miércoles, 24 de febrero de 2021

Solo la noche. John Williams

 


     Ya ni recuerdo el tiempo que hace que leí "Stoner". Sí recuerdo el fenómeno Stoner un par de años más tarde que recorrió librerías lectores y libreros y que aún no ha desaparecido alimentándose de nuevos descubridores. Imaginad mi cara al tropezarme con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de "Solo la noche".

     Conocemos a Arthur Maxley en mitad de un sueño que es casi pesadilla. Su vida transcurre con más pena que gloria entre clubes y pensamientos poco agradables. Ha dejado la universidad para sumergirse en la ciudad, en la parte más negra de la misma. Y por si fuera poco este camino infeliz su padre ha llegado a la ciudad para verlo. Arthur no tiene ganas ni intención, no le guarda buen recuerdo ni siquiera a la palabra que designa el cargo que ese hombre ostenta en su árbol familiar. Y ahora quiere cenar con él. Se resiste. Va...

     "Solo la noche" se sitúa en los comienzos de la obra de Williams. Solo por eso ya no debe ser comparada con el título que lo alzó a la fama. Aunque supongo que es inevitable. De todos modos es una lectura interesante. Maxley es a ratos Holden si Holden hubiera vivido en las páginas del Centeno para llegar a la edad de Maxley. Aquí el protagonista se siente desapegado de todo lo que le rodea, incómodo con las mujeres y proclive a la reflexión un tanto taciturna  sobre todo cuanto le rodea. sus problemas no se quedan ahí y tampoco en la relación con su padre. Avanzan hasta que el lector se pregunta si este inadaptado no padece en realidad un trastorno de esos que hoy llevan nombre y receta adosada. O tal vez terapia. En el caso de Arthur la terapia se limita a su habitación de hotel convertida casi en su mundo... y en la bebida.

     La cosa es que ahora todos llegamos a las 24h de Arthur tras haber leído el resto de la obra de Williams o, al menos, tras haber leído Stoner. Recomendaría entonces al lector dejarse llevar hasta notar a ratos al novelista que será, que aprecie esta suerte de novela psicológica protagonizada por un hombre taciturno que mezcla la realidad y los sueños por lo que es, sin buscar a aquel profesor que fue capaz de ganar su corazón. Aquí lo que el autor nos deja es la caída absoluta del protagonista. Un protagonista que recuerda y reprime, que desprecia y cae una y otra vez en la trampa del sueño más o menos consciente que lo va despegando de la realidad. Tiene momentos magistrales en los que uno ni siquiera es capaz de saber en qué género encuadrar la historia, y otros que no son más que hilos con los que el autor a buen seguro hubiera sido capaz de deleitarnos años más tarde.

     No nos engañemos, Arthur no nos va a agradar. Lo vamos a ver torturarse y despreciar a todos por lo que son, por lo que fueron... le vamos a ver sumergirse en recuerdos y también buscar no recordar. Y caer una y otra vez. Pero Arthur, al que ya he comparado con Holden, no nos va a permitir la indiferencia. Y todo el mundo sabe que lo único que no le perdono a un libro es que me deje indiferente.

    Y vosotros, ¿sucumbísteis ante Stoner?

     Gracias.

lunes, 22 de febrero de 2021

La policía de la memoria. Yoko Ogawa

 


     "En ocasiones, vuelvo a preguntarme qué fue lo que desapareció de nuestra isla en primer lugar. 
      — Mucho antes de que vinieras a este mundo — me decía mi madre cuando yo no era más que una niña — , la isla estaba repleta de cosas que han desaparecido paulatinamente y que ya no se encuentran entre nosotros. Se trataba de objetos, conceptos e incluso seres vivos de lo más variado y con las más diversas características: transparentes, aromáticos, zigzagueantes como culebrillas o brillantes como diamantes... Cosas maravillosas que ni siquiera tú, mi niña, eres capaz de imaginar".

     Algo tenía el título de esta novela que me atraía. Algo esa imagen, esa cara a trozos dibujada o maldibujada, ese sello que no deja ver. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La policía de la memoria.

     Estamos en una isla sin nombre un tanto aislada ya que no hay barcos ni funciona el ferry. Tampoco hay mapas que indiquen a la gente si hay más ciudades en la isla, pero no importa porque jamás llegan turistas. Allí vive nuestra protagonista, una escritora huérfana que tiene entre manos una novela sobre una mecanógrafa y su maestro. Pero volvamos a la isla. En ella, las cosas desaparecen sin dejar rastro. Y cada vez que algo desaparece, se vuelve imposible de recordar.

     La policía de la memoria es una novela sobre la nostalgia, el olvido y la irremediabilidad de la pérdida. En la isla desaparecen los pájaros, el perfume, la esmeralda... y todo lo que les lleve asociado. Tampoco hay libros o cuadros que los representen. El perfume, si algo resta, deja de tener olor; las sensaciones que se asociaban a lo desaparecido se borran con ello. Los habitantes parecen sentir que algo se va y se despiden. Litros de perfume fueron echados al río sin que ellos percibieran el olor, aunque si notaron el que dejaron los peces muertos como consecuencia de su despedida. Pétalos de rosa llenaron las aguas, piras de sombreros mientras quienes se dedicaban a trabajos relacionados con ello, cambiaban de profesión sin inmutarse. La protagonista escribe en un mundo en el que las palabras también desaparecen, su trabajo es leve y casi titánico...y perturbador. Así conocemos a un anciano que es su relación más estable y a R, su editor. R pertenece al grupo de los perseguidos: aquellos que pueden seguir recordando, perseguidos por la policía. Esos ponen en peligro la tranquilidad de la isla, son un peligro en potencia. Por eso ella lo esconde en un lugar ínfimo. Allí ella se preocupa del día que desaparezcan las palabras, los libros... mientras R intenta que mantenga un vestigio de recuerdo, de lo perdido.

     La novela se funde en un tono nostálgico hacia aquello que se pierde sin saberlo, hacia la persona que desaparece, el recuerdo que se va...Pero no nos engañemos, estamos ante una distopía de un mundo duro y cruel en el que no nos permiten aferrarnos a nuestros recuerdos. Mi abuela me enseñó que las personas no desaparecen, ni siquiera al morir, mientras exista alguien que las recuerde. En este mundo formado por una isla los recuerdos son lo único que la policía no permite y, con ellos, la identidad. Ni siquiera recuerdan haber olvidado. Son maleables, conformistas. Si nos forman nuestras vivencias y las van eliminando al final lo que queda es un trozo de arcilla. No añoramos lo que no sabemos que puede existir. No peleamos por ello, no lo amamos. La vida se llena de agujeros de olvido y las personas también. Se vuelven frágiles, les faltan pedazos...

     La policía de la memoria es una fábula magistral sobre la vida y la identidad, sobre el olvido y aquello que nos forma. Y te hace preguntarte de qué estamos hechos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Las grandes familias. Maurice Druon

 


      "Las paredes de la habitación de la clínica, la madera de los mue bles y el metal de la cama estaban pintados de un blanco brillante, lavable y crudo. De la tulipa de vidrio esmerilado fijada encima de la cabecera caía la luz eléctrica, igualmente blanca y dura, sobre las sábanas, sobre la pálida parturienta que entornaba los párpados, sobre la cuna y sobre los seis visitantes. 

     —Todas vuestras magníficas razones no cambiarán un ápice mis ideas, ni siquiera el hecho de que estemos en guerra —dijo el marqués de La Monnerie—. Desapruebo absolutamente esta nueva moda de ir a dar a luz fuera de casa".

     Como siempre digo, si no me he leído un libro, para mí es una novedad. Así que hoy traigo a mi estantería virtual el Premio Goncourt de 1949. Se trata de Las grandes familias.

     Conocemos a la familia Schoulder, de origen judío-austriaco pero ya casi olvidado, tres generaciones ligadas a la banca y la industria les consolidan como una gran familia marcada por tres generaciones:Siegfried, Noël y el nieto, François. Y por otro lado tenemos a los La Monnerie, aún "mejores", ligados al poder. La unión de estas dos familias aúna un gran poder y se refleja en la tercera generación, François Schoulder y Jaqueline de La Monnerie. Qué gran unión, podréis pensar. Pero, ay, que François quiere trabajar. Y empezamos con los problemas.

     Las grandes familias es una novela con un aire anticuado que refleja una sociedad anticuada. Tras un magnífico comienzo en el que un nacimiento se produce mientras los alemanes sobrevuelan París, nos metemos de lleno en el relato de una sociedad de entreguerras, cambiante, y la vida un tanto aislada y casi de opereta de un par de familias. Este título será el primero de la trilogía que lleva su mismo nombre con la que el autor hizo un retrato que yo ya estoy ansiosa por continuar.

     No faltan los líos, los embarazos que provocan matrimonios forzados aunque no incluyan a ambas partes y que tienen un final, cuanto menos, irónico, las luchas de poder, las maquinaciones, las víctimas inocentes o no tan inocentes, la tragedia y el drama. El autor nos muestra personajes secundarios situados en extremos y principales ávidos de la parte del poder, el engaño o el amor a la que se hayan visto sometidos. Diría que estamos ante un novelón en el caso de estar ante un decimonónico tomo que uniera los tres títulos, pero en este caso me quedé un tanto a medias tras la tragedia al saber que la historia podía continuar. Dicho lo cual, me fui a la librería y encontré que la misma editorial tuvo ese sentimiento y decidió que en un volumen único ganaría en drama y trama. Vamos, que si seguís mi recomendación, yo ni me lo pensaba.

     A estas alturas no os he contado que hay un malo resentido que pertenece a una de las familias, que la desgracia se cierne un tanto por ambición y que acaba provocando disgusto precisamente por tener que mantener poder, bueno, no solo por eso, que hay quien solo busca ascender y quien se muere de pena y queda, y esto es lo que hace que un libro sea bueno o malo en realidad, una sensación de vigencia porque en determinados círculos las cosas tal vez no hayan cambiado demasiado.

     Me he divertido mucho con Las grandes familias. Llego dispuesta a continuar su historia y es que siempre me ha resultado atractivo ese momento de cambio al que muchos se niegan a mirar. Con unas primeras páginas poderosas y un final que no deja dudas sobre la necesidad de seguir, he disfrutado.

    Y vosotros, ¿miráis la fecha de publicación de vuestras lecturas?

     Gracias.


lunes, 8 de febrero de 2021

Las cinco mujeres. Las vidas olvidadas de las víctimas de Jack el Destripador. Hallie Rubenhold


      "Hay dos versiones de los hechos que tuvieron lugar en 1887. Una es muy conocida; la otra no".

     La historia de Jack el Destripador ha llevado miles de folios a lo largo del tiempo. La de sus víctimas... no tanto. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Las cinco mujeres.

     Y si comienzo diciendo que se ha escrito poco sobre sus víctimas ahora explicaré la primera conclusión a la que la autora del libro llega: no eran simples prostitutas como siempre nos han contado. De hecho sus tres primeras víctimas fueron mujeres respetablemente casadas hasta que la dura vida de la época las condujo a un camino menos recto que acabó por llevarlas hasta el Destripador. Y supongo que ahora alguno habrá levantado una ceja y dicho eso de... "pues putas". Pero pensemos un momento... la información que nos ha ido llegando con el paso de los años es la de la prensa y sabemos que había mucho sensacionalismo alrededor de este tipo de casos (no como ahora sic.), pero en cambio hemos optado por creerlo como si el uso y la costumbre, al igual que en las leyes, pudieran consolidar como real lo que tal vez no fuera tan simple. Bien, pues aquí vamos a conocer a Mary Anne "Polly" Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. La última fue mutilada, el resto fueron degolladas y destripadas, de ahí el apodo de un asesino sobre el que se ha escrito y rebuscado su identidad durante muchos años. Rubenhold nos habla de la pobreza londinense, de las condiciones de vida, asilos, marginalidad, nos muestra que apenas hay informes oficiales sobre lo sucedido (solo dos), recurre a historiadores, archivos, libretas más que libros y deja de lado el sensacionalismo del panfleto que busca la venta fácil para reflejar, no solo la vida de esas mujeres, sino también el desprecio que se sentía por dichas vidas pese a la cobertura que se le dio a los asesinatos. Y es que, más allá del relato de estas mujeres, lo que nos deja es un fresco social y muestra lo poco que se ha hecho para llenar las lagunas sobre los sucesos reales y las personas que los protagonizaron. Nos presenta vidas humildes que nacieron condenadas al infierno y que finalizaron en él.

     Una de las víctimas acabó en un asilo tras dejar a su marido. Ella ya se había criado en otro, pero esta vez no tuvo la oportunidad de salir aunque lo intentara. Y, a su muerte, lo que parecía juzgarse no era su vida de constantes luchas, sino su moralidad. Hallie Rubenhold muestra que no hay evidencias de que todas ellas fueran prostitutas pero si de que vivían en la calle en condiciones de pobreza y que si fueron asesinadas, no se debió a su moralidad, como se llegó a cuestionar en su momento, sino por estar borrachas y dormidas en plena calle. O mejor dicho, en la calle por la que pasaba Jack El Destripador. Otra de ellas, hija de un soldado, fue víctima de su adicción a la bebida, que llegó a costarle su bonita familia y tener que irse de su casa de campo. Una tercera estuvo de sirvienta, también en un negocio que fracasó tanto como su vida y al final sobrevivía como podía hasta encontrarse con su fatal desenlace. Una cuarta incluso sabía leer y escribir y parece ser que escribía baladas. Y la quinta, de la que se sabe su historia de burdel, parece que es la que venía de mejor familia.

     Hecho este resumen uno pudiera pensar que ya se ha contado la mayor parte del libro pero, en realidad, lo importante aquí es preguntarse por qué no se sabía nada de estas mujeres. Por qué nadie se preguntó sobre ellas, e incluso por qué fue juzgada su moralidad e incluso insinuado que merecían la muerte (al menos para el asesino aunque se sabe que muchos lo pensaban sin verbalizarlo) debido a las vidas que llevaban. Hay una afirmación patente en la obra sobre que su género es concluyente a  la hora de determinar su falta de oportunidades y su escasa relevancia social, así como el desinterés por las víctimas que se vieron eclipsadas por la fama de su asesino. Y es que, en definitiva, Las cinco mujeres es una obra que va mucho más allá de estos cinco nombres para dejarnos la sensación de que había muchos más infiernos que Whitechapel. Esta vez no toca entrar en si fueron 5, 11 o 18 como se ha llegado a decir las víctimas del Detripador. Esta vez, Rubenhold ha hecho lo que mejor se le da y es recatar la vida de unas mujeres de las que apenas se sabía más que su nombre y reputación.

     Las cinco mujeres me ha parecido un libro muy interesante y necesario que obliga al lector a reflexionar más allá de la sangre derramada por uno de los asesinos más famosos de la historia.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 3 de febrero de 2021

Deja de decir mentiras. Philippe Besson

 


     "Tengo diecisiete años. No sé que nunca volveré a tener diecisiete años, no sé que la juventud vuela, que apenas dura un instante, que desaparece enseguida y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde, ya se ha terminado, se ha volatilizado, la has perdido; a mi alrededor algunos lo presienten y lo dicen, los adultos lo repiten, pero yo no los escucho, sus palabras me resbalan".

     Últimamente me siento atraída por las novelas que vienen de Francia. Esta se me había escapado hasta hace unas semanas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Deja de decir mentiras.

     Philippe es un conocido escritor francés a nivel internacional. Un día, de regreso en su ciudad natal, ve a un joven con un gran parecido al que fuera su primer amor, Thomas. Incapaz de evitar la tentación, decide seguir al joven, que resulta ser Lucas, el hijo de aquel hombre.

     Con esta premisa Besson escribe una novela autobiográfica que se divide en tres partes marcando una primera en la que ambos adolescentes viven su amor y dos posteriores que relatan encuentros con Lucas, en un primer caso de forma totalmente casual. Así es como nos vemos sumergidos en el primer amor, esa relación que comienza en secundaria entre dos adolescentes opuestos: uno extrovertido y destinado al éxito, el otro introvertido y con un futuro que se oriente a seguir los pasos de su padre en la granja familiar. Un amor apasionado en el que se busca el segundo, el beso y la piel. Y también un mundo secreto porque Thomas duda, teme que lo señalen, que lo descubran. Termina el curso, terminan esos estudios, y los jóvenes se separan. Uno de ellos se va fuera, se casa, siempre temió, siempre dudó...
Este es el principio real de la novela, el encuentro da pie a la continuación, pero así, desordenado, es como lo vive el autor para escribirla y tal vez sea mejor que os lo cuente como él lo vive. Luego vino el encuentro con el hijo y el descubrimiento de que no fue Philippe el único marcado por ese amor, también lo fue Thomas, el que temía, el que jamás lo superó.
     La novela de Besson es autobiográfica y añadiría que escueta. Es una historia sencilla que evita cargar tintas en sentimentalismos ya sean habituales o esperados y que relata de forma sencilla un primer amor y también una condición más social que personal. Un contraste y una huella. Resulta además llamativo, o a mi me lo pareció, que siendo en primera persona, siendo autobiográfica, siendo el autor extrovertido y sintiéndose cómodo y todas estas cosas que uno puede decir sobre la sexualidad, el memoir evoluciona y se palpa una soltura creciente, como si al igual que en la vida uno necesitase de cierto rodaje para mostrarse realmente. Y ese punto, unido a la dedicatoria al propio Thomas o a una descripción que parece de la propia cubierta, le da un tono honrado que, unido a la estupenda prosa, es lo que trasciende del libro. Un libro que es, en definitiva, la historia del primer amor, ese que se vive con pasión y cuya huella perdura.

     Deja de decir mentiras es un memoir que merece la pena ser descubierto. Un libro que se lee rápido y cuya huella perdura si uno sabe fijarse en los espacios intermedios. Es... como el fragmento que da pie al comienzo de la reseña: ¿quién con esos años no se sintió inmortal?

     Cada vez son más frecuentes los libros que se adentran en los propios secretos, en las vivencias que marcan, en los esqueletos propios. Decidme, ¿me podéis recomendar un alguno si es que ya os habéis adentrado en ellos?

     Gracias.

lunes, 1 de febrero de 2021

La loca de la casa. Rosa Montero

 


      "Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros. Las diversas parejas que he tenido y las obras que he publicado son los mojones que marcan mi memoria, convirtiendo el informe barullo del tiempo en algo organizado. «Ah, aquel viaje a Japón debió de ser en la época en la que estaba con J., poco después de escribir Te trataré como a una reina», me digo, e inmediatamente las reminiscencias de aquel periodo, las desgastadas pizcas del pasado, parecen colocarse en su lugar. Todos los humanos recurrimos a trucos semejantes; sé de personas que cuentan sus vidas por las casas en las que han residido, o por los hijos, o por los empleos, e incluso por los coches. Puede que esa obsesión que algunos muestran por cambiar de automóvil cada año no sea más que una estrategia desesperada para tener algo que recordar".


     Me gusta Rosa Montero, no solo sus novelas imaginativas, me gusta ella, la forma en que se expresa, sus gestos... y también sus novelas más privadas. Solo me faltaba un libro que abordara la literatura como tal. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La loca de la casa.

     Si Truman Capote hablaba de Plegarias atendidas citando a Santa Teresa, Rosa Montero hace lo propio con La loca de la casa aludiendo a la forma en que la santa se refería a la imaginación. Y es que en La loca de la casa Rosa Montero nos habla de ella misma, aunque no sea del todo cierto lo que nos cuenta o tal vez sí, y también de literatura. Nos habla de otros escritores, sentimientos, impresiones y uno tiene la sensación de estar ante un libro de propias anotaciones que destila amor por la literatura. Y eso, a los lectores empedernidos, nos encanta. Sabemos que la parte personal es engañosa, leemos experiencias que cambian cada vez que las cita y descubrimos una mezcla entre lo que fue y tal vez lo que deseo o lo que quiso o, por qué no, lo que pudo ser. Nos habla de sus lecturas y de sus autores, con sus partes buenas y malas en esa suerte de cotilleo en el que nos cuenta debilidades de nombres hoy consagrados y que yo desconocía. Esas que uno apunta tomando nota de que, a fin de cuentas, son personas y también se mete, porque por qué no hacerlo puestos ya, a hablar de las relaciones literarias modernas. Esas que incluyen a escritores y críticos y hablan de lealtad o de poder o a saber Dios qué.
A lo largo de la lectura de esta suerte de ensayo novelado o novela ensayada tuve muchas veces la sensación de una cierta complacencia con el lector al que deja frases colocadas para ser anotadas sobre la creación literaria, las inseguridades y el amor a la literatura, pero lejos de estorbarme parecía formar parte del juego de medias verdades que se avisa en la propia novela. Y es que cuando he dicho que Montero recuerda o imagina es porque ella misma lo advierte y el lector acepta el pacto de disfrutar los caminos elegidos sin plantearse demasiado hasta qué punto sucedió. 

     Lo cierto es que La loca de la casa es un libro de fácil lectura y mejor digestión que uno termina con una sonrisa y disfruta desde las primeras páginas. Quizás, y por ponerme puntillosa, no necesito que a ratos me hable con tanta confianza, pero también es cierto que la mitad de las cosas que cuenta serían propias de ser relatadas por un amigo de esos que uno sabe que exagera o con el que juegas a imaginas cómo te hubiera gustado que sucediera tal o cual noche. No me importa demasiado quién es M o si es uno o si son varios ni tampoco en qué encuentro me engaña o si estuvo o no tal o cual actor misterioso porque me quedo con la parte metaficticia, autoliteraria o como cada cual lo quiera definir. El caso es que, como ya me ha sucedido con otros libros, me quedo con Rosa Montero y su particular oda a la literatura que es este libro.

     Descubrir anécdotas literarias es uno de los placeres de La loca de la casa y por eso, aunque he hablado un poco de la parte más personal, no os he contado de Woolf, Goethe o Capote, por poner un ejemplo. Esa parte la dejo para que cada cual la descubra y disfrute mientras anota qué biografías le interesan, le convienen o le pueden interesar. Tampoco he puesto las citas que hablan de la literatura, la creación, la soledad del escritor, sentarse y no escribir o mil pequeños detalles que desgrana para deleite de cualquier aficionado a los libros y, tal vez, más aún de cualquier otro escritor. Eso también os lo dejo descubrir. Y digo que os lo dejo descubrir porque os recomiendo su lectura. 

     Lean, lean ustedes La loca de la casa. 

     Gracias.

miércoles, 27 de enero de 2021

Delatora. Joyce Carol Oates



     "Repudiada 
     Hubo una época en que yo era la favorita de papá, de entre sus siete hijos. 
     Antes de que algo terrible sucediera entre nosotros, algo que todavía estoy tratando de solucionar. 
     Fue en noviembre de 1991. En aquel momento tenía doce años y siete meses. Mi padre me mandó al exilio. ¡Trece años exiliada! Puede que para un adulto no sea mucho tiempo; para una adolescente es toda una vida. 
      ¿Quién es la niñita de papá?"

     Me gusta Oates. Nos conocemos hace años, en las páginas de sus libros, y ya sabemos de nuestras virtudes y defectos. Se hacia dónde carga tintas y ella sabe hasta dónde puede llegar conmigo en un asalto. Es cómodo, me gusta. Sé que puedo parar de leer porque al retomar la lectura se esforzará en volver a cautivarme. Nos entendemos, se viene conmigo. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Delatora.

      Conocemos a Violet, séptima hija de una familia católica irlandesa de siete hijos. En realidad son irlandeses de Nueva York y allí es donde esta niña de 12 años disfruta de su status de favorita de la casa. Es niña y la pequeña, poco más hay que añadir.

     Violet delató a sus hermanos cuando estos mataron a un chico negro. Ellos fueron a prisión pero ella también recibió el castigo que se reserva a los chivatos que son incapaces de ser leales a su familia. Repudiada, sin perdón por su falta, la seguiremos a lo largo de dos décadas en una vida de culpa y búsqueda en un entorno complicado que irán forjando a una superviviente.

     Hay mucho más detrás de la novela de Oates que la vida de una delatora que es incapaz de perdonarse y busca a la vez el perdón. Es más que la vida de una superviviente que acepta como si fueran merecidos los abusos, como una suerte de purga de su culpa. Mucho más. Oates regresa a sus temas, entra esta vez en un entorno familiar tóxico con un padre con un trabajo obrero, afición desmedida por el alcohol y tendencias brutales. Un hombre que mide bajo el mismo ojo a sus hijos y a sus hijas. Y no es precisamente el ojo de la igualdad. Ellos son brutos y ellas han de ser chicas hermosas y sexys, pero sin pasarse. Ellos son apenas educados más allá de ese trato casi animal. De hecho es fácil que el lector se escandalice ante un primer acto de Lionel y Jerome que apenas es castigado por llamarlo de alguna manera. Y de ahí, al asesinato en una sucesión brutal de imágenes cargadas por el razonamiento inicial de estos dos hermanos mayores de la protagonista. Y un chico negro acaba muerto mientras que los dos chicos no se esconden de su hermana al llegar a casa. Violet los ve y deduce lógicamente lo sucedido, mientras el lector descubre nuevamente el verdadero tema de la novela. Intenta hablar y explicarse, pero no la escuchan o, si lo hacen, ella es la amonestada: por el amor de Dios, son sus hermanos, es su familia... Y cuando finalmente alguien la escucha, sus hermanos van a prisión y ella es una rata delatora. Es apartada de la familia, pasa por un hogar de acogida y acaba con su tía. Su vida no irá a mejor y tampoco será un campo de margaritas. Pero nadie lo espera, estamos leyendo a Oates. Sabemos que los conflictos raciales y sociales marcan su obra, como también lo hacen la violencia masculina y la victimización de las mujeres. Son temas perennes, están ahí tanto como lo hacen en la calle, en la sociedad actual. En su novela no hay piedad para la protagonista, a veces incluso nos preguntaremos si estamos antes una bildungsroman que transita por los tortuosos caminos del infierno. Pero no es la única por la que la autora no parece tener piedad, los hombres en este libro sufren la misma suerte aunque no por el mismo camino. Esta vez es Oates quien no tiene piedad y no da opción en sus juicios.

     Delatora es un libro implacable, hay racismo, misoginia, violencia y abusos y su lectura, la de Violet en su vida y la forma en que va viendo el lugar que ocupa es tan actual, pese a que opta por ambientarlo hace treinta años, como descorazonadora. Por supuesto que son extremos y por supuesto que es ficción y el lector jamás deja de ser consciente de eso. Porque si no lo fuera, se asfixiaría... exactamente igual que lo había con cualquier otro final diferente al elegido por la autora. Aunque, si han leído el libro, piensen un momento... sí, justo eso, ya ven de mano de quién vino.

     Delatora es una gran novela. Con la pluma a la que Oates tiene acostumbrados a sus incondicionales. Y de toda esta opinión quizás esa sea la palabra más importante: implacable: no hay nada de la soleada cubierta en la novela, allí todo es oscuridad. Con todo lo que eso pueda significar.

     Y vosotros, ¿ya conocéis a Oates?

     Gracias.