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martes, 28 de marzo de 2017

La química. Stephenie Meyer


     "La tarea de aquel día se había vuelto rutinaria para la mujer que en ese momento se hacía llamar Chris Taylor. Se había levantado mucho antes de lo que habría querido para desmantelar y guardar sus medidas de precaución nocturnas. Era un auténtico incordio colocarlo todo por las noches para luego tener que desmontarlo a primera hora de la mañana, pero no merecía la pena arriesgar la vida por permitirse un momento de pereza."

     Que la curiosidad mató al gato es algo por demostrar, así que muchas veces ese es el único motivo que me lleva a elegir un libro. Por eso, por la curiosidad, hoy traigo a mi estantería virtual, La química.

     Conocemos a una peligrosa mujer, la química, que vive obsesionada por su seguridad debido al peligroso trabajo que ha desempeñado. Torturaba para conseguir información utilizando temibles mezclas químicas. Ahora la vamos a llamar Alex, y ya no trabaja para el gobierno. Su situación se ha vuelto peligrosa, máxime cuando compañero y mentor muere. Sin embargo, tal vez un último encargo pueda ser una vía de salida... o una trampa mortal.

     Y si tus lectores crecen, crece con ellos. Es algo que ya hizo Rowling, adaptándose a la edad de quienes comenzaron su periplo lector con el mago. Y ahora le ha tocado a Meyer. De Crepúsculo a La química, con una pequeña parada para hablar de parásitos extraterrestres en un libro que no era ni para jóvenes ni para adultos, o tal vez pretendía ser para todos, hay un salto de edad en el rango lector. No solo aso, además, como si renegara de lo escrito, que no de lo ganado, opta por una protagonista diametralmente opuesta a su famosa Bella. Aquí no hay un hombre para salvarla ni tampoco para guardar su sueño, ella se vale sola y además es quien cuida y protege llegado el caso. De lo de vigilar mientras duerme que no le pase nada, mejor ni hablamos teniendo en cuenta las exageradas medidas de seguridad que toma cada noche. Con este desembarco, es fácil suponer el camino que tiene la novela, escrita de esa forma que se dice cinematográfica, y que lo que suele representar es la clara intención por parte del autor de ver su historia en la gran pantalla.
     Si algo tiene en común con las anteriores historias de Meyer, es su capacidad de entretener a casi cualquier lector. Con un ritmo no demasiado rápido y sin detenerse en largas descripciones, es fácil dejarse llevar por una trama que nos puede resultar vagamente familiar a pedazos de otras novelas ya leídas y olvidadas. Exactamente igual que nos sucederá con este pasapáginas cuyo final se nos antoja previsible y, si me lo permitís, parte romántica infumable. Y es que no he sido capaz de creerme ninguno de los vestigios de romance que aparecen en la historia, ni el principal ni el Estocolmo express, y cuando un libro me hace levantar la mirada y murmurar un "venga ya"... me ha perdido. O casi. De hecho, si me quedo con algo de esta novela es con la vía canina, ya que tampoco hay grandes sorpresas en el giro argumental.

       Pero... seamos justos y desandemos el camino. Meyer ha escrito una novela entretenida en la que ha mezclado la mayor parte de los ingredientes del éxito. Además ha tenido en cuenta el público que ya conoce su nombre, y que ya serán mujeres adultas o casi adultas, y ha dotado a la protagonista de la fuerza y el carácter que le faltó en su día a Bella, además de joyas y artificios mortales y un más que dudoso carácter que parece querer hacer dudar en un primer momento al lector sobre si la química es buena o mala en esta novela. Un poco de amor, escenas de acción... un libro, en definitiva, que se deja leer si uno no se hace demasiadas preguntas, o tiene algún conocimiento extra, y que entretiene durante unas horas, que será lo que tardemos en olvidarlo.

     Como comentaba, hay escritores que han dado el salto al libro para adultos con los años, pero que eran conocidos por su literatura dirigida a jóvenes lectores. Así que decidme, ¿os habéis animado con alguno de estos nombres?

     Gracias.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Saga Crepúsculo. Stephenie Meyer




     "Hay tres cosas de las que estoy completamente segura. Primera, Edward es un vampiro. Segunda, una parte de él se muere por beber mi sangre. Y tercera, estoy total y perdidamente enamorada de él."

     Hay tres cosas de las que estaba completamente segura. Primera, se trataba de una saga juvenil. Segunda, poseía el gran mérito de haber acercado a la lectura a millones de personas. Tercera, Drácula no iba a asomar por estas páginas.

     Conocemos a Isabella, una joven de diecisiete años que se muda a Forks para que su madre pueda emprender una nueva vida junto a su reciente pareja. Allí conoce a los Cullen, una curiosa familia formada por unos padres y cuatro hijos que esconde un secreto. Son altos, guapos y sensuales y todos ellos pertenecen a la estirpe de los vampiros. Isabella, Bella, se ira dando cuenta a medida que se enamora de Edward, uno de los hijos que se siente igualmente atraído por ella, de que todo es posible pero ese todo, le traerá serias dificultades.

     Esta saga está formada por los libros Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer. Traducido a 37 idiomas y con unas ventas que superan los 25 millones de ejemplares al menos en su primera entrega, se han posicionado entre los títulos más vendidos de todos los tiempos. Siempre digo que cuando un libro tiene muchas ventas, atrae a muchas personas, y eso implica que tarde o temprano lo cojo intentando descubrir los motivos. Ya sólo por la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que se han acercado a la lectura por continuar esta historia, merece ser un título que recordemos. Sin embargo, si me pongo a pensar en los títulos que consiguen batir esas ventas de una forma tan fulgurante me empiezo a preocupar. Hace unos meses se colaba en un despista la historia de Cincuenta sombras de Grey; precisamente un fanfic de Crepúsculo, y que no consiguió dejarme con un buen sabor de boca. Justo es que trajera la historia original.

     Y si, es una historia entretenida, sin grandes complicaciones y que no busca la profundidad de los personajes, sino el dinamismo narrativo para evitar que el lector se aburra. No vamos a encontrar abundantes descripciones, salvo de aquellas cosas en las que se fija la narradora, Bella, de una forma específica y que suelen ser las relacionadas con Edward. Y tampoco va a adentrarse en los conflictos que puedan parecernos más interesantes a los adultos, sino que se queda en el registro juvenil consiguiendo adaptar un cuento de príncipes malos y princesas buenas e impolutas que  se posicionan de forma valiente luchando por el amor verdadero frente a cualquier dificultad. Nos deja claro que ya pasó la época de Romeo y Julieta, ahora los amantes se cuidan y protegen en lugar de suicidarse.

     En mi caso tengo que decir que los vampiros son figuras que siempre me han parecido atractivas, no sólo por el componente humano que les inspiró, sino por sus gestos, su fuerza y esa sensualidad implícita en cada uno de sus actos. Pero no son así los vampiros que Meyer nos enseña. Y no voy a ser la enésima persona que se queje del detalle de la purpurina que brilla en su piel cuando les da la luz, no. Mi queja viene dada porque se le olvidó desarrollar la parte más interesante del libro. Nos coloca una familia de vampiros que se constituye como tal en un intento de dejar de beber sangre humana, de hecho el padre de familia es médico, y no nos explica mucho más sobre los dilemas y las dificultades que puede tener para ellos el resistirse a la "llamada de la sangre" que llevan en su naturaleza. Tampoco nos cuenta como es la jornada en un hospital, rodeado de heridas y con un olfato hiperdesarrollado para un ser hambriento, ni cómo toman la decisión de establecerse e irse mudando ni si les cuesta más allá de un par de diálogos y unas fotografías de graduaciones repetidas.

     Mucho se ha hablado sobre si este tipo de historias beneficia o perjudica por la percepción de las relaciones y la realidad. A mi me parece que son simplemente historias, que gustan o no gustan pero no crean autómatas imitadores de comportamientos. Si acaso imitadores de historias o de protagonistas ya que explotó en unos meses la moda vampiro adolescentes arrasando en las tiendas.  Precisamente por este éxito es lógico que las polémicas se repitan. Decía Stephen King; Stephenie Meyer no sabe escribir. Y tal vez dijeron muchos otros: Sí señor King, la novela tal vez no sea una obra de arte, pero ya me gustaría a mí tener esas ventas.
     Hoy traigo, por lo tanto, un fenómeno de masas con portada y una historia que no es una obra maestra ni pasará a los anales de la literatura por ser la mejor novela del siglo XX. Es... una saga entretenida, incluso un poco hueca, pero con mucho tirón. Mucho, mucho tirón.

     Y vosotros, ¿qué opináis del fenómeno Crepúsculo?, ¿no preferís los vampiros de antaño?

     Gracias