miércoles, 29 de julio de 2020

Unorthodox. Deborah Feldman




     "En la víspera de mi vigésimo cuarto cumpleaños entrevisté a mi madre. Quedamos en un restaurante vegetariano de Manhattan, uno que se anuncia como ecológico y de proximidad; a pesar de mi reciente afición por el cerdo y el marisco, me decanto por la sencillez que ofrecen esos platos. Con sus grandes ojos azules y el cabello rubio y desaliñado, el camarero que nos sirve tiene un notorio aspecto gentil. Nos trata como si perteneciéramos a la realeza, porque nos encontramos en el Upper East Side y estamos dispuestas a aflojar cien dólares por una comida que consistirá básicamente en verduras. Me resulta irónico que no sepa que ambas somos intrusas, que crea adivinar al instante la vida que llevamos. Jamás imaginé que algo así llegaría a ocurrir".

          Supongo que os suena el título. Olvidad la serie. Olvidad el viaje de la protagonista y todo aquello que os cuentan. Esto es el libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Unorthodox. Mi verdadera historia.
      
     Conocemos a Deborah Feldman a través de esta biografía novelada en la que nos relata su historia. Una historia sorprendente que habla de una comunidad judía, los samat. En este caso la autora nos habla de su propia comunidad, residente en Nueva York. Esto es importante ya que estamos hablando de la actualidad y estamos hablando de uno país desarrollado referente en muchas libertades y adelantos. Un lugar en el que uno sabe que puede encontrarse de todo, pero en el que jamás esperaría encontrar algo así. Este lugar en el que nace Feldman es una suerte de burbuja costumbrista que se cierra al presente y a la que el presente tampoco presta demasiada atención. Herederos de aquellos judíos que vivieron la época nazi, mantienen sus férreas tradiciones que incluyen familias con muchos hijos que les ayuden a volver a crecer. Una burbuja en blanco y negro que se mantiene amarrando a cada nuevo miembro para alejarlo del color. Todo es enjuiciado, incluido el idioma, tal vez para evitar que la lectura abriera los ojos al mundo que se estaban perdiendo. Imaginad si además de leer, la persona escribe, piensa el lector que acaba de comenzar la lectura.
     Este es el entorno en el que crece la protagonista, el que nos cuenta y al que sobrevive "con el demonio dentro". Allí, sin su madre y con una tía que es como un perro de presa, vive una vida que no siente suya porque no puede elegir nada de ella. Incluso la casan, algo que puede parecer malo pero que aquí otorga un poco más de autonomía a la mujer, y es que cuando todo es blanco y negro, cualquier reflejo, por mínimo que sea, puede ser susceptible de interpretación. Feldman lo que hace es dar un retrato costumbrista en el que explica cada comportamiento y tradición por muy chocante y restrictivo que nos pueda resultar. Y, para el lector que sienta que lo está justificando, solo le recuerdo una cosa: ella huyó. Y es que Feldman había leído mundo, había vislumbrado lo que podría ser, y no le había parecido un infierno. Al contrario. Y empieza así a detallar las actitudes, los rituales, lo difícil, lo humillante y como vivir una vida que no es suya es algo contra lo que necesita protestar. Sobre todo a partir de la adolescencia.Y es que, si antes comentaba que una boda podía dar más libertad a una mujer dentro de esa comunidad, el paso por ella es una experiencia que, tras haberla leído, no se la deseo a nadie. Y, ¿quién querría tener descendencia que viviera así?

     Unorthodox es la historia de Feldman, un memoir novelado que llega para hacernos ve que no solo dejamos de mirar a lo lejos, tampoco miramos lo que tenemos cerca. Un libro duro con el que se comienza el retrato de una mujer que escapa reivindicando así su derecho a elegir su propia vida. A vivir. Y yo tengo que decir que me ha gustado. Comenzaba diciendo que olvidéis la serie y, si me habéis leído, sabéis perfectamente que este libro queda muy lejos de Berlín. Y es que, a veces, la vida comienza solo con cruzar el primer puente.
     
     Y vosotros, ¿series, libros o tal vez ambos?

     Gracias.

     Supongo que lo que ahora procede es hablar de la repercusión que puede tener que una mujer huya de una comunidad así y que además lo escriba en un libro. La autora habló de ello durante la rueda de prensa de presentación. Os lo contaré.

lunes, 27 de julio de 2020

El Jorobado o Enrique de Lagardère. Paul Féval


     "Tomó la costumbre de ir todos los años a París, donde las jóvenes cortesanas se mofaban de él, luego de explotarle. Durante sus ausencias, Aurora quedaba custodiada por dos o tres dueñas y un viejo capellán. Aurora era hermosa como su madre, y en sus rasgados ojos se adivinaba la sangre española que corría por sus venas. Cuando tuvo dieciséis años, los habitantes de la aldea de Tarrides oyeron ladrar con frecuencia a los perros de Caylus, durante las noches oscuras. Por esta época, Felipe de Lorena, duque de Nevers y uno de los más brillantes señores de la corte de Francia, fue a habitar su castillo de Buch, en el Juranzon. Representaba difícilmente veinte años; pues por haber abusado muy pronto de la vida, iba medio muerto de una enfermedad de languidez. El aire puro de las montañas le reanimó. Pasadas algunas semanas, que dedicó a cazar por el valle de Louron, sintióse fuerte y rejuvenecido. La primera vez que los perros de Caylus ladraron durante la noche, el joven duque de Nevers, rendido de cansancio, pidió hospitalidad a un leñador del bosque de Ens".
     Y si la librería no te da lo que buscas siempre puedes buscarte un clásico, desvestirlo de el aura aburrida que muchos se empeñan en ponerle y dejarte llevar por sus letras. Hoy traigo a mi estantería virtual, El jorobado.

     Conocemos a Enrique de Lagardère quien se hace pasar por un sirviente jorobado del príncipe de Gonzaga para acercarse a Aurora y reunirla con su madre. Todo esto viene de atrás, y, por supuesto, la venganza tiene mucho que ver en los actos de este falso jorobado.

     Una cosa que tienen en común muchos clásicos es el aire folletinesco que los impregna. Y este es un claro ejemplo. Decía en esa suerte de sinopsis de medio pelo que había un falsete y una venganza y cualquiera al leerlo ha podido pensar en Montecristo pero no, no es el caso, esta historia es mucho más retorcida y extensa.

     El autor nos lleva a Francia, a un castillo entre montañas propiedad de el marqués Caylus cuya hija casi secuestrada está prácticamente adjudicada al Duque de Gonzaga. Lo que pasa es que la joven, como suele suceder en estos casos, ya se ha fijado en otro. Y por un azar no es un pobre, es un primo de su prometido teórico, ya que se ha enamorado del duque de Nevers y ha llevado su amor hasta un punto que va a sorprender al padre y desbaratar el futuro de su teórico prometido. Así as cosas, la tragedia y la traición se mascan en el ambiente y el autor no tiene problemas en darnos un buen novelón en todo el sentido de la palabra. Melodrama, esgrima, identidades ocultas y secretos y venganzas son los ingredientes de esta novela escrita y publicada por entregas y que se acerca mucho a eso que llamamos de espadachines y que me ha resultado más que refrescante leer en estos días de argumentos repetidos y sinopsis similares. Me ha llamado la atención, como curiosidad, que la bolsa, esa que hoy todos conocemos y nos dicen cómo va a diario, diera sus primeros pasos y nos lo relataran, además del costumbrismo habitual. Pero más allá de eso, disfrutar de buenos y malos, de la agilidad del libro en el que siempre está sucediendo algo, siempre hay una maquinación, un plan, una traición latente tras la cortina, me ha recordado el placer de aquellas lecturas que uno va dejando con los años y que, de vez en cuando, es un placer recuperar. El placer del novelón al más puro estilo Hamlet.

     Suelo recomendar clásicos y no es desencanto con la literatura contemporánea la que me lleva a hacerlo, a fin de cuentas, hoy están en las librerías los clásicos del futuro. Pero, a veces, tengo la sensación de que el afán por leer "la última de..." nos hace olvidar las letras que se escribieron hace años. Y no concibo la literatura sin los clásicos exactamente igual que no la concibo sin letras.

     El jorobado es una novela decimonónica, un clásico imprescindible y, posiblemente, mil cosas más. Pero, sobre todo, es una novela ágil y entretenida que me ha tenido pendiente de la vida de sus personajes hasta la última página.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.
   

jueves, 16 de julio de 2020

La sangre manda. Stephen King


          "Si los fantasmas existen, seguro que no todos son santos".

     Los libros de Stephen King son como los cumpleaños: te gusten o no van a llegar una vez al año sin que puedas evitarlo. A mi me gustan, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, "La sangre manda".

     Leer un libro de relatos es fácil. Contarlo ya... uno se debate entre la necesidad de hablar de cada relato, el cuidado de no contarlos todos, hablar solo de uno y dejar el resto para ser descubiertos o hacer una lista con una suerte de puntuación.

     En este caso hablaremos de los relatos y los voy a separar diferenciando aquellos que leeremos con nostalgia. Es el caso del primero de los relatos, El teléfono del señor Harrigan, en el que King se mueve en el terreno familiar del adolescente y lo paranormal. No faltan las alusiones a los problemas adolescentes y los enamoramientos, y tampoco la tutela y esa duda sobre si hay una puerta a otra realidad que aterroriza e intriga y que tan bien ha sabido el autor aprovechar a lo largo de los años. La rata, el último, es otro ejemplo de placer nostálgico ya que su protagonista, un escritor que no tiene el éxito ni los problemas de Paul Sheldon, pero si con manías y que habla con una rata que le plantea extraños dilemas. Tengo que decir que, si bien mi lengua acarició la palabra pastiche, también es cierto que lo leí con placer.
    "La vida de Chuck" es el que más disfruté y es que, cuando uno lleva tantos años leyendo la misma pluma, agradece las novedades. Y en este relato King nos plantea una suerte de juego en el que será el lector quien conecte lo que nos está contando. Y a mi siempre me han gustado este tipo de juegos, aunque no sé si al protagonista le gustaría, si es que alguien se hubiera tomado la molestia de preguntarle y es que no se priva de nada el hombre.
Me dejo para el final el tercero, que da nombre al libro y ocupa la sinopsis de la contracubierta, ya que King rescata a Holly Gibney, heredera de Hodges reconocible por los lectores de los últimos tiempos del llamado maestro del terror pero que ha mezclado con la novela negra a este grupo de personajes en varios títulos.

     Y, en resumen, eso es lo que nos vamos a encontrar en "La sangre manda", un libro de relatos para todos los públicos en el que, lejos de buscar la homogeneidad habitual en estos libros, el autor parece haberse decantado por un "a gusto de cada lector". Es cierto que hay un relato beneficiado claramente y que se posiciona en la línea de los últimos tiempos del autor, pero yo he disfrutado mucho de la extravagancia de Chuck. Quizás por eso me ha gustado este último libro de King, me hace estar segura de que las opiniones sobre el favorito van a ser absolutamente dispares. Y si algo no soporto en un libro, es que provoque indiferencia.

     Y vosotros, ¿os gustan los relatos?

     Gracias.

jueves, 9 de julio de 2020

La ciudad del alma dormida. Félix G. Modroño


     "En aquellas Navidades de 1935 los comercios bilbaínos aún destilaban la luz y la alegría de siempre. Ignacio Segurola se subió el cuello de la gabardina y se ajustó bien el sombrero antes de abandonar la redacción del periódico Euzkadi en la calle Correo, muy transitada a pesar de la lluvia, sin saber que estaba a punto de enamorarse".
      Hará unos siete años que descubrí a este escritor con una novela íntimamente relacionada con la que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de La ciudad del alma dormida.

     Conocemos a Ignacio, un periodista que lucha por hacerse un nombre en Bilbao, el día en que sus ojos se posan sobre la librera Irene. Corre el año 1935 y entre ambos empieza una historia de amor en una ciudad que está a punto de cambiar. No serán solo los asesinatos, también la guerra pondrá a prueba la fortaleza de estos dos jóvenes y por extensión, de toda la sociedad vasca.

     Leer a Modroño no es solo conocer a sus personajes; es pasear por sus ciudades, reconocer sus ruidos y aspirar sus aromas. A lo largo de su carrera nos ha mostrado ya unas cuantas pero, de entre todas ellas, está claro que su favorita es Bilbao. No en vano va ya por el segundo título en el que la designa como "La ciudad...". Y es que la historia de Bilbao comenzó en La ciudad de los ojos grises y, si bien no estamos ante una saga en la que sea necesario leerlo todo y tampoco leerlo en orden, La ciudad del alma dormida nos pasea por las mismas calles pasados unos cuantos años. Esto hace que quien ya conozca "la ciudad" sonría cuando aparece Zumalde o si reconoce algún guiño de otro personaje ya leído que el autor exhibe mostrando que los universos de las ciudades están formados por las vivencias de quienes las habitan, sin que desaparecieran solo por haber terminado aquella novela. Pero avancemos.
     Viviremos en esta ocasión el romance entre Ignacio e Irene conociendo antes que los propios protagonistas que la guerra va a marcar sus vidas de algún modo. Y es que, si bien esta no es una novela sobre la guerra civil (gracias a Dios), si lo es sobre quienes vivieron esa época. Además hay que añadir que la protagonista es de Gernika, un lugar en el que cualquier lector sabe al menos por encima lo que sucedió. Tampoco es una novela negra, aunque haya asesinatos y una fotografía en la que tal vez aparezca un sospechoso. Ni siquiera por volver Zumalde o estallar una guerra que tal vez hubiera dejado caer en el olvido esa sangre derramada de no ser por una convicción moral o personal encuadraría yo esta libro dentro del género. Quizás diría que esta novela es ficción histórica, pero de esa salpicada de personajes reales y lugares comunes que hacen que el lector dude del lugar en el que se dibuja la línea que separa la realidad de la ficción. Un terreno en el que el autor suele moverse con soltura, igual que lo hace al dibujar sus personajes masculinos con un toque resabiado o femeninos inolvidables o al pasearnos por sus calles relatando cada esquina como si de ese modo pudiera dejar al lector asomarse a esa vida que pasa fugaz ante nuestra mirada.

     Poco os he contado en realidad sobre la trama, cuando podría deciros que caen bombas y lágrimas, que los enamorados van al teatro y que hay besos y melodrama, advertencias y sangre. Pero esa parte os la dejo a vosotros, que hay que disfrutar de las historias y esta merece la pena. Además, o mucho me equivoco, o la novela esconde una palabra que sacará más de una carcajada. Busquen, pero, sobre todo, lean.

     La ciudad del alma dormida es una novela con la que se disfruta incluso de las palabras. Algo cada vez menos usual.

     Los lectores viajamos leyendo y muchas veces conocemos lugares remotos o cercanos a los que no nos podemos desplazar, así que decidme, ¿cuál ha sido vuestro mejor viaje literario?

     Gracias.

     Decía Mik Everett "Si un escritor se enamora de ti, nunca podrás morir" y Modroño hace justo eso con Bilbao.

miércoles, 8 de julio de 2020

El inocente. Ian McEwan


     Ian McEwan es otro de mis imprescindibles. Uno de esos escritores a los que les permito todo y de los que me gusta tener algún título, aunque sea uno solo, sin leer. Como si eso fuera garantía de zona segura. Hoy traigo a mi estantería virtual, El inocente.

     Conocemos a Leonard, un inglés que va a trabajar a Berlín en el año 1955. Es técnico en comunicaciones y lo envían a trabajar en la llamada "Operación Oro". Este hombre, poco experimentado en general, no tarda en descubrir el verdadero valor de su misión: espiar las comunicaciones soviéticas. Por si eso fura poco, conoce a María, una alemana que tiene todo aquello de lo que él carece, y comienzan una relación.

     Siempre me han parecido fascinantes la Operación Gold y la Operación Silver. Pongámonos en antecedentes. En 1949 el Servicio Secreto Británico descubre que el cuartel general soviético utiliza las líneas de teléfono ordinarias para comunicarse con Moscú. En Viena. Así que compran un edificio cercano al hotel Imperial (por el que pasaban la línea utilizada), montan una sastrería como tapadera, y comienzan a obtener información. La operación termina debido al éxito inesperado de la sastrería y las consecuencias que esto provoca. El caso es que la CIA comienza a pensar si no sucederá lo mismo en Berlín, y así en 1954 ingenieros británicos y estadounidenses, comienzan a excavar un túnel de 450 metros de largo lleno de instalaciones de escucha que estuvo en funcionamiento hasta que un grupo de soldados soviéticos consiguió acceder a él muchos meses después.
     Bien, ahí es donde trabaja nuestro inexperimentado protagonista. El mismo que se deja seducir por María, por su experiencia y carácter, por la vida a sus espaldas, y comienza una relación amorosa que incluye celos y exmarido. McEwan consigue poner a un protagonista que parece insulso en un comienzo, en un lugar tan interesante y que no sea engullido por el momento. Nos tiene pendientes de Leonard, lo defendemos. Es curioso como uno empieza una novela de espías y acaba leyendo un lugar privado, asfixiante incluso. Y es que McEwan en este novela juega al despiste, a la sorpresa, un juego que hace ya libros que abandonó, pero que aquí se convierte en el motivo fundamental para continuar la lectura. Y si encontramos hábitos abandonados en este libro, hay que hablar del final, opuesto a esos finales abiertos que hoy nos regala. Hay, lo tengo claro hace tiempo, dos McEwan, y uno no es ni mejor ni peor que el otro, son simplemente diferentes, producto inicial e intermedio en la evolución del escritor. Y también hay una permanencia, la de sus personajes, esos que te atrapan y a los que perdonarías que te quitaran incluso la vida. De eso si que hay en El inocente. Y también hay un momento gore que me hizo sonreír. Me ha gustado. Lo disfruté tanto en sus formas como en su fondo. Por algo vuelvo a McEwan. Es zona segura, ya os lo decía.

     El inocente es un libro de espías que no es un libro de espías. Es una historia de amor pero tampoco lo es exactamente. El inocente es la historia de Leonard y María en un momento impresionante en un Berlín llamativo y con un final sorprendente. Lean, lean a McEwan.

     Y vosotros, ¿me decís algún autor que sea vuestra zona segura?

     Gracias.

lunes, 6 de julio de 2020

La guerra no tiene rostro de mujer. Svetlana Alexiévich


     "—Según los estudios históricos, ¿desde cuándo han formado parte las mujeres de ejércitos profesionales?       —Ya en el siglo IV a.C., en Atenas y Esparta, las mujeres participaron en las guerras griegas. En épocas posteriores, también formaron parte de las tropas de Alejandro Magno.       El historiador ruso Nikolái Karamzín escribió sobre nuestros antepasados: «En ciertas ocasiones, las eslavas se unían valientemente a sus padres y esposos durante las guerras. Por ejemplo, durante el asedio de Constantinopla en el año 626, los griegos descubrieron muchos cadáveres de mujeres entre los eslavos caídos en combate. Además, una madre, al educar a sus hijos, siempre les preparaba para que fueran guerreros».

     No sé si a vosotros os pasa pero a mi hay nombres que me intimidan porque cuando llego a sus letras tengo la sensación de que todo el mundo los ha leído y juzgado como una obra maestra y tengo miedo de no estar a la altura. Hoy traigo a mi estantería virtual, La guerra no tiene rostro de mujer.

     Hablar de guerra puede ser complicado, depende todo de la forma elegida. Hay libros de amores que sobreviven, de luchadores convertidos en héroes anónimos y otros que tratan las mayores tragedias. En este caso Alexiévich se ha decantado por el testimonio. No diría yo que es una novela testimonial, ya que es en realidad una recopilación de vivencias de mujeres que lucharon de forma activa en la IIGM, en este caso, con el Ejército Rojo. Más de un millón de soldados desconocidas que tienen voz gracias a la pluma de esta mujer.
     Más cerca del reportaje periodístico que de otra cosa, los testimonios recogidos en el libro destacan por la extrema crudeza y realismo con el que son representados y también, como sensación permanente, la de no permitir al lector que se horrorice por leer algo que quienes lo cuentan, lo han vivido. A fin de cuentas, ¿quién es el lector para asustarse de una guerra o un aborto cuando es relatado por quien ha vivido un infierno que aún llena sus noches de pesadillas?
     Pero lo terrible, lo realmente terrible de estos testimonios, no es el horror en la batalla sino los terrores privados, las muertes íntimas, las luchas por un trozo de comida. Este año se hizo famosa una frase de una película, "Parasite", que decía "olor a pobre". Yo del libro de Alexiévich me quedo con otra:
Hacíamos cola para olerla, decían que olía a casa. 

     Niñas terribles con almas rotas que, en su inmensa mayoría, no llegaron nunca a ser reconocidas como lo que fueron, ni siquiera recordadas en la ficción en muchos casos. Mujeres cuyos actos, los buenos y los malos, son expuestos sin endulzar para recordar al lector no solo que esas mujeres existieron, sino que las guerras suenan y porque lo que se oye son las almas al romperse.

     La guerra no tiene rostro de mujer es un libro duro cuya lectura merece la pena incluso contando con las cicatrices que nos deja.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 29 de junio de 2020

Las brujas. Celso Castro


     "y a veces, y también quiero que lo sepas, a veces te juro que te odio, porque me utilizas, es lo que siento. y me desagrada que me utilices, que necesites mi voz, oírme hablar y hablar y hablar hasta dormirte, hasta que tu angustia se calme, hasta comprender que tampoco es para tanto —no, no es para tanto…— me decía el psicólogo, lo decía para —relativizar— y yo le hablaba de mis visiones y que algunas se repetían. y él —es lo que se denominan sueños recurrentes…— y no eran sueños, eran visiones".

     Hace ya varios años que descubrí a Celso Castro y su peculiar prosa, desde entonces he regresado a sus letras de forma sistemática. Hoy traigo a mi estantería virtual, las brujas.

    El narrador de esta novela se irá desnudando como un joven cuyo padre lo lleva a ser amamantado por una mujer que será la madre de la joven a la que ama o tal vez no, Lorena, y que luego lo abandona. Un padre que deja a este joven maltratado salir a la vida incapaz, o eso cree, de amar. Y un amor, porque todos los libros tratan de amor,

     Cuando uno llega por primera vez a una novela de Celso Castro, no sabe que la historia da igual, que la trama da igual, que poco importa lo que suceda más allá del narrador. Porque sus novelas, y esta no es diferente, están protagonizadas por sus narradores, esos que hablan mentalmente para nosotros desnudándose a media voz. Porque si vivimos en un mundo apresurado y cibernético en el que usar mayúsculas es chillar, Castro ha desterrado de sus historias las prisas y las voces altas para dejarnos con su peculiar estilo un tono que se acerca más a la poesía que a la prosa convencional. Sin embargo no debemos de dejarnos engañar por esa aparente levedad de sus letras, no pensemos que lo hermoso es tenue o etéreo porque nunca lo es. De hecho, hasta en los cuentos de hadas habitaban villanos. La novela de Castro es una lenta confesión, de purga quizás, salpicada de ironía en la que este narrador sin nombre parece buscar en su pasado la forma de sobrevivir al presente. Un presente gallego, un presente con brujas, "que haberlas haylas" y con visiones y también con una voz que nos va embaucando en un juego del que Castro nos advierte poco a poco, siendo este el mayor acierto de la novela. Y es que, cuando alguien te cuenta su historia, es fácil caer en ella, dejarse llevar.
     Esta introspección detallada que es casi una confesión de diván en la que el recorrido inverso parece buscar aquello que ha convertido al narrador en quien es hoy, o quizás incluso repararlo, va mostrando en su voz un cierto desequilibrio, un desapego que se mezcla con esa lástima hacia el desamparado que nos ha conseguido ir sacando letra a letra, quizás amparado en no habernos dado ni tan siquiera su nombre. Castro convierte al lector en un ser permeable a lo que el narrador relata, un jugador que no sabe si el protagonista se dirige a él porque lo necesita o simplemente porque no quiere hablar al vacío. Y esta frase, por críptica que parezca, me hizo sonreír durante mi lectura pensando en Lorena.
     Decía antes que la trama no parece importar y yo no voy a revelarla, ya que es misión del lector descubrir a las brujas de la novela que no quedan ocultas en absoluto, como tampoco lo hacen ciertas pasiones culturales que salpican la novela. Y es que me suele dar rabia ver que cuando se trata de este escritor mucha gente parece pararse en las formas más que en el fondo. Unas formas que ya no sorprenden sino que marcan un sello propio al que en su día no estábamos acostumbrados a no ser que leyéramos poemas. Y unos libros que parecen decirnos, como llevan haciendo siglos los poetas, que todos estamos un poco rotos.

     Leer Las brujas ha sido un placer.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.