lunes, 30 de marzo de 2026
Mis lunes con aroma a matcha. Michiko Aoyama
lunes, 23 de febrero de 2026
No juegues con ellas. Johanna Copeland
"A Stella Parker le encantan las cálidas noches veraniegas, el modo en que la envuelven como un abrazo, la sensación del aire contra su cuerpo y el olor terroso a humedad. Es una reacción visceral, casi embarazosa, como un vicio del que no se habla delante de personas decentes.
miércoles, 18 de febrero de 2026
El sacrificio. Henrik Fexeus
"Me quedo detrás de la persiana para que no me vean. Me siento fatal porque sé que soy yo quien lo ha hecho mal. Pero ha sido sin querer. La gravilla cruje bajo sus pies cuando se dirigen hacia los coches en el patio. Ojalá se marcharan de una vez; así se me quitaría este nudo en el estómago.
lunes, 16 de febrero de 2026
El pozo. Hye-young Pyun
"Ogi abrió los ojos despacio. La claridad lo deslumbró. Entre la neblina, vio un brillo blanco. Cerró los ojos y los abrió de nuevo. El esfuerzo de este gesto lo reconfortó: quería decir que estaba vivo; la resistencia física a abrir los ojos o tener que entrecerrarlos por la luz eran prueba de ello.
Observó el techo, de pladur con filas de lámparas fluorescentes. Todas las luces estaban encendidas. Debía de estar en un hospital; era el único lugar que necesitaba tanta iluminación.
Intentó girar la cabeza, pero no lo consiguió. Al menos, podía mover las pupilas".
Había leído comparativas de esta novela con Misery, así que ni lo dudé. Hoy traigo a mi estantería virtual, El pozo.
Conocemos a Oghi, un hombre de 47 años, cuando despierta en un hospital de Seúl tras haber estado en coma como consecuencia de un grave accidente de coche. Poco a poco Oghi se va situando hasta descubrir que su esposa falleció en el accidente, dejándolo hecho polvo ya no solo física, también psicológicamente. Sin embargo Oghi se va a ir recuperando, y, un día, el hospital le da el alta y lo manda a casa bajo la supervisión de alguien con quien conviva. Ese viene a ser uno de los problemas, que Oghi no era precisamente un animal social, así que su suegra será quien se haga cargo, llegando a mudarse con él. ¿Por qué haría algo así? Pues esa es la pregunta que va permeando en la mente de Ogi que empieza a repasar su matrimonio y lo que puede saber su suegra que, por cierto, parece estar cavando un agujero en el jardín mientras su vida se limita a estar ahí tirado en la cama y sin poder comunicarse debido al estado de su mandíbula.
Vale, si habéis leído Misery, entendemos todos que la comparación es bastante fácil. Lo que pasa es que en esta novela, la incapacidad del inválido y su impotencia ocupan muchas páginas. Demasiadas. Oghi es dejado solo, humillado durante las visitas y arrinconado hasta el punto de parecer un secuestro. La suegra mientras tanto se va convirtiendo en un personaje cada vez más siniestro y el lector... bueno, poco a poco va viendo que en realidad su protagonista no es tan bueno. Y aquí, si nos queremos poner literarios, están los simbolismos: Oghi encerrado en su cuerpo sin poder moverse ni comunicarse vs Oghi encerrado en la casa. El vacío de la vida tras el duelo que es como un agujero que se nos hace dentro y el agujero del jardín o tal vez este último sea como la vida del protagonista, vacía y sin nada.
Una diferencia con Misery es que aquí el protagonista nos cae mal. Que no diré yo que se lo merezca, pero bueno no era y su difunta esposa que lo acusaba de ser un estirado bien hubiera podido acusarlo de gilipollas, porque ni siquiera le importa a nivel personal cómo se comportaba con ella, solo le preocupa de cara a su presente. Otra es que no hay una explicación para la actitud de la suegra a la que vemos cavar de forma visceral. Y poco más hay en realidad. Una pena.
El pozo es una novela corta que se llega a hacer pesada ya que no sucede nada en realidad. Más que terror psicológico yo diría que es una novela poco confortable si es que esa etiqueta existe, a la que le hace un flaco favor la publicidad que se le ha dado.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
miércoles, 11 de febrero de 2026
El Fervor. Alma Katsu
No es mi primera novela de Alma Katsu y ya os digo que tampoco va a ser la última, ya que tiene un punto entre terror y rareza que me resulta realmente atractivo. Hoy traigo a mi estantería virtual, El Fervor.
Conocemos a Meiko y su hija Aiko, Meiko es una esposa japonesa de un piloto blanco. De guerra claro. Y ahora están internas en un campo, ya que el gobierno teme que sea espía (por eso de que es japonesa). El caso es que en el campo aparece una enfermedad que se contagia rápidamente volviendo a las personas violentas e impredecibles y Meiko empieza a fijarse en que quizás ella sepa algo sobre el origen de la enfermedad. Más de lo que le gustaría en realidad.
Ahora parece relativamente fácil pensar que cualquier libro sobre una enfermedad se basa en la COVID, lo cual deja de lado muchas opciones e interpretaciones que pueden ser más enriquecedoras. En este caso, ya que la autora ha afirmado el paralelismo, lo realmente llamativo es que se haya escrito marcando como responsable a la misma zona geográfica que lo fue de la pandemia. Y la enfermedad aquí es más peligrosa, pero también más sincera, porque los extremismos, cuando dan la cara, son evitables. O al menos se puede intentar hacer algo. En la novela se aborda el internamiento que sufrió la población asiática en Estados Unidos durante la IIGM, un punto que no es muy tratado pese a que es una de las guerras que más tinta ha utilizado en la ficción, aunque mira de forma constante a algo sucedido en el 27. Por supuesto lo sobrenatural existe, y lo conocemos en las primeras páginas a través de la experiencia de un grupo con el fuego durante una expedición por la naturaleza. Después ya nos iremos al campo, pero con esa imagen fija en la retina que no nos va a volver a abandonar (personalmente el momento del cierre de puertas me hizo esperarme lo peor, incluso más que a la protagonista). Sin embargo la novela es mucho más, el elenco de personajes es más extenso y también conocemos a una periodista que busca la noticia de su vida, y seguramente la haya encontrado. Y entonces Aiko CRECE y Archie, el único superviviente de las primeras páginas, también. Y por supuesto no estoy hablando de un sentido literal, pero vaya si crecen. Y ahí es donde la novela empieza a dar más miedo, a ser preocupante, en la parte menos sobrenatural.
¿La otra?, ¿la sobrenatural? es simplemente tremenda.
El Fervor es una novela más que recomendable para los aficionados al género y para los que no. Terror, actualidad, crítica y folklore japones. ¿Se puede pedir más? Sí, por supuesto. Otra cosa es que nos lo den.
Y vosotros, ¿os gusta el terror?
Gracias.
lunes, 9 de febrero de 2026
La última cerilla. Marie Vareille
"Gabriel no es quien creéis. Yo lo sé bien porque soy su hermana pequeña y, desafortunadamente, los lazos de sangre que nos unían de niños nunca se han debilitado. Y eso que yo he hecho todo lo posible por alejarlo de mí. Sin embargo, todavía hoy, aunque ya ha cumplido los cuarenta, sigue viniendo a verme al convento dos sábados al mes. Me cuenta su vida al mínimo detalle sin nunca preguntarme por la mía. Yo soy la única a la que muestra su verdadera cara. Sabe perfectamente que si se me ocurriera la idea de desvelar sus secretos, mi palabra de loca no valdría más que el viento que sopla sobre el terreno embarrado donde se erigía antaño la casa de nuestra familia. El otro día le oí contar a sor Marie-Clotilde que no tardarán en construir ahí un parking. ¡Qué ganas tengo! La perspectiva de que el alquitrán caliente cubra por completo lo que queda de mi infancia me llena de gozo".
lunes, 2 de febrero de 2026
El largo río de las almas. Liz Moore
"Hay un cadáver en las vías de la calle Gurney. Mujer, edad imprecisa, probable sobredosis, dice Centralita.






