viernes, 12 de mayo de 2017

Ilustres raperos. David Foster Wallace, Mark Costello


     "¿Qué derecho tienen dos yuppies blancos a intentar hacer un muestrario de lo que es el rap?, se preguntaban David Foster Wallace y Mark Costello antes incluso que el lector. Eso es disparar rápido, maan."

     Si digo a estas alturas que me gusta David Foster Wallace, no estoy descubriendo nada nuevo, así que leer este libro era solo cuestión de tiempo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ilustres raperos.

     Ilustres raperos es una obra menor, de hecho la primera de David Foster Wallace. Es un ensayito escrito con Mark Costello, compañero y amigo de la universidad justo antes de comenzar su doctorado. Ambos eran dos jóvenes en la veintena y DFW, que ya se había intentado suicidar una vez, aún no había escrito La broma infinita ni era el autor de culto en que se convertiría después. Sin embargo, en esta época, los dos estudiantes eran dos blancos de clase media fascinados por una nueva música que emergía con fuerza principalmente desde las clases bajas, el rap.

     Cuando a un o le dicen que se dispone a leer un ensayo que habla de rap, lo primero que teme es enfrascarse en una suerte de tratado sobre la poesía de las rimas de estas canciones, o tal vez una mirada al microscopio de cada una de las letras y la significación social de la denuncia que exponían (seamos sinceros, poco se esconde en el rap, ya que se  vomita cada palabra). O peor aún, la pantomima de dos estudiantes que mueven la cabeza al ritmo de una música que no comprenden pero sobre la que van a escribir porque es "cool" y ellos quieren ser "dope", si me permitis el uso de alguna palabra propia del género musical al que se refiere el libro.
   
     Ilustres raperos es un ensayo muy ligero que puede leer cualquiera incluso sin estar familiarizado con el estilo musical. Le ha faltado, quizás, un poco de profundidad a la hora de comentar sus orígenes. No ya los de las letras, sino el de las propias formaciones de las que hablan. Por lo tanto, y precisamente por eso es apto para cualquiera, este libro no deja de ser el testimonio de la fascinación de dos jóvenes por un tipo de música que defienden por valor y ritmo y sonoridad, como se defienden las cosas a una edad temprana y que les lleva a indignarse con aquellos que se vendieron a la industria por un puñado de dólares. Aerosmith es un ejemplo de esto que digo, a quien critica duramente. El libro es interesante, y lo es no solo por lo que nos aporta de este estilo musical, sino también por el recorrido que hace al momento social en que se escribe. Los noventa llaman a la puerta y es un momento que hoy nos queda atrás en muchos sentidos, pero también es lo que nos permite conocer un poco mejor a los firmantes y el círculo en el que se movían en aquellos tiempos. Porque no solo conocemos un poco de la música, sino también mucho de aquellos dos jóvenes autores.
     Ilustres raperos no es un tratado sobre el rap simplemente, entre otras cosas porque por mucha fascinación que se tenga por una música, hace falta mucho más para considerar a alguien un erudito, y también porque a DFW le falta la fuerza que encontraríamos después en gran parte de su obra. Y sin embargo merece la pena y mucho la lectura. Una lectura que nos provocará una sonrisa cuando veamos su indignación ante la forma de venderse un estilo de música y de vida, y leamos esa indignación mientras por la radio suena ese hip hop terrible al que ha dado lugar como evolución (o involución, esto es al gusto de cada uno) este estilo musical que tan fervientemente defiende el autor. Estas dos visiones, la de DFW y la de Costello, se complementan a la perfección en un libro que no esquiva temas como el racial, incluso en un momento en el que los blancos escuchan un tipo de música que tararean cuando la letra no es conveniente. Dando así un reflejo de la hipocresía, que sigue siendo actual, de quienes escuchan reivindicaciones, asienten con la cabeza, y pasan de largo.

     En su conjunto, Ilustres raperos me ha parecido un libro muy interesante que hará disfrutar a cualquiera. Pero particularmente a quienes guste la música, el rap o DFW. Y a este último le diría que su rap explicado a los blancos... está explicado por blancos. Y tal vez esa sea la mayor virtud de este título, pero también puede ser su mayor defecto. Eso ya es cuestión de opiniones y expectativas.

     Ensayo como género literario es una palabra mayor, suele echar incluso atrás a muchos lectores. Y vosotros, ¿alguna vez os animáis con los ensayos?

     Gracias.

     PD.  Me encanta el desparpajo y la originalidad de Malpaso a la hora de hacer promo de sus libros, de animar a la gente a leer. Considero que han aportado una frescura que hacía mucha falta en el mundo literario. Os dejo como muestra su promo para este título.


jueves, 11 de mayo de 2017

Media vida. Care Santos


     "-¡Entra de una vez o empezaremos sin ti!
     Julia se introdujo casi reptando en la tienda hecha con sábanas que sus cuatro compañeras habían levantado entre las camas del dormitorio compartido. La llama de la vela central tembló, como saludándola. Buscó dónde sentarse, y Lolita, que siempre estaba atenta a todo, le hizo un hueco a su lado."

     Llevo años fiel al Premio Nadal, espero su resolución y también comparto su lectura con un par de amigos que son habituales. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual Media Vida.

     Conocemos a Olga, Marta, Lolita, Nina y Julia cuando son niñas. Hijas del 36 las conocemos en 1950 ya adolescentes, amigas y estudiantes en un internado, mientras juegan una última noche a un juego de prendas. En parte por la vida y también por lo allí sucedido, sus caminos se separan, y tendremos que esperar a 1981 para ver cómo se reunen otra vez, poniéndose al día de sus vidas, y también de lo sucedido aquel día.

     "Care Santos ha escritor una novela para mujeres", han dicho muchas voces al leer este libro. Y en realidad dudo que eso sea cierto. Care ha escrito una novela en la que ha buscado homenajear a toda una generación de mujeres. Esas que son hijas de una época y adultas de otra tan diferente, que les puede llegar a desconcertar, mujeres que pueden ser hoy sus lectoras, o las madres o abuelas de dichas lectoras. Por eso conocemos a cinco mujeres tan diferentes: mujeres que van desde el ama de casa feliz de su papel, hasta la mujer triunfadora con un puesto más que envidiable. Mujeres dispares que tuvieron un punto de inflexión en sus vidas una noche hace ya muchos años, que no se han visto en décadas, y que, a medida que cogen calor, muestran que tienen en común pertenecer a una misma generación. Y así nos lo va mostrando la autora que, tras un comienzo impactante, va dando las versiones de cada una de ellas sobre la vida. Una vida en la que nos incluye, al medirla en sucesos de sobra conocidos. Estas mujeres, por ejemplo, comentarán la inminente boda del príncipe Carlos de Inglaterra con Lady Dí, y desconocedoras de los resultados del enlace, harán sus cábalas al respecto. La música será otro de los elementos utilizados por la autora para contextualizar la novela en un pasado bastante reciente, ayudando así al lector a ubicar esa época de transición recién vivida y de sociedad que atraviesa cambios permanentes, un año, el 81, en el que el divorcio se aprobó en una ley sonada en nuestro país. Y lo vieron mujeres educadas en papeles severos y conservadores que, muchas veces, asistían desconcertadas a estos movimientos.

     Así es la novela que nos presenta Care Santos en la que hay dos momentos cumbres pasado el comienzo y que no desvelaré salvo que uno está hacia la mitad de la novela y el otro es el esperado final por el lector. Un final que me ha resultado un tanto precipitado en una novela extensa en la que, creo yo, no hubiera costado tanto darle unas cuentas páginas más a esta parte. En cuanto a los personajes principales, tengo que decir que es la parte que más me ha hecho reflexionar del libro, algo sucedía para que mi relación con ellas fuera ambigua, sin importarme demasiado. Al final y tras releer un par de partes, he tenido la sensación de que en su búsqueda de que cualquier mujer pueda encontrar al menos una parte de su reflejo en ellas, Care ha descuidado darles una marcada identidad a cada una, salvo tal vez a Julia. Eso provoca que con unos perfiles estupendos, no terminemos de encontrar carácter, demostrando que la profundidad y la vida, son conceptos que a veces se resisten a la pluma más certera. Una pluma que, tengo que reconocer, me ha gustado más en otros títulos pese a que mi percepción sobre este ha mejorado al reposar.

     Media Vida no es una novela para mujeres, es una novela sobre mujeres. Sobre madres, hermanas o abuelas que todos tenemos. Y lo hace en una historia que habla de la memoria y también del perdón ya sea dado, pedido o negado y la importancia que tienen para la vida.
Me ha parecido una novela fácil de leer, de esas en las que avanzas sin darte cuenta y para cuando quieres hacerlo estás en las páginas finales. Quizás un poco limitada en algunos puntos, pero realmente entretenida.

     El Premio Nadal cuenta entre sus títulos con libros como Nada que son inmejorables, a los que no movería ni una coma, y que no me canso de recomendar. Por eso os pregunto, ¿hay algún título de los que engrosan la lista de premiados que recordéis especialmente?

     Gracias.

martes, 9 de mayo de 2017

De qué hablo cuando hablo de escribir. Haruki Murakami


     "La mayoría de los escritores (calculo que alrededor del noventa y dos por ciento), y me incluyo a mí mismo, pensamos: 'Lo que yo hago o esscribo es lo correcto. Salvo unas pocas excepciones, los demás se quivocan, ya sea en mayor o menor medida'. Vivimos condicionados por ese pensamiento por mucho que no nos atrevamos a decirlo en voz alta. Aunque nos expresemos con cierta modestia, dudo que a mucha gente le gustara tener como amigo o como vecino a alguien así."

     Hay escritores cuyos nombres resuenan tanto que terminan por convertirse casi en personajes. Legiones de lectores, bromas sobre si alguna vez llegará al Nobel y anécdotas sobre sus peculiaridades, acompañan siempre al nombre de Murakami. Y hoy traigo a mi estantería virtual su último título, De qué hablo cuando hablo de escribir.

     Hace ya unos años que Murakami nos hablara de correr, centrándose en sus rodillas y convirtiendo su físico en el mundo, convirtiendo casi, la escritura, en un deporte. Ahora Murakami se deja de rodeos, o eso parece, y nos habla de escribir. Pero no nos engañemos, no son consejos que pueda seguir cualquiera porque en este conjunto de reflexiones, además de alguna estocada no exenta de sentido del humor en la que incluso reafirma clichés ya convertidos en chistes, habla más de su visión del mundo, que de la técnica o las formas. Murakami, siempre esquivo, quizás ha optado por un terreno más personal en esta obra, aunque sin excederse. Eso permite observar algunos de sus títulos con un ángulo un poco más cercano a la concepción del autor, que también dará pinceladas del mundo editorial que ha vivido y de la sociedad nipona. A fin de cuentas, Murakami lleva cuarenta años escribiendo, y viviendo de ello, algo tendrá que decir al respecto. Y sí, también habla del premio Nobel.

     Aquellos que se acerquen a este libro buscando una suerte de manual iniciático en los mundos literarios, no me cabe duda de que saldrán terriblemente decepcionados. Sabrán al finalizar que la constancia y el trabajo son primordiales, al igual que para cualquier otra profesión, y es que el autor, también deja ver sus obsesiones personales ya conocidas. Por todo esto me ha gustado el juego que Tusquets ha decidido utilizar en una cubierta que alude a la obra del autor, porque es una gran parte de lo que encontraremos durante la lectura: pistas.

     En mi caso, tengo que reconocer que me gusta más el Murakami de ficción que este otro capaz de alargarse para que al lector le quede claro un detalle, por pequeño que parezca. Pero me ha gustado igualmente la lectura. Porque es una lectura para lectores de Murakami, y solo ellos sabrán disfrutar de cada parte. El resto posiblemente se sientan decepcionados. Pero si os gusta Murakami, y si además sentís algún tipo de inquietud sobre lo que es escribir, entonces no lo dudéis, este es vuestro libro. Y mientras lo digo, dejo ahora la cubierta japonesa de lo que si será la nueva novela del autor, que bajo el título provisional "Matar al condenado" se publicará en dos volúmenes, el primero de los cuales salió a la venta en Japón a finales del mes de febrero. En España nos toca esperar...


     Murakami es uno de esos autores que despiertan odios y pasiones, pero pocas indiferencias. Así que decidme, ¿ya habéis conocido la pluma de Murakami? ¿Y de qué lado estáis?

     Gracias.

lunes, 8 de mayo de 2017

Saturno. Eduardo Halfon


     "Las cartas, padre, me llegaban un par de veces cada año. Yo estaba lejos en la universidad, pero usted estaba aún más lejos de mi."

     Las redes sociales, a veces nos permiten ver el proceso de construcción de un libro. En este caso incluso nos han dejado ver cómo se iban numerando los ejemplares. Y ese proceso en el que lo vemos nacer, a veces hace que se nos antoje. Hoy traigo a mi estantería virtual, Saturno.

     En poco más de sesenta páginas, Eduardo Halfon nos deja una carta en segunda persona, dirigida al padre.

     Este sería el resumen de lo que nos encontramos en Saturno, pero no tendríamos ni idea de lo que tenemos entre manos si nos quedásemos solo en ello. Porque Saturno alude al Dios que se comía a los hijos traídos al mundo por Rea y que amenazaban, tal vez, con destronarlo. Como tal vez cada hijo acaba por destronar a un padre y el padre se ve destronado en una suerte de visión premonitoria cada vez que mira a su recién nacido hijo. Y Halfon es ese Goya que lo reflejó en su cuadro y lo colgó en la ahora famosa Quinta del Sordo. Solo que Eduardo, lo refleja en palabras. Un torrente de palabras vomitadas de un hijo hacia su padre, cargadas de resentimiento por una vida de desunión y también un símbolo de todo lo que puede hacerse con palabras.
     El protagonista, escritor, se aleja de un padre que no comprende que quiera dedicarse a escribir, y se refugia precisamente en las palabras, como si se tratase de un reino lejano, de un padre tirano que le niega esas palabras incluso al escribir una carta. Y así lo expresa e protagonista; la madre, la palabra y el padre, la ley. Porque Saturno tiene tanto de poesía como de símbolo, y quizás por eso, aunque sea una prosa limpia y desbrozada de todo adorno, va minando el alma del lector que ve como se desgranan muertes literarias página tras página, unidas todas ellas por un nexo común cada vez más visible mientras la sombra del padre acecha tras cada línea. Consigue además que el lector olvide que es un libro, tal vez una carta inventada, y que crea a pies juntillas que la barrera entre el autor y el narrador se difumina por momentos, y entre un padre y otro, y entre el suyo (del narrador) y, finalmente, el nuestro. Incluso pensamos en nosotros. Y cada ejemplo, todos reales, cada palabra, se convierte en un pequeño golpe a los ojos que leen, al alma que siente. Solo de este modo se concibe que un libro que hubiera podido ser leído en el tiempo que uno tarda en observar un cuadro, permanezca grabado en la retina como las grandes obras.

      Creo que solo hay dos formas de enfrentarse a esta lectura. La primera es desde la distancia, observando un lento desgranar de desuniones, y temiendo el desenlace, incluso anotando anécdotas que luego buscar con detenimiento. O una segunda más arriesgada, sin distancia, susurrada, dejándonos llevar por lo que no dice para sentir el dolor y la rabia que habitan en el narrador y de este modo bucear en cada palabra no dicha. Y es que, al igual que el cuadro de Goya tiene muchas zonas oscuras que cargan de significado las figuras centrales, en este libro hay silencios escondidos que acechan entre comas, para coger a traición al lector.


     Si dijera que Saturno me ha gustado me sonaría a mi misma como superficial. Digamos entonces que ha sido una experiencia cercana, completa, en la que nada parece al azar. Y digamos que el tacto del libro, el sonido de los dedos al pasar por su negra cubierta, unido al texto, a la edición cuidada, han potenciado esa sensación de estar ante un desnudo, ante algo privado. No ha sido la primera vez que me acerco a las letras de Halfon, y tampoco será la última.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

        Gracias.

viernes, 5 de mayo de 2017

El carretero de la muerte. Selma Lagerlöf


     "Una pobre muchachita del Ejército de Salvación agonizaba enferma de tuberculosis, de esas rápidas y brutales que no se resisten más de un año.
     Mientras pudo, había continuado sus guardias y cumplido sus deberes; pero cuando le faltaron las fuerzas, fu enviada a un sanatorio."

     Siempre hay un placer especial al recuperar un clásico, y más a ún si lo que se hace es descubrirlo. Hoy traigo a mi estantería virtual El carretero de la muerte.

     Sor Edith es la hermana que agoniza en su lecho tuberculoso, y en él recupera el conocimiento para pedir que vayan a buscar a David Holm. Casi a la vez, un hombre agoniza sobre el césped de la iglesia, en la última noche del año, solo, cuando escucha el chirrido de una rueda. Cuenta la leyenda que quien muere al tocar la última campanada del año, ocupa el lugar del carretero de la muerte, siendo el lacayo de la misma, durante todo un año. El hombre que está escuchando esta última campanada, a punto de conocer su destino, no es otro que David Holm. Y su noche no ha hecho más que empezar.

     Encontré este libro por casualidad, con pinta de tener muchos años y con un epígrafe que decía, Premios Nobel. Desconocía totalmente el nombre de su autora, pero se me antojó. Y es que aún nos quedan muchos nombres por descubrir, apuntaría a que una veintena mínimo por cada uno nuevo que llega a nuestros oídos. Y así descubrí esta historia, que desarrolla alguno de los conceptos más clásicos del romanticismo literario. La bondad de la hermana y la vileza del hombre a punto de fallecer a lo largo de su vida, las buenas intenciones de Edith que condenan, sin que ella pueda saberlo, a la mujer que David Holm a seguir soportando tener a su marido a su lado, y los sentimientos que van creciendo en el interior de ambas mujeres. Y también la peripecia de Holm al recibir la visita del carretero, que resulta ser alguien de su pasado y que le enseña el oficio que está a punto de desempeñar, aunque se niegue en redondo. Estas son las premisas de una historia que se debate entre redención y crítica a los convencionalismos sociales que marcan pautas de comportamiento y que la autora desarrola de una forma clara y con pocas florituras salvo las distancias, apenas perceptibles, en el lenguaje usado en su época y en la nuestra. Añadiendo que, quizás por el tono o la temática, este libro encaja en la categoría de aquellos que, no solo han soportado bien el paso de los años, si no que además, empieza a favorecerles en el tono y las formas.

     El insólito dúo formado por Edith y David, lleva al lector a través de esta historia, cuyo mayor logro es la capacidad para ser visual a ojos del lector, sin que éste apenas se de cuenta de que las páginas vuelan en sus manos. Como lector diré que no pude evitar recordar en varias ocasiones, el conocidísimo Cuento de Navidad, quizás por la época del año en que transcurre o por la cercanía de la muerte, aunque es cierto que Lagerlöf tira en este caso de una leyenda muy distinta. Se da además el caso de que ambos comparten ese tono cercano al cuento solemne relatado al lector casi de tú a tú, como si se le susurrase una historia antes de conciliar el sueño.
     No hablaré del final, esa es tarea de quien quiera acercarse a un título clásico y desconocido, cuya lectura ha resultado un placer.

     Muchas veces, lejos de las novedades que resuenan con ecos de ventas, me gusta echar la vista atrás para recuperar títulos o descubrirlos, como ha sido este caso, muchas veces con la seguridad de que, pese a que yo no los conociera, algo tendrán sus letras cuando han superado los filtros más feroces hasta alcanzar ese status tan complejo: clásicos.

     Y vosotros, ¿alguna vez os acercáis a este tipo de títulos?

     Gracias.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cuando llega la penumbra. Jaume Cabré


     "El día que maté a la primera niña entendí lo fácil que era, pero mi vida cambió desde entonces y no hubo marcha atrás; a partir de ese momento dejé de ser una persona normal, ya no podía, me había convertido en un hombre excepcional."

     Cada vez que tengo oportunidad, digo a quien quiere escucharme que Yo confieso es una de las mejores novelas contemporáneas que he tenido el placer de leer. Y he tenido que esperar seis largos años para recuperar la voz de Jaume Cabré y poder embarcarme en su siguiente título. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cuando llega la penumbra.

     Esta vez estamos ante un recopilatorio de relatos, de los cuales dos ya habían visto la luz. El resto son completamente inéditos y de longitudes diferentes, con historias diferentes y dos nexos en común: el primero es que todos ellos están protagonizados por hombres. El segundo, es que cualquiera de ellos pueden ser los propietarios de la mirada que ilustra la cubierta del libro y es que, todos los relatos son una visión del mal.

     Siempre digo que es complicado hablar de un libro de relatos sin caer en la tentación de ir desgranando uno a uno cada sinopsis y estropeando así la percepción del lector. Baste decir que en esta ocasión, Cabré habla de asesinos, de refugios en cuadros, de confesiones que jamás serán desveladas y de pérdida del alma. Cada relato, y apuntaría a que no es trivial que comience con niños en un hospicio, es un paso hacia el mal que sus personajes albergan, hacia sus vidas, y también hacia la propia intranquilidad del lector que reconoce un tono solemne, y a ratos irónico, que se mantiene de forma constante en la obra. Casi pareciera que, independientemente de quien tome la voz, y voces que se diferencian perfectamente unas de otras, Cabré hubiera querido otorgar al conjunto un sentido de grupo, de muestra de lo que hay.

     Trece relatos y un epílogo, eso es lo que nos ofrece Cabré bajo el título Cuando llega la penumbra, demostrando una vez más que es un arquitecto de palabras. Y es que, con una ambientación magnífica basada en actos y almas más que en descripciones y lugares, nos deja su obra más oscura demostrando que es capaz no solo de extenderse en una gran obra como la citada al principio de esta entrada, sino también de condensarse en un puñado de páginas. Nos dejará con las ganas de que alguno de sus relatos fueran novelas completas, pero no porque nos falten datos, sino por el mero placer de seguir disfrutando de alguna de las historias. Yo, por ejemplo, me pregunté cómo había llegado cierto asesino al lugar en el que decidió que podía descargar su alma, y en qué modo exacto finalizaría la historia. Encontraremos también alguna pincelada irónica que lejos de buscar la sonrisa del lector, le hacen casi sentirse observado por el propio autor, como si esa ironía fuera destinado al propietario de la pluma y no del libro. Y es que, la sensación de ese ojo mirándonos que ilustra la cubierta del libro, se intensifica a medida que avanzamos historia tras historia.

     Me ha gustado, lo he disfrutado y he paladeado la prosa de uno de los mejores escritores contemporáneos que podemos encontrar dentro de nuestras propias fronteras. No me cansaré de decirlo: hay que leer a Jaume Cabré.

     Y vosotros, ¿me podéis recomendar a algún escritor patrio que consideréis imprescindible?

     Gracias.

martes, 2 de mayo de 2017

Círculos. Manuel Ríos San Martín


     "Al principio todo era caos y confusión, ciento y oscuridad -vocifera un telepredicador latinoamericano en un televisor 4K de ultra alta resolución-, pero Dios navegaba por encima de las aguas y dijo: 'Haya luz', y ¡¡hubo luz!!'.
     Varios monitores OLED de diferentes pulgadas iluminan una habitación en penumbra."

     Descubrí esta novela siguiendo una conjunta en twitter, y me llamó la atención. Al final, decidí comprarla y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Círculos.

     Estamos en Londres, hace ya unos años del Brexit y la tecnología sigue instalada en los hogares. Las televisiones, las redes sociales y los realitys son algo cotidiano para la población y, precisamente en uno de estos realitys, se televisa en directo la muerte de un concursante. Al otro lado de la pantalla está el segundo hilo, ahí conocemos a Patrizia, una joven con pinta disfuncional, un tanto asocial, que tiene una relación con un chico de buena familia. Patrizia quiere abrir los ojos del mundo.

     Círculos nace con una concepción cinematográfica y una clara vocación crítica frente a la sociedad actual. Para ello se vale del uso que hacemos de las redes, del morbo televisado que provoca que edición tras edición se repitan concursos y programas que se basan en el exhibicionismo de las miserias y el ridículo de las personas. Este es el Londres gris, por tiempo y por sociedad, en el que Manuel nos mete en su novela. Empieza acercándonos una muerte, que habrá que esclarecer, y que abrirá las puertas del mundo que no vemos detrás de las televisiones, y también de lo que los espectadores y usuarios quieren ver. La búsqueda del telespectador se asemeja a la búsqueda del seguidor en las redes, sin que importe demasiado a costa de qué. Y aquí entrará Jellineck sin tener claro que la muerte del concursante sea un accidente. Mucho para reflexionar, sobre todo los límites de una sociedad que puede llegar a dar miedo.
     Fruto de esa sociedad son personas como Patrizia, el otro eje sobre el que se mueve la novela. Patrizia vive entre monitores y es una rebelde que quiere cambiar esa sociedad que le ha tocado vivir. Y entonces se produce la convergencia, en un mensaje, para todos.

     Círculos es una novela ágil, que no requiere de demasiadas descripciones porque nos habla de un mundo conocido y en la que pronto olvidamos si estamos en Londres, Madrid o Barcelona. Ahí radica parte de su poder para enganchar al lector, la capacidad que tenemos todos de ver ese mundo con sólo pulsar un botón del mando a distancia. Es el arma de Manuel y no piensa desaprovecharlo, como tampoco hace el momento en que se publica, un momento en que plataformas de ficción entran en las casas, las pantallas brillan en cada habitación y los comentarios en las redes sociales convierten en TT la última entrega de Juego de Tronos o la pregunta sobre si habrá nueva entrega de Black Mirror. El resultado es una historia que se lee en un par de tardes, que lleva al lector sin apenas darse cuenta por una trama hoy actual y casi novedosa, que resulta francamente entretenida. Manuel Ríos ha sabido aprovechar el momento. Círculos es para ser leída ahora.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?