martes, 10 de julio de 2018

Sharko. Franck Thilliez


     "El hombre había encontrado a su maestro en la escala de los predadores: el tiburón, fruto de millones de años de trabajo de la naturaleza, notable conclusión de una evolución sin fallos. Una máquina con múltiples hileras de dientes, una silueta aerodinámica perfecta, capaz de oler una gota de sangre diluida en una piscina olímpica. Un generador de miedo.
     El miedo... Superviviente del fondo de las edades, guardián de la supervivencia de las especies".

     Cuando comienzas una serie de libros nunca saber si te van a gustar, pero una vez superado el tercero, es difícil que un lector se plante y deje de leerla. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sharko.

     Recuperamos a la pareja de policías formada por Sharko y Hennebelle en un momento en el que deberían de ser felices. Sin embargo, Lucille ha entrado en una casa ajena siguiendo la pista de una investigación comenzada por un familiar fallecido y, una vez dentro, se ha visto atacada por su propietario, al que termina por matar. Tras llamar a Sharko y escenificar el crimen, será su departamento el encargado de investigar este homicidio y descubrirán que Lucille ha matado a un verdadero monstruo. Sin embargo, la verdad sigue siendo la misma: ella ha asesinado a un hombre y el peso de la ley puede caer sobre su hogar.

     Con una precisión temporal calculada, Thilliez nos ha ido proporcionando su entrega anual de la serie protagonizada por Sharko y Hennebelle. Y así con la misma precisión, la calidad de sus tramas se ha visto afectada. Nada irreparable, nada que haga que sus lectores lo abandonen totalmente. A fin de cuentas, hasta ahora habíamos leído sobre la memoria, amenazas nucleares, epidemias convertidas en pandemias... todos temas que pueden proporcionar una lectura satisfactoria y entretenida en eso que muchos critican pero que a mi me parece perfecto: la literatura lúdica. En esta ocasión y en un libro cuyo indiscutible protagonista ya viene anunciado desde el título, Thilliez habla de la sangre: la atracción por la sangre, los ritos, el vampirismo. Un tema que ha dado ríos de tinta y que seguirá haciéndolo, ya que mezcla sectas, historia, leyenda, atrocidades.. lo tiene todo, se podría decir, para un autor que sepa cómo manejarlo sin caer en lo de siempre.

     Thilliez opta por poner a sus dos héroes en la cuerda floja, todo un acierto que evita que tengamos la sensación de repetición en sus novelas. Y es que, con tanta saga y tanta novela negra, uno a veces tiene la sensación de estar ante un capítulo de CSI. Aquí Lucille ha cometido un asesinato e, independientemente de si el muerto era o no un monstruo como así lo certifican los 13 cadáveres encontrados, pasará la novela temerosa de que la ley la descubra. Y Sharko... bueno, como siempre ha cargado con el peso de la crisis y ha sido el encargado de falsificar un escenario del crimen para así intentar evitar que las sospechas caigan sobre ellos. Solo que el departamento 36 es bueno. Lo ha sido a lo largo de toda la saga y ahora, pese a que su jefe esté pasando un mal momento tras el asesinato de su pareja y con una adicción a la cocaína más que preocupante, van a demostrar una vez más que son buenos descubriendo pista a pista quién era la víctima. Qué tipo de monstruo era... y también quién lo mató. De este modo, la novela se divide entre la investigación oficial y los nervios, miedos y temores de la pareja a ser descubiertos.

     La trama se me ha quedado coja en más de un momento. Thilliez siempre ha sido de thriller científico así que no le había costado demasiado explicar un poco mejor un par de cosas para ganar credibilidad o tal vez, consciente de su exceso, ha optado por jugar a grises en cuanto a concepción de ideas y algunos momentos de la novela. Por otra parte, y como me suele suceder cuando los creadores deciden enamorar a la pareja protagonista, mi interés en la vida personal de Sharko es entre cero y nulo. Esta vez además he tenido la sensación de que mi desinterés era compartido por el autor, ya que es la parte de la novela en la que más descuida los detalles. Y algo parecido sucede con las relaciones interpersonales del 36, grupo al que he percibido durante la mayor parte del libro totalmente desunido.

     Por lo demás ha jugado, tal vez cayendo en el exceso con tanto cuerpo y tantas vueltas, con el tema de la sangre y el vampirismo y construido una novela entretenida de lectura relativamente fácil, en la que podemos observar algún guiño a obras ya conocidas. No está a la altura de aquellos primeros títulos de la serie que uno se leía en dos tardes con prisa por conocer cada detalle, pero sigue siendo una buena opción para pasar páginas sin pensar en más. Y estamos en verano, todos necesitamos cerrar el quiosco de pensar un par de semanas. Además, la literatura de entretenimiento está infravalorada.

     Y vosotros, ¿seguís muchas sagas literarias?

     Gracias.

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