lunes, 22 de febrero de 2021

La policía de la memoria. Yoko Ogawa

 


     "En ocasiones, vuelvo a preguntarme qué fue lo que desapareció de nuestra isla en primer lugar. 
      — Mucho antes de que vinieras a este mundo — me decía mi madre cuando yo no era más que una niña — , la isla estaba repleta de cosas que han desaparecido paulatinamente y que ya no se encuentran entre nosotros. Se trataba de objetos, conceptos e incluso seres vivos de lo más variado y con las más diversas características: transparentes, aromáticos, zigzagueantes como culebrillas o brillantes como diamantes... Cosas maravillosas que ni siquiera tú, mi niña, eres capaz de imaginar".

     Algo tenía el título de esta novela que me atraía. Algo esa imagen, esa cara a trozos dibujada o maldibujada, ese sello que no deja ver. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La policía de la memoria.

     Estamos en una isla sin nombre un tanto aislada ya que no hay barcos ni funciona el ferry. Tampoco hay mapas que indiquen a la gente si hay más ciudades en la isla, pero no importa porque jamás llegan turistas. Allí vive nuestra protagonista, una escritora huérfana que tiene entre manos una novela sobre una mecanógrafa y su maestro. Pero volvamos a la isla. En ella, las cosas desaparecen sin dejar rastro. Y cada vez que algo desaparece, se vuelve imposible de recordar.

     La policía de la memoria es una novela sobre la nostalgia, el olvido y la irremediabilidad de la pérdida. En la isla desaparecen los pájaros, el perfume, la esmeralda... y todo lo que les lleve asociado. Tampoco hay libros o cuadros que los representen. El perfume, si algo resta, deja de tener olor; las sensaciones que se asociaban a lo desaparecido se borran con ello. Los habitantes parecen sentir que algo se va y se despiden. Litros de perfume fueron echados al río sin que ellos percibieran el olor, aunque si notaron el que dejaron los peces muertos como consecuencia de su despedida. Pétalos de rosa llenaron las aguas, piras de sombreros mientras quienes se dedicaban a trabajos relacionados con ello, cambiaban de profesión sin inmutarse. La protagonista escribe en un mundo en el que las palabras también desaparecen, su trabajo es leve y casi titánico...y perturbador. Así conocemos a un anciano que es su relación más estable y a R, su editor. R pertenece al grupo de los perseguidos: aquellos que pueden seguir recordando, perseguidos por la policía. Esos ponen en peligro la tranquilidad de la isla, son un peligro en potencia. Por eso ella lo esconde en un lugar ínfimo. Allí ella se preocupa del día que desaparezcan las palabras, los libros... mientras R intenta que mantenga un vestigio de recuerdo, de lo perdido.

     La novela se funde en un tono nostálgico hacia aquello que se pierde sin saberlo, hacia la persona que desaparece, el recuerdo que se va...Pero no nos engañemos, estamos ante una distopía de un mundo duro y cruel en el que no nos permiten aferrarnos a nuestros recuerdos. Mi abuela me enseñó que las personas no desaparecen, ni siquiera al morir, mientras exista alguien que las recuerde. En este mundo formado por una isla los recuerdos son lo único que la policía no permite y, con ellos, la identidad. Ni siquiera recuerdan haber olvidado. Son maleables, conformistas. Si nos forman nuestras vivencias y las van eliminando al final lo que queda es un trozo de arcilla. No añoramos lo que no sabemos que puede existir. No peleamos por ello, no lo amamos. La vida se llena de agujeros de olvido y las personas también. Se vuelven frágiles, les faltan pedazos...

     La policía de la memoria es una fábula magistral sobre la vida y la identidad, sobre el olvido y aquello que nos forma. Y te hace preguntarte de qué estamos hechos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

10 comentarios:

Juan Carlos dijo... [Responder]

Tengo en mi lista de pendientes a Yoko Ogawa desde el año pasado. La novela que reseñas se me hace muy apetecible. Tu reseña me ha encantado y me anima a buscar la novela.
Esta semana comienzo con la relectura de "El tiempo es un canalla" de Jennifer Egan y sigo con "Madrid" de Andrés Trapiello.
Feliz semana

Maite R. Ochotorena dijo... [Responder]

No había leído a esta autora y lo que cuentas me parece fascinante. Creo que se va a convertir en una de mis favoritas 🥰🥰🥰🥰 yo estoy ahora con Un amor, de Sara Mesa.

Anabel Samani dijo... [Responder]

Ha sido ver el título y pensar en "1984". Me lo apunto y ya te contaré :-)
Estoy leyendo "La brújula dorada", y me está gustando mucho :-)
Un beso y feliz semana.

Leira dijo... [Responder]

Leí varios libros de esta autora y hay algunos que me gustaron mucho y otros más bien nada. No sé si me gustaría éste. Besos!

CHARO dijo... [Responder]

Bueno diría que si me ha parecido interesante esta reseña.Besicos

Margari dijo... [Responder]

Oooh, qué buena pinta. Este tiene que caer sí o sí.
Besotes!!

Lady Aliena dijo... [Responder]

De momento no me animo, aunque no lo descarto. Besos.

Mª Ángeles Bk dijo... [Responder]

Con esta yo no me termino de ver. La verdad es que a mi la literatura oriental me cuesta en general así que no creo que que anime.
Besos

Neftis dijo... [Responder]

Es mi lectura actual y por el momento me esta gustando, veremos cuando lo termine que tal.

Saludos

Mónica-serendipia dijo... [Responder]

Me gusta mucho esta escritora. Leí de ella "La fórmula preferida del profesor" y "La niña que iba en hipopótamo a la escuela" y también tenían esa pátina de nostalgia y delicadeza que tan bien describes en tu reseña sobre este nuevo título. Besos.
P.D.: Empiezo la semana con la relectura de "Por no mencionar al perro", de Connie Willis, porque necesito refugio y humor.