lunes, 29 de junio de 2026

Pruebas sin corregir. Stefano Bartezzagi

 


     «Las erratas son tan útiles y necesarios como el pan, y a menudo incluso hasta bonitas», decía Gianni Rodari. 
     Tengo la sensación de que el gran autor y pedagogo suizo no trabajó nunca como corrector de pruebas. Estoy convencido de que, si hubiese dedicado los mejores años de su vida a corregir errores de escritores malísimos mucho mejor pagados que él, mi relación con las erratas no habría sido tan idilica. 
      Me paso media semana corrigiendo erratas en el segundo piso del edificio modernista donde tiene su sede Ursula, la editorial en la que trabajo a media jornada, y la otra media corrigiendo erratas en el apartamento de veintitres metros cuadrados donde vivo, como autónomo. 
      El total de mis sudores laborales genera unos ingresos de unos 1.600 euros mensuales de media que, segundo se mire y una vez añadidos impuestos, alquiler, gastos, transporte y bienes de primera necesidad, apenas me permiten ya no digo vivir, si no sobrevivir en esta acojedora y tan humana ciudad llamada Milán. 
     ¿Sabéis cuál es el único error que un corrector de pruebas nunca sabe cómo emmendar? El trabajo que ha elegido".

     Hoy vengo con un libro que me ha encantado. Una novela que se mueve entre el misterio, el juego y la diversión y que se titula Pruebas sin corregir.

     Voy a tener mucho cuidado al hablar de este libro, voy a explicar el juego pero no la solución y tampoco la última parte de la historia. Es una cosa tremenda lo que os voy a contar

     El narrador de este libro es totalmente intrusivo pero acaba por caer bien. Es corrector y empezó como lector. Así fue como conoció a Niccolo Errante, con quien se intercambiaba mensajes desde hacía años. En ellos jugaban y se contaban cotilleos o tonterías, pero de forma escondida, tenían su juego y consistía en introducir erratas que el narrador debía de encontrar. Solo la muerte de Errante interrumpió el juego. Los hechos dicen que el 20 de mayo de 205 Errante se reunió con gente de la editorial para poder ultimar la salida de su última novela. Esa noche Errante se emborrachó y horas después saltó desde el balcón de su casa. El narrador no cree que Errante se suicidara, así que ha decidido investigar (como haría Luna, uno de los personajes más famosos del fallecido escritor).

     Lo que tenemos ahora entre manos es la recreación de la noche pero no de forma lineal, sino tras las preguntas y completándose con distintas versiones que han sido recogidas hablando con las personas implicadas. Pero es mucho más que eso, el narrador ha continuado con el juego empezado con Errante. 

Reglas del juego:

a. Si la correctora de pruebas ha trabajado bien, cada uno de los cien capítulos de este libro contiene exactamente nueve errores.
b. Las erratas ocultan un mensaje. Eso sí, solo una por cada capítlo forma parte del mensaje oculto.
c. El mensaje no está formado por los errores, sino por las correcciones. Si en el texto encontráis la palabra eletanfe, la que debéis anotar es la correcta: elefante.
d. Si la corrección es una mera supresión (como en la frase ""Heidi ha vivido en el  el siglo XV) significa que aquella corrección, obviamente, no formará parte del mensaje.
f. 
El mensaje oculto, entre otras cosas, te conducirá a un lugar donde podréis encontrar la solución,

     La novela tiene una última zona para ir anotando las erratas y un último misterio para resolver con ellas que es el que dará la verdadera solución al libro, pero esto me lo guardo para que seáis vosotros quienes lo vayáis descubriendo. Solo diré que, además de la historia, el narrador irá explicando muchos detalles de la literatura, las correcciones y las erratas, intercalando con la historia vivencias propias o ajenas en forma de fragmentos de otros escritores, ya sean conocidos o no.

     El resultado es un juego divertido, y a veces retorcido o endiablado, que me ha proporcionado una diversión inesperada y, para qué mentir, me ha hecho reír. No ha impedido el juego que pueda acceder a las versiones y vaya formándose en mi cabeza lo que pudo ocurrir al margen del juego, algo que es muy de agradecer ya que, erratas a un lado, se puede leer de forma normal y coherente.

     Pruebas sin corregir es una lectura diferente y original con la que he disfrutado más de lo que pensaba. Si uno mira en redes, debería de buscar Bozze non corrette, ya que en su idioma original ha sido un fenómeno literario. Los lectores han hecho grupos de Telegram, de Facebook, hilos en reddit y casi cualquier cosa que uno pudiera imaginar para así poner en común los errores que encontraban e intercambiarse aquellos que se les estaban escapando. Todo el mundo quiere resolver el enigma. Ya lo dice El Principito: "cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer".

     Suerte a todos.

     Gracias.

  • Fe de erratas del fragmento: idilica, Ursula, veintitres, acojedora, emmendar.
  • Las erratas de las reglas las buscáis vosotros.
  • Por si, pese a todo buscáis la solución: El autor recomienda leer dos veces la novela para encontrar todas las soluciones. Si necesita ayuda, las encontrará al final del libro. Proceda bajo su propia responsabilidad.
        ¿Qué esperábais? incluso en esta reseña hay una pequeña trampa.

lunes, 15 de junio de 2026

El tiempo es un canalla. Jennifer Egan

 


     El punto de las librerías de segunda mano es que son el lugar perfecto para encontrar ese libro que se nos pasó cuando estuvo de moda y que luego no ha resistido en la librería. Hoy traigo a mi estantería virtual, El tiempo es un canalla.

     Esta vez la reseña va a ser un poco disfuncional ya que el libro lo pide. En primer lugar, comentar que estamos ante un libro cuyo narrador puede estar en primera o en tercera persona (además de la S en segunda), y que no sigue una línea argumental como tal. Son más bien trece episodios de la vida de un grupo de personas interrelacionadas cuyo momento vital las sitúa de diferentes formas. algo así como una novela desestructurada, ya que aunque se habló de si eran relatos en el momento de su publicación, están demasiado unidos y con una significancia común tan marcada, que yo creo que no lo son.

     La novela podría decirse que gira en torno a Lou, un productor musical de los 70 con vicios muy feos, que acoge a Bennie, un joven sin mucho talento que acabará por convertirse también en productor musical y contratando a Shasha, la novia (?) de Alex. Alex es contratado por Bennie, pero no por la música sino para buscar a su amigo Scott, cuya vida se ha vuelto un poco... bueno imagináos su vida si terminó llevando un pez al trabajo de Bennie... Por cierto, el pez lo pescó en el mismo sitio en el que a Alex le pasó una vez algo nada bueno. Con Alex también ha trabajado Lulu, la hija de una publicista que resulta ser la esposa de Bennie.... y todo así. 

     Conocemos a todos ellos, sobre todo a Bennie, y la novela no para de enredarse extendiendo sus tentáculos para relacionar a sus personajes de forma estable, en el caso de los personajes principales, o aleatoria, porque aparecen evidentemente más personajes. Cada capítulo tiene un tono diferente, una estructura diferente, en muchos casos fragmentaria, con un humor incorrecto o directamente cancelable, incluye charlas, narrativa en incluso presentaciones de un diario.
      De todo ello se tiene una experiencia fragmentaria hasta cierto punto interesante pero que no ha soportado bien el paso del tiempo, posiblemente porque no ha pasado el suficiente y aún se siente más anticuada que atemporal, ya que incluso con este problema se sigue sintiendo como una historia que merece la pena ser conocida, aunque solo sea por lo original de su disposición.

     El tiempo es un canalla me ha gustado, gira en torno al tiempo, efectivamente, pero también en torno a la música y un grupo de personas a las que, al final, les coges cierto aprecio.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 10 de junio de 2026

Metro 2033. Dmitri Glukhovsky

 


     "-Quién anda ahí? 
     ¡Ve a verlo, Artyom! Artyom se levantó de mala gana del lugar que ocupaba junto a la hoguera, y con el fusil de asalto en ristre se adentró en la oscuridad. Se detuvo en el margen de la zona iluminada, quitó ruidosamente el seguro del arma y gritó con voz ronca:
     —¡Alto ahí! ¡Contraseña!"

     Hace no mucho me regalaron una novela explicándome que era un título de culto. ¡Por Dios, si incluso hay videojuego!, me dijeron. Y yo sin ver por dónde me pegaba el aire. Así que hoy traigo a mi estantería virtual, Metro 2033.

     Empecemos diciendo que esta novela se escribió en 2002, ya que debido al género me gusta contextualizar siempre el momento de su salida.
 
     El gran resumen sería decir que hubo una gran guerra, holocausto nuclear incluído, todo quedó hecho mierda y los supervivientes de, por ejemplo Moscú, se tuvieron que refugiar bajo tierra. Más concretamente, en las líneas de metro, donde han formado su propia sociedad en un mundo en el que las ciudades fueron un día estaciones. En esta organización han surgido, como no, facciones cuyos nombres dejan bastante claras sus tendencias normalmente y algunas son conocidas por su poder, como Polis o Hansa. Y ahora sí: conocemos a Artyom, recogido por un oficial militar que lo trató como a un hijo, cuando tiene 24 años. Vive en VDNKh, un lugar idílico dentro de lo que es este mundo postapocalíptico, que está siendo atacada por los seres Oscuros. El caso es que, pese a todo, no es un mal lugar, pero estos seres entran por una zona determinada (de la que Artyom tiene algo que decir) y nuestro protagonista tiene que viajar a Polis para dar un mensaje sobre la amenaza. Y de este modo comienza su viaje, casi iniciático, para dar una información vital que acabe con la amenaza. Si llega, lo que sucede en el camino, y las consecuencias de sus actos, forman el grueso de una historia que, si queréis descubrir en profundidad, tendréis que leer.

     Supongo que tengo que empezar con una advertencia; no os dejéis asustar por el comienzo y la cantidad de nombres. en su mayoría son solo eso, nombres que están ahí para situar al lector, pero que no necesita memorizar ni nada parecido. La segunda advertencia es para los claustrofóbicos: el autor logra que te sientas asfixiado en el interior de esos túneles. Estás leyendo tranquilamente en tu casa y, de repente, sudas como si te faltase el aire. Y entonces en la novela se desarrolla una historia en la superficie  y todo es aún peor, ya que el autor maneja perfectamente la ambientación tanto física como psicológica, llegan a rozar el terror en un par de momentos.
     En la novela vamos a seguir el viaje de Artyom y sus compañeros y el autor, gracias a capítulos cortos y acciones precisas, logra construir una novela entretenida que, sin ser particularmente original, es un placer a la lectura. Artyom mata, es condenado a muerte, salvado, camina, tiene sueños o visiones o lo que sea, sube a la superficie, se ve en mitad de luchas políticas, tiene contacto con mutantes, con distintas criaturas, fuerzas físicas y no tan físicas, se hace preguntas buscando respuestas y, sobre todo, crece. Dentro de todo este trajín en el que siempre parecen estar pasando cosas o hablando de cosas que sucedieron en el pasado, Artyom crece lo suficiente como para que el argumento no se le coma y lo convierta en un triste figurantes; y el lector asiste a cada parte de este crecimiento hasta conocer al protagonista como si fuera un amigo muy cercano. Y eso hace que la novela funcione.
Me ha hecho mucha gracia la relación entre los nombres de las estaciones/facciones con el comportamiento de sus seguidores, la verdad. Ya sé que puede sonar a un humor muy básico pero me ha parecido divertido, y lo he disfrutado. Y es que, más que una novela sólida con un mundo que busca ser fiel al básico de "lo que podría suceder si", el autor se ha divertido creando un mundo a una velocidad acelerada para llenarlo de aventuras pensada seguramente para lectores jóvenes o aquellos que son capaces de dejarse llevar y simplemente disfrutar.
En mi caso lo ha conseguido.

     Metro 2033 es una novela entretenida para leer sin pensar demasiado. 

    Y vosotros, ¿conocíais la novela?

     Gracias

   

  

  De todo lo que os he contado solo he omitido que conocía perfectamente el juego, o mejor dicho, la saga. Quién me iba a mi a decir que estaba basada en una serie de novelas. Esta de aquí fue su primera cara.






   
    Y esta de aquí será la última, hasta el momento. Y, si tenéis curiosidad, solo hay que pinchar AQUÍ.





lunes, 8 de junio de 2026

Langley, séptimo piso. David McCloskey

 


     "Moscú, en la actualidad. 
      La pluma —una Montblanc con la cápsula de cianuro en el cabezal— estaba en el piso de arriba. «Debería haberla dejado abajo, aunque Alyona estuviera por aquí», se reprochó. Si tenía razón sobre esos dos coches, le quedaba muy poco tiempo. Cerró el cajón del escritorio y levantó a la niña, que estaba en su regazo, para posarla delicadamente en el suelo".

    Tenía ganas de continuar esta serie de McCloskey, por lo que no he tardado nada en comprarme esta novela y menos aún en leerla. Hoy traigo a mi estantería virtual, Langley, séptimo piso.

     Veamos, porque no es un libro fácil. Digamos que el séptimo piso de la agencia esta ocupado por el nuevo director de la CIA, Finn Gosford, y su equipo. Él y Deborah Sweet tienen un enfrentamiento dentro de la agencia con el grupo formado por Sam Joseph (protagonista de Estación Damasco y ahora desaparecido), Artemis y su equipo.
El caso es que Joseph está en una prisión rusa, del SVR, siendo Artemis culpada de este hecho y expulsada del cuerpo por ello. Cuando Sam es liberado se empieza a sospechar de la existencia de un topo que informa a los rusos en los mandos más altos de la CIA y Artemis no tarda en sospechar que tiene que ser alguien de su círculo más cercano, por lo que comienza a investigar por su cuenta para lograr hacer justicia por lo sucedido a su amigo Sam.

     Por supuesto he simplificado al máximo el argumento, así que que nadie venga a decirme que me faltan cosas. David es un escritor complejo. Sus conocimientos sobre la CIA quedan patentes en cada complejidad, cada grupo de nombres o identidades secretas que pueblan su libro. Detalles que van desde un tatuaje representando una estrella que en la vida real tiene un valor importantísimo para la CIA dejan claro que estamos ante un escritor que sabe de lo que habla. Y eso hace que muchas veces nos podamos sentir abrumados, pero también le da credibilidad a toda su historia, lo cual es poco habitual en las novelas de espionajes, más interesadas en hacer pasar a sus protagonistas por una suerte de superhéroes que en representar escenarios reales. Artemis en este caso domina la narración, dejando que su perspectiva sea vital para la construcción de la historia ante los ojos de los lectores, que irán recibiendo antiguas rencillas junto con nuevas observaciones. Como contrapunto Sam mirará hacia su amiga y mentora Artemis para darnos una visión más completa de la historia. Y la tercera pata es Zhomov, el malo, el ruso, del que McCloskey ofrece una visión mucho más compleja que la del típico malo. No hay un lavado de cerebro, una coacción o un sentimiento de injusticia que lo lleven a actuar como lo hace. Hay una cierta ambigüedad que lo acerca a Artemis, y una suerte de espejo distorsionado en el que el sentimiento antiusa forma parte siempre del reflejo principal.

     Todo esto puede hacer pensar que he disfrutado mucho de la novela, y básicamente así es. Solo que, cuando a uno le gustan las novelas de espías, sabe que hay pocas en el mercado. Y si hay pocas en el mercado, suele significar que uno las ha leído. Y Artemis, aunque sea mujer y le guste beber y tocar las narices, no termina de brillar en una novela que deja que George Smiley se asoma demasiado a lo largo de la novela. Y las comparaciones, sobre todo cuando no se llega al valor del original, son odiosas. Me hubiera gustado decir otra cosa, pero al final es la sensación que me dejó.

     Langley, séptimo piso es una novela de espías que disfrutarán quienes estén comenzando en el género. A los que llevamos ya un tiempo leyéndolo, nos puede chirriar en más de una ocasión. Sobre todo a los lectores de le Carré. Es más, el propio autor es consciente y deja clara su intencionalidad.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias