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sábado, 13 de septiembre de 2014

Cuidemos las librerías




     Hace tiempo comencé con un proyecto que consistía en ir enseñando semanalmente una librería. Daba igual si era una librería grande o pequeña, si se trataba de una librería en España, Alemania, China o Perú. Eso no importa, son librerías. Además, si algo tiene la red es que una fotografía puede llegar al otro extremo del planeta en cuestión de minutos y, tal vez, estés descubriendo el lugar a alguien que vive en la ciudad de al lado, el pueblo de al lado, en la calle de al lado...

     Comentaba esta semana pasada que no creo que los libros digitales vayan a terminar con el libro en papel. Por supuesto que no. Además hay mil motivos para ello, pasando por el apego que sentimos a las cosas que nos gustan y siguiendo por esa suerte de fetichismo del coleccionista que tiende a sentir el ser humano y que provoca que acumule libros, chapas o sellos. Lo que sí estoy viendo es que se nos van muchas de nuestras queridas librerías de barrio, las de toda la vida. Las ventas dicen que las grandes superficies cada vez venden más libros, y que los usuarios recurrimos a las tiendas on-line que nos hacen el envío a casa sin cargo. Y, de verdad, está estupendo... nos llegan libros de punta a punta con menos espera de la que habíamos imaginado y cuando tengo una urgencia yo soy la primera en hacerlo. Pero para mis compras habituales, las de cada semana o cada mes... para esas me doy un paseo a la librería de siempre. Allí paseo entre mesas y estantes, charlo, dejo que me recomienden un par de libros o comento lo que me parecieron los últimos que leí. Recuerdo lo que sentí la primera vez que le comenté a mi librera habitual que me había gustado mucho un título y la vi cogerlo y posarlo junto a sus cosas. Fue una mezcla de orgullo y temor porque me iba a hacer caso; ella que siempre me recomendaba a mi ahora iba a leer algo que yo le había dicho. Esas sensaciones, son impagables.
     A todos nos gusta acudir a una presentación, una firma o un taller, pero para que una librería pueda mantener esas actividades, que tienden a ser gratuitas, necesitan también que las visitemos el lunes que no hay nada planeado en ella.

     Por eso hoy le doy las gracias a cada librería, a cada librero, y os invito a todos a que compartáis vuestra librería favorita. Todos los lectores afirmamos convencidos que las librerías son lugares maravillosos, así que no olvidemos seguir visitándolas. No nos rindamos a la comodidad de hacerlo todo sin movernos de casa, no nos dejemos llevar por la pereza o por el miedo a la lluvia, (¡la lluvia no nos hace encoger!), y compartamos. Es cierto que son lugares maravillosos, como dijo Borges: Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de Librería. Así que nosotros, que afirmamos con la cabeza cada vez que leemos la frase, somos afortunados. Tenemos un paraíso en cada barrio.

     Así que, ¿podéis recomendarme una librería?

     Gracias

sábado, 22 de febrero de 2014

Cogiendo polvo



     "Lo que obliga a leer es cuando sentimos que la obra es necesaria, escrita con una sensación de gran necesidad por parte del escritor de dejar que esa obra saliera a la luz.
     Hay muchos libros que suenan igual que otros, muchos poemas también. Los autores profesionales, con largas carreras, muchos escriben muy bien pero no realmente maravilloso. 
     Cuando lees algo maravilloso, todo cambia."
Paul Auster

     No sé si os pasa como a mi, o tal vez soy yo la rara, pero comprar libros me proporciona un extraño placer. Está claro que depende de la economía, pero esa sensación al salir de la librería con una bolsa y un libro que promete contarme una historia maravillosa (lo sé... promesas que no siempre se cumplen) es un momento inigualable. Salvo tal vez entrar a la librería, la anticipación a ese mismo placer.
     Muchos son los días que en Facebook o en twitter os enseño los libros nuevos que van entrando por mis estantes, y ahora estoy hablando de los estantes reales, esos que si pudieran se quejarían por el peso que llevan años soportando. Y es que... me gusta comprar libros. Pero no es mi culpa sino de los avances editoriales, las catas, las entradas en publicaciones culturales o blogs que me hablan de libros fantásticos o personajes que tengo que conocer. Y yo me lo creo, ¡los tengo que conocer!. Por no hablar de esa terrible enfermedad viral llamada boca a boca que provoca y que se transmite como la gripe, por el aire. Llega una persona a un grupo y le cuenta que ha leído un libro fantástico, maravilloso... y se lo compra a otra, que dice lo mismo y así pasa a otra y a otra... y evidentemente también lo cogemos. Porque además de estas gripes de tinta no nos vacunamos ni queremos hacerlo. Reconozcámoslo, es casi una excusa eso del boca a boca. En realidad y si por mi fuera me compraría... los de mis autores de siempre, los que he empezado a leer y me han gustado, los que la gente adora por curiosidad y esa misma curiosidad me llevaría a echar un vistazo a los que aborrecen. ¿Oh, Dios mío! creo que si por mi fuera me llevaría la librería entera a casa.
     Y luego pasa lo que pasa. Que no tenemos tiempo para todos. Vamos colocando los libros comprados con entusiasmo y nos faltan horas para leerlos porque seguimos comprando más. Y se acumulan sumándose hasta que un día encontramos un título que no recordamos haber comprado. Un libro que posiblemente ya se venda en bolsillo cuando nosotros cogimos la edición en tapa dura con sobrecubierta porque nos pareció preciosa  que... no hemos leído aún. Y lo miramos de reojo con eso que decimos conciencia mientras sabemos que no será el siguiente y nos decimos: "ya lo leeré" y cogemos otro. Hasta que llega esa temporada en que no compramos porque no tenemos tiempo o dinero y despejamos estantes. O tal vez una opinión particularmente fiable nos lo recuerde y nos reconciliamos así con nuestra conciencia por ir despejando esa lista de "pendientes" que ya tiene un lugar físico en nuestra casa.

     Al final, lo que sucede es que tenemos un vicio, la lectura. Y como buen vicio siempre queremos más, yo siempre quiero más de lo que más me gusta... y por eso compramos todo lo que queremos leer (no se nos olvide que realmente queremos leerlo y por eso lo traemos a casa) y nos podemos permitir. Aunque luego algunos permanezcan sin abrir durante más tiempo, ya los leeremos. Porque los vamos a leer, pero... las tentaciones de las librerías son tan irresistibles...

     Y vosotros, ¿también os pasa que necesitaríais el doble de horas?

     Gracias

     PD. Y como de librerías va la cosa os invito a visitar la Ruta librera del blog marcada con una pestaña en la parte superior.