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miércoles, 4 de agosto de 2021

Maggie: una chica de campo. Stephen Crane

 


     Este año he ampliado mi biblioteca en el sentido más literal de la palabra. Eso supone que han salido libros de lugares insospechados para ocupar, al fin, su lugar en las paredes de mi casa. Es decir, me he tropezado con muchas relecturas y también con libros traspapelados, olvidados sin leer. Hoy traigo a mi estantería virtual, Maggie: una chica de campo.

     Maggie vive en Bowery, una zona desfavorecida y problemática de la que parece imposible escapar. Su familia es la habitual: un hermano pendenciero, una madre que no lo corrige porque bastante tiene con su marido y el carácter que florece en él cuando discuten y a la que ella también responde enfurecida dejando en sus palabras un rastro desolador de lo que es una familia dura. Y una familia dura en un barrio duro es casi un entretenimiento más que, lejos de preocupar a los vecinos, los entretienen. Y ese es el seno de Maggie, la romántica. Solo que, lejos de ser una heroína romántica que logra superar todo, Maggie es aplastada una y otra vez.

     Como si fuera uno de sus propios personajes, Crane no tuvo una vida fácil. Murió de tuberculosis con 28 años y su primera novela, la que ocupa hoy mi estantería virtual, la finalizó a los 22 y tras no lograr convencer a nadie para publicarla, lo hizo el mismo. Lo hizo bajo seudónimo y, contra todo pronóstico, llamó la atención de la crítica y fue republicada por una editorial conocida aunque, por supuesto, para cuando lo fue el autor ya tenía un camino hecho. Y si cuento esto es porque ahora se nos llena la boca con eso que llamamos literatura experimental pero los escritores, desde siempre, han desafiado los convencionalismos, han denunciado los problemas de la sociedad y, por supuesto, han ficcionado la realidad hasta convertirla en historias. Y la novela de Maggie es un claro ejemplo de desafío que merece la pena ser descubierto y leído dentro del contexto de su publicación.

     Se achaca a Crane que escribe con desapego, sin empatía, poniendo distancia. Y yo me pregunto si no es esa la distancia entre la clase social del autor y la que representa o tal vez la de muchos lectores frente al entorno en el que se ambienta el libro. Si no es precisamente una de esas características que, lejos de ser criticada, debería de ser valorada por lo que significa a uno y otro lado. El libro es duro y se llena de golpes y gritos, las peleas parecen ser lo habitual y destacan por su rudeza tanto como por el aparente hábito que las convierte en algo rutinario y en el centro está Maggie ( y un poco su hermano) que parece no aprender que la vida es dura y la confianza se gana. Crane la empuja a buscar una esperanza en un hombre odioso al que ella parece ciega y el lector se asfixia pensando en lo que espera a la protagonista. Ese es el gran logro de Crane: no abusa de descripciones, no entra en grandes detalles, pero nos asfixia y sobrecoge a partes iguales mientras observamos el viacrucis de su protagonista. Del final no hablo porque requeriría una reseña completa destripando el libro, leedlo y me decís.

     Maggie: una chica de campo es un libro necesario en el que descubrimos que, hace más de un siglo, la marginalidad, los barrios bajos que ahora creemos haber descubierto en gran medida gracias al cine, no solo ya existían, además eran muchísimo más crueles de lo que hubiéramos podido pensar.

     Y vosotros, ¿también descubrís libros olvidados dentro de vuestra propia casa?

     Gracias.

lunes, 28 de mayo de 2018

¡Absalón, Absalón! William Faulkner


     "Desde las dos, aproximadamente, hasta la puesta de sol, permanecieron sentados, aquella sofocante y pesada tarde de septiembre, en lo que la señorita Coldfield seguía llamando el despacho por haberlo así llamado su padre; una habitación cálida, oscura, sin ventilación, cuyas ventanas y celosías continuaban cerradas desde hacía cuarenta y tres veranos, porgue allá en su niñez, alguien opinaba que el aire en movimiento y la luz producen calor, mientras que la penumbra resulta siempre más fresca".

     Cada vez que reeditan a Faulkner, me acerco a curiosear y, cada vez que la nueva edición me convence, lo releo. Hoy traigo a mi estantería virtual ¡Absalón, Absalón!

     Estamos en Toknapatawpha y conocemos a los Sutpen. Conocemos su historia y decadencia y lo hacemos a través de la conversación entre Quentin Compson y Shreve. Pero no serán los únicos, ya que esta es una historia con partes confusas, interrupciones y aportaciones externas de otros narradores que conseguirán que comprendamos qué aquello tan terrible que sucedió.

     Si bien siempre he creído que casi todos los libros son para casi todos los públicos, y digo casi por dejar restricciones de esas que se visten con sonrisas verticales a criterios de edad, es cierto que no todos los escritores son iguales. Hay una serie de nombres como Joyce o Thomas Mann que exigen al lector un pequeño esfuerzo que va más allá de una lectura hecha como simple recreo para llegar a ser disfrutables. Y Faulkner, por ejemplo, pertenece a este grupo de autores. No quiere decir esto que sus libros sean unos ladrillos infumables, de hecho encontraremos a mucha gente que argumentará lo contrario (me incluyo), pero si que se puede hacer una lectura por capas de sus novelas. De tal forma que cada relectura nos desvela algo nuevo que merece la pena ser leído por primera vez.

     Las cuatro voces, a menudo monótonas y repetitivas, suenan a ratos lúgubres incluso a ojos del lector. Todas ellas darán testimonio, no ya de lo sucedido, sino también de la inexactitud del ser humano. Gracias a ello, las voces de los narradores transformadas en personas, se desnudan totalmente ante el lector, que es capaz de percibir sus obsesiones, virtudes y defectos. Además, y dejándonos llevar por ellas, vamos descubriéndonos montando un puzzle cada vez más intrigados, necesitando tener en la mano todas y cada una de las piezas. Faulkner se repite igual que lo hacen sus protagonistas en el camino de una historia que trata soledad, esclavitud, guerra, fortuna decadencia, cambios sociales... y lo hace con un estilo único que los lectores habituales de Faulkner descubrirán cambiante en su obra.
     Llega la familia Sutpen, llaman a la puerta y comienza uno de los mejores libros que he leído jamás. Una novela que hoy en día sigue siendo novedosa por su forma de distribuir los hechos, y también los tiempos utilizados. Y, lo mejor, sin duda alguna, es la certeza de que llegaremos al final de este drama con la historia puesta sobre la mesa y un cierre perfecto que dejará satisfecho al lector mas exigente.
Si tengo que ser sincera, nunca disfruté tanto de una misma historia contada por varias voces. Y pocas veces he podido resumir de forma tan simple como la frase anterior, un libro tan intrincado.

     Dicen que William Faulker fechaba la última página de sus novelas, costumbre habitual entre los escritores. Y que ¡Absalón, Absalón! fue fechado un 31 de enero de 1936. Desconozco como se sintió en ese momento, y si era realmente consciente de la novela que estaba dejando terminada. Pero sí puedo decir que mi sensación al terminar el libro, y lo he leído varias veces, ha sido siempre la misma: asombro. Y, por supuesto, una profunda admiración.

     Por si no ha quedado claro, ¡Absalón, Absalón! es un libro imprescindible para cualquier lector decidido a invertir su tiempo en literatura de calidad.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


     Nota complementaria:


     Fue Sherwood Anderson quien aconsejó a Faulkner escribir sobre Mississippi, su tierra natal, y así empezó a hacerlo en el año 1926 creando el distrito de Yoknapatawpha para su obra Banderas sobre el polvo, cuyo punto final pondría en septiembre de 1927. Así, y a lo largo de su obra, ese condado ficticio flanqueado por dos ríos y del que conocemos incluso la población dividida por el color de su piel (6.928 blancos y 19.313 negros) vería pasar por sus tierras a los personajes del autor, ya fueran Sartoris, Copton, Sutpen o Sonopes. Yoknapatawha existe y en ¡Absalón, Absalón! se incluiría incluso un mapa que certificara la existencia de este lugar testigo de desdichas y cuyo propietario único era el propio Faulkner. Su creador. Se da además la peculiaridad de que los ríos que lo limitan, existen en la realidad así que no pocos estudiosos y lectores han jugado a solapar mapas y pan pasado su dedos por las líneas de Lafayette, donde residía el autor.
     Además, y tratandose del lugar de residencia de muchas de sus novelas, no es extraño encontrar cruces de personajes, como sucede en ¡Absalón, Absalón! con Quentin Compson de quien conoceremos acontecimientos posteriores gracias a El ruido y la furia. Evidentemente no es el único caso, pero privar al lector faulkneriano de descubrirlo, sería un crimen.


jueves, 21 de diciembre de 2017

El conde de Montecristo. Alejandro Dumas


     "Todo mal tiene dos remedios: el tiempo y el silencio."

     Este diciembre muchos hemos sido los que acudimos a comprar la última reedición de El conde de Montecristo, sobre todo porque se trata de una edición corregida y puesta al día, algo de lo que, de este título completo, estábamos escasos. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El conde de Montecristo.

     Conocemos a Edmond Dantès un honrado marinero que está enamorado de la joven y hermosa Mercedes. Poco sabe que su amigo Ferdinand le va a traicionar para quedarse con la chica y menos aún que acabará en el castillo de If, en el que pasará 13 años condenado injustamente. Toda esta pesadilla cambiará al antes joven Edmond.

     Poco se puede decir sobre El conde de Montecristo que no se sepa ya. Empezando por su autoría, que no corresponde solamente a Dumas (padre) ya que lo escribió junto a Auguste Maquet, que a cambio de un buen pago accedió a no figurar como coautor. No se trata además en este caso, de uno de esos bulos sobre escritores y supuestos negros, ya que Maquet colaboraría con Alejandro Dumas en más títulos. De hecho, este profesor de historia conoce a Dumas por remitirle una obra para que se la retocase, consiguiendo así un éxito, que repetiría con otra novela de Maquet transformada. El editor de ambos, viendo que se vendían mejor las novelas firmadas solo por Dumas, acordó con Maquet que no apareciera su nombre a cambio de una considerable cantidad de dinero. Su colaboración fue algo habitual, teniendo incluso una estructura fija de trabajo, y no fue el único ya que se dice que Dumas llegó a tener sesenta y tres colaboradores. No en vano, una de esas anécdotas que proliferan sobre escritores conocidos dice que Dumas padre le preguntó a su hijo: "¿Has leído mi última novela?", a lo cual el hijo, como buen hijo rebelde, le respondió: "Sí, ¿la has leído tú?".

     Volviendo a esta edición, con la traducción de José Ramón Monreal, él mismo comenta que toma como referencia un texto corregido y que, por lo tanto, estamos ante una obra que ha sido pulida de inexactitudes que pudiéramos encontrarnos en otros casos. De este modo se convierte en la tercera edición corregida en Europa junto a la italiana de Einaudi y la francesa de Laffont.

     La novela, de grosor imponente y categoría de clásico imprescindible, es una historia de aventuras que va más allá entre venganzas, amores y pasiones hasta convertirse en lo que yo denomino un novelón y habitualmente se conoce como folletín. De este modo, tenemos entre manos una novela que no da tregua con momentos estelares como la gestación del conde y otros que nos sorprenderán por la forma tan actual que tenía el autor de tratar temas que incluso hoy pueden considerarse escabrosos. Hoy, todo el mundo conoce el castillo de If, al menos de oídas, exactamente igual que todos sabemos quién es Edmond Dantès, pero el trabajo que hace Dumas en la novela, consigue que siga siendo de lectura casi obligada para cualquier lector, ya que tiene un momento para cada gusto y criterio consiguiendo así una obra de la que todos vamos a disfrutar.
     He dado a entender, creo y ha sido intencionado, que no se trata de una obra sesuda, pero eso no significa que esté exenta de una crítica social a la superficialidad, las apariencias y el materialismo.

     El conde de Montecristo es una de esas novelas cuyo título y grosor puede impresionar al lector hasta que comienza su lectura y descubre una historia bien narrada, divertida y llena de acción. Posiblemente si se hubiera escrito en nuestro siglo, estaría muchas semanas en las listas de best sellers.

     Y vosotros, ¿recordáis algún título que os cause respeto?

     Gracias.

    PD. Felices Fiestas, volvemos el día 10.


lunes, 2 de octubre de 2017

La ciudad de cristal. Paul Auster


     Hay nombres de escritores que intimidan y uno es Paul Auster. Tanto es lo que se dice, tan alto se le pone, que un lector no iniciado a veces no sabe muy bien por dónde empezar. Por eso, una novela gráfica, puede ser la perfecta toma de contacto. Hoy traigo a mi estantería virtual, La ciudad de cristal.

     Conocemos a Quinn cuando recibe una llamada telefónica preguntándole por el detective Paul Auster. No saca de su error al interlocutor y recibe el encargo de vigilar al padre de Peter Stillman, un joven casado con una enfermera. Así será como nos enteremos de cómo es esa peculiar familia: los Stillman.

     La ciudad de cristal es la primera novela de la famosa Trilogía de Nueva York y que se completa con Fantasmas y La habitación cerrada. Todas ellas tienen en común la ciudad en la que se desarrollan y pertenecer al género detectivesco.

     Contaba Auster que, viviendo él solo hace ya años, una noche sonó el teléfono y  al responder le preguntaron por la agencia de detectives Pinkerton. El Autor explicó el error y colgó. A la noche siguiente la llamada se repite y Auster vuelve a explicar el error a quien le llama pero, como buen escritor, se queda pensando en qué hubiera pasado en caso de decir que sí. Ahí nacía la idea de esta novela, con la que se inauguraba una de las trilogías más famosas de la literatura contemporánea. Ahora nos llega la adaptación gráfica y, por uno de esos juegos del destino, el proceso para forjarse esta adaptación, también hubiera podido pertenecer a una de las novelas austerianas. Art Spiegelman,  autor de Maus y amigo de Auster, sría el encargado de capitanear esta iniciativa y se decidiría por el dibujante Paul Karasik. Hasta ahí no parece extraño, pero Karasik, además de haber sido profesor de un hijo de Auster, había iniciado por pura diversión, el dibujo de alguna página de la novela.

     No acierto a imaginar lo complicado que tuvo que ser para Karazik y Mazzucchelli dibujar esta novela de Auster, ya que es una novela llena de símbolos y alusiones lingüísticas, volviéndose a ratos extraña al modo que Auster nos tiene acostumbrados a sus lectores. Hay alusiones a la obra del padre Stillman, cambios de nombre de personajes que usan seudónimos, disfraces y metáforas. Una verdadera locura si uno se para a pensarlo. Sin embargo en este caso, parecen haber encontrado la forma perfecta de hacerlo. Lejos del cómic absolutamente realista, los dibujantes decidieron introducir símbolos fáciles de recoger al lector, logrando que la historia no pierda ese peculiar toque que Auster imprime a toda su obra. Hay un ambiente de ciudad en tiempos pasados, de claustrofobia o angustia incluso en algunos momentos en esos trazos que recuerdan de algún modo al cine negro que facilitan al lector recoger cada uno de los mensajes que se reciben. E insisto, ha de ser harto difícil conseguir eso en una novela de este escritor.

     En La ciudad de cristal acompañamos de este modo a Quinn, por cierto escritor, en su improvisada misión que le lleva a adentrarse en conceptos sobre lenguaje y lingüística incluso debido entre otras cosas al experimento llevado a cabo por el padre con su hijo. Una historia, además, en que el azar, tema recurrente de Asuter, también tendrá cabida.

     La ciudad de cristal es una muy buena opción como primer acercamiento al autor y su novela gráfica, además de ser una gran adaptación, es recomendable tanto para quienes leyeron la novela, como para quien no lo hizo, ya que complemente en algunos momentos aquello que Auster relató.

     Y vosotros, ¿sois lectores de novela gráfica?

     Gracias.

martes, 26 de septiembre de 2017

El corazón de las tinieblas. Joseph Conrad



     " La Nellie, una yola de recreo, borneó sobre su ancla sin un flameo de las velas y dejó de moverse. La pleamar se acercaba, el viento estaba casi en calma y, puesto que la nave se dirigía río abajo, nada podíamos hacer más que fondear y esperar el reflujo."

     Como buena bibliófila tengo mis manías. Una es coleccionar ediciones de determinados títulos, como el que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de El corazón de las tinieblas.


     La novela la podríamos dividir en tres partes, en la primera Marlow cuenta su historia a un grupo de marineros  en el Támesis, es un pie a el viaje por el Congo, que es la parte central del libro. En esta parte es la que encuentra a Kurtz, un agente europeo que va ganando protagonismo a medida que llegamos a la parte final del libro. Marlow viaja para buscar a Kurtz y llevarlo de regreso, y nos muestra que el viaje por el corazón de las tinieblas no tiene que referirse al río o la selva, sino al interior del personaje que van a rescatar, que ha ido perdiendo la noción de la conciencia y poco a poco se ha ido dejando llevar por sus instintos más bajos. Ahí residen realmente las tinieblas de las que Conrad nos habla, en el alma de su protagonista y en la conciencia que nos obliga a sacar.

     El corazón de las tinieblas es una novela corta que comenzó siendo publicada por entregas a finales del siglo XIX. Conrad utilizó su experiencias durante los seis meses que pasó en un Congo asolado por el rey Leopoldo II de Bélgica para crear un referente de la literatura actual. Ya T. S. Elliot, en 1926 la utilizó para inspirar su conocido "Los hombres huecos" que sería, a su vez, recitado a finales de los 70 por Marlon Brando en Apocalipsis Now, película cuya base se sustenta también en esta novela.
     Estamos, pues, ante una novela de culto contenida en los mil y un cánones de la literatura que han ido saliendo desde su publicación y que ahora forma parte también dela colección Los ineludibles de Navona, con una nueva traducción, que personalmente me ha gustado, a cargo de Juan Gabriel Vásquez.

     No estamos esta vez frente a un simple libro de aventuras aunque comienza de forma casi idílica en un barco y con un viaje para entregar una carta.. pero, a medida que nos acercamos a Kurtz, vamos viendo el horror que encierra esta novela. Nos muestra la imagen descarnada de los estragos realizados por la colonización, y lo que le puede hacer el poder a un hombre, la corrupción a la que se ve expuesto. Kurtz, capaz de cautivar con su voz y su carisma, representa a la perfección la capacidad para deslumbrar y dominar. Incluso el narrador se siente atraído por la figura de Kurtz mostrando como el bien y el mal están dentro de cada uno de nosotros. Incluido el buen Marlow. Y todo esto, lo logra Conrad en algo menos de doscientas páginas que se agarran a una prosa precisa que no se pierde en largas descripciones y utilizando a un narrador que tiene algo de solemne en muchos momentos.

     Joseph Conrad me gusta y El corazón de las tinieblas es uno de esos libros cuya primera lectura envidio cuando lo veo en manos de otra persona. Es de esos libros que perduran, imprescindible.

     Yo ya he confesado una de mis manías biliófilas, y vosotros, ¿tenéis alguna?

     Gracias

lunes, 24 de octubre de 2016

Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azueles, los astros a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y aveces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo".

     A mucha gente le cuesta leer poesía. Es un género que suele antojarse aburrido a los ojos del lector habitual de novela y que, al mismo tiempo, apasiona al aficionado al género. No parece admitir medias tintas, salvo algunas excepciones. Poemas que se convierten en una suerte de mantras que todos llevamos dentro, como un lunar en la piel del que no puedes desprenderte por mucho que frotes y que se acaba convirtiendo en algo tuyo, preciado. Eso sucede con algunos poemas y algunas voces. Pocas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

     El resumen de este pequeño pero enorme poemario nos lo da el título. Veinte poemas, ni uno menos, sin título, sin marca, a veces numerados y en este caso separados por una página hermosa con su comienzo, forma en que muchas veces se da a conocer cada uno. Una canción desesperada, la última, la única que lleva título, el broche de oro tantas veces escuchado para un libro sentido, suspirado y dolido. Y en esta ocasión un prólogo firmado por Ospina, como ya hiciera con los Sonetos incluidos en esta misma colección, en el que se nos habla de Neruda y sus sentimientos desde la versión más literaria, convirtiendo ese prólogo que a veces se antoja tedioso sin ser leído y uno tiene ganas de saltarse prometíendose leerlo al final y sabiendo que será una promesa fallida, en un placer inesperado que realizamos incluso acompañados de Verlaine.

      Pero hablemos de los poemas, que parecen llenos de empalagoso romanticismo  hasta que empezamos a leerlos. Y entonces descubrimos que hay sentimientos universales, como la alegría o el duelo, y que entre ellos está el amor. Neruda habla del amor desde la pasión de la juventud, ese momento en que cada amor es el primero y cada beso el único. Y se ayuda de la naturaleza para dar fuerza a unas palabras sentidas por todos en algún momento. Por eso no es recomendable la lectura continuada de este libro, es preferible ir despacio y leer, por ejemplo, cada día un poema un par de veces. Porque lo contrario sería banalizar el contenido, no llegar a ver el enardecimiento, la alabanza y la profunda melancolía que destilan las palabras del entonces joven poeta. Y finalizar entonces con esa canción.

     La poesía, si uno no está acostumbrado, puede parecer tediosa o compleja, quizás por eso muchas veces es adecuado acercarse a ella a través de versos conocidos y profundizar un poco. Tomarse un café en una tarde lluviosa, disfrutar del silencio, y leer despacio hasta enamorarnos de las palabras. Y posiblemente es a eso a lo que invita Neruda, el poeta que enamoró mil veces con sus palabras mil veces dedicadas a otras tantas mujeres. Quizás por eso no me voy a poner a hablar de versos alejandrinos o de aquellos otros en los que rompe la rima o la métrica; tal vez por eso no me extenderé para explicar sus metáforas potentes impulsadas por su lenguaje sencillo y tampoco hablaré de la naturaleza o del mar. Porque dicen que el poeta aspira a trasladar sentimientos, a provocar el contagio mano (suya) a ojo (del lector), y ponernos técnicos podría ser una suerte de vacuna que no quiero responsabilizarme de daros. Para leer a Neruda, que por otro lado es mucho más que este poemario, hay que hacerlo con la mente en blanco. Y entonces, disfrutar.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.



martes, 16 de agosto de 2016

Sonetos. William Shakespeare. Versión de William Ospina


CXXXVI  
136
If they soul check thee that I come so near, 
Si tu alma te reprocha que yo tan cerca llegue,
Swear to thy blind soul that I sas thy"Will", 
Júrale a tu alma ciega que yo soy tu ansia ardiente,
And will, thy soul knows, is admitted there; 
Y el ansia, tu alma sabe, se acepta allí que juegue;
Thus far for love, my love-suit, sweet, fulfil, 
Por mi amor, esta súplica, cólmala dulcemente,
"Will" will fulfil the treasure of thy love. 
Y colmará el deseo tu amor y su riqueza,
Ay, fill it full with wills, and my will one, 
Llénalo, ay, con tus ansias y mi ansia desolada,
In things of great receipt with ease we prove 
Porque es siempre más fácil moverse en la grandeza
Among a number one is reckon'd none: 
Y entre lo numeroso, lo uno es casi nada:
Then in the number let me pass untold, 
Deja, pues, que en lo múltiple, callado esté, si quieres,
Though in thy store's account I one must be; 
Pero entre tus riquezas conmigo siempre cuenta;
For nothing hold me, so it please thee hold 
O tenme a mi por nada, siempre que consideres
That nothing me, a something sweet to thee: 
Que esta nada que soy te agrada y te contenta:
Make me but my name thy love, and love that still, 
Haz solo de mi nombre tu amor, y ámalo, y creo
And then thou lovest me, for mi name is "Will". 
Que me amarás entonces, pues mi nombre es deseo.


     En el quinto centenario de la muerte de William Shakespeare, era lógico suponer que alguna obra vería la luz reeditada, y así ha sido. Por eso, hoy traigo a mi estanteria virtual, los Sonetos de William Shakespeare.

     Los Sonetos de Shakespeare vieron la luz en 1609 y aún hoy siguen corriendo ríos de tinta sobre ellos. Recorre en ellos todos los estadíos que uno puede sentir en el amor: del enardecimiento a la pasión pasando por los celos, la decepción o el alejamiento, no duda en hacer de esos 154 sonetos un recorrido completo por una de las pasiones más humanas. Los sonetos del poeta, llamemos poeta a ese supuesto protagonista que relata su vida a golpe de verso, por no poder confirmar si son experiencias reales vividas por el autor, o si tal vez estamos ante una obra de teatro de protagonista encubierto, van dirigidos en un primer momento a un joven. Ese joven reune todas las virtudes, y aunque da pistas, siempre nos deja una duda sobre si llegaron a lo carnal, cosa que en realidad tampoco es importante. La Dama oscura a la que se refiere la última parte es, en cambio, mucho más carnal y pecaminosa incluso, reflejándose de este modo dos amores dispares tanto por el género del objeto de ese amor, como por la personalidad y el halo adjudicado a cada uno de los amados.

     Correspondería ahora hablar de métricas y rimas, pero baste decir que el autor es William Shakespeare para que quede explicado todo ello sin necesidad de justificar la perfecta ejecución de cada soneto. Apuntar, como mucho, que la sencillez del lenguaje acerca sentimientos comunes al lector y nos obliga casi a pensar que estamos ante algún tipo de confesión medio descubierta o apenas encubierta del autor hacia estas dos personas a las que se refiere. Y vuelven a correr ríos de tinta buscando la supuesta identidad de cada uno de ellos. Dice la teoría más aceptada, que el joven que ocupa la mayor parte del texto es Henry Wriosthesley, mecenas de las letras. Teoría que se ve relativamente fortalecida por el encabezamiento elegido por el primer editor de los sonetos, que no por el autor de los mismo, ya que rezaba lo siguiente: Al inspirador único de estos sonetos, el señor W. H., desea toda la felicidad y esta eternidad prometida por nuestro inmortal poeta, el que con sincero deseo aventura esta publicación. Dicho lo cual, que cada uno juzgue si lo considera necesario. Y lo mismo podría contar en el caso de la dama.

     Un lector de poesía, quiere leer poesía. Y entonces se complica la cosa, porque llega el problema del idioma. Traducir un poema, respetar la rima, los silencios, la musicalidad, el espacio entre cada una de las pequeñas pausas y efectos creados por su autor... Y ahí entra Ospina, para los lectores que disfrutan con las letras. Ya ha demostrado que es un escritor de estilo, además de serlo de cada una de sus historias, y tras un prólogo que os recomiendo no os saltéis, Ospina no defrauda, dejando una lectura a doble placer. Si alguien lo pone en duda que haga la prueba y siga estas instrucciones básicas para leer el poema: coja el lector un poco de aire, y comience a leer, sin recitar, procurando no engolar el tono ni forzar la lengua... sólo dejarse llevar con la misma calma que una tabla a la deriva cuando baja la marea; y disfrute de cada sonido, la musicalidad... y el significado, irá llegando solo. Hecho esto, en la página de al lado nos encontramos con el poema original, a la izquierda. Ahora que estamos entrenados, repitamos la operación y volvamos a recitar sin importarnos si nuestra pronunciación es pura o si captamos el significado de cada palabra, ese ya nos lo había dado Ospina en la primera lectura, y dejémonos llevar. Seamos, por un breve intante en nuestra vida lectora, auténticos lectores de poesía. Sin prejuicios, sin poemas, sin excusas. Merece la pena.Y en bilingüe, una joya.

     Y vosotros, ¿sois lectores de poesía?

     Gracias.

lunes, 13 de junio de 2016

Justine o las desgracias de la virtud. D. A. F. de Sade



     "La obra maestra de la filosofía sería desplegar los medios de que se vale la Providencia para alcanzar los fines que se propone sobre el hombre, y trazar, a partir de ellos, algunos planes de conducta que puedan dar a conocer a ese desdichado bípedo de qué manera debe avanzar en el camino lleno de esperanzas de la vida a fin de prevenir los extravagantes caprichos de esa fatalidad a la que se da veinte nombres distintos, sin haber llegado todavía a conocerla ni a definirla."

     Sade fue un hombre de vida convulsa, marcada por los escándalos, la prisión y mucha leyenda negra sobre lo que realmente hizo o dejó de hacer. Sin embargo más allá de sus correrías sexuales con amantes y prostitutas, también sufrió en sus carnes el poder de su suegra (a la sazón, madre de una esposa que le vino impuesta), por lo que no es de extrañar que el poder marcara también su obra. Hoy traigo a mi estantería virtual, Justine o las desgracias de la virtud.

     Conocemos a Justine junto a su hermana cuando ambas se quedan huérfanas. De familia acomodada, no tardan en sufrir el primer revés cuando las monjas las expulsan al acabarse el dinero sin preocuparles demasiado que no tengan a dónde ir. A partir de este comienzo, iremos conociendo a Justine, marcada por una moralidad intachable, y la vileza de quienes se cruzan con ella, que no dudan en hacer de su existencia un camino de tortura y desdicha.

     Sigue apareciendo media sonrisa y algún prejuicio frente al tipo de lectura cuando se nombra a Sade como si su obra se limitara a una simple enumeración de aventuras sexuales sin mucho sentido, cuando ya debería de quedarnos claro que no es así. De hecho, si fuera posible que no lo es, me gustaría saber qué parte resultó más escandalosa para quienes en su época leyeron este libro de una forma pausada y crítica: si esas prácticas que explica o el reflejo de una sociedad de clase media alta, podrida y corrompida por su propio poder. Porque sí es cierto que Justine se ve sometida a todo tipo de castigos y vejaciones, pero también lo es que sin el elemento del poder o el dinero, la obra no tendría sentido. Justine no es castigada de una forma proporcional, ni por saldar una deuda aunque de ahí parta la excusa en algunos momentos, su castigo va un paso más allá porque es el poder y la certeza de que el monstruo que la somete va a quedar impune lo que realmente puede resultar aterrador. Sade habla de una sociedad podrida en la que la moral se ha relajado y determinados estratos sociales pueden campar a sus anchas. Esa sociedad en la que el poder permite esos privilegios, en la que las humillaciones a quienes no "son ellos" quedan impunes, es la que nos va mostrando página a página en esa suerte de descenso a los infiernos que parecen situarse en un sótano, de la protagonista. Una mujer que procura regirse por sus valores, mantener una dignidad en un mundo en el que la perversión recibe más premio que la virtud. Y es en este momento en el que el lector acaricia la palabra corrupción y profundiza en la lectura pensando en el momento en que se publicó y el escándalo que suscitó. Y da un paso más y piensa en la sociedad actual... y sin alejarnos de las diferencias entre Justine y su hermana Juliette, lo hacemos de la parte sexual y reflexionamos sobre esa corrupción a todos los niveles: sobre esa atrofia de valores que relaciona su autor directamente con el dinero y el poder.

     Justine o las desgracias de la virtud es un libro con un contenido erótico imposible de no citar, pero quedarnos en ello sería perdernos lo importante. Sade nos habla de dinero, sexo y violencia, en un entorno que va mucho más allá de lo que relata. Por eso hay libros que merece la pena leerlos de primera mano, por las sorpresas que podemos encontrarnos durante su lectura. Muchas veces, por no decir todas, lo importante se encuentra entre líneas. Y eso no lo puede contar nadie, porque esa lectura es diferente para cada lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

   

lunes, 9 de mayo de 2016

Poeta en Nueva York. Federico García Lorca




Norma y paraíso de los negros.
Odian la sombra del pájaro
sobre el pleamar de la blanca mejilla
y el conflicto de luz y viento
en el salón de la nieve fría.

Odian la flecha sin cuerpo,
el pañuelo exacto de la despedida,
la aguja que mantiene presión y rosa
en el gramíneo rubor de la sonrisa.

Aman el azul desierto, 
las vacilantes expresiones bovinas.
la mentirosa luna de los polos,
la danza curva del agua en la orilla.


      La víspera de un 13 de julio en 1936, Federico García Lorca fue al despacho de su editor, José Bergamín, y no lo encontró. Dejó allí una nota que decía: He estado a verte y creo que volveré mañana. Lorca no volvió, pero sobre aquella mesa depositó el manuscrito del libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Poeta en Nueva York.

     Con este comienzo, no es de extrañar si digo que la historia de la publicación de este libro daba por sí sola para otro. Pero, anécdotas comprobadas o asumidas, es necesario comenzar diciendo que Poeta en nueva York es uno de esos libros imprescindibles, para aficionados o no a la poesía, que además en este caso suma la vistosidad de una cuidada edición que recoge sus poemas divididos en sus diez epígrafes corresponientes y que se ve cerrada por una pequeña nota que nos pone en situación así como una biografía del autor del poemario.

     Es muy difícil hablar de poesía, explicar lo que se siente al leer un poema. es difícil no sentir que uno no está a la altura de esa lectura o de cualquier análisis. Sólo nos queda interpretar las palabras, los silencios. De hecho, siempre he pensado que los versos son cortos para que el lector rellene los renglones con los sentido en esas palabras. Y en Poeta en Nueva York he tenido sentimientos encontrados. Frente a la belleza de las palabras, la geométrica belleza de una ciudad poblada por gentes infelices, protestas, un lugar casi sin corazón. Reyes oprimidos en Harlem, los negros, el Hudson. Todo está ahí. Una ciudad que duele en sus letras, tal vez porque la conocía en el 29, momento de la gran crisis, tal vez por el contraste con el lugar del que llegaba y el impacto que casi seguro le provocó, pero está claro que Poeta en Nueva York es un libro que esconde muchos símbolos y significados en sus poemas. Dibuja una ciudad que duele, desnaturalizada, fría, y cómo pide por la libertad y la belleza, por la armonía y la naturaleza en cada una de sus letras.

     No todos los poemas son de amor, gracias a Dios, ni falta que hace. Al menos no de amor romántico para que su autor desnude sus sentimientos verso a verso y que el lector sea capaz de recogerlos. Lorca se desnuda y nosotros, lectores, vemos la gran ciudad a través de sus ojos, los ojos de un genio, en un libro imprescindible. No olvidemos la poesía.

     Es cierto que a veces la poesía intimida, nos acercamos recelosos, con miedo incluso. ¿O vosotros sois de los que leéis poesía?

     Gracias.

lunes, 4 de abril de 2016

La decisión de Sophie. William Styron



     "En aquellos tiempos era casi imposible encontrar un apartamento barato en Manhattan, por lo que tuve que trasladarme a Brooklyn.
     Esto sucedía en 1947, y lo más agradable para mí de aquel verano, que con tanta claridad recuerdo, fue el tiempo, suave y soleado, con fragancia de flores, como si los días se hubieran detenido en una perpetua primavera."

     Bien sea por el libro o por su película, está claro que hay títulos que conocemos todos y nombres que nos suenan a grandes personajes, como sucede con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata, de La decisión de Sophie.

     Conocemos a Stingo, un aspirante a escritor que se traslada a Nueva York y conoce en Brooklun a Nathan y Sophie, una pareja que pronto le atrapa en sus redes. Descubrirá una relación malsana, una superviviente del campo de concentración de Auschwitz y a un hombre temperamental, y hasta cierto punto magnético. Entre vivencias y confesiones, Stingo acabará buscando el secreto que lleva esta mujer dentro.

     Con tintes autobiográficos entre el narrador, Stingo, y el propio autor, Styron se embarca en una novela que bien podría catalogarse de novelón en el buen sentido de la palabra. Nos va mostrando a su narrador y también la relación que establece con los otros dos protagonistas y, a través de esta relación, conoceremos a Sophie, Nathan y la relación entre los tres. Presenta así a una mujer que es una polaca católica superviviente al horror nazi, una persona que ha de tener una fortaleza tremenda y que, sin embargo, está atada a una relación tóxica con un hombre que, desde las primeras páginas, descubrimos que tiene serios problemas. Nathan no trata bien a Sophie, y sin embargo ella parece ser casi dependiente de él, mientras va poco a poco abriendo su corazón y su alma en largos monólogos al narrador. Y nos descubre así su historia, y también a uno de los personajes más complejos y fuertes, más conmovedores y desgarradores de la literatura. Es imposible no caer fascinados ante esta mujer y también ante el secreto que guarda, caer en la trampa tan bien orquestada por el autor e ir descubriendo la historia a la vez que Stingo, buscando a la verdadera Sophie.

      A estas alturas descubrir que es un melodrama no va a sorprender a nadie, pero el autor lo aligera en muchos puntos. Posiblemente la narración lineal de la vida de Sophie hubiera resultado excesivamente angustiosa, así que esos saltos entre tiempos de la actualidad al recuerdo, nos dan el respiro necesario para ir quitando poco a poco las capas bajo las que se oculta su verdadera historia. Se habla también en la novela de sexo y puritanismo, consiguiendo sacar incluso alguna sonrisa a un lector que ve como se aproxima el final de la novela de una forma inexorable. No tenemos esta vez un final sorprendente, porque no podríamos justificarlo. Y de hecho es esa sensación de irremediabilidad la que da fuerza a una parte final de la desgarradora historia de esta mujer cuyos secretos se nos han ido desvelando.
     Es cierto, añadiría, que parece que poco a poco nos van inundando historias del nazismo, y es cierto también que en esta se habla del horror de los campos de concentración, que hay frases lapidarias, muerte y nombres reales; pero siempre hay unos títulos que sobresalen sobre otros y este es uno de ellos.

     La decisión de Sophie es una gran historia, con unos personajes complejos y poliédricos que consiguen despertar los sentimientos del lector desde las primeras páginas. Se trata de una historia dura, sí, pero inolvidable que no puedo dejar de recomendaros. Y os garantizo una cosa: es muy difícil olvidar a Sophie.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

lunes, 7 de marzo de 2016

El bebedor de vino de palma. Amos Tutuola


     "He sido un bebedor de vino de palma desde que tenía diez años. No he hecho otra cosa en mi vida que beber vino de palma. En aquellos tiempos el único dinero que conocíamos eran los caracoles, así que todo era muy barato, y mi padre era el hombre más rico del pueblo."

     A veces uno decide dar una oportunidad a un libro, por venir de alguien de fiar. Y ese alguien puede ser un amigo, un librero, un blog, una editorial... En este caso es una colección de la que voy leyendo cada título. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El bebedor de vino de palma.

     Tenemos como protagonista a un hombre que se dedica a beber vino de palma desde su infancia. El autor no nos lo plantea como un borracho, pero sí como un auténtico bebedor que no ha tenido jamás que preocuparse de otra cosa que su propio placer y el de los amigos que le rodean. Sin embargo, el día que muere su sangrador (quien le proporciona el vino), no sólo le abandonan sus supuestos amigos, además, se queda sin quien le proporcione vino. Emprenderá entonces un largo viaje en busca de ese sangrador que tanta falta le hace, recorriendo lugares lejanos y conociendo seres de todo tipo.

     Hay libros que son difíciles de explicar y El bebedor de vino de palma es uno de esos libros. Ya desde las primeras frases, con un aire a vieja fábula, nos damos cuenta de que esta no va a ser una narración convencional. Y es que el autor parece jugar a cuento encantado para hablar de un viaje plagado de aventuras y seres extraordinarios en el que se mezcla lo tradicional y lo moderno. Los dioses, incluso el propio protagonista se revela como tal, se pasean a sus anchas por ese mundo peligroso y divertido en el que la muerte vive al final de un cruce de caminos y hombres se desmembransegún su propio criterio. Juega el autor, qué duda cabe, a una suerte de realismo mágico que destila olor a leyenda de tradición oral en un país, el suyo, tan lejano como desconocido. Y aún así se hace entender alcanzando un tono que convence al lector, obligándolo a seguir leyendo, a seguir escuchando esa voz de quien realizó una suerte de viaje iniciático que le llevaría a aprender un mundo que no le importaba mientras vivió protegido por las comodidades de su padre. Un viaje que le llevará de pueblo en pueblo, de aldea en aldea, de aventura en aventura proporcionándole una vida jamás imaginada, en la que habrá mujeres, ejército y, como no, una Ciudad de los Muertos.  Lo exótico de los lugares, de los nombres entrecomillados y de los dioses mezclados con seres inimaginables, consigue que el lector se deje llevar por esta fábula Entregándose como aquel hombre que esperaba cada noche para conocer un cuento más de su querida Sherezade. Porque es justo así como me he sentido al leer esta historia, fascinada por esa voz desconocida capaz de dibujar un mundo tan maravilloso como irreal y, aún así, de dejar esa suerte de moraleja de quien recurre no sólo a la magia, si no también a la inteligencia para engañar a aquel que pretendió engañarle.
   
     Un libro cortito para disfrutar despacio, para desgranar sus cuentos entretejidos, su estilo y dejarse llevar por la magia de lo que nos está relatando. Sin preguntas. Dedicarse simplemente a disfrutar como un niño. Y luego, tal vez, descubrir lo que es el vino de palma, y que es cierto que se sangran palmeras y se bebe en muchos lugares. Pero antes de eso, disfrutad de la lectura, y de su sorprendente broche final.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

lunes, 30 de noviembre de 2015

Una saga moscovita. Vasili Aksiónov


     "Figúratelo: ¡en 1925, el octavo año de la Revolución, un atasco en Moscú! Toda la calle Nikólskaya -que va de la Lubianka a la Plaza Roja a través del corazón de Kitai-Gorod- invadida de tranvías, carros y automóviles. Al lado del restaurante Bazar eslavo descargan de un carro cajas de pescado fresco. Bajo el arco del pasaje Tretiakov se oyen relinchos de caballos, bocinas de camiones. La policía, a toque de silbato, corre hacia la escena, pero es un toque de silbato ingenuo, como si aún no estuvieran convencidos del todo de su papel estrictamente civil y no político, esto es, un papel completamente normal."

     Los que me seguís en las redes sabéis que tenía muchas ganas de la reedición de este título, así que poco os extrañará verlo en mi estantería virtual. Hoy traigo, por lo tanto, a mi estantería virtual, Una saga moscovita.

     Viajamos a Rusia, a ese periodo comprendido entre la muerte de Lenin y la de Stalin, para conocer a la familia Grádov, acomodada, casi burguesa. El padre de familia es Boris, III en realidad, un médico de conocido nombre que llegará a servir en el ejercicio de su profesión a las mas altas esferas de poder. Vive en su casa junto a su esposa y sus tres hijos: Kiril, de fuertes convicciones políticas, Nikita, oficial del ejército de impecable trayectoria y Nina, la poeta librepensante. A través de esta familia y de todos aquellos que llegan a rodearla, el autor nos dará un retrato de la historia de Rusia en ese momento en que vivieron el terror y deterioro de una utopía política ya conocida por todos.

     Cuando un libro tiene 1200 páginas y es comparado con Guerra y Paz, muchos lectores parecen acobardarse. No es sólo por su extensión, sino también por la comparativa con un clásico decimonónico más conocido que leído por una gran mayoría de los lectores actuales. Sin embargo, cuando se dejan de lado estos prejuicios, muchas veces nos topamos con grandes historias. Y ese es justo el caso de La saga.

     Dividido en tres partes, con una segunda y tercera cuyos títulos hacen una clara referencia al ya citado Guerra y Paz, como otras tantas referencias que podemos encontrar a lo largo de la historia, lo primero que nos sorprende es la ligereza en el tono elegido por el autor. No quiere decir con ello que le quite importancia a lo narrado, ni que no se tome en serio aquello que nos relata, aunque hay partes en las que destila un fino sentido del humor tan sorprendente como delicioso, pero sí que dota al libro de un dinamismo propio de la literatura actual que facilita, y mucho, su lectura.

     Aksiónov en este libro, que parece ser fue concebido inicialmente como una trilogía que quedó finalmente unida bajo este título, utiliza a los miembros de una familia para relatarnos desde la cercanía de sus personajes la historia de un país. Los sitúa en los momentos justos, los álgidos de la historia, para convertir su saga en el cuadro completo de la realidad de un país. Y lo hace sin perder jamás de vista que nos está relatando la historia de una familia, llevándonos por una novela de esas que la gente dice "siempre están pasando cosas". Y ojo, hacer esto durante 1200 páginas en las que se intercalan, amores, traiciones, secretos, decisiones, miedos, titulares de prensa, viajes, incertidumbres y pasiones no es nada fácil. Y más aún conseguir que no decaiga el ritmo de la historia. Así conocemos a la familia en su dacha, un lugar seguro, y observamos como se ciernen los terribles años 30 sobre el país, con todo el miedo, la oscuridad y el terror que eso implican. Momentos terribles, la Guerra, el dolor, Siberia, todos ellos relatados ya  en otras obras, quedan reunidos en una novela magistral en la que la particular forma de narrar del autor, consiguen transportar e incluso conmover a un lector que vivirá pendiente de un hilo las vicisitudes familiares.
     Observamos a Boris, que llega a tratar al mismísimo Stalin, y lo vemos convertirse en observador de las vicisitudes de sus propios hijos. Y cómo tiene que tomar decisiones que podrían ser relevantes para la historia mundial, y es plenamente consciente de ello. El lector también sufre como observador; no desvelaré la suerte de los miembros de esta familia, pero si que es cierto que sufrimos la incertidumbre de no saber si serán elegidos para el exilio, víctimas de una de las purgas o conseguirán salvarse. Y esa incertidumbre, esa necesidad de saber, será la que nos lleve página tras página haciéndonos olvidar el grosor del libro, hasta ese momento en que la parte izquierda pesa más que la derecha y comenzamos a apenarnos al notar que se acerca el final de la historia.

     La historia de los Grádov, que comienza durante la Revolución, se expandirá poco a poco entre allegados y descendientes para mostrarnos un país en el que parecía no suceder nada, en el que la gente parecía fingir que no sucedía cuando eran presa de una situación terrible. La angustia, la incertidumbre que tan bien refleja Aksiónov en el ambiente, son justo las que hacen mella en el lector que se ve trasladado a campos de batalla y de trabajo, a zonas de tortura y de exilio en un panorama con la sombra de la Guerra cerniéndose poco a poco, cada vez más cerca. Y en medio de este escenario; la crítica, la literatura, el sarcasmo y la erudición de un escritor que sabe escribir para todos los públicos, convirtiendo una obra magna en algo cercano y comprensible para cualquiera (mérito este también atribuible a la magnífica labor de traducción de Marta Rebón). No os revelaré la suerte de los hijos, ni tampoco la de los padres, ya que sería privaros de descubrirlo página tras página, pero si puedo garantizaros que no tendréis tiempo para el aburrimiento. Mención especial al final, no sólo por ser el broche perfecto, sino porque el autor no se resiste a poner su sello personal en forma de escarabajo consiguendo así la última sonrisa de un lector que, en mi caso, estaba anticipando ya el placer de una relectura.

      Hay libros que se recomiendan con pasión, otros con miedo y, finalmente, hay un puñado que uno se tropieza de vez en cuando y puede recomendar sin reservas. Una saga moscovita pertenece sin duda alguna a estos últimos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

     PD. Podría, que duda cabe, haber dado una opinión más sesuda comparando La saga con Guerra y Paz o Vida y destino, hablar incluso de obras de otros grandes literatos que se apoyan en familias cuyos apellidos son ya conocidos por todos. Pero si el Aksiónov ha sido capaz de lograr que parezca fácil lo más difícil, no voy a ser yo quien envare una opinión con intrincadas comparativas.

jueves, 29 de octubre de 2015

Hotel Lutetia. Pierre Assouline



     "Desde hacía cierto tiempo, me miraban mal. Esta impresión no se puede explicar. Una secretaria que modificaba su itinerario para no cruzarse conmigo, un cocinero que volvía la mirada, rumores a mis espaldas a la menor incursión en el restaurante, cuchicheos de las mujeres de la limpieza en las dependencias de servicio. Curiosamente, una o dos veces, una empleada del room service se había equivocado de piso y me había despertado."

     Conocí a Assouline con su libro Sigmaringen, una novela fantástica que me animó a lanzarme sobre este título. Y hoy traigo a mi estantería virtual, Hotel Lutetia.

      Conocemos a Édouard Kiefer, antiguo policía del servicio secreto francés, encargado ahora de la seguridad del Hotel Lutetia. Un hombre, recto, metódico y de principios cuya misión es saber todo sobre el hotel y quienes allí trabajan y se alojan. Nos relatará la vida del lugar en un momento clave: la Segunda Guerra Mundial.

     Hay momentos que cambian la historia, provocando que exista un antes y un después. Y eso es precisamente lo que hace el autor dividiendo el libro en antes, durante y después para mostrarnos lo que supuso la Segunda Guerra Mundial a todo un país a través de la vida del Lutetia. Para ello utiliza como narrador a Kiefer, que nos hace su crónica particular desde 1938 al 45.
 
     Comenzamos conociendo el hotel y cada uno de sus pormenores, Kiefer es un hombre metódico que acostumbra a fijarse en cada detalle, a observar sin ser visto y que procura guardar los secretos propios y ajenos. El hotel cobra vida convirtiéndose en un personaje más, rivalizando en protagonismo con el propio narrador mientras se desnuda para contarnos lo que sucede en cada una de sus plantas. Conoceremos de este modo cada estrato social, cada costumbre y cada rincón. Nos relata sus huéspedes, algunos ilustres por cuna y otros por méritos y también traslada el cuchicheo y el malestar que comienza a existir en las calles. El Lutetia se mantiene en su sitio, con su lujo y su solemnidad, convirtiéndose en un microuniverso en el que se verá reflejada toda una nación. Sin embargo, por mucho que se mantenga, llega la ocupación, y cambian los huéspedes mientras Kiefer se mantiene en su puesto en u hotel ahora requisado planteándose hasta qué punto se mueven sus lealtades y sus secretos en una perfecta ficción novelada. Y por último llega "el mundo después" cuando el hotel queda libre y se instalan en él aquellos que regresan, los deportados regresan y Assoulini da una lección sobre como escribir tocando el alma del lector.

     Hotel Lutetia es una novela excepcional en la que el autor consigue trasladarnos a una época mediante una atmósfera muy cuidada y una narración que hace hincapié en los detalles. El carácter de Kiefer, queda pronto patente imprimiendo un sello personal a cada una de sus palabras, en sus actos, incluso en su relación con una mujer cuyo nombre convierte en un secreto: su secreto. Pronto nos sentimos en las puertas del hotel, entrando en el gran vestíbulo y buscando con la mirada la mesa en la que, posiblemente con el periódico, se sienta nuestro protagonista observándonos para hacer su ficha particular.
     Señalaré, como curiosidad adicional, que la editorial que publica este libro, ha puesto también en las librerías ahora una preciosa edición de La muerte en Venecia. Imaginaos mi sorpresa cuando el protagonista del libro, no sólo nombra este título de Thomas Mann, además establece una comparación entre el Hotel de Bains de La Muerte en Venecia y el propio hotel en el que el trabaja, el Lutetia, afirmando haber tenido la sensación durante la lectura, de que un hilo invisible conectaba ambos lugares. Este tipo de coincidencias siempre me las tomo como señales, así que ya tengo preparada sobre mi mesilla la que será mi próxima relectura.

     Esta vez lo tengo claro, hay que leer a Assoulini.

     Y vosotros, ¿hay algún libro que os haya llevado a otro de forma casi directa?

     Gracias