miércoles, 14 de julio de 2021

Vida y época de Michael K. J. M. Coetzee

 


     "Lo primero que advirtió la comadrona en Michael K cuando lo ayudó a salir del vientre de su madre y entrar en el mundo fue su labio leporino. El labio se enroscaba como un caracol, la aleta izquierda de la nariz estaba entreabierta. Le ocultó el niño a la madre durante un instante, , abrió la boca diminuta con la punta de los dedos, y dio gracias al ver el paladar completo.
     A la madre le dijo:
     - Debería alegrarse, traen suerte al hogar".

     Leer a Coetzee es tanto disfrutar con sus palabras como sufrir con sus historias, áridas, duras. Es no buscar consuelo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Vida y época de Michael K.

     En esta ocasión conocemos a Michael K. cuyo labio le dificulta seriamente la comunicación. Vive en plena guerra civil africana, temiendo escuchar una sirena, y termina por tomar la decisión de llevarse a su madre al campo. Cuando todo parece ponerse en su contra, Michael sube a su madre al carro y emprende el camino para lograr sacarla de Ciudad del Cabo. Su madre no tarda en fallecer y Michael emprende un camino hacia la soledad.

     Con esta novela el autor ganó su primer Booker. No cabe duda de que la historia de este jardinero que trabaja para el Ayuntamiento en Ciudad del Cabo es estremecedora. Y es que Coetzee nos presenta la historia de un hombre solo que, desde su nacimiento, parecía predestinado a estarlo. Un ambiente árido y polvoriento que muchos han comparado con McCarthy ante la que se le impone al protagonista una elección disfrazada de dos caras de una moneda pero que, en el fondo, no dejan de ser lo mismo. He visto mil y una comparaciones de la novela con Kafka, ya sabéis como es esto y que si la K, que si no comprende... pero yo me quedo más con Camus y su extranjero. El desarraigo del mundo, mirar desde lejos y comer calabaza, tirar de la tierra y no poder quedarse con nada, mirar otra vez y más calabaza. Y un recuerdo, unas cenizas, una historia.
     Michael K es un viaje individual convertido en una suerte de odisea del hombre que busca su vida tranquila y que no está interesado en la "ayuda" que se le pretende brindar. Ni, aparentemente, en ninguna otra cosa. Y la historia de este hombre sencillo logra el maridaje perfecto en la prosa de Coetzee que se libera de artificios hasta lograr que el lector se pregunte cuánto hay de real en lo que nos está contando. Qué parte inventa y cuántos casos existen así. Porque la historia de Michael K., igual que el polvo del camino, se te posa encima, se te mete en los ojos, bajo las uñas... y cuesta mucho sacarla de ahí.

     Vida y época de Michael K. es una gran novela de un magnífico escritor que no puedo dejar de recomendaros. Y realmente lo mismo me da si empezáis vuestra andadura con Coetzee con esta u otra. Todas lo valen.

     Y vosotros, ¿hay escritores de los que os gusta toda su obra?
 
     Gracias.

lunes, 12 de julio de 2021

La canción de Aquiles. Madeline Miller

 


     "Mi padre fue rey e hijo de reyes. Era pequeño de estatura, al igual que la mayoría de nuestra gente, y tenía unos hombros enormes, como los de un toro. Desposó a mi madre cuando esta tenía catorce años y la sacerdotisa la declaró núbil. Se trataba de un buen partido: era hija única y el esposo recibiría la fortuna del padre".

     Tras disfrutar como una enana con Circe, estaba claro que iba a leer esta novela. Hoy traigo a mi estantería virtual, Aquiles.

     Habéis visto las primeras líneas. Bien, el que toma la voz es el pobre Patroclo, una decepción para su padre que no logra la mano de Helena aunque se ve sujeto al juramento de lealtad. Eso es empezar mal, pero es que el pobre hombre, una década más tarde, es exiliado por matar a un chico en un accidente. Y así es como termina en Ftía y conoce a Aquiles. Una amistad que va creciendo hasta ser amor y que iba bien hasta que la madre de Aquiles (esa que dicen que lo sujetó por el talón al sumergirlo en las aguas de la inmortalidad) los separa enviando fuera a su hijo. O eso cree ella... Bien, después crecen y llega Troya y la guerra y la muerte y la venganza y la autora saluda a la Iliada rápidamente antes de dar por finalizada la novela.

     Si algo sabe hacer Madelina Miller, es dar voz a quienes no la tuvieron. En este caso es Patroclo quien cuenta una historia mil veces narrada demostrando que quedan formas e historias por contar. La novela está narrada de forma ágil y amena y nos lleva por una época menos conocida que ha sido recogida casi a fragmentos para dar la imagen total de aquél que fue conocido solo por su ira y que ahora será su amor y lealtad quien le den vida durante la mayor parte del trayecto.

     En conjunto me ha parecido una novela bastante más lenta que Circe, que tampoco es que fuera eso que ahora llaman trepidante, pero me ha gustado incluso más. Me quedo con el astuto Ulises como diagonal más importante, y con la forma ligera de contar hazañas que para muchos se antojan pesadas simplemente por oír hablar de iliadas y homéricas hazañas logrando una novela de lo más entretenida que sirve perfectamente para pasar por el verano de una forma agradable.

     Mención también a la preciosa edición que AdN ha realizado y que hace pareja con Circe, que dicho sea de paso es la segunda novela de la autora y no la primera.

     Me gustan los libros que me descubren que quedan historias incluso en las mil veces narradas, que dan voz a los ocultos, a los no escuchados, que desgajan lo ya narrado hasta encontrar al personaje que observaba desde una esquina y del que no puedo deciros si finalmente logró colocarse en el centro o, al menos, junto a su amado Aquiles. Lo que si os digo es que he disfrutado con La canción de Aquiles. Os lo recomiendo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 30 de junio de 2021

La virgen negra. Ilaria Tuti

 


      Tras haber leído su primera novela, tenía curiosidad por saber cómo iba a continuar lo que era a todas luces una saga. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La virgen negra.

     Teresa Battaglia sigue trabajando como policía mientras lucha contra su terrible enfermedad intentando que nadie lo descubra. Ahora llega a su mesa el caso más extraño de su carrera: ha aparecido un cuadro pintado hace más de medio siglo con sangre y, junto a Marini, le va a tocar investigar qué se esconde tras el macabro hallazgo. 

     Si están de moda las novelas negras con protagonistas peculiares, Tuti se lleva la palma. Battaglia está luchando contra el alzheimer. Un punto que a mi me resulta excesivo y que relata quedándose en la parte más básica de la enfermedad que hace que haya postit y tarjetas para ayudarla y que, a priori, solo ella ve. Pero bueno, estamos ante una novela de ficción y si ella tiene este problema y su mano derecha Marini está traumatizado, yo avanzo. Solo lo comento porque la novela, para mi, peca de excesiva y quiero explicar los motivos. El caso es que aparece un cuadro cuyo autor está vivo pero no habla desde que apareciera en el bosque sujetando el lienzo y recurren a un descendiente para que les cuente la historia que ha pasado por varias generaciones sobre este hombre. Y la novela se desdobla entonces en dos hilos, porque uno es el presente en el que se investiga y otro es el pasado en el que nos van relatando, para ir con un ritmo variable hacia una conclusión que peca, para mi, de precipitada. 

     Tuti ya había dado muestras de cuidar su prosa y utilizar un vocabulario escogido y alguna figura literaria que diera buena cuenta de su calidad en su novela anterior pero en este caso peca de exceso. La novela utiliza un lenguaje demasiado florido en sus descripciones y es que no por colocar mucho adorno se ve la casa más bonita y eso es algo que ha perdido de vista la escritora al dejarse llevar en exceso por la necesidad de adornos, lirismos y demás familia. Más allá de eso la trama se le va un poco de las manos, algo que intuimos en las primeras páginas en las que sucede algún detalle inexplicable, no sabemos si paranormal o no, en una novela que en todo momento me ha mantenido con una ceja levantada entre sorprendida y a la espera de lograr engancharme a la historia.

     La virgen negra es una novela curiosa que no me he creído en ningún momento y que está recibiendo un respaldo de la crítica que me hace pensar que quizás haya sido yo la que no haya estado a la altura. Así que, por favor, leed y comentadme. Si algo tienen de bueno las charlas entre lectores es que nos aportan nuevas visiones de nuestras lecturas una vez finalizadas.

     Y vosotros, ¿sois de comentar vuestras lecturas?

     Gracias.

lunes, 28 de junio de 2021

Hermanos de Sangre. Ernst Haffner

 


     "Diminutos integrantes de una sinuosa, fatigada fila de hombres que se extiende por el largo patio de la fábrica y dos pisos más, los ocho chavales de la pandilla Hermanos de Sangre hacen cola y aguardan, al igual que otros cien, a que por fin los dejen pasar del terrible frío húmedo a las cálidas salas de espera. Faltan todavía tres o cuatro minutos. Después, a las ocho en punto, se abre la pesada puerta de hierro en el segundo piso. El centro de beneficencia del distrito Berlín-Mitte, en la Chausseestrasse, da el tirón de arranque para la puesta en marcha de su complicada actividad burocrática. El impulso se propaga en sucesivos serpenteos por la hilera humana. Los integrantes avanzan, arrastran los pies, sostienen en las manos una gran cantidad de papeles exigidos. Previsoramente ha sido publicado con autorización oficial un manual impreso que detalla, en una columna interminable, los papeles necesarios y los veinticuatro puntos de la ciudad donde pueden obtenerse".

     Lo mismo que se publican al año decenas de libros sobre la II Guerra Mundial, hay un periodo que está más o menos olvidado por la literatura y que a mi me resulta particularmente interesante: el de entreguerras. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Hermanos de sangre, una relectura.

     Los hermanos de sangre son una banda como otra cualquiera que sobrevive en la Alemania de entreguerras haciendo lo que sea necesario para ello. Conocemos sus historias de una forma casi relatada, alterna, para saber de dónde vienen y el poco futuro que parece esperar a estos huérfanos de guerra en su mayoría, que acaban en casas de acogida de las que huyen debido a las condiciones y el trato recibido, hacia una vida en la calle que los hermana en cuadrillas de raqueros supervivientes.

     Pocos datos existen sobre el autor de este libro. Se sabe que lo publicó en 1932 y que, tras el ascenso al poder de los nazis, fue uno de los miles de títulos prohibidos y perseguidos. De hecho, a finales de esa misma década, Haffner fue, al igual que sus editores, condenado por la Reichsschrifttumskammer y se cree que el autor del libro murió y junto con estos hechos, la historia que relataba en su novela. Hasta que en 2013 una editorial modesta decide publicarla y es aceptada con entusiasmo por el público y la crítica. Ahora, además de la historia, son conocidos los intentos de la editorial por dar con alguien de la familia del autor llegando incluso a poner anuncios en la prensa que jamás han dado frutos. Como podéis ver, los libros son mucho más que las historias que relatan. Hoy, con la novela leída, supongo que la novela se prohíbe porque la imagen que nos deja de Alemania dista mucho de ser la de un lugar maravilloso poblado por una raza superior. Pero esto ya es elucubrar.
     Lo que si puedo es contaros que el autor mediante sus historias nos deja un retrato fiel de la sociedad empobrecida que sale de una guerra diezmada económicamente y con familias que son, cuanto menos, damnificados del momento en el que les ha tocado vivir. Queda un país en el que los barrios bajos, la prostitución y la diferencia de clases sociales marcan la vida de sus habitantes, sobre todo en ciudades como Berlín. Hay miseria y enfermedades en la lucha constante de esos jóvenes a los que el autor no concede tregua y una crítica social que no se detiene en las casas de acogida o en los correccionales en los que muchos de ellos acababan. Avanza mediante el ejemplo de dos chicos que intentan cambiar su futuro trabajando en  una idea y comenzando un negocio, hasta las dificultades para la reinserción en una sociedad en la que se te estamentaba convirtiendo tus posibilidades de mejora en algo prácticamente inexistente dependiendo del lugar que te hubiera tocado en suerte al nacer o de los errores que fueras cometiendo. Siempre que fueras pobre, claro. Porque la clase privilegiada ni siquiera habla de cometer errores. Pero en el lado de la banda de Johnny, en la cola del paro, o en la de Willi Kludas, que huye a Berlín para buscar una vida mejor y acaba siendo un hermano de sangre, las cosas no son fáciles en absoluto. He tardado hoy en poner nombre a los protagonistas porque, más allá de la estampa Dikensiana de las historias personales, lo que me ha interesando de la novela es el retrato global en el que el lector  sabe que los nombres no importan porque está ante la historia de miles de personas, de miles de nombres. Acostumbrada a representaciones positivistas menos sucias, Haffner abre los ojos a una ciudad implacable con la población de grupos marginales a los que pisotea la inocencia sin piedad porque ellos, ilusos, creen que pueden aspirar a algo mejor.

     Hermanos de sangre me ha parecido una magnífica novela que destaca como fresco de una época olvidada y que, en los casos en los que ha sido representada, lo ha hecho bajo una perspectiva desenfocada, más un fondo que una propia historia: la de los que sufrieron la guerra cuando esta terminó y que sufrirían la siguiente sin saberlo, tras haber luchado en las batallas de las calles.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 21 de junio de 2021

David Golder. Irène Némirovski


      Si algo tienen de bueno las ferias, es que los puestos de las librerías exponen siempre una zona con los libros elegidos por el librero en la que podemos encontrarnos pequeños tesoros. Hoy traigo a mi estantería virtual, David Golder.

     Conocemos a David Golder, un banquero millonario que ha descubierto eso de que el dinero no da la felicidad junto a una mujer fría como un témpano y una hija manipuladora que parece tener, junto a su madre, el vicio de gastar todo lo posible. Y ahora, tiene problemas serios de salud. Eso significa que sus acciones caen y, evidentemente, su mujer interesada en el dinero no se va a quedar a su lado.

     Para los que somos lectores habituales de Némirovski es fácil reconocer en esta novela a algunos de sus personajes habituales que están, en mayor o menor medida, basados en vivencias de la propia autora. La familia millonaria que no es precisamente buena, el judío avaricioso (no olvidemos que la autora se convirtió al catolicismo), la arpía, la hija caprichosa... La verdad, desconozco cómo era la familia de la que procedía la autora, pero dicen las malas lenguas que es de dónde bebía para crear sus personajes. Y con eso ya lo digo todo.

     En esta ocasión nos presenta a un hombre que ha salido de un país pobre y de un barrio aún más pobre, y que ha conseguido triunfar en la vida hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de su país. Así el Golder: infeliz pero rico o rico pero infeliz. Y además lo hace en apenas un puñado de páginas en las que el lector casi puede sentir el dolor de un infarto y también la desesperanza más absoluta de quien no es querido, a quien atacan rompiendo su corazón y provocando un daño superior al del problema cardiaco. Golder va a descubrir casi todo por las malas y el lector lo acompaña pensando eso de que el dinero no da la felicidad y que tal vez, solo tal vez, no le hubiera ido tan mal aunque con menos lujos, si no se hubiera embarcado en cambiar de vida. Quién sabe lo que es mejor para cada uno. Incluso el propio Golder reflexionará sobre ello. Némirovski nos deja así una historia triste hasta el desconsuelo en la que el lector se ve atropellado por la magnífica narración capaz de sumergirnos en la historia. Una historia con una familia terrible cuya hija me ha dejado una honda huella.

     David Golder es una gran novela en la que la autora muestra su maestría narrativa y que recomiendo abiertamente tanto a sus lectores habituales como a los no iniciados. La vida es dura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 16 de junio de 2021

Después. Stephen King

 


     "Los muertos están obligados a decir la verdad, algo que viene bien cuando quieres conocer la respuesta a una pregunta, pero, como he comentado, la verdad puede ser un auténtico asco".

     Libro de King que sale, libro que me compro. Es un vicio como otro cualquiera. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Después.

     Conocemos a Jamie en la veintena y llega dispuesto a contarnos su historia. Una historia que comenzó el día en que vio a su primer muerto o, mejor dicho, su primer espectro. Porque Jamie ve muertos, algo que puede ser útil siempre que los muertos no den miedo. En realidad todos los muertos pueden dar miedo, solo que los hay de dos tipos: los que dan miedo porque conservan el aspecto que tenían al morir y eso puede significar que lleven heridas atroces, y los que dan miedo de verdad, por dentro.

     Comenzaba diciendo que soy fan de King, lo que supone que comencé hace años a leerlo, en mi adolescencia, y que su terror era bastante efectivo. Con el paso de los años un lector pierde la inocencia y el terror, ayudado por películas y videojuegos, evoluciona. King en cambio permanece inmutable.

Cierto es que le gusta colocar a algún pobre hombre en las inmediaciones de Maine y dedicarse a putearlo de forma incansable hasta que el pobre hombre llega a su límite. Pero también lo es que a King le encantan sus niños en bicicleta. En esta ocasión al tratarse de un recuerdo de la infancia tenemos precisamente a un niño, con o sin bicicleta, que le toca ver espectros de muertos. Cambia de lugar pero no de piel y el niño nos cuenta su historia dejándonos averiguar lo que él quiere y cuando él quiere. Y nos anuncia ya en la primera página: estamos ante una historia de terror. El caso es que, cuando alguien muere, el niño es capaz de verlo (y tiende a saludarlo con la mano)  e incluso hablar con él si no ha muerto hace demasiado tiempo. Y vive entre el temor de ver a un accidentado terrible que le haga temblar y el de ser tratado como un loco si se descubre su gran secreto. Cuando iniciamos la historia, solo su madre lo sabe. Y ni siquiera habla de ello. Al menos hasta que le resulta útil. Y me diréis entonces que para qué puede resultar útil un muerto. Bien, desde encontrar un manuscrito hasta descubrir un culpable o un escondite no compartido en vida son algunas de las aplicaciones de este don que se amparan en que los muertos no mienten. Pero en esta vida todo tiene su riesgo y quizás alguno de estos muertos, sobre todo si se trata de una persona no demasiado recomendable, pueden albergar en su interior algo que asuste mucho más que una cara destrozada. Y luego están los vivos. Porque si algo aprende Jamie es que el mal existe en vida exactamente igual que tras la muerte, y le va a tocar experimentarlo muy de cerca. No diré de mano de quién puesto que se trata de un libro corto, pero lo cierto es que, tratándose de malvados, aquí la vida se lleva el premio gordo.

     Como he dicho la novela es corta y el lector asiste a ella más como una introducción a las novelas clásicas de King que como una historia completa y es que, una vez que lo terminas, te quedas preguntándote qué habrá pasado con un par de flecos bastante importantes que se suponía iban a asustarte y se quedaron, como mucho, en poco alegres. Ya sé que no soy la persona adolescente que alucinaba con payasos metidos en alcantarillas o con enfermeras que tenían a un cerdo de mascota y un escritor de rehén, pero también lo es que aquí falta profundidad en la historia como para lograr que realmente me importe lo que sucede o llegue a empatizar con el miedo del protagonista que no llega a trascender en ningún momento las páginas del libro. Toca una parte policiaca de forma importante al fijarse en la pareja de la madre de Jamie pero, ni con mucha imaginación alcanza la calidad de Mr Mercedes. Y es que, pese a mis buenos ojos y mi lectura nostálgica, tengo que reconocer que se ha quedado corto en más de un sentido.

     Después se anuncia, incluso por el propio narrador, como una novela de terror. Y ante eso tengo que decirle al señor King: lo siento querido, pero esto no es una novela de terror. Al menos no a la altura que sabemos que llega. Y tras esto solo añadir que por supuesto que voy a seguir leyendo al maestro, para qué fingir lo contrario.

     Y vosotros, ¿ qué libro tenéis entre manos esta semana?

     Gracias.

lunes, 7 de junio de 2021

La anguila. Paula Bonet

 


     "Pintando aprendí a mirar, entendí que la realidad es mucho más compleja de lo que parece, la pintura me ayudó a resolver lo que no se puede decir con palabras y es en la mancha donde consigo entender algo".

     Me gustan mucho las pinturas de Paula Bonet. Y poco más puedo añadir sobre el motivo por el que compré su novela. A veces es así de simple: me gustaba cómo se expresa en los lienzos. Hoy traigo a mi estantería virtual. La anguila.

     Estamos ante una novela de autoficción. Esto significa que con un fuerte contenido autobiográfico, del que muchas veces ya tenía noticia como seguidora de Bonet, la autora utiliza la ficción para encontrar la forma de relatar su historia. Una historia que había dicho muchas veces que pintaba porque no encontraba las palabras y que ahora ha sabido plasmar con letras. Y saber eso significa entender el desbloqueo para hablar que sufren muchas personas incluso años después de lo que les haya acontecido. También es importante para entender por qué unos tienen nombre y otros no en esta novela, para ver similitudes pero no buscarlas y entender que solo una concepción estética como la de Bonet puede concebir esta novela.

     Si en "Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END" la autora se asomaba a su propia historia dejando al lector realizar una parte del camino entre sus ilustraciones, en La anguila se muestra de una forma más directa sin por ello perder parte de la esencia de la artista que se muestra más entre bambalinas que de cara al escenario. Y es que es cierto que en la novela conocemos a una estudiante de Bellas Artes que nos muestra sus pasiones, la pintura, su abuelo, sus cartas y citas. También es cierto que se desnuda y nos habla de tres hombres a los que, lejos de poner un nombre, cita con un apelativo, ya sea "Sinnombre", "Hombrecito" o "Premio Nacional de Poesía", reclamando como propia una historia en la que dando nombres podríamos despistarnos al juicio olvidando, como ha pasado más veces, fijarnos en la víctima. Y es que Bonet habla, sí, de abortos (voluntario o no) y de abusos (sexuales o no), habla de familia y de admiración incondicional, habla de aprender a pintar y no habla, pero deja una clara muestra, del por qué de su evolución, de aprender a expresarse, de elegir qué y cuánto mostrar y añade también citas y pasiones. Al igual que sucede con su obra pictórica en La anguila leemos un contraste de belleza, aquí plasmada en una búsqueda del lirismo, con la realidad más sucia y ese es el punto fuerte de la novela. La mezcla, el batiburrillo a ratos de las formas utilizadas, las técnicas, las vías, para componer una idea general al final de la novela que permanece fija en el lector. Y es que a estas alturas he descubierto que le preguntaría muchas cosas pero ni un solo nombre, porque cuando alguien se desnuda uno no pregunta de qué marca eran sus zapatos.

     "La anguila" es una primera novela de quien ya había encontrado vías para relatar su historia. Es un pulso estético con la realidad, una reivindicación de la propia identidad y un homenaje a quienes han marcado tu vida. Me ha gustado. Tiene además un puntito disfuncional... como la propia vida.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 2 de junio de 2021

Dersú Uzalá. Vladimir Arseniev

 


     Hoy más que hacer una reseña voy a dar testimonio de una curiosa experiencia lectora y es que ya os anticipo que pocas veces me ha sucedido como con este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Dersú Uzalá.

     Arseniev fue un militar ruso que tuvo la misión de explorar y cartografiar una parte del vasto país. Concretamente la región situada en el extremo oriente. Una zona con colonos, gente desplazada y tribus nativas llena de bandidos que podían convertir la experiencia en algo aterrador. Es en una de esas experiencias cumpliendo su misión que el autor conoce a Dersú, un gold, un hombre de la montaña cuya comunión con la naturaleza y los ríos y bosques deslumbra a Arseniev. Dersú será el guía del autor por esa zona y juntos se enfrentan a animales tanto como a crecidas de ríos, tormentas o bandidos mientras que las descripciones naturales abruman al lector tanto como debieron de hacerlo los parajes al propio autor. Y así se suceden los encuentros forjándose una amistad que cristaliza en una invitación del militar para compartir los últimos años con un hombre que entristece tanto lejos de su entorno como para necesitar volver.

     Me ha sucedido con este libro un fenómeno curioso. Vaya por delante que no soy particularmente aficionada a la lectura de viajes, me gusta más hacer la maleta y, como mucho, comprarme una guía Aguilar para no perderme. Así que me embarqué en esta lectura que se me hizo lenta y pesada entre tanta descripción de nieve, bosque y animales como escarabajos que ocupaban páginas y páginas. Y, sin embargo, y fiel a eso que muchos no entienden, no abandoné la lectura. Dersú iba y venía y yo ya iba mirando y me daba cuenta de que la cosa se ponía intensa pero seguía sin estar particularmente absorta, diría que incluso ni siquiera muy interesada debido a la tremenda lentitud. Y entonces llega el final y algo hace click despertando emociones por sorpresa. A traición. Y me quedo perpleja porque es muy difícil que eso suceda, si algo te aburre no suele haber vuelta atrás, pero me he tropezado con una excepción.

     No ha mejorado mi opinión, no me entendáis mal. Pero me ha parecido sumamente extraordinario que, incluso en un género que no frecuento porque me aburre, en un libro que efectivamente lo hace, me ha dado una pena terrible lo que me iban relatando en la parte final. Algo tendrá este libro a fin de cuentas cuando incluso Akira Kurosawa realizó una película y, aunque no puedo precisar qué es, sí reconozco que lo he sufrido. Y esa es la experiencia que se gana durante la lectura, las sorpresas que deparan los libros que muchas veces trascienden de lo que relatan a la forma en que lo hacen consiguiendo atraparte de un modo u otro en su trampa en blanco y negro.

     Dersú Uzalá es toda una curiosidad. Y me ha gustado la experiencia. Más que el libro.

     Y vosotros, ¿sois de literatura de viajes?

     Gracias.

lunes, 31 de mayo de 2021

Un matrimonio americano. Tayari Jones

 


     Premios sí o no, o lo que viene a ser la polémica de siempre. Decimos que no pero nos los vamos leyendo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un matrimonio americano.

     Conocemos a Roy y a Celestial, el matrimonio perfecto de personas destinadas a triunfar. En este caso un matrimonio de color de la época en la que eso ya no era un estigma pese a que ambos son criados por las conciencias de quienes lucharon por los derechos que ahora disfrutan. Pero ellos, como decía, están destinados a triunfar. Al menos hasta que apenas año y medio después de su boda Roy es acusado de violación y condenado a 12 años de prisión. Y, aunque suena a tópico, él no lo hizo. La vida de él frena en seco mientras Celestial avanza preguntándose el tipo de matrimonio, de vida que tiene. 

     Y nosotros tenemos, sobre todo cartas. Cartas para comprenderlos y para comunicarse en las que descubrimos sentimientos e historia. Cartas que, si bien no conforman la novela al completo decidirán qué parte gusta más al lector en una novela que se va convirtiendo en una declaración racial sobre lo que puede suponer ser negro en Estados Unidos y ser sospechoso de un delito. A fin de cuentas, Roy está en prisión cuando realmente podría haber estado muerto. No es lo mismo ser negro o no para estas cosas. Roy pasa de la promesa a la prisión y de ella a ser algo que la sociedad evita: un negro, exconvicto en paro. sorprende la intimidad de las cartas, el tono realista que percibimos, el lado humano y también lo hace la presencia de grandes personajes secundarios que, una vez hemos finalizado la historia, casi han eclipsado a los protagonistas. Sorprende, por ejemplo, la voz del amigo, de André. Un matrimonio americano es más que un drama, un dramón, en el que el viaje, la detención, el juicio y la condena son el pistoletazo de salida de unas cartas que rebosan esperanza y pasión y que se van enfriando y es que, aunque Roy sale de prisión mucho antes de esos doce años, acaba firmando como un dubitativo esposo justo antes de acudir a un hogar que ha estado demasiado tiempo vacío. Así es inevitable el triángulo, la autopsia matrimonial y la reivindicación racial en una novela correcta que cae en más de un tópico que hubiera ganado evitando para centrarse en explorar esa primera parte.

     Un matrimonio americano es una buena novela. Solo que... no es excepcional. Ni muchísimo menos. Y es que la historia daba para mucho más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 28 de mayo de 2021

No oigo a los niños jugar. Mónica Rouanet

 


     "¿Recuerdas la primera vez que la vimos?".

     Tenía curiosidad por el motivo del título, por la llamativa cubierta y más sabiendo que mis experiencias con Rouanet habían sido buenas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, "No oigo a los niños jugar".

     Conocemos a Alma, una joven de 17 años que sufre un trastorno postraumático al ser la única superviviente del accidente de tráfico que acabo con la vida de sus padres y su hermana. Asediada por el sentimiento de culpa intenta acabar con su vida y eso la lleva a ser internada en una clínica para menores. Allí conoce a Luna, hija secreta de una celebridad y ansiosa por llamar la atención, Mario, un joven con rasgos esquizofránicos, Claudia, anoréxica... y también al doctor Castro y a los distintos cuidadores que, cada uno a su manera, cuidan de estos niños como si se tratase de huérfanos abandonados. 

     Pero lo importante de aquí, por encima de sus personajes, es el sanatorio. Un lugar que ha cambiado de manos tras pasar varios años cerrado y que aún mantiene cerradas sus plantas superiores. Y eso nos lleva a la presentación del segundo grupo de alumnos: Conocemos a un reducido grupo de niños que han sido ingresados en un hospital para niños sordos. Se sienten marginados frente a aquellos que no lo están, particularmente dos de ellos. Allí les cuida una mujer a la que estos dos niños llaman Mamá Luisa y que ha decidido convertir el sanatorio en su hogar y el de su hijo Diego, que causó la separación de Luisa con su entorno al concebirlo estando soltera y de un hombre casado. Cuando el sanatorio cierra los niños son recogidos por sus familias... excepto los sordos, de los que nadie parece acordarse y que se quedan con Mamá Luisa y con Diego, encerrados en silencio entre las paredes del único hogar que han conocido. 

     Bien, ese sanatorio que fue cerrado y cuya actividad cambió es el que ahora ocupa Alma, llave de dos hilos temporales que se unen en sus ojos. Unos ojos capaces de ver a esos niños a los que la autora da voz en forma de monólogo entre ellos. Y así es como nace la historia de un lugar para niños solitarios que necesitan cuidados y, sobre todo cariño. De una zona cero para almas frágiles que esconde secretos que se han mantenido en silencio durante años y que son desveladas a un lector que poco a poco va hilando pistas y empieza a preguntarse qué parte es real y cuál es su sombra. Y frente a Alma, Diego, que se convirtió para mi en la duda, la pregunta eterna que me llevaba una y otra vez a Luna y de Luna a Mario y de Mario al muro y del muro al ordenador y volvía a Mama Luisa y a ese señor que era el padre de su hijo. Y de todos ellos a la leyenda urbana, ese término del que todos hemos sido víctimas consentidas y consentidoras y que podría explicar pero no qué escondía exactamente el libro de Rouanet.

     No os voy a decir la clave, por supuesto. El secreto es suyo y de todos los que se animen a leer el libro. 

     No oigo a los niños jugar es una novela entretenida marcada por unos personajes sensibles a los que la autora deja contar sus historias y que se van ganando poco a poco al lector.

     Y sigo diciendo que me encanta la cubierta, ¿qué libro os ha llamado la atención por su cubierta últimamente?

     Gracias.


 

martes, 25 de mayo de 2021

Pleamar. Antonio Mercero

 


     "No se ve bien. La habitación es oscura, el plano fijo está pobremente iluminado y las hermanas Müller se mueven a base de espasmos para intentar liberarse de las cuerdas".

     Esta vez me he acercado al libro por su cubierta. Incluso confieso haber tardado en ubicar de qué me sonaba el nombre del autor. Hoy traigo a mi estantería virtual, Pleamar.

     Pleamar es el nombre de un canal de Youtube con millones de visionados. Las protagonistas son las hermanas Müller y sus seguidores esperan pacientemente la llegada de los jueves para ver el nuevo video. El último video muestra a las gemelas secuestradas y augura un mal final. Cuando una de las hermanas aparece muerta la policía se hace cargo del caso en una carrera contrarreloj para evitar la muerte de la hermana menor. El inspector Darío Mur y la subinspectora Nieves González serán los encargados de investigar el caso mientras que Nieves lidia con las consecuencias de enemistarse con los compañeros de su propia profesión.

     En Pleamar el autor entra, más bien se asoma pero poquito, en el mundo de los influencer para enfrentarlos con un policía que no comprende estos medios y una ayudante que está más o menos al día. La novela en sí es entretenida y con un ritmo ágil que lleva al lector hacia un final que no por poco original deja de ser correcto y es que, aunque el autor busca tramas secundarias con las que enredar parcialmente al lector, no oculta las pistas que nos permiten sentirnos más listos que los policías sin resultar explícitamente obvio. Y sin embargo me ha costado sentirme cómoda con la novela. Principalmente por la relación que establece entre Mur y su hija, a la que no termina de darle la dimensión suficiente como para resultarme verosímiles sus comportamientos. Consigue, o al menos bajo mi percepción, que Mur pierda todo su carisma y eso se extiende desde su casa al caso policial que tiene entre manos y que ha provocado que se me representase como un hombre envejecido a todas luces mayor que lo que el autor pretendía reflejar en la  historia. Con Nieves me ha pasado algo similar, y es que cuando enfrentas a tus protagonistas a situaciones tan complicadas, requieren de un ejercicio profundo que haga que el lector comprenda sus reacciones más allá del "porque yo lo digo que para algo soy el autor". En otras circunstancias, en otra novela, seguramente me hubiera importado poco. A fin de cuentas un page turner es lo que es y entretener ya es mucho, pero el final que nos deja puede perfectamente indicar que haya una entrega de Mur dentro de un tiempo (o no) y si es así me hubiera gustado conocer un poco a los protagonistas. 

    El resultado es una novela desigual en cuanto a su disfrute y bastante superficial en general concebida como una distracción que se lee en una o dos tardes pero que no deja rastro alguno en la memoria del lector. Terminada tengo que decir que me han sobrado páginas con hilos muertos que aportaban poco a la historia.

     Y vosotros, ¿con qué libro habéis comenzado la semana?7

     Gracias.

     

miércoles, 19 de mayo de 2021

Carmen. Prosper Mérimée

 


    He puesto esta edición porque me gustan las ilustraciones de Lacombe, pero hay mil en el mercado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Carmen.

     Conocemos a José Navarro, soldado ejemplar hasta que conoce a la gitana Carmen, una cigarrera que acaba empujando al pobre José hacia una vida mucho más peligrosa. El amor y la pasión que esta mujer le despiertan lo arrastrará a una vida como desertor, bandolero y asesino.

     La trama hoy en día tiene poco misterio. Así que busquemos el origen de la novela. La visión de España que se tiene en el extranjero nunca ha sido fiel a la realidad (exactamente igual que sucede con la que tenemos nosotros de otros países, claro) y en 1847 veía la luz Carmen para dar una buena muestra de ello. España basada en una Andalucía primitiva iba a ser el gran eje de una novela que no tardó en popularizarse y llegar más allá del cine, a la ópera. Leerlo hoy con la visión contemporánea no deja de ser un ejercicio divertido en el que el lector se encuentra baños en el Guadalquivir tras el toque de un ángelus desnortado o castañuelas improvisadas al toque de cascos rotos. Viviremos los sentimientos de Carmen, que aquí no son hacia un torero, no es tan interesada o sí pero de otra manera y asistiremos al final que de algún modo nos lleva a ser leído con los ojos del pasado. Es importante esta puntualización porque donde ahora se dibuja a Carmen antes se escribía sobre otra y para mi queda muy claro que es un final atroz, no ya como parte de la novela, si no como parte de vida. No cabe duda que Carmen se ha suavizado con los años, y mucho. 

     Tengo la curiosidad y podría ponerme a ello, de saber si las distintas adaptaciones han suavizado también la novela en sus últimas versiones del mercado, pero espero que no sea así. Este tipo de novelas que son escritas hace tiempo, dejan patente también los cambios sociales que muchas veces vemos en las novelas al compararlas con la vida. Y es que Carmen, aunque creamos conocerla, es una bruja que no duda en hacer lo que sea necesario para sobrevivir y mejorar, aunque por el camino tenga que llevarse por delante al pobre José y convertirlo en un hombre de mal vivir.

     Pero más allá de todo esto me han gustado sus descripciones, me ha estremecido el final por su crudeza y me ha llamado la atención la forma contemporánea que tiene en muchos momentos de expresarse el autor.

     Carmen es una gran historia, un mito, varias películas, una ópera. Pero antes de todo ello es una novela. Y me ha gustado.

     Muchas veces sucede que con este tipo de títulos tantas veces visto, uno tiene la sensación de haberlo leído antes de abrirlo, nos suena demasiado. ¿O solo me pasa a mi?

     Gracias.

lunes, 17 de mayo de 2021

Nortamericanas ilustres. Ben Marcus


   

     Hay autores que me divierten endiabladamente y uno de ellos es Ben Marcus. No he leído más que un par de títulos suyos en castellano y alguno que me he permitido comprar en inglés, pero me divierte. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Norteamericanas ilustres.

     El libro comienza con el padre de Ben Marcus hablando de su hijo como improbable autor del libro. Se da el caso de que el hombre está enterrado en el patio trasero y será él quien nombre en primera instancia a las Mujeres Silenciosas instándonos además a olvidar a su hijo. Me diréis lo que queráis, pero con ese comienzo uno ya se sienta a leer. Las Mujeres Silenciosas se dedican a purificar el lenguaje utilizando métodos como meter trapos de lino en la boca, pero tienen muchas otras técnicas que Ben Marcus, el protagonista de esta novela, conoce en sus propias carnes. De hecho incluso tienen algo así como pañales. Ahí está Jane Dark, la que manda en todo esto, que pretende conseguir del niño Ben un nuevo Ben purificado y será este Ben quien relate su historia de una forma pura y aséptica: los hechos. Y al final, porque la novela también tiene un final, será la madre de Ben quien nos deje constancia de que al menos ella tiene mucho que sentir.

     Bien, con estos datos uno puede suponer que está ante una distopía tal vez abusiva para quienes la padecen en la ficción. Y sí, pero más allá de eso, lo mejor de la novela es leer al autor con sus rarezas y sus giros que oscilan entre lo endiablado y lo extraño para construir momentos divertidos y otros de absoluta perplejidad entre los que he creído ver una crítica sin tener demasiado claro cuándo o exactamente dónde. En cierto modo inclasificable uno lee la novela y se descubre hablando de ella sin darse cuenta, desde las primeras páginas, abducido por ese mundo que el autor (evito decir el nombre) nos presenta a tres bandas para dejarnos elegir la interpretación final. Y cuando eso sucede desde el principio de la novela, significa que hay algo que te conecta a ella, que te gusta. Por eso leo a Ben Marcus, por ese click. Aunque no siempre le comprenda, siempre le disfruto. Y, si algo se me escapa, ya volveré a ello.

     Norteamericanas ilustres es divertimento magníficamente escrito. Y ya está. Como si fuera poco.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 14 de mayo de 2021

La mitad evanescente. Brit Bennett



     "La mañana en que una de las gemelas perdidas regresó a Mallard, Lou LeBon corrió hasta la cafetería para anunciarlo, e incluso ahora, pasados muchos años, todo el mundo recuerda la alteración de Lou cuando, sudoroso, abrió de un empujón las puertas de cristal, con el pecho agitado, el cuello de la camiseta oscurecido por su propio esfuerzo. Los clientes, medio adormilados, prorrumpieron en un griterío alrededor de él; eran unos diez, si bien posteriormente serían muchos más los que mentirían y dirían que también ellos estuvieron allí, aunque solo fuera para simular que por una vez habían presenciado algo de verdad emocionante. En aquella localidad agrícola, nunca ocurría nada sorprendente, no desde la desaparición de las gemelas Vignes. Pero esa mañana de abril de 1968 Lou, de camino al trabajo, vio a Desiree Vignes recorrer a pie Partridge Road, cargada con una pequeña maleta de cuero".

     Desde el minuto cero me interesó la premisa de la que partía esta novela. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mitad evanescente.

     Conocemos Mallard, en Virginia, un lugar habitado por negros con piel clara en el que se valora mucho esta cualidad. Y las gemelas Vignes, descendientes del fundador del lugar, son un ejemplo: espigadas, rubias y de ojos violetas, nadie sería capaz de adivinar su origen. Por eso cuando se fugan se produce una conmoción. Además no se mantienen unidas, ambas se separan y pierden el contacto entre ellas. Cuando la novela comienza Desiree regresa sin saber dónde está su hermana Stella. Han pasado 14 años y lleva una niña llamada Jude de la mano. La niña es negra como el carbón.

     Dividida en cinco partes esta novela recorre la vida de las gemelas y de sus hijas, y lo hace en una búsqueda constante de la identidad. Hay que decir que durante la época más discriminatoria de Estados Unidos existía la "regla de la gota de sangre" que decía que si tenías sangre negra, ya no podía ser considerado blanco. Además de esta han tenido otras lindezas como la llamada "brown paper bag" que clasificaba a la gente de color en función de la comparativa del tono de su piel gradando a partir del de una bolsa de papel. Si pongo este antecedente es porque la autora parte de una localidad imaginaria formada por negros con piel clara que se sienten orgullosos de su piel  clara y se pretenden asegurar la permanencia de su comunidad gracias a los matrimonios más adecuados. Y este es el entorno en el que nacen Stella y Desiree y del que huyen hacia la libertad de Nueva Orleans. Pero de eso nos vamos a ir enterando poco a poco ya que la autora divide el libro según los años en los que se desarrolla y que mezcla con flashbacks que nos van descubriendo a sus personajes. De este modo construye una novela sobre la identidad que se retuerce sobre sí misma al convertir a los hijos en herederos de las mismas inseguridades que tuvieron sus padres. Asistiremos a la vida de Desiree, que se enamora de un hombre negro y acaba regresando con una hermana perdida a un hogar que asiste estupefacto a sus marcas y su hija como pecado, y también a la de Stella, que ha decidido renegar de sus orígenes y vivir como una persona blanca que incluso protesta cuando una familia de color llega a su vecindario. Pero la historia no es completa si no aparece la descendencia, si esta no se encuentra, si no hay enredos y secretos que se descubren (o no). Y de eso trata esta novela en la que la autora parece hacernos reflexionar sobre algo que todos deberíamos de tener muy claro y es que, en el fondo, somos lo que somos. Por mucho que nos empeñemos.
      Escrita con un buen ritmo y frases medidas busca tanto el interés como la reflexión, muestra complejos (no solo relacionados con el color), relaciones familiares, huidas aunque no siempre avanzando y encuentros y desencuentros que no buscan almibarar la trama, si no aportar una línea en la que, como dice en un momento dado Kennedy, el problema no es ser negra si naces negra, el problema es que no ha nacido así. Como digo, muy interesante.
     Es cierto que la autora mide a los personajes con una vara tan rígida que no les deja desarrollarse tanto como me hubiera gustado y, si bien el personaje de Stella resultó uno de los más interesantes, me hubiera gustado "ver" más el interior de cada uno de ellos, pero queda compensado por la estupenda forma de contar la historia que tiene Bennett.

     Queda posiblemente una de las sinopsis más superficiales que he escrito últimamente pero no serviría de mucho hacer una hoja de ruta de los personajes que no iba a reflejar el sentimiento de inestabilidad que se logra sentir y que además eliminaría el interés en la trama dejando solo a quienes me lean el fondo como excusa para leer el libro (y eso es como ir a ver una película sabiendo lo que sucede solo porque tiene muy buena fotografía).

     La mitad evanescente me ha parecido una buena opción, inteligente y bien llevada, sobre la búsqueda del lugar en el mundo de quien no se siente parte de ninguna parte. Y, sobre todo, de la búsqueda de la propia identidad. Una opción muy a tener en cuenta.

     Y ahora que ya he dejado la parte sesuda diré que me gusta mucho la cubierta. Y sí, también la valoro a la hora de elegir un libro, decantándome muchas veces por la opción digital si la edición me parece fea. Y vosotros, ¿sois así de superficiales?

     Gracias.

miércoles, 12 de mayo de 2021

La hoja plegada. William Maxwell

 


     "Todas las ventanas de la casa del club femenino tenían las cortinas echadas, tanto en el piso de arriba como en el de abajo. Las dos luces que había a cada lado de la puerta principal parecían más brillantes de lo habitual. Cuando Lymie y Spud tomaron el camino de entrada, oyeron que la orquesta tocaba «¡Oh, Katarina!» con entusiasmo. Mientras estaban ante la puerta principal tratando de decidir si debían llamar al timbre o no, puesto que aquélla no era una noche normal, llegó un chico silbando por el sendero, abrió la puerta y entró. Ellos le siguieron".

       Conocía al autor de la magnífica, Vinieron como golondrinas, así que tuve decidido leer este título desde que lo vi en la librería por primera vez. Hoy traigo a mi estantería virtual, La hoja plegada.

     Conocemos a Lymie y a Spud. Lymie es tímido e introvertido y estudioso y Spud es todo lo contrario, un chico fuerte y atlético al que le gusta el boxeo. Cuando empieza la historia Lymie está a punto de ahogarse en la piscina y Spud lo salva. A partir de ese momento ambos chicos se vuelven más que amigos, inseparables. Lymie perdió a su madre, su padre bebe y está triste. Spud ve la tristeza de Lymie y de algún modo identifica la pérdida de la madre de su amigo con la pérdida de su hogar al haberse mudado. Sea como fuere, se convierten en inseparables hasta el punto de que la casa de Spud es también la de Lymie. Y así es como ambos chicos crecen y llegan a la edad universitaria. Y allí aparece Sally y Spud se enamora de ella. Lymie es el tercero de la relación, la sombra, el amigo... y también se enamora de la chica.

     En esta novela, al igual que sucede con otras del autor, hay tintes autobiográficos. Fácil es averiguar que Maxwell se acerca al personaje de Lymie desde el momento en que el autor nos permite saber más de este joven que de su amigo, asistimos incluso a sueños de Lymie que nos darán pistas sobre sucesos futuros. Y ahora viene la parte en la que hablo de la novela sin hablar de ella, algo que a veces se me antoja casi imposible. Vaya entonces por delante que adoro las novelas que tratan el tema de la infancia y el paso a la edad adulta. Es una época tan complicada para todo el mundo que me resulta casi fascinante tener la posibilidad de asistir a él en vidas ajenas. Y ahora me voy a alejar de la sinopsis, sobre todo de la editorial, y os voy a decir una vez más que cada libro pertenece a su lector, que lo lee e interpreta a su manera. En este caso yo esperaba leer una historia de amistad que se tambalea por la aparición de una chica pero no es eso lo que me encontré. Al menos no exactamente. Porque la relación entre Lymie y Spud es única a su manera. El autor la enfoca y desenfoca al pasar a personajes secundarios que no tienen demasiada relevancia. Nos dirige, no olvidemos esa parte autobiográfica que provoca que el verdadero protagonista sea Lymie, dejando a Spud a veces en un personaje hecho con  poco más que una silueta. Y así construye una amistad que vemos y un sentimiento que intuimos y que no tenemos claro de si es cierto porque el autor no lo verbaliza. Pero precisamente por eso, por no permitir a sus protagonistas una sinceridad total, por ese baile en la línea que se evita pisar, es por lo que nos acercamos aún más a la novela pensando en "las cosas de la edad", "las cosas de la época", los años 20, Chicago, olvidé decirlo... Maxwell da pinceladas de Lymie bajo la piel, pero tampoco en la forma en la que ahora estáis pensando, si no que lo hace descubriendo sus complejos, algo que vuelve a aparecer cuando la chica se fija en el de siempre, el que Lymie siempre quiso ser. Un giro de la historia. Otro es su reacción real. El tercero no os le cuento, es casi el cierre, pero si que puedo deciros que da un impulso emocional a la novela. 
     Maxwell escribe bien. La novela tiene pasajes maravillosos de esos que uno marcaría y releería. Párrafos enteros que, incluso cuando se alejan de los protagonistas, apetece leer. Además su escritura a veces parece liviana, lo que unido a todo aquello que intuimos pero que no se dice en la novela, generan una sensación de secreto durante la lectura que potencia la fuerza de la amistad, como si fuera algo frágil y no expuesto, casi una herida. Pero esa es mi lectura y, como dije, se aleja un poco de la de la contracubierta en la que se limitan a hablar de un triángulo amoroso que puede separar una amistad. Yo he leído mucho más. Aunque claro, tal vez sea yo.

     La hoja plegada me ha parecido una preciosa novela de un autor que, poco a poco, se ha hecho un hueco entre mis estantes para quedarse.

     Y a vosotros, ¿os ha pasado alguna vez que miráis la contra tras haber terminado un libro y os preguntáis si habéis leído lo mismo?

     Gracias.

     PD. No o voy a decir quién se quedó con la chica.

lunes, 10 de mayo de 2021

Bajo el hielo. Bernard Minier

 


     Una de las cosas buenas que tiene colocar libros, es que descubres alguno que se te traspapeló sin leer y lo abres con curiosidad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo el hielo.

     Cuando los empleados de una central descubren un caballo decapitado colgando no tienen más remedio que informar a las autoridades. Así conocemos al capitán Servaz, que acaba encargado de la investigación por el asesinato de un caballo a dos mil metros de altura el mismo día en que abre un psiquiátrico en la zona.

     Como curiosidad diré que tras leer el comienzo me pasé un rato buscando por Netflix qué serie había visto hacía un tiempo que comenzaba igual. Al final la encontré, "Glacé", que efectivamente está basada en la novela. Pero más allá de eso diré que estamos ante una novela con un comienzo prometedor, distinto y un tanto macabro que se vale de la atmósfera que todos suponemos en la ficción a los psiquiátricos para, unido a la localización geográfica, generar un ambiente intranquilizador que tiene mucha más fuerza que la trama en sí. Presenta a Servaz con este título y nos deja claro desde el principio que no es un hombre de acción, lo cual hace que no estemos en absoluto ante una de esas novelas que llaman trepidantes y que muchas veces se quedan en trote cochinero. Sin embargo su fórmula funciona. Quizás porque su detective no ha necesitado que su mujer lo engañe o darse a la bebida (o a las putas o el colesterol) para conformar una personalidad marcada. Y es que, no sé vosotros, pero yo estoy bastante cansada de detectives cortados por el dudoso patrón de su rareza. Da la sensación de que nacen ya cansados por el uso y pocas veces consiguen llamar mi atención. En cambio Minier nos deja a un tipo común al que le gusta, como mucho, la música clásica.

     Sin embargo a Minier le falta una mano firme que sepa llevar la trama bien sin perderse en segundas o en paseos de sus personajes sin demasiado sentido. A medida que avanzaba iba perdiendo el interés al darme cuenta de que, lo que hubiera tenido que ser un seguir pistas para ver que no tiene salida y así ir a la siguiente y crear un ritmo de lectura, se convertía muchas veces en un absurdo o en un hilo olvidado. Y bueno... el final tampoco es que le haga un gran favor a una novela que se iba a quedar como entretenida hasta que llegué a las últimas páginas y bajó un escalón dejándome la sensación de argumento desaprovechado en el que solo la ambientación destaca.

     Bajo el hielo es una novela que creí entretenida pero que fue perdiéndose a medida que pasaba páginas hasta llegar a un final que no me ha convencido.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 3 de mayo de 2021

Tienes que mirar. Anna Starobitens

 


     "Una cosa es inventar historias de miedo y otra muy distinta es convertirse en la protagonista de un cuento de terror. Dudé mucho tiempo si merecía la pena escribir este libro. Es demasiado personal. Demasiado real. No es literatura. 
     Pero lo único que sé hacer es escribir. No tengo ninguna otra habilidad para cambiar el mundo".

     Hay personas que escriben historias de terror. Esas son afortunadas, igual que sus lectores, porque cierran su ordenador o su libro y pueden regresar tranquilamente de una pesadilla a un mundo real. Luego están las que, escriban o no, lean o no, las viven. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tienes que mirar.

     Estamos en este caso ante un memoir, es decir, un relato en el que la autora cuenta una parte de su vida. En esta novela nos habla de su embarazo, de las esperanzas e ilusiones que se ponen en él y en cómo descubre en una ecografía que el bebé que espera tiene un problema (me niego a llamarlo defecto, me suena mal) que es incompatible con la vida. Comienza así la pesadilla, el periplo, las consultas, el desapego burocrático, la falta de comprensión y de sentimientos. 

     Starobitens relata una experiencia traumática que es complicado leer sin tener un mínimo de terror en la sangre. Ya sea leída con hijos, hermanos, amigos embarazados, está claro que uno lo lee poniendo parte de su piel en él. Posiblemente porque hay una incomprensión, una soledad que siente esta mujer, que se adhiere a sus palabras convirtiendo el texto en una pesadilla lúcida que sabemos sigue sucediendo. Hace una crítica demoledora contra el sistema sanitario ruso al que deja al descubierto por su falta de humanización y lo compara con lugares más avanzados. Y yo lo leía pensando en El nadador en el mar secreto, testimonio de un padre cuyo hijo nace muerto y al que se lleva del hospital y entierra y no podía evitar comparar en la misma medida en la que un hilo aparecía uniendo ambas historias, humanizando más aún una experiencia por la que siguen pasando muchas personas. Demasiadas. Una es demasiado. Y es que si uno piensa en lo que debe de ser sentir a un hijo dentro mientras se toma la decisión de abortar porque no puede vivir... sinceramente, no sé cómo debe de ser vivir algo así.
     Por eso creo que todos los que tenemos algún niño en el entorno, aunque sea el del vecino al que oímos jugar, vamos a tender a apropiarnos de la pesadilla. Quedan cosas por cambiar, quedan muchas cosas por cambiar. Un aborto es considerado una intervención rutinaria, un parto a buen término ni siquiera se considera una intervención. Quedan cosas, muchas, por pulir.  La depresión postparto como algo real y hormonal, el desamparo tras el aborto al que se eliminan los sentimientos y que queda convertido en poco más que un corte de pelo... y el papel del padre. Porque vuelvo a comparar y veo testimonios individuales. Queda mucho por cambiar. El libro señala cada parte del proceso, marca las faltas, la tragedia la terrible pesadilla. Tienes que mirar, le dicen a la autora y nos lo repite ella a nosotros, los lectores, en este libro que es ante todo una denuncia, un intento de hacer público un sentimiento que ahora recibe mucha atención pero que posiblemente no cambie nada. O tal vez cambie muchas pequeñas mentes, como la mía o la tuya, o nos muestre otro punto de vista, otra forma de mirar cuando tengamos un caso similar cerca. Solo con eso, el libro habrá cumplido su función.

     Tienes que mirar es un libro desgarrador que muestra una realidad que quizás sea más cercana de lo que pensamos. 

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 28 de abril de 2021

Insomnio. Daniel Martín Serrano

 


     "Tomás lleva así casi dos años. Metiéndose en la cama, obligándose a cerrar los ojos, tratando de relajarse, de acompasar la respiración, de no pensar en nada. La mente en blanco, en blanco. Mirar de reojo el despertador de la mesilla, 9.23. Volver a cerrar los ojos escuchando los ruidos de la casa, los sonidos de la mañana, el tráfico, las bocinas, el teléfono que suena y que con urgencia es descolgado por Sara, que habla en voz baja: «Sí, está durmiendo, luego le digo que has llamado», relajándose, la respiración, el reloj, las 10.13; sentir, por fin, cómo le vence el sueño, y soñar algo que no recuerda o que prefiere haber olvidado al despertar, un tanto desorientado, con la vana esperanza de haber dormido por fin. El despertador, las 10.32, y saber que eso es todo lo que va a dormir".

     Lo compré por el título. Y quienes me conocen saben a qué me refiero. Ni siquiera miré la sinopsis hasta llegar a casa. Hoy traigo a mi estantería virtual, Insomnio.

     Conocemos a Tomás Abad, un expolicía señalado por la sociedad por haber permitido y ayudado a escapar a su hermano, implicado en un escabroso caso que incluía varios asesinatos. Desde que todo aquello pasó, hace casi dos años, no solo ha perdido su placa, su tranquilidad y a sus amigos y excompañeros de trabajo, también ha perdido el sueño. Ahora trabaja por las noches y finge dormir durante el día para que su mujer no se preocupe. Y lo sigue haciendo escondido de los ojos de una sociedad que aún le señala con el dedo por lo que sucedió. 

     Así es como Tomás acaba por trabajar de guarda nocturno en el cementerio de La Almudena. Y allí, día tras noche, va recordando el caso que le ha costado el sueño. Desde la primera chica decapitada a la última conversación con su hermano. Y también será el cementerio el lugar al que le llega el vídeo que da comienzo a todo. La novela trata del insomnio del protagonista y de cómo teme confundir la realidad con el sueño que se tiene despierto, ese estado de semivigilia agotadora en el que uno duda de lo que ve y también de lo que hace o dice en la realidad. Pero, sobre todo, trata de las chicas decapitadas y de todo lo que sucedió después. Lo que Tomás hizo y lo que no, lo que recuerda y la forma en que alguien no lo ha olvidado y decide que Tomás no pueda dejarlo de lado.
     Dicho así puede parecer más de lo que realmente es y es que la etiqueta de ambiente sobrenatural está un tanto inflada. Un cementerio como lugar de trabajo y dos bromas realmente no justifican dejar que el lector piense en el más allá porque si lo hace se va a ver profundamente decepcionado. Estamos pues ante un thriller que trata de un caso del pasado que vuelve al presente, nada original, en el que el autor mueve los hilos entre la familia y las ensoñaciones para otorgar a la novela su sello propio. Una novela que va de menos a más para luego volver a decaer en su parte final estropeando un tanto la sensación de lectura. Personalmente me gustan los finales que sean creíbles, de poco me sirve que el autor busque sorprenderme si no me termino de creer la forma elegida.

     Insomnio es una novela entretenida que llega a los mínimos justita. Le saco como mayor valor positivo lo visual de las escenas y el nombre del autor. Algo me dice que estamos empezando y apunta maneras, que decía mi abuela.

     Y vosotros, ¿compráis libros sin leer la sinopsis?

     Gracias.

lunes, 26 de abril de 2021

Ensayos. Michel de Montaigne

 


     Hoy nos ponemos serios para acercarnos a un ensayista de sobra conocido al que se le acusa con frecuencia de ser el creador del género. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ensayos de Michel de Montaigne.

     Fue Zweig quien me llevó a Montaigne. Llegué como se llegan a estas cosas, por casualidad. En mi búsqueda de la obra del escritor austriaco finalmente me tropecé con el libro que se titula Montaigne en el que el autor, en su última etapa, habla del autor de los ensayos. Una obra sin terminar debido a la muerte de Zweig que me llevó a pensar qué tendría el ensayista para provocar un texto tan humano en un hombre que no tardaría en suicidarse y que en este librito en el que apenas traza una biografía se fija en la necesidad de la libertad individual interior mientras estaba viviendo su propia pesadilla. Y no es que no supiera de antemano quién era Montaigne, simplemente me tropecé con la obra adecuada que me dio el empujón definitivo.

     Estaréis pensando que aún no he hablado del libro pero es que muchas veces el libro va acompañado de forma indivisible por sus circunstancias y es en el caso de estos ensayos algo imposible de obviar. Cómo no decir que en ellos las citas a los filósofos clásicos constituyen casi su eje vertebral o que el propio autor en su torre de libros disfrutaba protegido por su biblioteca. Una torre cuyas vigas, y esto si que es imposible no contarlo, llevaban grabadas sus citas favoritas (tal era el gusto del autor por citarse sin saber que hoy sería él el citado). Una obra en la que trabajó toda su vida y que ha de ser leída, ahí me uno a la opinión popular, tal y como fue escrita, poco a poco. Apenas un par de páginas, tres, como si se tratara de una pequeña medicina que da tiempo a pensar antes de seguir avanzando. Una opinión dada mil veces por escritores hoy encumbrados que hablaban sin reparos del placer que les provocaban las píldoras de Montaigne. Sus temas, por otro lado, son universales. La soledad, la educación o la riqueza se cruzan con citas de Platón y Ovidio para dejar reflexiones tan útiles hoy como en el momento en el que fueron concebidas. Y eso, amigos lectores, es lo que lo convierte en un clásico. Trata casi cualquier tema que uno quiera o pueda imaginar, habla en su obra de la vida completa repasando supersticiones y política, y lo hace desde el punto de vista de quien busca un razonamiento más que desde quien conoce una respuesta. Esto ayuda a que su obra no se antoje un ladrillo, es más una invitación a compartir una reflexión en la que nos convence sin querer hacerlo.

     Montaigne se apoya directamente en las personas, en sus costumbres vidas y muertes para desarrollar lo que conocemos como sabiduría popular y lo hace cuajando su obra de citas sin que ello le discuta la intención. Critica la escuela como lugar rígido y ajeno a las calles y se apoya para ello en una suerte de relación de aprendizaje recíproco entre él y su libro a medida que lo va escribiendo colocándolo por encima de la sabiduría que se adquiere al leerlo. Naturaleza, costumbres, muerte, fortuna y sabiduría popular serán sus pilares en una crítica en la que tampoco deja de reconocer el mérito escolástico como una herramienta de refuerzo. Se ampara en la naturaleza humana y da valor a las costumbres como forma de aprendizaje y conocimiento en la misma medida en la que coloca a la fortuna en el importante lugar que ella misma se gana a lo largo de nuestras vidas. Y ahora, por no desarrollar cada punto, regreso a Zweig: la muerte. La muerte es para Montaigne un apartado importante en la medida en la que es importante que cada persona entienda que no es un mal en sí morir y se acerque por lo tanto dignamente a ese momento. Uno muere porque está vivo y el resto son meras circunstancias ya que el hombre, incluso en la muerte, no deja de ser uno mismo y no hace más que desprenderse del resto de cosas terrenales. Y aún así no invita a ella, la trata como consecuencia y él mismo se pone en duda cuando expresa que, llegado el momento, habrá que ver qué hace, si conformarse, si vivir el momento como lo concibe o si, en cambio, se deja llevar por la tentación de hacer todo lo contrario.

     Podría seguir hablando de Montaigne igual que uno podría leerlo de forma ininterrumpida. Es uno de esos libros imprescindibles que hay que afrontar con calma y sin temor a atragantarse.

     Lean, lean a Montaigne.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


viernes, 23 de abril de 2021

Día del Libro

 


     Tanto desde este blog como desde el resto de las redes sociales asociadas a Mientrasleo (twitter, Facebook e Instagram) se realizan recomendaciones literarias durante todo el año. Por eso hoy que es el Día del Libro os pido que seáis vosotros los que dejéis vuestras recomendaciones. El libro que más o ha gustado, el que más habéis odiado (recordad que lo único que no se permite ante una lectura es la indiferencia), el que habéis escrito vosotros o vuestro vecino... Un libro y nada más. Y si queréis ver cualquiera de las otras redes, solo tenéis que pinchar en el nombre.

Gracias y ¡Feliz Día del Libro, amigos lectores!

lunes, 19 de abril de 2021

El afinador de pianos. Daniel Mason


 

     Hay títulos que atraen sin tener un motivo claro y que luego uno deja en la esquina del estante sin recordar muy bien. Eso me pasó con este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, El afinador de pianos.

     Conocemos a Edgar Drake, afinador de pianos y especialista en los Erard, Drake es llamado por Carroll, comandante médico del ejército colonial británico en Birmania, para afinar precisamente uno de esos pianos que es para el comandante una herramienta imprescindible para su trabajo con los habitantes locales de la zona. Y así es como Drake se embarca en un viaje que cambiará su vida y en el que descubrirá otra forma de relacionarse con su entorno y de entender cuanto le rodea.

     He tenido sentimientos encontrados con esta lectura. Por un lado es una novela que coge un tono chapado a la antigua con el que busca cimentar una ambientación que es la piedra angular del libro. no solo la basada en las descripciones sociales, geopolíticas, humanas o musicales, también las que se apoyan en el propio mimbre del libro. Resulta además curioso y un tanto romántico el concepto de música que tienen los personajes, y es que tienen en una estima tan alta su importancia, que no dudan en considerarla una herramienta vital para la vida. Ya sea la forma en que Katherine (la mujer del afinador) y Drake se conocen o el modo en el que influye para las tribus birmanas, el autor se recrea tanto en ella como en la variedad y calidad del piano en el oficio de afinador. Drake por su parte es presentado como un hombre que simplemente tiene una profesión que realiza con habilidad y es lógica su sorpresa ante casi todo lo que se le pone delante. Incluso el autor se refiere a él en alguna ocasión como un simple afinador, que fijaos, acaba en Birmania, en la selva, que ve un tigre y tribus y plantas y, por supuesto, también un piano. Muestra esa visión del colonialismo como algo enriquecedor, la llegada de la civilización y la cultura para las gentes, que en aquel momento se potenciaba y que ahora no se comparte y otorga un tono casi pasado de moda a la novela al representarlo consiguiendo de este modo despegar la parte real de la representada en la que llegan a ser ficción hasta los nombres de algunas plantas. Y todo esto, está muy bien.

     En el otro lado tenemos las mismas descripciones que se hacen largas, el viaje casi eterno y cuya función en la novela uno no entiende hasta el final de la misma, que me resultó en cierta medida una sorpresa. Las expresiones y el tono, los clichés, considero que no le hacen un favor a la historia y, si bien entiendo que de haber colocado un lenguaje de altura se hubiera hecho interminable ese mirar un país nuevo describiendo al lector cada parte, si que un punto intermedio me hubiera hecho de digestivo adecuado en más de una página cuyos diálogos me han resultado forzados. He echado de menos un Carroll impactante y quizás incluso menos humano de lo que Drake lo ve, supongo que llevada por el toque romántico de un afinador de pianos e impulsada por el hecho de que no llega a él hasta la segunda parte, mi cabeza había construido un personaje diferente, mucho más carismático.

     El resumen de El afinador de pianos sería que, si bien he disfrutado de la novela, necesito de la distancia para realizar una relectura a la que llegue sabiendo incluso el final. Y es que creo que de ese modo disfrutaré mucho más del camino.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 14 de abril de 2021

Corazón que ríe, corazón que llora. Maryse Condé

 


     "Si alguien les hubiera preguntado a mis padres qué opinión les merecía la Segunda Guerra Mundial, habrían respondido, sin dudarlo, que se trataba del periodo más sombrío que jamás hubieran conocido. No porque Francia se dividiera en dos, por los campos de Drancy o de Auschwitz, por el exterminio de seis millones de judíos, ni por todos esos crímenes contra la humanidad que aún siguen impunes, sino porque, durante siete interminables años, se les había privado de aquello que más les importaba: sus viajes a Francia".

     Dos semanas sin publicar dan para leer mucho, releer mucho y todas esas cosas que uno puede hacer sin salir demasiado de casa, así que los pendientes han quedado diezmados y los voy colocando en mi estantería virtual. Hoy traigo, Corazón que ríe, corazón que llora.

     Maryse nos habla de ella misma a través de recuerdos. De este modo vemos a la niña que nace en octavo lugar, su infancia, su familia y París. El cambio entre mundos y la importancia de la identidad como factor que se mueve  entre ambos así como el clasismo de sociedades aparentemente mestizas.

     En el libro, escrito con la sabiduría del adulto que echa la vista atrás al niño que fue, Maryse no le da voz a la niña, lo cuenta ella. Esto es importante porque es la manera que tiene de dejar claros sus sentimientos respecto a lo vivido, y también hacia la forma en que ella lo vivía. Por eso el lector nota un tono que a veces es casi jocoso para relatar momentos. Es algo que me agrada sobremanera ya que los niños rara vez se expresan o piensan como tales en libros que son escritos por adultos que creen que saben lo que piensa un niño. Maryse lo evita y es su voz la que nos presenta sus recuerdos como si fuera mi madre contando tal o cual anécdota, llevándonos así de su infancia al momento en el que una niña abre los ojos al mundo adulto. Maryse nos abre la puerta en su novela a las colonias de los años 50 a la vez que nos deja retazos de vida que nos resultan familiares por escuchadas, porque en el fondo, hay momentos de la infancia que los vivimos todos sin importar demasiado el lugar o el momento. Ella nace en Guadalupe en un buen escalón social, y ve a sus padres que se empeñan en diferenciarse como si sus raíces fueran algo perjudicial. Tras eso vive el lado contrario de la historia cuando, al estar en París, ellos son los tratados como si fueran menos. Llega Maryse adolescente, rebelde y con un interés en conocer su propio mundo (que no lo forma solo el interior si no también sus raíces y tradiciones), aparece la conciencia personal del color de piel junto con la de su idioma y sus costumbres y también se abren los ojos a un mundo en el que estamos todos juntos pero...

     Ahora os podría hablar de sus padres, de sus hermanos (Sandrino, que cayó rendido a ese bebé enclenque que fue Maryse), de la cultura escondida y de la descubierta, del carnaval... os podría hablar de todos los retazos que ha dejado en un libro que se antoja cercano y contar su viaje para estudiar de Liceo a Liceo o citar la Sorbona y, por supuesto, podría contaros el final del libro sabiendo que realmente no es el final porque Maryse decide detenerse en un momento en el que estaba abriéndose al fin. Pero, y reconozco el juego de dicho y no dicho, es mejor leerlo y dejarse llevar por una voz que suena, ante todo, sincera y que cuenta una vida línea a línea desde el momento en que nace hasta que comienza a ser la persona en la que se ha convertido. Un poco el por qué si queréis decirlo.

     Corazón que ríe, corazón que llora es una novela de recuerdos. Luego está en la mirada del lector, en el momento y el lugar el saber hasta que punto disfruta de este tipo de novelas. En mi caso no demasiado aunque no dejo de verle los méritos, pero se me ha quedado corta como para decirle novela al libro.

     Y vosotros, ¿os gustan las biografías?

     Gracias.

lunes, 12 de abril de 2021

El paseo. Robert Walser

 


     "Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos o de los espíritus, y bajé la escalera para salir con buen paso a la calle".

     Tenía bastantes ganas de leer este librito alabado por muchos de un autor que, si bien no es demasiado conocido para la gran parte del público lector en nuestro país, si que es venerado por casi todo aquel que lo va descubriendo. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El Paseo.

     Se dice que Robert Walser no era amigo de montar en coche y que se daba largos paseos por la ciudad en busca de su próxima historia tal vez al doblar la esquina. Y así, esquina tras esquina, pasaba horas deambulando en una larga observación de todo aquello que pasaba ante sus ojos. Y El paseo no es otra cosa que 88 páginas de un paseo del autor. Por supuesto que no ha sido el único que nos ha hablado en un libro de uno de sus días, ni siquiera el único que nos habla de sus paseos (todos recordamos a Antonio Muñoz Molina, por citar un ejemplo patrio, hablar en Un andar solitario entre la gente, de señales carteles y viandantes), pero Walser fue el primero, al menos que yo sepa, en morir dando un paseo.

     Pasea Walser en primera persona para relatarnos aquello que ve. Con ironía, a veces sarcástica, va describiendo y opinando sobre quienes posa la mirada sin dudar dar su toque personal al juicio inmediato que deja caer delante de los ojos del lector. De este modo vemos a niños jugar, una panadería o una joven que se asoma al balcón. Nos encontramos con una magnífica carta que es, por supuesto, echada al correo, sabremos del sastre y de las calles y también de que la sencillez muchas veces aparece disfrazada porque el estilo del autor es lo que convierte a este libro en joya. El narrador, tan poeta como el autor puesto que es él, nos escribe con un tono que ralla en el entusiasmo que hace que uno lea el libro con una sonrisa cuando vemos como enseña los dientes. Por lo que vemos es un optimista acérrimo que pasea poco antes de la Gran Guerra por una ciudad ajena y que ha decidido disfrutar de las pequeñas cosas. 

     Hay que explicar, por pura necesidad, que el estilo del libro, la floritura, la estética y lo cuidado, van a dejarle claro al lector que no está ante un simple diario en el que se relata al azar uno de los paseos dados por Walser. En apenas un párrafo uno tiene claro que está ante un ejercicio de creación que va, poco a poco, absorbiendo al lector que termina por sentirse paseante y disfrutando de las vistas y palabras de esta pequeña joya.

     El paseo es un libro diferente que merece la pena ser descubierto. Una de esas obras que parecen no contar nada pero que se disfrutan hasta la última letra.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


miércoles, 31 de marzo de 2021

La anomalía. Hervé Le Tellier

 


     "Jueves, 24 de junio de 2021, McGuire Air Force Base, Trenton, Nueva Jersey Un Boeing 787 con el fuselaje dañado permanece detenido al final de la pista 2, no lejos de los helicópteros Black Hawk y de los imponentes bimotores grises con hélices de la US Air Force. Tres vehículos blindados se encuentran junto al avión de largo alcance, mientras la noche cálida cae entre efluvios marinos sobre un descampado invadido por la hiniesta y la salvia".

     De todos los premios literarios europeos me quedo con el Goncourt. Y lo digo sin rastro de dudas. si además se da el caso de que se convierte en top ventas apenas sale en Francia, yo ya llego convencida de leerlo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La anomalía.

     Decir que uno ha leído La anomalía sin contar la parte que uno se muere de contar de La anomalía va a ser complicado. Supongo que si lo dijera no pasaría realmente nada, se dan pistas en la contra, pero me lo pasé tan bien descubriéndolo sola que me daría reparos quitarle a nadie ese placer. Así que empecemos y veamos hasta dónde me atrevo a llegar.
     La novela trata de un avión que entra en una turbulencia. Es un avión comercial, con personas normales (entre las que hay un escritor al que mi cerebro decidió ponerle el rostro de un famoso escritor español provocando que me resultara todo más divertido. Mi cerebro va por libre a veces, es lo que tiene ser rubia). El avión avisa a la torre de control del aeropuerto, la cosa se pone regulera pero logra salir. Cuando sale le dicen por radio al comandante del vuelo que le van a ir pasando con personas de distinto rango hasta que en un último aviso tiene cazas a los lados que lo van a escoltar hasta que aterrice donde lo mandan. Y el comandante, que primero creyó que era una broma de los compañeros de tierra, mira por la ventana y flipa. Allí están los aviones.

     "Pero el protocolo 42... No es posible enfrentarse al protocolo 42".

     En realidad La anomalía trata del protocolo 42 que iremos descubriendo a la vez que un científico que es trasladado a un hangar. Lo llevan por el avión que salió de la turbulencia y fue escoltado, el que os acabo de contar. Allí esperará la llegada de dicho avión. Miller, que así se llama el científico, perteneció al grupo que creó una serie de protocolos para cubrir contingencias y así actuar con rapidez. Cuando llega al hangar y ve allí el avión al que espera, le dicen salió de la turbulencia hace tres meses como es normal. La anomalía es que ahora haya vuelto a salir de la turbulencia el mismo avión con la misma gente. No el mismo avión tiempo más tarde, no... Es un caso claro de protocolo 42. Es imposible, pero ahí está. Y en un rato estará por duplicado. ¿Qué hacemos?

     A partir de lo que os he dicho lo único que tenéis que hacer es poner un pie en la realidad más cotidiana y pensar en qué se haría si sucediera algo así. Además nos ofrece las distintas perspectivas de los pasajeros del avión lo que nos lleva a una suerte de enredo entre los primeros, los segundos, los primeros cuando el tiempo ha llegado al momento de los segundos...  y nos deja una novela que uno debería de catalogar como ciencia ficción en un espacio incatalogable en el que se han movido muchas series con éxito pero, hasta ahora, pocos escritores se habían atrevido a adentrarse. Aquí lo divertido, y la novela es francamente divertida, es lo imposible. Decía Holmes que si eliminamos lo imposible, lo que queda, por improbable que sea, tiene que ser la verdad. Y Le Tellier nos dice: ¿y qué pasa si lo que ha sucedido es precisamente lo imposible? Pues pasa que hay que buscar explicaciones en la religión, la ciencia, incluso en el cine. Pasa que importan las historias de las personas y pasa que uno comienza a leer la novela y es incapaz de soltarla en su cabeza durante los ratos en los que no está leyendo. Pero, sobre todo, lo que pasa con este libro es que uno tiene ganas de que lo lea alguien más para poder comentarlo a gusto. Así que ¡leed insensatos!

     La anomalía es una novela diferente escrita de forma brillante y con un final a gusto del destinatario con la que he disfrutado mucho. Y me ha dejado algo muy claro: no está todo escrito.

     Y vosotros, ¿cuál es el último libro que os moríais por diseccionar a todo spoiler y os tocó esperar a que alguien lo leyera?

     Gracias.

     PD. No os he contado un millón de cosas. Os he hablado de un pasajero escritor pero no de su libro escrito en el intermedio. Los pasajeros de este vuelo, tienen sus historias. Pero tras la anomalía...¿qué hacemos con ellos?