miércoles, 13 de diciembre de 2017

El nombre del mundo. Denis Johnson


     "Yo tenía casi cincuenta años cuando se presentó la oportunidad. Al terminar mis estudios, enseñé en un colegio secundario más de una década, sumando puntos de posgraduado para mi currículo durante los veranos. Un día le escribí una carta a un candidato presidencial, aconsejándole sobre políticas y estrategias (se trataba del senador Thomas Thom, de Oklahoma; sus posibilidades se esfumaron a poco de empezar las elecciones primarias), y aunque yo no tenía idea de que a las personas que escribían semejantes cartas se les prestaba atención e incluso se les ofrecía un trabajo, en un abrir y cerrar de ojos pasé de ser míster Reed, el encargado de estudios sociales, a convertirme en Mike Reed, el escritor de discursos, el hombre todoterreno, el tipo al que podías confesarle lo que fuera en el guardarropas mientras buscabas tu abrigo."

     Denis Johnson no es uno de mis escritores favoritos y, siendo sincera, dudo que llegue a serlo. Sin embargo algo le veo a sus letras que continúo buscando sus libros como si supiera que en algún momento llegaré a tener la novela perfecta entre manos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El nombre del mundo.

     Conocemos a Michael Reed. A lo largo de su vida ha sido profesor de secundaria y ha estado incluso al lado de un senador. Sin embargo, nosotros lo conocemos como profesor universitario adjunto sumido en la más profunda soledad. Su mujer y su hija fallecieron hace el tiempo suficiente como para que se le desdibujen sus rostros en la memoria. Le conocemos en un momento en el que su vida se convulsiona, motivado principalmente por la irrupción en ella de la violoncelista Flower, mucho más joven que él.

     Estamos ante un libro corto pero cargado de sentimientos, como ya nos tiene acostumbrados el autor. Esta vez el protagonista es un escritor y profesor que pasa de los cincuenta y vive en una suerte de stand by sin que nada le comprometa o importe mucho, desde la pérdida de su familia. Reed es un hombre al que le falta vida pese a tenerla en sus venas y eso hace que la sensación de soledad que transmite al lector sea, en algunos momentos, casi sobrecogedora. Le descubrimos roto y solitario y también, por qué no, errático, entrando y saliendo de relaciones sociales que no le exijan demasiado y conviviendo de la forma adecuada para ser uno más. Sin sobresalir. Igual que no lo hace, al menos en apariencia, la forma de contar la historia, que pasa por un tono contenido que a veces roza la indiferencia pero que esconde muchos matices que se van desatando a medida que avanzamos en la historia. Una historia en la que irrumpe la joven Flower, mezcla de mujer e hija quizás más lo que hubiera sido lo segundo con ecos de lo primero o tal vez todos los fantasmas de los seres que le faltan al protagonista, encarnados en un carácter que roza los límites y que le provocarán una desestabilidad, un terremoto mientras la narración de la historia parece permanecer inalterable. Esta mujer, de la que dije violoncelista se dedica a realizar un espectáculo sexual pseudopeligroso que dará pie al lector a pensar en el peligro que puede correr un hombre que se ha negado a la vida si se lanza a respirar el aire de esta fantasía hecha carne.

     El nombre del mundo podría parecer una novela sobre el duelo, la pérdida y el vació y desolación que dejan en quien lo sufre, pero avanza más allá de eso, por el difícil camino que se recorre una vez pasada la etapa más oscura. Tal vez por eso Johnson no puede evitar dejar un rastro de humor a lo largo de la novela, a la par que nos deja ver el filo del juego que no es tan inocente como una simple fantasía de encontrar una hija perdida. Y la capacidad que ha tenido de condensarlo todo en una novelita corta, de conseguir que el lector sienta como desciende a la soledad, la tortura, la asfixia y también la necesidad de respirar, son las cara´cterísticas más sobresalientes del libro. Un libro que, por lo demás, cumple con lo que uno espera de los libros de Johnson: un protagonista "normal" en un lugar inespecífico y la engañosa apariencia de estar ante una historia más. En los libros de Johnson siempre hay más.

     Me ha gustado El nombre del mundo, posiblemente uno de los libros del autor con los que me quedo.

     Las grandes novelas no han de tener muchas páginas, pero aún así, muchos evitan aquellas que consideran demasiado cortas. Decidme, ¿miráis con recelo los libros que son "demasiado cortos"?

     Gracias.


16 comentarios:

Tamara López dijo... [Responder]

Esta vez no me lo llevo.

Por cierto, puedes apuntarte a mi sorteo, sé perfectamente que me sigues :)

Buscando mi equilibrio dijo... [Responder]

ME gusta el argumento y me gusta lo que cuentas. Yo no tengo ninguna expectativa porque realmente no conozco al autor, así que entonces me gustaría incluso hasta más.
Me lo anoto.

Sobre tu cuestión, prefiero una novela demasiado corta que demasiado larga.
Besos.

Gerardo - Yukimaru dijo... [Responder]

Me gusta la manera en la que hablas del libro.

Me lo apunto.

Saludos. xD

Mi tarde junto a un libro dijo... [Responder]

Hola! Si que suelo mirar con recelo los libros más cortos porque no suelo disfrutarlos, siempre me quedo con la sensación de que no se ha profundizado lo suficiente en la historia y por tanto no me llega tanto como podrían hacer otros libros. Pero este en concreto no tiene mala pinta, así que quizá me anime a darle una oportunidad.
Besos!

Shorby dijo... [Responder]

Me lo apunto! Además no he leído al autor y creo que sería buena opción para empezar.
En cuanto a la extensión del libro... la verdad es que me da igual, no me llaman más por ser cortitos o lo contrario.

Besotes

Bajolapieldeunlector Cris.R.B. dijo... [Responder]

Pues no tiene mala pinta, las novelas intimistas me gustan. Y esta lo parece, aunque me ha chocado un poco lo de la mujer y tengo curiosidad...

A mí que sea una novela corta no me frena para nada, solo hay que ver las historias tan bonitas que escribió Zweig.

Besitos

Pitt Tristán dijo... [Responder]

Yo miro con recelo las novelas que son largas, casi no hay novela que no le sobren 200 páginas.
Quitar líneas es como avivar un fuego: no se nota la operación, pero todo el mundo nota los resultados.

Saludos.

CHARO dijo... [Responder]

Pues a mí ahora me gustan los libros cortos y el que nos presentas hoy me ha resultado interesante.Besicos

Margari dijo... [Responder]

Pues no me he estrenado con este autor. Y por lo que cuentas, creo que esta novela sería perfecta para empezar con él. Y no, no miro con recelo los libros demasiado cortos. Hay tantas joyitas cortitas...
Besotes!!!

AMALIA dijo... [Responder]

Tomó nota.
No suelo valorar el número de páginas de un libro.
Un beso

J.P. Alexander dijo... [Responder]

Uy lo tendré en cuenta se ve genial. Muchas gracias por la reseña

Daniel Morales dijo... [Responder]

La edición que yo leí tenía en la portada una alameda otoñal, y aunque en su momento me pareció ostentosa, pasado el tiempo conservo de la novela una sensación otoñal que casa muy bien con la portada. Me pareció una buena novela de campus, y todavía recuerdo al protagonista ensimismado frente a una pista de patinaje (¿o recuerdo mal?). Un libro perfecto para leer en estas fechas.

Conxi dijo... [Responder]

Miro con mucho recelo los libros cortos, no suelo encontrar muchas «pequeñas joyas» (aunque Toda una vida es mi última pequeña joya). También me pasa de «esperar» más de un autor y leerlo con buenos ojos.

Aglaia Callia dijo... [Responder]

Hola,

De por sí no me llama mucho este título, quizá sea el tema, que me echa para atrás porque ando medio sensible y temo que me afecte, pero bueno, a lo mejor y más adelante me animo para conocer al autor.

Besos.

Carla dijo... [Responder]

Últimamente estoy leyendo varios libros sobre el duelo, pero si me dices que éste va más allá, me lo llevo para echarle un vistazo
Besos

Rocío CazaEstrellas dijo... [Responder]

Todavía no he leído nada de él, y creo que este podría ser un buen comienzo. Para nada me espantan las historias cortas, ni es algo determinante a la hora de elegir. Un besote.