lunes, 19 de octubre de 2020

Siete mentiras. Elizabeth Kay

 


     "—Y así es como la conquisté —dijo sonriendo. 
     Se recostó en la silla, llevándose las manos a la nuca y ensanchando el pecho. ¡Siempre hablaba con tanta suficiencia! Su mirada pasó de mí al tonto que estaba sentado a mi lado, esperando una reacción. Quería ver aparecer una sonrisa en nuestra cara, sentir nuestra admiración, nuestro asombro. 
     Yo lo odiaba. Lo odiaba en un sentido bíblico, apasionado y total. Odiaba que repitiera esa historia cada vez que iba a cenar a su casa, todos los viernes por la noche. No importaba a quién llevara conmigo. No importaba con qué tarado estuviera saliendo en ese momento".

     De vez en cuando me dejo llevar por el código bestseller. Un libro de esos amenos que se leen rapidito y entretienen sin más, y es que la literatura como entretenimiento me encanta. Hoy traigo a mi estantería virtual, Siete mentiras.

     Jane y Marnie son amigas desde los once años. Han pasado dos décadas y siguen siendo las mejores amigas, confidentes, inseparables. Sin embargo en su amistad se ha colado una grieta, Charlie, la pareja de Marnie. Jane no lo soporta. Nunca lo ha soportado en realidad, pero no se lo dijo a Jane. Esa fue su primera mentira. Siete mentiras más tarde tal vez haya llegado el momento de decirle la verdad a Marnie.

     Siete partes, una por cada mentira, seguidas de una verdad y de lo que sucedes después componen las nueve en que se divide esta novela. Esto unido a un narrador poco fiable del que el lector va poco a poco desconfiando, son las dos bases sobre las que se articula esta novela.
     Esta vez el lector se anticipa, no se trata de sorprendernos demasiado ya que pronto intuimos lo que está sucediendo. Y si prescindimos de la sorpresa, ¿cuál es la gracia de esta novela? Pues la facilidad con la que lo leemos, la anticipación misma. No se va a tratar de buscar quién lo hace, esta vez la autora nos intriga con el cómo y el qué pasó. Ese es el motor que arrastra al lector, con más o menos éxito, aunque ya os digo que en mi caso fue mucho más sencillo: iba pasando páginas sin darme cuenta. Y cuando uno ya cree que tiene todo resuelto y ha visto sus aciertos y sus errores... es cuando llega un "toque de gracia" que satisface al que busca sorprenderse y provoca un pico de tensión en la última parte. Y respecto al final tengo que decir que en lo que es literalmente la última parte, la autora ha optado por emular aquellas películas de intriga de finales de los ochenta con un formulismo que se había abandonado en la literatura hace mucho y que ha completado esa sensación de estar ante un recuerdo del pasado.

     Ahora es cuando debería de decir que Siete mentiras es un page turner o un domestic noir o cualquier otro término similar de los que se vienen acuñando en la literatura moderna. Pero me resulta mucho más cómodo hablar de una novela fácil de leer y muy entretenida. De esas que se leen rápido y posiblemente también se olviden rápido. Pero, decidme la verdad, ¿quién busca leer siempre alta literatura? A fin de cuentas, la evasión es el motivo principal por el que acudimos a los libros. Lo único que lamento, es el final de la novela.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.



martes, 13 de octubre de 2020

Exhalación. Ted Chiang

 


     "Oh, poderoso califa y líder de los fieles, me humillo ante el esplendor de tu presencia; un hombre no puede esperar mayor bendición mientras camine por este mundo. La historia que tengo que contar es verdaderamente extraña, y si hubiese de tatuarse en su totalidad en el rabillo de nuestro ojo, el prodigio de su ejecución no excedería al de los acontecimientos relatados, puesto que es una advertencia para todo aquel susceptible de ser advertido y una lección para todo aquel susceptible de aprender de ella".

     Cuando te dicen que es la ciencia ficción para quienes no les gusta la ciencia ficción, te sorprendes. Con todo te hace tener incluso más ganas de leerlo, así que hoy traigo a mi estantería virtual, Exhalación.

       Como siempre sucede con estos títulos de relatos uno tiene que evitar, o no, sucumbir a la tentación de ir uno por uno desgranando cada relato y cada punto hasta contar el libro entero y limitarse a dar unas nociones generales de un libro que me ha parecido muy solvente (aunque no tanto como su primer recopilatorio). El volumen se compone de nueve relatos bastante cortos y unas notas que los cierran y que son un magnífico complemento a ellos. De los relatos diré que el segundo es el que da el nombre al volumen y que, si no es el mejor, será el segundo mejor sin lugar a dudas y añado que casi todos ellos giran en torno a los mismos conceptos. El autor además realiza algunos juegos estéticos interesantes como son el hecho de que en el primer relato nos hablen de viajes en el tiempo y la posibilidad o no de cambiar lo sucedido, con el último en el que nos preguntan sobre la obsesión con el "y si..." en caso de conocer cómo sería nuestra vida ante determinadas decisiones. Añado ahora también que he visto comparativas con Dark hasta la saciedad solo porque el autor da una puerta en el primer relato ya citado de temporalidad con 20 años de diferencia. Bien, es cierto que tiene ese punto en común, pero la ambientación arabesca, los sucesos plasmados y la búsqueda filosófica y no del misterio, lo alejan totalmente de la serie de Netflix.

       A partir de aquí y mediante disertaciones, reflexiones y sensación divulgativa uno duda de si el libro se acerca más a filosofía que a ciencia ficción o, mejor dicho, el autor demuestra que hay ciencia ficción para todos los gustos porque en esta obra, no solo contenta a los seguidores del género, sino que atraerá a muchos otros que no lo son. Trata pues de temas universales como la comunicación o el lenguaje, y nos pregunta de una forma poco convencional sobre nuestra incapacidad para comunicarnos. También aparece la inteligencia artificial, ya sea como compañía y aprendizaje o como maestra y da con ello con temas ya tratados sobre los efectos que pueden llegar a tener. La ciencia, la fé, la tecnología y la escritura son otros de los temas que aparecen tratados y siempre en la forma en que estos afectan al ser humano y su condición y convivencia. Supongo que tras haber nombrado Dark, sería lo suyo señalar que en otro de los relatos se habla de implantes de memoria gracias a los que uno puede mostrar sus recuerdos y dejar que seáis vosotros quienes lo identifiqueis con otra conocida serie, pero también es justo decir que el hecho de tener una parcialidad compartida no le quita lustre a lo escrito o, de lo contrario, no existiría un solo libro nuevo que incluyera una relación de amor.

     Chiang nos deja un libro con una cadencia constante y relajada que parece invitar a que el lector piense en lo que lee, que reflexione sobre las preguntas y los hechos mostrados, más allá que al simple divertimento que, evidentemente, incluye. Y con esto quiero decir que es un libro para todos, tal y como lo promociona la editorial, en el que el autor parece haber decidido demostrarnos que los géneros en la literatura, como en la vida, no han de ser excluyentes.

     Exhalación es un estupendo libro de relatos que recomiendo a cualquiera. Sin importar si es o no lector de género.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Elogio de las sombras. Junichiro Tanizaki



     "Yo querría recuperar, al menos en el ámbito de la literatura, este mundo de las sombras que ya estamos perdiendo".

     Hay libros que apetecen pero cuyo momento no termina de llegar, o tal vez uno no se termina de decidir por la edición más adecuada. Hasta que llega la que entra por los ojos y al fin se produce el encuentro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Elogio de las sombras.
 
     El Kintsukuroi es el arte japonés de reparar los desperfectos de un objeto con laca o resina de oro. Algo que jamás haríamos en occidente, donde los pegamentos rápidos e invisibles están a la orden del día y una reparación estética se valora en función de la incapacidad para detectarla. Leer Elogio de las sombras me ha ayudado a entender que, lo que para nosotros es una curiosidad estética hermosa y revestida de cierto romanticismo o incluso exotismo, es para su cultura un valor importante por muchos más motivos.
     En este ensayo el autor refunfuña y no lo niega, sobre los cambios, la luz excesiva y el avance de la cultura occidental como una suerte de invasor que modifica su costumbre e incluso su percepción de las cosas. Y es que no tardamos en darnos cuenta a lo largo de este brevísimo ensayo, de que su autor se vio atrapado entre el Japón tradicional y la modernidad imperante a la que había que adaptarse, mucho más próxima a la occidental. Hay que tener en cuenta, además, que el libro fue escrito en 1933 y las diferencias culturales, la extrañeza y el chocque se han ido atenuando con los años sin que ello le reste valor a la obra, en realidad sucede casi al contrario y le aporta un punto hermoso a la narración. Y es que choca encontrarnos con una voz que repasa de forma ensimismada, casi para sí mismo, durante apenas un puñado de hermosas páginas, con la idea del japón contemporáneo lleno de botones, luces y manga.

     Tanizaki nos habla de aleros y de lluvia, de oro y de sombras naturales, de la luz del ocaso y de lo que se oculta entre las sombras pero existe. Es un maestro a la hora de alabar la belleza de eso que los programas de decoración llaman pátina y que no es otra cosa que las marcas que el tiempo deja en los objetos, como si fueran almas longevas. Tanizaki medita sobre lo cotidiano y los pequeños placeres, sobre lo natural, y lo yuxtapone a un mundo de plástico que ahora sabemos nos absorbería tras las palabras del autor nipón. Es imposible para el lector no recordar los tiempos en los que los hospitales eran fríos, antes de la estética de ikea que ahora llamamos moderna y minimalista. 
     Dice Tanizaki que si se ilumina todo demasiado, si es blanco y brilla, no deja pie a que nada quede oculto o marcado, que casi asusta. Dice que hay que fijarse en las fisuras, en las zonas de penumbra, en los dorados y los enormes aleros de los templos, en la naturaleza. Y lo dice con la serenidad del poeta que se fija en los matices sabiendo que los relojes no deberían medir el tiempo. Quizás por eso la lectura de Elogio de las sombras no es simplemente hermosa, es además relajante.

     Elogio de las sombras ha resultado una lectura estupenda que no sabría definir más allá de la reflexión, la divulgación leve, la estética o, si quiero resumirlo todo en una palabra, la serenidad. Os lo recomiendo, no os llevará demasiado y, una vez terminado, me decís.

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis entre manos?

     Gracias.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Aguas primaverales. Iván S. Turguéniev

 


     "A eso de la una de la madrugada regresó a su gabinete de trabajo, despidió al criado que había encendido las velas y sentándose en una butaca junto al fuego, cubrióse el rostro con ambas manos. 
     Nunca había sentido tal desfallecimiento físico y moral".

     Donde yo vivo hay bibliotecas que sacan los libros que van a retirar a la calle para que los cojan los usuarios habituales. Así encontré este libro y, por supuesto, lo adopté. Hoy traigo a mi estantería virtual, Aguas primaverales.

     Conocemos a Sanin ya con una edad en la que le preocupa la cercanía de la vejez y su final en la muerte. Por eso recuerda ahora aquél que fuera su primer amor. Y es que treinta años atrás, en 1840, estaba él de viaje por Fráncfort cuando conoció y se enamoró de una joven italiana por lo que, sin importarle su condición social, se comprometió con ella. El problema es que ese no fue su único amor ya que no tardó en enamorarse de otra mujer, esta vez casada, por la que abandona a la primera sin saber que la segunda iba a abandonarlo a él.

     Turguéniev suele escribir de amor. Y nos regala en este caso un folletín en el que lo que más me ha llamado la atención son las costumbres descritas en tan pocas hojas. Porque si algo tiene Aguas primaverales es que no da tregua en absoluto a sus protagonistas. Y eso provoca que uno se lo lea en dos tirones sin apenas darse cuenta, y todo por saber qué fue de Sanin y su enredo en busca del amor, o enardecido tal vez por él. De este modo tenemos una historia con pasteles, piropos que desembocan en duelos en los que no pasa mucho, amor, clases sociales, falta de dinero, ventas, malas mujeres y otras nada malas, criados, madres, hermanos y maridos.
     Decía el autor de esta historia que la escribió con facilidad porque él mismo la vivió y quizás eso explique determinadas escenas que pecan de idílicas a ratos, y que el lector, una vez finalizada la lectura, apenas recordará pese a que dan un halo hermoso a la novelita. Lo que me ha llamado la atención sin embargo son los pequeños detalles que hablan de la sociedad en la que el protagonista se movía y que son expresados sin rodeos y en algunas ocasiones repetidos como si el autor ya supiera cuando lo estaba escribiendo, que su obra trascendería a épocas en las que se nos iba a antojar extraño o exagerado lo que nos estaba relatando.

     Aguas primaverales me ha gustado. Quizás porque tengo pasión por la literatura rusa, en este caso sencilla y bastante común sin que eso reste encanto a la novela. Efectivamente puede que se trate de una novela romántica, y puede que yo no sea lectora habitual de novela romántica, pero la he disfrutado. Y el broche en el que nos enteramos de qué ha sido de cada uno de los personajes que aparecieron hace treinta años, me ha parecido perfecto. Mucho mejor que los happy ending que a veces parecen colarnos con calzador.
     
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


viernes, 25 de septiembre de 2020

Vacaciones en el Cáucaso. María Iordanidu


 

     "En julio de 1914, cuando Ana partió de Constantinopla con destino a Rusia, dejó atrás la digna Constantinopla del siglo pasado. La Constantinopla de su abuela y de su madre. La Constantinopla de los movimientos lentos de los cocheros y de los estibadores, y también del barrio europeo donde la sombra de las abuelas aún planeaba por encima de las cocinas con los braseros y las hachuelas de destazar. Aquélla era la época en que la Virgen extendía su mano y paraba la lluvia cuando Loxandra hacía la colada. «Virgen Santa, no me vayas a hacer una mala pasada y vaya a llover hoy», decía Loxandra, y en Constantinopla ese día no caía ni una gota de lluvia. 
     "En agosto de 1920, cuando Ana volvió de Rusia, pasó del medievo al siglo xx de un solo salto".

     Hace tiempo que vengo comentando con algunos amigos lectores que Acantilado tiene un catálogo que permite apostar y ganar en muchos de sus títulos incluso sin haber leído la sinopsis. Llegas a tu librería, pasas por la mesa que les tienen reservada, y raro es que alguno no te enamore. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Vacaciones en el Cáucaso.

     Conocemos a Ana cuando es enviada unto a su tía a pasar una vacaciones en Tiflis, donde viven sus tíos ricos Alekos y Claus, que han invitado a la joven a pasar un mes con ellos. La ruta es aparentemente sencilla. Ana irá desde Constantinopla a Batumi, donde está su tía y de allí a Stávropol. Lo sencillo se complica y en Batumi se pierden, Ana tarda en llegar a Stávropol, su destino original, un par de meses terribles que serán casi un paseo comparado con los cinco años que tiene que pasar allí. Y es que ha vivido la Primera Guerra Mundial, además de enfrentamientos civiles en las calles de la que iba a ser su ciudad de vacaciones.

     Ahora imaginad que donde dije Ana pone María. Y es que la autora no está contando una historia de ficción, se trata de un relato autobiográfico, aunque se nos avisa de que los personajes son casi todos inventados. Añado además que el viaje de vacaciones se produce en 1914, así que ya os hacéis una idea de por qué alguien se puede perder en una estación cuando la Gran Guerra estaba llamando a la puerta. Por supuesto no ayuda la tía Claude, una mujer peculiar que ha inventado una película sobre la joven que llega. Pero no daré detalles. De hecho, el único detalle que me parece importante añadir a esta reseña es que la joven Ana no habla ruso.
     A partir de aquí la autora elige su camino con mano firme y nos regala una novela en la que el lector no se siente ante una biografía que relate cada párrafo comenzando por el "yo". Lo que importa es el lugar, el momento, las costumbres, los detalles... Ana es lista, aprende rápido (¡incluso el ruso!) y sobrevive. Sin dramas tristes que nos arrastren por el fango y costillas que sobresalgan entre calambres paralizantes. No. Por supuesto que es una situación dramática, pero hay muchas maneras de encarar estas situaciones y Iordanidu opta por fingir ficción casi con cierto desapego y algún toque de humor que aligera el espíritu mientras entras en Rusia y, al igual que ella, te enamoras.

     A raíz de comprar este libro he visto que Loxandra, su primera obra, es también del todo imprescindible y que además la vida que cuenta está relacionada con la de Ana, es decir.. bueno, ya me entendéis. Coinciden además en la mayoría de los casos, en que es incluso mejor que estas vacaciones, así que ya lo he encargado. Porque si este ya me ha encantado en su brevedad de letras medidas, no sé qué va a darme Loxandra, pero estoy muerta de ganas de averiguarlo.

     Vacaciones el el Cáucaso es una historia sencilla narrada con un punto irónico que nos habla de provincias y de momentos de cambio. Pero es, sobre todo, la historia del crecimiento de Ana y de como la muchacha abre los ojos. Me ha encantado. Quiero más.

     Y vosotros, ¿hay alguna editorial que os aporte seguridad?

     Gracias.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Otra vuelta de llave. Ruth Ware

 


     "7 de septiembre de 2017.  
     Centro penitenciario Charnworth. 
     Querido señor Wrexham: 
     No se imagina cuántas veces he empezado esta carta y arrugado el desastroso resultado, pero me he dado cuenta de que no existe ninguna fórmula mágica para esto. No hay forma de que yo lo OBLIGUE a escuchar mi caso. Por lo tanto, tendré que exponer los hechos lo mejor que pueda. No importa el tiempo que me lleve, ni cuántas hojas tenga que descartar: seguiré adelante y le contaré la verdad".

     El título, lo tenía claro. Si su misión era generar curiosidad yo piqué, aunque haya tardado en saber de su existencia. Hoy traigo a mi estantería virtual, Otra vuelta de llave.

     Conocemos a Rowan Caine cuando encuentra un anuncio de trabajo que es casi un sueño. Responde al anuncio y así es como acaba de niñera en Escocia. La familia parece estupenda y la casa es espectacular, excepto por Happy que controlará la casa y permitirá a sus propietarios hacer precisamente eso mientras vigilan lo que allí sucede. Rowan, que no tenía en mente aceptar este trabajo, acabará en la cárcel tras la muerte de un niño. Pero esto, que suena a contar el final, es solo el principio.

     Otra vuelta de tuerca es un título magistral de la literatura con una niñera de la que desconfiar y una atmósfera que atrapa al lector. De eso no duda nadie. Cuando vi este título la asociación fue inmediata y además había una niñera y unos niños y un misterio... así que estaba claro que, de un modo u otro, Ware estaba actualizando la historia de James. Pero avancemos...

     Sabemos que Rowan está escribiendo desde la cárcel, es decir, que algo muy malo ha tenido que suceder. Sabemos que ese algo tiene que ver con noches en vela y con cámaras y con la casa, justo con la casa. Y nos enteramos de que ha muerto una niña y que Rowan dice que ella no la mató. Entonces entramos en una historia en la que la protagonista vive sin saber si sus jefes están obsrvándola o no pero que, por lo que ella sabe, podrían estar haciéndolo en todo momento. La casa automatizada además comienza a fallar y los niños... bueno, son, como mínimo, raros. No tarda en empezar a comprender por qué se habían ido tantas niñeras. 
     Ware utiliza recursos de terror y también de thriller psicológico para ir ambientando al lector en la atmósfera en la que la niñera se encuentra sumergida utilizando para ello tecnología. Esta sensación de vigilancia, de control, opresiva, se va metiendo bajo la piel del lector hasta compartir la paranoia de la niñera. Solo que tal vez no sea una paranoia descabellada y la imposibilidad de tener intimidad, el sentirse vigilado y dejar que la tecnología domine nuestra realidad, tal vez ya no sea ciencia ficción. Por eso es cada vez más utilizado en este tipo de novelas.

     En cuanto a la trama, he tenido sentimientos encontrados con el final. Suelo decir que buscar la sorpresa no tiene que ser la obsesión de un escritor en este tipo de novelas ya que en el camino uno corre el riesgo de sacrificar la credibilidad. Y esa es la parte que me ha costado, la resolución. Pero bueno, eso ya supongo que son apreciaciones personales y mi perplejidad no tiene por qué coincidir con la sensación de otro lector. A fin de cuentas, cada novela es de quien la tiene entre manos.

     Otra vuelta de llave es una novela entretenida que, si bien no es particularmente original, sirve para pasar un buen rato.

     Y vosotros, ¿sois aficionados a remakes y revisiones?

     Gracias.

lunes, 21 de septiembre de 2020

La mujer helada. Annie Ernaux

 



     "Mujeres frágiles y vaporosas, hadas de manos suaves, pequeñas auras de sus casas a cuyo paso quedo surgen el orden y la belleza, mujeres sin voz, sumisas, por mucho que busque , no veo tantas así en el paisaje de mi infancia. Ni siquiera el modelo inferior, menos distinguido, mas ordinario, las frotadoras de fregaderos limpios como las patena, las cocineras de retales, las que llegan a buscar al niño a la escuela un cuarto de hora antes del timbre, con todas las tareas de la casa ya finiquitadas; las bien organizadas hasta la muerte. Mis mujeres, las mías, vociferaban todas, tenían el cuerpo descuidado, demasiado pesado o demasiado plano, dedos rasposos, caras sin pintar, o, al contrario, maquilladas como puertas, con gruesas manchas rojas en mejillas y labios".

     Sigo las recomendaciones de quienes me parecen afines. No ya en sus gustos, que es casi lo de menos muchas veces, en realidad me interesa más la afinidad en lo que respecta a lo que uno busca en la literatura. A Annie Ernaux llegué gracias a una de estas personas, Marc Peig, colaborador de Un libro al día (imprescindible). Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mujer helada.

     Gusta Ernaux de compartir sus vivencias en su obra y es que la ficción empezó a ser autobiográfica para esta autora que relata, en La mujer helada, su matrimonio. Narrado en primera persona la autora dibuja el mundo en el que una mujer deja de tener significación propia, vive en las calles, juega y sueña para terminar en un matrimonio que nada le aporta y con una maternidad que se aleja diametralmente de lo que ella una vez imaginó. El reloj a ritmo de biberón y la vida como oportunidades que ya no se presentarán son los rasgos característicos de esta novela breve, brevísima, narrada con una belleza que trasciende a lo que dice mediante el cómo lo hace. Ernaux presenta a una mujer que se limita a seguir de forma casi automática, sin ser persona, lobotomizada por una vida que no le da margen de movimiento, autonomía o queja, se congela porque no siente o se congela tal vez por el frío que deja como único rastro la soledad que representa. 
     Diremos ahora que representa algo que ya no existe, antes de mirar la fecha en la que el  libro fue escrito mientras la palabra autobiográfico nos martillea en la cabeza. Diremos que eso no existe antes de leer el final del libro porque, una vez lleguemos a ello, esa excusa ya no nos sirve.

     La honestidad de una novela no está reñida con la opinión personal sobre lo que en ella se relata. En este caso y sin poner en duda su realidad me ha parecido excesivo el desaliento y relativamente sencilla la solución al caso, y eso ha provocado que luche con sentimientos encontrados frente a la novelita. En cuanto a la prosa, nada que ver, es una verdadera maravilla leer a Ernaux. No solo por la honradez que destilan sus palabras, también por la belleza de la simplicidad sin apenas adornos pero de cuidado vocabulario (aquí hay que agradecerle al traductor también su labor).

     La mujer helada trata de una mujer joven que cae en la ironía. En realidad toda la novelita es una ironía en sí misma ya que de donde se quiere ir es en donde cae. La vida misma. La desmitificación sobre lo que querían las mujeres en un momento en el que su papel venía condicionado por su sexo y el género, en definitiva, como ejecutor. Porque las decisiones, ni siquiera se valora que puedan ser tomadas. Al menos algunas.

     Me ha gustado mucho leer a Ernaux. De hecho ya tengo más libros suyos en casa. Acercáos a sus letras, os va a encantar.
 
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.