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lunes, 3 de agosto de 2026

Foto por privado. Simon Chevrier

 


     "Mis ojos son verdes. A veces el verde se mezcla con el gris, el gris con el azul y el azul con el verde. Mi nariz es larga y estrecha. Mis labios, púrpura, con frecuencia agrietados por el frío".

     Uno de los premios que más respeto es el Goncourt, por eso año tras año los leo. Esta novela lo ganó en 2025. Hoy traigo a mi estantería virtual, Foto por privado.

     Conocemos a Simon, un veinteañero con una vida amorosa más o menos normal. O una vida en general. Simon sale, usa Grindr, tiene amigos... Un mundo en el que conocer gente y tener citas es más fácil que nunca pero en el que tener una relación es... algo mucho más difícil. El lector junto con Simon descubre que el ya nos vemos, el mantengámonos en contacto... son las nuevas palabras para romper el camino a una relación estable. Y entonces llega Víctor a la vida de Simon y con él Louis. Una vida en la que el SIDA es una sombra constante. En cuanto a la parte práctica de la vida, está el cómo sobrevive, algo que su propia familia se pregunta. Simon es estudiante de idiomas, amante a medida, envía fotos, da precios. Eso es Simon y todo esto es la novela, una sucesión de capas con una cubierta de un chico chupándose un pie cuyo misterio también es importante.

     Chevrier escribe una novela ambientada, como tantas, en los años 80 para así poder hacer un seguimiento a la sociedad y su mirada al mundo lgtb así como los cambios que los gays han ido sufriendo en sus vidas. Incluso diría que llega a mucho más que eso, ya que el lector aprecia todos los cambios que ha ido sufriendo una sociedad que no observa tan meticulosamente por estar inmerso en ella. Quién podía decir hace unos años que compartir piso no sería motivo de preocupación sino normalidad impuesta por los precios de la vivienda... Pero sigamos sumando. La novela no trata solo de amor, de aplicaciones de citas, de supervivencia o de la sociedad. Ni siquiera se trata solo de la foto. Hay una ausencia que sobrevuela todo el texto y es la del padre del protagonista cuya muerte es una sombra alargada que recubre la novela. Y es que el duelo es importante, y no ya por el miedo al SIDA sino por lo sucedido durante la pandemia. Como podéis ver, suceden muchas cosas en el texto.

     Foto por privado es una novela a tres hilos que se entretejen para formar una historia impactante que no busca la cercanía del drama sino la precisión quirúrgica de la vida. Una primera novela que promete muchas otras. Tiene tantas cosas que hablar de ella es como arriesgarse a perderse en los detalles, pero se lee con la sobriedad y velocidad justa como para convertirse en una buena opción de verano.

      Foto por privado es la historia de un chico que se prostituye para poder llegar a fin de mes.

      Fijaos en todas las cosas que os dije que son esta novela. Ahora sumadlas, comprad el libro y leed.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Los años extraordinarios. Rodrigo Cortés

 


     “Nací en Salamanca recién estrenado el reinado de Carlos VII, en el periodo de transición consensuada entre la IV y la V República”.

     Estuve posando y cogiendo esta novela, o cogiendo y posando en realidad, durante varios meses hasta que me decidí finalmente. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los años extraordinarios.

     Conocemos a Jaime Fanjul, salmantino hijo de los dueños de una mercería. Y lo seguimos a lo largo de su vida, que es de lo que realmente trata este libro. Pero la gran sinopsis es: conocemos a Jaime Fanjul, salmantino de una Salamanca que no es la que nosotros conocemos, porque la Salamanca inventada de Cortés, llega a tener playa (aunque no cuando nace nuestro protagonista).

     Es fácil hablar de esta novela y quedarse en la superficie, en la llegada del mar a Salamanca, en la política que representa para España el autor, en los coches que utilizan pensamientos para moverse... explicar que habla de mentideros, que ambienta la novela a principios del siglo pasado cuando su personaje nace y que, pese a que es una gran ficción, la ambientación es magnífica. Esa parte es fácil, es lo primero que percibimos, lo que sobresale. Un poco como decir que La Torre de Pisa, está inclinada. Para esta lectora en cambio, uno de los puntos más importantes de la novela, es el tono utilizado por Cortés en boca del narrador. Un humor desbordante basado en una cierta imperturbabilidad, en la curiosidad que se muestra como obvia, en, por ejemplo, ese niño que recibe un bofetón histórico y levanta la mano para que su padre no haga ruido y así poder escuchar y experimentar con el pitido que oye (y esto es lo que le parece a él extraordinario) dentro de su cabeza. Ese momento que se cita apenas uno comienza la novela, es significativo para saber ante qué tipo de narrador estamos. Y es ese carácter aparentemente imperturbable que cuenta todo de forma socarrona, el que choca de forma brutal con lo absurdo de sus propias palabras. Con el mundo representado, empañado el autor en que lo conozcamos perfectamente para luego deformarlo y provocar la risa. Nos cuenta el narrador que él será la cuarta generación de regentes de una tienda de lencería, pero que no lo será porque la odia y su padre no lo entiende. Nos habla de la muerte de su madre y de su espíritu, solo que nos habla de él mientras estaba viva y salía de su cierto. También de su hermano y hermanas, una de las cuales es la sustituta de otra que falleció hasta el punto de llevar el mismo nombre. Como decía, un caso. Y, como corresponde a la época, el protagonista aprueba la reválida y se traslada a Madrid que no a Espuria, comienza su vida laboral, se enamora, viaja... pero todo a la manera de Cortés. Una manera ingeniosa, criticona y audaz en muchos momentos pero que funciona perfectamente tanto para llamar la atención del lector, que no termina de acostumbrarse a sus prodigios, como para captar toda su atención sobre Jaime.

     Comentaré que en esta ocasión además de leer la novela he escuchado el audiolibro leído por el propio autor y, si la novela es divertida durante la lectura, tengo que reconocer que al escucharla se me han escapado más de una carcajada. Posiblemente será cosa mía, pero el tono que le imprime a la historia es pícaro, exagerado hasta el punto de parecer una radionovela y muy muy adictivo. 

     Sostener una novela como Los años extraordinarios es difícil, y Cortés lo logra sobradamente, quizás porque lejos de caer en el absurdo, lo utiliza para dar un par de sopapos a la realidad en la que nos movemos, dejando caer clichés aprendidos, socializaciones impuestas y demás perlas así, a modo de descuido entre broma y flema.

     La novela me ha parecido fresca y, sobre todo, divertida. Dos méritos tan importantes como escasos en la novela actual y, puesto que parece que uno no puede dejar una opinión sin citar a tres o cuatro escritores y creo que yo no lo hice con ninguno, diré que no me reía tanto con un libro desde que leí El lamento de Portnoy (otro monólogo esta vez de un judío, pero esa es otra historia que ya os conté u os contaré). 
     Lean o, en su defecto, escuchen Los años extraordinarios.

     Y vosotros, ¿consumís audiolibros?

     Gracias.

lunes, 2 de agosto de 2021

La biblioteca de París. Janet Skeslien Charles

 


     "Los números flotaban alrededor de mi cabeza como estrellas. 823. Eran la llave que me abrirían la puerta de una nueva vida. 822. Constelaciones de esperanza. 841. Por la noche, en mi dormitorio; por la mañana, cuando salía a comprar croissants... Ante mis ojos desfilaba una serie tras otra, 810, 840, 890... Esos números representaban la libertad, el futuro. Además de los números, me había estudiado la historia de las bibliotecas desde el siglo XVI".

     Ya lo he comentado más veces pero lo haré una vez más. Un lector es un ser que presume de sus vicios, los disfruta, los muestra. Es una persona exhibicionista a la que además le gusta leer sobre su vicio favorito. Hoy traigo a mi estantería virtual, La Biblioteca de Paris.

     Conocemos a Odile, una joven que tiene todo lo que hubiera podido desear y que ve como la guerra trastoca profundamente su vida. Su trabajo en la Biblioteca Americana de París se convierte en un punto vital en el que, no solo puede ver peligrar sus amados libros, si no que también sirve como zona de refugiados, de hecho su hermano llega a ponerse en peligro por las actividades relacionadas con la biblioteca que realiza. Odile además se enfrenta a sus propias ideas que le hacen cuestionarse a algunas de sus personas más cercanas. Años más tarde Odile vive en una zona rural de Montana y aunque no es la mujer con más relaciones del mundo, la enfermedad de una vecina provoca un acercamiento a su hija adolescente, Lily, durante el cual rememorará su historia.

     Supongo que un resumen más rápido diría que La biblioteca de París cuenta la historia de los bibliotecarios en esa ciudad durante la Segunda Guerra Mundial y, bueno, luego está el hilo de los 80, que no me ha entusiasmado precisamente. Es cierto que la doble línea temporal es habitual y que en este caso Lily es importante porque es la vecina de Odile con la que va descubriendo puntos en común y un misterio . El primero es qué pinta esa mujer en la otra punta del mundo y por qué la vemos tan sola.

     Resulta curioso cuando en una novela narrada a dos tiempos el lector descubre la pasión del autor. En este caso está claro que es París y la Bilbioteca. Hay un entramado de pequeños personajes e historias secundarias, de detalles que son accesorios a la trama principal pero que la complementan dándole interés, aportando al lector ese suelo de credibilidad que tanto disfruta en este tipo de novelas de ficción histórica. Cuando eso sucede y uno aterriza en el otro hilo, sucede que... bueno, Lily a veces es graciosa. Y ya. Por eso lucha contra la tentación de leer en diagonal pero se da cuenta de que son los momentos en los que interrumpe la lectura. La novela carece de equilibrio entre pasado y presente salvo en los momentos en los que el presente lo toma la voz que relata el pasado, porque eso indica cambio. La historia de Odile se llena de pasión por los libros, de soldados, personajes fascinantes que se esconden o que ayudan a esconder, la Gestapo... A Lily... bueno, a Lily le gusta un chico. Es cierto que la joven también tiene que afrontar la vida en un momento dado y que eso debería de haber empujado a la novela, pero realmente no consigue arrancar en ese punto porque una parte de la historia ya se ha comido a la otra. Además poco a poco Charles conduce al lector a un final que no parece corresponderse con el resto de la novela o con la actitud de la Odile que ya conocemos, por lo que se antoja precipitado y sin demasiado sentido. Aunque, como siempre digo en estos casos, hablo de mi percepción, posiblemente hay un montón de lectores que lo han disfrutado y les ha parecido perfecto.

     La biblioteca de París es una novela sobre el amor a los libros y su importancia, una forma de ver la Segunda Guerra Mundial desde la mirada de una amante de los libros que parece concebida para sus iguales. Aun así a mi se me ha antojado una novela coja con partes sobrantes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 28 de julio de 2021

Liquidación. Imre Kertész

 


     "Vivimos en la época de la catástrofe, cada ser humano es portador de la catástrofe, y por eso se necesita un saber vivir muy particular para seguir tirando, dijo. El hombre de la catástrofe carece de destino, carece de cualidades, carece de carácter".

     Hay libros que amas y libros que odias, y ante este blanco y negro solo queda un tercer tipo de libros, aquel que comienzas con un sentimiento para terminar en el opuesto; todos los puntos intermedios se olvidan o diluyen. Al final solo quedan los libros que uno ama. Y los que odia. Hoy traigo a mi estantería virtual, Liquidación.

     Conocemos a Keserü, editor. También a B, escritor, y a su exmujer, Judith. Y ahora, me explico. 
B se ha suicidado, y el hecho de que sea llamado B es importante porque enlaza con uno de los temas básicos dentro de la literatura de Kertész. Keserü, narrador durante casi todo el libro, es su editor, y sabe o cree saber que B ha escrito algo que tiene que ser encontrado. Pero el autor pidió que quemaran sus papeles, dónde está o si está la novela es un misterio. Aunque sí ha dejado otras novelas o papeles, como por ejemplo "Liquidación" que no trata sobre el Holocausto, aunque para estas alturas sabemos que es importante, trata de... bueno, se adelanta en el tiempo y allí Keserü está buscando la novela de B. En realidad, como podéis ver, es todo un tanto confuso y eso que no os he hablado de Hungría ni del momento elegido por B para suicidarse. Porque podría embrollarlo aún más. Solo que yo no tendría la pericia suficiente como para desembrollarlo (o me hubieran dado el nobel, sic.).

     Kertész en un escritor diferente cuya obra encaja perfectamente con lo que explicaba al comienzo de esta reseña. Es complicado, enrevesado hasta casi lo experimental y, a la vez, posee una fuerza narrativa capaz de sobrecoger al lector. Resulta llamativo que estamos, eso es seguro, en una novela sobre Auschwitz en la que la búsqueda no la realiza B, lo hace una persona que no es de origen judío, tanto como que Judith, que sí lo es, sea capaz de dar voz a varios caminos para vivir tras algo semejante. Incluso el autor la redime de su propia vida, en la que junto a su esposo, el primero, no pudo alcanzar lo soñado, para llegar junto al segundo a una felicidad que siempre se va a ver ensombrecida por el recuerdo o tal vez por la identidad.
     He comentado antes que Liquidación es el título de algo así como la intraobra de B, lo que no he dicho es que el escritor no hace de este hecho uno de los puntos capitales en la medida en la que sus personajes no parecen estar particularmente sobrecogidos y no lo convierte en el tema capital de la novela. Hungría y su represión, la caída del régimen como detonante de la acción de B y por lo tanto de la novela, tampoco es el tema principal y la introspección de los personajes que aparecen y el holocausto.. bueno, ese es el tema principal, así generalizando mucho, de la obra de Kertész. Y entonces qué nos deja en su novela... pues un juego de explicaciones y espejos que comienza con más extrañeza que entusiasmo pero que consigue que el lector no separe la vista de sus páginas. Una novela imposible sobre un presente improbable de un mundo que parece haberse resquebrajado tras el mentado juego. Y una pregunta capital: ¿qué hacer cuando todo cambia? Cuando el papel se agota, la tarea se termina, la representación finaliza o el régimen cae... qué sucede cuando al fin se alcanza la ansiada cuota de libertad tras soñarla durante un tiempo. Y ese, es el gran tema de la novela de Kertész y sobre él gira todo. Tanto el descubrimiento de la vida de B como la situación última de su editor una vez ha pasado todo que es cuando comienza la historia. Qué sucede con la culpa, qué sucede con la vida, ¿existe la libertad? Y aquí vuelvo a recordar a Judith en su frase lapidaria afirmando que ahora es feliz. Pocas veces una frase tan "positiva" encerró tanto sufrimiento entre sus letras.

     Liquidación no es una obra fácil pero, como sucede con muchas obras que no son fáciles, despiertan una parte del lector que le hace querer seguir leyendo. Personalmente lo he disfrutado tanto durante la lectura como al reposarla e ir encajando piezas y significados. Kafkiana, dicen. Rara, aclaro yo. Pero a mi, me gusta lo raro.

     Una pregunta: ¿me recomendáis un libro para las vacaciones?

     Gracias.

     PD. El autor tiene otra obra titulada Kaddish por el hijo no nacido. Cuentan las malas lenguas que esa novela es la que B firmó y que buscaron de forma incesante en Liquidación. No en vano vemos pasar algunos de sus personajes por ella. Decidme si no es un juego maravilloso...

miércoles, 16 de junio de 2021

Después. Stephen King

 


     "Los muertos están obligados a decir la verdad, algo que viene bien cuando quieres conocer la respuesta a una pregunta, pero, como he comentado, la verdad puede ser un auténtico asco".

     Libro de King que sale, libro que me compro. Es un vicio como otro cualquiera. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Después.

     Conocemos a Jamie en la veintena y llega dispuesto a contarnos su historia. Una historia que comenzó el día en que vio a su primer muerto o, mejor dicho, su primer espectro. Porque Jamie ve muertos, algo que puede ser útil siempre que los muertos no den miedo. En realidad todos los muertos pueden dar miedo, solo que los hay de dos tipos: los que dan miedo porque conservan el aspecto que tenían al morir y eso puede significar que lleven heridas atroces, y los que dan miedo de verdad, por dentro.

     Comenzaba diciendo que soy fan de King, lo que supone que comencé hace años a leerlo, en mi adolescencia, y que su terror era bastante efectivo. Con el paso de los años un lector pierde la inocencia y el terror, ayudado por películas y videojuegos, evoluciona. King en cambio permanece inmutable.

Cierto es que le gusta colocar a algún pobre hombre en las inmediaciones de Maine y dedicarse a putearlo de forma incansable hasta que el pobre hombre llega a su límite. Pero también lo es que a King le encantan sus niños en bicicleta. En esta ocasión al tratarse de un recuerdo de la infancia tenemos precisamente a un niño, con o sin bicicleta, que le toca ver espectros de muertos. Cambia de lugar pero no de piel y el niño nos cuenta su historia dejándonos averiguar lo que él quiere y cuando él quiere. Y nos anuncia ya en la primera página: estamos ante una historia de terror. El caso es que, cuando alguien muere, el niño es capaz de verlo (y tiende a saludarlo con la mano)  e incluso hablar con él si no ha muerto hace demasiado tiempo. Y vive entre el temor de ver a un accidentado terrible que le haga temblar y el de ser tratado como un loco si se descubre su gran secreto. Cuando iniciamos la historia, solo su madre lo sabe. Y ni siquiera habla de ello. Al menos hasta que le resulta útil. Y me diréis entonces que para qué puede resultar útil un muerto. Bien, desde encontrar un manuscrito hasta descubrir un culpable o un escondite no compartido en vida son algunas de las aplicaciones de este don que se amparan en que los muertos no mienten. Pero en esta vida todo tiene su riesgo y quizás alguno de estos muertos, sobre todo si se trata de una persona no demasiado recomendable, pueden albergar en su interior algo que asuste mucho más que una cara destrozada. Y luego están los vivos. Porque si algo aprende Jamie es que el mal existe en vida exactamente igual que tras la muerte, y le va a tocar experimentarlo muy de cerca. No diré de mano de quién puesto que se trata de un libro corto, pero lo cierto es que, tratándose de malvados, aquí la vida se lleva el premio gordo.

     Como he dicho la novela es corta y el lector asiste a ella más como una introducción a las novelas clásicas de King que como una historia completa y es que, una vez que lo terminas, te quedas preguntándote qué habrá pasado con un par de flecos bastante importantes que se suponía iban a asustarte y se quedaron, como mucho, en poco alegres. Ya sé que no soy la persona adolescente que alucinaba con payasos metidos en alcantarillas o con enfermeras que tenían a un cerdo de mascota y un escritor de rehén, pero también lo es que aquí falta profundidad en la historia como para lograr que realmente me importe lo que sucede o llegue a empatizar con el miedo del protagonista que no llega a trascender en ningún momento las páginas del libro. Toca una parte policiaca de forma importante al fijarse en la pareja de la madre de Jamie pero, ni con mucha imaginación alcanza la calidad de Mr Mercedes. Y es que, pese a mis buenos ojos y mi lectura nostálgica, tengo que reconocer que se ha quedado corto en más de un sentido.

     Después se anuncia, incluso por el propio narrador, como una novela de terror. Y ante eso tengo que decirle al señor King: lo siento querido, pero esto no es una novela de terror. Al menos no a la altura que sabemos que llega. Y tras esto solo añadir que por supuesto que voy a seguir leyendo al maestro, para qué fingir lo contrario.

     Y vosotros, ¿ qué libro tenéis entre manos esta semana?

     Gracias.

viernes, 14 de mayo de 2021

La mitad evanescente. Brit Bennett



     "La mañana en que una de las gemelas perdidas regresó a Mallard, Lou LeBon corrió hasta la cafetería para anunciarlo, e incluso ahora, pasados muchos años, todo el mundo recuerda la alteración de Lou cuando, sudoroso, abrió de un empujón las puertas de cristal, con el pecho agitado, el cuello de la camiseta oscurecido por su propio esfuerzo. Los clientes, medio adormilados, prorrumpieron en un griterío alrededor de él; eran unos diez, si bien posteriormente serían muchos más los que mentirían y dirían que también ellos estuvieron allí, aunque solo fuera para simular que por una vez habían presenciado algo de verdad emocionante. En aquella localidad agrícola, nunca ocurría nada sorprendente, no desde la desaparición de las gemelas Vignes. Pero esa mañana de abril de 1968 Lou, de camino al trabajo, vio a Desiree Vignes recorrer a pie Partridge Road, cargada con una pequeña maleta de cuero".

     Desde el minuto cero me interesó la premisa de la que partía esta novela. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mitad evanescente.

     Conocemos Mallard, en Virginia, un lugar habitado por negros con piel clara en el que se valora mucho esta cualidad. Y las gemelas Vignes, descendientes del fundador del lugar, son un ejemplo: espigadas, rubias y de ojos violetas, nadie sería capaz de adivinar su origen. Por eso cuando se fugan se produce una conmoción. Además no se mantienen unidas, ambas se separan y pierden el contacto entre ellas. Cuando la novela comienza Desiree regresa sin saber dónde está su hermana Stella. Han pasado 14 años y lleva una niña llamada Jude de la mano. La niña es negra como el carbón.

     Dividida en cinco partes esta novela recorre la vida de las gemelas y de sus hijas, y lo hace en una búsqueda constante de la identidad. Hay que decir que durante la época más discriminatoria de Estados Unidos existía la "regla de la gota de sangre" que decía que si tenías sangre negra, ya no podía ser considerado blanco. Además de esta han tenido otras lindezas como la llamada "brown paper bag" que clasificaba a la gente de color en función de la comparativa del tono de su piel gradando a partir del de una bolsa de papel. Si pongo este antecedente es porque la autora parte de una localidad imaginaria formada por negros con piel clara que se sienten orgullosos de su piel  clara y se pretenden asegurar la permanencia de su comunidad gracias a los matrimonios más adecuados. Y este es el entorno en el que nacen Stella y Desiree y del que huyen hacia la libertad de Nueva Orleans. Pero de eso nos vamos a ir enterando poco a poco ya que la autora divide el libro según los años en los que se desarrolla y que mezcla con flashbacks que nos van descubriendo a sus personajes. De este modo construye una novela sobre la identidad que se retuerce sobre sí misma al convertir a los hijos en herederos de las mismas inseguridades que tuvieron sus padres. Asistiremos a la vida de Desiree, que se enamora de un hombre negro y acaba regresando con una hermana perdida a un hogar que asiste estupefacto a sus marcas y su hija como pecado, y también a la de Stella, que ha decidido renegar de sus orígenes y vivir como una persona blanca que incluso protesta cuando una familia de color llega a su vecindario. Pero la historia no es completa si no aparece la descendencia, si esta no se encuentra, si no hay enredos y secretos que se descubren (o no). Y de eso trata esta novela en la que la autora parece hacernos reflexionar sobre algo que todos deberíamos de tener muy claro y es que, en el fondo, somos lo que somos. Por mucho que nos empeñemos.
      Escrita con un buen ritmo y frases medidas busca tanto el interés como la reflexión, muestra complejos (no solo relacionados con el color), relaciones familiares, huidas aunque no siempre avanzando y encuentros y desencuentros que no buscan almibarar la trama, si no aportar una línea en la que, como dice en un momento dado Kennedy, el problema no es ser negra si naces negra, el problema es que no ha nacido así. Como digo, muy interesante.
     Es cierto que la autora mide a los personajes con una vara tan rígida que no les deja desarrollarse tanto como me hubiera gustado y, si bien el personaje de Stella resultó uno de los más interesantes, me hubiera gustado "ver" más el interior de cada uno de ellos, pero queda compensado por la estupenda forma de contar la historia que tiene Bennett.

     Queda posiblemente una de las sinopsis más superficiales que he escrito últimamente pero no serviría de mucho hacer una hoja de ruta de los personajes que no iba a reflejar el sentimiento de inestabilidad que se logra sentir y que además eliminaría el interés en la trama dejando solo a quienes me lean el fondo como excusa para leer el libro (y eso es como ir a ver una película sabiendo lo que sucede solo porque tiene muy buena fotografía).

     La mitad evanescente me ha parecido una buena opción, inteligente y bien llevada, sobre la búsqueda del lugar en el mundo de quien no se siente parte de ninguna parte. Y, sobre todo, de la búsqueda de la propia identidad. Una opción muy a tener en cuenta.

     Y ahora que ya he dejado la parte sesuda diré que me gusta mucho la cubierta. Y sí, también la valoro a la hora de elegir un libro, decantándome muchas veces por la opción digital si la edición me parece fea. Y vosotros, ¿sois así de superficiales?

     Gracias.

lunes, 1 de marzo de 2021

Una sala llena de corazones rotos. Anne Tyler

 


     "Es inevitable preguntarse qué le pasa por la cabeza a un hombre como Micah Mortimer. Vive solo; es reservado; su rutina está grabada en piedra. Todas las mañanas a las siete y cuarto se le ve salir a correr. Alrededor de las diez o las diez y media pega el cartel magnético de TECNOERMITAÑO en el techo de su Kia. Las horas a las que sale para atender llamadas varían, pero no hay prácticamente ni un solo día en el que los clientes no requieran sus servicios. Por las tardes, siempre lo vemos haciendo arreglos en el edificio donde vive; hace doblete como hombre de mantenimiento. A veces barre el camino de entrada, otras sacude el felpudo o charla con un fontanero. Los lunes por la noche, la víspera del día de recogida de residuos generales, acerca los cubos de basura a la calleja; los miércoles por la noche, los cubos de reciclaje. A las diez de la noche, más o menos, las tres ventanas entrecerradas del sótano se oscurecen. (Sí, su piso está en el sótano. No debe de ser muy alegre.)"

     Anne Tyler es una de esas autoras fáciles de leer y con la que es fácil empatizar. Si veo un libro suyo, lo compro segura de pasar un rato más o menos agradable sin necesidad siquiera de mirar su sinopsis. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Una sala llena de corazones rotos.

     Conocemos a Micah. Viene de una familia bulliciosa y desordenada que lo ha llevado a mediana edad a valorar el orden por encima de todo. Vive solo y le va bien, tiene una amiga a la que no va a llamar novia formal que lo quiere razonablemente... pero bueno, empiezan los problemas. En primer lugar Cass, su novia, le cuenta que la echaron de donde vive por el gato. Y claro, una novia esperaría lo que espera Cass, aunque uno se pregunte qué ve en este hombre pluriempleado de una forma peculiar. En este, vamos a decirlo, raro.

     Una cosa con la que suelo disfrutar es con los protagonistas de Tyler. Esas personas razonablemente aburridas y muchas veces rutinarias que se sienten satisfechos con sus pequeños logros como un buen aparcamiento. Lo cierto es que los leo y no puedo evitar pensar: conozco gente así. La gracia de Micah está además en que él se siente bien consigo mismo porque ha buscado una vida ordenada que dominar y, más o menos controlar, pero entonces llega Tyler y se la pone patas arriba en el terreno personal, el más ingobernable de todos los terrenos. Y lo divertido de hacerlo es que, en uno de sus empleos, hemos visto como el protagonista se pregunta que sería de la gente a la que ayuda normalmente con contraseñas perdidas, o qué es de ellos, cómo viven y, de reojo, qué sería de su vida si alguien la trastocara. Y justo Tyler lo hace. Y lo hace no solo porque puede, faltaría más, también para que tengamos claro el tono irónico que domina toda la novela en la que el narrador nos deja opiniones o comentarios tan cercanos que uno sabe que está hablando con la propia autora pese a que no sea una conversación. Total, que su novia espera vivir con él y, como las desgracias nunca vienen solas, un chaval se planta en su puerta para decirle que es su hijo. 
Ante todo esto Micah se ha convertido en el centro de atención del lector. Hemos visto sus problemas para relacionarse, y también hemos pensado eso de: "Para que Micah se de cuenta, cómo será el chaval". Lo hemos visto equivocarse, hablarse con un acento ridículo (o así me lo imaginaba yo) y nos hemos preguntado qué narices le pasa por la cabeza cuando Cass le cuenta su problema y él se queda inmune provocando la ruptura.

     La novela, corta porque tampoco da para mucho más la historia, es entretenida. Uno se sienta a leer como si estuviera viendo una sitcom, con su punto de humor y esa suerte de tragicomedia que tiñe toda la trama. Me ha resultado agradable, posiblemente olvidable en unas semanas y más que presumiblemente una buena opción televisiva en el caso de que alguien se interese por ella. Pero nada más. Lo cual no significa que sea poco. Todo depende de lo que se busque en cada momento.

     Una sala llena de corazones rotos es una novelita entretenida que se lee en un par de tardes.

     Gracias.

     PD. Tecnoermitaño como concepto. Lo tenía que poner.

lunes, 1 de febrero de 2021

La loca de la casa. Rosa Montero

 


      "Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros. Las diversas parejas que he tenido y las obras que he publicado son los mojones que marcan mi memoria, convirtiendo el informe barullo del tiempo en algo organizado. «Ah, aquel viaje a Japón debió de ser en la época en la que estaba con J., poco después de escribir Te trataré como a una reina», me digo, e inmediatamente las reminiscencias de aquel periodo, las desgastadas pizcas del pasado, parecen colocarse en su lugar. Todos los humanos recurrimos a trucos semejantes; sé de personas que cuentan sus vidas por las casas en las que han residido, o por los hijos, o por los empleos, e incluso por los coches. Puede que esa obsesión que algunos muestran por cambiar de automóvil cada año no sea más que una estrategia desesperada para tener algo que recordar".


     Me gusta Rosa Montero, no solo sus novelas imaginativas, me gusta ella, la forma en que se expresa, sus gestos... y también sus novelas más privadas. Solo me faltaba un libro que abordara la literatura como tal. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La loca de la casa.

     Si Truman Capote hablaba de Plegarias atendidas citando a Santa Teresa, Rosa Montero hace lo propio con La loca de la casa aludiendo a la forma en que la santa se refería a la imaginación. Y es que en La loca de la casa Rosa Montero nos habla de ella misma, aunque no sea del todo cierto lo que nos cuenta o tal vez sí, y también de literatura. Nos habla de otros escritores, sentimientos, impresiones y uno tiene la sensación de estar ante un libro de propias anotaciones que destila amor por la literatura. Y eso, a los lectores empedernidos, nos encanta. Sabemos que la parte personal es engañosa, leemos experiencias que cambian cada vez que las cita y descubrimos una mezcla entre lo que fue y tal vez lo que deseo o lo que quiso o, por qué no, lo que pudo ser. Nos habla de sus lecturas y de sus autores, con sus partes buenas y malas en esa suerte de cotilleo en el que nos cuenta debilidades de nombres hoy consagrados y que yo desconocía. Esas que uno apunta tomando nota de que, a fin de cuentas, son personas y también se mete, porque por qué no hacerlo puestos ya, a hablar de las relaciones literarias modernas. Esas que incluyen a escritores y críticos y hablan de lealtad o de poder o a saber Dios qué.
A lo largo de la lectura de esta suerte de ensayo novelado o novela ensayada tuve muchas veces la sensación de una cierta complacencia con el lector al que deja frases colocadas para ser anotadas sobre la creación literaria, las inseguridades y el amor a la literatura, pero lejos de estorbarme parecía formar parte del juego de medias verdades que se avisa en la propia novela. Y es que cuando he dicho que Montero recuerda o imagina es porque ella misma lo advierte y el lector acepta el pacto de disfrutar los caminos elegidos sin plantearse demasiado hasta qué punto sucedió. 

     Lo cierto es que La loca de la casa es un libro de fácil lectura y mejor digestión que uno termina con una sonrisa y disfruta desde las primeras páginas. Quizás, y por ponerme puntillosa, no necesito que a ratos me hable con tanta confianza, pero también es cierto que la mitad de las cosas que cuenta serían propias de ser relatadas por un amigo de esos que uno sabe que exagera o con el que juegas a imaginas cómo te hubiera gustado que sucediera tal o cual noche. No me importa demasiado quién es M o si es uno o si son varios ni tampoco en qué encuentro me engaña o si estuvo o no tal o cual actor misterioso porque me quedo con la parte metaficticia, autoliteraria o como cada cual lo quiera definir. El caso es que, como ya me ha sucedido con otros libros, me quedo con Rosa Montero y su particular oda a la literatura que es este libro.

     Descubrir anécdotas literarias es uno de los placeres de La loca de la casa y por eso, aunque he hablado un poco de la parte más personal, no os he contado de Woolf, Goethe o Capote, por poner un ejemplo. Esa parte la dejo para que cada cual la descubra y disfrute mientras anota qué biografías le interesan, le convienen o le pueden interesar. Tampoco he puesto las citas que hablan de la literatura, la creación, la soledad del escritor, sentarse y no escribir o mil pequeños detalles que desgrana para deleite de cualquier aficionado a los libros y, tal vez, más aún de cualquier otro escritor. Eso también os lo dejo descubrir. Y digo que os lo dejo descubrir porque os recomiendo su lectura. 

     Lean, lean ustedes La loca de la casa. 

     Gracias.

miércoles, 27 de enero de 2021

Delatora. Joyce Carol Oates



     "Repudiada 
     Hubo una época en que yo era la favorita de papá, de entre sus siete hijos. 
     Antes de que algo terrible sucediera entre nosotros, algo que todavía estoy tratando de solucionar. 
     Fue en noviembre de 1991. En aquel momento tenía doce años y siete meses. Mi padre me mandó al exilio. ¡Trece años exiliada! Puede que para un adulto no sea mucho tiempo; para una adolescente es toda una vida. 
      ¿Quién es la niñita de papá?"

     Me gusta Oates. Nos conocemos hace años, en las páginas de sus libros, y ya sabemos de nuestras virtudes y defectos. Se hacia dónde carga tintas y ella sabe hasta dónde puede llegar conmigo en un asalto. Es cómodo, me gusta. Sé que puedo parar de leer porque al retomar la lectura se esforzará en volver a cautivarme. Nos entendemos, se viene conmigo. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Delatora.

      Conocemos a Violet, séptima hija de una familia católica irlandesa de siete hijos. En realidad son irlandeses de Nueva York y allí es donde esta niña de 12 años disfruta de su status de favorita de la casa. Es niña y la pequeña, poco más hay que añadir.

     Violet delató a sus hermanos cuando estos mataron a un chico negro. Ellos fueron a prisión pero ella también recibió el castigo que se reserva a los chivatos que son incapaces de ser leales a su familia. Repudiada, sin perdón por su falta, la seguiremos a lo largo de dos décadas en una vida de culpa y búsqueda en un entorno complicado que irán forjando a una superviviente.

     Hay mucho más detrás de la novela de Oates que la vida de una delatora que es incapaz de perdonarse y busca a la vez el perdón. Es más que la vida de una superviviente que acepta como si fueran merecidos los abusos, como una suerte de purga de su culpa. Mucho más. Oates regresa a sus temas, entra esta vez en un entorno familiar tóxico con un padre con un trabajo obrero, afición desmedida por el alcohol y tendencias brutales. Un hombre que mide bajo el mismo ojo a sus hijos y a sus hijas. Y no es precisamente el ojo de la igualdad. Ellos son brutos y ellas han de ser chicas hermosas y sexys, pero sin pasarse. Ellos son apenas educados más allá de ese trato casi animal. De hecho es fácil que el lector se escandalice ante un primer acto de Lionel y Jerome que apenas es castigado por llamarlo de alguna manera. Y de ahí, al asesinato en una sucesión brutal de imágenes cargadas por el razonamiento inicial de estos dos hermanos mayores de la protagonista. Y un chico negro acaba muerto mientras que los dos chicos no se esconden de su hermana al llegar a casa. Violet los ve y deduce lógicamente lo sucedido, mientras el lector descubre nuevamente el verdadero tema de la novela. Intenta hablar y explicarse, pero no la escuchan o, si lo hacen, ella es la amonestada: por el amor de Dios, son sus hermanos, es su familia... Y cuando finalmente alguien la escucha, sus hermanos van a prisión y ella es una rata delatora. Es apartada de la familia, pasa por un hogar de acogida y acaba con su tía. Su vida no irá a mejor y tampoco será un campo de margaritas. Pero nadie lo espera, estamos leyendo a Oates. Sabemos que los conflictos raciales y sociales marcan su obra, como también lo hacen la violencia masculina y la victimización de las mujeres. Son temas perennes, están ahí tanto como lo hacen en la calle, en la sociedad actual. En su novela no hay piedad para la protagonista, a veces incluso nos preguntaremos si estamos antes una bildungsroman que transita por los tortuosos caminos del infierno. Pero no es la única por la que la autora no parece tener piedad, los hombres en este libro sufren la misma suerte aunque no por el mismo camino. Esta vez es Oates quien no tiene piedad y no da opción en sus juicios.

     Delatora es un libro implacable, hay racismo, misoginia, violencia y abusos y su lectura, la de Violet en su vida y la forma en que va viendo el lugar que ocupa es tan actual, pese a que opta por ambientarlo hace treinta años, como descorazonadora. Por supuesto que son extremos y por supuesto que es ficción y el lector jamás deja de ser consciente de eso. Porque si no lo fuera, se asfixiaría... exactamente igual que lo había con cualquier otro final diferente al elegido por la autora. Aunque, si han leído el libro, piensen un momento... sí, justo eso, ya ven de mano de quién vino.

     Delatora es una gran novela. Con la pluma a la que Oates tiene acostumbrados a sus incondicionales. Y de toda esta opinión quizás esa sea la palabra más importante: implacable: no hay nada de la soleada cubierta en la novela, allí todo es oscuridad. Con todo lo que eso pueda significar.

     Y vosotros, ¿ya conocéis a Oates?

     Gracias.

    

lunes, 25 de enero de 2021

64. Hideo Yokoyama

 


     "Los copos de nieve danzaban en la penumbra del anochecer. 
      Tenía las piernas tan entumecidas que le costó bajar del taxi. En la entrada de la comisaría los esperaba un miembro de la policía científica cobijado en el abrigo reglamentario. Éste los condujo al interior. Cruzaron el despacho donde trabajaban los agentes de guardia y por un pasillo apenas iluminado llegaron a una puerta que daba al aparcamiento para el personal. 
      Al fondo del recinto se alzaba la morgue, un edificio aislado sin ventanas y con tejado de zinc. El ronroneo del extractor le reveló que dentro había un cadáver. El agente de la científica abrió con llave y se apartó indicándoles con la mirada que esperaría fuera como muestra de respeto. 
      «No me he acordado de rezar...»".

     El thriller del año que ha salido en enero fue publicado hace casi diez y por fin llega a nuestras librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, 64.

     Conocemos a Mikami, un detective más que veterano que ha sido transferido en la policía esta vez al departamento que sirve de enlace con la prensa. Un lugar complicado ya que no solo tiene que medir la información que reciben, también tiene que resistir a sus presiones y hacer de freno. Preocupado por la desaparición de su hija le toca además orquestar la reunión con un alto cargo policial que llega de Tokio en una reunión que tiene que incluir al padre de una niña desaparecida hace 14 años y por eso el Comisionado lo va a revisar, está a punto de prescribir. Con el padre de la niña claramente enfrentado con una policía que no hizo bien su trabajo, es fácil entender que no tenga ningún interés en reunirse con el Comisionado para aparecer en una foto.

     64 se refiere al año en que desaparece la niña, 1989. 
     Dicho esto os habréis fijado que no me he puesto a poner los nombres de los personajes, y esto es porque son un engorro. En un libro de más de seiscientas páginas da tiempo a que aparezca mucha gente y si el libro se mueve entre vericuetos administrativos y pugnas prensa vs policía, ya ni os cuento. Y es que el libro es lento y, a ratos, grandes, incluso aburrido. El autor abre varios hilos aunque deja claro que el central será la desaparición de la niña hace años y los secretos que se han ido manteniendo ocultos en el tiempo. Los errores policiales no se airean, está claro. Pero no ha sabido darle la acción necesaria. Todo en el libro es lento y engorroso, la relación entre policía y prensa sigue y sigue entre tensiones y el lector siente la tentación de leer en diagonal algunas partes. Pero aguanto y no lo hago, a fin de cuentas es el libro del año y muchos somos los que protestamos de que todo thriller tenga que ser trepidante. La novela de Yokoyama no lo es, es meticulosa hasta lo enfermizo y requiere paciencia hasta llegar a los descubrimientos y giros, que los hay. Pero tienes que llegar a ellos. Por el camino hay un accidente y la prensa presiona para conocer la identidad de la conductora, Mikami los habla de otro caso que cree los puede entretener pero su estrategia no funciona y tirando de hilos y mordazas llegan sus sospechas. Empiezan las visitas y las llamadas que van descubriendo secretos o tretas administrativas, depende del caso, y la novela sigue y sigue dando vueltas (y nombres) mientras el lector se pregunta si realmente es necesaria tanta vuelta y tanta parafernalia para relatar una historia que con la mitad de páginas hubiera sido el doble de interesante. 
     Yokoyama vendió más que Murakami en su momento con esta novela. Y yo entiendo que la literatura nipona es diferente a la nuestra y suele tener musicalidad, que esta novela no tiene, y un costumbrismo que aquí me ha parecido casi un manual laboral del narrador. 

     64 ha resultado una novela curiosa. Cuando uno ve buenas críticas y recibe la sensación contraria durante la lectura, incluso aunque en la última parte mejore, se siente desconectado del resto de los lectores, ajeno. Al final uno se pregunta si el problema es propio y no del libro, y opta por no desrrecomendarlo, más bien justo lo contrario. Se genera un interés renovado en hablar del libro con los entusiastas, intentar acercarse a su prisma y ver qué es lo que falló durante la lectura. Os invito a contarme si lo habéis leído. A fin de cuentas, como ya he dicho muchas veces, yo no soy crítico, soy una simple lectora. Y si algo nos gusta a los lectores, es compartir opiniones de nuestro vicio favorito.

     Por cierto, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Línea de fuego. Arturo Pérez-Reverte

 


     "Son las 00:15 y no hay luna. 
      Agachadas en la oscuridad, inmóviles y en silencio, las dieciocho mujeres de la sección de transmisiones observan el denso desfile de sombras que se dirige a la orilla del río. 
      No se oye ni una voz, ni un susurro. Sólo el sonido de los pasos, cientos de ellos, en la tierra mojada por el relente nocturno; y a veces, el leve entrechocar metálico de fusiles, bayonetas, cascos de acero y cantimploras".

     He tardado, pero tenía curiosidad y la quería leer con calma. Hoy traigo a mi estantería virtual, Línea de fuego.

    La Guerra Civil a modo de crónica contada por quienes la vivieron.

     Mas o menos ese es el resumen, solo que Reverte se toma sus licencias para poder contarnos su visión de la guerra. Así que no tengo claro si es mejor contaros el libro o contaros lo que nos ha dicho Reverte en él. De entrada hay que hablar de las licencias que se toma, puesto que ni las mujeres con las que empieza ni la propia batalla objeto de la novela existieron como tales. Es decir, es ficción (y por eso el epílogo no me ha parecido necesario). Precisamente porque es ficción nos encontramos en la novela a Reverte por todas partes. Incluso "Pato" es Reverte, y pato es una mujer. Y es que el autor desde Alatriste se ha sentido cada vez más cómodo en esa piel que ya nos sabemos de memoria, ese señor entrado en años al que nadie llamaría maduro porque por supuesto no lo parece es perro viejo, pero viejoven o algo así que escupe y aprieta los dientes e impresiona. Un personaje que trasciende al narrador que habla con ese tono chulesco un tanto trasnochado que ya sabemos nos vamos a encontrar. Así es su obra, y así es en este libro incluso una mujer. 
Y allí nos vemos en la guerra de trincheras que tan bien nos ha dicho que conoce y que representa como el sinsentido que es la muerte incluyendo al desgraciado que solo quiere irse pero que parece incapaz. Y nos habla de bandos y de ideales, pocos, porque la gente muerte de forma mundana, por un balazo por ejemplo, por asomar cuando no debe o un descuido, por el calor del momento, por no pensar. Por ideales van los justos (de número) y el autor además busca no premiar a unos sobre otros para que nadie le busque al libro una cojera ideológica que se ha esforzado en evitar. Supongo que por eso me he quedado con una duda, una pregunta que le haría al respecto de esas que uno luego no se atreve a plantear pero que resuenan mientras lee la novela.

     Novelas sobre la guerra civil hay muchas. Y si miramos el horizonte es fácil pensar que muchos empiezan a afilar el lápiz para fechas venideras y que junto a los libros de Mauthausen estarán estos otros. ¿Que tiene esta de diferente? Que la línea de ficción no existe más allá de una batalla, que es un cronista que nos cuenta una guerra que en sus formas nos suena trasnochada porque la vida ha cambiado y las guerras también. Y que nos enseña, pese al trasnoche y tono que comentaba antes, la sensación de que hay algo que permanece en cualquier conflicto y es que en las guerras, se muere. Dicho así parece una tontería pero en el mundo actual en el que las cifras bailan y se televisa absolutamente todo, corremos el riesgo de olvidar que a veces no es una película y que no hay nadie que diga "corten" para que todo el mundo se levante y siga su camino. Desconozco si era esa la intención del autor, pero es el mensaje que yo he recogido y me ha gustado. El mensaje digo, la novela me ha parecido excesiva en muchos sentidos. A ratos incluso agotadora.

     Línea de fuego es un libro sobre la Guerra Civil para quienes no busquen una novela clásica. Una historia coral del ruido de la batalla.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Un matrimonio perfecto. Elizabeth von Arnim

 


    Ni sé el tiempo que hace que me compré este libro. Más que nada porque ha aparecido en un rincón, ¡dentro de un armario! La cosa es que apareció y me lo leí y así llegamos a lo importante que es que hoy traigo a mi estantería virtual, Un matrimonio perfecto.

     Conocemos a Lucy, una joven que pierde a su padre y queda desolada. Y también a Wemyss un hombre mayor que ella que no puede evitar fijarse en la joven. Ella se siente sola y él, que también acaba de perder a su mujer, está devastado por la pérdida. Así ambos y tras las timideces iniciales, tienen un acercamiento de mutuo consuelo que no tarda en convertirse en cortejo. Y nace el amor. Solo que el concepto que Wemyss tiene de amor, no es normal. Ni sano.

     Nosotros sabemos que la mujer de Wemyss, Vera, ha muerto en extrañas circunstancias y que la policía está mosqueada con el tema. Y sabemos también que Lucy se siente desamparada en el mundo. De hecho le vemos la palabra víctima fácil brillar sobre su pecho desde lejos. El problema es que Wemyss también. Y así es como la buena de Lucy intenta salvar y ayudar al hombre que está a su lado mientras que él es implacable y posesivo con ella. Todos lo ven, ella... Bueno. Ya sabemos el dicho; el amor es ciego. Y así avanza una relación en la que ella va siendo anulada, no puede hacer ni tocar, y tampoco importa si algo es o no de su gusto: si Wemyss cree que algo le gusta, así tiene que ser porque él no se confunde. Si lo hace y ella no tiene la reacción esperada se disgusta o más probablemente se enfada.

     La novela se concibe exactamente como Lucy percibe a Wemyss, es decir, vamos leyendo y sabemos que es la historia de ella, pero el personaje es él. La angustia, la toxicidad y el maltrato psicológico se nos pegan a la piel mientras avanzamos buscando una esperanza para llegar a un final feliz que nos deje respirar. Además percibimos una falta de respuesta, si me permitís la broma, de la sociedad en el talante del servicio. Nadie ayudará a la joven, no hay amigos, no hay familia, no hay quien le abra los ojos. Y nadie hará entender nada al marido porque en ningún momento cree equivocarse. Eso es lo que aterra y angustia y es que hay veces en las que lo psicológico provoca mayores heridas a las que hubiera dejado un bofetón. 

Antes hablaba del final y de cómo uno lo lee esperando obtener oxígeno. Bien, no voy a desvelarlo, solo diré que jamás un final fue tan adecuado a una lectura.

     Un matrimonio perfecto me ha gustado. Mucho. Es una historia aparentemente sencilla. Pero todos sabemos que las apariencias engañan. Sobre todo las que muestran a personas perfectas.

     Y vosotros, ¿también perdéis libros por casa o solo me pasa a mi?

     Gracias.


miércoles, 23 de septiembre de 2020

Otra vuelta de llave. Ruth Ware

 


     "7 de septiembre de 2017.  
     Centro penitenciario Charnworth. 
     Querido señor Wrexham: 
     No se imagina cuántas veces he empezado esta carta y arrugado el desastroso resultado, pero me he dado cuenta de que no existe ninguna fórmula mágica para esto. No hay forma de que yo lo OBLIGUE a escuchar mi caso. Por lo tanto, tendré que exponer los hechos lo mejor que pueda. No importa el tiempo que me lleve, ni cuántas hojas tenga que descartar: seguiré adelante y le contaré la verdad".

     El título, lo tenía claro. Si su misión era generar curiosidad yo piqué, aunque haya tardado en saber de su existencia. Hoy traigo a mi estantería virtual, Otra vuelta de llave.

     Conocemos a Rowan Caine cuando encuentra un anuncio de trabajo que es casi un sueño. Responde al anuncio y así es como acaba de niñera en Escocia. La familia parece estupenda y la casa es espectacular, excepto por Happy que controlará la casa y permitirá a sus propietarios hacer precisamente eso mientras vigilan lo que allí sucede. Rowan, que no tenía en mente aceptar este trabajo, acabará en la cárcel tras la muerte de un niño. Pero esto, que suena a contar el final, es solo el principio.

     Otra vuelta de tuerca es un título magistral de la literatura con una niñera de la que desconfiar y una atmósfera que atrapa al lector. De eso no duda nadie. Cuando vi este título la asociación fue inmediata y además había una niñera y unos niños y un misterio... así que estaba claro que, de un modo u otro, Ware estaba actualizando la historia de James. Pero avancemos...

     Sabemos que Rowan está escribiendo desde la cárcel, es decir, que algo muy malo ha tenido que suceder. Sabemos que ese algo tiene que ver con noches en vela y con cámaras y con la casa, justo con la casa. Y nos enteramos de que ha muerto una niña y que Rowan dice que ella no la mató. Entonces entramos en una historia en la que la protagonista vive sin saber si sus jefes están obsrvándola o no pero que, por lo que ella sabe, podrían estar haciéndolo en todo momento. La casa automatizada además comienza a fallar y los niños... bueno, son, como mínimo, raros. No tarda en empezar a comprender por qué se habían ido tantas niñeras. 
     Ware utiliza recursos de terror y también de thriller psicológico para ir ambientando al lector en la atmósfera en la que la niñera se encuentra sumergida utilizando para ello tecnología. Esta sensación de vigilancia, de control, opresiva, se va metiendo bajo la piel del lector hasta compartir la paranoia de la niñera. Solo que tal vez no sea una paranoia descabellada y la imposibilidad de tener intimidad, el sentirse vigilado y dejar que la tecnología domine nuestra realidad, tal vez ya no sea ciencia ficción. Por eso es cada vez más utilizado en este tipo de novelas.

     En cuanto a la trama, he tenido sentimientos encontrados con el final. Suelo decir que buscar la sorpresa no tiene que ser la obsesión de un escritor en este tipo de novelas ya que en el camino uno corre el riesgo de sacrificar la credibilidad. Y esa es la parte que me ha costado, la resolución. Pero bueno, eso ya supongo que son apreciaciones personales y mi perplejidad no tiene por qué coincidir con la sensación de otro lector. A fin de cuentas, cada novela es de quien la tiene entre manos.

     Otra vuelta de llave es una novela entretenida que, si bien no es particularmente original, sirve para pasar un buen rato.

     Y vosotros, ¿sois aficionados a remakes y revisiones?

     Gracias.

miércoles, 29 de julio de 2020

Unorthodox. Deborah Feldman




     "En la víspera de mi vigésimo cuarto cumpleaños entrevisté a mi madre. Quedamos en un restaurante vegetariano de Manhattan, uno que se anuncia como ecológico y de proximidad; a pesar de mi reciente afición por el cerdo y el marisco, me decanto por la sencillez que ofrecen esos platos. Con sus grandes ojos azules y el cabello rubio y desaliñado, el camarero que nos sirve tiene un notorio aspecto gentil. Nos trata como si perteneciéramos a la realeza, porque nos encontramos en el Upper East Side y estamos dispuestas a aflojar cien dólares por una comida que consistirá básicamente en verduras. Me resulta irónico que no sepa que ambas somos intrusas, que crea adivinar al instante la vida que llevamos. Jamás imaginé que algo así llegaría a ocurrir".

          Supongo que os suena el título. Olvidad la serie. Olvidad el viaje de la protagonista y todo aquello que os cuentan. Esto es el libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Unorthodox. Mi verdadera historia.
      
     Conocemos a Deborah Feldman a través de esta biografía novelada en la que nos relata su historia. Una historia sorprendente que habla de una comunidad judía, los samat. En este caso la autora nos habla de su propia comunidad, residente en Nueva York. Esto es importante ya que estamos hablando de la actualidad y estamos hablando de uno país desarrollado referente en muchas libertades y adelantos. Un lugar en el que uno sabe que puede encontrarse de todo, pero en el que jamás esperaría encontrar algo así. Este lugar en el que nace Feldman es una suerte de burbuja costumbrista que se cierra al presente y a la que el presente tampoco presta demasiada atención. Herederos de aquellos judíos que vivieron la época nazi, mantienen sus férreas tradiciones que incluyen familias con muchos hijos que les ayuden a volver a crecer. Una burbuja en blanco y negro que se mantiene amarrando a cada nuevo miembro para alejarlo del color. Todo es enjuiciado, incluido el idioma, tal vez para evitar que la lectura abriera los ojos al mundo que se estaban perdiendo. Imaginad si además de leer, la persona escribe, piensa el lector que acaba de comenzar la lectura.
     Este es el entorno en el que crece la protagonista, el que nos cuenta y al que sobrevive "con el demonio dentro". Allí, sin su madre y con una tía que es como un perro de presa, vive una vida que no siente suya porque no puede elegir nada de ella. Incluso la casan, algo que puede parecer malo pero que aquí otorga un poco más de autonomía a la mujer, y es que cuando todo es blanco y negro, cualquier reflejo, por mínimo que sea, puede ser susceptible de interpretación. Feldman lo que hace es dar un retrato costumbrista en el que explica cada comportamiento y tradición por muy chocante y restrictivo que nos pueda resultar. Y, para el lector que sienta que lo está justificando, solo le recuerdo una cosa: ella huyó. Y es que Feldman había leído mundo, había vislumbrado lo que podría ser, y no le había parecido un infierno. Al contrario. Y empieza así a detallar las actitudes, los rituales, lo difícil, lo humillante y como vivir una vida que no es suya es algo contra lo que necesita protestar. Sobre todo a partir de la adolescencia.Y es que, si antes comentaba que una boda podía dar más libertad a una mujer dentro de esa comunidad, el paso por ella es una experiencia que, tras haberla leído, no se la deseo a nadie. Y, ¿quién querría tener descendencia que viviera así?

     Unorthodox es la historia de Feldman, un memoir novelado que llega para hacernos ve que no solo dejamos de mirar a lo lejos, tampoco miramos lo que tenemos cerca. Un libro duro con el que se comienza el retrato de una mujer que escapa reivindicando así su derecho a elegir su propia vida. A vivir. Y yo tengo que decir que me ha gustado. Comenzaba diciendo que olvidéis la serie y, si me habéis leído, sabéis perfectamente que este libro queda muy lejos de Berlín. Y es que, a veces, la vida comienza solo con cruzar el primer puente.
     
     Y vosotros, ¿series, libros o tal vez ambos?

     Gracias.

     Supongo que lo que ahora procede es hablar de la repercusión que puede tener que una mujer huya de una comunidad así y que además lo escriba en un libro. La autora habló de ello durante la rueda de prensa de presentación. Os lo contaré.

jueves, 16 de julio de 2020

La sangre manda. Stephen King


          "Si los fantasmas existen, seguro que no todos son santos".

     Los libros de Stephen King son como los cumpleaños: te gusten o no van a llegar una vez al año sin que puedas evitarlo. A mi me gustan, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, "La sangre manda".

     Leer un libro de relatos es fácil. Contarlo ya... uno se debate entre la necesidad de hablar de cada relato, el cuidado de no contarlos todos, hablar solo de uno y dejar el resto para ser descubiertos o hacer una lista con una suerte de puntuación.

     En este caso hablaremos de los relatos y los voy a separar diferenciando aquellos que leeremos con nostalgia. Es el caso del primero de los relatos, El teléfono del señor Harrigan, en el que King se mueve en el terreno familiar del adolescente y lo paranormal. No faltan las alusiones a los problemas adolescentes y los enamoramientos, y tampoco la tutela y esa duda sobre si hay una puerta a otra realidad que aterroriza e intriga y que tan bien ha sabido el autor aprovechar a lo largo de los años. La rata, el último, es otro ejemplo de placer nostálgico ya que su protagonista, un escritor que no tiene el éxito ni los problemas de Paul Sheldon, pero si con manías y que habla con una rata que le plantea extraños dilemas. Tengo que decir que, si bien mi lengua acarició la palabra pastiche, también es cierto que lo leí con placer.
    "La vida de Chuck" es el que más disfruté y es que, cuando uno lleva tantos años leyendo la misma pluma, agradece las novedades. Y en este relato King nos plantea una suerte de juego en el que será el lector quien conecte lo que nos está contando. Y a mi siempre me han gustado este tipo de juegos, aunque no sé si al protagonista le gustaría, si es que alguien se hubiera tomado la molestia de preguntarle y es que no se priva de nada el hombre.
Me dejo para el final el tercero, que da nombre al libro y ocupa la sinopsis de la contracubierta, ya que King rescata a Holly Gibney, heredera de Hodges reconocible por los lectores de los últimos tiempos del llamado maestro del terror pero que ha mezclado con la novela negra a este grupo de personajes en varios títulos.

     Y, en resumen, eso es lo que nos vamos a encontrar en "La sangre manda", un libro de relatos para todos los públicos en el que, lejos de buscar la homogeneidad habitual en estos libros, el autor parece haberse decantado por un "a gusto de cada lector". Es cierto que hay un relato beneficiado claramente y que se posiciona en la línea de los últimos tiempos del autor, pero yo he disfrutado mucho de la extravagancia de Chuck. Quizás por eso me ha gustado este último libro de King, me hace estar segura de que las opiniones sobre el favorito van a ser absolutamente dispares. Y si algo no soporto en un libro, es que provoque indiferencia.

     Y vosotros, ¿os gustan los relatos?

     Gracias.

jueves, 9 de julio de 2020

La ciudad del alma dormida. Félix G. Modroño


     "En aquellas Navidades de 1935 los comercios bilbaínos aún destilaban la luz y la alegría de siempre. Ignacio Segurola se subió el cuello de la gabardina y se ajustó bien el sombrero antes de abandonar la redacción del periódico Euzkadi en la calle Correo, muy transitada a pesar de la lluvia, sin saber que estaba a punto de enamorarse".
      Hará unos siete años que descubrí a este escritor con una novela íntimamente relacionada con la que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de La ciudad del alma dormida.

     Conocemos a Ignacio, un periodista que lucha por hacerse un nombre en Bilbao, el día en que sus ojos se posan sobre la librera Irene. Corre el año 1935 y entre ambos empieza una historia de amor en una ciudad que está a punto de cambiar. No serán solo los asesinatos, también la guerra pondrá a prueba la fortaleza de estos dos jóvenes y por extensión, de toda la sociedad vasca.

     Leer a Modroño no es solo conocer a sus personajes; es pasear por sus ciudades, reconocer sus ruidos y aspirar sus aromas. A lo largo de su carrera nos ha mostrado ya unas cuantas pero, de entre todas ellas, está claro que su favorita es Bilbao. No en vano va ya por el segundo título en el que la designa como "La ciudad...". Y es que la historia de Bilbao comenzó en La ciudad de los ojos grises y, si bien no estamos ante una saga en la que sea necesario leerlo todo y tampoco leerlo en orden, La ciudad del alma dormida nos pasea por las mismas calles pasados unos cuantos años. Esto hace que quien ya conozca "la ciudad" sonría cuando aparece Zumalde o si reconoce algún guiño de otro personaje ya leído que el autor exhibe mostrando que los universos de las ciudades están formados por las vivencias de quienes las habitan, sin que desaparecieran solo por haber terminado aquella novela. Pero avancemos.
     Viviremos en esta ocasión el romance entre Ignacio e Irene conociendo antes que los propios protagonistas que la guerra va a marcar sus vidas de algún modo. Y es que, si bien esta no es una novela sobre la guerra civil (gracias a Dios), si lo es sobre quienes vivieron esa época. Además hay que añadir que la protagonista es de Gernika, un lugar en el que cualquier lector sabe al menos por encima lo que sucedió. Tampoco es una novela negra, aunque haya asesinatos y una fotografía en la que tal vez aparezca un sospechoso. Ni siquiera por volver Zumalde o estallar una guerra que tal vez hubiera dejado caer en el olvido esa sangre derramada de no ser por una convicción moral o personal encuadraría yo esta libro dentro del género. Quizás diría que esta novela es ficción histórica, pero de esa salpicada de personajes reales y lugares comunes que hacen que el lector dude del lugar en el que se dibuja la línea que separa la realidad de la ficción. Un terreno en el que el autor suele moverse con soltura, igual que lo hace al dibujar sus personajes masculinos con un toque resabiado o femeninos inolvidables o al pasearnos por sus calles relatando cada esquina como si de ese modo pudiera dejar al lector asomarse a esa vida que pasa fugaz ante nuestra mirada.

     Poco os he contado en realidad sobre la trama, cuando podría deciros que caen bombas y lágrimas, que los enamorados van al teatro y que hay besos y melodrama, advertencias y sangre. Pero esa parte os la dejo a vosotros, que hay que disfrutar de las historias y esta merece la pena. Además, o mucho me equivoco, o la novela esconde una palabra que sacará más de una carcajada. Busquen, pero, sobre todo, lean.

     La ciudad del alma dormida es una novela con la que se disfruta incluso de las palabras. Algo cada vez menos usual.

     Los lectores viajamos leyendo y muchas veces conocemos lugares remotos o cercanos a los que no nos podemos desplazar, así que decidme, ¿cuál ha sido vuestro mejor viaje literario?

     Gracias.

     Decía Mik Everett "Si un escritor se enamora de ti, nunca podrás morir" y Modroño hace justo eso con Bilbao.

lunes, 6 de julio de 2020

La guerra no tiene rostro de mujer. Svetlana Alexiévich


     "—Según los estudios históricos, ¿desde cuándo han formado parte las mujeres de ejércitos profesionales?       —Ya en el siglo IV a.C., en Atenas y Esparta, las mujeres participaron en las guerras griegas. En épocas posteriores, también formaron parte de las tropas de Alejandro Magno.       El historiador ruso Nikolái Karamzín escribió sobre nuestros antepasados: «En ciertas ocasiones, las eslavas se unían valientemente a sus padres y esposos durante las guerras. Por ejemplo, durante el asedio de Constantinopla en el año 626, los griegos descubrieron muchos cadáveres de mujeres entre los eslavos caídos en combate. Además, una madre, al educar a sus hijos, siempre les preparaba para que fueran guerreros».

     No sé si a vosotros os pasa pero a mi hay nombres que me intimidan porque cuando llego a sus letras tengo la sensación de que todo el mundo los ha leído y juzgado como una obra maestra y tengo miedo de no estar a la altura. Hoy traigo a mi estantería virtual, La guerra no tiene rostro de mujer.

     Hablar de guerra puede ser complicado, depende todo de la forma elegida. Hay libros de amores que sobreviven, de luchadores convertidos en héroes anónimos y otros que tratan las mayores tragedias. En este caso Alexiévich se ha decantado por el testimonio. No diría yo que es una novela testimonial, ya que es en realidad una recopilación de vivencias de mujeres que lucharon de forma activa en la IIGM, en este caso, con el Ejército Rojo. Más de un millón de soldados desconocidas que tienen voz gracias a la pluma de esta mujer.
     Más cerca del reportaje periodístico que de otra cosa, los testimonios recogidos en el libro destacan por la extrema crudeza y realismo con el que son representados y también, como sensación permanente, la de no permitir al lector que se horrorice por leer algo que quienes lo cuentan, lo han vivido. A fin de cuentas, ¿quién es el lector para asustarse de una guerra o un aborto cuando es relatado por quien ha vivido un infierno que aún llena sus noches de pesadillas?
     Pero lo terrible, lo realmente terrible de estos testimonios, no es el horror en la batalla sino los terrores privados, las muertes íntimas, las luchas por un trozo de comida. Este año se hizo famosa una frase de una película, "Parasite", que decía "olor a pobre". Yo del libro de Alexiévich me quedo con otra:
Hacíamos cola para olerla, decían que olía a casa. 

     Niñas terribles con almas rotas que, en su inmensa mayoría, no llegaron nunca a ser reconocidas como lo que fueron, ni siquiera recordadas en la ficción en muchos casos. Mujeres cuyos actos, los buenos y los malos, son expuestos sin endulzar para recordar al lector no solo que esas mujeres existieron, sino que las guerras suenan y porque lo que se oye son las almas al romperse.

     La guerra no tiene rostro de mujer es un libro duro cuya lectura merece la pena incluso contando con las cicatrices que nos deja.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 24 de junio de 2020

Cartas a un joven novelista. Mario Vargas Llosa


     "Éste no es un manual para aprender a escribir, algo que los verdaderos escritores aprenden por sí mismos. Es un ensayo sobre la manera como nacen y se escriben las novelas, según mi experiencia personal, que no tiene por qué ser idéntica ni siquiera parecida a la de otros novelistas".
     Los libros sobre literatura forman un género en sí mismos. Parece una tentación irresistible para cualquier escritor que se precie contarnos lo que lee, como escribe y también quiénes fueron sus maestros. Y la tentación es recogida por los lectores e incluso por otros escritores. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cartas a un joven novelista. 

     Si En la verdad de las mentiras, Mario Vargas Llosa hacía un repaso sobre su propio canon literario del siglo, aquí se dirige a una suerte de corresponsal o receptor imaginario para hablarle de literatura, escribir, crear y sentimientos. A caballo entre un sencillo ensayo y una novela epistolar, Mario Vargas Llosa da teoría literaria a la vez que establece una serie de referentes que son imposibles de obviar para un lector que se sentirá irremediablemente atraído por la idea de seguir la lista de lecturas propuestas por el autor. Para él, el novelista no solo es feliz escribiendo, sino que su labor va mucho más allá cuando le deja a un mundo incompleto las fantasías que, de haberlo completado, le hubieran otorgado un status superior. Nos habla también de la importancia de las palabras y yo recordaba al leerlo eso que se dice sobre la existencia de las cosas en la medida en la que se les pone nombre. Vargas Llosa va un punto más allá otorgando al conjunto lingüistico la importancia de un mundo completo, y se entiende cuando el autor se dedica precisamente a completar mundos mediante el uso de las palabras. Mundos que, aunque para nosotros ya existan cuando se refieren a personajes que se han entrelazado con la realidad hasta tal punto que ya nos tenemos asumidos, son una ficción. A quién no le sucede que no concibe el mundo sin el Quijote cuando en realidad el mundo se concibió precisamente, sin él. Por lo tanto, yo concluía esta parte preguntándome cómo se concibe el mundo sin escritores.

      Decía antes que los lectores nos sentimos atraídos por este tipo de preguntas que nos cuentan cuáles fueron las inquietudes de nuestros escritores favoritos, sus comienzos y sus márgenes, pero lo mismo les puede suceder a otros escritores. Y es que, como dice el propio Vargas Llosa, a él mismo le hubiera gustado poder escribir a alguno de los escritores que admiraba cuando estaba comenzando para haberle preguntado sus dudas, haber seguido su camino en un intento de encontrar el propio. Y así avanzamos con ideas que, compartidas o no, otorgan una visión más ámplia del mundo literario, por capítulos dedicados a responder distintas preguntas tan importantes como genéricas. Él se reconoce como un rebelde del mundo y quizás por eso reconoce cada pedazo propio vertido en sus libros y es que no hay libro que no beba de la vida de su autor y quizás por eso sea vital vivir en ese mundo imperfecto ante el que se imponen mediante la ficción. La importancia de la coherencia, del estilo, el espacio, las lecturas que lleve a sus espaldas el propio escritor... nada escapa a las preguntas imaginadas y tampoco a las respuestas vertidas en este librito corto más que necesario, interesante.

     Cartas a un joven novelista es un libro más que recomendable sobre el oficio de escribir, pero también sobre el interior de quien lo hace.

     Y vosotros, ¿sois lectores de libros intraliterarios?

     Gracias.

lunes, 15 de junio de 2020

El enigma de la habitación 622. Joël Dicker


     "A principios de verano de 2018, cuando acudí al Palace de Verbier, un prestigioso hotel de los Alpes suizos, estaba lejos de imaginar que me iba a pasar las vacaciones resolviendo el crimen que se había cometido en el establecimiento muchos años antes".
     Hay escritores que convierten la publicación de sus libros en un acontecimiento. Uno de ellos es Joël Dicker, cuyos libros se venden por miles, y por eso una que es una lectora curiosa, no puede evitar acercarse a él. Hoy traigo a mi estantería virtual, El enigma de la habitación  622.

     Conocemos a el Escritor (que no es otro que el propio Dicker) cuando planea escribir una novela homenajeando a su difunto editor Bernard de Fallois (el editor del propio Dicker) cuando conoce a una vecina de la que se enamora y que no tarda en romper su relación con él. Opta entonces por irse unos días sin saber que así conocerá a Scarlett, vecina de habitación en el Palace de Verbier y compañera improvisada para descubrir el enigma de la habitación 622 del hotel. Un lugar que ahora no existe en un intento de olvidar que en ella se cometió un asesinato.

     Si tenemos un libro protagonizado por un escritor que quiere escribir una historia y se ve sumergido en el misterio de un asesinato, eso significa que el autor es Dicker. Es su fórmula y parece que le va mejor que bien así que, ¿por qué cambiar? Así que en esta última novela, ha decidido dejarse engullir por la metaliteratura, o dejar de fingir que no se veía como el protagonista de sus libros cuando los estaba creando vaya usted a saber, y se ha convertido en el Escritor al que llaman Joël y hablan de su éxito y fama y ventas a lo largo de la novela para darnos una clara pista de quién es. Por lo demás la novela se articula en torno a un misterio, el de la habitación 622, que queda salpicado de anécdotas, a veces cotilleos, sobre todo en el hilo temporal en el que sucedieron los hechos que marcaron dicha habitación. Y mezclado con ellos, el juego metaliterario que sirve de enganche al lector que no sienta que el misterio es suficiente.
     Nos regala así una novela simple y entretenida que hace que pasar páginas sea algo casi natural, un page turner de esos que dicen ahora que uno se sienta a leer y para cuando se quiere dar cuenta, ya se lo ha terminado. Como una hamburguesa fast food. Y exactamente con la misma calidad y sabor si hablamos de literatura. Porque, independientemente de que use un formulismo que empieza a ser repetido, la novela es simplona y me he reído un par de veces entre chatitas y gatitos que se decían entre un par de personajes.Mi sensación general ha sido la de estar ante un incesante parloteo, como el de esas personas que para contarte que alguien les ha dado saludos para tí necesitan explicarte la vida de la persona que dio nombre a la calle en la que se vieron y toda la relación familiar, y de cama, de los dos (a estas alturas ya le interesa tanto a quién se encontró como el nombre que lleva la calle).

     El enigma de la habitación 622 es una novela entretenida, aunque menos original de lo que pretende. A partir de ahí cada valoración es subjetiva y la mía no es demasiado positiva, para qué decir lo contrario. Y eso que en este caso el enigma no es solo el asesino, también lo es la identidad del cadáver. Pero...

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 25 de mayo de 2020

Kim Ji-young, nacida en 1982. Cho Nam-joo


     "Kim Ji-young tiene treinta y tres años. Se casó cuando tenía treinta y tuvo una hija hace un año. Vive de alquiler en un apartamento de unos ochenta metros cuadrados, dentro de un megacomplejo de edificios residenciales de la periferia de Seúl, con su marido, Jeong Dae-hyeon, que tiene tres años más que ella, y su hija, Jeong Ji-won. Él trabaja en una empresa tecnológica no muy grande y ella renunció al empleo que tenía en una pequeña agencia de relaciones públicas cuando dio a luz. Él vuelve del trabajo casi a medianoche, e incluso acude a la oficina los fines de semana, en sábado o en domingo. Ella se encarga de cuidar a su hija, sin nadie que la ayude, porque sus suegros viven en Busan y sus padres llevan un restaurante. La niña, desde que cumpliese un año el verano anterior, acude a la guardería que está en la primera planta del edificio donde viven y se queda allí toda la mañana".

     Este libro se publicó provocando un enorme revuelo en Corea. Una economía avanzada, una sociedad, en teoría, no tan lejana,  y un libro que provoca una revolución. Aquellas mujeres con una vida públic que dijeron que lo habían leído fueron atacadas en las redes, las voces en contra del libro afirmaban que era una visión sesgada y muy negativa frente a aquellas otras que hablaban de un libro que reflejaba la realidad de una sociedad discriminatoria. Por todo ellos no me puede resistir, y hoy traigo a mi estantería virtual, Kim Ji-young, nacida en 1982.

     Kim Ji-young es un nombre común para una mujer común. Tiene 33 años y vive a las afueras de Seúl junto a su marido y su hija. Lleva una vida común, de ama de casa y madre sin llamar mucho la atención y mira de reojo hacia aquel trabajo que le gustaba y tuvo que dejar. Nada en especial. A fin de cuentas, hasta su nombre propio es algo común.

     Una de las cosas que primero llaman la atención de esta novela es la elección del autor para conseguir que el lector perciba el realismo que esconde su historia. No habla de gente conocida, no busca un entorno determinado que podamos conocer, no. en este caso cuaja el libro de notas en las que nos da porcentajes que muestran que lo que la protagonista vive es algo demasiado habitual. De este modo no tardamos en ver que no estamos ante un simple relato de ficción, en todo caso estamos ante el relato de una vida que de tan común ni siquiera se mira dos veces. El reflejo de una desigualdad socialmente aceptada y no planteada por el conjunto pero sí sufrida de manera individual. A nosotros, que no vivimos este tipo de situaciones ni nos disculpamos por tener hijas y no hijos pero recordamos estudiar sobre tiempos pasados en los que se vivían situaciones semejantes, nos resulta casi una novela de terror. En cambio parece que a las mujeres de Corea les ha ayudado a dar visibilidad al modo en que viven, como si en lugar de una novela esto fuera un reportaje de investigación, demostrando así una vez más que el poder de la literatura puede resultar sorprendente incluso en los tiempos de internet. De hecho, la literatura Coreana sobre mujeres, y escrita por mujeres, está acaparando la atención de medios y lectores en los últimos tiempos (muestra de ello son títulos como La vegetariana o Por favor, cuida de mamá) y atravesando fronteras en medio de debates encendidos sobre sus desigualdades sociales y la disconformidad que muestran las protagonistas de dichos libros.

     Sin embargo y para no dejar que el fondo difumine al libro, hablemos de la novela. Con un potentísimo comienzo polifónico en el que la autora da voz a diferentes mujeres, no tardamos en sumergirnos en la vida de Kim Jo-young. El libro va separando las etapas de la vida de su protagonista desde el momento en que nace hasta la actualidad. Una mujer que vemos sometida al "pórtate bien" y viviendo a la sombra de distintos hombres hasta que en un momento dado pone en su boca las palabras de otras mujeres (para preocupación de su marido que piensa en mandarla al médico), como si este fuera el único modo de expresar lo que le hierve dentro. Y si el comienzo es potente y el juego de voces espléndido, poco hay que añadir salvo que el final, amargo, nos recuerda que no estamos leyendo ficción. Podría explicar ahora las situaciones cotidianas de Kim Ji-young, pero de puro simples, es mejor acercarse a ellas. Solo así se entiende cómo una vida común puede resultar tan impactante como la de un héroe o villano.

     Kin Ji-young, nacida en 1982 es una novela que me ha gustado, me ha hecho pensar, comparar con nuestro pasado y presente y también me ha hecho diferenciar entre lo que podía creer que era y lo que realmente es. Y que me ha dejado preguntándome, por qué no decirlo, en la parte de la escritora que estará reflejada o no en la novela.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.