lunes, 29 de julio de 2019

Juan Belmonte, Matador de toros. Manuel Chaves Nogales


     "- ¡Juanito, no te falta más que morir en la plaza!
      - Se hará lo que se pueda, don Ramón -contestaba yo modestamente".

     Supongo que en este momento más de uno y de dos estén pensando en  no leer esta entrada, ya que los toros no son del agrado de mucha gente. Mi única defensa ante eso es recordar que esto es un blog literario. Hoy traigo a mi estantería virtual, Juan Belmonte, Matador de toros.

     Conocemos a Juan Belmonte, famoso torero de principios de siglo que revolucionó el mundo taurino consiguiendo que todos los toreros quisieran torear quietos. Desde su infancia por loa barrios de Triana, sus noches colándose en dehesas, sus comienzos como novillero o sus triunfos como torero pasan por este libro que finaliza con la muerte de Belmonte, de quien muchos dijeron que moriría en la plaza.

     Manuel Chaves Nogales era periodista. Y ni siquiera fue aficionado a los toros. Pero lo que si fue es un gran cronista de un momento y lugar. En un momento determinado de su ajetreada vida se cruzó con Belmonte, con el que mantuvo una serie de entrevistas que le sirvieron para  dar forma en el año 35 a esta suerte de biografía publicada por entregas en un tono tan personal, que escritor y biografiado se mezclan en sus letras. Liberal republicano en época de guerra, la obra de Chaves quedó olvidada hasta muchos años después con el autor ya fallecido.Así en el año 69 Belmonte volvía a las librerías y el nombre de su autor, al panorama literario.

     Sin embargo comenzaba yo diciendo que no estamos ante un libro "de toros". No se trata aquí de una biografía que llene sus páginas de corridas, aburriendo con ellas al mejor de los aficionados. Y prueba de ello es esa primera parte en la que relata la infancia y adolescencia de un niño de los niños de barrio de la época. Con una madre que fallece joven, correrías y afición en su cuadrilla ya marcada por los toros, percibimos pronto que el escritor cede el paso al protagonista, que no tarda en brillar con luz propia como lo hiciera su entusiasmo a la luz de la luna cuando se colaba a torear ya fuera vestido o no. Nos habla es cierto de sus novilladas y de su toma de alternativa y también de su rivalidad con Joselito en un momento en el que un país mayoritariamente aficionado se decantaba por uno u otro de los llamados maestros. La rivalidad entre ambos marca casi una década y también los sentimientos a los que se enfrenta el protagonista cuando, en 1930, fallece Joselito de una cornada en Talavera.
      Lo que tenemos entre manos es, más allá de toda duda, la crónica de Triana, de Sevilla, de España entera en realidad en los primeros años del siglo pasado. Un momento en el que las familias eran numerosas, el hambre algo bastante común y la necesidad empujaba a querer salir del ambiente en el que a la inmensa mayoría les había tocado nacer y que muchas veces empujaba a seguir sueños y hazañas de quienes fueron considerados en su momento héroes no tan lejanos, no lo olvidemos, a lo que hoy puede ser un futbolista. Superada la primera parte, con Belmonte ya en las plazas, importará más la rivalidad, la exigencia y también, por qué no señalar que existen, las miserias que esconde este tipo de éxito. Prueba de ello es que hoy en día Belmonte no sería conocido si no existiera esta biografía, izada más por su valor literario que por la persona a la que se dedica.
   
     Chaves Nogales el cronista nos da un retrato completo con la excusa de la vida de una persona. Aporta más costumbrismo y realismo en sus letras que muchos que intentaron dedicarse a ello y lo hace con un estilo que es un placer leer. Es cierto que salimos conociendo al protagonista, pero más a Juan que a Belmonte, y tal vez en eso tenga que ver lo que comentaba hace un rato sobre la poca afición a los toros que tenía el periodista.

     Juan Belmonte, matador de toros, es un libro que recomiendo sin reservas. Como también lo haría con cualquier otro firmado por el mismo autor.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. El Ramón con el que habla Belmonte en la cita que abre la reseña de hoy, no podía ser otro que Valle-Inclán.

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