lunes, 26 de febrero de 2024

El fotógrafo de Auschwitz. Luca Crippa, Maurizio Onnis




     "—¡Así, no te muevas! Bien... ¡No levantes demasiado el mentón! ¡No te muevas! ¡Listo! 
     El obturador disparó y la imagen del prisionero fue capturada en el gran negativo de seis por doce centímetros. Luego Brasse se acercó a la silla. El prisionero se hizo instintivamente para atrás, como si temiera que lo fuera a golpear, pero él lo tranquilizó. 
      —No te asustes. Solo quiero arreglar un detalle. Y le ajustó el cuello de la chaqueta del uniforme, uno de los botones estaba medio abierto. Cuando retrocedió, miró de nuevo en el visor.
      —Quítate el sombrero y mira directamente hacia el objetivo. No parpadees, no sonrías. No hagas muecas, por favor. ¿Por qué esa cara? 
      El prisionero no lograba estarse quieto, ni siquiera durante los pocos segundos necesarios para ser retratado. Era un polaco y contestó a la pregunta de Brasse en su lengua madre. 
     —Me duele la espalda. Mucho".

      Suelo protestar sobre que se publican demasiados libros sobre la IIGM pero sucede que, a veces alguno me llama la atención. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El fotógrafo de Auschwitz.

     La primera vez que las tropas alemanas intentaron hacer jurar lealtad a Hitler a Wilhelm Brasse fue en 1939 durante su invasión a Polonia. Y esa fue la primera vez que se negó. A partir de ese momento y ya bajo el número 3444 lo intentaron muchas otras veces, y él siempre responderá que es polaco. Así es como Brasse acaba en Auschwitz, donde sus habilidades como fotógrafo lo mantienen vivo mientras deja constancia de los experimentos de Mengele y los horrores del lugar. 

     De esta novela me llamó poderosamente la atención que su protagonista existió y que si conocemos alguna imagen de este terrorífico lugar, fue gracias a un álbum de fotos suyas que sobrevivió hasta nuestros días y cuya historia, evidentemente, también se cuenta en la novela. Y es que el tesón de Brasse para seguir siendo él mismo, estuvo a punto de ser doblegado por el que fuera su jefe en el campo, Bernahrd Walter, más que por miedo por los horrores que fue obligado a presenciar. Y sin embargo los autores son capaces de reflejar al hombre que se esconde detrás de la cámara con toda la complejidad que supone: es un hombre con privilegios, tiene comida, no realiza trabajos físicos... a cambio de dejar testimonio de experimentos terribles, conocer también el lado más humano de algunos de sus captores que quisieron enviar imágenes a sus familias y que se mezclaban con otros monstruos que eran, en ocasiones, kapos, presos ascendidos de categoría que reflejaban una crueldad en sus actos mayor incluso que la de los oficiales. Y frente a esto, a la desesperanza, también hay una historia de amor. Y una de las que son capaces de conmover por el detalle. Porque cuando uno lee una novela ambientada en un lugar que empieza a ser habitual, lo que marca la diferencia son los detalles y, en este caso, es una fotografía la que hizo que la lectura aumentara en intensidad hasta convertirse en un libro disfrutado al máximo hasta llegar a un final que, si bien me niego a revelaros, sí que os diré que difícilmente vayáis a salir ilesos de él.

     Escribir a cuatro manos no cabe duda que tiene que ser difícil. Construir una historia hermosa y terrible a partes iguales; jugar con la esperanza del lector hasta llevarlo a límites que no esperaba al ver la cubierta y dejarlo satisfecho y preguntándose cuánto hay de realidad y qué parte es ficción a lo largo de la lectura, lo es aún más. Tengo que reconocer que mi lectura terminó y me dejó en un mundo en blanco y negro en el que los finales son felices porque hay supervivientes.

     El fotógrafo de Auschwitz es una lectura que he disfrutado mucho y no puedo dejar de recomendar a los aficionados a la época.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Maniac. Benjamin Labatut

 


     "En este mundo solo hay dos tipos de personas: Jansci von Neumann y los otros".

     Me enamoré de este libro al leer su primera página. Siempre dicen que es donde hay que ganarse al lector, impactarle... bien, pues funcionó. Hoy traigo a mi estantería virtual Maniac.

     Conocemos a von Neumann, un genio matemático que formará parte del Proyecto Manhattan y que se siente total y absolutamente fascinado por los ordenadores. Su vida será narrada a partir de todo su entorno que incluye tanto a amigos como enemigos.

     Una de las cosas que más me han fascinado de Maniac es la capacidad del autor para cambiar de registro. La novela goza de una polifonía tal que el lector tiene la sensación en su primera parte de estar ante uno de esos programas en los que distintas personas van dando su versión, y cada voz es diferente. Cuando nos hemos recuperado de esa capacidad, bastante sorprendente si tenemos en cuenta que en muchas novelas el narrador habla como los personajes, el autor cambia nuevamente de registro esta vez entre capítulos, mostrando una capacidad camaleónica para deslizarse entre las diferentes formas de contar una historia que es, en definitiva, contar a von Neumann. Hila además de forma sutil la historia completa en la que desarrolla temas como los avances tecnológicos, de hecho el título no deja de ser el nombre de un ordenador.

     Si von Neumann es fascinante, no lo es menos el hecho de que el autor utiliza a este personaje para reflejar la realidad en la que nos encontramos y que nos deja más o menos por debajo de nuestra propia creación. Eso se mezcla con el problema imposible de resolver algo que atenta directamente contra la necesidad de los científicos de resolver enigmas tanto como de comprender las cosas: y así es como ya tenemos el grueso de una novela en la que estas manías suponen prácticamente un descenso al infierno. En la novela hay, por supuesto, explosiones nucleares, ajedrez y se juega al Go pero conocer estos dos últimos juegos para comprender la historia es igual de necesario que haber sobrevivido a una explosión nuclear. Y digo esto porque, si bien al ajedrez sé jugar desde pequeña, el Go me resulta bastante desconocido, y ni una ni otra cosa ha marcado mi comprensión del libro.

     La novela me ha encantado, me ha parecido fresca y original y me va a llevar, lo tengo bastante claro, a buscar el primer título del autor. 

     Por supuesto que recomiendo leer Maniac. Hay pocos libros así. 

Y si alguien lo duda, que lea la primera página.

     Y vosotros, ¿buscáis más libros cuando un autor os enamora con el primero que llega a vuestras manos o preferís esperar al siguiente que publique?

     Gracias.

lunes, 19 de febrero de 2024

Bajo tierra seca. César Pérez Gellida

 


    "Lo intenta, pero no logra que desaparezcan esos chillidos que se reproducen dentro de su cabeza. Tan agudos, tan estridentes, tan desesperados. 
     Le atormentan. 
     El hombre de la cicatriz en el rostro hace todo lo posible para no escucharlos, pero los oye como si fueran parte de su banda sonora vital. Tiene asumido que esos gritos le van a perseguir hasta el fin de sus días y, a pesar de ello, lo que le empuja a pensar que le convendría arrojarse a las vías del tren no es eso. Es tener la certeza de que si ella se lo pidiera de nuevo, volvería a hacerlo sin dudarlo. 
     Volvería a matar a sangre fría. 
     Volvería a desmembrar un cuerpo".

    Este años nos llevamos la sorpresa de que el Premio Nadal se lo llevaba la última novela negra de César Pérez Gellida. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo tierra seca.

     La hacienda Monterroso ha ardido y su dueña, Antonio Monterroso, ha desaparecido. El caso llega alas manos de Gallardo y Pacheco unos investigadores dispuestos a no dar nada por sentado. 

     En esta ocasión el autor, conocido por distintas sagas de novela negra, ha viajado en el tiempo hasta situar la acción a principios de sigo, lo que unido a una ambientación polvorienta y ruda, hace que en muchos momentos la novela recoja ecos del western americano. Esto ya de por si es un punto a favor, ya que salimos de las ambientaciones típicas para adentrarnos en una historia que me ha hecho recordar la de aquellas mujeres que, convertidas en buscavidas, se trasladaban a Alaska detrás del dinero del oro. Con estas dos bases y teniendo claro que para encontrar a una mujer desaparecida hay que saber a quién se busca, Gellida construye un personaje inolvidable del que voy a tener mucho cuidado no decir una palabra de más ya que, lo mismo que si lo hiciera con la trama, os podría estropear la diversión de leer una historia que se va complicando a medida que la sangre salpica para terminar en una última parte llena de giros y sorpresas. Al personaje de Antonia lo acompañan su capataz, Padilla, y la pareja encargada de la investigación: Gallardo y Pacheco, cada uno con sus peculiaridades, de tal forma que el lector convertido en Pacheco intenta ir conociendo y comprendido a su particular superior. Todos ellos se ven rodeados por personas de altos y bajo status, carros, bares y una trama en la que el autor se ha encargado de que nunca dejen de pasar cosas para que el lector sienta una curiosidad que se va tornando avidez a medida que restan páginas para llegar a la conclusión.

    Es evidente que no voy a hablar de la conclusión. Solo decir que fiel a lo que el autor tiene acostumbrados a sus lectores, se trata de un final rápido y es que Gellida no sacrifica el ritmo en sus novelas suceda lo que suceda, lo que ha provocado que su número de lectores siga aumentando mientras le reclaman que escriba a la misma velocidad a la que ellos lo leen.

     Bajo tierra seca es una novela entretenida, con todo lo bueno que eso tiene, en la que sumergirse durante unas horas sabiendo que es fácil que se llegue tarde a más de un sitio por el placer que arañarle al tiempo un capítulo más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 12 de febrero de 2024

Manual del contorsionista. Craig Clevenger

 


     "Puedo contar mis sobredosis con los dedos de una mano. Agosto de 1985. Percocet. Las pastilla de 5 mg. eran idénticas a las de 325 mg., que eran idénticas a los laxantes genéricos. No estaba en condiciones de leer la letra pequeña. Urgencias, 85 ml. de jarabe de ipecacuana y vómitos sólidos de tóxicos y excipientes. Treinta y siete horas retorciéndome y cagando sangre." 

      No me digáis el motivo, pero me atrajo desde el primer momento el título de esta obra. Tantas posibles interpretaciones al título y nunca pensé en la literal, el señor que se dobla sobre sí mismo hasta poder meterse en una caja de zapatos. De hecho, sólo pensé en ella al leer el libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Manual del contorsionista. 

      Conocemos a Daniel Fletcher en un hospital. Ha sufrido una sobredosis y, tras ser reanimado, tiene que someterse a una evaluación que garantice al sistema sanitario y legal, que no ha sido un intento de suicidio. De este modo descubrimos que Daniel no es quien dice ser, sino que su verdadero nombre es John Dolan Vincent, un hombre con una habilidad casi perfecta para falsificar documentos que ya ha pasado por muchas identidades. 

      De vez en cuando nos tropezamos con libros que nos ganan la partida sin tener claro el motivo. Y eso es lo que me ha sucedido con esta novela fascinante. John, vamos a llamar al protagonista por su verdadero nombre, es una suerte de antihéroe, sólo que no está luchando contra nada. Con una inteligencia que marcaba la diferencia desde niño, y una habilidad para la falsificación al detalle, son muchas las puertas que se le pueden abrir a una persona, y John lo sabe. Pero también sabe que sufre unas migrañas demoledoras que tiene que frenar como sea, y ese freno suele terminar en un hospital. Así se hace experto en evaluaciones y así lo conocemos. Nos detalla cómo tiene que ser cada comportamiento, cada minuto, cada gesto, mientras evaluador y evaluado parecen intercambiar los papeles en la mente de nuestro protagonista. Cada gesto, como cada marca en los documentos que ha ido falsificando a lo largo del tiempo, tiene que ser perfecto para poder salir de allí. ¿Y mientras tanto? Mientras tanto nos va desgranando su vida en fragmentos que nos dejan conocerlo un poco mejor. 
      Descubrimos al joven, también las asociaciones no demasiado positivas que puede suponer una habilidad como la suya y una vida amorosa un tanto desestructurada. Y también cada renacimiento, cada reinvención. 

      Partiendo de esta premisa, y con una historia muy diferente a las habituales, el autor consigue una historia brillante en la que el lector queda subyugado por las palabras. No necesita de justificaciones ni artificios para despertar la simpatía por John y tampoco oculta un sentido del humor perceptible desde las primeras páginas. 

     Manual del contorsionista es la historia de una persona, una crítica feroz a las instituciones, al delito que supone intentar suicidarse, al derecho a decidir y también al de reinventarse. Todo eso, y una prosa que me ha parecido cargada de frases brillantes. 

      "La biografía de una persona es igual a lo que tiene, sumado a lo que más quiere en el mundo, menos aquello que realmente está dispuesta a sacrificar para conseguirlo. Si descubres esas tres cosas de una persona lo sabrás prácticamente todo sobre ella." 

.      Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana? 

      Gracias

lunes, 5 de febrero de 2024

40 abrigos y un botón. Ivan Sciapeconi

 


     "—Natan, querido, ¿te acuerdas de mi amigo Shlomo? 
     " —No, papá. 
      —¿Cómo qué no? Sí, hombre, aquel que no tenía dientes. Shlomo. ¡El hipocondriaco!"

     Decir que la IIGM está de moda es como no decir nada, todos lo vemos en libros día tras día. Aún así salen cosas diferente y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, 40 abrigos y un botón.

     Conocemos a Natan. El niño ha visto sacar a su padre de casa y sabía lo que estaba pasando. Él ha tenido más suerte ya que lo han ayudado a huir y así es como ha acabado en Villa Emma en Nonantola junto con más niños. Allí vive sus momentos más penosos pero también se le permite seguir teniendo infancia y, sobre todo, ver como todo un pueblo ayuda a los niños. Incluso cuando llegan los nazis a la zona, el pueblo parece querer ayudarlos a huir.

     Me acerqué a este libro porque parecía contar una historia diferente, algo amable entre las desgracias que sufrieron muchos durante este periodo tan sombrío. Sciapeconi se había fijado en un lugar real situado en Modena en el que se recogió a niños para ayudarles en un momento en el que lo difícil era defender a otro. Y nos relata la historia. A priori yo me esperaba algo sensible, emotivo, son niños en la IIGM, lo tenía claro, pero el autor se ha pasado un poco y ha sacrificado darle profundidad a la novela a cambio de dejar frases de fácil subrayado. Es cierto que es emotivo ver cómo llegan niños que son considerados salvajes incluso por los mismos vecinos. Ver cómo se acercan poco a poco, sus problemas para relacionarse, las peleas, el fijarse en niñas... y como se van integrando a medida que van recibiendo ayudas. Los niños son niños y estos no tendrán frío, nos señala el autor, porque les cosen abrigos y estos abrigos, insiste, simbolizan el calor humano que recibieron de un pueblo que fue reacio a recibirlos. No hacía falta insistir tanto, pensé como lectora. Hay cosas que es mejor darlas poco a poco y que el lector descubra lo que sucede porque si se lo cuentas todo no dejas que los personajes respiren y uno se pierde qué pensaba tal o cual niño o por qué el otro se acercó al más pequeño. Y eso es lo que me hubiera gustado encontrar más allá de la sensiblería fácil que convierte a la novela en cuento.
     Esto no significa que sea un mal libro, no lo es. Solo que no es para mi. Pero para quienes busquen el rayo de luz en la desgracia es una novela perfecta para pasar tardes de invierno creyendo que siempre existirán buenas personas que ayuden incluso en los peores momentos. Hay que destacar por ejemplo los puntos de humor, las ocurrencias, la espontaneidad de la que ha sabido dotar a sus personajes que hace que se antojen más reales al lector. Porque hasta en los peores momentos hay espacio para una sonrisa, un piano o lanzarle piedras a las niñas. A fin de cuentas, los niños son niños.

     40 abrigos y un botón es una novela de fácil lectura y corte amable que no busca pasar a la historia de la literatura pero ofrece una historia que despierta sonrisas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 23 de enero de 2024

Verano en English Creek. Ivan Doig


     "Aquel mes de junio se zambulló en las tierras del Two Medicine. Nunca hasta entonces había visto las colinas tan reverdecientes, las quebradas tan esponjosas por las escorrentías. La cantidad justa de humedad podía claramente endulzar el universo".
 
      Conocí al autor con "Una temporada para silbar" una novela que disfruté muchísimo, así que cuando me tropecé por casualidad con este título no pude, ni quise, resistirme. Hoy traigo a mi estantería virtual, Verano en English Creek.

     Conocemos a Jick McCaskill entrado ya en años cuando decide echar la vista atrás para contarnos el verano de 1939, en el que era un adolescente que iba a disfrutar de bailes y rodeos en Montana. Sin embargo, ese es el verano en el que su hermano Alex decide no ir a la universidad, algo que debería de ser su sueño y por lo que sus padres han trabajado duro y en lo que él mismo había proyectado su futuro. Lo que iba a ser un verano tranquilo aparece marcado por la ansiedad que genera este acontecimiento, que se mezcla con chicas, presencias extrañas e incendios forestales que llegan a ser realmente peligrosos y en lo que su padre tiene que participar en las labores de extinción.

     Con este libro el autor abre la Trilogía de Montana, pese a que hay quien lo lee en segundo lugar ya que va seguido de una precuela. Como ya sucede con otros títulos del autor, la importancia de la voz narrativa es vital y, en este caso, será un hombre entrado en años quien hable del paso a la edad adulta salpicando además la narración de sus propias reflexiones y dejando un retrato de esta imaginaria zona rural gracias a la tremenda habilidad descriptiva del autor.  Esto hace que el lector sea capaz de sumergirse totalmente en el ambiente, ver los paisajes, las gentes y, sobre todo, sea partícipe del sentimiento de comunidad que se genera entre los habitantes de la zona, que es más sano que el que suele venir reflejado en las pequeñas poblaciones contemporáneas. En este ambiente, con largos caminos a caballo y un 4 de julio que se siente más genuino que en la mayor parte de las películas que he visto, el protagonista empieza a desplegar sus alas hacia la vida adulta mientras observa la grieta que se abre en su familia ante la decisión de su hermano. Un momento de cambios en un tiempo vital en el que buscará modelos masculinos de una forma inconsciente que le guíen para convertirse en el hombre que ni siquiera sabe que quiere ser. Un momento que, si el lector se fija, coincide con otro punto importante en la historia de Estados Unidos, y mundial, ya que ese verano en el que Jick cumple 15 años es el que señala el fin de la Gran Depresión y el comienzo de la IIGM, aunque, como digo, no serán estos los puntos importantes que marcarán la novela.

     Tengo que decir que, si bien no me he enamorado del lugar, si que lo hice de los McCaskill. Estructurada en 4 partes comenzaremos siguiendo al protagonista por el bosque del que su padre como guarda forestal es responsable mientras comienza la introducción de los personajes y el lugar, pasaremos por la ya mencionada festividad, de vital importancia para los lugareños, seguiremos con el tío del protagonista llegando hasta el incendio y, al final, avanzaremos en la historia para saber cómo han seguido las cosas. De este modo seremos testigos de su inferioridad ante su hermano, su falta de comprensión, su primera borrachera, el trabajo con el rebaño y un montón de momentos que convierten esta novela en un placer que se paladea despacio y deja con ganas de seguir buceando en la historia de los lugareños.

     Verano en English Creek es un libro que he disfrutado mucho y que hace entender la importancia de encontrarse algo bien escrito ya que hace que cualquier historia, hasta la más simple, se convierta en una grata experiencia.

     Y vosotros, ¿sois de trilogías y series o preferís libros independientes?

     Gracias.

lunes, 22 de enero de 2024

El asesino de la montaña. Anders de la Motte

 


     "Una tarde de primavera, cuando tenía ocho años, se fue corriendo. 
     En un momento dado estaba jugando con unos niños mayores en el bosque, y de golpe desapareció. 
     Todo el vecindario lo estuvo buscando desesperadamente bajo la lluvia y en el frío de la noche. Gritaban su nombre una y otra vez, con voces cada vez más afónicas cuyo eco resonaba entre las copas de los abetos. Pero era como si se lo hubiera tragado la tierra. 
     Y poco después del amanecer, cuando la esperanza ya estaba a punto de apagarse, lo encontraron metido en la grieta de una roca, empapado y ardiendo de fiebre. No lloró ni se rio al verse salvado, sino que se limitó a mirar fijamente al vacío. 
     No sabía explicar qué le había ocurrido; ni siquiera reconocía a sus propios padres. Al menos eso fue lo que le dijeron luego, cuando le contaron cómo había ido todo. 
     Pero él no recuerda nada del suceso, más allá de la forma en que se recuerdan los cuentos viejos; una historia que le han explicado tantas veces que casi se ha vuelto real. 
     Pero solo casi".

     De esta novela me llamó la atención eso de la Unidad de Casos Perdidos, y por eso decidí llevármelo a casa. Hoy traigo a mi estantería virtual, El asesino de la montaña.

     Conocemos a la inspectora Asker, una mujer que está ascendiendo rápidamente en la policía de Malmö. Su nombre suena como posible para los grandes ascensos. Y entonces una pareja desaparece tras irse a realizar una ruta; ella, de familia poderosa. Y Asker es retirada del caso mediante la treta de ascenderla a un departamento que nadie conoce y que se encuentra en el sótano de la comisaría. Allí se juntan los casos que nadie quiere y los policías que a nadie le apetece tener de compañeros. Aser ha sido relegada y su puesto ocupado por un policía con el que terminó a malas una relación. 
Lo que nadie espera es que desde el sótano Asker siga siendo una buena policía. Allí relacionará tres desapariciones con unas miniaturas que van apareciendo en una maqueta que la llevarán a conectar con su pasado y luchar por su presente.
     Parece que volvemos a la novela nórdica, la ambientación por encima de los detalles cruentos y la psicología de los personajes y una ambientación psicológica opresiva por encima de la sangre. Entonces, ¿qué tiene esta novela que hizo que destacara? Inicialmente podría hablar el urbex, una moda desde hace años que recorre las ciudades del mundo y hace que decenas de miles de personas se adentren en edificaciones abandonadas para tomar fotos con la premisa de no alterar nada. Y sería cierto, pero solo un detalle menor. Lo cierto es que lo más atractivo de esta novela es la combinación que realiza el narrador de focos visuales. Asker es la protagonista, pero alterna ese foco con el de otros compañeros y con el de el mismísimo Rey de la Montaña, además de buscar un hilo pasado que vaya situando al lector en el desarrollo de los dos nombres sobre los que pivota la novela. Y todo ello lo hace de forma cercana y que resulta sencilla de seguir para un lector que siente como la tensión va aumentando a medida que la trama se mueve cargando de tensión una lectura que hace que las páginas vuelen sea uno o no aficionado a este tipo de novela. Asker me ha parecido además un personaje interesante, una mujer fuerte aunque no de la forma tan directa a la que estamos acostumbrados, es algo más cotidiano, más del día a día que la convierte en una mujer normal con sus aciertos y errores con los que tiene que cargar y que evita, y le doy gracias al autor por ello, la tensión sexual que tanto me aburre en este tipo de novelas. Y es que me ha parecido bastante más interesante ir conociendo a los distintos policías que han acabado en el sótano, sus recelos frente a la nueva que esperan se marche en cuanto pueda, sus peculiaridades y también la forma en que cada persona tiene no solo sus defectos, si no también alguna virtud escondida que tal vez no sea tan visible o que simplemente nadie se ha parado a mirar.
Del final solo diré que me gusta cuando un autor deja de lado esa manía que parecen tener de sorprender al lector sacrificando muchas veces parte de la credibilidad de la trama. En este caso no hay grandes sorpresas (no nos engañemos, muchas veces los defensores de esas grandes sorpresas son los mismos que acaban buscando en google eso de "xxxxxx final explicado"), pero si un broche verosímil que cierra el inicio de una serie que bien puede ser leído como una novela independiente y única.
  
     El Asesino de la Montaña es una novela entretenida cuya lectura se disfruta sin recelos ni lagunas que molesten al lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.