miércoles, 4 de agosto de 2021

Maggie: una chica de campo. Stephen Crane

 


     Este año he ampliado mi biblioteca en el sentido más literal de la palabra. Eso supone que han salido libros de lugares insospechados para ocupar, al fin, su lugar en las paredes de mi casa. Es decir, me he tropezado con muchas relecturas y también con libros traspapelados, olvidados sin leer. Hoy traigo a mi estantería virtual, Maggie: una chica de campo.

     Maggie vive en Bowery, una zona desfavorecida y problemática de la que parece imposible escapar. Su familia es la habitual: un hermano pendenciero, una madre que no lo corrige porque bastante tiene con su marido y el carácter que florece en él cuando discuten y a la que ella también responde enfurecida dejando en sus palabras un rastro desolador de lo que es una familia dura. Y una familia dura en un barrio duro es casi un entretenimiento más que, lejos de preocupar a los vecinos, los entretienen. Y ese es el seno de Maggie, la romántica. Solo que, lejos de ser una heroína romántica que logra superar todo, Maggie es aplastada una y otra vez.

     Como si fuera uno de sus propios personajes, Crane no tuvo una vida fácil. Murió de tuberculosis con 28 años y su primera novela, la que ocupa hoy mi estantería virtual, la finalizó a los 22 y tras no lograr convencer a nadie para publicarla, lo hizo el mismo. Lo hizo bajo seudónimo y, contra todo pronóstico, llamó la atención de la crítica y fue republicada por una editorial conocida aunque, por supuesto, para cuando lo fue el autor ya tenía un camino hecho. Y si cuento esto es porque ahora se nos llena la boca con eso que llamamos literatura experimental pero los escritores, desde siempre, han desafiado los convencionalismos, han denunciado los problemas de la sociedad y, por supuesto, han ficcionado la realidad hasta convertirla en historias. Y la novela de Maggie es un claro ejemplo de desafío que merece la pena ser descubierto y leído dentro del contexto de su publicación.

     Se achaca a Crane que escribe con desapego, sin empatía, poniendo distancia. Y yo me pregunto si no es esa la distancia entre la clase social del autor y la que representa o tal vez la de muchos lectores frente al entorno en el que se ambienta el libro. Si no es precisamente una de esas características que, lejos de ser criticada, debería de ser valorada por lo que significa a uno y otro lado. El libro es duro y se llena de golpes y gritos, las peleas parecen ser lo habitual y destacan por su rudeza tanto como por el aparente hábito que las convierte en algo rutinario y en el centro está Maggie ( y un poco su hermano) que parece no aprender que la vida es dura y la confianza se gana. Crane la empuja a buscar una esperanza en un hombre odioso al que ella parece ciega y el lector se asfixia pensando en lo que espera a la protagonista. Ese es el gran logro de Crane: no abusa de descripciones, no entra en grandes detalles, pero nos asfixia y sobrecoge a partes iguales mientras observamos el viacrucis de su protagonista. Del final no hablo porque requeriría una reseña completa destripando el libro, leedlo y me decís.

     Maggie: una chica de campo es un libro necesario en el que descubrimos que, hace más de un siglo, la marginalidad, los barrios bajos que ahora creemos haber descubierto en gran medida gracias al cine, no solo ya existían, además eran muchísimo más crueles de lo que hubiéramos podido pensar.

     Y vosotros, ¿también descubrís libros olvidados dentro de vuestra propia casa?

     Gracias.

2 comentarios:

Margari dijo... [Responder]

Uys, sí, a veces, no muchas, me encuentro con algún libro que ni siquiera recordaba que tenía... Este no lo conocía y me ha llamado mucho la atención.
Besotes!!!

Ana dijo... [Responder]

Me ha llamado especialmente la atención la frase "creemos haber descubierto en gran medida gracias al cine", ayer vi "Las Uvas de la Ira" y unos días antes había terminado de leer la novela. La película está muy bien, pero el libro..., y el libro si que se aproxima seguro que mucho más a la realidad, esa que siempre supera a la ficción.
Me alegro de este descubrimiento, tiene muy buena pinta. Besos.