viernes, 8 de noviembre de 2019

Feliz Día de las Librerías


     Y gracias por todo un año de buenas recomendaciones cuando vamos a comprar.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

La batalla de occidente. Éric Vuillard


     "En el principio hubo un gusto común. Una élite refinada y orgullosa. Los nietos de la reina Victoria ocupaban los tronos de Inglaterra y Alemania, un mismo trasero había plantado sus nalgas en dos sillas. Todas las coronas de Europa poseían ancestros que habían dormido en las mismas sábanas. La consanguinidad reinaba sobre una rígida moral a lo largo y ancho de un continente. El káiser era coronel de dragones del ejército británico, y su primo Jorge V lo era de la guardia prusiana. Todo iba a las mil maravillas. Costaba distinguir a los primeros ministros, a los reyes, a los presidentes. La autoridad llevaba más o menos en todas partes el mismo aspecto barbudo, todos los hombres lucían en el cuello una bonita carúncula de pavo".    

     Desde que leí La orden del día llevo esperando más de Vuillard. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La batalla de occidente.

     Este libro trata de la Primera Guerra Mundial.

     Y ahora es cuando os explico por qué hay que leer a Vuillard. Pero empecemos por lo que no es este libro: no es una novela histórica ambientada en la Primera Guerra Mundial en la que una familia las pasa canutas para sobrevivir mientras van viendo la muerte y sufriendo las penurias de la guerra. No, no lo es. Y tampoco es un ensayo en el que un señor, que yo siempre imagino con bigote, nos fríe a datos exactos cual crónica y densas explicaciones sobre cada minuto de la guerra. No. Pero es que estamos ante un libro de Vuillard, que consiguió en su anterior trabajo hablar de la Segunda Guerra Mundial a través de acuerdos y despachos que escapaban al conocimiento del mejor lector del tema. Así que mi pregunta era, ¿qué habrá hecho aquí?

     Pues aquí Vuillard con ese tono que oscila entre catedrático lustroso y vieja resabiada nos cuenta cómo comienza la Primera Guerra Mundial. Avanza en ella, claro, pero es que el principio del libro es magistral. Coge Vuillard trece momentos para explicarnos una guerra que ha resultado mucho menos mediática que su predecesora y nos deja frases fantásticas entre datos sobre las primeras escuelas militares, los chicos que aprenden a luchar pero no a mandar y lo que hicieron los franceses cuando se vieron atacados.

     "En Vitry-le-François, en el Marne, el cuartel general oye de súbito retumbar un cañón. Es el dios alemán del trueno, Odín o Thor, no se sabe muy bien, pero arma muchísimo ruido".

     Y así como en el ejemplo un rato antes de que entrasen los ejércitos alemanes a galope tendido tras una discusión sobre la dirección por la que llegarían, queda una muestra de esa suerte de erudición comentada con un deje de retranca que viene siendo la marca del autor en este tipo de novelas. Además él insiste, la guerra es una maquinaria imparable, una fuente de recursos y un lugar de destrucción, no es una partida de ajedrez tampoco y siempre hay errores. Uno tras otro.
     Para Vuillard el día más mortífero de todos los tiempos fue el 22 de agosto de 1914 y, aunque reconozco que posiblemente tenga razón tras haber leído ese momento en el que el triste corneta da un último sonido después de recibir ni se sabe cuántos balazos, a mi la escena que me ha quedado en la memoria y casi visual, es la de la dama de compañía que llega por boda a la realeza y no solo no es aceptada, sino que termina sus días con un balazo en el abdomen. Y es que el libro está lleno de momentos y de nombres cual novela colmena, solo que sin cambiar de narrador. Eso hace que el lector descubra mil y un datos y momentos seguro desconocidos y lo haga en un tono lúdico, casi de serial en el que nos vamos interesando por lo que sucede con aquella gente que no se duda en describir como amargada si su gesto lo representa. La cara opuesta, que siempre la hay, es la necesidad de tener al menos unas nociones básicas de historia para no sentirse abrumado ante tanto dato y tanto nombre que nos pueden quedar un tanto desmadejados.

     "Con todo, imaginemos tan sólo durante cuarenta y tres segundos los veintisiete mil muertos del 22 de agosto de 1914, jornada que fue, en su momento, la más mortífera de la Historia".

     Y tras afirmaciones como esta, como si Vuillard fuera capaz de leer la mente del lector, le dice que no es posible escribir sobre la guerra y que sea una bonita historia. Por eso la parte bonita, la de los jóvenes el la hierba que buscan a una chica a la que robar un beso, se produce antes de la guerra incluyo aunque ya hubiera sospecha. Porque con la guerra, incluso tras la guerra, "se hace con unas ortigas sopa, con fuego un teatro, con nieve Dios.
     Es todo lo que puede hacerse".

     Solo me queda recomendaros leer a Éric Vuillard, simplemente para que comprobéis que uno puede enamorarse de la palabra escrita. Ese es el motivo de que hoy haya puesto tanto fragmento, a veces lo mejor es dejar que el escritor mismo demuestre lo bien que lo hace.

     Y vosotros, ¿hay algún escritor que os guste particularmente como escribe?

     Gracias.

lunes, 4 de noviembre de 2019

La cara norte del corazón. Dolores Redondo


     "Cuando Amaia Salazar tenía doce años estuvo perdida en el bosque durante dieciséis horas. Era de madrugada cuando la encontraron a treinta kilómetros al norte del lugar donde se había despistado de la senda. Desvanecida bajo la intensa lluvia, la ropa ennegrecida y chamuscada como la de una bruja medieval rescatada de una hoguera y, en contraste, la piel blanca, limpia y helada como si acabase de surgir del hielo".

     Dolores Redondo es uno de los fenómenos editoriales recientes de nuestro país. Ha traspasado fronteras y su éxito es tan aplaudido como criticado, pero ahí sigue desafiando los primeros puestos en las listas de ventas. Hoy traigo a mi estantería virtual, La cara norte del corazón.

     Conocemos a Amaia Salazar, aún no sabemos lo que es un basajaun ni hemos intentado probar un txantxiorri porque estamos en 2005. Amaia asiste a un curso impartido por Dupree en la Academia del FBI y una de las pruebas del curso es analizar un caso. Es entonces cuando Amaia destaca por sus deducciones y es fichada para ayudar en el caso de unos asesinatos relacionados con desastres naturales. Allí donde hay un gran desastre, una familia aparece asesinada y en medio del caos se alza una puesta en escena ritual. Ahora se espera una gran tormenta sobre Nueva Orleans así que el equipo se dirige allí con la esperanza de capturar al asesino. Una vez en Nueva Orleans se enfrentarán al Katrina y a viejas creencias que esconden cuentas pendientes del propio Dupree y que hablan de niñas desaparecidas.

     Sucede con esto de las precuelas algo curioso: uno da por sentado que van antes y que, por lo tanto, conviene leerlos antes que los libros que en teoría van después en la linea temporal. Sin embargo, y como suele suceder con precuelas que aparecen más tarde, es mejor una lectura en orden de publicación, ya que los escritores tienen por costumbre atar en sus libros cada frase y dar por sabidas algunas cosas que no siempre han de ser así. Incluso algunos se permiten juegos de manos. De hecho, y sin desvelar el truco, yo apostaría a que Redondo hace justo eso con un personaje que aparece un par de veces en esta novela y al que se le da una importancia superior al número de páginas que ocupa. Pero la cosa es, que no quiero despistarme, que en su nueva novela Redondo recuerda el pasado de Amaia y, si bien lo hace con la intensidad de la juventud de la protagonista en este título, hay partes que comprenderemos mejor si hemos seguido el orden de la publicación sin que ello signifique que un lector virgen se pierda en la trama.

     Amaia está en Estados Unidos y destaca por su inteligencia e intuición. Una vez presentado el caso, la novela se abre en tres vertientes: la resolución del caso, los recuerdos de Amaia y las cuentas pendientes de Dupree. Y aquí es importante hacer la distinción porque en un principio poco o nada tienen que ver estos tres hilos excepto su convergencia en la peculiar manera de ser de la inspectora Salazar. El caso del "compositor", un asesino de familias que se ampara en desastres naturales, sigue los cauces de una novela habitual, incluidos un par de giros y un final de esos que ahora se dicen trepidantes. La infancia de Amaia habla de un momento en el que se pierde, de una niña extraña y de esos líos familiares que tan bien conocemos los lectores de Redondo. Y Dupree se queda con la parte más complicada de explicar, ya que mezcla lo sobrenatural con el crimen hablando de niñas desaparecidas, zombificaciones y supervivientes imposibles. Y es que, si algo caracteriza el último libro de Redondo, es la mezcla entre los posible y aquello que no lo es, la creencia, la magia llevada al extremo en el que se nos quiere hacer ver como real y las infinitas posibilidades que eso ofrece para una trama que no teme perder pie siempre que logre su objetivo de entretener al lector. La novela es, ya os lo digo yo, excesiva: si hay una muerte es exagerada; si es un huracán el Katrina; si hay un rescate es sin alma y si hablamos de enfermedades, la única normal es la cistitis. Y si alguien viaja... bueno, si alguien viaja digamos que lleva el billete tatuado porque no os quiero dejar sin sorpresas. No me pongáis cara de susto que seguro que muchos sois lectores de Connolly, ya me entendéis.
      Pero estamos con La cara norte del corazón, y aquí se trata de literatura de entretenimiento puro y duro sin que eso le quite mérito al escribirlo. Como decía antes, quienes hayan leído ya la trilogía tendrán el placer de jugar a eso de "¿quién fue antes, el huevo o la gallina?" o lo que es lo mismo buscar las pistas de lo ya conocido en el orden temporal inverso. Redondo ha optado por una novela pensada para divertir, para recordarnos que los libros no son solo esa gran fuente de sabiduría, sino también un producto de consumo sin que ello signifique que haya que menospreciarlo. A fin de cuentas, no todos vemos los documentales de la dos cada vez que encendemos el televisor. Y, si bien es cierto que recurre a un formulismo que ya sabe le funciona, y que la ambientación en Nueva Orleans es solo por cambiar de mitos ya que podría perfectamente haberse quedado en Baztán para la historia que nos relata, el libro está mejor escrito y ella ha sido fiel al carácter que ya diera a sus personajes o, lo que es lo mismo, Salazar sigue teniendo la empatía de una piedra. Ojo, que hay mucha gente así.

     La cara norte del corazón dicen que es el lugar más desolado, tal vez por eso esta novela está llena de corazones y la mayor parte estén defectuosos, pero la novela, no me cabe duda, es un libro perfecto para quienes buscan la pura evasión. Y aunque yo tenga mis más y mis menos, tengo que reconocer que en la literatura el entretenimiento está infravalorado. Menos por los lectores, que a fin de cuentas son los que mandan.
     Salazar volverá, no me cabe duda. Y espero que lo haga para responderme a un par de cosas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 28 de octubre de 2019

Mary Ventura y el noveno reino. Sylvia Plath


    «Pero ¿qué es el noveno reino?», le pregunta a una mujer de ojos azules y piel arrugada. «Es el reino de la negación, de la voluntad congelada -responde-. No hay retorno posible.»

     Sylvia Plath es una de esas escritoras que hay que leer. No solo por recomendación, también por ser un nombre indispensable de la literatura, una visión reflexiva de su vida en cada palabra. Hoy traigo a mi estantería virtual, Mary Ventura y el noveno reino.

     Mary Ventura se despide de sus padres antes de subir a un tren. Le han sacado un billete y ella hará el viaje sola a un lugar llamado el Noveno Reino. No sabe dónde es y el viaje lo hace acompañado de una mujer que va mostrándole la incertidumbre de su destino y la posibilidad de un camino.

     Leer a Sylvia Plath es bucear entre sus palabras para interpretar sus historias. Eso es aún más necesario cuando estamos ante un cuento, y así sucede con Mary Ventura. Ella es una joven, muy joven, que es acompañada por sus padres a iniciar un viaje sola. Ahí nos da la primera pista, se va sola, todos lo hacen en algún momento, es un viaje sin retorno... Mary tiene miedo, busca una guía en ese viaje que resulta ser una mujer. En el tren hay gente de distintas edades, todos viajan sin retorno, pero solo Mary parece despertar a lo consciente. Y  Plath nos deja interpretar...

      Más allá de una edición preciosa con unas ilustraciones muy personales, este cuentito será diferente para cada uno. Yo veo en él una historia de miedo en la que una joven abandona la infancia para comenzar la vida adulta. Una vida menos cálida porque se pierde ese refugio eterno que parecían los brazos de los padres. Una joven que teme lo que le queda por venir, el comenzar a caminar sola y que busca una guía, incluso un escape. Y lo encuentra, porque siempre hay una persona a nuestro lado, pero aún sabiendo eso hay que ser valientes. Por eso el tren tiene a gentes de todas las edades: hay quien es obligado a madurar joven, incluso siendo un niño, porque la vida es dura. Otros en cambio pueden pasarse la vida en eso que llaman ser un Peter Pan. Pero, tarde o temprano, todos recorren el camino.

     Mary Ventura es un cuento amable, reflexivo, sobre la propia vida. La de Plath y también la de cada uno. Quizás por eso cada cual interpreta su propio Noveno Reino. Quizás por eso siempre es un placer leer a Sylvia Plath.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo. A. G. Porta


     "- Obviamente, es sobre Vila-Matas.
     - ¿El qué?
     - Lo que te cuento.
     - ¿La historia de la agente?
     - Sí. Me llamo Vila-Matas, le he dicho, como todo el mundo".

     Llevo décadas leyendo cada palabra que brota de la pluma de Vila-Matas. De hecho hace apenas nada le preguntaba a un amigo escritor sobre las figuras literarias (vivas, muertas no tiene gracia) que le gustaría conocer y tratar, ese típico "a quién admiras tanto que...", y lo hacía mientras esperaba que no me preguntase para no tener que repetir mi admiración por el ya nombrado escritor. Poco después a salvo de preguntas me sumergía en el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo.

     En el año 2014 le cuenta Vila-Matas a Porta (autor del libro) que ha sido invitado a participar como actor en una obra de Broadway. Sin embargo, el proyecto no llega a nada porque la persona encargada de llevar a cabo este proyecto, Allison, ha desaparecido sin que Vila Matas o su amigo Eduardo Lago hayan podido dar con ella. Este diálogo a ratos delirante en el Vila-Matas y Porta fantasean ficcionando la realidad con esa metaliteratura que tanto gusta al famoso escritor, es lo que Porta transcribe en este libro de unas setenta páginas.

     Je m’appelle Erik Satie, comme tout le monde.

     No podía empezar de otro modo un libro en el que Vila-Matas no es escritor pero si protagonista y que trata se su obra pero no lo es que con una cita puesta en su boca que es a su vez conocida por haberla dicho otra persona. Y es que, si hace unos años Vila-Matas titulaba uno de sus relatos Me dicen que diga quién soy, ahora es Porta el encargado de darle réplica al menos con el nombre, aunque cuando se trata de Vila-Matas nada es tan sencillo, y eso lo sabemos. Estamos acostumbrados a ese narrador que le caracteriza y que es capaz de escudriñar sin piedad a un heredero literario, aparecer comentando el prólogo de una conferencia, la propia conferencia, o autocomentarse los artículos como si su narrador, por supuesto escritor, fuera una persona ajena a quien los escribió.
Y si este es Vila-Matas, el eterno buscador literario que bucea en cada término dando vueltas en u bucle infinito sobre los límites de la literatura y la palabra, no podía ser menos un diálogo entre amigos con él que estuviera, claro está, a la altura, como para seguir la broma.
     Aquí el juego, no exento del recorrido literario tanto por la obra del propio Vila-Matas como por la de otros escritores de renombre, consiste en la autodefinición, la existencia y la importancia. Vila-Matas se entrega al juego y se hace él víctima o protagonista de eso que tanto le ha gustado hacer con los demás. A fin de cuentas, si es capaz de sacar una novela de una simple conversación que considera interesante, cómo no va a salir un libro de un proyecto fallido que le incluya. ¿Y cómo es entonces este juego? Metaliterario, claro, pero también es un juego de existencia y de los distintos hilos paralelos en los que el autor de un libro se ve cada vez que escribe, desdoblándose en cada personaje, diluyéndose un poco hasta desaparecer como si cada voz tomara fuerza en su interior hasta convertirlo en una sombra autómata incapaz de hacer otra cosa que escribir. O ni eso. Solo la sombra imperceptible.
     Total, que hay una obra en la que Vila-Matas será actor, y la obra es Buscando a Allison, que trata de que propone una obra al autor en la que el escritor hace de escritor que escribe una obra. O algo así. Pero es un algo así divertido e inexplicable a la vez de ser sumamente fácil de comprender y eso siempre ha sido para mi una de las características de la obra de Vila-Matas que ahora tan bien ha sabido recoger Porta y que, por mucho que yo lo intente, me va a resultar imposible trasladaros.
Lo que si os puedo decir es que a mi este libro me ha generado una duda. Si yo ahora soy una persona que se sienta a escribir sobre la obra de Vila-Matas y lo hago bajo el nombre de mientrasleo, tan adecuado para esta duda, ¿no podría ser el personaje de una obra que ahora mismo estuviera escribiendo el autor y me hago esta pregunta obligada por sus deseos? (a no ser que lo haga porque me ha otorgado la libertad de un estado de consciencia superior al habitual en obras ajenas a su firma). Y si todo eso es así y yo soy su personaje: ¿acaso no soy entonces Vila-Matas? Como tú que me lees dentro de esta obra, como todo el mundo.

     Resumen perfecto del libro:

La realidad irreal. Escher.
     Me llamo Vila-Matas. como todo el mundo, es un magnífico puzzle. Para iniciados, para más que iniciados en realidad.

     Y vosotros, ¿qué libro leéis esta semana?

     Gracias.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Premios


     Este año el Premio Nobel de Literatura valía por dos. Parece que en los últimos años no saben qué hacer para captar la atención del gran público y uno ya no acierta no solo los nombres, sino tampoco el número de premios que se van a otorgar. La cosa empezó el año en que decidieron hacer caso de eso que tanto se dice de "sus letras son pura poesía" y entregaron el premio a un hombre conocido por su música. Evidentemente la que se lió fue bonita. Después de eso no hubo premio. No nos quedemos en la superficie, no solo fue por lo que hizo el marido de una señora, no, en realidad la Academia parecía haberlo ocultado, así que le salpicó más que un poco. Y no hubo premio. Así que este año hubo dos. No solo eso, sino que en un ejercicio de diplomacia extrema nos han proporcionado a una mujer y un hombre; ella, de apellido impronunciable y un nombre nuevo para la inmensa mayoría de lectores e incluso críticos, él, un tanto más conocido para quien lee muchísimo ya sea por trabajo o devoción: Tokarczuk y Handke. Nada que objetar, ya tenemos dos nombres que investigar o incluso descubrir si llevamos bien apuntados sus apellidos a nuestra librería habitual.

     Sin embargo no es solo en Nobel el premio que se entrega. En España, en la misma semana, se entrega el Premio Planeta y, aún a riesgo de provocar algún desmayo entre los culturetas, a la mayor parte de la gente que no pertenece a el mundo literario, le importa más. Incluso apostaría a que se vende más en nuestro país. Y como es un premio de nuestro país, lo hemos convertido en algo muy nuestro con vecino cotilla incluido que ha sabido convertirse en parte de la farándula, estableciendo como tradición filtrar los nombres unas horas antes. Supongo que no pasarán muchos antes de que el interés salga de la sala en que se celebra la ceremonia a la red reina de este tipo de cosas en la que se libre una batalla campal para saber quién es el primero que afirma que va a vaticinar con éxito los nombres. Como los oscar... sí, igualito. La cosa es que donde antes en esa misma red todo el mundo afirmaba que el premio se lo iba a llevar (seguro, que es como se afirman las cosas en twitter) una tal Eva, horas después se criticaba que se lo llevasen dos nombres de la competencia. Claro, si es una porque ya estaba sabido y seguro que era un acuerdo pactado porque mira lo que vende esta chica,,,, si es alguien "de la casa" porque es una gratificación para que Perenganito no se marche y solo tienen en cuenta a los suyos o, si como en este caso, son autores ajenos a Planeta, la cosa es que se usa para ficharles un premio que, para quienes no lo sepan, no solo garantiza una extraordinaria ventaja, sino también un % sobre ventas levemente inferior para un escritor que ha cobrado esa cantidad a modo de anticipo sobre dichas ventas. Vamos, que chollo, lo que se dice chollo... depende de a quién se lo den, al menos en lo que se refiere a la parte económica, que parece que tendemos a quedarnos en las 40.000 pesetas de 1952 o los 601.000 euros de este año.
     Los premiados han sido Javier Cercas y Manuel Vilas. Dos nombres conocidos, dos escritores serios, con trayectorias consolidadas y motivos más que sobrados para obtener el galardón ya sea como premiado o como finalista. Vilas, de un lado, ha entrado en muchas casas con su novela Ordesa aunque ara mi siempre será el poeta Gran Vilas al que vi por primera vez ataviado con un abrigo negro y fumando un cigarro a la espera de que diera la hora de comenzar su presentación en un día gris que anunciaba lluvia. Me gusta Vilas, celebro el premio. Javier Cercas, a quien ya Bolaño señalara como un escritor con talento, se hace famoso entre el gran público con Soldados de Salamina, y casi veinte años después sigue entrando de forma periódica en el domicilio de los lectores con novelas que demuestran que es un escritor de oficio además de tener talento. Estoy encantada también con este premio.
Dicho esto solo me queda añadir que siendo el Premio Planeta un premio privado poco o nada tengo que criticar sobre el uso del premio como ejercicio de marketing o como captación de nuevos nombres ya sea de escritores novatos (¿imagináis?) o de aquellos que firmaban en otra editorial hasta el momento. Lo que si opino es sobre la calidad asociada a los nombres y, en este caso, estoy más que contenta de que hayan decidido dar un premio a la calidad, al menos hasta el momento, de dos escritores solventes y además haya quedado abierta la elección a quien publique dentro o fuera del gran grupo. Así es como creo que deberían de ser las cosas y este es el rumbo que me gustaría que tomara un premio que con el tiempo perdió seriedad y ahora quizás busque recuperarla.

     Y vosotros, ¿qué opináis del Planeta de este año?

     Gracias.

lunes, 14 de octubre de 2019

Mona. Pola Oloixarac


     "Por favor traigan sed de viajero y hambre de delicatessen nórdicas", así terminaba la carta de invitación que había llegado por correo a su buzón del campus".

     Conocí Mona a través del blog de Alberto Olmos en el que en un artículo bastante divertido me descubría este título. Como ya disfruté en su día de Ávidas pretensiones asumí que no tenía por qué ser distinto y me dirigí a la librería. Es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, Mona.

     Conocemos a Mona, escritora novel que ha alcanzado el éxito con su primera novela. De origen latinoamericano y vida ahora en un campus universitario de prestigio, es invitada a un certamen literario en Suecia en el que se reúne con un nutrido grupo de escritores de distintas nacionalidades.

     Oloixarac es argentina pero escribe poniéndose en la piel de una escritora limeña. Quizás por eso pone en boca de su protagonista Mona la comodidad de estar entre personas que no hablan tu idioma a la hora de expresarte o de no hacerlo. Y es que, en esta novela, cada frase es un juego que oscila entre la metaliteratura, la vida y los juegos de manos. En Mona la literatura se capitaliza en manos de un mundo politizado en el que vales por lo que llevas más que por lo que aportas, o tal vez sea justo al contrario. Como dice Mona hablando de su contrato en una prestigiosa universidad: ser mujer, de color, con ascendencia étnica adecuada... son cosas que se valoran para la diversidad del zoo. Habla por tanto en esta tragicomedia de una hipocresía manifiesta a la que nadie alude pero de la que muchos se aprovechan y usa un certamen literario para hacer de él una novela en la que todos los asistentes son personajes del teatro representado dejando al lector la tarea de decidir cuánto de realidad hay en este invento o, tal vez, en cualquier certamen al que asista. Y es que, más que una crítica al certamen, lo es hacia la actitud que ha de tomar obligado o no mucho participante que se encierra en el personaje esperado allí. Resulta curioso ver como cada uno de ellos representa el papel que se le supone ya sea de militante, de recuerdo constante del Holocausto o de poeta perenne.

     A partir de ahí y hablando de personajes convierte a Mona en una versión femenina de personajes ya conocidos que hacen temblar a su cuerpo con los excesos. Y es que Mona es una escritora joven que ha paladeado un gran éxito con su primera novela. Un éxito impulsado por la persona adecuada opinando lo preciso para ser alzada en ventas y también en el status literario. Esto tiene un punto de vértigo, de miedo a ser impostora y de necesidad de escribir una segunda novela a la altura. Y también puede provocar la necesidad de huir, sobre todo si uno se atasca. Y Suecia no parece un mal lugar, máxime si viene con la posibilidad de un premio que bien cubre unos cuanto miles de ventas que no sabe si tendrá. Mona tiene que escapar de Mona, Mona es una escritora con éxito, una mujer joven, es todo lo que ahora se mira y se admira, Mona es una mujer poderosa que se siente fingida en conversaciones sobre el feminismo con Lena, otra asistente. Esta es la parte interesante de la novela. El tema literario, los festivales, los escritores, los papeles a los que se ven obligados a ceñirse, las licencias que se toman en esas minivacaciones... todo eso esta muy bien y es muy entretenido. Pero Mona es una novela que habla de las víctimas de esta sociedad en la que vivimos. Ya sean adultas o no vivimos en un mundo en el que las mujeres no quieren ser víctimas, y no solo porque eso significa haber sufrido un daño, esa es la parte evidente. La pregunta que yo me hago una vez terminada la novela es, ¿estamos preparados para decir que hemos sido víctimas sin por ellos sentirnos demasiado expuestos? Sé que no voy en la línea de otras opiniones más divertidas que ven aquí una comedia, pero un único libro pertenece a cada lector y cambia para él.

     Me ha gustado Mona, es un libro con más profundidad de la que esperaba y tiene una protagonista francamente interesante. Y sí, a ratos también es divertido.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.