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domingo, 13 de noviembre de 2011
La impaciencia del corazón. Stefan Zweig
“Hay dos clases de piedad. Una, débil y sentimental, que en realidad sólo es impaciencia del corazón para liberarse lo antes posible de la penosa emoción ante una desgracia ajena, es una compasión que no es exactamente compasión, sino una defensa instintiva del alma frente al dolor ejeno. Y la otra, la única que cuenta, es la compasión desprovista de lo sentimental, pero creativa, que sabe lo que quiere y está dispuesta a aguantar con paciencia y resignación hasta sus últimas fuerzas e incluso más allá.”
De los que pasáis por aquí, muchos ya conocéis mi pasión por Zweig. Allá donde veo un libro suyo entro a comprarlo o a comentarlo si ya lo he leído. Un autor que conocí con la magnífica Novela de ajedrez, reseñada en los albores del blog, y que me ha ido apasionando página a página a lo largo de sus libros. Si tuviera que recomendar sólo uno, no sabría por cual decidirme y acabaría dudando en lugar de responder. Así que mucho me temo que irán pasando todas sus obras por este rincón. Hoy le toca a La impaciencia del corazón.
Conocemos en este libro a Anton Hofmiller, teniente en la Gran Guerra, al ser invitado por un magnate húngaro a su castillo. Cuando llega allí la hija paralítica del magnate se enamora del oficial, quien no puede hacer otra cosa que compadecerse y acabará jugando con ella.
Es un libro complejo que utiliza todos los sentimientos posibles para mostrarnos al ser humano en toda su dimensión. Hace falta leerlo despacio, nos hace pensar en lo que está pasando y plantearnos el carácter de la sociedad que no sólo permite sino que provoca un determinado tipo de comportamientos en las personas.
Zweig juega con maestria con el concepto de la compasión, la real y la fingida y las consecuencias de ambas. No por ser pura la primera deja de meternos en situaciones totalmente asfixiantes. Ni por ser mala la segunda resulta menos beneficiosa para el espíritu. Utiliza para ello el personaje de la joven inválida, pero la despoja del dramatismo propio de este tipo de obras, no se trata de dramatiza momentos sino de mostrar situaciones alejadas de los ideales de la calidad de las personas. Hay que enseñar la dimensión real, radiografiarla. Por eso el título de la obra ya da una muestra de enfrentamiento entre mente y sentimientos.
Tal vez el personaje del doctor sea el que más sentimientos despierta en el lector, un hombre lúcido y bueno de verdad que lejos de considerarse un damnificado por la vida, se siente afortunado por "lo que vive". Es de su mano casi de la que recorremos los caminos de la piedad, la honradez y, en un último caso, la vía hacia la desesperación.
Si me preguntan a mí, un libro magnífico e imprescindible de un autor cuyo nombre debería escribirse con mayúsculas. Os contaré para terminar que se suicidó en Petrópolis junto a su esposa, desesperado ante la perspectiva del futuro de una Europa que temían ver dominada por un nazismo llamado a extenderse por todo el planeta. Dejó escritas estas palabras:
"Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra."
Por suerte para nosotros, no fueron las únicas palabras que nos dejó.
Gracias
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La impaciencia del corazón,
Novela de ajedrez,
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