lunes, 10 de mayo de 2021

Bajo el hielo. Bernard Minier

 


     Una de las cosas buenas que tiene colocar libros, es que descubres alguno que se te traspapeló sin leer y lo abres con curiosidad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo el hielo.

     Cuando los empleados de una central descubren un caballo decapitado colgando no tienen más remedio que informar a las autoridades. Así conocemos al capitán Servaz, que acaba encargado de la investigación por el asesinato de un caballo a dos mil metros de altura el mismo día en que abre un psiquiátrico en la zona.

     Como curiosidad diré que tras leer el comienzo me pasé un rato buscando por Netflix qué serie había visto hacía un tiempo que comenzaba igual. Al final la encontré, "Glacé", que efectivamente está basada en la novela. Pero más allá de eso diré que estamos ante una novela con un comienzo prometedor, distinto y un tanto macabro que se vale de la atmósfera que todos suponemos en la ficción a los psiquiátricos para, unido a la localización geográfica, generar un ambiente intranquilizador que tiene mucha más fuerza que la trama en sí. Presenta a Servaz con este título y nos deja claro desde el principio que no es un hombre de acción, lo cual hace que no estemos en absoluto ante una de esas novelas que llaman trepidantes y que muchas veces se quedan en trote cochinero. Sin embargo su fórmula funciona. Quizás porque su detective no ha necesitado que su mujer lo engañe o darse a la bebida (o a las putas o el colesterol) para conformar una personalidad marcada. Y es que, no sé vosotros, pero yo estoy bastante cansada de detectives cortados por el dudoso patrón de su rareza. Da la sensación de que nacen ya cansados por el uso y pocas veces consiguen llamar mi atención. En cambio Minier nos deja a un tipo común al que le gusta, como mucho, la música clásica.

     Sin embargo a Minier le falta una mano firme que sepa llevar la trama bien sin perderse en segundas o en paseos de sus personajes sin demasiado sentido. A medida que avanzaba iba perdiendo el interés al darme cuenta de que, lo que hubiera tenido que ser un seguir pistas para ver que no tiene salida y así ir a la siguiente y crear un ritmo de lectura, se convertía muchas veces en un absurdo o en un hilo olvidado. Y bueno... el final tampoco es que le haga un gran favor a una novela que se iba a quedar como entretenida hasta que llegué a las últimas páginas y bajó un escalón dejándome la sensación de argumento desaprovechado en el que solo la ambientación destaca.

     Bajo el hielo es una novela que creí entretenida pero que fue perdiéndose a medida que pasaba páginas hasta llegar a un final que no me ha convencido.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 3 de mayo de 2021

Tienes que mirar. Anna Starobitens

 


     "Una cosa es inventar historias de miedo y otra muy distinta es convertirse en la protagonista de un cuento de terror. Dudé mucho tiempo si merecía la pena escribir este libro. Es demasiado personal. Demasiado real. No es literatura. 
     Pero lo único que sé hacer es escribir. No tengo ninguna otra habilidad para cambiar el mundo".

     Hay personas que escriben historias de terror. Esas son afortunadas, igual que sus lectores, porque cierran su ordenador o su libro y pueden regresar tranquilamente de una pesadilla a un mundo real. Luego están las que, escriban o no, lean o no, las viven. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tienes que mirar.

     Estamos en este caso ante un memoir, es decir, un relato en el que la autora cuenta una parte de su vida. En esta novela nos habla de su embarazo, de las esperanzas e ilusiones que se ponen en él y en cómo descubre en una ecografía que el bebé que espera tiene un problema (me niego a llamarlo defecto, me suena mal) que es incompatible con la vida. Comienza así la pesadilla, el periplo, las consultas, el desapego burocrático, la falta de comprensión y de sentimientos. 

     Starobitens relata una experiencia traumática que es complicado leer sin tener un mínimo de terror en la sangre. Ya sea leída con hijos, hermanos, amigos embarazados, está claro que uno lo lee poniendo parte de su piel en él. Posiblemente porque hay una incomprensión, una soledad que siente esta mujer, que se adhiere a sus palabras convirtiendo el texto en una pesadilla lúcida que sabemos sigue sucediendo. Hace una crítica demoledora contra el sistema sanitario ruso al que deja al descubierto por su falta de humanización y lo compara con lugares más avanzados. Y yo lo leía pensando en El nadador en el mar secreto, testimonio de un padre cuyo hijo nace muerto y al que se lleva del hospital y entierra y no podía evitar comparar en la misma medida en la que un hilo aparecía uniendo ambas historias, humanizando más aún una experiencia por la que siguen pasando muchas personas. Demasiadas. Una es demasiado. Y es que si uno piensa en lo que debe de ser sentir a un hijo dentro mientras se toma la decisión de abortar porque no puede vivir... sinceramente, no sé cómo debe de ser vivir algo así.
     Por eso creo que todos los que tenemos algún niño en el entorno, aunque sea el del vecino al que oímos jugar, vamos a tender a apropiarnos de la pesadilla. Quedan cosas por cambiar, quedan muchas cosas por cambiar. Un aborto es considerado una intervención rutinaria, un parto a buen término ni siquiera se considera una intervención. Quedan cosas, muchas, por pulir.  La depresión postparto como algo real y hormonal, el desamparo tras el aborto al que se eliminan los sentimientos y que queda convertido en poco más que un corte de pelo... y el papel del padre. Porque vuelvo a comparar y veo testimonios individuales. Queda mucho por cambiar. El libro señala cada parte del proceso, marca las faltas, la tragedia la terrible pesadilla. Tienes que mirar, le dicen a la autora y nos lo repite ella a nosotros, los lectores, en este libro que es ante todo una denuncia, un intento de hacer público un sentimiento que ahora recibe mucha atención pero que posiblemente no cambie nada. O tal vez cambie muchas pequeñas mentes, como la mía o la tuya, o nos muestre otro punto de vista, otra forma de mirar cuando tengamos un caso similar cerca. Solo con eso, el libro habrá cumplido su función.

     Tienes que mirar es un libro desgarrador que muestra una realidad que quizás sea más cercana de lo que pensamos. 

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 28 de abril de 2021

Insomnio. Daniel Martín Serrano

 


     "Tomás lleva así casi dos años. Metiéndose en la cama, obligándose a cerrar los ojos, tratando de relajarse, de acompasar la respiración, de no pensar en nada. La mente en blanco, en blanco. Mirar de reojo el despertador de la mesilla, 9.23. Volver a cerrar los ojos escuchando los ruidos de la casa, los sonidos de la mañana, el tráfico, las bocinas, el teléfono que suena y que con urgencia es descolgado por Sara, que habla en voz baja: «Sí, está durmiendo, luego le digo que has llamado», relajándose, la respiración, el reloj, las 10.13; sentir, por fin, cómo le vence el sueño, y soñar algo que no recuerda o que prefiere haber olvidado al despertar, un tanto desorientado, con la vana esperanza de haber dormido por fin. El despertador, las 10.32, y saber que eso es todo lo que va a dormir".

     Lo compré por el título. Y quienes me conocen saben a qué me refiero. Ni siquiera miré la sinopsis hasta llegar a casa. Hoy traigo a mi estantería virtual, Insomnio.

     Conocemos a Tomás Abad, un expolicía señalado por la sociedad por haber permitido y ayudado a escapar a su hermano, implicado en un escabroso caso que incluía varios asesinatos. Desde que todo aquello pasó, hace casi dos años, no solo ha perdido su placa, su tranquilidad y a sus amigos y excompañeros de trabajo, también ha perdido el sueño. Ahora trabaja por las noches y finge dormir durante el día para que su mujer no se preocupe. Y lo sigue haciendo escondido de los ojos de una sociedad que aún le señala con el dedo por lo que sucedió. 

     Así es como Tomás acaba por trabajar de guarda nocturno en el cementerio de La Almudena. Y allí, día tras noche, va recordando el caso que le ha costado el sueño. Desde la primera chica decapitada a la última conversación con su hermano. Y también será el cementerio el lugar al que le llega el vídeo que da comienzo a todo. La novela trata del insomnio del protagonista y de cómo teme confundir la realidad con el sueño que se tiene despierto, ese estado de semivigilia agotadora en el que uno duda de lo que ve y también de lo que hace o dice en la realidad. Pero, sobre todo, trata de las chicas decapitadas y de todo lo que sucedió después. Lo que Tomás hizo y lo que no, lo que recuerda y la forma en que alguien no lo ha olvidado y decide que Tomás no pueda dejarlo de lado.
     Dicho así puede parecer más de lo que realmente es y es que la etiqueta de ambiente sobrenatural está un tanto inflada. Un cementerio como lugar de trabajo y dos bromas realmente no justifican dejar que el lector piense en el más allá porque si lo hace se va a ver profundamente decepcionado. Estamos pues ante un thriller que trata de un caso del pasado que vuelve al presente, nada original, en el que el autor mueve los hilos entre la familia y las ensoñaciones para otorgar a la novela su sello propio. Una novela que va de menos a más para luego volver a decaer en su parte final estropeando un tanto la sensación de lectura. Personalmente me gustan los finales que sean creíbles, de poco me sirve que el autor busque sorprenderme si no me termino de creer la forma elegida.

     Insomnio es una novela entretenida que llega a los mínimos justita. Le saco como mayor valor positivo lo visual de las escenas y el nombre del autor. Algo me dice que estamos empezando y apunta maneras, que decía mi abuela.

     Y vosotros, ¿compráis libros sin leer la sinopsis?

     Gracias.

lunes, 26 de abril de 2021

Ensayos. Michel de Montaigne

 


     Hoy nos ponemos serios para acercarnos a un ensayista de sobra conocido al que se le acusa con frecuencia de ser el creador del género. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ensayos de Michel de Montaigne.

     Fue Zweig quien me llevó a Montaigne. Llegué como se llegan a estas cosas, por casualidad. En mi búsqueda de la obra del escritor austriaco finalmente me tropecé con el libro que se titula Montaigne en el que el autor, en su última etapa, habla del autor de los ensayos. Una obra sin terminar debido a la muerte de Zweig que me llevó a pensar qué tendría el ensayista para provocar un texto tan humano en un hombre que no tardaría en suicidarse y que en este librito en el que apenas traza una biografía se fija en la necesidad de la libertad individual interior mientras estaba viviendo su propia pesadilla. Y no es que no supiera de antemano quién era Montaigne, simplemente me tropecé con la obra adecuada que me dio el empujón definitivo.

     Estaréis pensando que aún no he hablado del libro pero es que muchas veces el libro va acompañado de forma indivisible por sus circunstancias y es en el caso de estos ensayos algo imposible de obviar. Cómo no decir que en ellos las citas a los filósofos clásicos constituyen casi su eje vertebral o que el propio autor en su torre de libros disfrutaba protegido por su biblioteca. Una torre cuyas vigas, y esto si que es imposible no contarlo, llevaban grabadas sus citas favoritas (tal era el gusto del autor por citarse sin saber que hoy sería él el citado). Una obra en la que trabajó toda su vida y que ha de ser leída, ahí me uno a la opinión popular, tal y como fue escrita, poco a poco. Apenas un par de páginas, tres, como si se tratara de una pequeña medicina que da tiempo a pensar antes de seguir avanzando. Una opinión dada mil veces por escritores hoy encumbrados que hablaban sin reparos del placer que les provocaban las píldoras de Montaigne. Sus temas, por otro lado, son universales. La soledad, la educación o la riqueza se cruzan con citas de Platón y Ovidio para dejar reflexiones tan útiles hoy como en el momento en el que fueron concebidas. Y eso, amigos lectores, es lo que lo convierte en un clásico. Trata casi cualquier tema que uno quiera o pueda imaginar, habla en su obra de la vida completa repasando supersticiones y política, y lo hace desde el punto de vista de quien busca un razonamiento más que desde quien conoce una respuesta. Esto ayuda a que su obra no se antoje un ladrillo, es más una invitación a compartir una reflexión en la que nos convence sin querer hacerlo.

     Montaigne se apoya directamente en las personas, en sus costumbres vidas y muertes para desarrollar lo que conocemos como sabiduría popular y lo hace cuajando su obra de citas sin que ello le discuta la intención. Critica la escuela como lugar rígido y ajeno a las calles y se apoya para ello en una suerte de relación de aprendizaje recíproco entre él y su libro a medida que lo va escribiendo colocándolo por encima de la sabiduría que se adquiere al leerlo. Naturaleza, costumbres, muerte, fortuna y sabiduría popular serán sus pilares en una crítica en la que tampoco deja de reconocer el mérito escolástico como una herramienta de refuerzo. Se ampara en la naturaleza humana y da valor a las costumbres como forma de aprendizaje y conocimiento en la misma medida en la que coloca a la fortuna en el importante lugar que ella misma se gana a lo largo de nuestras vidas. Y ahora, por no desarrollar cada punto, regreso a Zweig: la muerte. La muerte es para Montaigne un apartado importante en la medida en la que es importante que cada persona entienda que no es un mal en sí morir y se acerque por lo tanto dignamente a ese momento. Uno muere porque está vivo y el resto son meras circunstancias ya que el hombre, incluso en la muerte, no deja de ser uno mismo y no hace más que desprenderse del resto de cosas terrenales. Y aún así no invita a ella, la trata como consecuencia y él mismo se pone en duda cuando expresa que, llegado el momento, habrá que ver qué hace, si conformarse, si vivir el momento como lo concibe o si, en cambio, se deja llevar por la tentación de hacer todo lo contrario.

     Podría seguir hablando de Montaigne igual que uno podría leerlo de forma ininterrumpida. Es uno de esos libros imprescindibles que hay que afrontar con calma y sin temor a atragantarse.

     Lean, lean a Montaigne.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


viernes, 23 de abril de 2021

Día del Libro

 


     Tanto desde este blog como desde el resto de las redes sociales asociadas a Mientrasleo (twitter, Facebook e Instagram) se realizan recomendaciones literarias durante todo el año. Por eso hoy que es el Día del Libro os pido que seáis vosotros los que dejéis vuestras recomendaciones. El libro que más o ha gustado, el que más habéis odiado (recordad que lo único que no se permite ante una lectura es la indiferencia), el que habéis escrito vosotros o vuestro vecino... Un libro y nada más. Y si queréis ver cualquiera de las otras redes, solo tenéis que pinchar en el nombre.

Gracias y ¡Feliz Día del Libro, amigos lectores!

lunes, 19 de abril de 2021

El afinador de pianos. Daniel Mason


 

     Hay títulos que atraen sin tener un motivo claro y que luego uno deja en la esquina del estante sin recordar muy bien. Eso me pasó con este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, El afinador de pianos.

     Conocemos a Edgar Drake, afinador de pianos y especialista en los Erard, Drake es llamado por Carroll, comandante médico del ejército colonial británico en Birmania, para afinar precisamente uno de esos pianos que es para el comandante una herramienta imprescindible para su trabajo con los habitantes locales de la zona. Y así es como Drake se embarca en un viaje que cambiará su vida y en el que descubrirá otra forma de relacionarse con su entorno y de entender cuanto le rodea.

     He tenido sentimientos encontrados con esta lectura. Por un lado es una novela que coge un tono chapado a la antigua con el que busca cimentar una ambientación que es la piedra angular del libro. no solo la basada en las descripciones sociales, geopolíticas, humanas o musicales, también las que se apoyan en el propio mimbre del libro. Resulta además curioso y un tanto romántico el concepto de música que tienen los personajes, y es que tienen en una estima tan alta su importancia, que no dudan en considerarla una herramienta vital para la vida. Ya sea la forma en que Katherine (la mujer del afinador) y Drake se conocen o el modo en el que influye para las tribus birmanas, el autor se recrea tanto en ella como en la variedad y calidad del piano en el oficio de afinador. Drake por su parte es presentado como un hombre que simplemente tiene una profesión que realiza con habilidad y es lógica su sorpresa ante casi todo lo que se le pone delante. Incluso el autor se refiere a él en alguna ocasión como un simple afinador, que fijaos, acaba en Birmania, en la selva, que ve un tigre y tribus y plantas y, por supuesto, también un piano. Muestra esa visión del colonialismo como algo enriquecedor, la llegada de la civilización y la cultura para las gentes, que en aquel momento se potenciaba y que ahora no se comparte y otorga un tono casi pasado de moda a la novela al representarlo consiguiendo de este modo despegar la parte real de la representada en la que llegan a ser ficción hasta los nombres de algunas plantas. Y todo esto, está muy bien.

     En el otro lado tenemos las mismas descripciones que se hacen largas, el viaje casi eterno y cuya función en la novela uno no entiende hasta el final de la misma, que me resultó en cierta medida una sorpresa. Las expresiones y el tono, los clichés, considero que no le hacen un favor a la historia y, si bien entiendo que de haber colocado un lenguaje de altura se hubiera hecho interminable ese mirar un país nuevo describiendo al lector cada parte, si que un punto intermedio me hubiera hecho de digestivo adecuado en más de una página cuyos diálogos me han resultado forzados. He echado de menos un Carroll impactante y quizás incluso menos humano de lo que Drake lo ve, supongo que llevada por el toque romántico de un afinador de pianos e impulsada por el hecho de que no llega a él hasta la segunda parte, mi cabeza había construido un personaje diferente, mucho más carismático.

     El resumen de El afinador de pianos sería que, si bien he disfrutado de la novela, necesito de la distancia para realizar una relectura a la que llegue sabiendo incluso el final. Y es que creo que de ese modo disfrutaré mucho más del camino.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 14 de abril de 2021

Corazón que ríe, corazón que llora. Maryse Condé

 


     "Si alguien les hubiera preguntado a mis padres qué opinión les merecía la Segunda Guerra Mundial, habrían respondido, sin dudarlo, que se trataba del periodo más sombrío que jamás hubieran conocido. No porque Francia se dividiera en dos, por los campos de Drancy o de Auschwitz, por el exterminio de seis millones de judíos, ni por todos esos crímenes contra la humanidad que aún siguen impunes, sino porque, durante siete interminables años, se les había privado de aquello que más les importaba: sus viajes a Francia".

     Dos semanas sin publicar dan para leer mucho, releer mucho y todas esas cosas que uno puede hacer sin salir demasiado de casa, así que los pendientes han quedado diezmados y los voy colocando en mi estantería virtual. Hoy traigo, Corazón que ríe, corazón que llora.

     Maryse nos habla de ella misma a través de recuerdos. De este modo vemos a la niña que nace en octavo lugar, su infancia, su familia y París. El cambio entre mundos y la importancia de la identidad como factor que se mueve  entre ambos así como el clasismo de sociedades aparentemente mestizas.

     En el libro, escrito con la sabiduría del adulto que echa la vista atrás al niño que fue, Maryse no le da voz a la niña, lo cuenta ella. Esto es importante porque es la manera que tiene de dejar claros sus sentimientos respecto a lo vivido, y también hacia la forma en que ella lo vivía. Por eso el lector nota un tono que a veces es casi jocoso para relatar momentos. Es algo que me agrada sobremanera ya que los niños rara vez se expresan o piensan como tales en libros que son escritos por adultos que creen que saben lo que piensa un niño. Maryse lo evita y es su voz la que nos presenta sus recuerdos como si fuera mi madre contando tal o cual anécdota, llevándonos así de su infancia al momento en el que una niña abre los ojos al mundo adulto. Maryse nos abre la puerta en su novela a las colonias de los años 50 a la vez que nos deja retazos de vida que nos resultan familiares por escuchadas, porque en el fondo, hay momentos de la infancia que los vivimos todos sin importar demasiado el lugar o el momento. Ella nace en Guadalupe en un buen escalón social, y ve a sus padres que se empeñan en diferenciarse como si sus raíces fueran algo perjudicial. Tras eso vive el lado contrario de la historia cuando, al estar en París, ellos son los tratados como si fueran menos. Llega Maryse adolescente, rebelde y con un interés en conocer su propio mundo (que no lo forma solo el interior si no también sus raíces y tradiciones), aparece la conciencia personal del color de piel junto con la de su idioma y sus costumbres y también se abren los ojos a un mundo en el que estamos todos juntos pero...

     Ahora os podría hablar de sus padres, de sus hermanos (Sandrino, que cayó rendido a ese bebé enclenque que fue Maryse), de la cultura escondida y de la descubierta, del carnaval... os podría hablar de todos los retazos que ha dejado en un libro que se antoja cercano y contar su viaje para estudiar de Liceo a Liceo o citar la Sorbona y, por supuesto, podría contaros el final del libro sabiendo que realmente no es el final porque Maryse decide detenerse en un momento en el que estaba abriéndose al fin. Pero, y reconozco el juego de dicho y no dicho, es mejor leerlo y dejarse llevar por una voz que suena, ante todo, sincera y que cuenta una vida línea a línea desde el momento en que nace hasta que comienza a ser la persona en la que se ha convertido. Un poco el por qué si queréis decirlo.

     Corazón que ríe, corazón que llora es una novela de recuerdos. Luego está en la mirada del lector, en el momento y el lugar el saber hasta que punto disfruta de este tipo de novelas. En mi caso no demasiado aunque no dejo de verle los méritos, pero se me ha quedado corta como para decirle novela al libro.

     Y vosotros, ¿os gustan las biografías?

     Gracias.

lunes, 12 de abril de 2021

El paseo. Robert Walser

 


     "Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos o de los espíritus, y bajé la escalera para salir con buen paso a la calle".

     Tenía bastantes ganas de leer este librito alabado por muchos de un autor que, si bien no es demasiado conocido para la gran parte del público lector en nuestro país, si que es venerado por casi todo aquel que lo va descubriendo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El Paseo.

     Se dice que Robert Walser no era amigo de montar en coche y que se daba largos paseos por la ciudad en busca de su próxima historia tal vez al doblar la esquina. Y así, esquina tras esquina, pasaba horas deambulando en una larga observación de todo aquello que pasaba ante sus ojos. Y El paseo no es otra cosa que 88 páginas de un paseo del autor. Por supuesto que no ha sido el único que nos ha hablado en un libro de uno de sus días, ni siquiera el único que nos habla de sus paseos (todos recordamos a Antonio Muñoz Molina, por citar un ejemplo patrio, hablar en Un andar solitario entre la gente, de señales carteles y viandantes), pero Walser fue el primero, al menos que yo sepa, en morir dando un paseo.

     Pasea Walser en primera persona para relatarnos aquello que ve. Con ironía, a veces sarcástica, va describiendo y opinando sobre quienes posa la mirada sin dudar dar su toque personal al juicio inmediato que deja caer delante de los ojos del lector. De este modo vemos a niños jugar, una panadería o una joven que se asoma al balcón. Nos encontramos con una magnífica carta que es, por supuesto, echada al correo, sabremos del sastre y de las calles y también de que la sencillez muchas veces aparece disfrazada porque el estilo del autor es lo que convierte a este libro en joya. El narrador, tan poeta como el autor puesto que es él, nos escribe con un tono que ralla en el entusiasmo que hace que uno lea el libro con una sonrisa cuando vemos como enseña los dientes. Por lo que vemos es un optimista acérrimo que pasea poco antes de la Gran Guerra por una ciudad ajena y que ha decidido disfrutar de las pequeñas cosas. 

     Hay que explicar, por pura necesidad, que el estilo del libro, la floritura, la estética y lo cuidado, van a dejarle claro al lector que no está ante un simple diario en el que se relata al azar uno de los paseos dados por Walser. En apenas un párrafo uno tiene claro que está ante un ejercicio de creación que va, poco a poco, absorbiendo al lector que termina por sentirse paseante y disfrutando de las vistas y palabras de esta pequeña joya.

     El paseo es un libro diferente que merece la pena ser descubierto. Una de esas obras que parecen no contar nada pero que se disfrutan hasta la última letra.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 31 de marzo de 2021

La anomalía. Hervé Le Tellier

 


     "Jueves, 24 de junio de 2021, McGuire Air Force Base, Trenton, Nueva Jersey Un Boeing 787 con el fuselaje dañado permanece detenido al final de la pista 2, no lejos de los helicópteros Black Hawk y de los imponentes bimotores grises con hélices de la US Air Force. Tres vehículos blindados se encuentran junto al avión de largo alcance, mientras la noche cálida cae entre efluvios marinos sobre un descampado invadido por la hiniesta y la salvia".

     De todos los premios literarios europeos me quedo con el Goncourt. Y lo digo sin rastro de dudas. si además se da el caso de que se convierte en top ventas apenas sale en Francia, yo ya llego convencida de leerlo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La anomalía.

     Decir que uno ha leído La anomalía sin contar la parte que uno se muere de contar de La anomalía va a ser complicado. Supongo que si lo dijera no pasaría realmente nada, se dan pistas en la contra, pero me lo pasé tan bien descubriéndolo sola que me daría reparos quitarle a nadie ese placer. Así que empecemos y veamos hasta dónde me atrevo a llegar.
     La novela trata de un avión que entra en una turbulencia. Es un avión comercial, con personas normales (entre las que hay un escritor al que mi cerebro decidió ponerle el rostro de un famoso escritor español provocando que me resultara todo más divertido. Mi cerebro va por libre a veces, es lo que tiene ser rubia). El avión avisa a la torre de control del aeropuerto, la cosa se pone regulera pero logra salir. Cuando sale le dicen por radio al comandante del vuelo que le van a ir pasando con personas de distinto rango hasta que en un último aviso tiene cazas a los lados que lo van a escoltar hasta que aterrice donde lo mandan. Y el comandante, que primero creyó que era una broma de los compañeros de tierra, mira por la ventana y flipa. Allí están los aviones.

     "Pero el protocolo 42... No es posible enfrentarse al protocolo 42".

     En realidad La anomalía trata del protocolo 42 que iremos descubriendo a la vez que un científico que es trasladado a un hangar. Lo llevan por el avión que salió de la turbulencia y fue escoltado, el que os acabo de contar. Allí esperará la llegada de dicho avión. Miller, que así se llama el científico, perteneció al grupo que creó una serie de protocolos para cubrir contingencias y así actuar con rapidez. Cuando llega al hangar y ve allí el avión al que espera, le dicen salió de la turbulencia hace tres meses como es normal. La anomalía es que ahora haya vuelto a salir de la turbulencia el mismo avión con la misma gente. No el mismo avión tiempo más tarde, no... Es un caso claro de protocolo 42. Es imposible, pero ahí está. Y en un rato estará por duplicado. ¿Qué hacemos?

     A partir de lo que os he dicho lo único que tenéis que hacer es poner un pie en la realidad más cotidiana y pensar en qué se haría si sucediera algo así. Además nos ofrece las distintas perspectivas de los pasajeros del avión lo que nos lleva a una suerte de enredo entre los primeros, los segundos, los primeros cuando el tiempo ha llegado al momento de los segundos...  y nos deja una novela que uno debería de catalogar como ciencia ficción en un espacio incatalogable en el que se han movido muchas series con éxito pero, hasta ahora, pocos escritores se habían atrevido a adentrarse. Aquí lo divertido, y la novela es francamente divertida, es lo imposible. Decía Holmes que si eliminamos lo imposible, lo que queda, por improbable que sea, tiene que ser la verdad. Y Le Tellier nos dice: ¿y qué pasa si lo que ha sucedido es precisamente lo imposible? Pues pasa que hay que buscar explicaciones en la religión, la ciencia, incluso en el cine. Pasa que importan las historias de las personas y pasa que uno comienza a leer la novela y es incapaz de soltarla en su cabeza durante los ratos en los que no está leyendo. Pero, sobre todo, lo que pasa con este libro es que uno tiene ganas de que lo lea alguien más para poder comentarlo a gusto. Así que ¡leed insensatos!

     La anomalía es una novela diferente escrita de forma brillante y con un final a gusto del destinatario con la que he disfrutado mucho. Y me ha dejado algo muy claro: no está todo escrito.

     Y vosotros, ¿cuál es el último libro que os moríais por diseccionar a todo spoiler y os tocó esperar a que alguien lo leyera?

     Gracias.

     PD. No os he contado un millón de cosas. Os he hablado de un pasajero escritor pero no de su libro escrito en el intermedio. Los pasajeros de este vuelo, tienen sus historias. Pero tras la anomalía...¿qué hacemos con ellos?

lunes, 29 de marzo de 2021

Los crímenes de la carretera. J. D. Barker y James Patterson

     "¿Dónde estarás cuando tu vida se acabe? 

     Yo estaba en el supermercado, con un mango en la mano, apretándolo. 

     Hace dieciséis minutos que cogí una llamada de teléfono de la mujer que vive en el apartamento de debajo del mío en el complejo Wilshire Village, una anodina monstruosidad de color mostaza justo al salir de Broadway por Glendale, a una manzana de Wilshire en Los Ángeles".

     Siempre he pensado que los libros a cuatro manos son complicados. Pero si firman dos escritores que me han proporcionado muchas horas de entretenimiento, ni me lo pienso. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los crímenes de la carretera.

     Conocemos a Michael Fitzgerald. Ha encontrado a una joven que no conoce muerta en su bañera así que hace lo normal, llamar a la policía. El detective Dobbs llega y observa la escena. La víctima es una joven llamada Alyssa y, si algo parece claro, es que Michael la conoce y mucho. No tarda en aparecer otra víctima con la que la joven comparte un rasgo común: una pluma de gorrión en el escenario del crimen. Y hay incluso más. La agente del FBI Gimble se unirá al detective Dobbs para cazar al ahora apodado Birdman mientras Michael sigue negando ser el autor de los asesinatos.

     Estamos ante una novela entretenida que utiliza varias voces para narrar una historia en la que se combinan la primera y la tercera persona. Dentro de estas voces seguiremos una estructura no siempre fiable (es lo que tiene la primera persona), que mantiene el interés a un lector que llega un momento que no sabe por dónde puede salir la trama para quedar airosa de forma mínimamente realista. Y eso es algo que me llama la atención: dar las vueltas suficientes como para que uno no sea capaz de ver una salida es mucho más divertido a intentar descubrir al culpable antes de que lo desvelen. Y la novela de esta pareja proporciona justo eso: entretenimiento. Y es que cuando comencé a leer lo primero que pensé fue: no por Dios, otro con amnesia a corto/medio/largo plazo, no. Que no olvide caras de rubios los días pares o desayunar los miércoles. Y, efectivamente, no trata de eso el libro. Trata de Michael y su preocupada hermana (lógico que se preocupe) y de cómo narices es posible que no conozca a la chica de la bañera si aparece en fotos con ella en las que se ve claramente a una pareja (por no hablar del vídeo). El libro, más que un rompecabezas es un juego de fiabilidad en el que los autores van dejando pistas a las que he retrocedido, lo confieso, para dar pistas al lector y terminar con un último giro que, pese a forzar un poco el límite, me ha dejado satisfecha. 

     Me ha gustado Michael, del que dudaba o no según el momento y tanto en un caso como el otro me preguntaba si además de dudar me estaba equivocando por hacerlo o cómo era posible que negara algo semejante. Por eso, y porque los personajes me han gustado o me he acercado a ellos con cierta facilidad, se me ha ido en un suspiro pese a lo voluminosa que se ve. Y eso, es por lo que he empezado hablando de los libros entretenidos. El juego constante a verdad o mentira, los toques psicológicos que mantiene la novela y su capacidad para hacerme dudar de todo y de la cordura de todos mientras se adentraba en el thriller psicológico me han hecho disfrutar de sus páginas a las que pongo, como única pega, que sobra el epílogo. La novela estaba muy bien si esa necesidad de poner un broche final que no es significativo para la novela pero sí para el lector al que puede llevar a una sensación confusa que estropee su valoración final de la historia.

     Los crímenes de la carretera me ha parecido una novela francamente entretenida que he leído con rapidez y disfrutado contre cábalas sobre qué narices estaba pasando ahí.Y como ya he dicho más veces, no es nada fácil escribir un libro que resulte entretenido en un mundo en el que la competencia en este campo es feroz y los lectores nos vemos de vuelta de casi todo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 10 de marzo de 2021

Manifiesto por la lectura. Irene Vallejo

 


     "Narramos, escribimos y leemos porque hemos fabricado la fabulosa herramienta del lenguaje humano. Por medio de las palabras podemos compartir mundos interiores e ideas quiméricas".

     Tras varios elogios y debido a que los ingresos van destinados a un Pacto por la Lectura me decidí a comprar este libro. Se trata de Manifiesto por la lectura.

     Hay dos maneras, supongo, de encarar un libro como este a la hora de ser reseñado. La primera es la fácil, la emocional que queda tan bien y que, ojo, está ahí en todo lector amante de los libros. Ahí llegamos y decimos que este libro es una maravilla que defiende la necesidad de leer, la maravilla que es hacerlo y lo mucho que se disfruta. Os puedo decir que el título le va como faja a bestseller: hecho a medida. Abrimos el libro, nosotros amantes de la lectura, apasionados de la letra escrita y a poder ser tinta en papel, y nos encontramos un canto a todo lo que nos gusta y, seamos sinceros, nos embellece. Porque un canto a la lectura es en cierto modo un pequeño aplauso al lector que se siente bien entre tanta palabra hermosa y ejemplo literario. Lo leemos y subrayamos de forma incesante frases y palabras que la autora ha escrito leyendo nuestro alma. Todo eso es este libro.

     Pero por otro lado está nuestro lado más práctico. Vaya por delante que el libro es barato y que apoyo totalmente el destino al que ha ido mi dinero pero, seamos serios, que son poco más o menos sesenta páginas. Páginas escritas como si MrWonderfull hubiera quedado encerrado un mes en una biblioteca y hubiera descubierto que, como no podía ser de otra manera, le gusta mucho leer. No encontrarán ustedes una sola opinión negativa sobre este libro en el que la creatividad es la puerta mágica que todos los lectores sabemos que es. Está escrito para complacernos, claro, porque somos los lectores empedernidos los que compramos libros todas las semanas, los que nos lanzamos sobre los libros que hablan sobre libros y los que, de eso estaban seguros, nos íbamos a enamorar de las palabras de Vallejo. El problema de este tipo de afirmaciones es que parece que llega un momento en el que todo nos vale. Si habla de amor por los libros, una librería, un escritor, una biblioteca... ¡dentro! ¿Que no sabes qué profesión colocar a un protagonista? Hazlo escritor, hombre, así accedes a los lectores empedernidos. Y si no se te ocurre nada o no te cuadra, siempre pueden entrar en una librería o leer un libro antes de acostarse. Cómo, entonces, no adorar un manifiesto que diga en voz alta lo bonito que es leer, que cuando lo abras se oigan aplausos y que además te corresponda a ti una parte... Bien, pues eso es lo que tenemos entre manos, un librito que nos dirá justo lo que queremos oír y que bien hubiera podido ser el prólogo de El infinito en un junto. Que ese título de la autora ya es otra historia. 

     A estas alturas supongo que muchos tenéis el gesto arrugado, un mohín de enfado, y lo comprendo. Pero a mi la lectura de este manifiesto me ha parecido un ejercicio de autocompacencia. 

     Y vosotros, ¿sois lectores de libros sobre libros?

     Gracias.

lunes, 8 de marzo de 2021

Cómo hablar de los libros que no se han leído. Pierre Bayard

 


     Ahora que todo el mundo se agarra al junco, he pensado que era un buen momento para traer este ensayo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cómo hablar de los libros que no se han leído.

     Afirma Bayard que un libro tiene más puntos intermedios en su relación con el lector que el de haberlo leído o no. Y es que este libro con título de autoayuda no trata precisamente de presumir sin leer. Aunque en realidad si que dedica muchas páginas al tema. Dice también que los profesores están expuestos y que no pasa nada por hablar de un libro hojeado, abandonado u olvidado debido a la cantidad de tiempo que hace que se leyó. Y aquí supongo que sería bueno preguntarse cuántas personas que hablan de El Quijote realmente lo han leído. Me quedo con la parte en la que sale en defensa de los periodistas literarios explicando que es imposible para ellos digerir todas las novedades que se publican semanalmente y que llegan a las redacciones. Reconozco que ahí me reí. Esta defensa o dardo envenenado ataca directamente al corazón del crítico literario que jamás asumirá haber realizado tamaña ofensa a su profesión. De hecho, para que quede claro el tono del ensayo lo abre con una cita del famoso Oscar Wilde que dice "Nunca leo un libro que deba reseñar. Me crea tantos prejuicios...". Decidme si no es ya esta parte para ir echando una sonrisa.

Bayard elimina de la lectura el aura de altura cultural que se le supone y la baja a tierra firme. A fin de cuentas, para él todos somos no lectores puesto que los libros que queremos leer o que ya tenemos incluso pendientes por anotados o adquiridos suele superar a la lista de aquellos que hemos leído. Dice que la literatura se nutre también de quienes hablan sin leer: de los que citan la crítica de otro o recomiendan de oídas. Perlas que, seamos sinceros, tienen algo de verdad. Y luego sí, habla de como fingir una lectura siempre y cuando uno no se meta en terrenos profundos sobre ella, claro. Y eso lo dice un profesor de literatura que, como uno entenderá, no ha tenido tiempo de hablar de todos los libros que ha leído y tampoco de leer todos aquellos de los que tiene que hablar. Utiliza la sinceridad brutal de quien lejos de confesar una falta, lejos de disculparse, argumenta. Y lo hace con mucho sentido del humor y una ironía a ratos corrosiva que estoy segura ha ofendido a más de uno que se ha visto obligado a defenderse de un libro que abogue por semejante práctica. Me imagino entonces a los indignados defensores de la ofensa que supone un libro que defiende que no es una vergüenza hacer algo así y mirar en su interior esperando no ver en ellos mismos la falta que tanto critican.

     Hay además que diferenciar entre el libro real, el libro en el que un título se convierte una vez que hay un entorno hablando de él (y yo lo leía pensando en esos títulos que se santifican desde su salida al mercado y de los que nadie parece poder hablar mal si en determinados lugares y determinadas personas los han elogiado) y el libro personal de cada uno una vez que lo ha leído.

     Llegado este punto supongo que debería decir que este libro no lo leí para hablar de él pero lo cierto es que lo hice y que me resultó tremendamente divertido. Lo compré por irreverente y de hecho me hace gracia que no haya tenido el autor a hordas de indignados a la puerta de su casa por su osadía al escribir algo así sin fijarse posiblemente en la cantidad de títulos que aparecen durante la lectura acompañados de motivos para estar ahí que implican que este señor sí los leyó. Incluso ahora estoy con una sonrisa puesta. No me diréis que solo por eso no merece ya la pena su lectura...

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 1 de marzo de 2021

Una sala llena de corazones rotos. Anne Tyler

 


     "Es inevitable preguntarse qué le pasa por la cabeza a un hombre como Micah Mortimer. Vive solo; es reservado; su rutina está grabada en piedra. Todas las mañanas a las siete y cuarto se le ve salir a correr. Alrededor de las diez o las diez y media pega el cartel magnético de TECNOERMITAÑO en el techo de su Kia. Las horas a las que sale para atender llamadas varían, pero no hay prácticamente ni un solo día en el que los clientes no requieran sus servicios. Por las tardes, siempre lo vemos haciendo arreglos en el edificio donde vive; hace doblete como hombre de mantenimiento. A veces barre el camino de entrada, otras sacude el felpudo o charla con un fontanero. Los lunes por la noche, la víspera del día de recogida de residuos generales, acerca los cubos de basura a la calleja; los miércoles por la noche, los cubos de reciclaje. A las diez de la noche, más o menos, las tres ventanas entrecerradas del sótano se oscurecen. (Sí, su piso está en el sótano. No debe de ser muy alegre.)"

     Anne Tyler es una de esas autoras fáciles de leer y con la que es fácil empatizar. Si veo un libro suyo, lo compro segura de pasar un rato más o menos agradable sin necesidad siquiera de mirar su sinopsis. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Una sala llena de corazones rotos.

     Conocemos a Micah. Viene de una familia bulliciosa y desordenada que lo ha llevado a mediana edad a valorar el orden por encima de todo. Vive solo y le va bien, tiene una amiga a la que no va a llamar novia formal que lo quiere razonablemente... pero bueno, empiezan los problemas. En primer lugar Cass, su novia, le cuenta que la echaron de donde vive por el gato. Y claro, una novia esperaría lo que espera Cass, aunque uno se pregunte qué ve en este hombre pluriempleado de una forma peculiar. En este, vamos a decirlo, raro.

     Una cosa con la que suelo disfrutar es con los protagonistas de Tyler. Esas personas razonablemente aburridas y muchas veces rutinarias que se sienten satisfechos con sus pequeños logros como un buen aparcamiento. Lo cierto es que los leo y no puedo evitar pensar: conozco gente así. La gracia de Micah está además en que él se siente bien consigo mismo porque ha buscado una vida ordenada que dominar y, más o menos controlar, pero entonces llega Tyler y se la pone patas arriba en el terreno personal, el más ingobernable de todos los terrenos. Y lo divertido de hacerlo es que, en uno de sus empleos, hemos visto como el protagonista se pregunta que sería de la gente a la que ayuda normalmente con contraseñas perdidas, o qué es de ellos, cómo viven y, de reojo, qué sería de su vida si alguien la trastocara. Y justo Tyler lo hace. Y lo hace no solo porque puede, faltaría más, también para que tengamos claro el tono irónico que domina toda la novela en la que el narrador nos deja opiniones o comentarios tan cercanos que uno sabe que está hablando con la propia autora pese a que no sea una conversación. Total, que su novia espera vivir con él y, como las desgracias nunca vienen solas, un chaval se planta en su puerta para decirle que es su hijo. 
Ante todo esto Micah se ha convertido en el centro de atención del lector. Hemos visto sus problemas para relacionarse, y también hemos pensado eso de: "Para que Micah se de cuenta, cómo será el chaval". Lo hemos visto equivocarse, hablarse con un acento ridículo (o así me lo imaginaba yo) y nos hemos preguntado qué narices le pasa por la cabeza cuando Cass le cuenta su problema y él se queda inmune provocando la ruptura.

     La novela, corta porque tampoco da para mucho más la historia, es entretenida. Uno se sienta a leer como si estuviera viendo una sitcom, con su punto de humor y esa suerte de tragicomedia que tiñe toda la trama. Me ha resultado agradable, posiblemente olvidable en unas semanas y más que presumiblemente una buena opción televisiva en el caso de que alguien se interese por ella. Pero nada más. Lo cual no significa que sea poco. Todo depende de lo que se busque en cada momento.

     Una sala llena de corazones rotos es una novelita entretenida que se lee en un par de tardes.

     Gracias.

     PD. Tecnoermitaño como concepto. Lo tenía que poner.

viernes, 26 de febrero de 2021

Un amor. Sara Mesa

 


    "Al hacerse de noche es cuando cae el peso sobre ella, tan grande que tiene que sentarse para coger aliento. 
     Fuera el silencio no es como esperaba. De hecho, no es silencio. Hay un rumor lejano, como de carretera, aunque la carretera más cercana es comarcal y está a tres kilómetros de distancia. También se oyen grillos, ladridos, el claxon de algún coche, los gritos de un vecino arreando el ganado, ya de recogida. 
     Era mejor el mar, aunque también más caro. Fuera de su alcance.
    ¿Y si hubiese aguantado un poco más, ahorrado un poco más?"

     Uno de los libros del año. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un amor.

     Conocemos a Nat, traductora cuando se muda a La Escapa pareciendo comenzar de cero en un lugar remoto y casi dejado de la mano de Dios a la casa más barata que ha podido encontrar. Comienza a relacionarse con la gente del pueblo: el terrible casero, el vecino al que mira sin ser mirada.. o sí. Intenta entenderlos, ser una suerte de traductora de aquellos que la han acogido aparentemente bien.

     Esta es una historia de amor o desamor con un libro alzado a las cumbres literarias. Y digo amor o desamor porque en realidad no tengo muy claro qué ha sucedido, por qué hice una lectura distinta, si el problema es mío. He dejado de sentirme culpable o no sentirme a la altura y he pasado limpiamente al lado de los que hacemos nuestras cada una de las lecturas que realizamos. Y luego me he puesto a observar y he visto que no tantos lectores lo ensalzan y he pensado: tal vez no sea solo yo. Os cuento cómo es mi "Un amor". Para mí es una redacción brillante a grandes ratos en la que se mezcla lo sutil con lo infantil por tan directo. Cuando veo que escapa a La Escapa que es en realidad una suerte de trampa ratonera no puedo por menos que sonreír ante lo poco escondido del caso y es que más que avispada por verlo me he sentido infantil. Imaginad, se escapa a La Escapa que es todo menos.... (momento "lo pillas") y cuando "lo pillo" me aplauden, supongo. Ya...
    Había leído además sobre la historia de violencia de sensaciones fuertes y duras y me he descubierto ante algo totalmente diferente. Para mi Nat es la paradoja, la traductora que no comprende y a la que no comprendo en su forma de actuar. No se integra, no reacciona, es sumisa en muchas ocasiones, se paraliza ante el casero ante la opinión ajena, ante la sinceridad del vecino, ante el rechazo... De Nat sabemos que vino de otro lugar y que sustrajo algo. No nos hablan de familiares ni de amigos. Su lectura genera desasosiego, el mismo que vive la protagonista quise entender y que en mi caso se acentuaba porque ni siquiera la comprendía a ella. Es curioso no comprender a alguien que, en teoría, se desnuda. La teoría es eso que te venden pero que no siempre se corresponde, lo sé. 
     A estas alturas estaréis preguntándoos dónde se encuentra el amor. Bien, claro que lo hay. Hay un vecino, no podía ser de otro modo... Hay una relación que ha sido quizás más importante por el reflejo en Nat de lo que ve que provoca que por el sentimiento directo. Es más importante en este caso el diferido porque dentro del aislamiento de no entender, un factor importante es cómo te hace sentir la reacción ajena. Y, bueno.. también hay un perro y un señor alemán y un casero odioso. Pero son apenas doscientas páginas, no os lo voy a contar. Supongo que un poco porque mi lectura dice que Un amor es un libro que trata de la incomprensión y que si os lo cuento y lo entendéis os perderéis el camino que la autora ha elegido para el lector. O quizás haya sido yo la que se fue por la vereda que no tocaba y por eso no la disfruté a nivel personal aunque sí la pude apreciar al formal.

     "Un amor" fue uno de los libros del año, empiezo como acabo. No lo he disfrutado y eso me lleva a preguntaros si lo habéis leído y qué sensaciones habéis extraído de vuestra lectura.  Nuestros son los libros cuyas páginas desfilan ante nuestra mirada.

     Gracias.
     
     

miércoles, 24 de febrero de 2021

Solo la noche. John Williams

 


     Ya ni recuerdo el tiempo que hace que leí "Stoner". Sí recuerdo el fenómeno Stoner un par de años más tarde que recorrió librerías lectores y libreros y que aún no ha desaparecido alimentándose de nuevos descubridores. Imaginad mi cara al tropezarme con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de "Solo la noche".

     Conocemos a Arthur Maxley en mitad de un sueño que es casi pesadilla. Su vida transcurre con más pena que gloria entre clubes y pensamientos poco agradables. Ha dejado la universidad para sumergirse en la ciudad, en la parte más negra de la misma. Y por si fuera poco este camino infeliz su padre ha llegado a la ciudad para verlo. Arthur no tiene ganas ni intención, no le guarda buen recuerdo ni siquiera a la palabra que designa el cargo que ese hombre ostenta en su árbol familiar. Y ahora quiere cenar con él. Se resiste. Va...

     "Solo la noche" se sitúa en los comienzos de la obra de Williams. Solo por eso ya no debe ser comparada con el título que lo alzó a la fama. Aunque supongo que es inevitable. De todos modos es una lectura interesante. Maxley es a ratos Holden si Holden hubiera vivido en las páginas del Centeno para llegar a la edad de Maxley. Aquí el protagonista se siente desapegado de todo lo que le rodea, incómodo con las mujeres y proclive a la reflexión un tanto taciturna  sobre todo cuanto le rodea. sus problemas no se quedan ahí y tampoco en la relación con su padre. Avanzan hasta que el lector se pregunta si este inadaptado no padece en realidad un trastorno de esos que hoy llevan nombre y receta adosada. O tal vez terapia. En el caso de Arthur la terapia se limita a su habitación de hotel convertida casi en su mundo... y en la bebida.

     La cosa es que ahora todos llegamos a las 24h de Arthur tras haber leído el resto de la obra de Williams o, al menos, tras haber leído Stoner. Recomendaría entonces al lector dejarse llevar hasta notar a ratos al novelista que será, que aprecie esta suerte de novela psicológica protagonizada por un hombre taciturno que mezcla la realidad y los sueños por lo que es, sin buscar a aquel profesor que fue capaz de ganar su corazón. Aquí lo que el autor nos deja es la caída absoluta del protagonista. Un protagonista que recuerda y reprime, que desprecia y cae una y otra vez en la trampa del sueño más o menos consciente que lo va despegando de la realidad. Tiene momentos magistrales en los que uno ni siquiera es capaz de saber en qué género encuadrar la historia, y otros que no son más que hilos con los que el autor a buen seguro hubiera sido capaz de deleitarnos años más tarde.

     No nos engañemos, Arthur no nos va a agradar. Lo vamos a ver torturarse y despreciar a todos por lo que son, por lo que fueron... le vamos a ver sumergirse en recuerdos y también buscar no recordar. Y caer una y otra vez. Pero Arthur, al que ya he comparado con Holden, no nos va a permitir la indiferencia. Y todo el mundo sabe que lo único que no le perdono a un libro es que me deje indiferente.

    Y vosotros, ¿sucumbísteis ante Stoner?

     Gracias.

lunes, 22 de febrero de 2021

La policía de la memoria. Yoko Ogawa

 


     "En ocasiones, vuelvo a preguntarme qué fue lo que desapareció de nuestra isla en primer lugar. 
      — Mucho antes de que vinieras a este mundo — me decía mi madre cuando yo no era más que una niña — , la isla estaba repleta de cosas que han desaparecido paulatinamente y que ya no se encuentran entre nosotros. Se trataba de objetos, conceptos e incluso seres vivos de lo más variado y con las más diversas características: transparentes, aromáticos, zigzagueantes como culebrillas o brillantes como diamantes... Cosas maravillosas que ni siquiera tú, mi niña, eres capaz de imaginar".

     Algo tenía el título de esta novela que me atraía. Algo esa imagen, esa cara a trozos dibujada o maldibujada, ese sello que no deja ver. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La policía de la memoria.

     Estamos en una isla sin nombre un tanto aislada ya que no hay barcos ni funciona el ferry. Tampoco hay mapas que indiquen a la gente si hay más ciudades en la isla, pero no importa porque jamás llegan turistas. Allí vive nuestra protagonista, una escritora huérfana que tiene entre manos una novela sobre una mecanógrafa y su maestro. Pero volvamos a la isla. En ella, las cosas desaparecen sin dejar rastro. Y cada vez que algo desaparece, se vuelve imposible de recordar.

     La policía de la memoria es una novela sobre la nostalgia, el olvido y la irremediabilidad de la pérdida. En la isla desaparecen los pájaros, el perfume, la esmeralda... y todo lo que les lleve asociado. Tampoco hay libros o cuadros que los representen. El perfume, si algo resta, deja de tener olor; las sensaciones que se asociaban a lo desaparecido se borran con ello. Los habitantes parecen sentir que algo se va y se despiden. Litros de perfume fueron echados al río sin que ellos percibieran el olor, aunque si notaron el que dejaron los peces muertos como consecuencia de su despedida. Pétalos de rosa llenaron las aguas, piras de sombreros mientras quienes se dedicaban a trabajos relacionados con ello, cambiaban de profesión sin inmutarse. La protagonista escribe en un mundo en el que las palabras también desaparecen, su trabajo es leve y casi titánico...y perturbador. Así conocemos a un anciano que es su relación más estable y a R, su editor. R pertenece al grupo de los perseguidos: aquellos que pueden seguir recordando, perseguidos por la policía. Esos ponen en peligro la tranquilidad de la isla, son un peligro en potencia. Por eso ella lo esconde en un lugar ínfimo. Allí ella se preocupa del día que desaparezcan las palabras, los libros... mientras R intenta que mantenga un vestigio de recuerdo, de lo perdido.

     La novela se funde en un tono nostálgico hacia aquello que se pierde sin saberlo, hacia la persona que desaparece, el recuerdo que se va...Pero no nos engañemos, estamos ante una distopía de un mundo duro y cruel en el que no nos permiten aferrarnos a nuestros recuerdos. Mi abuela me enseñó que las personas no desaparecen, ni siquiera al morir, mientras exista alguien que las recuerde. En este mundo formado por una isla los recuerdos son lo único que la policía no permite y, con ellos, la identidad. Ni siquiera recuerdan haber olvidado. Son maleables, conformistas. Si nos forman nuestras vivencias y las van eliminando al final lo que queda es un trozo de arcilla. No añoramos lo que no sabemos que puede existir. No peleamos por ello, no lo amamos. La vida se llena de agujeros de olvido y las personas también. Se vuelven frágiles, les faltan pedazos...

     La policía de la memoria es una fábula magistral sobre la vida y la identidad, sobre el olvido y aquello que nos forma. Y te hace preguntarte de qué estamos hechos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Las grandes familias. Maurice Druon

 


      "Las paredes de la habitación de la clínica, la madera de los mue bles y el metal de la cama estaban pintados de un blanco brillante, lavable y crudo. De la tulipa de vidrio esmerilado fijada encima de la cabecera caía la luz eléctrica, igualmente blanca y dura, sobre las sábanas, sobre la pálida parturienta que entornaba los párpados, sobre la cuna y sobre los seis visitantes. 

     —Todas vuestras magníficas razones no cambiarán un ápice mis ideas, ni siquiera el hecho de que estemos en guerra —dijo el marqués de La Monnerie—. Desapruebo absolutamente esta nueva moda de ir a dar a luz fuera de casa".

     Como siempre digo, si no me he leído un libro, para mí es una novedad. Así que hoy traigo a mi estantería virtual el Premio Goncourt de 1949. Se trata de Las grandes familias.

     Conocemos a la familia Schoulder, de origen judío-austriaco pero ya casi olvidado, tres generaciones ligadas a la banca y la industria les consolidan como una gran familia marcada por tres generaciones:Siegfried, Noël y el nieto, François. Y por otro lado tenemos a los La Monnerie, aún "mejores", ligados al poder. La unión de estas dos familias aúna un gran poder y se refleja en la tercera generación, François Schoulder y Jaqueline de La Monnerie. Qué gran unión, podréis pensar. Pero, ay, que François quiere trabajar. Y empezamos con los problemas.

     Las grandes familias es una novela con un aire anticuado que refleja una sociedad anticuada. Tras un magnífico comienzo en el que un nacimiento se produce mientras los alemanes sobrevuelan París, nos metemos de lleno en el relato de una sociedad de entreguerras, cambiante, y la vida un tanto aislada y casi de opereta de un par de familias. Este título será el primero de la trilogía que lleva su mismo nombre con la que el autor hizo un retrato que yo ya estoy ansiosa por continuar.

     No faltan los líos, los embarazos que provocan matrimonios forzados aunque no incluyan a ambas partes y que tienen un final, cuanto menos, irónico, las luchas de poder, las maquinaciones, las víctimas inocentes o no tan inocentes, la tragedia y el drama. El autor nos muestra personajes secundarios situados en extremos y principales ávidos de la parte del poder, el engaño o el amor a la que se hayan visto sometidos. Diría que estamos ante un novelón en el caso de estar ante un decimonónico tomo que uniera los tres títulos, pero en este caso me quedé un tanto a medias tras la tragedia al saber que la historia podía continuar. Dicho lo cual, me fui a la librería y encontré que la misma editorial tuvo ese sentimiento y decidió que en un volumen único ganaría en drama y trama. Vamos, que si seguís mi recomendación, yo ni me lo pensaba.

     A estas alturas no os he contado que hay un malo resentido que pertenece a una de las familias, que la desgracia se cierne un tanto por ambición y que acaba provocando disgusto precisamente por tener que mantener poder, bueno, no solo por eso, que hay quien solo busca ascender y quien se muere de pena y queda, y esto es lo que hace que un libro sea bueno o malo en realidad, una sensación de vigencia porque en determinados círculos las cosas tal vez no hayan cambiado demasiado.

     Me he divertido mucho con Las grandes familias. Llego dispuesta a continuar su historia y es que siempre me ha resultado atractivo ese momento de cambio al que muchos se niegan a mirar. Con unas primeras páginas poderosas y un final que no deja dudas sobre la necesidad de seguir, he disfrutado.

    Y vosotros, ¿miráis la fecha de publicación de vuestras lecturas?

     Gracias.


lunes, 8 de febrero de 2021

Las cinco mujeres. Las vidas olvidadas de las víctimas de Jack el Destripador. Hallie Rubenhold


      "Hay dos versiones de los hechos que tuvieron lugar en 1887. Una es muy conocida; la otra no".

     La historia de Jack el Destripador ha llevado miles de folios a lo largo del tiempo. La de sus víctimas... no tanto. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Las cinco mujeres.

     Y si comienzo diciendo que se ha escrito poco sobre sus víctimas ahora explicaré la primera conclusión a la que la autora del libro llega: no eran simples prostitutas como siempre nos han contado. De hecho sus tres primeras víctimas fueron mujeres respetablemente casadas hasta que la dura vida de la época las condujo a un camino menos recto que acabó por llevarlas hasta el Destripador. Y supongo que ahora alguno habrá levantado una ceja y dicho eso de... "pues putas". Pero pensemos un momento... la información que nos ha ido llegando con el paso de los años es la de la prensa y sabemos que había mucho sensacionalismo alrededor de este tipo de casos (no como ahora sic.), pero en cambio hemos optado por creerlo como si el uso y la costumbre, al igual que en las leyes, pudieran consolidar como real lo que tal vez no fuera tan simple. Bien, pues aquí vamos a conocer a Mary Anne "Polly" Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. La última fue mutilada, el resto fueron degolladas y destripadas, de ahí el apodo de un asesino sobre el que se ha escrito y rebuscado su identidad durante muchos años. Rubenhold nos habla de la pobreza londinense, de las condiciones de vida, asilos, marginalidad, nos muestra que apenas hay informes oficiales sobre lo sucedido (solo dos), recurre a historiadores, archivos, libretas más que libros y deja de lado el sensacionalismo del panfleto que busca la venta fácil para reflejar, no solo la vida de esas mujeres, sino también el desprecio que se sentía por dichas vidas pese a la cobertura que se le dio a los asesinatos. Y es que, más allá del relato de estas mujeres, lo que nos deja es un fresco social y muestra lo poco que se ha hecho para llenar las lagunas sobre los sucesos reales y las personas que los protagonizaron. Nos presenta vidas humildes que nacieron condenadas al infierno y que finalizaron en él.

     Una de las víctimas acabó en un asilo tras dejar a su marido. Ella ya se había criado en otro, pero esta vez no tuvo la oportunidad de salir aunque lo intentara. Y, a su muerte, lo que parecía juzgarse no era su vida de constantes luchas, sino su moralidad. Hallie Rubenhold muestra que no hay evidencias de que todas ellas fueran prostitutas pero si de que vivían en la calle en condiciones de pobreza y que si fueron asesinadas, no se debió a su moralidad, como se llegó a cuestionar en su momento, sino por estar borrachas y dormidas en plena calle. O mejor dicho, en la calle por la que pasaba Jack El Destripador. Otra de ellas, hija de un soldado, fue víctima de su adicción a la bebida, que llegó a costarle su bonita familia y tener que irse de su casa de campo. Una tercera estuvo de sirvienta, también en un negocio que fracasó tanto como su vida y al final sobrevivía como podía hasta encontrarse con su fatal desenlace. Una cuarta incluso sabía leer y escribir y parece ser que escribía baladas. Y la quinta, de la que se sabe su historia de burdel, parece que es la que venía de mejor familia.

     Hecho este resumen uno pudiera pensar que ya se ha contado la mayor parte del libro pero, en realidad, lo importante aquí es preguntarse por qué no se sabía nada de estas mujeres. Por qué nadie se preguntó sobre ellas, e incluso por qué fue juzgada su moralidad e incluso insinuado que merecían la muerte (al menos para el asesino aunque se sabe que muchos lo pensaban sin verbalizarlo) debido a las vidas que llevaban. Hay una afirmación patente en la obra sobre que su género es concluyente a  la hora de determinar su falta de oportunidades y su escasa relevancia social, así como el desinterés por las víctimas que se vieron eclipsadas por la fama de su asesino. Y es que, en definitiva, Las cinco mujeres es una obra que va mucho más allá de estos cinco nombres para dejarnos la sensación de que había muchos más infiernos que Whitechapel. Esta vez no toca entrar en si fueron 5, 11 o 18 como se ha llegado a decir las víctimas del Detripador. Esta vez, Rubenhold ha hecho lo que mejor se le da y es recatar la vida de unas mujeres de las que apenas se sabía más que su nombre y reputación.

     Las cinco mujeres me ha parecido un libro muy interesante y necesario que obliga al lector a reflexionar más allá de la sangre derramada por uno de los asesinos más famosos de la historia.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 3 de febrero de 2021

Deja de decir mentiras. Philippe Besson

 


     "Tengo diecisiete años. No sé que nunca volveré a tener diecisiete años, no sé que la juventud vuela, que apenas dura un instante, que desaparece enseguida y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde, ya se ha terminado, se ha volatilizado, la has perdido; a mi alrededor algunos lo presienten y lo dicen, los adultos lo repiten, pero yo no los escucho, sus palabras me resbalan".

     Últimamente me siento atraída por las novelas que vienen de Francia. Esta se me había escapado hasta hace unas semanas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Deja de decir mentiras.

     Philippe es un conocido escritor francés a nivel internacional. Un día, de regreso en su ciudad natal, ve a un joven con un gran parecido al que fuera su primer amor, Thomas. Incapaz de evitar la tentación, decide seguir al joven, que resulta ser Lucas, el hijo de aquel hombre.

     Con esta premisa Besson escribe una novela autobiográfica que se divide en tres partes marcando una primera en la que ambos adolescentes viven su amor y dos posteriores que relatan encuentros con Lucas, en un primer caso de forma totalmente casual. Así es como nos vemos sumergidos en el primer amor, esa relación que comienza en secundaria entre dos adolescentes opuestos: uno extrovertido y destinado al éxito, el otro introvertido y con un futuro que se oriente a seguir los pasos de su padre en la granja familiar. Un amor apasionado en el que se busca el segundo, el beso y la piel. Y también un mundo secreto porque Thomas duda, teme que lo señalen, que lo descubran. Termina el curso, terminan esos estudios, y los jóvenes se separan. Uno de ellos se va fuera, se casa, siempre temió, siempre dudó...
Este es el principio real de la novela, el encuentro da pie a la continuación, pero así, desordenado, es como lo vive el autor para escribirla y tal vez sea mejor que os lo cuente como él lo vive. Luego vino el encuentro con el hijo y el descubrimiento de que no fue Philippe el único marcado por ese amor, también lo fue Thomas, el que temía, el que jamás lo superó.
     La novela de Besson es autobiográfica y añadiría que escueta. Es una historia sencilla que evita cargar tintas en sentimentalismos ya sean habituales o esperados y que relata de forma sencilla un primer amor y también una condición más social que personal. Un contraste y una huella. Resulta además llamativo, o a mi me lo pareció, que siendo en primera persona, siendo autobiográfica, siendo el autor extrovertido y sintiéndose cómodo y todas estas cosas que uno puede decir sobre la sexualidad, el memoir evoluciona y se palpa una soltura creciente, como si al igual que en la vida uno necesitase de cierto rodaje para mostrarse realmente. Y ese punto, unido a la dedicatoria al propio Thomas o a una descripción que parece de la propia cubierta, le da un tono honrado que, unido a la estupenda prosa, es lo que trasciende del libro. Un libro que es, en definitiva, la historia del primer amor, ese que se vive con pasión y cuya huella perdura.

     Deja de decir mentiras es un memoir que merece la pena ser descubierto. Un libro que se lee rápido y cuya huella perdura si uno sabe fijarse en los espacios intermedios. Es... como el fragmento que da pie al comienzo de la reseña: ¿quién con esos años no se sintió inmortal?

     Cada vez son más frecuentes los libros que se adentran en los propios secretos, en las vivencias que marcan, en los esqueletos propios. Decidme, ¿me podéis recomendar un alguno si es que ya os habéis adentrado en ellos?

     Gracias.

lunes, 1 de febrero de 2021

La loca de la casa. Rosa Montero

 


      "Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros. Las diversas parejas que he tenido y las obras que he publicado son los mojones que marcan mi memoria, convirtiendo el informe barullo del tiempo en algo organizado. «Ah, aquel viaje a Japón debió de ser en la época en la que estaba con J., poco después de escribir Te trataré como a una reina», me digo, e inmediatamente las reminiscencias de aquel periodo, las desgastadas pizcas del pasado, parecen colocarse en su lugar. Todos los humanos recurrimos a trucos semejantes; sé de personas que cuentan sus vidas por las casas en las que han residido, o por los hijos, o por los empleos, e incluso por los coches. Puede que esa obsesión que algunos muestran por cambiar de automóvil cada año no sea más que una estrategia desesperada para tener algo que recordar".


     Me gusta Rosa Montero, no solo sus novelas imaginativas, me gusta ella, la forma en que se expresa, sus gestos... y también sus novelas más privadas. Solo me faltaba un libro que abordara la literatura como tal. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La loca de la casa.

     Si Truman Capote hablaba de Plegarias atendidas citando a Santa Teresa, Rosa Montero hace lo propio con La loca de la casa aludiendo a la forma en que la santa se refería a la imaginación. Y es que en La loca de la casa Rosa Montero nos habla de ella misma, aunque no sea del todo cierto lo que nos cuenta o tal vez sí, y también de literatura. Nos habla de otros escritores, sentimientos, impresiones y uno tiene la sensación de estar ante un libro de propias anotaciones que destila amor por la literatura. Y eso, a los lectores empedernidos, nos encanta. Sabemos que la parte personal es engañosa, leemos experiencias que cambian cada vez que las cita y descubrimos una mezcla entre lo que fue y tal vez lo que deseo o lo que quiso o, por qué no, lo que pudo ser. Nos habla de sus lecturas y de sus autores, con sus partes buenas y malas en esa suerte de cotilleo en el que nos cuenta debilidades de nombres hoy consagrados y que yo desconocía. Esas que uno apunta tomando nota de que, a fin de cuentas, son personas y también se mete, porque por qué no hacerlo puestos ya, a hablar de las relaciones literarias modernas. Esas que incluyen a escritores y críticos y hablan de lealtad o de poder o a saber Dios qué.
A lo largo de la lectura de esta suerte de ensayo novelado o novela ensayada tuve muchas veces la sensación de una cierta complacencia con el lector al que deja frases colocadas para ser anotadas sobre la creación literaria, las inseguridades y el amor a la literatura, pero lejos de estorbarme parecía formar parte del juego de medias verdades que se avisa en la propia novela. Y es que cuando he dicho que Montero recuerda o imagina es porque ella misma lo advierte y el lector acepta el pacto de disfrutar los caminos elegidos sin plantearse demasiado hasta qué punto sucedió. 

     Lo cierto es que La loca de la casa es un libro de fácil lectura y mejor digestión que uno termina con una sonrisa y disfruta desde las primeras páginas. Quizás, y por ponerme puntillosa, no necesito que a ratos me hable con tanta confianza, pero también es cierto que la mitad de las cosas que cuenta serían propias de ser relatadas por un amigo de esos que uno sabe que exagera o con el que juegas a imaginas cómo te hubiera gustado que sucediera tal o cual noche. No me importa demasiado quién es M o si es uno o si son varios ni tampoco en qué encuentro me engaña o si estuvo o no tal o cual actor misterioso porque me quedo con la parte metaficticia, autoliteraria o como cada cual lo quiera definir. El caso es que, como ya me ha sucedido con otros libros, me quedo con Rosa Montero y su particular oda a la literatura que es este libro.

     Descubrir anécdotas literarias es uno de los placeres de La loca de la casa y por eso, aunque he hablado un poco de la parte más personal, no os he contado de Woolf, Goethe o Capote, por poner un ejemplo. Esa parte la dejo para que cada cual la descubra y disfrute mientras anota qué biografías le interesan, le convienen o le pueden interesar. Tampoco he puesto las citas que hablan de la literatura, la creación, la soledad del escritor, sentarse y no escribir o mil pequeños detalles que desgrana para deleite de cualquier aficionado a los libros y, tal vez, más aún de cualquier otro escritor. Eso también os lo dejo descubrir. Y digo que os lo dejo descubrir porque os recomiendo su lectura. 

     Lean, lean ustedes La loca de la casa. 

     Gracias.

miércoles, 27 de enero de 2021

Delatora. Joyce Carol Oates



     "Repudiada 
     Hubo una época en que yo era la favorita de papá, de entre sus siete hijos. 
     Antes de que algo terrible sucediera entre nosotros, algo que todavía estoy tratando de solucionar. 
     Fue en noviembre de 1991. En aquel momento tenía doce años y siete meses. Mi padre me mandó al exilio. ¡Trece años exiliada! Puede que para un adulto no sea mucho tiempo; para una adolescente es toda una vida. 
      ¿Quién es la niñita de papá?"

     Me gusta Oates. Nos conocemos hace años, en las páginas de sus libros, y ya sabemos de nuestras virtudes y defectos. Se hacia dónde carga tintas y ella sabe hasta dónde puede llegar conmigo en un asalto. Es cómodo, me gusta. Sé que puedo parar de leer porque al retomar la lectura se esforzará en volver a cautivarme. Nos entendemos, se viene conmigo. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Delatora.

      Conocemos a Violet, séptima hija de una familia católica irlandesa de siete hijos. En realidad son irlandeses de Nueva York y allí es donde esta niña de 12 años disfruta de su status de favorita de la casa. Es niña y la pequeña, poco más hay que añadir.

     Violet delató a sus hermanos cuando estos mataron a un chico negro. Ellos fueron a prisión pero ella también recibió el castigo que se reserva a los chivatos que son incapaces de ser leales a su familia. Repudiada, sin perdón por su falta, la seguiremos a lo largo de dos décadas en una vida de culpa y búsqueda en un entorno complicado que irán forjando a una superviviente.

     Hay mucho más detrás de la novela de Oates que la vida de una delatora que es incapaz de perdonarse y busca a la vez el perdón. Es más que la vida de una superviviente que acepta como si fueran merecidos los abusos, como una suerte de purga de su culpa. Mucho más. Oates regresa a sus temas, entra esta vez en un entorno familiar tóxico con un padre con un trabajo obrero, afición desmedida por el alcohol y tendencias brutales. Un hombre que mide bajo el mismo ojo a sus hijos y a sus hijas. Y no es precisamente el ojo de la igualdad. Ellos son brutos y ellas han de ser chicas hermosas y sexys, pero sin pasarse. Ellos son apenas educados más allá de ese trato casi animal. De hecho es fácil que el lector se escandalice ante un primer acto de Lionel y Jerome que apenas es castigado por llamarlo de alguna manera. Y de ahí, al asesinato en una sucesión brutal de imágenes cargadas por el razonamiento inicial de estos dos hermanos mayores de la protagonista. Y un chico negro acaba muerto mientras que los dos chicos no se esconden de su hermana al llegar a casa. Violet los ve y deduce lógicamente lo sucedido, mientras el lector descubre nuevamente el verdadero tema de la novela. Intenta hablar y explicarse, pero no la escuchan o, si lo hacen, ella es la amonestada: por el amor de Dios, son sus hermanos, es su familia... Y cuando finalmente alguien la escucha, sus hermanos van a prisión y ella es una rata delatora. Es apartada de la familia, pasa por un hogar de acogida y acaba con su tía. Su vida no irá a mejor y tampoco será un campo de margaritas. Pero nadie lo espera, estamos leyendo a Oates. Sabemos que los conflictos raciales y sociales marcan su obra, como también lo hacen la violencia masculina y la victimización de las mujeres. Son temas perennes, están ahí tanto como lo hacen en la calle, en la sociedad actual. En su novela no hay piedad para la protagonista, a veces incluso nos preguntaremos si estamos antes una bildungsroman que transita por los tortuosos caminos del infierno. Pero no es la única por la que la autora no parece tener piedad, los hombres en este libro sufren la misma suerte aunque no por el mismo camino. Esta vez es Oates quien no tiene piedad y no da opción en sus juicios.

     Delatora es un libro implacable, hay racismo, misoginia, violencia y abusos y su lectura, la de Violet en su vida y la forma en que va viendo el lugar que ocupa es tan actual, pese a que opta por ambientarlo hace treinta años, como descorazonadora. Por supuesto que son extremos y por supuesto que es ficción y el lector jamás deja de ser consciente de eso. Porque si no lo fuera, se asfixiaría... exactamente igual que lo había con cualquier otro final diferente al elegido por la autora. Aunque, si han leído el libro, piensen un momento... sí, justo eso, ya ven de mano de quién vino.

     Delatora es una gran novela. Con la pluma a la que Oates tiene acostumbrados a sus incondicionales. Y de toda esta opinión quizás esa sea la palabra más importante: implacable: no hay nada de la soleada cubierta en la novela, allí todo es oscuridad. Con todo lo que eso pueda significar.

     Y vosotros, ¿ya conocéis a Oates?

     Gracias.

    

lunes, 25 de enero de 2021

64. Hideo Yokoyama

 


     "Los copos de nieve danzaban en la penumbra del anochecer. 
      Tenía las piernas tan entumecidas que le costó bajar del taxi. En la entrada de la comisaría los esperaba un miembro de la policía científica cobijado en el abrigo reglamentario. Éste los condujo al interior. Cruzaron el despacho donde trabajaban los agentes de guardia y por un pasillo apenas iluminado llegaron a una puerta que daba al aparcamiento para el personal. 
      Al fondo del recinto se alzaba la morgue, un edificio aislado sin ventanas y con tejado de zinc. El ronroneo del extractor le reveló que dentro había un cadáver. El agente de la científica abrió con llave y se apartó indicándoles con la mirada que esperaría fuera como muestra de respeto. 
      «No me he acordado de rezar...»".

     El thriller del año que ha salido en enero fue publicado hace casi diez y por fin llega a nuestras librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, 64.

     Conocemos a Mikami, un detective más que veterano que ha sido transferido en la policía esta vez al departamento que sirve de enlace con la prensa. Un lugar complicado ya que no solo tiene que medir la información que reciben, también tiene que resistir a sus presiones y hacer de freno. Preocupado por la desaparición de su hija le toca además orquestar la reunión con un alto cargo policial que llega de Tokio en una reunión que tiene que incluir al padre de una niña desaparecida hace 14 años y por eso el Comisionado lo va a revisar, está a punto de prescribir. Con el padre de la niña claramente enfrentado con una policía que no hizo bien su trabajo, es fácil entender que no tenga ningún interés en reunirse con el Comisionado para aparecer en una foto.

     64 se refiere al año en que desaparece la niña, 1989. 
     Dicho esto os habréis fijado que no me he puesto a poner los nombres de los personajes, y esto es porque son un engorro. En un libro de más de seiscientas páginas da tiempo a que aparezca mucha gente y si el libro se mueve entre vericuetos administrativos y pugnas prensa vs policía, ya ni os cuento. Y es que el libro es lento y, a ratos, grandes, incluso aburrido. El autor abre varios hilos aunque deja claro que el central será la desaparición de la niña hace años y los secretos que se han ido manteniendo ocultos en el tiempo. Los errores policiales no se airean, está claro. Pero no ha sabido darle la acción necesaria. Todo en el libro es lento y engorroso, la relación entre policía y prensa sigue y sigue entre tensiones y el lector siente la tentación de leer en diagonal algunas partes. Pero aguanto y no lo hago, a fin de cuentas es el libro del año y muchos somos los que protestamos de que todo thriller tenga que ser trepidante. La novela de Yokoyama no lo es, es meticulosa hasta lo enfermizo y requiere paciencia hasta llegar a los descubrimientos y giros, que los hay. Pero tienes que llegar a ellos. Por el camino hay un accidente y la prensa presiona para conocer la identidad de la conductora, Mikami los habla de otro caso que cree los puede entretener pero su estrategia no funciona y tirando de hilos y mordazas llegan sus sospechas. Empiezan las visitas y las llamadas que van descubriendo secretos o tretas administrativas, depende del caso, y la novela sigue y sigue dando vueltas (y nombres) mientras el lector se pregunta si realmente es necesaria tanta vuelta y tanta parafernalia para relatar una historia que con la mitad de páginas hubiera sido el doble de interesante. 
     Yokoyama vendió más que Murakami en su momento con esta novela. Y yo entiendo que la literatura nipona es diferente a la nuestra y suele tener musicalidad, que esta novela no tiene, y un costumbrismo que aquí me ha parecido casi un manual laboral del narrador. 

     64 ha resultado una novela curiosa. Cuando uno ve buenas críticas y recibe la sensación contraria durante la lectura, incluso aunque en la última parte mejore, se siente desconectado del resto de los lectores, ajeno. Al final uno se pregunta si el problema es propio y no del libro, y opta por no desrrecomendarlo, más bien justo lo contrario. Se genera un interés renovado en hablar del libro con los entusiastas, intentar acercarse a su prisma y ver qué es lo que falló durante la lectura. Os invito a contarme si lo habéis leído. A fin de cuentas, como ya he dicho muchas veces, yo no soy crítico, soy una simple lectora. Y si algo nos gusta a los lectores, es compartir opiniones de nuestro vicio favorito.

     Por cierto, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 18 de enero de 2021

El abstemio. Ian McGuire


      "Es medianoche. Hay cañones de campaña en Stanley Street y barricadas de madera en todos los puentes y cruces de la ciudad. Sobre las aguas oscuras y desiertas del río Irwell se eleva el resplandor anaranjado de decenas de fogatas".

     Hay temas que resultan atractivos, por eso no pude evitar fijarme en la novela que os traigo a mi estantería virtual. Hoy traigo, El abstemio.

     James o'Connor es un policía irlandés que llega a Manchester ante el recelo de sus nuevos compañeros en la comisaría. En un momento conflictivo en la ciudad se van a ahorcar a tres fenianos y él prevé que sea la chispa que haga saltar el polvorín. Solo que no parecen escucharlo. el día del ajusticiamiento la plaza está llena de espectadores y uno de los informantes de O'Connor le habla de un americano que viene para dar un golpe definitivo en nombre de los fenianos. Así empieza una lucha entre dos hombres que termina por convertirse en algo personal llevando al límite al policía.

     El abstemio es O'Connor, un detective que tocó fondo al perder a su familia y estuvo a punto de dejar que la bebida diera al traste con su vida y su carrera. Por eso está en Manchester en un intento de enderezarse y agarrar la que puede ser su última oportunidad de ponerse en pie y hacer las cosas bien. Y O'Connor lo hace bien, incluso con unos compañeros de trabajo que, en el mejor de los casos lo ignoran. al menos hasta la llegada de Doyle, un hombre violento y con sed de sangre que milita en las filas fenianas con la intención de llevar a cabo un golpe maestro y violento que sacuda los cimientos de la autoridad británica. Así las cosas su primer objetivo será saber a qué policía se acude cuando uno tiene algo que contar y también quienes son esos que parecen sentir la necesidad de contar demasiado a la policía. Este es el punto de partida de la historia entre estos dos hombres que se enfrentan desde las primeras páginas y que acaban convirtiéndose en objetivo y obsesión mientras el lector transita por el comienzo de la época más conflictiva de Irlanda. De hecho el punto de partida de la novela, el ajusticiamiento de los llamados Mártires de Manchester, es real, y a partir de él se construye una historia cada vez más personal en la que, lo confieso, temí que el final no estuviera a la altura. Y es que hay veces que un escritor se deja llevar en la trama tanto que termina por no rematar de la forma adecuada porque se le va de las manos. Creo que por eso me ha gustado tanto la novela, por el magnífico final capaz de impactarte pero también de dejar satisfecho al lector más exigente.

     La ambientación, el tono y el dibujo que hace de los dos protagonistas son puntos a destacar ya que, ni siquiera en el caso del "bueno" en este duelo entre "bueno y malo" cae en la tentación de convertir a uno en un héroe, dejando que decida y se confunda para alivio del lector que llega cansado de intachables.

     El abstemio me ha gustado. Ha resultado una historia difícil de soltar con un broche perfecto para un año que, a juzgar por este título, empieza bien en  cuanto a lecturas se refiere. Os lo recomiendo. Sin duda. Por mi parte investigaré otros títulos del mismo autor.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.