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viernes, 10 de enero de 2014

El Consejero. Cormac McCarthy


   

     "- Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Un poeta enorme. Machado era maestro de escuela y se casó con una chica joven y guapa. La quería muchísimo y ella murió. Entonces se convirtió en un gran poeta.
     - No me convertiré en un gran poeta.
     - No, tal vez no, y aunque así fuera eso no le ayudaría. Machado habría cambiado todas las palabras, todos los poemas, todos los versos que escribió para poder pasar una hora más con su amada. Y eso se debe a que, en el sufrimiento, no se aplican las reglas de intercambio habituales; porque el dolor trasciende el valor. Un hombre entregaría naciones enteras por borrar el dolor de su corazón, y sin embargo, nadie puede comprar nada con el dolor porque el dolor no vale nada."

      Me gusta McCarthy. Desde que se anunció la película, porque en este caso lo primero que trascendió fue la película, ya estaba deseando ponerme con el libro. Apenas salió a la venta ya lo tenía en casa y poco después ya estaba en el cine pese a haber leído el guión. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El consejero.

     Conocemos a el consejero, un abogado que vive rodeado de lujos y se relaciona con narcotraficantes. Deslumbrado por el tren de vida de estos decide meterse en sus negocios, dar un paso más, sin escuchar a quien le advierte de los peligros de estos negocios. Y de repente... todo se tuerce.

     Después de convertirse en un autor de moda en Hollywood, McCarthy da el salto y en poco más de cien páginas nos presenta su primer guión cinematográfico. Porque eso es lo que leemos en este libro en el que se cuida mucho de no precisar descripciones de sus personajes para que así el lector pueda hacer el tránsito a espectador sin problemas. El libro trata sobre elecciones y consecuencias y sobre la naturaleza malvada de las personas como viene siendo habitual en el autor. Seguiremos la pista al turbio asunto relacionado con un camión que tiene que cruzar la frontera y veremos avaricia, miedo y mucha violencia a su paso.
     Articula la historia en torno a cinco personajes principales: el consejero que paradógicamente no escucha consejos; la novia del mismo llamada Laura, que no tiene demasiado pudor en confinarse a su papel de mujer florero. Reiner, un excéntrico narco; Malkina, el contrapunto del Laura, la mujer que no podemos dejar de observar, y Westray, que se convertirá en el consejero de nuestro ya conocido consejero. Con ellos y entre ellos se establecerán lazos en forma de diálogos plagados de esas sentencias que tanto le gustan al autor y que son, bajo mi punto de vista, lo único que destaca en una historia cuyo argumento ya conocemos de otras tantas películas o libros.

     Me gusta mucho McCarthy y por eso me cuesta admitir que el libro se queda en la superficie, los personajes esta vez no terminan de llegar al lector. Nos encontramos con una historia de narcotraficantes, contrabando, Ciudad Juárez, violencia, sexo... y le falta fuerza. Si algo tiene este autor es fuerza en sus palabras, la capacidad de revolver al lector, de hacerlo pensar y sentir por encima de las naturalezas representadas en sus obras, y en este caso no llega a ello. Como dice el refrán: "hasta el mejor maestro echa un borrón" y eso no va a significar que no os siga recomendando La carretera, Suttree o No es país para viejos, pero siendo sincera, si no os habéis acercado aún a McCarthy no os recomendaría hacerlo con esta historia llena de buenos ingredientes, pero a falta de un resultado a la altura. Si os pasa como a mi, lo leeréis igualmente y os quedaréis con algunas frases brillantes como las elegidas para el comienzo de esta reseña en las que reflexiona sobre el valor del dolor.

     Cada vez vemos más adaptaciones de libros o autores conocidos, desde Los juegos del hambre hasta La ladrona de libros pasando por Cincuenta sombras de Grey o El hobbit el cine se viste de éxitos literarios para llenar sus salas. Y yo reconozco que soy de las que acuden a hacer cola con cierto temor por lo que pueda encontrarme, pero acudo igualmente.
     Qué me decís, ¿sois de los que acude al cine para ponerle cara a los personajes que le hicieron pasar buenos ratos o preferís que sigan en vuestra imaginación?

jueves, 10 de enero de 2013

No es país para viejos. Cormac McCarthy




     "Mandé a un chico a la cámara de gas en Huntsville. A uno nada más. Yo lo arresté y yo testifiqué. Fui a visitarlo dos o tres veces. Tres veces. La última el día de su ejecución. No tenía por qué ir, pero fui. Naturalmente no quería ir. Había matado a una chica de catorce años y os puedo asegurar que yo no sentía grandes deseos de ir a verle y mucho menos de presenciar la ejecución, pero lo hice."

     Decir a estas alturas que McCarthy figura entre mis autores favoritos casi sobra. Los asiduos a asomarse a los títulos que voy posando en mi estantería virtual lo saben. Aquellos que no lo son... bueno, también lo saben a partir de ahora. Me gusta la capacidad que tiene este autor de perturbar al lector con sus palabras hasta hacerlo removerse incómodo en su silla mientras continúa leyendo sin despegar los ojos de las palabras que motivan su desasosiego. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, No es país para viejos.

     Nos situamos en una zona indeterminada de Norteamérica, tal vez Texas. Allí Moss encuentra un escenario difícil de olvidar: un enfrentamiento entre narcotraficantes ha dejado heroína y un par de millones de dólares en metálico. Viendo en ello la oportunidad de tener una vida mejor decide llevarse el dinero aprovechando que no hay testigos sin saber que eso lo va a convertir en el objetivo de un asesino aterrador, un sheriff y un ex agente de las fuerzas especiales.

     Estoy segura que muchos conoceréis este título por la película de los hermanos Coen co-protagonizada por Bardem y tal vez este sea uno de esos extraños casos en que van casi en perfecta sintonía poniendo las imágenes adecuadas a las palabras del autor. McCarthy fiel a su costumbre no despilfarra letras, elimina cualquier adorno que pudiera embellecer su forma de escribir y consigue de ese modo dar aún más realismo a sus palabras. Tampoco necesita grandes descripciones para que conozcamos a sus personajes. Al igual que los virtuosos del pincel en apenas un par de trazos nos hace un boceto perfecto que cualquiera podría reconocer. Un claro ejemplo es el asesino Chigurh, un personaje con muchísima fuerza capaz de infundir temor solo con la mirada y que nos deja una huella con cada una de sus escasas palabras. Lo mismo sucede con el shériff y sus reflexiones y con Moss. En realidad, McCarthy no es un autor de ambientes, sino de atmósferas, las generadas por sus protagonistas.

     Con un estilo rápido nos conduce por una novela a ratos brutal y en todo momento adictiva escrita con su particular estilo. Porque sí, prefiere las conjunciones a las comas. Y los diálogos nos encuentran por sorpresa sin que nada nos indique que alguien tenga algo que decir. Y tampoco suele haber demasiado para decir, así que terminan del mismo modo. Excepto, tal vez, las reflexiones en voz alta.

     Hoy si que recomiendo que os acerquéis a este título, no es simplemente una historia en la que se persigue a un hombre por lo que se ha llevado. Como suele suceder con este autor, hay mucho más. Y, por supuesto, puede hacer que el lector se remueva en su cómodo sillón, pero si eso sucede seguro que cuidará también que no se le caiga el libro de las manos.

     Y vosotros, ¿os habéis estrenado con este autor o su adaptación cinematográfica?

     Gracias

     PD. Lo dicho, el trailer de No es país para viejos:

   

   

domingo, 22 de abril de 2012

El Sunset Limited. Cormac McCarthy



    "BLANCO: ¿Por qué lo hace?
     NEGRO: ¿Yo? ¿Y qué quiere que haga? No tengo elección.
     BLANCO: Claro que la tiene.
     NEGRO: Que no.
     BLANCO: ¿Quién ha dicho que sea mi ángel de la guardia?
     NEGRO: Voy a por la chaqueta.
     BLANCO: Le he hecho una pregunta.
     NEGRO: La respuesta ya la sabe. Yo no le he pedido que saltara a mis brazos esta mañana en el metro"


     Cuando descubrí este libro en mi librería habitual, no pude hacer otra cosa que llevármelo a casa con media sonrisa puesta en la cara anticipándome a lo mucho que iba a disfrutar. Y cuando digo mucho, me refiero a disfrutar sin levantar la vista del libro hasta darlo por finalizado. Era cortito, rondando las cien páginas, pero poco importa cuando se trata de McCarthy, sean cortos o largos sus libros siempre me dejan con ganas de más. Hoy traigo a mi estantería virtual un libro con nombre de un histórico tren de pasajeros que hace su recorrido por Nueva Orleans, Luisiana y Los Ángeles. Traigo, El Sunset Limited.

     Veamos... en este libro vamos a conocer a dos hombres, no hay más. Tenemos a Blanco, un inteligente profesor de universidad, ateo y con ese color de piel, que pretende suicidarse tirándose al tren Sunset, y a Negro, un hombre religioso que ha pasado por el infierno del alcohol y la prisión, y lo salva. Por cierto, es negro. Ambos llegan a casa de este último y mantienen una conversación.

     Este curioso libro sobre el que se discute aún si es o no teatro, es una conversación. La de un hombre que quiere morir y no le dejan y un salvador que insiste en su función aunque nadie lo necesita. Dos personajes cualquiera, estereotipados y sin nombre, el burgués y el pobre, el blanco y el negro como dicen los nombres genéricos que les coloca el propio autor, nos otorgarán su propia visión de la vida en la que uno y otro expondrán sus razonamientos. Pero no es una obra filosófica, estamos ante McCarthy, no tratará de ponerse del lado de nadie, no buscará razonamientos complejos, sino que dará vueltas en torno a sus dos personajes enseñándonos con su lenguaje directo una reflexión de esas que todos evitamos cuando tenemos unos años.
     Es cierto que esta vez me he encontrado con un McCarty menos áspero al expresarse, un poco más suavizado, procurando no dejar fisuras, pero sus personajes van ganando poder a medida que se avanza. Enigmático pese a estar descubriendo una de las parcelas más privadas de cualquier persona, incluido él.

     Reconozco que antes de abrirlo se me pasó por la cabeza la posibilidad de una suerte de ensayo sobre la vida y la muerte, pero nada mas lejos del resultado final. Aunque me hizo reflexionar y mucho. Mi visión del autor, la mía propia sin basarme en ningún dato, lo sitúa del lado religioso, y sin embargo en este libro el personaje que tiene más poder en sus razones es el Blanco. Que defiende el suicidio como opción a la vida y razona justificaciones para ello. Nada de depresiones, o de estados de enajenación, sólo razón. Y ante uno y otro vamos pasando las páginas sin darnos cuenta, reflexionando sobre cada opinión, entrando a valorar y, antes de querer ya hemos terminado con esta pequeña maravilla. No tenemos nunca claro como va a seguir esta historia que comienza con un hombre salvando a otro y avanza mientras el salvado va poniendo a prueba la motivación de su salvador para seguir adelante.

     Un libro que, sin lugar a dudas os recomiendo. Una conversación de esas que todos tuvimos alguna o escuchamos a escondidas. Y tranquilos, sería muy osado preguntar hoy si nos ponemos del lado de la razón o de la fe. Pero decidme una cosa,
     ¿Conocéis ya a McCarthy?

     Gracias

     PD. Edito. Es el autor de La carretera, gracias Icíar.

lunes, 24 de octubre de 2011

Sukkwan Island. David Vann




     “ Roy observaba el rostro serio y sin afeitar de su padre mientras trabajaba, la lluvia fría que goteaba al final de su nariz. Entonces parecía tan sólido como una figura tallada en piedra, todas sus ideas parecían igual de inmutables, y Roy no podía reconciliar a ese padre con el otro, que lloraba y se desesperaba y no tenía nada que pudiera durar”


     Es curioso lo que sucede con algunos libros. A mi este me pasó desapercibido mucho tiempo por su portada. El pez ese marcado cual vaca de poster de carnicería me resultaba todo menos atractivo, y tampoco me molestaba lo suficiente como para incitarme a coger el libro y averiguar el motivo de una portada tan singular.
Al final tuvo que ser la chica de la librería la que me hablase de él. Es lo bueno de las librerías habituales, nos van conociendo y alguna vez hasta se aventuran a preguntarnos por un libro o recomendarnos otro. Y, puesto que leerme los libros que entusiasman a otros es una especie de.... digamos que es mi forma particular de cotillear al prójimo, no me lo pensé y me llevé a casa un feo pescado en la portada de Sukkwan Island.
     Contaré hoy sobre el autor que, cuando tenía 13 años, su padre, un hombre depresivo, le preguntó en dos ocasiones si quería ir a pasar una año con él a Alaska. David Vann dijo que no, y dos semanas más tarde su padre se suicidaba. Si no habéis leído el libro ahora entenderéis el motivo de traer esta triste historia.

     Sukkwan Island es una isla salvaje del sur de Alaska, no está habitada, no es accesible y está repleta de bosques y montañas. Es el lugar elegido por Jim para ir a vivir un año con su hijo adolescente Roy, para intentar conocerlo un poco mejor. Tendrán que ayudarse ya que dependen el uno del otro para cazar, pescar y todo lo que significa sobrevivir aislados.

     Bien, lo primero que quiero decir es que no es un dramón. Por mucho que lo hayan comparado no es La carretera de McCarthy porque aquí estamos en una isla casi perfecta al principio, no hay peligros y no hay enemigos. Esta novela tiene además otra peculiaridad, la de intranquilizarnos, nos remueve por dentro desde la primera página. Porque no hay hueco para la sorpresa, desde las primeras páginas estamos vislumbrando lo que puede suceder, y aún así seguimos adelante. Vamos conociendo el proceso, el momento exacto en que todo cambia y deja de importar que no haya enemigos porque puede haber mónstruos. Tal vez alguno de vosotros no lo vea así, pero no soy capaz de verlo de otro modo, es mi forma de definirlo.
     Es una novela sorprendente, obsesiva, violenta incluso, con un gran poder para electrizarnos delante de sus páginas. Es claustrofóbico, sí, pero de esa curiosa forma casi morbosa que nos lleva a continuar leyendo sin coger aire hasta sentir que nos ahogamos. Vemos a Jim y, si conocemos la historia, imaginamos a su autor siendo adolescente, momento en que la escribió, vomitando un suceso que jamás debió ocurrir hasta hacer con él una ficción magnífica. Tengo que decir que hacía mucho tiempo que no me enfrentaba a un personaje como este padre, tan complejo y perfecto en todos sus defectos que hacen que lo acompañemos en este tortuoso camino junto a su hijo, que lo acompaña guiado por lo que sólo era un pretexto, cosa que nos olemos pronto mientras esperamos que el hijo se de cuenta, o que todo explote. Porque sabemos que en esta isla, lo único inofensivo es la naturaleza.

    Una de mis lecturas más impactantes de los últimos meses, aunque corréis el peligro de que os pase como a mí y os sacuda la idea de una sociedad vista por un adulto incapaz.

     Gracias