sábado, 4 de mayo de 2013
Día de la Madre literariamente hablando
"Mi querida madre, si posees realmente un alma maternal y si todavía no estás harta, ven a París, ven a verme, e incluso ven por mí. Yo, por mil razones terribles, no puedo ir a Honfleur en busca de lo que tanto desearía, un poco de ánimo y unas caricias. A finales de marzo te escribía ¿Volveremos a vernos algún día? Me encontraba en una de esas crisis en que uno contempla la terrible verdad. No sé lo que daría por pasar unos días a tu lado, tú, el único ser de quien pende mi vida, ocho días, tres días, unas horas."
Carta a la madre. Charles Baudelaire
Este fragmento posiblemente refleje a la perfección lo que es una madre a lo largo de nuestra vida. Ese reducto al que recurrimos sin importarnos demasiado si ya no tenemos edad, la seguridad en una mirada, la sed del calor que emana aunque no nos toque, solo por estar, solo por ser. Tal vez por eso es una figura tan repetida en la literatura, la madre. Y aprovechando que mañana lo celebramos, es un buen momento para pensar en madres.
Hablemos de madres, tenemos poetas que hablaron de ellas, están Neruda, Lorca, Alberti, Mistral... todos ellos hablaron en sus versos sobre madres. Todos ellos y muchos más.
Porque son incontables las veces que encontramos madres dentro de los libros, madres buenas y malas, claro, tiene que haber de todo y a fin de cuenta crecemos entre madrastras de cuentos de hadas. Luego crecemos y vamos descubriendo otras madres: La madre de Gorki que daba todo por su hijo, la de ese libro entrañable, Mujercitas, que nos hizo vivir con sus hijas tantas aventuras... la longeva Úrsula de Cien años de soledad no podía faltar tampoco, que seguramente hubiera hecho buenas migas con Clara, residente en La casa de los espíritus. Aquí tuvimos, y tenemos, a esa recia Bernarda Alba, dueña de su casa y del destino de quienes moran en ella, aunque para ser justos, no es mala por ser de aquí, pensemos en Como agua para chocolate y su Mamá Elena... A propósito de Elenas, la madre que dibuja Andrés Neuman, a quien presenté hace unos días, en su obra Hablar solos es también memorable.Y hablando de mis últimas lecturas memorables, no puedo evitar recordar a la irritante señora Incandeza, supongo que @yossibarzilai me entiende, es... una Broma infinita. Y cómo no hablar de la madre de El mal de Portnoy, la presente ausente en todo momento. Porque sus ausencias marcan tanto como sus presencias, ¿Qué hubiera sido de Holden Caulfield si su madre no lo hubiera enviado a un internado? Tal vez no sería hoy El guardián entre el centeno. O la madre de Jean-Baptiste Grenouille, ¿imagináis qué hubiera sido de El perfume si esa mujer no da por muerto al hijo y lo cría en familia? Tampoco me olvido de esas otras que parece cayeran en desgracia como Ana Karenina o Madame Bobary, cuyo carácter difiere de casi cualquier otro con que me haya tropezado, pero todas ellas son madres que han marcado nuestro rumbo literario
Pero me gustan más las luchadoras, me gusta Fantine, aunque se quede en el camino, porque consigue salvar a su hija de un mundo que parece estar poblado por Los Miserables. Y me gustan las madres representadas a la perfección en la literatura victoriana que buscan casar a sus hijas de la mejor forma y ayudan a sus hijos a buscar la mejor esposa.
Y si hablamos de madres, hijos, esposas y hablamos de las nuestras, también hablamos del ánimo al escritor. Tal vez sea por eso por lo que tenemos un reflejo literario tan ámplio. Porque de alguna forma y puesto que a un autor le sobreviven sus palabras, han dejado un testigo en forma de letras recordando a quien les impulsó. Desde aquí felicito a todas las madres, las presentes, las ausentes, las jamás olvidadas y, como no, a la mía, que jamás se ha sentado a leer un blog.
Y vosotros, ¿tenéis alguna madre literaria favorita?
Gracias
Etiquetas:
Día de la Madre literariamente hablando,
Madres,
Mientrasleo
viernes, 3 de mayo de 2013
El pueblo en la guerra. Sofía Fedórchenko
"Cuando vino la guerra, se me cayó el mundo encima. Acababa de apañármelas con la casa: coloqué el suelo, la teché, poco a poco me hice con algo de pasta. "Bueno -me decía_, por fin me asentaré, viviré igual que los demás". ¡Y aquí viene eso! Primero quise entregarme a la bebida pero me aguanté: no es un mal que se remedia con el vodka."
Alguna vez he comentado ya que las dos Grandes Guerras son un tema que atrae mi atención. Lo que no se si he dicho es el motivo. Cuando un suceso se ficciona tanto, llega un momento que tengo la sensación de haber perdido pie con la realidad. Pareciera que entre letras y olor a celuloide se nos olvidara que son tragedias vividas por personas iguales que nosotros. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual este libro. Se trata de El pueblo en la guerra.
Esta vez conocemos testimonios reales de una de las grandes tragedias de la historia contemporánea, la Primera guerra Mundial. Testimonios cuyos nombres individuales no importan y que fueron recogidos por una enfermera, Sofía Fedórchenko. Con ellos nos da una visión de historias individuales que tejen un conjunto alejado del que nos encontramos en los libros de historia o en las ficciones noveladas sobre esta Guerra. Lo que tenemos entre manos son vidas de personas que nacieron en el momento equivocado y en el lugar equivocado y se vieron participando en este conflicto bélico.
Sería relativamente fácil dar carpetazo a esta reseña hablando de la magnífica introducción que nos regala Canetti, usando las palabras de Thomas Mann o de Gorki y limitarme a recomendar su lectura, aunque lo que me ha gustado realmente han sido los testimonios por encima de toda la parte introductoria que se me hizo más lenta e impersonal. Pero merece avanzar un poco más, descubrir que estamos ante una guerra que cruzó Europa y utilizó armas de destrucción masiva en una masacre de de muerte que transformaría un continente entero. Y la mejor manera de verlo es con los testimonios de combatientes rusos que se vieron forzados a salir de sus casas, mayormente de ambientes rurales y alejados de un nivel cultural medio, para participar en una ruleta cuyo fin bien podía ser la muerte y cuyo legado sería una vida marcada para siempre por lo que vieron en ella. No hay ficción en las palabras que transcribe la enfermera, en los testimonios de hambre, miedo y soledad, ni tampoco en los de incomprensión, incluso desconocimiento de aquello en lo que se veían implicados. Y eso es lo realmente trágico, la capacidad que tiene de crear un sentimiento global que envuelve al lector y le hace consciente de que hay cosas que no podemos olvidar.
Siempre he pensado que hay que tener cuidado con eso del "borrón y cuenta nueva" no sea que borrar aquello que no nos guste de nuestra historia haga que olvidemos las causas que nos condujeron a ello. Por eso busco este tipo de libros de vez en cuando, para no olvidar las cosas que puede llegar a hacer el género humano. Por eso he visitado un campo de concentración hasta salir con el alma encogido y los ojos vidriosos, porque los testimonios son los que hacen tangibles las cosas que no hemos vivido, los que nos emocionan y nos ponen los pies en el suelo. Y con todo, tengo que decir que no es un libro triste, es duro, pero porque sabemos que lo que allí se nos relata ha sucedido de verdad porque viene contado por las voces de sus protagonistas.
Y vosotros qué me decís, ¿os adentráis alguna vez en estos temas?
Gracias
Etiquetas:
El pueblo en la guerra,
Sofía Fedórchenko
jueves, 2 de mayo de 2013
Desgracia. J. M. Coetzee
"El disfruta con la alegría de ella, una alegría sin afectación. Le sorprende que una hora y media por semana en compañía de una mujer le baste para sentirse feliz, a él, que antes creía necesitar una esposa, un hogar, un matrimonio. A fin de cuentas, sus necesidades resultan ser muy sencillas, livianas y pasajeras, como las de una mariposa. No hay emociones, o no hay ninguna salvo las más difíciles de adivinar: un bajo continuo de satisfacción, como el runrún del tráfico que arrulla al habitante de la ciudad hasta que se adormece, o como el silencio de la noche para los habitantes del campo."
Creo que lo he comentado, pero lo repito. Me gusta descubrir autores que me fascinen y seguirlos la pista. Así me embarco con mayor o menor fortuna en títulos insospechados y muchas veces nombres impronunciables que pasan a formar parte de mis listas de éxitos o fracasos. Eso supone que de vez en cuando tengo que volver a una zona segura. Ese punto donde sabes que estás leyendo a un viejo conocido que sabes que no te defrauda. Mis fijos, los que hacen que disfrute de cada palabra. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual esta obra, hoy traigo Desgracia.
Conocemos a David Lurie, un profesor varias veces divorciado que trabaja como profesor en una Universidad. Cuando se destapa su relación con una alumna opta por dejarlo todo e irse a una granja remota del Cabo junto a su hija Lucy. Lejos de ser un remanso de paz, sufren un ataque que les obligará a replantearse sus vidas mientras eligen la forma en la que sobrevivirán enfrentándose a la desgracia.
Si algo caracteriza a este autor es la capacidad que tiene para conectar con el lector. Como consigue que un hombre que de entrada no nos agrada acabe estando a nuestro lado y nos sintamos solidarios incluso con él. Va desgranando la caída de este profesor desde las primeras páginas en que cambia de vida, y como puede caer aún más ante el asalto que sufre junto a su hija. Y entonces el libro se desdobla convirtiendo esta historia aparentemente simple en una especie de prisma que, al pasar la luz por el, nos deja ver los cambios que sufren las personas. Cambios de estado, la madurez, la indefensión en un país que también está cambiando y el distanciamiento con los hijos que ya han dejado de serlo para convertirse en iguales. A través de esta historia asistimos a una situación social contada sin buscar politizar el libro, pero que nos deja una huella igual que a sus protagonistas, y luchamos con ellos frente a la vergüenza, buscamos el punto de entendimiento en esta historia que busca la reflexión de Laurie. A partir de una decisión precipitada se va a ver enfrentado a sus ideas, a sus formas, a los hechos, a ese análisis que ya conocemos suele practicar el autor de la mente de sus personajes.
Es una historia dura que se antoja real y que me obligó a quedarme pegada a las páginas del libro hasta haberlo terminado. Es imposible permanecer impasible ante lo que nos relata y también lo es no preguntarse qué está pasando allí realmente y que posición tomar. Un libro que tiene mucho de soledad y que deja flotar un olor a culpa, dos sentimientos que pesan a cualquiera. Un imprescindible en mi biblioteca y que os recomiendo si aún no lo conocéis. De mis autores fijos.
Como ya os he dicho, me gusta descubrir autores, así que hoy no os pregunto por títulos de libros sino por los autores a los que volvéis de forma periódica. Aquellos que ocupan un lugar de honor en vuestras listas de deseos o aquellos cuyas obras ya habéis exprimido y os dedicáis a releer.
Gracias
martes, 30 de abril de 2013
Mujer leyendo. Andrés Neuman
Mujer leyendo
Admirar es el verbo
que dice en su doblez
lo que despierta en mí tu quieta pose.
Esa misma doblez está en tus pechos
porque elevas el libro y lo sostienes
juntando bien los brazos, plegando la atención.
Me tienta imaginar el personaje
al que estás abrazando, en qué adjetivos
prefieres detenerte. Me entretengo
calculando la pausa, la cadencia
con que pasas las páginas: sonrío
al comprobar que eres una lectora lenta,
con rodeos de asombro o de pregunta.
Quién pudiera de ti recibir esos ojos
con el mismo deseo, con idéntica hondura
Eres lo que hace falta. Belleza meditando.
Carne con su temblor y su sintaxis.
Ese lugar en que la inteligancia
y la sensualidad se hacen un nudo.
"Hay muy poca poesía" que diría el dios de Bukowski en uno de sus poemas cruzando las piernas. Y tendría razón, hay poca poesía en este espacio virtual. Pero de vez en cuando, sólo de vez en cuando, lo recuerdo y abro mi cuaderno de poemas robados a distintos autores para rescatar uno. Hoy Mujer leyendo, tranquila, cómoda, privada, observada sin sentirse invadida. Una imagen de relax que comprendemos muchos lectores y de esa extraña forma de intimidad que a veces se produce entre libro y lector.
No podía faltar este poema en una biblioteca virtual, lo mismo me da hombre que mujer leyendo, todos hemos observado en algún momento a otro leer. Y nos reconocemos en determinados gestos, las pasiones, los gustos afines, buscamos el título con ojos curiosos, eso que atrae a quien puede ser un desconocido y que parece empeñado en guardar celosamente como si se tratara de un secreto. Nos preguntamos quien le toma la mano entre las páginas para que se sienta así de bien, con media sonrisa. No podemos evitarlo, es casi envidia de no conocer esa historia, tiene que ser LA historia. A la fuerza.
No preguntamos, sólo lanzamos miradas furtivas como quien se asoma a un abismo de historias por contar, que luego pueden resultar ya conocidas, pero nada podría quitarnos el placer del "robo", de la anticipación.
Pero espera, hay sensualidad. Hay un observador cercano. Y releo cada palabra y cambia la dimensión de lo que entiendo, vuelve a ser algo privado, un ejercicio íntimo.
Todo eso me dice Neuman cuando me habla de palabras. Y yo, al igual que el improvisado poeta, también me pregunto qué lee y qué personajes le frecuentan.
Y vosotros, ¿os animáis a compartir un poema? hace mucho que no los compartimos.
Gracias
Más
lunes, 29 de abril de 2013
El libro de las fragancias perdidas. M. J. Rose
"Giles L'Etoile era maestro del olfato, no ladrón. El nunca había robado nada, salvo el corazón de una mujer, que siempre decía haberlo entregado de buen grado; y sin embargo, en aquella fría tarde egipcia, al ir descendiendo por la antigua tumba en una precaria escalera de mano, cada uno de sus pasos vacilantes le acercaba un poco más a la delincuencia."
Hay que reconocer que hay libros que tienen un toque especial en su portada. Tal vez sea porque en mi casa tengo un estante lleno de mis perfumes favoritos, o porque siempre he sido una maniática para los olores... o porque El perfume fue un libro que leí hace muchos años y me dejó una cierta "huella lectora" que duraría 2 o 3 años... no lo sé, pero el caso es que en cuanto vi el título supe que estaba condenado a caer en mis estantes. Hoy traigo a mi estantería virtual El libro de las fragancias perdidas.
Comenzamos conociendo a Giles, aunque la historia se centra en los hermanos Jac y Robbie, herederos de la casa de perfumes L'Etoile. Ellla una mujer cuya practicidad contrasta con una serie de "visiones" que tiene y él en cambio un soñador deseoso de continuar con la tradición perfumera de la familia frente a los problemas económicos que se han encontrado. El gran sueño de Robbie estará a punto de costarle la vida y complicar la del resto de sus allegados, lograr un perfume que haga recordar a quien lo huela sus vidas pasadas. Para un pueblo como el tibetano que vive oprimido, no tendría precio poder obtener una sabiduría semejante.
Pese a que el libro comienza en otra época pronto se traslada a la actualidad para centrarnos en la historia protagonista. La de una leyenda que ha pervivido en una familia y que dice que hay un perfume que hace recordar vidas pasadas. ¿Qué precio se pagaría por ese perfume? y ¿quien lo pagaría? Tenemos a quien persigue el sueño que le marca la vida, con mayor o menor fortuna dependiendo de si lo alcanza, personas que han marcado asi a toda una familia; tenemos también una situación espiritual que cree en la reencarnación, y un Tibet oprimido por el gobierno Chino, dos posiciones enfrentadas. ¿Qué pasaría si el custodio o posible custodio de ese secreto quisiera dárselo a los monjes tibetanos?, ¿hasta que punto China se vería perjudicado e intentaría impedirlo por todos los medios? Bajo estas premisas se mueve esta novela con corte de Thriller que, entre aromas a flores y trazas de esencias, nos va desgranando una historia en varios hilos que confluyen finalmente. Una novela que es difícil soltar pese a que no tiene un ritmo trepidante porque consigue captar el interés del lector. Una historia de secretos y persecuciones en la que también tenemos nuestra dosis de romance que no llega a teñir de rosa la novela, pero que nos ayuda a comprender mejor a los personajes.
Es una novela escrita de una forma sólida, en la que se nota una documentación sobre plantas y especias y que nos deja adentrarnos en la historia de una familia que se ha dedicado toda la vida a hacer perfumes.Os invito a husmear el aire y descubrir que muchas veces un único olor, nos puede abrir la mente a recuerdos que ya teníamos olvidados y a una autora que voy a seguir la pista. Justo como dijo Proust con su magdalena.
Y vosotros, ¿qué estáis leyendo para comenzar la semana?
Gracias
Etiquetas:
El libro de las fragancias perdidas,
M. J. rose
viernes, 26 de abril de 2013
El cuento número trece. Diane Setterfield
"Empezaré por la introducción. Aunque, naturalmente, la introducción nunca está donde uno cree. Le damos tanta importancia a nuestra vida que tendemos a creer que su historia comienza con nuestro nacimiento. Primero no había nada, entonces nací yo... Pero no es así. Las vidas humanas no son pedazos de cuerda que podamos separar del nudo que forman con otros pedazos de cuerda para enderezarnos. Las familias son tejidos. Resulta imposible tocar una parte sin hacer vibrar el resto. Resulta imposible comprender una parte sin poseer una visión del conjunto."
Si tenemos en cuenta que el blog lleva abierto año y pico... y que con un blog es cuando más frecuentas las redes y ves libros... Si tenemos eso en cuenta y el libro que hoy os traigo lleva en el mercado desde 2006, eso significa que cuando lo veía por todas partes era literalmente por todas partes. Fue un exitazo. Por eso tardé en leerlo, para no verme empachada de su historia antes de conocerla. Hoy traigo a mi estantería virtual, El cuento número 13.
Conocemos a Margaret, hija de un librero de ediciones especiales y amante de las buenas lecturas, organizada incluso en los tiempos de lectura, leer es para ella todo un ritual nocturno. Una noche, se encuentra una carta firmada por una famosa escritora de Best Seller que la invita a escribir su biografía, una mujer que ha vivido rodeada de misterio y cuya obra desconoce. Así que busca en la tienda de su padre y encuentra un título suyo, "El cuento número 13" que sólo contiene 12 historias. Intrigada acude a su entrevista con la autora y comenzará una historia de misterio en torno a lo que ha sido la vida de esta autora.
Es un libro que funciona, empieza muy suave, con tranquilidad, como si no fuera a pasar nada importante, y deja al lector sumarse al sosiego de sus letras. Para cualquier lector es una delicia que nos enseñen la librería de una forma tan cuidada... y así vamos conociendo a Margaret y entrando en la segunda historia. Una historia de corte inglés con un misterio familiar y que sigue estando llevada por la mano de una persona que siente pasión por los libros, eso está claro en cada una de sus letras. consigue formar un libro entretenido y de lectura fácil que tenía todas las papeletas para convertirse en un best seller de vacaciones. Si tuviera que compararlo posiblemente hablaría de las formas de Kate Morton que tan fácilmente asumen los lectores.
Esta vez un libro que es puro entretenimiento, cuyas piezas van encajando a la perfección y que nos hará pasar horas sin movernos del sofá. Un best seller que no huele tanto a best seller, por si no os gustan ese tipo de lecturas. Como suele pasar con este tipo de libros, no pasará a la historia de la literatura universal, pero no es lo que busca. Y cumple perfectamente su finalidad. Esos libros que a mi me gusta denominar "lectura vacacional".
Y vosotros, ¿tenéis algún género favorito para las vacaciones?
Gracias
Etiquetas:
Diane Setterfield,
El cuento número trece
jueves, 25 de abril de 2013
Brújulas que buscan sonrisas perdidas. Albert Espinosa
"Mi padre era el fascinante chico que sacaba la lengua cuando hacía trabajos manuales... No, él no me lo dijo nunca... Casi no nos hablábamos...
Lo leí en la dedicatoria de un libro que mi abuela le regaló en su octavo cumpleaños... Y él me lo regaló a mí cuando yo cumplí esa misma edad... Me hizo creer que era un regalo que había comprado especialmente para mí... No se imaginó que la dedicatoria que le escribió su madre delataría su mentira...
"Para el fascinante chico que saca la lengua cuando hace trabajos manuales: recuerda que puedes ser todo lo que quieras llegar a ser..."
Lástima que aquello no fuese dedicado a mí..."
Hay títulos que llaman la atención y autores que parecen especialistas en poner determinado tipo de títulos. El libro que hoy os traigo pertenece a ambas categorías. Después de Si tu me dices ven lo dejo todo... pero dime ven, el autor nos ha sorprendido con un título aún mas... suyo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Brújulas que buscan sonrisas perdidas.
Conocemos a Ekaitz, un hombre que se ve empujado a regresar a la ciudad que lo vio crecer para cuidar a un padre con el que nunca tuvo una gran relación. De esta forma nos irá contando una vida marcada por las pérdidas mientras se va abriendo poco a poco al lector, hablando de su madre, su esposa, sus sentimientos y nos enseña que los adultos que somos vienen marcados por los niños que fuimos.
Recuerdo que comenté que los libros de Albert Espinosa tenían siempre un tono en sus letras que parecían de autoayuda, pero no para el lector, sino para el autor, o el protagonista. Y sigue siendo así en esta última historia. Nos presenta un libro en el que el protagonista reflexiona sobre sus sentimientos y su vida, una vida que le ha llevado a perder a su mujer, a su madre... y que ahora, entre recuerdos, le lleva a conocer a su padre. De algún modo le lleva a él y también al lector, a pensar en perdón, en segundas oportunidades, en buscar o encontrar la parte buena de las cosas. Y ahí está el positivismo que veo siempre en los libros de Espinosa. Siempre encuentra la forma de encontrar aunque sea un resquicio de positividad y enseñarlo con ese estilo tan personal que le caracteriza.
En este caso, y supongo que para remarcar las reflexiones, nos encontraremos con puntos suspensivos. Dicho así puede sonar casi a tontería, pero no, vale más ir prevenido para no verse arrollado por un pequeño alud de esos pequeños puntos que hacen que tomemos consciencia de que estamos ante un monólogo mental. De hecho yo estuve a punto de sufrirlo, me costó encajarlos en la historia con tanta frecuencia, acostumbrarme.
Espinosa sabe que se mueve bien en espacios cerrados y por eso construye historias privadas, íntimas, que nos cuenta de forma sencilla sin dar vueltas, para crear una atmósfera íntima de confidencias al oído. Así es su estilo, dejando la sensación de estar ante un autor que siente cada palabra que escribe. Y dejando al lector envuelto en esa sensación agradable que invita a sonreír. Tal vez, estemos ante un libro que busca la sonrisa perdida de cada uno de sus lectores.
Hoy traigo un libro sencillo de un autor que ha sabido mirar a la vida con una sonrisa que, claramente, pretende contagiar a los lectores en cada uno de sus títulos, al menos en los que yo llevo leídos. Supongo que el conseguirlo también dependerá del lector.
Porque... ¿recordáis libros o momentos literarios que os hicieran sonreír?
Gracias
PD: Siempre he oído eso de que es mucho más difícil hacer reír que llorar. Muchas veces, un pequeño golpe tonto nos hace reír, por eso siempre he sostenido que lo verdaderamente difícil es provocar una sonrisa sincera.
Os dejo el Book trailer
Etiquetas:
Albert Espinosa,
Brújulas que buscan sonrisas perdidas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

