miércoles, 13 de octubre de 2021

La llama inmortal de Stephen Crane. Paul Auster

 


     "Nacido el Día de los Difuntos y muerto cinco meses antes de su vigésimo noveno cumpleaños, Stephen Crane vivió cinco meses y cinco días en el siglo xx, deshecho por la tuberculosis antes de haber tenido ocasión de conducir un automóvil o contemplar un aeroplano, ver una película proyectada en pantalla grande o escuchar la radio, un personaje del mundo del caballo y la calesa que se perdió el futuro que aguardaba a sus pares, no solo la creación de aquellas máquinas e inventos milagrosos, sino los horrores de la época también, incluida la aniquilación de decenas de millones de vidas en las dos guerras mundiales. Fueron sus contemporáneos Henri Matisse (veintidós meses más que él), Vladímir Lenin (diecisiete meses mayor), Marcel Proust (cuatro meses más), y escritores norteamericanos tales como W. E. B. Du Bois, Theodore Dreiser, Willa Cather, Gertrude Stein, Sherwood Anderson y Robert Frost, todos los cuales vivieron hasta bien entrado el nuevo siglo. Pero la obra de Crane, que rehuyó las tradiciones de casi todo lo que se había producido antes de él, fue tan radical para su tiempo que ahora se le puede considerar como el primer modernista norteamericano, el principal responsable de cambiar el modo en que vemos el mundo a través de la lente de la palabra escrita".

     Me encanta volver a los brazos de mis escritores favoritos. Por eso he querido volver del puente con Paul Auster. Hoy traigo a mi estantería virtual, La llama inmortal de Stephen Crane.

     Cuando uno hace una reseña de una biografía tiene que tener cuidado no dejarse caer en contar la vida y olvidarse de la forma en que se hace. Eso si el libro nos ha gustado, como es el caso. Y es que Auster escribe esta biografía desde la admiración y la técnica narrativa, generando un equilibrio en el que el lector se permite quedar deslumbrado por la figura del que nos dicen causó una pequeña revolución en el mundo literario de Estados Unidos pero que aquí, al otro lado del océano, muchos solo conocen por La roja insignia del valor. Nos cuenta Auster que Crane nació en Nueva Jersey y que murió de tuberculósis con 28 años dejando una lista bastante prolífica de producción literaria ya fuera novelas, poemas o cuentos. Auster es, por una de esas casualidades de la vida en las que yo no creo, del mismo vecindario que Crane y sin que eso le influya a la hora de admirar al objeto de su novela, desprende una contagiosa admiración hacia el autor en cada una de sus letras. Lo eleva incluso al olimpo de los escritores estudiados y admirados por los académicos y lamenta que el lector habitual, el paseante que entra en una librería, parezcan haberlo olvidado. Mezcla entonces sus propias opiniones, de las que no se desprende jamás, con títulos de obras del autor, parte de sus experiencias vitales y un retrato de la época y lugares que Crane frecuentaba y realiza un meticuloso trabajo que casi parece un estudio y que se arriesga a que resulte pesado para aquellos que no compartan su opinión sobre el protagonista de su último título. Y es que reconozco que me reí considerando a Auster un adelantado. Os explico: cuando aparece el título empiezo a ver en las redes preguntas sobre si estábamos ante una biografía, una novela y qué parte de ficción podríamos encontrar en ella. Bien, Auster se adelanta y cuaja su libro de datos o fuentes que ha consultado y estudiado para finalizar este proyecto tras tres años de trabajo, con lo cual parece que su intuición ya le avisaba de cuáles iban a ser las dudas de los lectores. Y cierto es que se agradece tener claras las cosas, pero también que no era necesario profundizar tantísimo en determinados momentos más accesorios que principales, solo que cuando uno tiene la pluma de Auster, poco acaba importando si es vital o no lo que relata de una forma tan estudiada.

     Si esto fuera una de esas publicaciones importantes, que ahora diría que Auster ha escrito la biografía definitiva. Pero somos simples lectores, de esos que tal vez hayamos olvidado a Crane o ni siquiera lo hemos leído, y eso significa que nuestra percepción solo puede venir de lo que Auster nos relata. Quizás por eso la parte anecdótica, los motivos o causas para llegar a un determinado argumento, sus compañeros o los ambientes que el autor frecuentaban se antojan en muchos momentos las mejores partes de la trama en una novela que hubiera funcionado mejor para el lector de calle con un pequeño recorte métrico.

     La llama inmortal de Stephen Crane es un libro magnífico para quienes ya partan siendo fans de uno u otro escritor, Auster o Crane. Para el resto es una biografía interesante que posiblemente les conduzca a más de un título y, de esto estoy segura, a ver una película.

     Y vosotros, ¿con qué libro habéis vuelto del puente?

     Gracias.

miércoles, 6 de octubre de 2021

El Nobel de Literatura

 


     Nos encantan los premios, no me digáis que no. Nos gusta verlos, saber quién se los lleva y, sobre todo criticar. Y mañana se entrega el premio de los premios, el Nobel de Literatura, que nos corre un poco de prisa para poder lanzarnos a especular sobre el Premio Planeta, la verdad. Y sí, no los estamos comparando y sabemos que no tienen nada que ver, pero, como ya he dicho, la cosa es que nos encantan los premios. 

     Hoy toca volver a demostrar que somos listísimos y, puesto que ya nos hemos dado cuenta de que no vamos a acertar con el hombre, empezar con conceptos más generales. Como El Nobel se da a personas que en su obra se destaque la representación de una cultura o denuncia social o.... pues diremos que se lo lleva un activista. Que luego no, pero oye, alguna actividad realizará, al menos escribir, que eso ya nos lo han asegurado y mira, algo acertamos. Salvo que se lo lleve un cantante, que por mucho que sus letras sean propias y la música es poesía y todo eso, no deja de ser un cantante... al que defenderemos porque nosotros dijimos que se lo iba a llevar un escritor (aunque quede un tanto cogido por los pelos). También podemos jugar a si se lo lleva un hombre o una mujer, ahí tenemos un 50%, a si va a ser de tal o cual raza, que tampoco solemos acertar, o a si es conocido o no (pero no muy alto no sea que cuando nos pongamos chulos diciendo que será un desconocido asiático se lo lleve Patrick Modiano). Lo único que parece claro es que se niegan a escuchar las voces de lectores que piden que se lo den a Murakami, al que posiblemente no se lo den hasta que desaparezca de las quinielas de apuestas durante dos o tres años.

     Este año dominan la lista de apuestas las mujeres, como viene siendo habitual en los últimos tiempos y tenemos a eternos candidatos, ya sea por calidad, mérito, amor o esperanza que se mezclan con superventas de mayor o menor reconocimiento literario. Así Ernaux se mezcla con King mientras que Javier Marías, un habitual patrio, saluda a su ya compañero habitual de apuestas Mircea Cartarescu. Vemos a Attwood,  Maryse Conde y Knausgaard junto a Ko Un y De Lillo y así hasta completar una pequeña lista cuya imagen está sacada de una de las más famosas casas de apuestas online cuya utilidad, más que predictiva, es la de sacar un buen puñado de nombres cuya lectura seguramente merezca la pena.

     Para ganar el Nobel hay que escribir, sí, pero también hay que estar bien relacionado para que la asociación adecuada te proponga y es que, como la propia academia dijo, ya saben que no premian al mejor escritor del mundo, pero al menos están seguros de premiar a un muy bueno.

     Si miro la lista mi apuesta ni siquiera sale, se ve que la predicción no es lo mío. Y vosotros, ¿ya tenéis vuestra apuesta?

     Gracias.

lunes, 4 de octubre de 2021

El hombre de la bata roja. Julian Barnes

     "En junio de 1885, tres franceses llegaron a Londres. Uno era un príncipe, otro era un conde y el tercero era un plebeyo de origen italiano. Posteriormente el conde declaró que el propósito del viaje era hacer adquisiciones intelectuales y decorativas".

     Que me gusta Julian Barnes no es un secreto y cuando Anagrama anunció este título con esta maravillosa cubierta, lo anoté. Hoy traigo a mi estantería virtual, El hombre de la bata roja.

     Conocemos a Jean Pozzi célebre ginecólogo francés y Don Juan de belleza reconocida cuando, en 1885, llega a Londres con dos compañeros de viaje a Londres con la intención de compara tela en Liberty y visitar la Grosvenor Gallery para ver a Edward Burne-Jones y acaban en el Reform Club junto a Henry James. Pozzi es un burgués al que su buena fortuna matrimonial le ha permitido ascender socialmente tanto como para codearse con un conde y un príncipe (sus compañeros de viaje) y añadir a su vida una esposa y una hija a la que adora y que el lector percibirá como una mujer celosa. siendo Pozzi el único hombre heterosexual de este trío destaca además por su pericia y éxito sexuales entre las damas. Recorreremos su vida y lo veremos arrogante y con un destino benévolo incluso en la parte física y es que la novela no solo retrata la Belle Epoque, aunque ciertamente es la parte más destacable, además avanza en el tiempo hasta llegar al último suspiro del doctor capaz de convertirse en un hombre apreciado por su círculo cuyo éxito, intuye el lector, va a ser eterno y no pasajero ya que en ningún momento tenemos la impresión de estar ante un libro moralista. Así que conocemos, como decía, a Jean Pozzi. Porque esta es su vida.

    Con un comienzo que a mi me suena a chiste y que identifico claramente con el tono de Barnes, siempre dejando un espacio para la duda entre la seriedad y la ironía, nos relata la llegada de tres estetas con una suerte de carta de recomendación para Henry James y la firme intención de comprar telas para cortinas. Basado en personajes reales, el libro deja clara la fascinación que produce Pozzi tanto como que, en este caso, esa admiración trasciende lo temporal y llega hasta nuestros días y el autor que relata su vida. Pozzi fue un cirujano válido incluso para sacar una bala en caso de duelo, y da un razonamiento bastante divertido sobre el costo del duelo frente al de la demanda, o casi cualquier cosa que a uno se le pueda ocurrir. Me resultó particularmente divertido encontrarme a este Doctor Amor presa en semilibertad de un matrimonio desdichado que se paseaba enamorando pacientes mientras advierte al lector de que un juicio a su protagonista basado en la sociedad actual bien podría dar al traste con la imagen que Pozzi proyectaba. En la novela Pozzi está acompañado por el Príncipe Edmond, que se especializa en bodas económicamente rentables con una doble vida debido a su verdadera orientación sexual y el tercero en discordia era el conde Robert de Montesquiou coleccionista de curiosidades y protagonista de su propio título Levels of Life.

     Barnes se documenta sobre un hombre cuyo descubrimiento le impactó y lo hace con pulso firme y datos veraces que nos regala en una novela francamente divertida llena de cotilleos, burlas, duelos y casi cualquier cosa que se le pueda ocurrir al lector que sea susceptible de sacarle una sonrisa mientras nos deja un magnífico retrato de la Belle Epoque plagado de nombres conocidos que finaliza con un broche tan verídico como irónico en una de esas vueltas que da la vida. 

      Pero lo mejor de la novela es que leer a Barnes implica... leer a Barnes. Sus comentarios mordaces, sus opiniones no siempre políticamente correctas y sus valores sobre algunos temas, quedan perfectamente indexados dando una opinión, por supuestísimo parcial, de casi cada uno de los actos que en este libro se enumeran. Y es precisamente esa voz, la que ya puse tono gracias a los encuentros y entrevistas, la que hace que regrese una y otra vez a Barnes. Porque sí, como él mismo dice, la realidad puede ser simple, inverosímil y moralista pero, precisamente por ese motivo, hay que saber relatarla. Y Julian Barnes lo hace como nadie.

     El hombre de la bata roja es una novela divertida que os recomiendo a todos tanto si es vuestra primera vez como si ya estáis familiarizados con la pluma de Barnes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD: El célebre pintor John Singer Sagent inmortalizó en "El doctor Pozzi en casa" a Samuel Jean Pozzi  y ese es el origen de la cubierta del libro. Os lo presento y ya me diréis si es asquerosamente guapo o acaso un Dios como dijeron algunas de sus amantes atribuídas



 

miércoles, 29 de septiembre de 2021

La casa al final de Needless Street. Catriona Ward

 


     "Hoy es el aniversario de La Niña del Helado. Fue junto al lago, hace once años,. La niña estaba allí y de repente ya no estaba. Siempre es mal día cuando descubro que hay un asesino entre nosotros".

     Siempre me han gustado las novelas de terror. Eso hace que me acerque a ellas con regularidad y precisamente por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La casa al final de Needless Street.

     Conocemos a Ted Bannerman en el aniversario de la desaparición de la Chica Del Helado. Todo el mundo lo recuerda, si la prensa lo hace, lo hace todo el mundo, pero sobre todo Ted ya que fue interrogado en su día y señalado por los vecinos. Es difícil cuando te ves involucrado de esa manera que no te señalen y murmuren. Ahora Ted vive aislado en su casa. Una casa de ventanas tapiadas que comparte con su gata Olivia y en la que recibe las periódicas visitas de su hija Lauren, una niña temperamental cuyo carácter se vuelve cada vez más ingobernable. Pero así es su vida, tranquila y ordenada.

     Hablar de esta novela sin hacer el mayor spoiler de la historia es bastante complicado. Sobre todo para conseguir transmitir lo que uno se puede encontrar al leerla. Pero, ¿quién dijo miedo? (Ward, sí, ella lo dijo).

     Estamos ante una novela coral que más que terror aporta un suspense opresivo con un fuerte componente psicológico que se basa en el uso de narradores poco fiables dando su versión de lo que sucede. Y, esta es fácil, si la novela tiene pocos personajes, darles voz es la mejor forma de que el lector se involucre con ellos. Y... bueno, yo me quedo con el gato. Así veremos como una grabadora vieja será testigo de historias que pasan por recetas, visitas traumáticas de Lauren a su padre y la preocupación de éste por ella, y también la atronadora voz del gato guardián. Guardián porque su dueño le salvó de correr el mismo destino que sus hermanos, que todo hay que explicarlo de puntillas en esta historia. Nos adentramos así en la historia descubriendo con calma qué sucede tras las ventanas tapiadas y jugando a hacernos los sorprendidos cuando tras un rento arranque y un pequeño rodaje, se nos van desvelando las sorpresas.

     La novela tiene a su favor lo original de la narración y una soberbia ambientación psicológica en la que consigue, al no describir a los personajes hasta bien avanzada la historia, que el lector gire su percepción varias veces convirtiéndose en cómplice. Esta base es importante ya que, una vez finalizada, pensar en todas las pistas que vimos sin mirar se convierte en lo mejor de la historia.

     La casa al final de Needless Street es una novela de terror psicológico que reúne muchos rasgos habituales del género pero que se antoja lenta en sus comienzos y correcta en su finalización. Leeré más de la autora.

     Y vosotros, ¿sois lectores de terror?

     Gracias.

lunes, 27 de septiembre de 2021

La historia de Shuggie Bain. Douglas Stuart

 


     Hay épocas que me atraen poderosamente y una es en la que se ambienta esta novela. Hoy traigo a mi estantería virtual, La historia de Shuggie Bain.

     Cuando conocemos a Shuggie vive en una habitación, es adolescente y sabemos que lo ha pasado mal. Esta es la historia de cómo llegó a una habitación en la que evita oir a otros inquilinos y lucha por seguir adelante.

     Shuggie es hijo de una familia pobre. El padre es un mujeriego, su madre una alcohólica que quiere dar una imagen distinta a la real y su familia es pobre y vive en una zona miserable en la que los abusos son una constante. Estamos en Glasgow y el cierre de las minas sume en la miseria a muchas familias, tantas, que parece algo normal en ese mundo que es su universo. Se trasladan entonces a una aldea aún más miserable y no ayuda que Shuggie sea distinto a los demás, gay, y con una dicción y unos gustos que no lo ayudan a integrarse. Ahora vive pensando en si su día será bueno o malo en función de las latas de cerveza que se encuentre al llegar a casa ya que su padre se ha ido con otra mujer y su madre ha caído nuevamente en la bebida. Si es que alguna vez salió.

     Dicho así podría parecer la terrible historia de un niño que se alza y se convierte en un héroe pero estamos en realidad ante la historia de amor de un hijo hacia su madre, a la que cuida con total abnegación y eso hace que compartamos con él el sufrimiento de verla caer cada vez en un estado deplorable que condiciona su vida. Shuggie es fuerte, lo vemos en cada gesto de amor que realiza cada día y el lector siente una corriente de empatía que sabe no está llamada a ser recompensada con un final feliz y edulcorado como suelen hacerse en estas novelas. Aquí la mugre de las calles y la lluvia del ambiente empapa corazones y se traslada al lector en el tacto de las páginas. Además Stuart contribuye a ello con pasajes de especial lirismo en el que las minas quedan por fuera en montañas negras que toman el paisaje y en miradas que, como la del niño de la cubierta, miran a un futuro cercano más que a una utopía de fin de trayecto.

     Anggie es el personaje a destacar. Estamos acostumbrados a los Shuggies de las novelas pero no tanto a las madres que caen una y otra vez sin esperanza de levantarse y alzar el vuelo. Lo trágico está en este personaje que forma el carácter y condiciona la vida de su hijo, el que se queda, otro se va. Y el lector se pregunta una y otra vez cómo es posible un corazón como el de su hijo pequeño y cómo puede sobrevivir en un mundo lleno de espinas. La novela es el resultado de un realismo lírico en el que ambas parts se equilibran para dar lugar a una novela sobresaliente, de esas que uno encuentra por casualidad y gracia al buen hacer de quienes las descubren y que, una vez leídas, recomienda por activa y pasiva como si de un tesoro secreto se tratara. Pero no es un tesoro, ojo, es una novela premiada. Una primera novela para ser exactos, lo que equivale a la promesa de estar ante un nombre a recordar.

     La historia de Shuggie Bain es una novela magnífica de la que se disfruta a pequeños sorbos y cuyos personajes se convierten en compañeros inolvidables. Pero es, sobre todo, el reflejo de un colectivo que ha existido y que aún se recupera mientras que una gran parte de la sociedad ni siquiera miraba hacia otro lado, simplemente los ignoraba. Leed su historia, hablemos de Anggie. Hablemos de Shuggie.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 20 de septiembre de 2021

La cita. Katharina Volckmer

 


    "Sé que puede que este no sea el mejor momento para sacar el tema, doctor Seligman, pero me acabo de acordar de que una vez soñé que era Hitler. Aún hoy me avergüenza hablar de ello, pero era de verdad él, con una fanática masa de incondicionales a mis pies, y daba un discurso desde un balcón. Llevaba el uniforme ese de las perneras raras, abombadas, me notaba el bigotito en el labio superior, y mi mano derecha volaba por los aires mientras yo hipnotizaba a todos y todas con mi voz. No recuerdo exactamente de qué hablaba –creo que tenía algo que ver con Mussolini y algún sueño absurdo de expansión–, pero da igual. ¿Qué es el fascismo, además, sino una ideología por la ideología?"

     Va la cosa de cubiertas llamativas, y reconozco que Anagrama últimamente se está luciendo. A mi, que soy una superficial, me llaman la atención todas aquellas cubiertas que se salgan de lo habitual. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La cita.

     Y así conocemos a la protagonista, una alemana que acude a la consulta del Dr. Seligman destinatario del monólogo confesional que vamos a ir leyendo y que es, a la postre, judío.
   
     Si la cubierta de este libro es irreverente el discurso de la protagonista también lo es. Ya empieza diciendo que ha soñado con Hitler en un libro cuyo discurso viene a decirnos que los alemanes no hablan de la IIGM (y algo de eso tiene que haber cuando la autora es alemana y no ha encontrado una editorial para este título en su propio país). Con un sentido del humor hiriente que a ratos parece entremezclarse con la mala leche de quien está enfadado, la autora no deja títere con cabeza a la hora de criticar un mundo al que se ha llegado a fuerza de resolver conflictos incluso con la propia identidad sexual. Sabremos poco a poco datos de la narradora, como que no es su primera terapia, que tiene un ex llamado K y algo sobre una herencia familiar. Sin embargo la novela no va a tratar de nada de eso, para la autora lo importante parece ser la propia identidad, ya sea la propia o la de su país. Y para ello, Volckmer busca provocar sin fin incluso con las palabras elegidas más allá del mensaje de su obra, y eso acaba pasando factura con un poso de superficialidad (si es que es posible expresarlo así) que no se despega del lector ni siquiera con la revelación final. Peo más allá de eso es una novela corta interesante que la autora estructura como una suerte de juego de secretos a media voz que son revelados poco a poco. Vaya por delante, por eso de echar una mano, que Seligman no es psicoanalista. Supongo que a estas alturas muchos de vosotros ya habías dado por hecho que lo era, pero no es así y si lo digo claramente es porque no tardamos demasiado en descubrir que estamos ante un ginecólogo en una suerte de retorcido uso de aquella frase que decía "me ve hasta el alma". Y es que la autora no nos permite dar demasiadas cosas por sentado. Exactamente igual que advierte que no podemos pensar que porque el tiempo ha transcurrido las heridas de la IIGM están cicatrizadas y se habla de ello con normalidad, tampoco podemos dar por segura la identidad sexual de la protagonista. A fin de cuentas, eso es algo que ella puede "elegir". 

     Hay una palabra en alemán, Vergangenheitsbewältigung. Los alemanes son los reyes de las palabras, tienen una para cada cosa, para ubicar y cubicar cada significado. En este caso viene a significar algo así como aceptar el pasado y se suele usar aplicado a la IIGM y sin embargo la autora defiende que realmente no son capaces de hablar del tema con soltura, que sigue siendo un tabú social en muchos momentos hablar de ello en voz alta, entrar en detalles. Habla de esvásticas y también de sexo, cómo no iba a hablar de sexo una novela con un consolador en la cubierta, estaréis pensando, cómo no va a relacionar en la misma frase a Hitler con la masturbación por ejemplo, o no va a tener fantasías asociadas a la imagen (también hay una relación con un hombre casado, un problema laboral y una herencia, en un monólogo da tiempo a muchas cosas). Bien, pero quizás, y pese al desparpajo y las metáforas que se enroscan unas en otras cuando no se solapan o encadenan, el problema que puede tener esta novela es la gran tentación que sufre el lector de quedarse en la superficie. Es fácil recoger el discurso, el monólogo, los saltos en temas que parecen desestructurados pero que recuerdan al mismo tiempo al propio pensamiento cuando nos dejamos llevar, a las preguntas del Dr que jamás leemos pero cuyas respuestas están allí... y perdernos el mensaje subyacente, la crítica social y la personal, a los roles, a la incapacidad para ser sinceros salvo en circunstancias muy particulares, a su país, algo de algún modo extensible a Europa. Y la novela incluye todo esto en menos de doscientas páginas dando voz a una mujer que quiere despojarse de sus mentiras. Y esa, aunque no lo sabéis, es una frase crucial para hablar de esta novela.

     La cita es una novela confesional que se viste de provocación e irreverencia para dejar un interesante experimento con un mensaje no apto para todos los lectores. Supongo que es de esos libros que los entendidos llamarán artefacto literario y que los lectores miraremos pensando: un libro es un libro. A mi me ha gustado, me ha demostrado una vez más que no está todo escrito.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Una semana en la nieve. Emmanuel Carrère

 


     "Más tarde, durante mucho tiempo, Nicolás intentó recordar las últimas palabras que le había dirigido su padre. Se había despedido de él en la puerta del albergue, repitiéndole una y otra vez consejos de prudencia, pero Nicolás se sentía tan molesto por su presencia, tenía tantas ganas de verlo marcharse que no le había escuchado. Le echaba en cara que estuviera allí, que atrajera sobre ellos miradas que adivinaba burlonas, y se había zafado, agachando la cabeza, del beso de despedida." 

      Carrere es uno de esos nombres recurrentes en mis estantes. De hecho llevo un par de semanas buscando un par de viejo títulos suyos y eso me recordó precisamente este. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una semana en la nieve.
   
      Conocemos a Nicolás, un niño de diez años introvertido y con problemas para relacionarse, cuando su padre lo lleva a un albergue a que pase unos días con sus compañeros de clase esquiando. El detalle es importante puesto que su padre es el único que llega al lugar, el resto de la clase, ha ido en autobús. Y no sólo eso, sino que además se marcha sin dejarle la maleta con las cosas necesarias para pasar esos días. De este modo tan desastroso comienza la experiencia de Nicolás, una experiencia que no será capaz de olvidar nunca. 

     Carrère es un narrador más que solvente. Sus libros proporcionan al lector una experiencia compleja partiendo de una forma de narrar sencilla, lo cual ha de ser mucho más difícil de lo que parece. De hecho, creo que no hay nada más complicado que conseguir lo que se llama un libro fácil de leer. En este caso, parte de lo que bien podría ser una novela Bildungsroman (de esas de crecimiento que cuentan una historia en la que se parte en la infancia y percibimos como el personaje madura en su camino hacia la edad adulta), para desviarse en las primeras páginas hacia una historia que consigue un clima de desasosiego y una empatía directa hacia el protagonista. 
     Nicolás pronto se nos presenta como un niño tímido y apocado, desfavorecido en la vida y propenso a ser el objetivo fácil de las burlas. Y también con mucha necesidad de atención, a costa de lo que sea. Con este protagonista, el autor juega a dejarnos entrar en su mente siendo adultos, sin dirigirlo lo suficiente como para que no juzguemos sus actos, haciendo que el lector pase del desconcierto a la lástima por el chiquillo. Su pequeño protagonista parece tentar el límite de lo real como método para dejarse conocer por un lector que no puede evitar revolverse incómodo en la silla ante un clima que se va tensando. 
     Y es en ese momento en el que mejor percibimos al Carrère afilado, el que parece contar las palabras y acortar capítulos en un libro ya de por sí corto. Sufrimos esa carencia de palabras tan significativa como esos silencios que se producen a mitad de una conversación importante. Nos deja solos, elucubrando, pensando y haciendo cábalas sobre lo que realmente sucede, se acumulan los por qué... y leemos con avidez un libro corto que dura apenas un suspiro hasta llegar a una resolución abrupta. Un cierre hermético o tal vez una puerta abierta para que sigamos más allá de la historia. Se pueden conseguir ambas cosas. Carrère lo hace. No pone todas las palabras, pero sabemos qué sucede realmente; nos ha sabido dirigir para que rellenemos los huecos y lo hacemos de forma diligente, automática, mientras tenemos la sensación de que nos han bajado la persiana antes de tiempo. Leí una vez al autor decir que le cuesta acabar los libros, tal vez sea por eso que lo termina como una bofetada. Hemos leído, nos hemos creído su historia... y ya no hay más. 

      Una semana en la nieve es una novela corta, muy corta, que se lee en un suspiro y por la que es fácil dejarse conducir para disfrutar de una experiencia casi claustrofóbica entre sus letras. No os doy más datos, sólo quedaros con los adjetivos que he utilizado para describir esa excursión... 

      Y vosotros, ¿os acercáis a ese tipo de novelas que llaman de crecimiento llenas de conflictos?

    Gracias 

      PD. Por cierto que hay una adaptación cinematográfica del año 1998 titulada La clase de nieve y dirigida por Claude Miller.

lunes, 13 de septiembre de 2021

La dependienta. Sayaka Murata

 


     Leí esta novela hace ya un tiempo, pero se me había olvidado colocarla en mi estantería virtual. Hoy traigo, tras haberlo releído, La dependienta.

     Conocemos a Furukura Keiko, una chica tímida un tanto peculiar que trabaja en una tienda de esas que están siempre abiertas. Superados los treinta, tiene toda la pinta de quedarse soltera por mucho que quienes la quieren esperan que eso no sea así. Pero es que Keiko tampoco es que se relacione con demasiada gente. Ella es, definitivamente, distinta. Y también lo es su nuevo compañero, Shiraba.

     Con este libro he tenido sentimientos encontrados. Por un lado me parecía interesante la premisa de lo que se espera de una persona en la sociedad. No es novedoso, Jane Austen ya hablaba sobre eso y hacía hincapié en las mujeres y el peso que ejercía sobre ellas cumplir con lo esperado, pero me suele atraer este tipo de novelas que demuestra, que, a fin de cuentas, tampoco han cambiado tanto las cosas. Solo la forma en que se llevan a cabo. Sin embargo me tropecé con la segunda parte y es que el propio autor parece caer en esa misma trampa social cuando, donde yo esperaba una heroína clásica que decidiera que le importaba poco lo que se espera de ella y se queda con un trabajo que le de para vivir y hacer de su vida lo que le venga en gana, me han dibujado a una protagonista que tiene algún tipo de tara que no le permite relacionarse de forma adecuada, empatizar socialmente con la gente o, incluso, improvisar. Me gusta, eso sí, la forma en que está escrito, los microuniversos, las percepciones... lo esperado a fin de cuentas en un libro de autoría oriental, pero no he podido evitar la sensación de que la autora es partícipe de su propia crítica al colocarnos una protagonista marcada por su carácter (que estoy segura se le podría poner un nombre, aunque yo lo desconozca). Supongo, o quiero suponer al menos, que las presiones en el mundo occidental para seguir una línea de vida personal, no pasan de las preguntas dichas "sin maldad" sobre si ya tienes novix o te vas a casar/tener hijos... y que en otras sociedades estas presiones son mucho más acusadas y se ponen de manifiesto sin necesidad de envolverlas en papel de regalo, y es ese el motivo por el que se me ha quedado corto un librito que, por lo demás, resulta fácil y rápido de leer.

      Me ha gustado el refugio en el que convierte el konbini en el que trabaja, un lugar que comencé percibiendo como imposible (me costaba entender que fuera el lugar en el que la protagonista se siente feliz y realizada) y que acabé reconociendo en cambio como el espacio seguro en el que absolutamente todo podía estar bajo su control. Y aunque sí, es allí donde conoce a su compañero, la resolución que da la autora a este punto me resulta más que satisfactoria. Como digo, la única pega que le veo es esa suerte de tendencia a marcar la conducta de la protagonista como algo más patológico que referido a su fortaleza de carácter.

     La dependienta me ha gustado sin estridencias. De hecho me gustó más cuando lo leí que pasado el tiempo y para realizar esta reseña me he vuelto a asomar a sus páginas porque, al sentarme delante del ordenador, me di cuenta de que me "molestaban" algunos puntos al ser razonados en los que en su momento no caí. A segunda lectura lo tengo claro, estamos ante un libro cortito que se lee prácticamente de una sentada pero al que se podría haber sacado, indudablemente, mucho más partido.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 6 de septiembre de 2021

En las ruinas del futuro. Don DeLillo

 


     "Todo eso cambió el 11 de septiembre. Hoy el relato del mundo lo vuelven a escribir los terroristas".

     Me gusta un escritor, me compro sus libros. No hay más. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, En las ruinas del futuro.

     Alla por el año 2001, un 21 de diciembre (esperábais supongo un 11 de septiembre), DeLillo escribió un artículo para The Guardian en el que hablaba de los atentados, las torres, el ambiente en una de esas calles recorridas por un tráfico incesante de coches y personas... hablaba de lo mismo que todo el mundo; el terrible atentado a las Torres Gemelas. Un año más tarde se publicaba la traducción en nuestro país y ahora, hace apenas unos días, se ha reeditado.

     DeLillo nos deja un librito en el que reflexiona sobre el atentado, el terrorismo radical en el que las personas son instrumentos de sus creencias y en la forma en que eso las distancia del resto de la humanidad a la que no son capaces de otorgarle rasgos. Supongo que un poco como eso que dicen de si le pones un nombre a un pollito, jamás te lo llegarás a comer. Habla también de la memoria y de las historias y de cómo serán contadas esas historias en el futuro, de las personas y el estupor, las calles polvorientas y las cintas policiales que se mantuvieron durante mucho tiempo. Habla de la prensa que retransmitía en directo lo sucedido sin caer en lo cinematográfico y nos deja además una suerte de testimonio cercano pero no desde dentro de las torres, lo hace justo desde al lado. Me preguntaba al leer esa parte si realmente estaba dando testimonios o era una suerte de metáfora, de aviso a navegantes sobre lo que deberían de empezar a temer si estaban viendo lo que sucedía en su país. Posiblemente. O quizás no y sea una interpretación mía influida por los veinte años casi que han transcurrido desde ese momento y por todo lo sucedido desde entonces. Y como broche, el americanismo multicultural, multirracial, el seguir adelante porque es lo que importa. Muy colocado todo. Entonces.

     He colocado como frase una que a mi me llamó particularmente la atención al comenzar la lectura. Una que pensé que sería la marca del texto y sobre la que oscilaría DeLillo. Pues bien, me equivoqué. Esperaba algo más incisivo, más profundo, supongo que algo más contemporáneo a este año que vivimos y que estuviera escrito por lo tanto desde el análisis que otorga la distancia y no desde el simple "un texto más" en el que realmente no se aporta nada en particular salvo un par de pensamientos a vuelapluma y un broche final efectista que en este momento carece realmente del sentido que tuvo al escribirse. Será culpa mía ya que esperaba un análisis. O del mundo por habernos dejado un comienzo del S XXI tan lleno de sobresaltos que podrían llenar una biblioteca entera con palabras sobre cada uno de ellos. Pero me ha parecido que se queda muy corto. Me ha sonado a uno de esos ejercicios en los que uno intenta dejar de lado el sentimentalismo y hacer algo digno cuando aún no está preparado para ello y que refleja nada más que un punto dentro de un eje cronológico macabro que ha continuado sucediéndose de tal modo que, esa primera frase con la que comenzaba esta reseña, puede ser la que mantenga el rigor con más dignidad de todo este título. Al menos hasta que llegó la pandemia. O qué se yo, supongo que escribir textos sobre temas actuales es muy complicado. Y conseguir que mantengan el mismo sentido que tuvieron al publicarse debe de serlo aún más.

     En las ruinas del futuro es un libro para quienes, como yo, alimentan su lado coleccionista y quieren tener todo lo escrito por su autor.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


viernes, 3 de septiembre de 2021

El gato que venía del cielo. Takashi Hiraide

 


     Cada vez hay más libros sobre gatos, o eso o yo me fijo más. Pero cuando pienso que es cosa mía recuerdo a un librero que conozco y que afirma que si en un libro sale un gato, vende más. Hoy traigo a mi estantería virtual, El gato que venía del cielo.

     Tenemos un matrimonio japonés, sin hijos, y que trabajan en la edición y corrección de textos. Y que además, no tienen hijos. Tenemos un vecindario desde el que nos relatan la historia y a Chibi, un gato que decide empezar a visitar a este matrimonio y que poco a poco, pese a su carácter austero, se va haciendo un hueco en su hogar minuciosamente detallado por la mujer.

     Bien, hay que decir que no es exactamente un libro sobre un gato. Cierto es que Chibi entra en la vida de los protagonistas y les da alegrías (y un mordisco) y se convierte en una parte importante de este matrimonio que poco a poco lo considera como suyo. Además Chibi es un gato independiente que se pasea por donde le place y visita incluso al narrador fomentando relaciones. Chibi, en definitiva, cambia vidas. Y por eso el libro trata de la soledad, del individualismo aislante que cada vez es más común, y de la rivalidad por la atención. Porque Chibi no es un gato vagabundo. Tiene como dueños a unos vecinos de nuestra pareja y hay un momento en el que parece todo una competencia para saber a quién quieres más, si a papá, o a mamá. También es una manera de conocerse y de expresar sentimientos que, hasta la llegada del gato, ni siquiera sabían que existían. Y es que Chibi es muchas otras cosas además de un gato.

     Sucede en la novela que un anciano muere y su esposa decide vender los terrenos que ha heredado de su marido. Y estos son donde viven nuestros vecinos. Esta es la excusa para ampliar la crítica de lo personal a lo social cuando el autor explica que el precio del suelo en Japón no es apto para personas normales. Hecho que coincide con la marcha del gato. Y hasta aquí os cuento porque son poco más de cien páginas y he desgranado, a mi parecer, demasiado del argumento.

     El gato que venía del cielo es un libro de detalles en el que cada brizna del jardín, cada árbol, cada insecto, tienen su espacio. Es un ejercicio de prosa de lento recorrido al que el lector ha de enfrentarse sin prisa, como a un paseo relajante. Porque más allá de la forma en que está narrado, realmente no sucede demasiado, lo que lo convierte en un libro para amantes del paladeo más que para lectores voraces. Con todo, lo he disfrutado.

     Y vosotros, ¿sois lectores gatunos?

     Gracias.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Un adulterio. Edoardo Albinati

 


     "La pureza del cielo sobre la barca era desconsoladora. Solo en septiembre alcanza una intensidad tan rotunda y melancólica."

     Tras La escuela católica tenía curiosidad por seguir leyendo a Albinati y ver que este título apenas superaba las cien páginas me animó a no esperar más. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un adulterio.

    Clementina y Erri se van a pasar el fin de semana a una isla italiana. Ambos están casados, ambos han mentido y ambos van a pasar el fin de semana juntos en un lugar que parece un paraíso, una ficción idílica. Y el domingo, regresan.

     Albinati dicen que explora el deseo en este libro y yo no lo creo. Un adulterio no trata de deseo, ni siquiera hay un sexo notable o es notable el sexo que tienen los amantes protagonistas. Y tampoco se molestan en fingir que lo sea. Lo que hace Albinati es relatar una escapada del mundo llevada a cabo por dos personas que huyen de sus vidas y sus rutinas. Y quizás un poco por eso, por escapar ella del hijo y él de la familia y un trabajo poco emocionante, se permiten ser felices. Si la felicidad es apenas un instante antes de que seamos conscientes de nuestras preocupaciones, un fin de semana de arena, sol, barco y alguien desconocido que nos gusta pero no nos va a pedir nada ni contar penas, que no nos va a hablar del colegio o la reparación del coche, es casi una utopía. Y de esa utopía es de lo que trata la novela Un adulterio. Y si el hotel es malo o la pizzería, casi mejor. Porque eso nos recordará a tiempos en los que ser despreocupado era lo normal y que no sabíamos luego íbamos a recordar con nostalgia por no haber sabido aprovecharlo. Construye un espejismo de cielos azules y aguas cristalinas en la que los personajes nadan hasta no ver el barco del que se tiran (desde aquí envío un saludo a Michael Phelps que sé que no me lee) creando una ensoñación romántica en la que está permitido soñar en voz alta y creer, por unos instantes, cualquier cosa que se supone hay que decir en estos casos. El adulterio no se idealiza en sí porque incluso ella es más feliz nadando sola y, cuando el sol no la deslumbra (y lo mismo le pasa a él) es consciente de los fallos de la persona que la acompaña. Y quizás por eso apenas los describe, no son importantes el uno para el otro, no importan. El adulterio que comenten no es tanto hacia sus parejas como hacia la vida ordenada que llevan y ambos saben que es lo que realmente les importa de ese momento. Por eso y no por otros motivos, lo mejor es el final.

     La novela tiene una falta de musicalidad y una premura en el final que deslucen un conjunto agradable para una lectura rápida que no deja mayor huella que las ganas de volver a estar de vacaciones. Un adulterio no destaca más allá de la escapada idealizada, del huir tres días, del paréntesis que tantas veces nos han ofrecido los anuncios televisivos incluso en forma de chocolatina. Es una novela efímera hasta en la memoria del lector.

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis entre manos?

     Gracias.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Frankie y la boda: Carson McCullers

 


     Hay libros que parecen esperar su momento escondidos. Algunos incluso literalmente y uno los compra y desaparecen durante años hasta que un buen día, colocando estantes, te tropiezas con ellos y los rescatas. Eso sucedió con esta novela y es que hoy traigo a mi estantería virtual, Frankie y la boda.

     Conocemos a Frankie Addams, una niña de doce años, huérfana de madre, que vive con su padre desde que su hermano se fuera a Alaska. No es que mantenga una gran relación con él, así que las otras dos personas que marcan su vida son Beredice la cocinera y su primo pequeño. Frankie es una niña precoz y un tanto rebelde que se ve además sorprendida con la noticia de que su hermano se casa, algo que significa que lo ha perdido para siempre.

     Frankie es complicada. Debió de serlo para McCullers y lo ha sido sin lugar a dudas para mi. Es una protagonista complicada que no encuentra su sitio y está a mitad de camino entre la niña que ha sido y la adulta que será. De carácter a veces insoportable, pronto se desvela para el lector como alguien a quien le aterra estar sola, no olvidemos que no tiene madre, su padre prefiere su trabajo a su hija y tampoco aparecen amigos a su lado. Lo único que le queda es una relación forjada alrededor de una mesa y que incluyen a una criada y un niño pequeño. Esa es Frankie incluso cuando se enfada y provoca rechazo y McCullers logra que incluso nosotros la rechacemos sin entender muy bien qué narices le pasa. Pero en realidad es fácil: preadolescencia. Frankie quiere irse del pueblo, con su hermano, claro, quiere crecer y encontrar su sitio cuando en realidad lo único que encuentra es.... a un soldado. Le cuesta crecer por las prisas y también expresar lo que siente aunque pronto vamos a tener claro lo que significa, por ejemplo, Beredice para ella. Y luego llega la boda. Y no os voy a decir más.

     McCullers escribe una novela al detalle en la que Frankie queda tan expuesta como para que el lector cometa con ella las mismas injusticias que ella siente que ha vivido. Mediante diálogos, parece decirnos la autora, es como mejor se conoce a las personas. Y así vemos las ideas descabelladas de una niña que quiere ser adulta con prisa y no se da cuenta de lo que se deja en el camino. Algo que el lector mira con tristeza incluso, antes de que Frankie se ponga en evidencia y la miremos con cierta desaprobación. Porque donde otros hubieran hecho un personaje entrañable y digno de lástima aquí nos irritamos porque la autora no pierde la perspectiva en ningún momento del carácter complicado que se tiene a cierta edad. También es la historia de un cariño, de una amistad, y de un cierto calor alrededor de una mesa que da algunos de los grandes momentos que posee este libro. Pero es, sobre todo, una magnífica muestra de lo que es escribir una novela en la que los lectores reaccionen ante los personajes de la misma forma que lo hacen otros personajes. Porque a Frankie no la terminamos de entender hasta que no hemos cerrado el libro, un poco como si necesitásemos que dejara de hablar sin descanso en nuestro oído para poder echarla de menos. Un poco como si se tratara de una preadolescente.

    Frankie y la boda es una novela estupenda de una magnífica autora. La comenzó y terminó escribiendo en mitad del proceso La balada del café triste, posiblemente su mejor novela, y deja una historia cuajada de detalles que despierta en el lector sentimientos encontrados y viscerales hacia la novela tanto como hacia su protagonista. No dejéis de leer a McCullers.

     Y vosotros, ¿Qué libro tenéis entre manos a la vuelta de vacaciones?

     Gracias.

lunes, 9 de agosto de 2021

Vacaciones


      Como todos los años nos vamos de vacaciones dos semanas. Pero lo hacemos con la maleta llena de libros y podéis seguirnos en twitter AQUÍ e Instagram AQUÍ.

     Nos vemos el día 23 con nuevas lecturas.

     ¡Feliz verano!

miércoles, 4 de agosto de 2021

Maggie: una chica de campo. Stephen Crane

 


     Este año he ampliado mi biblioteca en el sentido más literal de la palabra. Eso supone que han salido libros de lugares insospechados para ocupar, al fin, su lugar en las paredes de mi casa. Es decir, me he tropezado con muchas relecturas y también con libros traspapelados, olvidados sin leer. Hoy traigo a mi estantería virtual, Maggie: una chica de campo.

     Maggie vive en Bowery, una zona desfavorecida y problemática de la que parece imposible escapar. Su familia es la habitual: un hermano pendenciero, una madre que no lo corrige porque bastante tiene con su marido y el carácter que florece en él cuando discuten y a la que ella también responde enfurecida dejando en sus palabras un rastro desolador de lo que es una familia dura. Y una familia dura en un barrio duro es casi un entretenimiento más que, lejos de preocupar a los vecinos, los entretienen. Y ese es el seno de Maggie, la romántica. Solo que, lejos de ser una heroína romántica que logra superar todo, Maggie es aplastada una y otra vez.

     Como si fuera uno de sus propios personajes, Crane no tuvo una vida fácil. Murió de tuberculosis con 28 años y su primera novela, la que ocupa hoy mi estantería virtual, la finalizó a los 22 y tras no lograr convencer a nadie para publicarla, lo hizo el mismo. Lo hizo bajo seudónimo y, contra todo pronóstico, llamó la atención de la crítica y fue republicada por una editorial conocida aunque, por supuesto, para cuando lo fue el autor ya tenía un camino hecho. Y si cuento esto es porque ahora se nos llena la boca con eso que llamamos literatura experimental pero los escritores, desde siempre, han desafiado los convencionalismos, han denunciado los problemas de la sociedad y, por supuesto, han ficcionado la realidad hasta convertirla en historias. Y la novela de Maggie es un claro ejemplo de desafío que merece la pena ser descubierto y leído dentro del contexto de su publicación.

     Se achaca a Crane que escribe con desapego, sin empatía, poniendo distancia. Y yo me pregunto si no es esa la distancia entre la clase social del autor y la que representa o tal vez la de muchos lectores frente al entorno en el que se ambienta el libro. Si no es precisamente una de esas características que, lejos de ser criticada, debería de ser valorada por lo que significa a uno y otro lado. El libro es duro y se llena de golpes y gritos, las peleas parecen ser lo habitual y destacan por su rudeza tanto como por el aparente hábito que las convierte en algo rutinario y en el centro está Maggie ( y un poco su hermano) que parece no aprender que la vida es dura y la confianza se gana. Crane la empuja a buscar una esperanza en un hombre odioso al que ella parece ciega y el lector se asfixia pensando en lo que espera a la protagonista. Ese es el gran logro de Crane: no abusa de descripciones, no entra en grandes detalles, pero nos asfixia y sobrecoge a partes iguales mientras observamos el viacrucis de su protagonista. Del final no hablo porque requeriría una reseña completa destripando el libro, leedlo y me decís.

     Maggie: una chica de campo es un libro necesario en el que descubrimos que, hace más de un siglo, la marginalidad, los barrios bajos que ahora creemos haber descubierto en gran medida gracias al cine, no solo ya existían, además eran muchísimo más crueles de lo que hubiéramos podido pensar.

     Y vosotros, ¿también descubrís libros olvidados dentro de vuestra propia casa?

     Gracias.

lunes, 2 de agosto de 2021

La biblioteca de París. Janet Skeslien Charles

 


     "Los números flotaban alrededor de mi cabeza como estrellas. 823. Eran la llave que me abrirían la puerta de una nueva vida. 822. Constelaciones de esperanza. 841. Por la noche, en mi dormitorio; por la mañana, cuando salía a comprar croissants... Ante mis ojos desfilaba una serie tras otra, 810, 840, 890... Esos números representaban la libertad, el futuro. Además de los números, me había estudiado la historia de las bibliotecas desde el siglo XVI".

     Ya lo he comentado más veces pero lo haré una vez más. Un lector es un ser que presume de sus vicios, los disfruta, los muestra. Es una persona exhibicionista a la que además le gusta leer sobre su vicio favorito. Hoy traigo a mi estantería virtual, La Biblioteca de Paris.

     Conocemos a Odile, una joven que tiene todo lo que hubiera podido desear y que ve como la guerra trastoca profundamente su vida. Su trabajo en la Biblioteca Americana de París se convierte en un punto vital en el que, no solo puede ver peligrar sus amados libros, si no que también sirve como zona de refugiados, de hecho su hermano llega a ponerse en peligro por las actividades relacionadas con la biblioteca que realiza. Odile además se enfrenta a sus propias ideas que le hacen cuestionarse a algunas de sus personas más cercanas. Años más tarde Odile vive en una zona rural de Montana y aunque no es la mujer con más relaciones del mundo, la enfermedad de una vecina provoca un acercamiento a su hija adolescente, Lily, durante el cual rememorará su historia.

     Supongo que un resumen más rápido diría que La biblioteca de París cuenta la historia de los bibliotecarios en esa ciudad durante la Segunda Guerra Mundial y, bueno, luego está el hilo de los 80, que no me ha entusiasmado precisamente. Es cierto que la doble línea temporal es habitual y que en este caso Lily es importante porque es la vecina de Odile con la que va descubriendo puntos en común y un misterio . El primero es qué pinta esa mujer en la otra punta del mundo y por qué la vemos tan sola.

     Resulta curioso cuando en una novela narrada a dos tiempos el lector descubre la pasión del autor. En este caso está claro que es París y la Bilbioteca. Hay un entramado de pequeños personajes e historias secundarias, de detalles que son accesorios a la trama principal pero que la complementan dándole interés, aportando al lector ese suelo de credibilidad que tanto disfruta en este tipo de novelas de ficción histórica. Cuando eso sucede y uno aterriza en el otro hilo, sucede que... bueno, Lily a veces es graciosa. Y ya. Por eso lucha contra la tentación de leer en diagonal pero se da cuenta de que son los momentos en los que interrumpe la lectura. La novela carece de equilibrio entre pasado y presente salvo en los momentos en los que el presente lo toma la voz que relata el pasado, porque eso indica cambio. La historia de Odile se llena de pasión por los libros, de soldados, personajes fascinantes que se esconden o que ayudan a esconder, la Gestapo... A Lily... bueno, a Lily le gusta un chico. Es cierto que la joven también tiene que afrontar la vida en un momento dado y que eso debería de haber empujado a la novela, pero realmente no consigue arrancar en ese punto porque una parte de la historia ya se ha comido a la otra. Además poco a poco Charles conduce al lector a un final que no parece corresponderse con el resto de la novela o con la actitud de la Odile que ya conocemos, por lo que se antoja precipitado y sin demasiado sentido. Aunque, como siempre digo en estos casos, hablo de mi percepción, posiblemente hay un montón de lectores que lo han disfrutado y les ha parecido perfecto.

     La biblioteca de París es una novela sobre el amor a los libros y su importancia, una forma de ver la Segunda Guerra Mundial desde la mirada de una amante de los libros que parece concebida para sus iguales. Aun así a mi se me ha antojado una novela coja con partes sobrantes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 28 de julio de 2021

Liquidación. Imre Kertész

 


     "Vivimos en la época de la catástrofe, cada ser humano es portador de la catástrofe, y por eso se necesita un saber vivir muy particular para seguir tirando, dijo. El hombre de la catástrofe carece de destino, carece de cualidades, carece de carácter".

     Hay libros que amas y libros que odias, y ante este blanco y negro solo queda un tercer tipo de libros, aquel que comienzas con un sentimiento para terminar en el opuesto; todos los puntos intermedios se olvidan o diluyen. Al final solo quedan los libros que uno ama. Y los que odia. Hoy traigo a mi estantería virtual, Liquidación.

     Conocemos a Keserü, editor. También a B, escritor, y a su exmujer, Judith. Y ahora, me explico. 
B se ha suicidado, y el hecho de que sea llamado B es importante porque enlaza con uno de los temas básicos dentro de la literatura de Kertész. Keserü, narrador durante casi todo el libro, es su editor, y sabe o cree saber que B ha escrito algo que tiene que ser encontrado. Pero el autor pidió que quemaran sus papeles, dónde está o si está la novela es un misterio. Aunque sí ha dejado otras novelas o papeles, como por ejemplo "Liquidación" que no trata sobre el Holocausto, aunque para estas alturas sabemos que es importante, trata de... bueno, se adelanta en el tiempo y allí Keserü está buscando la novela de B. En realidad, como podéis ver, es todo un tanto confuso y eso que no os he hablado de Hungría ni del momento elegido por B para suicidarse. Porque podría embrollarlo aún más. Solo que yo no tendría la pericia suficiente como para desembrollarlo (o me hubieran dado el nobel, sic.).

     Kertész en un escritor diferente cuya obra encaja perfectamente con lo que explicaba al comienzo de esta reseña. Es complicado, enrevesado hasta casi lo experimental y, a la vez, posee una fuerza narrativa capaz de sobrecoger al lector. Resulta llamativo que estamos, eso es seguro, en una novela sobre Auschwitz en la que la búsqueda no la realiza B, lo hace una persona que no es de origen judío, tanto como que Judith, que sí lo es, sea capaz de dar voz a varios caminos para vivir tras algo semejante. Incluso el autor la redime de su propia vida, en la que junto a su esposo, el primero, no pudo alcanzar lo soñado, para llegar junto al segundo a una felicidad que siempre se va a ver ensombrecida por el recuerdo o tal vez por la identidad.
     He comentado antes que Liquidación es el título de algo así como la intraobra de B, lo que no he dicho es que el escritor no hace de este hecho uno de los puntos capitales en la medida en la que sus personajes no parecen estar particularmente sobrecogidos y no lo convierte en el tema capital de la novela. Hungría y su represión, la caída del régimen como detonante de la acción de B y por lo tanto de la novela, tampoco es el tema principal y la introspección de los personajes que aparecen y el holocausto.. bueno, ese es el tema principal, así generalizando mucho, de la obra de Kertész. Y entonces qué nos deja en su novela... pues un juego de explicaciones y espejos que comienza con más extrañeza que entusiasmo pero que consigue que el lector no separe la vista de sus páginas. Una novela imposible sobre un presente improbable de un mundo que parece haberse resquebrajado tras el mentado juego. Y una pregunta capital: ¿qué hacer cuando todo cambia? Cuando el papel se agota, la tarea se termina, la representación finaliza o el régimen cae... qué sucede cuando al fin se alcanza la ansiada cuota de libertad tras soñarla durante un tiempo. Y ese, es el gran tema de la novela de Kertész y sobre él gira todo. Tanto el descubrimiento de la vida de B como la situación última de su editor una vez ha pasado todo que es cuando comienza la historia. Qué sucede con la culpa, qué sucede con la vida, ¿existe la libertad? Y aquí vuelvo a recordar a Judith en su frase lapidaria afirmando que ahora es feliz. Pocas veces una frase tan "positiva" encerró tanto sufrimiento entre sus letras.

     Liquidación no es una obra fácil pero, como sucede con muchas obras que no son fáciles, despiertan una parte del lector que le hace querer seguir leyendo. Personalmente lo he disfrutado tanto durante la lectura como al reposarla e ir encajando piezas y significados. Kafkiana, dicen. Rara, aclaro yo. Pero a mi, me gusta lo raro.

     Una pregunta: ¿me recomendáis un libro para las vacaciones?

     Gracias.

     PD. El autor tiene otra obra titulada Kaddish por el hijo no nacido. Cuentan las malas lenguas que esa novela es la que B firmó y que buscaron de forma incesante en Liquidación. No en vano vemos pasar algunos de sus personajes por ella. Decidme si no es un juego maravilloso...

lunes, 26 de julio de 2021

Sapiens. Yuval Noah Harari

 


     "Tres revoluciones importantes conformaron el curso de la  historia: la revolución cognitiva marcó el inicio de la historia hace unos 70.000 años. La revolución agrícola la aceleró hace unos 12.000 años. La revolución científica, que se puso en marcha hace solo 500 años, bien pudiera poner fin a la historia e iniciar algo completamente diferente. Este libro cuenta cómo estas tres revoluciones afectaron a los humanos y a los organismos que los acompañan".

     Los lectores solemos decantarnos por la novela antes que por otros géneros literarios como el teatro, la poesía o el ensayo. Sin embargo viene siendo costumbre que haya un ensayo sobre la mesa de las librerías que se convierta en un éxito y, en algunos casos como este, se mantenga a lo largo del tiempo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sapiens.

     Publicado en hebreo y exportado al mundo con la ayuda de Mark Zuckerberg, Sapiens realiza un recorrido por la historia de la humanidad de forma rápida y amena para cualquiera. Así pues, comienza con la aparición del hombre para señalar al lector que hubo antes hombre que historia y que hace apenas un fragmento de tiempo en la inmensidad de la existencia que el Sapiens no convive con otras especies de su mismo género. Somos, pues, producto del privilegio de un gran cerebro y unas mejores habilidades que potenciaron la selección natural de forma rápida tanto como el meteórico ascenso en la cadena alimentaria que nos han llevado hasta donde nos encontramos hoy. Habla del impacto medioambiental, de las épocas de luces y sombras, de la imaginación, las creencias y de prácticamente todo lo que uno pueda imaginar que sucede en una especie durante más de 13.000 años. Hay, por supuesto, más revoluciones que las expuestas al comienzo del libro. No se puede hablar del ser humano sin revolución tecnológica o biotecnológica o cualquiera de las que ahora mismo tenéis en mente y que parecen irse acelerando a medida que pasan los años. Y es que el libro de Harari mira más al presente y al pasado cercano, que al remoto. Personalmente creo que es más fácil escribir un libro sobre lo que hay más datos fáciles que realizar un ensayo exhaustivo  sobre un pasado que requiere una investigación brutal para poder aportar algo más allá de lo corriente. Y quizás sea por no hacer esto por lo que esa parte remota, desde que reduce la aparición de la agricultura a unas cuantas ideas superficiales, que el libro no termina de convencerme. No ya porque al autor la agricultura no le emocione, como si las ventajas de la agricultura se redujeran solo a comer y no supiéramos que trajo otras como los mayores asentamientos y que el ser humano en grupos "inventa" mejor o, más exactamente, se inspira.

     Harari habla de comunicarse para pensar, de pensar e inventar, de dinero, capitales, comercio, religión y felicidad. Y lo hace de una forma amena para todos, relajando el concepto de ensayo hasta convertirlo en un tema de conversación dejando patentes opiniones sesgadas en muchos de los casos que a mi, y esto es una apreciación personal de una mente cazadora/recolectora (sic) bastante reduccionista. Y es que lo que comienza de forma prometedora va cayendo en una suerte de sensacionalismo fácil que pretende sorprender al lector con datos que en ocasiones se contradicen para seguir dando su propia idea, un tanto machacona, sobre la felicidad y el pasado. Cuanto más se aproxima al presente más errores contiene, más exagera, más infelices y equivocados nos muestra. Y entonces yo me pregunto si sigo estando ante un ensayo o tal vez intentan convencerme de algo. Y me aburro. Supongo que antes de comprar el libro debí de fijarme en que el autor se define como filósofo y eso me hubiera dado una idea del tipo de texto ante el que me iba a encontrar, pero si uno mirase todo sobre los libros que se compra, es más que probable que se vendieran incluso menos.

     Sapiens es un ensayo que vende al lector la idea de que con leer cuatrocientas páginas va a saber mucho de la historia de la humanidad y, como un buen vendedor, Harari mete humo, diversión y fuegos de artificio que mezcla de forma maestra con datos de eventos más o menos conocidos que nos hacen, en definitiva, cerrarlo sintiéndonos más listos. Y está muy bien, a fin de cuentas se llevan muchos años realizando circuitos de tres días por cinco ciudades en los que la gente saca un montón de fotos y luego cuando lo cuentan parece que han vivido en ellas. Aunque en una de las ciudades solo parasen para ir al servicio. Ya me entendéis.

     Sapiens es ameno y entretenido, porque no está reñido lo que expongo con el hecho de que se lee prácticamente del tirón, pero no he encontrado la forma de disfrutarlo como debería. Aunque, como siempre digo, esta es solo la opinión de un lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 14 de julio de 2021

Vida y época de Michael K. J. M. Coetzee

 


     "Lo primero que advirtió la comadrona en Michael K cuando lo ayudó a salir del vientre de su madre y entrar en el mundo fue su labio leporino. El labio se enroscaba como un caracol, la aleta izquierda de la nariz estaba entreabierta. Le ocultó el niño a la madre durante un instante, , abrió la boca diminuta con la punta de los dedos, y dio gracias al ver el paladar completo.
     A la madre le dijo:
     - Debería alegrarse, traen suerte al hogar".

     Leer a Coetzee es tanto disfrutar con sus palabras como sufrir con sus historias, áridas, duras. Es no buscar consuelo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Vida y época de Michael K.

     En esta ocasión conocemos a Michael K. cuyo labio le dificulta seriamente la comunicación. Vive en plena guerra civil africana, temiendo escuchar una sirena, y termina por tomar la decisión de llevarse a su madre al campo. Cuando todo parece ponerse en su contra, Michael sube a su madre al carro y emprende el camino para lograr sacarla de Ciudad del Cabo. Su madre no tarda en fallecer y Michael emprende un camino hacia la soledad.

     Con esta novela el autor ganó su primer Booker. No cabe duda de que la historia de este jardinero que trabaja para el Ayuntamiento en Ciudad del Cabo es estremecedora. Y es que Coetzee nos presenta la historia de un hombre solo que, desde su nacimiento, parecía predestinado a estarlo. Un ambiente árido y polvoriento que muchos han comparado con McCarthy ante la que se le impone al protagonista una elección disfrazada de dos caras de una moneda pero que, en el fondo, no dejan de ser lo mismo. He visto mil y una comparaciones de la novela con Kafka, ya sabéis como es esto y que si la K, que si no comprende... pero yo me quedo más con Camus y su extranjero. El desarraigo del mundo, mirar desde lejos y comer calabaza, tirar de la tierra y no poder quedarse con nada, mirar otra vez y más calabaza. Y un recuerdo, unas cenizas, una historia.
     Michael K es un viaje individual convertido en una suerte de odisea del hombre que busca su vida tranquila y que no está interesado en la "ayuda" que se le pretende brindar. Ni, aparentemente, en ninguna otra cosa. Y la historia de este hombre sencillo logra el maridaje perfecto en la prosa de Coetzee que se libera de artificios hasta lograr que el lector se pregunte cuánto hay de real en lo que nos está contando. Qué parte inventa y cuántos casos existen así. Porque la historia de Michael K., igual que el polvo del camino, se te posa encima, se te mete en los ojos, bajo las uñas... y cuesta mucho sacarla de ahí.

     Vida y época de Michael K. es una gran novela de un magnífico escritor que no puedo dejar de recomendaros. Y realmente lo mismo me da si empezáis vuestra andadura con Coetzee con esta u otra. Todas lo valen.

     Y vosotros, ¿hay escritores de los que os gusta toda su obra?
 
     Gracias.

lunes, 12 de julio de 2021

La canción de Aquiles. Madeline Miller

 


     "Mi padre fue rey e hijo de reyes. Era pequeño de estatura, al igual que la mayoría de nuestra gente, y tenía unos hombros enormes, como los de un toro. Desposó a mi madre cuando esta tenía catorce años y la sacerdotisa la declaró núbil. Se trataba de un buen partido: era hija única y el esposo recibiría la fortuna del padre".

     Tras disfrutar como una enana con Circe, estaba claro que iba a leer esta novela. Hoy traigo a mi estantería virtual, Aquiles.

     Habéis visto las primeras líneas. Bien, el que toma la voz es el pobre Patroclo, una decepción para su padre que no logra la mano de Helena aunque se ve sujeto al juramento de lealtad. Eso es empezar mal, pero es que el pobre hombre, una década más tarde, es exiliado por matar a un chico en un accidente. Y así es como termina en Ftía y conoce a Aquiles. Una amistad que va creciendo hasta ser amor y que iba bien hasta que la madre de Aquiles (esa que dicen que lo sujetó por el talón al sumergirlo en las aguas de la inmortalidad) los separa enviando fuera a su hijo. O eso cree ella... Bien, después crecen y llega Troya y la guerra y la muerte y la venganza y la autora saluda a la Iliada rápidamente antes de dar por finalizada la novela.

     Si algo sabe hacer Madelina Miller, es dar voz a quienes no la tuvieron. En este caso es Patroclo quien cuenta una historia mil veces narrada demostrando que quedan formas e historias por contar. La novela está narrada de forma ágil y amena y nos lleva por una época menos conocida que ha sido recogida casi a fragmentos para dar la imagen total de aquél que fue conocido solo por su ira y que ahora será su amor y lealtad quien le den vida durante la mayor parte del trayecto.

     En conjunto me ha parecido una novela bastante más lenta que Circe, que tampoco es que fuera eso que ahora llaman trepidante, pero me ha gustado incluso más. Me quedo con el astuto Ulises como diagonal más importante, y con la forma ligera de contar hazañas que para muchos se antojan pesadas simplemente por oír hablar de iliadas y homéricas hazañas logrando una novela de lo más entretenida que sirve perfectamente para pasar por el verano de una forma agradable.

     Mención también a la preciosa edición que AdN ha realizado y que hace pareja con Circe, que dicho sea de paso es la segunda novela de la autora y no la primera.

     Me gustan los libros que me descubren que quedan historias incluso en las mil veces narradas, que dan voz a los ocultos, a los no escuchados, que desgajan lo ya narrado hasta encontrar al personaje que observaba desde una esquina y del que no puedo deciros si finalmente logró colocarse en el centro o, al menos, junto a su amado Aquiles. Lo que si os digo es que he disfrutado con La canción de Aquiles. Os lo recomiendo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 30 de junio de 2021

La virgen negra. Ilaria Tuti

 


      Tras haber leído su primera novela, tenía curiosidad por saber cómo iba a continuar lo que era a todas luces una saga. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La virgen negra.

     Teresa Battaglia sigue trabajando como policía mientras lucha contra su terrible enfermedad intentando que nadie lo descubra. Ahora llega a su mesa el caso más extraño de su carrera: ha aparecido un cuadro pintado hace más de medio siglo con sangre y, junto a Marini, le va a tocar investigar qué se esconde tras el macabro hallazgo. 

     Si están de moda las novelas negras con protagonistas peculiares, Tuti se lleva la palma. Battaglia está luchando contra el alzheimer. Un punto que a mi me resulta excesivo y que relata quedándose en la parte más básica de la enfermedad que hace que haya postit y tarjetas para ayudarla y que, a priori, solo ella ve. Pero bueno, estamos ante una novela de ficción y si ella tiene este problema y su mano derecha Marini está traumatizado, yo avanzo. Solo lo comento porque la novela, para mi, peca de excesiva y quiero explicar los motivos. El caso es que aparece un cuadro cuyo autor está vivo pero no habla desde que apareciera en el bosque sujetando el lienzo y recurren a un descendiente para que les cuente la historia que ha pasado por varias generaciones sobre este hombre. Y la novela se desdobla entonces en dos hilos, porque uno es el presente en el que se investiga y otro es el pasado en el que nos van relatando, para ir con un ritmo variable hacia una conclusión que peca, para mi, de precipitada. 

     Tuti ya había dado muestras de cuidar su prosa y utilizar un vocabulario escogido y alguna figura literaria que diera buena cuenta de su calidad en su novela anterior pero en este caso peca de exceso. La novela utiliza un lenguaje demasiado florido en sus descripciones y es que no por colocar mucho adorno se ve la casa más bonita y eso es algo que ha perdido de vista la escritora al dejarse llevar en exceso por la necesidad de adornos, lirismos y demás familia. Más allá de eso la trama se le va un poco de las manos, algo que intuimos en las primeras páginas en las que sucede algún detalle inexplicable, no sabemos si paranormal o no, en una novela que en todo momento me ha mantenido con una ceja levantada entre sorprendida y a la espera de lograr engancharme a la historia.

     La virgen negra es una novela curiosa que no me he creído en ningún momento y que está recibiendo un respaldo de la crítica que me hace pensar que quizás haya sido yo la que no haya estado a la altura. Así que, por favor, leed y comentadme. Si algo tienen de bueno las charlas entre lectores es que nos aportan nuevas visiones de nuestras lecturas una vez finalizadas.

     Y vosotros, ¿sois de comentar vuestras lecturas?

     Gracias.

lunes, 28 de junio de 2021

Hermanos de Sangre. Ernst Haffner

 


     "Diminutos integrantes de una sinuosa, fatigada fila de hombres que se extiende por el largo patio de la fábrica y dos pisos más, los ocho chavales de la pandilla Hermanos de Sangre hacen cola y aguardan, al igual que otros cien, a que por fin los dejen pasar del terrible frío húmedo a las cálidas salas de espera. Faltan todavía tres o cuatro minutos. Después, a las ocho en punto, se abre la pesada puerta de hierro en el segundo piso. El centro de beneficencia del distrito Berlín-Mitte, en la Chausseestrasse, da el tirón de arranque para la puesta en marcha de su complicada actividad burocrática. El impulso se propaga en sucesivos serpenteos por la hilera humana. Los integrantes avanzan, arrastran los pies, sostienen en las manos una gran cantidad de papeles exigidos. Previsoramente ha sido publicado con autorización oficial un manual impreso que detalla, en una columna interminable, los papeles necesarios y los veinticuatro puntos de la ciudad donde pueden obtenerse".

     Lo mismo que se publican al año decenas de libros sobre la II Guerra Mundial, hay un periodo que está más o menos olvidado por la literatura y que a mi me resulta particularmente interesante: el de entreguerras. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Hermanos de sangre, una relectura.

     Los hermanos de sangre son una banda como otra cualquiera que sobrevive en la Alemania de entreguerras haciendo lo que sea necesario para ello. Conocemos sus historias de una forma casi relatada, alterna, para saber de dónde vienen y el poco futuro que parece esperar a estos huérfanos de guerra en su mayoría, que acaban en casas de acogida de las que huyen debido a las condiciones y el trato recibido, hacia una vida en la calle que los hermana en cuadrillas de raqueros supervivientes.

     Pocos datos existen sobre el autor de este libro. Se sabe que lo publicó en 1932 y que, tras el ascenso al poder de los nazis, fue uno de los miles de títulos prohibidos y perseguidos. De hecho, a finales de esa misma década, Haffner fue, al igual que sus editores, condenado por la Reichsschrifttumskammer y se cree que el autor del libro murió y junto con estos hechos, la historia que relataba en su novela. Hasta que en 2013 una editorial modesta decide publicarla y es aceptada con entusiasmo por el público y la crítica. Ahora, además de la historia, son conocidos los intentos de la editorial por dar con alguien de la familia del autor llegando incluso a poner anuncios en la prensa que jamás han dado frutos. Como podéis ver, los libros son mucho más que las historias que relatan. Hoy, con la novela leída, supongo que la novela se prohíbe porque la imagen que nos deja de Alemania dista mucho de ser la de un lugar maravilloso poblado por una raza superior. Pero esto ya es elucubrar.
     Lo que si puedo es contaros que el autor mediante sus historias nos deja un retrato fiel de la sociedad empobrecida que sale de una guerra diezmada económicamente y con familias que son, cuanto menos, damnificados del momento en el que les ha tocado vivir. Queda un país en el que los barrios bajos, la prostitución y la diferencia de clases sociales marcan la vida de sus habitantes, sobre todo en ciudades como Berlín. Hay miseria y enfermedades en la lucha constante de esos jóvenes a los que el autor no concede tregua y una crítica social que no se detiene en las casas de acogida o en los correccionales en los que muchos de ellos acababan. Avanza mediante el ejemplo de dos chicos que intentan cambiar su futuro trabajando en  una idea y comenzando un negocio, hasta las dificultades para la reinserción en una sociedad en la que se te estamentaba convirtiendo tus posibilidades de mejora en algo prácticamente inexistente dependiendo del lugar que te hubiera tocado en suerte al nacer o de los errores que fueras cometiendo. Siempre que fueras pobre, claro. Porque la clase privilegiada ni siquiera habla de cometer errores. Pero en el lado de la banda de Johnny, en la cola del paro, o en la de Willi Kludas, que huye a Berlín para buscar una vida mejor y acaba siendo un hermano de sangre, las cosas no son fáciles en absoluto. He tardado hoy en poner nombre a los protagonistas porque, más allá de la estampa Dikensiana de las historias personales, lo que me ha interesando de la novela es el retrato global en el que el lector  sabe que los nombres no importan porque está ante la historia de miles de personas, de miles de nombres. Acostumbrada a representaciones positivistas menos sucias, Haffner abre los ojos a una ciudad implacable con la población de grupos marginales a los que pisotea la inocencia sin piedad porque ellos, ilusos, creen que pueden aspirar a algo mejor.

     Hermanos de sangre me ha parecido una magnífica novela que destaca como fresco de una época olvidada y que, en los casos en los que ha sido representada, lo ha hecho bajo una perspectiva desenfocada, más un fondo que una propia historia: la de los que sufrieron la guerra cuando esta terminó y que sufrirían la siguiente sin saberlo, tras haber luchado en las batallas de las calles.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 21 de junio de 2021

David Golder. Irène Némirovski


      Si algo tienen de bueno las ferias, es que los puestos de las librerías exponen siempre una zona con los libros elegidos por el librero en la que podemos encontrarnos pequeños tesoros. Hoy traigo a mi estantería virtual, David Golder.

     Conocemos a David Golder, un banquero millonario que ha descubierto eso de que el dinero no da la felicidad junto a una mujer fría como un témpano y una hija manipuladora que parece tener, junto a su madre, el vicio de gastar todo lo posible. Y ahora, tiene problemas serios de salud. Eso significa que sus acciones caen y, evidentemente, su mujer interesada en el dinero no se va a quedar a su lado.

     Para los que somos lectores habituales de Némirovski es fácil reconocer en esta novela a algunos de sus personajes habituales que están, en mayor o menor medida, basados en vivencias de la propia autora. La familia millonaria que no es precisamente buena, el judío avaricioso (no olvidemos que la autora se convirtió al catolicismo), la arpía, la hija caprichosa... La verdad, desconozco cómo era la familia de la que procedía la autora, pero dicen las malas lenguas que es de dónde bebía para crear sus personajes. Y con eso ya lo digo todo.

     En esta ocasión nos presenta a un hombre que ha salido de un país pobre y de un barrio aún más pobre, y que ha conseguido triunfar en la vida hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de su país. Así el Golder: infeliz pero rico o rico pero infeliz. Y además lo hace en apenas un puñado de páginas en las que el lector casi puede sentir el dolor de un infarto y también la desesperanza más absoluta de quien no es querido, a quien atacan rompiendo su corazón y provocando un daño superior al del problema cardiaco. Golder va a descubrir casi todo por las malas y el lector lo acompaña pensando eso de que el dinero no da la felicidad y que tal vez, solo tal vez, no le hubiera ido tan mal aunque con menos lujos, si no se hubiera embarcado en cambiar de vida. Quién sabe lo que es mejor para cada uno. Incluso el propio Golder reflexionará sobre ello. Némirovski nos deja así una historia triste hasta el desconsuelo en la que el lector se ve atropellado por la magnífica narración capaz de sumergirnos en la historia. Una historia con una familia terrible cuya hija me ha dejado una honda huella.

     David Golder es una gran novela en la que la autora muestra su maestría narrativa y que recomiendo abiertamente tanto a sus lectores habituales como a los no iniciados. La vida es dura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 16 de junio de 2021

Después. Stephen King

 


     "Los muertos están obligados a decir la verdad, algo que viene bien cuando quieres conocer la respuesta a una pregunta, pero, como he comentado, la verdad puede ser un auténtico asco".

     Libro de King que sale, libro que me compro. Es un vicio como otro cualquiera. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Después.

     Conocemos a Jamie en la veintena y llega dispuesto a contarnos su historia. Una historia que comenzó el día en que vio a su primer muerto o, mejor dicho, su primer espectro. Porque Jamie ve muertos, algo que puede ser útil siempre que los muertos no den miedo. En realidad todos los muertos pueden dar miedo, solo que los hay de dos tipos: los que dan miedo porque conservan el aspecto que tenían al morir y eso puede significar que lleven heridas atroces, y los que dan miedo de verdad, por dentro.

     Comenzaba diciendo que soy fan de King, lo que supone que comencé hace años a leerlo, en mi adolescencia, y que su terror era bastante efectivo. Con el paso de los años un lector pierde la inocencia y el terror, ayudado por películas y videojuegos, evoluciona. King en cambio permanece inmutable.

Cierto es que le gusta colocar a algún pobre hombre en las inmediaciones de Maine y dedicarse a putearlo de forma incansable hasta que el pobre hombre llega a su límite. Pero también lo es que a King le encantan sus niños en bicicleta. En esta ocasión al tratarse de un recuerdo de la infancia tenemos precisamente a un niño, con o sin bicicleta, que le toca ver espectros de muertos. Cambia de lugar pero no de piel y el niño nos cuenta su historia dejándonos averiguar lo que él quiere y cuando él quiere. Y nos anuncia ya en la primera página: estamos ante una historia de terror. El caso es que, cuando alguien muere, el niño es capaz de verlo (y tiende a saludarlo con la mano)  e incluso hablar con él si no ha muerto hace demasiado tiempo. Y vive entre el temor de ver a un accidentado terrible que le haga temblar y el de ser tratado como un loco si se descubre su gran secreto. Cuando iniciamos la historia, solo su madre lo sabe. Y ni siquiera habla de ello. Al menos hasta que le resulta útil. Y me diréis entonces que para qué puede resultar útil un muerto. Bien, desde encontrar un manuscrito hasta descubrir un culpable o un escondite no compartido en vida son algunas de las aplicaciones de este don que se amparan en que los muertos no mienten. Pero en esta vida todo tiene su riesgo y quizás alguno de estos muertos, sobre todo si se trata de una persona no demasiado recomendable, pueden albergar en su interior algo que asuste mucho más que una cara destrozada. Y luego están los vivos. Porque si algo aprende Jamie es que el mal existe en vida exactamente igual que tras la muerte, y le va a tocar experimentarlo muy de cerca. No diré de mano de quién puesto que se trata de un libro corto, pero lo cierto es que, tratándose de malvados, aquí la vida se lleva el premio gordo.

     Como he dicho la novela es corta y el lector asiste a ella más como una introducción a las novelas clásicas de King que como una historia completa y es que, una vez que lo terminas, te quedas preguntándote qué habrá pasado con un par de flecos bastante importantes que se suponía iban a asustarte y se quedaron, como mucho, en poco alegres. Ya sé que no soy la persona adolescente que alucinaba con payasos metidos en alcantarillas o con enfermeras que tenían a un cerdo de mascota y un escritor de rehén, pero también lo es que aquí falta profundidad en la historia como para lograr que realmente me importe lo que sucede o llegue a empatizar con el miedo del protagonista que no llega a trascender en ningún momento las páginas del libro. Toca una parte policiaca de forma importante al fijarse en la pareja de la madre de Jamie pero, ni con mucha imaginación alcanza la calidad de Mr Mercedes. Y es que, pese a mis buenos ojos y mi lectura nostálgica, tengo que reconocer que se ha quedado corto en más de un sentido.

     Después se anuncia, incluso por el propio narrador, como una novela de terror. Y ante eso tengo que decirle al señor King: lo siento querido, pero esto no es una novela de terror. Al menos no a la altura que sabemos que llega. Y tras esto solo añadir que por supuesto que voy a seguir leyendo al maestro, para qué fingir lo contrario.

     Y vosotros, ¿ qué libro tenéis entre manos esta semana?

     Gracias.