"Hay un cadáver en las vías de la calle Gurney. Mujer, edad imprecisa, probable sobredosis, dice Centralita.
Así de raro es este libro, y más que se va a poner. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bunny.
Conocemos a Samantha mientras cursa el máster de Bellas Artes de la Universidad de Warren en Nueva Inglaterra. Y pronto sabemos que no encaja allí. Hasta aquí es la típica historia de chica con beca llega a escuela (del tipo que sea) elitista y, pese a ser la pobre y tener papeletas para ser la marginada, mira con superioridad moral a todo el mundo. "Todo el mundo" son las bunnies, clones de chicas perfectas que se llaman unas a otras utilizando el apodo Bunny como si pertenecieran a una suerte de secta. Y entonces Samantha es invitada al "Salón de las Obscenidades" por las Bunnies, y no quiere resistirse.
Hasta aquí, todo convencional. Samantha en realidad quiere encajar, o lo justifica diciendo que su aislamiento no es bueno para ella, su salud y su futuro, y pierde el culo por aceptar la invitación incluso olvidando a la única persona que tiene a su lado hasta ese momento. Novela de instituto "de manual" que ha ascendido al máster. Y las bunnies son el típico cuarteto de clones, cada una en su estilo, que solo viven de flores, mariposas y arcoíris. Entonces, ¿qué tiene de diferente? El tono. Mona Awad carga la novela de sarcasmo y caricaturiza hasta el exceso a los personajes, provocando que Samantha, ya que es su visión la que se convierte en la nuestra, no parece demasiado sana, hasta el punto en el que el lector duda de si es una o las otras quien tiene un problema mental. De hecho, sabemos que Samantha miente, ella misma dice que es imaginativa y vamos poco a poco a ir viendo cuánto, pero creyéndonos todo. La escuela de creación literaria es duramente castigada por la autora que, además, la sitúa en una suerte de burbuja ajena a la realidad fuera del campus. Y las chicas y su club, se van volviendo prometedoramente siniestras (si os fijáis he dicho obscenidades pero no he vuelto a aludir al tema, más que nada porque estoy teniendo mucho cuidado con lo que cuento para no estropear la lectura).
Bunny es surrealista, hay creaciones que se eliminan, humor muy negro y alguna que otra escena que te hará dudar de tu propia percepción de la realidad. No vas a tener claro si lees una fantasía alucinógena o una crítica mordaz llevada al extremo más absoluto y vas a comenzar a entender por qué, si te ha dado por buscar opiniones, la mayoría apenas están razonadas para no dar pistas sobre lo que vas a encontrarte más allá de un par de referencias a películas del género adolescente/terror.
Bunniy es para amarlo o para odiarlo, pero como todos sabemos que no podemos resistirnos al morbo y a mirar por la ventanilla cuando vemos un accidente, es mucho más probable que lo améis a lo que odiéis. Os va a hacer reír en algún momento en el que no deberíais hacerlo y os va a dejar con resaca y algún que otro pensamiento intrusivo durante la lectura (pero no de los oscuros, solo querréis ir al baño en el trabajo para poder leer un poco más) y, sorprendentemente, va a democratizar la edad de los lectores hasta colocarlos en el momento justo en el que entiendan todo demasiado bien. Menos a Samantha. Con ella os garantizo que vais a tener opiniones encontradas.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
Gilbert Adair escribió Los Santos Inocentes en 1988. En ella, narraba la historia de tres jóvenes cinéfilos en París durante mayo del 68, inspirándose para ello en la obra de Cocteau titulada Les Enfants Terribles. La novela fue adaptada al cine como Los Soñadores y así, tras este largo camino, nació la reescritura de la novela que hoy traigo a mi estantería digital.
Conocemos a Matthew, Theo e Isabelle. El primero es un estudiante estadounidense cursando en París y los dos últimos son gemelos hijos de un poeta. Todos ellos se conocen por su afición al cine, al que acuden de forma semanal, y además Matthew está enamorado de los gemelos. Sucede entonces que el cine cierra y Matthew decide llamar a los gemelos. No solo eso, además, los gemelos se quedan solos en París sin supervisión y los tres jóvenes comienzan a encontrarse y deciden llevar el juego del cine a otro nivel.
Esta es una de esas novelas de personajes, en la que ellos mismos son además la sociedad que representan y donde cada una de sus aristas es importante que sea reconocida. Matthew, de 18 años, es un joven estadounidense de costumbres conservadoras y con un padre castrante que no acepta sus gustos sexuales. Frente a él, los gemelos están rozando la mayoría de edad y tienen unos padres que los ignoran ya sea por mirarse solo su creador ombligo o por, directamente, apenas existir. Como en una representación del momento en el que se desarrolla la historia, los tres se dejan llevar por sueños que llegan a ser pesadillas, olvidando que existe el mundo exterior a las cuatro paredes que confinan sus juegos y lo que empieza siendo divertido y casi vivir un sueño se va tornando en una pesadilla de seres alienados que pierden el contacto con la realidad hasta que esta les golpea rompiendo su endeble barrera de cristal (una ventana). Con un profundo contenido sexual, la novela desarrolla los gustos de Matthew dirigiéndolo hacia el enamoramiento de dos personas a las que ve como un todo, como una zona gris del deseo que puede romperse si esa unión lo hace.
Sorprende la prosa del autor, cuidada e incluso delicada, en los momentos más perturbadores tanto como en los más sencillos, dejando que el lector sea transportado por las palabras y confundiéndolo en cuanto a las sensaciones percibidas por lo que nos está narrando. La atmósfera de la novela se pervierte hasta convertirse en un lugar oscuro que hace al lector temerse el peor de los finales, mientras transita a velocidad vertiginosa a lo que no deja de ser una oda al cine y sus pasiones.
Soñadores es una novela perturbadora cuyo descubrimiento me ha hecho pensar en buscar la película, algo que haré durante estos primeros días del año.
Y vosotros, ¿con qué libro habéis comenzado el año?
Gracias.
"¡Bienvenidos a Caraval!"
Se abre el periodo navideño y con él la búsqueda del regalo perfecto. Ahora que están de moda los romantasy y los dragones, elfos (faes ahora pero si no son lo mismo, se le parecen mucho) y demás, uno puede encontrarse en la situación de no tener muy claro si lo que está regalando incluye o no una sesión sexual des estas que se han puesto de moda y son un cruce entre los gemelos que reforman casas y una clase suave de calistenia. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Caraval. Conocemos a Scarlett y a Tella, dos hermanas que viven bajo el yugo de un padre autoritario que dispone de sus vidas como si fueran de su propiedad y que las ha criado él solo tras la ausencia de una madre a la que la hermana pequeña ni siquiera recuerda. Como buenas hermanas de cuento, porque esto es un cuento de hadas, son de carácteres opuestos: Scarlett es más tranquila, ahora incluso va a casarse con un hombre la que no conoce pero con el que se cartea y del que se ha enamorado ya; mientras que Tella es rebelde y su mayor objetivo parece ser salir de allí. Ambas concen Caraval, el mayor espectáculo mágico que existe, y de hecho una de las hermanas ha escrito cartas durante 7 años para ir, pero no será hasta este último año, cuando avisa de que es su último intento porque va a casarse, que reciba respuesta e invitación para acudir si consigue salir de la isla en la que viven. Y así, gracias a Tella, ambas hermanas huyen y se enfrentan al espectáculo más maravilloso y al concurso más peculiar de sus vidas, cuyo premio para un único ganador es un deseo cumplido.
Así empieza una novela que da pie a una trilogía y media, hay otro tomo que no es exactamente la trilogía pero vale, en la que uno puede parar de leer cuando quiera, pero que apetece terminar. Concebida como un cuento de hadas que ha conocido a Tim Burton pero la ha coloreado Lacombe, Caraval ofrece magia, aventura y humor sin olvidar tampoco el componente romántico o sentimental que lleva a sus lectores a seguir las aventuras de Scarlett para poder encontrar a Tella, porque sí, Tella de repente... bueno, no doy detalles. El caso es que estaríamos en un punto en el que el amor rivaliza con la historia que hay entre estas hermanas que no son malas, pero tampoco buenas del todo y que tienen una relación tirando a regular sin que ello haga que deje de ser ¿enternecedora? o algo así. A fin de cuentas quién entiende las relaciones entre hermanos salvo ellos mismos.
La estética y ambientación es lo más destacable, ya que la autora consigue que creamos estar en el país de las Maravillas de Alicia, en un parque te atracciones tematizado en el medievo o quizás en una carpa propia de Big Fish. No necesita ser original, solo ser diferente y exagerado para que funcione. Y en esta ocasión lo hace incluso en la caracterización de los personajes secundarios que se van retorciendo para sorprender al lector y que no quiera quedarse en la lectura del primer tomo. Además, tengo que añadir que estamos ante una lectura de zona segura. Señores, aquí no se empotra a nadie, el amor se siente, se pasea, hay besos y romance... pero nada de calzón quitado, lo que hace que sea una muy buena opción para quien tenga que buscar un regalo del género para un lector no tan adulto o, simplemente, para quien le apetezca moverse en este espectro romántico más clásico.
Si no he hablado de las dos entregas posteriores es solo por un motivo: no quiero hacer ningún spoiler del primero. Solo diré que hay hermanas, príncipes, magia, padres, prometidos sorprendentes y marineros que también lo son. Hay criaturas de todo tipo y no todos son los que parecen, de hecho casi ninguno es lo que parece. Y además, la clave de toda la trilogía la encuentra uno en las primeras páginas. No solo eso, uno la lee, la repite y jamás la olvida. Solo que no sabe que es la clave hasta que no se lo explican. Un poco como cuando buscas las gafas y acabas descubriendo que las llevas puestas sobre la cabeza... Y no, decir esto no hará que vayáis a daros cuenta. Esa es la magia de Caraval. Realmente estás allí.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.