y regentado por Kei y Nagare, apenas ha cambiado desde que abrió. Y hay otra cosa que tampoco cambia en el café: una mujer sentada en una esquina leyendo un libro titulado Los amantes. Ella no puede salir de allí ya que es un fantasma. Su pecado fue no cumplir con la regla más importante del lugar: terminarse el café antes de que se enfríe. Además corre el rumor de que si uno aprovecha el momento en el que el fantasma va al baño y se sienta en su silla, viaja en el tiempo.

     Ya con lo dicho se aprecia que estamos ante una novela peculiar que, en realidad, es la adaptación de una obra de teatro nipona que se representaba con mucho éxito. Y las peculiaridades de esta novela, como las del café, no han hecho más que empezar. Si ya la idea del viaje en el tiempo y la forma de llegar a la silla es peculiar hay que sumarle una ristra de normas y limitaciones a tener en cuenta como que, por ejemplo, no se puede cambiar el presente. Pero de entre todas ellas, destaca la que incumplió el fantasma de Los amantes: hay que volver y terminarse el café antes de que se enfríe. Y con estas premisas el autor teje cuatro historias de cuatro viajeros que quieren utilizar la silla para cambiar una conversación que fue vital en sus vidas. ¿Quién dijo que era un problema no salir del café? Fumiko, Kohtake, Herai e incluso Kei, la propietaria, necesitan utilizar la silla por distintos motivos y Kazu es quien tiene que servir el café.
     Con estos ingredientes se forma la primera novela del autor y es, aunque irregular, efectiva a la hora de conectar a los lectores con las historias narradas. Resulta original en casi todo y habla de libertad, amor y vida en sus historias desde el prisma optimista de quien sabe que está narrando un cuento y lo quiere dotar de un halo mágico. Halo que se ve reforzado por una serie de momentos tranquilos, casi ceremoniales, que son los que conectan el libro con la cultura del un país en el que la armonía trasciende a la vida y la reflexión forma parte del día a día. Al lector, sin embargo, le puede dar la sensación de altibajos en la novela, que a ratos parece ralentizarse, pero que remonta con el relato final para convertirse en una lectura entrañable.

     Antes de que se enfríe el café es un cuento para adultos que quieran permitirse soñar un poco. Una lectura entrañable.

     Y a vosotros, ¿os gustan los cuentos?

     Gracias.